Iglesia Cristiana “Luz de Cristo” 1
“Las Epístolas de Juan”
De hijitos a la madurez
La Primera Epístola de Juan
Nuestro abogado delante del Padre (2:1-2)
Ahora el amado apóstol nos dice por qué escribe sobre el tema del pecado.
1ª Jn. 2:1 “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”.
Deberíamos echar mano continuamente de la gracia de Dios, de modo que tengamos la fortaleza para resistir al pecado y caminar en rectitud. Sin embargo, si caemos, Juan nos asegura que tenemos un abogado o alguien que defenderá nuestra causa delante del Padre.
Nuestro abogado se llama Jesucristo. Hebreos 7:25: “Viviendo siempre para interceder por
ellos”.
1ª Jn. 2:2 “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.
Cristo es la ofrenda que paga o cubre nuestros pecados y los de todos aquellos que lo reciben como su Salvador personal.
Ámense unos a otros (2:3-11)
1ªJn. 2:3 “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus
mandamientos”.
Esta es básicamente la respuesta que Jesús dio al joven rico cuando este le preguntó: “Maestro
bueno, ¿Qué hare para heredar la vida eterna?” La respuesta de Jesus fue: “Los mandamientos sabes” (Mr. 10:17-22). El “nuevo pacto” no anula los Diez Mandamientos. El nuevo pacto cumple el verdadero propósito de los Diez Mandamientos, el cual es que estén escritos en las tablas de carne de nuestros corazones en lugar de estarlo en tablas de piedra. 1ªJn. 2:4 “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;”
Si decimos que conocemos a Dios, pero no guardamos Sus mandamientos, somos mentirosos y nos engañamos a nosotros mismos, creyendo que en verdad le conocemos.
Cuando dejamos de guardar los mandamientos de Dios, Su presencia nos abandona como le sucedió a Sansón. Sansón se engañó a sí mismo al creer que podría desobedecer los mandamientos de Dios y aun así conservar la unción y la presencia del Señor. No se dio cuenta que la unción y el Espíritu de poder de Dios lo abandonaron cuando confesó a Dalila que su cabello era el secreto de su fuerza (Jue. 16:20).
Iglesia Cristiana “Luz de Cristo” 2 1ª Jn. 2:5 “pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él”.
Aquí Juan nos muestra algunos de los frutos de la obediencia. Como escribe Pablo en I Timoteo 1:5 “el propósito de este mandamiento es el amor”. Esto está confirmado en Gálatas 5:14 “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: “Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. El amor es el vínculo perfecto (Col. 3:14). De esta manera, cuando guardamos los mandamientos de Dios, el amor se desarrolla en nuestros corazones. “Por eso sabemos que estamos en él”. 1ª Jn. 2:6 “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo”.
Al estudiar la Biblia comprendemos que lo que se aplica a Jesús también se aplica a nosotros Sus discípulos. Cristo es la luz del mundo y nosotros somos la luz del mundo. Jesus es llamado el Cristo (que significa “el ungido”) y a nosotros se nos llama cristianos (los ungidos). Por lo tanto, debemos andar como anduvo Cristo: en amor, pureza y santidad.
1ª Jn. 2:7 “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo
que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio”.
Recordemos que los creyentes del Nuevo Testamento solo tenían los 39 libros del Antiguo Testamento, ya que el nuevo Testamento aún no se había compilado en fu forma actual. Jesús hizo muy clara la unión del Antiguo Testamento con el Nuevo, cuando dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mt. 5:17).
1ª Jn. 2:8 “Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en
vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra”.
Las tinieblas que se mencionan confirman que la ley era solo una sombra de los bienes venideros (He. 10:1) y no la imagen misma de las cosas que ahora vemos a la luz verdadera de Jesús.
1ª Jn. 2:9 “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en
tinieblas”.
Nuestra relación con los demás determina nuestra relación con Dios. ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios a quien no hemos visto, si no amamos a quienes si hemos visto? Resulta una contradicción decir que andamos en la luz si en nuestros corazones hay odio hacia otros, porque el odio no puede permanecer en la luz de Jesucristo.
1ª Jn. 2:10 “El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”. Como era costumbre entre los escritores judíos, Juan establece un contraste entre lo negativo y lo positivo para ilustrar una verdad particular. En el versículo 9 habla acerca del odio y en el versículo 10 sobre el amor. Si amamos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, no haremos o diremos nada que, por culpa de nuestra conducta, pudiera desviarlos de la fe.
Iglesia Cristiana “Luz de Cristo” 3 1ª Jn. 2:11 “Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”
El amor es característico de la luz; y el odio, de las tinieblas. Y ambas son enemigas mortales; razón por la cual lo genuino de la relación con Dios se manifiesta en el compañerismo fraternal. Aquellos que odian a otros terminan envueltos en la ceguera espiritual y pierden la iluminación del Espíritu Santo. Comienzan a vagar y pierden todo sentido de dirección espiritual.
NIVELES DE MADUREZ ESPIRITUAL (2:12-14)
Juan trata ahora con los tres niveles de madurez espiritual:
1. Niños (“hijitos”)
2. Jóvenes 3. Padres
Estos tres niveles de madurez espiritual se corresponden con otros conjuntos de tres que encontramos en la Palabra de Dios:
1. Las tres secciones del Tabernáculo de Moisés: el Atrio, el Lugar Santo, y el Lugar
Santísimo.
2. Los tres niveles de rendimiento (Mt. 13:8): treinta, sesenta y ciento por uno.
3. Los tres niveles de productividad (Jn. 15:1-8): fruto, más fruto, y mucho fruto.
4. Los tres niveles del cielo, mencionados por el apóstol Pablo en 2 Corintios 12:2:
‘Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (sin en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sabe) fue arrebatad hasta el tercer cielo”.
1ª 2:12 “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre”.
¡Que bendición es tener la seguridad del perdón de Dios! Esta es la primera de las tres etapas de la vida cristiana.
Además de experimentar la bendición del perdón de sus pecados, estos cristianos experimentan los otros principios fundamentales de la doctrina de Cristo que se encuentran en Hebreos 6:1:
1. Fundamento del arrepentimiento de obras muertas. 2. Fe en Dios
3. Doctrina de bautismos (en agua y del Espíritu Santo) 4. Imposición de manos y los dones espirituales
5. Resurrección de los muertos 6. Juicio eterno.
Iglesia Cristiana “Luz de Cristo” 4 Juan continúa ahora con los otros dos niveles de madurez cristiana: jóvenes y padres.
1ª Jn. 2:13 “Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio.
Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre”.
1ª Jn. 2:14 “Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno”.
Las características de estos tres grupos de cristianos son las siguientes:
1. Niños
a. Saben que sus pecados han sido perdonados.
b. Saben que Dios es su Padre Celestial, porque el Espíritu Santo da testimonio a su espíritu de que son hijos de Dios (Ro. 8:16) y han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”
2. Jóvenes a. Son fuertes.
b. La Palabra de Dios permanece en ellos. c. Han vencido al maligno.
3. Padres
a. Conocen al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en forma muy íntima.
b. Conocen el corazón del Padre, la grandeza de Su bondad y la belleza de Su carácter (Zac. 9:17)
Cuando aceptamos al Señor Jesucristo en nuestros corazones, nacemos de nuevo por el Espíritu de Dios. Nuestros pecados son lavados por la sangre de Cristo y Dios nos adopta en Su familia (ver Ro. 8:15-16). Somos “niños en Cristo” (1 Co. 3:1; 1 P. 2:2). En esta etapa de nuestra vida cristiana somos inmaduros espiritualmente, y necesitamos crecer en el conocimiento de Cristo y de Su naturaleza.
En Efesios 4:13-14, Pablo define claramente la meta del cristianismo, que es que todos crezcamos en el conocimiento de Cristo y maduremos hasta llegar a la estatura de la plenitud de Cristo.
“De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios a una humanidad perfecta conforme a la plana estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y artificios de quienes emplean artimañas engañosas” NVI.
Iglesia Cristiana “Luz de Cristo” 5 Si no que crecemos y maduramos espiritualmente, permanecemos como niños espirituales que son fácilmente
zarandeados y arrastrados por cualquier viento de doctrina.
En nuestra vida natural existe un proceso de maduración, mientras pasamos de infantes a hombres y mujeres jóvenes, y de allí hasta ser adultos. De la misma manera, como cristianos, debemos madurar de niños en Cristo hasta la estatura de padres y madres espirituales. En otras palabras, nuestra meta es alcanzar la etapa de padres espirituales que nos permita producir hijos espirituales e instruirlos en los caminos del Dios.
Cuando somos niños espirituales, bebemos “leche espiritual”: las verdades elementales de la Palabra de Dios (He. 5:13, 2 P.2:2). Para crecer y llegar a ser fuertes, en algún momento tenemos que ser destetados y empezar a comer “alimento sólido”: las verdades más profundas de la Palabra de Dios (He. 5:12,14).
La clave del crecimiento espiritual es alimentarnos cada día con la Palabra de Dios. Medite usted día y noche en la Palabra del Señor, y crecerá espiritualmente. Salmos 1:2 dice: “Sino que en la ley de Jehová esta su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. La Palabra de Dios lo hará fuerte, como dice el apóstol Juan: “Porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros” (1 Jn. 2:14).