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Recuento de la Muerte de La Gorda

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Academic year: 2021

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Recuento de la Muerte de La Gorda

La elasticidad estilística del “recuento” nos va a permitir ahora consignar, a tarvés de sus específicos ítems, los hitos fundamentales de uno de los sucesos claves para entender qué y cómo ocurrieron las cosas en el entorno íntimo de Castaneda. Muchos lectores consideran que, de hecho, más aún que la muerte de Don Juan o la del propio Castaneda, es quizás la muerte de La Gorda el principal punto de inflexión para entender el misterio del comportamiento de su grupo de videntes en las etapas finales. Veamos por qué.

Comencemos por hacer un encuadre histórico. Estamos en 1985. Castaneda vive con Taisha y Florinda en una pequeña mansión cerca de Sta Monica Blvrd, llamada la "Casa de Pandora".

Hacía poco que Don Juan y su grupo natural de videntes habían partido hacia la tercera atención, a través del críptico ritual de encender al unísono el Fuego Interno de todos los participantes.

Castaneda y algunos de los aprendices de la siguiente generacion fueron testigos del espectacular evento, que por tanto está descrito en sus obras con cierto detalle. Con trascendental esplendor, diríamos ─pues nada hay tal vez más importante en las enseñanzas que la forma en que

verdaderamente muere un hombre de conocimiento.

En principio, y siempre según la única versión que tenemos, que es la de Carlos, Don Juan había formado un grupo de aprendices, con Castaneda a la cabeza como

nagual, de acuerdo con la Regla. Pero cuando se dio cuenta de que Castaneda era un "nagual de tres puntas" ─una configuración un tanto excepcional en las estructuras

tradicionales de la Regla─, admitió también a otros

aprendices, no tan "indígenas", para ampliar o completar la configuración necesaria. Taisha y Florinda eran las más representativas de esta linea paralela, mientras que La Gorda era quizás la aprendiz más activa y directivista del grupo

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original tradicional (con Pablito, Eligio, Néstor y las "hermanitas").

Empezó a haber tensiones entre los dos grupos, toda vez que Castaneda seguía siendo el nagual de ambos; y el hecho de que Castaneda conviviera con Taisha y Florinda muestra claramente sus preferencias, cosa que enervaba sobremanera a La Gorda.

Un día La Gorda, conduciendo su coche, se cruzó con uno de los "aliados" de Don Juan. Aparcó y se puso a buscarlo, y entonces vio claramente cómo Doña Florinda, la guerrera del grupo natural de Don Juan que, desde el más allá, estaba encargada más especialmente de la instrucción de los aprendices terrenos, se le aparecía en la calle, cerca de la "Casa de Pandora".

Inmediatamente entró en la casa, muy excitada, para notificarles a los tres lo que había visto, pero no la creyeron y se burlaron de ella. La tensión creció sobremanera, especialmente entre las dos brujas güeras y La Gorda.

La Gorda insistía en que esas apariciones significaban que ya era el momento en que ellos también hicieran el ritual del Fuego Interno para entrar en el más allá y unirse al grupo de Don Juan, argumentando que tenían ya todos energía de sobra para hacerlo. Pero Castaneda decía que no, que aún tenían mucho que hacer y que ver en este mundo físico: que no era el momento.

Ante esta negativa, La Gorda reaccionó con una visceral "huida hacia delante", y anunció que ella no podía esperar más y que iba a hacer el "cruce" ella sola, puesto que no querían acompañarla. Taisha y Florinda se rieron, ofensivas, y Castaneda la retó a hacerlo: "Pues véte, si ése es tu deseo", le dijo.

La Gorda se distanció unos pasos y recitó las fórmulas toltecas del ritual, que ella conocía particularmente bien, totalmente decidida a provocar el trance. Castaneda se volvió para presenciarlo, diciendo: "esto no me lo pierdo"; y

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las dos brujas redoblaron sus burlas y carcajadas viendo a La Gorda convulsionarse.

De repente, la habitación estalló en llamas. La literatura esotérica recoge multitud de casos llamados de "combustión espontánea", en los que los síntomas son parecidos a lo que debió ocurrir: el cuerpo de La Gorda

empezó a arder, entre espasmos y convulsiones,

consumiendo rápidmente sus ropas y sus cabellos. Hasta que, a los pocos segundos, el fuego se extinguió y la Gorda se desplomó sobre el suelo, inerte, chamuscada y llena de purulentas llagas.

Castaneda se acercó a tantearla y certificó que estaba muerta. Las dos brujas no salían de su asombro. Se habían quedado sin habla, estupefactas.

Antes de que pudieran reaccionar, empezó a formarse una figura en la estancia, y Doña Florinda volvió a materializarse delante de los tres aprendices. La sorpresa se multiplicó en sus rostros, pero el de Doña Florinda no expresaba precisamente alegría.

"¿Cómo habéis podido joderlo todo tan totalmente?", les dijo. "Sois unos inútiles. Solamente os dimos una misión, que era preservar vuestra energía, y ni eso habéis podido hacer".

"Repararemos este error", se excusó Castaneda. "No pasa nada. Tenemos muy claros nuestros planes, y disponemos de suficiente energía para conseguirlo".

"¿Ah, si?", dijo Doña Florinda, escéptica. "Pues eso espero, porque ahora estáis solos. Habéis roto con un linaje. A partir de ahora nos desentendemos de vosotros. Os abandonamos". Y, dicho esto, hizo un gesto con el puño como simulando tirar algo al suelo con fuerza; miró por un momento a Castaneda con tristeza, se dio media vuelta, y se desvaneció."

Florinda (Donner) salió corriendo detrás,

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llévame contigo!". Pero Castaneda la contuvo con fuerza, suplicándole que se quedara con él, y diciendo para sus adentros "no te llevarás a mi esquina, a mi soporte".

Ante el cadáver, pues, de La Gorda, Castaneda y las dos brujas se quedaron de pie, mirándose, sopesando la situación, y Florinda fue la primera en hablar: "Espero que realmente sepas lo que haces", le dijo a Castaneda, como dándole a entender que habría de ser espléndida su misión secreta si tenía que compensar tan exorbitado sacrificio, tan irreparable pérdida, en todos los sentidos.

Castaneda la tranquilizó diciendo: "No les necesitamos. De verdad. Tenemos un pacto con los seres inorgánicos que nos otrogará una eternidad de poder. Solo necesitamos la energía de la conciencia de una masa crítica (de gente). Cabalgaremos en la cúspide del poder". Y se le veía tan seguro de sus afirmaciones que consigió convencerlas.

Por supuesto, el lector se preguntará cómo es que sabemos que las cosas ocurrieron de esa manera. Pues la versión que Castaneda ha difundido acerca del fin de La Gorda sostiene que ésta tuvo un ataque de egomanía, en el curso de una discusión, y cayó fulminada por un síncope o un ataque cardíaco. Argumenta que, efectivamente, la tensión entre los dos grupos de aprendices se había vuelto insostenible, pero responsabiliza a La Gorda de ello: su afán de directivismo y sus celos por el éxito editorial de Castaneda la consumían. Aquel desenlace fue triste, pero se le veía venir.

La versión aquí expuesta es la articulada a través de distintas fuentes de lectores, y condensada por el grupo (crítico) de "Casting Carlos Castaneda". Pensamos que si un experto en la materia sopesara de manera objetiva y abierta toda la ingente documentación e informaciones, oficiales o paralelas, hilvanada a través de revistas, seminarios, apuntes, entrevistas, comentarios, visiones y ensueños, testimonios, artículos y comunicaciones de los allegados al grupo de Castaneda desde aquel acontecimiento, en 1985, hasta la muerte del mismo Castaneda, en 1998,

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comparándola por supuesto con el conjunto de la obra de Castaneda en el marco de los hitos y lugares comunes de una coherente "historia de la espiritualidad", la verdad es que una versión de los hechos como la ofrecida aquí gana muchos enteros en su escala de consecuencia y credibilidad. Es muy fácil que las cosas sucedieran así. Tiene mucho sentido. Aunque, como todo en esta obra, no pasa de ser una interpretación.

El sentir general es que Castaneda reaccionó así porque efectivamente había hecho un trato con los seres inorgánicos. Veamos. Una de las piedras angulares de este trabajo es que, de manera natural, la mayoría de los avatares

se pervierten. Digamos que forma parte de la estructura, del orden de las cosas, casi de La Regla. Si estudiamos la historia de los maestros y gurús, visionarios y guías espirituales, comprobaremos que la mayoría, sin desmercer por ello el valor de su mensaje, de su aportación evolutiva al Conocimiento, a la tradición esotérica, tarde o temprano sucumben a las trampas de los que el mismo Don Juan, ya en el primer libro, llamaba los "4 enemigos del hombre de conocimiento": el miedo, la claridad, el poder y la vejez.

¿Por qué habríamos de suponer que un escritor tan "exitoso", como Carlos se mantendría incorruptible eternamente frente a las asechanzas y formidables tentaciones del mundo de los seres inorgánicos? Queda claro desde un principio que Carlos no era un "Eligio". Y, por si eso no bastara, el hecho de que finalmente fuese un "nagual de tres puntas", le separaba definitivamente del destino de los verdaderos linajes.

Doña Florinda le reprende por romper la línea de su linaje, pero por encima de ella y de todos nosotros está el Espíritu, y lo cierto es que quizás es hasta positivo que Castaneda tuviera otra misión, otras expectativas. Ha roto un linaje tolteca, pero ha abierto mil caminos espirituales entre la gente profana, buscadora, en un momento clave de la historia mundial; clave precisamente por la falta de valores y por la urgencia por encontrar nuevas alternativas de crecimiento interior.

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Que esa ruptura viniera motivada por las maniobras de los seres inorgánicos le da un aire de perfidia a las intenciones de Castaneda; pero en el fondo, a nosotros, buscadores sin esperanza ninguna de encontrar un verdadero nagual, nos es indiferente. Si nuestra atención como "masa crítica" de lectores, de seguidores, le ayuda egoístamente, con o sin sus brujas, a preservar su conciencia más allá de la muerte, es algo que no nos debe de preocupar mientras por nuestra parte seamos capaces de extraer de sus

enseñanzas elementos suficientes para evolucionar

debidamente. Allá él. Es su problema. ¿Quiénes somos nosotros para juzgarle? Aunque viva mil años más a costa de mi energía, mi humildad me seguirá obligando a estarle agradecido, pues sin sus libros yo sería un infeliz ignorante. Ésa es la cuestión.

Ha habido una ruptura. Eso es innegable. A partir de aquel suceso, la muerte de La Gorda, el resto de aprendices de su grupo, las "hermanitas" y los "genaros", rompieron relaciones con Castaneda, y éste con aquéllos. Casi empezó a convertirse en un tema tabú el simple hecho de hablar de ellos. Castaneda y su nuevo grupo de guerreras, todas ellas mujeres, empezaron a urdir la dinámica de los Pases Mágicos, con el objetivo subliminal de formar esa "masa crítica" de conciencia. Resulta tan artificial como sospechoso que los anteriores aprendices no hablaran jamás de esos Pases.

Pero, si lo piensas bien, es fácil que aquellos aprendices, si verdaderamente eran buenos guerreros, acabaran encontrando otro verdadero nagual ("siempre tendremos a Eligio"), para continuar con su linaje a la manera tradicional, preservándose así el debido hermetismo que siempre les caracterizó. Lo cual debería hacernos admirar la oculta y sutil inteligencia del Espíritu, que, por un lado mantiene su Regla intacta, y por el otro brinda a la humanidad tres opciones distintas, igualmente formidables en cuanto a su contenido espiritual, que cada cual puede elegir en libertad: el hermetismo naguálico tradicional, la escuela de Cleargreen, y el camino individual de conexión directa con el Espíritu. Las tres son posibles.

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Quizás él saliera ganando, pero desde nuestra óptica parece que Castaneda se equivocó, se dejó engatusar por las promesas de poder del mundo de los seres inorgánicos. Y la "prueba" es que, a partir de aquel momento, de aquella dramática ruptura con la línea de La Gorda, los síntomas de perversión y fraude en el entorno de Castaneda se fueron haciendo cada vez más indisimulables, al menos para los seguidores críticos, hasta culminar en el bochornoso espectáculo de su muerte por cáncer de hígado, que las brujas intentaron revestir de "transfiguración" energética hacia la tercera atención.

Ignominiosa, sí. Pero ¿qué muerte de avatar

verdadero no lo es? ¿Cómo murió Jesucristo? Pensemos por un momento. ¿Qué hubiera pasado si Castaneda hubiera ascendido "en cuerpo y alma" a los cielos, en plena era de la información? ¿Qué hubiera pasado si semejante ritual iniciático hubiera sido filmado, o atestiguado de tal forma que científicamente hubiera sido irrefutable más allá de cualquier duda razonable? Ahora mismo no estaríamos aquí. Quizás el mundo entero habría cambiado, sacudido por el milagro. Mucha gente dice: "Castaneda nos lo debía. Si realmente quería cambiar el mundo, debería haber mostrado públicamente su muerte inciática. Así nos hubiéramos convencido todos del poder de su doctrina, de la brujería tolteca en general, del camino del Conocimiento."

Pero las cosas no son tan fáciles. La supuesta resurrección de Jesús también es al fin y al cabo un acto de fe. Quizás sea consustancial al camino espiritual un margen de duda suficiente para que podamos decidir. Si el bien fuera irrefutable no existiría el mal. Y viceversa. Ahí queda el mensaje, los libros de Castaneda. Ahora, que cada cual decida lo que está bien y lo que está mal. ¿Los avatares se pervierten para que la perfección no sea redonda, y así el juego de la conciencia pueda continuar? Tal vez.

El hecho es que ahí siguen los videntes de Cleargreen, dirigiendo sus seminarios, impermeables a las críticas de los escépticos, manteniendo vivas las expectativas de miles de adeptos que no han puesto en duda la radical

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Castaneda. Se ha convertido en una Iglesia más. Una alternativa más a añadir en el abanico de los caminos espirituales, con sus innegables cosas buenas, y también con sus sospechosas oscuridades. Al Espíritu le gusta enriquecer las opciones de su evolución, pero se resiste a otorgarnos nada que sea demostradamente definitivo. ¿Por qué? Seguro que Castaneda, a estas alturas, esté donde esté, ya conoce la respuesta.

En realidad quizás no fue una perversión de Castaneda, sino un simple error: no es que se corrompiera en plan proceso perverso; más bien se fue relajando, y cuando surgió la discusión con La Gorda cometió el error de dejarla hacer. Fue un error fatídico, un error de cálculo que pagaría caro (o que pagaríamos todos), y que él no acabó nunca de reconocer: quiso "huir hacia adelante", creando la Tensegridad y Cleargreen. Pero fue una equivocación. Solo eso.

Aunque, entonces, habría que analizar todo esto a la luz de la Regla del nagual de tres puntas. Pues ¿cuánto hay en Cleargreen y los seminarios del "precio" que Castaneda tuvo que pagar a las brujas por haberse equivocado, por

Referencias

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