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Introducción a La Sagrada Escritura - Fray Milton Jordán Chigua

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Academic year: 2021

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INTRODUCCIÓN GENERAL

A LA SAGRADA ESCRITURA

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FRAY MILTON JORDÁN CHIGUA

INTRODUCCIÓN GENERAL

A LA SAGRADA ESCRITURA

“Desconocer las Escrituras

es desconocer a Cristo”

(San Jerónimo)

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PRÓLOGO

“Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia. La Sagrada Escritura, “Palabra de Dios escrita por inspiración del Espíritu Santo”, es, con la tradición, fuente de vida para la Iglesia y alma de su acción evangelizadora. Desconocer la Escritura es desconocer a Jesucristo y renunciar a anunciarlo”. Documento de Aparecida (DA 247).

E

l lector tiene en sus manos una interesante Introducción general a la Sagrada Escritura, en la que su autor, Fray Milton Jordán Chigua OFM, nos hace una visión panorámica importante, fruto de sus años de trabajo pastoral y de investigación, así como de su labor docente como profesor de Sagrada Escritura.

A más de cuarenta años de la publicación de la constitución dogmática “Dei Verbum” (DV), sobre la Divina Revelación, que nos regalara el concilio Vaticano II, reconocemos que aún debemos volver a las invitaciones de este documento teológico-pastoral, para tomar de allí elementos orientadores de una Iglesia que pone con creciente decisión la Palabra de Dios como fundamento de su fe. El concilio Vaticano II ha devuelto la Biblia al pueblo de Dios. La recomendación de “facilitar a todos los fieles el acceso a la Sagrada Escritura” (DV 22) ha descubierto a los católicos un tesoro que durante muchos años había permanecido enterrado.

Como cristianos estamos invitados a poner nuestra mirada en Jesús, Palabra y Pan, para alimentarnos de Él en “las dos mesas”, con el fin de robustecer nuestra fe y ser así anuncio de luz y de esperanza para nuestro pueblo.

El presente libro es una herramienta valiosa para seguir profundizando en el estudio de la Sagrada Escritura, buscando en ella una luz que ilumine nuestro camino. El autor, a lo largo de los siete capítulos, abordará temas como la división de los libros de la Biblia, los idiomas en que fue escrita y las traducciones, recomendando qué criterios se deben utilizar para una adecuada lectura y abordando el tema de los géneros literarios.

Se presenta una síntesis de cada uno de los libros bíblicos. Los temas que el autor considera necesarios, para una lectura creyente y contextualizada de cada uno de los libros, son los que se refieren a la geografía y arqueología bíblica, acercamiento que nos pondrá en relación con la situación social, económica, religiosa y política, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Hay que hacer notar que, si bien es cierto, el contenido tiene la peculiaridad de querer ser accesible para todas las personas, no por eso pierde el rigor científico que debe tener la ciencia bíblica. Por esta razón, en los últimos capítulos se

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desarrollará el contenido referente a la inspiración, la canonicidad, la hermenéutica y exégesis bíblica, resaltando también el papel de la Iglesia como garante de dicha interpretación.

Esta Introducción a la Sagrada Escritura viene en un momento propicio en el que el Magisterio latinoamericano nos recuerda el lugar preponderante que la Palabra de Dios tiene en el itinerario formativo de los discípulos misioneros. En el documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida, Brasil, en mayo del año 2007, nuestros obispos nos recordaban los lugares de encuentro con Jesucristo, entre los cuales mencionaban: la Sagrada Escritura –valorando la lectura orante de la Palabra de Dios–, la sagrada liturgia –destacando los sacramentos de la Eucaristía y la reconciliación–, la oración personal y comunitaria , y de un modo especial los pobres, afligidos y enfermos (cf. DA 246-257).

En esta relevancia de la Palabra de Dios nuestros obispos llamaban la atención sobre algunos puntos que es importante tomar en cuenta en nuestra tarea evangelizadora, entre los cuales señalo:

La comunión de la Iglesia que se nutre con el Pan de la Palabra de Dios y con el Pan del Cuerpo de Cristo (cf. DA 158).

Todas las comunidades y grupos eclesiales darán fruto en la medida en que la Eucaristía sea el centro de su vida y la Palabra de Dios sea faro de su camino y su actuación (cf. DA 180).

Entre los ejes a reforzar se menciona la formación bíblico-doctrinal, destacando la necesidad que los fieles profundicen en el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe (cf DA 226c).

Es importante una “pastoral bíblica”, entendida como animación bíblica de la pastoral; privilegiando la lectura orante de la Sagrada Escritura (cf. DA 248-249).

La Virgen María nos enseña el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero (cf. DA 271).

El proceso de iniciación cristiana comienza por el kerygma, guiado por la Palabra de Dios, y conduce a un encuentro personal con Jesucristo (DA 289).

La importancia de “un itinerario catequético permanente” que se extienda por todo el arco de la vida, para que el pueblo sea conducido en la lectura

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y meditación de la Palabra de Dios (cf. DA 298).

Destaca la relación entre religiosidad popular y lectura orante de la Palabra de Dios (cf. DA 300).

La V Conferencia propone y recomienda una nueva pastoral urbana que difunda la Palabra de Dios, la anuncie con alegría y valentía, realice y promueva la formación de los laicos (cf. DA 517h).

No cabe duda que el lector tiene en sus manos un buen instrumento no sólo para ampliar sus conocimientos bíblicos, sino también para amar más esta Palabra que seguirá siendo luz en nuestro camino, lluvia que fecunda y pan que alimenta. Ella nos interroga, nos interpela, nos anima, nos enseña, nos amonesta, y nos lleva a vivenciar la experiencia de los discípulos de Emaús, cuando se dijeron uno a otro: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (cf. Lc 24, 32).

Que crezca siempre más en nuestros corazones el aprecio por la Palabra de Dios, para descubrir en ella el apasionante rostro de Cristo. Que sigamos aprendiendo de la Virgen María el primado de la escucha de la Palabra de Dios en nuestras vidas. Así nuestras comunidades lograrán ser “sal y luz de la tierra”, anuncio de gozo y bienaventuranza para nuestro pueblo.

P. ANGEL ANTONIO RECINOS LEMUS

Ex Director del Instituto de Teología Seminario Mayor Nacional de la Asunción, Guatemala, C. A.

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INTRODUCCIÓN

E

l libro que tienes en tus manos nace de un gran deseo que por años, como la Virgen María, he ido meditando en mi corazón, investigando pacientemente, tratando de captar las intuiciones de la gente humilde y sencilla, obreros y campesinos, estudiantes y profesionales, incrédulos y creyentes. Agradezco a Dios y su Santo Espíritu, que ha iluminado mi mente y orientado el orden de esta Introducción general a la Sagrada Escritura (SE). Aquí recojo muchas horas de investigación y al mismo tiempo muchas horas de trabajo pastoral. Es un libro que está dirigido a toda aquella persona de buena voluntad que desea acercarse con sencillez y profundidad a la Palabra de Dios que alimenta nuestra vida. No dudo que será de gran beneficio también para estudiantes y profesores de SE, para catequistas, delegados de la Palabra y líderes laicos.

Desde pequeño podía ver a mi madre que escudriñaba con atención las Sagradas Escrituras, que le enseñó a mi hermana menor, a recitar el Salmo 91: “Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno”. En las noches de inseguridad o de miedo, después del terremoto de 1976, nos repetía: “En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú sólo Señor me haces vivir tranquilo” (Sal 4, 9). Cuando murió mi único hermano varón a la edad de 20 años, repetía: “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!” (Jb 1, 21). No tengo duda de que la Palabra es siempre luz en la oscuridad, fortaleza en la debilidad.

Cuando inicié mis estudios teológicos, siempre sentí un amor especial por las clases de SE. Mis estudios sacerdotales los realicé en el Instituto Teológico de América Central, en Costa Rica. La mayoría de cursos de Biblia, me los dio el licenciado Carlos Arias, jesuita costarricense. Fue él quien me orientó e invitó a que profundizara más en la Palabra de Dios y que pensara hacia el futuro, estudiar las ciencias bíblicas. Ese acariciado sueño se comenzó a fraguar cuando en 1986, después de estudiar inglés en Estados Unidos, inicié mis estudios bíblicos en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y que concluí en la Universidad Gregoriana de los padres jesuitas en 1989, terminando mi licenciatura en teología bíblica. Después trabajé tres años, enseñando la “introducción a la SE” en el mismo Instituto donde había estudiado en Costa Rica. Eran los años de 1991-1993.

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A partir de 1994, volví a mi patria querida, Guatemala de mis amores. Era joven y no tenía gran experiencia pastoral; me sentía un poco cansado de tanta teoría, de estar como encarcelado en libros; deseaba experimentar el ambiente vital de la gente sencilla y humilde. Regresé a mi país y comencé a trabajar, no ya en el área académica, sino en una región de ambiente pastoral. Chiquimula, Quezaltepeque y San José la Arada, fueron parroquias que dirigí por espacio de 12 años, junto a mis hermanos capuchinos. Allí les ofrecí los contenidos estudiados de las ciencias bíblicas. Frecuentemente impartí cursos bíblicos en la diócesis de Zacapa y Chiquimula. Recuerdo el esfuerzo que hacía por hacer entendible y digerible los estudios bíblicos. Fueron ellos quienes me explicaban con más sencillez y claridad los contenidos de la Palabra.

En enero de 2006, mis superiores me designan para trabajar en el campo de la formación de los frailes capuchinos, específicamente con los teólogos que se preparan para el presbiterado. En enero de 2007, me invitaron para enseñar en el Seminario Mayor de la Asunción, en el Seminario de la Fraternidad Misionera de María y en la escuela para laicos monseñor Gerardi. Volvía nuevamente al área académica. Me siento contento de volver a investigar. Ahora con algunos años acumulados que me permiten cierta experiencia en ambos campos: los estudios y la vida. Como dicen los andaluces: “Una mano se lava la otra y las dos se lavan la cara”. La teoría y la práctica, son como dos alas que nos permiten alzar vuelo.

Muchas personas me han invitado a escribir. Después de los cursos, me piden copias. Yo reconozco que hablo mucho más de lo que escribo y que no soy un investigador de tiempo completo, por varias razones: primero, es muy difícil encontrar los libros y fuentes escritas en nuestro medio; segundo, los niveles académicos de nuestra gente son muy bajos y Centroamérica tiene un alto índice de analfabetismo, se lee muy poco… finalmente, hay otras personas con mejores capacidades y posibilidades de hacer ese trabajo tan necesario. Además, los profesores tenemos también muchas responsabilidades pastorales. Mis objetivos son modestos: tratar de conocer mejor la Palabra de Dios, para poder vivirla y aplicarla en el campo pastoral… que esa Palabra sea fermento que pueda transformar para bien, nuestra sociedad.

Para los estudiantes de teología y siguiendo los lineamientos del Seminario Mayor, exigencias un poco más elevadas: proporcionar los criterios fundamentales de aproximación científica, teológica, espiritual y pastoral a la SE, a partir de los lineamientos de la tradición y del Magisterio de la Iglesia, así como de las corrientes actuales de investigación y elaboración del mensaje de la Palabra de Dios. Situar la SE como fuente expresiva de la revelación en íntima relación con la tradición y el Magisterio. Proporcionar los datos fundamentales

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sobre el proceso de formación textual y literaria de la Biblia. Descubrir la singularidad de la SE como palabra divina y humana, así como la conciencia de su canonicidad e inspiración. Establecer los criterios básicos que guían la hermenéutica de la SE como lectura eclesial en su dimensión divino-humana, a la vez que definir el lugar de la misma en la vida de la Iglesia.

En noviembre de 2006, el padre Ángel (misionero del Sagrado Corazón), me invitó a impartir en su parroquia, un breve curso introductorio de la SE a sus feligreses. Me pidieron que les ofreciera una frase motivadora a modo de “eslogan” que atrajera a los invitados. Vino a mi mente una frase famosa: “Desconocer la SE, es desconocer a Cristo” decía san Jerónimo, patrono de los biblistas. Les gustó, pero cuando fui el primer día al salón donde ofrecí el curso, me gustó ver y leer que la expresión la habían formulado positivamente: “Conocer las Escrituras es conocer a Cristo”. Debo decir que quedé gratamente sorprendido. Aquel curso fue un éxito. Allí, les pedí a los participantes escribir una expresión de lo que significaba la Palabra de Dios para cada uno de ellos. Recopilamos por escrito los sentimientos de la gente y estructuré en un poema muy sencillo pero significativo, lo que ellos escribieron. Este ejercicio nos sirvió para comprender la forma en que fueron elaborados los escritos del Antiguo y el Nuevo Testamento. Comparto el contenido del mismo.

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LA PALABRA DEL SEÑOR ES (YAHVÉ)

La Palabra del Señor es Oasis en mi desierto. Nueva vida en mi corazón muerto.

Camino, verdad y vida. Consuelo en la tribulación. Es mi bendición.

Luz en mi camino.

Liberadora y comunicadora. Ella es transformadora.

Mi existencia en cada amanecer. Acompaña cada parte de mi ser. La Palabra del Señor es poderosa. Ella es hermosa.

Alumbra mi caminar. Me enseña a amar.

Revelación de la presencia divina. De nuestra alma, vitamina. Es mi refugio y fortaleza. Ella es mi belleza.

La Palabra del Señor es esperanza. Que a todos alcanza.

La Palabra del Señor es agua viva. Ella es fuente de sabiduría.

Creadora del universo. Alimento de mi espíritu. Es paz y tranquilidad. En medio de la tempestad. Luz para nuestros pasos. Es un sin fin de abrazos. Faro en mi negrura, consuelo en la amargura.

La Palabra del Señor es semilla sembrada debo regarla todos los días

Para ver la cosecha de mi vida. Ella es descanso del alma. Me regala gran calma.

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Ella es mi alegría.

Me da fe, esperanza y amor. Me consuela en mi dolor. La Palabra del Señor ES.

La Biblia es el libro más traducido de la historia. Hasta en la más humilde casa de nuestros pueblos, encontramos un texto del Nuevo Testamento (NT) o de la SE. En ese sentido, la pobreza de nuestra gente no ha sido obstáculo para tener una copia del texto sagrado de los cristianos. Sin embargo, cuando la gente comienza a leer o a dialogar con hermanos cristianos de otras congregaciones o religiones, comienzan a dudar de muchos aspectos; más aún, cuando tratan de buscar una ayuda para leer la Biblia, se encuentran que los libros son difíciles de asimilar, además del alto costo de los mismos. Esta introducción está ordenada desde los elementos sencillos hasta los más difíciles del tema bíblico. Son capítulos largos, pero he tratado de escribir lo esencial. Sabiendo que el número 7 en la simbología bíblica, es signo de plenitud y perfección, he querido ordenar esta introducción a la SE en 7 capítulos.

El primer capítulo recoge las nociones básicas introductorias de todo estudio bíblico: origen de la palabra “Biblia”, las divisiones generales y específicas: desde el Antiguo Testamento (AT) y Nuevo Testamento (NT), por contenidos y en capítulos y versículos. Trata también aquí algo sobre las lenguas y primeras traducciones. Otro elemento importante son los criterios básicos de lectura bíblica (histórico, literario y teológico). Aunque señalo algunos géneros literarios, en el transcurso del trabajo los veremos con mayor detenimiento. Me pareció importante señalar algunas lecturas inadecuadas y el tipo de lectura bíblica que debe hacerse. Al mismo tiempo, analizar tres grandes dimensiones del estudio bíblico: la revelación divina, Jesucristo y la Iglesia. No podía faltar aquí, el papel fundamental de la Iglesia, su Magisterio y la tradición en relación con la SE. Ofrezco también, una visión sintética de los principales documentos del Magisterio que han orientado la interpretación de la Biblia en los diferentes momentos históricos que le ha tocado experimentar a la Iglesia.

El capítulo segundo tiene un tema amplio: cómo se escribió el AT; los grandes momentos históricos del pueblo de Dios, puesto que son los contextos desde donde surgen los escritos bíblicos. Esta empresa es amplísima, puesto que se trata de resumir en pocas páginas, una larga historia que abarca desde las tradiciones orales hasta las tradiciones escritas. Ofrezco una síntesis de cada uno de los libros, tomando en cuenta el espacio histórico en que aparecen. Por supuesto que quedan muchos aspectos abiertos, pero creo que nos dará una visión amplia y nos ayudará a ubicar cada libro en su contexto histórico con

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algunas características específicas.

En el capítulo tercero, otro de los temas fundamentales: el contexto histórico amplio de la SE. Trata de ser como un puente entre el AT y el NT pero enfatizando la importancia de la geografía y arqueología bíblica. La situación social, económica y política en tiempos de Jesús; la influencia del Imperio Romano, las clases sociales, las costumbres familiares. En el contexto religioso, hago un breve recorrido por las instituciones, las fiestas, grupos religiosos y sus creencias en relación con Jesús. Este capítulo es clave e iluminador para la lectura del NT y una comprensión más clara de la visión cristiana, puesto que nos permite comprender las relaciones de Jesús con las instituciones y los grupos religiosos, filosóficos y políticos de su tiempo; sobretodo, porque el cristianismo nace en medio de una confluencia de culturas: hebrea, griega y romana.

En el capítulo cuarto: cómo se escribió el NT. Sigo un esquema tradicional: desde el Jesús histórico que no escribió nada, hasta los diferentes momentos en que se escriben los libros del NT, también aquí ofrezco una síntesis de cada uno de los 27 libros que lo conforman. He seguido más una dimensión literaria en tres grandes bloques: hechos y evangelios sinópticos, la literatura espistolar y apostólica, para concluir con todos los escritos joánicos. El objetivo de este libro no es hacer un análisis exhaustivo de cada libro, sino un acercamiento introductorio que nos familiarice con los contenidos de los mismos y esbozando el ambiente vital que les dio origen, a qué problemas quieren dar solución y en algunos casos, ofreciendo una estructura mínima de cómo están ordenados.

La SE como Palabra divina y humana (es decir todo el análisis de la inspiración) se recoge en el capítulo quinto. Trato de hacer un recorrido histórico en el camino cristiano y las diferentes concepciones de inspiración que van surgiendo en las épocas del cristianismo. Las posturas erróneas, para que no cometamos los mismos errores y las posturas de la Iglesia católica a través de su Magisterio y los documentos producidos. El capítulo sexto acoge otro tema fundamental: el canon de la SE. Creo que de estos capítulos en adelante nos adentramos propiamente en la investigación científica bíblica y de los avances en dicho campo. Este estudio nos abre el horizonte para responder a preguntas que la gente se hace: ¿por qué los católicos y protestantes tienen Biblias diferentes respecto al número de libros en el AT? ¿Por qué determinados libros y no otros son los inspirados y canónicos? ¿Si aparecieran nuevos libros, qué pasaría? ¿Pueden conseguirse y leerse los libros apócrifos?

El capítulo 7 nos introduce en la interpretación o hermenéutica de la SE. Rápidamente ofrezco un recorrido histórico que nos muestra, a grandes rasgos, las características de las lecturas bíblicas que se han realizado a lo largo de la

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historia. En otras palabras, se trata de los métodos de lectura bíblica. A mi parecer, este capítulo es el más complicado en cuanto que nos acerca a los autores y sus investigaciones modernas en los últimos siglos, campo que se ha ampliado de una manera que no existe estudioso alguno que pueda dominar todas las áreas de investigación. He tratado de hacer una síntesis, empresa casi imposible en nuestros días. Las interpretaciones hermenéuticas y las lecturas bíblicas nos ofrecen un abanico de posibilidades y cada una con parte de razón. Al igual que en la medicina, el estudio bíblico se ha especializado en áreas bien específicas. No quiero ser pretencioso aquí; sólo deseo al menos dejar ver la inquietud de lo difícil de dicha situación. Me pareció importante también compartir con el lector, algunos métodos de lectura bíblica; haciendo énfasis en la Lectio Divina, que tanto bien hace en nuestras comunidades cristianas.

Finalmente, le pedí al padre Ángel Recinos, jutiapaneco de pura cepa, que escribiera un prólogo para el trabajo realizado. Él es el responsable de la teología en el Seminario Mayor de la Asunción y colega de estudios bíblicos. También quiero agradecer a mi hermano capuchino Alejandro Nuñez y la licenciada Eduina Linares por las correcciones hechas al presente trabajo.

Como ya es costumbre en mí, les ofrezco unas preguntas que despierten el diálogo, cuando el libro sea leído en pequeños grupos o comunidades (en esta oportunidad, las preguntas son para el capítulo primero solamente). Bien, en tus manos, dejo este libro introductorio a la Palabra de Dios. Que sea lluvia que fecunde tu vida; que sea pan que alimente tu espíritu. Estoy consciente de que muchos temas quedan en el tintero; por ejemplo, un análisis más amplio de cada uno de los libros de la SE. Sin embargo, esos son estudios más específicos y, si Dios lo permite, espero abordarlos en una próxima oportunidad.

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I

INDICACIONES PREVIAS

Y GENERALES

1. Origen de la palabra

La palabra Biblia viene del griego Biblion (neutro), que significa libro. Biblia es el plural de biblion; por tanto, quiere decir: libros. Es una colección de libros. Cada libro tiene su propia historia. La Biblia no fue escrita de una sola vez para siempre y luego enviada a la imprenta para ser impresa. Tampoco fue escrita por un solo autor, ni en un solo lugar. La Biblia es el fruto de siglos de reflexión, predicación y vida religiosa. No es pues un libro como los otros, sino una biblioteca, una colección de libros religiosos. De aquí la diversidad de nombres que se usan para definirla: Biblia, Libros Sagrados, Antiguo y Nuevo Testamento, Palabra de Dios, Libro de los libros, Libro Sagrado, Sagrada Escritura, Libro de la Vida, Libros Santos.

Para nosotros los cristianos, el centro de la Biblia es Jesucristo. Desde su persona enfocamos toda la Sagrada Escritura. Aunque reconocemos que las raíces del cristianismo se encuentran en el judaísmo, en Jesucristo hay continuidad y ruptura con el judaísmo. Los judíos lo expresan con sencillez y profundidad: “La fe de Jesucristo nos une. La fe en Jesucristo, nos divide”. Por supuesto que esa ruptura no afecta la continuidad de los acontecimientos: “No piensen que he venido a abolir la ley y los profetas, sino a dar cumplimiento” (Mt 5, 17. cf. Lc 24, 44).

2. División de la Biblia

2.1. Antiguo Testamento y Nuevo Testamento

En términos generales, la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento. La palabra “Testamento” no tiene el sentido que le damos en nuestra cultura. La lengua latina ha utilizado la palabra Testamentum para traducir la palabra hebrea Berit, que en español traducimos por “Alianza”. En griego se usa Diatheke. Se trata pues, de la Antigua Alianza establecida por Dios con su pueblo por medio de Moisés, y de la Nueva Alianza en Jesucristo. Ambos Testamentos surgen en contextos diferentes. Sin embargo, la lectura judía y lectura cristiana de la Biblia no implica oposición, sino correlación. Son lecturas complementarias.

Hay un reconocimiento implícito y explícito de la autoridad de las Escrituras del pueblo judío. Judaísmo y cristianismo, comparten tradición, Escritura, métodos de interpretación. Compartimos también los grandes temas: revelación del Dios

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único, la grandeza y la miseria de la persona humana, Dios liberador y salvador, la elección de un pueblo, la alianza, la oración, el culto, Jerusalén, el templo. Razón tiene la Pontificia Comisión Bíblica, al afirmar: “Sin el AT, el NT es un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse”1.

Desde Jesucristo, se establece una doble relación: releídos a la luz de la fe pascual, los textos veterotestamentarios2 adquieren su significado último. Y viceversa: la lectura del AT permite comprender a Jesús, porque desde nuestro punto de vista, Él es el cúlmen de la revelación divina. De ahí, hay tres instancias que caracterizan la relación entre el AT y el NT: continuidad, discontinuidad y progreso. Sin embargo, ambos testamentos forman una unidad, ya que todos tuvieron un único autor principal: Dios, sabiduría infinita en quien no hay contradicción. Desde este punto de vista, algunos estudiosos de la Biblia, han comenzado a hablar de “Primer Testamento” para referirse al AT.

El Evangelio de san Mateo y el escrito a los Hebreos son los escritos del NT que subrayan con más insistencia el cumplimiento en Jesús de lo anunciado o prefigurado en el AT. En Mateo llama la atención las numerosas citas en que afirma: “Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el profeta cuando dice…”. Si bien, el movimiento hermenéutico es exactamente el inverso (del acontecimiento salvífico actual a los profetas y no de los profetas a la historia presente). La discontinuidad, no suprime la continuidad. Aunque en algunos temas es notable, por ejemplo, en el sacerdocio, en el templo, en la Pascua, circuncisión, puro e impuro, el sábado. Leyes imperfectas como el divorcio, etc. Por tanto, hay un progreso en el proceso de la revelación… que culmina en Jesucristo y en un universalismo cristiano.

Al hablar de “Primer Testamento” en lugar de “Antiguo Testamento”, tiene sus ventajas:

Evita la infravaloración del judaísmo.

Es una expresión bíblica. Se encuentra en el escrito a los Hebreos (8, 7. 13; 9, 1.15.18) y la traducción de los LXX.

Corresponde mejor a la continuidad histórica, ya que las Escrituras judías surgieron primero y fueron la primera Biblia de la joven Iglesia.

Se evitaría una adecuación ingenua: “Promesa” – “cumplimiento”3.

Por supuesto, el NT, es más que un “Segundo Testamento”, que viene después del Primero. No todas las promesas veterotestamentarias pueden considerarse

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cumplidas en Jesús (por ejemplo el reino de paz shalom, que los profetas prometieron), como no todas las afirmaciones que se hacen en el NT sobre Jesús, tienen una base en el AT.

El canon del AT comprende 46 libros en las Biblias católicas (puesto que sigue el canon griego de los LXX) y 39 libros en las Biblias protestantes (ellos siguen el canon hebreo). No se puede decir como ignorantemente lo hacen algunos, que los católicos agregaron 7 libros a la Biblia; tampoco es válido expresar que los protestantes le quitaron 7 libros a la Biblia. Simple y sencillamente, cada grupo sigue un canon diferente. Esos 7 libros: Baruc, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Tobías (más algunos textos de Daniel y Ester), son llamados en la tradición protestante como “apócrifos”; mientras que en la tradición católica reciben el nombre de “deuterocanónicos”. El NT es idéntico para todos los cristianos, comprende 27 libros.

2.2. Por contenido o visión literaria

En este aspecto, no encontramos normas comunes y las divisiones de los libros pueden cambiar en las diferentes versiones. A nivel literario, por contenido y/o tradición, y siguiendo la Biblia de Jerusalén, en su última edición de 1998, hace la siguiente división en el AT:

La ley o la Torá (El Pentateuco): Génesis, Éxodo, Levítico, Deuteronomio, Números.

Libros históricos: Josué, Jueces Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, 1 y 2 Macabeos.

Lírica: Salmos, Cantar de los Cantares, Lamentaciones.

Libros sapienciales: Job, Proverbios, Qohelet, (Eclesiastés). Sabiduría, Sirásida (Eclesiástico).

Libros proféticos: Isaías, Jeremías, Barut, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías.

El Nuevo Testamento por su parte:

Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Hechos de los Apóstoles.

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Epístolas de san Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonisenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón. Epístolas católicas: Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan, Judas.

Apocalipsis.

2.3. División de la Biblia en capítulos y versículos (para buscar y citar).

Para designar los libros bíblicos se suelen utilizar abreviaturas. Hay varios libros que usan su nombre en griego y/o hebreo, lo cual vale la pena saberlo. Eclesiástico (Eclo), se cita a veces como Sirácida (Si); lo mismo Eclesiastés (Ecl), se cita Qohelet (Qo); Crónicas (Cro) es igual a Paralipómenos (Par). Desde el renacimiento, cada una de las partes de los libros bíblicos lleva un número; ese número indica el capítulo. Dentro de cada capítulo, cada frase o grupo de frases –esto es, cada versículo– está también numerado. Normalmente los capítulos se citan con números grandes y los versículos con números pequeños.

Fue el canciller de la Universidad de París, posteriormente cardenal y arzobispo de Canterbury, el inglés Stephen (Esteban) Langton (+1228), quien en 1226, dividió la Biblia en capítulos, en su versión Biblia parisiense. El dominico italiano, judío converso, Santos Pagnini (1470-1536) la subdividió en versículos en 1528, que la introdujo en su versión latina de los textos originales. La división final, se la debemos a Robert Estienne, más conocido como Stephanus, quien la introdujo en la Biblia que publicó en 1555. Los nombres de cada libro, hacen referencia a la primera palabra con que inician (hebreo o griego) y/o al contenido del libro.

Esta división no tiene ningún valor científico, (incluso a veces es arbitraria), pero es muy práctica. Nos permite fácilmente encontrar un texto. Basta indicar el título del libro, el número del capítulo y el número del versículo. A esto se le llama dar la referencia o la cita de un texto. Para la referencia de los textos se usan varios sistemas:

Hasta (Mt 5, 1-12; Ex 12, 3-14, 6). , Divide un capítulo de un versículo.

; División de una cita con otra (Is 6, 5; 7, 15). s Siguiente.

ss Siguientes.

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v Versículo. vv Versículos. Cf Confrontar.

La numeración de los Salmos, es distinta en la Biblia hebrea (texto masorético) y en la Biblia griega (LXX). La Biblia latina y los textos litúrgicos católicos, siguen el texto griego. El problema inicia en el Salmo 9 y 10 que es alfabético (estilo acróstico). El texto griego lo juzga un mismo salmo, mientras que el texto masorético lo divide. Lo mismo sucede en el Salmo 114 y 115. Por otra parte, el Salmo 116 y 147 (texto masorético) son divididos en dos partes en griego. Se deduce el siguiente esquema:

TM LXX 1-8 1-8 9-10 9 11-113 10-112 114-115 113 116 114-115 117-146 116-145 147 146-147 148-150 148-150

3. Lenguas y primeras

Traducciones

En la antigüedad, se recurría a la piedra, (en la cultura maya, tenemos las estelas y monolitos, donde se escribía la historia del pueblo maya… es famosa la columna o escalinata de los jeroglíficos en Copán, Honduras), metales, tierra cocida, tablillas de madera recubiertas con cera. Luego vino el papiro (fibras de caña), pergamino (pieles de animales) y el papel. De aquí surge el rollo (meguillah en hebreo; volumen en latín), es la forma más antigua del libro. Se construye con hojas de papiro pegadas o con hojas de pergamino cosidas en sus extremos. El Códice, también muy antiguo, se compone de hojas de papiro o pergamino pegadas y cosidas juntas, los cuales forman cuadernos.

El Palimpsesto, consiste en que los pergaminos por lo costosos y escasos, se vuelven a utilizar… los raspaban y volvían a escribir sobre ellos. Normalmente escribían en esticos (columnas) y/o en frases largas o cortas. Frecuentemente

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escribían de forma continua, sin separación entre las palabras ni frases4. A todo este enorme trabajo, debemos agregar la transmisión del texto a través de las diferentes lenguas.

Una “versión” es una traducción de los textos bíblicos a una lengua diferente a la original en que fueron escritos. El AT fue escrito en hebreo (con algunos pasajes en arameo), exceptuando algunos libros en griego. En Galilea, donde vivió Jesús, se hablaba arameo, lengua que había ido desplazando al hebreo a partir de la expansión asiria. El arameo fue la lengua materna de Jesús y en la que anunció su mensaje. El arameo se hablaba en la vida corriente. El hebreo que había sido la lengua de los grandes profetas, decayó mucho después del exilio de Babilonia, pero no se perdió del todo y era utilizada en el culto del templo y en ciertas oraciones; los escribas la dominaban perfectamente. En las sinagogas se leía la SE en hebreo, pero se comentaba en arameo.

La lengua hebrea posee la particularidad de tener dos tiempos: perfecto e imperfecto. “Perfecto” es lo que nosotros llamamos “pasado”; ellos lo ven como perfecto, porque Dios así lo permitió. El imperfecto lo traducimos como presente o futuro, puesto que todavía tiene que suceder. Parece algo sin importancia, pero sí que lo es, porque nos ofrece una visión del mundo desde la perspectiva de la fe. Lo pasado, incluso aquellos acontecimientos que nos han hecho sufrir son algo perfecto, porque esa fue la voluntad de Dios; mientras que el porvenir está en nuestras manos perfeccionarlo, pero una vez realizado, es perfecto.

Al texto hebreo se le llama algunas veces “texto masorético” (TM). Los masoretas fueron unos sabios judíos que pusieron vocales para facilitar la lectura del hebreo que como todas las lenguas semitas se escribe normalmente con consonantes. Eso explica las distintas traducciones que tienen en el castellano: YHVH. Si le introducimos las vocales a y e nos da: Yahvé. Mientras que si se le colocan las vocales e, o a, tenemos Yehovah. La Y griega latinizada pasa a ser J = Jehová. El NT fue escrito íntegramente en griego, en la lengua común de aquella época, que no es el griego clásico (a veces se le llama a esta lengua griega, “Koiné” o “común”).

En un largo proceso, la Biblia pasa del hebreo al griego, luego al latín y después a nuestras lenguas. Es normal que en esas traducciones, se pierdan muchos sentidos originales, porque los sentidos cambian en cada idioma, como muy bien lo expresa el autor del libro de Sirácida o Eclesiástico en su prólogo. Entre las traducciones más importantes tenemos5.

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El AT fue traducido al griego a partir del siglo III a.C. en Alejandría. Esta traducción, muy cuidada, es llamada de “los Setenta”, “LXX” o “Septuaginta”, debido a los 70 sabios que según la leyenda, tradujeron el texto hebreo.6 Es el primer intento de versión de la Biblia en otra lengua. También se le llama “Alejandrina” porque fue realizada en Alejandría y “Griega”, por ser la principal traducción griega. Es anterior a los más antiguos manuscritos completos del texto original (de aquí su importancia para la crítica textual). Se convirtió en la fuente del griego del NT y la Biblia utilizada por los cristianos. El prólogo de Sirácida (Eclo), escrito hacia el 130 a.C. habla de la existencia de traducciones de la ley, los profetas y los demás escritos.

3.2. Otras traducciones en griego

Se conocen otras traducciones griegas antiguas del AT como la de Aquila, de Símaco, de Teodoción. Aquila era un pagano convertido al judaísmo, nativo del Ponto. Su traducción es del 130 y 150 d.C. Traducción sobre el texto hebreo original; preferida por los hebreos de la diáspora. Teodoción (prosélito de Éfeso), hace su traducción hacia el 180 d.C. sobre los textos de los LXX; seguida más por los cristianos. Símaco, judío, tradujo hacia el 200 d.C.

3.3. Las Hexaplas de Orígenes

Esta es una obra colosal de Orígenes, realizada entre el 240 y 245 d.C. Escribió 50 tomos. Dispuso en seis columnas paralelas, el texto hebreo, el texto griego, Aquila, Símaco, Los LXX y Teodoción. Se encontraba en la biblioteca de Cesarea de Palestina. En el año 638, cuando Cesarea fue conquistada por los árabes, se perdieron las hexaplas con toda la biblioteca.

3.4. La Vetus latina

Aquí nos encontramos con las versiones de ambos testamentos. La “Vetus latina” designa todas las traducciones latinas de la Biblia, anteriores a la Vulgata de san Jerónimo. También se le denominan por esto, versiones prejeronimianas. Su objetivo fue difundir el cristianismo en occidente, en una época en que el latín estaba ya generalizado. Hay dos versiones principales: una surge en África proconsular, alrededor del 150 d.C. La otra, en un lugar de Europa, probablemente Roma, entre los siglos II y III (es una traducción de los LXX). La Vetus latina representa el modo en que la Iglesia latina leía la Biblia hasta que se impuso la Vulgata, a la que sirve como texto base.

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3.5. “La Vulgata”

Traducción latina de la Biblia realizada por san Jerónimo en el siglo III y IV. Fue el texto oficial de la Iglesia hasta época reciente. San Jerónimo comenzó en Roma en el 383 y concluyó en Belén (404-406). Fue un trabajo doble: revisión (de la “Vetus”) y traducción (AT del hebreo y NT del griego). Su objetivo fue poner a disposición de los cristianos, un texto fiel al original, que pudiera ser utilizado en la polémica con los judíos, que rechazaban el testimonio de los LXX y de la Vetus. Para este trabajo, estaba listo: conocía las lenguas bíblicas originales. Se encontraba en Belén (donde la Palabra se hizo carne), en los lugares donde se habían desarrollado los acontecimientos de la historia bíblica; estaba en contacto con rabinos doctos. Tenía una sólida formación teológica y exegética que había adquirido en las escuelas más conocidas de su tiempo: Antioquía, Constantinopla y Alejandría. Las características de la Vulgata se pueden reducir básicamente a dos: fidelidad al sentido de los textos bíblicos y una cierta elegancia de forma. La Vulgata (lenguaje vulgar = vulgo, lenguaje popular) ha estado vinculada a la vida de la Iglesia latina: a su liturgia, teología y espiritualidad. Fue la primera Biblia impresa, por el mismo inventor de la imprenta, J Gutenberg, en Maguncia en 1452.

3.6. Otras traducciones antiguas Versión gótica

Es la obra de literatura más antigua en lengua teutónica. Realizada por Ulfilas (+383) a mediados del siglo IV d.C.

Versión eslava

Realizada solo para los textos litúrgicos por Cirilo y Metodio (s. IX d.C.). Versiones siríacas

Poseen especial importancia porque a través de la literatura en lengua siríaca, el cristianismo se difundió en Oriente. La más célebre de todas es la Peshittá (es decir, corriente, Vulgata). El Diatessaron (armonía evangélica de los cuatro evangelios. Diatessaron significa “a través de los cuatro”).

Versiones coptas

La expansión del cristianismo a Egipto, hizo que la Biblia se tradujese a la lengua hablada entonces, que era el copto. Con certeza hacia el siglo II y III d.C.

Versión armenia

Realizada en el siglo V por el patriarca san Isaac el Grande (390-440) y por san Mesropio (+441). Es de gran calidad literaria, motivo por el que se la ha llamado

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la “reina de las versiones”. Versión Etiópica

Hacia mediados del siglo IV d.C. La versión georgiana

(Siglos VI y VII). Hacia el siglo VIII comienzan las versiones árabes. 3.7. Versiones modernas

La Biblia de Martín Lutero (1534) fue la primera completamente traducida a una lengua moderna directamente desde las lenguas originales; se difundió ampliamente en el mundo protestante. El NT había sido publicado en Wittenberg en 1522; se considera, generalmente, como un monumento de la literatura en lengua alemana. Puesto que el latín permaneció como lengua literaria hasta finales del siglo XII, sólo a partir de entonces comenzaron a editarse en España, las traducciones de los libros bíblicos a lengua vulgar. Se conocen varias traducciones entre los siglos XIII y XV.

Entre las Biblias protestantes son célebres las de Casiodoro de Reina (ex monje Jerónimo de san Isidoro de Sevilla, convertido al protestantismo), Basilea 1567, revisada después por Cipriano de Valera, Ámsterdam 1602. Conocida como Reina-Valera. Ha tenido varias revisiones y es la que usan preferentemente los cristianos de confesión protestante.

Después del largo período de restricciones magisteriales a causa de la difusión del protestantismo, a partir de 1760, florecen las traducciones de la Biblia en España como en toda Europa. Completas, se encuentra la del escolapio Felipe Scio de san Miguel (Valencia, 1790-1793) y la del obispo de Astorga, Félix Torres Amat (Madrid, 1823-1825), que completó una versión iniciada por el jesuita José Miguel Petisco. Entre las numerosas e importantes traducciones en lengua castellana, merecen señalarse tres versiones completas realizadas en copias de los autores:

Nacar-Colunga. Eloíno Nacar Fuster (canónico salamantino) y el dominico Alberto Colunga. Madrid, 1944. Ultima revisión en 1974.

Bover-Cantera. Del jesuita José María Bover y el hebra-ísta Francisco Cantera. Madrid, 1947. Revisada en 1962.

La de Francisco Cantera y Manuel Iglesias González. Madrid, 1975.

A partir de 1960, los trabajos de traducción en lengua castellana, se multiplicaron. En Latinoamérica, a finales de 1960. R Ricciardi y B. Hurault, dirigieron la Biblia Latinoamericana, con amplios comentarios y notas de carácter

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práctico, orientadas al ámbito de las comunidades latinoamericanas. La Biblia de Jerusalén. Hecha por un equipo de biblistas coordinados por J.A.Ubieta (Bilbao, 1967, revisada en 1975 y 1998). La más usada en los seminarios y estudios serios, por su aparato crítico. Existe la Dios Habla Hoy, 1979. Esfuerzo de traductores católicos y protestantes, de carácter ecuménico, aprobada por el Consejo Episcopal Latinoamericano y las Sociedades Bíblicas Unidas. Con deuterocanónicos para católicos y sin deuterocanónicos para los protestantes. En 1975, surge la Nueva Biblia Española, bajo la dirección de Luis Alonso Schökel y Juan Mateos. Biblia de las Américas.

3.8. Traducciones en idiomas mayas.

Gracias al esfuerzo de algunos obispos y de Sociedades Bíblicas Unidas, la Biblia se encuentra traducida en los siguientes idiomas mayas: Kanjobal, Mam, Quiché, Chuj de San Sebastián Coatán, Kaqchiquel, Tzutuhil, Q’eqchí y Pocomchi. En Chortí, Ixil y Jacalteco se encuentra el NT. La traducción en K´iché es un paciente trabajo del padre Bernard Goose (sacerdote, misionero francés, trabajando desde 1988 en Quiché); la colaboración de la licenciada Sucuquí (mujer, antropóloga y maya quiché), más el decidido esfuerzo y apoyo de su obispo monseñor Julio Cabrera Ovalle. La versión en Q´eqchí fue una iniciativa de monseñor Rodolfo Valenzuela (Obispo de las verapaces) y Sociedades Bíblicas Unidas.7

Hasta este momento: ¿qué te ha impresionado más de esta introducción? ¿Te cuesta encontrar las citas en la Biblia?

¿Por qué es importante estudiar y meditar la Sagrada Escritura?

¿Cuál es la ventaja de tener tantas versiones de la Biblia? ¿Cuáles son las desventajas?

¿Puedes ofrecer algunas ideas del trabajo que conlleva traducir la Biblia? ¿Conoces alguna versión en lengua maya?

4. Criterios básicos de lectura bíblica

4.1. Criterio histórico y colaboración de otras ciencias

Todo texto bíblico debe ser encuadrado dentro de las diversas etapas históricas del pueblo del AT (Israel) o del NT (Las primeras comunidades cristianas). Es lo que técnicamente se llama el ambiente vital. La palabra técnica es alemana: “Sitz in leben”. En este aspecto, son muy importantes las otras ciencias, porque desde

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su especialidad iluminan la realidad bíblica. No sólo como el estudio de acontecimientos pasados, sino como instrumento que nos ayuda a comprender el presente y el texto bíblico. Es decir que se deben tomar en cuenta los aspectos históricos para no deshistorizar el texto. Estudiar la situación concreta del autor y de la comunidad a la que se dirige. Es diferente por ejemplo, leer el Levítico que la Carta de san Pablo a los Filipenses, puesto que tienen diferentes autores humanos, escritos en épocas diferentes, a comunidades y culturas distintas, contenidos y problemáticas separadas por siglos. Sin embargo, a nivel teológico hay aspectos comunes.

4.2. Criterio literario. Los géneros literarios

Este criterio es importante porque nos introduce directamente en el texto. Ningún método de estudio bíblico puede prescindir de este criterio. Más aún, los métodos son medios; en el transcurso del tiempo, cambian, se modifican, se transforman e incluso, pueden desaparecer. De aquí, el esfuerzo por detectar las formas de hablar y de expresión; es lo que llamamos “géneros literarios”. La Biblia está llena de géneros literarios: cuentos, narraciones históricas, fábulas, salmos, proverbios, dichos, parábolas, himnos, relatos de nacimientos, milagros, etc. En este campo son invaluables los avances que se han hecho desde el campo de la literatura, filología, semántica, retórica. Trataremos más ampliamente este aspecto.

Lo ideal es conocer el hebreo y el griego que fueron las lenguas en las cuales se escribió la Biblia; sin embargo, como eso es difícil en nuestro medio, por lo menos, podemos adentrarnos en el ámbito de las formas de expresión. La Pontificia Comisión Bíblica en una carta que escribió el 21 de abril de 1964, habla de las diversas formas de expresión, “que aparecen en la Sagrada Escritura y que estaban en uso entre los hombres de aquel tiempo”. Lo importante es el mensaje que quieren transmitir, lo que quieren decir y no tanto lo que dicen. Eso forma parte de cada cultura y se expresa de diferentes maneras. Por ejemplo, nosotros, para decir que alguien está cumpliendo años, decimos: “Está de manteles largos”... si alguien le fue infiel a su pareja: “Le quemó el rancho”..., etc.

Estudiar esto es importante porque nos permite no tomar ni entender al pie de la letra las expresiones, sino descubrir su contenido. Lógico que esto es difícil porque significa entrar en la profundidad de la cultura y captar su esencia. Las formas de expresión o “géneros literarios” son maneras de expresar el pensamiento. Entre las que encontramos en la Biblia, vamos a mencionar:

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Muchos libros de la Biblia se escribieron en forma de historia de los antepasados, a la luz de la fe. Los autores narraron los hechos más importantes del pueblo de Dios, por ejemplo, la llamada de Abrahán, la liberación de Egipto, la Alianza, los años en el desierto, la conquista de la tierra prometida, los reyes, las guerras, etc. Aunque estos libros tienen un fundamento histórico (es decir fueron acontecimientos que sucedieron; son hechos verídicos acontecidos en diferente época), no se pueden interpretar todos los detalles al pie de la letra, pero sí, descubrir su mensaje teológico. Esto es algo normal, puesto que una persona de fe, verá siempre lo que pasa, a la luz de la fe. Por ejemplo, un campesino prepara su tierra, escoge la semilla, siembra, cuida su siembra, la abona, etc... Sin embargo, si tiene fe, dirá: “Dios me ha dado una buena cosecha”... “Dios nos envía la lluvia”... “Dios me ha curado”... “Dios me ha dado inteligencia”... “Dios le castigó”...

De la misma forma, los autores de la Biblia explican todo lo que les pasa (guerras, plagas, victorias, exilios) como obras de Yahvé: “Maravillosas son las obras del Señor”. Algunos de los libros que se expresan en forma de historia son: Éxodo, Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, Reyes, Crónicas, Macabeos, (los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles). Son historia vista a la luz de la fe. Acontecimientos que verdaderamente sucedieron aunque en la manera de transmitirlos, usen muchos detalles.

Entre los géneros literarios narrativos, se encuentran los relatos “primitivos” o “etiológicos” (= origen de los orígenes). Es el género literario que aparece en todas las culturas, puesto que tratan a su manera y con su lenguaje de explicar cómo se inició la humanidad y el porqué de los comportamientos y situaciones vividas. Estas historias se transmitieron primero oralmente y luego se pusieron por escrito. Pensemos por ejemplo en los relatos de la creación del hombre del maíz que nos ofrece el Popol Vuh en la cultura maya. Los primeros 11 capítulos del Génesis pertenecen a este género de “historias primitivas”. Fueron escritos más o menos en la época de Salomón. Esos poemas, como el de Adán (polvo, hombre) y Eva (viviente, mujer) son muy didácticos y atractivos. Lo importante aquí no es lo que dicen, sino el mensaje.

Vale la pena mencionar el género literario de las genealogías. Aunque nos parezcan un poco aburridas, para el pueblo de Israel era importante descubrir sus raíces primigenias, por eso gustan de las genealogías. Los mismos evangelistas, Mateo y Lucas, escriben una genealogía de Jesús (Mt 1, 1-12 y Lc 3, 23-38). Su objetivo es ir a los orígenes y demostrar la importancia de la persona; del “apellido” diríamos en nuestro medio. Guardaba la memoria histórica del pueblo como tal, le daba identidad a los individuos, pertenencia. Este género

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literario lo encontramos frecuentemente en el AT y NT.

En los relatos históricos, las personas son adornadas con virtudes extraordinarias y/o exageradas. Abrahán, Moisés, Sansón, David que mató a Goliat... “Saúl mató a mil, David a diez mil”. Salomón que tenía hasta 1000 concubinas... Ésta es una manera de resaltar las virtudes de los personajes. Esta manera narrativa será aplicada por la Iglesia a los santos: se les atribuyen los mismos milagros a un montón de santos.

– Cuentos con mensaje religioso

Éste es un género literario que recoge la imaginación del pueblo. Se inventan personajes para dar un mensaje o enseñanza, son didácticos. También en ellos está el espíritu de Dios. Ofrecen una moraleja, enseñanza religiosa importante. Por ejemplo, el libro de Tobías, nos enseña el valor de ayudar a los pobres, enterrar a los muertos, dar limosnas, etc. Sin duda se inspiraron en algún personaje histórico, pero lo legendarizaron (pensemos por ejemplo en personajes de películas: Supermán, Batman, Cantinflas, Juan Pueblo, etc). En este género, ubicamos los libros de Judit, Ester, Jonás, Daniel, Job...).

b) Jurídico

Se utiliza para recoger normas, legislación, costumbres. Su lenguaje es legalista, técnico. Dicho género se extiende a muchos textos de la Sagrada Escritura. Pensemos en los mandamientos, en las normas, etc.

c) Formas de expresión profética

Los autores de los libros proféticos, recogen una manera de actuar especial: denuncian el pecado y anuncian el mensaje de Dios. Lo hacen con su palabra: “Así dice el Señor”... “Oráculo del Señor”... Los profetas, como Jesús, usaron parábolas para comunicar sus enseñanzas: Natán por ejemplo, contó al rey David la parábola del hombre rico con sus muchas ovejas que, sin embargo, robó la única ovejita de un pobre (2S 12, 1-14). Las adivinanzas, son otra manera de expresión que usan, son preguntas que nos hacen pensar. En Isaías, tenemos la viña bien cultivada que dio agrazones: ¿qué otra cosa podía hacer a mi viña que no se la haya hecho? ¿Por qué esperando que diera uvas, sólo ha dado racimos amargos? (Is 5, 1-7; Ez 17, 1-12).

Las expresiones poéticas, abundan en todos los profetas, pueden ser de lamento, esperanza, acción de gracias, etc. “Israel es como una tortilla que se ha quemado por un solo lado...”. “Es como una paloma, tonta sin juicio...” (Os 7, 8. 11). Comparaciones: Israel como viña (Os 10, 1; Jr 2, 21); como esposa infiel (Is

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54, 6-8). Encontramos también los relatos de vocación y nacimientos (1S 3); otro de los géneros literarios impresionantes de los profetas, son todos los gestos simbólicos que realizaron:

Oseas se casa con una prostituta (Os 1, 3-4). Isaías camina desnudo “tres años” (Is 20, 2ss). Jeremías hace pedazos un jarro ante los jefes (Jr 19, 1.10ss).

Jeremías se amarra un yugo al cuello (Jr 27). Ezequiel se rapa la cabeza (Ez 5, 1-12).

d) Género apocalíptico

Esta forma de expresión se hizo popular durante los últimos doscientos años antes de Cristo. El autor presenta una visión llena de figuras, signos, comparaciones, para atacar al enemigo y defender la fe y comunicar esperanza al pueblo de Dios. Utiliza mucho los números como símbolos (el 3 es signo de divinidad. El 4 es humanidad. El 7 es perfección y totalidad. El 6 es imperfección. El 9 es eternidad, puesto que es el único número que no desaparece al multiplicarlo por otro. 10 como los dedos de la mano significa una cantidad grande. El 12, vocación, llamada, elección. 24, 40, 72, etc..., frecuentemente son múltiplos de los anteriores. 1000 significa una gran cantidad, multitud), colores, animales, materiales, símbolos celestes... En el AT nos encontramos con el libro de Daniel 7-12 y algunos textos de Ezequiel (40-48). En el NT con algunos textos de los evangelios y el libro del Apocalipsis.

e) Género lírico

Expresa las vivencias internas, los sentimientos, el dolor, el amor. Encontramos dicho género especialmente en los libros de los Salmos, Cantar de los Cantares y Lamentaciones, pero también en otros libros de la Sagrada Escritura. Aquí tenemos: cantos y poemas, himnos. Son poesía que expresan con el alma, con el sentimiento humano, la presencia de Dios. Estos escritos fueron usados frecuentemente en el culto. El canto de Moisés (Ex 15, 1-20) y muchos textos de los profetas, usan esta manera de expresión. También aparecen en el NT.

f) Género sapiencial: sabiduría popular: Proverbios

Esta manera de expresión es una forma de consejos o resúmenes de la sabiduría de un pueblo. Son como colecciones de dichos, consejos,

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comparaciones y reflexiones sobre los grandes problemas de la vida. Son libros con gran actualidad porque recogen la vida del pueblo de una manera sencilla. Aquí encontramos: Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría, Eclesiástico, algunos Salmos y partes de los libros de Tobías y Baruc.

g) “Evangelio” como género literario h) Género “epistolar” o “cartas”

Estos dos géneros los veremos con más amplitud en el capítulo IV: cómo se escribió el NT.

i) Tradiciones escritas (yahvista, eloista, deuteronomista, sacerdotal)

Ésta es la famosa teoría de Wellhausen. En el siglo XIX, con el “Historicismo”, un grupo de científicos estudian las culturas antiguas. Wellhausen es de esa época y al leer la Biblia se da cuenta de que hay muchos detalles que se repiten hasta tres veces de una manera diferente: por ejemplo la creación del universo, del hombre y la mujer, del diluvio, la construcción del templo, etc. Todo eso lo llevó a una gran investigación “histórico literaria”, que dio como resultado esta famosa teoría de las cuatro tradiciones; aceptada comúnmente hoy (en la introducción al Pentateuco, la Biblia de Jerusalén, explica con lujo de detalles esta teoría). Nosotros las estudiaremos en el momento histórico que van apareciendo. Las cuatro versiones anteriores fueron modificadas y fundidas en una sola que dio origen al Pentateuco, después del Exilio.

Nos damos cuenta de que lo importante no son los detalles, sino el mensaje que deseaban comunicar y que fueron adaptados a las situaciones históricas del pueblo. En ocasiones, los relatos se vuelven hasta contradictorios: la Pascua aparece en tres versiones: Éxodo 12, 21-30, 38 y 39 es yavista. Éxodo 12, 1-20 y 43-50 es presbiteral. Éxodo 13, 3-16 es deuteronomista. Los diez mandamientos aparecen en su versión presbiteral: Éxodo 20, 1-20 y en su versión deuteronomista: Deuteronomio 5, 6-20. Los detalles son como el marco del relato que nos da una enseñanza. Esta realidad nos permite entender todo el proceso lento y humano en la formación del A.T. En todo esto, el espíritu se reveló. Todas estas Escrituras fueron proclamadas y reflexionadas en las celebraciones religiosas del pueblo, en el templo, en las sinagogas.

4.3. Criterio religioso (teológico)

Se trata de descubrir y experimentar la fe que transpira el texto, escrito bajo la luz del Espíritu. Este criterio es el que da unidad y sentido a los otros dos.

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Lógico, eso sólo se entiende a la luz de la fe. De aquí que la Biblia puede ser leída por toda persona, pero si falta éste criterio, la convertiríamos en un libro cualquiera, sólo de placer literario. Son criterios interpretativos de la Biblia como un libro divino (inspirado por Dios) y humano (escrito por seres humanos). Hay que guardar el equilibrio entre ambos polos. El peligro está en hacer decir a un texto lo que nosotros pensamos de antemano. El texto interroga al hombre y viceversa. El gran reto está en establecer un diálogo entre las exigencias técnicas del texto y las exigencias personales del lector o lectores.

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre es la clave de lectura de la SE. Entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe, no hay ruptura ni separación, sino unidad y complementariedad. La afirmación más acertada es que el Jesús histórico es el Cristo de la fe. De hecho, los primeros cristianos reconocieron a Jesús como Hijo eterno de Dios, al descubrir el carácter único y singular de sus enseñanzas, sus acciones y su vida.

En otras palabras, una lectura actual de la Biblia, debe adaptar su lenguaje al mundo de hoy. Interpretarla desde nuestra realidad, desde nuestro mundo. Eso es tomar en cuenta el contexto histórico; esta perspectiva es radical porque va a la raíz de lo que es la Biblia: revelación de Dios en la historia. Hay una relación dialéctica en la lectura bíblica: el texto interroga al lector y el lector interroga al texto, logrando un diálogo enriquecedor para ambos. De aquí la vitalidad y la actualidad de la SE, que es siempre viva y actual.

La Biblia no es un libro cerrado de leyes ni de concepciones científicas; no es un catecismo, ni algo caído del cielo. La Biblia nos presenta un mensaje de salvación encarnado en una historia humana. Es decir que Dios se revela en un ambiente histórico bien concreto. La Sagrada Escritura como testimonio de la revelación nos presenta acontecimientos históricos en los que se manifiesta el hecho salvífico. Las dificultades que se presentan para ver una historia de salvación en la Biblia son varias: la diversidad de concepciones de salvación en el Antiguo y en el NT. La salvación no es mítica (aunque a veces se utilice ese lenguaje para expresarla), sino de carácter histórico. El problema es la interpretación adecuada de la misma.

La Biblia se fue formando en un largo proceso de gestación. Primero fue vivida, transmitida oralmente y solamente después fue escrita. Incluso después de escrita, se reinterpreta nuevamente a la luz de los nuevos acontecimientos que se viven. A pesar de la diversidad de autores y destinatarios, la Sagrada Escritura posee una unidad que le viene de Jesucristo, como punto de llegada y de partida. Es lo que se define como unidad bíblica.

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4.4. Lecturas inadecuadas de la Sagrada Escritura

a) Desde una reflexión greco-latina, nos lleva a posturas estáticas, inmóviles. Dios pasa a ser idea clara y definible. Desde esta postura podemos afirmar que Dios ya se reveló en su totalidad. Es el problema de absolutizar la Biblia. La Biblia es Palabra de Dios escrita, pero la Palabra de Dios sigue revelándose en toda la vida.

b) Leerla sólo como un libro divino, conlleva el peligro de espiritualizar la Palabra y deshumanizarla. El hombre queda como un títere. Ese dios no existe en la Biblia. El otro extremo de esta lectura es verla sólo como un libro humano con lo cual se le vacía de su contenido fundamental (la fe). El hombre bíblico es un ser orientado hacia Dios.

c) Los que sólo buscan pruebas para su fe, seleccionando textos que les aseguren sus creencias. Peligro de deshistorizarla, manipular los textos, cayendo en el subjetivismo. La utilizan como un libro de recetas.

d) Hay otros que sólo centran su atención en las contradicciones que aparecen en la Biblia, sin tomar en cuenta la unidad bíblica.

e) Los que buscan datos científicos para justificar situaciones actuales. Se debe tomar en cuenta que la Biblia utilizó los datos que se manejaban en su tiempo y no se le puede exigir pruebas de avances actuales que no aparecen en la Sagrada Escritura. (Por ejemplo que la tierra gira alrededor del sol, era inconcebible en aquel tiempo. El SIDA, etc).

4.5. ¿Qué tipo de lectura hacer?

Una lectura cristológica. Porque Cristo es la unidad profunda del AT y del NT y Él es la imagen plena de Dios.

Una lectura creyente, en el sentido que no tiene que ser exclusivamente de fríos especialistas, sino desde el calor de una comunidad.

Una lectura histórica, porque Dios se revela en la historia del pueblo que esperó en Dios. Esto nos lleva a repensar la historia, desde nuestra propia historia.

Una lectura militante, desde la praxis cristiana. No se trata de un desprecio por la teoría; al contrario se ve como algo importante y necesario.

¿Qué aspectos nuevos has aprendido?

¿Habías escuchado hablar de los “géneros literarios? ¿Hay algún género que te agrade de manera especial y por qué?

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¿Ocupa algún lugar importante la Sagrada Escritura en tu vida?

Además de los criterios ya mencionados, ¿cuáles actitudes son necesarias para leer la SE?

¿Qué problemas descubres en el estudio de la Biblia?

5. Revelación

Revelación divina: manifestación sobrenatural que Dios ha hecho a los hombres de sí mismo y de sus designios salvíficos.

La revelación que Dios hizo de sí mismo se manifestó ya desde el principio de la creación. Dios se comunica en el hombre por la Palabra y el acontecimiento. El hombre responde por la fe. La revelación no es algo acabado en la Palabra de Dios escrita (Biblia), sino que Dios se va revelando en la historia (Palabra de Dios actual). Más aún, la “Palabra” (dabar en hebreo) no equivale simplemente a “logos” (griego), como palabra pensada, pronunciada y anunciada, sino que además conlleva el evento o acontecimiento. Es lo que frecuentemente se denomina la eficacia de la palabra. Las palabras interpretan e iluminan el significado de los acontecimientos; de lo contrario, éstos podrían resultar ambiguos y sujetos a interpretaciones arbitrarias y contradictorias. Sin los hechos, las palabras perderían su concreción significativa, reduciéndose a enunciados abstractos, sin fuerza para convencer.

La fe: no va a ser sólo una realidad intelectual (aceptación mental del plan de Dios), sino que va a ser encuentro personal con Dios en la historia, encuentro con Cristo y los hermanos. Va a ser lectura de la historia. Cómo Dios se revela en ella.

6.

Jesucristo:

centro y plenitud de la historia salvífica

6.1. ¿Quién es Jesús de Nazaret?

El Jesús histórico es el fundamento de la cristología. Una cristología fuera de la historia y de nuestra realidad es falsa. La palabra Cristo es de origen griego y traduce la palabra hebrea Mesías = ungido. Jesús es nombre propio (nombre frecuente en nuestra cultura e inexistente en otras culturas), mientras que Cristo conlleva la dimensión de la fe (nombre común en otras culturas). Desde esta perspectiva, nos referimos al Jesús histórico, en el sentido de la palabra: al hombre de carne y hueso que nació en Belén de Judá, que caminó por las calles de Nazaret, que disfrutó del paisaje que ofrece el lago de Galilea y sus

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alrededores; de Aquél que tenía amigos y enemigos como todo ser humano y que es crucificado en Jerusalén.

¿Cómo podemos saber quién es Jesús de Nazaret? Cada año, nos vemos sorprendidos con nuevas visiones históricas, literarias y/o teológicas de Jesús. Cada especialista defiende sus tesis basados en distintas fuentes. Debo confesar que me siento bastante perdido y a veces hasta confundido con las exposiciones y disquisiciones. Aunque no podemos ni debemos rechazar todas esas investigaciones y reflexiones, cuando tengo duda, me dejo guiar por las orientaciones del Magisterio de la Iglesia. El objetivo de este libro, como ya lo expresé en la introducción, es compartir con la gente sencilla, la mayor cantidad de información que podamos, sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, especialmente los datos que nos iluminen mejor sobre Jesús y nos ayuden a ser fieles seguidores de su persona y su doctrina.

a) Documentos históricos extra bíblicos

Todos tenemos una historia. Nacimos en un país, tenemos nuestros padres, desempeñamos un oficio, vivimos dentro de una sociedad. Para acercarnos adecuadamente a alguien debemos conocer sus datos; mientras más cerca de la historia estén esos datos, tienen mayor validez. Entre los autores extrabíblicos más conocidos tenemos a Suetonio, Tácito, Plinio, Flavio Josefo. Todos ellos se refieren a Jesús como un ser real, concreto, histórico; no niegan la existencia de Jesús. Después de muchas investigaciones que incluso pusieron en duda la existencia de Jesús, estamos en un momento histórico en el que su existencia está científicamente comprobada, independientemente que alguien crea en Él como Dios o que lo vea simplemente como una gran figura humana, despojándolo de su dimensión divina.

b) Fuentes bíblicas (NT, especialmente los evangelios y Hechos)

De aquí surgen los datos históricos y humanos de Jesús. Aunque es verdad que a partir del siglo XIX, la investigación científica sometió a una dura crítica la historicidad de los evangelios y de todos los escritos de la Sagrada Escritura, actualmente podemos afirmar que los evangelios no son cuentos de ficción y si bien es cierto, no son crónicas históricas, porque no era ese su objetivo, sí transmiten datos históricos, aunque muchas veces no puedan verificarse. Los evangelios son textos narrativos que presentan el curso de la vida de Jesús y su enseñanza. Vale la pena citar lo que expresa la constitución Dei Verbum, del concilio Vaticano II, en el número 19:

La santa madre Iglesia ha defendido siempre la historicidad de los evangelios; es decir, que narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente hasta el día

Referencias

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