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ELEMENTOS
FUNDAMENTALES
DE LOS GRUPOS
DE ORACION
(SOLO PARA SERVIDORES)
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INDICE
PROLOGO 13
ELEMENTOS CONSTANTES EN LOS GRUPOS DE ORACION DE LA
RENOVACION CARISMATICA 17
A.- Alabanza y adoración; acción de gracias 17
B.- La Palabra de Dios 21
C.- La instrucción 21
D.- Las profecías 21
E.- Las peticiones 22
F.- Testimonios 23
G.- Saludo y despedida 23
Conclusión 23
II LA INVOCACION AL ESPIRITU SANTO Y LA ACTUACION
DEL SERVIDOR 25
1.- La Enseñanza espiritual 25
2.- La práctica 27
3.- La actuación del servidor 28
III OBSERVACIONES FUNDAMENTALES RESPECTO
DE LA ALABANZA 31
A.- La oración, de alabanza debe ser situada e
Integrarse en la Iglesia orante 31 B.- La oración de la Renovación no puede “perdurar”
sino se obedece al mandamiento del Señor de orar
a Padre privadamente 33
C.- El Espíritu reproduce en nosotros la oración de Jesús 34 D.- El corazón de la alabanza es, ante todo, una actitud
Anterior 35
E.- Un grupo de oración sin alabanza se desvía o desaparece 35
F.- La expresión de la alabanza 36
G.- La alabanza auténtica se irradia a toda la vida 37 IV LA ALABANZA EN LOS GRUPOS DE ORACION
CONSIDERACIONES PREVIAS 39
Anotaciones aclaratorias 39
1.- Reflexiones teológicas 40
2.- El descubrimiento de la oración de alabanza
Y de acción de gracias 45
V. LA ALABANZA 49
1.- Actitudes para alabar a Dios en los grupos de oración
y características de la alabanza 49 2.- Características de la alabanza 50 VI LA ALABANZA EN LOS GRUPOS DE ORACION: TENTACIONES
CONTRA LA ALABANZA.
EL ATEISMO DEL CORAZON 57
A.- Tentaciones 57
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VII FORMAS DIVERSAS DE ALABANZA Y ACTUACION DEL SERVIDOR 651.- Formas diversas de alabanza 65
2.- Actuación del servidor 71
3.- Una función especial del servidor:
Enseñar a expresar la alabanza 74
VIII LOS FRUTOS DE LA ALABANZA 77
A.- La alabanza atrae e intensifica la presencia de Dios 77 B.- La alabanza es una nueva efusión del Espíritu 78
C.- La alabanza cura e ilumina 78
D.- La alabanza “libera” 79
F.- La alabanza es fuente de gozo 79 G.- La alabanza nos abre a los carismas del Señor 80 H.- La alabanza nos hace realistas 80 I.- “Sobre todo, la alabanza es correlativa del amor” 80 J.- La alabanza compromete con los demás 81 K.- La alabanza nos santifica y nos da la “vivencia” de Cristo
en la Eucaristía 81
L.- La alabanza debe envolver toda la vida del cristiano 82 M.- El primero (de los frutos de la alabanza) es hacer crecer la
Caridad fraternal 83
IX LA PALABRA DE DIOS EN LA REUNION DE LA ORACION.
ACTUACION DEL SERVIDOR 85
1.- La Palabra de Dios en la reunión de oración 85
2.- Actuación del servidor 91
X EL CANTO Y EL SILENCIO EN LA ORACION DE ALABANZA.
ACTUACION DEL SERVIDOR 93
1.- El “canto” en la oración de alabanza 93 2.- El “silencio” en la oración de alabanza 101 XI LA ENSEÑANZA O INSTRUCCIÓN EN LOS GRUPOS DE ORACION, I 105
1.- El fundamento 105
2.- Orientaciones 107
XII LA ENSEÑANZA O INSTRUCCIÓN EN LOS GRUPOS DE ORACION, II 115
1.- Dos tipos de enseñanza 115
2.- Actuación del servidor 123
XIII EL TESTIMONIO EN LOS GRUPOS DE ORACION. LA ACTUACION
DEL SERVIDOR 125
1.- El testimonio 125
2.- El testimonio en los grupos de oración 126 3.- Aplicaciones y actuación del servidor 128 4.- Orientaciones para dar el testimonio 129 XIV LAS PETICIONES EN EL GRUPO DE ORACION
LA ACTUACION DEL SERVIDOR 131
1.- Las peticiones en el grupo de oración 131 2.- Aplicaciones y actuación del servidor 132 3.- Una observación de importancia respecto de las peticiones 134 XV EL BUEN USO DE LOS CARISMAS DENTRO Y FUERA DE LA
REUNION DE ORACION. LA ACTUACION DEL SERVIDOR 137
Aclaraciones preliminares 137
1.- El buen uso de los carismas 137 2.- La actuación del servidor 145
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XVI MANIFESTACIONES EXTERNAS O EXPRESION CORPORAL DE LA ORACION 149A.- Reflexiones 149
B.- El cuerpo como signo 151
C.- Manifestaciones externas más frecuentes en las reuniones
de oración 152
D.- Pensamientos y sugerencias sobre el cuerpo en su relación
con el culto a Dios 154
XVII CARACTERIASTICAS DEL GRUPO DE ORACION 157
Anotaciones aclaratorias 157
1.- Características 157
2.- El papel o la misión del que dirige la oración 168 XVIII NORMAS Y ORIENTACIONES PRACTICAS PARA LOS
GRUPOS DE ORACION 169
1.- Normas prácticas 169
2.- Orientaciones prácticas para la oración 170 3.- Complemento a los grupos de oración 173 XIX SUGERENCIAS A LOS QUE ASISTEN A LOS GRUPOS DE
ORACION 175
XX HAZ DEL AMOR Y DEL SERVICIO EL OBJETIVO PRINCIPAL
DE LA REUNION DE ORACION 181
Nota previa 181
1.- El amor fraterno, insistencia fundamental de la Revelación
en el Nuevo Testamento (indicaciones) 181 2.- El criterio para gobernar nuestra vida y nuestras relaciones 182 3.- Aprovechar las oportunidades que se ofrecen para edificar
y profundizar la “Fraternidad”, en Cristo Jesús 185 4.- El compartir en grupos pequeños: indicaciones 187 5.- Algunas indicaciones: Cómo desarrollar los grupos de
Compartir 190
6.- La interpelación mutua o corrección fraternal 191 7.- Apéndice sobre el amor a Dios y al prójimo 192 XXI ESQUEMA ABREVIADO DE LOS GRUPOS DE ORACION 195
1.- Indicaciones 195
2.- Elementos del círculo o reunión de oración 196
APENDICES 199
1ro. LA ORACION COMPARTIDA 199
I. Principios básicos que orientan la oración compartida 199
II. Es un acto comunitario 199
III. Es una oración en unión con Cristo y dirigida por su espíritu 199 IV. Es una acción humana en fe 200 2º LOS GRUPOS DE ORACION EN EL DOCUMENTO DEL
ENCUENTRO EPISCOPAL LATINOAMERICANO 201 3º A MODO DE RESUMEN DE LOS GRUPOS DE ORACION
DE LA RENOVACION CARISMATICA 203 A.- SINTESIS DE TESTIMONIOS 203
1.- La modestia de los comienzos 203
2.- La conversión 203
3.- Hemos descubierto la oración 204 4.- El combate y la comunión fraternal 204 5.- La experiencia de la duración 205
5
6.- Redescubrimiento de la Iglesia en su cuerpo viviente 205 7.- La única misión de la Iglesia 206B.- LAS LLAMADAS 206
1. Una acogida más radical del Espíritu de Pentecostés y de los Carismas 206 2.- Una oración más unida a la de Jesús 207 3.- Un amor más real y universal de los hombres.
El compartir 208
4.- El enraizamiento en el nuevo “aliento” evangelizador 209 4to. ORIENTACIONES EN EL USO DE LA GUIA PARA LA
FORMACION DE SERVIDORES EN LA RENOVACION
CARISMATICA 211 Profesores 211 Complemento 214 Alumnos 215
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PRESENTACION
El muy querido P. Benigno Juanes, S.J. , a quien la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo debe tanta colaboración, me dispensa el honor y el placer de presentar esta obra a los amables lectores.
Desde que conocí la Renovación hace ya catorce años, siendo párroco de la Catedral de la Vega, me di cuenta que iba a provocar una corriente de espiritualidad intensa dentro de la iglesia y por eso me interesé en conocer esta nueva experiencia sobre la que tanto se ha escrito en los últimos años, como bien dice el P. Juanes en el prólogo.
Con el pasar del tiempo mi apreciación original se ha ido confirmando y se puede asegurar que la Renovación es hoy un recurso poderoso para devolver al hombre contemporáneo el gusto y la práctica de la oración, cuya necesidad nadie puede poner en duda.
Sin embargo, había algo que me preocupaba dentro de la misma Renovación y era el peligro de la improvisación. Por ser algo nuevo había que “hacer camino al andar”. Y si bien la espontaneidad en la manera de orar puede ser un valor, no podemos caer un subjetivismo radical y dejarlo todo a la espontaneidad.
Quiero decir que debe haber unos criterios y unas orientaciones que ayuden a las personas y a los grupos en el propósito de orar mejor. Dicho con otras palabras, debe haber en esto, como en todas las cosas del Señor, un auténtico y profundo discernimiento para evitar equívocos y obviar posibles dificultades.
Estoy convencido que esta obra del P. Juanes es la respuesta a aquella inquietud inicial mía.
Basta echar una ojeada al índice para darse cuenta que se tocan en este libro todos los aspectos que pueden interesar de la Renovación a quienes se benefician de su práctica.
Partiendo de los elementos constantes o comunes en los grupos de oración, el autor trata sobre la invocación al Espíritu Santo y a la actuación del servidor, y pasa en seguida al tema fundamental de la alabanza que considero muy bien tratado, completo, basado en una amplia y diversa bibliografía que le da mayor autoridad.
A propósito de la alabanza merece especial mención en capítulo sobre las tentaciones contra ella, el ateísmo del corazón, las formas y los frutos de alabanza.
Manteniendo el propósito de que este libro sea principalmente un manual práctico para los servidores y miembros de los grupos de oración viene luego una serie de indicaciones sobre el papel de la Palabra de Dios en el grupo, sobre el canto y el silencio en la oración de alabanza, concluyendo cada sección con unos valiosos consejos a los servidores.
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No podía faltar en una obra de este tipo una referencia a la enseñanza o instrucción en los grupos de oración. Estos pueden ser un espacio privilegiado para instruir al mismo tiempo que se ora.Se explican de forma muy sencilla el valor de los testimonios la importancia de las peticiones, el buen uso de los carismas dentro y fuera del grupo, las manifestaciones externas o expresión corporal de la oración, las características del grupo de oración, las normas y orientaciones para quienes lo frecuentan.
Hay unas hermosas consideraciones al final sobre el amor y el servicio como objetivo principal del grupo de oración, para concluir con un esquema abreviado de éste y unos apéndices también muy oportunos.
Bendigo, pues, con todo el corazón esta obra del P. Juanes, que es sólo una parte de un proyecto más ambicioso que el pretende realizar con la ayuda del Señor.
Exhorto a todos los que conocen ya o quieren conocer la Renovación a que adquieran este volumen, que busquen aquí cuanto pueda interesarles acerca de ella y lo difundan.
Y no puedo dejar de felicitar muy sinceramente al P. Juanes por el esfuerzo que ha hecho en estos años a fin de poner en nuestras manos un libro que hará un gran bien y que, por otra parte era tan esperado por muchas personas.
NICOLAS DE JESUS LOPEZ RODRIGUEZ Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo Primado de América
Asesor Nacional de la Renovación Cristiana en
El Espíritu Santo
Santo Domingo, D.N. 26 de Noviembre de 1989 Solemnidad de Cristo Rey.
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PROLOGO
Sobre la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo o Renovación Carismática, se ha escrito, en sus 22 de existencia, una cantidad extraordinaria de artículos y de libros. Muchos de ellos son de gran valor y de gran actualidad. Este a acontecimiento, obra del Espíritu, ha llamado la atención de muchos que han querido abordarlo desde ángulos, perspectivas e intensiones diversas. Desde luego, los que predominan por su calidad de valor, son los que han dimanado de la Iglesia a través de los Papas, Conferencias Episcopales, Obispos y también de teólogos, escrituristas, pastoralistas…. Conocedores a fondo de la Renovación por su experiencia personal de la misma, por sus estudios e intercambios de opiniones, etc.
Más de uno no obstante esta riqueza, ha echado de menos una síntesis de cuanto concierne a la Renovación Carismática que pudiera servir para enseñanza y formación, sobre todo de los líderes (entre nosotros llamados servidores). sin excluir a los que asisten a los grupos de oración y a cuantos quisieran enterarse, con cierta seguridad y amplitud de qué es ka Renovación Carismática y de los diversos elementos que la conforman.
Esto, precisamente, hemos intentado hacer en un trabajo que nos ha tomado 15 años de estudio, de convivencia constante con la misma Renovación, de lectura y reflexión sobre multitud de obras, de trato con personas impuestas en la Renovación y un poco, también, de la experiencia en estos años de asesoramiento directo.
La obra que esperamos con la ayuda de Dios, poderla complementar, toca, prácticamente todos los aspectos de la Renovación Carismática. Comenzamos por el tomo tercero en el orden en que pensamos podrían alinearse. La obra no pretende originalidad, sino avalada por no pocas citas de prestigio de autores, a nuestro juicio, solventes de sus afirmaciones.
Si el reto para la Renovación, a juicio de la Conferencia episcopal norteamericana, está en la formación de sus líderes, pensamos que este proyecto puede servir no poco a tal necesaria tarea.
La presentamos, pues, con toda sencillez, sin pretensiones, pero con la esperanza puesta en el Señor de que la bendecirá copiosamente.
La Renovación Carismática ha confirmado ser lo ya Pablo VI previó: “una suerte para la Iglesia”. Afirmación que Juan Pablo II hizo suya en el discurso dirigido a los dirigentes de la Renovación en su encuentro internacional de mayo de 1987.
Con amor y fraternal sinceridad dedicamos este libro y los restantes a cuantos participan en los grupos de oración, a los servidores de los mismos y a cuantos
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desean conocer esta “corriente de gracia” que el Espíritu Santo ha suscitado en nuestros tiempos en la Iglesia, para bien de la misma y del mundo.Damos sinceramente gracias, en primer lugar, a sus Excelencia Mons. Nicolás López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo, Sede Primada de América. Asesor Nacional de la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo, que acogió y alentó esta obra; a mis Superiores de la Compañía de Jesús que dieron su visto bueno a proyecto. De un modo particular quiero dar gracias a las personas que comprometieron sus oraciones y sacrificios para que el Señor la bendijera; a la Srta. Digna Sánchez que ha corrido generosa y sacrificadamente con las repetidas transcripciones de los originales en un trabajo constante y esmerado. A Sarah Rathe, quien, con su gran espíritu de servicio ha facilitado notablemente la publicación.
Agradecemos muy sinceramente, y Dios se lo recompensará con generosidad, las contribuciones anónimas de las personas que hacen posible un costo módico al alcance de la mayor parte.
Reservamos para el final notas, relativamente abundantes, para quienes deseen utilizarlas; vienen a ser, además de ofrecer una copiosa bibliografía, un complemento de lo expuesto en el cuerpo del libro.
La variedad de estilo que a veces se encontrará, amplificaciones extensas e indicaciones esbozadas, obedece a una pedagogía impuesta por el deseo de no hacer excesivamente voluminosa la obra y por responder a temas que los mismos beneficiarios pueden, con su estudio, amplificar personalmente.
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Elementos
de los
Grupos de Oración
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I.
ELEMENTOS CONSTANTES EN LOS GRUPOS DE ORACION DE LA
RENOVACION CARISMATICA (Se amplificarán en detalle)
(Los enumeramos y describimos brevemente).
Lo que se hace en un Círculo de Oración puede variar, no tanto de un lugar a otro. Pues es el mismo Espíritu quien guía aquí y allá. Más bien, puede variar de una semana a otra, ya que el Espíritu Santo sopla como quiere generalmente no se repite. Por supuesto él respeta el carácter de los grupos y una misma cosa se hará con matices diferentes en Santo Domingo, New York, en Paris o en el Zaire. A pesar de estas variaciones, hay una serie de elementos que se pueden designar como elementos constantes y que conforman la “identidad” de los grupos de oración de la Renovación Carismática.
A. Alabanza y adoración; acción de gracias
La alabanza y adoración se hallan íntimamente unidas:
Nunca faltan, pues es la finalidad de la oración. Es como el clima o la atmósfera en que se desenvuelve la oración desde el principio hasta el final.
- Adorar es “reconocer” que Dios es nuestro Señor, nuestro Padre, nuestro Salvador, que es grande, poderoso, bueno, misericordioso… - Alabar es decirle todo eso a Dios. Se lo decimos porque lo merece,
por sí mismo y porque sabemos que El nos escucha y le agrada oírnos. Creemos que está presente en el grupo y en cada uno de nosotros. Sólo Dios tiene derecho a nuestra adoración: “Sólo a Dios adorarás” (Mt 4,10). Adoramos al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, a Jesús, a la Eucaristía.
A María Santísima, a los ángeles y a los santos los veneramos y nos unimos a ellos en su adoración a Dios.
La Alabanza es lo más Importante en la Oración y en toda la Vida. ”Dios nos escogió para ser su pueblo, para alabanza de su gloria” (Ef 1,12). Dios tiene derecho a que lo alabemos desinteresadamente, pero Dios bendice abundantemente a los que lo alaban. Un grupo que no hiciera otra cosa sino alabar estaría haciendo una oración magnífica y sacaría mucho fruto (Ef 5,19).
La Alabanza, cuando no es una mera expresión de los labios, sino que brota del “corazón”, de lo íntimo de nosotros mismos, es un precioso homenaje que rendimos a Dios. Es todo nuestro ser el que se expresa a través de estas oraciones sencillas, pero rebosantes de
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reconocimiento, de gratitud, de admiración, de amor: Queremos decirle, aunque sea balbuciendo como niños, lo que El es, y lo que es para nosotros. Dios se complace y se siente tocado de amor infinito hacia sus criaturas e hijos amados que le expresan, como pueden, todo lo que hay en ellos para El.Por eso la oración de alabanza es un modo de orar preciosísimo que tiene la primacía en los grupos de oración de la Renovación Carismática.
Un autor llega a afirmar que “… la más pura oración religiosa (es): la oración de alabanza”2.
San Pablo casi nos abruma con las recomendaciones a alabar. Y para él, el resumen del designio de Dios se cifra en “para que se alabe siempre y por encima de todo esa gracia suya que nos manifestó en el Bien Amado” (Ef 1,16).
El mismo Jesús es uno de los grandes momentos de la exultación que suscitó en él la acción del Espíritu Santo expresó, la intimidad de todo su ser, en un canto de alabanza (Mt 11,25: Lc 10,21).
Y la Virgen María, prevenida por el mismo Espíritu Santo, alabó con gozo indescriptible la grandeza de Dios que gratuitamente la había colmado de su gracia (Lc 1,46).
Los salmos son la expresión más bella de alabanza que la oración de los hombres inspirados del Antiguo Testamento nos han legado. Remontándonos, aunque sea brevemente, al origen de la alabanza en su relación con la adoración y de ahí deducir su excelencia, nos permitimos citar a un teólogo tan profundo y ungido en sus escritos como Romano Guardini: “La grandeza de Dios encuentra su expresión en primer lugar en los hombres de Creador y Señor. El es el “Increado”, que ha creado todo, el Ser, sin principio, que subsiste en Sí mismo, el infinito, el imperecedero, el Eterno.
A El pertenece todo, no solamente por poder, sino por derecho. Su derecho a poseer y a regir todo proviene de la absoluta autoposesión, que El tiene de Sí mismo. Ante El se postra en adoración el hombre total e incondicionalmente, y al mismo tiempo con dignidad y libertad. Pero esta misma grandeza de Dios da origen a una forma peculiar de oración cuando, en la grandeza, resplandecen la belleza y la gloria. La grandeza de Dios tiene en la Sagrada Escritura, no solamente el carácter de majestad, sino
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también el de gloria, en el sentido en que se dice que los cielos y la tierra están llenos de la “gloria” del Señor. Esta gloria significa que la realidad de Dios es realidad “resplandeciente”, de modo que ante ella la seriedad de la adoración se trueca en el gozo de alabanza. En la Sagrada Escritura encontramos continuamente expresiones que nos hablan de la gloria de Dios, y cantos e himnos que la celebran. En ellos recorre el hombre las propiedades más excelsas de Dios, su santidad, su grandeza, su poder, su sabiduría, su eternidad, su libertad, su justicia, su bondad, su longanimidad. El hombre se sumerge en estas propiedades, las expande, por así decirlo, ante el mismo Dios y le glorifica por todas ellas (…) Por ello brota constantemente en el ámbito de la Revelación la oración de alabanza”3-“La acción de gracias”. Va muy unida a la alabanza. Es la oración clásica del Nuevo Testamento: se la cita 54 veces, agradeciendo especialmente el don de la fe, la llegada del Reino, la muerte y resurrección de Cristo. Como por la fe sabemos “que Dios dispone todo para el bien de los que lo aman” (Rom 8,28) le damos gracias por todo: salud o enfermedad, gozo o tristeza, esperanzas o temores… “sean agradecidos” (Col 3,15)4.
Formas diversas de alabanza: Se puede alabar con palabras, con cantos, con gestos y en silencio.
a) Con palabras:
1) Exclamaciones espontáneas, en una alabanza conjunta, libremente: ¡ Gloria!, ¡Aleluya!, ¡Santo, Santo, Santo!, ¡Alabanza!, ¡Bendito seas!...
2) Oraciones individuales de alabanza también espontáneas.
No deben ser muy prolongadas para que todos los que deseen alabar al Señor puedan hacerlo. (En los Salmos hay muchos ejemplos.
Se acostumbra terminar estas oraciones individuales con una exclamación de alabanza).
3) Alabanza en lenguas.
Es la forma por excelencia, pues entonces es el mismo Espíritu el que, de un modo especial, alaba en nosotros y con nosotros. San Pablo nos dice: ¡Quisiera que todos hablaran en lenguas! (1 Cor 14,5).
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b) Con cantos:
Los cantos no son una pausa en la oración. Son oración. Debieran ser, en su mayoría cantos de alabanza al Señor: “El que esté alegre que cante alabanzas al Señor” (Stgo. 5,13). Los Salmos son cantos y muchos son de alabanza: “Canten a Dios con alegría” (66.1)…Los cantos de alabanza producen efectos más allá de lo esperado por nosotros. “Cuando Pablo y Silas oraban y cantaban himnos al Señor… la cárcel tembló… se abrieron las puertas y se le soltaron las cadenas“ (Hec 16,25-26).
Entre los cantos, tiene un puesto especial los “cantos en lenguas” o cantos inspirados. “Llénense del Espíritu. Reúnanse y reciten salmos, himnos y cánticos inspirados; canten y alaben de todo corazón al Señor” (Ef 5,19). Cuando la oración de alabanza se hace profunda, intensa en la comunidad, el Espíritu Santo suele suscitar el canto “armonioso” en lenguas.
El “canto en lenguas” suele brotar espontáneamente suscitado por el Espíritu, cuando la oración de alabanza ha adquirido cierta densidad. Invitar a las personas a “cantar en lenguas” cuando al que dirige se le ocurra, no es recomendable. El Espíritu Santo tiene su momento, cuando nosotros nos hemos entregado a la alabanza desde lo más íntimo del ser.
Entonces el canto en la propia lengua, si está bien escogido, viene a intensificar la oración, y, a su vez, el “orar o cantar en lenguas”, da una nueva densidad y profundidad a la oración. Parece el momento más frecuentemente escogido por el Espíritu Santo para expresar en una intimidad y fuerza indecible, el amor, la admiración, el deseo intenso del alma de glorificar a su Dios. Cuando a acontecido un silencio profundo, lleno de la presencia y del amor del Señor, se suele ir levantando el murmullo del “canto en lenguas”.
Es como una ola que aumenta, se dilata, crece, descrece, se reaviva…., pero siempre armonioso, como dirigido por el
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Espíritu Santo y expresión de lo más íntimo y puro que hay en nosotros para nuestro Dios.5c) Con gestos:
Alabamos levantando los brazos, inclinándonos, poniéndonos de pie, hincándonos, pero todo dentro del “orden” (1 Cor 14,40). Sentados también alabamos a Dios en el reposo y escuchamos su palabra.
d) En Silencio:
Estar en la presencia de Dios en silencio es adoración. Dios ve nuestros pensamientos. Mejor todavía si acallamos nuestros pensamientos para escuchar la voz de Dios. Escuchar a Dios es muy importante ¡El sabe ya todo lo que vamos a decirle, pero nosotros no sabemos lo que El quiere decirnos). “Al orar no repitan palabras inútiles como los paganos que se imagina que mientras más hablen más caso les hará Dios”. (Mt 6,7).
En toda oración debe haber varios ratos de silencio de una discreta duración. También se debe guardar silencio después de escuchar la Palabra de Dios, para interiorizarla.
B. La Palabra de Dios
Lectura de la Sagrada Escritura.
Conviene hacerla tan pronto como la asamblea esté en disposición de escuchar a Dios con respeto y atención: esto requiere que preceda la oración de alabanza. La Palabra elegida debe ser corta y tratar de un solo tema.
Muchas veces ese tema dará el tono o la pauta para la oración de alabanza que siga u “orar la Palabra”. Terminada ésta, se deja un momento de silencio para meditarla.
(Puede hacer durante unos minutos de duración, una aplicación práctica la persona designada de antemano. Si no hubiere instrucción se puede alargar).
C. La instrucción
También debe ser corta unos 10 ó 15 minutos.
No es una charla ni un curso: es “carismática”. El que la hace debiera tener el carisma de la enseñanza (1 Cor 12, 28), una fe viva que la irradie en su vida ordinaria, y una fidelidad comprobada a las enseñanzas y Magisterio de
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la Iglesia Católica Debe tener, al menos, relativa formación religiosa. Frecuentemente es una explicación de la lectura.D. Las profecías
Son mensajes del Señor a la Asamblea.
Dios habla al grupo y merece atención. Nunca olvido una profecía que me impresionó: “Ustedes quieren que les hable y, cuando las hablo, no me escuchan”. Debe preceder un tiempo de recogimiento.
Después de una profecía debe haber un silencio para reflexionar sobre ella. A menudo, en ese silencio surgen otras profecías que completan la primera. La profecía puede ser recibida “en lenguas”. Entonces necesita ser “interpretada”. Las lenguas y su interpretación son dos carismas mencionados por San Pablo en (1 Cor 12,10). La profecía en lenguas se dirige a la asamblea, es un mensaje y debe ser entendido porque para eso lo da el Señor. La persona que recibe la interpretación debe darla fielmente. Si otras reciben también la interpretación es costumbre decir: “confirmado el mensaje”.
Ni el “buen deseo” de ayudar a la comunidad, ni el decir algo piadoso es una profecía. Suele ser el carisma que ofrece mayor dificultad. Los servidores deben conocer los signos manifestativos que Dios da para usar a una persona. E instruir a su grupo con paciencia para que realmente el Señor pueda manifestarse a su pueblo cuando y como quiera. Toda profecía debe ser discernida.
Esta materia es sumamente amplia y ofrece cierta dificultad. Por eso se tratará ampliamente en otra parte. Con ello no se condiciona la acción de Dios, sino que se prepara el campo para que El derrame la gracia de su mensaje y, a la vez, nos liberemos de considerar “profecía” o palabra de Dios a la comunidad lo que no pasa de ser algo nuestro expresado en alta voz y atribuido, erróneamente a Dios.
E. Las peticiones
Jesús nos repite una y otra vez que pidamos a su Padre: “Pidan y se les dará” (Lc 11,9). “Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán para su gozo sea completo” (Jn 16,24).
A la comunidad reunida en oración, Jesús les dice: “Si dos de ustedes (o más) se ponen de acuerdo en lo que van a pedir en la oración, mi Padre se lo concederá” (Mt 18,19).
Al Señor le agrada que le pidamos. Pedirle es reconocer su bondad y expresarle nuestra confianza. No temamos pedirle. “Si quieres, puedes
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curarme… Si quiero. Queda limpio (Mc 1,40-41). Para la eficacia de nuestra oración, Jesús nos recomienda algunas cosas: perdonar (Mat 6,12: Mc 11,25-26), tener fe (Mc 11,24), pedir en su nombre (Jn 14,13).Afortunadamente, el éxito de la oración no depende del que pide sino del que da.
INTERCESION: El Espíritu Santo dirige algunos grupos a interceder ante Dios por algunas intenciones particulares. Con esta oración nos unimos a Jesús “que, resucitado, esta a la derecha de Dios rogando por nosotros” (Rom 8,34). Esta oración hace posible, en cierta manera, que Dios pueda derramar su amor y su misericordia sobre nuestro mundo.
F. Testimonios
Reconocer y agradecer en público los favores recibidos constituye un testimonio. Muevan a la alabanza pues proclaman el amor y el poder de Dios en medio de su pueblo y aumentan la fe de los que lo escuchan.
El que da un testimonio busca la gloria de Dios y no que lo alaben a él. María dio la gloria a Dios: “El Todopoderoso ha hecho en mi cosas grandes: santo en su nombre” (Lc 1,49). Si sabemos agradecer y darle la gloria. Dios multiplicará sus favores. Un momento oportuno para hacerlo sería, tal vez, antes de las peticiones para estimular la fe de los que piden.
El testimonio edifica la comunidad cuando se trata de una auténtica acción de Dios y cuando se da discreta, oportuna y brevemente.
G. Saludo y despedida
Aunque se haya dejado para lo último, lo primero que hay que hacer es saludarse unos a otros. En particular, los servidores deben “recibir” a las personas que van llegando, sobre todo a los nuevos que deben sentirse “acogidos” desde el primer día. Llegada la hora de terminar, el servidor indicado puede recordar brevemente el mensaje y enseñanzas del día, dar los avisos necesarios y despedir amablemente a los hermanos con unas palabras y algún canto.
Estas relaciones humanas son necesarias, por eso se ha de anima a los hermanos a tener reuniones informales entre semana: alguna visita, el ponerse de acuerdo para un pasadía… todo esto, hecho con espíritu cristiano, crea comunidad y beneficia la misma oración.
Conclusión
Estos son los grupos carismáticos, en donde el Espíritu Santo tiene plena libertad para actuar. Esto supone que sus miembros, al menos en su mayoría, han recibido el “bautismo en el Espíritu” y están abiertos a su
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acción. Los servidores son los responsables de esta apertura que ha de comenzar con ellos. Han de sentirse “instrumentos del Señor”. El día en que crean saber dirigir un grupo están mal y en peligro de quitarle la dirección al Espíritu. El saber debe consistir, sobre todo, en ser cada vez más humildes y dóciles al Espíritu Santo y considerase “servidores inútiles”. No obstante, la instrucción es importante y el servidor debe prepararse para dar un servicio cada vez mejor a Dios y a sus hermanos.Haber enumerado aquí los principales elementos que, ordinariamente, entran en un grupo de oración, no quiere decir que todos ellos tengan igual importancia. Hay elementos imprescindibles, que nunca deben faltar y los hay menos importantes. Su ausencia no ha de ser habitual, pero el hecho de que no siempre se den, no debe alarmar a los servidores. Más aún, en el supuesto de que siempre tengan entrada en el grupo de oración, no por eso se ha de equiparar su importancia a la de los elementos imprescindibles. Así las peticiones que se hagan hacia el final de la oración, nunca tendrán la misma importancia que tiene la alabanza. Esta, como se repetirá al citar el esquema de los elementos del grupo de oración, juntamente con la invocación previa al Espíritu Santo, con los cantos que acompañan la alabanza, los silencios oportunos y la Palabra de Dios, forman el núcleo básico de todo grupo de oración en la Renovación Carismática. 6
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II.
LA INVOCACION AL ESPIRITU SANTO Y LA ACTUACION DEL SERVIDOR
1. La enseñanza espiritual
a) El Espíritu de adopción: Gal 4,6-7:
La adopción filial, el ser realmente hijos de Dios (1 Jn 3,1), participar de su misma vida (2 Ped 1,4), es el motivo fundamental por el que Dios nos comunicó el Espíritu de su Hijo: El Padre, en su infinita misericordia, no sólo nos dio a su Hijo (Gal 4,4-5), sino que también envió, a aquéllos que son hijos, el Espíritu Santo, el don de los tiempos escatológicos, prometido por El (Gal 4,5-6).
- Lo envió a nuestros corazones, porque, por el sacramento del Bautismo, hemos pasado a tener la condición de hijos suyos. 0La participación de la vida del Padre, de donde proviene nuestra filiación, la recibimos al comunicársenos la vida de Jesucristo, como participación de la misma vida del Padre. El Espíritu Santo en nosotros es espíritu de “filiación” (Rom 8,14), porque la vida de Cristo, que nos constituye hijos de Dios, la recibimos por medio del Espíritu Santo (Rom 5,5). - Pero también lo es, y aquí lo señalamos especialmente, porque
El es quien nos da la actitud que conviene al hijo frente al Padre: la obediencia llena de fe y de amor; la comunicación amorosa con El.
- Este Espíritu es el que viene en auxilio de nuestra debilidad (Rom 8,26); nos da un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Realiza en nosotros la profecía de Ezequiel (36. 26ss) y de Jeremías (31,33).
Es una nueva forma de existir en la que “el Espíritu clama Abba! Padre! Se ha apoderado de nosotros con tanta fuerza que ya no es nuestro yo quien ora la Padre, sino el Espíritu del Hijo de Dios (…).
Nosotros clamamos en ese Espíritu “Abba, ¡Padre!” (Rom 8,15)
- El, pues, nos hacer tener experiencias filiales de Dios: sentirlo como Padre, dirigirnos a El espontánea y confiadamente, llenos de amor. El mismo Espíritu es quien no sólo nos enseña a orar, sino quien ora en nosotros; quien “grita” al Padre con fuerza, dentro de nosotros y descubre, comunica el gozo y la
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alegría que acompañan a la intensidad de ese clamar del Espíritu2.b) La ayuda del Espíritu Santo: Rom 8,26-27;
Completando brevemente lo dicho, añadimos: nosotros somos por naturaleza débiles, ignorantes… Por eso, Dios, lleno de “compasión” y ternura hacia sus hijos, viene en nuestra ayuda a través del Espíritu Santo. El se une a nuestra súplica, a nuestra oración (Gal 4,6; Rom 8,15-16) y se forma una grande, inmensa imploración. La súplica del Espíritu en nosotros y con nosotros se hace inefable, intraducible en palabras humanas; rebasan toda explicación, están más allá del orden natural.
- Entonces nuestra oración cristiana adquiere una hondura que supera toda oración hecha sólo con nuestras fuerzas. Se sitúa en el orden sobrenatural, dominado por la acción del Espíritu, enviado por el Padre a instancias de Jesús (Jn 14,16)3.
c) Consecuencias:
Bajo el dominio del Espíritu Santo: la consecuencia es obvia: si toda la vida espiritual, y, de un modo particular, cuanto se refiere a nuestra comunicación filial con el Padre y con Jesucristo, nuestro hermano, está bajo el dominio del Espíritu Santo, no podemos dar un paso en este campo, si no es guiados por el mismo Espíritu. Hemos de ser muy conscientes de esta realidad a la que va ligada y de la que depende el comienzo, medio y fin de nuestro trato con el Señor a nivel personal y comunitario.
La frase tajante de Jesús: “sin mi nada pedéis” (Jn 15,5) hemos de interpretarla: sin la acción del Espíritu en lo íntimo de nuestro ser, enviado por Mí para que os socorra en vuestra impotencia. Igualmente la promesa de Jesucristo. (Mat 18,19-20) sobre su presencia en medio de la comunidad reunida en su nombre tiene su interpretación en esta misma línea: es la presencia dinámica de Jesús que actúa por su Espíritu, aquí refiriéndonos al tema concreto de la oración comunitaria, en medio de quienes se juntan para alabar al Padre, en Jesucristo, por el Espíritu Santo.
- La liturgia de la Iglesia, con la profusión de himnos, cánticos, aclamaciones… al Espíritu Santo es un verdadero indicio de su
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pensamiento sobre este punto y la exhortación implícita que hace a sus hijos para que pongan su oración bajo la protección, la guía, el acompañamiento, al eficacia del Espíritu de Jesús. “La Iglesia posee en sus libros litúrgicos maravillosas oraciones al Espíritu Santo que nos pueden enseñar mucho más que todas nuestras palabras.Recordemos, por ejemplo, la secuencia de la Misa de Pentecostés: “!Ven, oh Espíritu Santo!” En ella encontramos una indecible paz, una diáfana profundidad y una luminosa tranquilidad. Pensemos también en la ilimitada confianza que inspira al himno de vísperas de esta misma actividad: “!Ven, oh Espíritu Creador!”4.
- Esta, exactamente, ha sido la actitud de los santos: acudir a la fuerza del Espíritu, invocarlo ardiente y constantemente en su oración. Las formas pueden variar, la referencia directa a El, quizá no se da siempre, pero la intención, el deseo, el hecho no están ausentes. No lo pueden estar desde el momento en que son conscientes de su actividad interior, desde que se han entregado al Padre en Jesucristo y quedan sometidos a la acción de la agracia, en la que el Espíritu Santo juega un papel primordial, irreemplazable.
- La eficacia de los grupos de oración está toda ella, condicionada por la actuación del Espíritu: reunidos para alabar al Padre, a Jesucristo, no podría realizarse si no fuera por la asistencia del Espíritu. Si ni decir: “Jsesús es el Señor” podemos, sin la moción y ayuda del Espíritu (1 Cor 12,3), cuánto menos comunicarnos filialmente con Dios y alabarlo como conviene (Rom 8,26-27).
- La eficacia del grupo de oración de sí es tal que cada vez que la comunidad se reúne para alabar al Padre en Jesucristo, debería darse en ella un “pequeño Pentecostés” por la nueva efusión del Espíritu derramado otra vez en nuestros corazones por Jesús (Rom 5,5).
Para esto no es preciso desearlo ardientemente, pedirlo, con humildad e insistencia, estar atentos a su moción interior, abrirse a su acción.
Por eso la súplica inicial tiene una gran importancia en los grupos de oración. Cuanto se ha hecho tiene su valor en ella.
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Pero insistimos en este último aspecto que es extraordinariamente importante 5.2. La práctica
a) Como es natural, esta sujeta a la inspiración del mismo Espíritu; la formación e instrucción de la persona, a las circunstancias, necesidades, mociones interiores, etc. Pero algo es cierto e insustituible; hay en toda invocación al Espíritu Santo un núcleo fundamental en el que se expresan el reconocimiento de su ser, su poder, de su amor, de su misión, de su eficacia. En él se manifiesta nuestra necesidad de su ayuda, de su guía, de su inspiración y moción interiores, en él expresamos nuestro deseo de que se haga presente y actuante en medio de la comunidad y en cada una de las personas; le suplicamos nos ayude y asista a lo largo de toda reunión de oración y venga a nosotros con divina fuerza para transformarnos, para que nuestra oración sea la que el Padre desea de sus hijos., la que Jesús anhela le dirijamos llenos de confianza, de amor, totalmente centrados en comunicarnos desde el fondo de nuestro ser con la Trinidad que habita en nuestras almas. Por eso, el éxito de nuestra oración no puede estar al margen de nuestra actitud de reconocimiento, de entrega de la oración a la acción de Aquel que se nos ha dado para que nos enseñe, nos dirija, nos perfeccione en nuestra comunicación filial con el Padre y en nuestra relación fraternal con Jesucristo.6
b) Esta conciencia debe reactualizarse, reavivarse al comienzo de toda oración, especialmente de toda oración comunitaria, de modo particular cuando es prolongada, por la mayor oportunidad que tiene su actuar. Puede afirmarse que la oración tanto más “resultará” cuanto con mayor fervor, intensidad, confianza amorosa clamemos al Espíritu invocando su ayuda.
Esto no supone precisamente, que se ha de manifestar en un derramamiento perceptible de la “consolación”.
c) La invocación a que nos referimos no se limita al comienzo, aunque en él debe ser especialmente intensa. También cabe hacerlo durante la misma oración.
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- Recitando una oración espontánea de invocación. En la Renovación Carismática es el modo ordinario de hacerlo. Frecuentemente, es sumamente recomendable de a esta oración preceda un canto de súplica al Espíritu Santo. Al mismo tiempo que recoge todo el ser y lo dispone para orar, es ya una fuerte invocación que penetra hondamente por el mensaje y su “envoltura” musical hermosa.- Puede hacerse recitando un himno litúrgico de la Iglesia. Los hay que están verdaderamente llenos de unción y de súplica ardiente y serena.
- De otros modos que junten la confianza, la paz, la expresión íntima llena de reposo y de un gran deseo del Espíritu.
3. La actuación del servidor
Indicamos algunos aspectos de la actuación del servidor en el caso concret5o que tratamos: La invocación al Espíritu Santo:
a) Procure que nunca se omita la invocación expresa, a no ser que haya procedido antes algún acto en el que ya se le hubiere invocado: Aun entonces, es aconsejable hacerlo, puesto que se haría específicamente para suplicar su asistencia para todo el proceso de la oración, muy particularmente en orden al fervor, intensidad e intimidad de la alabanza.
b) La invocación no debe, necesariamente, estar en manos del responsable del grupo de oración, ni siquiera debe ser patrimonio exclusivo de los servidores del grupo.
Pero si debe asegurarse el que sea hecha por una persona que conozca bien su finalidad y que, por tanto, la exprese con sencillez, con fervor, con intimidad: sobre todo, con una confianza plena en la asistencia del Espíritu que se pide para el grupo de oración comunitaria.
Cuídese, por consiguiente, hasta el mismo tono de la voz sencillo, natural de modo que todo invite al recogimiento, a la unión en la súplica, a reavivar la fe en la ayuda especial que se pide.
c) Respecto de su duración, obsérvese un discreto término medio entre una prolongación excesiva y una brevedad tal que diera
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la impresión de una invocación formulista o rutinaria, un aspecto de la preparación para orar.Pero téngase en cuenta que no hay una norma fija, sino una discreta orientación.
d) Ya lo indicamos antes: Ordinariamente precede a ella un canto apropiado al Espíritu Santo que, por su mensaje y su “envoltura” musical, sosiegue, recoja interiormente: coloque a las personas en un clima de fe y de amor y les haga tomar conciencia de la importancia de la oración comunitaria que se va a hacer.
e) Otras orientaciones importantes prácticas las irán aprendiendo los servidores según vayan adquiriendo una experiencia personal, y en el intercambio o con personas competentes, experimentadas en la dirección de un grupo de oración.
Como resumen de cuanto se ha dicho, he aquí lo siguiente: Conocer, aceptar, comunicarse con el Padre y con Cristo como hijos y hermanos es algo que no podemos conseguir sólo con nuestras propias fuerzas. En Cristo conocemos y nos relacionamos con el Padre. En Cristo se ha hecho hombre y vive entre nosotros el Hijo de Dios. Esto es un sublime misterio que supera nuestra razón y un estímulo maravilloso que nos empuja a querer ser introducidos en su intimidad. Aquí es donde no sale al encuentro la obra callada, pero necesaria del Padre Santo. El debe esclarecer nuestra mirada. El debe abrir nuestro espíritu para conocer, aceptar y desear comunicarnos en intimidad con El y con el Padre. Y en esa comunicación ir adquiriendo sus rasgos íntimos, sus sentimientos, dejarnos revestir de El por dentro de modo que nuestra vida sea una manifestación o testimonio vivo de la suya.
Cuando esta docilidad se da a nivel de toda la comunidad, la acción del Espíritu es, ciertamente, eficaz, sorprendente. Este, pues, es el sentido de invocación al Espíritu Santo: abrirnos a su fuerza y a su amor que nos enseñará a alabar al Padre y a Jesús; a aceptarlos, conocerlos vivencialmente; dejarnos a impregnar por su amor.
El Espíritu Santo nos enseña a alabar al Padre y al Hijo como conviene, también “el Espíritu Santo debe suscitar en mi
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corazón un amor que todo lo restablezca en su justo orden. Sin El todo está vacío y es penoso. Sentirse tocado por Cristo en el fondo del corazón; percibir la tonalidad esencial de su ser (…), la intimidad de su espíritu; sospechar lo que significa que El haya venido a nosotros y nos haya hecho objeto de su amor; responder a este amor y convertirlo en sustancia de nuestra propia vida (y comprometernos por El y como El), todo esto es don del Espíritu Santo” 7.26
III.
OBSERVACIONES FUNDAMENTALES RESPECTO DE LA
ALABANZA
A. La oración de alabanza debe ser situada e integrarse en la Iglesia orante a) Lo sabemos:
En toda oración, hecha en el nombre del Señor, se halla presente, no puede ser menos, la Iglesia, Esposa de Cristo: Ella es su Cuerpo y no puede faltar donde está su Cabeza, Cristo (Ef 5,23).
Todo fiel, bautizado en Cristo (Rom 6,4-5), se constituye en miembro de ese Cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12). Por tanto, la comunidad reunida en el nombre del Señor goza de la presencia orante de su Cabeza que continúa el ofrecimiento al Padre por los hombres, iniciado en su Encarnación (Heb 10,5 ss).
El Espíritu Santo, que habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles (1 Cor 3,16; 6,19), es quien ora en ellos y da testimonio de su adaptación como hijos (Gal 4,6; Rom 8,15-16,26) y de su pertenencia al Cuerpo de Cristo (1 Cor 12,12-13).
b) Por tanto:
No podemos oponer, so pena de infidelidad al Señor, y de esterilidad espiritual total, la oración del grupo de oración a la oración de la Iglesia. Ni siquiera aislarse de ella.
- Al contrario, si es una oración verdadera, como se pretende que sea en las reuniones de oración, nos ayudará a descubrir su solidez, seguridad y autenticidad, enraizada y sostenida como está en la oración de la Iglesia orante, de Cristo.
- Esta realidad ayudará a no correr el riesgo de desviarse: de convertirse en “iluminista”; de superar el peligro de una histeria o sentimentalismo colectivo siempre malsano y dañoso espiritual y aún psicológicamente.
- Conducirá a los participantes a una vivencia más profunda de la plegaria litúrgica, sobre todo de la Celebración Eucarística. - Preservará de la rutina y el formalismo.
Así, la gracia de la Renovación, en su oración, dará una saludable “reviviscencia” a las celebraciones litúrgicas y a la vez, la oración de los grupos de oración tiene necesidad de la Iglesia como Iglesia. Seamos plenamente conscientes de que
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la oración de la Renovación no se basta a sí misma. Por eso requiere situarse e integrarse en la oración de la Iglesia. - Insistimos en esta realidad, creemos, poco enseñada en losgrupos de oración: “Pablo escenificará su idea de la unidad de la Iglesia, por medio de su doctrina del “Cuerpo de Cristo”. Los ligamentos, que unen unos miembros con otros, se refuerzan en la caridad fraterna. Todos están unidos con la Cabeza. Cristo, al ser miembros unos de los otros por el amor más íntimo. Pues el amor del Espíritu de Dios difunde la misma vida de Cristo por todos los miembros de su Cuerpo. Así todos se sienten unidos entre sí en la misma unidad del Cuerpo de Cristo, la Iglesia” (1 Cor 12,27: Rom 5,5).
Esta unidad y amor fraternal de los miembros entre sí, en la unidad de la misma Iglesia, implica el que la oración, toda oración auténtica, se encuentre enraizada en la Iglesia. Pero es preciso que también, frecuentemente, se haga consciente al grupo de oración de esta gran realidad misteriosa. El hecho de que esto se dé, deberá ser un fuerte estímulo para el fervor, la autenticidad de la oración del grupo y de cada uno de sus miembros.
Debe ser extraordinariamente consolador el hecho de que el Espíritu Santo que actúa también en la pequeña comunidad reunida para orar, en el nombre de Jesús y en cada de los orantes. Hay, además, una particularidad digna de ser considerada: Y es que el Padre y Cristo Jesús en la oración del grupo y de cada uno integrado en el mismo, oye la voz de la Iglesia, precisamente porque los miembros de la misma, oran en su condición de tales unidos en la fe, en el amor y en la vida a ella.
“La presencia de Cristo (por su Espíritu) entre sus discípulos, (aquí entre los orantes del grupo) es irradiación de la presencia divina, que Jesús tiene con el Padre en el mismo Espíritu de amor. De ahí que circule un idéntico amor de Dios por todos los creyentes (por todos los orantes del grupo) en Cristo, hasta que lleguen a la plenitud de la Iglesia escatológica, en el cielo (Ap 6,9-11): (7,1-8;19,6-9)”2.
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Así los que participan en el grupo de oración, unidos a la Iglesia de Cristo, van también construyendo y preparándose para la oración consumada de la gloria.Esta comunión eclesial es un hermoso acto de fe: “yo creo en la Iglesia”. Pero va más allá: “Amar a Cristo es amar a su Iglesia.
Atreverse a creer en Cristo, es atreverse a creer en la Iglesia, misterio de comunión” 3,4.
B. La oración de la Renovación no puede “perdurar” si no se obedece al mandamiento del Señor de orar al Padre privadamente (Mt 6,6) a) Es una gracia del Señor constatar la realidad de muchas personas que
han sido conducidas a una oración silenciosa, privada, íntima con el Señor, a través de la oración comunitaria de los grupos.
La obra del Espíritu lleva a tener sed de Dios en una comunicación filial, a ser como María a los pies de Jesús 5. .
b) Así ambas oraciones, privada y comunitaria, se enriquecen. Y la falta de la primera lleva a un empobrecimiento y estancamiento de la segunda. Los servidores deben estar atentos y estimular a su grupo a la oración personal.
c) El hecho de que la oración privada, individual, sea necesaria también para los que oran comunitariamente, se sustenta firmen una gran multiplicidad de argumentos. Indicamos algunos:
- La realidad de nuestra filiación nos empuja a comunicarnos con Dios nuestro Padre. Debería darse en nosotros “casi una necesidad biológica” como la expresada bellamente en el salmo 43 (42).
Cuando esto no ocurre, se da en nosotros un impedimento que obstaculiza la acción del Espíritu Santo, suscitador y maestro de oración (Rom 8,26-27).
- La oración es un acto de todo el hombre: “Es un encuentro entre personas, pone en marcha y en acción todas las fuerzas de un ser” 6.
- Pero cada uno de nosotros es una individualidad irrepetible. Cada uno tiene sus propios ritmos psicológicos y espirituales; cada uno tiene una intimidad que anhela comunicarse a otra directamente; cada uno tiene su propio caminar y sobre él existe un designio de oración, elaborado por el Padre para él.
De otro modo: “Hay oración y oración, como hay amores y amores. Son realidades fundamentales para el hombre, pero son realidades
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también fluídas. Varían de individuo, e incluso dentro de un mismo individuo siguen siendo complejas. Son o constituyen unos mundos cuyos contornos jamás acabamos de perfilar porque tampoco nuestra experiencia deja de crecer” 7.Es cierto que también en la oración comunitaria puede satisfacerse esta realidad, pro sólo de un modo muy parcial.
La oración comunitaria toca a la persona dentro de la comunidad y la toda sobre todo en otros niveles.
La oración individual es más apta, y por eso complementa la comunitaria, en el encuentro personal, único, irrepetible de todo mi ser con el de Dios. Deseamos la presencia de Dios porque sin El no hay “vida”, porque es el valor supremo para mí, porque la “voz de la sangre” de mi filiación clama por un encuentro totalmente personal 8.
- La oración es, esencialmente, encuentro del amor y de la amistad entre el Creador y su criatura, en el Padre amoroso y su hijo querido (Lc 10,27).
Este encuentro parece responder a un mandamiento muy simple: en realidad, frecuentemente, implica un sacrificio arduo y doloroso. Y cada uno de nosotros está sujeto a una “ascesis” particular, a poner el acento en las dificultades peculiares que nos asaltan y a pedir con una insistencia muy propia la ayuda del Espíritu Santo, que nos quiere conformar a cada uno según Cristo: no en la uniformidad de la multitud, sino en la individualidad de cada persona creada, amada, redimida y santificada “singularmente”, como si solamente ella existiera.
Por eso, la transformación interior que la persona recibe en su oración individual, la riqueza espiritual que va acumulando, las virtudes que van desarrollándose en el encuentro del “Tu” divino con el “yo” humano, se transfiere, se irradian, ejercen su influjo bienhechor en la oración comunitaria.
C. El Espíritu reproduce en nosotros la oración de Jesús
a) Cuando se trata de la oración, abordamos con amplitud el tema: “El Espíritu y nuestra oración”.
Enumeremos aquí solamente los capítulos generales que pueden ser expuestos brevemente:
- Gal 4,6-7: El lazo existente entre la presencia del Espíritu en nosotros y en Jesús.
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- Rom 8,4: El Espíritu Santo ora en nosotros, con nosotros; nos ayudaen nuestra debilidad: (Rom 8,14-17; 18-27)
- El Espíritu Santo no nos acapara para sí. Su misión es llevarnos a Jesús: reproducir en nosotros sus sentimientos, sus actitudes, su vida… Hacemos la imagen visible de Jesús y equiparnos con su poder para proclamarlo: (Jn 14,23; 1 Cor 2,16; 3,1; Gal 5,22; Rom 15,30; Gal 5,16).
Por eso reproduce en nosotros una característica tan fundamental de Jesús como es su oración: su comunicación íntima con el Padre. Como una consecuencia de gran importancia es la discreta vigilancia de los servidores para que en el grupo de oración siempre se dé la alabanza que se asemeje a la Jesús. Entonces tenemos la certeza de que el Espíritu está actuando en el grupo y en los individuos. No debe perder su autenticidad.
D. El corazón de la alabanza, ante todo, una actitud interior
a) Esta actitud interior consiste, sobre todo, en una actitud del corazón que reconoce a Dios como Amor. Este amor nos empuja a celebrarlo, alabándolo con todo nuestro ser.
b) Al celebrar en fe, en gozo y en amor el amor divino, reconocemos las cualidades de Dios y nos admiramos de todas sus obras: celebremos las maravillas de la creación, manifestaciones de su amor y sobre todo, cantamos su misericordia, su bondad, su providencia.
c) Este reconocimiento y alabanza de las obras de Dios cobra un valor especial y manifiesta un profundo amor purificado, cuando lo celebramos en las situaciones en que todo parece decirnos lo contrario y nos sentimos pasando por una muerte interior dolorosa. Esta es la más bella de la oraciones, la que más profundamente toca el corazón de Dios, como la de Cristo Getsemaní (Lc 22, 39ss.). d) Por esto toda oración de alabanza está pidiendo una preparación, al
igual que dijimos para la oración de los grupos en general.
Los servidores deben prepararse ellos mismos, especialmente, y preparar, sanamente, sin artificios, al auditorio.
Deben, por tanto, ser muy conscientes de la presencia de Jesús y exhortar a la asamblea a purificarse y a hacerse dócil a la acción del Espíritu. No es posible alabar al Señor oprimidos por nuestros pecados e indiferentes a encontrarnos con El y a estar disponibles a la acción del Espíritu 9
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E. Un grupo de oración sin alabanza se desvía o desaparece
a) Quizás hay grupos que no han comprendido la importancia de la alabanza. Esta, sin duda, es la primera y fundamental causa del despliegue sobre sí mismos.
Puede ser que presenten una faz de entusiasmo y de gozo; si no hay verdadera y profunda alabanza, no será lo que aparece; tendrá mucho, y aun todo, de “humano”.
b) La alabanza nos saca de nosotros mismos y nos fija en el corazón de Cristo. El nos conduce al Padre por el Espíritu; nos pone en comunicación con toda la iglesia, también con la triunfante a la que comenzamos a imitar y hacer presente en la tierra.
c) En muchos grupos de oración la oración de alabanza suele comenzar por una oración de alabanza comunitaria en voz discretamente alta, pero en un espíritu deseoso de entrar en alabanza profunda personal. Es como un desembarazarse del peso que nos retiene: los cuidados, las preocupaciones….y nos abre al trato con Dios y dispone a oír su Palabra.
El pueblo de Dios es un pueblo de alabanza, un pueblo salvado por el amor del Padre manifestado en Cristo y que anhela celebrarlo con todo su ser.
F. La expresión de alabanza
a) No toda alabanza se ha de expresar audiblemente. Hay modos diversos y uno de ellos es el silencio (de él se hablará más adelante). Por eso importa no confundir la alabanza o identificarla como una expresión determinada hablada, aunque sea la más frecuente. b) La expresión de la alabanza es muy variada, desde una profunda
manifestación silenciosa, llena del amor del Señor, hasta una expresión exuberante: gestos, instrumentos musicales, aún danzas ordenadas y aprobadas.
c) La expresión de alabanza, para que resulte auténtica, debe estar en relación con la realidad interior. Todo lo que es artificial, equivoco, exagerado, sobreexcitado induce a una fundada desconfianza. Los servidores, especialmente el que dirige el grupo de oración, debe cuidar de que esto no ocurra; si se da, sea cortado discreta y eficazmente. Aquí juega un papel importante la educación del grupo que se ha de ir haciendo paciente y discretamente.
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d) La expresión de la alabanza debe adaptarse a la variedad de las asambleas: no será lo mismo en una reunión de oración compuesta por 10 personas que otra a la que asistan 100 o más. Ni tendrá, ordinariamente, la misma expresividad entre los que viven en países envueltos en la niebla y traspasados por el frío que entre los que gozan de un sol tropical. No se puede, por tanto, imponer un tipo de expresión uniforme. Pero sí se ha de cuidar de que no exista en absoluto lo raro, desmesurado, falto de orden. No son pocos los que se sienten fuertemente impedidos de entrar a grupos de oración donde se dan ciertas expresiones que los alejan. Esto debe remediarlo e iniciar a los que se acercan por vez primera a los grupos10.G. La alabanza auténtica se irradia a toda la vida
Siendo muchos los modos de alabar a Dios, nos referimos ahora a la alabanza tal como se suele usar en los grupos de oración carismática.
Prescindimos ahora de los frutos de la oración de alabanza. Tan sólo aludimos a la realidad de que la alabanza, cuando es viva y cálida, cuando brota de un corazón lleno del amor de Dios y deseoso de glorificarlo por la alabanza, no se limita al tiempo que pueda durar la reunión. Se extiende e irradiará toda la vida. Es preciso hacernos conscientes de esta realidad para darle todo el valor a la alabanza y caer en la cuenta de que la vida cristiana ha de estar empapada y beneficiada por ella.
a) Evidentemente el hombre alaba a Dios cuando refleja en su vida la santidad de Dios, en expresión de San Agustín: “Procurad alabarlo con toda vuestra persona; esto es, no sólo vuestra lengua y vuestra voz, deben alabar a Dios, sino también interior, vuestra vida, vuestras acciones.
En efecto, lo alabamos ahora, cuando nos reunimos en la Iglesia, pero cuando volvemos a casa parece que cesamos de alabarlo.
Y no es así: si no cesamos en nuestra buena conducta, alabaremos continuamente a Dios. Dejas de alabar a Dios cunado te apartas de la justicia y de lo que a El le place. Si nunca te desvías del buen camino, aunque calle tu lengua, habla tu conducta; y los oídos de Dios atienden a tu corazón”.11
b) Cuando la alabanza en el grupo de oración es ferviente, nacida a impulsos del Espíritu Santo, que actúa en lo profundo del corazón del que alaba, no puede menos de darle una acción intensa del mismo
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Espíritu. Y éste, por su misión propia nos va conformando a imagen y semejanza de Cristo.- La vida de Jesús se nos muestra una alabanza continua al Padre (Jn 17,4) en el servicio, en el sufrimiento, en los momentos de gozo interior y de desgarramiento (Lc 10,21): Mc 15,34-35): en las manifestaciones más sublimes de amor (Jn 13,1) y en la intimidad de su comunicación con el Padre celestial (Mt 26,39). Nada escapa a su alabanza, ungida con la acción del Espíritu.
- La alabanza del grupo de oración tiene, debe tener, esa virtualidad, si realmente es auténtica: nos va introduciendo en la alabanza del corazón y de los labios también a lo largo del día. Pero no se detiene ahí. Se irradia, como por propio impulso, que es el del Espíritu Santo, de modo que todas nuestras actividades tengan la misma motivación y el mismo anhelo de ser alabanza de su gloria (Ef 1,12,14).
Es insospechable el fruto espiritual, y a un humano, cuando toda nuestra vida está traspasada de esta alabanza: la nueva visión que comenzamos a tener de los acontecimientos desagradables, el nuevo ímpetu y creatividad que nacen en nosotros a impulsos de ese motor divino que actúa en nuestro interior. 12.
Y la causa, al menos para muchos, se halla en la alabanza del grupo de oración en el que se ha dado una acción especialmente intensa, individual y comunitaria, del Espíritu Santo.
Por eso, parecía oportuno incluir estas ideas dentro de las observaciones fundamentales de la alabanza.
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IV. LA ALABANZA EN LOS GRUPOS DE ORACION.
CONSIDERACIONES PREVIAS.
Anotaciones aclaratorias
a) La alabanza es el elemento esencial por excelencia en el grupo de oración de la Renovación Carismática.
Por tanto, nunca ha de faltar, aunque tenga diversas formas de expresarse. “El más fundamental de todos esos dones (es) el de alabar a Dios y a su voluntad por amor de Dios, hacerlo públicamente y en voz alta por amor al prójimo, de modo que nuestra oración –si Dios quiere– sirva a los demás como testimonio y robustecimiento de la fe”1.
b) El grupo de oración se reúne no sólo para alabar a Dios, sino para “vivir la vida” de Jesús en la alabanza, por ella y como fruto precioso de la transformación interior que obra el Espíritu en esta oración comunitaria de alabanza.
c) Por tanto, no se debe disociar el tiempo que se pasa en el grupo alabando y dando gracias a Dios, del tiempo siguiente en el que se desarrolla nuestra vida ordinaria: la atención a nuestros deberes, nuestro apostolado, nuestros compromisos, toda nuestra vida individual y comunitaria debe estar empapada y vivificada por la gracia de la oración de alabanza: ser una viva irradiación de la actuación del Espíritu que ahora, se manifiesta en lo cotidiano de nuestra existencia.
d) La importancia de la alabanza como obra hacia el Padre y bendición hacia nosotros, individual y comunitariamente, exige que nos preparemos para vivir la alabanza serena e intensamente con todo nuestro ser y conseguir la mayor apertura al Espíritu y a su acción. Esta misma importancia pide de los servidores una preparación personal especial y un cuidado esmerado en preparar, sobre todo, cuanto concierne a la alabanza.
e) Una de las tareas importantes del servidor, respecto del grupo al que sirve, es iniciar en la alabanza a los que llegan por primera vez; irlos integrando en la comunidad y ayudarles a abrirse a ella: continuar ayudándoles a madurar, a enriquecerla y a expresarla.
f) Los diversos elementos que integran la alabanza: oración personal y conjunta, el canto, el silencio…deben estar penetrados profundamente del espíritu de alabanza. No tienen un fin en sí, ni han de considerarse autónomos. Son formas diversas de alabar y, por
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tanto, se los ha de usar con este fin y esta motivación. El Espíritu Santo actúa a través de estos modos de alabar.g) Es importante recordar frecuentemente que alabanza, de un modo semejante a la Efusión o Bautismo en el Espíritu Santo, no obra “es opere operato”: en virtud de sí, sin tener para nada en cuenta la disposición del que alaba. De aquí, los requisitos, actitud interior, preparación con que ha de procurar presentarse a alabar cada persona y la comunidad como tal, de que le habla en otra parte. h) El tiempo que debe dedicarse a la alabanza está en relación con el
tiempo que dure el círculo de oración. Pero, como norma general, se ha de dar hasta quizá la mitad y aún más, incluyendo en ello los diversos elementos que entran en este aspecto oracional que llamamos alabanza. “Nunca se insistirá demasiado en que las reuniones de oración son reuniones para proclamar la grandeza y el poder (y el AMOR) de Dios, es decir, donde la oración predominante es la oración de alabanza y acción de gracias”2.
Ambos modos están íntimamente unidos y se pasa del uno al otro sin preocupación alguna.
1. Reflexiones teológicas
A. La alabanza es nuestra vocación:
a) San Ignacio de Loyola así en sus Ejercicios espirituales: “El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios” 3.
No es raro que en la exposición del tema se pase de ligero sobre la “alabanza” para prodigarse en el “servir”. Hay, en este modo de proceder cierta infidelidad al Espíritu de los Ejercicios. Es necesario insistir en ambas: alabar y servir. Vienen a ser dos aspectos de una misma realidad; pero tratar con superficialidad el alabar o debilitar su contenido, incide debilitando el servir.
- Jesús mismo une íntimamente ambos modos (Jn 17,4). “Como Jesús también nosotros estamos llamados a glorificar a Dios realizando su obra, su vocación para nuestra vida”, también con la alabanza de nuestros labios y nuestro corazón, no sólo de nuestras obras. He aquí el misterio de la vocación del hombre. La alabanza, pues, no es algo “facultativo” en nuestras vidas. Al contrario: es una obligación que dimana de nuestra condición de seres creados, redimidos, hechos hijos de Dios. (1 Tes 5,16; Ef 1,6-12.14).