El testimonio profético de la Iglesia

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Texto completo

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El testimonio

profético de la Iglesia

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Prólogo

La presente publicación corresponde a la ponencia expuesta en el 42º Encuentro Nacional de las Iglesias de Cristo en España, llevado a cabo en Torrevieja (Alicante) los días 29 al 31 de agosto de 2011. Con esta publicación cumplimos la promesa de hacerla accesible en este formato y respondemos a las solicitudes que recibimos durante dicho Encuentro; sobre todo porque la ponencia, por la limitación del tiempo programado, no pudo ser expuesta en su totalidad.

A pesar de que el título que figuraba en el programa del evento era “El testimonio en la profecía”, el contenido de la ponencia derivó en “El testimonio profético”; título que usamos en la presente exposición.

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Nota preliminar

Con la Introducción que sigue a esta Nota preliminar damos paso a cuatro breves reflexiones que, aunque aparentemente heterogéneas, tiene el testimonio profético como hilo conductor. Además de un Apéndice al final:

1. La “intrahistoria” como teoría hermenéutica; 2. El Espíritu Santo y los procesos históricos;

3. Heliocentrismo, crisis de un nuevo paradigma; 4. El testimonio profético de la Iglesia, y

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Introducción

El Dios de la Biblia se manifiesta en los acontecimientos de la historia; fue a través de estos “hechos acontecidos” que los hagiógrafos le percibieron, le reivindicaron y le interpretaron en la narrativa de dichas historias (el fundamentalismo preferirá creer que Dios hablaba física y verbalmente con los autores de los relatos). No carece de importancia el hecho de que la Palabra “hecha carne” (el Cristo) se manifestara también y especialmente a través de los hechos; no en vano el evangelista Juan se refiere a los acontecimientos milagrosos de Jesús como “señales” (Juan 2:11; 21:25). Según los relatos del AT, los acontecimientos históricos les llevaron a creer y a confiar en el Dios que se manifestaba a través de ellos (Deuteronomio 3:23). Son los mismos testimonios que le llevaron a creer y a confiar a los cristianos testigos de Cristo (Juan 21:25; 1 Juan 1:1-4). El testimonio de la Iglesia, pues, se nutre, o debería de nutrirse, de este testimonio bíblico-profético, que se fundamenta en los acontecimientos salvíficos de la historia del Israel bíblico y culmina en el testimonio por antonomasia de la Palabra “hecha carne”: Jesucristo.

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post-exílico, es decir, desde el siglo VIII aC hasta el siglo V aC, el período de los profetas escritores. El "testimonio profético" al que nos referimos aquí, pues, no es aquel que se caracteriza por "adivinar" eventos futuros, sino aquel por el cual los profetas reivindicaron el carácter de un Dios que se preocupaba –y se preocupa– por la justicia social y la conducta humanizadora, aspectos en los que los dirigentes religiosos y políticos tantas veces fallaron.

Por ello, cuando hablamos del testimonio (profético) de la Iglesia, no nos referimos solo al anuncio (el kerigma) primordial, sino a las actuaciones de la Iglesia en su peregrinar histórico, que deben ser luminares que guían el camino a la sociedad en la que vive. Dicho de otra manera: que en su devenir la Iglesia encarne el testimonio de Dios como hicieron los profetas del antiguo Israel. Un testimonio que demanda justicia, liberación, restauración, humanización…; si el testimonio de la Iglesia no es así, entonces ni siquiera es un testimonio, y su anuncio carecerá de credibilidad.

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“honroso” o no dependiendo de la cultura, del tiempo y del lugar. Este dinamismo de la historia y de la cultura exige de una hermenéutica que contextualice los textos que, una vez escritos, quedan fijados en el papel, ajenos a la evolución que prodiga el tiempo. El aspecto hermenéutico, pues, es el eje primordial de cualquier exégesis. Por ello, en este trabajo desarrollamos un itinerario pedagógico para ubicar los acontecimientos de la narrativa bíblica en el tiempo y en el espacio. La descontextualización del texto bíblico es una falta de respeto al texto mismo, a su autor y, en última instancia, al Autor por antonomasia: Dios.

Las reflexiones que exponemos aquí –¡una reiteración en Restauromanía (revista predecesora de

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C A P Í T U L O 1

La "intrahistoria" como teoría

hermenéutica

Dios “en” la Historia

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narran los acontecimientos históricos o míticos, implican directamente a Dios y le atribuyen actitudes y comportamientos que flaco favor le han hecho; ejemplos: el exterminio de pueblos enteros con mujeres, ancianos y niños incluidos; la ley del talión; la esclavitud; la poliginia; la sangre de honor; la lapidación; y un larguísimo etcétera imposible de enumerar aquí; basta leer una página sí y otra también del Antiguo Testamento. Todo esto está en las páginas de la Biblia porque todo esto formaba parte de la vertebración legislativa y cultural del entorno geográfico donde el testimonio de Dios se hizo vida. Simplemente.

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típicamente religiosas concernientes al culto judío, la dieta y otros preceptos relacionados con los códigos de santidad (muy propios de la época también), que corresponden netamente al pueblo liberado, el resto de costumbres e instituciones sociales y políticas encuentran eco en las propias del entorno geográfico al que pertenece. Pero sabemos que esta percepción histórica supera al fundamentalismo, que atribuye a Dios todas y cada una de las proposiciones textuales tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Independientemente de la exactitud de las fechas, podemos decir que las categorías desde la cuales están escritos los libros de la Biblia pertenecen a aquellas de entre los siglos XIV aC hasta el siglo I dC y en un lugar muy concreto del planeta: Medio Oriente (Mesopotamia, Egipto y Asia). Todas las instituciones sociales y políticas que encontramos en el texto bíblico se corresponden a las existentes en dicha región del mundo. Lo cual es absolutamente comprensible; lo incomprensible sería lo contrario: que Dios hubiera impuesto una cultura especial, singular, celestial, extraterrestre, diferente de la que existía en dicho entorno geográfico.

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que leen. Leer el texto, y sacar conclusiones desde nuestras categorías occidentales del siglo XXI, es faltarle el respeto al texto y a sus autores materiales.

Medio Oriente como escenario

La historia de Abraham parte de un bosquejo teológico previo: la elección del “hijo de la promesa”, que se irá plasmando narrativamente hasta culminar con el pueblo elegido, liberado milagrosamente (Éxodo) y puesto en camino hacia la “tierra prometida”, precedido de una purificación-instrucción en el desierto (Sinaí): historia bíblica desde el capítulo 12 de Génesis hasta el libro de Jueces. Los profetas posteriores, cuando tuvieron que amonestar al pueblo, evocaron estos dos eventos: el Éxodo y el Sinaí (la libertad-responsabilidad y la ley-obediencia). Pero aparte de este bosquejo literario-teológico, la historia misma de Abraham (y siguientes patriarcas) se desarrolla en el contexto socio-cultural del tiempo y del lugar: Oriente Medio. Abraham tiene siervos (esclavos); también Sara. Ésta, por causa de su esterilidad, y su ansia de tener un hijo, ofrece su sierva a Abraham para que copule con ella y poder tener así un hijo “propio”. Bajo la ley de la esclavitud, los hijos de los esclavos eran pertenencias de los amos. Sara podía considerar “su” hijo el nacido de la sierva. En este caso con más motivo: sería engendrado por Abraham, el marido de Sara (ver Génesis 16).

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resultó ser Lea); para esta “adquisición” Jacob tuvo que trabajar siete años gratis para su suegro. Después trabajó otros siete años más por otra de sus hijas: Raquel, la preferida de Jacob. Según la costumbre de la época, los desposorios eran formalizados por los padres (el paterfamilias); los cuales emparentaban a sus hijos, cuando estos aún eran adolescentes, con los hijos de otras familias con las que deseaban unir intereses materiales, territoriales, de conveniencias… Los hijos (en particular las hijas) venían a ser “moneda de cambio” para lograr estos intereses. Jacob, lejos de su parentela, asume él mismo la responsabilidad del contrato matrimonial con el aval de su propio trabajo. La descendencia que sus dos esposas deseaban tener la lograron utilizando a sus esclavas respectivas, las cuales copularon con Jacob para dicho fin (ver Génesis 29-30).

Estas rocambolescas historias se explican desde tres instituciones políticas de la época: el contrato matrimonial (nuestro contrato de “compra-venta”), la esclavitud y el concubinato.

La Iglesia comparte el mismo escenario institucional

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permanente de la mujer. Como la prioridad de la Iglesia – debido al inminente “regreso” de Cristo– era la misión y la pastoral, se exhorta a los cristianos a ser obedientes cumplidores de tales instituciones: ¡no se cuestionan! (Efesios 5:21-6:1-9; Colosenses 3:18-4:1-5; y otros).

–A Pablo no le podía pasar por la cabeza que algún día (muchos siglos después) la esclavitud estaría abolida y prohibida. ¡La esclavitud abolida y prohibida! En Europa, hasta el siglo XV (que se convirtió en “servidumbre”) la esclavitud era la mano de obra que permitía la actividad de la vida en todos los servicios. ¡Durante quince siglos – sin contar los milenios anteriores– la esclavitud era tan obvia, necesaria, legítima, generalizada y normal, que nadie podía imaginar el funcionamiento de la vida, la economía… sin ella! ¡Incluso la esclavitud negrera, reavivada tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, fue finalmente abolida, no por alguna “bondad” cristiana (aunque hubo algunos abolicionistas que eran cristianos, pero también hubo cristianos anti-abolicionistas) sino porque el surgimiento de la era industrial, con su novísima tecnología, necesitaba mano de obra “motivada” para funcionar; motivación de la cual carecían los esclavos (la relación esclavitud-economía está documentada).

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con quien pasar el resto de su vida, o parte de ella; viajar sin pedir permiso a nadie; ganar su propio dinero y administrarlo por sí misma... ¿Una mujer sin la tutela de un varón? ¿Libre para hacer lo quiera? ¿Viajar sola? ¿Unirse en matrimonio con un desconocido de la familia? ¿…? ¡Esto era inimaginable, inaceptable, inaudito, en los días de Pablo! ¡Pero todo esto es posible, legítimo y visto con normalidad, hoy!

Y así podríamos continuar describiendo leyes, normas y códigos presentes en el texto bíblico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Leyes, normas y códigos que hoy están obsoletos en nuestra sociedad. No tienen ningún significado para nosotros, a pesar de que estén grabados con fuego en las páginas de la Biblia. Respecto a estas instituciones que estamos hablando, la Biblia es un simple registro literario que se limita a dar fe de que así eran las costumbres, las leyes y las normas en aquella época. Implicar más de este registro es ir más allá de la pretensión del Libro. Así de sencillo.

La “intrahistoria” como comprensión hermenéutica

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4:1-7), se encolerice hasta tal punto –por una insignificante ofensa de unos párvulos: ¡le llamaron calvo!– que los maldiga, y como consecuencia de esta maldición surjan dos osos que acabaron con la vida de nada menos que 42 de ellos, y en cuyo relato está implícito lo “sobrenatural”, es decir, Dios (2 Reyes 2:23-24)?

Estos dos ejemplos, tan diferentes uno del otro, que se repiten a lo largo del texto bíblico, especialmente en el Antiguo Testamento, en nada representa el carácter santo, justo y misericordioso de Dios. Se entienden solo desde teologías específicas atendiendo a la época y al lugar en que dichos relatos se gestaron, y, sobre todo, al propósito pedagógico y ejemplar que tenían para sus coetáneos. Tampoco están ajenos a este tipo de relatos los géneros literarios que tienen su base asimismo en la pedagogía puntual (a este género pertenece el libro de Job: un “justo” que “sufre”, cuyo desarrollo literario es una apología que cuestiona la teología popular de que el que “sufre” es porque “ha pecado” –ver Juan 9:1). El hecho de que los hagiógrafos busquen un respaldo divino a sus relatos forma parte del género literario y de la pedagogía de aquella época. La hermenéutica “intrahistórica” redime a estos autores y, de paso, a Dios a quien ellos han implicado en sus relatos.

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silencio, tutela…–, dibuja un horizonte muy pesimista, sombrío, al hombre y a la mujer del siglo XXI. ¿Hemos de extrañarnos que haya tantos “anticlericales”, tantos “escépticos”, tantos “ateos” y tantos “irreverentes” con lo “religioso”? ¿Hemos de extrañarnos que haya tantos intelectuales que ridiculizan las historias que narra la Biblia, que exhibe a un “dios carnicero”, “vengativo”, “cruel”…? El testimonio profético de la Iglesia en el siglo XXI depende mucho de la hermenéutica que la Iglesia utiliza para la exégesis bíblica, especialmente con todo lo que tiene que ver con la vida social, familiar y eclesial. ¿Estarán los líderes (“teólogos”) de las Iglesias dispuestos a investigar, a repensar…? ¿O seguirán enrocados en: “lo dice la Biblia”?

Esta “intrahistoria”, como teoría hermenéutica, debería ser la primera lección de cualquier “Estudio de la Biblia”, sea éste presencial o a distancia; pero, sobre todo, en las Escuelas Dominicales de las iglesias, y en los hogares, donde los niños empiezan a familiarizarse con la lectura de la Biblia.

El milenarismo como eje hermenéutico de la pastoral

Todavía un aspecto más hemos de añadir a todo lo expuesto más arriba sobre la hermenéutica, de manera particular en el texto del Nuevo Testamento: el milenarismo que fluye en cada una de sus páginas.

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(“Maranata” –“el Señor viene”– debió de haber sido un saludo entre los cristianos del primer siglo – 1Corintios 16:22). Por ello, la prioridad de la primitiva comunidad cristiana era esencialmente misionera y pastoral. Era de sumo interés “estar preparados”, el tiempo apremiaba, todo lo concerniente a este sistema de cosas (el mundo) era relativo porque estaba por finalizar (1Corintios 7:24-31); tan relativo era todo que daba igual comprometer o no a los hijos en matrimonio (1Corintios 7:37-38); éste, incluso, podría constituirse en un obstáculo para la “preparación” de los cónyuges ante la inminente Parusía (1Corintios 7:33-34). Esta “preparación” llevaba implícito un “testimonio” digno ante el mundo; para ello se instituyó ministerios específicos “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluc-tuantes” (Efesios 4:11-14; 1Pedro 2:11ss. Etc.).

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C A P Í T U L O 2

El Espíritu Santo y los

procesos históricos

Una aclaración

Al abordar este capítulo declinamos la exposición histórico-crítica del libro de Hechos (donde basamos la mayor parte del mismo), como exigiría cualquier estudio. Con esta declinación asumimos el riesgo de la simplificación, pero ganamos en la sencillez requerida en atención al público al que va dirigido este escrito, que es muy heterogéneo en su formación teológica. Por ello, nos detenemos en las implicaciones críticas más visibles de los relatos elegidos para nuestro propósito; y todo esto desde una lectura simple, la que se suele realizar en nuestras iglesias (evangélicas). No obstante de la declinación crítica citada, apuntamos lo que sigue:

1. Una vista general del libro de Hechos nos sugiere que uno de los propósitos principales de su autor fue señalar la “manera” en la que el evangelio se abrió camino para alcanzar el mundo gentil (Hechos termina con Pablo predicando el evangelio en la capital del imperio: Roma –ver Hechos 28:17-31).

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judíos que obstaculizaban la misión (Hechos 10:28; 11:18-19); b) La crisis que se produjo cuando los gentiles aceptaron el evangelio – y el intento de imponerles la ley (Hechos 15:1-2); y c) El concilio donde se deliberó sobre esta imposición (Hechos 15; ver 21:25).

3. Este "proceso" marcó el antes y el después de la misión de la Iglesia primitiva; "proceso” que le sirvió a Lucas de hilo conductor para llevar a cabo su obra.

4. Este “proceso” explica suficientemente, además, por qué Lucas se limita a exponer en su obra solo los “hechos” de Pedro (el evangelio de la circuncisión –Iglesia judeocristiana), y los “hechos” de Pablo (el evangelio de la incircuncisión – la Iglesia gentil). Gálatas 2:7-8 es un texto afín al “proceso” del cual estamos hablando aquí.

No obstante, para Lucas, el protagonista único de aquel “proceso” fue el Espíritu Santo (Hechos 10). Lo que intentamos señalar aquí es la “manera” en que el Espíritu Santo fue encauzando la misión de la Iglesia. La comprensión de la misión totalizadora fue entendida por los líderes de la comunidad primitiva a través de procesos y situaciones históricas. Pues bien, de explicar estos procesos y estas situaciones históricas se encargó Lucas escribiendo el libro de Hechos, que es una continuación de su Evangelio.

Preámbulo

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Otra cosa es cómo enseñó el Espíritu Santo “todas las cosas” y cómo enseña a la Iglesia en cada circunstancia, lugar y tiempo. En los casos bíblicos que exponemos en este capítulo percibimos que el Espíritu Santo “enseñó” a la Iglesia a través de situaciones sociológicamente normales, cuyas excepciones confirman esta regla. En el presente capítulo, pues, nos detenemos en tres situaciones diferentes de la época apostólica: a) Pedro en casa de un gentil; b) Soluciones de un concilio; y c) Pablo rumbo a Europa (en el libro de Hechos); y en Romanos 12:1-2, un texto iluminador de Pablo para analizar cómo “enseñó” el Espíritu Santo “todas las cosas” y cómo esperaba el Apóstol que los cristianos “anduvieran” en la “voluntad” de Dios.

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Pedro confiesa: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, Jesús le dice: “Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17). Es decir, Dios estaba interactuando en la impulsiva respuesta de Pedro, sin saberlo él mismo, para declarar una verdad mesiánica (eludimos cualquier otra crítica teológica y redaccional de este texto). Una puesta en escena cotidiana de Hechos 10 nos permite comprender que la presión que vivió Pedro al saber que unos emisarios de Cornelio solicitaban su presencia en un ambiente estrictamente gentil (no-judío), le hizo caer en la cuenta (en un profundo estado de ansiedad – Hechos 10:10-16) que todas esas circunstancias era un mensaje claro del Espíritu Santo para que accediera a la petición de estos gentiles, y superara sus prejuicios étnicos; es decir, en esas circunstancias Pedro “oyó” la voz del Espíritu de una manera nítida. ¡El Espíritu Santo “habla” mediante los procesos históricos! Lucas usa el estereotipo literario antes citado: “una voz”, “la voz”, “dijo el Espíritu” (Hechos 10:13-15, 19-20, 28).

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cristiana; y esto como una consecuencia circunstancial de la existencia de dichas Escrituras. Segunda, Jesús no prometió dejarnos un Libro, sino el Espíritu Santo (el "Paracletos", el que está “al lado de”), el cual es el Vicario único de Cristo (Juan 14:16-26). Esto es así independientemente de que Jesús citara las Escrituras –el Antiguo Testamento–; y fueran estas Escrituras las que la Iglesia primitiva usó y citó (Romanos 15:4; 1ª Timoteo 3:16; etc.). Tercera, salvo excepciones, el Espíritu Santo se inmiscuyó a través de los acontecimientos históricos, interactuando con la razón, la lógica y el sentir cristiano (Filipenses 3:14-15). Hoy, por supuesto, con la orientación de las Escrituras cristianas mismas (NT), las cuales reclaman una hermenéutica que contextualice el texto bíblico.

Las situaciones históricas a las que hemos aludido son éstas: a) Pedro en casa de un gentil (Hechos 10-11); b) Pablo rumbo a Europa (Hechos 16:6-10); c) Soluciones de un “concilio” (Hechos 15); y d) Pablo y el testimonio (Romanos 12:1-2).

A) PEDRO EN CASA DE UN GENTIL (Hechos 10-11)

La historia

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en la costa del Mediterráneo oriental, donde se quedó “muchos días” (Hechos 9:36-43). Mientras oraba en la azotea de la casa (de un tal Simón, curtidor) donde se hospedaba, a mediodía, sintió hambre. A mediodía siempre se siente hambre. En éxtasis, tuvo una visión en la cual “algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo”. Una voz exclamó: “Levántate, Pedro, mata y come”. Pedro, como escrupuloso judío, rehusó comer animales impuros. Una vez más, la voz dijo: “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común”. Mientras todo esto sucedía en Jope, en Cesarea, a un día de camino de Jope, un centurión romano, llamado Cornelio, estaba dando órdenes a sus siervos para que fueran a buscar a Pedro, para oír de su boca lo que éste tuviera que decirles. Lucas dice que, en la confusión que se encontraba Pedro, el Espíritu Santo le dijo: “Levántate, pues, y desciende [a Cesarea], y no dudes de ir con ellos [los siervos de Cornelio], porque yo los he enviado” (10:19-20). Pedro, finalmente, se dirigió a la casa del gentil Cornelio con algunos otros discípulos judíos. Cuando el centurión y “su casa” estaban reunidos, dispuestos para escuchar a Pedro, lo primero que el apóstol quiso dejar muy claro es “cuán abominable era para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero” (10:28). La lectura acrítica de este relato completo simplemente es conmovedora: ¡un centurión romano ha aceptado el evangelio, aleluya!

Las implicaciones

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La observación que Pedro hace en casa de Cornelio, antes de empezar a anunciarles el evangelio, implica que es la primera vez que él se acerca a un gentil con tal propósito. Y no por falta de oportunidad, sino por prejuicios étnicos: ¡a Pedro, como a cualquier judío de su época, le resultaba abominable acercarse a un extranjero, a un no-judío, aun para predicarle las buenas nuevas! ¡Pedro nunca hubiera predicado a un gentil si no hubiera pasado por la dramática experiencia de la visión del lienzo en aquella azotea en Jope! Que esto es así lo certifican dos hechos ineludibles: Uno, el enfado de los líderes de la iglesia en Jerusalén cuando se enteraron que Pedro había entrado en la casa de un gentil (Hechos 11:1-3). Dos, la perplejidad con la que respondieron estos líderes a la explicación de Pedro: “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (Hechos 11:18).

Lo que nos enseñan estas implicaciones

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que la “gran comisión” de la que hablan los Sinópticos está construida, post eventum, a partir de los acontecimientos que siguieron a Pentecostés, como fue éste del que estamos hablando. Pero sobre todo, la irrupción de Saulo de Tarso quien dio un giro radical a la misionología cristiana primitiva (Hechos 11:25-26; 13:1-3; ver 26:16-18).

Obviamente, estas implicaciones de los relatos de Lucas (referente tanto a la conversión del centurión, como al mismo “concilio” de Jerusalén – Hechos 10 y 15), modifican sustancialmente el concepto que tenemos de los orígenes de la Iglesia, y de la “gran comisión”, que suele ser muy romántico, muy idealista y… ¿simplista? Las implicaciones de estos relatos muestran que la realidad de los primeros pasos de la “misión” de la Iglesia primitiva, y del concepto misionero de sus líderes, debieron de ser muy diferentes de la percepción que tradicionalmente tenemos de ellos. El punto que queremos destacar en este relato es que fue necesario un "proceso" socio-religioso para la misión a los gentiles y a través de dicho proceso el Espíritu Santo "enseñó" a los principales líderes de la Iglesia apostólica.

B) SOLUCIONES DE UN CONCILIO (Hechos 15)

Motivos del concilio

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hablaban del evangelio a nadie “sino solo a los judíos” (Hechos 11:19). Fue gracias a unos “varones de Chipre y de Cirene”, judíos helenistas, con mentalidad más abierta y con menos prejuicios, que “hablaron también a los griegos”, muchos de los cuales aceptaron el evangelio (Hechos 11:20). Cuando el evangelio alcanzó a los gentiles, la Iglesia judeocristiana (la “iglesia primitiva”) se planteó si los gentiles debían observar la ley, como ellos hacían (Hechos 15). En cualquier caso, la aceptación del evangelio por parte de los gentiles llevó consigo dos cuestiones, una doctrinal, y otra, derivada de ésta, pastoral: primero, ¿debían observar la ley los gentiles que se convertían a Dios? Y, segundo, ¿podía tener comunión un judeocristiano que observaba la ley con un gentilcristiano que no la observaba?

Soluciones del concilio

El “concilio” logró solucionar este conflicto que estaba poniendo en peligro la unidad estructural de la Iglesia en el siglo primero. La solución fue doble: primero, los gentiles “no” necesitaban observar la ley; segundo, y sin embargo, para facilitar la fraternidad entre judeocristianos y gentilcristianos, estos debían observar al menos varios preceptos de la ley, por una cuestión meramente fraternal (Hechos 15:28-29).

Metodología del concilio (el Espíritu Santo)

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exposiciones que presidieron el concilio: Una, la exposición de un “acontecimiento” histórico: “vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos…” (Hechos 15:7-9). Dos, la exposición de un argumento teológico: “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos...” (Hechos 15:10-11). Y tres, la hermenéutica; la interpretación de los acontecimientos pasados y presentes. Por ello, en el documento que escribieron, en nombre de todos los reunidos, para las iglesias gentiles, dice: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros…" (Hechos 15:28).

En esta ocasión, el Espíritu Santo les “enseñó” lo que debían saber mediante “mucha discusión”; es decir, mediante la experiencia, la hermenéutica, la razón y la lógica. ¡Así enseña también el Espíritu Santo hoy! ¡Él es el mismo ayer, hoy y siempre!

C) PABLO RUMBO A EUROPA (Hechos 16:6-10)

La situación

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habían estado en su primer viaje misionero, para confirmar a las iglesias fundadas por ellos (Hechos 13-14). Tras pasar por Siria y Cilicia llegaron a Derbe y a Listra, en cuyas iglesias entregaron las “ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen” (Hechos 16:1-4). Pablo tiene intención de seguir su viaje dirección norte, hacia Bitinia, pero “el Espíritu Santo no se lo permitió” (vss. 6-7). Lucas no dice exactamente “cómo” les “impidió” el Espíritu Santo que predicase el evangelio en esa zona geográfica concreta. Algunos comentaristas sugieren (otros incluso afirman) que fue por medio de un profeta, como en Hechos 11:27-28. Pero, a la luz de lo que venimos exponiendo aquí, creemos lo más probable que dicho “impedimento” consistiera en “dificultades” concretas que Lucas no determina, como sugieren otras teorías convincentes (p. ej. Willian Barclay).

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un caso muy específico, las “dificultades” fueron precisamente el motivo justo para anunciar el evangelio en Galacia, pero en este caso las “trabas” (indisposición de Pablo) les obligó a “permanecer” en un lugar concreto (Gálatas 4:13-14). En el caso que nos incumbe fue diferente, pues las supuestas “dificultades” les obligaron a cambiar de rumbo, que es distinto pero también justificado.

Así que se dirigieron hacia Troas, ciudad marítima próxima a la mítica Troya de Homero, un viaje que, según la orografía del terreno, debió de haber durado muchas semanas. Estando ya en Troas, Pablo (¿en sueño?), tuvo la visión de un macedonio que le rogaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos” (Hechos 16:6-10). Después de esta “visión”, Pablo y sus colaboradores empezaron a comprender el significado de las posibles “dificultades” que fueron encontrando mientras se dirigían a Bitinia, lo cual les hizo tener la convicción de que debían dirigirse hacia Macedonia (primera región oriental europea) “dando por cierto que Dios los llamaba para que anunciaran el evangelio” allí (v10).

Deducciones

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históricos que el Espíritu Santo aleccionó –y alecciona– a la Iglesia, infundiéndole discernimiento.

¿Qué tienen que ver estas tres situaciones, que acabamos de exponer, con el testimonio profético?

Estas tres situaciones en particular, aisladamente, ciertamente tienen poco que ver con el “testimonio” del cual venimos hablando. Sin embargo, nos vienen a mostrar la manera en que el Espíritu Santo guía normalmente a la Iglesia. Así pues, independientemente de que el Espíritu Santo, mediante el ejercicio de dones específicos y excepcionales, diera instrucciones particulares a la Iglesia alguna vez (vg. Hechos 11:27-30; 21:10-11), creemos que cuanto se deriva de estas tres situaciones históricas paradigmáticas (que no son las únicas), expresa cuál era la manera por la que el Espíritu Santo intervenía –e interviene– en los procesos históricos, ofreciendo la luz que la Iglesia necesita para encarnar el testimonio profético de cualquier época y lugar. Y esto exige de los (líderes) cristianos una sensibilidad exquisita ante los acontecimientos históricos, sean del tipo que sean, para que las decisiones que tome la Iglesia resulte un “testimonio” adecuado ante el mundo.

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D) PABLO Y EL TESTIMONIO PROFÉTICO (Romanos 12:1-2)

La exhortación en el tiempo

Cuando Pablo escribe la carta a los Romanos, la mujer estaba bajo la tutela del varón (padre o marido), y carecía de personalidad jurídica de por vida. Los hijos eran comprometidos en matrimonio con los pretendientes que el padre hubiera elegido para ellos, desde la adolescencia. Había cristianos que tenían esclavos, y cristianos que eran esclavos. En esta situación socio-cultural, el Apóstol declara: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio [testimonio] vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:1-2).

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cristianos que tuvieran a personas en estado de esclavitud; si hubiera padres cristianos que obligaran a sus hijos a contraer matrimonio con personas que sus hijos rechazan; y si hubiera maridos cristianos que impusieran a sus esposas a vivir en una condición de sometimiento y tutela perpetua!

Teología de una exhortación

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Testamento– lo hace para que, en las historias narradas allí, encontraran inspiración y fortaleza moral para arraigar su fe y su esperanza, pero esto es otra cosa – Romanos 15:4; ver 2 Timoteo 3:16).

“Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios” conlleva la idea de “confrontar” nuevas leyes o costumbres, y aceptarlas cuando éstas dignifiquen al hombre y a la mujer: por ejemplo, extinguiendo la esclavitud, reconociendo la mayoría de edad de los hijos, aceptando la individualidad y la libertad de la mujer, etc., aunque no haya referencias específicas en el texto bíblico en este sentido… ¡lo dicta el sentido común, la lógica y la razón humana, la hermenéutica y el espíritu cristiano! En cierta medida, esto es lo que ha venido haciendo la Iglesia –muchas veces en contra de su voluntad– en los cambios de paradigmas sociales, políticos y filosóficos. Esta “transformación” es fundamental para el “testimonio profético” de la Iglesia.

A modo de conclusión

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C A P Í T U L O 3

Heliocentrismo, crisis de un

nuevo paradigma

DOS MANERAS DE ENTENDER EL MUNDO El descubrimiento más importante de la Historia durante milenios fue el del sistema heliocéntrico, que inauguró un nuevo paradigma en la manera de ver y de entender el Mundo y el Universo. Los protagonistas fueron el polaco Nicolás Copérnico (1473-1543), que expuso la hipótesis heliocéntrica, y el italiano Galileo Galilei (1564-1642), que la confirmó empíricamente. Con éste comenzó la llamada ciencia moderna.

Perspectiva del viejo paradigma

Cosmología

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Universo, y todos los cuerpos celestes giraban alrededor de ella. Ésta era también la cosmovisión de los autores de los libros de la Biblia, cuyos comentarios cosmológicos tienen sentido desde la teoría geocéntrica del viejo paradigma… ¡no podían tener otra cosmovisión! Josué 10:12-13 es un ejemplo. (Ver “El mundo simbólico de la Biblia” en la web de la revista Renovación). La supuesta “inerrancia” de la Biblia es un concepto de la dogmática ajeno a la Biblia misma, la cual no reclama para sí tener alguna información que solo le corresponde a las disciplinas de la ciencia experimental. Lutero imprimió en la Biblia –que él mismo tradujo al alemán– un dibujo representando el sistema geocéntrico, con la Tierra como el centro del Mundo y todos los demás cuerpos celestes, incluidos el Sol y la Luna, alrededor de ella. Ésa era también la cosmovisión del Reformador. Nosotros, si hubiéramos vivido en la época de Copérnico, también hubiéramos creído que la Tierra era el centro del Universo (Telmo Fernández Castro, Historias del Universo).

Geografía

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bíblicas: el Edén, la historia de los Patriarcas, la historia del Pueblo elegido, el Armagedón…

Nuevo paradigma e Ilustración

El cambio del geocentrismo al heliocentrismo dio paso al movimiento cultural llamado Ilustración, que supuso una revolución en la ciencia, en la filosofía y en la política, e influyó en todas las áreas del conocimiento humano, especialmente en el pensamiento de las clases cultas de aquella época. Su fundamento era la razón y la libertad, que hacían posible el progreso, mejoraba el bienestar de los seres humanos y los liberaba de la ignorancia. La Ilustración postulaba que la ciencia y la tecnología eran los instrumentos necesarios para transformar el mundo (¡y, materialmente, así ha sido!). Su espíritu de aquel momento era el valor del conocimiento y los derechos naturales del hombre. Coherente con estos axiomas, la Ilustración era contraria a los métodos filosóficos que proponían una metafísica dogmática, al poder eclesiástico y a los gobiernos opresores.

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contrapartida, la Ilustración, y la modernidad derivada de ella, ha venido originando un vacío existencial y espiritual en el mundo occidental, industrial y tecnológico. Un vacío que, ante el descrédito que el cristianismo se ganó a pulso, especialmente representado por las Iglesias históricas, lo ha venido llenando las sectas, las filosofías orientales, el esoterismo, los videntes… (Pluralismo religioso II, Sectas y nuevos movimientos religiosos – Sociedad de Educación Atenas, 1993).

La Iglesia ante el nuevo paradigma, o la paradoja del testimonio profético

Ha sido típico, en la historia del testimonio profético, tanto en el Israel bíblico como luego en la Iglesia, que los “testigos” proféticos sufrieran el acoso, la cárcel, incluso la muerte, por parte de la oficialidad religiosa y política de la época. Esta experiencia ha sido una constante. La paradoja radica en ver a los que representan el “testimonio profético” convertidos en carceleros y verdugos de los auténticos profetas, cualquiera que sea la época. Esto ocurrió en el caso de Galileo Galilei, en cuanto a la teoría heliocéntrica se refiere.

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filosofía, con sus nuevos puntos de vista sobre la historia y la vida; a la política, que abrió la puerta a Estados modernos… ¿Qué paso con la Iglesia?

La Iglesia no estuvo a la altura de las circunstancias

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cosmología: "Se paró el sol", porque era el que se movía (Josué 10:12-13).

El protestantismo (Lutero, Melanchton…) reaccionó exactamente igual que había hecho la Iglesia Católica Romana. Partían de los mismos y únicos presupuestos científicos, filosóficos y teológicos: el geocentrismo. Así pues, rechazaron el descubrimiento científico por el mismo motivo: ¡estaba en contradicción con la Biblia! Johannes Kepler, contemporáneo de Galileo, luterano, fue expulsado del colegio teológico de Tubinga, y tuvo que huir de sus correligionarios que lo juzgaban de blasfemo por defender la teoría copernicana: ¡Los rescoldos de la hoguera que quemó a Giordano Bruno (1548-1600), por enseñar que el Sol solo era una estrella entre otras muchas y la existencia de otros mundos, aún estaban vivos!

Ciencia, Fe y Hermenéutica

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anteriores/movellan4.htm -07/10/2011). Pero la Iglesia Católica Romana no está sola en este quehacer.

Ante las injusticias político-sociales que se produjeron durante la revolución industrial en Inglaterra (siglos XVIII-XIX), tanto la Iglesia nacional inglesa (con la Cámara de los Lores), la jerarquía católico-romana y la Iglesia nacional Luterana, defendían el “orden querido por Dios”, que no era otro que las inmutables verdades e instituciones del viejo y obsoleto paradigma. El informe de William Booth, fundador del Ejército de Salvación, mostró a las Iglesias hasta qué punto llegaba la miseria de las masas en los suburbios industriales, las condiciones de trabajo de niños y de mujeres… ¡Fatal “testimonio profético” el de las Iglesias en aquella época!

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C A P Í T U L O 4

El testimonio profético de la

Iglesia

UNA BREVE RECAPITULACIÓN

En la primera parte (“La intrahistoria como teoría her menéutica”) hemos disertado acerca de la hermenéutica, la disciplina que nos permite hacer una exégesis contextualizada de los textos bíblicos, y las consecuencias que pueden revertir sobre el testimonio de la Iglesia. En la segunda parte (“El Espíritu Santo en los procesos históricos”) hemos analizado tres testimonios del libro de Hechos y expuesto una reflexión sobre Romanos 12:1-2, donde es evidente el protagonismo tanto del Espíritu Santo como de los protagonistas humanos mismos. En la tercera parte (“Del geocentrismo al heliocentrismo…”) hemos constatado el mal testimonio que dieron las Iglesias históricas (tanto católica como protestante) ante el nuevo paradigma que supuso el descubrimiento del sistema heliocéntrico.

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por los grandes cambios sociales que se han producido en los últimos dos siglos, en todos los órdenes, los cuales ha puesto a prueba a la Iglesia, la cual se ha encerrado en una hermenéutica "biblicista", especialmente en el entorno evangélico-protestante (por supuesto, obviamos las obras buenas y positivas que a otro nivel han llevado – y llevan– a cabo ciertos sectores de estas mismas Iglesias, pero ello no justifica el mal testimonio institucional). En efecto, el problema subyacente institucional ha sido –y es– de carácter hermenéutico, dos maneras diferentes de leer y de entender la Biblia: una, desde una hermenéutica literalista (“porque la Biblia lo dice") y, la otra, desde una hermenéutica interdisciplinar (que se pregunta: “por qué lo dice"). La primera (“porque la Biblia lo dice”) desestima el contexto socio-cultural de los enunciados bíblicos, sacralizando y absolutizando el texto. La segunda (“por qué lo dice”) reconstruye y escenifica “lo que dice”, es decir, busca en el contexto sociológico, histórico y cultural el significado de “lo que dice” para entender, primero, qué significado tuvo en su contexto, y luego evaluar qué significado tiene para nosotros, que puede ser distinto e incluso no tener ninguno. Obviamente, optamos por la segunda, y esta es la razón de ser de Restauromanía (revista que precedió a Renovación).

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EL TESTIMONIO PROFÉTICO NO ES AJENO AL MUNDO

Cierto tipo de pietismo, tanto católico como protestante, ha hecho un flaco favor al testimonio profético. La interiorización del concepto “los del mundo”, a la larga, ha hecho mucho daño al testimonio cristiano (ver “Acento hermenéutico” en e-Librería de la web de revista Renovación). Un reducto de este pietismo fosilizado lo vemos representado en algunos grupos religiosos cristianos, como los Amish. Este grupo pietista, siguiendo la exégesis literalista, se aisló física y culturalmente del resto de la sociedad, viviendo en comunidad cerrada, para no “contaminarse” con el mundo. Es cierto que hay textos evangélicos (Mateo 19:21 y otros) que incitan a “excluirse del mundo” (de ahí los primeros anacoretas en el cristianismo a partir del siglo III, pero esto es otra historia). Por supuesto, no condenamos el positivo estilo de vida que practica dicho grupo religioso, la solidaridad de los unos con los otros que fomentan, el sentido de la justicia que muestran, la obediencia a las leyes, etc. Pero sí cuestionamos su aislamiento “del mundo”.

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“puros” eran los fariseos y los doctores de la ley, que conocían bien los entresijos de las prácticas religiosas inspiradas en la Ley. La lista de los “impuros” la engrosaban, primero, los ignorantes de la ley que, por su ignorancia, no podían cumplir sus demandas (Juan 7:48-49); segundo, los recaudadores de impuesto (al servicio de Roma) y demás personas a cuyos oficios se les imputaba impurezas ceremoniales (Marcos 2:16); y, tercero, por supuesto, las “prostitutas” y demás diferenciados por la sociedad… Todos estos eran los “impuros”… ¡los del mundo!

Pues bien, ocurrió que Jesús optó por los “impuros”, por los diferenciados, por los desheredados, es decir, por “los del mundo”. No existe una sola palabra en boca de Jesús que conlleve ese despectivo concepto de “los del mundo”, y cuando se refirió a ellos, evocando las palabras de los religiosos de su época, declaró que él había venido para rescatarlos, para sanarlos, para ganarlos para el reino de Dios…. ¡por eso se juntaba y comía con ellos! (Marcos 2:13-17). Jesús nunca dijo nada por lo que esos “impuros” pudieran sentirse lastimados en su autoestima; al contrario: con su aceptación, con su compañía compartiendo mesa con ellos, los elevó moralmente e hizo que recuperaran la autoestima mil veces estigmatizada por los “puros” religiosos (Ver Lucas 19:1-10). ¿Hemos pensado alguna vez cómo se sentirán las personas (padres, hijos, hermanos, amigos…) que no "creen" como nosotros, cuando estos perciben que el concepto que tenemos de ellos es ése: “los del mundo”?

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empatía, ni siquiera al vocabulario respecto a las personas “no creyentes”. Primero, porque nuestro concepto de “creyente” es muy restringido (a veces, etnocéntrico): ¡creemos que solo los “protestantes” –¿los “evangélicos”, los de las “Iglesias de Cristo”…?– somos los únicos verdaderos creyentes; todos los demás son “del mundo”. Este sentir pietista lo socializamos a través del lenguaje religioso, las oraciones de grupo, la arenga litúrgica y, sobre todo, por medio del adoctrinamiento. ¡Grave error! ¡Terrible y fatuo error! ¡Y tal es así, que nos extraña, por ejemplo, que un católico-romano que disiente de los dogmas, o de ciertos dogmas, de su Iglesia, no se convierta en “evangélico” (o “cristiano” de la Iglesia de Cristo)! ¡Otro error! ¿No deberíamos analizar mejor exegéticamente Juan 17:14; Gálatas 6:14 y otros textos afines, sobre todo a través del prisma de la “cara humana” de Dios en la persona de Jesús? Sobre el testimonio profético, el de verdad, tenemos mucho que aprender de Jesús, el Jesús de los Evangelios, el Exegeta de Dios, el que vino para servir y no para ser servido, para salvar y no para condenar, para incluir y no para excluir…

EL TESTIMONIO PROFÉTICO TIENE QUE ESTAR IMPLICADO “CON” EL MUNDO

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pueblo judío ha mantenido su identidad como tal gracias a estos cuatro elementos que comportan toda su vida social y religiosa. ¿Cómo preservará su identidad la Iglesia (los cristianos), si está exenta del sábado, de la circuncisión y de la pureza de los alimentos (“todos los alimentos son puros” – Marcos 7:19; Hechos 10:15)? ¿Cómo saber ahora qué comportamiento determina la frontera entre la iglesia y “el mundo”? Sobre este particular Pablo se encontró con algunos problemas, si bien por la manera en que los solucionó parece que no los consideraba tales problemas, al menos a largo plazo, sin duda por la inminente venida de Cristo. El Apóstol plantea este tema de manera bastante ambigua: ¿Qué puede contaminar al cristiano? En cuanto a los alimentos (que han sido sacrificado a los ídolos) Pablo dice, unas veces, tajantemente que no se deben comer (1Cor. 10:21-22); otras veces dice tajantemente que sí se pueden comer (1Cor. 8:4-6; 10:25-27); y, otras, que depende (1Cor. 8:13; 10:28-30). Este marco de posibilidades que presenta Pablo ofrece al cristiano una libertad basada en la responsabilidad y el discernimiento, muy lejos del “blanco-negro”, sí-no”, que algunos gurús cristianos imponen a los fieles. En definitiva, lo que distingue a un cristiano de un no-cristiano es la ética, no el aislamiento, cualquiera que sea éste.

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veterotestamentario. Y el mensaje de este profetismo era profundamente humano, social... ¡de este mundo! Era una denuncia activa contra los opresores de los materialmente pobres, y contra los príncipes políticos y religiosos en connivencia con ellos. Era un mensaje que producía un agudo e inevitable conflicto, no solo con aquellos príncipes y opresores, sino con los profetas funcionarios de la corte y del culto (pseudoprofetas); un conflicto que llevaba al auténtico profeta al aislamiento y a la marginación (Amós 7:10 ss.; Oseas 9:7-9; Miqueas 2:6 ss.; Isaías 8:11 ss.). Jesús muy pronto se vería en esta misma situación (Juan 7:1; 11:54). El testimonio profético que corresponde a la Iglesia no será profético si no denuncia las manipulaciones, políticas o religiosas, que atentan contra la dignidad del ser humano en su conjunto (y no solo de los “creyentes”), ya sea por causa de las leyes injustas de cualquier gobierno, la opresión y el fraude económico que puedan ejercer los poderosos, o el simple desamparo que puedan sufrir los indefensos de la sociedad… ¡La Iglesia debe convertirse en la voz de los sin voz! ¡Y solo puede ser voz de Dios en el mundo si está implicada “en” y “con” el mundo!

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las Iglesias tienen que responder de una manera inequívoca con su actitud. ¿Sabrán mantener, afirmar y hacer valer la paradoja fundamental del Evangelio que consiste en influir eficazmente en la civilización, en formarla, transformarla y penetrar en ella, sin confundirse con ella o perderse en ella?”.

Pues bien, siguiendo el espíritu de esta interrogante, y por primera vez después de la Reforma, se reunieron en Estocolmo, los días 19-30 de agosto de 1925, 610 delegados oficiales representando 31 comuniones cristianas de 37 países con el objeto de discutir aspectos importantísimos que tenían que ver con la sociedad, con el mundo de aquella generación.

La Conferencia de Estocolmo se dividió en cinco comisiones, todas relacionadas con los problemas sociales, culturales, económicos, políticos…: a) La Iglesia y las cuestiones económicas e industriales; b) La Iglesia y los problemas morales y sociales; c) La Iglesia y las relaciones internacionales; d) La Iglesia y la educación cristiana; e) La Iglesia y los métodos de cooperación y federación (Héctor Vall, SJ, “A la búsqueda de una nueva sociedad” – Sociedad de Educación Atenas, Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad - 1997).

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“diferentes”, se ofrece para abrir sendas donde puedan caminar todos sin discriminación, se involucra para levantar puentes que unan las riberas del desenten-dimiento…

Es decir, solo podemos ser “testigos de Dios” si les mostramos a las gentes (“el mundo”), de una manera práctica, que sus problemas son también nuestros problemas, sus lágrimas son nuestras lágrimas, sus alegrías son nuestras alegrías, sus anhelos humanos son nuestros anhelos… Implica reconocer que sufrimos las mismas enfermedades, los mismos dolores, las mismas injusticias que sufren ellos; implica, por lo tanto, abandonar la arrogancia de creer que por ser cristianos estamos libres de esos “castigos” divinos.

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C A P Í T U L O 5

Apéndice:

Cuatro rivales del testimonio profético

Sin embargo, como testigo ante el mundo, la Iglesia tiene varios rivales reales, militantes. Los que aquí reseñamos no son los únicos, pero los señalamos como ejemplos. Algunos de ellos los tenemos dentro de casa.

1. EL EXCLUSIVISMO

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posibilidades desde el diálogo hay que acercarse a estos círculos y conocer a sus protagonistas personalmente. Esto significa que en el marco religioso se está abriendo un nuevo paradigma también. Pues bien, como contraposición, el exclusivismo es la antípoda de esta nueva realidad religiosa. Creemos que el ecumenismo (¿profético?) es aquel que está dispuesto a confraternizar libre y personalmente sin subyugar ni ser subyugado. El diálogo con otros cristianos, entendido así, no resta ni divide los principios de las respectivas identidades religiosas que comparten su fe, antes bien suman lo que de espiritualidad contienen. Tampoco es un sincretismo, porque cada uno conserva lo propio sin hipotecarse a aceptar lo ajeno.

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El Consejo Ecuménico de las Iglesias en su documento “Testimonio común y proselitismo” define a éste de la manera siguiente:

“El proselitismo es la corrupción del testimonio – Se corrompe el testimonio cuando se usan sutil o abiertamente la adulación, el soborno, la presión indebida o la intimidación para provocar la aparente conversión; cuando colocamos el éxito de nuestra iglesia antes que el honor de Cristo; cuando cometemos la deshonestidad de comparar el ideal de nuestra iglesia con los logros reales de otra; cuando tratamos hacer adelantar nuestra causa levantando falso testimonio contra otra iglesia; cuando personal o colectivamente reemplazamos el amor por cada alma individual que nos concierne por el afán de conquista. Tal corrupción del testimonio cristiano indica falta de confianza en el poder del Espíritu Santo, falta de respeto a la naturaleza del hombre y falta de reconocimiento del verdadero carácter del Evangelio. Es muy fácil reconocer estas faltas y pecados en otros, pero es necesario reconocer que todos estamos expuestos a caer en uno u otro de ellos.”

2. EL SECULARISMO

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la perversión, el engreimiento y la irreverencia hacia Dios. Posiblemente entre esos millones de personas que “rechazan” el evangelio haya muchos que pertenecen a esas categorías, pero no pueden ser todos. Solemos exhibir una percepción bastante distorsionada de la realidad por causa de nuestra deformación teológica social. Desde nuestro no disimulado etnocentrismo religioso nos satisface creer que la gente es perversa porque no acepta nuestras prédicas; nos falta honradez intelectual para el análisis profundo de la realidad misma.

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al encarar los problemas sociales de nuestro entorno, “el mundo”, y los planteamientos éticos que suscitan nuestro siglo, en la vida individual, familiar, social, eclesial…? ¿No deberíamos de dialogar con las gentes “del mundo”, preocuparnos por las cosas que a ellos les preocupa, hacerles sentir que estamos ahí para ayudarles a superar los trances de la vida, antes que condenarlos, censurarlos… y evitar que tengan la percepción –no sin motivo– de que solo nos importan para “evangelizarlos” y hacerles miembros de nuestra “feligresía”? Aun así, de cualquier manera, el secularismo es nuestro rival. El secularismo militante, obtuso, deliberado. Y solo éste.

Terminamos este apartado con un breve párrafo del discurso de investidura en el acto de nombramiento como doctor honoris causa del ex-jesuita y antiguo profesor José Mª Castillo en la universidad de Granada, titulado “La humanidad de Dios” – 13 de mayo de 2011):

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Dios y de vivir la relación con él, que se había extendido por las Iglesias cristianas sobre todo en la época moderna”. Mucha gente no ha abandonado su creencia en Dios porque se trata de gente que se ha pervertido, sino porque a la gente se le ha ofrecido una imagen de Dios tan deformada, que Dios, para muchos ciudadanos, resulta inaceptable o incluso insoportable..."

3. EL SECTARISMO

Secta es una palabra polisémica; su acepción depende del contexto que se usa en una literatura particular, en el tiempo y en el espacio. Aquí nos referimos a los grupos pseudoreligiosos destructivos por su forma de captar a los adeptos, por la dinámica despersonalizadora que ejercen sobre ellos, además del engaño y del fraude de los cuales sus adeptos son objetos. No nos referimos por secta, pues, a los grupos religiosos que se escinden de un grupo mayor por cuestiones secundarias. En cualquier caso, la proliferación de las sectas, del tipo que sean, y el auge de los movimientos pseudoreligiosos, ponen en evidencia la necesidad que las personas sienten de algo trascendente (¡el Dios que llevan dentro – Hechos 17:27-28!).

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(bautista, pentecostal, presbiteriano, católico…). Podemos discrepar teológicamente con los postulados que ellos defienden, con sus tradiciones, etc.; pero esas discrepancias no los convierten en rivales nuestros. Como nosotros tampoco deberíamos serlo para ellos. El Señor es uno; Su Iglesia es una; la Gracia por la cual somos salvos es compartida… ¡Tanto ellos, como nosotros, creemos en ese único Señor, nos sentimos parte de esa misma y única Iglesia, y damos gracias y alabamos al mismo y único Dios! ¡Nuestros rivales son las sectas! (Siento que los hermanos de Latinoamérica usen este vocablo con sentidos diferentes a los que yo le atribuyo aquí).

La división religiosa, especialmente la cristiana, da alas a las sectas. Sus argumentos en la captación de seguidores posiblemente serían los mismos aunque no hubiera división entre las Iglesias cristianas; pero las divisiones, a veces con luchas evidentes por el poder entre ellas, y el mal testimonio que proyectan hacia afuera, es aprovechado por las sectas para desmoralizar aún más a los posibles ingenuos que retengan alguna esperanza de cambio en aquellas (Para una información amplia sobre la pluralidad religiosa, las sectas y los nuevos movimientos religiosos: “Pluralismo religioso” – Sociedad de Educación Atenas – Centro Ecuménico “Misioneras de la Unidad” – Madrid, 1993).

4. EL FUNDAMENTALISMO

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Biblia ("Lo dice la Biblia"). El fundamentalismo es, primero, una herencia de la ausencia de autocrítica desde el comienzo de la edad moderna (tema expuesto en otro capítulo de este trabajo: "Del geocentrismo al heliocentrismo…"). Después, en el siglo XIX, deviene en un movimiento teológico que se aferra al literalismo como mecanismo de defensa contra el liberalismo extremo, que cuestionaba todo valor de lo religioso. Hoy, creemos que el fundamentalismo es el estancamiento de un diálogo que todavía no se ha producido, entre la hermenéutica literalista y la exégesis bíblica desde las ciencias sociales (hermenéutica interdisciplinar). Lo incluimos en la lista de “rivales” porque, si bien en algún tiempo pudo haber sido un “frente de defensa” para la fe, hoy se ha convertido en un obstáculo para dicha fe. Salvo para los adoctrinados, el fundamentalismo es un auténtico tropiezo para los candidatos a aceptar a Jesús como el Hijo de Dios.

Precisamente la Ilustración, a pesar de las bajas que produjo entre las filas de los creyentes en su día, es la que nos ha aportado un enorme desarrollo en todos los campos del conocimiento humano, no solo en las ciencias físicas y tecnológicas, sino también en las ciencias bíblicas modernas. Conocimientos, algunos de los cuales, son irreconciliables con las proposiciones "bíblicistas", donde el heliocentrismo es solo un botón de muestra. ¿No merecerá la pena abrir ese diálogo?

A MODO DE CONCLUSIÓN

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particular. Como cristianos creemos que la Iglesia es una “agencia” divina, con una misión específica: el testimonio. Mediante este testimonio Dios continúa manifestándose al mundo (cosa que no siempre ha sido así por causa de la falta de visión de la Iglesia y el autismo ante los cambios de paradigmas históricos). En muchos casos fue el fanatismo, o el ansia de poder político y social de los representantes de la Iglesia, etc. lo que hizo que dicho testimonio profético fuera opacado e incluso anulado ante el mundo. El futuro de la Iglesia se dilucida en el presente. La Iglesia vive en un mundo convulsivo, en un nuevo cambio de paradigma, con muchos y más complejos asuntos con los que lidiar, pero no puede, como alternativa, huir del mundo, sino involucrarse en la travesía con el resto de los que navegan en el mismo barco: el mundo.

Creemos que desde el cambio de paradigma del geocentrismo al heliocentrismo (y los cambios profundos sucesivos como consecuencia de él, científicos, tecnológicos, sociales…), la Iglesia, o cierto sector influyente de ella, vive todavía enrocada en el fundamentalismo teológico correspondiente al viejo paradigma. Su mensaje cristológico quizás sea “bíblico”, pero su testimonio, no.

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