• No se han encontrado resultados

Marco institucional, funciones empresariales y crecimiento económico1

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Marco institucional, funciones empresariales y crecimiento económico1"

Copied!
25
0
0

Texto completo

(1)

y crecimiento económico

1

Luis Palma Martos2

1. Este artículo se recibió el 29/03/2006 y se aprobó el 07/06/2006.

2. Ph.D. en Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Sevilla, España. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Sevilla, España. Profesor titular, Departamento de Teoría Económica y Economía Política, Universidad de Sevilla, España. Correo-e: [email protected]

(2)

RESUMEN

El trabajo explora las causas del crecimiento económico, para lo cual: 1) reflexiona acerca del concepto desarrollo económico, haciendo énfasis en la teoría del desarrollo endógeno; 2) analiza la relación entre empresarialidad y crecimiento, considerando en el análisis: la oferta total de empresarios; las características de los empresarios; el desarrollo de sus funciones, que deben ser productivas, más que destructivas o improductivas, si se busca el crecimiento; el fomento de la actitud empresarial; y el impulso a la enseñanza artística como herramienta para desarrollar la creatividad, cualidad necesaria de los empresarios; 3) analiza el marco institucional, es decir, las reglas del juego en las cuales se mueven los empresarios puesto que, a través de acciones políticas transformadoras, que alteren las estructuras de incentivos del sistema, se puede incidir en la aparición de funciones empresariales productivas.

Palabras clave: desarrollo económico, crecimiento económico, teoría de desarrollo endógeno, empresarialidad, funciones productivas, funciones improductivas, funciones destructivas, economía de la cultura, instituciones.

ABSTRACT

This work examines the causes of economic growth, for the purposes of which it: 1) considers the concept of economic development, emphasizing the theory of endogenous development; 2) analyzes the relationship between entrepreneurship and growth, considering the total offer of the businessmen, their characteristics, how they carry out their functions which should be productive more than destructive or non-productive, if growth is required; encouragement of entrepreneurial attitudes, and the furthering of artistic teaching as a tool to inspire creativity, which is a necessary quality in entrepreneurs, and 3) analyzes the institutional framework, in other words the rules of the game in which entrepreneurs operate, since, through their policy-transforming actions which alter the incentive-based structures of the system, this can have a bearing on productive entrepreneurial functions.

Key words: economic development, economic growth, endogenous development theory, entrepreneurship, productive functions, non-productive functions, destructive functions, economy of culture, institutions.

(3)

INTRODUCCIÓN

El trabajo que se introduce con estas líneas explora las causas del cre-cimiento económico, adentrándose en una línea argumental bien definida que pasamos a esbozar brevemente.

En primer lugar, esbozamos al-gunas reflexiones acerca del concep-to de desarrollo.3 Nos detendremos

sobre todo en la teoría del desarrollo endógeno. También nos ocuparemos de los costes del progreso y del he-cho de que los temas relacionados con el crecimiento hayan vuelto a erigir-se en el núcleo del análisis económi-co, desplazando al equilibrio general (Lasuén y Aranzadi 2002, 14).

La segunda parte del trabajo ana-liza la relación entre empresarialidad y crecimiento. La tesis, en absoluto original, que subyace en este análisis es que el desarrollo depende, en bue-na medida, de la oferta total de em-presarios. Pero no únicamente. Así, comenzamos por esbozar una carac-terización del empresario desde la perspectiva funcionalista, es decir, nos preocupamos por el quehacer del empresario. A continuación, veremos

cómo el fomento de la actitud empre-sarial es una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento. Nos detendremos en explorar cómo el impulso de las enseñanzas artísticas puede ser una buena política para el fomento de actitudes creativas, esen-ciales para la aparición de vocacio-nes empresariales. Este argumento puede considerarse una incursión li-mitada a un frente, pues aceptamos la existencia de otros elementos de-terminantes de la oferta total de em-presarios. No obstante, incidimos en ella por lo sugestivo del planteamien-to y las posibles derivaciones del mis-mo a otros campos del análisis eco-nómico.

Esta segunda parte se cierra con un análisis de la condición suficiente para que la actividad empresarial im-plique crecimiento. Esta actividad hace que de las posibles opciones con que cuenta el empresario para desa-rrollar sus funciones, destructivas, improductivas y productivas, opte por las últimas, y muy especialmente por la función empresarial innovadora, entendida en su sentido amplio.

La tercera parte introduce un nue-vo elemento en el discurso. Se trata del marco institucional, que podría-mos denominar reglas del juego, me-diante las cuales los empresarios de-sarrollan su labor. El vínculo que va-mos a explorar es el que relaciona el 3. Aunque somos conscientes de las diferencias

en-tre los conceptos crecimiento y desarrollo, noso-tros vamos a hacer un uso prácticamente indistin-to, si bien el acento está puesto en los procesos de crecimiento.

(4)

diseño del marco institucional y la aparición de funciones empresariales productivas. Naturalmente, es preci-so esbozar los elementos que confi-guran el marco institucional. Esto es así porque llegaremos a la conclusión de que acciones políticas transforma-doras de este marco, es decir, que al-teren las estructuras de incentivos del sistema, son fundamentales para im-pulsar las funciones empresariales productivas y, naturalmente, el desa-rrollo (Baumol y Batey 1993).

El trabajo se cierra con un con-junto de conclusiones derivadas del análisis.

1. EL CRECIMIENTO

ECONÓ-MICO COMO OBJETIVO. ALGUNOS ELEMENTOS DELIMITADORES

En una primera aproximación podríamos usar como referente una concepción del desarrollo vinculada esencialmente con el crecimiento de la productividad y de la renta per cá-pita de un país o región determinada (Torres Villanueva 1997, 53).

A partir de una concepción como la anterior es innegable un importan-te progreso a escala global en los úl-timos decenios. Sin embargo, este progreso no se ha producido sin cos-tes. Apuntemos dos (Lasuén y Aran-zadi 2002, 13): el flagrante deterioro

de los recursos naturales y la acen-tuación –que Lasuén y Aranzadi cali-fican de insoportable- de las diferen-cias en el nivel de vida de las nacio-nes o incluso de las regionacio-nes dentro de determinados países.

Estos costes, cada vez más visi-bles, han llevado al análisis económi-co a desplazar al equilibrio general del eje de la investigación y volver a lo que fue el núcleo de la disciplina en sus orígenes: el crecimiento econó-mico. Esto significa una clara aten-ción a las teorías del crecimiento, fun-damentalmente a la emergente teoría del desarrollo endógeno.

Esta teoría considera a la empre-sarialidad y la innovación elementos clave en los procesos de crecimiento. En general, el crecimiento se basaría en el impulso de las actividades in-tangibles, las más abundantes y diná-micas en los países avanzados, acti-vidades que originarían las innovacio-nes que serían imitadas por el resto de países en un proceso impulsor del progreso.

En el contexto anterior aparece como trascendente el empresario in-novador y, por ello, el mayor obstá-culo para el crecimiento sería la falta de empresarios. Naturalmente el con-cepto de empresarialidad no es está-tico y hoy en día, junto con la figura imprescindible del empresario como individuo, deben destacarse los

(5)

con-dicionantes institucionales y organi-zativos. Por otra parte, también varía a lo largo del tiempo el factor esen-cial que los empresarios deben utili-zar para favorecer el desarrollo. En la actualidad este factor sería la ge-neración de conocimiento, que servi-ría de base para el impulso de las in-novaciones, entendidas éstas en un sentido schumpeteriano amplio.

En definitiva, se necesitan empre-sarios con capacidad innovadora que operen en contextos adecuados, favo-recedores de esta función. En este tra-bajo avanzaremos algunas ideas en dos direcciones. En primer lugar, abordaremos la cuestión de cómo puede aumentar la oferta de empre-sarios; en segundo lugar, y no menos importante, bosquejaremos los ele-mentos del marco institucional que podrían favorecer una función empre-sarial productiva, como sería cual-quier proceso de innovación.

Quizá, y así lo hemos entendido, el marco conceptual más adecuado para abordar un análisis del impulso para el crecimiento derivado de la función empresarial innovadora sea el que nos ofrece la tradición schum-peteriana. El esquema de análisis schumpeteriano, basado en los «pro-cesos de destrucción creadora» es, no obstante, susceptible de ser enrique-cido en, al menos, dos extensiones.

En primer lugar es preciso incor-porar como determinantes de los pro-cesos de crecimiento (desarrollo) a las innovaciones menores, donde el aprendizaje, copia y difusión desem-peñan un papel sustancial (López García 1997, 94). En este contexto, y para regiones con menor grado de desarrollo, es de gran importancia el análisis del impacto de la tecnología importada, su grado de adaptabilidad y difusión. Las aproximaciones evo-lutivas son un buen marco de referen-cia para este tipo de análisis.

La segunda extensión al modelo debería abarcar la asignación de la función empresarial. A la tantas ve-ces citada lista de innovaciones («rea-lización de nuevas combinaciones», propuesta por Schumpeter), podrían añadirse otras tipologías. Baumol y Batey (1993, 97) hacen, al respecto, algunas sugerencias. Señalan que la lista no abarca explícitamente las ac-tividades innovadoras de transferen-cia de tecnología, que aprovechan la oportunidad de tecnologías disponi-bles y las adaptan a las condiciones locales. Pero, como novedad impor-tante, la lista de Schumpeter podría incluir supuestos de innovaciones en los procedimientos especulativos; podríamos poner como ejemplo, el descubrimiento de una táctica legal, no utilizada previamente, eficaz para

(6)

desviar rentas hacia los que la explo-tan por primera vez.

En suma, vamos a entender los procesos de crecimiento en clave evo-lutiva y dinámica, y vamos a incor-porar acciones por parte de los em-presarios que limiten e incluso minen estos procesos. Conocer y caracteri-zar las funciones empresariales nos ayudará a entender esta última afir-mación. Asimismo debemos indagar en las acciones políticas que propi-cien, por un lado, la aparición de em-presarios y, por otra, la definición de marcos institucionales que incentiven a los empresarios a llevar a cabo fun-ciones empresariales productivas.

2. LA CARACTERIZACIÓN

DEL EMPRESARIO DESDE UNA PERSPECTIVA FUN-CIONALISTA

Cabría una aproximación al es-tudio de la actividad empresarial des-de dos enfoques. Bajo el enfoque in-dicativo, la preocupación está centra-da en determinar quién es el empre-sario y lo caracterizaríamos como aquel agente que toma decisiones, asume el riesgo, crea riqueza, ostenta la propiedad y el control de la empre-sa... Un segundo enfoque, el funcio-nal, dedica su análisis a lo que hace el empresario (O’Kean 1989).

O’Kean (1989, 1991) señala, des-de esta perspectiva funcionalista, cua-tro aportaciones fundamentales a la teoría empresarial. La primera con-cebiría al empresario como organiza-dor de la producción y su preocupa-ción fundamental estaría centrada en la reducción de las posibles ineficien-cias de su empresa. La segunda aproximación entiende al empresario como un agente inmerso en los pro-cesos de mercado y a la busca ince-sante de oportunidades de beneficios. Una tercera teoría sitúa al empresa-rio en un entorno de incertidumbre y le arroga la responsabilidad de esti-mar el futuro. En fin, la cuarta apor-tación considera que el empresario es el agente innovador por excelencia del sistema económico (O’Kean 1991, 51). A continuación veremos con más detalle estas cuatro aproxi-maciones.

2.1 Leibenstein y la reducción de ineficiencias

La aportación de Leibenstein a la teoría empresarial parte del rechazo de las hipótesis básicas del modelo neoclásico. En el marco neoclásico la confluencia de hipótesis y el meca-nismo de la competencia determina-ban una eficiencia máxima del siste-ma productivo (O’Kean 1989; 1991, 53).

(7)

El mundo, según Leibenstein, es substancialmente distinto al descrito en el esquema neoclásico. Como sig-nos de imperfección, Leibenstein se-ñala lo incompleto de los mercados de trabajo, la falta de especificación concreta de la función de producción, incluso el desconocimiento de la mis-ma, y por último la imposibilidad de adquirir todos los factores de produc-ción en el mercado.

En la aportación de Leibenstein, es destacable la consideración de in-tereses contradictorios en el seno de la unidad productiva. Esta realidad, en sintonía con los planteamientos del capitalismo directivista y la teoría de la agencia, podía conducir a decisio-nes claramente distintas a las previs-tas por el modelo neoclásico. Otro factor novedoso introducido por Lei-benstein es la motivación (O’Kean 1991, 54).

En las circunstancias considera-das por Leibenstein, las empresas no minimizan los costes y se origina un cierto grado de ineficiencia que pue-de disminuirse. Para llevar a cabo este objetivo se realizarán tres tipos de actividades: superar los obstáculos futuros y resolver los vacíos que pre-sente el mercado de factores; comple-tar los factores necesarios para la pro-ducción, no proporcionados por el mercado, y por último asumir la

in-certidumbre de la organización y su entorno (O’Kean 1989; 1991, 54).

Como responsables de las imper-fecciones puestas de manifiesto por Leibenstein, éste señala al entorno político y a la misma actividad em-presarial.

2.2 Kirzner y la captación de opor-tunidades de beneficios

Kirzner, autor que puede consi-derarse dentro de la tradición austría-ca, discípulo de Mises y sintetizador de las ideas de éste con las de Hayek en su libro Competencia y Empresa-rialidad, elabora su teoría de la fun-ción empresarial basándose en dos ideas de Mises. La primera, relativa al carácter especulador del empresa-rio, carácter consustancial a todo hombre que actúa. Su actividad se centra en la ponderación de circuns-tancias futuras, inciertas por natura-leza. Su éxito dependerá de lo exacto de sus acciones. La segunda idea de Mises resalta el carácter del hombre provocador de cambios e innovacio-nes con la esperanza de una ganancia (O’Kean 1989; 1991, 57).

Su punto de partida también es crítico respecto del modelo neoclási-co, y sitúa al empresario en un proce-so de mercado, entendido como «toma de decisiones dinámicamente competitivas en un mundo en el que

(8)

los sujetos, que en absoluto son om-niscientes, persiguen sus propios fi-nes» (Kirzner 1998, 11).

El mercado se entiende, pues, como un proceso que se caracteriza por la imperfecta información que poseen los agentes participantes. Esta realidad provoca en el mercado una serie de desajustes que, en opinión de Kirzner, propician la aparición de oportunidades de beneficios. La de-tección de esos desajustes y las opor-tunidades de beneficios concomitan-tes constituye la función del empre-sario. De ese modo, el empresario es una pieza fundamental en el proceso de mercado. Kirzner plantea la posi-bilidad de que la actuación del em-presario en pos de las oportunidades de beneficios vaya más allá de la de un agente equilibrador, y llegue a al-canzar naturaleza innovadora (O’Kean 1989).

Respecto de la paternidad de esta teoría del empresario, nos resulta cu-rioso y elegante un comentario de Kirzner en el prólogo a la segunda edición de Competencia y Empresa-rialidad, con el que cerramos el apar-tado:

Como ya he señalado, no preten-día ofrecer con este libro una con-tribución teórica original y sigo creyendo firmemente que las ideas principales en él desarrolladas (ideas que muchos escritores pos-teriores han seguido

rutinariamen-te atribuyéndome a mí casi en su totalidad, tales como la noción de perspicacia empresarial o el carác-ter sistemáticamente «equilibra-dor» de la empresarialidad en el proceso de mercado) no pasaban de ser una nueva exposición y de-sarrollo de los principios misianos (Kirzner 1998, 9).

2.3 Knight y la lucha contra la in-certidumbre

La principal aportación de Frank Knight a la teoría del empresario es la inclusión de la variable tiempo y la imperfecta información que esto ori-gina. Esta incertidumbre relaciona directamente la actividad económica con la acción empresarial (O’Kean 1989). La teoría de Knight, expuesta en su libro «Riesgo, Incertidumbre y Beneficio» puede considerarse la de más impacto en la economía conven-cional. La primera función que Knight asigna al empresario es la de organi-zador de la producción y como tal,

(...) deberá aventurarse en una ac-ción en la que puede conocer las circunstancias actuales con certe-za, pero sobre la cual, desconoce el resultado final. La imposibili-dad de realizar esta predicción ni aún en términos de probabilidad es lo que se denomina incertidum-bre según Knight... El aventurarse a profetizar el futuro y el actuar en consecuencia, conlleva un «riesgo» no asegurable y es éste

(9)

el merecedor del excedente resi-dual si la predicción ha sido co-rrecta, si la acción ha tenido éxito (O’Kean 1989).

El empresario no es necesaria-mente, según Knight, quien afronta el riesgo. Se preocupa por asegurar a los propietarios de los servicios pro-ductivos contra la incertidumbre y la posible fluctuación en sus rentas. La función empresarial, profética como vemos, debe ofrecer suficientes ga-rantías para hacer que otros agentes arriesguen los factores que poseen. No hay que confundir, sin embargo, incertidumbre con mala información. El empresario no dispone de los da-tos, sencillamente porque éstos no existen. El papel del empresario ra-dica en la estimación de estos datos y la exactitud de esta estimación supon-drá el éxito de su actividad. Esta fun-ción de estimar los datos requiere un práctico y muy amplio conocimiento del entorno de la empresa, amén del perfecto conocimiento interno de la misma.

Para concluir con esta función empresarial, veamos la opinión que sobre el riesgo expone un empresa-rio. Su planteamiento es eminente-mente pragmático, y se incluye en un capítulo dedicado al riesgo en un li-bro titulado «El Oficio de Empresa-rio» (Servan-Schreiber 1991, 77):

Frente a un riesgo, es decir, ante cualquier acción a emprender, no me he arrepentido nunca de haber hecho caso a mi intuición. Pero antes, al igual que todos mis cole-gas cuando están a punto de tomar una decisión, trato de introducir un poco de lógica en el proceso que conduce a ella.

2.4 Schumpeter y la función empre-sarial innovadora

El empresario innovador de Schumpeter es un viejo conocido de la literatura sobre la función empre-sarial y sobre el análisis económico del cambio tecnológico.4

El empresario de Schumpeter ac-túa en clave dinámica y desequilibra-dora. Su «proceso de destrucción creadora» supone la ruptura de un equilibrio establecido para imponer uno nuevo. En la nueva situación el empresario tendrá una posición de privilegio (poder de mercado) que resultará ser la recompensa por su in-novación (nuevos productos, nuevos procesos, nuevos mercados, nueva fuente de aprovisionamiento, nueva organización). Pero la trascendencia de la función del empresario schum-peteriano reside en que esta acción desequilibradora impulsa al sistema económico a un proceso de

(10)

vimiento –terminología de Schumpe-ter– en el que cada nuevo equilibrio se determina en un nivel de creci-miento mayor. En definitiva, la fun-ción empresarial innovadora es el fac-tor más relevante de desarrollo eco-nómico y además, arrastra con su ac-ción a un proceso de imitaac-ción al res-to de los empresarios, en beneficio de los consumidores (O’Kean 1989). En efecto, este proceso de entrada de imitadores al mercado destruye la posición de monopolio lograda, tem-poralmente, por el innovador, lo que determina una situación de mayor competencia y por ende una reduc-ción de precios en el mercado.

Las características de la «respues-ta creadora» schumpeteriana serían: a) no puede ser predicha aplicando las reglas ordinarias de inferencia de los datos preexistentes; b) modela todo el curso subsiguiente de los aconteci-mientos y sus resultados a largo pla-zo y c) tiene que ver con la calidad del personal disponible en una socie-dad y con las decisiones, acciones y esquemas de comportamiento indivi-duales. Insiste además Schumpeter en que los mecanismos del cambio eco-nómico en la sociedad capitalista se fundamentan en la actividad empre-sarial (O’Kean 1989).

Schumpeter hace una clara dis-tinción entre el empresario innovador y el capitalista, el director o el

pro-pietario de la empresa. También lo distingue del inventor. El empresario trata de lograr realizaciones. En defi-nitiva, ser empresario no es para Schumpeter una profesión. Sólo se es empresario cuando se llevan a la prác-tica innovaciones, o nuevas combi-naciones en terminología schumpete-riana. Por tanto, el carácter de empre-sario es efímero y funcional.

Con anterioridad, hemos señala-do que el empresario innovaseñala-dor era el agente clave en los procesos de desarrollo económico. Nos gustaría, sin embargo, matizar lo anterior, puesto que ya el propio Schumpeter descargó de la responsabilidad única de la innovación al empresario inno-vador individual, característico del modelo expuesto en la «Teoría del desenvolvimiento económico». En un segundo modelo asociado a «Capita-lismo, Socialismo y Democracia» plantea un proceso más instituciona-lizado, también más burocratizado, en el que cabría hablar de un tejido em-presarial innovador, donde la figura del empresario individual juega un papel de menor relevancia (Palma 1996). Tal como apuntábamos ante-riormente, los condicionantes institu-cionales o de carácter organizativo pueden, finalmente, resultar determi-nantes en los logros de los empresa-rios desde una perspectiva del bie-nestar social.

(11)

3. EL FOMENTO DE LA ACTI-VIDAD EMPRESARIAL IN-NOVADORA Y LA POLÍTICA CULTURAL

La idea que subyace a este apar-tado y que pretendemos explorar es la de que la actitud creativa de los individuos que componen una socie-dad genera conductas propicias a la empresarialidad y la innovación, ele-mentos, como hemos visto, claves para los procesos de desarrollo, tal y como pone de manifiesto la teoría del crecimiento endógeno. Como apunta Towse (2005, 33) los defensores de esta teoría destacan la inclusión de los factores culturales en la función de producción, si bien es preciso seña-lar que el uso del concepto cultura se lleva a cabo en un sentido antropoló-gico amplio y no en un sentido artís-tico, mucho más restringido.

En definitiva, la línea argumen-tal sobre la que se debe trabajar es la que llevará desde la formación artís-tica a la creatividad y desde ésta a las actividades empresariales e innova-doras, favorecedoras de un crecimien-to endógeno sostenible, al ser inde-pendiente de la base física, es decir, de los factores naturales de produc-ción.

3.1 Un apunte sobre el marco ge-neral de análisis

Dos elementos van a ser apunta-dos en este trazo del marco de análi-sis acerca de la relación entre cultu- ra-creatividad-empresarialidad-inno-vación-crecimiento. Por un lado, nos detendremos en la actual dinámica global-local y en sus efectos sobre las condiciones de vida de los territorios. Por otro, nos referiremos, en el esce-nario que constituye la sociedad del conocimiento, al gigantesco incre-mento de la información digitaliza-da.

En relación con la dinámica glo-bal-local y su impulso sobre el bie-nestar de los territorios, Pilotti (2003) resalta algunos elementos en los que los territorios basan sus ventajas com-petitivas:

(...) la ventaja competitiva se basa (…) en la riqueza cultural de un territorio, fundada… en su his-toria y en la de sus instituciones, en la capacidad de alimentar con sus propias raíces nuevos modos de hacer, producir, consumir, pero sobre todo, nuevas modalidades de conexión y relación entre los hom-bres: un territorio entre múltiples territorios que reconvierte en teji-do (…) relevante y específico en el que profundizar y explorar nue-vas fuentes de creatividad.

(12)

En el contexto señalado, los bie-nes y servicios culturales cumplen una pluralidad de funciones erigién-dose en un componente fundamental de los factores determinantes de la creatividad y la innovación, contribu-yendo de ese modo a la calidad del desarrollo con una creciente inciden-cia territorial.

Además, la sociedad del conoci-miento, a la que aludiremos a conti-nuación, puede reforzar la alianza entre arte, cultura y ciencia, al propi-ciar una cierta comunidad global de los saberes, comunidad ésta que per-mitiría la difusión de los impulsos creativos.

En definitiva, el fomento del arte y la cultura adquiriría una incuestio-nable relevancia estratégica, susten-tada en su papel reforzador en rela-ción con el capital humano, el entor-no medioambiental y el entorentor-no cog-nitivo y simbólico, elementos funda-mentales, como venimos señalando, en los procesos de crecimiento endó-geno (Pilotti 2003).

Detengámonos ahora en el otro elemento aludido. Nos referimos al ingente incremento de la información digitalizada en el escenario de la so-ciedad del conocimiento. Esta nueva realidad obliga a un cambio radical de actitud ante la información. Como señalan Lasuén y Aranzadi (2002, 165), el problema que plantea la

in-formación no es ya un problema de inteligencia convergente, es decir, de conocimiento objetivo, sino que se erige en un problema de conocimien-to divergente, con un alconocimien-to componente de creatividad.

3.2 Un esquema interpretativo de la relación entre cultura y acti-tud empresarial innovadora. A partir de los elementos concep-tuales arriba enunciados, podemos de-finir la empresarialidad pura como:

el despliegue de la capacidad crea-tiva de la persona sobre la reali-dad que la rodea. Estamos, en el fondo, manejando los mismos con-ceptos desde perspectivas cientí-ficas diversas: desde la Economía hablaríamos de empresarialidad e innovación, desde la Psicología de creatividad (Lasuén y Aranzadi 2002, 167-168).

Si volvemos al concepto de em-presarialidad y a su vínculo con la creatividad, debemos entender que la empresarialidad, en tanto que creati-vidad, no es un conocimiento objeti-vo y científico que pueda adquirirse en el mercado.5 Como hemos

apun-5. En todo caso, pueden verse modelos teóricos que incorporan el mercado de funciones empresaria-les a la hora de analizar las decisiones y óptimos de una empresa. Véase, por ejemplo, Gravelle y Rees 2004, cap.20.

(13)

tado anteriormente, no se trata de un problema de conocimiento conver-gente o formal. En ese contexto, la empresarialidad debe entenderse como la capacidad de proyectarse desde lo dado e imaginarse posibili-dades de ganancia. Saber qué y cómo hacer algo nuevo y útil (innovar) con la información existente. Naturalmen-te, este comportamiento económico se define en un mundo con informa-ción imperfecta.

La noción de empresarialidad se presenta como central para explicar las dificultades que algunos territo-rios tienen para desarrollarse. Al res-pecto, Lasuén y Aranzadi (2002, 17) afirman:

El obstáculo fundamental que hay que superar, para conseguir que el crecimiento económico que se ge-nera en el mundo económico se difunda, mediante la globaliza-ción, rápidamente, al menos desa-rrollado, de manera que se puedan reducir las diferencias de nivel de vida entre los dos, es la falta de empresarialidad en la mayor parte de los países del globo.

A partir de esta convicción, se tra-ta de rastrear los determinantes de la empresarialidad, pues la literatura, en sintonía con la cita anterior, viene re-forzando la idea de que el crecimien-to depende del número y de la

cali-dad –en cuanto a la naturaleza de las funciones que lleven a cabo– de los empresarios que una sociedad posea. En este apartado no pretendemos ofrecer una teoría completa acerca de los determinantes de la oferta de em-presarios. Nos interesa, a modo de incursión analítica, esbozar una hipó-tesis que vincule el arte, la creativi-dad y la empresarialicreativi-dad.

Lasuén y Aranzadi (2002, 19) se-ñalan a los artistas como anticipado-res de los cambios filosóficos, sien-do éstos, a su vez, anticipasien-dores de los cambios científicos y tecnológi-cos. En la misma línea apunta Verdú (2003, 142): «Los militantes de las vanguardias alardeaban de ver más allá, en consonancia con la posición encimada del artista. Veían aquello que los demás no podían ver y eran, desde todos los puntos de vista, pro-fetas». En definitiva, la creatividad que los artistas aportan a la sociedad favorece el que el resto de los indivi-duos adopten actitudes empresaria-les.6

A partir de la convicción arriba expuesta pueden extraerse dos

con-6. En consonancia con esta idea, una forma de ha-cer a una sociedad más creativa es fomentar el número de artistas. Un análisis muy sugerente sobre el tema, centrado en el apoyo a los artistas, es el de Abbing (2005).

(14)

clusiones con claras implicaciones de política. La primera sería la necesi-dad de potenciar la educación artísti-ca de toda la población, lo que ayu-daría a configurar una amplia deman-da de servicios artísticos, y contribui-ría, por ende, a mantener una oferta estable de éstos, al margen de un po-sible mecenazgo, ya sea de carácter público o privado. La segunda con-clusión, complementaria de la ante-rior y que más nos interesa ahora, nos llevaría a reclamar medidas que po-tencien la creatividad de la población en general.

El gráfico 1 puede servirnos de esquema para interpretar adecuada-mente lo que venimos argumentan-do. Es preciso indicar que el análisis que subyace en la gráfica se basa en los desarrollos de la psicología

cog-nitiva, que resultan de gran utilidad para lograr una mejor comprensión acerca del comportamiento de los in-dividuos, incluso si entendemos que éstos se encuentran envueltos en pro-blemas de naturaleza económica.

Como hemos señalado, Lasuén y Aranzadi (2002)7 han avanzado en el

estudio de la relación entre formación artística y creatividad. Frey (2005), por su parte, señala que la producción artística puede contribuir a una edu-cación más liberal y abierta y al pro-greso social de los participantes en la producción. Abunda en el hecho de que algunas experiencias artísticas de naturaleza experimental pueden con-tribuir al fomento de la innovación y a la adopción de actitudes más favo-rables al riesgo en los más diversos sectores de la sociedad.

7. Ver sobre todo la segunda parte titulada «La empresarialidad y el arte».

(15)

(causa suficiente) (condición necesaria)

FORMACIÓN ARTÍSTICA ENTRENAMIENTO EMOCIONAL ENTRENAMIENTO INTELECTUAL ENTRENAMIENTO INTELECTUAL CREENCIAS MOTIVACIÓN (Búsqueda del logro)

INTELIGENCIA (Episódica) ACTITUD CREATIVA CONDUCTAS PROPICIAS A LA EMPRESARIALIDAD Y LA INNOVACIÓN 4. FUNCIONES

EMPRESARIA-LES PRODUCTIVAS, IM-PRODUCTIVAS Y DES-TRUCTIVAS. IMPLICACIO-NES PARA EL CRECIMIEN-TO ECONÓMICO

Comencemos planteando como hipótesis de partida la formulada por Baumol y Batey (1993, 91):

Mientras la oferta total de empre-sarios varía de unas sociedades a otras, la contribución produc-tiva de las actividades

empresa-Gráfico 1. Formación artística, creatividad y empresarialidad.

Fuente: Elaboración propia a partir de Lasuén y Aranzadi (2002).

riales varía mucho más, a causa de su diferente asignación entre actividades productivas tales como la innovación y activida-des en gran parte improductivas tales como la especulación o el

crimen organizado.8

8. El País de Madrid (2005, 59) recoge una noticia con el siguiente titular: «Los casos de corrupción ponen en peligro el prestigio de la industria ale-mana». Según estimaciones de Schaupensteiner, coautor junto a Banenberg del libro «Corrupción en Alemania», la corrupción le cuesta a la econo-mía alemana unos 350.000 millones de euros anuales.

(16)

Así, no es la existencia de em-presarios, sino que éstos lleven a cabo funciones empresariales productivas lo que determinará el crecimiento. Se considerarán, por tanto, funciones em-presariales productivas las que contri-buyan al crecimiento económico, es decir, al aumento de la productivi-dad de los recursos, de la renta per cápita y, en general, al desplaza-miento hacia afuera de la frontera de posibilidades de producción (Torres Villanueva 1997, 65).

Las cuatro funciones empresa-riales que hemos analizado anterior-mente desde una perspectiva funcio-nalista, pueden calificarse de produc-tivas. En todo caso es difícil distin-guir nítidamente la frontera entre actividades productivas, improduc-tivas o destrucimproduc-tivas, puesto que los empresarios, al desarrollar su labor, llevan a cabo funciones de diverso tipo. El predominio de una de ellas puede ser el determinante del creci-miento (Torres Villanueva 1997, 64). Las funciones empresariales im-productivas serán las que busquen la obtención de beneficios, rentas o ven-tajas económicas en el ámbito de las acciones del Estado (regulación o re-distribución de la renta); también pue-den utilizarse los requisitos legales, incluso la infracción de la legisla-ción vigente (Torres Villanueva 1997, 68). Las teorías de la Elección

Pública estudian estas funciones bajo la definición de actividades de búsque-da de rentas. En definitiva, se trata de la utilización del sector público por los grupos de presión para crear y dis-tribuir rentas al margen del mercado (García Viñuela, 1995). Naturalmen-te, entendemos que el mercado no es un mecanismo de asignación infalible, y al plantear sus fallos –externalida-des negativas por ejemplo– nos en-contraremos con funciones empresa-riales destructivas. Las consecuencias de las funciones empresariales impro-ductivas afectan a la equidad, la eficien-cia y la legitimidad de las instituciones políticas. La búsqueda de rentas pue-de llegar incluso a transitar el cam-po de la corrupción. Puesto que los agentes económicos públicos tratarán de maximizar su función de utilidad, la corrupción podrá darse si la utili-dad del gestor público excede a la de-sutilidad esperada del castigo (García Viñuela 1995). Junto a los fallos del mercado, se plantea el concepto de fallos políticos, cuando la actividad política o la de los empleados públi-cos se ve influida por objetivos dis-tintos a los propios del Estado: co-rrección de fallos del mercado y fa-vorecimiento del interés general. En opinión de Tanzi (1995), la existencia de relaciones estrechas en una socie-dad y el desempeño por parte del Es-tado de un papel muy activo en la

(17)

eco-nomía, son circunstancias que favo-recen la corrupción.9

El análisis de las funciones em-presariales destructivas debe relacio-narse, como dijimos anteriormente, con las externalidades negativas. Pen-semos, por ejemplo, en la introduc-ción de innovaciones en la industria química. Junto a los innegables be-neficios sociales de estas innovacio-nes, pueden producirse fenómenos claramente perjudiciales para el en-torno medioambiental y las condicio-nes de vida. La destrucción de recur-sos sería el efecto determinante para nuestro análisis. Es evidente que la acción de los empresarios está moti-vada por los rendimientos espera-dos de su inversión y no por los be-neficios o perjuicios externos que puedan generarse. En todo caso, su acción está en consonancia con la definición y garantía de una deter-minada estructura de los derechos de propiedad sobre el uso de los re-cursos productivos. Una mala defi-nición o garantía de los derechos de

propiedad propiciará la aparición de actividades económicas con efectos destructivos (Torres Villanueva 1997, 65-66).

5. MARCO INSTITUCIONAL,

FUNCIONES EMPRESA-RIALES Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

Volvamos a Baumol y Batey y partamos de nuevo de una hipótesis planteada por ellos (1993, 98):

Uno de los principales determinan-tes del comportamiento empresarial en cualquier circunstancia son las reglas imperantes del juego que rigen los beneficios relativos de cada actividad empresarial.

Entendemos por reglas del juego imperantes, al marco institucional en el que se desarrolla la actividad em-presarial y vamos, pues, a esbozar los elementos esenciales del mismo. 5.1 Una aproximación a los

ele-mentos del marco institucio-nal

Cuando los agentes económicos toman sus decisiones se encuentran con un sistema que viene configura-do por configura-dos importantes restricciones: la tecnología y el conjunto o estructu-ra de los derechos de propiedad (Gestructu-ra- (Gra-velle y Rees 2004, cap. 1).

9. Resulta curioso, no obstante, el papel que la co-rrupción pudo llegar a representar en entornos de economía planificada. Pejovich (1989) piensa que en la economía soviética la corrupción fue un po-deroso y tal vez necesario instrumento para la rrección de los errores que los planificadores co-metían. En Hierro Recio (1996) puede verse una síntesis de los elementos que debería integrar una estrategia anticorrupción.

(18)

Aunque el stock de conocimien-to científico útil en cada momenconocimien-to debe considerarse como integrante de las reglas del juego, nosotros vamos a centrar la atención en la estructura de los derechos de propiedad, es de-cir, en su definición y garantía. Pode-mos asumir la definición que propo-ne Eggertsson (1995, 4):

Derechos que tienen los individuos para utilizar los recursos: un siste-ma de derechos de propiedad es un método mediante el cual se confie-re a los individuos la potestad de se-leccionar, para bienes específicos, cualquier uso entre todo un conjun-to de usos posibles no prohibidos» (Alchian 1965, citado por Eggerts-son 1995, 41).

El concepto de derechos de pro-piedad propuesto, vinculado a la Eco-nomía Neoinstitucional, es más am-plio que el concepto jurídico de de-rechos de propiedad, puesto que se incluyen también reglas sociales.

Este concepto de reglas de jue-go ha sido definido por North (1993, citado por Torres Villanueva 1997, 72) como:

las instituciones de una sociedad, esto es, limitaciones ideadas por el hombre para dar forma a la inte-racción humana o elementos que definen y limitan el conjunto de elecciones de los individuos. En

consecuencia, estructuran incenti-vos en el intercambio humano, sea político, social o económico.

La estabilidad de las institucio-nes dependerá de la percepción que tengan los agentes, especialmente los empresarios, de las ventajas o incon-venientes de las mismas. En definiti-va, este cambio institucional acumu-lativo no siempre conducirá a situa-ciones mejores desde el punto de vis-ta de la eficiencia, ya que como he-mos visto, la dirección del cambio dependerá de la percepción subjetiva de los agentes que lo impulsen.

Un concepto de gran trascenden-cia en la definición del marco institu-cional es el de coste de transacción. Según Eggertsson (1995, 25) «el coste de realizar transacciones hace que sea primordial la asignación de derechos de propiedad, introduce la cuestión de la organización económica y hace que la estructura de las instituciones po-líticas sea clave para la comprensión del crecimiento económico». Eggertsson cita una definición de Ma-tthews (1986) según la cual «la idea fundamental de los costes de transac-ción es que son los costes derivados de la suscripción de un contrato y de su control y cumplimiento ex post, al contrario de los costes de producción que son los costes de ejecución de un contrato» (Eggertsson 1995, 25).

(19)

Las instituciones tendrían como principal misión el proporcionar in-formación a los agentes y mitigar en lo posible los costes de transacción. El modelo institucional estaría inte-grado por un conjunto de convencio-nes informales, normas formales y procedimientos de cumplimiento obligatorio de las mismas. Las con-venciones informales son costumbres, códigos de conducta y normas de comportamiento que proceden de la cultura, y tienden a dar continuidad en el tiempo a las soluciones que se aplican a los problemas derivados del intercambio. Las normas formales pueden ser de carácter político, judi-cial, económico (caso de la delinea-ción de derechos de propiedad) o bien configurar contratos. Al plantear el fe-nómeno de la corrupción se puso de manifiesto que puede resultar intere-sante destinar recursos a la alteración, en beneficio propio, de estas normas formales. Por último, se han señala-do los procedimientos de cumpli-miento obligatorio de las normas como un tercer elemento del modelo institucional. Este elemento viene de-terminado por la existencia de incen-tivos para incumplir las normas y con-tratos. El Estado asume normalmen-te esta compenormalmen-tencia, si bien, como ya se ha apuntado, no necesariamente con la imparcialidad requerida (To-rres Villanueva 1997, 73).

Una visión de las instituciones que se abre camino en el análisis eco-nómico es la evolucionista. Así, Nel-son (1995) considera que las institu-ciones son el resultado de un proce-so, relacionado con la evolución de los mercados y la estructura empre-sarial.10

5.2 Asignación de funciones em-presariales y marco institucio-nal

Llegados a este punto podemos estimar que los procesos de creci-miento están relacionados con la exis-tencia de funciones empresariales productivas; sin embargo, la aparición de este tipo de función empresarial no es natural, sino que viene deter-minada por el conjunto de incentivos o cortapisas que constituyan el mo-delo o marco institucional, también definido como «reglas del juego», que caractericen al sistema económi-co. Estas reglas del juego definen la estructura de las rentabilidades rela-tivas de las actividades empresaria-les y en función de ellas los emprerios tomarán sus decisiones. Como

sa-10. Pueden rastrearse los antecedentes de esta visión evolutiva de las instituciones en la obra de Bernard Mandeville. Hayek resaltaba de la obra de Mandeville «La explicación de las instituciones como procesos evolutivos lentos». Ver Martín (2002, cap. 17).

(20)

bemos, el objetivo de éstos es acre-centar su propia riqueza, poder o pres-tigio y no el de perjudicar o benefi-ciar deliberadamente a la sociedad (Baumol y Batey 1993, 97).

Tras una revisión histórica de marcos institucionales diversos (An-tigua Roma, China medieval, Alta Edad Media, Baja Edad Media, el Siglo XV y la temprana especula-ción...), Baumol y Batey (1993, 100-114) llegan a la conclusión de que «las reglas del juego pueden ejercer una influencia decisiva para determinar si las funciones empresariales se asig-narán de forma predominante a acti-vidades productivas, improductivas o, incluso, destructivas».

Al considerar los procesos de in-novación y difusión de los avances tecnológicos, la principal fuente de crecimiento, Baumol y Batey anali-zan la influencia de la asignación de las funciones empresariales entre pro-ductivas e impropro-ductivas, aunque re-conocen otras influencias, sobre es-tos procesos. Para ello vuelven a ba-sarse en la evidencia histórica, esta vez a partir de Roma y el Egipto he-lenístico, la China medieval, los años oscuros –año 814 hasta finales del Siglo X, la Baja Edad Media (siglos XI–XIII) y la Revolución Industrial (Baumol y Batey 1997, 115-122). La evidencia histórica confirma, para el caso de los procesos de innovación,

la importancia de la asignación de funciones productivas.

En este sentido, el retraso tecno-lógico de los países de economía pla-nificada y su dificultad para lograr una rápida introducción y difusión de in-novaciones, se ha achacado a facto-res de tipo institucional, relacionados en su mayor parte con el conjunto de derechos de propiedad vigente en esos países. Como una condición necesa-ria para mitigar esta brecha tecnoló-gica, se propuso una reforma de la es-tructura de los derechos de propiedad, que debe incorporarse al proceso ge-neral de reformas en esos países (Pe-jovich 1989; Schroeder 1989).

Pero el marco institucional de las economías de mercado permite, e in-cluso favorece la aparición de funcio-nes empresariales improductivas. La especulación, a través de actividades como pleitos o absorciones para li-mitar la competencia, ha consumido grandes recursos económicos y enor-mes esfuerzos personales por parte de los directivos de grandes empresas. Naturalmente, las recompensas esta-ban a la altura de los esfuerzos «im-productivos» realizados (Baumol y Batey 1993, 122).

La estructura del sistema impo-sitivo es también determinante en la asignación de funciones empresaria-les. La evidencia muestra la dificul-tad para obtener altas recompensas en

(21)

un sistema normal de producción con elevados tipos en el impuesto de so-ciedades. Este hecho propiciaría de-dicar esfuerzos y recursos a paliar el impacto del impuesto o incluso a de-fraudar.11

5.3 Cambios en el marco institucio-nal, asignación de funciones empresariales y crecimiento. Un apunte

La hipótesis central sobre la que se ha discutido en el presente trabajo es la formulada por Baumol y Batey (1993, 92) cuando planteaban que:

Es el conjunto de reglas y no la oferta de empresarios o la natura-leza de sus objetivos lo que expe-rimenta cambios significativos de un período a otro y contribuye a dictar el efecto esencial sobre la economía por la vía de la asigna-ción de los recursos empresaria-les.

El análisis de la evidencia histó-rica a la que hemos aludido anterior-mente nos confirma con bastante én-fasis que «las reglas del juego que determinan los rendimientos relativos de las diferentes actividades

empre-sariales varían de forma esencial, se-gún el tiempo y el lugar» (Baumol y Batey 1993, 99).

Asimismo, esta evidencia histó-rica nos sugiere con fuerza que «el comportamiento empresarial varía de una economía a otra, en función de las variaciones en las reglas del jue-go» (Baumol y Batey 1993, 99).

Puede admitirse una cierta esta-bilidad, con los matices que se quie-ra, en la definición de los objetivos empresariales. Por tanto, ceteris pa-ribus los objetivos empresariales, la asignación hacia funciones empresa-riales productivas vendrá determina-da por las «reglas del juego» impe-rantes. A partir de aquí se puede con-cluir que si se plantea como objetivo social –susceptible de una acción po-lítica– la reasignación del esfuerzo empresarial hacia acciones producti-vas, esto se puede conseguir con ma-yor facilidad mediante cambios en las reglas del juego, determinantes de las recompensas relativas, y no tratando de modificar el orden de preferencias de los empresarios.

Baumol y Batey (1993, 125) con-sideran que es fácil pensar en medi-das que puedan cambiar el marco

ins-11. Ver al respecto el número monográfico de la Re-vista Hacienda Pública Nº 1. 1994, sobre «El Fraude Fiscal en la Historia de España».

(22)

12. Baumol y Batey en la nota 14, p.136 hacen una reflexión interesante sobre el papel del economis-ta en una propueseconomis-ta de cambio de valores sociales que acabaría por provocar cambios en las reglas del juego.

titucional –reglas del juego– de for-ma rápida y profunda.12

Los dos ejemplos propuestos por Baumol y Batey apoyan la afirmación anterior y abren una muy interesante vía de investigación al respecto. El primero de ellos alude a la redefini-ción de la legislaredefini-ción de defensa de la competencia con vistas a evitar pro-cesos legales muy costosos para pre-servar o crear posiciones de dominio en el mercado. En este contexto ca-bría hablar también de los procesos de liberalización de mercados y la apertura a la competencia de merca-dos tradicionalmente al abrigo de ella. El segundo ejemplo se centra en los impuestos como instrumentos ca-paces de reorientar los esfuerzos em-presariales. Plantean un cambio im-positivo que desincentive los proce-sos especulativos. Se trataría de esta-blecer el impuesto sobre los benefi-cios de capital de forma progresiva, penalizando a los activos que se man-tienen por períodos cortos. A medida que aumenta el período de

manteni-miento del activo, se reduciría el tipo impositivo (Baumol y Batey 1993, 126).

6. CONCLUSIONES

Las ideas expuestas en este tra-bajo son tan sólo un esbozo que ha-brá que madurar para ser integradas, con las debidas garantías científicas, en un modelo, dinámico y en clave evolutiva, explicativo del crecimien-to económico.

La línea argumental es clara. El desarrollo económico tiene un deter-minante fundamental en los procesos innovadores (tecnológicos o no). La existencia de estos procesos de inno-vación depende de que las funciones empresariales sean asignadas hacia las de naturaleza productiva. Esta asignación de actividades empresaria-les hacia las productivas estará en fun-ción del marco institucional imperan-te, pues éste definirá la estructura de recompensas relativas a percibir por los empresarios (Ver gráfico 2).

(23)

Fuente: Elaboración propia.

Por lo tanto, si consideramos es-tables los órdenes de preferencias de los empresarios –no se propone un cambio de valores13– la modificación

del marco institucional mediante la acción política, podría tener efectos beneficiosos para el crecimiento a tra-vés de funciones empresariales inno-vadoras de naturaleza productiva.

Concluyamos con Baumol y Ba-tey (1993, 128):

Gráfico 2. Marco institucional, funciones empresariales y crecimiento económico.

No tenemos que esperar paciente-mente a que, a través de un lento cambio natural, se encuentren medidas para reencauzar el flujo de la actividad empresarial hacia objetivos más productivos... pue-den cambiarse las reglas de tal for-ma que ayuden a contrarrestar in-fluencias institucionales indesea-bles o a reforzar influencias que actúen en direcciones beneficio-sas.14

13. Véase, no obstante, lo expuesto en el apartado 3, relativo a la influencia sobre los valores sociales de la formación artística y de una adecuada polí-tica cultural.

14. El planteamiento de Baumol y Batey hundiría sus raíces en la corriente de pensamiento constructi-vista; según esta corriente las instituciones son producto de la acción deliberada de los individuos. Puede observarse una cierta contradicción con las corrientes evolucionistas. Sobre el constructivismo y sus raíces ver Martín, J. (2002, cap. 8).

INDIVIDUOS EMPRESARIOS OFERTA DE

ASIGNACIÓN DE FUNCIONES PRODUCTIVAS CRECIMIENTO ECONÓMICO FORMACIÓN MERCADO ESTADO MARCO INSTITUCIONAL (Reglas del juego) Estructura relativa de incentivos/cortapisas

(24)

7. REFERENCIAS

Abbing, H. (2005). «El apoyo a los ar-tistas». En Towse (2005), pp. 59-64. Alchian, A.A. (1965). Some Economics of property Rights. Il Politico, No 30, pp. 816-829. Reprinted in A.A. Alchian (Ed) (1977), Economic For-ces at Work. Indianapolis, IN: Liber-ty Fund, pp. 127-149

Baumol, W. y Batey Blackman, S.A. (1993). Mercados perfectos y vir-tud natural. La ética en los nego-cios y la mano invisible. Colegio de Economistas de Madrid. Celeste ediciones.

El País –Madrid- (2005). «Los casos de corrupción ponen en peligro el prestigio de la industria alemana». Agosto 8. p.59.

Eggertson, T. (1995). El comportamiento económico y las instituciones. Ma-drid: Alianza editorial.

Frey, B. (2005). «El apoyo público a las artes». En Towse (2005), pp. 71-85. García Viñuela, E. (1995). «Búsqueda de rentas a través del sector públi-co». Hacienda pública española, No. 133. pp. 107-114.

Gravelle, H. y Rees, R. (2004). Mi-croeconomics. 3ª edición. Prentice Hall.

Hacienda pública española. (1994). «El fraude fiscal en la historia de Espa-ña». Monografías. No. 1. Instituto de Estudios Fiscales.

Hierro Recio, L.A. (1996). «Notas para el diseño de las estrategias antico-rrupción». Ponencia presentada al

Tercer encuentro de economía pú-blica. Sevilla. Departamento de Teoría Económica y Economía Po-lítica. Universidad de Sevilla. Es-paña.

Kirzner, I.M. (1998). Competencia y em-presarialidad. 2ª edición. Madrid: Unión Editorial.

Lasuén, J.R. y Aranzadi, J. (2002). El crecimiento económico y las artes. Madrid. Fundación Autor.

López García, S. (1997). «De explora-ción con Schumpeter». En López García, S. y Valdaliso, J.M. (Eds.) (1997).

López García, S. y Valdaliso, J.M. (eds.) (1997) ¿Que inventen ellos? Tecno-logía, empresa y cambio económi-co en la España económi-contemporánea. Madrid: Alianza Universidad. Martín Martín, V. (2002). El

liberalis-mo económico. Madrid: Editorial Síntesis.

Nelson, R. R. (1995). «Recent Evolutio-nary Theorizing About Economic Change». Journal of Economic Li-terature. Vol. XXXIII. Marzo, pp. 48-90.

O´Kean, J.M. (1989). «Aportaciones a la teoría económica de la función empresarial». Boletín de estudios económicos. No. 136. Abril. pp. 127-149.

O´Kean J.M. (1991). Empresario y en-torno económico. Bilbao: Deusto. Palma Martos, L. (1996). «Eficiencia

técnica y eficiencia institucional: instrumentos para un análisis com-parativo de entornos económicos».

(25)

Ponencia presentada en el Tercer encuentro de economía pública. Departamento de Teoría Económi-ca y Economía PolítiEconómi-ca. Universi-dad de Sevilla.

Pejovich, S. (1989). «Liberty, Property Rights and Innovation in Eastern Europe» Cato Journal. Vol. 9. No. 1. Spring-Summer, pp. 57-71. Pilotti, L. (2003). «Líneas ecológicas de

las relaciones entre territorio y ges-tión de la cultura, entre creatividad y lugares de arte». Cuadernos de economía de la cultura, No. 2. Ju-lio-diciembre, pp. 29-62.

Schroeder, G.E. (1989). «The Implemen-tation and Intergration of Innovation in Soviet Type Economies». Cato Journal, Vol. 9. No. 1, Spring-Sum-mer, pp. 35-55.

Schumpeter, J.A. (1976). La teoría del desenvolvimiento económico. Méxi-co: Fondo de Cultura Económica.

Schumpeter, J.A (1984). Capitalismo, socialismo y democracia. Barcelo-na: Folio.

Servan-Schreiber, J.L. (1991). El oficio de empresario. Barcelona: Emece. Tanzi, V. (1995). «Corrupción, sector

público y mercados». Información Comercial Española. No. 741, pp. 9-23.

Torres Villanueva, E. (1997). «Funcio-nes empresariales y desarrollo eco-nómico». En López García, S. y Val-daliso, J. M. (eds.) (1997). pp. 53-83.

Towse, R. (2005). Manual de economía de la cultura. Madrid: Fundación autor.

Verdú, V. (2003). El estímulo del mun-do. La vida en el capitalismo de fic-ción. Barcelona: Anagrama. Crea-ción argumentos.

Referencias

Documento similar

La dinámica del desarrollo estabilizador y sus consecuencias sociales (1955-1970) Objetivo específico: Estudiar el modelo de crecimiento económico conocido como Desarrollo

Con el enfoque del PNUD, ya no son los grandes indicadores del desarrollo (PNB y PIB) los elementos centrales para ubicar el nivel de crecimiento económico de

El presente artículo tiene como objetivo analizar la deuda que tiene el Ecuador con China y el efecto en el crecimiento económico del país en los periodos 2007 – 2019, para lo cual

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía ( INEGI ) publicó sus estimaciones del crecimiento del PIB de México con cifras desestacionalizadas en el tercer trimestre de

Cuando se utiliza esta clasificación «inequívoca» en una estimación estándar de los determinantes del crecimiento económico, los resultados muestran la ausencia de relación entre

Con progreso tecnico que ahorre a la vez tierra y trabajo y con un salario real dado expresado en alirnentos (o bienes primarios) el crecimiento econ6mico no s610

Este aspecto va a ser clave en la conformación de la estrategia de crecimiento económico aplicada durante la próxima década, optando los países latinoamericanos por el desarrollo y

Además, la proporción existente entre el área clara y la rayada de la figura (40/80 ó 1/2), expresa la relación entre el output de bienes de consumo y el de bienes de capital..