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LLAMADOS A PRODUCIR FRUTO. Seamos buena tierra

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Academic year: 2022

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LLAMADOS A PRODUCIR FRUTO Seamos buena tierra

“Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.

Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno”.

Mateo 13:1-8

Jesús enseñó abundantemente sobre la necesidad de dar fruto. Se supone que nosotros debemos ser fructíferos y producir frutos que honren al Señor.

En el libro de Juan capítulo 15, verso 16 dice así:

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto”.

En la parábola del sembrador, nuestro Señor Jesús menciona la semilla que cae en diferentes tipos de tierra. Una de ellas es el la que fue sembrada junto al camino.

En el capítulo 13 de Mateo, verso 18 y 19 les explica la parábola y les dice:

“Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

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Cuando usted y yo recibimos la semilla, la Palabra de Dios, debemos esforzarnos por todos los medios para entender. Cuando uno estudia, cualquiera que sea la materia, no siempre se entiende a la primera, entonces se repasa varias veces para lograr entender. Los discípulos eran duros para entender, igual que nosotros. De manera que si queremos ser buena tierra, que produzca fruto, debemos prestar atención y entender porque el malo, satanás, va a querer distorsionar la Palabra para que no la entendamos, o nos va a querer distraer. No permita distracciones cuando está escuchando la Palabra del Señor. No permita que el enemigo le robe la semilla.

Si todos llegásemos a entender bien la Palabra, todos seríamos fructíferos.

Otro tipo de tierra es la que está en pedregales. En el verso 20 y 21 Jesús explica otro tipo de tierra y les dice:

“Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza”.

Jesús nos dijo que en el mundo tendríamos aflicción, pero que debíamos confiar. Quiero decirles que la vida cristiana no está exenta de persecuciones. Es parte del desarrollo de nuestra vida cristiana. Si no pasamos por crisis no conoceremos el poder del Señor y su grandeza glorificándose en cada situación.

No siempre cuando uno nace de nuevo va a recibir alabanzas, porque el infierno se desata, pero Dios siempre tiene algo mayor para nosotros.

Además, en las pruebas se descubre el corazón de cada creyente, como ese hermano que, camino a la iglesia, le chocan su auto y dice: Pero

¿cómo me pasa esto si venía a la casa del Señor?, sin embargo, Dios es poderoso para darle un nuevo auto y con la situación vivida probar el corazón del hermano, a ver si ama más el auto que al Señor.

Otro tipo de tierra es la que tiene espinos, como lo dice el verso 7.

“Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.”

Jesús dijo aquí mismo en Mateo, en el capítulo 6, verso 25: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo,

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que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta”.

¡Esta es la esencia del evangelio! Por eso que Jesús dice, cuando la semilla fue sembrada en buena tierra produce fruto, pero cuando fue sembrada junto al camino, no crece, y cuando cae entre espinos se ahoga.

Jesús sigue diciendo en Mateo 6, versos 28 al 32.

“Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió, así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Nuestro padre conoce todas nuestras necesidades, por lo tanto, no debemos permitir que los afanes, preocupaciones, ansiedades y tribulaciones ahoguen la Palabra. ¿Sabe qué es lo que está ahogando la Palabra ahora? Es la epidemia. El Salmo 91, el Salmo 23 y toda la escritura nos fue dada para alimentar nuestra fe, pero como oímos y no entendemos que realmente Dios alimenta las aves y viste las flores, nos preocupamos por las necesidades básicas que podemos tener en este tiempo de pandemia y ponemos nuestra esperanza en la ayuda del gobierno o en nuestros empleadores.

En el verso 33 de Mateo 6 dice:

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Primero el reino de Dios y todo lo demás, vestimenta, salud, trabajo, nos será añadido.

En el verso 34 dice:

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

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Si Jesús nos advirtió acerca de la ansiedad, debemos creer en Su Palabra, él es nuestro ayudador, sustentador. No permitamos que el enemigo nos robe la semilla. Y tampoco que nuestras ansiedades ahoguen la Palabra de Dios.

En el verso 23 de Mateo 13 dice nos habla de la buena tierra.

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno”.

Debemos pedir al Espíritu Santo que nos ayude a comprender la Palabra.

Cada mensaje de la escritura contiene una verdad y cuando uno entiende esa verdad, por ejemplo, la verdad del perdón, esa verdad le hace libre.

Libre del rencor, del enojo, de la amargura. Así lo dice Juan 8:32. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Lo mismo pasa con las deudas. Cuando yo comprendo que debo ofrendar y diezmar, de acuerdo a esta Palabra de Dios, entonces entiendo que no dependo de mi salario, sino del Dios proveedor. Dios no está interesado en mi dinero, sino en ser mi proveedor.

Si todo creyente comprendiera cabalmente lo que significa el diezmo y la ofrenda, no tendrían escasez.

Otra verdad para fructificar, es que cuando nacemos de nuevo, recibimos dones. Dios quiere que no dependamos de nuestras capacidades naturales, sino de los dones que Dios nos ha dado. Somos dependientes de Él.

Para llegar a dar fruto debemos superar los obstáculos, superar los afanes, las ansiedades. En el libro de Filipenses 4:6, el apóstol Pablo dice:

“por nada estéis afanosos, sino sean conocidas nuestras peticiones”.

No sacamos nada con decirle a los nuestros nuestras preocupaciones, debemos orar al Señor, de él viene la respuesta. Si oramos, podemos descansar en él y aprender a descansar en él.

Otro ejemplo de verdad, es la verdad de la sanidad. Si entendemos esta verdad, sabemos que ya hemos sido sanados.

La Palabra de Dios se cumple en nuestras vidas, es una semilla poderosa, pero necesitamos ser buena tierra. Termino con este hermoso pasaje de la escritura en Isaías 55:10-11.

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“…como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

Diga conmigo: ¡Gracias Señor! Soy buena tierra y daré fruto al treinta, sesenta y ciento por uno. Soy un hijo bendecido para bendecir.

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