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Los derechos humanos y el poder ejecutivo federal en México

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Academic year: 2022

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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE DERECHO

TESIS DOCTORAL

MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR

Rosa Edith Díaz Ramón

DIRECTOR:

María José Falcón y Tella

Madrid, 2015

© Rosa Edith Díaz Ramón, 2007

Los derechos humanos y el poder ejecutivo federal en México

Departamento de Filosofía

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UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

FACULTAD DE DERECHO, DEPARTAMENTO DE FILOSOFIA

UNjyERSIDAD COMPLUTENSE

5 3 2 9 5 6 1 7 7 7 ...

TESIS

P a ra o b te n e r el g ra d o d e DOCTOR EN DERECHO

««LOS DERECHOS HUMANOS Y EL RODER EJECUTIVO FEDERAL EN MÉXICO”.

P r é s e n ta

ROSA EDITH DIAZ RAMON

DIRECTORA DE TESIS: DRA. MARIA JO S E FALCON Y TELLA

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Antes que nada quiero dar las Gracias a ese ser superior que me acompafia en este largo caminar de la Vida, quien me ayuda a lograr cada una de mis metas y me regala la felicidad. “MI DIOS”

Gracias a mis dos grandes amores: Héctor quien decidiô compartir su vida conmigo y me ha ensefiado que en esta vida todo es posible, con su optimisme y amor me alienta a ser mejor cada dia, a ti Gracias per comenzar este viaje de la vida juntos y estar présente en une mas de mis triunfos profesionales y a Héctor Adriân, mi hijo, quien me ensefta la grandeza de la vida y es la razôn de mi fiierza en este largo camino. Os amo infinitamente.

Y por supuesto a mi amada familia a la que le debo tanto, a ustedes mi corazôn. A mis padres por darme la esperanza de vida y el amor suficiente para crecer. Gracias a mi madré por ensefiarme a ser diferente, ser valiente y tenaz, ser como ella es.

Y a mis Queridos Hermanos Toflo, Jorge, Armando, Lupita y Pablo a los que confiaron en mi y aun con obstâculos siempre fueron mi apoyo en los momentos dificiles y mis aliados en los buenos momentos, a cada uno de ustedes no sabrla darles las gracias por separado pues siempre hemos sido uno.

Y claro esta el agradecer infinitamente a mi Directora de Tesis quien me ayudo en la realizaciôn de este trabajo de manera extraordinaria y desinteresada apoyândome y compartiendo conmigo su experiencia profesional y sobre todo su paciencia.

Muchas Gracias Dra. Maria José Falcon y Telia

Y también, a mis amigas los que han estado conmigo cerca y lejos pero siempre juntas. Gracias.

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I N D I C E

INTRODUCCION

CAPITULO !.. ANTECEDENTES HISTORICOS DE LOS DERECHOS

HUMANOS. 8

1.1 GENERALIDADES 17

1.2 EN ROMA 20

1.3 EN ESPANA 21

1.4 EN FRANCIA 31

1.5 EN ESTADOS UNIDOS DE AMERICA 39

1.6 EN INGLATERRA 45

1.7 EN SUECIA 51

1.8 EN MEXICO 53

CAPITULO IL- LAS GARANTIAS INDIVUDUALES Y LOS

DERECHOS HUMANOS 70

2.1 GARANTIAS INDIVIDUALES 81

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2.2 DERECHOS HUMANOS 195

CAPITULO III.- EL PODER LEGISLATIVO Y LOS DERECHOS

HUMANOS 231

3.1 EL PODER CONSTITUYENTE 243

3.2 EL CONGRESO DE LA UNION 261

3.3 LEYES REGLAMENTARIAS DE LA CONSTITUClÔN 286

CAPITULO IV -E L PODER EJECUTIVO Y LOS DERECHOS HUMANOS

4.1 DEPENDENCIAS DEL PODER EJECUTIVO QUE TIENEN ATRIBUCIONES DIRECTAS EN MATERIA DE DERECHOS

HUMANOS 289

4.1.1 PROCURADURIA GENERAL DE LA REPUBLICA 320 4.1.2 LA SECRETARIA DE GOBERNAClÔN 342 4.1.3 LA SECRETARIA DE LA FUNClÔN PÛBLICA 351 4.1.4 LA PROCURADURIA GENERAL DE JUSTICIA DEL DISTRITO

FEDERAL 374

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CAPITULO V.- EL PODER JUDICIAL FEDERAL Y LOS DERECHOS

HUMANOS 387

5.1 LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACION 392 5.2 LOS TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO 404 5.3 LOS TRIBUNALES UNITARIOS 409 5.4 LOS JUZGADOS DE DISTRITO 411 5.5 PROCEDENCIA DEL JUICIO DE GARANTIAS 415

CAPITULO VI.- LA COMICION NACIONAL DE LOS DERECHOS

HUMANOS 444

6.1 CREACION 497

6.2 NATURALEZA JURÎDICA 511

6.3 ATRIBUCIONES Y FACULTADES 528

6.4 COMPETENCIA 541

6.5 LIMITACIONES 548

6.6 LA COMISIÔN DE DERECHOS HUMANOS DEL DF Y DE LOS

ESTADOS 560

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CAPITULO VIL- EL EFECTO DE LAS RECOMENDACIONES DE LA COMISION NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS 588

CONCLUSIONES 615

PROPUESTAS 630

BIBLIOGRAFIA 633

HEMEROGRAFIA 645

PAGINAS WEB 650

LEGISLACION 650

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INTRODUCCION

H ace ya varios siglos q u e la preocupaciôn por la tutela d e los D erechos H um anos va creciendo en ca d a una d e las so cied ad es del planeta, au n q u e podem os a se v e rar q u e en pocos p a ise s s e resguardan los D erechos H um anos. C oncientes de e s te problem a quisim os entrar al estudio d e la tutela d e los D erechos H um anos en México por parte del P oder Ejecutivo Federal (y Estatal en algunos caso s), ya que como bien sa b e m o s e s e s te poder el q u e s e e n carg a d e ejecutar las leyes, creando las instituciones que para esto requiera.

P ero para poder entrar d e lleno en los resguardos d e los D erechos H um anos en México, ten em o s q u e dar un recorrido por la Historia d e esto s, d e s d e la Edad medieval h a sta los a n te c e d e n te s esp an o les, ingleses, F ra n c e se s y todo aquello que nos s e a d e utilidad para e s te trabajo.

Sin olvidar c a d a una d e las m anifestaciones d e d erech o s H um anos q u e ya d e sd e h ace siglos s e vienen dando y h a sta h ace poco s e les dio el nom bre d e D erechos Hum anos, llegando a lo que e s la Comisiôn Nacional de D erechos H um anos en México, su creaciôn fundam ento s u s aportaciones, a la sociedad m exicana que e s ta tan urgida d e justicia, p u es no d e b e m o s olvidar q u e México desgraciad am en te e s uno m as d e los p a ise s d e América latina donde s e goza d e impunidad en actos criminales y d e barbarie sin olvidar la corrupciôn q u e e s un

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germ en q u e a ta c a al buen funcionamiento d e las instituciones y m erm a la econom ia del e s ta d o y su dignidad moral.

Asi pues, c o n sien tes del terreno que pisam os en tra rem os al estudio d e las atribuciones por parte del poder Ejecutivo Federal y d e la im portante funciôn que tiene la Comisiôn Nacional d e D erechos H um anos en México quien h asta ahora em ite reco m en d acio n es a las instituciones q u e violan los d e re c h o s d e los particulares, en co n trarem o s s u s fundam entos légales y s u s desacierto s.

Sin m as preàm bulo y con ayuda de m uchos estu d io so s y d e s ta c a d o s juristas en la m ateria q u e sirvieron com o guia en e s te trabajo co m enzam os e s te trabajo.

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CAPITULO PRIMERO

ANTECEDENTES HISTORICOS DE LOS DERECHOS HUMANOS

Los D erechos H um anos han tenido av a n c e s significatives en los ûltimos ahos. S e exigen c a d a vez m a s por los a v a n c e s d e las so c ie d a d e s y d e la sociedad m exicana q u e pide s e resp eten su s d erech o s en la dem ocracia q u e vive hoy México. S a b e d o res d e an te m ano d e las violaciones d e D erechos H um anos que existen en México y en m uchos lugares del mundo. S e ha p u esto m ayor énfasis en su protecciôn por el E stado, quien tiene el d e b e r y la fortaleza d e salvaguardar Los d e rech o s F ondam entales para el buen vivir y la convivencia arm oniosa d e la sociedad.

D esde la antigüedad, particularm ente la ed ad media, fue una ép o ca en la que s e instituyeron los d e re c h o s estam en tales, propios no d e los hom bres sin m as, sino d e los ordenes, d e los e sta m e n to s en q u e s e configuraba y estructuraba la sociedad^ (grupo d e s e re s hum anos entre los cu ales existe la igualdad o sem ejan za d e convicciones, en el) En la Corona d e A ragon cad a uno d e los cuatro e sta d o s q u e concurrian a las certes: el eclesiastico, la nobleza, los caballeros y el d e las universidades.

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De los d e re c h o s H um anos em pezô a hablarse en tanto los vinculos esta m e n ta le s s e debilitaron, e s decir perdieron poder, y a m edida q u e s e consolide el estad o m oderne. En s u s o rig e n es surgieron trente a périodes d e intolerancia grupos minoritarios, com o los calvinistas fra n c e se s (hugonotes), q u e fueron perseguidos, reclam aron la tolerancia y la libertad de conciencia al co m p as d e las guerras de religion. Surgieron, en sintesis, d e convulsiones colectivas.

Los d erech o s hum anos no implican una tension en tre particulares ni entre el ciudadano y el estad o , implican el reconocim iento del s e r h um ane en su esencia, dotado de dignidad y razonam iento, por elle s e dice q u e tienen un planteam iento inspirador filosôfico, asi com o u n a s garan tias dificiles d e aplicar cuando no son ilusorias.

S e plasm an, m as adelante, e n declaraciones d e d erech o s, q u e propician el transite d e los d erech o s hum anos a los d erech o s fondam entales, dotados de garantias, so b re todo a partir d e fines del siglo XVIII con la Declaraciôn d e los d erech o s d e Virginia y la Declaraciôn d e Independencia d e los E stad o s Unidos de Norte América en el ah o d e 1776, y la Declaraciôn d e los D erechos del Hombre y del C iudadano d e la Revoluciôn F ran cesa d e 1789, s e h ab ia visto la conveniencia d e reconocer y protéger e s o s m ism os derechos. C ad a una d e e s ta s declaraciones con su propia importancia y con aportaciones significatives para los D erechos Humanos.

' PALOMAR de Miguel Juan, Diccionario Jurldico para Juristas, Mayo Ediciones S. de R.L., México 1981.

P. 554

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Pero fue h a sta d e s p u e s d e la se g u n d a guerra mundial, cu an d o s e com prendio por primera vez la n ecesid ad d e formuler por parte d e todos los gobiernos, una proclam acion a nivel universal d e los m ism os d erech o s com o a p a re c e en el Texto de la C arta d e la O rganizaciôn d e las N aciones U nidas (ONU), en la cual s e declarô q u e los pueblos d e los e sta d o s m iem bros d e las N aciones Unidas e sta b an resueltos “ a reafirmar la fe en los d erech o s fondam entales del hombre, en la dignidad y el valor d e la p e rso n a hum ana, en la igualdad d e los d erech o s d e H om bres y m ujeres”, y s e incluyo dentro d e los fines d e la m ism a organizaciôn, promover el “resp eto universal a los D erechos H um anos y a las libertades fondam entales d e todos, sin h a c e r distinciôn por motivos d e raza, sexo, idioma o religiôn y la efectividad d e ta le s d erech o s y libertades”, com prom etiéndose todos los e sta d o s m iem bros a tom ar las m edidas pertinentes en orden a la relaciôn d e tales propôsitos.

Los d erech o s hum anos s e establecieron en el d erech o internacional a partir de la Il guerra mundial y, tra s su conclusiôn, s e elaboraron num erosos docum entes destinados a enum erarlos, propiciar su protecciôn, declarer su importancia y la necesidad d e respetarlos. En primer lugar hay q u e citar la Declaraciôn Universal d e D erechos H um anos, ap ro b ad a por las n aciones unidas el 10 d e diciembre de 1948, que distingue entre d erech o s relatives a la existencia m ism a d e la p ersona y los relatives a su protecciôn y seguridad, a la vida politica, social y juridica d e la misma, y los d e re c h o s d e contenido econôm ico y social. Son asi mismo relevantes: La D eclaraciôn d e D erechos del Nino, firmada el 20 d e noviembre de

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1959; convenciôn so b re los d erech o s politicos d e la Mujer suscrita el 20 de diciem bre d e 1959; P acto d e d erech o s Econômicos, S ociales y Culturales y el pacto d e d e re c h o s civiles y politicos, e sto s dos ûltimos ad o p tad o s por la N aciones U nidas el 16 d e diciem bre d e 1966. En el âmbito Europeo, c a b e d e sta c a r la Convenciôn E uropea para la protecciôn d e los d erech o s H um anos y las Libertades F ondam entales, nacida el 04 d e noviem bre d e 1950, en el sen o del consejo de Europa, y q u e cuen ta con una comisiôn y con el Tribunal Europeo de D erechos H um anos, con com petencia, llegado el caso, p ara p rocéder al exam en y la resoluciôn d e conflictos relacionados con la vulneraciôn d e los d erech o s hum anos y libertades contenidos en la Convenciôn.

P ara la preparaciôn del texto d e la Declaraciôn Universal d e los D erechos H um anos, s e creô d e s d e luego la comisiôn respectiva, recab an d o la UNESCO^, a su vez, id eas y tex tes d e diverses p en sa d o re s y fiiôsofos de distintos p aises, elem entos que sirvieron para la redacciôn y aprobaciôn d e la Declaraciôn Universal d e los d erec h o s Hum anos.

En dicha declaraciôn, s e reconociô internacionalm ente la existencia d e derechos fondam entales del hom bre, b a sa d o s en la dignidad y el valor d e la persona hum ana y en la igualdad d e d erech o s d e hom bres y m ujeres, independientem ente d e toda consideraciôn d e raza, sexo, idioma o religiôn, y sin q u e taies derechos

^ UNESCO, siglas de United Nations Educational, Scientific, and Cultura Organization (organizaciôn para la Educaciôn, la Ciencia y la cultura de las Naciones Unidas), organismo integrado en la Organizaciôn de las Naciones Unidas (ONU), creado en 1946 para promover la Paz Mundial a través de la cultura, la

comunicaciôn, la educaciôn, las ciencias naturales y las ciencias sociales.

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pudieran en form a alguna considerarse com o confecciones del estado.

Posteriorm ente, con el objeto d e h acer posible el resp eto y el ejercicio efectivo a e s o s m ism os d e re c h o s y libertades fondam entales, s e elaboraron a lo largo de varios an o s, d o s p acto s internacionales d e D erechos hum anos; El Pacto Internacional d e d ere ch o s Econômicos, Sociales y Culturales, aprobados am bos por la A sam blea d e las N aciones Unidas el 16 d e Diciembre d e 1966

Por otra parte no solo a nivel mundial, sino tam bién en el are a regional, los e sta d o s del C ontinente Americano, m ediante la O rganizaron d e E stados A m ericanos (OEA)^; En 1959 s e funda en S antiago (Chile) la comisiôn Interam ericana d e D erechos Hum anos; suscribieron el 22 d e noviem bre d e 1969, la Convenciôn A m ericana sobre los D erechos hum anos d e S an J o s é d e Costa Rica, conocida tam bién con el nom bre d e “Pacto d e S an J o s é d e C osta Rica", vigente d e s d e 1978, en 1979 s e créa el Tribunal Interam ericano d e D erechos H um anos, con s e d e en S an J o s é (Costa Rica), México e s parte d e la OEA.

La Convenciôn A m ericana so b re los D erechos H um anos e sta b le ce que los

^ OEA Organizaciôn supranacional, de carâcter regional, en la que estân integrados todos los estados independientes del continente americano (excepto Cuba). La OEA fue fiindada por los 21 paises que el 30 de abril de 1948, durante la IX conferencia Panamericana, suscribieron el Pacto de Bogota. Nacida en el contexto del panamericanismo, su precedente mas inmediato fue la Oficina Internacional de las repùblicas Americanas (llamada Union panamericana desde 1910), fundada en 1890 y que en 1948 se convirtiô en Secretaria General de la OEA.

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E stad o s m iem bros d e e s ta Convenciôn s e com prom eten a resp etar los d erech o s y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda perso n a q u e e s té sujeta a su jurisdicciôn, sin discriminaciôn alguna, si el ejercicio d e los d e re c h o s y libertades no estuvieran ya garan tizad as por disposiciones legislativas y d e otro carâcter, los E stados p artes s e com prom eten a adoptar, con arreglo a s u s procedim iento constitucionales y a las disposiciones de e sta convenciôn, las m edidas legislativas o d e otro carâcter q u e fueran n e c e saria s para h acer efectivos taies d erech o s y libertades.

Mâs para q u e e s te reconocim iento y compromiso d e los E stad o s p artes no se convierta en una m era declaraciôn académ ica, la m ism a Convenciôn Americana creô d o s ô rg an o s o m edios d e protecciôn. Q ue son la Comisiôn Interam ericana de D erechos H um anos y la Corte Interam ericana d e D erechos H um anos, y aunque las conclusiones y resoluciones d e e sto s dos ôrganos su p ran acio n ales carecen de fuerza ejecutiva porque d e lo contrario s e m enguaria la so b eran ia d e los E stados partes, a m b a s en tid ad es tienen sin em bargo, a h acer realidad el resp eto efectivo a los m encionados d erech o s. Con e s ta finalidad s e e sta b le c e un procedimiento especial an te dicha Corte Interam ericana en los c a so s en q u e s e hubiera p resen tad o una fundada peticiôn d e la Comisiôn Interam ericana o d e un Estado parte, y s e dispone ad e m â s, q u e los E stados p artes tienen q u e proporcionar informes y estu d io s a la Corte Interam ericana, y que ella p u ed e emitir decisiones o fallos que en c a so d e s e r p ro ced en tes y fu n d ad as las q u ejas o denuncias de violaciones a D erechos H um anos que no hubieren sido rep arad a s, a p e sa r de h ab erse ag o tad o todos los recursos concedidos en su contra, y cuyas quejas y

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d en u n cias presenten previam ente an te la Comisiôn Interam ericana, solam ente los particulares o las entidades no gubernam entales en un e sta d o parte, d e sc a rta n d o se asi en el articule 44 de la propia Convenciôn Interam ericana, que taies quejas o d enuncias pueden p resen tarse por en tid ad es gubernam entales, com o lo son las p a ra e sta ta le s de un pais, ya que evidentem ente los m iem bros d e e s ta s carecerian d e las im parcialidades e independencia q u e s e requeriria en el caso.

El 04 d e Noviembre d e 1950, s e llevô a cabo en la ciudad d e Rom a la Convenciôn d e Salvaguardia d e los D erechos del Hombre y d e las Libertades F ondam entales.

Por su parte, en la Ciudad d e Turin s e suscribe el 18 de octobre d e 1966, la C arta Social europea, q u e s e ocupa sobre todo el trabajo Humano.

Paralelam ente a e s te interés mundial por los d erech o s fondam entales, surgen varias organizaciones internacionales y régionales para su vigilancia, aplicaciôn y fomento, como el Institute Internacional de los D erechos del Hombre, la Organizaciôn d e las n aciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaciôn (FAO)^

, para com bâtir el ham bre; la Organizaciôn internacional del trabajo (OIT) para los d erech o s laborales; la organizaciôn d e los e sta d o s A m ericanos (OEA), con su declaraciôn am ericana d e derechos, etc.

* FAQ organismo especializado de las naciones Unidas (ONU) cuyo principal objetivo es la lucha contra el hambre a nivel mundial, Segùn reza su constituciôn, sus objetivos

especificos son “mejorar los niveles de nutriciôn y la calidad de v id a ... y garantizar

mejoras en la eficiencia de la producciôn y distribuciôn de todos los productos alimenticios y agricolas...”.

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Importancia esp ecial tiene la conferencia sobre los D erechos H um anos de Helsinki, con la participaciôn d e treinta y cinco p aises, celeb rad a el 1° d e agosto d e 1975, en la q u e s e reconocen explicitam ente los D erechos d e las Minorias Nacionales, el articule fundam ental aceptado por todos los p a ise s que la firman fue una prom esa d e resp eto d e los d erech o s hum anos, incluida la libertad de

pensam iento y credo.

Dentro de e s ta relaciôn d e ôrganos, declaraciones y conferencias d eb en incluirse, por su gran importancia, las Enciclicas d e los P a p a s m ism as que definen la Doctrina Oficial d e la Iglesia so b re la persona H um ana y so b re los D erechos Sociales. S u s a n te c e d e n te s y referencias son los Evangelios y el pensam iento de los Teôlogos y juristes Cristianos. Algunas de las enciclicas dignas d e citarse son:

FERUM Novarum d e Leôn XIII, primer gran docum ente sobre trabajo, sobre propiedad y so b re organizaciôn corporative. R ecoge id eas muy anteriores a su expediciôn so b re la cuestiôn social y particularm ente los estudios contra los ex ceso s libérales por p e n sa d o re s com o Lam ennais y O zan an en Francia; Kettler en Alemania (1811-1877); V ogesiang en Austria (1818-1890); Minning en Inglaterra; G ibbons en E stados Unidos.

C uadragésim o Aho d e Pio XI, tam bién sobre la cuestiôn social pero con puntos de vista m as a ctu ates M ater e t Magistra, d e Juan XXIII, la tercera Enciclica so b re los mismos tem as, P acem in Terris, tam bién d e Ju a n XXIII, so b re D erechos Humanos, bien com ün. E stado y Comunidad Mundial, Populorum Progressio, de

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Pablo IV, a c erca del desarrollo integral del hombre, desarrollo d e la hum anidad y asistencia a los débiles. H um anae Vital, del propio Pablo IV, so b re protecciôn a la vida hum ana.

LOS PRINCIPALES DERECHOS Y DEBERES FUNDAMENTALES

Los D erechos H um anos no son d e nueva creaciôn, p u es siendo la N aturaleza hum ana siem pre la mism a, los D erechos H um anos no tienen fecha ni responden a ninguna moda. A p e s a r de su fuerza obligatoria, no afioran en la conciencia filosôfica juridica con la tem prana histôrica d e se a b le ni son d escubiertos todos ellos en un solo hecho.

Los D erechos H um anos son aquellos que el hom bre p o se e por el m ero hecho de serlo. Son inherentes a la p erso n a y s e proclam an sa g rad o s, inaliénables, imprescriptibles, fuera del alcan ce de cualquier poder politico. U nas v eces s e considéra q u e los D erechos H um anos son plasm aciôn d e idéales iusnaturalistas (de derecho natural). Existe, sin em bargo, una e scu e la d e pensam iento juridico que, a d em âs d e no apreciar dicha implicaciôn, so stien e la postura contraria. Para algunos, los d erech o s hum anos so n una constante histôrica, con clara esta d ia en el mundo clâsico; para otros, son fruto del cristianism o y d e la d efen sa q u e é ste h ace d e la p ersona y su dignidad. P ara los m âs, los d erech o s hum anos aparecen, com o taies, en la e d a d m oderna. Como hecho histôrico, e sto e s incontestable.

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Es bien cierto que los a n te ce d e n te s histôricos d e los d e re c h o s hum anos son rem otos y que e s privilégié d e la ed ad m oderna su formalizaciôn, e s ta ha m arcado la pauta para n u ev as conquistas en cuestiôn legislative d e la preservaciôn d e e s o s d erechos, a favor d e la colectividad.

1.1 GENERALIDADES

En la Antigüedad, fue om nim oda la autoridad del jefe, P ad re o G uerrero afortunado. De ahi q u e s e haya dicho con respeto a “los tiem pos primitives no e s posible hablar sôlo d e la existencia d e los d erech o s del hom bre, considerados e sto s com o un conjunto d e prerrogativas del G obierno d e observancia juridicam ente obligatoria e imperativa para los go b ern an tes, sino ni siquiera de p o testad e s o facultades d e hecho d e que 'pudieran gozar el individuo dentro de la com unidad a que p erten ecia y que constituye una esfera d e acciôn o actividad propia frente al poder publico” ®

Auspiciados por las g ra n d es religiones, en el oriente antiguo aparecieron derech o s de la esp e c ie d e los “reflejos”. En el esp ejo para principes d e 1802 A.C. consiguiô el P ersa Kai Ka Us Ibn Iskandar, principe de Gurgan: “El bien estar del pueblo p u ed e g u ard arse tan cu id adosam ente com o el d e su guardia d e corps, p u e s el rey

BURGOA, Ignacio. Las Garantias Individuales. 5* ED., Porrùa, México. 1968,p. 48

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s e asem eja a él, q u e p u ed e brillar para un hom bre y no p ara otro... la dinastîa d e reyes reconoce los d e re c h o s perdura por m ucho tiem po y llega a s e r vieja, pero la dinastîa d e extorsionistas p erece râpidam ente, porque el trato a d e c u a d o significa prosperidad y extorsion significa un pais despoblado. Los sab io s dicen que el manantial d e condiciones florecientes y d e alegria en el m undo e s un rey justo, m ientras que la fuente d e desolaciôn y miseria e s un Rey opresor".

En el M anava-D harm a-Sastra o Leyes d e Manu, indica: “el m onarca q u e en s u s relaciones no s e cihe a la justicia o q u e deja d e san cio n ar a los criminales va irremisiblemente al infierno” (Libre VIII, 127 y 128). En 500 a. C., Confucio estableciô: “El resp eto para los n égociés del pueblo, la sinceridad, la econom ia en el gobierno, el am or para el pueblo y un sistem a d e im puestos ad ecu ad o , son actividades e se n c iale s para gobernar con éxito”.

Bajo el influjo del budism o, al m em ento d e su coronaciôn el rey d eb ia ofrecer, conforme indica el Aitarega Brahm ana: “Entre la noche en la q u e naci y la noche en que m e m uera, q u e s e m e prive d e cualquier c o sa q u e haya hecho, mi cielo, mi vida y mi progenie, si los oprimo a u ste d e s”.®

Las s e c u e la s politicas del Cristianismo nos dan una libertad civil q u e redujo la dependencia, rescatan d o b u en a parte d e las ta re a s h u m an as y colocàndolas m âs allâ d e la organizaciôn social.

GARCIA Ramirez Sergio. Los Derechos Humanos y el Derecho Pénal, T ed.Miguel Àngel Porrùa.

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El feudalism o d e la Edad Media contribuye a atom izar al E stado y é s te p arece una som bra d e lo q u e a n te s fue.

La consignaciôn d e d erech o s en docum entes q u e p u ed en te n e rse com o a n te c e d e n te s d e las estru ctu ras constitucionales d e g aran tias b âsic as, e s algo corriente en la Edad Media, habia leyes fondam entales q u e limitaban el poder de los m onarcas, tanto en Castilla corno en Inglaterra y otros reinos d e la Europa Occidental.

P ara servir a la idea d e contar con un cuadro com prensivo so b re los derech o s hum anos, importa seguir los g ran d es rasgos, su apariciôn y desarrollo en ordenam ientos seh ero s, q u e a su valor crecido com o capitulos d e una crônica asocian, en algunos caso s, el harâ referenda, varios d e los prim eros y, d e s d e luego la Carta M agna inglesa Los posteriores a e s ta han ejercido influencia notoria sobre el derech o contem porâneo, cuando tam bién claro e sta , el m exicano y, en general el correspondiénte a América Latina.

Al explorar el horizonte histôrico de los d e re c h o s hum anos, e s posible puntualizar una primera divisiôn; fase negativa, d e total a u sen cia d e d erech o s hum anos, fa se positiva, d e presencia d e e sto s con diverso to n o s y significados e implicaciôn dispares.

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Por lo q u e h a c e el période negative, la situacion q u e le caracteriza s e describ e lineas abajo. En cuanto al positive, s e estim a util y en tera la diferenciaciôn entre libertades por reflejo. Por privilégié y por autonom ie legal. Las prim eras “eran n ad a m âs el reflejo d e los d e b e re s religiosos o m orales del g o b ern an te”: las se g u n d a s son “los d erech o s subjetivos derivados d e contrâtes y estipulaciones entre los individuos privilegiados y los g o b e rn a n te s q u e o lo, privilégiés, o d e se c h o s derivados del D erecho objetivo, una ley en favor d e los privilegiados; las te rc e ra s finalmente, derivan de la Constituciôn que am p ara la libertad m ediante la consagraciôn d e p récisés d e re c h o s subjetivos. Al primer fenôm eno m encionado corresp o n d e la autocracia, al se g u n d o la aristocracia y al tercero la dem ocracia.

1.2. EN ROMA.

En la Rom a d e S é n e c a y Cicerôn, s e objetô el arg u m en te d e que el esclave, solo lo era d e cuerpo y que atendiendo a su condiciôn racional no g u ardaba diferencia con el am o. Los p ad res d e la iglesia afirmaron la esencial igualdad hum ana y S an Agustin cree en la unidad intrinseca d e la e sp e c ie , cualquiera q u e s e a la raza, condiciôn o leyes q u e s e consideren, p u e s to d o s ten em o s el mismo origen. La esclavitud era co sa convencional y no natural. A lo largo d e la Edad Media cad a vez s e afirm aban m âs las id eas libertarias, pero la influencia

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Aristotélica no d ejab a d e h a c e rse sentir, com o s e advierte en las obras de Tolom eo d e Lucca.

En Rom a el d erech o d e la libertad s e disfrutaba com o un hecho, sin consagraciôn juridica alguna respetable y re sp e ta d a sôlo en las relaciones de D erecho Privado y com o facultad d e indole politica.

En G recia, tam poco el individuo gozô d e d erech o s q u e en su condiciôn d e persona le reconociese la polis y que fueran oponibles a las autoridades a titulo de facultades pùblicas individuales^.

1.3 EN ESPANA.

En e s te pais, los fueros, son im portantes m anifestaciones d e los derech o s de la poblaciôn frente al rey, e s dificil precisar cronolôgicam ente su origen, pero ya a p arecen en los siglos VIII, IX, y X, uno d e los m âs notables e s el d e Leôn, del aho 1017. Su legislaciôn forai alcanza su ap o g eo en los siglos XII y XIII, coincidiendo con la ép o ca d e m ayor autonom ia municipal®.

La vital importancia del contenido d e los fueros que com prendian y g uardaban costum bres y privilégiés, esta b le cién d o se el d erech o d e la resistencia contra las prâcticas tirânicas. E sp ah a s e anticipa a cualquier otra naciôn en la protecciôn d e las libertades, contribuyendo a elle el gran desarrollo d e la

’ GARCIA Ramirez Sergio, op. Cit. P.32

* S. MINGUIJON. Historia del Derecho Espafiol, Labor Barcelona 1953, p.83

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autonom ia municipal.

Sergio G arcia Ram irez, considéra q u e en el d erech o informado, com o lo e s el nuestro, p o s e e importancia la historia juridica d e la P eninsula donde florecieron instituciones q u e constituyen a n te c e d e n te s del m oderno regimen d e libertad®.

Las leyes d e Leon son co n sid erad as por Keller, W ohlhaupten, S an ch ez Albornoz, Linares Q uintana y otros tratadistas, com o la primera C arta Magna d e O ccidente, muy anteriores a la q u e los baro n es ingleses arrancaron, e sp a d a en m ano, a J u a n sin Tierra. Igualm ente anterior al docum enta ingles, son los fueros L e o n eses d e 1020, d e los d e N ajera d e 1120, d e Toledo d e 1085, d e Burgos de 1073, d e Z arag o za d e 1115^°.

Los m às antiguos son los fueros d e Sobrarde, en el privilégié dado por Alfonso I a Tudela y a otros 30 pueblos en 1122, en el que s e estipula “Yo, Alfonso, doy com ida a todos los pobladores d e Tudela y habitantes en ella, en C ervera y Galupiezo, aquellos b u en o s fueros d e S obrarde para q u e los tengan com o los m ajores infanzones d e mi reino”.

El ordenam iento d e Leôn o pacto d e S obrarba d e 1188 fue acordado con

’ Garcia Ramirez Sergio Op. Cit. P.33

'° Quintana Tratado de Ciencias del Derecho Constitucional, Plus ultra, Buenos Aires 1977 pag. 42 a 49

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Alfonso IX, y se g ù n Linares Quintana, co n sag ra d erech o s q u e pu ed en c o n sid e rarse m odelos d e los reconocidos en las Constituciones M odernas.

E ste ordenam iento garantiza la pacffica posesion d e los bienes, la audiencia en juicio, la privacidad del hogar, la libertad fisica y la no detencion fuera de

procedim iento.

En los fueros d e Aragon, figuran los d e J a c a (1063, 1135, 1187, y otro siglo XIII), Tudela (1129, 1130 y 1117), Calatayud (1131), D aroca (confirmado en 1142), Alfambra, Teruel (1176); com o privilegios s e cuentan los d e S an ta Maria de A lquezar (1075), del m onasterio d e S an Ju an d e la P e n a (1090), d e Z aragoza

(1118-1119) y Belchite (1116)“ .

El Privilegio del reino d e Aragon (1287) reconociô la libertad personal y d e e s ta limitô a la p o testad pùblica, era en si un privilegio especial favorable a determ inar c la se s so ciales “ricos om es, m esm aderos, caballeros, infanzones, procuradores e universidat d e la dita ciudad d e Zaragoza, a si clérigos como legos, p ré se n te s y avenideros^^".

Los fueros d e Aragôn, tam bién son notables, tenian valor d e ley su p rem e y e sta b a n por encim a d e la voluntad real, Instituciôn fundam ental y muy adelan tad a e s el d e la justicia, q u e conocia d e los c a so s d e agravio q u e c a u sara n las autoridades incluido el rey, para que o y e se las q u ejas d e los q u e s e decian

“ Briceflo Sierra Humberto. Op, Cit. P.34

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oprimidos por la trasgresion d e s u s leyes y quitar la violencia q u e les atentare.

Contra s u s d erech o s. La funciôn d e la justicia fue tan im portante q u e llegô a anular no solo los acto s arbitrarios sino tam bién las m alas leyes. Podia incluso s u sp e n d e r accio n es violatorias a m en azan tes y m ediante el juicio d e m anifestaciones analogo al H ab eas Corpus Sajôn, s e protegia directam ente a la p erso n a am en a z a d a .

Un pacto politico-civil d e Leon (1188), contiene prescripciones d e carâcter penal com o la inviolabilidad del domicilie por el m onarca y la garantia d e audiencia.

Los co n sejo s m unicipales llegaron a tener v erd ad era autonom ia y el sufragio popular en la elecciôn del alcalde y del Ju e z fue una pràctica prolongada.

Los re p résen tan tes d e las C iudades fueron admitidos en la Corte d e Castilla d esd e la é p o c a d e Alfonso VIII y lo municipios llegaron a constituir una fuerza nacional en la q u e el m onarca s e apoyaba para contrarrestar el poder d e los nobles.

Los principios g en erates d e los fueros m unicipales pueden resum irse como sigue:

a) Igualdad an te la ley y som etim iento a ella de toda autoridad;

b) Inviolabilidad del domicilie y d e las posesiones;

c) D erecho a la seguridad y a la libertad;

d) D erecho d e juicio ante ju e c es electos por los consejos;

Sanchez Viamonte Carlos. Los Derechos del Hombres en la Revolucion Francesa UNAM, México, 1956

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e) Participaciôn d e todo vecino en la co sa pùblica con derech o a elegir, f) Norm as d e responsabilidad de los d eten tad o res del m ando;

g) Obligaciôn d e fidelidad y obediencia d e los vecinos y d e d efen sa a la com unidad.

Por su parte Alfonso X el Sabio (1221-1284), rey d e Castilla y d e Leôn (1252-1284), una d e las figuras politicas y culturales m as significativas d e la edad m edia en la peninsula Ibérica y en el resto del continente europeo, ordenô la recopilaciôn d e los fueros y quiso instituirlos com o e sta tu to s generates. Las siete partidas e s el resultado d e e s e esfuerzo. Tam bién sancionan la autoridad de los reyes. E stos conservaron facultades casi exclusivas en m ateria d e im puestos, y en el tran scu rso del tiem po fueron alcanzando cad a vez m âs poder, al grado de que la alianza d e los municipios con el m onarca para contrarrestar a la nobleza se transform é en algunos c a s o s en alianza con e s ta ultima para luchar contra el rey.

El poder real va a c re c e n tâ n d o se y varias ciudades s e unieron para luchar contra el centralism e d e Carlos V. Los com uneros s e reûnen en 1520 en Âvila y en 1521 son derrotados por el em perador, en Vollalar. D ecae la autonom ia municipal, pero la recia tradiciôn juridica sobrevive en varies asp e c to s fondam entales.

La C arta M agna inglesa ap arec e h asta 1215 y e s co n sid erad a corne une de los a n te c e d e n te s im portantes del constitucionalismo. Es en realidad una de las m uchas estipulaciones m edievales entre el rey y los se h o re s feudales y su alcance era m enos amplio q u e el d e los fueros esp ah o les, p u es e s ta b a destinada a

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protéger principalm ente a los baro n es y d em âs “hom bre libres” (su nom bre original e s C arta Baronum), indica y e s h asta el siglo XVII, cuando el parlem ente ingles lo tom a com o b a s e d e un sistem a constitucional liberal e n su lucha contra el absolutism e. G arantizaba para el Homo Liber el d erecho a juicio, el d e transite, el de la libertad d e la iglesia, el d e opinar a través del consejo en m ateria de contribuciones, el d e libre comercio, el de herencia y otros d e m ener importancia.

D urante los siglos XVI y XVII florecen en E sp ah a las g ra n d e s concepciones d e los teôlogos juristes, pero debiendo m encionar aqui la enorm e importancia que tuvieron su s id eas en la salvaguarda d e los derech o s fondam entales del hom bre de America, contra los intereses, am biciones y d e s m a n e s d e no pocos conquistadores y aventureros.

SegCin Silvio Zavala, regia en Europe, como parte d e los provechos d e los v en ced o res en una contienda, la creencia de que s e podia esclavizar al enem igo.

Esta teoria s e aplicaba con mayor rigor cuando el vencido tén ia religion diferente a la del vencedor. La guerre contra el indigene am ericano, pu es, autorizaba, segùn la doctrine eu ro p ea y seg ù n practice reiterada, el cautiverio y la esclavitud. La conquista n ace bajo e sto s signos. El fenôm eno de lugar a uno d e los d e b a te s d e la m âs alta jerarquia juridica que s e resolviô a favor d e la dignidad del indigene.

D esp u és del descubrim iento, Colon s e llevô a la peninsula indios cautivos, pero la reine Isabel, haciendo d e ello un caso d e conciencia, con fecha 20 d e Junio de 1500, ordenô q u e todos fuesen p u esto s en libertad. Com o lo dem uestran otras acciones d e Isabel y su propio testam ento, siem pre s e incliné por el respeto

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a la persona y b ien es d e los indlgenas.

La Corona e sp an o la quiso sa b e r cuales eran los titulos q u e pudiesen am p arar su dominio so b re las Indies, consultando a teôlogos y juristes. Ju an Lôpez d e Palacios Rubios escribiô un tratado para dem o strar q u e si los habitantes d e las tierras d escu b iertas s e n eg ab an a adopter la religiôn catôlica y fidelidad al P ap a y a los reyes, la guerre era juste y podian se r som etidos a servidum bre. Es fam oso el “requerim iento” q u e redactô para h acerles s a b e r su obligaciôn d e reconocer los p o d eres espirituales y tem porales de la iglesia y del m onarca, a fin d e actuar en consecuencia, requerim iento que, naturalm ente, los indigenes e sta b a n muy lejos d e e n ten d er y que resultaba m âs bien una burla que pronto s e abandonô.

Aristôteles, al justificar la servidum bre, partie d e la idea d e que lo inferior e stâ ordenado a lo superior y d e que los hom bres d e m ayores desarrollos racionales y m âs prudentes pueden implanter su dominio so b re los bârbaros.

Son num erosos los textos q u e condenan la esclavitud, au n q u e e s ta seg u ia practicândose en la propia Europe y en Africa. En las P artidas de Alfonso X s e indica que la “servidum bre e s la m âs vil, la m âs d esp reciad a c o sa q u e los hom bres pueden se r y a.C. asi com o e s la m âs vil co sa d e e s te m undo e s la m âs despreciada, asi la libertad e s la m âs preciada y c a ra ”. El Renacim iento, dice Zavala, favorece la tradiciôn d e la libertad y tanto E rasm o com o Luis Vives y Bodino repugnan la esclavitud.

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A dem âs de P alacios Rubios, Ju an G inés de S epulveda trata d e restaurer la tesis aristotélica y escribe un a legato en ocasiôn d e la conquista para justificar la

“tutela” del barbare por el “prudente”. Contra las ten d en cies esclavistas que implicaban no solo la servidum bre d e la perso n a sino la inobservancia d e los derech o s q u e le son ahejos, s e levantaron voces m âs autorizadas, m ovidas algunas d e elles por el cruel espectâculo d e la realidad am ericana, y otras por la se re n a razôn d e las c â te d ra s universitarias d e S alam an ca y Alcalâ. Es el caso d e una naciôn que s e coloca a si m ism a en el banquillo d e los a c u s a d o s en e sp e ra d e un veredicto d e conciencia.

En la vispera d e la Navidad d e 1511, en la Isla Espahola, Antonio M ontesinos lanza d e s d e un pùlpito su célébré am onestaciôn; “^C on q u e derecho, con q u e justicia ten éis en tan cruel y horrible servidum bre a e s to s indios? &Con que autoridad habéis hecho tan d étesta b le s g u erras a e s ta s g e n te s que esta b a n en su s tierras m an so s y pacificos? ^E stos no son hom bres? <j,No tienen ânim as racionales?”. Otro domicilie. Fray Bartolomé de las C a s a s em p ren d e La m âs vigorosa d efen sa d e los naturales, bajo la idea d e q u e el Cristianismo e s igual para to d as las naciones y “a ninguno quita ni libertad ni su s sehorios, ni m ete debajo d e servidum bre, su color ni a c h a q u e s d e que son siervos a natura o libres”.

Son m uchos los m isioneros que en el d e se m p e h o d e su em p resa, frente a la realidad que o bservaban, lucharon esforzadam ente por cam biarla Fray Ju an d e Zum arraga h ace llegar su s peticiones al rey para q u e s e castig u e a todo aquel que aten te contra la vida y los bien es d e los indlgenas. Fray P edro d e G ante exalta su inteligencia y facultades, escribe al m onarca para q u e c e s e todo ab u so y s e dedica

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en cuerpo y aim a a la e n se n a n z a . Fray Juliân G arcés escribe al P a p a instândolo a declarar la “s a n ta racionalidad del indio”, calificando d e diabôlica la opinion contraria; alega q u e no son m ejores los eu ro p eo s y con lujo d e detalles describe s u s cualidades intelectuales, artîsticas y hum anas. Fray Domingo d e B etanzos cum ple igual ta re a y no conform e con escribir, envia an te el P a p a a Bernardino d e Minaya para ob ten er su intervenciôn. Los au to res convienen en que las acciones, inform aciones y celo d e G arcés, B etanzos y d e m â s g e sto re s fueron déterm inantes e n el ânim o de Paulo III, quien el 2 d e junio d e 1537 expide la fam osa bula denom inada Sublimis D eus, calificada como una v erd ad era D eclaraciôn de los D erechos del Hombre Am ericano. Concluye e s te docum ente diciendo que “to d a s las gentes", au n q u e e sté n fuera d e la fe d eb en se r re sp e ta d a s en su libertad y en el dominio d e s u s bien es y q u e nadie d e b e s e r reducido a servidum bre. No podriam os dejar d e m encionar en tre los d efen so res d e los d ere ch o s hum anos a Don V asco de Quiroga, hum anista avanzado que en 1535 produjo su célébré Informaciôn en D erecho para reprobar la guerra y la violencia. Don V asco influyô en la expediciôn d e las N uevas Leyes en 1542, q u e prohibieron en definitive la esclavitud y que, h ab ién d o se aplicado retroactivam ente, perm anecieron vigentes a través d e toda la legislaciôn d e indias.

E sta legislaciôn fue form ulândose no solo conform e a principios teôricos, sino to m ân d o se muy en c u en ta las costum bres e instituciones d e los pueblos descubiertos, d e tal su e rte q u e si alguna cédula o m andam iento proveniente d e la metrôpoli no s e aju stab a a ellas, podian su sp e n d e rse en su observancla. Las

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leyes d e indias son proteccionistas, tendientes a precaver al indio d e los ab u so s del peninsular y del criollo. Es posible que no to d a s alcan zaran cumplida observancia, com o su c e d e con to d as las leyes, y q u e m ediante argucias d e interpretaciôn s e intentera evadirlas, pero constituyen un ejem plo av anzado y paralelo d e atenciôn a los débiles.

La filosofia d e los juristes esp a n o le s d e los siglos XV y XVII va m as alla d e los problèm es su scitad o s por el descubrim iento d e Colon y por los h ech o s de la conquista. En s u s textos y disertaciones s e hallan form ulados d ere ch o s hum anos d e carâcter individuel, familier, social e internacional q u e no s e ap artan m ucho de las concepciones m odernes.

Victoria, Melchor Cano, Domingo d e Soto, J u a n d e Mariana, Fernando V âzquez d e M enchaca, Francisco S uârez, son algunos d e los m aestro s que legaron su s valiosas aportaciones, conform ando un v erdadero catâlogo de d erech o s b âsico s varios siglos an te s d e las oficiales m â s fam o sas. Asi lo dem uestran los estudios de diverses tratadistas, siendo digne d e se n a lar aqui el d e V. Diego C arre y particularm ente su discurso so b re “D erechos y D eberes del Hombre”. Al ordenar el pensam iento d e aquellos juristes obtiene una catalogaciôn de veinticinco postulados que consignan, entre otros, el d erech o a la dignidad hum ana en todos los hom bres con independencia d e cualquiera otra consideraciôn; a la vida y a la légitima defensa, a los m edios n ecesario s d e subsistencia y al trabajo rem unerado; a la propiedad d eb id am en te regulada, susceptible d e expropiaciôn y libertad de creen cias y a la educaciôn; al matrimonio librem ente consentido y al su sten te d e los m enores; a a so c ia rse para

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fines com u n es y a participar en La elecciôn d e la autoridad y e n el ejercicio d e la misma, a exigir el acatam ien to de las leyes y m a n d ate s ju stes; a participar en el bien com ùn y a s e r protegido por el Estado; a se r oido en justicia y a rebelarse contra el tirano: a participar com o hom bre en la so cied ad universal y a se r resp etad o por cualquier naciôn; a acudir en auxilio d e los pueblos sojuzgados y al asile del p erseg u id o en cualquier territorio o em bajada, a viajar y a residir donde s e quiera, etcJ^

Los d e rec h o s hum anos o fondam entales d e c a d a pais, tienen su origen en su formaciôn com o pueblos o naciones, por lo cual dichos d e re c h o s casi siem pre s e encuentran en su s constituciones politicas d e s u s a n te c e d e n te s d e la misma, com o ejem plos d e ello s e consideran los movimientos revolucionarios que acontecieron en Inglaterra (1688), E stad o s Unidos (1776) y d e Francia (1789), p u es e s to s m ovimientos arm ad o s condujeron a la adopciôn d e los d erech o s bâsicos d e los g o b ernados, asim ism o s e fijaron las obligaciones d e respeto por parte d e La autoridad.

1.4 EN FRANCIA.

Es im portante hablar d e los a n te c e d e n te s d e los D erechos H um anos en Francia, ya q u e son pioneros al tratar e s te tem a, a d e m â s d e q u e nuestra legislaciôn e s ta b a sa d a en gran parle en la legislaciôn F ra n c e sa , com o lo e s el

P.V. Diego Cano. Derechos y Deberes del hombre, real Academia de Ciencias Morales y Politicas. Madrid 1954, pp 110 a 123 Op. Por Eugenio trueba Olivares, en su obra El Hombre, La moral y el derecho, edit.

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Côdigo d e Napoleon (1804).

T odos los principios e id eas que formaron la turbulenta m istica republicana d e los m âs fogosos revolucionarios F ran ceses, s e preconizaron por la filosofia politica del iluminismo y s e recogieron en im portantes y trascen d en tales d o cu m en tes elab o rad o s y votados por los re p résen tan tes del pueblo y d e los partidos reunidos en una asam b le a popular primero y en una Convenciôn nacional d e sp u é s, d e ahi surgiô la Declaraciôn d e los D erechos del Hombre y del Ciudadano, ap robada el 26 d e ag o sto d e 1789. Cuyo contenido trata d e d erech o s naturales y sag rad o s, q u e ningùn poder constitucional p u e d e desconocer.

E stablece q u e todos los hom bres son iguales y la so b eran ia s e deposita en el pueblo, indica q u e la libertad consiste en h a cer todo lo q u e no perjudique a otro.

Asimismo m arca los limites d e la conducta q u e solo pu ed en fijar las leyes y que todo Lo q u e no e s tâ prohibido s e entiende permitido. A dem âs esta b le c e que nadie puede s e r detenido ni a c u sa d o sin las form as d e ley ni p u ed e se r castigado sin apego a norm as e x p re sa s y previas. De la m ism a form a indica q u e toda persona tiene d erecho a ex p resar su s opiniones librem ente y a practicar su religiôn siem pre que no altéré el orden pùblico. Igualm ente indica q u e nadie p u ed e se r privado d e su s propiedades sino por c a u sa d e n ecesidad pùblica y m ediante indemnizaciôn.

Eugenio T rueba Olivares afirma al re sp e c te q u e “Son notables los rasgos individualistas d e e s ta Declaraciôn que confia el aju ste d e las libertades a un m écanism e voluntarista d e dificil control. S e dice q u e la ley positiva e s la en carg ad a de fijar los limites, pero sin proporcionar las b a s e s n e c e sa ria s para ello.

orlando Cârdenas Velasco, México 1986, p. 265

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Si a e sto s e a g re g a q u e la filosofia d e la Revolucion F ran cesa era la del libéralisme, q u e explicaba a la sociedad y al E stado por el pacto, siendo la voluntad la fuente m ism a del D erecho, s e com prende q u e en la pràctica haya dado ocasiôn a la preem inencia d e una clase burguesa opresora, am p arad a por un régimen d e propiedad insuficientem ente regulado. Com o e s bien sabido e s ta declaraciôn tuvo gran influencia en todo el m undo y todavia s e advierte en textos constitucionales actu ates

Asimismo T rueba Olivares m an ifesta “El voluntarismo e s uno d e los pilares del positivisme juridico y e ste , a su vez, e s pieza clave en los estatism os transpersonalista, p u es los extrem es suelen juntarse. Los d e ten tad o res del poder que dicen se r en carg ad o s d e interpreter la so b eran ia popular, a c a b a n por usurparlos y por d eclarar q u e no hay m âs derech o s q u e el suyo, au n q u e para ello tengan que p o n erse las vestiduras m âs variadas, llâm ense Historia, R aza, Espiritu Objetivo o Proletariado. D esap arecen los derech o s hum anos s e desfiguran a tal grado q u e resultan irreconocibles”.

Las g ran d es crisis y las crueles g u erras avivan d e nuevo las conciencias y s e c a e en la cuenta d e q u e e s n ecesario desem polvarlos, actualizarlos y enriquecerlos, sin q u e esto quiera decir q u e haya verdadera voluntad d e observancia De to d as s u e d e s y au n q u e s e a por razo n es m eram ente politicas, m âs q u e m orales, el hecho d e que hoy s e agoten ta n ta s diligencias para su proclam aciôn y difusiôn e s

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una e m p re sa saludable, a p e sa r d e la insinceridad que p u ed a empanarla^^.

La Revolucion F ra n c e sa s e origino m erced a la convergencia d e très factores: el pensam iento filosofico politico del siglo XV el constitucionalism o norteam ericano y la tirania prevaleciente en Francia. Y ad e m â s s e d e b e tom ar nota d e que aun cuando la A sam blea Constituyente F rancesa escu ch ô solo e s c a s a s referencias del constitucionalism o am ericano, en el curso d e los d e b a te s parlam entarios Francia percibiô con en tu siasm o y admiraciôn la independencia d e las colonias am erican as y la “Revolucion F ran cesa fue una caja de resonancia para los principios proclam ados por la em ancipaciôn norteam ericana m ism os que los defendiô y vigorizô. Es conveniente ten er p résen te q u e la Revolucion fran cesa y su D eclaraciôn del Hombre y del Ciudadano no eran en si la consagraciôn y la prolongaciôn del perfeccionam iento graduai y lôgico d e tradiciones y costum bres com o en los E stad o s Unidos, sino un corte violente con el que s e ponia fin a un e sta d o anterior, al mismo tiem po q u e s e creaba uno nuevo.

La A sam blea Nacional d e 1789, conociô num erosos proyectos declaratives hasta llegar a la declaraciôn d e 1789. Algunos, com o el d e Lafayette, d e 11 d e julio, el de Creniere, d e 1° d e agosto, y el d e Rabaud da Saint Etienne, d e 12 d e agosto, carecieron d e contenido penal. Los m âs, en cambio, lo tuvieron, y a v eces en forma exubérante; asi, los d e Sieyés, d e 20 y 21 d e julio; d e Meunier, d e 27 d e julio; d e Target, d e la m ism a fecha; d e De Servan, d e 30 d e julio; d e Thouret, de 10. d e agosto; del propio Sieyés, d e 12 d e agosto; d e G ouges Cartou, tam bién de 12 d e agosto; de la S exta Comisiôn, d e igual fecha, so b re el que abajo

Trueba Olivares Eugenio Op. Cit. P. 265

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insistirem os; del Comité de los Cinco, de 13 d e agosto; y d e Boislandry, d e 21 d e agosto.

Hubo preocupaciôn constante, ex p resa tanto en los proyectos d e extension m oderada com o en los frondosos, por oponer fronteras s e g u ra s a la acciôn arbitraria del poder pùblico sobre la libertad del individuo.

De e s ta suerte, s e exigiô resp eto celoso por la legalidad tanto en la imposiciôn de m edidas d e cautela procesal, como son, d e m anera descollante, la detenciôn y la prisiôn preventiva, com o en la aplicaciôn d e pen as. Com o s e podrâ observer, inclusive, el dogm a legalista penal, el que en otro m om ento s e form ulase bajo la expresiôn de nullum crimen sine lege, apareciô en cierto m odo incipiente y tenue si s e le confronta con el én fasis cifrado en las garan ties d e las q u e s e rodea a los instrum entos precautorios del enjuiciamiento criminel.

Otra preocupaciôn fundam ental que inquieto a los su cesiv o s proyectistas: la ley d e b e s e r igual para todos; un mismo hecho ha d e p e n a rse en todo c a so de idéntica m anera, sin q u e importen la condiciôn social o la fortune del inculpado.

E sta fue la general preocupaciôn liberal por la igualdad d e todos los hom bres frente al Derecho: la igualdad, de signe sôlo formai por ahora. S e e c h a d e m enos, enfonces, el ingreso d e la equidad en el cam po penal: aquélla advierte por la p u e d a d e la individualizaciôn, tan cara a e s te tiempo, Con todo, salta a la vista la consigna d e clausurar o term iner los privilégiés. Tam bién en e s te a sp ecto s e puede e n ten d er la experiencia que anim é a los asam b leistas: s e hallaban a la vista d esig u a ld a d es extrem es, que por una parte ase g u ra b a n la impunidad del

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poderoso y por la otra el castigo sev ere del desvalido.

El d e b a te d e la A sam blea giro en torno al proyecto q u e p résen té la VI Comisiôn el 12 d e agosto. Obtuvo é s te m ayoria d e sufragios com o eje p ara la discusiôn, segùn résulté de la votaciôn tenida en la sesiôn vespertine del die 19. La m ateria penal fue discutida el 22 d e agosto por la m anana, fecha en la q u e s e produjeron intervenciones d e Target, el m arqués d e Bonnay, Duport, Lally-Tollendal, Maztineau, M irabeau, el duque d e Chatelet, Malouet Gouy d D esm euniers, Boisgelin, D'And re, Bonnal, Laborde, el ab ate d ’Egm an y C am us. Al aludir a la prisiôn preventiva Duport s e refiriô a la costum bre barbara de castigar a los hom bres aun a n te s d e que se a n declarados culpables, impugnaciôn fundam ental q u e aùn hoy s e d em an d a, a e s te sistem a cautelar. M irabeau recordô el uso plausible, ab an d o n ad o en Francia en 1705, d e interroger a los detenidos dentro d e las veinticuatro h o ras siguientes a su captura.

El préam bule d e la Declaraciôn forma filas en la corriente jusnaturalista e incurre en la extendida ingenuidad de suponer que el reconocim iento ex p reso d e los d erech o s pùblicos subjetivos pondria término a los m aies d e la sociedad; fue funciôn d e o tras revoluciones subrayar que la desigualdad econôm ica y social harla ilusorios los rotundos preceptos d e la Declaraciôn ap ro b ad a por la asam b lea el 29 d e agosto y san cio n ad a por el m onarca el 5 d e octubre d e 1789.

La igualdad formai tuvo su se d e en el articule IG. En el 2® s e fundam enta en la tesis d e que el fin d e la asociaciôn politica e s la conservaciôn d e los d erech o s naturales e imprescriptibles, a sa b e r libertad, propiedad, seguridad y resistencia a

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la opresiôn. Si la primera e s natural e imprescriptible derecho, lôgico e s que su com prensiôn, cercenam iento o privaciôn, fuerza d e propôsitos p ro cesales o punitives, s e v ea con recelo y s e rodee de estrictas g aran tias.

Al régimen penal interesan los articules 7, 8 y 9. El primero co n sag ra el principle d e legalidad y sanciona su incumplimiento. La porciôn final fija el d eb er procesal d e su jetarse al procedim iento penal am parado por la ley s e h a c e culpable quien résista. A la legalidad en el enjuiciamiento, el articule 8° a g reg a la p e n a sustantiva, tâcitam ente co n sag ra el nullum crimen y ex p resam en te la nulla p o en a sine praevia lege. A dem âs s e rechazan las p e n a s superfluas y s e ac ep tan sôlo las v erdaderam ente n ecesarias. El articule 9°. Expone la presunciôn d e inocencia del individuo-presunciôn quimérica en la realidad, frente al p e sa d o aparato de restricciones y privaciones q u e el enjuiciamiento trae consigo h asta el pronunciam iento en torno a la culpabilidad.

La declaraciôn quedô incorporada a la Constituciôn del 3 d e septiem bre d e 1791.

La d e 1793 reprodujo la m ayoria d e los d erech o s consignados en aquélla, y agregô otros d e contenido social que no figuraba en la del aho III. La napoleônica del aho VIII incluyô algunos d erech o s pùblicos subjetivos. La m onârquica d e 4 de junio de 1814 ab arcô diverses facultades en m ener nùm ero q u e las san cio n ad as en 1789, bajo el rubro d e D erecho Pùblico d e los F ran ceses. La constituciôn de 1830, d e Luis Felipe, amplio el catâlogo d e la Declaraciôn y estableciô el interesante program a d e en treg ar al jurado el conocim iento d e los delitos politicos y de imprenta. La Constituciôn d e 4 d e noviembre d e 1848 aunô a la declaraciôn d e d erech o s pùblicos subjetivos se n d a s m anifestaciones d e indole social sobre la familia, el trabajo, la propiedad y el orden pùblico. A su vez la Constituciôn imperial

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de 14 de en ero d e 1852 “reconoce, confirma y garantiza los g ra n d e s principios proclam ados en 1789, y q u e son la b a se del derecho pùblico d e los fra n c e se s”.

Mientras en la Constituciôn d e 1875 hay silencio so b re los d erech o s que ahora nos ocupan, el pream bulo d e la d e 1946 s e adhiriô al instrum ente d e 1789, y en su turno la vigente d e 1958 proclam e tam bién fidelidad tanto a los d erech o s d e 1789 com o al pream bulo d e la Constituciôn precedente.

La doctrina sitùa a los d erech o s individuates com o una d e las c o n sta n te s del constitucionalismo francés. Inclusive el silencio q u e so b re elles guardô el ordenam iento de 1875 “ha interpretado por la tendencia dom inante d e la tratadista francesa com o la m âs absoluta confirmaciôn d e la vigencia d e elles, vigencia considerada en general com o supraconstitucionalJ^

La Declaraciôn Universal d e los D erechos H um anos d e la Organizaciôn de las N aciones Unidas q u e s e suscribe el 10 d e diciem bre d e 1948. En Paris repite con palabras nuevas viejos principios, pero ofrece sum o interés en cuanto se ab an d o n a la concepciôn liberal y s e adopta un punto d e vista m âs social. A.

Latorre h ace hincapié en cuatro categorlas no tradicionales, au n q u e no del todo novedosas: derecho al trabajo, a la seguridad social, al ocio recreative y a la educaciôn y cultura.

La igualdad, la no esclavitud, la libertad d e p ensam iento y d e creencia, la garantia d e audiencia judicial, la nacionalidad, la familia, la propiedad privada y la colectiva, la asociaciôn, la participaciôn politica dem ocrâtica, el sindicalismo, el

Garcia Ramirez Sergio, Op. Cit. Pp. 40,41,42

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asilo, son otros te m a s d e e s ta declaraciôn.

1.4 EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA

La declaraciôn d e independencia d e E stados Unidos del 4 d e julio d e 1776, consagra varios d e re c h o s fundam entales “dotados por el creador". Alude a la igualdad d e los hom bres, al d erecho a la vida, a la libertad, a la dicha. El gobierno existe para garantizar taies bienes y su poder ém an a del consentim iento d e los gobernados. La Constituciôn e s tâ por encim a del gobierno y s e prevé el derecho d e resistencia para situaciones extrem as. El mérite norteam ericano consiste en haber formulado e sto s y otros com prom ises com o b a s e d e un sistem a constitucional m oderne y positive, as! com o en el firme propôsito d e llevarlos a la pràctica, aunque no p u ed e ocultarse que en el ânimo d e los fundadores p e sa b a mucho m âs la figura del europeo, que la del negro y la del indigena. Tam bién influyô dem asiado un nacionalism o que impidiô d e s d e muy tem prano aplicar tan altos principios a otros pueblos.

Las antiguas colonias inglesas, ya confederadas, no aban d o n aro n el sentim iento puritano d e los prim eros pobladores, en cuya religiosidad o cu p ab a lugar central el providencialism o “destino-m anifiesto’, “calling” o vocaciôn d e dominio para la felicidad d e los escogidos, conform e a lo expuesto so b re e s te punto.

Jefferson, A dam s, Franklin, por citar algunos, crelan firm em ente en e s e destine providencial. La mira e s ta b a p u esta no sôlo en las tierras d e los indios, a q u ienes

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redujeron a ‘reserv acio n es’, o en el trabajo esclavo d e los negros, sino m âs al sur, en tierras m exicanas. “N uestra râpida multiplicacion -decia Jefferson- cubrirâ todo el node, sino e s que tam bién el su r del continente'. El argum ente del expansionism o norteam ericano, tendiente a justificarlo, sin resp e tar ningùn derecho ajeno, era muy sencillo: elles los ungidos v aro n es d e la naciente dem ocracia norteam ericana, deberian o b ed ecer el “llam ado” d e redenciôn al

“hispano” y regenerarlo, au n q u e Q. A dam s p e n sa b a q u e la labor sé ria tan dificil com o qu erer esta b le c e r la dem ocracia entre las b estias. E sta form a d e p en sar perduré y todavia en 1847, para justificar la guerra contra México los alegatos esgrim idos invocaban e s a misiôn regeneradora, con tal éxito, q u e Marx y Engels se sum aron al p arecer d e los invasores y declararon q u e los m exicanos éram os, raza inferior y d e g en erad a, m erecedora d e la derrota. De m an era que los peculiares conceptos d e igualdad, libertad y dem ocracia norteam ericana, actualm ente practicados por ellos, no pueden te n e rse razonablem ente como ejemplares.^®

Tam bién s e indica que la Declaraciôn F ran cesa p o s e e prioridad cronolôgica sobre las enm ien d as a la norteam ericana incorporadas con posterioridad al 17 de mayo de 1787, En efecto, ocho constituciones d e las colonias p o sela n Hill of Rights, el primero y m âs im portante d e los cu ales fue, el d e Virginia d e 1776. A e sto s ordenam ientos e s m en ester ahadir, con anterioridad a la constituciôn general, la Declaraciôn d e Independencia del 4 d e julio d e e s e aho, q u e proclam é

J.A. Ortega y Medina DESTINO MANIFIESTO. SEP México 1972 p. 134 Op. Cit. Citado por Eugenio ITTrueba Olivares p. 265.

Referencias

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