Resistencias para la construcción de paz en el municipio Valle del
Guamúez – Putumayo: Una lectura desde la perspectiva de las mujeres en el periodo comprendido entre los
años 1998-2006
Andrés Alberto Rocha Guevara
Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Departamento de Trabajo Social
Especialización en Acción sin Daño y Construcción de Paz Convenio IMA - Putumayo
Valle del Guamúez, Putumayo, Colombia 2019
Resistencias para la construcción de paz en el municipio Valle del
Guamúez – Putumayo: Una lectura desde la perspectiva de las mujeres en el periodo comprendido entre los
años 1998-2006
Andrés Alberto Rocha Guevara
Trabajo de grado presentado como requisito para optar al título de:
Especialista en Acción sin Daño y Construcción de Paz
Director:
PhD., en Antropología Andrés Cancimance López
Modalidad de trabajo de grado Estudio de caso
Universidad Nacional de Colombia Facultad de Ciencias Humanas Departamento de Trabajo Social
Especialización en Acción sin Daño y Construcción de Paz Convenio IMA - Putumayo
Valle del Guamúez, Putumayo, Colombia 2019
Resumen
¿Cuáles y qué sentido tienen las resistencias para la paz de un grupo de mujeres sobrevivientes del conflicto armado del municipio de Valle del Guamúez en el periodo comprendido entre 1998 y 2006? ; ¿Cuál fue el accionar de grupos armados durante este periodo?; ¿Cuáles fueron los daños que ocasionaron los grupos armados en la vida individual y colectiva de las mujeres?, ¿Cómo se forjaron las resistencias para la paz de las mujeres en medio de la conflictividad armada? , ¿Qué configuraciones adquirieron estas resistencias?. A partir de estos interrogantes y mediante un proceso de reconstrucción de la historia oral se analizan las vivencias y experiencias de un grupo de las mujeres y su relación con el territorio, las expresiones de violencia y los procesos de resistencia como iniciativas de construcción de paz en medio del conflicto.
Este ejercicio busca describir y analizar los ejercicios de resistencia de un grupo de mujeres de Valle del Guamúez y como estas se convirtieron en acciones de construcción de paz en el periodo comprendido entre los años 1998 a 2006, siendo este periodo de tiempo donde se desarrollaron las mayores afectaciones y daños materiales e inmateriales en contra de la población civil, especialmente en la vida individual y colectiva de las mujeres, como consecuencia de la intensificación del conflicto armado por la disputa territorial adelantada entre las FARC y las AUC. Las diferentes expresiones de resistencia a este escenario surgieron desde la cotidianidad de las mujeres, en aras de fortalecer los escenarios de convivencia, apoyo mutuo, trabajo, participación colectiva y organización social dentro de las comunidades afectadas por el conflicto armado. En este sentido, con el presente ejercicio se pretende aportar a la comprensión de las resistencias agenciadas por mujeres en escenarios de conflictividad armada, como procesos de construcción de paz desde lo local, adicionalmente procura asumir otra perspectiva de la lectura de la construcción de paz como una forma de resistencia.
Las resistencias para la construcción de paz se configuran a partir de resistencias civiles no violentas, estas adquieren una relevancia significativa en la gestión no violenta de conflictos y convivencia pacífica, con el objetivo de proteger y preservar la cultura, el territorio, la autonomía, la participación política y los liderazgos en escenarios de intensa conflictividad armada. De manera que, las resistencias encriptadas e invisibles como estrategias sutiles de no violencia que hallan sustento en una infra política, las resistencias de desobediencia e interpelación como expresiones de oposición abierta y publica al dominio territorial y las iniciativas de organización social y resignificación de espacios sociales que tienen como finalidad la reconstrucción del tejido social y el desarrollo de procesos de reconciliación, se configuran en resistencias para la construcción de paz, en cuanto logran cambiar el comportamiento de actores armados, transforman imaginarios políticos y sociales, generan empoderamiento, gestionan la intensidad del conflicto armado y se convierten en referentes de una cultura no violenta de transformación de conflictos.
Palabras clave: Repertorios de violencia, daños, resistencia, construcción de paz.
Abstract
What and what sense do the resistances for the peace of a group of women survivors of the armed conflict of the municipality of Valle del Guamúez in the period between 1998 and 2006?; What was the action of armed groups during this period? What were the damages that the armed groups caused in the individual and collective life of the women? How were the resistances for the peace of the women in the midst of the armed conflict?,What configurations acquired these resistances? Based on these questions and through a process of reconstruction of oral history, the experiences of a group of women and their relationship with the territory, expressions of violence and processes of resistance as peacebuilding initiatives were reconstructed. in the middle of the conflict.
This exercise seeks to describe and analyze the resistance exercises of a group of women from Valle del Guamúez and how they became peacebuilding actions in the period from 1998 to 2006, and this period of time where the greater affectations and damages against the civilian population, especially in the individual and collective life of women, as a consequence of the intensification of the armed conflict due to the territorial dispute advanced between the FARC and the AUC. The different expressions of resistance emerged from the daily life of women, in order to strengthen the scenarios of coexistence, mutual support, work, collective participation and social organization within the communities affected by the armed conflict. In this sense, with the present exercise is intended to contribute to the understanding of the resistances held by women in scenarios of armed conflict, as processes of peace building from the local, additionally seeks to assume another perspective of the reading of peace building as a form of resistance.
The resistances for the construction of peace are configured from non-violent civil resistance, these acquire significant relevance in the non-violent management of conflicts and peaceful coexistence with the aim of protecting and preserving culture, territory, autonomy, participation politics and leadership in situations of intense armed conflict. In this way, the encrypted and invisible resistance as subtle strategies of non-violence that sustain an infra-policy, the resistance of disobedience and interpellation as expressions of open and public opposition to the territorial domain and the initiatives of social organization and resignification of social spaces that Their purpose is the reconstruction of the social fabric and the development of reconciliation processes, they are configured in resistances for the construction of peace, as soon as they manage to change the behavior of armed actors, transform political and social imaginaries, generate empowerment, manage the intensity of the conflict armed and become referents of a non-violent culture of conflict transformation.
Keywords: Repertoires of violence, damage, resistance, peace building.
Contenido
Pág.
1. Repertorios de violencia y configuración territorial en el Bajo Putumayo ... 16
1.1 Construcción del territorio en el Bajo Putumayo ... 17
1.2 Caracterización grupos armados ... 20
1.3 Repertorios de violencia en el Valle del Guamúez... 23
1.3.1 El desplazamiento forzado ... 23
1.3.2 Las Masacres ... 26
1.3.3 Los asesinatos selectivos ... 28
1.3.4 La desaparición forzada ... 30
1.3.5 La Violencia sexual ... 31
2. Los daños en la vida de las mujeres ... 33
2.1 Daños materiales ... 34
2.1.1 Daños a los medios productivos locales: pérdida de viviendas, predios y enseres ... 34
2.2 Daños inmateriales ... 38
2.2.1 Daños al tejido social ... 38
2.2.2 Daños a los liderazgos, a las dinámicas organizativas y a las apuestas políticas. ... 39
2.2.3 Daños a las dinámicas sociales y culturales ... 41
2.2.4 Daños a las dinámicas familiares ... 43
2.2.5 Daños psicosociales ... 45
2.2.6 Daños morales ... 48
2.2.7 Daños al proyecto de vida ... 50
3. Resistencias para la construcción de paz ... 53
3.1 Tipologías de las iniciativas de construcción paz ... 54
3.2 Resistencias para la paz ... 56
3.2.1 Resistencias encriptadas e invisibles para el acomodamiento y la restauración de escenarios sociales ... 58
3.2.2 Resistencias de desobediencia e interpelación ... 68
3.2.3 Iniciativas de organización social y resignificación de espacios sociales ... 76
4. Conclusiones y recomendaciones ... 80
4.1 Conclusiones ... 80
4.2 Recomendaciones ... 82
5. Bibliografía ... 87
Lista de figuras
Pág
Figura 1. Localización geográfica de Putumayo ... 17
Figura 2. Procesos de colonización en Putumayo ... 19
Figura 3.Línea de tiempo evolución conflicto armado Putumayo ... 22
Figura 4. Comparativos hechos victimizantes periodo 1998-2018 ... 23
Figura 5. Desplazamiento forzado en Valle del Guamúez periodo 1998-2005 ... 25
Figura 6. Comparativa tasa de homicidios municipal (Valle del Guamúez) vs. tasa de homicidios nacional periodo 1985-2018 ... 29
Lista de Símbolos y abreviaturas
AUC Autodefensas Unidas de Colombia CNMH Centro Nacional de Memoria Histórica DIH Derecho Internacional Humanitario
FARC Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia OMC Observatorio de Memoria y Conflicto
UARIV Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Victimas
Introducción
El presente estudio de caso tiene como objeto analizar los ejercicios de resistencias para la paz que le permitieron a un grupo de mujeres sobrevivientes del municipio del Valle del Guamúez (Bajo Putumayo) defender la vida, la autodeterminación, la autonomía, la libertad ante las arbitrariedades, abusos, violaciones a los Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) cometidas por diferentes grupos armados entre ellos los paramilitares.
El presente estudio no se limita a describir las resistencias de las mujeres en el contexto de la confrontación armada, por el contrario, busca analizar cómo estas se constituyeron en iniciativas de construcción de paz en medio del conflicto armado, en la medida que estas acciones emergieron desde la cotidianidad1 de las mujeres en aras de fortalecer los escenarios de convivencia, apoyo mutuo, trabajo, participación colectiva y organización social dentro de las comunidades afectadas por el conflicto armado.
Desde esta perspectiva cobran central importancia los esfuerzos individuales y colectivos adelantados por las mujeres en escenarios de intensa conflictividad armada para desarrollar procesos organizativos que les permitieron habitar los territorios, por tal razón este trabajo tiene una delimitación importante que reconoce las configuraciones y vivencias particulares de las mujeres en escenarios de intensificación del conflicto armado.
Considerando que este trabajo se centra de manera exclusiva en el análisis de las resistencias para la paz en medio del conflicto armado desde los contextos locales, se aparta de los enfoques de construcción de paz posbélicos, donde la construcción de paz se concentra casi que exclusivamente en una negociación entre los actores de un conflicto.
En este sentido, con la presente investigación se pretende aportar a la comprensión de las resistencias de las mujeres como procesos de construcción de paz desde las experiencias locales, adicionalmente pretende asumir otra perspectiva de la lectura de la construcción de paz como una forma de resistencia civil no violenta.
Este trabajo tiene una delimitación geográfica en el municipio de Valle del Guamúez, municipio que se encuentra localizado en la región del Bajo Putumayo, zona que ha registrado una de las mayores afectaciones derivadas del desarrollo del conflicto armado en el departamento de Putumayo, en la cual un grupo significativo de mujeres2 han sido
1 La cotidianidad puede ser entendida como un escenario en el que los individuos y las comunidades locales viven y desarrollan estrategias políticas en su entorno local, de ahí que las resistencias tengan un potencial de lo cotidiano para la repolitización (Richmond, 2011)
2 Las concepciones tradicionales conciben a las mujeres desde roles tradicionales relacionados con el cuidado y la esfera privada, sin embargo, esta dimensión ha difuminado otro tipo de roles que las mujeres han desempeñado en el marco de los conflictos armados como el de combatientes (Huertas, Angie Ruiz, & Nancy , 2017)
testigos de hechos emblemáticos de terror y violencia como las masacres desarrolladas en las inspecciones del Tigre3 y del Placer4 en el año de 1999, hechos que marcaron el ingreso y la consolidación de Bloque Sur de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el territorio y la confrontación con el frente 48 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
El periodo delimitado para el desarrollo de la investigación comprende los años 1998 a 2006, fecha en que confluyen las mayores afectaciones en contra de la población civil debido a la confrontación y disputa territorial que adelantaron las FARC y las AUC hasta su proceso de desmovilización en el año 2006.
Este periodo es recordado permanentemente por las mujeres como una disputa abierta, que no solo se relegó a los combatientes de las diferentes organizaciones armadas, sino que por el contrario trajo consigo un ataque frontal contra la población civil, dando comienzo a nuevos ciclos de violencia. De esta manera las principales víctimas registradas de asesinatos selectivos, desapariciones forzadas, masacres, violencia sexual y desplazamiento forzado fueron mujeres que no tuvieron ningún tipo de participación en el desarrollo de las hostilidades.
Adicionalmente, el desarrollo de la investigación se enlaza con la historia del autor y sus raíces familiares, que lo llevaron en determinado momento a formar parte del territorio, de esta manera los hechos acaecidos y las experiencias relatadas no son ajenas a sus vivencias personales.
3La masacre de El Tigre se ejecutó el 9 de enero de 1999 dando inicio al dominio que establecieron las AUC Durante el desarrollo de la masacre se realizaron desapariciones forzadas exclusivamente de hombres, quemas de casas y vehículos, homicidios y maltratos físicos y verbales hacia las mujeres, se registraron oficialmente 28 víctimas, aunque a la fecha existe un número indeterminado de desaparecidos. Esta acción colectiva conllevó a que esta comunidad fuera estigmatizada como
“colaboradora de la guerrilla”, estigma que posteriormente fue utilizado por los paramilitares para justificar su accionar armado y violento en contra de la población civil (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2011).
4La masacre de El Placer se efectuó el 7 de noviembre de 1999, 10 meses después de la ejecución de la masacre de El Tigre, este hecho marcó el proceso de expansión paramilitar en el Bajo Putumayo bajo los mismos objetivos que se dispusieron en otros municipios a partir de la lucha contrainsurgente y el control de rentas derivada del narcotráfico. De manera diferencial, esta masacre no tuvo la misma connotación que otras masacres realizadas anteriormente, puesto que no se enfocó en el vaciamiento del territorio sino en el control poblacional para el beneficio de sus intereses económicos, como resultado de la masacre fueron asesinadas 11 personas, dos de las cuales era mujeres, una de ellas en proceso de gestación. La presencia de los paramilitares se desarrolló ininterrumpidamente hasta su proceso de desmovilización; durante su permanencia en esta inspección desarrollaron una confrontación violenta de disputa territorial con el Frente 48 de las FARC, que puso a la población civil en medio del conflicto (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2012).
Las mujeres participantes en el presente estudio hacen parte de diferentes procesos de liderazgo y organización social como organizaciones de víctimas, comités de impulso de procesos de retornos, reubicaciones y reparación colectiva adelantados en Valle del Guamúez, con la cuales el autor ha desarrollado procesos de acompañamiento psicosocial entre los años 2012 - 2015 a través de la estrategia de recuperación emocional adelantada por la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Victimas (UARIV) y el fortalecimiento organizativo y acciones de prevención y protección frente a masivas violaciones de Derechos Humanos e Infracciones al DIH como analista del Sistema de Alertas Tempranas (SAT) de la Defensoría del Pueblo entre los años 2015-2018, es de resaltar que gracias a la construcción de relaciones de confianza se pudo desarrollar este trabajo con mayor fluidez y seguridad.
Se busca entonces comprender los repertorios de violencia adelantados por grupos armados, los daños resultantes del accionar de los mismos y las acciones de resistencia que emprendieron las mujeres para habitar el territorio en medio de la confrontación armada y como estas se constituyeron en iniciativas de construcción de paz.
Esta investigación se identifica como investigación para la paz5, en la medida que la temática abordada, construcción de paz es uno de sus ámbitos de estudio. Desde este marco de referencia las comunidades y personas afectadas por la violencia no se encuentran sujetos exclusivamente a la violencia, dentro de ellas se gestan diferentes procesos pacíficos y transformadores que buscan generar condiciones de supervivencia y desarrollo de capacidades individuales y colectivas para asumir y superar los efectos de la violencia, así como también resolver pacíficamente los diferentes conflictos (Hernández, 2015).
La herramienta a partir de la cual se recolectó los relatos de las mujeres se desarrolló a través de una entrevista6 semiestructurada, con el fin de poder comprender los procesos de resistencia y como estos se convirtieron en iniciativas de construcción de paz.
El trabajo de campo se dividió en dos momentos. El primero donde se retoman catorce entrevistas en profundidad derivadas de un trabajo académico de un proceso de reconstrucción de memoria histórica de mujeres en Valle del Guamúez en 2018, adelantado por el autor para optar el título de magister en Derechos Humanos y Derecho Internacional de los Conflictos Armados en la Escuela Superior de Guerra, posteriormente se elaboraron seis entrevistas adicionales con el grupo de mujeres que se trabajó en el año 2018, donde se profundizó los significados y sentidos de las resistencias de las mujeres como iniciativas de construcción de paz, a partir de las cuales se desarrolló el presente ejercicio de investigación.
Esta propuesta se desarrolló bajo los elementos que contemplan la historia oral:
la cual es un recurso narrativo empleado por las personas a la hora de dar cuenta de sus experiencias vitales, es la manera que tienen de interpretar y explicarse a sí mismos dichas experiencias, no solo para encontrarles sentido, sino también para
5 La investigación para la paz puede ser comprendida como una modalidad de investigación de la ciencia política, que indaga en el pasado y el presente en perspectiva de futuro, sobre las condiciones necesarias para construir la paz (Hernández, 2015)
6 En el texto se cambian todos los nombres de las mujeres para proteger su integridad y seguridad
procurar que ese sentido sea inteligible para los semejantes que comparten un entorno vital y/o una actividad cotidiana.[…] los relatos de historia oral nos permiten comprender cuales son los significados culturales que el narrador oral reconstruye en su relato y , además rastrear narrativamente el proceso histórico y social mediante el cual se construyeron dichos significados en el devenir de la comunidad cultural en la que se inscribe el narrador. [..] Forman parte de este proceso el dialogo durante las entrevistas, las formas de análisis e interpretación de los relatos obtenidos de ellas y los estilos de escritura científico-narrativo con la que se publica y se da cuenta de dichos análisis e interpretación. (Onofre, 2014, pág. 95).
La historia oral reconoce el uso y la comprensión de las fuentes orales como una técnica de investigación de la historia a través de la recuperación de testimonios de personas que vivieron una determinada época. La reconstrucción de testimonios directos de las personas que participaron en determinados sucesos constituye en esencia en historia oral, esta herramienta permite dar respuesta a los problemas derivados de la ausencia de fuentes escritas en determinado periodo de tiempo. Desde esta postura la historia oral es una de las múltiples formas de acercarse a la memoria, en el sentido en que esta se interesa por la vida donde se manifiesta la experiencia humana dentro de su comunidad o expulsión de esta (Mateo, 2004).
El relato oral ofrece la posibilidad de evidenciar la relación entre la narración de los hechos y la experiencia, de esta manera el relato se constituye en el registro de la experiencia mediante el cual se transmite lo vivido (Gil, 2010). Mediante la historia oral se realizó un acercamiento a sus historias de vida de un grupo de mujeres víctimas del Valle del Guamúez con el objetivo de comprender sus diferentes narraciones mediante la recapitulación de sus historias de vida.
Desarrollado el trabajo de campo se consolidó la información en el software Atlas. Ti donde se realizó la codificación de la información en diferentes categorías y se procedió a realizar la discusión de los resultados.
Preguntas y objetivos de la investigación
Con el fin de comprender las resistencias de las mujeres y su incidencia en la construcción de paz se han formulado las siguientes preguntas: ¿Cuáles y qué sentido tienen las resistencias para la paz de un grupo de mujeres sobrevivientes del conflicto armado del municipio de Valle del Guamúez en el periodo comprendido entre 1998 y 2006? ; ¿Cuál fue el accionar de grupos armados durante el periodo comprendido entre 1998 y 2006 en el municipio de Valle del Guamúez?; ¿Cuáles fueron los daños que ocasionaron los grupos armados en la vida individual y colectiva de las mujeres?, ¿Cómo se forjaron las resistencias para la paz de las mujeres en medio de la conflictividad armada? , ¿Qué configuraciones adquirieron estas resistencias?
El análisis de las preguntas de investigación se desarrollará a partir de las prácticas de resistencia adelantadas por un grupo de mujeres del municipio del Valle del Guamúez y su incidencia en la construcción de paz en la región del Bajo Putumayo, las cuales que les permitieron habitar el territorio a pesar del control y la disputa de grupos armados ilegales.
A partir de las preguntas de investigación se han definido los siguientes objetivos:
Objetivo General
• Describir y comprender las resistencias para la paz de un grupo de mujeres sobrevivientes del conflicto armado del municipio de Valle del Guamúez en el periodo comprendido entre 1998 y 2006.
Objetivos Específicos
• Describir el accionar de grupos armados durante el periodo de violencia comprendido entre 1998 y 2006 en el municipio de Valle del Guamúez.
• Identificar los daños ocasionados por los grupos armados en la vida individual y colectiva de las mujeres en el municipio de Valle del Guamúez.
• Analizar como las resistencias para la paz se configuraron en medio de la conflictividad armada.
El presente trabajo se divide en tres capítulos: el primero denominado repertorios de violencia y configuración territorial del Bajo Putumayo, donde se describe la construcción del territorio, la caracterización de los grupos armados ilegales que han hecho presencia en esta región y finalmente los repertorios de violencia adelantados por los armados para establecer su control territorial a través de diferentes comportamientos violentos, como el desplazamiento forzado, las masacres, los asesinatos selectivos, la desaparición forzada y la violencia sexual.
El segundo capítulo, titulado los daños en las vidas de las mujeres, hace referencia a los daños materiales e inmateriales que han tenido que padecer las mujeres en medio de la conflictividad armada, tales como los daños a los medios productivos locales, daños al tejido social, daños a los liderazgos, daños a las dinámica familiares, sociales y culturales, daños psicosociales, daños morales y daños al proyecto de vida.
En el tercer capítulo, resistencias para la paz se exploran las diferentes iniciativas individuales y colectivas de resistencia emprendidas por las mujeres en medio de la conflictividad armada y como estas se convirtieron en acciones de construcción de paz. Se ofrece una descripción de las tipologías de paz entre las que se destacan las resistencias para la paz, para luego profundizar en las resistencias encriptadas e invisibles como formas de acomodamiento y restauraciones de las relaciones sociales desde una perspectiva de la infra política, posteriormente se abordan las resistencias de desobediencia e interpelación, así como también las iniciativas de organización social y resignificación de espacios sociales.
Como parte final del documento se referencian un apartado de conclusiones y uno de recomendaciones generales en perspectiva de procesos de reparación integral a las víctimas.
1. Repertorios de violencia y configuración territorial en el Bajo Putumayo
El presente apartado tiene como objetivo describir la relación existente entre el proceso de configuración territorial del Bajo Putumayo y los repertorios de violencia agenciados por diferentes grupos armados. Esta relación no surge de manera arbitraria, sino derivada de las condiciones del territorio y del ejercicio de la presencia diferenciada del Estado7, de ahí que los procesos de poblamiento del territorio respondan a procesos de colonización derivados de diferentes economías extractivistas y del desarrollo de los cultivos de hoja de coca.
Estos aspectos han configurado la dinámica territorial, social, económica y política de Putumayo, pero especialmente de la subregión denominada Bajo Putumayo, siendo esta la zona de mayores afectaciones humanitarias como consecuencia del conflicto armado, de esta manera se ha presentado en el territorio un relevo generacional de diferentes actores armados con diversos intereses y configuraciones que datan de la década de los ochenta.
A lo largo de este periodo, hasta la actualidad, se ha presentado un proceso de reconfiguración permanente de actores armados, que ha traído consigo una diversidad de expresiones entre la población civil y los actores en conflicto, resultado de este proceso se han desarrollo diferentes dispositivos de violencia que dan cuenta del impacto y de los daños ocasionados a la vida individual y colectiva de los habitantes de este territorio como en el caso del Valle del Guamúez.
Así mismo, se resalta que uno de los principales grupos poblaciones más afectados por el conflicto armado han sido las mujeres, quienes en la mayoría de los casos de manera anónima han procesado los efectos de la violencia en sus vidas.
7 La presencia diferenciada del Estado es una acepción teórica construida por el sacerdote jesuita Fernán Martínez del CINEP para describir las relaciones diferenciadas que se construyen entre las instituciones y los territorios según sus configuraciones particulares, de esta manera el funcionamiento y la organización de las agencias estatales son diferentes en las regiones más integradas del país, especialmente las ubicadas en la geografía centro andina de donde se detenta el poder estatal, a diferencia de las regiones marginales del país, como por ejemplo la costa pacífica o como el caso de Putumayo.
1.1 Construcción del territorio en el Bajo Putumayo
Figura 1. Localización geográfica de Putumayo
Fuente: OCHA - United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs
La configuración del territorio en Putumayo le brinda una posición geoestratégica a partir de ser una zona de frontera con una multiplicidad de arterias fluviales que conectan varios países; estar ubicado dentro de la Amazonia, una zona geográfica rica en recursos naturales renovables y no renovables donde se han erigido históricamente diferentes economías extractivistas; no obstante pese a tener estas condiciones, Putumayo se ha caracterizado por la débil presencia social del Estado y la concentración de focos de violencia que ha traído consigo el desmejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes.
Putumayo se divide en tres zonas geográficas con características sociopolíticas y económicas diferenciadas conocidas como el Alto, Medio y Bajo Putumayo. La subregión del Alto Putumayo se encuentra ubicada en la cordillera de los Andes y encierra el Valle de Sibundoy (en esta zona se encuentran los municipios de Santiago, Colón, Sibundoy y San Francisco), las principales actividades económicas se derivan de la ganadería y la producción agrícola, se destaca en esta zona que la presencia de actores armados ilegales8 no ha sido continua como en otras zonas del departamento, no obstante no
8 En la década del noventa del siglo pasado se registró una presencia intermitente del Frente 2 de las FARC en el alto Putumayo (Misión de Observación Electoral, 2007), en la medida en que este
existen estudios a la fecha que den cuenta de la verdadera magnitud del conflicto armado en esta subregión.
La segunda subregión es denominada como el Medio Putumayo, que comprende el descenso de la cordillera de los Andes hasta la llanura amazónica, en donde se ubica la capital Mocoa, Villagarzón y Puerto Guzmán; en los dos últimos municipios referenciados se ha desarrollado el conflicto armado con mayor intensidad, aunque con ciertas particularidades como en el municipio de Guzmán donde el frente 32 de las FARC manutuvo una presencia hegemónica, siendo este el único municipio del departamento donde no se registró la presencia prolongada de las AUC gracias a diferentes iniciativas de organización social (Cancimance, 2014).
La tercera subregión es conocida como el bajo Putumayo, esta se ubica en la llanura amazónica y constituye la mayor extensión del territorio; en esta zona se ubican los municipios de Puerto Caicedo, Orito, Puerto Asís (principal enclave económico de la subregión y la segunda ciudad del departamento de Putumayo), San Miguel, Leguizamo y Valle del Guamúez. Precisamente, es en este último municipio donde se hace un análisis de los dispositivos de violencia adelantados por actores armados para lograr establecer su control territorial.
Aunque la configuración del territorio y su respectivo poblamiento se remonta a dinámicas económicas (explotación de Quinua y Caucho) de los siglos XIX y comienzos del siglo XX, es importante resaltar los procesos más recientes a través de las denominadas
“bonanzas”9, las cuales tienen una relación más directa con el proceso de construcción del territorio actual. En la figura 2 se exponen los principales procesos de colonización desarrollados en el departamento del Putumayo que datan de la década de los años cincuenta hasta la década de los noventa del siglo pasado, periodo en el cual se desarrolla un incremento demográfico del territorio.
frente poseía su margen de operaciones en la zona fronteriza de los departamentos de Nariño y Putumayo. En la actualidad, se viene desarrollando investigaciones que referencian las actuaciones de los paramilitares en esta región en la investigación denominada lectura de la dinámica del conflicto armado en el Valle de Sibundoy desde el enfoque psicosocial, la cual se encarga de analizar los repertorios de violencia los daños y resistencia de los pobladores del Alto Putumayo.
9 Se acuña este significado para describir el proceso de poblamiento del Putumayo y su relación con economías en su mayoría de corte extractivistas como el caucho, la quinua, la madera, la industria petrolera y más recientemente la economía derivada de los cultivos de hoja de coca. Estas economías se han caracterizado por un acelerado crecimiento y su rápido declive, a partir de la configuración de estas dinámicas se desarrolló gran parte del proceso de colonización del departamento.
Figura 2. Procesos de colonización en Putumayo
Fuente: Elaboración propia
Aunque todos los procesos de colonización han tenido repercusiones importantes en el proceso de configuración territorial del Bajo Putumayo, quizás el más destacado ha sido el derivado de la colonización provocado por la producción cocalera con fines ilícitos, siendo esta uno de los aceleradores más significativos del crecimiento demográfico y poblacional de esta subregión (Torres, 2012).
Los cultivos de hoja de coca también se han encargado de influir en el desarrollo de diferentes procesos sociales como los procesos organizativos que se derivaron de las
“marchas cocaleras” en los años de 1994 y 1996, estos procesos surgen de manera reactiva ante la política antidrogas que implementó la aspersión aérea con glifosato, sin embargo, este escenario sirvió de base para que las comunidades campesinas del departamento le exigieran al gobierno nacional mejores condiciones de vida (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2016). A pesar de que las comunidades lograran un rol protagónico de interlocución con el gobierno nacional donde se establecieron diferentes compromisos y acuerdos para adelantar un proceso voluntario de sustitución de cultivos de coca estos no se cumplieron (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2015).
Es de resaltar que pese al fracaso de los acuerdos y falta de voluntad política del gobierno de turno para cumplir los pactado este espacio representó un escenario de articulación y empoderamiento social de las organizaciones sociales para adelantar un nuevo y fortalecido colectivo social conocido hoy en día como la Mesa de Organizaciones Sociales del Putumayo, Baja Bota Caucana y Cofania Jardines de Sucumbíos (MEROS), la cual se encargó de negociar con el gobierno nacional del presidente Santos un nuevo acuerdo de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito.
Finalmente, la presencia de cultivos de hoja de coca también ha influido directamente con la disputa territorial que han adelantado grupos armados para lucrarse de las rentas derivadas del narcotráfico, los cuales desde los años 80 hasta la actualidad han
desarrollado diferentes procesos de relevo generacional en el marco de alianzas, altercados y confrontaciones por hacerse por el control territorial y social de las poblaciones.
1.2 Caracterización grupos armados
Los primeros grupos armados arriban al departamento de Putumayo en la década de los de los ochenta del siglo pasado. El primer grupo en incursionar de manera transitoria fue el movimiento diecinueve de abril (M-19) (1980-1982); posteriormente el Ejército Popular de Liberación (EPL) con el frente Aldemar Londoño (1984-1991), quienes registraron una presencia más prolongada en los municipios de Mocoa, Puerto Asís y Valle del Guamúez;
finalizando la década de los ochenta las FARC aprovechando el proceso de desmovilización de otras guerrillas como M-19 y el EPL y la expulsión de la primer generación de paramilitares conocidos como Masetos y Combos consolidó una presencia hegemónica con los frentes 32 y 48 (Fundación Paz y Reconciliación, 2014).
El frente 48 de las FARC entró a operar a comienzo de los años noventa en el Bajo Putumayo. El proyecto de expansión de las FARC en el suroriente del país se fundamentó en el control territorial de zonas que tenían un poder derivado de la economía cocalera que antaño habían sido objeto de colonización armada (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017). El crecimiento del Frente 48 se da dio manera paralela con el de los cultivos de uso ilícito y el desarrollo de la economía petrolera en zonas fronterizas entre Colombia y Ecuador (Fundación Paz y Reconciliación, 2014); de esta manera, el Frente 48 de las FARC mantuvo su zona de influencia en el Bajo Putumayo por más de tres décadas desde su creación hasta su proceso de dejación de armas en 2017.
Las FARC en sus zonas de influencia no solo desarrollaron actividades de tipo militar en el marco de la confrontación con el Estado y otros grupos armados ilegales, también construyeron mecanismos de resolución de conflictos y/o administración de justicia paralela, permitiéndoles desarrollar procesos de regulación social de la población un ejemplo de este proceso son los denominados “manuales de convivencia”. Esta justicia puede ser considerada como “déspota” ya que no tenía en cuenta derechos fundamentales como el debido proceso o la defensa, no obstante, este sistema ayudó a mantener muchos territorios pacificados (Castro, 2016) bajo lo que se conoce indistintamente como ley de la selva o del monte.
A diferencia de lo que sería posteriormente la ocupación de los paramilitares, quienes se instalarían en los centros poblados de manera permanente y con una política de ocupación, confinamiento y desplazamiento forzado, las FARC se caracterizaron por una presencia más arraigada en la vida cotidiana de las comunidades campesinas ejerciendo acciones de justicia10, regulación de conflictos, establecimiento de exacciones forzadas o las
10 Las FARC en sus zonas de influencia no solo desarrollaron actividades de tipo militar en el marco de la confrontación con el Estado y otros grupos armados ilegales, también construyeron mecanismos de resolución de conflictos y/o administración de justicia paralela, permitiéndoles desarrollar procesos de regulación social de la población un ejemplo de este proceso son los denominados “manuales de convivencia”. Esta justicia puede ser considerada como “déspota” ya
denominadas “vacunas” a los campesinos o comerciantes que tenían relación con la economía cocalera; no obstante, este tipo de relación no aplicó a quienes eran considerados colaboradores de sus enemigos, como el caso de las familiares que se encontraban prestando el servicio militar obligatorio o que proveían suministros o algún tipo de relación comercial con la fuerza pública, los cuales eran sancionados con el destierro o la muerte (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2018).
El ingreso de los paramilitares del Bloque sur Putumayo se gestó en 1997, durante el desarrollo de la tercera cumbre de las AUC, la cual se fijó en sus directrices la recuperación de territorios de control histórico de las FARC. Esta operación fue encargada a los hermanos Castaño, quienes a finales de 1997 organizaron el primer arribo de hombres al municipio de Puerto Asís adscritos al Bloque Central Bolívar (BCB); posteriormente, asumirían el nombre de Bloque Sur Putumayo11, hasta su proceso de desmovilización el 1 de marzo de 2006 (Verdad Abierta, 2010). Así pues, el proceso de consolidación de los paramilitares en Puerto Asís les permitiría posteriormente expandir su control territorial hacia los demás municipios que componen el Bajo Putumayo, el establecimiento definitivo de este grupo armado se desarrolló a partir de las masacres en las inspecciones de El Tigre y El Placer en el municipio de Valle del Guamúez y en La Dorada, cabecera urbana del municipio de San Miguel en los años de 1999 y 2000.
A diferencia de las FARC, los paramilitares se instalaron en las cabeceras urbanas donde se encargaron del control de la población, con el fin de lograr el monopolio de la fuerza, el control del negocio de la base de coca y la regulación de la vida social de los pobladores (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2012), razón por la cual la presencia paramilitar en el Bajo Putumayo es considerada una de las principales causas del desplazamiento forzado en el departamento (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2015).
El arribo del paramilitarismo al Bajo Putumayo no se limitó a la disputa territorial y al control del negocio de la coca, también tuvo una fuerte relación con la neutralización y fractura de los procesos sociales de colonos y campesinos cocaleros quienes eran percibidos como las bases sociales de las FARC (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2018).
Mientras tanto, la expansión del Bloque Central Bolívar hacia el sur del país tuvo dos connotaciones diferentes en las que confluyeron la lucha contrainsurgente y el control de las diferentes etapas de la cadena del narcotráfico. La expansión paramilitar como en otras zonas del país no estuvo relacionada con un proyecto de apropiación y concentración de la tierra para el desarrollo de un proyecto rural; por el contrario, el valor de Putumayo radicaba en las condiciones geoestratégicas del territorio para el desarrollo de actividades relacionadas con el narcotráfico (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2018). De esta manera, la presencia del Bloque Sur Putumayo de las AUC cuestionó radicalmente la presencia hegemónica que había ostentado las FARC, también le restaron capacidad sobre el control que adelantaban a la economía de los cultivos de coca, situación que
que no tenía en cuenta derechos fundamentales como el debido proceso o la defensa, no obstante, este sistema ayudó a mantener muchos territorios pacificados (Castro, 2016)
11 El cambio de denominación obedeció a una compra de la franquicia de este bloque en 1998 por parte de Carlos Mario Jiménez alias Macaco a los hermanos Castaño debido a los problemas que tuvo su primer comandante alias Rafa Putumayo con la casa Castaño (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2018).
desencadenó una respuesta violenta de los paramilitares por hacerse con el control del territorio que les resulta útil para el desarrollo de sus actividades ilegales. Resulta claro el efecto potenciador que tiene el narcotráfico en los diferentes grupos armados ilegales, en la medida en que fortalece su capacidad, despliegue militar y ofensiva violenta en los territorios, como el caso del Bajo Putumayo.
Los elementos descritos en este apartado se retoman de manera cronológica en la figura 3, donde se desarrolla una línea del tiempo que indica los principales hitos de la evolución del conflicto armado desde la década de los años ochenta del siglo pasado hasta el proceso de desmovilización de las AUC en el año 2006.
Figura 3.Línea de tiempo evolución conflicto armado Putumayo
Fuente: Elaboración propia
Para concluir se puede manifestar que construcción del territorio del Bajo Putumayo se ha visto influenciada por diferentes procesos colonización, sin embargo, el más destacado es el que se deriva de la colonización producido por los cultivos de hoja de coca, el cual se convirtió en el principal acelerador demográfico de la región. Este fenómeno junto con la precaria presencia del Estado trajo consigo el asentamiento en el territorio de diferentes grupos armados desde los años ochenta, los cuales desarrollaron variadas prácticas de relacionamiento con la población civil en el marco de las alianzas y disputas que se establecieron por el control territorial; desde esta perspectiva el periodo de confrontación más violento se gestó entre los años de 1998 a 2006, producto de la confrontación entre las FARC y las AUC.
1.3 Repertorios de violencia en el Valle del Guamúez
Durante el desarrollo del conflicto los actores armados desplegaron una serie de comportamientos para hacerse con el control territorial, económico, social y político de un determinado espacio y de la vida social que gira alrededor de él. Estos elementos no fueron ajenos al municipio de Valle del Guamúez, por lo que en el periodo de 1998 a 2006 los repertorios de violencia se materializaron en el incremento de conductas como el desplazamiento forzado, las masacres, los asesinatos selectivos, las desapariciones forzadas y la violencia sexual. cabe resaltar que muchas de estas acciones estuvieron justificadas en diferencias de género como en el caso de la violencia sexual. El incremento de este tipo de hechos obedeció al proceso de confrontación que establecieron las FARC y el Bloque Sur Putumayo de las AUC, desatando consigo una disputa abierta en donde los más afectados resultaron siendo la población civil y en particular las mujeres, tal como se describe en la figura 4 donde se realiza un comparativo de diferentes hechos victimizantes en el periodo comprendido entre 1985 a 2018.
Figura 4. Comparativos hechos victimizantes periodo 1998-2018
Fuente: elaboración propia con base en los datos del Observatorio de Memoria y Conflicto (2018)
1.3.1 El desplazamiento forzado
En el periodo comprendido entre los años 1998 a 2006 se registraron, según los datos de la Unidad Administrativa para la Reparación Integral a las Victimas (UARIV), un total de
0 1 2 3 4 5 6
0 20 40 60 80 100 120 140 160
1985 1990 1995 2000 2005 2010 2015
Comparativo hechos victimizantes 1985-2018
Asesinato Selectivo Desaparición Forzada Violencia Sexual Masacre
27. 735 personas desplazadas. Según las proyecciones poblacionales del Departamento Nacional de Estadística (DANE) para el año 2005, Valle del Guamúez tenía una proyección poblacional de 44.959 personas, esto quiere decir que el 62 % de la población total se habría visto obligado a desplazarse forzadamente. Del total de víctimas que se vieron afectadas por estos hechos, un 51 % corresponde a mujeres y un 49 % corresponde a hombres.
Los efectos del desplazamiento forzado en las mujeres conllevan serias transformaciones en los roles, muchas de ellas se ven obligadas a asumir la jefatura del hogar con sus diferentes obligaciones como el suministro económico y el ejercicio de la autoridad, ya sea de manera permanente o transitoria cunado enviudan o su conyugue desaparece (Rámirez, 2006). El siguiente testimonio da cuenta de estos aspectos:
Imagínese que a uno le falte el esposo, y los hijos, el esposo pues es la cabeza principal ¿no? La mujer pues también, pero como en mi caso, a mí me tocó de hacer de papá y mamá (Testimonio 2, Valle del Guamuez,2018).
Por consiguiente, al igual que en otras regiones del país, el desplazamiento forzado hizo parte de los repertorios de violencia agenciados por los grupos armados para desalojar los territorios que poseen importancia geoestratégica. Como ya se refirió anteriormente, el departamento de Putumayo posee estas condiciones en cuanto zona de frontera le brinda la capacidad de conexión con otros países, lo que favorece el desarrollo de actividades relacionadas con el narcotráfico.
Otro de los motivos esgrimidos para el desarrollo de esta práctica se relaciona con la finalidad de utilizarlo como “táctica de guerra”, en cuanto resulta una medida efectiva para desterrar a quien son considerados como colaboradores del enemigo. Sumado a esto el desplazamiento forzado no se limita al desarraigo, este proceso va acompañado de la perdida de bienes y el desarrollo de terror generalizado (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2011), estos hechos condujeron a un éxodo de la población a otros lugares del departamento, incluso a salir del territorio nacional.
El periodo comprendido entre 1998 y 2005 puede ser considerado como uno de los periodos de mayor expresión del desplazamiento forzado. Durante esta etapa se registró un incremento sustancial de los indicadores de expulsión de personas. Esta situación obedeció al proceso de disputa territorial que establecieron el Bloque Sur Putumayo de las AUC y las FARC por el control territorial de este municipio, la disputa se expresó a través de diferentes acontecimientos, pero sin duda alguna el de mayor impacto en el desplazamiento forzado se derivaron de la ejecución de las masacres del Tigre y El Placer en el año de 1999. De esta manera la figura 5 registra el incremento de las tasas de desplazamiento forzado en el municipio de Valle del Guamuez como consecuencia de la confrontación armada entre las FARC y las AUC.
Figura 5. Desplazamiento forzado en Valle del Guamúez periodo 1998-2005
Fuente: Elaboración propia con base en los datos de la Red Nacional de Información de la UARIV (2019)
Durante este periodo, la Defensoría del Pueblo a través del SAT, emitió dos informes de riesgo que daban cuenta de las afectaciones a los Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario DIH de la población civil como resultado de la confrontación armada. Así lo expresó en su momento:
Dados los intereses en juego es altamente probable que el Valle del Guamúez se convierta en uno de los escenarios donde la insurgencia y las AUC dispondrán de todos los recursos para demostrarse su potencial armado y la capacidad de revertir a su favor el control del territorio y de la masa trabajadora dedicada a la producción de estupefacientes. Por ello, el Frente 48 de las FARC intenta recuperar la zona rural de los municipios del Valle del Guamúez, San Miguel y Orito, en donde las AUC logró implantarse desde 1.999, especialmente sobre las inspecciones de El Tigre, El Placer, La Dorada, Siberia y Jardines de Sucumbíos; así como en el Corregimiento de Puerto Colón de San Miguel, frontera con Ecuador (Defensoría del Pueblo, 2003, pág. 3)
Como consecuencia de la intensificación del control armado los habitantes de Valle del Guamuez se vieron forzados a implementar desplazamientos forzados con diferentes cursos de acción como los que se describen a continuación: i) “salir a medias”, proceso que se caracteriza por desplazamientos temporales y parciales que se hacen de manera familiar o colectiva, en el cual se regresa al territorio de manera intermitente para cuidar de las propiedades, protegerse, acceder a medios de producción; ii)”salir para exigir en retorno”, proceso en el cual existe una necesidad perentoria de abandonar el territorio pero con una consigna clara donde el retorno esgrime la configuración de las luchas colectivas, y iii) “desocupar el territorio” de manera definitiva, proceso que se da de manera individual y colectiva, desesperadamente, en el cual existe un nivel de organización, este tipo de desplazamiento tiene mayores efectos en las personas en cuanto implica una ruptura permanente con el territorio (Osorio, 2001).
0 500 1000 1500 2000 2500 3000 3500
1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006
Desplazamiento Forzado en Valle del Guamuez periodo 1998-2005
Mujer Hombre
Muchos de los pobladores de Valle del Guamúez optaron por uno de los tipos de desplazamiento descritos. “Salir a medias” fue característico después de la ejecución de las masacres donde las personas retornaban de manera intermitente y bajo estricta cautela para proteger sus pertenencias. “Salir para exigir el retorno” se configuró posterior a la desmovilización a los paramilitares cuando las instituciones comenzaron a desarrollar acciones de acompañamiento a la población; y “desocupar el territorio” fue un desplazamiento característico de la población inmediatamente después de la ejecución de las masacres. El optar por uno u otro tipo de desplazamiento dependió de los diferentes recursos personales con los que contaban las personas, la fortaleza de sus redes de apoyo, la intensidad de las amenazas y el acompañamiento institucional. Ahora los tipos de desplazamiento descritos no son excluyentes, en ciertas ocasiones en un mismo periodo de tiempo respondieron a varias de las finalidades descritas.
Se evidencia que el desplazamiento forzado impacta de diferentes maneras la vida de las mujeres; de forma directa porque hay una afectación en sus derechos, de manera especial las que cumplen el rol de mujeres cabezas de familia; de manera indirecta porque genera escenarios de desarraigo que agudizan las tensiones familiares con un alto riesgo de afectaciones emocionales (Bermúdez, Villarreal, & Ríos, 2006).
De acuerdo con lo anterior, el desplazamiento forzado significó para la vida de las mujeres de Valle del Guamúez una multiplicidad de pérdidas materiales, psicosociales, productivas, familiares y relacionales con profundos impactos en las dinámicas organizativas, políticas, sociales, culturales, las cuales se han visto reflejados en la desestructuración de sus proyectos de vida.
1.3.2 Las Masacres
Las masacres tienen un valor preponderante en las experiencias de vida de los habitantes de Valle del Guamúez debido a su intensidad y a su interrelación con otras expresiones de violencia como los asesinatos selectivos y las desapariciones forzadas, de ahí que posean un significado emblemático las masacres del Tigre y El Placer en el año de 1999.
Estos hechos marcaron un antes y un después en la cotidianidad de este municipio al considerarlos como los eventos que más desestructuraron la vida individual y colectiva. Al respecto, las masacres poseen una doble configuración social y subjetiva, la configuración subjetiva evidencia la ruptura traumática que dejan estos hechos en la vida de las víctimas quienes no logran darles un sentido a los hechos y en el ámbito social, las masacres son sucesos devastadores que perturban intensamente a las víctimas directamente afectadas como a las colectividades a las que pertenecen (Uribe M. , 2004). De tal modo, las masacres cobraron un especial sentido en el establecimiento de las relaciones de poder entre Bloque Sur Putumayo de las AUC y la población civil, teniendo en cuenta que como dispositivos de terror simbolizaron la dominación del territorio, proceso mediante el cual lograron establecer niveles de jerarquía que reforzaban el dominio armado, uno de los aspectos más visibles de esta dominación armada fue la estigmatización de los pobladores como auxiliares de la guerrilla. El testimonio que se cita a continuación da cuenta de estas particularidades:
La historia del Tigre se partió en dos, porque el paramilitarismo primero afectó vidas, murieron niños, murieron jóvenes, murieron padres de familia, gente inocente, ninguna de las personas que murieron eran guerrilleros, sí, entonces le
da a uno tristeza de esa pérdida porque no había presencia del estado, no hubo quien nos reclame, más el miedo y el terror eso ocasionó otros problemas sociales (Testimonio 8, Valle del Guamuez,2019).
A partir de los datos referenciados por el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en el Valle del Guamúez se han registrado veinte masacres en el periodo comprendido entre los años de1989 a 2005 (ver figura 2), estos eventos se han registrado en los periodos de mayor exacerbación del conflicto armado, por lo que tienen una significación importante en la memoria colectiva de los habitantes de este municipio a partir de tres elementos: i) Intensidad de los hechos (sevicia o del desarrollo de ciertas prácticas como el desmembramiento y la exposición de cuerpos al público); ii) número de víctimas como en el caso de la masacre del Tigre donde se registraron 28 personas asesinadas y iii) La estela de terror que dejan después de su ocurrencia, en cuanto persiste la amenaza constante de que este hecho se puede volver a repetir. Los elementos descritos tienen una relación directa con los procesos de desplazamiento forzado ocurridos en Valle del Guamúez.
El desarrollo de las masacres en Valle del Guamúez ha dejado como saldo 156 víctimas fatales, de las cuales 116 son hombres, 12 mujeres y 28 casos en los cuales no se han identificado su género. Tan solo una de las víctimas registradas tendría la noción de combatiente, esto quiere decir que esta modalidad de violencia se orientó específicamente a la población civil.
En el periodo comprendido entre 1998 a 2006 se registraron 141 víctimas, por lo que se puede concluir que el 90 % de los casos se desarrollaron durante el periodo de confrontación entre las FARC y el Bloque Sur de las AUC. Las AUC, de acuerdo con los registros, serían los responsables de doce de las veinte masacres (las masacres de las AUC se registraron en el periodo 1998 a 2004), seguido de las FARC a quienes se responsabiliza de tres, dos serian de responsabilidad de agentes del Estado y una se atribuyó a un grupo armado sin identificar. Es importante destacar que, aunque la proporción de víctimas fatales, como consecuencia de las masacres es mucho menor en comparación con otras expresiones de violencia, como en el caso de las desapariciones forzadas y los homicidios selectivos, éstas tuvieron un impacto mayor en la fractura del tejido social.
Por consiguiente, el desarrollo de las masacres por parte de los paramilitares se configuró bajo una lógica del terror, esto con el fin de desarrollar una configuración territorial que les permitiera fracturar los vínculos entre la guerrilla y la población civil; aunado a ello, el efecto de las masacres conllevó un debilitamiento de la guerrilla en el territorio (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2011). De esta manera las masacres perpetradas por las AUC tuvieron un simbolismo importante en donde se demostraba la incapacidad de las FARC para proteger a las comunidades, lo que facilitó el establecimiento y consolidación, por la vía del terror, de las AUC en un corto plazo.
El efecto expulsor de las masacres realizadas en las inspecciones del Tigre y del Placer tuvieron una línea comunicante con el desplazamiento forzado en el municipio, respondiendo a dos de las modalidades de actuación descritas por el CNMH, en donde las masacres fungen como acto público y como ruta del terror. El primer tipo se describe como un acto donde los habitantes de un poblado son reunidos en un espacio público y se produce la victimización de conocidos y familiares (masacre de El Tigre), el segundo tipo
consiste el desarrollo de un recorrido por dos o más veredas en los que se va dejando un rastro de muerte (masacre de El Placer).
1.3.3 Los asesinatos selectivos
De acuerdo con las cifras reportadas por el OMC del CNMH se identificó 798 asesinatos selectivos entre los años 1985 a 2018 (ver figura 2), de los cuales 582 ocurrieron entre el periodo comprendido entre 1998 y 2006, lo que corresponde a que un 73 % de los asesinatos selectivos se ejecutaron durante el periodo de confrontación entre las FARC y el Bloque Sur Putumayo de las AUC.
A partir de la comparación de las estadísticas se evidencia una correlación entre el desarrollo de asesinatos selectivos y las masacres durante el mismo periodo de tiempo.
Esta correlación indica que diferentes hechos de violencia tienen una simétrica concurrencia. Bajo esta perspectiva, los diferentes hechos de violencia amplifican sus efectos sobre las poblaciones en la medida que se logran establecer patrones de conexidad que fortalecen la continuidad de las estrategias de implementación de terror desarrolladas a partir de las masacres. De esta manera, como lo refirió el CNMH, al igual que las masacres, los asesinatos tienen un propósito comunicativo claro: “Contar a otros los que también a ellos les podía pasar”.
Al igual que el desplazamiento forzado los homicidios selectivos tienen una relación directa con el fenómeno de las masacres, por cuanto los hechos tienen una proximidad temporal que renueva la cercanía del terror en general, los asesinatos selectivos preceden y se postergan a las masacres casi de inmediato (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2011). Para el caso en mención las masacres efectuadas por el Bloque Sur Putumayo de las AUC estuvieron precedidas de varios asesinatos selectivos que referenciaban la amenaza constante del ingreso de este grupo.
Se debe agregar que de acuerdo con la comparación de cifras entre la tasa de homicidios municipal y la tasa de homicidios nacional se evidencia un incremento, a partir del año 1997 encontrando su pico más alto el año 1999, fecha en la que ocurrieron la mayor cantidad de masacres en el municipio, de esta manera se evidencia que los asesinatos se encuentran directamente relacionados con las masacres, como mecanismos de violencia que pretende aterrorizar y expulsar a la población del territorio, tal y como se describe en la figura 6 donde se realiza un comparativo entre la tasa de homicidios municipal y nacional, la cual resulta elevadamente alta en comparación con el promedio nacional.
Figura 6. Comparativa tasa de homicidios municipal (Valle del Guamúez) vs. tasa de homicidios nacional periodo 1985-2018
Fuente: elaboración propia con base en datos de la Fundación Ideas para la Paz (2018)- Medicina Legal (2018)
Del total de víctimas registradas (798) de asesinato selectivo, 457 serían de responsabilidad de los grupos paramilitares, en 155 casos la autoría es desconocida, 89 casos serian de responsabilidad de las FARC, 83 por un grupo no identificado, 11 casos seria responsables agentes del Estado y 3 casos serían responsables grupos posdesmovilización. De esa manera, los mayores responsables de esta práctica fueron los grupos paramilitares con 57% del total de víctimas, esta cifra indica que los asesinatos selectivos fue una práctica común de guerra utilizada por esta organización armada para establecer una serie de medidas “ejemplarizantes”, a quien pretendía cuestionar o amenazar su poder armado, es así como las diferencias en comparación por los hechos perpetrados con las FARC se presentan en una relación de 5 a 1.
En cuanto a las afectaciones por género, se evidencia que esta práctica se direccionó mayoritariamente hacia los hombres, por cuanto el 88 % de los casos que corresponde a 707 casos las víctimas fatales fueron hombres, mientras que el 10 % que corresponde a 78 las víctimas fatales son mujeres.
En relación con los asesinatos selectivos de mujeres esta no fue una práctica generalizada de las FARC, en contraste el accionar de los paramilitares se caracterizó por un despliegue de diferentes expresiones de violencia que afectaron la vida individual y colectiva de las mujeres, el hecho en mención se describe a partir del siguiente testimonio:
Uno se dio cuenta el grado de peligro que representaban esas personas (paramilitares) y la capacidad de daño que podían tener con la población, era altísima, luego de eso se vinieron presentando varios tipos de asesinatos y contra mujeres, cosa que antes no habíamos visto en nuestra Inspección a pesar de que habían varios grupos armados, pero no se había evidenciado tan difícil situación respecto al conflicto, entonces eso es lo que más me marca, la situación como
0 20 40 60 80 100 120 140 160 180 200
1991 1996 2001 2006 2011 2016
Tasa de Homicidios Municipal Tasa de Homicidios Nacional
entraron aquí a esta Inspección y pues dejaron marcas para siempre en la vida de uno, porque uno nunca se lo esperaba, había vivido una guerra más diferente, no tan violenta como la que ellos nos presentaron (Testimonio 13, Valle del Guamuez,2018).
1.3.4 La desaparición forzada
Las cifras reportadas por el OMC del CNMH refieren que en el periodo comprendido entre los años 1985 a 2018 se han registrado en el municipio de Valle del Guamúez 710 casos de desaparición forzada (ver figura 2), de los cuales 323 casos los autores serian grupos paramilitares, 201 casos fueron ejecutados por desconocidos, 92 casos por grupos armados no identificados, 78 casos por los grupos guerrilleros, 13 casos por grupos posdesmovilización y 3 casos por agentes del Estado.
En el periodo comprendido entre los años 1998 a 2006 se registraron 554 casos, lo que corresponde a un 71 % del total de casos, siendo este el mayor periodo donde se desarrolló esta práctica, por lo que la desaparición forzada irrumpió con altos niveles de violencia en el Bajo Putumayo, donde se registró una tendencia de escalamiento de masacres, asesinatos selectivos y secuestros (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2016). Al igual que las otras expresiones de violencia se encuentra una relación directa de ocurrencia de las múltiples violencias (desplazamiento forzado, masacres, asesinatos selectivos, desaparición forzada) en un mismo periodo de tiempo, de esta manera se evidencia que la violencia en contra de la población civil por su efecto amplificador y prácticas diversas adquirió una dimensión sistemática y generalizada, convirtiendo esta serie de sucesos a la luz del derecho internacional en delitos de lesa humanidad.
En la mayoría de los casos aún no se ha logrado ubicar el paradero de los restos, lo que implica que el sufrimiento de los familiares persiste; como resultado de este panorama tan solo en 74 casos, que corresponden al 11 % del total de casos la victima apareció muerto, tres casos que corresponden al 0.1 % las victimas aparecieron con vida, 109 casos que corresponden a un 15 % las victimas siguen desaparecidos pero existe alguna información de su paradero, se resalta que de los 524 casos que corresponden a un 74 % del total de casos siguen aún desaparecidos. Claramente, la desaparición forzada trae consigo una incertidumbre permanente, en la que la esperanza de la supervivencia es suplantada por el tormento de la muerte con suplicio y de un cuerpo que probablemente nunca pueda ser encontrado (Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, 2011).
Con respecto a las afectaciones por género, se evidencia que en su gran mayoría esta práctica se direccionó hacia los hombres, dado que el 85 % de los casos, que corresponde a 602 casos las víctimas fatales fueron hombres, mientras que el 11 % que corresponde a 80 casos las víctimas son mujeres. Así lo expresó una de las mujeres entrevistadas.
Por eso hubo también mujeres desaparecidas, que hasta el momento hemos encontrado solamente a una de ellas. El hecho de que no querían lavar la ropa, la desaparecieron por ejemplo a una señora Pazmiño que hasta el momento nunca…
nunca ha aparecido, y a una señora que vendía leche, supuestamente un vecino dice que como que también la violaron y la mataron y la enterraron ahí en la platea, pero hasta el momento no se ha encontrado (Testimonio 5, Valle del Guamuez,2018).