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PERIODICO CONSAGRADO A LA DEFENSA DE LOS DERECHOS INTERESES

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Año L .

Madrid 12 de Diciembre de 1918.

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li FUiGIi

REVISTA CIENTÍFICA Y PROFESIONAL

PERIODICO CONSAGRADO A LA DEFENSA DE LOS DERECHOS £ INTERESES

D E L A C L A S E F A R M A C É U T I C A E S P A Ñ O L A

D i r e c t o r : D. f r a n c i s c o M a r í n y S a n c h o

El precio de suscripción en Madrid y provincias es: 10 & Las suscripciones pueden hacerse en la Administración, pesetas un añe; 5 pesetas semestre

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SE PUBLICA TODOS LOS JUEVES

MADRID, JUEVES 12 D E DICIEMBRE D E 1918

íeltóoiies entre los procesos ie la golmica y la medicina

M m isi Umv Sr. D. M Um% Gil (l)

Sres. Académicos:

Dice el art. 8.° de los Estatutos de esta real Academia que el académico electo debe pre-sentar, en el improrrogable plazo de un año, un discurso que habrá de versar sobre algu-nas de las materias propias de la Sección cuya vacante ha de ocupar.

Este artículo tan sencillo, es en apariencia inofensivo. La ciencia es tan vasta; sus domi-nios tan variados y fecundos; las cuestiones que pueden debatirse tan interesantes y atrac-tivas, y el plazo de un año da margen á tanto trabajo y á tanto esfuerzo, que este art. 8.° en nada empaña, al principio, la satisfacción inti-ma y profunda del nuevo académico que tiene la suerte de contar en adelante como compa-ñeros sabios de prestigio indiscutible y cuyos nombres se pronuncian con respeto en circu-ios cientificos y sociales.

Pero el tiempo transcurre sin precipitacio-nes ni retardos; unas horas siguen á otras en su marcha uniforme y tranquila; las variadas

(1) Leído en la real Academia de medicina para la recep-ción pública del Dr. Casares, solemne acto celebrado el dia 1.° de Diciembre de 191S.

ocupaciones de la vida adormecen el recuer-do, hasta que un día una conversación ó una pregunta alteran la tranquilidad; se siente un pinchazo intelectual precursor de un estado patológico, y desde este instante el art. 8.° del reglamento pesa sobre la conciencia como un remordimiento. Y ya no hay tiempo que per-der; es indispensable empeñarse en la tarea, y la empresa es de importancia.

Quizá algunos de vosotros habréis pasado por un estado de inquietud semejante al mío y por la situación que le sigue no más agrada-ble. Al querer buscar en el campo de los cono-cimientos propios un tema adecuado sólo se tropieza con terrenos estériles ó ya espigados. Las cuestiones generales han sido repetidas muchas veces; los asuntos especiales no son pertinentes para un discurso de ingreso.

Si vosotros, señores académicos, no habéis pasado por una situación semejante á la mía por lo menos la comprenderéis fácilmente; y como yo os conozco y no ignoro vuestra be-nevolencia, á ella me acojo, seguro que no re-gatearéis en otorgármela en estas circunstan-cias.

Ingreso en la Sección segunda, que tiene por título: "Fisiología, Biología y ciencias afines", entre las que están incluidas la Física y la Química. No se citan expresamente tales

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786 LA FARMACIA ESPAÑOLA

la frase "ciencias afines". Estas ciencias son inseparables de la rae&icina; en ellas estriba su fundamento más firme; su desarrollo ha sido paralelo al de las ciencias médicas y las ideas y tendencias que han precedido á su evolución han sido también las mismas. ,

El disertar sobre este tema no es nuevo ciertamente; pero siempre es interesante, y al elegirlo trato, invoca ido recuerdos agrada-bles, de haceros menos molesto el tiempo que debo ocupar vuestra atención.

Si nos rémontamos á la época de los grie-gos, encontramos al famoso Aristóteles, cuyo influjo tan grande ha sido en la Edad Media, creando el renombrado sistema de los cuatro elementos. Existe—dice Aristóteles—una ma-teria primitiva, que da origen á los cuatro ele-mentos del Universo, que son: el aire, el agua, la tierra y el fuego. Estos elementos resultan, por la asociación á la materia, de cuatro cua-lidades diferentes, que son: lo seco y lo húme-do, lo frío y lo caliente. Con cuatro cosas se pueden formar matemáticamente seis combi-naciones distintas; pero en este caso dos de ellas no son posibles en la realidad, pues no pueden existir simultáneamente lo seco y lo húmedo y lo caliente y lo frió. Quedan, pues, sólo cuatro combinaciones posibles, que son: lo seco y lo caliente, que da origen al fuego; lo seco y lo frió, que engendra la tierra; lo h ú -medo y caliente, que es el aire, y lo hú-medo y frió, el agua. El agua, el aire, la tierra y el fue-go son los componentes de todos los cuerpos y el origen de los mismos, y las diferencias que entre unos y otros se observan proceden de las relaciones variables en que entran en su composición, pudiéndose transformar unos en otros; y asi se observa que al aire, lo ca-liente y húmedo, quitándole calor, se trans-forma en lo frío y húmedo, ó sea el agua; y á este elemento, quitándole lo húmedo, queda !o frío ó seco, ó sea la tierra. Es, pues, eviden-te, según estas consideraciones, que unos cuer-pos pueden transformarse en otros.

.No discurriremos sobre el sistema aristoté-lico; bastante se ha cavilado sobre sus princi-pios y consecuencias. El lenguaje del filósofo es muchas veces difícil de entender, como su-cede frecuentemente en las ciencias filosófi-cas, y nada tiene de extraño que discutiendo los eruditos sobre un antiguo documento y tratando de inquirir si era ó no procedente un renombrado filósofo de la antigüedad, llévase

su convencimiento al ánimo el siguiente argu-mento: "El texto no puede proceder del maes. tro, pues le falta Ifi profunda obscuridad que reina en sus escritos."

Las ideas de Aristóteles sobre la Naturaleza sirvieron de base al primer sistema teórico de la Medicina; el del célebre Galeno. Los cuatro elementos aire, agua, tierra y fuego que for-man los cuerpos del Universo son también —dice Galeno—los elementos integrantes del cuerpo humano. El color amarillento de la b i -lis indica que en este humor predomina el fuego; en la bilis negra prepondera la tierra; en la sangre los elementos se encuentran ar-mónicamente mezclados. En el estado de sa-lud perfecta, la proporción de los elementos es la apropiada, pero un exceso de calor ó frío, de sequedad ó humedad cambia el equi-librio de los humores y aparece la enfer-medad.

En los medicamentos, las cualidades primi-tivas caliente y frío, húmedo y seco son la causa de su acción medicamentosa, y cada cualidad la divide Galeno en cuatro grados de fuerza diferentes; así, la chicoria es fría en primer grado y la pimienta caliente en cuarto.

El sistema de Galeno no puede negarse que tiene relación con la experiencia, pues es un hecho bien conocido que el calor más fuerte, el frío muy intenso, la humedad exagerada ó la sequedad excesiva dan origen á enfermeda-des. Además, partiendo de sus principios, re-sulta una terapéutica bien sencilla; en los ca-sos de enfriamiento están indicados el calory las substancias ardientes ó cáusticas; en las alteracícnes producidas por el calor inmode-rado, el frío y las substancias frescas son las que deben prescribirse, etc.

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ex-períencia está en conformidad con tales de-ducciones.

Es la galena, que hoy nosotros llamamos sulfuro de plomo, un cuerpo sólido, pesado, brillante, de aspecto metálico, pero quebra-dizo, y que los antiguos consideraban como un metal. Le atacan muchos líquidos y se al-tera por el calor. Pero si sometemos la galena á la purificación por el fuego, la acción de este agente da origen á una escoria y á un nuevo metal, maleable, dúctil é indudablemente más noble que la galena. Todos sabéis que asi se obtiene plomo. Y seguramente alguna vez habrá sucedido que algún alquimista, tratan-do plomo procedente de galenas argentíferas en vasijas de barro poroso, habrá obtenido plata. ¿Y qué cosa más natural que deducir de la transformación de la galena en plomo y del plomo en plata, que también por una

purifica-ción extrema podría la plata convertirse en

oro?

Las transformaciones químicas son tan ma-ravillosas, que bien podemos perdonar á los antiguos alquimistas sus ideas sobre las trans-mutaciones de los metales. ¿No vemos hoy á los químicos extraer del alquitrán de hulla colores finos y variados, perfumes delicados, explosivos terribles ó medicamentos inapre-ciables?

Interesante época la de la alquimia. E l esta-do de ánimo de los antiguos investigaesta-dores debía ser semejante á los de los exploradores de las tierras vírgenes de América, á quienes el misterioso atractivo de lo desconocido, unido al afán de riqueza, impulsaba á sus arriesgados viajes, no vacilando en arrostrar los mayores peligros y sufrir las mayores pe-nalidades, alentados con la esperanza de con-seguir el ideal soñado. Esta ilusión de la piedra filosofal ha sido, quizá, un gran bien para el progreso humano. Sin ella, la Química no seria lo que es hoy día. E s la Química una ciencia muy difícil y que ha necesitado el es-fuerzo y sacrificio de muchos hombres para llegar á su estado actual. Hojead un libro de Química, prestad atención á lo que dice, exa-minad el contenido de sus páginas y veréis cuántos hechos están consignados que preci-san observaciones sin cuento. Todo este es-fuerzo ha sido necesario para sentar sobre los innumerables hechos descubiertos enton-ces los cimientos de la ciencia actual.

Si tenemos en cuenta el estado de espíritu de la época en que trabajaban los antiguos químicos, podemos explicarnos las

aberracio-nes á que han llegado. En unos, el afán de ocultar sus descubrimientos; en otros, el te-mor á las persecuciones, y en muchos el con-sorcio de la experiencia y la superstición han dado origen á las ciencias ocultas, á la magia prodigiosa que tan cara costó á algunos de sus adeptos.

De esta época data la figura del mago por todos conocida. Las retortas, el hornillo, el alambique, el reloj de arena y los símbolos cabalísticos son sus atributos inseparables. En verdad, no debemos recordar con ironía á nuestros antiguos abuelos. E s cierto que la indumentaria del profesor de Química mo-derno no es la del mago, y que en las cátedras de Química no están hoy día escritos en las paredes los signos del Zodíaco; pero las fór-mulas desarrolladas de la antipirina ó del azul de metileno y los aparatos de extracción, lexiviación y agitación de nuestros laborato-rios, producirían seguramente en el antiguo alquimista un efecto análogo al que hoy nos causan sus pelicanos y las recetas de la piedra filosofal.

Esta famosa piedra aseguraban haberla ob-tenido algunos alquimistas. En su existencia creían hombres tales como Leibnitz, Bacón y Espinosa. Cuenta van Helmont, que con 1/i de grano de tan preciosa substancia él había transformado ocho onzas de mercurio en oro; y el célebre médico Helvetius afirma que con un pedazo del tamaño de Va grano de semilla de adormidera había convertido seis dracmas de plomo en oro de ley contrastado por la fábrica de moneda de La Haya. Esta maravi-llosa piedra era admirable; según Roger Ba-cón, una parte convertía en oro un millón de partes de un metal innoble; pero según Rai-mundo Lulio, su fuerza era tal, que el mar en-tero convertiría en oro si de mercurio fuese.

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788 L,A FARMACIA ESPADOLA

de un huevo. Se obtiene entonces un cuerpo negro, la cabeza del cuervo, caput corvi, que después de haber sido dejado al fuego algún tiempo se convierte en un cuerpo blanco, es el cisne Mane. Guando el fuego es más intenso y más vivo la materia se vuelve amarillenta y, finalmente, roja y brillante; entonces la gran obra está cumplida.

Yo no sé si esta receta procede del padre ó dei hijo, pues los Isaac Holiandus eran dos célebres alquimistas; cualquiera de los dos que fuese aseguraba, como antes os he dicho, que teniendo la materia prima la obtención d • la piedra filosofal era bien sencilla; así de-bían creerlo Jos Isaac Holiandus; pero yo es-toy seguro que ninguno de mis oyentes habrá quedado convencido y se decidirá á ensayar la anterior receta.

* *

¿Y qué hacía mientras tanto nuestra herma-na la Mediciherma-na? Seguía un rumbo paralelo. Los médicos no trataban de obtener la piedra fiiosofal; pero buscaban algo que era tanto ó más precioso, pues nada menos que querían descubrir la panacea universal que curaba todas las enfermedades y el elixir de larga vida que rejuvenecía y alejaba la muerte i n -definidamente. Y si es cierto que los hombres, por el afán del oroj pierden muchas veces su salud y la vida, es también cierto que por conservar una ú otra darían con mucho gusto, en muchos casos, cuanto poseen.

Siento, señores académicos, no poder daros una receta para preparar el elixir de larga vi-da; si la conociese, no os la ocultaría. Desgra-ciadamente, sólo puedo limitarme á indicaros cómo procedían los antiguos. Estos acudían á operaciones variadas para obtener los nuevos meiieamentos. La destilación ofrecía un gran e mipo para las investigaciones. Asi, del vino por destilación extraían un líquido transpa-renle OILV movible, de olor agradable y que

coa mucha iazón denominaban el eapirita del vino ó aguardiente; y si este espíritu se recti-ficaba dé nuevo y se recogía lo que primero destila, obtenían el espíritu con sus cualida-das más exaltacualida-das. En los cuerpos—pensabu

Paracelso—hay algo oculto y espiritual en que residen sus propiedades; lo difícil es el ex-traerlo, km, decía: los metales pueden compa-rarse á una casa habitada; la casa es lo fijo, lo inmóvil, lo inerte; el hombre, lo espiritual y más importante. Pero, ¿cómo extraer de los metales el espíritu? Nuestros procedimientos son imperfectos y brutales y destruyen la

casa, derrumbando sus paredes y aplastando entre los escombros el ser precioso que de-bíamos conservar.

El consorcio entre la medicina y las cien-cias afines no podía ser más íntimo en aque-lla época; los médicos eran químicos y los quí-micos médicos. A los esfuerzos de unos y otros debemos el descubrimiento de numero-sas substancias y de preciados medicamentos. Glauber obtiene el ácido clorhídrico, el espíri-tu de la sal, por la acción del ácido sulfúrico sobre la sal común; el ácido nítrico rojo fu-mante por la del ácido sulfúrico sobre una mezcla de nitro y arsénico; estudia y describe los cloruros de cinc, estaño y cobre¿ y reco-mienda el sulfato de sosa, la sal mirabile como un excelente medicamento. Raimundo Lulio atribuye al acetato amónico, espíritu de M i n -derero, grandes propiedades curativas. El Ker-mes mineral, los polvos de Algarol, diversas preparaciones de bismuto, arsénico, cinc, mercurio y plata; el ácido acético, el ácido su-cínico, el éter (oleum vitrioli dulce verum) y las gotas de Hoffman son medicamentos proce-dentes todos de aquella época, muchos de los cuales todavía están hoy en uso.

Nada tiene de extraño que ante esos descu-brimientos, Paracelso afirmase que la medici-na debía esperarlo todo de la ciencia química. "Vosotros, decía en su lenguaje pintoresco in-crepando á los médicos de su tiempo, que des-pués de haber estudiado Hipócrates, Galeno y Avicena, creéis saberlo todo, no sabéis nada; vosotros queréis prescribir los medicamentos é ignoráis el arte de prepararlos. La Química nos da la solución de todos los problemas de la Fisiología, de la Patología y de la Terapéu-tica. Fuera de la Química tanteáis en tinie-blas."

* • .

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matemáticos y físicos dan á sus doctrinas una precisión y claridad de que carecía la antigua alquimia y, á partir de esta época, nuestra ciencia se desarrolla con exuberancia prodi-giosa.

Comienzan los trabajos de Lavoisier por de-mostrar experimental mente que el agua no se cambia en tierra. ¡Era al final del siglo x v m y todavía estaba arraigada en los espíritus la doctrina aristotélica! Haciendo hervir largo tiempo agua destilada en una vasija de vidrio y evaporándola después queda con residuo té-rreo. Para muchos químicos de la época, esto era debido á la conversión de un elemento en otro. Lavoisier demuestra que el residuo t é -rreo de la evaporación proviene de que el agua ataca el vidrio y disuelve parte de sus mate-riales, sin que tenga lugar transformación de elementos.

A continuación estudia el gran problema de la composición del aire y los fenómenos que con ella están relacionados, y especialmente los que se observan al calcinar los metales. Estas substancias, decían los partidarios del flogisto, son las combinaciones de las tierras (lo que hoy denominamos óxidos), y el miste-rioso principio llamado flogisto. Cuando se calienta un metal se escapa el flogisto y queda la tierra. Para convertir de nuevo la tierra en metal es necesario suministrarle el flogisto que perdió, lo que se consigue calentándola con carbón, grasas ó resinas, substancias muy ricas en dicho principio. Esta ingeniosa teo-ría, tenazmente sostenida por sus partidarios, fué combatida por Lavoisier con tanto acier-to, que acabó por ser abandonada. Desde La-voisier en adelante, el fuego no es ya un ele mentó; es el resultado de la combinación de ciertas substancias con el oxígeno del aire. El agua tampoco es un elemento: Lavoisier de-muestra, independientemente de Cavendish, que está constituida por el aire inflamable ó hidrógeno, y el aire vital ú oxígeno.

Nosotros podemos explicarnos el entusias-mo que despertaron los trabajos de Lavoisier, los cuales—dice Liebig—dieron origen á una de las fiestas más originales. Un día señalado, madame Lavoisier, vestida de sacerdotisa y colocada en un altar, arrojó á las llamas el sistema flogistico, mientras la música entona-ba un réquiem solemne. Los químicos france-ses—añade Liebig—se reunieron entonces para cambiar todos los términos técnicos; y los nombres con que le designaron las combi-naciones y descomposiciones químicas

origi-naron una literatura nueva, que siendo la ex-presión de un sistema nuevo y completo, se impuso á los sabios de todos los países. Así se explica el abismo que parece existir entre la ciencia actual y la antigua alquimia/

* *

La Química había dado un paso decisivo. ¿Qué influencia tuvieron estos descubrimien -tos en las ciencias médicas? Vosotros juz ja-réis.

Es la respiración un acto inseparable á las manifestaciones de la vida de los seres supe-riores. Los animales y las plantas necesitan el aire para vivir; sin su presencia, la muerte es inevitable. ¿Pero qué es la respiración? ¿Qué objeto tiene? JEs acaso que, como afirmaban unos, se precisa que llegue el aire al pulmón, para que allí actúe como un estímulo, gracias al cual se mantiene la circulación de la san-gre? ¿Son los pulmones, como decían otros, unos grandes fuelles destinados á refrescar el cuerpo, que sin su constante soplo se consu-mirían en un fuego interno? ¿Y por qué el aire se gasta después de llegar á los pulmones y pierde su resorte?

, /Se continuará).

S E C C I Ó N O P I C Í A L

MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN

REAL ORDEN CIRCULAR

Con relativa frecuencia viene observando este ministerio que en los expedientes pro-movidos al amparo de la ley de 11 de Julio de 1912 por los subdelegados de Sanidad, en solicitud de pensión del Estado, en concepto de jubilación remuneratoria de los servicios gratuitos prestados como tales subdelegados, durante treinta ó más años, no es posible dictar la oportuna resolución con la brevedad que seria de desear, por no hallarse aquéllos instruidos con todos los requisitos y compro-bantes que determinan los artículos 5.° y 7.° del reglamento de 5 de Enero de 1915, dicta-do para la aplicación de la ley antes citada.

Para evitar la continuación de este estado de cosas y los consiguientes perjuicios que se originan á los interesados,

S. M. el rey (q. D. g.) se ha servido disponer: 1.° Que por ese Gobierno civil se exija siempre, antes de remitir á este ministerio los expedientes de que se hace mención, la aportación á los mismos de los siguientes documentos y comprobantes:

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790 LA FARMACIA ESPAÑOLA

B) Partida de bautismo legalizada.

C) Nombramiento de subdelegado en

pro-piedad ó testimonio del mismo. ^ D) Acreditar el desempeño del cargo de

subdelegado en propiedad durante treinta ó más años.

(Este extremo se podrá acreditar con testi-monio del libro registro de títulos profesio-nales que los subdelegados de Sanidad están obligados á llevar en cumplimiento de los artículos 6.° y 7.° del reglamento de 24 de Ju-lio de 1848; bastando á los fines indicados con que se testimonien las fechas en que se hayan registrado los títulos, cuya inscripción apa-rezca autorizada por el solicitante de la pen-sión. Los subdelegados de medicina deberán asimismo acompañar una relación certificada de las sesiones celebradas por la Junta muni-cipal de Sanidad, á las que hayan asistido con tal carácter, y fecha de las mismas; y los de farmacia, relación certificada de las farmacias á cuya apertura hayan asistido como tales, expresando la fecha de apertura de cada una.)

E) Certificación expedida por la Secretaría

de ese Gobierno civil, en la que se haga cons-tar, con vista de antecedentes, si e! interesa-do desempeñó el cargo de subdelegainteresa-do sin nota desfavorable y sin interrupción desde la fecha de su nombramiento hasta la del cese.

F) Cualquier otro documento que pueda

justificar el desempeño del cargo de subde-legado.

2.° (gue una vez consten en el expediente los documentos y comprobantes indicados, se emita por V. S., oyendo previamente á la Junta provincial de Sanidad, el informe que determina el art. 7.° del reglamento de 5 de Enero de 1915, remitiendo siempre el expe-diente á este ministerio dentro del plazo de treinta días que en el mismo precepto legal se fija.

De real orden lo digo á V. S. para exacto cumplimiento de cuanto se dispone. Dios guarde á V. S. muchos años. Madrid, 29 de No-viembre de 1918.—5i7yeZa.—Señor gobernador civil de...—(Gaceta del 2 de Diciembre.)

T R I B U N A L S U P R E M O

SENTENCIA. D E LA. SALA D E LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO

En la villa y corte de Madrid, á 19 de Febre-ro de 1918; en el pleito que ante Nos pende en grado de apelación, interpuesta por la

Admi-nistración general del Estado, y en su nombre el fiscal, contra la sentencia dictada por el Tri-bunal provincial de Navarra, con fecha 14 de Julio de 1917, en pleito con D. Angel Apellaniz, que no ha comparecido ante este Tribunal, sobre rebaja de la asignación de éste, como farmacéutico titular de la villa de Mendavia: Resultando que el ayuntamiento de la villa de Mendavia elevó á la Diputación provincial, para su aprobación, el presupuesto formado para el año de 1917, consignando en el capítu-lo 5.° del art. 1.°, dos partidas de 500 y 1.000 pesetas cada una, por el haber anual respec-tivo de los señores farmacéuticos titulares:

Resultando que en 6 de Diciembre de 1916, la Diputación acordó pedir explicación al ayuntamiento referido sobre el hecho de por-qué á un farmacéutico se asignaban 500 pese-tas y á otro 1.000 pesepese-tas, y el de figurar en el presupuesto de 1915 una sola partida de 1.000 para un solo farmacéutico y en el de 1916 tam-bién una sola partida de 1.000 pesetas para dos farmacéuticos titulares, á 500 pesetas cada uno:

Resultando que el alcalde de Mendavia in-formó sobre tales extremos explicando los hechos en l^a siguiente forma: que en 29 de Octubre de 1914 acordó el ayuntamiento anu-lar el contrato con el tituanu-lar Sr. Apellaniz y dividir en dos de 500 pesetas los titulares; que por sentencia de esta Sala, de 12 de Febrero de 1916, fué repuesto Apellaniz en su titular; que al figurar en el presupuesto de 1917 las dos consignaciones de 1.000 y 500 pesetas era como haber anual de las dos titulares, corres-pondiente la primera al Sr. Apellaniz, re-puesto en su cargo, y la segunda para el otro titular. Sr. Merino; pero en el presupuesto de 1916 figuraba una sola partida para dos farmacéuticos, porque desempeñaba ambas el Sr. Merino; y que en el presupuesto de 1915 figuraba una sola partida de 1.000 pesetas para un solo farmacéutico, porque al desempeñar las dos el Sr. Merino desde la división de la de Apellaniz, se creyó era igual consignar dos partidas de 500 pesetas que una de 1.000 para uno solo:

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sueldo de un titular de farmacia, porque no se justifica que ese titular presta diferentes mayores servicios que el otro, al cual se asig-nan 500":

Resultando que contra este acuerdo recu-rrió D. Angel Apellaniz ante el Tribunal pro-vincial de lo contencioso, de Navarra, forma-lizando su demanda con la súplica de que se revocara y anulase el acuerdo referido de la Diputación, publicado en el Boletín Oficial de la provincia el 2 de Febrero, con imposición de costas á la Administración:

Resultando que emplazado el fiscal contestó la demanda oponiéndose y solicitando se ab-solviera de ella á Ta Administración, decla-rando firme y subsistente el acuerdo impug-nado:

Resultando que tramitado el pleito y unidas á los autos las diligencias acordadas para me-jor proveer, se dictó sentencia por el Tribu-nal provincial de Navarra en 14 de Julio de 1917, fallando: "Que declarando procedente el recurso contencioso-administrativo ejercita-do por D. Angel Apellaniz y Apellaniz en con-tra del acuerdo de 24 de Enero último, por el que la Diputación de la provincia de Navarra rebajó á 500 pesetas la remuneración de 1.000 anuales consignadas en el presupuesto mu-nicipal de Mendavia para el año corriente de 1917, en favor del repetido Sr. Apellaniz» como farmacéutico titular de dicha villa, de-bemos revocar y anular, como revocamos y anulamos, el decreto recurrido, dejando, en su coosecuencia, subsistente la consignación de 1.000 pesetas, indebidamente rebajada á 500, y mandamos entregar á D. Angel Apella-niz y ApellaApella-niz todo lo que de dicha consigna-ción hubiere dejado de percibir, en méritos del acuerdo anulado, sin hacer especial con-dena de costas":

Resultando que contra esta sentencia inter-puso apelación el fiscal, que fué admitida en ambos efectos, y remitidos los autos á esta Sala, previo emplazamiento de las partes, com-pareció ante ella, solamente en tiempo hábil, el fiscal de este Tribunal, representando á la Administración y en concepto de apelante, siendo tenido por parte en la representación ostentada, 5' mandándose formar la nota pre" venida por la ley, con la cual se mostró con-forme:

Resultando que la sentencia apelada cita como vistas las sentencias de esta Sala de 6, 13 y 16 de Noviembre de 1914, las de 29 de D i -ciembre de 1908, 7 de Enero, 19 de Abril, 8 de

Noviembre y 10 de Diciembre de 1913, 10 de Febrero de 1908, 18 de Marzo de 1912,16 de Ju-nio de 1915 y 18 de Febrero de 1916; los artícu-los 102 y 106 de la Instrucción general de Sa-nidad, el art. 70 de la ley de SaSa-nidad, los ar-tículos 36 y 37 del reglamento del Cuerpo de farmacéuticos titulares, artículos 72, 73, 78, 134 y 150 de la ley municipal y el art. 23 del real decreto de 15 de Noviembre de 1909, los artículos 1.091,1.256 y 1.278 del Código civil, el art. 93 de la ley de esta jurisdicción y el ar-tículo 6.° de la ley de 16 de Agosto de 1841, y consigna &omo fundamentos de la sentencia los Considerandos siguientes:

"Que el acto de haberse consignado por el ayuntamiento de Mendavia en el presupuesto municipal para el año corriente de 1917 la re-muneración de 1.000 pesetas en favor del far-macéutico titular de dicha villa D, Angel Ape-llaniz y ApeApe-llaniz, no responde al ejercicio de la facultad económicotuitiva de dicha Corpo -ración como administradora legal de los inte-reses del pueblo á quien representa, sino que es imperado del cumplimiento de una obliga-ción consiguiente al vinculo jurídico deriva-do del contrato que medió entre el ayunta-miento y farmacéuticos arriba nombrados, por lo tanto, dicho acto no es de naturaleza meramente económica, sino esencialmente j u -rídico;

Que si bien es cierto que la Diputación pro-vincial de Navarra, en méritos de las faculta-des privativas que le reconoció la ley de 14 de Agosto de 1841, en su art 6.°, ejerce en lo económico, de un modo autónomo y privile-giado en relación con el resto de las Corpo-raciones similares de España, la inspección sobre los ayuntamientos navarros, es incues-tionable que estas tan amplias atribuciones no la facultan para alterar el estado jurídico creado por los contratos legítimamente cele-brados y perfeccionados con los particulares, porque siendo substancial y constitucionalmente distintos los órdenes económico y j u -rídico, la mayor ó menor jurisdicción, dentro del primero, en nada afecta al segundo;

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792 LA FARMACIA ESPAÑOLA puso fin, no e* lícito ahora desconocer la

efi-cacia del vinculo jurídico de dicho punto sur-gido, ni la de la cosa juzgada, negándosele in-directamente el cumplimiento por una de las partes (la demanda en dicho pleito, con coad-yuvancia del propio ayuntamiento de Menda-via), pues sabido es que las declaraciones con-tenidas en las sentencias definitivas y firmes tienen fuerza de ley entre los contendientes que dieron lugar á ella;

Que al rebajar la Diputación de Navarra, en su acuerdo de 24 de Enero de 1917, hoy dis-cutido, á 500 pesetas la remuneración de 1.000 asignadas á la titular de farmacia de Menda-via, en virtud del contrato celebrado entre el ayuntamiento de dicha villa y D. Angel Ape-llaniz, declarado válido y subsistente en sen-tencia del Tribunal Supremo de 18 de Febrero de 1916, es visto que dicha Corporación ha alterado el estado jurídico surgido de un pac-to y amparado per un fallo irrevocable, por lo que en el decreto recurrido ha rebasado sus facultades económicas la Corporación que lo dictó, y por ello adolece del vicio de nuli-dad y resulta insostenible;

Que el restablecimiento del orden jurídico, perturbado por el acuerdo recurrido, requie-re no tan sólo la requie-revecación de dicho decrequie-re- decre-to, sino también la reparación de sus conse-cuencias, ordenando la entrega al recurrente, como así lo interesa él, de las cantidades que en virtud de aquel acuerdo haya dejado de percibir, pues no sería justo ni tampoco ra-zonable ó lógico anular el tan repetido acuer-do por ilegal y dejar persistentes sus efectos. Que según tiene declarado el Tribunal Supre-mo en reiteradas sentencias, no procede la imposición de costas al fiscal de lo Conten-cioso, cuando su gestión se limita á sostener un acuerdo de la Administración activa:

Visto, siendo ponente el magistrado D. Al-fredo de Zavala:

Aceptando en lo substancial los Conside-randos de la sentencia apelada;

Fallamos que debemos confirmar y confir-mamos en todas sus partes la sentencia ape-lada de 14 de Julio de 1917, dictada por el Tri-bunal provincial de Navarra.

Así por esta nuestra sentencia, que se publi-cará en la Gaceta de Madrid é insertará en la

Colección Legislativa, lo pronunciamos,

man-damos y firmamos. Alfredo de Zavala.— Cándido R. de Celis.—Pedro María Usera.— Camilo Marquina.—Carlos Vergara.—El ma-gistrado Sr. Yelasco votó en Sala y no pudo

firmar: Antonio Marín de la Bárcena.—Bernar-do Longué.

Publicación.—Leída y publicada fué la ante-rior sentencia por el Excmo. Sr. D. Alfredo de Zavala, magistrado del Tribunal Supremo, celebrando audiencia pública la Sala de lo Contencioso-administrativo en el día de hoy, de que certifico como secretario de la misma.

Madrid, 19 de Febrero de 1918.—Julián

Cas-\.vo.-~f Gaceta del 15 de Junio).

SBCCÍÓN CIENTIFICA

E L A C E I T E G R I S I N Y E C T A B L E (D

(Estudie del Dr. Pegurier.)

Aparte de: estas ligeras observaciones crí-ticas, reconocemos que el procedimiento adoptado por el. Formulario militar es prefe-rible por la minuciosidad con que describe los detalles que han de observarse, todos ellos importantes. Observaremos también que el Formulario militar emplea la lanolina anhi-dra, mientras que el Codex adopta la grasa de lana oficinal, que es la lanolina hidratada, no siendo indiferente el empleo de uno ú otro producto. ¿Qué sucede cuando se esteriliza en la autoclava la lanolina hidratada? Que pierde toda su homogeneidad; el agua se separa del cuerpo graso y se hace indispensable agitar incesantemente hasta enf'iamiento completo para reincorporar el agua, batiendo la lanolina en el mortero, con riesgo de alterar la esterili-zación. Este inconveniente queda salvado en el Formulario militar.

Nos falta sólo indicar cómo han de llenarse las ampollas cuando el médico prescribe bajo esta forma el aceite gris. Su relleno por los procedimientos ordinarios (autoclava, vasos comunicantes, vacío, etc.) es, por lo general, defectuoso, cuando no imposible. He aquí nuestro modo de proceder: colocamos asépti-camente el aceite gris en un vaso de ensayo, provisto de un agitador de cristal; llenamos, por la parte posterior, una jeringa hipodér-mica de cristal (esterilizada) provista de su aguja de platino llameada; se agita el aceite gris en el vaso antes de proceder al relleno; se abre cada ampolla solamente por un extremo. Harneándola previamente al mechero de Bun-sen; se introduce la aguja en la ampolla y, oprimiendo fuertemente el émbolo, pasa el aceite al interior de la ampolla, faltando sólo soldar su extremidad á la llama. Hay que

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tenerse de una última esterilización, inútil, por lo demás, cuando se ha manipulado en perfectas condiciones de asepsia, porque la emulsión quedaría destruida por el calor, se-parándose casi la totalidad del mercurio.

En el momento de cebar la jeringa para apli-car la inyección, el médico debe calentar sua-vemente la ampolla sobre una llama de alco-hol, ó mejor sirviéndose sencillamente del ca-lor de la mano, casi siempre bastaute fuerte para que la preparación recobre su fluidez; también conviene que la agite varias veces para homogeneizarla. {Repertoire de Phar-macie, Abril 1918.)—Traducción de La Farma-cia Moderna.

CRÓNICAS

Bienvenidos.—Guando entra en prensa este número comienzan las sesiones de la VI Asam-blea anual de la Unión Farmacéutica Nacional, d é l a s quedaremos cuenta á nuestros lecto-res en el número próximo.

Numerosa, para lo que es costumbre, y es-cogida es la concurrencia provinciana, y bien dispuesta á la adopción de acuerdos precisos y concretos, que expresen el sentir de nues-tra sufrida clase.

Sea bienvenida y Dios la dé acierto en sus decisiones y perseverancia, que es la virtud más rara en nuestra colectividad, para llevar-las á debido cumplimiento.

E l viejo pleito de las cooperativas obre-ras.—En la sesión celebrada por el Congreso de los diputados el 27 de Noviembre próximo pasado, dijo el Sr. Largo Caballero lo siguien-te, que trasladamos, sin quitar n i poner, del Extracto oficial:

"Conviene también que el Gobierno se pre-ocupe de facilitar el desarrollo de las coopera-tivas obreras de consumo en España, en todos los sentidos, f'« una manera completa; porque S. S. no ignora que, aparte la urgencia de crear cooperativas para poder adquirir artículos de primera necesidad más baratos y de mejor calidad, hay otra clase de cooperativas, como por ejemplo, las de socorro para casos de en-fermedad y para otros servicios que los ane-jos á ellas. S. S. sabe que el servicio de la Be-neficencia municipal es deficiente, que no pue-de por sí mismo atenpue-der á las necesidapue-des pue-de Madrid, y en las demás capitales pasa igual. Sabe también S. S. que la Beneficencia provin-cial es asimismo insuficiente, que el Estado no tiene bien organizados estos servicios, y que las Sociedades obreras se hallan en la preci-sión de preocuparse de organizar entidades importantísimas para el socorro > asistencia en casos de enfermedad. Hay organizaciones tan importantes como las que conoce S. S., A las cuales conviene ayudar de modo que les permita tener garantía, no sólo para asegurar la asistencia médica en caso de enfermedad. Sino también la farmacéutica, y esto no puede

hacerser más que dando facilidades á esas or-ganizaciones para que tengan farmacias pro-pias. (El Sr. Rivas Mateos: ¡Eso lo conoce muy bien S. S.í) ¡Yá lo creo! Porque beneficia al pue-blo de Madrid. (El Sr. Bestciro: Y á los farma-céuticos también los conoce.)

„Ya sabe S. S. que los conozco; y para que también los conozca la Cámara y el señor m i -nistro de la Gobernación, voy á permitirme leer unos datos que demostrarán á los seño-res diputados y al país que en este particular los Gobiernos que se han sucedido en el banco azul no han hecho nada.

„Y es una necesidad poner mano sobre ello y dar garantías á esas organizaciones para que puedan tener medicamentos puros y á un pre-cio módico.

.... „Me estaba refiriendo á un asunto impor-tante, que es el de la cooperación, y no sola-mente la cooperación en lo que se refiere á los artículos de consumo, sino también á otras instituciones, por ejemplo, á la asistencia mé-dico-farmacéutica. Yo quería indicar algunas cosas al señor ministro de la Gobernación para que las tuviera en cuenta, á fin de que, si trae aquí algún proyecto para legislar sobre el particular, pueda hacer una buena obra.

«Entre los medicamentos más esenciales está el bromuro, que en 1915 costaba 74 pese-las el kilo; en 1916 subió á 300; en 1917, á 450, y en 1918, á 650. Este precio duró hasta que hubo la epidemia en Mayo en Madrid, que, por disposición del gobernador, al fijar la tasa, le puso á 1.000 pesetas. (El Sr. Rivas Mateos: Y no lo hay.)

«Con los cloruros, los salicilatos y los sulfa-tes ha pasado igual. Hay otros productos, por ejemplo, el aceite de hígado de bacalao, que es otro medicamento muy importante y muy corriente, que en 1915 costaba 130 pesetas los 100 kilos; en 1916 subió á 156; en 1917, á 256, y en 1918, á 350 pesetas. La fécula de patata (es-toy citando las cosas más corrientes porque la lista es muy larga y no quiero molestar), ha subido más del 500 por 100. Lo que yo pido es que, si se trae algún proyecto de coopera-tivas, se procure, como es necesario, que es-tas cooperativas puedan funcionar de mane-ra verdademane-ramente autónoma en todos los sentidos, porque, si no, será inútil toda su labor. Esto es lo que ruego á S. S. que tenga en cuenta."

Pésame.—A los diez y nueve años de edad ha fallecido en Madrid, el día 3 del corriente mes, la señorita Emma Piñerúa F. del Nogal, hija del sabio catedrático de Química general D. Eugenio Piñerúa Alvarez.

Esta cruelísima desgracia renueva el pro-fundo dolor de la distinguida familia do nues-tro antiguo y muy querido amigo, que le oca-sionaran recientes pérdidas, hondamente sen-tidas en el tranquilo hogar del eximio químico.

Lamentamos de todo corazón el fallecimien-to de la bella y bondadosa hija del Dr. Piñerúa, y enviamos á toda su familia la expresión de nuestro sentidísimo pésame.

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794 LÁ FARMACIA ESPAÑOLA

por la doble pérdida de su hermano, párroco de Eslava (Navarra) y de su hermano politico. Nos asociamos á la pena de nuestro buen amigo.

Murmullos de selva. —De nuestro

estima-do colega El Siglo Médico:

"¿Se quiere una muestra de lo que podemos esperar de los politicos de oficio? Pues ahi va un detalle, ex parva máxima.

«Guando en la última sesión del Congreso un señor ministro, el marqués de Alhucemas, exponia lo qué á su juicio debia emprenderse para la renovación fundamental del pais, pro-nunció las palabras ley de Sanidad; pues bien, una parte de la Cámara las acogió con un mur-mullo de irónica extrañeza, en el que se podía traducir este pensamiento: Vaga unas cosas que nos trae este señor. La cosa no puede ser más elocuente; fué un coro sin palabras, un murmullo de la selva de significación bien triste, pues partía de los mismos que en me-nos de una semana acogieron y aprobaron una ley de protección de Sanidad pecuaria y... lo que dirán ellos teniendo asegurados nues-tros ganados y organizados nuesnues-tros veteri-narios: ¿Para qué nos vendrán con estas mon-sergas?"

L a propiedad de las farmacias.—En el

proyecto de ley de ejercicio de la farmacia, que actualmente discute la VI Asamblea anual de la Unión Farmacéutica Nacional, ratifica ésta con especialísimo rigor el dogma de que las farmacias han de ser de la propiedad del

farmacéutico.

Y mientras se preparaba esta ratificación decidida del vulnerado precepto de nuestra legislación, una importante Sociedad mutua-lista convocaba en los periódicos diarios, con todo descaro, un concurso para la provisión de dos plazas de farmacéuticos, dotadas, res-pectivamente, con tres y cinco mil pesetas de sueldo anual, y al concurso acudían más de cuarenta farmacéuticos, y se interponían va-liosas influencias para conseguir el nombra-miento, y se gestionaba el traspaso de una conocida cervecería madrileña, donde ha de instalarse una de las proyectadas farmacias. Ya tiene, pues, la Unión materia en que probar la eficacia de los medios que discurra para evitar esta conculcación de las leyes.

Académico electo.-En la sesión celebrada por la real Academia de medicina el día 26 de Noviempre ultimo fué elegido académico de numero, por unanimidad, en la vacante pro-ducida por fallecimiento de D. José Ubeda y Correal, el ilustre catedrático y secretario ge-neral de la Universidad Central D. Francisco de Castro y Pascual.

La labor científica, docente y administrativa del distinguido profesor del doctorado de la Facultad de Farmacia justifica el acuerdo de la docta Corporación designando al doctor Lastro y Pascual para que tome parte en las tareas académicas.

Felicitamos á nuestro querido amigo por la merecida distinción que le ha otorgado la real Academia de medicina.

F a r m a c é u t i c o s de Beneficencia p r o v i n

-cial.—El Tribunal de oposiciones á dos

va-i cantes de farmacéutva-ico de la Benefva-icencva-ia pro-• vincial de Madrid, una de profesor de guardia

y la otra de supernumerario, ha propuesto para la primera á D. Fernando Orteu y Achón, y para la segunda, á D. José Maria Ortiz y Aragón.

Felicitamos cordialmente á nuestros cita-dos compañeros por esta propuesta tan hon-rosa.

Cambio de nombre.—Se ha dispuesto que la Academia médico-militar tome la denomi-nación de Academia de Sanidad militar, sin qcie el tal cambio implique modificación orgá-nica alguna.

Progresos de l a propaganda especlflquis-ta.—Ya que no se preocupen gran cosa de la originalidad en fórmulas y procedimientos operatorios, esfuérzanse los especifiquistas grandemente en dar la nota de originalidad en anuncios y reclamos.

Va ya estando un tantico pasado de moda el hombre yankee traído al mundo de la rédame porj los remedios Munyo's, cuyo índice erecto adoptó ya todas las direcciones posibles, y hay que traer algo nuevo.

Ultimamente hemos vis'o en un diario un anuncio de varias especialidades hecho en la ingeniosa forma de jeroglífico, con sus notas musicales sustituyendo á ciertas sílabas, sus figuritas sustituyendo á las palabras que las dan nombre, etc., etc. Muy divertido y de gran eficacia, indudablemente. Porque ¿quién será tan ingrato que, después del rato agradable disfrutado en el desciframiento del pasatiem-po, resista á la invitación del ingenioso anun-ciante?

Siga, siga la gran batuda sobre el trampolín de la dignidad farmacéutica. ¡Adelante! Ya sa-béis que el gran premio ha de ser concedido á quien más ridiculas contorsiones ejecute.

Colegio de f a r m a c é u t i c o s de Teruel.— Forman la Junta de gobierno de este Colegio los señores siguientes: presidente, D. Timoteo Bayo; vocales: D. José Barrio, D. Miguel Ubeda y D. Víctor Domenech; tesorero, D. Mariano Jiménez; contador, D. José Latorre; secreta-rio, D. Pedro Andrés Palenciano.

Recepción académica.—La real Academia de Medicina celebró sesión pública el domin-go, 8 del corriente raes, bajo la presidencia-del señor ministro de Instrucción pública, para dar posesión de plaza de académico numera-rio al señor doctor D. José Goyanes y Capde-vila, quien leyó un discurso sobre el tema "In-troducción al estudio de la operatoria quirúr-gica", contestándole á nombre de la Corpora-ción el ilustrísimo señor D. Enrique de Isla y Bolómburu, académico de número.

Los Sres. Goyanes é Isla fueron muy felici-tados por los concurrentes al solemne acto.

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PRACTICANTE: Se ofrece, de buena práctica y de representación, soltero, libre de quintas, para interno. H

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— PRACTICANTE, falta uno para la farmacia de D. Antonio Hebrard, Navas de San Juan (Jaén).

—SE necesita regente estable para farmacia de pueblo, próximo ferrocarril. Para infor-mes dirigirse á D. Manuel Rodríguez, en Na-vamorcuende (Toledo).

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Dará razón D. Julio Carbó, Cruzada, 3, prin-cipal izquierda, Madrid.

—EN la provincia de Burgos se traspasa una farmacia muy acreditada y con excelente par-tido á trigo y á dinero. E n este año se han co-brado 334 fanegas de trigo y 2.000 pesetas en metálico, siendo susceptible de aumento este partido. También se vendería, si al comprador le conviniera, la casa y panera.

Dará datos exactos el director de este pe-riódico, Silva, 49, 2.°, Madrid.

—POR asuntos particulares se vende una farmacia en un puerto de mar de 6.000 habi-tantes. Para informes, en esta Revista.

—PRACTICANTE: Se necesita de buena prácti-ca, siendo preferido casado, para externo.

Dirigirse áO. Genaro Rodríguez, farmacéuti-co, en Benavides deOrbigo,provincia de León.

—REGENTE: Se necesita, con práctica, para la farmacia de la huérfana soltera doña María González. Escriban condiciones y estado á dicha señorita en Valjunquera (Teruel).

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