Los movimientos migratorios de la juventud rural:
¿qué ofrece el mercado laboral a los y las jóvenes?
Diagnosis completa
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1 INTRODUCCIÓN
1.1 Justificación del objeto de estudio
Las zonas rurales catalanas se enfrentan a un problema estructural como es el envejecimiento de su población y la consecuente falta de relevo generacional. Este hecho está alimentando unas dinámicas que aportan muy poco a la necesidad de reactivación económica de muchas de éstas zonas, y ponen en peligro la vertebración social, y por extensión, territorial y ambiental. El 18,8% de la población residente en las comarcas rurales de Catalunya, supera los 65 años de edad (la media catalana es de 16,7%). Sin embargo, se debe tener en cuenta que este dato es la media de las 31 comarcas rurales y que, por lo tanto, a causa de la baja población de algunas de estas comarcas, el dato adquiere más importancia a pesar de que sólo supere de dos puntos la media catalana. Hay comarcas en Catalunya, como El Ripollès o La Terra Alta, que superan el 23% de personas mayores de 65 años.
A pesar de que últimamente se está hablando de tendencias migratorias de “repoblamiento rural”, por ejemplo, los llamados “neorurales” o de población inmigrada, en nuestro caso, éste todavía constituye un fenómeno con bajo impacto demográfico y demasiado heterogéneo, aunque, si bien es cierto que la actual coyuntura económica puede allanar el terreno para aumentar su magnitud. Estamos, pues, en un momento importante para planificar estrategias que fomenten un modelo económico sostenible, adaptado a las necesidades y singularidades de cada zona y que sepa y pueda aprovechar el capital humano joven.
Sin embargo, partimos de un ámbito donde el análisis no ha sido lo suficientemente holístico como sería de esperar. Históricamente, el entorno rural ha sido analizado a partir del estudio de la evolución del sector agrario y su pérdida de peso en términos de población activa y dimensión económica, de manera que la mayor parte de las políticas y medidas para frenar las dinámicas negativas han surgido dentro de este marco y han tenido como objetivo el propio sector agrario. De la misma forma, se ha analizado la juventud “rural” en el marco del sector agrario, incidiendo más directamente en el relevo generacional de la actividad agraria, el nivel formativo de los jóvenes agricultores y en temas de participación y asociacionismo.
14 En el caso concreto de la juventud en el mundo rural, el repaso de los objetivos generales de las políticas de desarrollo rural, juventud, formación y trabajo, permiten la aparición de nuevos planteamientos, más allá del importante y necesario relevo generacional en las explotaciones agrarias. En un repaso a algunas de las últimas disposiciones, informes o publicaciones relacionadas con el desarrollo rural y la situación de la juventud rural se refleja lo que se ha expuesto. La Ley 45/2007 para el desarrollo sostenible del medio rural, en su preámbulo expone: "La importancia actual del medio rural en España, que integra al 20 por ciento de la población, que se elevaría hasta el 35 por ciento si se incluyen las zonas peri urbanas y afecta el 90 por ciento del territorio, y el hecho que en este inmenso territorio rural hay la totalidad de nuestros recursos naturales y una parte significativa de nuestro patrimonio cultural, así como las nuevas tendencias observadas en la localización de la actividad económica y residencial, confieren a este medio una relevancia más importante de la concedida en nuestra historia reciente.
El intenso desarrollo económico ocurrido en nuestro país durante las últimas décadas, que ha dado lugar a un salto muy significativo en los niveles de renta y bienestar de los ciudadanos, se ha concentrado, al igual que ha sucedido en los países del nuestro entorno, en el medio urbano y en menor medida en las zonas más rurales. Este fenómeno, característico del desarrollo económico moderno se manifiesta en la persistencia de un atraso económico y social relativo
en el medio rural, por causas económicas, sociales y políticas que son evitables. "(...)
"Toda política rural tiene que conseguir el logro de una mayor integración territorial de las
zonas rurales, facilitando una relación de complementariedad entre el medio rural y el urbano, y fomentando en el medio rural un desarrollo sostenible. Esta iniciativa tiene que partir del Estado, concertar con las comunidades autónomas y las entidades locales, respetando el marco competencial y promover la participación del sector privado." (...)
Por otro lado, el Informe del Comité para el Trabajo y los Asuntos Sociales del Parlamento Europeo, del 2 de marzo de 2010, para promover el acceso de los jóvenes al mercado laboral y fortalecer el aprendizaje, insta a los Estados miembros:
‐ "A crear incentivos eficientes para los trabajadores públicos y privados para promover a los jóvenes, a invertir en la creación de ocupación para la población joven y apoyar la actitud
emprendedora entre los jóvenes." (...)
‐ "A establecer políticas de mercado laboral inclusivas y orientadas de forma que aseguren la
inclusión respetuosa y la ocupación positiva para la población juvenil, por ejemplo a través de la creación de redes constructivas, acuerdos de prácticas, centros para el asesoramiento
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En el Foro sobre Cohesión Social ALC‐UE1, realizado en la ciudad de Lima, del 8 al 10 de febrero del año 2010, entre las prioridades principales en las que se tendrían que concentrar los esfuerzos de los poderes públicos y actores sociales para la inserción laboral de los jóvenes y la adecuación de su formación al mercado de trabajo se acuerda: ‐ "Incentivar políticas activas para mejorar la ocupabilidad de los jóvenes, mediante programas integrados de orientación educativa y de formación para la ocupación, que permitan impulsar las trayectorias laborales de los jóvenes y respondan a la demanda creciente de capacitaciones básicas, específicas y transversales. Estas políticas deben tener en cuenta la diversidad rural y
urbana de los jóvenes y los objetivos de igualdad de género. Se recomienda evaluar las
experiencias de programas y políticas urbanas, y promover la ocupabilidad de la juventud
rural. " ‐ "Incentivar el uso de modalidades formativas laborales, fomentando el vínculo y la cooperación entre los servicios públicos de ocupación y el sector privado." ‐ "Fomentar la cooperación entre centros de formación y empresas o grupos empresariales, y fortalecer el rol de la orientación vocacional en base a los requisitos del mercado laboral." En el documento "Políticas integrales de juventud en el ámbito rural", elaborado por el Grupo de Trabajo de Juventud Rural del Consejo de la Juventud de España, se recoge en su apartado de análisis: ‐ "El joven que se ve obligado a salir del pueblo para estudiar, no se forma para quedarse en el medio rural, sino más bien para emigrar al urbano. Eso se da de una forma más patente en el género femenino." (...)
‐ "En resumen, las baja tasa de natalidad en los pueblos, consecuencia del fenómeno
migratorio protagonizado especialmente por la población más joven, ha dado lugar al envejecimiento progresivo de la población rural." (...)
‐ "Las posibilidades socioeconómicas de un territorio están totalmente condicionadas por la edad de la población. La gente joven es más emprendedora, más activa, más dinámica y por
eso es la población que tiene que asumir las actividades que permitan el desarrollo rural. "(...)
‐ "La formación, factor que podría ser clave a la hora de afincar población joven en nuestras
zonas rurales y contribuir al rejuvenecimiento de la población rural, tendría que estar más adecuada a las necesidades del territorio de forma que a través del estudio de las potencialidades y necesidades del mismo y la adaptación del programa formativo, la gente joven pudiera:
* Conocer los puntos débiles y los puntos fuertes de su entorno.
* Participar de manera activa en la resolución de los problemas de su comarca, sintiéndose partícipes de su desarrollo.
* Tener la opción de escoger sus estudios universitarios y técnicos en relación con las necesidades de desarrollo de la comarca.”
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En el Acuerdo de Medidas para la Ocupación Juvenil en Catalunya (2009‐2012) elaborado por el Gobierno de la Generalitat de Catalunya agrupa diferentes medidas para fomentar y mejorar el nivel de ocupación de los y las jóvenes catalanes. Las principales líneas de actuación del documento son: Ocupación, integración y promoción social. Educación, formación y movilidad. Conciliación de la vida profesional y la vida personal y familiar. Pero ¿a dónde van los y las jóvenes que se marchan de los territorios rurales catalanes? ¿Por qué no vuelven? ¿Cuáles son los ámbitos clave a tratar? ¿En qué momento “se pierden”? ¿Cómo son estos/as jóvenes?
Éstas fueron algunas de las preguntas que dirigieron el proyecto “Món rural i joventut” (Domínguez et al., 2010), llevado a cabo por el Equipo de investigación población, territorio y ciudadanía de la Universitat de Barcelona, el Observatori de la Joventut de Catalunya y la Fundació del Món Rural. Este estudio nos permite sentar algunos conceptos y perfiles de jóvenes rurales. Posteriormente, desde la Fundació del Món Rural se recogieron y definieron las bases que nos ayudaran a darle respuestas (FMR, 2009).
En este sentido, existen algunas fuentes de información que pueden darnos algunas pistas. Analizando el padrón de población encontramos datos que nos dan una idea de la movilidad de los jóvenes en Catalunya (FMR, 2009): • El 7,7% de los jóvenes entre los 15 y los 29 años cambiaron de residencia en 2007. • Los jóvenes que tienen mayor movilidad son los que se encuentran entre los 25 y los 29 años. Del 7,7% anterior, el 4,5% se halla dentro de este margen de edad. Por lo tanto, una vez se han terminado los estudios universitarios, mayoritariamente.
De la encuesta de condiciones de vida y hábitos de la población del 2005, obtenemos la siguiente información:
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• Sucede lo mismo cuando el municipio de origen es un centro de servicios importante o una capital de comarca. La existencia de una mayor oferta laboral y de servicios implica que la necesidad de cambio de residencia sea mucho menor. En este caso, el 71,3% de los encuestados que vivían en una capital de comarca, no han cambiado nunca de residencia.
Estos indicadores nos llevan a pensar a priori que la palabra clave en el fenómeno de las migraciones “rural‐urbano” de jóvenes, es “el arraigo”. En este escenario inciden múltiples y diferentes variables coyunturales, estructurales y culturales. Partimos de esta base para explicarnos las migraciones sin regreso y, por lo tanto, también partimos de esta base para estructurar intervenciones integrales que fomenten el arraigo y el regreso. Por lo tanto, la diagnosis de la situación de partida tendrá que comprender estos factores: Historia que incita la migración La coyuntura histórica y económica de nuestro país ha establecido unas bases que han incidido directamente en las migraciones juveniles de las zonas rurales a las urbanas. La escasez y el atraso vivido por el sector primario durante los años 60 y 70 y la llegada de la democracia, el capitalismo y el estado del bienestar en el país supuso un punto de inflexión para aquellos padres y madres; y también para los que han llegado después: ofrecer formación y capacitación a los hijos e hijas de los entornos rurales también ofrecía una salida de este mismo espacio “atrasado”, “pobre”, “inculto” y “aburrido”. La alternativa estaba en las ciudades, “modernas”, “ricas”, “formadas”, “divertidas” y, seguramente, con una mejor seguridad retributiva. En definitiva, el éxodo rural hacia una mejor calidad de vida, un éxodo principalmente joven y femenino. La entrada de España a la UE y la aplicación de la Política Agraria Comunitaria y sus sucesivas revisiones han incidido directamente en el escenario actual: aunque la coyuntura ha cambiado, este flujo sigue siendo básicamente unidireccional; se van muchos más de los que se quedan, vuelven o vienen.
Variables estructurales que frenan el regreso
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estos servicios o iniciativas económicas ha estado muy ligada a la demanda. De manera que la densidad de población es un hándicap importante a la hora de asegurarlos en el mundo rural, a menudo muy agravado por los déficits en las infraestructuras del transporte y la comunicación. Sin embargo, actualmente, nos encontramos en un momento en que el valor paisajístico, medioambiental y natural de las zonas rurales, junto con los nuevos estándares de calidad y turismo, ofrecen un potencial de regreso frente a la descentralización productiva y en red.
Factores simbólicos y de identidad. Ser “rural”
El contexto de redefinición de ruralidad (desagrarización “de lo rural”) cobra sentido cuando lo analizamos a partir de la teoría de las identidades sociales: ¿cómo identificarse con “lo rural” puede acercar o alejar los jóvenes a establecerse, vivir y trabajar en el mundo rural? Todo individuo ‐y sobretodo los jóvenes‐ buscan la autoestima, la progresión o el desarrollo personal, y una identidad social positiva. Ésta se basa en comparaciones y, cuando no es satisfactoria, el individuo intenta o bien abandonar el grupo, o transformarlo en positivo. Partimos de la hipótesis de la necesidad de los jóvenes de dirigir sus esfuerzos para intentar diferenciarse; ya sea yéndose ‐lo más común‐ o intentando transformar su identidad‐ menos común‐.
Por lo tanto, nos encontramos en un contexto de partida que explica las migraciones juveniles de las zonas rurales a las urbanas desde múltiples factores que han desembocado en una realidad rural “poco atractiva” para estos mismos jóvenes.
Para fomentar el regreso debemos analizar bien estos movimientos migratorios: cuáles son las principales barreras que impiden el regreso y cuáles son los momentos de “ruptura” con el entorno originario. A partir de aquí, la intervención tiene que ser congruente con esta óptica multidimensional.
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1.2 El proyecto
El proyecto Odiseo: programa para el regreso y la inserción laboral de jóvenes en el mundo rural, nace a raíz de la necesidad de afrontar el fenómeno de la migración juvenil del mundo rural hacia las zonas urbanas, acotando el objeto de estudio y la posterior intervención a la población universitaria de origen rural catalana. Se pretende fomentar el regreso de estos jóvenes a sus municipios rurales de origen. Entre las acciones del proyecto se prevén actuaciones de prospección y diagnóstico –el presente trabajo‐, y actuaciones de intervención (Tabla 1). Tabla 1. Esquema de las fases y las actuaciones del proyecto ODISEO. El objetivo general del proyecto es: * Incentivar y facilitar el regreso de los y las jóvenes hacia el medio rural a partir de un programa que facilite su inserción laboral. FASE 1: Construcción del modelo de intervención
- ¿QUÉ, DÓNDE Y POR QUÉ? Æ Diagnosis: "Los movimientos migratorios de la juventud rural: ¿qué ofrece el mercado laboral rural a los y las jóvenes?"
- ¿CÓMO Y CUANDO? Æ Diseño de la metología de intervención.
- Análisis y comparación de modelos similares y visita de intercambio de experiencias a Place aux Jeunes (Quebec).
FASE 2: Actuaciones de implementación previstas
a. Centros de educación superior: sesiones informativas, potenciar la inclusión de la opción rural en los currículos formativos, potenciar la investigación y el desarrollo en la investigación y conocimiento transferibles al tejido empresarial rural.
b. Empresas rurales y núcleos de emprendedoría: establecer un protocolo de actuación para la inserción laboral de la juventud emigrada, favorecer el contacto entre jóvenes y empresas, mejorar el conocimiento de las oportunidades del sector empresarial referente a las necesidades de las zonas rurales; promover la emprendedoría joven. c. Red de agentes: favorecer el diálogo entre el mundo empresarial, universidades y
administración, a través de foros, visitas, coloquios, integrar la innovación e investigación en los nodos empresariales del mundo rural.
20 Los objetivos específicos son:
* Desarrollar y consensuar herramientas de análisis para el diagnóstico de la migración juvenil rural, la potencialidad del tejido empresarial, la influencia de la oferta formativa superior en las migraciones, y los factores de atracción del medio rural para la juventud.
* Fomentar y acompañar la inserción laboral y la creación de empresas para jóvenes que contribuyan al desarrollo de las zonas rurales.
* Generar espacios de debate y análisis entre los agentes e instituciones que intervienen en políticas/ programas de ocupación y de juventud.
* Sensibilizar y concienciar a la ciudadanía sobre el impacto de la migración juvenil a las zonas rurales.
En el marco de este trabajo también se ha elaborado un documento de compilación de resultados que incluye las principales conclusiones y recomendaciones para la futura implementación y un documento con el diseño de la metodología de implementación. Todos los documentos del proyecto Odiseo se pueden descargar íntegramente a www.arca‐dr.cat, a
www.desenvolupamentrural.cat y a www.fmr.cat.
1.2.1 Población diana: jóvenes universitarios
Esta es la población escogida teniendo en cuenta dos dinámicas contrastadas: - Alcance de la migración en función de los estudios:
Por una parte, se constata que los flujos migratorios que conllevan más distancia se dan en el caso de la movilidad forzosa para la realización de estudios superiores, a menudo hacia Barcelona y el área metropolitana o a las capitales provinciales, que es donde existe oferta formativa pública. En el caso de la movilidad asociada a la realización de estudios de segundo grado u ocupacionales, las migraciones suelen ser intracomarcales, o intercomarcales colindantes.
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formación universitaria, y se ratifica en el caso de la emprendedoría joven. Por lo tanto, el retorno del capital humano formado en el marco de la emprendedoría y el nuevo empresariado puede suponer un efecto multiplicador en el territorio en términos de generación de ocupación.
1.3 La diagnosis
El presente documento, producto de la primera fase, intentará trazar las líneas estratégicas para abordar el ámbito de regreso de los y las jóvenes rurales y analizar los principales indicadores y dinámicas que nos van a ayudar a orientar la acción posterior. El objetivo de esta primera fase es diagnosticar el impacto de las migraciones juveniles y las potencialidades del territorio para evitar la despoblación en una muestra representativa de las zonas rurales catalanas.
La investigación se ha llevado a cabo durante el año 2011 y ha sido financiada por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad con cargo en la asignación tributaria del Impuesto sobre la Renta de las Persona Físicas y promovido por la Red Española de Desarrollo Rural, y en el marco de Experiencias Innovadoras de Comunidades Autónomas de la Red Rural Nacional (Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino) y por la Asociación d’iniciatives Rurals de Catalunya (ARCA). Esta última pretende el intercambio de experiencias entre Comunidades Autónomas y también ha participado como comunidad autónoma observadora Aragón, a través del Departamento de Agricultura y Alimentación2.
Después del bloque introductorio del capítulo 1, en el capítulo 2 de este documento se define que entendemos por jóvenes rurales y sus características desde el punto de vista del ciclo evolutivo vital y los momentos que implican ruptura o arraigo con el origen.
Una vez están acotados estos conceptos, se procede a analizar los indicadores de ruralidad, demográficos y socioeconómicos de las 31 comarcas rurales de Catalunya (según el concepto
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de ruralidad estipulado por la OCDE3), a fin de detectar las zonas con más vulnerabilidad en lo referente al cambio generacional y con más necesidad de reactivación económica. A partir de estos indicadores se acotaran, pues, las zonas piloto objeto del estudio.
En el capítulo 3, se analizan las migraciones de jóvenes rurales a partir de dos fuentes de información: las universidades, divididas en dos grupos (área metropolitana (AMB) y capitales provinciales), y el padrón municipal de población. Esto nos sirve para ver que jóvenes vuelven a su origen y quienes no, en que universidades estudian y que especialidades. Veremos también la coherencia entre el volumen de estas especialidades y la demanda productiva en su territorio de origen.
En el capítulo 4, y sobre esta preselección de territorios vulnerables, se analiza también el tejido productivo de cada comarca/zona, así como la emprendedoría, los perfiles de los emprendedores y empresarios y las herramientas que ofrece el territorio para apoyarles. También se realizan propuestas en relación a los sectores emergentes y a nuevos yacimientos de ocupación.
En el capítulo 5, se describen los medios que tiene la juventud en su territorio rural de origen (en el ámbito de la inserción laboral, formación, vivienda...) y de qué forma éstos inciden en el arraigo de los y las jóvenes. Se ha realizado este análisis en las 5 comarcas/ territorios seleccionados.
En el capítulo 6, se hace una síntesis de los datos analizados y se anotan las principales conclusiones de la investigación, recomendaciones y orientaciones a tener en cuenta para el diseño del modelo de implementación.
En resumen, con la diagnosis, pretendemos responder, ubicar y analizar:
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2 LOS JÓVENES RURALES Y EL TERRITORIO
2.1 Conceptualización y perfiles de los y las jóvenes rurales
A fin de situar el estado del intercambio de jóvenes entre territorios rurales y territorios urbanos, el primer paso es estudiar el comportamiento de la juventud rural en referencia a su territorio de origen y ver el grado de arraigo a éste. Para poder afrontar este análisis, es necesario averiguar qué momentos de la vida de un/a joven pueden ser potencialmente motivo de cambio de comportamiento respecto a su origen territorial.
Tal y como se ha dicho anteriormente, los factores históricos y las variables estructurales juegan un papel muy importante a la hora de retener o fomentar el regreso de la juventud de origen rural que se ha ido a estudiar a las ciudades. Pero estos factores están envueltos por un conjunto de “representaciones” y percepciones atribuidas a este espacio – el rural‐ que construyen lo que “realmente” es en el imaginario colectivo. Estos símbolos y signos tendrían una capacidad de atracción potentísima si las atribuciones fueran positivas (“rural en positivo”), pero lamentablemente las atribuciones todavía son mayoritariamente negativas (“rural en
negativo”). Sin embargo, parece ser que este escenario puede cambiar, ya que los valores
paisajísticos y naturales están al alza hoy en día y éstos pueden ser un nuevo factor de atracción.
Una representación social produce los significados que las personas necesitan para comprender, actuar y orientarse en el medio social. Son teorías de sentido común que permiten describir, clasificar y explicar los fenómenos de las realidades cotidianas. Son, por lo tanto, funcionales y con una cuota muy elevada de afectividad (FMR, 2009).
Las representaciones sociales también tienen la función constitutiva de las identidades sociales (Teoría de la identidad social de Tajfel y Turner). Nos autodefinen en función de nuestra pertenencia a un grupo social y orientan las conductas individuales.
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Es importante, pues, identificar en qué momentos ha habido una ruptura que los aleja (física y/o simbólicamente) del mundo rural, que ámbitos adquieren relevancia (formación, ocio, trabajo, vivienda...), y cual es la incidencia de las representaciones sociales del grupo al cual se pertenece y si esta identificación les supone rasgos más positivos o más negativos. Se prevé analizar más profundamente esta última parte en otra fase futura del proyecto. En la fase actual, nos interesa un marco teórico mucho más instrumental, que es aquel que nos aporta categorías de perfiles de jóvenes rurales en función de los momentos de ruptura de su ciclo vital y de las características de movilidad.
2.1.1 Identificación de los perfiles de los y les jóvenes con potencial de arraigo y desarraigo
Para entrar ya en materia, debemos considerar la siguientes preguntas: ¿por qué un/a joven decide marcharse fuera del ámbito rural? Y ¿Por qué un/a joven decide volver a implantarse en su municipio de origen rural?
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El análisis de estos factores nos permitirá obtener una información de gran valor, ya que nos dirá en qué momento de la vida del/la joven rural se debe incidir política y socialmente para incentivar estímulos para su permanencia en territorios rurales, antes de la migración, y fomentar el regreso después de su formación universitaria.
2.1.2 Identificación de los momentos de ruptura con el origen y tipos de movilidad
La movilidad obligada es una característica permanente en los entornos rurales. En los últimos decenios, la movilidad no ha parado de crecer; nos movemos con mayor frecuencia y más lejos. La singularidad rural de este cambio de paradigma y de magnitud de movilidad, radica en la distancia media de los desplazamientos (relacionada con la dispersión y el aislamiento) ‐y por lo tanto, el coste‐, el objeto de la misma (a menudo acceso a los servicios básicos) y en los patrones de movilidad (coche particular).
Los y las jóvenes de origen rural han convivido con esta movilidad obligada, que podríamos establecer en distintos grados en función de la edad y el motivo (Domínguez et al., 2010):
Movilidad diaria: desplazamiento que no implica la emancipación del hogar de los padres. Se da en los casos de jóvenes que estudian o trabajan fuera de su municipio pero que por la noche regresan a pernoctar en el hogar familiar (por ejemplo, los jóvenes que van a estudiar al instituto o a la escuela de un municipio cercano).
Movilidad intermitente: el joven abandona el domicilio familiar por razones de formación o trabajo pero no de una forma permanente. Puede ir acompañada de una emancipación económica o no; por ejemplo cuando el joven estudia en la universidad durante la semana o trabaja fuera (trabajo temporal) y regresa a casa el fin de semana y festivos.
Movilidad independiente: responde al momento de emancipación del joven. Implica la independencia económica y domiciliaria del hogar familiar. Esta emancipación definitiva puede llevarse a cabo en el mismo municipio o en otro, dependiendo de los factores que hemos nombrado anteriormente.
27 2.1.2.1 Momentos de transición en el ciclo vital de los jóvenes rurales Si analizamos los momentos del ciclo vital de los y las jóvenes que son susceptibles a suponer una ruptura con el origen, desde el estudio mencionado, se identifican tres con potencial. La movilidad asociada a cada uno de ellos y la distancia media de ésta pueden añadir potencia a la ruptura: Momento de transición educativa: Cuando el joven entre 15 y 24 años se desplaza diariamente para ir a la escuela de secundaria o a la universidad. Transición que se produce mucho antes en los pueblos pequeños y aislados. Formación universitaria: supone el descubrimiento del “mundo exterior”. Incidencia del ámbito educativo. Momento de transición laboral: Inserción en el mundo laboral: volver al pueblo de
origen, quedarse en el área urbana (generalmente en la misma ciudad donde se han cursado los estudios universitarios) o una solución intermedia, trabajar en una ciudad mediana. Incidencia del ámbito laboral.
Momento de transición residencial: Establecimiento del lugar de residencia definitiva. Acumulando todos los momentos de transición o de repente. Incidencia del ámbito personal. 2.1.2.2 Perfiles resultantes de los jóvenes rurales con movilidad En el estudio se diferenciaron dos tipos de perfiles distintos, los lineales y los rotos. Los lineales seguirían una cierta lógica en la sucesión de su ciclo vital y en el establecimiento definitivo. Los perfiles rotos modificarían la inercia de esta lógica por acontecimientos o sucesos externos o decisiones internas. Hay tres tipos de perfiles lineales: el expansivo, el abierto y el recogido; y se definen por la movilidad esperada según el nivel de formación. Entre los perfiles rotos, nos interesa especialmente el caso del “joven arraigado”. Su principal característica es que, independientemente de su formación y su trabajo, quiere establecerse definitivamente en el pueblo de origen y ser una persona activa para la mejora de la calidad de vida del pueblo. Este perfil puede servirnos de patrón en nuestra intervención:
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Perfil lineal abierto: Jóvenes que han cursado estudios de grado medio, que se incorporan en el mundo laboral y establecen su residencia definitiva en un municipio urbano, pero mediano o pequeño y muy cercano a su municipio de origen.
Perfil lineal recogido: jóvenes que, una vez han conseguido el nivel educativo obligatorio o no han terminado los estudios, establecen su residencia definitiva en el mismo pueblo y no quieren marcharse ni a estudiar ni a trabajar a fuera.
Perfil roto/arraigado: Variaciones de los lineales. Jóvenes que rompen la linealidad de su trayectoria y su área de influencia con las decisiones que toman (trabajo, pareja, arraigo a su pueblo de origen, o el precio de la vivienda pueden ser motivos de ruptura de la linealidad). Los jóvenes que rompen la linealidad por motivos de arraigo son los que pueden servirnos como modelo y, además, quieren mejorar las condiciones de vida del pueblo al mismo tiempo que evolucionar personal y profesionalmente. Tiene un alto activismo político y/o social.
En el marco de la diagnosis de Odiseo, intentaremos ubicar a aquellos jóvenes con un perfil que consideramos a recuperar ‐los expansivos‐ (capital humano imprescindible para la dinamización económica y vertebración social del territorio), en contraposición a aquellos que son socialmente activos y arraigados.
2.2 Análisis demográfico y socioeconómico
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A partir de este análisis de los datos cuantitativos procedentes de distintas fuentes estadísticas (padrones, censos, datos de Departamentos de la Generalitat) se ha procedido a detectar cuales son los lugares más vulnerables para retener a la juventud, ya sea por su escasa presencia, por la dispersión territorial que les dificulta el acceso a los servicios, por la dificultad de acceder al mercado laboral o por la falta de dinámica propia del tejido asociativo.
Sin embargo, es importante mencionar que en la elección de las comarcas sobre las que se realizará el análisis no solo se han utilizado criterios cualitativos y cuantitativos, sino que también se ha intentado que las comarcas escogidas cumplieran con un criterio de representatividad territorial.
Entre las comarcas que, en base a los indicadores antes descritos, se sitúan entre las más vulnerables dentro del conjunto de comarcas rurales, se han seleccionado 5 en función de su representatividad territorial, buscando poder disponer de un caso de estudio para cada ámbito (Plana de Lleida, Pirineo, Comarcas Centrales, Terres l’Ebre y Comarcas de la provincia de Girona), y posteriormente, en función de su representatividad como “tipología” de comarca rural, atendiendo a su especialidad productiva, básicamente. 2.2.1 Caracterización de la ruralidad En este apartado caracterizaremos los diferentes grados de ruralidad4 de las comarcas rurales de Catalunya, a partir del cruce de datos de población procedentes del padrón5 con otros datos de tipo territorial (superficie, número de municipios, número de núcleos de población). Según los criterios de densidad de población (Mapa 1)6, podemos afirmar que gran parte de las comarcas denominadas rurales podrían calificarse en realidad como comarcas intermedias, rururbanas si se prefiere. En este grupo, que se encuentra entre los 100 y los 200 hab/km2,
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tenemos 10 comarcas, 8 de las cuales forman un eje continuo que va desde El Alt Empordà hasta El Alt Penedès, y rodean El Gironès y el Área Metropolitana de Barcelona, y dos más a la zona de Lleida, El Segrià y El Pla d’Urgell.
El resto de comarcas pueden considerarse como predominantemente rurales, aunque pueden establecerse hasta tres subcategorías en referencia a su densidad de población:
- Comarcas de entre 51 y 100 habitantes/km2, como El Montsià, El Baix Ebre, L'Urgell, L'Alt Camp y La Garrotxa, situadas las dos primeras en el litoral y las otras tres cercanas a las comarcas anteriormente citadas como intermedias, que cuenta con núcleos urbanos relativamente importantes como capitales de comarca, y que constituyen la continuación de los espacios industriales/terciarios sobre los que pivotan.
31 Mapa 1. Densidad de población por comarca (2010). Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya. Si nos fijamos, en cambio, en el número de habitantes empadronados por municipio (Mapa 2), la distribución territorial de la ruralidad en Catalunya no presenta unas dinámicas concéntricas tan acusadas. Para empezar, la media de habitantes por municipio en las comarcas rurales catalanas se sitúa por encima del umbral de lo que se considera como municipio rural en el estado español7, con2.619 individuos por municipio.
En una primera categoría, encontramos hasta 5 comarcas donde la población media por municipio supera los 5.000 habitantes: El Segrià, por la presencia de la ciudad de Lleida; El Bages, un caso similar con Manresa y varios núcleos importantes de El Bages; La Selva, con los municipios más poblados cercanos a la costa; y El Baix Ebre y El Montsià, donde además del grado de urbanización de la zona del litoral cabe añadir el hecho que cuentan con pocos municipios de grandes dimensiones.
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32 Mapa 2. Media de habitantes por municipio por comarca (2010). Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya. En un segundo estadio, todavía por encima del umbral de municipio rural entre 2.000 y 5.000 habitantes tenemos 8 comarcas (El Alt y Baix Empordà, El Pla de l’Estany, La Garrotxa, Osona, L'Anoia, L'Alt Penedès y El Pla d’Urgell), muchas de la cuales las habíamos definido antes como intermedias.
Entre las comarcas con una población media por municipio inferior al umbral mencionado, podemos distinguir dos categorías:
- Un total de 12 comarcas con un importante grado de ruralidad (Era Val d’Aran, L’Alta Ribagorça, L’Alt Urgell, La Cerdanya, El Berguedà, El Ripollès, La Noguera, La Segarra, L’Urgell, L’Alt Camp, La Ribera d’Ebre y La Terra Alta), que se sitúan con una población media por municipio de entre 1.000 y 2.000 habitantes.
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El Pallars Jussà y El Solsonès en el Pirineo de Lleida; y Les Garrigues, El Priorat y La Conca de Barberà en el límite de las demarcaciones de Lleida y Tarragona.
Si bajamos el análisis hasta el nivel de las entidades singulares de población8 presentes en las comarcas rurales (Mapa 3), podremos apreciar una distribución territorial donde los conceptos clave son los de la Catalunya Nova y Catalunya Vella, (Catalunya Nueva y Catalunya Vieja), en el sentido que las comarcas con mayor número de entidades de población se concentran básicamente en el norte de Catalunya y las que tienen menos se sitúan al sur. Mapa 3. Entidades de población por comarca. Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya. Aún así, las 5 comarcas con mayor número de entidades de población (por encima de las 150) siguen siendo del grupo que inicialmente habíamos definido como intermedias o rururbanas: L’Alt Empordà, La Selva, El Bages, L’Anoia i L’Alt Penedès. Como principales causantes de este
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hecho encontramos la dimensión más bien pequeña de los núcleos de población, una tradicional inclinación al poblamiento disperso; y la proliferación de nuevas urbanizaciones de primera o segunda residencia.
En un segundo estadio, entre la 100 y 200 entidades por comarca, existen 9 comarcas, básicamente pirenaicas (El Pallars Sobirà, El Pallars Jussà, L’Alt Urgell, La Noguera, La Segarra, El Ripollès, La Garrotxa, Osona y El Baix Empordà), donde, aparte de las dinámicas anteriormente descritas, se tendrían que sumar procesos de agregaciones municipales de los términos tradicionales.
En un estadio intermedio, entre 51 y 100 entidades por comarca, se sitúan El Segrià, La Conca de Barberà, L’Alt Camp, El Solsonès, El Berguedà, La Cerdanya y El Pla de l’Estany. En este grupo tenemos por un lado, comarcas grandes con predominio del poblamiento concentrado, propio de la Catalunya Nueva, como El Segrià, y por otro lado comarcas que también cumplen los criterios anteriormente descritos pero que cuentan con una escasa superficie, como son La Cerdanya o El Pla de l’Estany.
Entre las comarcas que se sitúan entre las 21 y las 50 entidades por comarca, tenemos ejemplos de poblamiento concentrados, como en la Plana de Lleida (Les Garrigues, El Pla d’Urgell, L’Urgell), su continuación hacia el interior de demarcación de Tarragona (El Priorat) o en Les Terres de l’Ebre (El Montsià y El Baix Ebre), y también comarcas pirenaicas de escasas dimensiones (Era Val d’Aran y L’Alta Ribagorça).
En cuanto a comarcas con menor número de entidades de población (por debajo de las 20 entidades) destacan La Ribera d’Ebre y La Terra Alta, ambas en la zona de Les Terres de l’Ebre, con una marcada tipología de poblamiento concentrado.
Estos datos se ven complementados en el Mapa 4 que analiza el número de entidades de población por municipio, que, aparte de la dicotomía ya mencionada entre el poblamiento disperso de la Catalunya Vella y el poblamiento concentrado de la Catalunya Nova, nos muestra otros fenómenos.
35 mandos de los antiguos municipios e integrándolos como entidades de población dentro de los nuevos términos municipales. Mapa 4. Entidades de población por municipio. Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya.
En el segundo nivel, entre 6 y 8 entidades por municipio, encontramos varias comarcas del norte del país, com son L’Alt Urgell, El Ripollès, La Garrotxa, El Pla de l’Estany, y La Selva, además de L’Alt Penedès.
En un nivel intermedio, entre 4 y 6 entidades por municipio, pero todavía por encima de la media de las comarcas rurales (que es del 4%) encontramos gran parte del resto de comarcas de los tercios norte y central de Catalunya (El Baix Empordà, La Cerdanya, Era Val d’Aran, El Solsonès, El Bages, L’Anoia, La Segarra y La Noguera).
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Finalmente, las comarcas con una mayor tendencia a la concentración de su población, con valores inferiores a 2 entidades por municipio, forman un espacio continuado que engloba 3 comarcas de la Plana de Lleida (El Segrià, El Pla d’Urgell y Les Garrigues) y 4 de Les Terres de l’Ebre (El Priorat, La Ribera d’Ebre, La Terra Alta, y El Baix Ebre).
En un primera aproximación al nivel de dispersión territorial, si analizamos el número de habitantes por entidad de población (Mapa 5) de las comarcas rurales catalanas, podemos apreciar como la media se sitúa en unos escasos 69 por entidad.
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Casuísticas similares las encontramos en las 4 comarcas (El Baix Empordà, L’Urgell, Les Garrigues y La Terra Alta) que se sitúan entre los 750 y 1.000 habitantes por entidad, que forman un espacio continuado con las dos áreas anteriormente descritas.
Entre 500 y 750 habitantes de media por entidad, tenemos 4 comarcas (L'Alt Empordà, L'Anoia, L'Alt Penedès y L'Alt Camp), ubicadas a los alrededores de comarcas urbanas.
Formando una corona alrededor de las anteriores comarcas, y con valores considerablemente inferiores (entre 200 y 500 habitantes por entidad) a la media de las comarcas rurales, encontramos bastantes comarcas del norte (Berguedà, Ripollès, Garrotxa, Pla de l’Estany, Val d’Aran), y varias del sur (La Noguera, La Segarra, La Conca de Barberà y El Priorat), que empiezan a presentar unos importantes niveles de dispersión de su población.
En el último intervalo, por debajo de 200 habitantes por entidad, tenemos un prolongado número de comarcas pirenaicas (L'Alta Ribagorça, El Pallars Jussà, El Pallars Sobirà, L'Alt Urgell, La Cerdanya y El Solsonès), que son las que presentan un nivel más elevado de dispersión. Como indicador específico para analizar la dispersión de la población a nivel comarcal en las comarcas rurales, se ha utilizado el cociente de la densidad de población a partir de la raíz cuadrada del número de habitantes por comarca (Mapa 6). En este indicador, los valores más elevados muestran una mayor concentración de población, y los más bajos, una mayor dispersión territorial de la población.
En este sentido, tenemos 5 comarcas con un valor superior a 15, que presentan los valores máximos de concentración de población en comarcas rurales (El Baix Empordà, El Segrià, El Pla d’Urgell, El Baix Ebre y El Montsià).
En un segundo estadio, con valores de entre 7,5 y 15, tenemos bastantes comarcas alrededor de la metrópolis barcelonesa (La Selva, Osona, El Bages, L’Anoia, L’Alt Penedès y L’Alt Camp) además de El Pla de l’Estany y L’Urgell, que presentan una escasa dispersión de su población. En un estadio intermedio de dispersión, entre 5 y 7,5, tenemos 4 comarcas que presentan tanto dinámicas de población escasa en poblamiento concentrado (Les Garrigues y La Ribera d’Ebre), como casos con volúmenes de población mayores pero también con una mayor presencia de núcleos de población (La Garrotxa y L’Alt Urgell).
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Mapa 6. Nivel de dispersión.
Fuente: Institut d’Estadística de Catalunya.
Finalmente, con valores inferiores a 2,5 y el nivel más elevado de dispersión territorial, tenemos un conjunto de comarcas pirenaicas y el del pre‐pirineo leridano: El Ripollès, El Solsonès, L’Alta Ribagorça, La Noguera, L’Alt Urgell, El Pallars Sobirà, El Pallars Jussà y Era Val d’Aran. En estas comarcas, escasamente pobladas desde hace décadas, con cierta incidencia del poblamiento disperso y profusión de pequeños núcleos de población, podemos hablar de una problemática derivada de una importante dispersión de la población, que, acentuada por la escasa masa crítica y las dificultades y costes añadidos por los problemas de accesibilidad derivados, termina a menudo, en un difícil acceso a los servicios necesarios. Estaríamos hablando, pues, de las comarcas con un mayor nivel de ruralidad.
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2.2.2 Estructura de la población y la ocupación
La finalidad de este apartado es la de aportar conocimiento sobre cuál ha sido la evolución reciente de la población9 de las comarcas rurales, así como también una perspectiva actual sobre diferentes aspectos relativos a la población de estas entidades territoriales. Para hacerlo, se han realizado un análisis comparativo de las distintas “pirámides” de población10, una profundización a los niveles de envejecimiento y dependencia11, una aproximación al nivel de instrucción de la población12, y una radiografía de las características de la población joven extranjera residente en estas comarcas13.
2.2.2.1 Evolución de la población: fin del éxodo y recuperación
Gran parte de las comarcas que son del ámbito de nuestro estudio, sufrieron, a partir de finales del siglo XIX, pero sobretodo a mediados del siglo XX, un proceso de pérdida constante de población, especialmente importante entre el colectivo de jóvenes, que emigraba hacia las ciudades en busca de nuevas oportunidades, lo que se conoce como éxodo rural.
A grandes rasgos, este proceso se debilitó a finales de siglo XX, tanto por la aglomeración existente ya en las zonas más urbanizadas, como, principalmente en los sitios donde había sido más importante, por la falta de efectivos jóvenes que pudieran seguir emigrando. Cabe destacar que algunas de las comarcas rurales analizadas (El Segrià en la zona de Ponent, las comarcas alrededor del área metropolitana y las situadas en la línea del litoral), no sólo habían sufrido este éxodo, sino que a menudo se habían visto beneficiadas por los flujos positivos procedentes de las comarcas vecinas.
A partir de la década de los 80, se empieza a detectar en las comarcas más rurales que los procesos de pérdida se están reduciendo, llegando en algunos casos a una situación de
40 estagnación, y en los casos ya mencionados, iniciando incrementos importantes en el volumen de población. Mapa 7. Evolución de población: pos‐éxodo (1981‐2000)*. * La paleta de colores utilizada en los mapas de este subapartado pretende dar visibilidad a las zonas problemáticas. Los colores rojizos indicaran disminuciones o aumentos reducidos de la población, y los colores amarillo pálido, los máximos aumentos. Fuente: elaboración propia a partir de la información del Censo de Población y vivienda 1981 y de los Padrones Municipales de Habitantes (2000‐2005‐2010). Institut d’Estadística de Catalunya. Aún así, los efectos de la migración masiva, que habían dejado a un buen número de comarcas con una estructura de edades muy envejecidas, dificultaban, todavía la recuperación poblacional en algunos casos (Mapa 7), aunque en el conjunto de las comarcas rurales, el incremento fue del 9%.
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volumen de habitantes en este periodo. Especialmente dramático es el caso de L'Alta Ribargoça, con un descenso del 21%.
Cuatro otras comarcas (La Noguera, L’Alt Urgell, El Berguedà y Les Garrigues) también perdieron población en este periodo, aunque en porcentajes que no llegaban al 10%. Estos dos subgrupos configuraban dos espacios continuos comunes (comarcas pirenaicas no axiales e interior de la demarcación de Tarragona) donde la dinámica de despoblamiento todavía no había sido revertida. Sin embargo, las 21 comarcas restantes mostraban ya una recuperación poblacional, aunque débil en la mayoría de los casos: 11 de estas comarcas, incluyendo las situadas en Las Terres de l’Ebre y en la Plana de Lleida, y otras de las comarcas centrales, como El Solsonès y El Bages, presentaban incrementos de población inferiores al 10% entre 1981 y 2000. Los incrementos más importantes se daban en las comarcas gerundenses, en la zona pirenaica axial y alrededor del área metropolitana. Así, L’Anoia, L'Alt Penedès, Osona, El Pla de l’Estany, La Cerdanya y El Pallars Sobirà presentaban incrementos considerables, de entre el 10 y el 25%; mientras que Era Val d’Aran, L’Alt y Baix Empordà y La Selva mostraban los incrementos máximos, por encima del umbral del 25%, llegando en el último caso a un incremento superior al 40% en el volumen de habitantes de la Selva en este periodo.
A partir del año 2000, todas las comarcas rurales abandonan definitivamente (por el momento) las dinámicas negativas, e inician, a ritmos diferenciados, un periodo de recuperación poblacional importante, movido también por un flujo migratorio con un alcance más amplio: la inmigración extranjera. Tal y como se puede apreciar en el Mapa 8, esta recuperación es aun débil en el quinquenio que va del año 2000 al 2005 en las comarcas con una menor masa de población, que son las que también habían sido más castigadas por la despoblación. Aun así, el incremento medio en las comarcas rurales (13%), fue superior en este quinquenio que en los 20 años precedentes. El Pallars Jussà, el Ripollès, el Berguedà, les Garrigues, la Ribera d’Ebre y la Terra Alta presentan en este quinquenio un incremento reducido, inferior al 5%, especialmente en los dos primeros casos, que tan solo crecen un 1%.
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Con valores similares a la media, e incrementos moderados de entre el 10% y el 15%, vemos gran parte del resto de comarcas de los tercios norte y oeste del país (El Montsià, El Baix Ebre, El Segrià, El Pla d’Urgell, El Solsonès, L’Alta Ribagorça, El Pallars Sobirà, L’Alt Camp, L’Osona y El Pla de l’Estany).
Por encima de éstas, con incrementos de entre el 15% y el 20%, tenemos dos comarcas pirenaicas con base turística (Era Val d’Aran y La Cerdanya), dos de la Costa Brava (L’Alt y El Baix Empordà), y dos con cierta especialización industrial (L’Anoia y La Segarra).
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quinquenio y se sitúa por debajo del 11%), principalmente por la moderación de los flujos migratorios foráneos desde el inicio de la actual crisis económica (Mapa 9).
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Solo dos comarcas, L’Alt Empordà y La Selva, tienen incrementos considerables, de entre el 15 y el 20%, siendo ésta última la que más crece. En este periodo no hay ninguna comarca que supere el umbral del 20%.
Como resumen de los dos quinquenios anteriores (Mapa 10), durante la primera década del siglo XXI, hemos asistido a una recuperación de la población en las comarcas rurales. Mapa 10. Un decenio de recuperación de la población (2000‐2010). Fuente: elaboración propia a partir de la información del Censo de Población y Vivienda 1981 y de los Padrones Municipales de Habitantes (2000‐2005‐2010). Institut d’Estadística de Catalunya. Esta recuperación ha sido lenta, con incrementos inferiores al 10% en cinco comarcas, tres del suroeste (La Ribera d’Ebre, Les Garrigues y La Terra Alta) en dos pirenaicas (El Berguedà y El Ripollès), esta última es la que menos ha crecido, per debajo del 2%.
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entre el Pirineo y Prepirineo (Garrotxa, Alt Urgell, Solsonès, Noguera, Pallars Jussà y Alt Ribagorça) y dos al interior de la demarcación Tarragona (Priorat y Conca de Barberà).
Hasta otras 13 comarcas (El Baix Empordà, El Pla de l’Estany, L’Osona, El Bages, El Pallars Sobirà, L’Alt Camp, La Segarra, l’Urgell, El Pla d’Urgell, El Segrià, El Baix Ebre y El Montsià), que muestran incrementos medios, de entre el 20 y el 30%.
Durante este decenio, L’Alt Empordà, La Cerdanya, Era Val d’Aran, L’Anoia y L’Alt Penedès han visto como su población crecía entre un 30 y un 40%.
De todas las comarcas rurales, la que más ha crecido en este periodo ha sido La Selva, la única que ha superado el umbral de crecimiento del 40%, a mucha distancia del resto, con casi un 48% de incremento.
En referencia al conjunto del periodo analizado, (1981‐2010), la media de crecimiento de población en comarcas rurales, se sitúa en el 38%. Aun así, y como puede apreciarse en el Mapa 11, no puede hablarse de recuperación poblacional en todos los sitios, no al menos si se tiene en cuenta el volumen de población de 1981, que ya de por sí, en muchas comarcas se convertía en el mínimo histórico debido al largo proceso de éxodo rural antes mencionado. En este sentido, se debe destacar que entre 1981 y 2010, hay una comarca, El Ripollès, que muestra un descenso poblacional superior al 10%. Hay otras dos (L’Alta Ribagorça y La Terra Alta) con descensos superiores al 5%, y otras cuatro (Les Garrigues, El Pallars Jussà y El Priorat) con pérdidas inferiores a este umbral. En estas comarcas, pues, no se puede hablar más que de indicios, débiles, de recuperación.
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Mapa 11. ¿Recuperación? No en todos los sitios (1981‐2010).
Fuente: elaboración propia a partir de la información del Censo de Población y Vivienda 1981 y de los Padrones Municipales de Habitantes (2000‐2005‐2010). Institut d’Estadística de Catalunya.
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La dinámica demográfica de los últimos tiempos ha sido, pues, distinta según el tipo y la ubicación de cada comarca, como lo fue en las dinámicas demográficas anteriores. Quienes más sufrieron la despoblación son todavía los que se recuperan más lentamente.
2.2.3 ¿Pirámides de población? ¿El redondeo del triángulo?
El gráfico llamado pirámide de población, el historiograma de barras horizontales usado para determinar la estructura según sexo y edad de una determinada población, recibe su nombre de la base que en un principio mostraba siempre este gráfico, similar a una pirámide o triángulo, con la base de individuos jóvenes ancha, y a partir de este punto, disminuyendo su peso hasta las edades adultas y las persones mayores.
Tal y como se aprecia en los gráficos de la Figura Anexo 8 del Anexo, donde se representan de forma comparativa las “pirámides” de edad de las 3 comarcas rurales catalanas del año 2010, la forma del gráfico se parece cada vez menos al elemento geométrico que le da nombre. Este gráfico que nos es tan útil para observar la historia demográfica de un sitio como lo son los anillos de un tronco para saber la historia de un árbol, ha sufrido bastantes variaciones de su forma “original”, propia de escenarios de crecimiento pronunciado y continuo. Los principales factores demográficos que han modificado el dibujo en Catalunya pueden resumirse en cuatro:
- En primer lugar, y como factor más importante, la debilidad del volumen de población infantil y joven viene motivada por un fuerte descenso de la natalidad (que a su vez viene motivada por otros factores como el retraso de la emancipación‐ establecimiento de pareja‐ concepción), especialmente entre la población autóctona, que se inicia ya en los años 80, se acentúa en los 90 y empieza a remitir a partir del año 2000 a causa de la tasa de natalidad diferencial de los inmigrantes extranjeros, con un mayor número de hijos.
- El efecto de la inmigración extranjera, que en sus primeros flujos era mayoritariamente masculina. Principalmente en las comarcas más afectadas por este fenómeno se ha producido una descompensación por sexos en las pirámides, principalmente en la franja de edad que va de los 30 a los 40 años. Tal y como se verá en el apartado 2.2.3.2
Población joven extranjera: tú a poniente y yo a levante, entre la población extranjera
estas diferencias por sexo se han reducido bastante.
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productiva durante el conflicto y los primeros tiempos de posguerra (se debe tener en cuenta también, que la mortalidad infantil de la época era muy superior a la actual). - Siendo una dinámica no presente en todo el territorio, pero sí en las comarcas más
castigadas por el hecho del despoblamiento rural, aquellas comarcas que quedaron en su día con generaciones productivas y reproductivas más bien débiles, se han visto expuestas a un envejecimiento de su estructura de población que en la pirámide se aprecia por un peso muy importante de las generaciones de gente mayor y un peso especialmente reducido de la generaciones jóvenes, sobretodo ahí donde ha sido menos importante el proceso de crecimiento derivado de los nuevos flujos migratorios.
Estas dinámicas han ido modificando, como se ha dicho, la figura presente en los gráficos de estructura de edad, redondeando el triángulo o la pirámide, recortando los vértices inferiores, de tal manera que las formas resultantes se van a la hucha, punta de flecha o pico propio de las comarcas rurales más dinámicas – que empiezan ya a recuperar sus generaciones jóvenes, mantienen un importante contingente de gente en edades productivas‐ reproductivas y a partir de éstas recuperan la forma piramidal en edades avanzadas‐, y la forma ovalada ,hoja, o en los casos más extremos, casi de columna de las comarcas más envejecidas, con importantes contingentes de gente mayor, generaciones de edad adulta y una escasa recuperación de la natalidad.
En el primer grupo corresponderían claramente las comarcas de la Costa Brava (Alt y Baix Empordà, La Selva), y otras con núcleos importantes de población (Segrià), las cercanas al área metropolitana (Alt Penedès, Anoia, Bages, Osona), o algunas comarcas pirenaicas que se han desarrollado alrededor del turismo de nieve (Cerdanya y Val d’Aran).
49 2.2.3.1 Envejecimiento y dependencia
De forma complementaria a los datos anteriores, si echamos un vistazo, veremos que la población joven (menores de 16 años) de las comarcas rurales, se sitúa ligeramente por encima del 15%, mientras que la población de gente mayor (de 65 años y más) llega casi al 19%. Gráfico 1. Estructura de la población: grandes grupos de edad (2009). Fuente: Estructura por edades, envejecimiento y dependencia. Institut d’Estadística de Catalunya.
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El Berguedà, El Pallars Sobirà y La Noguera), que se sitúan por debajo del 15% de población menor de 16 años. Muchas de estas comarcas muestran, a su vez, un porcentaje de población “jubilada” bastante superior a la media: La Terra Alta y El Pallars Jussà superan el umbral del 25% de gente mayor y; El Berguedà, La Conca de Barberà, Les Garrigues, La Noguera, El Priorat, La Ribera d’Ebre y El Ripollès se sitúan entre el 20 y el 25%.
En el Mapa 12 puede apreciarse que entre las comarcas anteriormente mencionadas se encuentran las que muestran una tasa de envejecimiento14 más elevado, es decir, aquellas en que las generaciones de gente mayor son bastante más numerosas que las de gente joven. La media de esta tasa en las comarcas rurales es de 134 y marca como tendencia general un predominio de las generaciones de edad más avanzada.
Las cinco comarcas con una tasa más elevada, superior a 180, son El Ripollès, Les Garrigues, El Pallars Jussà, El Priorat y La Terra Alta. De éstas, en las tres últimas, el colectivo de gente mayor duplica, como mínimo, el de la gente joven.
Con una tasa de entre 151 y 180, tenemos cuatro comarcas: El Berguedà, L’Alt Urgell, La Noguera y La Ribera d’Ebre.
Con una tasa intermedia, de entre 121 y 150, tenemos tres comarcas pirenaicas (L’Alta Ribagorça, El Pallars Sobirà y La Garrotxa) y tres de la demarcación de Tarragona (La Conca de Barberà, El Baix Ebre y El Montsià).
Formando una línea casi continua entre la Plana de Lleida y la Costa Brava (El Segrià, El Pla d’Urgell, L'Urgell, La Segarra, El Solsonès, El Bages, Osona, El Pla de l’Estany, L'Alt y Baix Empordà) tenemos una serie de comarcas que, añadiendo L’Alt Camp y La Cerdanya, con un índice entre 91 y 120; cercano a la paridad entre el volumen de población mayor y población joven.