1 CORINTIOS. PROGRAMA No Cap. 11:17-34

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PROGRAMA No. 0536

1 CORINTIOS

Cap. 11:17 - 34

Continuamos nuestro estudio en el capítulo 11 de esta Primera Epístola del apóstol San Pablo a los Corintios. Y en el día de hoy, vamos a considerar la expresión más alta y el ejercicio de adoración cristiano más santo, que es la Cena del Señor. Es presentado aquí porque había descendido a un nivel tan secular que prácticamente los creyentes en Corinto estaban blasfemando cada vez que celebraban la Cena del Señor. En relación a ese tema, Pablo, pues, les da instrucciones. Aquí podría haber hecho una división de la epístola de manera espiritual, pero no lo hace por la sencilla razón de que aquí está tratando con una situación muy mala, y estamos seguros que en el día de hoy podría ser duplicada, pero con algunas cosas un poco diferente. No existe en día de hoy la misma situación que prevalecía en la Iglesia de esos días. Pero aquí tenemos varias lecciones para nosotros.

Lo interesante que debemos notar es que los cuatro evangelios mencionan la institución de la Cena del Señor. Mientras que no todos tienen el relato del nacimiento de Cristo.

Pero sí mencionan la Cena del Señor que nos habla de Su muerte. El Señor no solicitó a la Iglesia que recordara Su nacimiento, pero sí le solicitó y ordenó que aquellos que eran Suyos lo recordaran en Su muerte. Y Pablo le dio a este asunto suma importancia. Y si usted quiere enterarse de lo importante que esto es, Pablo dice en el versículo 23, del capítulo 11, lo siguiente: Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el

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Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan”.

Ahora, El recibió esto por una revelación directa. Pablo lo coloca en el mismo nivel que el evangelio, porque en el capítulo 15, de esta Primera carta a los Corintios, versículo 3, dice: Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras”. La revelación directa fue la del evangelio, y también la Cena del Señor fue una revelación directa. El Señor le dio a él instrucciones especiales en cuanto a la Cena del Señor. Esto quiere decir que él recibió el evangelio por revelación, y que también recibió las instrucciones para la Cena del Señor por revelación.

Usted sabe que Pablo no estuvo presente en esa celebración primera de la Cena del Señor en el aposento alto. Y ahora él puede decir: os he enseñado aquello que he recibido del Señor y que ahora les puedo presentar.

Es un poco difícil ver la conexión de lo que Pablo está diciendo a la Iglesia de Corinto, con la forma como nosotros celebramos en la actualidad la Cena del Señor. Como ya hemos dicho, no existe un paralelo exacto. Pero sí puede haber una situación similar.

En aquel entonces, la Cena del Señor era precedida por una comida social.

Probablemente se celebraba en los hogares. Y también probablemente se hacía diariamente. Quizá esa era la manera que ellos tenían de celebrar la Cena del Señor.

Después del día de Pentecostés los creyentes se mantenían unidos. Se nos dice allá en el libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 2, versículo 46 y 47, lo siguiente: Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

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El filósofo de Atenas, Arístides, que vivió en la primera parte del siglo segundo, describe la forma en que los creyentes de su día vivían, y él dice: “Cada mañana, a todas horas, y gracias a la bondad de Dios hacia ellos, le alababan elevando cantos de adoración hacia El. Y si una persona justa de aquellos que pertenecían a ellos llegaba a fallecer, pasaba de este mundo, ellos se regocijaban y le daban gracias a Dios. Si una criatura moría en su infancia, ellos alababan a Dios grandemente por una persona que había pasado a través de este mundo sin cometer ningún pecado”. Esa es la declaración de una persona que no pertenecía a la Iglesia.

Así es que la Iglesia en Corinto seguía ese mismo procedimiento, el de tener una comida con la celebración de la Cena del Señor. Después de todo, la Pascua era esa clase de celebración en el aposento alto. Usted recordará que el Señor celebró la fiesta de la Pascua. Leemos allá en el evangelio según San Mateo, capítulo 26, versículo 26, que mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió”. Y nuestro Señor, del rescoldo de un fuego que se acercaba a su fin, de una fiesta que llegaba a su punto final, El hizo algo nuevo. De las cenizas de la fiesta muerta, El inició algo completamente nuevo.

En el día de hoy nosotros tenemos una costumbre. Es la costumbre de los clubes y asociaciones. Y aun de Iglesias, Bancos, Compañías de Seguro; que tienen en ocasiones comidas juntos. Es por lo general un tiempo de compañerismo. En la Iglesia nosotros nos reunimos para una cena, para una comida. Y hay muchas personas que critican los banquetes que se celebran en las Iglesias. Y yo también lo he hecho cuando ellos son nada más que una excusa, para dar atención al hombre físico. Pero en la Iglesia primitiva ellos lo celebraban y lo llamaban - agape - o una fiesta de amor. Y eso era parte de ‘koinonia’, el compañerismo, comunión de la Iglesia. Y en ese día, la reunión social era la antesala, por así decirlo, de la celebración de la Cena del Señor que es la eucaristía. Esas fiestas fueron finalmente separadas, las cuales ya no se practican más en nuestros días. Usted no

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tiene que tener una comida que sirva de antesala para la celebración de la Cena del Señor.

Ahora, aquí tenemos un mensaje para nosotros, y veamos si lo podemos localizar.

Vamos a volver a nuestro texto y leer el versículo 17 de este capítulo 11, de la Primera Epístola a los Corintios; dice:

17aPero al anunciaros esto que sigue, . . . (1 Cor. 11:17)

Ahora, esa palabra anunciaros es una orden y debería ser: “Pero al ordenarles esto que sigue”. Ahora, este es un mandamiento de parte de Pablo y continúa diciendo en el versículo 17:

17bno os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. (1 Cor. 11:17)

En otras palabras, ellos tendrían que haberse reunido para tener una gran bendición espiritual, pero no fue así, no llegó a ser eso. Fue en realidad, una cosa. ¿Qué es lo que ocurrió?

Avancemos ahora con la primera parte del versículo 18 de este capítulo 11:

18Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, . . . (1 Cor. 11:18)

Cuando ellos se reunían en la iglesia, aquí él no está hablando de un edificio. El está hablando de cuando los creyentes se reúnen juntos. Nosotros siempre pensamos de algún edificio cuando decimos Iglesia. Uno puede decir la Iglesia Bautista, la iglesia Metodista, la Iglesia Presbiteriana, o la Iglesia Independiente. Podemos indicar que una de esas Iglesias está en la esquina, pero en realidad, la Iglesia no está allá en la esquina. Puede ser que está cerrada,

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que no haya nadie en ese lugar, y entonces, no es una Iglesia, es simplemente un edificio. La Iglesia, es la gente misma. Pero es muy difícil para nosotros pensar de esa manera. Así es que se nos dice aquí en el versículo 18:

18Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. (1 Cor. 11:18)

En otras palabras, había un espíritu de división que se hallaba presente aun en la celebración de la Cena del Señor, esa división existía allí. Ahora, veamos lo que dice el versículo 19:

19Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. (1 Cor. 11:19)

Esto explica todos los cultos y las sectas que existe actualmente, ¿por qué los permite Dios?

Pues, ha notado usted alguna vez, amigo oyente, cuando su esposa o quizá su mamá está cocinando algo y ¿hay una acumulación de cierta materia en la superficie? Ella toma una cuchara o una espumadera y lo quita. Eso es lo que Dios hace. La Iglesia está llena en el día de hoy con personas que no son creyentes. Un gran porcentaje de las personas que asisten a las Iglesias en estos días no son salvas, en realidad, son simplemente miembros de la Iglesia. Y el Señor los quita de la superficie, como cuando la esposa de uno quita la nata que se forma al calentar la leche, por ejemplo. ¿Cómo? Ellos van a esos cultos y sectas. Eso es lo que dice aquí claramente: Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones,– es decir, herejías – para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. La herejía llega junto con los cultos y las sectas, y muchas personas de las Iglesias se dirigen hacia ellos. ¿Por qué?

Porque Dios está limpiando la superficie de la Iglesia; es decir, para que se pueda declarar a aquellos que realmente son genuinos. Y ahora, dice aquí en el versículo 20, de este capítulo 11

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de la Primera Epístola a los Corintios:

20Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. (1 Cor. 11:20)

Es decir, sería imposible para ellos celebrar la Cena del Señor de la manera en que se estaban comportando en la fiesta que la precedía. Y bajo esas circunstancias ellos no podían celebrar la Cena del Señor. Y continúa Pablo diciendo en el versículo 21:

21Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. (1 Cor. 11:21)

Aquí tenemos una declaración que nos llama mucho la atención. Tenemos a una persona que no tenía nada para traer a la fiesta esa y estaba pasando hambre. Y a su lado se sienta una persona rica que tiene toda clase de manjares, pero éste no le convida nada al hombre pobre que tiene a su lado. Usted puede apreciar, entonces, que su comunión allí estaba rota. No hay comunión cuando uno hace las cosas de esa manera. No hay comunión si usted no me convida a mí, y si yo no le convido a usted. Eso es lo que estaba ocurriendo aquí. Como resultado, tenemos una situación trágica; un hombre pobre con hambre y sin nadie que le diera algo de comer. Eso no es comunión, de ninguna manera. Y ahora, tenemos algo más aquí en el versículo 22:

22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios,

y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo.

(1 Cor. 11:22)

¿Qué ocurrió? El apóstol les pregunta: ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? Lo que

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estaba ocurriendo era simplemente esto; que ellos estaban fracturando, rompiendo la Iglesia. Y lo estaban mostrando visiblemente en la forma en que estaban compartiendo las cosas que tenían.

Y había algunos que se estaban emborrachando en esta fiesta de ‘agape’, de amor. Y ellos no estaban en ninguna condición como para recordar la muerte de Cristo. Para ellos todo era brumoso, como dentro de una niebla. Y ahora Pablo les da, entonces, lo que recibió por revelación directa. Y él vuelve a decir: ¿Os alabaré? En esto no os alabo. Y continúa en el versículo 23 de este capítulo 11 de la Primera carta a los Corintios:

23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; . . . (1 Cor. 11:23)

Hay algunos que dicen que quieren celebrar la cena del Señor, en la misma manera en que el Señor lo hizo. Ahora, esta gente tiene su reunión a las once de la mañana. Pues, si uno lo quisiera tener a la hora correcta, entonces lo debería tener de noche. Ellos fueron de noche y comieron la cena de la pascua. Si uno quiere elegir la hora correcta, no lo debe hacer a las once de la mañana. Hay una iglesia por ejemplo, que estableció en su iglesia el servicio de comunión por la noche. Y muchas otras hay así. Sin embargo, en una iglesia en particular, había algunas personas que se quejaban que querían celebrarla de la misma manera en que el Señor lo había hecho. Y a esto, el pastor respondió, que por esa misma razón se celebraba la cena del Señor por la noche, porque el Señor Jesús, lo hizo de noche. Escuche lo que Pablo dice aquí en el versículo 23: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan. Leamos ahora el versículo 24:

24y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. (1 Cor. 11:24)

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Pablo recibió esto como una revelación directa del Señor. Pablo no había estado presente en el aposento alto. Y esa fue la noche cuando las fuerzas del infierno se reunieron para destruir a nuestro Salvador. Y creemos que la simplicidad y la sublimidad de esta Cena es algo realmente tremendo. Notemos lo que el Señor hizo: cuando hubo dado gracias. Ahora, El dio gracias esa noche cuando la sombra de la cruz se cernía sobre El en el aposento alto. El pecado estaba golpeando a la puerta del aposento alto. Y El dio gracias. El dio gracias a Dios.

Luego El partió el pan. Y sobre esto siempre ha habido una diferencia de opinión entre los creyentes. ¿Debe uno partir el pan o servirlo como está? Bueno, podemos decir que hay algunas iglesias que lo parten, mientras que otras, no lo hacen. En la mayoría de las Iglesias protestantes no se hace.

En una iglesia, se hizo algo diferente. Y es que, la persona que servía el pan ante la congregación, tomaba un pedazo y lo partía ante ellos. Y eso, habla del cuerpo partido de nuestro Señor. El comentarista Bengal dijo lo siguiente: “La misma mención de romper, indica distribución y rechaza el plan que tenían los de Corinto, donde cada uno hacía las cosas por su cuenta.” Ellos debían compartir esto. Ahora, esto era algo que ellos debían distribuir entre todos. Notemos ahora, lo que dice aquí el versículo 25, de este capítulo 11, de la Primera carta a los Corintios:

25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el

nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.

(1 Cor. 11:25)

Ahora, el pan habla de Su cuerpo partido. Y esto habla de un nuevo pacto. Este es el Nuevo Testamento, el nuevo pacto en Su sangre. Y siempre se llama la copa. Usted puede

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notar que dice: “Bebe esta copa”. Y Lucas habla del fruto de la vid; nunca le llama vino.

Debemos decir que creemos que era sin fermentar. Algunos quizá digan: ¿por qué dice eso?

Bueno, esta era la fiesta de la Pascua y ellos estaban sirviendo pan sin levadura. ¿Piensa usted que ellos servirían el fruto de la vid leudado que sería el vino? ¡Por supuesto que no! Ellos nunca tendrían pan sin levadura y jugo de uva leudado.

El cuerpo es la copa que contiene la sangre. También queremos decir que la sangre habla de Su muerte, o sea, de la muerte de Cristo. Y creemos que no era una sangre contaminada como la mía y la suya. No era leudada. Era, si se puede decir, un jugo de uva sin leudar. Eso lo creo de todo corazón. Ahora, en el versículo 26, Pablo agrega algo nuevo:

26Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. (1 Cor. 11:26)

La Cena del Señor es una celebración. El dice que se la hace en memoria de El. En memoria de mí dice el versículo 25. Y eso echa una mirada hacia el pasado. Echa una mirada hacia el momento en que Cristo murió en la cruz. La Cena del Señor es una celebración en memoria de El. Pero también es una comunión. El es el Cristo viviente que se encuentra hoy a la diestra de Dios. Y habla de mi relación vital, actual con El, con el Señor Jesús. Pero también mira hacia el futuro. Es un compromiso, pues, dice: haced esto y cada vez que lo hiciereis, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. Y esto mira hacia adelante, a través de la historia, hacia el futuro. Ese día está en el futuro. Y es el día cuando Cristo vendrá por Su Iglesia. Y es un compromiso de parte de aquellos que le pertenecen.

Ahora, amigo oyente, nos preguntamos ¿por qué El tomó elementos tan frágiles y débiles que se echan a perder antes de que pase una semana? Y de ello hizo un monumento. No lo hizo de

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mármol, o bronce, o de plata u oro, sino de los elementos más sencillos del mundo, y de los más familiares, como son el pan y la bebida. ¿Qué quiere decir esto de discernir el cuerpo del Señor?

Bueno, sigamos leyendo los versículos 27 al 29:

27De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor

indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. (1 Cor.

11:27-29)

Siempre ha habido tres interpretaciones en cuanto a esto. Algunos dicen que estos elementos son en realidad, la sangre y el cuerpo de Cristo, lo que se llama la transubstanciación. Lo único que deseamos decir sobre esto es que si fuera así, eso lo calificaría a usted como un antropófago, si está en realidad comiendo el cuerpo. Lutero no estuvo muy lejos de eso. Su enseñanza no era transubstanciación, sino la consubstanciación. El dijo que usted tiene la presencia de Cristo en la eucaristía, coexistiendo la substancia divina con las del pan y de la copa. Y luego existen quienes dicen que este es un símbolo, y ese ha sido un punto de vista protestante. Swingley, por ejemplo, enseñó que esto era simplemente un símbolo.

Pues bien, es mucho más que eso, amigo oyente, tiene más significado, tiene algo para nosotros, y quiere decir que uno tiene que discernir el cuerpo de Cristo. Y esto quiere decir que usted tiene el pan en su boca, pero tiene a Cristo en su corazón. Y amigo oyente, eso es lo que tiene importancia.

Usted recordará que cuando el Señor fue en ese camino a Emaús, El tuvo una comida con los discípulos. Y luego, ¿qué fue lo que hizo? Se reveló a Sí mismo. Y eso era la Cena del

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Señor. Amigo oyente, que el Señor se pueda revelar a Sí mismo a usted y a mí, en esta cena que tenemos juntos. Continuemos leyendo. El versículo 30 dice:

30Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

(1 Cor. 11:30)

Ellos lo habían hecho indignamente. Por eso, esto había acontecido a ellos. Y proseguimos con los versículos 31 y 32 de este capítulo 11 de la Primera Epístola a los Corintios:

31Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32mas siendo

juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

(1 Cor. 11:31)

Cuando somos juzgados, somos castigados por el Señor para no ser condenados junto con el mundo. Nosotros nos podemos juzgar a nosotros mismos cuando estamos equivocados.

Porque, si nosotros no lo hacemos, entonces El lo hará, porque nosotros somos creyentes.

Ahora el versículo 33, dice:

33Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. (1 Cor.

11:33)

Aquí debemos agregar esto, que nosotros no debemos ser condenados con el mundo. El va a juzgar al mundo. Por tanto, tiene que tratar con los Suyos ahora. Y el versículo 34 de este capítulo 11 de la Primera Epístola a los Corintios, dice:

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34Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere. (1 Cor. 11:34)

Había otras cosas en Corinto que estaban andando mal, pero que el apóstol Pablo no escribió en cuanto a ellas. El dice: Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere. Pero éstas son esas cosas. Ahora, él cambiará el tema de lo que está diciendo, en la próxima oportunidad.

El pasará de las cosas carnales a las espirituales. De eso era de lo que él quería hablar desde el mismo comienzo, pero ellos tenían todos estos problemas y todas estas dificultades, iguales a las que tenemos nosotros en el día de hoy. Y es por esa razón por lo que ellas son tan importantes para nosotros. Veremos, pues, esas cosas espirituales que menciona el apóstol Pablo, en nuestro próximo estudio.

Por ahora, vamos a detenernos aquí, y le invitamos a que nos sintonice, Dios mediante, en nuestro próximo programa. Hasta entonces, pues, ¡que el Señor le bendiga en gran manera, es nuestra ferviente oración!

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