E L E M E N T O S D E D E R E C H O P R O C E S A L C I V I L D O M I N I C A N O

Texto completo

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E L E M E N T O S D E

D E R E C H O P R O C E S A L C I V I L D O M I N I C A N O

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1995

Octava edición 1,000 ejemplares.

Esta edición ha sido autorizada por escrito por los autores Frailan J. R. Tavares y Margarita A. Tavares

al editor Dr. L. Almanzor González Cañahuate,

(RECOPILACION JURISPRUDENCIAL INTEGRADA).

Calle Font Bemard 12, Los Prados, Santo Domingo, República Dominicana, Tel. 565-6729

Composición y Diagramación, Vicente Guillén

Esta obra es propiedad de los autores y figura registrada bajo el No. 8822 en la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos,

en la oficina del Registro de la Propiedad Intelectual, en fecha 16 de Enero de 1990.

Impresión

Editora Corripio, C. por A.

Calle A. esq. Central, Zona Industrial de Herrera Santo Domingo, República Dominicana

Impreso en la República Dominicana Printed in the Dominican Republic.

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ELEMENTOS DE

DERECHO PROCESAL CIVIL DOMINICANO

POR

F. TAVARES HIJO

CATEDRATICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE SANTO DOMINGO

1892—1955

VOLUMEN 1

LA NORMA JURIDICA PROCESAL LA ORGANIZACION JUDICIAL ACTOS Y PLAZOS PROCESALES LA ACCION EN JUSTICIA

LA COMPETENCIA

OCTAVA EDICION

Santo Domingo, República Dominicana

1995

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A B R E V I A T U R A S

L. Ley

L. deO. J. Ley de Organización Judicial O.J. Organización Judicial Org. Judicial Organización Judicial

S.C. Suprema Corte

S. C.deJ. Suprema Corte de Justicia j. de paz Juez o juzgado de paz

L. sobre reg. y

oons. de hipotecas Ley sobre Registro y Conservación de Hipotecas J.deP.I. Juez o Juzgado de Primera Instancia

C.p. Cuestión prejudicial, cuestiones prejudiciales

D. Decreto

R. Resolución

C. Código

Pr. Procedimiento

B.J. Boletín Judicial

C. de A. Corte de Apelación T: de T. Tribunal de Tierras

T. S. de T. Tribunal Superior de Tierras

Casación Sentencia de la Suprema Corte de Justicia en funciones de Corte de Casación.

V. Véase, ver.

Los artículos citados sin ninguna referencia especial, pertenecen al Código de Procedimiento Civil.

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INTRODUCCION

Esta sexta edición de la obra "Elementos de Derecho Pro- cesal Civil Dominicano de Froilán Tavares hijo, aparece des- pués de haber permanecido agotada durante varios años, por razones de diversa índole.

Lista ya para su impresión, se promulgan las leyes números 834 y 845 en el año 1978, que recogen parcialmente las modificaciones francesas al Código de Procedimiento Civil, que culminaron con la puesta en vigor, en el año 1975 del Nuevo Código de Procedimiento Civil.

Por razones obvias, no era posible en ese momento lanzar la edición de la obra sin incorporar, con los ajustes, las modi- ficaciones legales ya señaladas. Fue necesario asimilar y anali- zar la nueva legislación a través de las modificaciones y adap- taciones de las citadas leyes, sin excluir los primeros resul- tados de su aplicación, y las opiniones de nuestra doctrina y jurisprudencia.

Los colaboradores de esta obra, cuya primera edición data del mes de marzo de 1943, han decidido reproducir, como parte de esta sexta edición, el prólogo que se insertó en la quinta edición, que contiene un análisis de lo que considera- mos la aplicación y vigencia simultánea de dos Constitucio- nes del pasado reciente de la historia jurídica sustantiva do- minicana, como un recordatorio a las viejas y presentes gene- raciones de un atípico fenómeno de hecho, propio del craso error de romper la institucionalidad y la existencia del Esta- do de Derecho, con el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963.

Respecto a esta obra, no cabe duda que se adelantó a su época, si nos retrotraemos a la vivencia jurídica dominicana de entonces.

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Ciertamente, una síntesis de la ideología o principios filo- sóficos del Derecho aplicados en la misma por el autor, de- muestran tal aseveración. Quizás el mejor ejemplo lo consti- tuye la TEORIA DEL PROCESO (tomo II, Libro VI) en cuyo desarrollo se puede apreciar que no sólo se hace una la- bor comparativa de los principios modernos que la confor- man, como la Iniciativa, la Impulsión, la Disposición, la Ora- lidad, la Inmediación, la Concentración y Eventualidad, la Publicidad y Contradicción, algunos no existentes en esa épo- ca en el contexto del Código de Procedimiento Civil Domini- cano, sino que se señalan con énfasis, los perjuicios que se producen con el sistema imperfecto existente y la posibili- dad de que, por la vía de la creatividad jurisprudencial, se apliquen algunos de esos principios de tácita existencia. Aún hoy, en las nuevas normas legales procesales francesas varios están ausentes o no son aceptados.

Es que, como lo ha acentuado el autor desde el año 1938, en su primera versión de las cátedras de Historia del Derecho, aún inéditas, que ha ampliado uno de los colaboradores, pa- ra fines docentes, "la importación de una ley no conlleva ne- cesaria y definitivamente importación del derecho del país de donde procede la ley, y que la diferenciación se produce o debe producirse tanto en el dominio de la jurisprudencia co- mo en el dominio de la doctrina."

"Ahora bien: el estudio de este fenómeno en la Repúbli- ca Dominicana obliga a adoptar conclusiones pesimistas en lo que se refiere a la capacidad asimilativa y creadora de noso- tros los dominicanos. La jurisprudencia dominicana, en pri- mer término, aparece frecuentemente pobrísima en el fondo y muy mediocre en la forma. De un modo general se puede afirmar que la mayoría de los tribunales no han fundamenta- do sus decisiones en argumentos jurídicos encontrados o aún buscados en el estudio científico del derecho, como corres- pondería hacerlo a quienes son los portavoces del derecho pa- trio. Lo que hasta ahora había hecho y es de esperarse que ro siga haciendo la jurisprudencia dominicana es cubrirse, para fundamentar los fallos que dicta, con la doctrina y la ju- risprudencia francesa, olvidándose, del modo más lamentable,

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de que si bien es verdad que estamos regidos por la fuerza desde 1822, por espontánea recepción desde 1845, por una legislación extranjera, hemos podido elaborar un derecho ne- tamente dominicano, que exprese lo más íntimo del genio na- cional y traduzca sus tendencias, aspiraciones y característi- cas fundamentales."

Esa situación que aún se mantiene, amerita ser descrita en esta introducción, con miras de refrescar la memoria de los juristas que hoy honran con obras, charlas y conferencias el

ambiente intelectual dominicano y se produzca el necesario movimiento hacia una paulatina creación de un derecho au- tóctono, especialmente respecto a la ciencia y práctica pro- cesal.

El ambiente de esa década (1940-1950), desde finales de la anterior y abarcando parte de la década siguiente, tuvo carac- terísticas peculiares que uno de los colaboradores ha denomi- nado La Era de Oro de las Ideas, academicismo y práctica del Derecho en Santo Domingo (V. conferencia dictada por Froi-

lán J. R. Tauares en la Asociación de Abogados, ADOMA, 1978), porque en ella se produjo el más prolijo y enjundioso movimiento intelectual, con figuras de la talla de Manuel Ubaldo Gómez, J. H. Ducoudray, Leoncio Ramos, Manuel María Guerrero, Pedro Rosell, Hipólito Herrera Billini, Ma-

nuel Amiama, Carlos Sánchez y Sánchez, Manuel Ramón Ruiz Tejada y el autor, quienes convivieron, a manera de en- tronque intelectual, de extraordinaria y notable valía, con los intelectuales exiliados españoles que se establecieron en toda América y que algunos, en corto tránsito lamentable y otros de estadía bastante prolongada, estuvieron en Santo Domin- go, entre los cuales nos honra mencionar a Constancio Ber-

naldo de Quirós, y Javier Malagón Barceló.

Si no todos esos dominicanos, muchos compartieron la cá- tedra universitaria con el ejercicio de la judicatura, al más se- ñero nivel, en la Suprema Corte de Justicia.

Ya desde antes de la primera edición de esta obra (1943), se formaron dos grandes corrientes del pensamiento jurídico en Santo Domingo.

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Aquella que sostenía la tesis, que se aplicó en la jurispru- dencia y práctica judicial desde que adoptamos los Códigos Franceses, según la cual nuestros tribunales y todo nuestro quehacer jurídico debía apegarse, no sólo a esos textos, sino a la interpretación que hacían de los mismos los tribunales de ese país, especialmente la Corte de Casación. Los colabora- dores de esta obra no pueden precisar en que momento se co- menzó a denominar a ese viejo sentir simplista, Colonialis- mo Jurídico (v. Revista Jurídica de la UASD, 1962) pero lo cierto es que ha permanecido como tal, para señalar ese fe- nómeno negativo.

La otra corriente, designémosla nacionalista, sostiene la tesis, que la ha practicado en decisiones diversas la Suprema Corte de Justicia, y en libros de textos, en charlas, conferen- cias, y varios estudios, de que, la circunstancia de haber adop- tado los Códigos Franceses en bloque, no nos obliga a seguir, como virtualmente está sucediendo, a la jurisprudencia y práctica judicial de Francia y que, podríamos y debemos ha-

cerlo, crear un derecho autóctono, que esté de acuerdo con nuestra idiosincrasia.

Esta Escuela, porque realmente lo ha sido, contrariamente a la primera corriente, desde sus inicios, con sus líderes a la cabeza, esculpió la justificación de su posición y actuaciones en reales razones científicas y prácticas.

El estudio del Derecho Comparado y la aplicación de la teoría de la asimilación positiva o negativa de los derechos ex- tranjeros a un país determinado, como ocurrió en la Repú- blica Dominicana, sirvieron a aquellos pioneros de esa Escue- la, con ejemplos numerosos de creatividad, en la interpreta- ción judicial, en la Cátedra y en la práctica profesional, a plasmar directrices esenciales para el proceso criollo, tales co-

mo la Unidad de Jurisdicción Judicial y no la "plenitud de jurisdicción", de pura casuística francesa; la nulidad sin agra-

vio, prevista legalmente en ciertas materias y extendida por creación jurisprudencial, virtualmente a todos los procedi- mientos, en evidente avance, anterior a las ulteriores leyes de ese país; la inaplicabilidad de textos legales codificados a

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