EL LEÍSMO DESDE LA PERSPECTIVA DEL “MARCADO DIFERENCIAL DEL OBJETO”
Ma r c e l a Fl o r e s y Ch a n t a l Me l i s
Universidad Nacional Autónoma de México
Re s u m e n
El fenómeno conocido como leísmo se ha examinado desde una multiplicidad de en
foques, tanto en estudios dedicados a su funcionamiento sincrónico, como en trabajos de corte diacrònico. Aunque nuestra comprensión del fenómeno se ha beneficiado enorme
m ente a partir de esas contribuciones, es claro que aún no disponemos de la visión de conjunto que perm ita explicar la red completa de sus manifestaciones.
En este trabajo, argum entarem os que el leísmo encuentra una explicación natural cuando se analiza como reflejo, en el terreno pronominal, del fenómeno llamado “marca
do diferencial del objeto”, con el que también ha sido vinculado, en estudios recientes, el objeto directo preposicional del español.
Desde esta perspectiva, se observa que determinados referentes en función de objeto directo se marcan de form a especial, y se sostiene que la razón por la que esto sucede es que poseen características que los hacen más aptos para desempeñarse como sujeto-agente, de tal modo que el papel de objeto-paciente que toman en la predicación va en contra de las expectativas.
Mostraremos que el comportam iento global del leísmo, al igual que el del objeto direc
to preposicional, obedece al establecimiento de ciertos cortes que ha hecho el español en la jerarquía de potencialidad de agencia, que regula el “marcado diferencial del objeto” en las lenguas del mundo.
Podrá constatarse que el análisis planteado desde esta perspectiva ilumina el desarrollo diacrònico del leísmo y ayuda a dar cuenta de su amplia diversidad dialectal sincrónica.
Pa l a b r a s Cl a v e s: l e í s m o , o b j e t o d ir ec to p r e p o s ic io n a l, je r a r q u ía d e a g e n c ia p o te n c ia l, m a r c a d o d ife r e n c ia l d e l o b j e t o , a n im a c ió n , d e t e r m in a c ió n , g é n e r o , i n d iv id u a c ió n , n e u tr o d e m ateria.
1 . In t r o d u c c i ó n
El objetivo de este trabajo es alcanzar u n a m ejor com p ren sió n del leís
m o -fe n ó m e n o q u e constituye u n prob lem a ya clásico en los estudios histó
ricos y de variación h ispán icos- observándolo desde la perspectiva del lla
m ado “m arcado diferencial del objeto”, desde ahora, m d o (Bossong, 1991, 1998). Com o h an d em o strad o otros estudiosos, el m d o es p e rtin e n te para e n te n d e r el c o m p o rtam ien to del objeto directo no m in al en la lengua es-
R H LE , 2 /2 0 0 7
pañola (Aissen, 2003; Bossong, 1991, 1998: 218-230; García-Miguel, 1995a:
64-65; H eu sin ger y Kaiser, 2005; Laca, 2006; L eonetti, 2003, 2004: 37-68;
Schwenter, 2006; Villar, 1983: 101, 187-188, en tre otros).
El leísmo presenta, com o se sabe, u n abigarrado conjunto de manifes
taciones que h an h ech o muy difícil el e n te n d im ien to de su origen y evolu
ción. Aquí ab o rd arem o s el tem a con u n en fo q u e diacrónico y m ostraremos que cu an d o se le observa desde la perspectiva de m d o, el problem a se ilu
m ina y e n c u e n tra explicación com o p a rte d e u n a ten den cia que ha estado presente en la leng u a desde siempre. Esta te n d en cia consiste en destacar ciertas en tid ad es en función de objeto m ed iante el uso de una marca es
pecial y o p e ra tan to en el área nom inal com o en el área pronom inal del sistema.
Se en tie n d e p o r leísmo la aparición del clítico de dativo le/les en re
ferencia a u n a e n tid ad que desem p eñ a la función gramatical de objeto directo, de aquí en adelante, o d. Este com p o rtam ien to , ilustrado en (la ), ocurre co n tra lo esp erado p o r el c an o n etimológico, que supondría, en esta función gram atical, la selección del clítico de acusativo lo/los, tal com o sucede e n los dialectos m en o s leístas ( I b ) , los cuales tien d en a reservar los clíticos d e dativo p a ra la ex presión del objeto in d irecto (le ), desde ahora, oí.
(1) a. Le vi en el parque (a Juan) Les hallé dormidos (a los niños) b. Lo vi en el parque (a Juan)
Los hallé dormidos (a los niños) c. Le dije que llegara temprano (a Juan)
Les mostré la casa (a los invitados)
Es preciso señalar q u e el leísmo se p resen ta en m edio de u n a gran diver
sidad dialectal. En algunas m odalidades del español, aparece de m odo casi inadvertido y sólo en un conjunto lim itado de contextos; en otras varieda
des, en cam bio, su difusión es tan am plia que h a erosionado p ro fu n d am en te la distinción p ro n o m in al en tre o d y oí. En algunos casos ha alcanzado, incluso, u n g rad o de gramaticalización tan alto, que el uso d e los clíticos ya no se co rrelacio n a con la oposición fun cion al en tre acusativo y dativo, sino que obedece a nuevas distinciones d e ín d o le referencial, asociadas con el género y el carácter discreto o no discreto de las entidades involucradas.
A hora bien, c u an d o se exam inan los estudios sobre el leísmo, salta a la vista que su explicación h a constituido un p ro b lem a de difícil solución. En él confluyen factores d e naturaleza muy diversa y de m uy ard u a integración en una visión de con ju n to que dé c u en ta d e to d a la red de manifestaciones.
Así, entre los factores qu e se describen asociados con su difusión y varia
ción dialectal, se m e n c io n a la d ecidida influencia de hechos gramaticales y léxicos, de motivaciones semán tico-pragmáticas y de ciertas características referenciales de las entidad es afectadas.
En lo que concierne a los factores gramaticales, se h a dicho (Fernán- dez-Ramírez, 1987 [1951]: 52; K eniston, 1937: 65; Lapesa, 1993 [1968], e n tre otros) que la com petencia de le con lo es especialm ente frecu en te en los siguientes contextos: la construcción pasiva im personal con el reflexivo se (2a); las construcciones con o d y co m p lem en to predicativo referido a él (2b); construcciones de verbo más infinitivo u oración sub o rdinad a en las q u e el objeto del verbo principal es el sujeto lógico del infinitivo u oración su b o rd in ad a (2c); construcciones con sujeto de cosa, frecu en tem en te pos
puesto al verbo (2d):
(2) a. Se le/lo vio en el parque
b. Que le/lo haga desdichado lo que a mí me hizo dichosa c. La vergüenza le/lo obliga a callar
d. Le/lo atacó la tos durante la conferencia
En relación con los factores léxicos, se ha señalado u n a serie d e verbos q u e tien en en su valencia u n objeto personal (Bolinger, 1950: 238; Hurst, 1951; Flores, 2002: 194-206; Lapesa, 1993 [1968], entre otros) o que fre
c u e n te m e n te aparecen con este tipo de objeto (3a), en tre ellos, los verbos d e em oción, que suelen llevar u n sujeto inanim ado u oracional (3b):
(3) a. Le/lo sirvió durante muchos años Le/lo ayudó con sus libros b. I.e/lo irritó el grito
Le/lo aburrió escuchar tu conversación Le/lo entusiasmó tu llegada
Le/lo encanta que bailes
C om o parte de las motivaciones semántico-pragmáticas de la variación, se h a m e n cio n ad o la participación activa o pasiva del objeto en el even
to (Flores, 1995, 2001, 2002: 80-113, 2004; García, 1975: 274-408, Roldán, 1975; O range, 1982), de tal m o do qu e u n a participación activa del objeto p u e d e d ete rm in a r la selección del dativo, m ientras que u n a participación m ás pasiva, la del acusativo (4a). T am bién se h a propuesto com o factor d e te rm in a n te de la selección del clítico el grado de afectación del obje
to (Bello, 1978 [1847]: 276; Brewer, 1969; Flores, 1995, 2001, 2002: 80- 113, 2004; Hurst, 1951; Keniston, 1937: 16; Roldán, 1975, en tre otros); así, la afectación fuerte se asocia con la selección de la fo rm a de acusativo y u n a afectación débil, con la de dativo (4b). Se ha llamado la atención, p o r o tra parte, sobre la incidencia d e factores aspectuales en la variación, tales com o la perfectividad, la delim itación tem poral, la realidad y la p u n tu a lidad del evento (Flores, 2001, 2002: 94-199, 206-214, 2004; Levy, 1980):
u n evento perfectivo, tem p o ralm en te delim itado, efectivamente llevado a cabo y p u n tu a l favorecerá la aparición del acusativo, en tanto que u n even
to tem p o ralm en te no delim itado, n o llevado a cabo y durativo motivará la aparición de la form a de dativo (4c). Se h a asociado, tam bién, matices de
respeto y estimación con la selección del dativo, y contextos neutros, con la del acusativo (4d) (Carfora, 1968; Flores, 2001, 2002: 91-100; H urst, 1951;
Roldán, 1975, en tre otros).
(4) a. A Mario fe atraen las caminatas / Julia lo atrae hacia sí (a Mario)
b. Al príncipe la bruja lo encantó (embrujó) / Al príncipe fe encantó la conversa
ción de la bruja (apud Roldán 1975)
c. A Juan fe molestan los niños (en este momento, puntual) / A Juan fe molestan los niños (característica de Juan, estado permanente)
d. Le ayudo (a un anciano, a un profesor) / Lo ayudo (a alguien no especialmente reverenciado)
Finalm ente, en to rn o a las p ro p ie d ad es referenciales del objeto, p u ed e decirse que caracterizan y motivan d e m a n e ra fundam ental la existencia del leísmo (Fernández-Ramírez, 1987 [1951]: 47-51; Keniston, 1937: 64- 70; Lapesa, 1993 [1968]; Flores, 1997, 2001, 2002: 128-136). Se observa al respecto que las entidades anim adas, masculinas y singulares atraen le (5 a ), m ientras que el o d inanim ado, fem en in o y plural conserva, p o r regla general, la form a canónica de acusativo (5 b ).
(5) a. Le vi en el parque (a Juan) b. Lo vi en la mesa (el libro)
La vi en el parque (a María) Los vi en el parque (a los niños)
En ciertos dialectos, com o hem os dicho, la selección de los clíticos se h a desvinculado de las estrategias de caso y se en cu en tra d eterm in ad a p o r las cualidades referenciales de g é n e ro y del carácter discreto o no discreto del o d. Estas variedades han estado e n contacto con otra variedad del ro
m ance, el astur-leonés, que posee u n sistem a referencial distinto al del cas
tellano, y se h a atribuido a ese co ntacto el com portam iento de los clíticos tan alejado del canon etimológico. T am b ién se ha relacionado la dilución del contraste funcional acusativo/dativo con la influencia de lenguas no rom ances que han m a n ten id o con tacto secular con el castellano, el éus
quera, p o r ejem plo (F ernández O rd ó ñ ez, 1994, 1999).
En los dialectos d o n d e las distinciones de caso han dejado de operar, se d o c u m e n ta un uso que, desde u n a perspectiva más tradicional de la gram á
tica, resulta ciertam ente peculiar. De acu erd o con este uso, las en tidades discretas tien den a aparecer bajo la fo rm a del dativo, si son masculinas (6a), y bajo la form a de acusativo la, si son fem eninas (6b); pero si son no discretas, propician la fo rm a de acusativo lo, in d e p en d ien tem e n te del gé
n ero m asculino o fem enino original d e su referente (6c).
(6) a. no se puede tirar el cántaro porque no fe llevan en la mano (apud Fernández-Or- dóñez, 1994: 90)
b. El que tenía dos pesetas, tenía que mirar, porque mañana [...] salía una finca, a ver si la comprabas (apud Fernández-Ordóñez, 1994: 90)
c. hay pueblos que vienen a coger la leche, vienen lecheros de Burgos a recogerlo Si te hace falta hilo para coser, denes que comprarlo (apud Fernández-Ordóñez, 1994: 91)
En este trabajo, nos ocuparem os principalm ente del leísmo qu e es posi
ble d o cu m en tar en la d iacro nía y que h a sido considerado p o r la tradición gramatical com o la m anifestación típica del fenóm eno. No obstante, abor
darem os tam bién, a u n q u e en form a tangencial, el uso dialectal que acaba
mos de ilustrar, p ara sugerir que existen ciertos an teced en tes históricos in
ternos que p u d ie ro n h ab er facilitado su desarrollo, en conjunción, desde luego, con los factores externos identificados en los estudios sincrónicos.
Com o hem os adelan tad o, el leísmo será analizado aquí desde la pers
pectiva de m d o. Para p o d e r apreciar la pertinencia de este en fo qu e, es con
veniente revisar brevem en te las diferentes hipótesis que se h an form ulado hasta ah o ra en to rn o al origen del fenóm eno.
La tradición gram atical h a postulado la existencia de dos tendencias encontradas. U na de ellas se dirige hacia la reestructuración del sistema p ronom inal que, e n esta visión, in tenta crear u n paradigm a pronom inal simétrico, con distinciones d e género, masculino, fem en in o y n eutro. Este h echo explicaría qu e el leísmo se haya difundido m asivamente con entida
des masculinas y singulares1. La otra ten den cia in ten ta satisfacer u n a nece
sidad, existente en la lengua, de distinguir entre las categorías de persona y de cosa. De ahí la asociación del leísmo con entid ad es anim adas y con la serie de contextos gram aticales y semánticos qu e lo favorecen, ya que éstos sup o nen siem pre un objeto directo anim ado o m etáforas de anima
ción. Así, pues, la interacción de estas dos tendencias h abría favorecido la extensión del leísmo con entidades masculinas y anim adas (Lapesa, 1993 [1968]). Desde esta perspectiva, no resulta claro, sin em bargo, p o r qué el leísmo progresó en el te rre n o de las entidades singulares p ero no en el de las entidades plurales.
En otros trabajos se d efien d e la idea de que el leísmo se h ab ría inicia
do a p artir de u n a variación motivada p o r el grado relativo de actividad y control de los participantes en el evento (García, 1975: 274-408, Orange, 1982). Desde esta m ism a perspectiva de análisis, se ha in ten ta d o relacionar el conjunto de peculiaridades del cam bio con la sensibilidad d e la lengua castellana al grado de transitividad del evento, en cuya d eterm in ació n in
tervienen, com o se sabe, las p ro pied ad es relativas de agencia y control del sujeto y del objeto, los niveles de afectación del objeto, su individuación y d eterm in ació n y ciertos matices aspectuales del evento (Flores, 1997, 2001, 2002: 100-113, 150-169)2. Estos análisis, centrados en los factores semánti-
1 El paradigm a sim étrico q u e estaría in te n ta n d o establecerse e n los p r o n o m b r e s personales sería d e este tipo: él(le), ell-a, ell-o / est-e, est-a, esl-o /es-e, es-a, es-o / aquél-0, aquell-a, aquell-o / l-e, l-a, lo (Alcina y Blecua, 1988": 6 0 7 ).
2 A mayor transitividad d e l e v en to , mayor probabilidad de aparición d e las form as p ro n o m in a les d e acusativo; a m e n o r transitividad d e l e v en to , mayor probabilidad d e aparición d e las form as de da
tivo, tanto e n c o n te x to s e tim o ló g ic o s , c o m o no e tim o ló g ico s. T am b ién , a mayor in d ivid u ación d e la en tid a d can ó n ica de o d, m ayor probabilidad de q u e e l clítico sea d e dativo y a m e n o r individuación m ayor probabilidad d e q u e la form a se leccio n a d a sea d e acusativo (Flores, 1997, 2 0 0 1 , 2002: 77-113, 147-169).
co-pragmáticos d e la variación, no logran explicar de m a n era totalm ente satisfactoria, sin em bargo, cóm o se vincula el leísmo con las cualidades referenciales de g én ero y n ú m ero que lo caracterizan.
Finalm ente, se e n cu e n tran las explicaciones que surgen de la obser
vación de los dialectos en contacto con otras lenguas. Así, p o r ejemplo, se p ro p o n e que algunas variedades cercanas geográficam ente al astur-leonés habrían ad o p tad o el n eu tro de m ateria q u e le es característico (Fernán- dez-Ordóñez, 1994, 1999; Klein-Andreu, 1981; N eira M artínez, 1978)3. Este hecho h ab ría dad o lugar a que la fo rm a lo, al asociarse con entidades no discretas, em p u jara a toda o tra clase d e entidad es a refugiarse en las for
mas restantes. De este m odo, las entidad es discretas fem eninas se q u ed a
rían bajo la fo rm a la(s), con indiferencia del caso dativo o acusativo, en tanto que las masculinas discretas se h a b rían visto obligadas a ad o ptar la única fo rm a disponible, le(s), cuya opacidad d e gén ero hab ría facilitado el proceso. Los clíticos habrían sufrido, entonces, un proceso de recatego- rización, en el q u e se h abría a b an d o n a d o el sistema d e caso, en favor de otro, basado en distinciones de g énero y en la oposición del carácter dis
creto o no discreto del referente, d o n d e le(s) = ‘masculino discreto’, la(s) =
‘fem enino d iscreto’ y lo= ‘n o discreto’ (en esta últim a categoría se insertan el llam ado ‘n e u t r o ’ castellano y los referen tes n o contables, entre ellos, los nom bres de masa, ilustrados en (6c)). Nótese que esta explicación es convincente p ara d a r cu en ta de lo que o cu rrió en los dialectos en contacto, pero resulta poco eficiente con el leísmo d e variedades d o n d e la selección de los clíticos o b ed ece todavía, en m ayor o m e n o r m edida, a la operación de estrategias de caso.
En síntesis, la com plejidad del fen ó m en o h a posibilitado la coexistencia de propuestas muy diversas que in ten ta n aco m o d ar en fo rm a satisfactoria el conjunto de m anifestaciones a p a re n te m e n te disímbolas que presenta.
Creem os qu e el análisis desde la perspectiva de m d o, que aquí planteare
mos, co n trib uirá al esclarecim iento y m e jo r co m prensió n d e este abigarra
do panoram a.
2. E l m a r c a d o d i f e r e n c i a l d e l o b j e t o ( m d o ) y e l o b j e t o d i r e c t o p r e
p o s i c i o n a l
En este ap artad o definirem os el fen ó m e n o de m d o y m ostrarem os cóm o se ve reflejado en la historia del o d preposicional en español. Será útil que tengam os esto en m e n te para la discusión q u e ofrecerem os más adelante sobre la conexión existente en tre el fe n ó m e n o de m d o y el leísmo.
A g ran d es rasgos, lo q u e hoy se conoce com o m d o - e l térm ino se debe a Bossong (1991, 1998)- consiste en la asignación de u n a marca especial
3 N eu tro d e m ateria q u e se realiza c o m o lu o c o m o lo.
a ciertas entidades en función de o d, que las distingue de otras q u e no la llevan.
Según los autores que se h an ocu p ado del tema, el fen óm en o de m d o
posee u n a base cognitiva: refleja la te n d en cia de los hablantes a o rd e n a r las entidad es del m u nd o de acu erd o con el potencial agentivo in h e ren te que se les atribuye. Algunas de estas entid ades se conciben com o dotadas de u n a capacidad agentiva alta, p o r lo que se espera de ellas que tom en el pa
pel del sujeto-agente en la predicación; otras, en cambio, se consideran de p o ca o n u la agentividad y p arecen n a tu ralm en te destinadas a fungir com o objeto-paciente. El fenó m en o de m d o in teractúa con estos juicios de agen
cia in h e re n te en el sentido de que son las entidades que más se aproxim an a la no ción del sujeto-agente las que atraen la estructura m arcada, cu and o actúan com o o d, m ientras que las d e tipo pasivo no se marcan. Es decir, el m d o p o n e en relieve las entid ades cuyo co m p o rtam iento gramatical va e n co n tra d e las expectativas, u n a vez q u e no se espera de ellas que se des
e m p e ñ e n com o objeto sino com o sujeto. Este fen ó m en o se en cu e n tra am p liam en te difundido en las lenguas del m u n d o y, com o ha sido señalado, o p e ra tam bién en español.
La noción cognitiva subyacente al fen ó m en o de m d o se rep resen ta a través de u n a je ra rq u ía de potencialidad de agencia (Silverstein, 1976), q u e m ejo r se conoce com o je ra rq u ía de anim ación (Comrie, 19892: 185- 200, e n tre otros), en vista de que la anim ación parece ser el factor que m ayor im portancia tiene p ara la clasificación de las entidades del m u n d o e n lo qu e a su capacidad de agencia se refiere.
D ep en d ie n d o de cada lengua, esta je ra rq u ía adopta u n a form a u otra (Villar, 1983: 95; Dixon, 1994: 85-87). La situación más com ún es aquella en la qu e se establece u n solo corte, q u e divide las entidades en u n a clase d e agentividad alta y otra de agentividad baja. Otras lenguas in tro d u cen dos cortes en la jerarqu ía, de tal m o d o que en tre los polos extrem os se sitúan las entidades asociadas con u n g rad o “in te rm e d io ” de agentividad.
Pero p u e d e ocurrir tam bién que la je ra rq u ía presente u n a multiplicidad d e divisiones, con lo cual las en tidades se o rd e n a n a lo largo de u n a serie d e escalones, que se ex tien d en desde la posición de mayor potencial agen
tivo hasta la de m en o r o nula agentividad. Esta es la situación que refleja el español, com o se verá más adelante.
No obstante este m argen de variabilidad en tre lengua y lengua, se ha observado que existen tendencias universales muy claras relativas a la cate- gorización de la potencialidad de agencia. Estas tendencias son p ertin en tes p ara los fines de nuestro trabajo y las resum im os a continuación (Comrie, 19892: 195):
a. la división registrada con mayor frecuencia opone las entidades animadas (capacidad agentiva alta) a las inanimadas (capacidad agentiva baja);
b. en muchas otras lenguas, la frontera se traza entre la clase alta que reúne a los acto
res del discurso, representados por los pronom bres de Ia y 2a persona, y la clase baja, integrada por el resto de las entidades;
c. una tercera posibilidad, también muy com ún, consiste en ju n tar todos los referentes pronominales en la clase alta, separándolos de los referentes nominales, clasificados como de posición baja.
Recordem os que el fen ó m e n o de m d o interactúa con la je ra rq u ía en el sentido de que son las e n d d a d e s de posición alta las que d eto n an el sistema de m arcación, porque se consideran m ás aptas para ejercer la función del sujeto-agente y no se espera de ellas q u e aparezcan como objeto; en cam
bio, las entidades de baja je r a r q u ía n o se m arcan de form a especial cu an d o actúan com o o d, dado q u e asum en la función del objeto-paciente, que arm oniza con los rasgos d e poca capacidad agentiva que se les atribuye.
Volviendo a la jerarq uía, es preciso señalar que el rasgo de anim ación n o parece ser el único criterio en qu e se basan los hablantes para d eter
m in ar el potencial agentivo de las en tid ad es del m undo. Esto se hace m a
nifiesto si se considera, p o r ejem plo, q u e en m uchas lenguas se traza u n a fro n tera en tre los p ron o m b res de I a y 2a p erso n a y el resto del léxico, pues si bien los actores del discurso siem pre se refieren a seres animados, en n in g ú n sentido p u ed en clasificarse co m o “m ás” animados que otras per
sonas gramaticales. Por esta razón, e n los estudios dedicados al tem a de la je rarq u ía, se llama la atención hacia el h echo de que el ord en am ien to universal de las entidades involucra o tro s principios que van más allá de la anim ación. A unque los criterios adicionales aún no han sido establecidos con precisión, se postula que, sin d u d a alguna, el parám etro de la d eter
m inación ju e g a un papel im p o rtan te, y q u e es posible que estén intervi
n ie n d o tam bién valoraciones en to rn o a la topicalidad de los participantes (cf. Comrie, 19892: 198; García-Miguel, 1995a: 69). Con la incidencia de estos otros factores es posible explicar p o r qu é m uchas lenguas separan los p ro n o m b res de los nom bres y p o r q u é otras otorgan a los referentes de I a y 2a p erso n a un estatus privilegiado en el in terio r del léxico pronom inal. Es
tas divisiones cobran sentido si se co n sid e ra que la entidad expresada p o r un p ro n o m b re personal posee casi siem pre u n a referencia d eterm in ad a (Dixon, 1994: 91), adem ás de que tie n d e a fun cio nar com o tópico, en la m ed id a en que representa a la e n tid ad “a ce rca” de la cual se habla. La posi
ción superior que suelen o c u p a r los p ro n o m b re s de 1a y 2a perso n a d e n tro de la je ra rq u ía se debe en to n ces al h e c h o de que los actores del discurso se distinguen no sólo por su absoluta d eterm in ació n , sino tam bién p o r su alta p ro p en sió n a erigirse en tópicos d e discurso.
La necesidad de su p o n er u n a re d d e factores en interacción se hace todavía más evidente c u an d o se ex am in an otras divisiones que in tro d u cen ciertas lenguas en la je ra rq u ía . Se trata de oposiciones más finas, que p u e d e n generarse den tro de las categorías qu e ya m encionam os y qu e no
tienen el carácter universal de las anteriores, pues aparecen en algunas lenguas y n o se d o cu m en tan en m uchas otras. E ntre estas oposiciones, hay varias q u e nos interesan de m anera especial, p o rq u e o p eran y han operado en los diversos reflejos del fenóm eno de m d o qu e ofrece el español. Las presentam os a con tin uació n (Comrie, 19892: 188-197):
a. dentro del léxico nominal, se oponen los nombres propios, de rango más alto, a los nom bres comunes, de rango más bajo;
b. las entidades singulares forman una clase de posición alta, en contraste con las plu
rales, situadas en un escalón inferior de la jerarquía;
c. el género interviene en la categorización, con una oposición entre los referentes masculinos y los femeninos, concebidos como más o menos agentivos, dependiendo de la lengua en particular1;
d. los objetos contables aparecen más altos en la jerarquía y los objetos de masa, más bajos.
En resum en, la propen sió n que m anifiestan las lenguas a o rd en ar las en tidades de acu erd o con su capacidad para d esem peñarse com o sujetos agentivos a p u n ta hacia un a compleja interacción de factores referenciales y semántico-pragmáticos. En térm inos más generales, es posible que la je rarquía p u e d a definirse apelando a u n a noción d e p rom inen cia (Comrie,
19892:199) o bien invocando el fen ó m en o de em p atia (en el sentido de Kuno (1977)) q u e go b iern a la identificación en tre el hablante y las e n tidades del discurso5. Sin im portar cuál sea la base en que se sustente la je ra rq u ía , es claro q u e el fenóm eno de m d o siem pre interactúa con ella en el m ism o sentido: se marca el objeto que más se parece al sujeto-agente típico (Aissen, 2003: 437).
Com o hem os adelantado, son varios los autores que, a partir de la p rop u esta de Bossong (1991, 1998), h an com enzado a observar el com
p lem en to directo preposicional del español desde la perspectiva de m d o
(Aissen, 2003; Bossong, 1991, 1998: 218-230; García-Miguel, 1995a: 64-65;
H eusinger y Kaiser, 2005; Laca, 2006; Leonetti, 2003, 2004: 37-68; Schwen- ter, 2006; Villar, 1983: 101, 187-188, en tre otros). La preposición a, no se utiliza, efectivam ente, con cualquier o d, sino sólo con u n a clase especial de referentes. En la actualidad, esta clase engloba, en térm inos generales, a todas las en tid ad es animadas, prefere n tem en te hum anas, in d e p en d ien te
m en te d e su form alización6. Encontram os, pues, qu e la situación reflejada
4 En len g u a s eslávicas, p o r ejem plo , los n o m b r e s m a scu lin o s llevan u n a marca especial d e genitivo e n fu n c ió n d e acusativo y lo s f e m e n in o s no. En Eshtehardi, p o r el contrario, se m arcan los fe m e n in o s, p ero n o los m a scu lin o s (C o m r ie , 19892: 194, 196).
5 Así, t o d o p a rece in d icar q u e es m uy sim ple para el h ab lante em patizar c o n sig o m ism o, es decir, expresar su p ro p io p u n to d e vista. En seguida, es m ás probable q u e su em p a tia se dirija hacia el oyente y q u e le sea u n p o c o m ás difícil em patizar c o n una tercera persona, q u e al final d e cuentas se en cu en tra fuera d e l á m b ito fo r m a d o p o r sí m ism o y por el o y en te. Esto e m e r g e , d e sd e lu e g o , d e la naturaleza e g o c é n tr ic a c o n la q u e los se res h u m a n o s observan el m u n d o y la form a e g o cén trica en q u e usan el c ó d ig o lin g ü ístic o .
6 Estam os d e f in ie n d o la situación actual de m a n e ra global, sin d e sc o n o c e r el h e c h o d e q u e sigue
p o r el español m o d e rn o arm oniza con el o rd en am ien to jerárq u ico que mayor presencia tiene en las lenguas del m u n d o y que, com o hem os visto, o po n e una clase alta, fo rm ad a p o r las en tidades animadas, a otra de rango bajo, que integra a las entid ad es inanim adas.
Por lo que co n ciern e al español, esta división es el resultado de un proceso de expansión diacrònica, según el cual la marca de m d o se reco
rrió de m anera gradual desde las categorías referenciales más altas hacia categorías situadas en posiciones inferiores. Para la reconstrucción de esta historia, es necesaria la form ulación de la siguiente jerarq u ía, adaptada de Lazard (1984: 283):
Esquema 1. La jerarquía de animación /determinación
A N IM A D O INANIM ADO
PRO l 1, 21
PRO
3S N O M B R E P R O P I O N O M B R E C O M Ú N
D e term.
sg.
d eterm .
Pl. in d eterm .
De acuerdo con la o pinió n más co m ú n m e n te aceptada, parece ser que en español la m arca de m d o com enzó a usarse con los p ro n om b res perso
nales tónicos, fu n d a m en talm en te con los de p rim era y segunda persona (a mí, a ti) (véase, e n particular, Pensado, 1995). Esto nos sugiere que, en sus orígenes, el español se co m p o rtó com o lo hacen hoy en d ía m uchas len
guas del m und o , esto es, d an d o a los actores del discurso el estatus privile
giado de ser la clase referencial más alta, en cuanto a potencial agentivo.
Este prim er corte, sin em bargo, p ro n to se desplazó hacia la derech a de la je ra rq u ía -s e g ú n reflejan los testim onios más antiguos del español.
En el Cantar de mió Cid, en efecto, se constata que la preposición se utiliza regularm ente, n o sólo con todos los p ro n o m b res personales, sino tam bién con los nom bres propios d e persona.
(7) a. Oyd a mi, Albarfanez e todos los caballeros! (616, apud Flores y Melis, 2006) b. Mato a Bucar, al rey de alen mar (2425, apud Flores y Melis, 2006)
También se m arcan en esta obra algunos nom bres com unes de refe
rencia hum ana, p e ro se trata de usos irregulares, en circunstancias parti
culares de discurso, d o n d e el o d goza d e u n a prom inencia especial (Melis, 1995).
En los textos posteriores al Cantar de mió Cid, el uso de a progresa hacia los nom bres co m un es caracterizados p o r su alto grado de individuación, es decir, hacia los d eterm in ad o s singulares. Esta situación se prolonga a lo
h a b ie n d o cierta variación e n e l u so. L os referen tes h u m a n o s n o específicos, p o r ejem plo, so n e s p e cia lm e n te p rop en sos a prescin dir d e la marca. Por otra parte, se d o c u m e n ta n casos, sobre to d o e n la le n g u a hablada, d o n d e lo s in a n im a d o s p u e d e n m arcarse e n d eterm in a d o s co n tex to s.
largo de la E dad Media. A u n q u e las fuentes medievales arrojan, en su con
ju n to , un uso variable de la preposición con n o m bre com ún de referencia h u m a n a (Calderón Suárez, 1995), la atracción que la clase de los hum anos d eterm in ad os y singulares ejerce sobre la marca de m d o se dibuja com o u n a ten d encia muy clara (G arcía y Van Putte, 1995; García Zuñiga, 2002).
Véanse los siguientes ejem plos ( apud Flores y Melis, 2006).
(8 ) a. E d e s p e r tó a su muger ( Calila e Digna, 4 3 2 , p á g .2 3 ) b . Y o a m o a esta dueña (Tifar, p á g . 2 9 a )
c.E t q u e c r ia r ía m u y b ie n a su fijo (Lucanor, 1, p á g . 3 5 )
d . J u z g o a mi amo p o r e l m á s b ie n a v e n t u r a d o h o m b r e q u e n a c ió ( Celestina, 1 4, p á g . 2 8 5 )
En el p erío d o clásico, el em pleo de la preposición se extiende a los d eterm inad o s plurales, alcanzando así toda la zona de la d eterm in ació n (G arcíay Van P u tte,1995; G arcía Zuñiga, 2002). Esto se ilustra en (9) ( apud Flores y Melis, 2006).
(9 ) a. N o tra ta b a m a l e s te h o m b r e , c u y o a p e llid o e ra D a v id , a los nuevos esclavos (Marcia Leonardo, p á g . 3 0 8 )
b . y h a lló e n e lla a todos mis compañeros (Buscón, p á g . 1 5 6 )
D urante los siglos x v m y x ix , la m arca de m d o sigue progresando, has
ta abarcar la zona de la in d eterm in ació n , como se aprecia en los siguientes ejemplos de (10) ( apud Flores y Melis, 2006).
(1 0 ) a. S a c a b a n d e s n u d o al que había de ser sacrificado ( Cronica franciscana, p á g . 3 5 ) b . c u a n d o m ir ó a un anciano (Cartas marruecas, p á g . 1 4 4 )
c. a n im ó a muchas personas (Historia de la Compañía, p á g . 2 4 ) d . T e n ía q u e e n g a ñ a r a seis personas ( Artículos de costumbres, p á g . 9 9 )
e. M a x im ilia n o h a b ía id o a in v it a r a algunos amigos (Fortunata y Jacinta, p á g . 5 5 8 )
Con este últim o paso, se desem boca en la situación actual d o n d e, com o hem os dicho, las entidades anim adas conform an la clase de posición alta en la je ra rq u ía de agentividad y llevan la marca de m d o, m ientras q u e los referentes inanim ados in teg ran la clase baja, esperada p ara la función de
o d y, p o r lo mismo, g en era lm e n te carente de a.
Un proceso de expansión diacrònica como el que acabam os de esbo
zar (pronom bres de I a y 2~ p erso n a -> pron o m b res + n om bres propios -» determ in ad o s singulares —» d eterm inad o s plurales —» todos los seres animados) no es, al parecer, muy co m ú n desde la perspectiva tipológica (Bossong, 1991: 153). La evidencia que ofrece el español sugiere qu e tal proceso p ued e darse con m ayor facilidad cuando em piezan a multiplicarse oposiciones finas e n tre distintas subclases de referentes, q u e reflejan que las valoraciones en to rn o al p otencial agentivo están in c o rp o ra n d o diversos factores cognitivam ente relevantes. Es la interacción de estos factores - la form a en que se conjugan o co m p iten entre sí- la que abre posibilidades a cambios en la conceptualización de la agentividad y su expresión en el
m d o. Esto explica la razón p o r la que los cortes que los hablantes del espa
ñol h an establecido en la jerarq u ía p re se n ta n variación en el eje diacrònico y diatópico. N uestro estudio del leísmo co n firm ará lo anterior.
A h o ra bien, la repercusión más im p o rta n te q u e h a tenido el fen óm en o d e m d o sobre el sistema gramatical d el español en la zona nom inal (y p ro n o m in al tónica) h a sido, sin duda, el oscurecim iento del contraste funcio
nal e n tre o d y oí, dado qu e la marca utilizada p ara m d o es la misma que la q u e in tro du ce, de m an era obligatoria, la en tid ad que funciona com o oí.
Esta coincidencia en tre la m arca h ab ilitad a p ara el m d o y la form a de expresión del o í correspo n de a u n a te n d e n c ia general en las lenguas del m u n d o (Bossong, 1991: 154-158; Aissen, 2003: 446-447, n o ta 10), de m odo que el español ofrece un co m p o rtam ien to típico en este aspecto. Esto no q uiere decir que el o d que lleva la m a rca de m d o y el o í sean equivalentes.
Existen varios factores que perm iten rech azar esta idea. En prim er lugar, la coincidencia en tre las dos formas n o sucede siempre. U na p ru eb a de ello la p ro p o rcio n a, p o r ejemplo, el ru m a n o , que utiliza la preposición pe (< per) p ara el sistema de m d o, p ero m arca al oí con caso morfológico (Bossong, 1991: 157). En segundo té rm in o , el o d afectado por m d o y el oí n o tien en el m ism o com portam iento sintáctico (Bossong, 1991: 155). Por últim o, es pro b ab le que, en español, la a del o d y la a del o í no p ro ced an de la mism a fu en te sem ántico-funcional (Pensado 1995).
N o obstante lo anterior, los dos tipos de objeto se ven form alm ente iguales en el uso, y son p articu larm en te p ro p en sos a confundirse en espa
ñol, d ad o q u e el o d m arcado designa fu n d am en talm en te entidades de re
ferencia h u m a n a y, com o se sabe, el o í e n c a rn a típicam ente, también, esta clase de entidades. En u n a lengua cuyo sistema distingue en tre dos tipos de objeto, su convergencia form al no p u e d e ser deseable. Es cierto que m u
chas lenguas sólo poseen un objeto a rg u m en tal (Faltz, 1978), pero en espa
ñol, com o se h a dem ostrado, tanto el o d com o el oí constituyen funciones centrales, ju n to con el sujeto (García Miguel, 1995b: 50-52). En algún sen
tido, p o r lo que al español se refiere, la coexistencia de dos tipos de objeto y el contraste q u e establecen desde el p u n to d e vista funcional son parte in teg ran te y definitoria del sistema. Si buscam os u n a p ru e b a sobre la im
p o rtan cia de este rasgo estructural, b asta reco rd a r q u e en la transición del latín a las lenguas rom ances, cuando la erosión de las desinencias casuales am enazaba con h ace r desaparecer la oposición e n tre o d y oí, se instauró el uso de a(d) con el oí ( a f n ) , precisam ente p ara diferenciarlo del o d ( 0 f n ) -o p o sició n que, hasta la fecha, se conserva, p o r ejemplo, en francés.
En español, en cambio, la oposición establecida en los orígenes se des
gastó parcialm ente, a causa de la in tro d u cció n y subsiguiente difusión del fen ó m e n o de m d o que hem os discutido e n páginas anteriores. Podría p en sarse q u e el im pacto de m d o sobre la e stru c tu ra del español generó un
d a ñ o irrep a rab le para el contraste o d/ o í en el área nominal. Lo que en contram os, sin em bargo, es que a partir del siglo x ix -siglo en q u e algunos autores h an ubicado el inicio de u n a tercera etap a evolutiva del español (Melis, Flores y Bogard, 2 0 0 3)- arran ca u n proceso de restauración de las distinciones de caso. No podem os e n tra r aquí en detalles; sólo diremos q u e el restablecim iento del contraste funcional se consigue m ediante la expansión de la estructura duplicada de o í (le+ a f n) , que hace oposición a la fo rm a sim plem ente preposicional ( a f n) del o d afectado p o r m d o
(Flores y Melis, 2004, 2005, 2006). Es im p o rtan te h ace r énfasis en este h e
cho, p o rq u e manifiesta un cam bio q u e se o rien ta hacia la recuperación y preservación del contraste en tre las dos funciones de objeto, am enazado p o r el sistema d e m d o.
Si m iram os la historia del español bajo esta perspectiva, nos dam os cu en ta de que, desde los orígenes, h an estado actuando, en form a simul
tánea, dos fuerzas que se o p o nen . La prim era, de ín d ole cognitiva, em puja hacia u n o rd en am ien to de las entidades del m u n d o den tro de la je ra rq u ía de agencia potencial, que g en era el tratam ien to diferencial del o d y re
p ercu te negativam ente sobre la oposición o d/ o i. La segunda, de carácter estructural, se traduce en u n a abierta resistencia del sistema a p e rd e r el co ntraste funcional entre los dos objetos y se m anifiesta en u n a serie de cam bios y reajustes que h an tenido lugar a lo largo de la historia del espa
ñol, p ara com p ensar los desgastes causados p o r el fenó m en o de m d o. La existencia de esta últim a ten den cia es e n ten dible si se considera que el des
vanecim iento de la oposición o d/ o i equivaldría a la pérdida de u n rasgo estru ctural fun d am en tal del español (Melis y Flores, en p rep ara ció n ).
U n a vez reconocida la operación de m d o en el te rre n o nom inal, esta
mos e n condiciones para ab o rd ar el fen ó m en o en el ámbito pronom inal.
C reem os que el leísmo, observado desde esta perspectiva, en cu e n tra el lu
gar q u e le co rresp o n d e d e n tro del p a n o ra m a global de la marcación de objetos en español.
3. E l l e í s m o c o m o m a n i f e s t a c i ó n d e m d o
Los estudios en torn o a m d o han focalizado sus esfuerzos en la obser
vación de lo qu e ocu rre en la zona n om inal del o d. A unque se h a prestado p oca a ten ció n a su existencia en el área p ro n o m in al, la posibilidad de que el leísmo sea u n a manifestación más d e m d o h a sido ya sugerida (Bossong, 1991: 155). En este apartado presen tarem o s evidencias históricas que apo
yan dich a propuesta.
H arem o s énfasis, en p rim er lugar, en el paralelism o entre el desarrollo del o d preposicional y lo que h a o cu rrid o en el área pronom inal con el leísmo. C reem os que las similitudes existentes e n tre ambos procesos son,
p o r sí mismas, u n a p ru e b a en favor d e la idea de que el leísmo form a parte tam bién del fen ó m en o de m d o. M ostrarem os después que incluso en las áreas en que el leísmo difiere del o d preposicional, sigue obed eciend o a motivaciones in h eren tes a dicho sistema de marcación. Finalm ente, vere
mos que los usos excepcionales del leísmo y su diversidad dialectal p u ed en explicarse a partir de la dinám ica m ism a que im pone el m d o.
El paralelismo e n tre el desarrollo del o d preposicional y el leísmo p u e
de apreciarse fácilm ente c u an d o se observa el com portam iento general de los dos fenóm enos. La sem ejanza más evidente es que am bos consisten en el uso de u n a form a de dativo para m arcar a cierto tipo de o d y q u e esta m arcación enfrenta, en los dos casos, restricciones que tien en que ver con las cualidades referenciales de la e n tid ad que se desem peña como objeto.
Estas cualidades, a su vez, se relacionan de m o d o estrecho con la je ra rq u ía de agencia potencial q u e o rd e n a las entid ades del m u n d o según el grado in h e ren te de agentividad que se les atribuye y su carácter esperado o no esperado p ara la función gram atical d e sujeto.
O tro paralelismo e n tre lo q u e o cu rre en el terren o nom inal y el p ro n o m inal se relaciona con el oscurecim iento y la recuperación de la distinción funcional entre o d y oí. H em os p o d id o constatar que los dialectos q u e han d eten id o el avance del leísmo son los mismos que han restablecido el con
traste en el área nom inal, m ediante u n uso generalizado de la estructura duplicada de oí, m ientras que los dialectos qu e han dejado progresar el leísmo con mayor libertad, despliegan m eno res esfuerzos para m a n te n e r las diferencias de caso e n el área nom inal, según se refleja en el uso más restringido de la duplicación (Flores y Melis, 2004).
Pero lo más im p o rtan te en el desarrollo paralelo de los dos fenóm enos es, sin duda, el hecho d e qu e la historia de su expansión revela u n a co rre
lación muy estrecha con la je r a r q u ía d e agencia potencial que regula la manifestación de m d o.
Como se recordará, el factor de m ayor peso para la motivación de m d o
en el área nom inal fue, desde siem pre, el de la animación. En el caso del leísmo, es un hecho bien conocido q u e se en cu entra tam bién especiali
zado con entidades anim adas, p re fe re n te m e n te hum anas ( l i a ) y q u e las entidades inanim adas tien d en muy claram ente a formalizarse con el acu
sativo canónico (11b).
(11) a. Y también me dijo cómo había hallado con el dicho Narváez a un señor natural de esta tierra, vasallo del dicho Mutezuma, y que le tenía por gobernador suyo en toda su tierra ( Cartas de Relación, No. 2, 85, apud Flores, 2002)
b. Porque el estaba muy a su placer y con todo su servicio, según en su casa lo tenía {Cartas de Relación, No. 2, 62, apud Flores, 2002)
El estudio minucioso del co m p o rtam ien to diacrònico del leísmo p o n e de manifiesto la fo rm a en qu e el p arám etro de anim ación cobró rápid a
m en te u n a im portancia fu n d am en tal en su desarrollo. El cuadro 1 ( apud
Flores, 2002) ofrece la visión de ese panoram a. Obsérvese q u e el cambio tiend e hacia la instauración del mismo corte que se establece en el área nom inal con el o d preposicional: el q u e separa las entid ad es anim adas de las inanimadas.
La línea gru esa qu e divide en el cu ad ro las cuatro prim eras filas de las dos últimas señala u n corte dialectal, que tiene com o finalidad contrastar el p an o ram a histórico d e dos variedades con u n grado diverso de difusión d el fenóm eno. Las cu atro prim eras líneas del cuadro co rresp o n d en al dia
lecto p eninsular q u e es posible d o cu m en tar diacrònicam ente, esto es, el q u e se refleja en los docum entos históricos del castellano. Constituye el an teced en te diacrònico de la variedad que en sincronía h a sido reconoci
d a como re p resen tan te d e u n leísmo típico y se caracteriza p o r un grado m edio de su desarrollo.
Las últimas dos líneas del cuadro, p o r su parte, p erm ite n apreciar el co m po rtam iento del leísmo en u n dialecto que expresa u n grado m en o r de avance del fen ó m en o : el español que llegó a México en el siglo xvi
(Flores, 2002).
Cuadro 1. El leísmo y el carácter animado del referente
Periodo Animados Inanimados
XII 35 (314) 11% 1 (157) 0.63%
XIII 156 (734) 21% 22 (344) 6%
xv-xvi 81 (211) 38% 46 (176) 26%
XVIII-XIX 96 (227) 42% 27 (111) 24%
xv-xvi 234 (836) 28% 44 (451) 10%
XVIII-XIX 55 (451) 12% 5 (163) 3%
Como p u e d e constatarse, en la variedad p en in su lar la difusión del leís
m o m uestra u n desarrollo creciente y este crecim iento se e n c u e n tra fuer
tem ente sesgado p o r la cualidad anim ada del referente.
Nótese tam bién q u e el español m exicano ofrece u n movim iento en sentido inverso, es decir, decreciente, tanto con en tidades anim adas como con entidades inanim adas. Este retroceso p relu d ia el estado m ucho más apegado a la distinción form al entre o d y oí que ofrece el dialecto mexi
cano actual.
El segundo p a rám etro que incidió en la expansión diacrònica del o d
preposicional, com o p u d o apreciarse en el ap artad o anterior, fue el de la determ inación . Este p arám etro in teractuó desde el principio con la anim a
ción y llevó al establecim iento de cortes muy finos d e n tro de la jerarquía, a través de los cuales el m d o se fue exten d ien do , afectando p rim ero a las e n tidades d eterm in ad as singulares, y difundiéndose después hacia escalones más bajos hasta alcanzar p o r com pleto el ám bito de la anim ación, incluida la zona de los ind eterm in ado s. Veamos aho ra lo q u e o cu rre con esta vincu
lación en el área pro no m in al.
Puesto q u e los referentes de los p ro n o m b res tien den a ser definidos, es decir, asociados con un grado relativam ente alto de determ inación e individuación, el establecim iento d e matices tan finos com o los que se trazaron en el área n om inal h u b iera sido, si no imposible, sí im probable en este te rre n o . No obstante, el contraste sin g u la r/p lu ra l que ofrecen los p ronom bres del español se constituyó, com o veremos, en el eje de ex p re
sión de grados distintos de determ in ació n. El leísmo separó, claram ente, a lo largo de to d o el eje diacrònico, n o sólo las entidades animadas de las inanimadas, sino tam bién las entidades singulares de las plurales. El m d o
se especializó en to n ces en el te rre n o p ro n o m in al con entidades anim adas singulares (12a). Las anim adas plurales, p o r su parte, m antuvieron la m ar
ca canónica de acusativo (12b).
(12) a. El otro mataronle en muy lícita batalla (al hijo de Anaxágoras) (Celestina, XXI, 265, 21, apud Flores, 2002)
b. Qué pecó el uno por lo que hizo el otro, que por solo ser su compañero los matasen entramos? (Celestina, xiv, 235, 34, apud Flores, 2002)
El leísmo, de este m odo, lo mismo q u e el o d preposicional, se m uestra sensible a los grados de d eterm in ación d e la entidad, p ero e n tanto que en el terreno n o m in al el avance del fen ó m en o p u d o darse a través de u n a gra
dación más fina que fue de mayor a m e n o r d eterm in ación , en el te rre n o pronom inal, d o n d e p o r naturaleza los referentes tien den a ser altam ente determ inados, esta sensibilidad se limitó a la distinción sin g u la r/p lu ra l7.
Los datos recogidos en el cuadro 2 co m p ru eb an esta asociación diacrò
nica. Ahí p u e d e constatarse que el leísmo anim ado singular muestra un crecim iento n o table en el eje diacrònico y que sus porcentajes son equ ip a
rables a los del cu adro 1, d o n d e se consideraba ú nicam en te la cualidad ani
m ada del referente. Este últim o h ech o indica, desde luego, que la animaci- d ad y la d eterm in ació n son factores estrech am en te entrelazados d en tro de la je rarq u ía de potencialid ad de agencia en español. El leísmo, al igual que el o d preposicional en su fase inicial d e difusión, se expandió en estricta relación con las en tid ad es anim adas m ás determ inadas: las singulares.
Cuadro 2. El leísmo animado y el número del objeto (apud Flores 2002)
P eriod o Singular Plural
XII 3 1 (3 1 4 ) 10% 4 (3 1 4 ) 1%
X I I I 147(734) 20% 9 (7 3 4 ) 1%
X V -X V I 8 0 (2 1 1 ) 38% 1 (2 1 1 ) 0.47%
x v m - x i x 9 5 (2 2 7 ) 42% 1 (2 2 7 ) 0.44%
X V -X V I 6 1 (4 5 1 ) 14% 2 (4 5 1 ) 0.44%
X V I I I - X I X 9 5 (2 2 7 ) 12% 1 (2 2 7 ) 0.44%
7 La o p o sic ió n sin g u la r /p lu r a l es p ertin en te e n la jerarq u ía d e a g en cia p o te n c ia l, au n q ue, cierta
m e n te , n o c o m o u n a d istin c ió n fr e c u e n te e n las le n g u a s del m u n d o (C om rie, 1989s: 189-190). El espa
ñ ol n o se ubica aquí, e n to n c e s, d e n tr o d e l c o m p o r ta m ie n to típico, p ero sí, d e n tr o de las posibilidades existen tes tipo ló g ic a m e n te .
Obsérvese que, nuevam ente, en la variedad peninsular o cu rre un movi
m ien to creciente del leísmo en el eje diacrónico. En la variedad mexicana, p o r el contrario, el m ovim iento es o tra vez decreciente y se en cam in a hacia el restablecim iento de la distinción form al entre o d y oí.
Hasta este m o m en to el paralelism o en el desarrollo del o d pro no m in al y el leísmo resulta evidente. Los dos fenóm enos h an tendido a establecer u n corte claro en la je ra rq u ía de agentividad en tre entidades anim adas e inanim adas y los dos h an establecido también distinciones en to rn o al g rad o de determ inación d e la en tid ad en función de objeto, afectando p rim ero y en form a fu n d am en tal a las entidades más determ inadas.
A hora bien, com o discutirem os a continuación, el m d o establece en el área p ronom inal un corte q u e no se expresa en el te rre n o nom inal, pero que, com o hem os visto, se e n c u e n tra d en tro de las posibilidades que se d o cu m en tan para la je ra rq u ía d e agencia potencial en las lenguas del m undo:
la distinción de género.
Así, el leísmo se e n c u e n tra claram ente especializado p ara m arcar no sólo entidades anim adas fu erte m en te determ inadas, sino además, masculi
nas, com o se m uestra en (13a). Las entidades animadas, individualizadas y fem eninas, p o r su parte, favorecen el acusativo canónico, com o en (13b).
(13) a. Vesleaquí, vesleaquí, yo me le abraçaré que no tú (a Sempronio) (Celestina, I, 31, 75, apud Flores, 2002)
b. Y viéndola con otros ojos, libres del engaño en que agora estás (a Melibea) (Ce
lestina, I, 29, 66, apud Flores 2002)
El español está estableciendo aquí u n corte poco frecuente, p ero no im posible en la je ra rq u ía p e rtin e n te p ara el m d o. Desde esta perspectiva, se m uestra com o u n a leng u a que atribuye más capacidad in h e re n te de agencia a las entidades masculinas q u e a las fem eninas. O tros estudiosos h an analizado ya en térm inos muy semejantes la especialización del leísmo con entidades masculinas (García, 1975: 328-330).
Los datos que presentam os en el cuadro 3 (a pu d Flores, 2002) verifican esta correlación.
Cuadro 3. El leísmo y el género del objeto
P eriodo M asculino F e m e n in o
X I I 3 5 (3 1 4 ) 11% 0 (314) 0%
X I I I 15 6 (7 3 4 ) 21% 0 (734) 0%
X V - X V I 8 0 (2 1 1 ) 38% 1 (211) 0.47%
X V I I I - X I X 9 6 (2 2 7 ) 42% 0 (227) 0%
X V - X V I 2 3 4 (8 3 6 ) 28% 0 (836) 0%
X V I I I - X I X 55 (4 5 1 ) 12% 8 (451) 2%
Com o p u ed e apreciarse, la asociación del leísmo con el g én ero mas
culino es co n tu n d en te, en tanto q u e su presencia con entidades fem eni-
ñas resulta v erd aderam en te marginal. N uevam ente, el dialecto peninsular m uestra u n increm ento diacrònico del leísmo y el dialecto mexicano, u n m ovim iento inverso, orientado hacia la recu p eració n de la distinción en tre el o d y el oí.
H em os visto hasta aquí el c o m p o rtam ien to global del leísmo a través del eje diacrònico. Los datos que h em o s p resen tad o en los tres cuadros an terio res nos p erm iten concluir q u e es la sum a de los tres rasgos -an im a- cidad, singularidad y m asculinidad- la qu e d e to n a la aparición de m d o en el te rre n o pronom inal.
Los casos de excepción, que logran trascen d er alguna o varias de las restricciones referenciales de anim acidad, d eterm in ació n y género, resul
tan de g ran interés, com o se verá, pu es co b ran amplio sentido desde la perspectiva q u e ofrece la je ra rq u ía d e agencia potencial, subyacente al fe
n ó m e n o d e m d o en español.
En el ejem plo (14), tenem os com o an teced e n te del clítico le, en fu n
ción de o d, u n a en tid ad inanim ada m asculina singular: el corazón. Este caso de leísmo contraviene, obviamente, la restricción de animacidad, a u n q u e n o la de d eterm inació n ni la de g én ero . No obstante, el corazón está visto aquí, subjetivam ente, n o com o u n a sim ple p a rte del cuerpo. Por el co n tra
rio, aparece conceptualizado com o si d e la m ism a entidad h u m an a q u e lo posee se tratara. En el contexto discursivo particular, es u n a entidad capaz d e co no cim ien to y sentimiento. Se e n c u e n tra en u n a especie de relación m etonim ica, p o r la que incorpora, com o p arte, el potencial agentivo del todo, e n este caso, su poseedor.
(14) Gozará mi lastimado corazón, aquel que nunca recibió momento de plazer después que aquella señora conoció. Todos los sentidos le llagaron (Celestina, V. 43, 112, apud Flores, 2002)
D esde la perspectiva que nos o frecen el m d o y la je rarq u ía de p o te n cialidad de agencia, la presencia de leísm o e n ejemplos com o el a n te rio r significaría, sim plem ente, que se categorizan com o animadas las en tidades que, au n sin serlo, aparecen subjetivam ente dotadas de u n alto potencial agentivo.
Los fragm entos de (15) ofrecen otros ejem plos muy claros de la fo rm a e n q u e las entidades p u ed en ser subjetivam ente posicionadas muy alto en la je ra rq u ía d e agencia potencial y cóm o este rasgo es tan im portante p ara el m d o en español que se sobrepone ya no sólo a la restricción de an im a
cidad, sino tam bién a la de g énero y a la de determ inación . La en tidad en (15a) tran sgred e las restricciones de an im acid ad y género -es in anim ada y fe m e n in a -, p ero se trata de u n a estam pa d e la Virgen de Guadalupe. La aparición reiterad a del clítico de dativo p ara pronom inalizarla como o d se e n c u e n tra en asociación directa con la convicción p ro fu n d a del h ab lan te acerca d e la capacidad agentiva de la V irgen, qu e se transfiere, tam bién, m e to nim icam ente, a su representació n e n la estampa. En (15b) la e n tid ad
transgrede todas las restricciones para la aparición de m d o -anim acidad, d eterm in ació n y g é n e r o - pues es inanim ada, plural y fem enina y, sin em
bargo, aparece referida con el clítico de dativo les. Obsérvese que se tra
ta n a d a más y n a d a m enos que de las provisiones reales -o rd en an zas del re y - q u e se e n c u e n tra n investidas, en el contexto, del p o d e r y la majestad mism a de su emisor. N uevam ente, pareciera establecerse un a conexión es
trecha e n tre la en tid ad inanim ada que funge com o o d y la agentividad de la en tid ad an im ad a con la que de u n m od o o de o tro ésta se encu en tra relacionada, en este caso, el rey. Es com o si el ser an im ad o que subyace en el contexto actuara a través de la cosa.
(15) a. Se le cayó una estampa de Nuestra Señora de Guadalupe, la que levantó y le metió vajo una pena, o paño, que tenía en la frente, pidiéndole con toda fee la sanara de aquel acsidente, y que le prometía yr a helarle un dia (DLNE, 1750, 233, 568, apud Flores, 2002)
b. Envié [... ] una carta mía para el dicho Narváez, por la cual le decía [... ] que no se debía intitular de los dichos oficios, ni usar de ellos sin ser primero a ellos recibido, puesto que para los ejercer trajese provisiones de vuestra majestad, las cuales si traía, le pedía por merced y le requería les presentase ante mí, y ante el cabildo de laVera Cruz, y que de él y de mí serían obedecidas como cartas y pro
visiones de nuestro rey y señor natural, y complidas en cuanto al real servicio de vuestra majestad conviniese (Cartas de Relación, II, 83-84, apud Flores, 2002) Com o h em os visto en los ejemplos anteriores, los casos que se apartan de las tendencias generales de anim acidad, determ in ació n y gén ero obe
decen igualm ente, n o obstante, a la categorización q u e se hace de las enti
dades en la je ra rq u ía de potencialidad de agencia q u e controla el sistema de m d o, con lo que dejan de ser realm ente, en este sentido, excepciones.
Estos casos hacen evidente tam bién que d iacrón icam en te el rasgo d e ani
m ación subjetiva es capaz de sobreponerse a los criterios de determ inación y de género.
El análisis p o rm en orizad o del leísmo inan im ado nos lleva a la observa
ción de h ech o s que creem os de p ro fu n d o interés p ara la m ejor co m p ren sión de lo q u e o cu rre en sincronía con los dialectos en los que el leísmo se e n c u e n tra muy avanzado. Nos referim os con esto a las variedades de la len g ua en d o n d e el antiguo dom inio de la distinción p ronom inal entre
o d y o í se e n c u e n tra muy debilitada y prevalece, en cambio, u n contraste en tre en tid ad es discretas y no discretas, d o n d e le = m asculino discreto, la
= fem en in o discreto, lo = no discreto. Creem os que el fen óm en o del m d o
p ro n om in al, con la im portancia que concede, com o h em os visto, al rasgo de d eterm in ación , ab o n ó el te rre n o p ara el surgim iento de estos sistemas en los qu e claram ente y en asociación con factores externos, este rasgo - la d e te rm in a c ió n - se h a superpuesto a cualquier o tra consideración.
U n a evidencia en apoyo de lo an terio r es que a u n q u e el leísmo inani
m ad o es posible, no se do cum en ta n u n c a en relación con el llamado n eu tro español ni con entidades n o contables (Flores, 1997, 2002: 100-113).