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IMPORTANCIA DEL HITO DE «POEMA DE UN DIA» (1913) DE ANTONIO MACHADO EN SU PRODUCCIÓN POÉTICA

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IMPORTANCIA DEL HITO DE «POEMA DE UN DIA» (1913) DE ANTONIO MACHADO EN SU PRODUCCIÓN POÉTICA

Emilio J. García Wiedemann U

niversidadde

G

ranada

Entre 1912 y 1924, los doce años de silencio apenas roto por algunas publica ­ ciones sueltas,1 silencio que ponen de manifiesto algunos críticos como Eugenio

Por lo que se refiere a la producción poética, damos los poemas con la numeración con la que aparecen en Poesías completas, así como el lugar y fecha de aparición: CI «El Dios ibero» en El Porvenir Castellano, 1913. CIII «Las encinas», en El Porvenir Castellano, 1914. CIV «Ca­

mino de Balsaín» en El Porvenir Castellano, 1913. (fechado «Camino de Balsaín», 1911). CVI

«Un loco» en El Porvenir Castellano, 1913. CXIII «Campos de Soria» en El Porvenir Caste­

llano, 1913. CXV «A un olmo seco» en El Porvenir Castellano, 1913 (fechado «Soria 4 de mayo de 1912»), CXVIII en La Lectura, 1913. CXXI en La Lectura, 1913. CXXII en La Lec­

tura, 1913. CXXV fechado en «Lora del Río, 4 de abril de 1913», aparece en PC. CXXVI «A José María Palacio», El Porvenir Castellano, 1916. (fechada en 1913) CXXVII en La Lectura, 1916 con fecha «Sanlúcar de Barrameda», 1915). CXXVIII «Poema de un día» en La Lectura, 1914. CXXIX «Otoño» fechada en 1913, en Nuevo Mundo, 1914. CXXX «La saeta», en Nuevo Mundo, 1914. CXXXI «Del pasado efímero» en El Porvenir Castellano, 1913. [según Macri anterior a la carta a Unamuno). CXXXIV «La mujer manchega», en España, 1915. CXXXV

«El mañana efímero» en La Lectura, 1913 (fechado en 1913) en La Lectura sin dedicatoria ni título bajo el título general de Sátiras y epigramas. CXXXVI-XXIV en El Porvenir Caste­

llano, 1913. CXXXVI-XXVIII en La Lectura, 1916 (fechado en 1915). CXXXVI-XXX en Lu- cidarium, 1917. CXXXVI-XXXI, ídem. CXXXVI-XXXII, ídem. CXXXVI-XXXVI, ídem.

CXXXVI-XL, enviado a Unamuno desde Baeza. CXXXVI-XLII en La Lectura, 1913 bajo el título general Cantares y proverbios. CXXXVI-XLIII, ídem. CXXXVI-XLIV, ídem.

CXXXVI-XLV, ídem. CXXXVI-XLVI, ídem. CXXXVI-XLVII, ídem. CXXXVI-XLVIII, ídem, bajo el título general de Sátiras y epigramas (I). CXXXVI-XLIX en La Lectura, 1913 bajo el título general Cantares y proverbios. CXXXVI-L, ídem, bajo el título general de Sáti­

ras y epigramas (II) CXXXVII, I, II y III, en La Lectura, 1916 (bajo el título general Apuntes, etc. (1915). CXXXIX «A don Francisco Giner de los Ríos», fechado en 1915; en España, 1915. CXLI «A Xavier Valcarce». CXLII «elogio» en La Lectura, 1915. (fechado en «Sierra de Cazorla», 28 de mayo de 1915). CXLIII «elogio», en El Porvenir Castellano, 1913.

(fechada en Baeza, 1913). CXLIV «A una España joven», fechado en 1914; en España, 1915.

CXLV «España en paz», fechada en Baeza, 10 de noviembre de 1914, en España, 1915.

CXLVIII «A la muerte de Rubén Darío» en España, 1916. (fechado en 1916) CXLIX «elogio»

en Árbol canoso, 1914 y en Por esos mundos, 1915. CLIII en Indice, 1922. CLIV en Los lunes del Imparcial, 1920. CLV en Los lunes del Impartía!, 1920. CLVII en Los lunes del Impartía!, 1920. CLIX en Los lunes del Imparcial, 1920. CLXI-I en Revista de Occidente (septiembre de

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Montes, 2 Enrique Díez-Canedo 3 y Cansinos Assens,4 al comentar la aparición de Nuevas

canciones,

fueron sin duda años de intensa preparación y búsqueda, y no sólo en el sentido de cubrir programas universitarios, en este sentido es clara la propia declaración de A. Machado a Ortega. 5 Todo ese largo tiempo fueron para Machado años, si no de ruptura radical, cosa que, en el sentido de «corte epistemológico» nunca hubo en él, sí de alto en el camino, de crítica de los valo-

1923). CLXI-VI ídem. CLXI-VII ídem. CLXI-VIII ídem. CLXI-IX ídem. CLXI-X ídem.

CLXI-XI ídem. CLX1-XII ídem. CLXI-XIII ídem. CLXI-XIV ídem. CLXI-XVIII ídem. CLXI­

XXVIII ídem. CLXI-XXIX ídem. CLXI-XXX ídem. CLXI-XXXII ídem. CLXI-XXXIV ídem.

CLXI-XXXV ídem. CLXI-XXXVI ídem. CLXI-XLIV en España (marzo de 1923). CLXI­

XLVI ídem. CLXI-XLVII ídem. CLXI-XLVIII ídem. CLXI-IL ídem. CLXI-L ídem. CLXI-LI ídem. CLXI-LII ídem. CLXI-LIII ídem. CLXI-LV ídem. CLXI-LVI ídem. CLXI-LVII ídem.

CLXI-LXVI en Revista de Occidente (septiembre de 1923) CLXI-LXXVI ídem. CLXI-LXXX ídem. CLXII en el Semanario de Segovia, 1923. En cuanto a prosa: de 1912 a 1917 siete cartas a Juan Ramón, en dos de 1913 se incluyen dos redacciones de una breve biografía. En 1912 comienza la correspondencia documental con Unamuno; seis cartas desde Baeza. Reseña a Contra esto y aquello (1913) aparecida en La Lectura. Cartas a: Martínez Sierra (1912); a Azorín (1916); a Valle-Inclán (¿1916-1917?), a Cejador (1917). 15 cartas a Ortega y Gasset de las cuales 14 corresponden al período 1913a 1919. Reseña a Las Meditaciones de don Quijote, en La Lectura (1915); al artículo de 1916 Sobre Ortega y Gasset, publicado por Casamayor.

Homenaje a Pérez de la Mata, publicado en 1914. El fragmento Sobre pedagogía en El Porve­

nir Castellano (1913). Necrológica a D. Francisco Giner de los Ríos, en El Porvenir Caste­

llano (1915). Prólogo a Helénicas de M.H. Ayuso, en La Lectura (1914). Defensa del Dr. Be- rrueta en El País. Prólogos a las tres colecciones poéticas realizadas hasta la fecha (12 de abril de 1919). Primer cuaderno de Los Complementarios (desde enero de 1913 a 1918). Los com­

plementarios, hasta 1924. Dos preguntas de Toslstoi, publicado en La Internacional 1920.

2 «A semejanza de las espigas, que en la estación del estío rompen el claustro vegetal para mostrar sus múltiples granos áureos, el poeta Antonio Machado, voluntariamente recluido en el claustro de un silencio esquivo, raja ahora la caparazón de su mutismo para ofrecer sus versos más sa­

zonados [...]», cfr. Eugenio Montes, «Antonio Machado: Nuevas canciones» en Revista de Oc­

cidente, junio de 1924, IV, n°. 12, págs. 392-96.

3 «Como todo llega en este mundo, tenemos al fin, desde hace pocas semanas, un nuevo libro de Antonio Machado que poner junto al no ya muy reciente volumen de sus Poesías completas.

[...]», cfr. Enrique Díez-Canedo, «Antonio Machado, poeta japonés», en El Sol, Madrid, 20 de junio de 1924. Recogido por R. Gullón y A. W. Philips en Antonio Machado, Madrid: Taurus,

1979 (2a), págs. 361-63.

4 «Durante varios años ha guardado el autor de Soledades un silencio, lleno de decoro, que no con­

venía sino muy bien al tono de su musa meditativa y grave, y al alto prestigio que blasona su nombre. Una gran lira tiene algo de una gran espada, y no está bien que suene cada hora [...]», cfr. Rafael Cansinos-Assens, «Nuevas canciones» en El Imparcial, Madrid, 10 de agosto de

1924, también recogido por R. Gullón y A. W. Philips en op. cit., págs. 355-59.

5 «[...] El haber estudiado algo en filosofía metódicamente, bajo su dirección era uno de mis más vehementes deseos. [...] He leído algo de los grandes filósofos -con excepción de Aristóteles- aunque desordenadamente, pero con afición desinteresada. Ninguno me agradó tanto como Kant, cuya Crítica de la razón pura he releído varias veces con creciente interés [...]», cfr.

Carta a José Ortega y Gasset, fecha en Baeza, 3-V-1919, recogida en Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol. III, págs. 1604-05.

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res que en el pasado le habían movido, de profunda meditación y de larga prepa ­ ración, que él no se atreve a confiar a su puro sentido de orientación en las lec­

turas, sino que busca para ella la guía más confiada de la disciplina, el método y la fundamentación universitarios. Que Machado haya hecho los estudios de la carrera de Filosofía y Letras (1915-1918) sólo por mejorar su curriculum con vistas a un traslado ventajoso, es algo difícil de creer, aunque lo diga el propio Machado (en cartas a Juan Ramón6 y a Federico de Onís). Más bien es creíble que la nueva orientación iniciada hacia el año 8 ó 9, corroborada por la publica­

ción de los primeros «Proverbios y cantares», por su matriculación en la Sorbo ­ na para escuchar a Bédier y a Bergson en 1910, por el contenido de Campos

de

Castilla, que gesta entre el 9 y el 12, nueva orientación, digo, dramáticamente acentuada por la muerte de Leonor en este mismo año y que se ilustra con lectu ­ ras fdosóficas, con el inicio del epistolario con Unamuno en 1913, y a cuya in ­ tensificación seguramente no es ajena la muerte de Francisco Giner en 1915 (el

«hermano Francisco» y su petición «¡hacedme un duelo de labores y esperan­

zas!» «¡Sed, lo que he sido entre vosotros: alma!»), esa nueva orientación, de­

cimos, es la que justifica en profundidad su toma de contacto real con la Univer­

sidad, en busca de una profundización, en busca de apoyaturas fundamentadas, al menos negativamente, que garanticen el encauzamiento de sus meditaciones en discursos coherentes. Seguramente fue ahora cuando sintió, aunque lo haya escrito más tarde, aquello que dice en el Juan de Mairena'. «Desconfiad de los autodidactos, sobre todo, cuando se jactan de serlo»; y «nunca os jactéis de au­

todidactos, os repito, porque poco es lo que se puede aprender sin auxilio ajeno.

No olvidéis, sin embargo, que este poco es importante y que, además, nadie os lo puede enseñar» (J. M. XLIV O.P.P. pág. 502). La primera manifestación, no de la preocupación, que es más antigua, sino de la visibilidad externa de la te ­ mática, y de que el discurso filosófico se va haciendo paulatinamente, cada vez más, de ritmo largo, es el «Poema de un día», fechado en Baeza en 1913, uno de los grandes poemas magistrales de Machado.

El autor parece haber dejado ya la convalecencia de su última tragedia, 7 y da la impresión de irle cogiendo el pulso al mundo embebiéndose en temas ya en­

6 «[...] Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico [...]», Carta a Juan Ramón Jiménez, cfr. Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol. III, págs. 1521-23 (1913).

7 «[...] Cuando perdí a mi mujer pensé pegarme un tiro. El éxito de mi libro me salvó, y no por vanidad ¡bien lo sabe Dios! sino porque pensé, que si había en mí una fuerza útil no tenía dere­

cho a aniquilarla. Hoy quiero trabajar, humildemente, es cierto, pero con eficacia, con verdad.

Hay que defender a la España que surge, del mar muerto, de la España inerte y abrumadora que amenaza anegarlo todo. España no es el Ateneo, ni los pequeños círculos donde hay alguna ju­

ventud y alguna inquietud espiritual. Desde estos yermos se ve panorámicamente la barbarie española y aterra [...]», Carta a Juan Ramón Jiménez de 1912, cfr. Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol. III, pág. 1519.

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trañables para él: el campo, la vida del labriego, otra vez el tiempo, insinuando ahora una novedad: la distinción del tiempo pleno, el tiempo-vida, y el tiempo puramente físico-matemático, medido como extensión de monotonía; una vez más el campo y esa relación religiosa de quien depende de la lluvia del Señor, la implicación agua-vida, la imposible nostalgia de la fe,8 la profesión de fe filosó ­ fica de carácter muy general, nombres: Unamuno, Bergson, una acotación iróni­

ca («bostezos de Salomón»); la crítica zumbona de las preocupaciones provin ­ cianas, para cerrar el cuadro insípido del mundo de rebotica con la renovación de la imagen de monotonía (tic-tic, un día como otro día); y al cabo, el resumen final del poema con el que quizá quiso ser su leitmotiv: «filósofo en provincias», y el congraciarse ahora con Bergson a quien, llevado de su zumbonería y ante la imagen de D. Miguel, había llamado «tuno» versos atrás.

Te bendecirán conmigo los sembradores de trigo;

los que vienen de coger la aceituna;

los que esperan la fortuna de comer; ...9

Luego, el tiempo, discusión en la que es patente la influencia bergsoniana.10 Frutos establece bien esta relación Machado-Bergson poniendo de relieve que la diferente relación del tiempo influye en los conceptos «homogeneidad» / «he­

terogeneidad»: «El movimiento (o la mutabilidad, según Machado) es un pro ­ greso en el tiempo, y el tiempo no se puede reducir a espacio, ni, según Bergson, a número, pues el número supone la espacialización homogénea». 11 Machado opone de manera mucho más viva y dramática el tiempo de corazón de metal a aquel tiempo vivo que pasó llevándose un pedazo de sí mismo:

8 «La fe en la vida y el dogma de la utilidad me parecen peligrosos y absurdos. Estimo oportuno combatir a la Iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia y estoy conven­

cido de que España morirá por asfixia espiritual si no rompe ese lazo de hierro. Para ello no hay más obstáculos que la hipocresía y la timidez. Ésta no es una cuestión de cultura -se puede ser muy culto y respetar lo ficticio y lo inmoral- sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan». Cfr. «Biografía» enviada a Juan Jamón (1912). Cfr. Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol. III, págs. 1524-25. «Es infinitamente más levítica [se refiere a Baeza] y no hay un átomo de religiosidad. Hasta los mendigos son hermanos de alguna cofradía», Carta a Miguel de Unamuno (después de mayo de 1913), cfr. Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol.

III, págs. 1532-37.

9 CXXVIII.

10 «[...] Escuché en París al maestro Bergson, sutil judío que muerde el bronce kantiano, y he leído su obra. Me agrada su tendencia. No llega, ni con mucho, a los colosos de Alemania, pero ex­

cede bastante a los filósofos de petinillo que pululan en Francia [...]», Carta a José Ortega y Gasset (2-V-1913). Cfr. Antonio Machado, Poesía y Prosa, vol. III, págs. 1530-31.

11 Cfr. E. Frutos, «El primer Bergson en Antonio Machado» en Revista de Filosofía, 19 (1960), pág. 136.

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Clarea el reloj arrinconado, y su tic-tac, olvidado por repetido, golpea.

Tic-tic, tic-tic... Ya te he oído.

Tic-tic, tic-tic... Siempre igual, monótono y aburrido.

Tic-tic, tic-tic, el latido de un corazón de metal.

En estos pueblos, ¿se escucha el latir del tiempo? No.

En estos pueblos se lucha sin tregua contra el reló, con esa monotonía, que mide un tiempo vacío.

Pero ¿tu hora es la mía?

¿Tu tiempo, reloj, el mío?

(Tic-tic, tic-tic)...Era un día (tic-tic, tic-tic) que pasó, y lo que yo más quería la muerte se lo llevó.

Y luego una jugosa teoría que aprovecha la súplica del agua para unlversali­

zar su unidad, identificar el agua con la vida como principio suyo (Aquí Tales:

«todo es agua») y proceder a una identificación más amplia que engloba la vida del espíritu (aquí quizás Pitágoras) para terminar con un grito unamuniano: el dramático destino de San Manuel Bueno mártir:

¡Oh, tú que vas gota a gota, fuente a fuente y río a río, como este tiempo de hastío corriendo a la mar remota, con cuanto quiere nacer, cuanto espera

florecer

al sol de la primavera, sé piadosa,

que mañana

serás espiga temprana, prado verde, carne rosa, y más: razón y locura y amargura

de querer y no poder creer, creer y creer!

Y viene ahora la primera declaración de fe filosófica, su adscripción, por lo

demás muy general, a un tipo de filosofía, que era la que se esperaba: no profe­

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sional ni académica, crítica y descreída, amiga de la fantasía, la pirueta y el giro inesperado, fresca y esquiva; nacida de las fuentes de la tierra y anclada en el corazón; 12 que compensa la imposibilidad absoluta de una falta de raíz definiti­

va, con un espíritu, activo, luchador: barca dirigida hacia la nada, en la cordial aventura del que nada espera, ¿filosofía de D. Miguel? Sí, pero no exclusiva­

mente:

Esa tu filosofía

que llamas diletantesca, voltaria y funambulesca, gran Don Miguel, es la mía.

Agua del buen manantial, siempre viva,

fugitiva;

poesía, cosa cordial.

¿Constructora?

-No hay cimiento

ni en el alma ni en el viento-.

Bogadora, marinera,

hacia la mar sin ribera.

En esta filosofía está sin duda también Bergson y seguramente algunos más que irán apareciendo a medida que se desarrolla el Machado filósofo, o más bien, el aspecto filosófico de su pensamiento. Y viene ahora la alusión al famo­

so «volatín inmortal» atribuido a Kant y que algunos pretenden que sea también la voltereta que en su día practique Machado hacia la metafísica:

Este Bergson es un tuno;

¿verdad, maestro Unamuno?

Bergson no da como aquel Immanuel

el volatín inmortal;

este endiablado judío ha hallado el libre albedrío

12 Por las fuentes, tanto antiguas como modernas, y por su uso, puede ya deducirse la tendencia machadiana hacia la asistematicidad. Desde Heráclito hasta Nietzsche o Bergson constatamos ese discurso que se produce contra el sistema como método. Bergson, que tiene una influencia más cercana sobre Machado, apoyándose en el carácter asistemático de la realidad humana, en el plano histórico e individual, en su crítica a la noción del tiempo en Kant, construye su doc­

trina fundamental de la durée réelle sobre la base de la irrepetibilidad del devenir psíquico.

Siendo, para él, los hechos psíquicos irreductibles («deux moments différentes d’une histoire»), y dejando, también para él, el proceso de abstracción paso a la intuición (que Machado en al­

guna ocasión critica) como método de conocimiento, era imposible la aceptación del método sistemático.

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dentro de su mechinal.

No está mal:

cada sabio, su problema, cada loco, su tema.

Si como quiere E. Frutos, 13 aquí se está afirmando el carácter subjetivo del libre albedrío y se afirma que eso es lo que quiere decir con el «dentro de su mechinal» entonces habría que sacar la conclusión de que el «volatín inmortal»

que Kant realiza supondrá haber conseguido la prueba teórica objetiva de la li­

bertad. Nosotros creemos lo contrario: la libertad para Kant es, en la Crítica de la

Razón

Pura, objeto de la tercera aporía, y su deducción sólo puede plantearse en el terreno de la contrariedad, así como en la Crítica de la Razón Práctica la libertad se plantea como principio, y por lo tanto al margen de toda fundamenta- ción última. El «volatín» es pues volatín por eso, porque representa un salto en el vacío. En cambio, en

Losdatos inmediatosdela

conciencia se discurre contra el determinismo en un proceso de racionalización del acto libre. Este sentido, creemos nosotros que tendría el aludido «dentro de su mechinal».

Y después de un decurso críticamente dramatizado del diálogo entre los pro ­ vincianos de la rebotica, otra alusión al campo, de nuevo al tiempo (tic-tic) y la conclusión del poema:

Sobre mi mesa, Los datos

de la conciencia, inmediatos.

No está mal

este yo fundamental, contingente y libre, a ratos, creativo, original;

este yo que vive y siente dentro la carne mortal

¡ay! por saltar impaciente las bardas de su corral.

El final resume lo que Frutos cree que son los cuatro puntos bergsonianos tocados en el poema:

1. - El yo fundamental.

2. - La contingencia y libertad del yo.

3. - Su carácter «creativo, original, a ratos libre».

4. - El carácter subjetivo del libre albedrío.

Nosotros estamos en esto con Sánchez Barbudo,14 que afirma que Bergson

13 Loe. cit., pág. 126.

14 Cfr. Antonio Sánchez Barbudo, El pensamiento de Antonio Machado, Madrid: Guadarrama, 1974, págs. 62-63, citando positivamente la opinión de Clavería que afirma esa influencia, y a la vez limitándolo con la indicación de que el primer concepto de «heterogeneidad» en Macha­

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influye en el primer concepto machadiano de «heterogeneidad», como opuesto a

«homogeneidad», pero que está ausente en su concepto de «otredad», y aunque, según nuestra manera de ver, comete la falta de seguir realzando permanente­

mente el subjetivismo de Machado, no cae en la trampa en la que incurre Berg- son, 15 al afirmar Sánchez Barbudo que, si hay alguna vía que pueda llevar al tú, no es la vía lógica, sino la poética, distinguiendo así el Machado filósofo que busca el yo fundamental del Machado poeta que busca el esencial. La línea yo-tú en el Machado desubjetivizado, constituye, desde nuestro punto de vista, una línea unitaria interdefinidora que no acepta ninguna dicotomía esencial.

¿Qué fue lo que dio forma concreta a aquella voluntad machadiana de salir de sí, aquella voluntad de topar con el mundo sólido del afuera? Quizás no lo sa ­ bremos nunca, pero sí sabemos la forma en que Machado lee ese mundo en este período que va desde 1907 a 1909.

En conjunto, podemos decir que lo que resalta de esos «Proverbios y canta ­ res» es la agresividad, la mordacidad y el carácter satírico. Es como si la primera salida del agujero del yo al mundo estuviera presidida por el desencanto y la ra ­ bia: la verdad que hay que buscar no existe, el hombre, con el que hay que con ­ vivir, es un granuja encapotado. Pero no se da, por ello, como resultado, una voluntad de volver al agujero, ni ninguna clase de repliegue cobarde. Machado acepta el envite de la realidad y da una respuesta valerosa de combatiente y lu ­ chador, a la vez que busca la salida en el mundo práctico de lo concreto.

Con relación al apartado 4 de Frutos ya nos hemos pronunciado más arriba, en cambio, respecto a los puntos 2 y 3, hemos de afirmar esa presencia bergso- niana en nuestro poeta, si bien declaramos que no es sólo Bergson el único autor que insufló en aquél ideas y motivaciones con relación a este tema. La teoría del yo parasitario y mecánico frente al yo libre y creativo claro que es conjunta­

mente teoría machadiano-bergsoniana, pero hay datos nuevos en el «Poema de un día»: hay la alusión restrictiva «no está mal», que implica que sólo parcial­

mente coincide con pensamientos, visiones o vivencias de nuestro autor. Y hay algo más importante que se enuncia ahora, y que va a ser pieza fundamental en la futura doctrina machadiana de la «radical heterogeneidad del ser», y es esa impaciencia, ¡ay! «por saltar las bardas de su corral».

do procede seguramente de Bergson, como opuesto a homogeneidad. Pero el 2° concepto de

«heterogeneidad» en Machado -dice- el que significa «otredad» ya no tiene nada que ver con Bergson. Nosotros creemos que esta afirmación de Sánchez Barbudo es muy acertada. Cfr.

igualmente Eugenio Frutos en el artículo citado, pág. 121, n. 9, que presenta el «idealismo ob­

jetivo» de Platón como contrario al «subjetivismo moderno».

15 Loe. cit., págs. 134 y ss.

Referencias

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