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Violencia silenciosa

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Academic year: 2020

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PRÓLOGO

Cuando las cosas dejan de salir como lo esperamos, el cambio logra ser tan radical que puede bloquear por completo la vida de cualquier persona. En la vida pasan diferentes situaciones que hacen que se replantee todo, más cuando se es una persona que no confía en quien es o en la capacidad que se tiene para lograr las cosas. Ese tipo de vida es la mía y la de muchas personas que día a día prefieren callar y pasar desapercibidas, sin poder demostrar qué sienten o como quisieran cambiar aquellos sucesos de la vida que hicieron que todo se replanteara. La vida no solo pone obstáculos pequeños, como superar etapas básicas como el colegio o el primer amor; pero también a veces llegan situaciones tan abrumadoras y complicadas que realmente no se sabe qué hacer y al nacer en este país se trae el “plus” de este tipo de situaciones al nacer.

Una gran cantidad de personas que se ven involucradas en algo tan grande como lo es la guerra interna que afronta el país, al igual que se ven afectadas por un sin fin de injusticias por parte del gobierno y del mismo pueblo colombiano. Pero en muchos momentos no solo esta violencia puede cambiar o hacer que nos replanteemos por completo la vida; muchas veces existe otro tipo de violencia que puede afectar la vida de estas personas. La violencia no solo va en el uso de armas de fuego o de destrucción masiva, desplazamiento forzado, secuestro o cualquier otra clase de manifestación física de violencia; hay una forma de violencia oculta, invisible, que pasa desapercibida para las otras personas, pues sufren de otras cosas tales como el abuso por parte de otros, maltrato psicológico, segregación, racismo, clasismo, odio religioso, entre otras.

Pero estas cosas que para el mundo externo de la persona no existen, son actos menores al lado de la violencia producida por una guerra, pero que igualmente pueden ser tan terribles que cambian a las personas y pueden generar sentimientos tales como rabia, odio o resentimiento. Estos sentimientos cambian completamente la manera como esa nueva víctima silenciosa ve la vida, un acto tan pequeño como mirar o tratar de manera déspota a alguien se considera desde mi punto de vista, violencia. Y a mi parecer es igual de dura que cualquier tipo de violencia física, pero ésta no tiene la misma importancia para el gobierno y hasta para las misma población, siendo una realidad muy lamentable.

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A lo largo de mi vida nunca he estado en atentados violentos o situaciones de este tipo como muchas personas del país, pero he vivido varias situaciones de la violencia silenciosa, puesto que desde el colegio se me ha juzgado, por ejemplo, por no pertenecer al estándar de belleza establecido por la cultura occidental, porque no venia de una familia adinerada o porque era bajita y se burlaban de mi estatura. Este tipo de situaciones causaron en mi un sin fin de cambios en mi manera de pensar, sentir y ver las cosas que para el resto del mundo no tenia sentido ni importancia alguna.

Por mucho tiempo quise entender el comportamiento de las personas para poder saber porqué me trataban de esa manera, si realmente era tan fea como para no ser apreciada por los demás, pues a la niñas lindas las trataban con respeto o por lo menos las saludaban, mientras que a mi o las otras, éramos ignoradas y maltratadas por sus burlas. ¿Será que las personas entendían el daño que estaban causando? Es como preguntarle a un guerrillero, paramilitar o asesino si realmente no le importan sus víctimas y tengan una respuesta negativa, así puede llegar a ser el dolor que éstos causan en uno, que aunque no haya una pérdida física o de la vida una persona, estas cosas pueden desembocar en situaciones mucho más complicadas y difíciles de tratar.

Una de las cosas que más me dolía, pero que a la vez me causaban mucha curiosidad, era el poco apoyo que se recibía por parte del sexo femenino o lo que comúnmente se llama “Solidaridad Femenina”, para mi este término no existe, pues las personas que más daño me han causado a lo largo de mi vida han sido las mujeres y hasta el día de hoy sigue siendo de esta manera; aunque no todas las mujeres que he conocido han dejado en mi una memoria negativa, la mayoría lo han hecho de esta manera.

Todas estas cosas hicieron que yo, claramente no tuviera una respuesta positiva al maltrato recibido por casi doce años de Jardín-Colegio y desembocara en uno de los recuerdos más negativos que tengo, un intento de suicidio que todavía pesa como si hubiera sido ayer. Después de este suceso y de muchas más cosas, hicieron que mirara de manera muy diferente la vida y creciera con una baja autoestima y otros problemas que no vienen al caso, pero que hicieron que mi vida cambiara completamente y tuviera que ser replanteada con ayuda de familiares, amigos y especialistas en este tipo de conductas humanas. Pero y ¿qué hubiera sido de mi vida si nada de estas cosas hubieran sucedido? probablemente yo sería una persona completamente diferente.

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El ser una víctima silenciosa es muy diferente a ser una reconocida por el Estado, pues no se trata de una víctima de la guerra, sino de la condición humana. Ante esto no se puede hacer más que tomar fuerza, convertir todas estas situaciones en un banco de memorias y seguir luchando día a día contra ellas, ya que no es sancionable por el Estado. En mi caso, y creo que en el de muchas más personas, cada momento cotidiano se puede vivir una injusticia única, que nos hace víctimas de la sociedad.

Al pasar el tiempo de la infancia y la adolescencia para, finalmente, entrar al nuevo mundo de la “adultez”, creí que esta situación cambiaría, pero al contrario yo creo que esta época me ha dado más duro que la anterior, solo con la diferencia de que tengo un pensamiento más maduro y trato de buscarle soluciones reales y no simplemente rápidas a mi vida. Hace unos días, para una primera parte de este proyecto, decidí buscar ayuda en el Centro de Memoria, Reconciliación y Paz, según el nombre uno podría decir que sería el lugar menos indicado para ser juzgado o violentado por ser quién eres o de donde eres. Pues contrario a todo lo que acabo de decir, sucedió una injusticia y los que ayudan a las víctimas de un conflicto armado violentaron y crearon una nueva víctima; porque el cambio de estas personas hacia mí apenas dije de donde era mi procedencia universitaria fue notorio y triste, pues quedé sin palabras, sin ganas y sobretodo sin ese apoyo. Cómo podría sentirse una persona que con los antecedentes anteriores estaba tratando de mostrarse y tener seguridad ante una situación como esa, pues como una “mierda”.

La vida, y más en esta época, es dura, y puede dar volteretas tan fuertes que dejen tirada a una persona sin ganas de más, básicamente sin ganas de vivir; pero al fin y al cabo, yo creo que de eso se trata la vida, de ser golpeado para volverse a parar, para estar listo y recibir el siguiente golpe. A lo largo de mi vida no he sido más que golpeada, pero creo que después de afrontar cosas aun más duras o tan poco comunes como no tener la última prenda de moda o no poder comprar el nuevo artículo tecnológico, he aprendido que hay que ser una persona tranquila y dispuesta a aprender. No hay nada más bello que saber que después de pasar por una situación difícil, las cosas van a cambiar y vamos a estar preparados para ese cambio, sabiendo que es muy probable que se reciba con los brazos abiertos, listos para darle una vuelta y dejarlo pasar para recibir el siguiente.

Este proceso no es fácil, ni mucho menos se logra completar de un momento a otro, y yo creo que una de las verdades más duras que hay en esta vida es que, puede durar años

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en poder sobrepasarlo; pero puedo asegurar que esos años estarán llenos de aprendizajes, para que cuando se termine de aprender todo y se pueda culminar ese ciclo, nos volvamos un poquito más sabios, como un jedi (personaje ficticio de la saga de Star Wars que se caracteriza por tener un gran poder y sabiduría).

Por eso decidí darle un vuelco completo a este proyecto, para darle una oportunidad a aquellos que por razones propias decidieron callar y volverse una víctima silenciosa para poder mostrarse tal como son, lo que sienten y quieren; al mundo que nos ha juzgado y causado tal daño, pero que de alguna u otra manera nos ha formado como personas únicas que hacemos que este mundo sea un poco menos tortuoso y miserable. Por eso a todas aquellas personas que con todo el gusto quisieron compartirme un poquito de su vida para hacer parte de este proyecto les agradezco de corazón la confianza brindada en mí para darle una voz a aquellos que por miedo callan.

Espero sea de su agrado esta recopilación de diferentes historias y puedan aprender un poco de estas, como la vida nos ha enseñado a nosotros.

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1.

Al nacer en una numerosa familia te encuentras siempre rodeada de personas, de hermanos, familiares o amigos de la familia o de los hermanos, pero como tal, te encuentras rodeada de personas que hacen que tu vida sea mas amena, pues cuando hay un miedo a la soledad eso es mejor que nada. A veces la familia no es lo que a uno le parece, puesto que a medida que ésta va creciendo en edad, las cosas, las amistades, los novios de los hermanos, los padres, todas estas cosas pueden cambiar para bien o para mal, y en mi caso crecer, cambió para mal. Mi familia consta de cinco hermanos y mi mamá, puesto que mi papá murió ya hace varios años, somos tres hermanas y dos hermanos, yo soy la menor de las hermanas. Así empieza este relato.

Me llamo Samanta y estudié diseño de modas hace ya varios años, aunque realmente no es lo que me da para comer, porque no pude realizar mi sueño de practicar lo que siempre amé, realmente es complicado porque siento que mi vida de alguna u otra manera se vio frustrada por diferentes cosas de la vida que todavía me cuesta entender. Yo me consideraba una buena diseñadora, pero es un mundo donde los enemigos están más cerca de lo que uno cree; al graduarme mi proyecto era honorable y me habían escogido para seguir estudiando en la ciudad de Nueva York pero una de mis profesoras alegó sin muchas razones que yo no merecía tal premio, y por ende me quede acá, viendo y sin poder hacer nada, puesto que mi familia no tenía el poder de otras que estudiaban conmigo para poder hacer valer mis derechos, pero esta no fue ni la primera ni mucho menos la última de estas historias que contaré.

El viaje a Nueva York iba a ser la perfecta escapatoria del mayor dolor que he sentido y he tenido en mi vida. A la edad de veinte años perdí al que yo considero el hombre de mi vida. ¿Saben? aquella época de los setentas era dura con respecto a la mujer, uno tenía que casarse a los veintes para que no la dejara el tren y con dos hermanas ya casadas el peso que caía sobre mi, era aun más grande. Me enamoré de un hombre que a mis ojos era perfecto, guapísimo, como se decía en la época, él me trataba como a una reina, cada vez que bailaba con él sentía que estaba en las nubes y que no había mejor bailarín, de esa manera me enamoré y de esa manera empezó una historia de amor que

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hasta el día de hoy no ha terminado; lo único malo que había en todo esto, es que como bien se sabe, nada es perfecto y claramente este no iba a ser el caso. Fidel era un hombre casado y su corazón ya pertenecía a otra mujer, tal vez sentimentalmente no, pero por la ley era de ella, así que nuestra historia se resume al de un amor peligroso y sin sentido realmente, porque al final alguien o todos iban a terminar lastimados.

Mientras yo trataba de seguir mi vida universitaria de manera adecuada, junto a un hombre casado, lo cual era pecado ante los ojos de todo el mundo, la mujer de Fidel también empezó a darse cuenta que el corazón que le pertenecía ya no era completamente de ella, así que empezó toda una caza hacia mí para poder dar con mi paradero y decirme hasta de qué me iba a morir; pero el problema no radicaba en todo esto, radicaba en que yo solo me vine a enterar de que él era casado, cuando hubo una muerte que al parecer estaba más que anunciada y por eso ella nunca me pudo encontrar hasta aquel día. Fidel siempre fue muy sincero con lo que me dijo y también sobre cómo se sentía, frases como “todavía no nos podemos casar, tengo que arreglar ciertos asuntos” o cosas por el estilo y yo realmente iba a esperar si era necesario esperar una vida entera para poder estar a su lado y creo que eso sigo haciendo. Para finales de abril, para ser más exacta el diecinueve de abril, pues realmente no me puedo olvidar de aquellas fechas, nos íbamos a encontrar para ir a bailar y cuando yo iba a salir para mi casa él llamó y dijo que se le había presentado un problema que llegaría tarde, pero que llegaría y así fue; pero cuando apareció no era el mismo, era un persona totalmente cambiada, su cara estaba trastornada y preocupada, y ante mis preguntas solo encontraba evasivas, así que decidí dejar así y disfrutar lo que quedaba de noche; después de un buen tiempo de baile sonó Gitana de Willie Colon, y él me la cantó toda al oído para dedicarme aquella canción, yo no entendía porqué me la cantaba, pero con esos detalles más me enamoraba. Al día siguiente algo en mí no estaba tranquilo y no podía dejar de pensar en aquella canción “por si un día me muero… aunque nunca podrás ser mía… sin quererte yo te quiero… loco enamorado y tu nunca sabias nada…solo para ti seré…gitana, gitana…”, me rondaba y me rondaba y la intranquilidad cada vez era más grande, hasta que el teléfono de mi casa sonó, mi cerebro quedó quieto pero mi corazón no volvió a palpitar pues la voz que se escuchaba al otro lado era de una mujer que no paraba de llorar asegurándome que su hijo… Fidel, estaba muerto, no pude ni reaccionar; cuando ya estaba dirigiéndome a ese lugar donde el amor de mi vida se había

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muerto, para poder entender, porque yo creía que si lo veía muerto iba a entender y aceptar porqué ya no iba a estar conmigo nunca más, pero lo que más recuerdo es que mientras ese taxista recorría las calles de la ciudad sonaba Gitana de Willie Colon, es como si él hubiera sabido que se iba a ir y que su último baile conmigo iba a ser ese.

Al llegar al lugar habían muchos policías, no me dejaban ver nada, solo recibí consuelo de la madre de Fidel, una excelente mujer que, al igual que yo, estaba totalmente desconcertada, pues no podíamos entender porqué aquel hombre se había quitado la vida, pero de repente esa intranquilidad que me mantuvo en velo aquel día volvió más fuerte al acercarse una mujer que irradiaba todo menos dolor por lo sucedido, se acercó a nosotras y nos dijo que era la esposa de Fidel, a lo que la madre de él y yo quedamos en blanco, pues ninguna de las dos sabía sobre la existencia de esta mujer y de cómo mi corazón se detuvo completamente ahí. Después de ese encuentro y de mi salida fortuita de ahí solo sentía odio hacia aquel que me había enamorado, aquel que yo creí iba a ser mi esposo, el hombre de mi vida pero que realmente fue una farsa; tiempo después volví a recibir una llamada de la madre de Fidel, diciéndome que necesitaba verme urgente, así que fui a encontrarme con ella, pues realmente ella también estaba igual de desconcertada que yo. Cuando me encontré cara a cara con ella, su saludo fue emotivo y amoroso, como los que me daba su hijo; me dijo que qué quería tomar y yo le dije que nada, a lo que ella me respondió que era mejor que tomara algo, pues la historia iba para largo, yo le respondí que estaba bien y que si era necesario mas tarde pedía algo.

Al momento en que le trajeron el café que había pedido, empezó el final de mi tragedia o ¿el inicio? Realmente ya no se ni qué pensar, pero el hecho fue que Fidel había dejado una carta explicando todo, donde nos contaba que aquella mujer con la que él estaba casado era algo así como una bruja o eso es lo que él decía, pues su maldad al saber que yo existía era tan grande, que empezó a enfermar a Fidel al punto que él se estaba enloqueciendo y aquel día que llegó tarde para bailar conmigo, era porque estaba tratando de pedirle el divorcio y ella entró en cólera, embrujándolo para llegar a tomar la decisión de que el prefería morir antes de tener que aguantar tanto dolor, y sobretodo el hecho de no poder estar conmigo. Quede atónita y sin rumbo… ya que ni Nueva York, ni Fidel iban a estar en mi vida para darle “vida”.

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Realmente es el día de hoy que más historias de ese tipo siguen apareciendo para estar conmigo a lo largo de mi vida, si no son malos hombres que llegan a mi prometiéndome el cielo y la tierra, o problemas financieros o físicos, son mujeres enloquecidas por los celos, ya que el marido, el esposo o el novio me hablaron o entablaron una amistad conmigo, y estas historias hacen que yo realmente piense que tal vez soy una viuda que debo seguir atada a aquel hombre que en mi juventud me robó miles de sonrisas, pero que sobretodo, se llevó mi corazón.

Así que, básicamente soy Samanta, viuda de Fidel, una mujer solitaria que tanto dolor, problemas financieros, promesas rotas, tristezas en cada esquina, celos irracionales y mucho rencor, han hecho de mi una mujer triste, que tiene que recurrir a personas expertas para que me ayuden a poder entender y asimilar todo este dolor que todavía tengo a cargo, pero que ya me partió la espalda y me derrumbó, y que espera algún día vuelva a bailar, encontrar una persona con la cual poder compartir la vida y que al escuchar Gitana de Willie Colon, solo pueda recordar más que la belleza de aquel amor.

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2.

Siempre me consideré un niño tímido y diferente a los demás, en el sentido que para mi era difícil entablar relaciones de amistad como los otros niños; así que, al crecer siempre estuve rodeado de soledad y de amigos que no son comúnmente normales para la sociedad, puesto que mi vida se rodeó de fantasías y personajes mágicos que pertenecían a un mundo virtual llamado vídeo juegos. Mi familia siempre me apoyó y nunca me criticó nada de esto pues para ellos era más importante mi felicidad, que mis relaciones sociales, de tal manera a medida que fui creciendo me volví un hombre solitario, que guardaba todo lo que me pasaba bajo una coraza llamada mundo virtual.

Mi nombre es Andrés y toda esta historia que empezó como algo feliz, me llevó a un sin fin de pequeños momentos trágicos que hicieron de mi, más que un hombre tímido, un hombre triste y solitario. Cuando entré al colegio a la edad de seis años, esperaba una cantidad de aventuras que me harían feliz y con las cuales iba a poder compartir y unir ese mundo virtual que tenía, con un mundo real, pero fue todo lo contrario, pues esto llamado colegio me mostró la realidad que pocos debemos vivir.

Al no ser un niño "normal" empecé a ser juzgado y rechazado en el colegio puesto que no compartía ciertos gustos como el jugar fútbol o ver las típicas series animadas de la época; recuerdo mucho que los niños me miraban raro y cuando pasaba por su lado murmuraban cosas como que yo era raro o estaba loco, y que lo mejor era no hablarme o simplemente ignorarme, así que los primeros años de mi vida fui ignorado por mis compañeros de salón, y muchas veces también fui ignorado por los que se suponía tenían que defenderme en este mundo, que realmente es inhóspito para un niño.

A medida que fui creciendo y llegando a los grados más altos de la primaria empecé a sufrir lo que ahora es llamado bulling y no algo bobo o sin ningún sentido, sino algo pesado, duro y traumático. Día a día para mi pararme de la cama era un sufrimiento, puesto que sabía que tenía que llegar a aquel lugar que era mi infierno, que tenía que darle la cara a aquellos que no hacían más sino disfrutar de mi dolor. Cuando llegaba al colegio tenía que estar más pendiente por mi integridad física que por aprender cosas nuevas y que supuestamente eran importantes para mi vida. Al saber que se aproximaba el recreo y que era muy probable que todos estas personas que sin ninguna razón me odiaban se iban a

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acercar a mi para lo que se le llama "montármela", mi estómago se retorcía y la ansiedad en mi crecía. Cómo era posible que siendo yo un niño ¿sufriera ya de ansiedad? Pues así era y esta ansiedad se fue formando y formando al punto de volverme una persona con sobrepeso, ya que mi única manera de escapar de todos estos problemas era comiendo. Yo para esa época tenía ochos años y ya tenía enfermedades que se consideraban de adultos, enfermedades tales como estrés, ansiedad, sobrepeso y la más pesada de todas, depresión.

Nunca fui capaz de decirle la verdad a mis padres o a mi hermana pues sentía que ellos se iban a desilusionar de mi y que no me iban a entender, porque mi hermana era todo lo contrario a mi, era una mujer que tenía amigos, que le iba muy bien en el colegio, que básicamente vivía en un mundo real. Así que por muchos años guardé este dolor que se demostraba porque día a día me iba volviendo más gordo, y que día a día me sumía más en una guerra sin sentido que no le desearía nunca a nadie.

Todas estas cosas hicieron que mis problemas en el colegio se agigantaran puesto que yo no quería hacer nada en ese horrible lugar, por ende mis notas empezaron a bajar y eso para el colegio era un problema mucho más grande que el hecho de que su educación no me sirviera de nada y que los compañeros de salón no hicieron más que acosarme y causarme daños psicológicos. Fui llamado de todas las maneras posibles y que a un niño nunca deberían llamarlo; me tildaron de gay, de rechazado, de gordo y todos los días me lo reafirmaban en mi cabeza y mi salida era comer. Qué situación más patética para un niño con tan solo ocho años de vida.

Eran cosas y situaciones que me hacían replantear si quería seguir viviendo, si realmente vivir valía la pena o si simplemente todo esto era basura y que lo mejor para dejar de sufrir y que mis papás no siguieran preguntando ¿qué era lo que estaba pasando? era irme de este mundo. Pues un día ni yo, ni mi mamá aguantamos más esta situación, así que ella como madre fue al colegio a pedir auxilio, a que le dieran explicaciones pero nada de esto se concretó porque como ya lo dije, a ellos no les importaba. La respuesta por parte del colegio fue que todo era mi culpa, que yo era un niño desjuiciado, malcriado y con problemas más allá de los que el colegio podía manejar, así que mi mamá indignada pero sobretodo entristecida con la situación, tomó la decisión con mi papá de sacarme de aquel lugar tan horrible. Pero un día antes de que ella me dijera lo que iba a pasar, la profesora titular de mi salón en quinto grado, tomó una de las decisiones que con más gusto y placer

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he hecho, me pidió que por favor le dijera a mis compañeros qué sentía y pensaba sobre ellos, para ella poder saber qué estaba pasando realmente, así que cogí la poca valentía y autoestima que tenía para pararme en frente del salón y decirle a todos aquellos que me hacían daño, lo que eran y así por lo menos que una persona supiera la verdad de mi historia. Después de ese momento llegue por primera vez feliz a mi casa, a contarle a mi mamá que yo era fuerte y que también podía defenderme de ellos, para recibir la noticia de que nunca más iba a volver a ese infierno llamado colegio.

Mi historia no acaba ahí. En el nuevo colegio fue igual y yo creería que hasta peor porque por lo menos en el primero sólo se metieron con mi psiquis, en el siguiente colegio se metieron con mi cuerpo, pues yo era gordo y nunca fui considerado bello para el sexo opuesto, así que fui golpeado casi que una vez por semana en mi bachillerato y la única mujer por la cual yo había sentido algo más allá de la amistad se burlaba de mi por mi cara, por mi forma, por ser yo. Mi vida no tenía sentido, mi mayor meta era graduarme y olvidar a todos.

Mi depresión y ansiedad se vieron forjadas día a día por el odio sin sentido de otros, de personas a las que nunca les hice daño o les dije algo para que me ofendieran o me trataran de esa manera, a tal punto que a la edad de quince años yo era un hombre que no sabía qué era la felicidad ni la amistad, que ésta sólo la encontraba en una máquina y que por mi hubiera preferido no tener que salir de aquel mundo virtual, donde yo era respetado y me podía defender, donde yo mandaba, donde yo podía conquistar por mi inteligencia y no por mi belleza, donde yo básicamente era dueño de mi vida.

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3.

A medida que fui creciendo me empecé a dar cuenta que las cosas no eran como yo me las imaginaba, que el cuento de hadas que siempre soñé probablemente no era como lo vislumbré, pero de igual manera yo siento y se que ese cuento que yo siempre soñé en algún momento me va a llegar y voy a poder cumplir el personaje de princesa que quiero ser.

Sofía, así me pusieron mis papas por la Reina Sofía, por ende desde pequeña me interesó mucho el mundo de las princesas y lo más cercano para poder entenderlo y digamos que vivirlo, fue Disney; amaba sentarme y ver películas donde el final era hermoso y el narrador decía la frase perfecta para toda niña de cinco años "y vivieron felices por siempre", pero lo más duro era saber que en mi corazón se escondía uno de los secretos más dolorosos que me marcaron para toda la vida y que ese mundo que yo amaba no era real.

En mi casa vivía con mi familia una señora que nos ayudaba con el aseo, en estos momentos no puedo y realmente tampoco quiero recordar su nombre, tal vez lo que me pasó no fue culpa de ella, pero pensar en ella y en lo que su hijo me hizo me hace detestar todo, así que no lo recuerdo. Ella tenia un hijo que sufría de síndrome de Down, era un joven con problemas, pero no es justo que sus problemas me marcarán para toda la vida. Un día estábamos solos y él se me acercó de una manera fortuita y poco amable, como él era raro para mi yo no le puse atención y seguí con lo que estaba haciendo, de un momento a otro yo voltee a mirarlo y él se había bajado los pantalones dejando su pene erecto a la vista, yo no entendía qué pasaba y sólo quería salir corriendo pero me obligó a chupar su pene, no me dejaba gritar y tampoco podía pedir auxilio. Cuando me dejó en paz y se fue yo me ataqué en llanto, era una niña que no entendía qué estaba pasando pero me sentí sucia y sola.

Después de que esto pasó, la señora se fue con su hijo para no volver nunca más y yo poder volver a estar tranquila. Nunca quise ir a un psicólogo para recibir ayuda y poder entender lo que me había pasado porque tenía miedo de ser juzgada, porque básicamente me daba pena. Pero algo que cambió en mi y hasta el día de hoy sigue igual, es el hecho de que le tengo cierta fobia a los hombres, al sexo masculino y esto hizo que yo no pudiera entablar una relación amorosa con un hombre.

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Les tengo cierto nivel de desconfianza, de asco, de... se puede decir que de odio, porque aunque yo sé que no todos los hombres son iguales y que mucho menos me podrían hacer algo como lo que me pasó, la vida me ha puesto en el camino hombres que no me han ayudado a poder quitarme ese recelo hacia ellos. Después de supuestamente haber superado ese hecho en mi vida entré al colegio y años después de una vida normal con los hombres, entré al bachillerato para sufrir el mayor desprecio y humillación que he recibido en mi vida.

En el bachillerato los niños y niñas pasan a ser jóvenes, por ende a tener diferentes cambios en su cuerpo y sus hormonas, lo que también se conoce como las tragas y los enamoramientos de colegio y así fue como empezó esto. Me enamoré de Juan, un hombre normal que no tenía nada de extraordinario pero que me hacia sentir bien, que no me daba asco estar al lado de él, que no me hacia recordar tan triste suceso de mi infancia, para mi él me hacia bien. Pero yo no era su estilo de mujer, lo conocí cuando perdí un año en el bachillerato y nos hicimos muy amigos solo que yo escondía mi amor por él por miedo a las burlas y a esas cosas normales en los colegios.

A medida que fuimos creciendo mi traga hacia Juan fue aumentando y así no estuviéramos juntos yo le era fiel, no era capaz de ver o sentir algo por otro hombre, él era mi príncipe azul y el que me iba hacer feliz por siempre. Pero un día me di cuenta que todo era mentira y que él solo estaba jugando conmigo, yo era un juguete para él, era la niña de la que se burlaban por creer que alguien como Juan se iba a poder fijar en mi. Porque un día ante todos sus amigos que también eran mis amigos me dijo que era fea, y que nunca se fijaría en alguien tan asquerosa como yo, para después cuadrarse con mi mejor amiga.

A pesar de esta humillación yo no podía sacarme de la cabeza a Juan, ni mucho menos sus burlas y asco hacia mi. Era realmente así de fea para causarle asco a un hombre? esto me marcó y hasta el día de hoy me considero asquerosa, horrible, fea y pueden llegar miles de personas a decirme lo contrario, pero yo sé que es mentira, que sólo lo hacen por quedar bien conmigo, porque yo sé que claramente soy fea y nadie me va hacer cambiar de opinión. Porque nadie en este mundo puede saber la sensación tan inmunda que uno siente al saber que para la sociedad eres fea, que es muy probable que te quedes sola porque no eres bella como la sociedad occidental lo impone. Y es más duro cuando para aquellas

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personas que tu supones son tus amigos, y se supone que son tu apoyo, te confirman que todo eso que aquel desgraciado me dijo, es verdad.

Unos días después, mi supuesta mejor amiga, una mujer prototípica, la cual todo hombre desearía, fue escogida por Juan para ser su novia porque ella sí era bonita no como yo, me reafirmó que yo sí era fea, que ella nunca me lo había dicho porque le daba pesar. ¿Pesar? causo pesar en las personas y ellos sabrán todo el dolor y mal que causaron en mi? es muy probable que no.

Los humanos sabrán todo el daño que le hacen a una persona con este tipo de comentarios y burlas? Realmente no creo, porque lo siguen haciendo sin nunca saber el daño que hacen, hasta que ellos mismos reciban de otro ese dolor. Por último solo queda decir que el resultado de todo este dolor es que yo no tenga autoestima, que no tenga nada de amor por mí, que no me valore, que yo misma haya aceptado el hecho de que soy fea.

Sabrán las personas que cada día que me levanto y al mirarme en el espejo es probable que sólo vea la fantasía de lo que ellos me infundieron, y que tal vez yo si sea linda. Que cada vez que un hombre se me acerca, mi reacción es de miedo a la probabilidad de que solo se me acerque para hacerme daño, que tal vez si yo hubiera sido lesbiana nada de esto me hubiera pasado y probablemente yo sería una mujer diferente y feliz, no creo que lo sepan y tampoco lo sabrán.

Lo único que puedo agradecer por esta experiencia es que me volví fuerte y ahora no dejo que se burlen, pero la semilla de la fealdad ya la sembraron en mi y espero algún día encontrar a aquel príncipe que acepte a su jorobado de Notredam.

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El ballet siempre se ha considerado una de las danzas más bellas y perfectas que hay en el mundo, pero no todo es color de rosa o cisnes bailando en completa armonía y perfección. Adentro de este mundo bello existe un infierno, un lugar lleno de celos y competencia por ser la prima ballerina o por lo que mi historia empieza y no ha terminado. Para el mundo soy Carolina, pero para mi mundo soy la mayor porquería que ha existido sobre la faz de la tierra, tanto fue el daño que recibí a lo largo de mi carrera como bailarina, que en este momento me considero lo peor que le pudo pasar tanto al ballet como a mi familia y conocidos.

A la edad de ocho años empecé a bailar y me encantaba poder sentir cómo el baile se unificaba con mi cuerpo y hacía cosas hermosas que me generaban sentirme orgullosa con quien era. A medida que fui creciendo mi cuerpo también creció y los cambios se dieron, empecé a tener caderas y busto pero eso no era correcto para mis profesores de la academia, puesto que hacían verme gorda, así que desde los doce años empecé con un régimen riguroso de dietas para poder adelgazar; para aquel año pesaba cuarenta kilos, pero para ellos eso era estar gorda. Con mis papas empecé dietas rarísimas y locas que ellos me ayudan y me apoyaban a hacer para que yo siguiera en mi mayor sueño, pero esto iba a ser el inicio del peor desenlace en mi historia de vida.

Luego de estas dietas entré a una nueva academia, esta era más importante y grande así que la competencia era más grande, pero para mi yo solo quería bailar, realmente me importaba poco si yo era la prima ballerina pero para mis compañeras sí era importante y ellas no me veían como una amiga, ellas me veían como su principal rival. Ante esta situación los profesores me imponían más el hecho de estar delgada, porque para ellos yo era una ballena y ellos no querían ballenas sobre el escenario así que por decisión mía y de mis papas entré a trabajar con una fisioterapeuta que me mantenía en un buen estado físico, pero que también me mantenía con una dieta que sí estaba bien hecha y me ayudaba a mantener mi peso ideal. Meses después ella se tuvo que ir del país así que yo quede a la deriva entre acusaciones públicas de que yo era una ballena y estaba gorda; y por otro lado el hecho de no sentirme cómoda y verme obesa. Así qué un día tome la decisión de hacer mi dieta a mi gusto y como yo quería, al darme cuenta que la diarrea me hacia sentir

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delgada porque yo sentía que perdía kilos sentada en un inodoro, empecé a buscar laxantes y en las indicaciones decía que para una persona mayor había que tomarse dos pastas pero yo quería adelgazar ya y sentirme bien, así que me tome tres, este laxante me causaba mucho dolor de estómago pero yo prefería este dolor al dolor de ser juzgada por ser una ballena.

Días después me enteré que mis compañeras compraban un laxante líquido en la droguería así que fui con ellas y me compré una botella para mi sola y me la tomaba más rápido que tomarme un vaso de agua, al darme cuenta que este laxante no me causaba dolor fue más el apego que logré con éste, pero igualmente alternaba las pastas con el líquido y así empecé a adelgazar a mi manera. Poco a poco le fui perdiendo el gusto a la comida así que comencé a usar el muy conocido meterme el dedo a la garganta para causarme el vómito, pero era tan grande mi necesidad de ser delgada que no me metía sólo el dedo, también me metía la mano; eso hizo que los ácidos estomacales y los dientes de mi boca me causarán ampollas en los nudillos de mis manos pero para mi mamá la respuesta era que me golpeaba al practicar en la academia.

Era tanta mi adicción por el ballet y por estar delgada que practicaba en la mañana, en la tarde, en las noches, los fines de semana y hasta los festivos, yo no quería volver a ser juzgada por mi gordura, yo quería ser perfecta y bella para mi ballet. En la academia solo mi compañero de baile sabía lo que estaba haciendo puesto que mis papás no permanecían conmigo y a la academia no le importaba, así que él se volvió mi confidente y más allá de eso, se volvió mi novio. Pero él solo quería mi cuerpo y cuando lo tuvo y se dio cuenta que yo tenía cosas más importantes en mi vida, empezó a buscar en otras lo que no encontró en mi, haciendo que yo pensara que no era lo suficiente mujer para poder estar con él, volviéndome mierda, era yo ya tan horrible que un hombre tenía que buscar en otra mujer belleza y placer?

Y no conforme con hacerme daño emocionalmente fue y le dijo a una profesora de la academia lo que me estaba pasando, para así también romper con la poca confianza que todavía le tenía; esto me hizo sentir acorralada pues a pesar de que esto era culpa de ellos nos les importaba con tal de quedar bien con mi mamá, llamándola y forzando a contarle toda la verdad a ella. Fue tanto el miedo que no la pude encarar, así que me senté a escribir una carta y dándosela para que ella supiera todo lo que estaba pasando. Su reacción fue

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terrible pidiéndole ayuda a mi papá que no vive con nosotras en la ciudad por cuestiones de trabajo, así que apenas pude me fui con mi padre a hacerme exámenes para ver en qué estado estaba mi cuerpo.

Los exámenes no fueron satisfactorios, mi sistema digestivo estaba en un estado de miseria lamentable, era tanto el grado de desorden que había causado que el estómago ya no hacia su trabajo y por ende mucho menos los intestinos, de tanto laxante, vómito y diarrea se me formaron hemorroides y tuve que pasar las penas más grandes del mundo que contaré más adelante.

Después de todos estos exámenes y de mil charlas con doctores y especialistas, volví con mi mamá para darle la cara a la realidad, así que tome la decisión de empezar a comer pero no como una persona normal, era de empezar a comer como si nunca lo hubiera hecho, entonces tenía atracones para después sentirme como una mierda y no sólo mi mente también mi cuerpo obligándome a vomitar todo lo que me comía, y me volví una mujer de extremos o no comía nada o me comía todo, pero la respuesta para estos comportamientos era la misma, vomitar.

Al volver al ballet yo era claramente una ballena y las risas y los murmullos entre mis compañeros y profesores no se hacían esperar, era un payaso, un juguete para ellos, no les importaba si yo estaba bien o si yo estaba en el infierno más grande del mundo, yo ya no era yo, estaba en un conflicto conmigo misma por estar bien, por ser delgada, por ser perfecta para otros y no para mi. Con todos estos problemas decidí salirme de la academia y darme un tiempo para recuperarme pero ya era demasiado tarde, cuando tuve que volver a realizar el ICFES para entrar a la universidad mi estado con los laxantes y las dietas a lo piña, atún y agua me tenían mal, más mis atracones de comida chatarra hicieron que yo ni siquiera pudiera aguantarme la diarrea, entonces estando en el examen no pude más y me hice popo en los pantalones, era la personas más patética y estúpida del mundo, yo pensaba que tristeza de niña, pobrecita, tan grande y todavía se hace en los pantalones, que asco de persona, que asco de persona.

Y así siguió mi vida, una vida de extremos, de peleas, de dolor, de asco, de odiarme. Sin poder hacer nada y después de rechazar muchos psicólogos, psiquiatras y terapias, no pude aguantar más y tome la decisión más grande de mi vida, pedir auxilio. Inmediatamente empecé a ser tratada tanto por una psicóloga para trastornos alimenticios

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como por una psiquiatra porque todo esto había causado en mí depresiones, auto lesiones, trastornos de pánico y de ansiedad, teniendo que medicarme para tener una vida supuestamente normal.

En las terapias se me pidió hacer una bitácora donde escribiera todo lo que sentía y que me pasaba, que le diera un nombre a ese altar ego que había formado y el cual me guiaba o me hundía más en este infierno y al buscar y buscar encontré que yo era como el gollum, con una doble personalidad tan fuerte que me ahogaba en un mar de pensamientos y odios que ustedes no se pueden imaginar.

Yo soy todo lo malo y asqueroso que hay en este mundo, si pasa algo malo es mi culpa, si como y vomito es mi culpa por ser tan asquerosa y no querer a mi cuerpo, si me va mal en la universidad soy bruta porque no puedo como las personas normales, si no me entra la ropa es porque soy una ballena, un cerdo asqueroso que no puede dejar de comer, si no puedo bailar es mi culpa porque no soy rigurosa con mis dietas para ser delgada y perfecta. Básicamente si soy yo, es estar mal, porque yo soy un ser nauseabundo que no debería existir en este mundo.

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5.

Cómo empezar a escribir esta historia, realmente no se, así que solo escribiré con… espero, algún sentido para que se entienda y de alguna manera u otra pueda pasarles algún sentimiento, emoción o enseñanza. Todo empieza en el momento de nacer, de nacer siendo un ser totalmente indefenso en un mundo que realmente considero mas mierda que algo bello, duro pero cierto y así es, la vida básicamente es como una mezcla o un balance entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, y así sucesivamente, pero creo yo que estoy mas en lo feo y malo que en otras cosas.

Nací hace mucho años ya y siempre he tenido que llevar una marca en la frente “pequeña”, pues si no soy la persona mas alta del mundo porque tuve un problema con la hormona del crecimiento desde muy pequeña, así que valga la redundancia desde muy pequeña he sido una mujer de estatura bajita y se me ha juzgado, criticado y hasta ofendido por esa mínima característica de mi vida, una particularidad de mi cuerpo que realmente a nadie debería importarle, ni mucho menos hacerme mas o menos persona, pero en este mundo en el que nací parece ser que ser chiquita es un pecado y yo tuve que pagar por ese pecado.

Desde que entré a estudiar, ya fuera el jardín, el colegio y hasta la universidad, he sido marcada por ser de baja estatura, no quiero que se imaginen que tengo algún problema físico mas grave como enanismo o algo así; no, simplemente soy bajita mido 1,55 metros, casi que metro y medio, como se les conoce en el mundo. Se me ha tildado de cuanto animal, diminutivo o cosa chiquita puedan imaginarse tales como pulga, enana, chiqui, hormiga, etc. y si le sumamos a esto que tengo un nombre en diminutivo pues me llamo Juanita ya podrán imaginarse las montadas que he tenido a lo largo de mi vida, frases como “cuidado la piso, pulga” o “sí me escucha, porque como es tan enana de pronto no me oye”, “sí alcanzas a ver o te alzo, chiquita” o la mas interesante de todas “pero es que tú debes de ver todo diferente porque como eres tan pequeña” pero la que gana el premio es “tu nombre te lo pusieron en diminutivo porque eres tan chiquitica, cierto” son cosas que hicieron que toda mi manera de ver el mundo cambiara pues me volví sumamente tímida, soy tan chiquita que el mundo no debe escucharme o verme, trato de pasar lo mas desapercibida posible, básicamente me siento inferior a todo lo que me rodea.

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A esto le debemos sumar que no soy una mini-modelo ni tampoco estoy en los estándares de bellezas occidentales y mucho menos en los orientales, así que también a lo largo de mi vida he sido rechazada y juzgada por mi físico, lo que nos resulta en un sin fin de burlas por no ser bonita. No, yo soy una mujer de pelo negro, nariz grande, ojos mal mirados y muy oscuros, cejas muy gesticuladas y boca grande, además soy una combinación de razas por lo que para el mundo soy de cara morena pero con cuerpo blanco. Esto hizo que para los hombres en mi juventud fuera un bicho raro, se burlaban de mi en mi cara, me robaban las cosas del colegio para hacerme llorar y poder demostrar que era horrible, me rompían mis cosas porque para ellos yo no merecía tener nada lindo, me hacían bromas del tipo de apostar quien se “cuadraba” conmigo mas rápido para hacerme llorar y poder burlarse del nuevo chiste que hizo el payaso enano del salón, y así pasaron muchos días, semanas, años que yo solo quería irme de aquel lugar tan horrible al que estaba obligada a ir.

Las mujeres, que para mi pueden ser mis mayores enemigas, no todas por supuesto, porque tengo que aceptar que he conocido un sin fin tanto de mujeres como hombres espectaculares que hacen de mi vida algo mas aguantable, pero igual existen las personas que realmente son un problema en mi vida y las del colegio superan todos mis estándares, ellas como no podían dañarme físicamente, lo hicieron psicológicamente. Yo creo que en mi vida había tenido que aguantar tantos chismes, tanto murmullo, tanta burla a mis espaldas, pero lo mas grave es que hasta el día de hoy no se el porque de su odio hacia mi, como dije anteriormente yo me siento completamente inferior a todos, así que porque yo iba a ser un problema para ellas, esa respuesta hasta el día de hoy no la tengo y creo que nunca la tendré.

Aparte de ser tildada con todos los sinónimo de chiquita, fui llamada lesbiana porque solo tenia una amiga en el colegio y nos la pasábamos juntas y cuando ella se retiró del colegio quedé completamente sola, entonces ahora era la anti-social, la rechazada del salón y aparte era la lesbiana, entonces nadie se me acercaba porque los hombres me consideraban una marimacha y las mujeres creían que les iba a caer. Así que mi vida en el colegio no era muy amable y realmente día que pasaba era un día que yo me arrepentía de vivir.

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Mucho tiempo después de tratar de hacer amigos y amigas, pero que después de un chisme o cualquier cosa que se inventaban de mi, esos amigos se iban llego el año mas esperado para mi generación pero mas odiado para mi, llego el año de los quinces, donde pasábamos de niñas para pasar a ser una mujeres y creo que no pude con todo el odio que sentí, era tan grave el sentimiento que había contra mi que no me invitaban a las fiestas o si lo hacían era por obligación, porque por alguna razón les caía bien a los papás y las obligaban a invitarme, pero al recibir la invitación no era normal la energía negativa que irradiaban hacia mi. Era tan horrible que yo les rogaba a mis papás que no me llevaran, pero eso era darles gusto así que llegaba yo con mi horrible cara, mi “en transformación” cuerpo y los vestidos que podía medio conseguir para ir a estos lugares, a medida que llegaba la fecha de cumpleaños yo rezaba para que mis papás se arrepintieran de hacer la tan famosa fiesta pero realmente no hubo poder humano que detuviera tan nefasta fecha.

Pero meses antes de mi “esperado” quinceañero ocurrió algo que hasta el día de hoy me pesa y creo que ya tengo las agallas de decirle al mundo que es culpa de éste, por ser tan déspota y poco comprensible, por ser una completa mierda. Mi nana fue una mujer que me acompañó desde que nací, no era propiamente mi abuela pero era la mejor amiga de mi abuela así que era como mi otra abuela, ella enfermó muy grave en aquel año y era la única persona a la que le podía contar todo, porque me escuchaba y no me juzgaba, eso era tan importante para mi, que no me juzgaran, catorce años de mi vida juzgada por cosas tan estúpidas como mi estatura y ella solo se quedaba mirándome y escuchándome, era todo lo que le podía pedir al mundo.

Yo llegaba del colegio a cuidarla, pues nos turnábamos con mi familia para ayudarla en su día a día, pero conmigo era diferente porque pasaba horas contándole todo lo que yo sentía para que al final de nuestra conversación ella respondiera con el gesto mas sincero y hermoso del mundo, una sonrisa. Yo me regresaba a mi casa tranquila con fuerzas de seguir viviendo, de luchar contra toda esa humillación que recibía día a día en aquel lugar de mierda. Un día en la mañana mi nana se nos fue, se fue mi única amiga sincera y me dejó sola, en un mundo miserable que me odiaba y yo no podía entender porqué me había dejado sola, así que un día en que las burlas, el maltrato, la humillación y el odio llegaron a su máximo esplendor, llegué a mi casa con la decisión de que yo no quería seguir sola, así que me iba a ir para estar con la única persona que me escuchaba, con mi nana. Cogí un

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cuchillo y me corté tan profundo como pude mi muñeca izquierda y hasta ahí debía llegar mi vida, pero no fue así.

Estuve hospitalizada varios días en la clínica, el primer día en cuidados intensivos mientras recuperaba la sangre perdida y las fuerzas para medio respirar por si sola, después ya pasé a un cuarto normal donde para mi familia estaba ahí por quistes en los ganglios, pero para mis papás yo había tenido un intento de suicidio. Nadie entendía qué había pasado, nadie sabía qué me pasaba porque la única persona que sabía todo estaba muerta y yo quería estar con ella. Por este tipo de pensamientos suicidas después de un intento de estos entré al mundo de la psicología y la psiquiatría para ser tratada y no ser una “emo” para el mundo, sino tratar de llevar una vida convencional pero con cuadro depresivo crónico con complejo de inferioridad y pensamientos suicidas.

Mi odio hacia el mundo era gigante, mi odio hacia mi misma era aun mayor, tan grande que cuando volví a mi casa lo primero que pedí era que taparan todos los espejos que habían, yo no me quería ver, yo no quería ver una cara tan asquerosa como la mía, la cual no merecía vivir y un cuerpo que debería estar muerto. Así sucesivamente estuve bajo un tratamiento muy estricto, para poder estar sentada el día de hoy contándoles esto con lágrimas en los ojos, pero contándolo. Después de mucho tiempo me volví cada vez mas fuerte, pero mas dura con el mundo, yo no sonreía, no hablaba con nadie, era yo sola ¿pues esa no era la finalidad de tantas cosas que me dijeron?, lograron lo que querían, que me volviera una persona completamente seria y sin nada de ganas de vivir.

Así que después de nueve años muchas cosas han cambiado; yo aprendí tanto de ese dolor que sentí, para ahora sentirme orgullosa de quien soy, puede que no tenga la auto-estima mas alto del mundo, tampoco me siento bella, ni tampoco he superado la depresión porque como bien dije es algo con lo que voy a vivir toda mi vida, pero por lo menos ahora ya se cómo manejarlo y con mi complejo de inferioridad ahí vamos, todavía me da duro el mundo, pero por lo menos ahora se que no voy a buscar soluciones fáciles sino reales a mi vida.

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6.

Este mundo es difícil y complicado, no se nace con todo realizado y listo para vivir, sino que hay que luchar por las cosas para poder cumplirlas y ser alguien en este mundo, pero como dije las cosas no están perfectas y uno puede nacer diferente a todos los demás. Mi nombre es José y nací con un trastorno neuro-psiquiátrico llamado Síndrome de Tourette, el cual básicamente es una serie de tics físicos y vocales que me hacen ser una persona diferente o rara para los demás.

Nací en una época donde los avances científicos estaban empezando para mi enfermedad, por ende tampoco fui seguido por un tratamiento para mi trastorno, así que nuca fui visto como una persona buena o normal, siempre fui considerado tanto para mi familia como para la gente que estaba a mi alrededor como una persona rara, fui excluido desde que nací porque básicamente nadie podía entenderme o aceptarme por lo que yo era. Así qué para poder darle una solución a mis problemas mis padres tomaron la decisión de enviarme a los Estados Unidos de América para empezar con mi tratamiento y así empezar a vivir sin el prejuicio del hermano o del niño raro.

En Estados Unidos todo cambio, la vida era casi que perfecta pues en este nuevo mundo la gente me aceptaba y me entendía, yo era un humano más, no el niño diferente sino un niño más. Pero este viajé hizo que me volviera una persona totalmente desprendida de mi gran familia, pues yo era el menor de cinco hermanos “sanos” y se puede decir que se olvidaron de mi y yo de ellos. Yo vivía con mi tía, una mujer que admiró y puedo considerar casi que otra madre pues ella me dio lo que en mi casa nunca me pudieron dar, amor, pero no sólo amor también me dio comprensión y entendimiento, nunca me juzgo.

Pero el Tourette me trajo un sin fin de problemas pues para mi es muy difícil contener mis tics tanto físicos como los vocales, pero estos son los más complicados pues en cualquier momento puedo empezar a ser grosero y maltratar a las personas, así que esto me volvió una persona solitaria sin muchas posibilidades de concretar relaciones sociales. Después de salir del colegio y con un tratamiento que me ayudaba a controlarme, la universidad fue más fácil para mi proceso de crecimiento, puesto que pude estudiar y concretar una carrera universitaria. Este tipo de síndromes traen sus contras pero también traen sus pros, y mi pro es que soy una persona sumamente emocional y artística, haciéndome una persona privilegiada en el campo del arte.

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No estudie arte como tal porque sentía que no podría manejar mis tics para realizar cosas como la escultura o el dibujo, así que estudié diseño de marcas y fotografía, era una manera de poder sacar todo lo que sentía y a su vez podía crear cosas sin tener que recurrir a los caminos comunes del arte. Pero como otra de las muchas piedras en mi camino, nunca he podido trabajar en lo que me gusta.

La fotografía la tomé como un pasatiempo para poder mostrar lo que para mi es único y el humano debería de observar más en cambio de estar tan ocupado en otras cosas tan vanales que por el afán de la vida moderna se olvida, yo creo que esa es una de mis mayores virtudes puesto que realmente yo siento que son pocas y muchas veces siento que son inútiles.

Por mi condición física el diseño lo deje para mi, porque las empresas a las que quise pertenecer nunca me aceptaron y mucho menos fueron capaces de entender mi enfermedad, ya que para ellos era un retrasado mental, que no tenía la capacidad física y mental de poder trabajar con ellos. Así qué he sido de todo en la vida para poder salir adelante y no tener que depender de mi tía o aquella familia que deje atrás. He sido desde cajero hasta taxista, pero nunca he sido algo concreto, me ha tocado asimilar que no puedo apegarme a algo por mucho tiempo ya que mi enfermedad no me lo permite, y esto de alguna u otra manera es duro porque me ha formado como alguien completamente solitario. Es muy difícil que otras personas te entiendan, mucho menos te acepten y te tengan paciencia porque esto básicamente es de paciencia y mucho amor hacia mi.

La verdad es que el amor es algo que eh añorado toda mi vida, encontrar a aquella persona que pueda apoyarme y no juzgarme, entenderme y no hundirme en una situación que realmente esta fuera de mi control. Después de vivir treinta años en EEUU, volví a mi país natal para volver a ver a mi familia, aunque de alguna u otra manera ni ellos ni yo queríamos saber del otro, fue algo más por cortesía que porque yo quisiera. Como me lo imagine volver fue recordar todo ese rechazo y tristeza que tuve, pero con la capacidad de entender que más que un problema mío era un problema de la sociedad por no entender y ser pacientes con lo que yo soy.

Realmente pase muy poco tiempo en mi país, pues yo ya no lo consideraba mi patria sino aquel lugar que por infortunio tuve que nacer ahí y de dónde quería irme rápido, pero no todo fue malo o eso creía yo, al re-encontrarme con mi familia también me encontré con

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viejos conocidos, porque amigos no tengo, en donde se supone que encontré el amor pero un amor que no me trajo más que tristezas y más soledad.

Teresa, se llamaba aquella mujer que fue linda conmigo hasta donde le sirvió porque ella lo único que quería era salir de su infierno de vida. Como yo había vivido desde pequeño en EEUU, me otorgaron la nacionalidad gringa y eso era lo que Teresa ansiaba de mi, se casó conmigo buscando una salida fácil a todos sus problemas pero no se casó por amor a mi o porque ella realmente pudiera entenderme y apoyarme. De ¿qué me servía a mi tener a alguien así a mi lado? De nada, lo único que hizo fue complicarme más mi vida de lo que ya era, y aportando un granito más de soledad en mi vida. Claramente no duramos mucho y casi pierdo mi nacionalidad por ella, ya que al darme cuenta que ella solo quería eso y si le molestaba en exceso mi condición, tratándome mal y humillándome, yo no dudé dos veces en pedirle el divorcio, pero ella para vengarse lo único que hizo fue decirle mentiras a los gringos para que yo también me quedara estancado.

Pero ellos no son bobos y pude mantener mi nacionalidad sin ningún problema, volviendo a aquel país donde me sentía cómodo. Solo y con una tristeza que no sabría cómo explicarles, volví con la cabeza baja y deseando no tener que regresar a aquel lugar para no tener que volver a recordar malos momentos. Como yo, un simple humano más que era diferente al resto por una condición tenía que ser rechazado y juzgado? ¿Cuál era el problema? Básicamente yo, ese era el problema.

Así qué volví a mi rutina de vida, controlar el Tourette, trabajar en lo que me saliera para poderme pagar mi único lujo que era la fotografía, tratar de entender a todos aquellos que me rodeaban para ver si ellos me podrían entender a mi algún día y asimilar el hecho de que mi marca no era el Tourette sino la soledad a la que de alguna u otra manera ya me había acostumbrado y que es con la que viviré el resto de mi vida.

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7.

Para poder sobrevivir a esta vida hay que ser muy verraco y tener los pantalones de aceptar que lo que se viene para poder llegar a la muerte tranquilo, es muy duro y complejo. Mi nombre Raúl, mi profesión y a mucho honra taxista porque gracias a ese carro es lo que soy y seré por mucho más tiempo, pero nunca me imagine que por ser lo que más amo en esta vida, claro, después de mi familia me habría de sentirme avergonzado.

Cuando llegue a esta ciudad no me imaginaba que fuera tan majestuosa, era algo tan increíble que por allá de donde yo vengo no se podría ni siquiera imaginar. Pero al igual de majestuosa también era dura, es una ciudad donde nadie se conoce y realmente ha nadie le importa conocer al que esta caminando al lado suyo en el día a día, sólo importa conseguir el dinero para poder mantener la vida propia o la de la familia. Es una ciudad que es dura con el que no conoce y aún más dura con el que no tiene las agallas ni mucho menos las ganas de salir adelante.

Salí de mi pueblo con la ilusión de no quedarme estancado como todos aquellos que se quedaron allá, yo quería vivir, conocer cosas nuevas, aprender y entender nuevos rumbos pero nunca me imagine ser tratado de la manera en que he sido tratado por esta ciudad. Cuando llegue traía literalmente tres trapos, cien mil pesos y a la Virgen del Carmen para que me protegiera de todo peligro, a medida que iba entrando a la ciudad empecé a ver los cambios sociales que la ciudad tenía por la manera en que estas estaban construidas. Al principio eran barrios lindos y casas en las que daban ganas vivir pero yo sabía que para donde me dirigía nada de eso iba a estar.

A medida que fui creciendo en esta ciudad y dejando a un lado el pensamiento de pobre que realmente nunca quise tener pero que la sociedad me impuso, me fui volviendo más duro con el mundo y conmigo mismo, yo no quería ser pobre, para el mundo lo era pero para mi nunca habría de admitir que era pobre. Encontré a una mujer bella que al igual que yo era verraca y quería salir adelante, y con ella forme mi familia. Tengo a mi esposa, dos increíbles hijas y un varón, el menor.

Para esta época y con mucho ahorro, ya había podido comprar mi taxi llevándole a mi familia y con el apoyo de mi mujer lo que se necesitaba para vivir bien y dejar de ser pobre. Porque algo que siempre tuve claro es que “podía comer toda la mierda del mundo, pero que me supiera a pollo” y así fue, comí toda la mierda del mundo, porque fui rechazado de

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muchos trabajos por no tener un título universitario, no se me trataba con respeto por no ser un citadino y si ser un campesino. Se me tenía lástima por tener que cargar bultos en una plaza de mercado y no ser un gran ejecutivo como los que se veían pasar rápidamente por las cercanías del trabajo, pero realmente eso no me derrumbo, es más me hacia fuerte y con más ganas de dejarles las bocas cerrada a todos aquellos que no habían creído en mi. Es duro y creo que siempre será duro, pero aquí estoy viviendo bien y recordando como llegue sólo con cien mil pesos.

Pero así como la vida me crió en el campo y me afianzo en la ciudad, a mis hijos también los cambio por completo. Vivir en la ciudad rodeado de cosas que en mi infancia nunca me hubiera podido imaginar que existieran y mucho menos tener, a ellos con el esfuerzo del mundo se los pude dar, pero a veces siento que ese fue el mayor error que he cometido en mi vida. Mi mujer y yo los criamos con todo el amor y respeto que se le puede dar a un hijo para que al crecer fuera una persona de bien y estuviera guiado por el buen camino y así fue, mis tres hijos ya son unos jóvenes adultos que estudian en las que yo considero son excelentes universidades.

La mayor ya se graduó de Medicina de la Universidad Nacional, la del medio estudia Biología en la misma universidad que la hermana mayor y mi hijo menor, mi varón logro entrar becado a una universidad privada, y eso es mucho orgullo el que le puede traer a uno como padre de familia. Mi hijo, Sebastián entró a la Universidad Externado, para ser abogado, no había mayor orgullo para mi mujer y sus dos hermanas. Todos mis hijos serían alguien en la vida y nunca serían rechazados por pobres o no ser estudiados, como sus padres pero lo que nunca me imagine fuera que mis hijos me rechazarían por ser quien soy. Mis hijas al estudiar en la Nacional, les quedaba fácil llegar a la universidad desde el apartamento, pero a mi hijo le quedaba un poco más complicado puesto que la universidad era en el centro y como gran ciudad que se respete, los trancones y problemas de tránsito no se hacían esperar, así que para que a mi hijo no se le hiciera tarde y tampoco tuviera que soportar el caos de tránsito le pedí el favor a mi compañero de la mañana que lo llevara y lo trajera para así hacerle la vida más cómoda.

Mis hijas se llevan muy bien con su madre, claro que conmigo también, pero con su madre hay una conexión única que yo respeto y admiro, y eso pasa con mi hijo, yo por ese muchacho hago lo que sea necesario con tal de que tenga todo lo que yo no pude tener. Así

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qué con mi compañero de la mañana hicimos el trato de manejar yo más en las tardes y noches para recuperar la plata del viaje de mi hijo y así compensarle a él por su colaboración en las mañanas. A medida que el muchacho fue avanzando en los semestres más altos mi orgullo hacia el era inimaginable, lo tenía en un pedestal, era verme a mi logrando mis sueños más grandes, pero hubo un momento en donde dejo de ser mi hijo, para pasar a ser un completo extraño.

Una mañana mi compañero no pudo hacer los viajes de la mañana, así que cambie con el y lleve a mi hijo como todos los días a la universidad, cuando íbamos llegando el me pidió que lo dejara unas cuadras más abajo de la universidad, le pregunte que porque? ¿Cuál era el problema de dejarlo frente a la universidad? A lo que me respondió sin pensarlo dos veces “es que... papá me da pena que mis compañeros se den cuenta que eres un taxista. Yo tengo que mantener una reputación” , se bajó del carro y vi como poco a poco se iba caminando sin preocuparle cualquier tipo de consecuencia que hubiera en mi.

Quede completamente perplejo, triste, decepcionado pero sobretodo humillado, como era posible que todo aquello por lo que había luchado, todo ese miedo que había dejado en aquel pueblo había vuelto a mi. Yo era alguien honrado y todo lo que había logrado se había esfumado. No había ninguna razón lógica para que mi hijo, aquel que yo amaba y respetaba me hubiera hecho esa canallada, me había escupido en la cara para dejarme ahí tirado como lo que al fin y al cabo era, un simple taxista.

Después de eso, mi relación con mi hijo se acabó completamente, yo no podía respetar a alguien que no me respetaba a mi, que básicamente para el yo era un empleado más, no su padre. No fui capaz de decirle a mi mujer ni mucho menos a mis hijas, simplemente por pena, una pena que al día de hoy me guardo y así será hasta que llegue a mi tumba.

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8.

A pesar de que vivo en un estado donde según la ley es una país laico, o sea que se respetan todas las religiones hay una gran cantidad de compatriotas que somos profundamente católicos, seguimos ciertas leyes y somos muy devotos de la Santísima Virgen María.

Mi nombre es Magnolia y soy una mujer que ha vivido muchas experiencias a lo largo de esta vida, he vivido experiencias bellas como también he vivido experiencias muy dolorosos, que tomó como pruebas que me pone el señor para ser una mejor hija de Dios. En mi época de juventud se me enseño a respetar pero sobretodo a estar ligada con Dios y la Santísima Virgen, a ir todos los domingos a misa para redimir mis pecados y ser una buena católica, pero sobretodo se me enseño a estar agradecida por las bendiciones que mi Dios, nuestro señor me ha dado.

Por eso toda mi vida he sido muy consciente de que mi señor esta conmigo, que el esta ahí tanto para ponerme cosas buenas como cosas malas, para así entender y amar la vida que el me dio. A la edad de los treinta años tuve una de esas experiencias que marcó mi vida, quede en embarazo pero este fue tortuoso y realmente doloroso, los médicos no daban mucho por mi vida y por la de mi hijo, así que básicamente uno de los dos nos podría sobrevivir puesto que se salivaba a mi hijo o me salvaban a mi, en un sueño que tuve en aquella época en la clínica mi Dios nuestro señor se me anunciaba para decirme que aquel que habitaba en mi cuerpo tendría que desprenderse de mi y que yo con el mayor amor del mundo tenía que dejarlo ir. Así qué al día siguiente se me realizo una operación para poder salvar mi vida pero perder la de mi hijo. Yo entendí que esto era un designio de Dios y que esto estaba pasando porque mi vida estaba en manos de Dios y si ese bebé no era para mi era porque Dios me tenía otras cosas buenas para mi vida.

Siempre vi la vida de tal manera de que así como Dios me ponía cosas bellas y únicas en mi vida también tenía la capacidad de quitarme otras para hacerme más fuerte y una mejor hija, por ende siempre tome las cosas buenas y malas de una manera sumisa y agradecida ante Él.

Más adelante otra situación dolorosa se vio reflejada en la pérdida de uno de mis riñones por una dolorosa infección, la cual puso en riesgo otra vez mi vida. Pero por mis convicciones y amor hacia la Santísima Virgen ella me realizo el milagro de poder vivir,

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haciéndome aún más fuerte y más decidida con respecto a mi amor y devoción por mi religión católica.

Pero no todo era malo, así como Dios me puso pruebas tan grandes de vida, también me recompenso, esto se podía observar en los frutos que me daba mi trabajo. Durante más de veinte años trabaje en el Fondo de Empleados de una empresa muy grande en el país, en la cual poco a poco fui ascendiendo gracias a mi esfuerzo y trabajo para llegar finalmente al puesto de gerente en el fondo. Mi trabajo era respetado y valorado y yo era valorada y respetada por lo que hacía, y gracias a esto empecé a ver como mi labor en el fondo cada vez iba dando sus frutos y esto me llenaba de orgullo porque implicaba que lo que estaba haciendo estaba bien. El fondo empezó a funcionar de una excelente manera, logrando metas y objetivos que un principio se veían difíciles y complicados, pero lo que más me regocijaba era saber que todo esto era porque mi señor Dios misericordioso, no me abandonaba nunca.

Un día, durante la entrega de un informe empecé la reunión con un discurso de agradecimientos a mis compañeros por su trabajo realizado, a la vez que también era un discurso donde yo quería mostrar lo orgullosa que me sentía por todo lo logrado y como estaba agradecida por tantas cosas buenas hacia Dios. Yo esperaba que este discurso fuera bien recibido, que mis compañeros al igual que yo se sintieran orgullosos de todo lo logrado hasta aquel día pero no fue así, contrario a mis expectativas y a mi alegría me encontré con la triste situación de que uno de mis compañeros se levantó bruscamente para decirme con mucha rabia en su vos que “esta es una empresa laica y yo le ordeño a usted Magnolia, que por favor deje de dirigirse hacia un Dios que no existe y sólo está en su vida...” . Quede atónita, sin ganas de nada, ¿cómo era posible que aquellos que por tanto tiempo habían sido mis compañeros y hasta mis amigos me estuvieran tratando de esta manera?

No conformes con aquella humillación, este fue el inicio de una serie de rechazos y maltratos hacia mi, me ¿maltrataban por ser creyente?, me hubiera gustado que estas críticas hubieran sido directas, que me las dijeran en la cara, que por mínimo se hubiera hablado para llegar a un acuerdo y no tener que pasar día a día en un ambiente social donde cualquier cosa podía ser un murmullo o una conversación sobre mi a mis espaldas.

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Además de las humillaciones constantes y el mal trato por parte de mis compañeros de trabajo hacia mi, empezaron a haber situaciones en donde ni siquiera mi trabajo valía, yo era un cero a la izquierda para la empresa que con tanto amor había ayudado a construir para ser lo que era en ese momento. Mi sueldo fue bajado de manera injusta y arbitraria, que no tenía sentido alguno más que el hecho de ser una creyente a la religión católica, también mis bonificaciones por el trabajo y otros premios que se adquirían en el transcurso del año, se me fueron quitadas de la misma manera que el cambio de mi sueldo y todo esto por agradecerle a Dios que todo estaba saliendo bien.

Como era posible que fuera violentada por el hecho de ser quien yo era, que por mis convicciones fuera atacada y ofendida. Pues realmente no pude más, no aguanté más dolor injusto y decidí tomar la decisión más triste pero más importante que he tomado a lo largo de mi vida, renunciar. El presidente de la junta al igual que las pocas personas que me conocían y me querían por quien yo era y no por lo que se suponía que debía de ser, estuvieron en contra de mi decisión pero esta estaba más que tomada.

La empresa me tuvo que indemnizar por discriminación religiosa en una empresa que muy bien era laica pero no por ello se deberían de faltar al respeto las creencias de otros; y en un país en donde no se le debe de juzgar a nadie por raza, religión o color de piel. Pero yo podía decir que era una más del montón, que ya ningún perdón iba a poder lograr que yo me sintiera cómoda en el lugar que alguna vez ame y por el cual entregue casi que mi vida, que mucho menos podía estar tranquila sabiendo que iba a ser juzgada por mis creencias, por quién era yo, que había sido violentada por personas que realmente poco les importa lo que el otro necesite o piense y que esta situación está más cerca de todos, más de lo que cada uno de ustedes podría imaginar.

Y que al fin y al cabo las cosas pasan por algo y si mi señor así lo propuso para mi vida, entonces la Santísima Virgen y Dios proveerán.

Referencias

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