DIPLOM?TICOS DEL
SIGLO XIX
Frank Sanders Toiuson State College
La naci?n mexicana carece de orgullo por el pasado, de emoci?n por el pre
sente y de fe en el futuro. Es un barco que se hunde; no hay fuerza que pueda salvarlo.
De Ambroy C?nsul Franc?s en Tampico
En M?xico el cielo y la tierra son mag n?ficos, pero los hombres no se parecen a?n a la especie.
Alexis de Gabraic Ministro Franc?s en M?xico
?Por qu? las naciones europeas, particularmente Francia y Espa?a, mirar?an hacia M?xico como hac?a un campo f?rtil para la monarqu?a o simplemente para la intervenci?n? Cier tamente los franceses no hubieran emprendido una aventura tan costosa y complicada como la de poner a Maximiliano en el trono de M?xico, si no hubieran tenido la s?lida con vicci?n de que el resultado redundar?a en su provecho. Hubo, ciertamente, razones econ?micas y pol?ticas. Tanto como el resto de Europa, Francia estaba perfectamente enterada de la "riqueza de las Indias'5, y en el pasado se hab?a benefi ciado de esa riqueza. El Ensayo pol?tico de la Nueva Espa?a de Alejandro von Humboldt, aunque escrito en la ?poca co lonial, hab?a trazado las l?neas y convocado la imagen de una inmensa y rica regi?n, pobremente explotada por una Espa?a decadente. La imagen, en ning?n sentido nueva, fue
revivida con un colorido adicional por el brillante estudio de Humboldt.
Los muchos cambios de gobierno que M?xico hab?a su frido desde la Independencia, crearon en las mentes de los europeos un cuadro de caos e inestabilidad: el de una tierra desgarrada por constantes revoluciones, donde la vida y la propiedad eran totalmente inseguras. Las minas y las ha ciendas hab?an marchado a la ruina y los grandes recursos del pa?s no estaban siendo cabalmente explotados. No se consideraba a los mexicanos capaces de gobernar el pa?s.
Europa deb?a venir en su ayuda, proveerlos de un go bierno estable (preferentemente una monarqu?a), y apartar
los as? de la ruina. Tambi?n estaba presente en estas esti maciones, el deseo de prevenir la r?pida difusi?n de los principios republicanos y de contener la expansi?n de los Es
tados Unidos hacia el sur.
?Qu? fue lo que puso a rodar estas concepciones de M? xico entre las potencias europeas? Jugaron un papel impor
tante los informes y la correspondencia de los funcionarios diplom?ticos; reportes y cartas ayudaron a crear el clima
intelectual y el ambiente que modelaron las ideas y la visi?n europeas sobre el pa?s americano.
Angel Calder?n de la Barca, un consumado realista y primer embajador espa?ol en M?xico, no perdi? tiempo en
informar a su gobierno que su primera impresi?n (y ?nica, porque ya no cambi?), despu?s de un mes en M?xico, era de pobreza, confusi?n y el "m?s deplorable de los atrasos de
la civilizaci?n".1
i Calder?n de la Barca al primer secretario, 22 de enero de 1840, en Javier Malag?n Barcel?, Enriqueta L?pez Lira y Jos? Mar?a Mi quel i Verges (editores), Relaciones Diplom?ticas Hispano-Mexicanas: Despachos Generales, Serie I. M?xico, El Colegio de M?xico, 1949-1966,
I, pp. 25-31. Citado de aqu? en adelante como RDHM.
Thomas C. Reynolds, ministro de los Estados Unidos en Espa?a, dijo de Calder?n:
"Sin atender al manifiesto inter?s de Espa?a en cultivar relaciones amistosas con esa anarqu?a org?nica (M?xico) , ni a la pol?tica de su
S?lo las ruinas de las carreteras y de los edificios que Espa?a hab?a construido testificaban lo que el pa?s hab?a sido y lo que pudo ser. Dividido en facciones desde "su prematura separaci?n de la madre patria", M?xico hab?a adoptado una forma republicana de gobierno "muy alejada de la realidad" y "opuesta a sus antiguas usanzas y costum bres". Los indios no eran m?s felices que antes, ya que no hab?a para ellos la protecci?n especial que hab?an gozado bajo el poder espa?ol; el resto del pueblo no entend?a ni apreciaba el cambio.2
Para Calder?n, la sociedad en M?xico era como un vi rreinato cuyo jefe estaba ausente por un per?odo indefinido. Los hacendados nobles se adher?an a la tierra y a sus t?tulos de conde o de marqu?s, a sus gestos aristocr?ticos, y viv?an apartados de la sociedad "a?orando los tiempos pasados y deplorando los presentes". Las riquezas estaban casi exclusi vamente en manos de extranjeros o prestamistas que hab?an amasado fortunas por medio del f?cil contrabando o de con
tratos usurarios. "Como en toda la Hispanoam?rica indepen diente ?se?alaba Calder?n?, aqu? predomina el desorden y quienes mandan por el momento y hacen sentir su autori
dad, son los militares",3 Calder?n hac?a notar que aun cuan do el ej?rcito era peque?o, los oficiales y generales retirados eran muy numerosos y que "solos, consum?an el ingreso de
la rep?blica".4
Cuando en 1840 Jos? Mar?a Guti?rrez Estrada public? su famoso panfleto pidiendo una monarqu?a para M?xico, a
gobierno de atraer a su antigua colonia hacia un trato cordial, sirvi? (Calder?n) tan concienzuda y activamente al ministro brit?nico, ac tuando como instrumento de sus intrigas, que M?xico exigi? su des tituci?n. Hab?a sido cogido en un doble juego, y, aunque era un enre
dador consumado y muy apto para el enga?o, se pens? que no ejercitar?a
estos talentos, que pod?an ser ?tiles para Inglaterra, para da?arla." Reynolds a James Buchanan, 12 de agosto de 1847. Diplomatic Des
patches, Spain, National Archives, Grupo de Archivo 59. 2 Idem.
s Idem. * Idem.
Calder?n lo extasi? que hubiera "expuesto a la burla y al desprecio del mundo, el desorden y la confusi?n de la ad ministraci?n y los vicios que han debilitado esta sociedad".5 Calder?n estaba convencido de que los mexicanos conven dr?an en sumarse al proyecto de una monarqu?a para que gobernara M?xico, y de que los angloamericanos se opon dr?an a esa maniobra. Prof ?ticamente, expres?:
S?lo un pacto entre las principales potencias de Europa y su asociaci?n con vistas a tal fin, har?n posible el plan de Guti?rrez Estrada; la ?nica cosa que puede detener el desmo
ronamiento de las llamadas rep?blicas hispanoamericanas.6
El sucesor de Calder?n, Pedro Pascual Oliver, cre?a que el republicanismo era "una planta ex?tica" en M?xico.7 Sus
informes ofrecen puntos de vista similares a los de Calder?n, en lo que toca a la necesidad de una monarqu?a para los mexicanos:
Una monarqu?a constitucional con un pr?ncipe europeo, ser? seguramente la forma de gobierno capaz de conducir a este pa?s, de la depresi?n y la postraci?n, al encuentro consigo mismo... hasta contener el orgullo y la ambici?n de los extranjeros; pero en M?xico, s?lo el se?or Guti?rrez Estrada ha tenido el coraje de proclamar esta verdad.8
Oliver estableci? que M?xico carec?a de los fondos sufi cientes para cubrir los gastos del estado. No hab?a industria ni comercio, m?s a?n, la seguridad personal y la justicia no exist?an; situaci?n que Oliver achac? a la falta de poder en la rama de las autoridades civiles y al "orgullo y la jac
tancia de las clases militares, que aspiran a gobernarlo todo
5 Calder?n al primer secretario, 16 de noviembre de 1840, en RDHM, I, pp. 167-168.
? Idem.
Oliver a Gonz?lez, 20 de abril de 1842, en RDHM, II, pp. 35-37. s Oliver al secretario de Estado, 20 de enero de 1843, en RDHM, II, pp. 216-218.
y que, en efecto, lo gobiernan".9 ?ste y otros males nacidos del desorden total, explicaba Oliver, hab?an tenido su origen
en la independencia que M?xico eligi?, y en el sistema de gobierno adoptado en 1823.10 Por otra parte, hab?a tambi?n
confusi?n y anarqu?a en las opiniones expresadas en diversos sitios del pa?s. Aunque el clero y la mayor parte de la vieja nobleza conservaban sus sentimientos mon?rquicos, estaban divididos. La emancipaci?n, para quienes deseaban que nun
ca fuera completada, era aberrante. Otros brindaban su apo yo a las ideas del Plan de Iguala, esto es, un trono mexicano con un pr?ncipe de sangre real.11 El republicanismo entre los cuerpos del ej?rcito y de la administraci?n civil, era fin gido, dec?a Oliver; para la mayor?a de ellos no era sino una opini?n conveniente, pero ficticia. Nadie como los integran
tes de estas clases ten?a tanto apego a las distinciones y los honores, y nadie tampoco exig?a m?s deferencia y respeto por parte de sus subordinados y por parte del p?blico en general.12 Aunque el sentimiento republicano exist?a ligera mente entre abogados, doctores, hombres de letras y artistas, Oliver precis? que eran unos cuantos en n?mero, y que la mayor?a aspiraba a terminar con un puesto p?blico en el
escalaf?n burocr?tico. Sus opiniones, pues, eran inconsisten tes y cambiaban con su posici?n. Las ideas liberales, sin embargo, hab?an encontrado refugio en estas clases y de ah? llegaban los gritos de la prensa y la oposici?n en el parla mento.13 Oliver ten?a poco que decir del resto de la pobla
ci?n, apenas que estaba compuesta por "indios casi incapaces de raz?n", tan lejanos al contacto con las nuevas ideas, que
"algunos todav?a preguntan por la salud del rey Fernan do VII". Con tales elementos en la sociedad y la confusi?n
9 Idem.
lo Idem. Tambi?n, Oliver al primer secretario, M?xico, 20 de no viembre de 1844, en RDHM, III, p. 128.
ii Oliver al primer secretario, M?xico, 24 de enero de 1844, en RDHM, III, p. 14.
12 Idem. i3 idem.
consecuente, se dec?a Oliver, "la soluci?n m?s simple ser?a regresar al a?o de 1821 y abrazar el Plan de Iguala que nuestras Cortes repudiaron con tanto desprecio y verg?enza
cuando les fue propuesto".14
Con el advenimiento del gobierno de Santa Anna en 1842, Oliver sinti? que el cambio abrir?a "el camino a es pectativas que no exist?an antes y presenta como factible,
con el tiempo, el establecimiento de un trono muy firme en este suelo que nosotros conquistamos con nuestra sangre y nuestro valor".15
Como prueba de los h?bitos mon?rquicos del pueblo, Oliver describi? la magn?fica recepci?n dada a Santa Anna
durante su entrada a la ciudad, el 3 de junio de 1844, para ocupar la presidencia. Oliver subray? que en vista de tanta adulaci?n, Santa Anna necesitar?a "una cabeza muy firme para no entregarse a alg?n peligroso proyecto de monar qu?a".16
Oliver era incluso m?s expl?cito que Calder?n de la Barca sobre la posibilidad y la necesidad de establecer una monar qu?a en M?xico. En un despacho al conde de Almodovar, primer secretario de Estado espa?ol, se?alaba que pod?a no
estar lejano el d?a en que M?xico ofreciera nuevamente a Espa?a, el Plan de Iguala, "eventualidad acerca de la cual ?a?ad?a? tendr? el honor de hablar a su Excelencia en des
pacho aparte".17 En los archivos de la Embajada Espa?ola en M?xico no pudieron hallarse ni el despacho a que Oliver se refer?a, ni las instrucciones del 31 de marzo de 1843 que le fueron giradas.18 A la existencia de las instrucciones se alude en otro informe:
As?, conseno la instrucci?n con la obligaci?n secreta, que el se?or Conde de Almodovar tuvo a bien comunicarme en su des
14 Idem.
is Idem, 22 de diciembre de 1842, en RDHM, II, pp. 181-184. i? Idem, 6 de junio de 1844, en RDHM, III, p. 66. i7 Idem, 18 de diciembre, en RDHM, II, pp. 176-177. is RDHM, III, pp. XIII-XIV.
pacho del 31 de marzo del a?o pasado, no sin la esperanza de que alg?n d?a pudiera tener aceptaci?n pr?ctica y pueda adminis
trarse para hacer amado y respetado nuestro nombre entre los mexicanos.19
El ministro espa?ol en M?xico de 1845 a 1847, Salvador Berm?dez de Castro, describi? el lamentable estado del pa?s durante la guerra con los Estados Unidos y coment? espec? ficamente la ausencia del esp?ritu p?blico, esto es, de patrio tismo.20
De acuerdo con Berm?dez de Castro, el s?ntoma m?s alarmante del desorden en M?xico era la tendencia a la in dependencia por parte de los varios estados mexicanos. Se ?alaba que la "carencia de un centro com?n y las preten
siones locales" eran "una de las principales causas que apre suran la disoluci?n y aumenta la confusi?n".21 Adem?s, la posibilidad de calamidades futuras, como la guerra por los Estados Unidos, no borraban la apat?a del gobierno y de la naci?n. "Aqu? hay un arte particular para construir ilusio nes y estos nativos est?n tan acostumbrados a encontrarse
en un estado de perpetua revoluci?n.. que no miran hacia el futuro ni hacen planes para el ma?ana".22
Con la guerra en camino, Berm?dez de Castro inform? que los "hombres ilustrados miraban hacia Europa por ayu da".23 El apoyo externo podr?a erigir un sistema pol?tico estable, ya que no habr?a elementos de resistencia. Despu?s
iQ Pedro Pascual Oliver al primer secretario de Estado. M?xico, 24 de enero 1844, en RDHM, III, pp. 13-16.
20 Castro al primer secretario, M?xico, 28 de junio de 1846, en RDHM, III, pp. 276-280, en la Colecci?n de Microfilm de la Embajada
Espa?ola de M?xico en M?xico, de El Colegio de M?xico. Citada de aqu? en adelante como CM.
2i Idem, 31 de marzo de 1847, en CM.
22 Berm?dez de Castro al primer secretario, 29 de junio, de 1845, Mexico, en RDHM, HI, pp. 195-200.
23 Idem, 28 de junio de 1846, en RDHM, III, pp. 278-280; Ber m?dez de Castro al ministro franc?s del Exterior, 28 de junio de 1846,
de tantos a?os de revoluci?n y anarqu?a, el pueblo deseaba orden y estabilidad.24
Berm?dez de Castro se vio envuelto en las intrigas in ternacionales de la administraci?n de Paredes y fue conside rado como director de un complot contra M?xico. Propuso como candidato al trono mexicano al infante Enrique, pr?n cipe cu?ado de Isabel II de Espa?a.25
Se dec?a que importantes monarquistas se reunieron en la casa de Berm?dez en la ciudad de M?xico y firmaron un acuerdo comprometi?ndose a aceptar un pr?ncipe espa?ol. El
supuesto complot fue descubierto y denunciado, y no s?lo tuvo que ser desechado, sino que el gobierno neg? cualquier participaci?n y conden? el asunto entero.20
Durante el tiempo que dur? su nombramiento como mi nistro espa?ol en M?xico, Juan Antonio Zayas ratific? lo que sus antecesores hab?an reportado. La desmoralizaci?n del pa?s era el fruto de la flojedad de sus leyes y de la anarqu?a administrativa impuesta por una forma de gobier no en desarmon?a con el car?cter, los h?bitos y la educaci?n del pueblo. Era una "sociedad viciosa y endeble que no puede sostenerse sola".27
24 Idem.
25 Jorge Gurria Lacroix, Trabajos sobre Historia Mexicana, M? xico, Instituto Nacional de Antropolog?a e Historia, 1964, p. 103. Luis Nicolau D'Olwer, en su pr?logo al volumen III de las Relaciones Di plom?ticas Hispano-Mexicanas, p. XV, se?ala que Berm?dez de Cas tro, nombrado por el general Ram?n Mar?a Narv?ez como primer secretario de Estado y presidente del Consejo de Ministros, probable mente llev? instrucciones precisas en relaci?n con las intrigas mon?r quicas, especialmente que no mencionara en sus despachos generales
el asunto y en efecto, no lo menciona. D'Olwer destaca que cuando Berm?dez dej? M?xico, probablemente llev? consigo su corresponden cia privada y posiblemente tambi?n los documentos relativos a Oliver, ya que no aparecen en los archivos de la Embajada Espa?ola.
26 Jorge Flores D. Juan Nepomuceno de Pereda y su Misi?n Se creta en Europa (1846-1848) , Archivo Hist?rico Diplom?tico Mexi cano, Segunda Serie, M?xico, Secretar?a de Relaciones Exteriores, 1964, XIX, pp. 167-168.
27 Juan Antonio de Zayas al primer secretario M?xico, 2 de agosto de 1852, en CM.
La apat?a general que exhibi? el pueblo cuando el pre sidente Mariano Arista fue reemplazado por Juan B. Ceba llos, indujo a Zayas a se?alar que "en este pueblo se ha extinguido el ?ltimo sentimiento de patriotismo", y que, aun cuando los agitadores estaban dispuestos todav?a a incitar al pueblo y al ej?rcito, su acci?n era "s?lo como la de una pila galv?nica que pudiera agitar un cad?ver, sin darle vida".28
El sucesor de Zayas en el puesto, Juan Jim?nez de San doval, marqu?s de Rivera, fue otro fuerte abogado de la monarqu?a en M?xico. Cre?a que el candidato perfecto para
el trono era el conde de Montemolin, hijo de don Carlos de Borb?n (hermano de Fernando VII). Por otra parte, ya que Montemolin era un pretendiente al trono de Espa?a, con su acceso al trono de M?xico, se resolv?a simult?nea mente el conflicto en el de Espa?a.29 La aceptaci?n y el
consentimiento de Montemolin para trabajar de acuerdo con el gobierno espa?ol, traer?an como consecuencia su reconci liaci?n con la familia real. Y en cuanto Montemolin renun ciara a toda demanda sobre el trono de Espa?a, muchos de
los militares que lo apoyaban lo seguir?an a M?xico, obser vaba Rivera, y as? se resolver?an dos problemas con un solo candidato. "Si estos planes, que quiz? s?lo se hallan en mi mente, fueran posibles, M?xico podr?a salvarse manteniendo
su nacionalidad, e incluso su independencia, pero no sin el eficaz patronazgo de Espa?a".30
En el a?o de 1853, el marqu?s de Rivera estuvo muy interesado en que Espa?a cobrara conocimiento de las ideas monarquistas que prevalec?an entonces en M?xico.
Recuerdo, al mismo tiempo, que cuando en otra ?poca tra taron de establecer en M?xico una monarqu?a con un pr?ncipe de familia real de Espa?a en el trono, hubo m?s de un hom
2S Zavas al primer secretario, M?xico, l9 de febrero de 1853, en CM.
29 Rivera al primer secretario, 30 de abril de 1853, en CM. so Idem.
bre de alto rango que, no obstante la absurdidad de la idea, propusiera un pr?ncipe de la casa de Austria. No ser? extra?o, entonces, que si el caso vuelve a presentarse y Espa?a rehusa, como rehus? entonces, recurran a un pr?ncipe de otra casa real de Europa.31
Rivera deseaba informar del verdadero estado de las co sas en M?xico con el objeto de que su ministro de Estado, pudiera evaluar un "proyecto a?n muy embrionario y sus ceptible de mil alteraciones, pero que a pesar de las tremendas dificultades en las que ciertamente creo que se ver? envuelta
su realizaci?n, no es del todo imposible".32
Destituido del cargo a requerimiento del gobierno ?me xicano, Rivera declar? que el se?or Manuel Diez de Bonilla,
secretario de Asuntos Exteriores de M?xico, era el insti gador detr?s de la medida. Sostuvo que Bonilla tem?a su
influencia con Santa Anna y que, junto con el se?or Arroyo, oficial mayor de la secretar?a, "se quej? de que yo hab?a desacreditado a Su Majestad, la Reina".33 Rivera neg? la versi?n, plenamente seguro de que hab?a cumplido a con
ciencia su deber como buen espa?ol y fidel?simo represen tante de la reina.34 Un poco antes de su destituci?n, durante las negociaciones de un convenio con Espa?a, Rivera hab?a hablado con Arroyo, quien le hizo creer que su predecesor Zayas hab?a sido relevado tambi?n a petici?n del gobierno mexicano.35 Rivera hab?a llegado tambi?n al entendimiento
de que si Calder?n de la Barca era asignado nuevamente, no ser?a aceptado "porque su esposa hab?a escrito un libro
sobre M?xico."3G Hab?a o?do decir, que si Berm?dez de Castro no se hubiera ido, el gobierno mexicano habr?a soli citado, de igual forma, el cambio.37 Finalmente, la conver
si Idem.
32 Rivera: Muy Reservado, M?xico, 27 de mayo de 1853, en CM. 33 Rivera al primer secretario, 2 de marzo de 1854, en CM. 34 Idem.
35 Idem. se Idem. 3" Idem.
saci?n que Rivera sostuvo con Lucas Alam?n en torno a la destituci?n de Zayas, lo convenci? de que "esta era una tierra muy peligrosa para los ministros de Espa?a".38
Los diplom?ticos espa?oles no s?lo favorecieron se?ala damente la idea de una monarqu?a para M?xico, sino que
tambi?n insistieron en que un amplio sector del pa?s ten?a concepciones y deseos parecidos. A los dos meses de su lle gada, Calder?n de la Barca inform? que no hab?a "hablado con ning?n mexicano, de cualquier educaci?n, que no tenga en descr?dito y deplore el hecho de que Espa?a no aceptara el plan de Iguala, y que crea que este vasto territorio pros perar? sin un r?gimen mon?rquico".39 Despu?s subrayaba que las "personas m?s juiciosas y bien instruidas" eran quie nes profesaban la creencia de que M?xico no podr?a "ir adelante, sin el establecimiento de un poder ejecutivo in vestido de prestigio y vigor efectivos, es decir, sin una mo narqu?a constitucional".40 Sin embargo, en otro despacho, establec?a que no hab?a ning?n partido definido, de cual quier clase y "mucho menos uno organizado con aspiraci?n y prop?sitos, y meta o sistema".41 Poco tiempo despu?s, Cal der?n se dispon?a a informar que el panfleto de Guti?rrez Estrada hab?a despertado a los partidos y renovado "las ideas de la monarqu?a entre aquellos que la desean y que la adop
tar?an si pudieran inventar una manera de llevarla a cabo, sin sacrificios ni esfuerzos".42 De acuerdo con Pedro Pascual Oliver, no faltaban hombres prudentes que desearan una
3s Idem.
39 Calder?n al primer secretario, 29 de febrero de 1840, en Jaime Delgado, Espa?a y M?xico en el Siglo XIX, 3 vols. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Cient?ficas, 1950-1953, III, p. 444. Tambi?n Oliver al primer secretario, 24 de enero de 1844, en CM.
40 Calder?n al primer secretario, 17 de octubre de 1840, en RDHM, I, pp. 164-165.
4i Calder?n al secretario de Estado, 3 de julio de 1840, en Del gado, III, pp. 456-457.
42 Calder?n al primer secretario, 16 de noviembre de 1840, en RDHM, I, pp. 167-168.
monarqu?a, pero el destino que corri? Guti?rrez Estrada, desanim? a muchos.43
Desde el establecimiento de las relaciones entre M?xico y Espa?a en 1839 hasta la d?cada de 1860 a 70, la ?nica variaci?n que hubo en las concepciones de los ministros es pa?oles respecto a la necesidad de una monarqu?a, la fuerza del partido y de la opini?n monarquistas y el estado lamen table del pa?s, se debi? al general Juan Prim, conde de Reus, Ministro Especial Plenipotenciario y Comandante de las
fuerzas expedicionarias espa?olas de 1861.
En una carta al conde Odilon Barrot, ministro franc?s en Espa?a, Prim declaraba que ?l era un monarquista con
sumado y que si pudiera ver alguna oportunidad para el establecimiento de una monarqu?a en M?xico, har?a su me jor esfuerzo para ayudar:
Pero, Mon Cher, creo que tales pensamientos son imposibles de realizar si tenemos en cuenta la voluntad del pa?s, por la decisiva y concluyente raz?n, de que no hay monarquistas en M?xico.44
En un p?rrafo prof?tico, Prim observaba que el pueblo pelear?a contra la monarqu?a y que el trono de un pr?ncipe extranjero, impuesto a bayoneta,
... caer?a por tierra el d?a en que el apoyo de los soldados de Europa sea retirado, tal como la autoridad temporal del Papa cay? cuando los soldados franceses dejaron Roma.45
El 17 de marzo de 1862 Prim le escrib?a a Napole?n III, se?alando que hab?a en M?xico muy pocos hombres con sentimientos mon?rquicos, y a?ad?a: "Es l?gico que as? sea, ya que aqu? nunca se conoci? la monarqu?a en la persona
43 Oliver a Gonz?lez, 24 de abril de 1842, en Delgado, Espa?a y Mexico..., Ill, p. 524
44 Conde de Reus Juan Prim, a Barrot, Vera Cruz, 11 de marzo de 1862, en CM.
de los reyes de Espa?a, sino s?lo en la de los virreyes".46 Consecuentemente, no hab?a ninguno de los intereses de una nobleza secular, o cualquier otra clase de cimiento moral que pudieran hacer deseable para la generaci?n de la ?poca,
el restablecimiento de una monarqu?a "que no conocieron
?a?ad?a Prim? y que nadie les ense?? a amar y a reve
renciar".47 Prim convino en que no ser?a dif?cil para Na pole?n, traer a Maximiliano a M?xico y coronarlo rey, pero apunt? que el d?a en que el manto imperial fuera sustra?do, "el monarca caer? del trono levantado por Su Majestad".48
Entre los muchos asuntos relevantes que ofrecen los des pachos de los ministros espa?oles en M?xico, se encuentra
la reiteraci?n de la necesidad de un gobierno fuerte ?pre ferentemente una monarqu?a?, para contrarrestar la doc trina del destino manifiesto de los Estados Unidos y pre venir su expansi?n hacia el sur, as? como para contener la difusi?n de los principios republicanos. Las intenciones ex pansionistas de los soberbios y ambiciosos angloamericanos, observaba Oliver, eran bien conocidas y permeaban todo su pensamiento nacional.49
Vinculada a esta idea, hab?a una fuerte corriente pan hisp?nica, antiangloamericana, que ligaba la necesidad de una monarqu?a, con la preservaci?n de la cultura espa?ola, de la raza latina y de la religi?n cat?lica. La preocupaci?n primera de los Estados Unidos, era, ante esta interpretaci?n, destruir y arrojar la influencia europea del continente ame
ricano. Berm?dez refer?a que la mejor ejemplificaci?n de tal prop?sito era el Manifiesto a los Mexicanos que el 11 de mayo de 1847 lanz? el general Winfield Scott, aconse jando a los destinatarios del documento que desterraran sus h?bitos coloniales, que recordaran su origen americano y
4? Prim al emperador de los franceses, Orizaba, 17 de marzo de 1862, en CM.
47 Idem. 48 Idem.
49 Oliver al primer secretario, M?xico, 24 de agosto de 1844, en RDHM, III, pp. 86-88.
tuvieran claro que su felicidad no habr?a de venir de Eu ropa.50 Por otra parte, apuntaba Berm?dez de Castro, hab?a mexicanos que colaboraban en la empresa de este antieuro
pe?smo y algunos agentes norteamericanos conspiraban con el Partido Ultrademocr?tico, que quer?a a toda costa el triun fo de los principios republicanos.51
Adem?s, los funcionarios de los Estados Unidos predi caban continuamente la fraternidad de las rep?blicas ame ricanas y declaraban que su principal objetivo era salvar "los principios democr?ticos amenazados por los planes mon?r quicos que los gobernantes de Europa est?n preparando".52
Berm?dez de Castro afirmaba que la expansi?n de los Estados Unidos, era una amenaza a los intereses mon?rqui
cos y coloniales de Espa?a y revelaba su inquietud por la extensi?n de esas influencias en el Golfo de M?xico, lo cual representaba un peligro para las Antillas Espa?olas. Berm? dez asent? que Cuba hab?a sido materia de debates en el Congreso y la prensa de los Estados Unidos.53
En 1853, el marqu?s de Rivera envi? a Espa?a la s?n tesis de una conversaci?n que sostuvo con el general norte americano James Gadsden, en la cual este ?ltimo habl? de comprar Cuba.54 A este prop?sito, Rivera coment?: "Hablar a los norteamericanos de desinter?s pecuniario es hablarles un lenguaje que no entienden; para ellos no hay otro Dios que el dinero".55 Rivera no se mostr? menos irritado cuando
r,? Berm?dez de Castro al primer secretario, M?xico, 29 de mayo, 1847, en CM; y tambi?n, Congreso de EU. Mexican War Correspon dence, 30? Cong., 1? Sesi?n, 1847, Doc. num. 60, pp. 971-974.
si Berm?dez de Castro al primer secretario, M?xico, 29 de mayo de 1847, en CM.
52 Idem.
53 Castro al primer secretario, 29 de junio de 1847, en CM. 54 James Gadsden, constructor de v?as de ferrocarril en el sur, fue designado por el presidente Pierce para que negociara con M?xico la venta de un ?rea al sur del r?o Gila, dentro de territorio mexi cano, la parte que actualmente corresponde al sur de Arizona.
55 Rivera al primer secretario, M?xico, 29 de diciembre de 1853, en CM.
Gadsden abord? la posibilidad de que Cuba, Jamaica, Santo Domingo y Puerto Rico, formaran una naci?n independien
te, bajo la protecci?n de los Estados Unidos: "todo es po sible para un norteamericano; si una cosa le deja ganan cias, nada lo atemoriza".56
En su segunda misi?n en M?xico, Juan Antonio y Zayas inform? que Gadsden era el instigador de algunas conspira ciones: hab?a distribuido armas y dinero para fomentar una revoluci?n y hab?a dado ?mpetu al proyecto de establecer un protectorado de los Estados Unidos sobre M?xico. M?s a?n, las bases del protectorado hab?an sido ya esbozadas en
la legaci?n de Estados Unidos. Era un tratado de alianza ofensiva y defensiva, seg?n el cual, los Estados Unidos ga rantizar?an la integridad del territorio mexicano, otorgar?an un cr?dito de 13 millones de d?lares contra una hipoteca de propiedades eclesi?sticas, y establecer?an un banco con un capital de $ 10 000 000, para financiar empresas agr?colas y mineras.57
La cuesti?n de las finanzas gubernamentales hab?a pla gado persistentemente las sucesivas administraciones de M? xico. Oliver cre?a que el deplorable estado de la hacienda p?blica se deb?a al abandono de los buenos principios de administraci?n financiera ?"modelo de sabidur?a y excelen cia"? que los espa?oles hab?an puesto en pr?ctica.58
En tiempos de disturbios civiles, los virreyes hab?an man tenido en armas a 90 000 hombres, sin forzar ni perjudicar los recursos del erario, se?alaba Oliver, para preguntar: "?Qui?n no sabe que hoy solamente pueden mantenerse 20 000 soldados hambrientos, y que los empleados p?blicos,
los retirados y las viudas, reciben escasamente una cuarta parte de lo que se les debe"?59
56 Idem.
57 Zayas al primer secretario, M?xico, 19 de septiembre de 1855, en CM.
58 Oliver al primer secretario, M?xico, 12 de julio de 1844, en RDHM, III, pp. 77-78.
El orgullo por las cosas espa?olas y por los buenos d?as en que M?xico era todav?a una colonia de Espa?a, le su giri? al marqu?s de Rivera una interpretaci?n hist?rica de
tres hechos de la historia de M?xico: el Grito de Dolores del 16 de septiembre de 1810; la entrada del Ej?rcito Trigarante en la ciudad de M?xico, proclamando la Independencia el 27 de septiembre de 1821; y la batalla de Tampico, del 11 de septiembre de 1829.
La independencia de M?xico era celebrada en el mes de septiembre y las fiestas para los otros dos aniversarios, se observaban escrupulosamente. En cada capital de los estados
se nombraban comisiones para dirigir las fiestas p?blicas y difundir oraciones y consignas para "suscitar el entusiasmo que el pueblo hab?a perdido".60 En tales ocasiones, la lega ci?n espa?ola se obsten?a de participar. No izaba su bandera nacional y aseguraba la entrada de la sede diplom?tica con
tra cualquier ultraje que algunos ciudadanos demasiado be bidos, pudieran cometer.61 Para el ministro espa?ol, el Grito de Dolores, no era otra cosa que el grito de los asesinos que se ocultaron tras los nombres de Fernando VII y la Virgen de Guadalupe y mataron inocentes. "Este sangriento aniver sario ?dec?a Rivera? es una mancha que anualmente ti?e la historia de M?xico, siempre, desde que se representa como una naci?n independiente." 62 As? tambi?n, el aniversario de
la entrada del Ej?rcito Trigarante en la ciudad el 27 de septiembre, era visto como la celebraci?n de apenas algo m?s que una revuelta de las tropas espa?olas.63 En efecto, M?xico deb?a su Independencia a tales tropas espa?olas des leales. Y como Espa?a no reconoci? a M?xico como pa?s in dependiente sino hasta 1836, su legaci?n se absten?a tambi?n de tomar parte en la observancia de este aniversario.64
co Marqu?s de Rivera al primer secretario, M?xico, 24 de agosto de 1853, en CM.
ei Idem. 62 Idem. 63 Idem. 64 Idem.
La costumbre de celebrar la derrota de las fuerzas espa ?olas comandadas por el general Barradas, el 11 de septiem bre de 1829, no hab?a sido observada por alg?n tiempo. Sin embargo con el h?roe mexicano de la batalla ?Santa Anna?, nuevamente en la presidencia, la pr?ctica fue revivida con m?s pompa y esplendor que antes, hiriendo el orgullo espa ?ol m?s que nunca. Para echarle le?a al fuego, Santa Anna visti? jactanciosamente una decoraci?n con la divisa: "Yo humill? el orgullo espa?ol".65
El gobierno espa?ol aprob? la conducta de su legaci?n en M?xico, pero advirti? a la poblaci?n espa?ola residente que no hiciera ninguna manifestaci?n que pudiera indicar sentimientos opuestos a los de los mexicanos. Aunque la legaci?n espa?ola no tomaba parte en las ceremonias p? blicas, deb?a cumplirse con la m?s elemental cortes?a y no atraer la atenci?n p?blica.66 La actitud de cautela del go bierno espa?ol en cuanto a sus relaciones con M?xico, no era nueva. De tiempo en tiempo, las instrucciones que se dieron a Calder?n de la Barca incluyeron estrictas recomen daciones en el sentido de que no tomara actitudes favora bles hacia ninguno de las partidos pol?ticos de M?xico y observara "la mayor precauci?n y tolerancia, porque la si
tuaci?n de los espa?oles que se han establecido hoy en M? xico, es bien distinta de la que gozaban cuando eran amos del territorio".67
Instrucciones similares recibieron los subsiguientes minis tros de Espa?a en M?xico. A Pedro Pascual de Oliver se le dijo que el santo y se?a deb?an ser la dignidad y la mode
65 Idem.
66 Real Orden Num. 47, Madrid, 4 de noviembre de 1853, Pri mera Secretar?a de Estado, 2* Secci?n, ?ngel Calder?n de la Barca
al marqu?s De Rivera, en CM.
6T Instrucciones del Primer Secretario del despacho de Estado Eva risto P?rez de Castro, al Ministro de Espa?a en M?xico, ?ngel Calder?n de la Barca, Madrid, 26 de mayo de 1859, en RDHM, I, pp. 6-12; Cf. Real Orden de J. M. de Ferrer a Calder?n de la Barca, Madrid, 19
raci?n y que ?l estaba encargado de cuidar a los espa?oles residentes en M?xico, "no de mezclarse directa o indirecta mente en asuntos pol?ticos".68 Su funci?n, tambi?n, era lo grar que crecieran, por todos los medios disponibles, las naturales simpat?as de los mexicanos hacia su hermanos es pa?oles".69
Un medio de estimular las relaciones amistosas entre am bos pa?ses, fue alentar a los artistas espa?oles residentes en M?xico a que ejercieran sus respectivas profesiones.70
En 1840, la marquesa Calder?n de la Barca hab?a escrito sus impresiones del teatro en la ciudad de M?xico diciendo que reinaba un ambiente "oscuro, sucio, impregnado de ma los olores; los pasillos que conducen a los palcos son tan sucios, tan umbr?os, que uno teme caminar por ellos".71 Ha cia 1844, la situaci?n hab?a sido rectificada ya que el mi nistro espa?ol inform? orgullosamente que un joven arqui
tecto espa?ol, Lorenzo de Hidalgo, hab?a construido un nuevo teatro. Retratos de los m?s c?lebres autores del mun do colgaban de los balcones y Espa?a estaba representada en la colecci?n: Calder?n y Lope figuraban junto a Shakes peare y Moli?re. Tres distinguidos poetas espa?oles contem por?neos, a quienes los mexicanos admiraban, hab?an sido
expuestos tambi?n: Mart?nez de la Rosa, el duque de Rivas y Manuel Bret?n de los Herreros.72
Aparentemente, los ministros de Espa?a no fueron muy cuidadosos para evitar su participaci?n en los asuntos lo cales, ya que una y otra vez el secretario de estado expidi?
68 Real Orden del Primer Secretario del Despacho de Estado, al Ministro de Espa?a en M?xico, Pedro Pascual de Oliver, 6 de mayo
de 1844, en RDHM, III, p. 17. 69 ?dem., p. 18.
"? ?dem.
"1 Fanny Calder?n de la Barca, La Vida en M?xico: Las Cartas de Fanny Calder?n de la Barca, editores, Howard T. Fisher y Marion Hall Fisher, Garden City, N. Y., Doubleday and Company, 1966, p. 113.
72 Oliver al primer secretario, M?xico, 22 de febrero de 1844 en RDHM, III, pp. 17-18.
mandatos de abstenci?n sobre ese particular. Los c?nsules fueron informados de que "la primera queja, la m?s trivial denuncia, elevada por el gobierno mexicano en este punto,
traer? como consecuencia la inmediata remoci?n del c?nsul que, con su imprudencia, pudiera haberla provocado".73
Los espa?oles residentes en M?xico fueron advertidos de no vincularse a ninguna contienda pol?tica y se les anunci?, incluso, que Espa?a retirar?a su protecci?n para quien se inclinara hacia alguno de los partidos pol?ticos que se dispu taban el liderato del gobierno, "cualesquiera que pudieran ser los principios que proclamen, o la bandera que des plieguen".74
Deb?a hacerse claro al gobierno mexicano, que Espa?a aceptaba sinceramente su independencia. Los hechos del pa sado deb?an olvidarse y diluirse el esp?ritu de superioridad espa?ol. M?s all? de la dominaci?n que hubiera ejercido en el pasado, Espa?a prefer?a ahora fortalecer un tipo de relaciones que enfatizaran la igualdad de origen, los v?ncu
los de la sangre y de lenguaje, y las costumbres comunes.75 La pol?tica espa?ola era fundar buenas relaciones comercia
les y unificar los pueblos de los dos pa?ses mediante la es timulaci?n de los beneficios materiales, ya que, en ?ltimo an?lisis, ?stos produc?an hombres "industriosos y pac?ficos" y "cimentaban el amor y las buenas relaciones de los miem bros de la gran familia castellana".76
Por lo menos dos de los primeros ministros espa?oles en M?xico dieron apoyo a peri?dicos que fomentaron los
73 Copia de las Instrucciones dadas al Consul General de Espa?a en M?xico, por el Primer Secretario del Despacho de Estado, Evaristo P?rez Castro, Madrid, 10 de enero de 1840, en RDHM, I, pp. 54-56.
74 Primer Secretario de Estado, Direcci?n Pol?tica, Leopoldo al Embajador de su Majestad en M?xico, Madrid, 7 de noviembre de
1860, en CM.
75 Primer Secretario, Evaristo P?rez de Castro a Angel Calder?n de la Barca, Madrid, 26 de mayo de 1839, en RDHM, I, pp. 6-12.
76 Real Orden del Primer Secretario del Despacho de Estado, Joa qu?n Maria de Ferrer, al Ministro de Espa?a, Madrid, 17 de noviem bre de 1840, en RDHM, I, pp. 123-124.
intereses de Espa?a y defendieron el pa?s y las cosas espa ?olas contra los ataques que hac?a la prensa liberal. La Hesperia, que apareci? en 1840, fue respaldado por Calde
r?n de la Barca. Dijo a los editores (uno de los cuales, Juan Covo, fue su secretario) que no los ayudar?a m?s que con
el valor de su biblioteca y con el ofrecimiento sincero de sus opiniones, pero bajo la promesa de que no habr?a el menor indicio de que ?l ejerc?a la m?s m?nima influencia
en la publicaci?n; el prop?sito de la misma, asent? Calde r?n, s?lo era promover los intereses de sus compatriotas, haci?ndolos apreciar los beneficios de su gobierno.77
El panfleto de Jos? Mar?a Guti?rrez Estrada que apare ci? en 1840, fue motivo de una extensa pol?mica entre La Hesperia y el ministro de Guerra, Jos? Mar?a Tornel y Men
d?vil.78 Durante la pol?mica se advirti? a Calder?n que to mara las precauciones necesarias para impedir que se supiera
que La Hesperia era un eco de la legaci?n espa?ola.79 En 1853, el marqu?s de Rivera inform? a su gobierno de un peri?dico ultrademocr?tico, El Siglo XIX que "hab?a
tratado de despertar los odios ya calmados y de revivir las pasiones bastardas contra la naci?n que hizo tantos sacrifi
cios por sus colonias,,.8? Para defender a Espa?a de estos ataques, se estableci? el peri?dico Eco de Espa?a. Sus edi
tores, Anselmo de la Portilla, antiguo editor del Espa?ol, y Eduardo Asquerino, se propon?an "defender nuestro pa?s de
las diatribas de sus enemigos, resaltar la verdad y echar sobre los detractores la justa indignaci?n de los hombres ho
"7 Calder?n de la Barca al primer secretario, M?xico, 24 de mar zo de 1840 en RDHM, I, pp. 45-46; tambi?n Calder?n de la Barca al primer secretario, 28 de junio de 1840 y anexos, en RDHM, I, PP. 91-95.
7s Calder?n al primer secretario, M?xico, 24 de noviembre de 1840, en RDHM, I, pp. 169-171.
79 Real Orden al Ministro Espa?ol, Angel Calder?n de la Barca, Madrid, 20 de febrero de 1841, en RDHM, I, p. 171.
so D. Antoine, marqu?s de Rivera, Madrid, 26 de julio de 1853, en CM.
notables de todas las naciones".sl Rivera cre?a que el elogio de las glorias de Espa?a tendr?a un efecto laudable sobre "la parte sensible de la poblaci?n" y por eso favoreci? la publicaci?n y ayud? a los editores con su consejo.82 El go bierno espa?ol aprob? la conducta de Rivera y estimul? su apoyo para el peri?dico, pero lo previno de que la ayuda deber?a ser indirecta y no ostensible. Por otra parte, deb?a persuadir a los editores sobre la conveniencia de una estricta neutralidad en problemas internos, ya que esta ser?a la base de la pol?tica espa?ola, especialmente "en esta ocasi?n, cuan do un solo rumor falso de un protectorado por nuestra parte, ha dado lugar a los excesos cometidos por el peri?dico El Siglo X/X".33
El consejo fue dado en una Orden Real, por alguien que ten?a experiencia en tales asuntos: ?ngel Calder?n de la Barca, entonces en el puesto de secretario de Estado.
A trav?s de su representaci?n en M?xico, Espa?a sigui? recibiendo una pintura mon?tona de su antigua colonia. Estaba atrasada, hab?a retrocedido desde la Independencia y el pueblo no estaba tan bien como lo hab?a estado bajo el benevolente dominio espa?ol. El desorden y la confusi?n eran debidos a la forma republicana de gobierno. La mo narqu?a era la cura para todos esos males y, adem?s, hab?a
un amplio grupo en M?xico a favor de esa medida. La
monarqu?a era necesaria no s?lo para acabar con la refriega interna de M?xico, sino tambi?n para prevenir al pa?s entero de la absorci?n por parte de los Estados Unidos.
Repetidamente, Espa?a previno a sus representantes para que detuvieran toda actividad pol?tica. Que la admonesta ci?n haya sido hecha con tanta frecuencia, m?s los indicios de que M?xico hab?a solicitado la destituci?n de tres mi
si Idem. 82 Idem.
83 Real Orden Num. 418, Primera Secretar?a de Estado, 2? Secci?n, 28 de diciembre de 1853, firmada por ?ngel Calder?n de la Barca, en CM.
nistros espa?oles, evidencian que estos ?ltimos estuvieron envueltos en los asuntos internos.
Mientras Espa?a procuraba borrar su mala reputaci?n en M?xico, apelando a la cultura com?n, al lenguaje, la sangre y la religi?n, sus representantes parec?an ejemplifi car al "espa?ol feo".
El caso de los representantes franceses en M?xico es si milar y presentaron puntos de vista semejantes a su gobierno.
En enero de 1823, Francia envi? a Am?rica a dos agen tes, Julien Schmaltz y Achilles de la Motte de Malta, con el objeto de recabar informaci?n sobre el "status" pol?tico de Colombia y de M?xico.84 Buscar?an concertar un acuerdo de relaciones comerciales entre dichos pa?ses y Francia, an
tes de que Gran Breta?a lo hiciera. Se desconoce si entre sus instrucciones ven?a la orden de procurar inducir en los dos pa?ses americanos, la erecci?n de un trono para un pr?ncipe de la Casa de los Borbones, aunque el encargado norteamericano de asuntos en Par?s, opinaba que s?.85
Los dos agentes fueron recluidos, a su llegada, en el fuer te de San Juan de Ul?a, en Veracruz. Aunque pasaban por comerciantes, su equipaje y maneras, provocaron sospechas en las autoridades mexicanas, al parecer temerosas de los intentos de erigir una monarqu?a en Hispanoam?rica, y fue ron arrestados.86 Las autoridades mexicanas creyeron que eran
84 Hubert H. Bancroft, History of Mexico, 5 vols. San Francisco, A. L. Bancroft and Co., 1885, vol. V, p. 52; tambi?n Isidro Fabela, Los Precursores de la Diplomacia Mexicana, M?xico, SRE, 1926, pri mera serie del ADHM, vol. XX, p. 169.
85 Sheldon a John Quincy Adams, secretario de Estado, Par?s, 18 de enero de 1824, en William R. Manning (ed.) Diplomatie Corres pondence of the United States concerninc the Independence of Latin American Nations, 3 vols, Nueva York, Oxford University Press, 1925, II, pp. 1401-1403. Tambi?n Isidro Fabela, Los Precursores de la Diplo macia Mexicana, p. 169.
86 Extracto de una carta recibida en M?xico, fechada el 10 de no viembre de 1823, en Ernesto de la Torre Villar (ed.), Correspondencia Diplom?tica franco-mexicana, 1808-1839, M?xico, El Colegio de M?xico,
esp?as enviados por Luis XVIII para investigar en Am?rica las condiciones pol?ticas, comerciales y financieras, las fuer zas militares y navales y el estado de las exportaciones y las importaciones. Se aleg? que ten?an instrucciones de disuadir a los varios estados americanos de que no participaran en
la formaci?n de ninguna uni?n federal, generando con ello disensiones y abriendo un campo propicio para desarro llar los intereses de Francia. Adicionalmente, se supon?a a Schmaltz portador de instrucciones en el sentido de que con venciera a los mexicanos para que aceptaran como heredero de Moctezuma, al duque de Lucca.87
El ministro de Asuntos Exteriores, Lucas Alam?n, explic? al gobierno franc?s que Schmaltz y de La Motte hab?an sido detenidos porque el gobierno mexicano recibi? informaci?n de El Espectador de C?diz y de otras fuentes, que los iden
tificaban como esp?as. Alam?n subray? tambi?n que algunos de los documentos que portaban, ven?an cifrados y ten?an vinculaci?n con cuestiones poco usuales en quienes empren den viajes de negocio o placer.88
Aun cuando la fr?a recepci?n dispensada a los agentes disminuy? las esperanzas de establecer alg?n pr?ncipe borb?n en el trono de M?xico, no produjo el abandono del pro yecto, seg?n un informe que hizo Daniel Sheldon, encargado norteamericano de relaciones, en Par?s. De hecho, afirmaba Sheldon, "cualesquiera que fuesen las medidas que puedan adoptarse por el momento, a las cuales, compelidas por las circunstancias, Espa?a y las potencias aliadas pudieran con
sentir temporalmente, es este plan que ellos intentan el que finalmente prevalecer?.89
Spence Robertson, France and Latin America, Baltimore, John Hop kins Press, 1939, pp. 315-316.
87 Idem., Extracto..., en CDM, p. 16.
88 Nota Explicativa de don Lucas Atam?n.. ., 30 de junio de 1824, CDHM, p. 14; Informe... los se?ores Schmaltz y Aquiles de la Motte, 11 de febrero de 1824, en CDHM, pp. 20-21.
89 Sheldon a Adams, 1? de enero de 1824, en Manning, Correspon dence, II, pp. 1401-1403.
Hasta 1823, la impresi?n que Francia ten?a de la situa ci?n de M?xico era que la sociedad, la religi?n, las costum bres y los h?bitos del pueblo mexicano, demandaban una forma mon?rquica de gobierno, y es casi seguro que tales ideas fueron inspiradas a los estadistas franceses por Schmaltz y de La Motte.90
Al ser liberado de la prisi?n, Schmaltz viaj? por Tam pico hacia Nueva Orleans, a donde lleg? el 7 de febrero de 1824. Desde ah? envi? un informe al ministro franc?s de Relaciones Exteriores, en el que pint? un cuadro negro de las condiciones en M?xico. Tambi?n notific? a Armando Jules Marie Samouel ?un teniente de la marina francesa desig nado en una comisi?n especial a M?xico?, que entre las personas m?s distinguidas y relevantes que podr?an serle de utilidad en M?xico, se contaban Alam?n, Rafael Mangino, Jos? Mar?a Bustamante y la familia Fagoaga.91
El teniente Samouel fue elegido para la misi?n en M? xico primeramente, a causa de la estrecha amistad que hizo con Lucas Alam?n en la Martinica, en 1821, durante el viaje que este ?ltimo hac?a a Espa?a en calidad de representante de M?xico a las Cortes de C?diz.92 El funcionario franc?s recibi? instrucciones por partida doble, del marqu?s Cler mont-Torrere, ministro franc?s de Marina y Colonias, y de
9o AHDM, primera Serie, XX, p. 170. El general Octaviano d'Amil var, estuvo en M?xico inmediatamente despu?s de 1810. Al consumarse la Independencia, regres?, s?lo para ser expulsado en 1825. Propag? ideas contrarias a la rep?blica y afirmaba que los mexicanos anhela ban el retorno a la monarqu?a, pero con independencia de Espa?a. A su regreso a Francia, trat? de persuadir a sus oyentes de que el partido que sosten?a esas ideas era grande y vigoroso, aparentemente protegido por el clero, en especial por Antonio Joaqu?n P?rez, obispo de Puebla. Tom?s Murphy, secretario, Par?s 2 de enero de 1826, en Luis Weckmann, Las Relaciones Franco-Mexicanas, M?xico SRE, 1961, I, pp. 315-316.
9i Murphy a Michelena, l9 de octubre de 1824, en Weckmann, Relaciones, I, p. 19; CDFM, pp. 20-21; Robertson, France and Latin America, pp. 315-316.
Chautebriand, ministro de Relaciones Exteriores. Entre sus muchas tareas le fue asignada la de informar sobre "las m?s
generalizadas opiniones en M?xico, respecto a la forma de gobierno m?s adaptable al pa?s".93 Aparecer?a simplemente
como un funcionario autorizado a viajar para su propia educaci?n, o como alguien enviado por el gobierno de la Martinica para estudiar algunos asuntos que interesaban a
la Marina Real y a la Marina Mercante de Francia.94 En sus instrucciones a Samouel, Chautebriand expuso:
De acuerdo con la informaci?n que tenemos de M?xico, hay razones para creer que no existe ah? un gobierno s?lidamente establecido y que la opini?n es indecisa respecto a la naturaleza de lo que producir?n los disturbios que prevalecen. El estado
social y religioso, las costumbres y los h?bitos del pueblo mexi cano, parecen pedir una forma mon?rquica de gobierno. Se ha se?alado que bajo el viejo gobierno, M?xico fue quiz?s la co lonia que menos sufri? por el r?gimen a que estuvo sujeto. Esta circunstancia conduce al razonamiento de que entre todas las colonias rebeldes, ser? la m?s f?cil de conquistar... Quiz? con sentir?a en recibir un virrey que presidiera una administraci?n puramente mexicana, la cual decidir?a en todos los asuntos in
ternos del pa?s. Un sistema as? asegurar?a para M?xico una independencia real, escud?ndolo de todos los ataques externos y las disensiones internas, y s?lo se conceder?an unos subsidios a Espa?a, se asegurar?an particulares ventajas para su comercio y le dar?a al pa?s, finalmente, el privilegio de la soberan?a que
los mexicanos proclamaron en 1821.95
En 1824, Samouel pas? varios meses en M?xico, y fue recibido de un modo m?s cordial que Schmaltz y de La Motte. Sostuvo entrevistas con Alam?n, a quien not? cauteloso para evitar sospechas de que era abiertamente partidario de los
93 Clermont-Torrere a Samouel, 17 de diciembre de 1823, en AHDM, primeras series, XX, pp. 180-184.
94 Idem.
95 Chautebriand a Samouel, 17 de diciembre de 1823, en AHDM, primeras series, XX, pp. 184-189.
franceses. Samouel inform? que "la gran parte de la pobla ci?n detesta a los espa?oles, desea la independencia y una mayor?a prefiere la monarqu?a representativa sobre cualquier
otra forma de gobierno".96
El partido mon?rquico constitucional era el m?s fuerte y el m?s poderoso del pa?s. Estaba compuesto, se?al? Sa mouel, por el clero, la nobleza, los grupos que hab?an man
tenido lazos con Espa?a y por todos los que deseaban un gobierno fuerte y estable. El comisionado ingl?s hab?a insi nuado a los l?deres de ese partido, que, con el prop?sito de mantener fuera del trono a los borbones espa?oles, in vitaran a un pr?ncipe alem?n, situaci?n, observ? Samouel, que podr?a ser contraria a los intereses de Espa?a y de ?a p?les.97
Aunque pensaba que la monarqu?a reemplazar?a pronto a la rep?blica de M?xico, Samouel estaba convencido de que su establecimiento ser?a dif?cil. Los mexicanos no ten?an una figura suficientemente ilustre para merecer el trono, y un pr?ncipe europeo encarar?a muchos obst?culos. Para ocupar el trono y sostenerse en el poder, tendr?a que vencer no s?lo la envidia y la protesta norteamericanas, sino que re querir?a tambi?n la voluntad com?n de Europa.98
Un sentir semejante fue expresado por el vizconde Gran ville en una conversaci?n con el bar?n Auge H. M. Damas, ministro de Relaciones Exteriores de Francia, en diciem
bre de 1825. Granville hac?a notar que los franceses estaban "dispuestos todav?a a escuchar proyectos que, adoptados unos a?os antes, posiblemente habr?an asegurado a la familia real de Espa?a un dominio permanente sobre ese pa?s".99
96 Donzelot a Damas, 30 de octubre de 1824, en CDHM, pp. 31-32. 97 Idem.
?s Idem.
9? El vizconde de Granville a George Canning, Par?s, 15 de di ciembre de 1825, en Charles Kingsley Webster (editor) Britain and the Independence of Latin America (1812-1830) Select Documents from Fo reign Office Archives, 2 vols. Londres, Oxford University Press, 1938, II, pp. 203-204.
Los ministros franceses de hecho hab?an escuchado mu chos proyectos ya que Damas fue abordado en la primavera de 1825 por Gregor McGregor, soldado escoc?s de fortuna que hab?a combatido bajo las ?rdenes de Jos? Miranda en Venezuela, con un proyecto para la reconquista de M?xico.100
En 1823, el mismo aventurero hab?a abordado a Chaute briand.1Q1 McGregor propon?a que ya que Espa?a no podr?a
subyugar nunca a las colonias americanas, cesara todos sus actos de hostilidad hacia los insurgentes. Entonces Espa?a dividir?a Hispanoam?rica en cuatro principados gobernados por pr?ncipes borbones. Cada uno de los pr?ncipes ser?a ha bilitado con una guardia personal conveniente y un escua dr?n de buques de guerra; nativos de filiaci?n mon?rquica
reconocida ser?an adscritos a la casa de cada soberano. Se distribuir?an con liberalidad t?tulos y honores y el comercio ser?a establecido sobre la base de la igualdad para todas las naciones. El plan era una variante de la vieja proposi ci?n de Aranda; un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores franc?s, hab?a escrito sobre la copia de la pro puesta, "el plan es verdaderamente muy bueno, pero su eje cuci?n es dif?cil".102
En 1828, el Gabinete de las Tuller?as comision? expre samente a Charles Bresson para que examinara la posibilidad de constituir una monarqu?a en Sudam?rica. Acompa?ado por Napole?n Lannes, duque de Monte Bello, Bresson viaj? a Nueva Orleans con rumbo a M?xico, pero cambi? a Co
lombia el foco de sus intrigas mon?rquicas cuando oy? de los acontecimientos ocurridos en M?xico en diciembre, los motines que dieron por resultado la destrucci?n del mercado del Pari?n.103
loo Robertson, France and Latin America, p. 365. loi Idem., pp. 281-282.
102 Idem.
103 Lorenzo de Zavala, Ensayo Hist?rico de las Revoluciones de M?xico desde 1808 hasta 1830, Nueva York, Elliot and Palmer, 1932,
II, pp. 242-247; William H. Harrison, ministro de Estados Unidos en Colombia, a Martin Van Buren secretario de Estado, Bogot?, 27 de mayo de 1829, en Manning, Correspondence II, p. 1335.
En 1830, el vicec?nsul franc?s en Acapulco, Athanase Laisne de Villeveque, escribi? a su padre, un diputado fran
c?s, sobre los deplorables h?bitos morales y f?sicos del pue blo mexicano y de los h?bitos morales de sus dirigentes. Aunque Villeveque trabajaba y favorec?a para el trono de M?xico la candidatura del duque de Parma, ?de quien dijo que era el preferido por Lorenzo de Zavala?, aparentemente
lo hizo sin autorizaci?n oficial.
El pr?ncipe Polignac neg? que Villeveque hubiera estado nunca autorizado para esas actividades, ya que el gobierno
franc?s no se opondr?a jam?s a las intenciones de Fernan do VII, cualesquiera que fuesen, en relaci?n con su antigua colonia.104
En 1830, el establecimiento de un pr?ncipe espa?ol en el trono de M?xico, era todav?a un proyecto pr?ximo y facti ble para la corte francesa. En la medida en que interesaba
a Francia, no s?lo era factible, sino deseable, porque ayu dar?a a los gobiernos mon?rquicos de todas partes por el golpe que dar?a al republicanismo en Am?rica.105
Los ministros franceses afirmaron persistentemente que el republicanismo era una instituci?n de origen norteameri cano, y una total contradicci?n en un pa?s sin educaci?n pol?tica como M?xico, y que s?lo una monarqu?a traer?a la paz y la estabilidad.106
Sosten?an adem?s que hab?a en M?xico fuerzas conside rables que favorec?an esa corriente.107 Se?alaron, sin em bargo, que para establecer una monarqu?a, y con ella esta
i?4 Carta de Laisne de Villeveque a su padre 24 de enero y 3 de febrero de 1830 en CDFM, p. 82.
ios H. U. Addintong, ministro brit?nico en Espa?a a Earl of Aberdeen, Madrid, 19 de febrero de 1830 en, Webster, Documents, II,
p. 475.
106 El bar?n Deffaudis al ministro de Asuntos Exteriores 15 de julio de 1833, en CDFM, p. 121.
107 Idem.; Deffaudis a Thiers, 27 de agosto de 1836, en CDFM, p. 143; Deffaudis a Thiers, 26 de septiembre de 1836, en CDFM, p. 144.
blecer tambi?n la ley y el orden, era necesaria la interven ci?n extranjera.10S
Otro abogado de tal intervenci?n fue Louis Eugene Mais sin, ayuda de campo del contralmirante Charles Baudin, el comandante de la fuerza naval francesa que bloque? los puertos mexicanos en 1833, en "desagravio del mal trato de los ciudadanos franceses en M?xico"; Maissin escribi? de su experiencia y coment? el estado de la sociedad mexica na.109 Uno de los capitanes de la flota fue el pr?ncipe Join ville, hijo de Luis Felipe, cuya presencia puede haber alen
tado a los monarquistas mexicanos en los planes para erigir una monarqu?a.110
Maissin observaba que el ' 'Partido Espa?ol Clerical", con grandes "intrigas, insultos y provocaciones", podr?a incitar a Francia a conquistar a M?xico; "una vez cumplido esto, se r?a posible la monarqu?a".111 Por otra parte Maissin cre?a que Francia era particularmente id?nea para realizar tal proyecto.
De naturaleza pendenciera, estamos impacientes para ende rezar los equ?vocos, incluso cuando podamos sufrir en el in
tento. M?s importante, Francia pondr?a en el trono de M?xico un miembro de la Casa Borb?n, familia que ha preservado in
tacto su prestigio con el pueblo espa?ol, al que ha gobernado tanto tiempo. La supremac?a de la iglesia ser?a asegurada; los due?os de propiedades y los espa?oles que permanezcan, for mar?an una aristocracia con los derechos y los privilegios usua
les. Tales eran y a?n son los sue?os del partido clerical, del cual se dice que el se?or Lucas Alam?n es el l?der y el secre tario Cuevas, uno de los principales.112
108 Deffaudis al Ministerio, 29 de septiembre de 1837, en CDFM, p. 150; Deffaudis al ministro, 3 de junio de 1837, en CDFM, p. 154.
109 Eugene Maissin The french in Mexico and Texas (1838-1839). Traducci?n del franc?s con instrucci?n y notas, de James L. Shepherd,
III, Salado Texas, The Anson Jones Press, 1961, p. XIX, de la in
troducci?n.
no Idem, p. XX de la introducci?n. m Idem, p. 27.
Debido a la ruptura de relaciones de Francia con M? xico, entre 1845 y 1847, el ministro espa?ol en M?xico, Salva dor Berm?dez de Castro, actu? como encargado de relaciones para Francia. Durante ese per?odo inform? al ministro fran
c?s de Relaciones Exteriores, en el mismo estilo ?y a veces, con la misma informaci?n?, que usaba para sus reportes a Espa?a. "Todos los hombres ilustrados miran hacia Europa", declar?, "porque en las circunstancias presentes s?lo la ayu da externa ser? capaz de establecer un sistema pol?tico es
table y de salvar esta naci?n de la anarqu?a".113
Andre Levasseur, ministro franc?s en M?xico de 1848 a 1854, tambi?n estaba convencido de que en M?xico se requer?an unidad y fuerza. Cre?a en la necesidad de un dic tador, en una concentraci?n de poder casi desp?tica.114 Le vasseur estaba indudablemente feliz cuando curs? a su go bierno una solicitud de apoyo franc?s que elevaba la m?s prominente figura conservadora de M?xico: Lucas Alam?n. El informe de la entrevista de Levasseur con Alam?n, debe haber influido tambi?n en los c?lculos del ministro franc?s del Exterior, sobre la situaci?n de M?xico. Alam?n asever? que M?xico deb?a a la poblaci?n francesa el desarrollo de
todas las artes ?tiles y que M?xico buscar?a incrementar la inmigraci?n francesa. Los principios pol?ticos deseados por M?xico, eran "aquellos que vuestro ilustre soberano ha im
puesto valerosamente en Francia y estimulado en Europa: principios de orden, justicia y religi?n; principios sin los
cuales, como vemos aqu?, no puede haber felicidad para el pueblo".115 Alam?n se esforzaba por robustecer los v?nculos
113 Despacho Num. 28 de Salvador Berm?dez de Castro al mi nistro franc?s de Asuntos Exteriores, 28 de junio de 1846; despacho N?m. 264, Berm?dez de Castro al secretario de Estado espa?ol, M? xico, 28 de junio de 1846, en RDHM, III, pp. 278-280.
114 Andre Levasseur al ministro l9 de febrero de 1853, en Versi?n Francesa de M?xico, Informes Diplom?ticos, 1853-1858, Lilia D?az (ed.) M?xico, El Colegio de M?xico, 1963-1966, I, p. 2. Citado en adelante
como D?az.
us Levasseur al ministro franc?s de Asuntos Extranjeros, 30 de abril de 1853, en D?az, I, p. 43.
entre los dos pa?ses y declaraba: "Deseamos copiar nuestras instituciones pol?ticas de las de Francia... estableciendo aqu? una monarqu?a hereditaria".116 Sin embargo cre?a que para M?xico era imposible alcanzarla, y mucho menos mantenerla
por s? mismo. El apoyo extranjero era definitivamente re querido, porque la amenaza de invasi?n por parte de los Estados Unidos, siempre estar?a presente.117
Cuando Santa Anna lleg? al poder en 1853, corrieron rumores de que intentar?a coronarse rey. Sin duda los rumo res se fortalecieron cuando se otorg? el t?tulo de Su Alteza Seren?sima y restableci? la Orden de Guadalupe. Antes de proclamarse emperador, Agust?n de Iturbide hab?a asumido el mismo t?tulo y fundado la Orden de Guadalupe.
Sin embargo, el ministro franc?s que sucedi? a Levas seur, Alphonse Da?o, no comparti? la creencia de que Santa Anna dar?a ese paso y report? a su gobierno que una mo
narqu?a con pr?ncipe extranjero, era a?n una soluci?n via ble para los problemas de M?xico.
Aunque el sistema mon?rquico tiene la abierta simpat?a de todos los hombres ricos e inteligentes, es sabido que esta forma de gobierno no podr?a establecerse de un modo perdurable con una dinast?a nacional. Por el contrario, un pr?ncipe real extran
jero, ser? defendido y recibido por todos.1!8
Santa Anna hab?a sido presidente siete veces antes, tres de ellas investido con poderes extraordinarios, y en todas hab?a perdido la autoridad. Si esto suced?a de nuevo y la rep?blica era revivida, advirti? Da?o, "el pa?s caer?a en pedazos o ser?a absorbido por los Estados Unidos".119
Los ministros franceses destacaron con insistencia que ante los ojos de muchos mexicanos, la inminente amenaza
116 Idem. 117 Idem.
us Alphonse Da?o al ministro, M?xico, 4 de enero de 1854, en D?az I, pp. 88-93.
de invasi?n por los Estados Unidos s?lo podr?a conjurarse, mediante la pronta y en?rgica intervenci?n de las grandes
naciones europeas.120
Europa no pod?a permitir que M?xico fuese absorbido: necesitaba mantener el balance de poder en el Nuevo Mun do. Europa deb?a intervenir en el problema, en cuanto que el fin confesado del republicanismo, esto es de la "dema gogia universal", era la ca?da de todos los gobiernos ordenados y regulares del Viejo Mundo.121
La reflexiva opini?n del sucesor de Da?o, Alexis de Ga briac fue que la mejor defensa contra la "demagogia uni versal" era tomar la ofensiva, no mediante la invasi?n di recta o la guerra, sino indirectamente, a trav?s de M?xico. Si Europa acordaba el establecimiento y el mantenimiento de una monarqu?a en la "Constantinopla de Am?rica", los Estados Unidos no tardar?an en dividirse.122
Los Estados Unidos no se extender?an, ni crecer?an, ni dominar?an en Am?rica, a menos que estuvieran circundados por peque?as rep?blicas en constante estado de anarqu?a.123
En 1853 aparecieron en los peri?dicos de los Estados Uni dos muchos art?culos relativos a la necesidad de un protec
torado sobre M?xico. Se hac?an eco de la opini?n vertida en un art?culo del "London Times", seg?n el cual, los Es
tados Unidos deb?an ser investidos con esta tarea.124 Los art?culos fueron traducidos, reproducidos y difundi dos en M?xico por los liberales.
Sin embargo, un art?culo publicado en Le Courrier de L'Havre, firmado por un se?or E. Mouted, sosten?a la opi ni?n contraria. Propon?a que se formara una monarqu?a en M?xico y que se creara en las rep?blicas hispanoamericanas
120 Gabriac, M?xico, 25 de enero de 1853, en D?az, I, pp. 160-163. 121 Gabriac al ministro, M?xico, 1? de julio de 1856, en D?az, I, p. 304.
122 Idem. 123 Idem.
un equilibrio por medio de peque?os gobiernos mon?rqui cos, para ofrecer un contrapeso efectivo a la fuerza ascen dente de la democracia anglosajona, y mantener el principio de la monarqu?a en el Nuevo Mundo.125
Estas dos ideas ?la de un protectorado de los Estados Unidos y la de una monarqu?a restaurada?, tuvieron una gran influencia en M?xico, seg?n inform? De Gabriac. Si bien la gran mayor?a de la opini?n p?blica favorec?a la ?ltima alternativa y el miedo a la oposici?n a los Estados Unidos exist?a, "es posible ?dijo De Gabriac? que el exceso
de los males en que M?xico est? sumergido por hoy, pueda provocar una manifestaci?n general en favor de la restaura
ci?n mon?rquica".126
Los muchos informes de planes mon?rquicos transmitidos por De Gabriac, deben haber reforzado en muchos de los miembros del gobierno franc?s la convicci?n de que la mo
narqu?a era necesaria para prevenir la expansi?n de los Es tados Unidos hacia el sur, alucin?ndolos con respecto a la extensi?n y la calidad del aliento monarquista en M?xico. Uno de los informes, inclu?a un curioso plan o proclama publicado en El Monitor Republicano, declar?ndose que ha b?a sido encontrado entre los documentos de Antonio Haro y Tamariz, un l?der conservador, cuando fue deportado.127
Se proclamaba un imperio llamado An?huac, de ?ndole hereditaria y constitucional. Su emperador iba a ser don Agust?n de Iturbide, hijo mayor del antiguo emperador. Y
en caso de que rehusara, el honor recaer?a en Haro. El estatuto garantizaba la religi?n cat?lica como ?nica religi?n del estado; y, en una clara contradicci?n, garantizaba tam bi?n la igualdad ante la ley y reinstauraci?n de los fueros militares y eclesi?sticos.
Quiz? el aspecto m?s interesante de este esquema era la
125 Idem. 126 Idem.
127 Gabriac al ministro, M?xico, 5 de enero, 1856, en D?az, I, pp. 245-246.
obligaci?n que se impon?a al emperador ?soltero, enton ces?, de contraer matrimonio con una mexicana de origen ind?gena, que las Cortes constitucionales eligir?an.128
Aunque De Gabriac pensaba que ?al menos por el mo mento? el plan era un poco descabellado, convino en que era coherente con el esp?ritu y el deseo del clero, del ej?r cito y de la clase de los propietarios. Para asegurar el ?xito s?lo faltaban los hombres. Esto lo llev? a formarse la idea de que un pr?ncipe extranjero capaz, con una peque?a fuerza de cinco o seis mil hombres y alg?n respaldo finan ciero, podr?a conquistar M?xico sin dificultad.129
Como para reforzar esta concepci?n, Tom?s Murphy, antiguo ministro de M?xico en Inglaterra, envi? una nota al gobierno franc?s, en la que declaraba que M?xico estaba condenado en breve, a ser v?ctima de una apropiaci?n por parte de la raza anglosajona, "a menos que una mano fuerte
lo salve".130
Treinta a?os de incontenible anarqu?a, eran el fruto de la introducci?n de las instituciones republicanas, "cuya esen cia es diametralmente opuesta a las costumbres, car?cter y otras condiciones del pueblo mexicano".131
Alurphy hac?a hincapi? en que la conquista anglosajona, no pod?a ser tomada a la ligera por Europa, ya que afec taba el equilibrio del mundo. La conquista de M?xico no ser?a sino el principio; le seguir?an Cuba y las Antillas. No s?lo robustecer?a a los Estados Unidos, sino que depositar?a sobre Europa la amenaza de la apertura de un inmenso campo para las instituciones republicanas.132
Los problemas de M?xico eran pues los problemas de Europa desde tres puntos de vista: el equilibrio del mundo,
la seguridad de la paz y el tranquilo reinado de las institu
128 Idem. 129 Idem.
130 Memorial de Tom?s Murphy, 17 de febrero de 1856, en D?az, I, pp. 261-264.
131 Idem. 132 Idem.
ciones mon?rquicas. La ?nica esperanza de M?xico descan saba en el inter?s que Francia, Inglaterra y Espa?a pudieran tener en contener el ?mpetu de la raza anglosajona.133
Como se?alando el tipo de ayuda que podr?an ofrecer estas potencias, Murphy deline? las bases de un proyecto que, a su juicio, pod?a practicarse satisfactoriamente:
1. Establecimiento de una monarqu?a bajo un pr?ncipe espa?ol o de cualquier otra dinast?a cat?lica, con la garant?a colectiva de Francia, Inglaterra y Espa?a. 2. Para establecer y sostener este gobierno, las potencias
deber?an habilitarlo en alguna medida con fuerzas de mar y tierra y subsidios econ?micos.134
Anticip?ndose a las objeciones que su plan pudiera sus citar, Murphy interpuso algunas por iniciativa propia. Era posible, se?alaba, que la acci?n implicara una guerra con
los Estados Unidos, y que M?xico no inspirara suficiente simpat?a a las naciones europeas como para que tomaran ese riesgo. Adem?s Europa no perder?a nada con la ocupa ci?n de Hispanoam?rica por la raza anglosajona. Por el con
trario, M?xico ser?a ocupado por una raza activa, laboriosa e inteligente, que en un corto tiempo ensanchar?a los gran des recursos del pa?s, organizar?a a la poblaci?n y crear?a as? grandes y vastos mercados, ben?ficos para la industria y el comercio europeos.135
Murphy neg? que la guerra fuese una consecuencia in evitable del proyecto, por el contrario, ser?a una garant?a de paz. Los norteamericanos, precisaba, se mostraban auda ces porque ten?an la convicci?n de que Inglaterra y Francia ??nicas potencias que tem?an?, no llegar?an nunca a un acuerdo para oponerse a sus pretensiones sobre el continente americano. Este era el punto de partida, si bien inexpl?cito,
133 Idem. 134 Idem. 135 Idem.
de la Doctrina Monroe y era la consideraci?n que dotaba a los norteamericanos de la audacia suficiente para ir con
tra la ley y contra la justicia. Cuando vieran, sin embargo, que la alianza europea y de Espa?a pod?a verificarse, todas
las posibilidades de guerra desaparecer?an.136
Por otra parte, el pueblo mexicano no era indigno ante Francia e Inglaterra; era la infeliz v?ctima de un mal sino y de la ignorancia de sus l?deres, que hab?an aprovechado su simplicidad para imponerle un r?gimen pol?tico contra rio a sus costumbres. Adem?s no era s?lo del inter?s de M?xico que las potencias europeas se opusieran a las pre
tensiones de la raza anglosajona, sino tambi?n del inter?s de toda Europa "en orden a asegurar el equilibrio del mun do, amenazado con la inundaci?n por una raza que ya ha dado pruebas excesivas de sus aspiraciones de grandaza y de su ilimitada arrogancia".137
Y en lo referente a las ventajas que se ganar?an en el comercio y la industria con un M?xico bien desarrollado, ?stas podr?an asegurarse en igual o mejor medida con la intervenci?n de Europa para establecer un gobierno orde nado y sano.138
De Gabriac estaba al tanto de los planes para buscar un candidato al trono de M?xico, e inform? que, a su enten der, hab?a sido elegido y aceptado el pr?ncipe Juan Carlos, hermano del conde Charles de Montemolin. Sin embargo, reconoci? que, pese a sus esfuerzos, no estaba en posibilidad de obtener informaciones definitivas sobre el asunto. Al parecer, el plan preve?a un gobierno provisional de cinco miembros: un general, un obispo, un industrial, un terrate
niente y el presidente de la Suprema Corte, que convocar?a un concilio de personalidades bien conocidas. Los miembros de este concilio, editar?an un manifiesto refiriendo las des gracias de cuarenta a?os de anarqu?a, el permanente estado
136 Idem. ist Idem. 138 Idem.