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Educación, jóvenes y megatendencias de la globalización

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EDUCACION. Vol. VIL N2 14. Setiembre 1998

EDUCACIÓN, JÓVENES Y

MEGATENDENCIAS DE LA GLOBALIZACIÓN*

Giovan Maria Ferrazzi**

l. CULTURA MODERNA Y MEGA TENDENCIA DEL MUNDO DE HOY

La actual situación mundial respecto a los valores y al cambio que se ha generado en su apreciación y presencia en lo personal y social, puede ser observada bajo distintas perspectivas de análisis, sobre todo si el objetivo de la observación se relaciona a una concreta intervención educativa, que pueda responder a las necesidades de nuestros jóvenes, y al entendimiento del papel que el educador (en la escuela y en la sociedad) tiene que desenvolver para lograr una comunidad más justa y una convivencia enmarcada en una cultura de la vida y de la paz.

Identificar las megatendencias presentes en la propuesta cultu-ral contemporánea, nos obligaría a una aproximación a los distintos

* Ponencia presentada en el I Encuentro Latinoamericano de Directores Marianistas, 22-26 Agosto 1998, Lima-Perú.

En la recolección de los datos de investigación han colaborado Amilda Cabiedes, Carlos Tirado y Carolina Torres, y en la sistematización el Lic. César Uribe Neyra.

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conceptos de cultura que se vienen utilizando, reconociendo de antemano que la mejor acepción del término la podemos identificar en su misma lectura plural: "culturas", en el reconocimiento de una diversidad y pluralidad, no solamente histórica o temporal, sino en su misma esencia. Más allá por lo tanto de la búsqueda de una definición apropiada y determinada, el esfuerzo debería orientarse a la identificación de las características propias de cada expresión cultural, así como de una necesaria comparación entre realidades y experiencias diferentes.

La importancia de esta comparacwn por un lado nos lleva a reconocer y a expresar un juicio propio acerca de los componentes tradicionales del concepto "cultura" en un contexto comunitario y nacional (en la auténtica concepción de nación) presentes en cada sociedad, cuales son: los conocimientos progresivamente adquiridos, los mitos y las creencias, la conceptualización y vivencia del trabajo y del arte, la visión de la norma, de la ley y de la moral, pero por otro lado nos conlleva a una identificación de los aspectos particu-lares que han venido caracterizando los parámetros y de los criterios de nuestro acercamiento valorativo a las distintas culturas.

Efectivamente, en épocas anteriores la concepción humanístico -científica de característica europea, o más ampliamente occidental, determinaba el nivel de valoración de las culturas, al punto de considerar el nivel de acercamiento a ésta concepción, como superación de un anterior estadío inferior. Asumir el reconocimiento valorativo de las culturas más alejadas, ha implicado la adquisición de nuevos parámetros de referencia, y este camino se ha acelerado en este último siglo y aún más ahora a finales del milenio. Podemos pensar al rol que ha jugado en los siglos la cultura del libro, de la palabra escrita, y a su progresivo deterioro en el actual contexto de exalta-ción de la imagen y de búsqueda permanente de la apreciaexalta-ción emocional.

Otro cambio radical en la percepción cultural contemporánea se relaciona a una optimista visión del desarrollo y del progreso como consecuencia y fruto de una creciente y dinámica evolución cultural. En esta visión, el desarrollo de tipo material y económico se ha vin-culado con la adquisición de nuevos y más complejos conocimientos y la determinación consecuente de estándares de vida más elevados.

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En la actualidad no podemos que reconocer que a partir de esta visión materialista, no se ha podido establecer una calidad de vida que incluya la superación de las aberraciones de la convivencia (injusticias sociales, delitos, violencias, guerras), ni la superación de los problemas personales que surgen frente a la imposibilidad o incapacidad de responder al cuestionamiento de la "vida en sí" (agotamiento espiritual, autodestrucción personal, dependencias patológicas, depresiones, suicidios). Hasta podríamos llegar a afir-mar que justamente en la acepción moderna o post-moderna de cultura, reside una de las causas principales de la íntima insatis-facción del hombre de hoy y de la actual desafección a una dimensión de valores, que reconocemos con el término -no totalmente adecua-do- de "crisis de valores".

En efecto, el aumento intencional y programado de informacio-nes y mensajes difundidos a nivel global por la sociedad de consumo, mensajes tendientes a uniformar gustos y apreciaciones de los re-ceptores, ha determinado una disminución no sólo cuantitativa sino también valorativa del rol y significado de las diferentes culturas locales. A pesar de ser expresión de una historia y de una tradición auténtica, las diferentes culturas locales -que por esta misma razón algunos califican como débiles- no tienen suficiente y adecuada capacidad de comunicación que les permita enfrentarse a una pro-puesta dominante, marcada· de evidentes rasgos económicos y co-merciales.

Como se puede apreciar, el análisis de las megatendencias en el contexto de una dominante globalización hacia la juventud actual, asume desde el comienzo un matiz de recriminación y de preocu-pación hacia el futuro, que es necesario reconocer. Implica un pre-juicio evidente, que deriva de una concepción diferente de la vida, de su misma razón de ser, de una esperanza que se fundamenta en la búsqueda y en el amor de la verdad revelada, verdad que que-remos utilizar como elemento de comparación con nuestras realida-des y de construcción permanente de nuevas condiciones de vida.

Se trata entonces de reconocer en el proceso de la globalización las acciones que tienden a transformaciones sociales y culturales

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Un primer aspecto se relaciona a la

información

y a la

comu-nicación.

En los últimos años los medios de comunicación social han jugado un papel protagónico en reducir las distancias entre las sociedades humanas, a través de una masiva distribución de con-tenidos, no siempre completamente discriminados por los beneficia-rios ni pertinentes, sino más bien acríticamente asimilados, alma-cenados por un tiempo y sucesivamente desestimados u olvidados. "La información por la información", la información como valor en sí, determinando una civilización de la información.

Radio y televisión se han mantenido como "medios" de captación de audiencia a través de toda clase de información y del entreteni-miento, denotando de esta manera su propia condición de vehículos que reproducen la ideología dominante, orientando, o tal vez mani-pulando, a la opinión pública de acuerdo a intereses económicos o políticos. Asimismo ha venido determinando un progresivo apagamiento y agotamiento de la voluntad de participar, reforzando la pasividad en el receptor.

Esta caracterización de radio y televisión no es coherente con su propia definición de medios de comunicación social, acercándose más bien a la definición de "medio de información destinada a la sociedad". Las decisiones relativas a los temas que deben estar en el orden del día no necesariamente representan necesidades y as-piraciones de las sociedades, sino fundamentalmente derivan de una lógica de mercado, en la captación de la audiencia de potenciales consumidores de cosas o ideas.

Los avances tecnológicos, principalmente en el campo electróni-co, están determinando una primera gran transformación en la producción y circulación de las informaciones, que pueden ser ela-boradas y divulgadas por quienes tengan intereses específicos, de todo ámbito y con difusión sin límites. Los mensajes no se limitan a entrar en nuestras casas, oficinas y estudios, como ocurre con radio y televisión, sino que desde ahí se pueden proyectar al mundo, en esta sorprendente transformación determinada por internet. Si por un lado se afirma un espacio y una posibilidad de "comunicación", por otro lado se reafirma la tendencia al aislamiento en nuestras casas y departamentos de todos los momentos sociales, recreativos y culturales: la televisión y el vídeo reemplazan a teatros, cines y

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conciertos, la computadora reemplaza al libro, las líneas de conver-sación en internet (chat lines) reemplazan a conferencias, semina-rios y debates en bibliotecas y casa de cultura, los vídeo-juegos reemplazan al entretenimiento social.

Aparentemente, en esta civilización de la comunicación no hay espacio que para lo individual y lo personal. Un análisis más atento, nos permitiría detectar más bien una intencionalidad por parte de los grupos de poder, con evidentes segundos fines, en no favorecer la aglutinación y la participación solidaria y comunitaria.

En esta misma línea encontramos la segunda tendencia:

trabajo

y

tiempo libre.

Después de haber superado distintas concepciones del trabajo, que en la antigüedad era circunscripto a resolver necesida-des materiales y en la edad moderna era concebido como creación personal en una actividad humana universal, el trabajo como modelo antropológico entra en una crisis profunda, cuya función y respon-sabilidad principal reside en la formación de un sistema de tiempo libre, entendido como alternativo y con significados antagónicos frente al tiempo de trabajo.

La tendencia que se ha creado plantea la actividad del trabajo humano como medio y necesidad para sustentar sucesivamente las posibilidades que los espacios residuales de tiempo libre pueden ofrecer. Las personas no encuentran satisfacción personal a sus ideas, a su creatividad y a sus deseos en el ámbito de la realidad de sus trabajos, limitándose a ejercerlos a pesar de todo, y proyec-tando y trasladando sus aspiraciones al tiempo libre, muchas veces vivido de manera intensa, caótica e irracional, con matices consumísticos y hasta autodestructivos.

Podemos definir esta tendencia como una regresión a una visión de "trabajo como necesidad", que proyecta al hombre de hoy hacia un proceso de disociación, en el cual sus características personales y su propia personalidad sólo pueden encontrar espacio en la diver-sión y el tiempo libre, mientras la ocupación representa la limitación a sus potencialidades.

Si a esto sumamos la grave situación de desempleo que carac-teriza nuestros países, podremos apreciar como se evidencia esta

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contradicción, ya que sólo a través de los recursos generados por el trabajo el hombre puede usufructuar de los beneficios ofrecidos por el tiempo libre. La necesidad de ofrecer al hombre un empleo y la oportunidad de trabajar, determina el énfasis que el conjunto de las sociedades naturales y organizadas dan a la necesidad de políticas orientadas a la ocupación y a la lucha a la desocupación, que repre-senta uno de los mayores reclamos en nuestras realidades.

Una vez más, a partir de lo identificado podemos vislumbrar otra acción característica de las tendencias mundiales que eviden-temente repercuten en la creación de hábitos comunes, y que en este caso podríamos definir como el

consumo de cosas

y

experiencias.

Este fenómeno impulsa a niveles que podríamos calificar como compulsivos, a la búsqueda de una realización personal a través de un consumo acelerado y de corta duración, casi en una lucha contra el tiempo para poder alcanzar el más amplio abanico de experiencias probadas y vividas en primera persona, sin que eso implique nece-sariamente una satisfacción en sí, conformándose en la gratificación de poder afirmar que no se han dejado detrás posibilidades de distinto tipo.

El vivir intensamente algo no viene a significar el escarbar y el profundizar la experiencia presente, haciéndola objeto de nuestra propia reflexión y poniendo en descubierto sobre ella nuestra deci-sión de acción o cambio intencional. El vivir intensamente no viene a significar el encontrar las razones de nuestras acciones y su vinculación con nuestras elecciones de vida.

La tendencia al consumo, directamente vinculada a una produc-ción masiva y orientada a la novedad más que a la utilidad, se manifiesta en todos los ámbitos del social, desde las relaciones interper-sonales, donde por ejemplo urge consumar sexo en lugar de descubrir y profundizar una relación afectiva o donde se mide la calidad de la persona y se determina su aceptación en un grupo sobre la base a su acercamiento a los dictámenes externos de una moda o de una co-rriente -vestidos, música, comida, tendencias artísticas-, hasta las orientaciones profesionales, que no se miden en la aproximación a una aptitud personal o a una vocación, sino más bien a una posibi-lidad sucesiva de recursos y tiempos para experimentar las más

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variadas propuestas, generadas por mensajes externos que no apun-tan a la satisfacción o a las posibilidades de expresión personal, sino en crear artificialmente gustos o necesidades.

Esta tendencia no se limita a una acción de tipo externo y práctico, sino que se refleja en una personal actitud frente a lo propio y a lo externo, sumándose algunas orientaciones muy claras y marcada. Por un lado detectamos una especie de rechazo psicológico a los que nos pertenece en sí, entendido como algo no relacionado a nuestra propia aparente decisión o elección personal; de esta manera podemos entender las débiles relaciones familiares, la dis-minución de la incidencia de las expresiones culturales locales, la aspiración que nuestro país se parezca siempre menos a sí mismo y siempre más a otro modelo. Por otro lado se evidencia una forma de tolerancia hacia lo que es distinto, que hasta puede llegar a una justificación o a una aceptación; así podemos entender como

situa-ciones de dudosa moral, de aprovechamiento personal o de flagrante delito y/o pecado vienen promocionadas, discutidas y aceptadas sin mayores problemas. Asimismo, esta forma de tolerancia nos proyec-ta en el gran mundo de la multiculturalidad e interculturalidad que se está construyendo bajo la perspectiva de la "aldea global".

Sin embargo esa misma tolerancia aparentemente contrasta con la orientación a identificar adversarios y enemigos, en ámbitos de absoluta no influencia existencial, como el ámbito del deporte, o de la representación en calidad de dirigentes en asociaciones de carác-ter recreativo, social o cultural. El enemigo viene a ser quien me impide alcanzar lo que yo deseo, aún reconociéndole aparentemente el mismo derecho a nuestras mismas aspiraciones.

El tema de la competitividad, más allá de las afirmaciones teóricas que pretenden presentarla como una tendencia hacia el desarrollo y el progreso colectivo, asume una dimensión de aisla-miento y de proyección egoística.

Otra acción que viene marcando el proceso de globalización puede ser definida como una redistribución de responsabilidades entre el

Estado

y la

iniciativa privada,

con respecto los grandes problemas sociales.

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Aparece marcada la tendencia a "liberar el Estado" de respon-sabilidades sociales, dejando en el ámbito del privado las principales intervenciones sociales, en el campo de asistencia y seguro social, o en los campos educativos y culturales. Sin embargo, como es necesario que toda acción se organice dentro de un marco referencial y legal, las "leyes del mercado" vienen a dictar las condiciones de estas intervenciones, dejando un amplio espacio no cubierto, por no representar un ingreso económico que lo justifique.

Haber despojado de la dimensión social las actividades huma-nas, incluye evidentemente entre sus consecuencias una evidente crisis en la aceptación de la existencia de un Estado regulador, orientado al logro de objetivos que reflejen el ''bien común". Las interacciones en el contexto de las sociedades vienen centrándose en el concepto de "utilidad", entendida exclusivamente como conse-guir la máxima ventaja económica, produciéndose situaciones ini-cuas e inmorales, situaciones de profunda i~usticia social y reflejo de egoísmos personales y colectivos. Innumerables serían los ejem-plos que reflejan esta tendencia que podemos identificar en todos los ámbitos del quehacer cotidiano en nuestras realidades.

En el análisis de las características de una edad o de una sociedad, hay la tendencia a la identificación de aspectos no posi-tivos. El pretendido diagnóstico se transforma así en un listado gris de problemas, dificultades y conflictos. Aparentemente también nuestro acercamiento a las megatendencias de la globalización, que no pretende ser exhaustivo, sino referencial, corre el mismo riesgo. Sin embargo consideramos que una propuesta educativa no se cons-truye sobre la identificación de los problemas de la juventud actual, sin la previa identificación crítica de las razones que determinan los mismos.

Solamente en este sentido podremos repensar a la educación en su dimensión y potencialidad de cambio, donde nuestros perfiles educativos no se limiten a reproducir y reflejar los requerimientos externos, sino representen una alternativa de transformación, en libertad, autonomía y solidaridad.

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2. PROBLEMAS DE LA JUVENTUD EN EL MUNDO DE HOY

"Generación X" y actualmente "Generación Y" son las denomi-naciones que se están utilizando en los estudios y las investigaciones sobre las características más relevantes de la juventud en el mundo de hoy. Como se puede percibir, desde el comienzo se está poniendo en duda la presencia de una identidad definida, por lo que aparen-temente nos encontramos frente a generaciones que se suman una a otra con espacios siempre menores (hace medio siglo el cambio generacional era de 20/25 años, ahora no es equivocado identificarlo entre 5 y 10 años), con problemáticas que se van agudizando y al mismo tiempo con una incapacidad de comunicación que las hace no fácilmente identificable por la sociedad formal de los adultos.

Probablemente aquí reside un primer problema que merecería mayor atención por parte de los investigadores y de los educadores: un equivocado acercamiento a la problemática juvenil.

Resulta contradictorio en efecto resaltar y profundizar distintos aspectos problemáticos presentes en las vivencias y en el mundo de los jóvenes, dejando a un lado los aspectos relacionados a sus as-piraciones, a sus ideales, a su propia visión de la actualidad y del futuro. Es conocida la actitud de tachar a la juventud actual como desinteresada, apática, insensible, desprovista de valores. Probable-mente, esta censura en realidad encierra nuestra propia incapaci-dad de manejar de una distinta escala valorativa, de leer al mundo a través de los ojos de quienes están creciendo y descubriéndolo ahora.

Obviamente toda generación se ha encontrado en la necesidad no sólo de heredar todo el patrimonio cultural y social de las gene-raciones anteriores, sino también de cargar con complejos problemas irresueltos, pero, tal vez, el panorama que se presenta a los ojos de los jóvenes de hoy puede llevar realmente a la incertidumbre de encontrar una salida, por lo menos desde la perspectiva de los adultos.

No hay que olvidar que la década de los años ochenta ha sido definida como "la década perdida", sin embargo, hasta ahora, no hemos podido encontrar una apropiada definición para la década de

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los años noventa, porque todavía parece lejana la posibilidad de encontrar un nuevo camino. ¿Existe realmente una visión de futuro, en una reflexión que actualmente pretende hacernos ver que la historia terminó su función?

El costo social de los últimos años, enmarcados en una fría y estricta lógica de mercado para la mayoría de los países latino americanos, ha sido sumamente elevado. Si por un lado las variables macroeconómicas se presentan como un logro, la eficiencia y la competitividad como objetivos institucionales y nacionales, por otro lado nos encontramos frente a una profunda crisis en lo social.

Los parámetros de esta crisis se pueden medir con cifras e indicadores alarmantes, cuales: el producto per cápita de América Latina que es siete veces menor que en 1970, el 32 por ciento de la población total de la región que vive en extrema pobreza, prin-cipalmente en las "grandes urbes tugurizadas", y el dato que al nuevo siglo América Latina y el Caribe entrarán con casi 40 millones de analfabetos.

A pesar de admitir el riesgo de circunscribir todo problema en la esfera económica, no podemos dejar de reconocer los datos que reflejan el hecho que todavía son los estratos medios y populares de la región que están pagando el elevado costo social, frente a los beneficios que perciben unas cuantas empresas ligadas al movimien-to de concentración del capital y al proceso de acumulación, relevan-do además que a los fríos datos económicos es necesario sumar las consecuencias del deterioro del sistema social para todos aquellos que no están en condiciones de poder modificar substancialmente la situación.

Frente a los problemas de desempleo, subempleo e inseguridad laboral, contaminación, vicio y violencia, intereses económicos transnacionales e inamovibles leyes de mercado, ¿pueden aportar los jóvenes a la creación de una nueva estructura?

Probablemente la respuesta es afirmativa, a condiciones que la sociedad no excluya a ninguno de sus actores, y no considere un peso o una limitación quienes no puedan competir o no se encuentren en la posibilidad de responder a las necesidades de un sistema produc-tivo que tiende a centralizarse y homogeneizarse.

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Entre los sujetos sociales que no se pueden excluir están jus-tamente los jóvenes, con la carga de esperanzas y de problemas, que consideramos importante y necesario reconocer, y que preferimos plantear a nivel de controversia, más que de afirmación.

¿CARENCIAS DE REFERENTES SOCIALES?

Se trata de un fenómeno de gran implicancia con respecto a la visión que tradicionalmente la sociedad -y la educación en general-ha manejado, ofreciendo a los educandos unas imágenes predeter-minadas de referentes sociales, para que sean imitados y se cons-tituyan en modelos. De esta manera lo bueno y lo malo, con relación a las conductas sociales, se personalizaban y representaban la propuesta de la sociedad.

La afirmación que ahora no sean atractivas las grandes figuras del presente o del pasado, los líderes, los santos y los héroes, en realidad desconoce la oferta indiscriminada de todo tipo de referente social. Los jóvenes pueden en la actualidad acercarse a una fuente inagotable y absolutamente diversificada de modelos, en todos los campos de la experiencia humana y pueden escoger entre músicos, artistas, deportistas, inventores, empresarios, líderes políticos y espirituales.

El problema radica en la "fuerza" que posee la presentación de estos referentes y los parámetros que se utilizan para su selección por parte de los jóvenes. Indiscutiblemente el reconocimiento por parte de un grupo del "éxito" alcanzado por unos de los modelos propuestos, representa una fuerte presión y un factor condicionante de peso. El "éxito" es alcanzar un reconocimiento, que puede ser moral o económico, que no necesariamente tiene que ser masivo, pero si mayoritario en el grupo de interés al que pertenece el joven. Por estas razones, por ejemplo, personajes de escaso peso moral -y hasta artístico- pueden causar estragos en los corazones de jóvenes y adolescentes, al punto que se puede llegar a vivir una profunda disociación entre la vida real y una fantástica ilusión de una vida con el ídolo; así como personajes con escaso nivel cultural y caracterizados por constantes conductas infractoras llegan a trans-formarse en líderes de la afición deportiva y son reconocidos como tales por una amplia base juvenil.

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El éxito se vincula por lo tanto con el interés propio, y aparece relevante sólo bajo esta perspectiva de cercanía con el sujeto, cer-canía real o vivida como tal, quizás porque llena vacíos que afectiva y culturalmente no han sido cubiertos o satisfechos por el mundo adulto. Sería interesante, entonces, cuestionar a los modelos que venimos ofreciendo en nuestras propuestas, más que tratar la acos-tumbrada obra de demolición de los referentes juveniles que muchos adultos emprenden, y que puntualmente es destinada al fracaso.

¿IDENTIDAD Y ROL?

Unos de los grandes temas de debate en esta etapa de globalización es el "género", que surge a raíz de la marginación de la mujer, y ha venido evolucionando de la igualdad de posibilidades. a la afirmación que toda conducta depende de roles estereotipados y socialmente aprendidos, sin ninguna vinculación con el sexo en sí.

En este debate, se inserta la pretendida liberalización de las desviaciones, definidas como diversidades, impuestas como modelos a través de los medios masivos de comunicación y aceptadas por respeto y tolerancia.

Es necesario reconocer que en nuestras sociedades se mantienen vigentes esquemas sumamente rígidos, que encasillando a la mujer en un rol débil y al hombre con .la fuerza y el machismo. Si en la actualidad estos esquemas se encuentran en discusión, no significa necesariamente que la vivencia de nuestros jóvenes se haya liberado de estas visiones. La no definición de un nuevo y adecuado patrón revierte necesariamente en una insatisfacción acerca de ellos mis-mos, en una profunda falta de confianza en sus propias capacidades para realizar algo. Tambalean las seguridades básicas que garan-tizan una adecuada valoración personal; falta un fuerte sentimiento de pertenencia a instituciones -como la familia o la propia escuela-que puedan retroalimentar positivamente la identidad en construc-ción.

Finalmente y como aspecto de mucha preocupación, podemos considerar la ausencia de un sentimiento de propósito, que es base para poder identificar y mantener metas claras relativas al papel

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que esperan desempeñar en la vida. Carece la capacidad crítica para analizar serenamente el proceso emprendido, sustituyendo even-tualmente las metas previstas, sin por eso dejarse arrastrar por el fracaso.

¿ESCUELA Y TRABAJO?

Hablar de escuela y trabajo sin volver a las grandes tendencias de la globalización es prácticamente imposible. En el contexto de homogeneización de la propuesta, la influencia de los grupos de poder económico y de las instituciones financieras internacionales aparece determinante, no sólo en su calidad de promotores de nuevas acciones en estos dos ámbitos, sino fundamentalmente como gene-radores de una reestructuración del acercamiento filosófico e ideo-lógico a estas realidades.

Creemos equivocada la pos1c10n de defensa a ultranza de la escuela actual como si fuera la escuela de siempre: en los siglos la escuela ha evolucionado, se ha adaptado a los requerimientos de las sociedades, ha tomado progresivamente distintas responsabilidades -de formación intelectual, de aprendizaje manual, de instrucción, de divulgación cultural, de educación delegada por otros estamentos-y en la actualidad la misma escuela advierte una situación de inestabilidad y una reacción de reclamos en su contra y de exigencias a las cuales no sabe responder adecuadamente, contando además con profesores desilusionados y sin reconocimiento social ni econó-mico, acompañada de unos pocos maestros esperanzados y apasio-nados por su carrera, a pesar de su miseria económica.

Los jóvenes también viven esta situación de incomodidad y molestia, perciben la ausencia de "maestros" y de profesionales de la enseñanza y de la educación, son conscientes que lo eventualmen-te aprendido en las aulas no será suficieneventualmen-te par enfrentar el reto que los espera afuera. Asimismo la experiencia del trabajo en tem-prana edad es una realidad que pertenece a un enorme porcentaje de la juventud actual de nuestros países; a pesar que en su mayoría represente una necesidad ligada a la supervivencia más que una expresión de libre voluntad, en mucho casos la condición de niño o adolescentes trabajador se revela incompatible con la de estudiante, derivando en el fenómeno del abandono escolar.

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Y la escuela no logra a abrirse a estas realidades y a estos reclamos, se encierra en el mundo de las asignaturas y de las notas y no logra a proyectar una propuesta integral.

Eventualmente, los esfuerzos presentes en los proyectos educa-tivos de desarrollo institucional denotan estas preocupaciones, pero muy pocas veces logran penetrar en la estructura de la enseñanza tradicional. Cuando la escuela asume la importancia de una nece-sidad, su primera tentación es construir un nuevo curso, así como se ha verificado con el tema del ambiente y de la defensa de los recursos naturales (educación ambiental), con el tema de la parti-cipación y de la ética ciudadana (educación cívica), con el tema de la identidad (educación sexual), con el tema de la vocación personal (orientación vocacional), con el tema de la vocación profesional (ca-pacitación ocupacional), sólo para citar algunos.

Frente a las aspiraciones de la sociedad civil la escuela no podrá seguir multiplicando cursos y asignaturas, ni podrá seguir multipli-cando carreras de estudio frente a las necesidades y requerimientos profesionales del mundo del trabajo.

Para que no se advierta esta dicotomía entre escuela y trabajo, será necesario volver a privilegiar la centralidad del alumno, como "persona" y no del maestro, del aprendizaje integral y no de la enseñanza.

Los jóvenes necesitan encontrarse nuevamente con un espacio que cuide la totalidad de su persona, sus dimensiones, sus posibi-lidades, sus necesidades, con un espacio que favorezca la compren-sión de su entorno a nivel de conocimientos y valores, con un espacio que respete los diferentes ritmos de formación personal, garantizan-do una real igualdad de oportunidades en el profungarantizan-do respeto de las diferencias, un espacio que los impulse y motive para aspirar e ilusionarse con. ideales, un espacio que no sólo los acepte y compren-da, sino también que los acompañe activamente.

¿La escuela puede ofrecer este espacio de reflexión y vivencia para los jóvenes, para que ellos puedan recrear en sus sucesivas experiencias laborales el ambiente de crecimiento integral que habrán experimentado en las aulas? Si la escuela sabrá lograr este objetivo,

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no tendrá entonces que perseguir todos los cambios en el mundo laboral y empresarial, sino ser agente real de cambio de perspectiva, reconociendo y fortaleciendo las actitudes personales y desarrollan-do adecuadas capacidades.

¿ESPIRITUALIDAD Y MANIPULACIÓN INTELECTUAL?

Para la juventud actual, el vivir en un contexto de sociedad materialista no representa un alejamiento de una preocupación trascendental; en realidad es muy poco relevante el porcentaje de jóvenes de nuestros países que afirma haber totalmente excluido

toda reflexión espiritual y religiosa de su vida personal.

Al mismo tiempo dos fenómenos vienen marcando significa-tivamente la realidad de la juventud latinoamericana: por un lado el alejamiento de las tradicionales instituciones de culto y por otro la entrega a grupos y sectas de tipo filosófico y religioso.

Es complicado analizar el abandono de las instituciones tradi-cionales, sobre todo para aquellos educadores que fundamentan en ellas su propia propuesta formadora; sin embargo, y sin por eso ser excluyente de otras eventuales razones, sería interesante profundi-zar el aspecto exterior y poco vivencial de muchas de estas propues-tas. El acercamiento al descubrir la verdad de la propia existencia pasa en muchos casos por una dimensión social, que si bien satisface emocionalmente no alcanza probablemente a llenar las expectativas, a revolver las dudas existenciales, a responder adecuadamente a la necesidad de construir un proyecto de vida que se fundamente en algo sólido.

En efecto este abandono no representa en absoluto un desinterés con respecto a la cuestión religiosa; en la búsqueda de un camino personal muchos jóvenes se encuentran atrapados en sectas religio-sas, que especialistas en el tema denominan destructivas, por ge-nerar graves trastornos de la personalidad y que llegan a controlar totalmente el pensamiento y las conductas de sus adeptos. La ne-cesaria presencia de un "pensamiento fuerte", que puede ser repre-sentado por un líder espiritual o por unos escritos sagrados, crea una forma de dependencia que se transforma en el eje central de la vida del adepto, quien viene rechazando por una lado a la sociedad y sus

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instituciones, rompiendo los anteriores vínculos familiares y socia-les, y al mismo tiempo se entrega totalmente al proselitismo y a la recolección de dinero.

Existe una evidente presencia de estrategias de presión psico-lógica y de manipulación, que sucesivamente derivan en un control total del individuo. Es necesario por lo tanto analizar las razones de esta entrega incondicional, para descubrir como en la mayoría de los casos la debilidad de la propuesta educativa familiar y social, así como la presencia de una crisis o de inestabilidad emocional, han sido las condiciones que han representado un incentivo en la bús-queda de alternativas radicales que llegan a exigir el sacrificio de toda perspectiva individual de vida.

Ambos fenómenos están en considerable aumento y merecen mayor atención educativa.

¿AMOR Y LIBERACIÓN SEXUAL?

Las cifras relativas a la sexualidad de adolescentes y jóvenes arrojan datos relativos a una progresiva disminución de la edad de ingreso a una vida sexual activa -menor en los hombres que en las mujeres-, con respecto a la tendencia del último siglo.

La sexualidad representa un escollo que todo adolescente debe enfrentar y que en condiciones afectivas y emocionales normales puede superar sin ningún trauma; sin embargo, en los adolescentes y jóvenes se ha progresivamente confundido la sexualidad con la salud reproductiva, determinándose situaciones de grave preocupa-ción en los ámbitos de actividad sexual y embarazos precoces, prác-ticas anticonceptivas y abortivas, enfermedades de transmisión sexual e infecciones virales, mortalidad.

Es necesario aclarar que todas estas graves situaciones de pre-ocupación no pueden ser vistas sólo como un problema de control de natalidad, de utilización de métodos anticonceptivos inadecuados y de "sexo seguro" entre adolescentes, sino como señales de malestar que tienen que ser profundizadas. En efecto consideramos más relevante el dato que la proporción más creciente de relaciones

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sexuales ocurre fuera del matrimonio, o en general sin contar con una madura relación de pareja; asimismo se encuentra en perma-nente aumento el porcentaje de adolescentes que acuden a prácticas abortivas. Si por un lado el joven varón siente la presión social y ejerce distintas recursos manipuladores para llegar al acto sexual, por otro lado existen graves carencias afectivas familiares que con-llevan a las menores a buscar en el sexo el vínculo que garantiza la continuidad de la relación de pareja; para ambos géneros es significativa la poca importancia que se le otorga a la virginidad, vista como frustración o incapacidad personal.

Las consecuencias no esperadas (embarazos, abortos y enferme-dades) representan condiciones traumáticas que van marcando toda la vida futura de los jóvenes y, fundamentalmente de las mujeres, en condición de mayor vulnerabilidad.

Alrededor de la sexualidad se ha definido un panorama de tipo social, con atractivos creados por la filosofía dominante a través de los medios de comunicación y directamente relacionados al éxito personal, alejando todo componente valorativo. Por esta razón el "amor" para un amplio sector juventud actual no es reconocido como un valor que contemple respeto para la pareja, búsqueda de la unidad y de elementos comunes, deseo de construcción de un por-venir, sino como un bien de consumo, una simple atracción y en muchos casos una búsqueda de reconocimiento en el propio nivel social a través de las características de la pareja.

La capacidad de "dar y recibir" que caracteriza la madurez de una relación afectiva, implica una visión altruista de servicio y disponibilidad, mientras la limitante visión actual lleva al egocentrismo de una relación que valora a la pareja como objeto a ser utilizado por distintas razones, y que a futuro representará fuente de dificultades en el orden familiar y social.

¿CONSUMOS ABUSNOS Y DROGAS?

No es impropio definir el "exceso", como una de las caracterís-ticas que ha manifestado la juventud en todos los tiempos. Movida por el deseo de cambio y de innovación en muchos casos la propuesta

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juvenil se ha radicalizado en actitudes, formas expresivas y viven-cias.

Lo que tal vez diferencia el "exceso" en la edad contempo-ránea es justamente el fin intrínseco del mismo, que una vez más no tiene alguna proyección social, limitándose a la búsqueda de una satisfacción personal, a una exigencia compulsiva de diversión y alejamiento de la realidad diaria.

El consumo abusivo de alcohol y cigarrillos caracteriza toda propuesta de diversión y acompaña todo evento juvenil como si fuera un requisito indispensable. Las distintas campaña de información acerca de los efectos letales de tales consumos, aparentemente no representan una disuasión eficaz ni alcanzan resultados considera-bles entre los jóvenes. La tendencia que privilegia la información masiva a la formación personal se revela nuevamente ineficaz frente a fenómenos de tan amplio arraigo.

Asimismo, el considerable aumento del consumo de drogas re-vela una complejidad del fenómeno que sólo de manera tangencial toca sectores marginales o graves situaciones socio-emocionales. Las investigaciones siguen aportan datos que indican en la curiosidad y la presión social del grupo de pertenencia como los rubros de mayor incidencia. En algunos casos la ingestión de drogas es absolutamen-te inabsolutamen-tencional, estando dirigida a mejorar las condiciones físicas y síquicas de los consumidores, como es el caso de anfetaminas y anabolizantes.

El acercamiento al uso indebido de cualquier producto nocivo, raramente es a nivel individual, remarcándose de esta manera la influencia del grupo de pertenencia, la incorporación psicológica de modelos que de manera directa o indirecta minimizan los riesgos y hasta acentúan el prestigio del consumo y la profunda insatisfacción de las expectativas a nivel personal. Resulta igualmente significa-tiva la escasa importancia del papel que juegan las instancias educativas y las intervenciones represivas de instituciones oficiales.

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¿VIOLENCIA E IRRESPONSABILIDAD?

Si por un lado es cierto que estamos acostumbrándonos a con-vivir con fenómenos de violencia de distinto nivel, desde el tema de la seguridad ciudadana a los aspectos estéticos y atractivos de la violencia como espectáculo y diversión, es igualmente cierto que sigue sorprendiéndonos negativamente el creciente aumento de la violencia entre los jóvenes. En algunos países latinoamericanos la causa principal de las muertes de jóvenes reside justamente en actos violentos y delictivos.

Las razones que directamente derivan de la situación social y económica prevalecen en las lecturas de las investigaciones sobre el tema, evidenciándose los factores ligados a la dificultad en el con-seguir empleo, a la frustración del desempleo y en general a la inseguridad del joven con respecto a su futuro próximo. Las angus-tias personales y las depresiones aparecen como causa mayoritaria de sucesivas conductas agresivas, como estudios recientes han po-dido comprobar.

Resulta relevante analizar que los responsables juveniles de muchas conductas agresivas e infractoras, tienen evidentes dificul-tades en justificar sus propios actos, amparándose detrás de lugares comunes que evidentemente esconden la inutilidad de las acciones perpetradas.

El reclamo de falta de responsabilidad de la juventud actual, responde a una visión de exigencias de la sociedad en sí, que valora más el cumplimiento y el respeto del orden social que las razones que lo determinan, de acuerdo a la acepción misma del término responsabilidad, que es la capacidad de poder justificar nuestros pensamientos y actos. De ahí la concepción de persona responsable en cuanto cumplidora, a pesar de que eso determine fenómenos de frustración o angustias que llegan a degenerar tarde o temprano en aciones delictivas e intemperantes.

Asimismo no se puede dejar a un lado el grave aspecto de la violencia con respecto a sectores considerados débiles y marginales, como las mujeres, los emigrantes, las personas de humilde condi-ción, las personas con limitaciones físicas y los débiles mentales.

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Aparentemente para los jóvenes que no se encuentran en condición de poder manejar situaciones de poder real, resulta una gratificación emocional dominar a través de violencia física o psicológica a seres humanos que por distintas y no fundamentadas razones consideran inferiores.

Una vez más, una aparente búsqueda de identidad y reconoci-miento personal se esconde tras un aspecto problemático de la realidad de la juventud actual.

3. CONSTRUIR UNAPROPUESTAEDUCATIVAPARALAJUVENTUD ACTUAL

La validez operativa de todo análisis diagnóstico reside esencial-mente en la fundamentación y coherencia de las sucesivas propues-tas así como en viabilidad operativa de las mismas en los contextos que hayan sido objeto de la investigación. La amplitud y la plura-lidad de las reaplura-lidades latinoamericanas dificultan este tipo de trabajo, pero al mismo tiempo nos permiten identificar algunas considera-ciones comunes para vislumbrar y ofrecer denominadores comunes para la elaboración de proyectos educativos que se caractericen por su propia peculiaridad y al mismo tiempo por su respiro universal.

En este caso los lineamientos de una reflexión orientada a la definición de una propuesta educativa para la juventud actual, derivan de una concepción humana y católica del valor y de la dignidad de la persona, así como de una perspectiva trascendental de la vida, en su dimensión terrenal y en su proyección de santificación para la vida eterna.

Esta concepción nos invita a recuperar el optimismo frente a un panorama cultural y educativo que pretende reducir las potencia-lidades del hombre a los resultados tangibles que pueda conseguir, al reconocimiento social y terrenal y a una escala valorativa, que excluye la presencia de valores universales y opta por una total "relativización" del criterio moral.

Es necesario no dejarse llevar por una simplista consideración de ausencia de valores y más bien reconocer en nuestro entorno una

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auténtica y extensa presencia de valores, que derivan directamente de las tendencias de la globalización que hemos tratado de esbozar en nuestra reflexión, cuales son: el éxito y la carrera, el reconoci-miento por parte del grupo a través de nuestros mensajes estéticos y corporales, la búsqueda de momentáneas gratificaciones sensoria-les y afectivas, la necesidad de demostrar control y poder en situa-ciones de incapacidad e incompetencia, la aspiración a un progreso personal que no involucre necesariamente solidaridad o respeto a la dimensión social.

Si la presencia de estos valores representa una variable común de la juventud de nuestros países, también nuestras propuestas educativas deberán manejar un lenguaje común, que tenga como eje el recupero de la centralidad de la persona (frente a la masificación, el materialismo y la explotación) y que se fundamente en ideas fuerzas, principios y valores permanentes. Esta responsabilidad en definir nuestra misión esencial debe acompañarse al desafío real de un testimonio autentico de una presencia y vigencia de una propues-ta alternativa, que no se limite al enunciado de un ideario, y se concrete en la experiencia de una relación educativa y formadora, a través de la experiencia escolar.

En esta perspectiva el rol social del educador enviste directa-mente la necesidad de una visión integral que permita reconocer en el joven encarnado en su propia realidad las aspiraciones profundas, los anhelos universales de cada hombre:

la necesidad del amor, la búsqueda de la verdad, el ejercicio de la libertad.

La multiplicación de los esfuerzos educativos, tal vez en los últimos tiempo se ha centrado únicamente en la identificación de instrumentos técnicos o metodológicos, más que en el necesario compromiso por parte de cada uno y de cada educador en especial, de volver a construir instituciones educativas (familia y escuela principalmente) preocupadas por una educación integral, personal, social y trascendental del individuo.

En la presente circunstancia histórica cada uno de nuestros centros educativos debería volver a mirar sobre sí mismo y revisar

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no sólo su imagen sino su misma esencia, para comprobar si sigue cumpliendo con su misión evangelizadora, como instrumento eclesial de anuncio de la "buena nueva", o si el interés para el nivel aca-démico y normativo, y la preocupación para el reconocimiento social a nuestra obra hayan tal vez desnaturalizado nuestro servicio.

Entre las "ideas fuerzas" que podríamos utilizar para realizar la autoevaluación que necesitamos, quisiéramos destacar las si-guientes:

Respeto al valor de la persona, a su dignidad, a todas las dimensiones del ser a su proyección eterna;

Acompañamiento al descubrimiento de la vocación indivi-dual y del trabajo como servicio y posibilidad;

Exigencia de afirmación de la relevancia de la dimensión social y de la integración;

Orientación hacia el bien común, en las dimensiones moral, social y política;

Vivencia de la solidaridad como expresión del ser;

Afirmación y reconocimiento de las virtudes, como camino de formación integral hacia la santificación de la existencia.

Para que cada uno de nuestros jóvenes alcance, en su experien-cia personal, las aspiraciones últimas de cada hombre, no podemos seguir insistiendo por el camino de la eficiencia metodológica de los instrumentos y de los métodos, y más bien debemos volver a la preocupación esencial de propuestas didácticas centradas en una visión de hombre completo e integral, cultivando la valoración del esfuerzo y la esperanza, para que el mañana sea mejor que el ayer, y recuperando la alternativa del desarrollo de la conciencia indivi-dual, en relación con los valores universales, valores que cada in-dividuo tiene la responsabilidad de buscar, identificar y al mismo tiempo concretar en su vida.

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