Wanderers y Valparaíso: Fútbol, imaginarios y cultura urbana en el puerto principal. – Revista El Topo - Sociología Cultural y Urbana ISSN: 0719-3335

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Revista Eltopo. No.5. 2015 ISSN:0719-3335 111

(1) | Sebastián Ponce Olmos.

Núcleo de Estudios en Sociología del Fútbol

(2) | Carlos Vergara Constela.

Núcleo de Estudios en Sociología del Fútbol

:(pp.110 - 137)

Carlos Vergara Constela2

Resumen

En el artículo se revisan y vislumbran los imaginarios urbanos de la ciudad de

Valparaí-so que se hacen manifiestos a raíz del estudio de uno de los símbolos más relevantes

de la ciudad: la institución deportiva Santiago Wanderers. A través de una estrategia metodológica basada en la investigación documental, observaciones y entrevistas, se da cuenta de la emergencia de imaginarios urbanos de la ciudad durante la época de existencia del club porteño (1892 a la actualidad). Desde la fundación del club hasta el inicio de la participación de Wanderers en el profesionalismo, se aprecia la inven-ción de un mito fundacional y representaciones que llenan al símbolo. Desde 1942 en

adelante, se avizora la construcción de tres imaginarios: el imaginario wanderino de

Valparaíso, el imaginario de la resistencia porteña y el imaginario patrimonial de

San-tiago Wanderers. En el presente texto se pone énfasis en el imaginario wanderino de

Valparaíso y el imaginario patrimonial de Valparaíso.

Palabras Claves: Santiago Wanderers, imaginarios urbanos, patrimonio inmaterial, estilo de juego, ídolos.

Abstract

In the article are reviewed the urban imaginary of the city of Valparaiso which become

manifest from the study of one of the most important symbols of the city: Santiago Wanderers sports institution. Through a methodological strategy based on desk

re-search, observations and interviews, we realize the emergence of urban imagery of the

city during the time of existence of the sport team (1892-present). Since the founding of the club until the beginning of the participation of Wanderers in the professionalism,

the invention of a founding myth and representations that fill the symbol shown. From 1942 onwards, the construction of three imaginary is looming: imaginary wanderino of

Valparaíso, imaginary of resistance of Valparaíso and heritage Imaginary of Santiago

Wanderers. Here, the emphasis is placed on the imaginary wanderino of Valparaiso

and heritage Imaginary of Santiago Wanderers.

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Comprender Valparaíso a través de los imaginarios

urbanos y el fútbol

La ciudad de Valparaíso, durante la segunda mitad del siglo XIX, fue caracteri-zada como el puerto principal de la costa latina del Pacífico, dada su bullente actividad portuaria y comercial. Aquello significó que recibiese una cantidad considerable de población de diversas latitudes, produciéndose importantes procesos de intercambio cultural. La condición de puerto otorgó a Valparaíso un cariz vanguardista. Precisamente, fue en esta ciudad donde comienza a rodar la pelota de fútbol, y se institucionaliza el deporte en Chile.

Durante el siglo XX, se aprecia una decadencia de la ciudad, la cual tiende a agudizarse con posterioridad a la dictadura militar. No obstante, Valparaíso fue objeto e inspiración de una multiplicidad de miradas que fueron representando y referenciando distintas zonas de su territorio. La producción artística, ya sea en facetas literarias, fotográficas, audiovisuales, pictóricas y musicales, llenó al territorio porteño de significados sobre las condiciones marginales del ha-bitar, la “bella” decadencia, las particularidades de su trama urbana y la vida bohemia de la zona portuaria. A inicios del siglo XXI, el Estado chileno impulsó la obtención de una denominación patrimonial por parte de UNESCO de una zona de la ciudad. El argumento para la consagración del reconocimiento se construyó básicamente sobre la necesidad de legitimar la autenticidad de la trama urbana de una zona de la ciudad. La reseña anterior resulta relevante para lograr situar a Valparaíso y, en general, a las ciudades puerto, como obje-tos de investigación a abordar desde diferentes miradas disciplinares, teóricas y metodológicas.

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Una de las vías de acceso a las culturas urbanas ha sido a través del constructo imaginarios urbanos, el cual posee una gama amplia de influencias teóricas, en-tre las que contamos la Filosofía social de Castoriadis, la Antropología simbólica de Gilbert Durand, la Sociología urbana de Simmel rescatada por Louis Wirth, la geografía humana francesa liderada por Guy di Meo, y los estudios culturales urbanos latinoamericanos iniciados por Néstor García Canclini y Armando Silva. Actualmente, el desarrollo del constructo imaginarios urbanos ha encontrado asidero en autores como Alicia Lindón, Daniel Hiernaux y Francisca Márquez, quienes han sostenido que los imaginarios urbanos se definen como tramas de sentido producidas socialmente y compartidas por determinados grupos sociales, los cuales logran predefinir la cualificación de lugares, atribuyéndole características y otorgando sentidos (Lindón y Hiernaux, 2007; Hiernaux, 2007; Lindón, 2007b). Los imaginarios urbanos, entonces, pueden ser entendidos como esos sentidos comunes que pertenecen a los grupos que los portan, y que permiten explicar prácticas sociales y apreciaciones realizadas respecto a espa-cios y sujetos, o bien, como sostiene Márquez (2007), como guías o pautas de acción que se activan en cuanto nos encontramos presentes en determinados espacios.

En este sentido, los imaginarios están compuestos por un cúmulo de represen-taciones sociales, muchas articuladas sobre un soporte visual (graffitis, foto-grafías, postales, imágenes oficiales), enlazadas narrativamente por sentidos comunes socialmente producidos y corporalmente practicados. Los imaginarios, por lo tanto, son esa idea fuerza que se integra al universo simbólico de un espa-cio social, logrando organizar y dotar de sentido a una trama cultural compues-ta represencompues-taciones, prácticas, narraciones y espacios. Así, el imaginario es un complemento de sentido para aquellas tramas de representaciones, transfor-mándolas simbólicamente en pautas de acción para el desarrollo y la compren-sión de la vida mental en una urbe; permitiendo narrar un pasado, un presente y proyectar un futuro compartido por un grupo determinado. Por lo tanto, esas pautas de acción, las cuales parecieran ser “imágenes actuantes” pueden con-ducir procesos más amplios (como por ejemplo la reconversión turística de un centro histórico), no sólo quedándose en la mera representación.

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Lin-dón, 2007a), necesitan de un símbolo para expresarse. Este punto reviste com-plicaciones, puesto que la determinación de qué elemento posee condiciones simbólicas en un determinado territorio no deja de ser problemático, en tanto existen diferentes perspectivas sobre el estudio de los símbolos y su relación con los imaginarios. En este sentido, el artículo adscribe a las ideas de Gilbert Durand, Victor Turner y Blanca Solares. Por lo tanto, el símbolo se comprende como una pieza de unión que pretende establecer un vínculo que, a diferencia de los signos no es representativo, si no implicativo, puesto que dada su capaci-dad aglutinadora ensambla significados dispares, logrando, a través de la com-prensión del símbolo, ver una cosa que no necesariamente es la que se presen-ta (Solares, 2012). El símbolo, en este caso, evoca una dimensión trascendente o invisible que interpreta lo representado de manera indirecta, emotiva y abierta (Durand, 1971). Así, por último, los símbolos poseen un carácter polisémico, correspondientes a marcas que conectan lo desconocido con lo conocido, que activan el polo emotivo, y que hacen oscilar sus significados entre lo manifiesto y lo latente (Turner, 1999).

Al respecto, Eduardo Santa Cruz (1996) ha señalado que el club de deportes Santiago Wanderers, a lo largo de la historia, se ha constituido como un símbolo de la ciudad de Valparaíso. Aquello nos permite establecer un punto de entrada a la realidad porteña e indagar en los imaginarios urbanos que se expresan a través de este club de fútbol.

En este sentido, la potencialidad que tienen los clubes deportivos para compren-der socioculturalmente un territorio está dada, no sólo por su carácter represen-tativo (Ramírez, 2003), sino que también por su capacidad de articular narra-tivas que aluden a un nosotros en oposición a una otredad (Guerrero, 2006) y, precisamente, por el carácter lúdico -en el sentido utilizado por John Huizinga- y simbólico, es decir, por su capacidad de activar polos emotivos y con esto unir elementos de diverso orden (Archetti, 2008).

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Garriga Zucal y Míguez (2014) por la confrontación con una alteridad específica: “se trata de la oposición a un grupo que representa todo aquello que se niega, al menos en los sistemas perceptivos que ponen en juego la identidad propia con-densando en una misma trama, diversas dimensiones identitarias”(p.408-409). Esta compleja trama es desplegada y puesta en juego a través de la construc-ción de rivalidades deportivas. A lo largo y ancho de Sudamérica es común en-contrar una gran gama de casos ilustrativos de esto; dentro de los ejemplos más conocidos podemos señalar la rivalidad entre los dos grandes de Montevideo en Uruguay, el Peñarol de origen ferroviario y representación obrera popular y el Nacional, que surge desde universitarios de la ciudad; en la ciudad de Lima en Perú, entre el Alianza Lima de origen mestizo y popular (que luego se asienta en la población La Victoria, populosa e identificada con la población de afrope-ruana) con una fluida relación con las organizaciones obreras de la ciudad, y el Universitario, ligado a los estudiantes de la universidad, a grupos sociales que representaban, al menos en sus primeras décadas, el polo opuesto dentro de la sociedad de ese país (cholos, mestizos, afro peruanos trabajadores versus blancos, de clase acomodada); entre varias más que podríamos reseñar.

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Caminar, observar, leer, conversar y analizar

Los componentes que dan forma a los imaginarios, ya sea en su faceta urbana o de otro tipo, pueden ser hallados en diferentes soportes textuales (Alabarces, 2007). El cine, las revistas, los programas televisivos, los periódicos, la literatu-ra, la música, el teatro, los discursos, los murales, los graffities o los rayados en los muros de la ciudad deben constituirse como unidades de análisis básicos para entrelazar y articular un imaginario (Silva, 1986; García Canclini, 1997). Sobre esto, Lindón (2007b), advierte que para la construcción de imaginarios urbanos se necesita especificar espacialidades y temporalidades, y cruzarlas con prácticas sociales, representaciones y significados de éstas. Aquel cruce es denominado como “holograma espacial”, lo que no es más que una ima-gen sintética, localizada temporal y espacialmente que posee características evocativas y proyectivas, logrando contener otros espacios y temporalidades no presentes en ella.

Entonces, con el objetivo de hallar y analizar los imaginarios urbanos de Valpa-raíso contenidos en el símbolo wanderino, se estableció un trabajo de campo que contempló la utilización de tres técnicas de producción de datos (móviles, documentales y orales) que pudiesen hacerse cargo de lo espacial, de tempora-lidades diversas y fragmentadas, y de oratempora-lidades que hablen del sentido vivido de los sujetos que portan el símbolo wanderino.

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Imagen 1:

Cartografías utilizadas en observaciones (Cerros Los Placeres y Concepción)

Fuente:

Elaboración propia en base a cartografías facilitadas por SII (2011).

Nota. La cartografía de la izquierda corresponde a la zona baja del Cerro Los Placeres, es decir, desde “la cruz” hasta la Universidad Santa María. La cartografía de la derecha

corresponde a Cerro Concepción y la zona baja de Cerro Alegre, es decir, hasta la plazuela San Luis.

A través de los recorridos fue posible establecer diferencias entre unidades es-paciales y paisajísticas (ej. Plan/cerro; el “anfiteatro”; Avenida Alemania como límite) y con esto no sólo mejorar la comprensión sobre los muros hablantes de Valparaíso, sino que también encontrarnos con indicios que poseen un correlato material e imaginario para los habitantes de Valparaíso. Lo principal fue una di-ferenciación de los lugares en que se encuentra presente Santiago Wanderers, a través de elementos icónicos como lo son murales, rayados, postes de luz pintados con colores verdes y blancos, y nombres de comercios. Como se pensó antes de comenzar el campo, la densidad de los íconos que aluden a Santiago Wanderers es mayor en los cerros respecto al “plan”. No obstante, hay especifici-dades importantes a recalcar: en la zona plana, Wanderers está presente mayo-ritariamente en nombres y carteles de comercios; aparece con mayor fuerza en “El Almendral” y “Barrio Puerto”, dejando al “Barrio Financiero” como un lugar en que la presencia de íconos wanderinos es prácticamente nula.

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y Toro, entre los más destacados, muestran una alta densidad de íconos y em-blemas wanderinos. Por otro lado, nuestros recorridos realizados por Cerro Con-cepción y Cerro Alegre, dentro de los límites de la zona patrimonial-UNESCO, no aparecen postes pintados, ni murales, ni rayados alusivos al club porteño: sólo un par de emblemas en comercios de la calle Almirante Montt. También, en la parte baja del Cerro Bellavista, donde se encuentra el Museo a Cielo Abierto, nos encontramos con una baja densidad de emblemas wanderinos. En estas zonas existe mayor presencia de murales de otro corte: alusiones a ascensores, artistas, músicos, paisajes, retratos, pinturas, etc .

(3) | Si bien no se presentan datos con-cluyentes para establecer la mecánica y la

dinámica de procesos de restructuración

urbana en Valparaíso, se puede establecer,

a modo hipotético, que la baja presencia de emblemas wanderinos en las dos zonas destacadas tiene relación con los (aún no comprobados pero evidentes) procesos de gentrificación que estas zonas han sufrido. Esto sugiere la colonización de determina -dos espacios, ahora destina-dos principal-mente para el uso turístico, en desmedro del uso residencial, lo que ha implicado un progresivo desplazamiento de habitantes que “mantengan” la presencia de

elemen-tos wanderinos.

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Tabla 1:

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Imagen 2:

Imaginarios urbanos de Valparaíso a través de Santiago Wanderers.

Fuente:

Elaboración propia.

Finalmente, se produjeron datos de naturaleza oral, a través de la realización de veinte y cinco entrevistas en profundidad. Si bien la elaboración del marco muestral de las entrevistas no contempló el control de variables ligadas a lo socioeconómico, se consideró una gama amplia de actores sociales. Entre ellos: ex presidentes del club; dirigentes/as actuales de la corporación y la sociedad anónima que posee la concesión; hinchas (mujeres y hombres) de diversa ín-dole: adscritos a la barra “Los Panzers”, adscritos a la barra “Raúl Sánchez”, sin adscripción a algún tipo de barra organizada, adscritos a movimientos que se encuentran disputando la dirección de la corporación Santiago Wanderers; locatarios/as de comercios con nombres wanderinos; ex jugadores que se des-empeñaron profesionalmente en la década de 1990, 2000 y 2010; y personas no wanderinas, principalmente ex estudiantes universitarios, actuales profesio-nales. Los/as entrevistados/as oscilaron entre los veinte y un años y los setenta y cinco años. En el caso de los/as adultos mayores, su memoria recordaba hitos ligados a Wanderers y/o la ciudad hasta la década de 1950. En las entrevistas se tocaron temáticas referentes a la relación entre Wanderers y Valparaíso, zo-nas significativas de la ciudad, cruce entre biografía personal, fútbol y ciudad, y representaciones de la ciudad.

Fuente:

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A los datos recolectados se le aplicó un análisis de contenido, el cual estuvo enfocado en la obtención de códigos que se articulasen en torno a representa-ciones, imágenes, prácticas y espacios, categorías que conforman el constructo, o la meta categoría de imaginario urbano. A estos códigos se los ubicó temporal y espacialmente dentro del territorio comunal de Valparaíso.

De esta manera, la interpretación de los datos plantea la existencia un gran imaginario wanderino de Valparaíso, el cual posee dos sub imaginarios. El ima-ginario wanderino de Valparaíso es instituido en la fundación del club. Por su parte, el imaginario de la resistencia porteña se instituye con el primer descenso wanderino y la agudización de la decadencia de Valparaíso, y el imaginario pa-trimonial de Santiago Wanderers se instituye con la denominación papa-trimonial de la ciudad.

A continuación, se presenta una revisión de corte histórico del periodo en que se funda el club, donde se resaltan hitos que van dándole forma al imaginario wanderino. Luego, se analiza la cobertura de Revista Estadio en el inicio de las participaciones profesionales de Santiago Wanderers, y finalmente se analiza el imaginario patrimonial de Santiago Wanderers .

La fundación de Santiago Wanderers en 1892 contiene la institución de un club deportivo que ha persistido por 123 años dentro de las competiciones depor-tivas. Desde la biografía anecdótica de Wanderers realizada por el ex dirigente porteño Manuel Díaz Omnes en 1952, hasta los actuales relatos de informantes y programas televisivos sobre el acontecer y otros aspectos del club, este hecho ha sido cargado de una narrativa mítica. Esta indica que Wanderers fue crea-do por acrea-dolescentes y jóvenes porteños que, ante el “furor” de los albores del fútbol y la negativa de la apertura de espacios para jugar por parte de quienes controlaban el mundo del fútbol porteño de ese entonces, decidieron crear su

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(4)| La omisión del imaginario de la resis -tencia porteña en este artículo se debe a

motivos arbitrarios de los autores del texto.

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propio club. Como advierte Guerrero (2014), la fundación de un club –institución básica para comprender a barrios y ciudades-, siempre es acompañada de una narrativa que abre un campo semántico que contiene los elementos más valo-rados de los sujetos fundadores.

El libro de Manuel Díaz Omnes postula varias cuestiones relativas a la fundación: el club fundado por jóvenes estudiantes; los apellidos del grupo de fundadores son de origen criollo; el nombre Santiago Wanderers se debe a una búsqueda de distinción de los ingleses, resaltando el carácter “chileno” del club, a través de la inclusión del nombre de la capital del país; y el espacio de fundación y or-ganización se ubicó en el actual barrio puerto, precisamente en lugares como la antigua cancha el empedrado (hoy Plaza Wheelright), el malecón, calle Caram-pangue y la cancha “Los Lúcumos” (ubicada entre lo que actualmente conoce-mos como la quebrada San Francisco y la quebrada Carampangue), zonas que en aquella época fueron caracterizadas por el ambiente popular, y el constante transitar de marinos, trabajadores portuarios, vagos, estudiantes, comerciantes y lavanderas (Urbina, 2002).

Aquella fundación, hoy posee un carácter mítico cargado de un significado satu-rado en consideraciones sobre el carácter revolucionario de aquel acto. El mito fundacional converge en que la institución wanderina fue creada por jóvenes de origen criollo y popular, y que aquello representa la histórica rebeldía popular del porteño. No obstante, se omite todo aquello que no vaya en sintonía con la narrativa fundacional: por ejemplo, Wanderers no fue fundado por algún peón urbano de la ciudad. De hecho, muchos de fundadores eran estudiantes con un alto grado de capital cultural para la época .

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la organización y normativa del fútbol, desastres naturales, victorias a nivel de-portivo e hitos internacionales. Por ejemplo, Edgardo Marín en Historia total del fútbol chileno, sostiene que Santiago Wanderers logró que el fútbol se pautara en idioma español. Sobre los desastres naturales, el terremoto de 1906 implicó una reorganización del fútbol debido a que muchos clubes desaparecieron. Res-pecto a las victorias a nivel deportivo, el campeonato obtenido por Wanderers en 1908 fue clave para el aumento de su popularidad, puesto que dicho torneo le dio el paso para representar a Chile en los juegos panamericanos . Finalmente, el inicio de la primera guerra mundial, así como la apertura del canal de Panamá tuvieron impacto en el fútbol porteño, ya que implicó una progresiva desapari-ción de clubes de raigambre inglesa.

De esta manera, Wanderers tuvo sus primeras experiencias a nivel profesional en la década de 1930, aunque un periodo clave en invención de representacio-nes sobre el club tiene su lugar desde su llegada definitiva a la liga profesional de la Asociación Central de Fútbol .

En el documental El Wanderers de Valparaíso, el periodista Edgardo Marín (ex cronista de Revista Estadio y actual periodista de Radio Cooperativa) define el estilo de los equipos wanderinos de los años 60 y 70 como fuertes, seguros y arrolladores. En la construcción del estilo de juego wanderino convergen facto-res de diverso orden. En primer lugar, aparece la influencia de un director téc-nico, luego el conocimiento, la adaptación y las condicionantes que posibilita la geografía física de Valparaíso y, finalmente, la mediación de Estadio.

Los primeros treinta años de vida profesional de Santiago Wanderers estuvieron marcados el entrenador argentino José “el gallego” Pérez . El sello distintivo del director técnico argentino lo encontramos en su reconocimiento de la geografía

(5) | Manuel Díaz Omnes, Santiago Wande

-rers. Biografía anecdótica de un club (Edi

-ciones Stadium), capítulos 1, 2 y 3.

(6) | En Revista Sucesos de Valparaíso, N°

325, AÑO VII, noviembre de 1908; recorda -do posteriormente en nota de aniversario del club en Revista Los Sports de Santiago,

N° 78, AÑO II, septiembre de 1924.

(7) | En revista Los Sports de abril de 1923

(AÑO I, NUM 6), de junio de 1925 (AÑO III, NUM 117), de enero de 1926 (AÑO III, NUM 151), de febrero de 1928 (AÑO V, NUM 259), de enero de 1930 (AÑO VII, NUM 357); y el número de la revista Don Severo de enero de 1934 (AÑO I, NUM 41).

(8)| José Pérez, como jugador de fútbol, defendió las camisetas de Platense, San

Lorenzo, Racing Club de France Football

y Ferrocarril Oeste. Llegó a Chile en 1948

para hacerse cargo de Badminton como

director técnico. Su arribo a Valparaíso se produce un año más tarde, en 1949, para dirigir técnicamente a Santiago Wande -rers. Sin embargo el idilio con la ciudad comenzaría en su segundo periodo como

DT (1956-1961) y se cristalizaría para la posteridad durante su tercer ciclo en 1968.

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Wanderers en Revista Estadio:

Entre la invención del estilo y la reproducción del

estereotipo del porteño portuario.

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porteña, donde el énfasis estuvo en la política de captación de jugadores en los cerros de Valparaíso y la adaptación del juego al viento característico de Playa Ancha, el cerro donde Wanderers ejerce su localía. El técnico argentino -José Pérez-, realizó un trabajo de captación de jugadores provenientes de clu-bes amateurs localizados en los cerros de la ciudad. Esta forma de trabajo es relatada por ex integrantes del club porteño. En el documental El Wanderers de Valparaíso de Patricio Muñoz, jugadores dirigidos por “el gallego” Pérez, como Armando Tobar o Juan Olivares, señalan que esta política de captación buscaba identificar al club con jugadores que vivieran en la ciudad. O dicho en otras pa-labras, jugadores que tuviesen inscripto el territorio en sus disposiciones corpo-rales (De Certeau, 2000): que subieran y bajaran escaleras, jugaran en canchas de tierra desniveladas producto de las características topográficas de la ciudad, o identificaran al estibador como un referente de masculinidad del mundo labo-ral porteño.

El cerro, entendido como espacio y unidad paisajística de Valparaíso, cobra re-levancia por varios motivos: la mayor parte de la población habita en esta zona de la ciudad y estos son representados en base al esfuerzo y el sacrificio de sus habitantes (Pino y Ojeda, 2013). Alicia Lindón (2009) ha señalado que el paisaje es totalmente indisociable del cuerpo que lo ve y lo siente. Es más, el paisaje puede ser un considerado como un espacio deseado, recordado, imaginado, e incluso somatizado, adoptando una perspectiva de un sujeto espacialmente concebido, en tanto cuerpo y sentimiento.

“Allí en los cerros, subiendo y bajando a la carrera, aspirando sal y yodo,

enro-jeciéndose al sol de las pichangas interminables se hizo fuerte y duro como las rocas” (sobre Carlos Hoffens) (Revista Estadio n° 1023, p.41)

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ciudad y, además, un sentimiento vinculante para con la ciudad y el habitar en ella. En este sentido, el reconocimiento del viento característico de Valparaíso fue un elemento que dio forma a la disposición del estilo de juego wanderino . De esta manera, los estilos de juego se comprenden como representaciones de formas de practicar el fútbol con alta carga simbólica, donde se expresan ciertos estereotipos y valores de diversas escalas territoriales, como barrios, ciudades, regiones y países (Archetti, 2008).

“Nosotros aprendimos a entrenar con el clima de Playa Ancha. A veces llovien-do torrencialmente, estábamos entrenanllovien-do en el Alejo Barrios. Chapoteanllovien-do el barro ahí, tirándonos al suelo. Aprendimos a explotar el viento. Nosotros

jugá-bamos mejor en contra del viento, que a favor” (Oscar Dubost – Documental El

Wanderers de Valparaíso, 2001)

La cita anterior pertenece al año 1964. Pero en números anteriores, como por ejemplo el 266 de 1949 o el 421 de 1952, Estadio ya elaboraba una relación que subsumía los estilos de juego a las imágenes urbanas de estos territorios que los cobijaban bajo las frases “Wanderers es Valparaíso” y “Everton es Viña del Mar”. El discurso periodístico de Estadio asimila que los estilos proceden de las prácticas predominantes que se realizan en una y otra comuna. Estadio, edi-tada en Santiago, introyecta una visión capitalina, sobre las representaciones, imágenes y prácticas predominantes en Valparaíso y Viña del Mar. Por lo tanto en la relación aparentemente causal entre territorio y estilo, Estadio asimiló una imagen urbana para Viña del Mar y Valparaíso que es asumida como factor cau-sal del estilo de cada uno de los equipos .

En el caso de la reproducción de estereotipos sobre el habitante porteño, resulta interesante ilustrar a través de los ídolos, o jugadores más representativos. De acuerdo a Santa Cruz (1996), los ídolos deportivos son comprendidos como per-sonas que condensan las características más valoradas dentro de un territorio o institución. El caso de Juan Olivares fructífero para entender como se ha ido construyendo el imaginario wanderino. No sólo se advierten las diferencias de las características de los estilos, si no que son asimilados y subsumidos a las

(9) | En el documental de Joris Ivens el viento fue considerado como uno de los cuatro elementos característicos de la

ciu-dad. Ahora bien, sin la intención de interio -rizarnos en la geografía física de la ciudad, quien ha tenido la posibilidad de observar y transitar por distintos cerros de la ciudad podrá corroborar que Playa Ancha es el cerro donde el viento aparece cada tarde con una fuerza que no se advierte en otras zonas de la ciudad.

(10)| Sin embargo, la tipificación reali -zada sobre Wanderers necesariamente oculta que durante el siglo XX en

Valpa-raíso persistió una elite “ociosa” (Urbina, 2002) y el crecimiento urbano e industrial

de determinadas zonas de Viña del Mar necesariamente atrajeron mano de obra,

construyéndose algunos emblemáticos ba

-rrios obreros, como por ejemplo, Santa Inés (Castagneto, 2010).

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imágenes urbanas de ambas urbes , e incluso se crean estereotipos en base a cómo están siendo pensadas las disposiciones y particularidades corporales de los habitantes y jugadores de un club y otro. Lo interesante de este caso, así como también podría ser el caso de Jorge Ormeño y Moisés Villarroel (también viñamarinos), es que el ejercicio de recorte y selección con el que operan las construcciones de las imágenes urbanas deja fuera de lo que entendemos como Viña del Mar a sus cerros: Viña es playa, jardines, casino, ocio y modernización constante. Por lo tanto no es sólo el barrio obrero de Santa Inés el cual queda excluido de la imagen urbana de la ciudad, sino que es toda la época del auge industrial de Viña y el poblamiento de los sectores populares como Achupallas, Nueva Aurora o Santa Inés desde la década de 1930 en adelante (Castagneto, 2010), que quedan excluidos de la selección de la imagen urbana de Viña del Mar. Por lo mismo la vinculación de Juan Olivares con lo porteño es rápida, sim-ple y directa: Santa Inés se ubica en un cerro, es un barrio predominantemente de trabajadores obreros, de casas elaboradas en base a la autoconstrucción y de vecinos representados por el esfuerzo cotidiano que deben realizar para subsistir económicamente (Santibáñez, 2000).

“Al respecto, uno no deja de ser curioso con lo que ocurre con los arqueros de

la costa. Uno, Adison Aguilar, rubio, elegante y muy alto como la propia Viña del Mar. El otro, Juan Olivares, tez morena, pelo negro y jockey inclinado como

el muchacho inconfundible de cerro y de la dársena. Y ambos relativamente

menudos, pero sumamente ágiles, despiertos, casi felinos, eficientes” (Revista Estadio n°1110, pp. 25).

Entendiendo que los imaginarios urbanos residen en determinados espacios cualificando lugares (Lindón, 2007b), Santa Inés no logra contener el imagina-rio viñamarino, sino que posee representaciones y características mucho más asociadas al universo simbólico porteño. De hecho, cuando nuestros informan-tes nombran la procedencia de Juan Olivares indican Santa Inés y no Viña del Mar. Algo similar nos señalan al momento de caracterizar a uno de los actuales integrantes del plantel wanderino: José Lafrentz. El arquero, hijo del actual pre-sidente del club, es resistido por gran parte de los simpatizantes de Santiago (11)| Para indagar en la imagen urbana de

Viña del Mar signada por el balneario, el ocio y la “alta sociedad” se sugiere revisar

Booth (2003) y Ejsmentewicz (2003). Por otro lado, para interiorizarse en la relación

entre imágenes urbanas e imaginario se

sugiere la revisión de Lacarrieu (2007).

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Wanderers debido a la seguidilla de errores que se le atribuyen durante partidos que el club porteño perdió en el campeonato clausura 2014. Varios de nuestros informantes, nos señalan que “no es para Wanderers, porque tiene pinta de jugador de Everton”, declaraciones totalmente decidoras puesto que actualizan tipificaciones realizadas por Estadio hace más de cuatro décadas, demostrando la forma cómo son representados los viñamarinos y cómo una determinada fiso-nomía corporal y procedencia socioeconómica no logra hacer sintonía inmediata con lo wanderino y lo porteño. Esta distinción establece límites imaginarios a tra-vés de los estereotipos construidos sobre jugadores wanderinos y evertonianos. Juan Olivares es viñamarino, pero según Estadio su fisonomía es porteña porque no tiene pelo de tonalidad rubia, ni es elegante como el arquero viñamarino. De hecho, y de acuerdo al estudio de Aguirre y Leal (2012), su fisonomía es análoga a la de los estibadores del puerto de Valparaíso: moreno, fuerte y “choro” .

(12) | Gracias a una investigación reali -zada por Carlos Aguirre y Valentina Leal

(2012) sobre la vida laboral de los estiba

-dores cabe añadir algunas especificidades: su predominancia como figura pública en

la vida urbana porteña de Valparaíso se

ubica temporalmente entre la década de 1910 (recordemos que entre 1912 y 1930 se construye el puerto moderno) y la déca

-da de 1980 (debido a la descomposición de la EMPORCHI y la modernización por

-tuaria); fueron caracterizados como choros,

machos, fornidos, mujeriegos, machistas y

galantes; tuvieron una relación cercana

con la muerte a causa de la cantidad de

accidentes experimentados. Esto los llevó

a vivir la vida de otro modo: aceptando su transitoriedad y fugacidad. Por los motivos

anteriores se relacionó al estibador con la

idea de un vividor, celebrador de la vida, apegado a lo presente pese a su esforzado trabajo.

(13)| El discurso de Julio Martínez puede

revisarse en el siguiente link: https://www. youtube.com/watch?v=cHK_V0M-q_0

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El viejo y querido Wanderers:

El imaginario patrimonial wanderino

El año 2007 el movimiento restauración verde, liderado por Carlos Bombal socio de Santiago Wanderers, instó al municipio de Valparaíso, para que a través del alcalde de aquella época, Aldo Cornejo, se reconociera al club Santiago Wande-rers como parte del patrimonio inmaterial de la ciudad.

La solicitud que pretendía la patrimonialización de Wanderers tuvo su asidero en la vorágine patrimonial desatada en la ciudad, a propósito de la denominación UNESCO de una zona de Valparaíso, como patrimonio cultural de la humanidad en el año 2003. No obstante, la condición patrimonial de Santiago Wanderers, actualmente reconocida, tiene raíces anteriores. En el aniversario número cien celebrado en 1992, año en que el club estuvo a punto de perder su categoría de profesional, el periodista Julio Martínez realizó un sentido discurso articulado en base a la necesidad de salvaguardar al club, debido a su condición histórica y pionera en el fútbol chileno . Aquel discurso, en ningún momento rozó la pa-labra patrimonio o algún derivado de ésta.

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Imagen 3:

Mural Santiago Wanderers Patrimonio de Valparaíso.

Fuente:

Elaboración propia. Mural ubicado en Plaza Waddington, Cerro Playa Ancha.

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una institución que posee un valor tradicional tanto en el plano cultural de Val-paraíso, como en el fútbol chileno.

Siguiendo a Arévalo (2004), la tradición es entendida como lo que ha logrado ser transmitido desde el pasado, logrando reactualizarse en el presente. La tradi-ción tiende a renovar el pasado, pero ésta se realiza desde un presente en mar-cha, por lo tanto hay una dinámica, que no es inalterable. La tradición, entonces, se transmite, pero cabe advertir que no todo lo que sobrevive del pasado es algo tradicional. Esto requiere legitimación y continuidad. En este sentido, los grupos sociales de determinadas comunidades definen qué es lo tradicional y qué no, por lo tanto es un ejercicio de poder, entendiendo que se valoran determinadas cuestiones del pasado en desmedro de otras. La tradición significa continuidad, en tanto cada grupo social recrea su tradición en función de trayectorias y expe-riencias colectivas (Lenclud, 1987).

La transmisión del sentimiento vinculante al club es uno de los componentes resaltados por nuestros informantes como parte del patrimonio inmaterial wan-derino. Ésta, se produce principalmente en la niñez, donde los padres inculcan a sus hijos el cariño por el club. Esto significa la presencia de estrategias y prácti-cas razonables para que las nuevas generaciones hereden el sentimiento por el club, o dicho de otra forma, hereden la aprehensión y las herramientas para de-codificar el símbolo y hacerlo suyo. Para esto se realiza un conjunto de prácticas y acciones -ritualizadas- destinadas a heredar identidades y emocionalidades . El por qué de la transmisión generacional de los significados de Wanderers guarda relación con salvaguardar una tradición que adopta forma de mandato, donde, quienes nacen en Valparaíso necesariamente deben apoyar al club que representa a la ciudad.

“El equipo nació aquí, toda la gente era más familiar no es cierto, ahí los mismos

niños cuando iban al estadio, porque era un parque, iban a almorzar y des -pués se iban al estadio, así que eso les quedó a los niños, des-pués ellos fueron padres, es como una herencia genética, los que nacen en Valparaíso nacen

wanderinos” [Lourdes (65 años), habitante de Valparaíso e hincha de Santiago

Wanderers].

14

(14)| Al respecto, sostiene que las estra-tegias “corresponden a conjuntos de ac-ciones ordenadas en procura de objetivos más o menos a largo plazo y no necesa-riamente planteados como tales, que los

miembros de un colectivo producen” (Bou

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“La historia que hace la gente desde el niño chico al taita que va con su radio

apoyando al wanderito. Mi hijo tiene que ser wanderino porque nació en Valpa

-raíso. Es una tradición que no se puede romper porque como dijo Julio Martínez solo los porteños podemos salvar a wanderito, nadie más, entonces si tu hijo es porteño tiene que ser wanderino” [Diego (24 años), habitante de Valparaíso e

hincha de Santiago Wanderers]

Esto es interesante porque dentro de esta “estrategia madre” que supone que los hijos e hijas de padres wanderinos deben ser wanderinos, se cometen un conjunto de prácticas para tal misión: regalar indumentaria u objetos que ten-gan motivos wanderinos, llevar a los hijos al estadio, cantar canciones alusivas a Wanderers, inculcar los significados que ha producido al club y la noción de representatividad de un nosotros porteño . Esta estrategia intenta perpetuar la transmisión de una identidad porteña, de la cual Wanderers es símbolo masivo y popular. De acuerdo a Anderson (2002), transmitir identidad es transmitir res-puestas sobre quién soy y quiénes somos, a través de la entrega de elementos tales como símbolos, creencias, representaciones, etc., que pertenecen a gru-pos sociales que adoptan la forma de comunidad imaginada.

Como señalan nuestros informantes, lo que se transmite es un sentimiento ha-cia un club de fútbol que es representativo de quienes habitan o han nacido en una porción de territorio chileno: Valparaíso. Para nuestros informantes lo que está presente en la institución wanderina es Valparaíso, una retórica que explica a Wanderers constantemente desde Valparaíso y viceversa.

Dado que estamos en presencia de una construcción identitaria que tiende a ho-mologar al club con la comuna, encontramos algunos problemas: si Wanderers es todo lo que es Valparaíso y Valparaíso es todo lo que es Wanderers ¿dónde situamos dentro o en relación a Wanderers los ámbitos universitario y turístico de la ciudad? Valparaíso, en tanto reificado como imagen vendible, o como bino-mio universitario (junto a Viña del Mar), propone un cúmulo de representaciones y narrativas que no necesariamente están contenidos en Wanderers. Dicho de manera más simple: Santiago Wanderers no está contenido en el Área Universi-(15) | Además de la lectura de los

fragmen-tos de nuestros informantes, esto también

se puede apreciar en la gama de capítulos del programa televisivo “La Vida en Verde”, donde hay secciones que muestran a

pa-dres y/o hijos contando cómo se hicieron wanderinos.

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taria de Avenida Errázuriz, ni en el restaurant Sabor Color de calle Templemann en Cerro Concepción, ni en el Paseo Atkinson, ni en el Palacio Baburizza, sólo por mencionar ejemplos que ilustran lo universitario y lo turístico en la ciudad. Por lo tanto, tomando en consideración a nuestras fuentes wanderinas y no wanderi-nas podemos establecer que el Valparaíso homologado a Wanderers oscila entre representaciones de la ciudad cercanas a la nostalgia del pasado y la de habi-tantes localizados en cerros “cien por ciento porteños”, representados en su día a día por su sacrificio cotidiano. Este vendría a ser el Valparaíso de Wanderers:

“Yo creo que somos del Wanderers porque nacimos en esta ciudad y porque nos sentimos representados por un club que tiene un arraigo especial. Valparaíso se asocia mucho con el Wanderers, no solamente porque es el equipo de futbol de Valparaíso, tan bien se asocia un poco con la misma historia del Wanderers,

que ha sido una historia de gente sufrida, de sacrificio, una historia de esfuerzo” [Lourdes (65 años), hincha de Santiago Wanderers y habitante de Valparaíso].

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Reflexiones finales

En primer punto resulta relevante hacer una consideración en términos meto-dológicos; entendiendo que la investigación se enmarca dentro del área que podemos denominar como Estudios Urbanos, se debe resaltar la consideración de distintas técnicas de producción de datos, así como la contribución espe-cífica que las disciplinas involucradas en esta área logran efectuar. En este sentido, se analizaron los imaginarios urbanos de Valparaíso a través de San-tiago Wanderers mediante técnicas móviles, documentales y orales, las cuales permitieron dar cuenta de la localización de significantes en el espacio urbano mediante observación y deriva, trazar la relación entre Wanderers y Valparaíso desde 1892 a la actualidad mediante el análisis de registros documentales y audiovisuales, y articular narrativas centradas en la relación entre fútbol y ciudad a través de la consecución de datos orales que recordaban, postulaban, relacionaban y proyectaban. A su vez, bajo las nociones de espacio (desde la Geografía), de temporalidad y larga duración (desde la Historiografía), de sím-bolo, ritual y arena (desde la Antropología) y de espacio social y relacionalidad (desde la Sociología), se logró conjeturar un objeto de estudio desde un comien-zo se pensó como transdisciplinario.

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