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lucha que se comparte con ellos y del proyecto social que a lo largo de la historia y por todo el planeta hacen

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15

él, a veces al interior de las pr

opias or

ganizaciones, a

veces incluso dentr

o de un mismo militante. Si se trata

de r

omper con la amistad bur

guesa y dejar de separar

nuestr

os afectos por los compañer

os de la ética de

lucha que se comparte con ellos y del pr

oyecto social

que se defi

ende, se trata también de saber que estas

personas no son nuestr

os únicos compañer

os, sino que

también lo son los cientos de miles de r

evolucionarios

que a lo lar

go de la historia y por todo el planeta hacen

parte de nuestra comunidad de lucha. El afi

nitarismo

es

por eso forzosamente localista, democrático, for

malista.

Nuestra clase no puede ser inmediatista, so pena de disolverse en la ciudadanía del capital. Sus minorías revolucionarias, mucho menos.

(3)

14

Una parte del afi

nitarismo, per

o en general de la

ideología dominante, trae consigo criterios inmediatis- tas, localistas y personalizador

es a la hora de pensar y

actuar entr

e los otr

os. Esto ocurr

e, por ejemplo, cuando

en función de quién afi

r

ma unas posiciones éstas nos

convencen o no, o cuando al confr

ontarse las difer

encias

en tor

no a una cuestión se toma partido en función de

la gente más afín. Es un fenómeno de lo más fr

ecuente

en la vida militante, y lo es no por

que se dejen intervenir

criterios demasiado subjetivos —como hemos defendido a lo lar

go del texto— sino por

que esa subjetividad está

fundada en una característica inher

ente al ser social de

la bur

guesía y por tanto de la ideología dominante: el

inmediatismo. La actual clase explotadora está obligada a afi

r

mar que la historia r

ecorr

e una línea de pr

ogr

esión

hasta el triunfo del capital y la democracia, una línea que ter

mina con el establecimiento de su dominio de

clase. Este fi

n de la historia, por otr

o lado, acompaña

bien al pr

esente continuo del inter

cambio mer

cantil,

en el que el discurrir de la historia no importa por

que lo elemental es la r enovación —para la r ealización y re pr

oducción ampliada del valor— y

, a lo sumo, la

capitalización del futur

o —capital fi nancier o— para el mejor contr ol del pr esente. El pr

oblema, por tanto, está en fundar la subjetividad

de los militantes en lo inmediato y no en la línea histó- rica de nuestra clase, que es anónima e inter

nacional.

Es esencial que compr

endamos que en boca de un

mismo compañer

o puede expr

esarse la r

evolución y la

contrarr

evolución, que en esta vida no hay ni hér

oes ni

traidor

es, sino dos fuerzas sociales que luchan entr

e sí,

una por conservar este mundo y otra por acabar con

Notas sobr

e el afi

(4)

grupo Barbaria barbaria.net [email protected] Madrid marzo de 2019 Este material puede ser r epr oducido y compartido libr emente. 13

esos aspectos en nuestra pr

opia existencia. Per

o esa

negación es y sólo puede ser colectiva. Los militantes revolucionarios necesitan luchar contra una sociedad que se esfuerza cotidianamente por individualizarlos, por convertirlos en individuos aislados, abstraídos del otr

o, con una supuesta unidad de sentido que se

vuelve enor

memente vulnerable ante la fuerza

ideoló-gica de este mundo. No nos cansar

emos de decirlo:

ser comunista signifi

ca ser un momento, una célula de

ese cuerpo or

gánico, histórico e inter

nacional que es

nuestra clase, no un individuo.

Por eso construir r

e

laciones de confi

anza es una tar

ea

militante, como lo es criticar y ser criticado, como lo es cuidar al compañer

o y pensar en cómo potenciar

sus mejor

es virtudes, como lo es dejarse cuidar por los

compañer

os para poder r

omper con las estructuras opr

e-sivas de la familia y la par

eja —ruptura que no signifi

ca

anulación, sino vivir de otra for

ma las r

elaciones con

los ser

es queridos—. T

odas estas son tar

eas militantes

no por

que se trate de construir un falansterio donde el

patriar

cado o las lógicas individualistas, de competencia,

etc. no puedan entrar

, sino por

que la lucha contra el

capital no puede r

estringirse al espacio “público” de

la militancia for

mal, por

que necesitamos luchar juntos

en todos los ámbitos de nuestra vida para hacer

nos

fuertes como clase.

Sin embar go, no quer emos tor cer el bastón. T an impor

-tante es que los elementos demasiado personales que hacen parte de nuestra vida militante sean r

e

fl exionados,

(5)

12

que no es un conjunto de ideas abstractas, que no es un ensamblado de nor

mas que se impone como un deber

ser sobr

e nosotr

os, sino una necesidad en nuestra lucha

contra el capital en todas sus expr

esiones, una manera

de or

ganizar

nos como clase contra la atomización social

y las instancias que la r

egulan: familia, par

eja, amigos,

trabajo, democracia. Y es que para or

ganizar

nos como

pr

oletarios que luchan contra el capital, necesitamos

or

ganizar también nuestra vida en función de esta lucha:

con distintas intensidades, de múltiples maneras, per

o

siempr

e afr

ontando todas las dimensiones de nuestra

vida como momentos de un mismo pr

oceso, el de la

constitución de la clase contra este mundo.

Por

que una or

ganización comunista es un cuerpo

or

gánico que lucha por anticipar el comunismo en

su pr

opio ser y actuar

. En ella, los militantes no son

engranajes individuales de la máquina-partido, tr

ozos

incompletos e inútiles sin el conjunto, perfi

les que se

miden en función de su utilidad para los objetivos de la organización. No es esa lógica la que puede guiar

nos

en nuestra estructuración como comunidad de lucha. Per

o tampoco lo es la que defi

ende el yo bur

gués como

un espacio intocable por la transfor

mación colectiva,

privado a los otr

os, comunicable sólo a las personas

afi

nes que uno escoge a libr

e voluntad; la or

ganización

comunista es un cuerpo, no un agr

egado de individuos,

y un cuerpo sólo funciona si cada miembr

o, cada célula

actúa y se piensa en or

den al conjunto. Si el comunismo

es un movimiento r

eal que niega radicalmente cada

uno de los aspectos de este sistema, los comunistas no somos tr

ozos especializados de él, sino momentos de

su totalidad, tendiendo a negar por ello cada uno de

5

Notas sobr

e el afi

nitarismo

La militancia r evolucionaria afi rma

su actividad como totalidad or

ganizada

Pr

oletarios Inter

nacionalistas

Crítica a la ideología insurr

eccionalista

Para comenzar una crítica al afi

nitarismo, cr

eemos que

antes es necesario explicar desde dónde no hacemos la crítica. En general el afi

nitarismo se ha defi

nido

como

la intr

oducción de elementos demasiado personales

en la manera de pensar y actuar de los militantes, así como en las r

elaciones que éstos establecen entr

e sí al

interior de una or

ganización. De esta for

ma, un compor

-tamiento no afi

nitario sería aquel que no se dejara guiar

por criterios subjetivos en sus decisiones, sino que al contrario actuara siempr

e confor

me a la lógica racional

de quien pone por encima los inter

eses colectivos a los

individuales. Un ejemplo clásico de esto es la crítica de Lenin a la «ideología de cír

culo» durante el congr

eso

(6)

6

se for

marían las corrientes bolchevique y menchevique.

Lenin criticaría entonces vivamente la actitud infantil de los futur

os mencheviques, que habrían r

eaccionado de for ma subjetiva ante la pr opuesta de r educir en númer o el comité de r edacción de Iskra

, puesto que eso

supo-nía r

etirar r

esponsabilidades a algunos viejos militantes,

quienes lo entendían, en boca de Martov

, como una

falta de confi

anza y de r

espeto. Lenin describiría este

enfr

entamiento en

Un paso adelante, dos atrás

como «la

lucha del espíritu pequeño bur

gués contra el espíritu de

partido, las peor

es “consideraciones personales” contra

los objetivos políticos, las palabras ver

gonzosas contra

las nociones elementales del deber r

evolucionario», y

recuperaría la intervención crítica de Russov en dicho congr

eso: «Hemos de elegir r

esponsables y aquí no

cabe la falta de confi

anza de tal o cual que no ha sido

elegido; lo único que debe saberse es si es a favor de la causa y si la persona elegida es la adecuada para el puesto en el que se le ha designado».

Como vemos, esta crítica del afi

nitarismo r

epr

oduce

la separación entr

e

razón y emoción, lo objetivo y lo

subjetivo, el individuo y la colectividad, los medios y los fi nes, lo privado y lo público: es, por tanto, una crítica socialdemócrata y patriar

cal

1 que no consigue r

esolver

1

Por supuesto que la socialdemocracia, en tanto que partido del capital para los obr

er os, r epr oduce el patriar cado al colaborar en la r epr

oducción del capitalismo. Sin embar

go, cr eemos necesaria esta r edundancia para r emar car cómo pr ecisamente la separación entr

e lo privado y lo público, entr

e lo racional y

lo emocional, al mismo tiempo que nace dir

ectamente con el

11

individualistas y democráticas que se expr

esan en el seno

de nuestras estructuras, a veces en nosotr

os mismos,

para or

ganizar

nos necesitamos también luchar contra

la separación entr

e la vida militante y la vida cotidiana

de la que nacen como her

manos mellizos el politicismo

y el afi

nitarismo: por un lado las r

elaciones militantes

abstractas, donde sólo cabe lo racional, donde los indi- viduos se contraponen entr

e sí como mer

cancías en

la concurr

encia democrática, y por otr

o lado la esfera

privada donde los afectos se establecen entr

e individuos

separados que no comparten entr

e sí unas posiciones,

una lucha, una ética, sino simplemente una r

elación de

ocio ajena al negocio militante.

Seguramente todo esto se evidencia con claridad en

lo que se r

e

er

e a las críticas personales. Los amigos no

necesitan criticarse, sino que comparten lo que pueden cuando pueden, tolerando los defectos y disfrutando las virtudes del otr

o. Los compañer

os, por el contrario, se

hacen ver mutuamente los defectos, las contradicciones y los err

or

es por

que no son ser

es distintos, por

que hacer

mejor al compañer

o es hacerse mejor a uno mismo.

En una or

ganización política, donde los medios están

subor

dinados a los fi

nes y los militantes lo están a los

objetivos de la or

ganización, no se critica ni se mejora

a nadie, se le r

eleva del car

go. En una or

ganización

comunista, sin embar

go, se sabe íntimamente que la

única manera de seguir siéndolo es que sus miembr

os

se ayuden mutuamente a ser comunistas, a serlo en todos los ámbitos de su vida aunque haya difer

encias y

grados de cómo vivirla entr

e ellos, y a serlo gracias a una

voluntad de autotransfor

mación colectiva. Se trata de vivir

las r

elaciones con los compañer

os confor

(7)

10

puede hacer emer

ger con toda su fuerza una amistad

desligada completamente de la ética y del conjunto de la sociedad, una mera r

elación entr

e dos individuos que

deciden voluntariamente establecer un vínculo en tor

no

a afi

nidades de tipo personal o lúdico, un tipo de r

ela-ción específi

ca y aislada de otras r

elaciones específi

cas

como las amor

osas, familiar

es, etc.

Con este pequeño desvío se podrá compr

ender mejor

nuestra crítica al afi

nitarismo. Hay afi

nitarismo toda vez

que los lazos entr

e los compañer

os militantes se

pien-san desde la fragmentación de nuestras vidas que nos impone este sistema y

, en consecuencia, desde ese

fragmento de vida que es la amistad bur

guesa. Esto no

quier

e decir que estemos en contra de que los

compa-ñer

os sean “amigos”, en el sentido de que desarr

ollen

unos lazos de afecto, cuidados, confi

anza e intimidad

entr

e sí. Bien al contrario, cr

eemos que ese tipo de lazos

son la base misma desde la que construir una or

ganiza-ción no democrática —es decir

, no or

ganizada desde

la desconfi

anza— y donde podamos luchar contra la

separación entr

e vida militante y vida cotidiana que nos

impone el capital. T

ampoco quier

e decir que tengamos

que r

omper con nuestras r

elaciones de amistad, de la

misma manera que poner en cuestión los lazos familiar

es

no signifi

ca cortarlos de raíz. Eso supondría cr

eer que

podemos llegar a una suerte de “perfección comunista” en plena sociedad capitalista, que podemos construir un falansterio donde el movimiento contradictorio de la r

ealidad capitalista, y la vida social que hace parte de

ella, no nos afecte. Nada de eso. De lo que se trata es de saber que, de la misma manera que para or

ganizar

-nos como clase necesitamos luchar contra las prácticas

7

el pr

oblema. Bien al contrario, cr

eemos que para hacer

una crítica al afi

nitarismo desde el punto de vista

comu-nista es esencial hacerlo contra todas esas separaciones.

En la separación entr

e lo privado y lo público, los

afectos, los cuidados, lo emocional, lo personal es consi- derado inferior o de menor importancia y queda r

elegado

a un segundo plano, a una esfera donde el individuo ahoga su necesidades de apoyo y soporte mutuo de una for

ma alienada. Esta alienación se r

ealiza a través

de las categorías democráticas de la par

eja, la familia,

los grupos de amigos, que per

miten or

ganizar

favorable-mente a este sistema nuestra atomización. Mientras, de manera igualmente democrática, el espacio militante se convierte en un lugar de r

elaciones abstractas entr

e

indi-viduos que compiten bajo la ley del más fuerte —quién habla mejor

, tiene más carisma o ha leído más libr

os—,

con todo el contenido patriar

cal y bur

gués que esto

conlleva. Así, vemos r

epr

oducirse por enter

o el mundo

del capital en nuestras r

elaciones sociales. Es por ello

que si enfr

entamos al afi

nitarismo una compr

ensión

racional y utilitaria de la militancia, que es al fi

nal

una

compr

ensión política —en tanto que esfera separada—,

las dinámicas afi

nitarias se volverán a r epr oducir muy a nuestr o pesar per o inevitablemente en el espacio privado e infor

mal, puesto que una concepción política

—separada, abstracta: bur

guesa— del espacio militante

sólo puede r epr oducir el or den bur gués en el r esto de nuestras r elaciones sociales. capital y es esencial a su r epr

oducción, conlleva una opr

esión

específi

ca contra las mujer

(8)

8

Por

que el afi

nitarismo es, de hecho, el pr

oducto de

esas separaciones. Politicismo y afi

nitarismo son dos

caras de la misma moneda, en la medida en que una compr

ensión política de la militancia deja intacto el

ámbito privado, no lo tematiza, no lo critica desde el comunismo, de tal for

ma que la manera en que nos

relacionamos socialmente en el mundo del capital se acaba r

epr

oduciendo al interior de una or

ganización

que trata sin embar

go de luchar contra él. En este caso

de for

ma más evidente, y puesto que siempr

e se cuela

algo demasiado humano en el mundo de las ideas, una militancia política y racional r

epr

oduce los lazos de

amistad bur guesa entr e los compañer os. La amistad es una r elación de afecto r ecípr oco con

alguien con quien no se comparten vínculos consan- guíneos. Por tanto, la manera en la que se piensa y practica la amistad tiene una importancia esencial en la constitución de las distintas sociedades humanas que van más allá de los lazos de par

entesco. Es por eso que,

aunque la noción ha variado a lo lar

go de la historia,

durante mucho tiempo el sentimiento de amistad estuvo acompañado por una serie de der

echos y deber

es que

regían la sociedad. La amistad era impensable fuera de una ética para el conjunto de la colectividad y para las personas de fuera

2 .

2

Así, por ejemplo, es sintomático que en griego clásico no exista una palabra específi

ca para amigo, sino que comparte signifi

-cante con otras unidades semánticas como entr

e otras servicial ( epitedeios ), compañer o de ar mas/condiscípulo ( etair os ), aliado militar ( symmacos ) o querido/amado ( philos ), tér

mino este último

9

Podemos per

cibir cómo este carácter comunitario y

reglado de la amistad se debilita en momentos donde el inter

cambio mer

cantil tiene mucha más pr

esencia en

las r

elaciones sociales y

, por tanto, cuando el pr

oceso

de individuación —es decir

, de hacerse los miembr

os de

la comunidad individuos separados entr

e sí— aumenta,

como por ejemplo en la Gr

ecia helenística con Epicur

o

o ya en el Imperio Romano con Séneca

3 . Sin embar

go,

sólo la irrupción del modo de pr

oducción capitalista

que se utiliza indistintamente para el sentimiento amor

oso. Por

otr

o lado, en el griego homérico —más antiguo— apar

ece con fr ecuencia la institución de la xenía , la cual r e fi er e a una for ma

de amistad ritualizada para los extranjer

os que se acogen como

huéspedes — xenos re fi er e tanto al extranjer o, por ejemplo en

«xenofobia», como al huésped—. Este concepto ritualizado de la amistad se establece con quienes se tiene un lazo de alianza política, económica y militar entr

e familias aristocráticas que,

además, tiene un carácter transgeneracional —es decir

, que

nada tiene que ver con una r

elación intersubjetiva que se agota

allí donde el individuo pone pies en polvor

osa

3

Cuestión aparte es Aristóteles que, como en muchas otras cues- tiones, funciona como bisagra entr

e el mundo de las

poleis

y el

mundo del Imperio. Así, si por un lado plantea la existencia de relaciones por placer o por utilidad entr

e individuos separados,

por otr

o pr

opone como la ver

dadera amistad, la amistad buena,

aquella por la que se comparte y practica una ética, un ser en común, como si la amistad fuera un atributo ontológico de la comunidad. Este concepto, como se podrá compr

obar

, nos es

de mucha ayuda para pensar las r

Referencias

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