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él, a veces al interior de las pr
opias or
ganizaciones, a
veces incluso dentr
o de un mismo militante. Si se trata
de r
omper con la amistad bur
guesa y dejar de separar
nuestr
os afectos por los compañer
os de la ética de
lucha que se comparte con ellos y del pr
oyecto social
que se defi
ende, se trata también de saber que estas
personas no son nuestr
os únicos compañer
os, sino que
también lo son los cientos de miles de r
evolucionarios
que a lo lar
go de la historia y por todo el planeta hacen
parte de nuestra comunidad de lucha. El afi
nitarismo
es
por eso forzosamente localista, democrático, for
malista.
Nuestra clase no puede ser inmediatista, so pena de disolverse en la ciudadanía del capital. Sus minorías revolucionarias, mucho menos.
14
Una parte del afi
nitarismo, per
o en general de la
ideología dominante, trae consigo criterios inmediatis- tas, localistas y personalizador
es a la hora de pensar y
actuar entr
e los otr
os. Esto ocurr
e, por ejemplo, cuando
en función de quién afi
r
ma unas posiciones éstas nos
convencen o no, o cuando al confr
ontarse las difer
encias
en tor
no a una cuestión se toma partido en función de
la gente más afín. Es un fenómeno de lo más fr
ecuente
en la vida militante, y lo es no por
que se dejen intervenir
criterios demasiado subjetivos —como hemos defendido a lo lar
go del texto— sino por
que esa subjetividad está
fundada en una característica inher
ente al ser social de
la bur
guesía y por tanto de la ideología dominante: el
inmediatismo. La actual clase explotadora está obligada a afi
r
mar que la historia r
ecorr
e una línea de pr
ogr
esión
hasta el triunfo del capital y la democracia, una línea que ter
mina con el establecimiento de su dominio de
clase. Este fi
n de la historia, por otr
o lado, acompaña
bien al pr
esente continuo del inter
cambio mer
cantil,
en el que el discurrir de la historia no importa por
que lo elemental es la r enovación —para la r ealización y re pr
oducción ampliada del valor— y
, a lo sumo, la
capitalización del futur
o —capital fi nancier o— para el mejor contr ol del pr esente. El pr
oblema, por tanto, está en fundar la subjetividad
de los militantes en lo inmediato y no en la línea histó- rica de nuestra clase, que es anónima e inter
nacional.
Es esencial que compr
endamos que en boca de un
mismo compañer
o puede expr
esarse la r
evolución y la
contrarr
evolución, que en esta vida no hay ni hér
oes ni
traidor
es, sino dos fuerzas sociales que luchan entr
e sí,
una por conservar este mundo y otra por acabar con
Notas sobr
e el afi
grupo Barbaria barbaria.net [email protected] Madrid marzo de 2019 Este material puede ser r epr oducido y compartido libr emente. 13
esos aspectos en nuestra pr
opia existencia. Per
o esa
negación es y sólo puede ser colectiva. Los militantes revolucionarios necesitan luchar contra una sociedad que se esfuerza cotidianamente por individualizarlos, por convertirlos en individuos aislados, abstraídos del otr
o, con una supuesta unidad de sentido que se
vuelve enor
memente vulnerable ante la fuerza
ideoló-gica de este mundo. No nos cansar
emos de decirlo:
ser comunista signifi
ca ser un momento, una célula de
ese cuerpo or
gánico, histórico e inter
nacional que es
nuestra clase, no un individuo.
Por eso construir r
e
laciones de confi
anza es una tar
ea
militante, como lo es criticar y ser criticado, como lo es cuidar al compañer
o y pensar en cómo potenciar
sus mejor
es virtudes, como lo es dejarse cuidar por los
compañer
os para poder r
omper con las estructuras opr
e-sivas de la familia y la par
eja —ruptura que no signifi
ca
anulación, sino vivir de otra for
ma las r
elaciones con
los ser
es queridos—. T
odas estas son tar
eas militantes
no por
que se trate de construir un falansterio donde el
patriar
cado o las lógicas individualistas, de competencia,
etc. no puedan entrar
, sino por
que la lucha contra el
capital no puede r
estringirse al espacio “público” de
la militancia for
mal, por
que necesitamos luchar juntos
en todos los ámbitos de nuestra vida para hacer
nos
fuertes como clase.
Sin embar go, no quer emos tor cer el bastón. T an impor
-tante es que los elementos demasiado personales que hacen parte de nuestra vida militante sean r
e
fl exionados,
12
que no es un conjunto de ideas abstractas, que no es un ensamblado de nor
mas que se impone como un deber
ser sobr
e nosotr
os, sino una necesidad en nuestra lucha
contra el capital en todas sus expr
esiones, una manera
de or
ganizar
nos como clase contra la atomización social
y las instancias que la r
egulan: familia, par
eja, amigos,
trabajo, democracia. Y es que para or
ganizar
nos como
pr
oletarios que luchan contra el capital, necesitamos
or
ganizar también nuestra vida en función de esta lucha:
con distintas intensidades, de múltiples maneras, per
o
siempr
e afr
ontando todas las dimensiones de nuestra
vida como momentos de un mismo pr
oceso, el de la
constitución de la clase contra este mundo.
Por
que una or
ganización comunista es un cuerpo
or
gánico que lucha por anticipar el comunismo en
su pr
opio ser y actuar
. En ella, los militantes no son
engranajes individuales de la máquina-partido, tr
ozos
incompletos e inútiles sin el conjunto, perfi
les que se
miden en función de su utilidad para los objetivos de la organización. No es esa lógica la que puede guiar
nos
en nuestra estructuración como comunidad de lucha. Per
o tampoco lo es la que defi
ende el yo bur
gués como
un espacio intocable por la transfor
mación colectiva,
privado a los otr
os, comunicable sólo a las personas
afi
nes que uno escoge a libr
e voluntad; la or
ganización
comunista es un cuerpo, no un agr
egado de individuos,
y un cuerpo sólo funciona si cada miembr
o, cada célula
actúa y se piensa en or
den al conjunto. Si el comunismo
es un movimiento r
eal que niega radicalmente cada
uno de los aspectos de este sistema, los comunistas no somos tr
ozos especializados de él, sino momentos de
su totalidad, tendiendo a negar por ello cada uno de
5
Notas sobr
e el afi
nitarismo
La militancia r evolucionaria afi rmasu actividad como totalidad or
ganizada
Pr
oletarios Inter
nacionalistas
Crítica a la ideología insurr
eccionalista
Para comenzar una crítica al afi
nitarismo, cr
eemos que
antes es necesario explicar desde dónde no hacemos la crítica. En general el afi
nitarismo se ha defi
nido
como
la intr
oducción de elementos demasiado personales
en la manera de pensar y actuar de los militantes, así como en las r
elaciones que éstos establecen entr
e sí al
interior de una or
ganización. De esta for
ma, un compor
-tamiento no afi
nitario sería aquel que no se dejara guiar
por criterios subjetivos en sus decisiones, sino que al contrario actuara siempr
e confor
me a la lógica racional
de quien pone por encima los inter
eses colectivos a los
individuales. Un ejemplo clásico de esto es la crítica de Lenin a la «ideología de cír
culo» durante el congr
eso
6
se for
marían las corrientes bolchevique y menchevique.
Lenin criticaría entonces vivamente la actitud infantil de los futur
os mencheviques, que habrían r
eaccionado de for ma subjetiva ante la pr opuesta de r educir en númer o el comité de r edacción de Iskra
, puesto que eso
supo-nía r
etirar r
esponsabilidades a algunos viejos militantes,
quienes lo entendían, en boca de Martov
, como una
falta de confi
anza y de r
espeto. Lenin describiría este
enfr
entamiento en
Un paso adelante, dos atrás
como «la
lucha del espíritu pequeño bur
gués contra el espíritu de
partido, las peor
es “consideraciones personales” contra
los objetivos políticos, las palabras ver
gonzosas contra
las nociones elementales del deber r
evolucionario», y
recuperaría la intervención crítica de Russov en dicho congr
eso: «Hemos de elegir r
esponsables y aquí no
cabe la falta de confi
anza de tal o cual que no ha sido
elegido; lo único que debe saberse es si es a favor de la causa y si la persona elegida es la adecuada para el puesto en el que se le ha designado».
Como vemos, esta crítica del afi
nitarismo r
epr
oduce
la separación entr
e
razón y emoción, lo objetivo y lo
subjetivo, el individuo y la colectividad, los medios y los fi nes, lo privado y lo público: es, por tanto, una crítica socialdemócrata y patriar
cal
1 que no consigue r
esolver
1
Por supuesto que la socialdemocracia, en tanto que partido del capital para los obr
er os, r epr oduce el patriar cado al colaborar en la r epr
oducción del capitalismo. Sin embar
go, cr eemos necesaria esta r edundancia para r emar car cómo pr ecisamente la separación entr
e lo privado y lo público, entr
e lo racional y
lo emocional, al mismo tiempo que nace dir
ectamente con el
11
individualistas y democráticas que se expr
esan en el seno
de nuestras estructuras, a veces en nosotr
os mismos,
para or
ganizar
nos necesitamos también luchar contra
la separación entr
e la vida militante y la vida cotidiana
de la que nacen como her
manos mellizos el politicismo
y el afi
nitarismo: por un lado las r
elaciones militantes
abstractas, donde sólo cabe lo racional, donde los indi- viduos se contraponen entr
e sí como mer
cancías en
la concurr
encia democrática, y por otr
o lado la esfera
privada donde los afectos se establecen entr
e individuos
separados que no comparten entr
e sí unas posiciones,
una lucha, una ética, sino simplemente una r
elación de
ocio ajena al negocio militante.
Seguramente todo esto se evidencia con claridad en
lo que se r
e
fi
er
e a las críticas personales. Los amigos no
necesitan criticarse, sino que comparten lo que pueden cuando pueden, tolerando los defectos y disfrutando las virtudes del otr
o. Los compañer
os, por el contrario, se
hacen ver mutuamente los defectos, las contradicciones y los err
or
es por
que no son ser
es distintos, por
que hacer
mejor al compañer
o es hacerse mejor a uno mismo.
En una or
ganización política, donde los medios están
subor
dinados a los fi
nes y los militantes lo están a los
objetivos de la or
ganización, no se critica ni se mejora
a nadie, se le r
eleva del car
go. En una or
ganización
comunista, sin embar
go, se sabe íntimamente que la
única manera de seguir siéndolo es que sus miembr
os
se ayuden mutuamente a ser comunistas, a serlo en todos los ámbitos de su vida aunque haya difer
encias y
grados de cómo vivirla entr
e ellos, y a serlo gracias a una
voluntad de autotransfor
mación colectiva. Se trata de vivir
las r
elaciones con los compañer
os confor
10
puede hacer emer
ger con toda su fuerza una amistad
desligada completamente de la ética y del conjunto de la sociedad, una mera r
elación entr
e dos individuos que
deciden voluntariamente establecer un vínculo en tor
no
a afi
nidades de tipo personal o lúdico, un tipo de r
ela-ción específi
ca y aislada de otras r
elaciones específi
cas
como las amor
osas, familiar
es, etc.
Con este pequeño desvío se podrá compr
ender mejor
nuestra crítica al afi
nitarismo. Hay afi
nitarismo toda vez
que los lazos entr
e los compañer
os militantes se
pien-san desde la fragmentación de nuestras vidas que nos impone este sistema y
, en consecuencia, desde ese
fragmento de vida que es la amistad bur
guesa. Esto no
quier
e decir que estemos en contra de que los
compa-ñer
os sean “amigos”, en el sentido de que desarr
ollen
unos lazos de afecto, cuidados, confi
anza e intimidad
entr
e sí. Bien al contrario, cr
eemos que ese tipo de lazos
son la base misma desde la que construir una or
ganiza-ción no democrática —es decir
, no or
ganizada desde
la desconfi
anza— y donde podamos luchar contra la
separación entr
e vida militante y vida cotidiana que nos
impone el capital. T
ampoco quier
e decir que tengamos
que r
omper con nuestras r
elaciones de amistad, de la
misma manera que poner en cuestión los lazos familiar
es
no signifi
ca cortarlos de raíz. Eso supondría cr
eer que
podemos llegar a una suerte de “perfección comunista” en plena sociedad capitalista, que podemos construir un falansterio donde el movimiento contradictorio de la r
ealidad capitalista, y la vida social que hace parte de
ella, no nos afecte. Nada de eso. De lo que se trata es de saber que, de la misma manera que para or
ganizar
-nos como clase necesitamos luchar contra las prácticas
7
el pr
oblema. Bien al contrario, cr
eemos que para hacer
una crítica al afi
nitarismo desde el punto de vista
comu-nista es esencial hacerlo contra todas esas separaciones.
En la separación entr
e lo privado y lo público, los
afectos, los cuidados, lo emocional, lo personal es consi- derado inferior o de menor importancia y queda r
elegado
a un segundo plano, a una esfera donde el individuo ahoga su necesidades de apoyo y soporte mutuo de una for
ma alienada. Esta alienación se r
ealiza a través
de las categorías democráticas de la par
eja, la familia,
los grupos de amigos, que per
miten or
ganizar
favorable-mente a este sistema nuestra atomización. Mientras, de manera igualmente democrática, el espacio militante se convierte en un lugar de r
elaciones abstractas entr
e
indi-viduos que compiten bajo la ley del más fuerte —quién habla mejor
, tiene más carisma o ha leído más libr
os—,
con todo el contenido patriar
cal y bur
gués que esto
conlleva. Así, vemos r
epr
oducirse por enter
o el mundo
del capital en nuestras r
elaciones sociales. Es por ello
que si enfr
entamos al afi
nitarismo una compr
ensión
racional y utilitaria de la militancia, que es al fi
nal
una
compr
ensión política —en tanto que esfera separada—,
las dinámicas afi
nitarias se volverán a r epr oducir muy a nuestr o pesar per o inevitablemente en el espacio privado e infor
mal, puesto que una concepción política
—separada, abstracta: bur
guesa— del espacio militante
sólo puede r epr oducir el or den bur gués en el r esto de nuestras r elaciones sociales. capital y es esencial a su r epr
oducción, conlleva una opr
esión
específi
ca contra las mujer
8
Por
que el afi
nitarismo es, de hecho, el pr
oducto de
esas separaciones. Politicismo y afi
nitarismo son dos
caras de la misma moneda, en la medida en que una compr
ensión política de la militancia deja intacto el
ámbito privado, no lo tematiza, no lo critica desde el comunismo, de tal for
ma que la manera en que nos
relacionamos socialmente en el mundo del capital se acaba r
epr
oduciendo al interior de una or
ganización
que trata sin embar
go de luchar contra él. En este caso
de for
ma más evidente, y puesto que siempr
e se cuela
algo demasiado humano en el mundo de las ideas, una militancia política y racional r
epr
oduce los lazos de
amistad bur guesa entr e los compañer os. La amistad es una r elación de afecto r ecípr oco con
alguien con quien no se comparten vínculos consan- guíneos. Por tanto, la manera en la que se piensa y practica la amistad tiene una importancia esencial en la constitución de las distintas sociedades humanas que van más allá de los lazos de par
entesco. Es por eso que,
aunque la noción ha variado a lo lar
go de la historia,
durante mucho tiempo el sentimiento de amistad estuvo acompañado por una serie de der
echos y deber
es que
regían la sociedad. La amistad era impensable fuera de una ética para el conjunto de la colectividad y para las personas de fuera
2 .
2
Así, por ejemplo, es sintomático que en griego clásico no exista una palabra específi
ca para amigo, sino que comparte signifi
-cante con otras unidades semánticas como entr
e otras servicial ( epitedeios ), compañer o de ar mas/condiscípulo ( etair os ), aliado militar ( symmacos ) o querido/amado ( philos ), tér
mino este último
9
Podemos per
cibir cómo este carácter comunitario y
reglado de la amistad se debilita en momentos donde el inter
cambio mer
cantil tiene mucha más pr
esencia en
las r
elaciones sociales y
, por tanto, cuando el pr
oceso
de individuación —es decir
, de hacerse los miembr
os de
la comunidad individuos separados entr
e sí— aumenta,
como por ejemplo en la Gr
ecia helenística con Epicur
o
o ya en el Imperio Romano con Séneca
3 . Sin embar
go,
sólo la irrupción del modo de pr
oducción capitalista
que se utiliza indistintamente para el sentimiento amor
oso. Por
otr
o lado, en el griego homérico —más antiguo— apar
ece con fr ecuencia la institución de la xenía , la cual r e fi er e a una for ma
de amistad ritualizada para los extranjer
os que se acogen como
huéspedes — xenos re fi er e tanto al extranjer o, por ejemplo en
«xenofobia», como al huésped—. Este concepto ritualizado de la amistad se establece con quienes se tiene un lazo de alianza política, económica y militar entr
e familias aristocráticas que,
además, tiene un carácter transgeneracional —es decir
, que
nada tiene que ver con una r
elación intersubjetiva que se agota
allí donde el individuo pone pies en polvor
osa
3
Cuestión aparte es Aristóteles que, como en muchas otras cues- tiones, funciona como bisagra entr
e el mundo de las
poleis
y el
mundo del Imperio. Así, si por un lado plantea la existencia de relaciones por placer o por utilidad entr
e individuos separados,
por otr
o pr
opone como la ver
dadera amistad, la amistad buena,
aquella por la que se comparte y practica una ética, un ser en común, como si la amistad fuera un atributo ontológico de la comunidad. Este concepto, como se podrá compr
obar
, nos es
de mucha ayuda para pensar las r