El académico de mérito Ignacio Tomás Camero como ejemplo de la formación de los arquitectos en el seno de la Real Academia de San Fernando y la difusión de los nuevos ideales artísticos en las provincias de la Corona Española

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(1)ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. El ACADÉMICO DE MÉRITO IGNACIO TOMÁS CAMERO COMO EJEMPLO DE LA FORMACIÓN DE LOS ARQUITECTOS EN EL SENO DE LA REAL ACADEMIA DE SAN FERNANDO Y LA DIFUSIÓN DE LOS NUEVOS IDEALES ARTÍSTICOS EN LAS PROVINCIAS DE LA CORONA ESPAÑOLA. Jesús María Ruiz Carrasco*. Tras la llegada de la dinastía borbónica al poder y el impulso de las nuevas ideas ilustradas, el control de la estética y del arte, como elementos vertebradores del Reino de España, pasó a ser una cuestión de Estado durante el transcurso del siglo XVIII1. Con el impulso de la Corona española, los nuevos ideales artísticos y culturales debían ser introducidos en una sociedad acostumbrada a la opulencia, la persuasión y el desborde del decorativismo barroco español. Una nueva concepción que no sólo abogaba por un cambio de tendencia estética, sino también por el empleo de la razón en las diferentes disciplinas artísticas, tanto a nivel teórico como práctico. El conocimiento será, por tanto, el nuevo motor que impulsará “Las Tres nobles Artes”, así como el germen de la búsqueda de la perfección y el hilo conductor de la creación en los distintos ámbitos. Bajo estas premisas y el amparo de la Corona, fue fundada en 1744 —con carácter provisional hasta su definitiva institucionalización en 1752— la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el fin de introducir en la sociedad las nuevas ideas estéticas.. Para llevar a cabo los objetivos inicialmente planteados por la Academia se precisaba un control total sobre las artes, especialmente en el caso de la disciplina más representativa del Estado: la Arquitectura. Serían las obras públicas el máximo reflejo tangible del nuevo organigrama cultural, manifestado inicialmente por los modelos importados de la arquitectura de referencia en la Europa del momento. Dicha introducción fue posible gracias a la llegada de arquitectos europeos —especialmente del Piamonte italiano— para trabajar en las obras del Palacio Real de Madrid, como la de Filippo Juvarra2 en 1735 y Juan Bautista Sachetti un año más tarde. Estos arquitectos introdujeron en Castilla las formas propias del barroco clasicista italiano del siglo XVIII, símbolo de la renovación impulsada por la nueva familia gobernante en España, contraponiéndose al abigarramiento y el ornamento del barroco tradicional español3. Esta nueva concepción arquitectónica no sólo constituyó la pauta para el levantamiento de edificios concretos bajo el patronazgo real, sino también el punto de partida formal para los nuevos arquitectos instruidos en el seno de la Academia de San Fernando a partir de 1744.. ISSN: 2340-843X. pág. 99.

(2) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. Como consecuencia de esta importación, que escenificaba la adhesión de la Corona española a la moda arquitectónica europea, aparecieron nuevos arquitectos en España que no sólo continuaron y renovaron la senda de los maestros italianos, sino que jugaron un papel fundamental en la formación de las generaciones futuras por medio de la Academia de San Fernando. Especialmente destacadas serían las figuras de Diego de Villanueva (1715-1774) y Ventura Rodríguez (1717-1785), quienes desde puntos de vista opuestos fueron capaces de otorgar relevancia al nuevo movimiento arquitectónico. Por un lado, la labor de Villanueva fue fundamentalmente destacada como profesor de Arquitectura de la Academia y teórico. Historicista convencido y difusor del racionalismo transmitido por la obra de Marc-Antoine Laugier y de Carlo Lodoli4, también divulgó la necesidad del conocimiento de la arquitectura de la Antigüedad para llevar a la práctica proyectos futuros, por lo que el estudio de los textos y la lección de la Historia como pauta fueron para Villanueva el punto de partida de la creación arquitectónica5. Por otro lado, tenemos la visión ecléctica de Ventura Rodríguez6, quien no abandonó las soluciones barrocas cercanas a los dictados de la Academia de San Lucca de Roma. La obra de Rodríguez bien se puede establecer dentro de un clasicismo culto dependiente del barroco romano7, alejado tanto de los postulados clasicistas de Ferdinando Fuga, Nicola Salvi y Luigi Vanvitelli8 —componentes de la comisión de censura encargada de opinar sobre ciertos dibujos mandados por la Corona para su supervisión—, como del historicismo de Villanueva. Para Rodríguez, el estudio y aplicación de las formas clásicas no le remitían a las ruinas de la Antigüedad, puesto que no entendía la búsqueda de sus contemporáneos sobre el sentido de dicha arquitectura y la capacidad de innovar a partir del conocimiento de la misma. Su competencia se limitaba a la interpretación, asimilación y capacidad de llevar a la práctica —según las distintas necesidades— el amplio elenco de conceptos arquitectónicos que ofrecía el barroco romano9, desconocidos en España hasta la fecha.. A pesar de la aparición de estas dos tendencias enfrentadas, la influencia de los arquitectos italianos será permanente durante la segunda mitad del siglo XVIII, especialmente tras la llegada al trono de Carlos III en 1759, quien había sido rey de Nápoles y de Sicilia. Su vinculación con Italia fue decisiva para el nombramiento de Francisco Sabatini como arquitecto real, así como para la correspondencia de Vanvitelli con los arquitectos de la Academia madrileña, dado que no podía trasladarse a la Península ibérica por ostentar la dirección de la obra del palacio napolitano de Caserta10. La llegada del nuevo monarca también tuvo un papel decisivo para garantizar la tutela que Fuga ejercía sobre los arquitectos españoles pensionados en Roma, amparados por la Academia de San Fernando. Todo ello demuestra la influencia italiana sobre la nueva arquitectura y la permanencia del modelo barroco del mismo origen hasta los últimos compases del siglo XVIII11. La arquitectura formulada durante los primeros años de la Academia de San Fernando giró en torno al recuerdo del barroco romano12, la sencilla “máscara” exterior del rococó francés13, los modelos italianos de la época, el conocimiento de la Historia de la Arquitectura y la revalorización de la ruina como fuente de inspiración formal14. En relación con este último factor, convendría señalar la importancia del hallazgo de las ISSN: 2340-843X. pág. 100.

(3) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 9-120. poblaciones romanas de Pompeya y Herculano; al igual que la promulgación de los textos publicados por Piranesi y Winckelmann15, en los cuales se enfatiza la relevancia de las ruinas romanas como referencia para los nuevos arquitectos. Los alumnos instruidos en la Academia durante sus tres primeras décadas de existencia, serán quienes vivan este amplio y reformado ambiente cultural de la capital y adquieran los conceptos derivados del mismo, transmitidos lentamente al resto de provincias.. Fig. 1: Fachada de la Real Academia de San Fernando de Madrid, realizado en el año 1773 por Diego de Villanueva. Fuente: Página web de la Real Academia de San Fernando.. La enseñanza de la “nueva arquitectura” durante las primeras décadas de la Academia y el inicio del proceso de regulación de las obras públicas Con posterioridad a la constitución de la Junta preparatoria de la Academia y la fundación provisional de este organismo en 174416, se estimó que el personal docente del mismo debía estar constituido por “Doce Maestros directores”, cuatro para cada una de las tres artes. De esos cuatro maestros, dos de ellos debían estar en “posesión de ejercicio y sueldo”, mientras que los otros dos eran nombrados “ad honorem y con alternativa”17. Alternándose en la práctica docente al finalizar cada mes, los dos maestros en ejercicio no siempre pudieron ISSN: 2340-843X. pág. 101.

(4) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. atender las necesidades de la Academia, puesto que uno de ellos, Juan Bautista Sachetti, alegaba cierta indisponibilidad para la enseñanza por su labor como arquitecto real. Frente a eso, el otro maestro, Jacome Pavía, hizo frente a las ausencias de Sachetti hasta la aprobación de su sustitución definitiva por parte de Ventura Rodríguez18. Esta falta de coordinación propició cierta desafección de los alumnos para asistir a clase durante estos primeros años, salvo en el caso de las impartidas por Pavía, quien contaba con una destacada admiración entre los estudiantes de la clase de arquitectura19. En este período también cabe destacar la concesión de pensiones a alumnos de la Academia para completar sus conocimientos en Roma; ayudas que se otorgaron por primera vez en 1745, destinadas a dos alumnos correspondientes a cada una de las artes. Las pensiones sólo fueron percibidas por seis alumnos de arquitectura en tres únicos turnos entre 1744 y 1778 -1745, 1757 y 1778-, pasando a ser una iniciativa desestimada como consecuencia de la escasa valorización académica del progreso de los pensionados a su vuelta20.. Tras la proclamación de la Academia como organismo Real en 1752 se aumentó la plantilla de profesores de arquitectura a siete, tres como profesores honoríficos y cuatro como facultativos, de entre los cuales se nombraron dos puestos de director21 y otros dos de teniente director. La división del protagonismo docente en la figura de ambos directores provocó ciertos conflictos entre los miembros del profesorado, máxime si tenemos en cuenta que, a partir de 1756, Diego de Villanueva y Ventura Rodríguez ocuparon dichos puestos22. Esta circunstancia no sólo significó la división de los académicos en lo referente a la metodología, los contenidos o la concepción arquitectónica propia de ambos directores, sino también la escenificación manifiesta de las dos tendencias preponderantes en la arquitectura del momento23. La acentuada rivalidad personal, profesional y docente entre Villanueva y Rodríguez marcó enemistades entre los seguidores de ambos lados, tanto en el seno de la Academia como fuera de la misma durante la década de los cincuenta, sesenta y setenta del siglo XVIII24.. Al margen de esta división, la Academia fue aumentando su nómina de profesores proporcionalmente a las nuevas materias que se añadieron al programa de enseñanza de arquitectura. Estas nuevas materias correspondían con disciplinas tales como geometría, perspectiva o matemáticas que, además de nuevos miembros del claustro de profesores, requerían la adquisición de un mayor número de libros, estampas e instrumentos matemáticos. De los nuevos volúmenes adquiridos en 1759 tuvieron un papel primordial en la enseñanza el Compendio mathemático de Tomás Vicente Tosca25 y la traducción del francés de Los diez Libros de Arquitectura de Vitrubio por parte de José de Castañeda, además de los tratados de Vignola, Palladio, Scamozzi y Pozzo, añadidos con anterioridad26. Este material docente dependía de la interpretación del profesorado, pues la diferencia de criterios entre los directores de las clases implicaba cierta disparidad en los ISSN: 2340-843X. pág. 102.

(5) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99–120. conocimientos adquiridos por los alumnos, así como la adhesión de éstos a una u otra concepción arquitectónica, según la tendencia del docente.. Los alumnos académicos tenían como obligación básica la de asistir a las clases impartidas en la Academia y entregar ciertos trabajos para certificar sus progresos, aunque también el derecho a optar a la obtención de premios convocados por clase o niveles, cada tres años27. Estos premios se otorgaban mediante la evaluación de un examen “de pensado”, con seis meses de antelación para realizar el tema encargado por el profesorado; un examen “de repente”, que consistía en la elaboración de un tema durante dos o tres horas; y, a partir de 1760, un examen teórico de la disciplina específica que cursaban28. Tales galardones constituían una destacada distinción honorífica y una ayuda económica, destinados en su mayoría a alumnos residentes en la capital, probablemente porque las “ayudas de costa”, incompatibles con la concesión de premios, iban a parar fundamentalmente a los provenientes del resto de provincias. Estas ayudas servían para costear los estudios de los alumnos —quienes además podían elegir al maestro que estimaran más oportuno—, y eran concedidas a partir de ciertas exigencias y méritos académicos que debían ser demostrados cada mes para la renovación de dicha ayuda29. Un sistema que no sólo permitió y fomentó la llegada de alumnos de fuera del ámbito madrileño, sino que promovió la regularidad y competitividad entre los alumnos de las diferentes clases.. La Real Academia de San Fernando fue consciente del relevante papel que debía jugar la enseñanza de la nueva arquitectura en el emergente cambio artístico. No obstante, los miembros de esta institución no sólo se contentaron con impartir los conocimientos necesarios a los artistas, sino que pronto aspiraron a imponer sus concepciones y métodos, así como a establecer un determinado control sobre los proyectos arquitectónicos llevados a cabo en el territorio español. Para ello, los académicos tuvieron que disputar el dominio de la arquitectura a los gremios, quienes no aceptaban que se les desposeyera de un derecho que les había otorgado tantos beneficios30. Esto derivó en que los nuevos artistas desautorizaran a los gremios por medio de la descalificación a los artesanos, a quienes acusaban de poseer una escasa preparación teórica y de exponer un notorio “mal gusto” en sus obras31. A pesar de todo, desde la creación de la Real Academia, el proceso para el control de la arquitectura fue extremadamente complejo, tanto por la fuerza que ostentaban los gremios en la sociedad —especialmente en las provincias— como por la escasa efectividad de los métodos de control de esta institución durante sus primeras décadas.. Hasta que el organismo académico consiguió establecer un sistema de evaluación y regulación solvente de los proyectos arquitectónicos, éste se vio envuelto en una acusada anarquía. Las competencias de los maestros de obras, albañiles y arquitectos no quedaron definidas hasta 1757, año en el que se redactaron los estatutos ISSN: 2340-843X. pág. 103.

(6) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. de la Academia. Este texto establecía la negativa para medir, tasar o dirigir obras a quienes no contaran con “el examen o aprobación que le de la Academia de ser hábil y a propósito para estos ministerios”32, pues eran conscientes del descontrol a la hora de la adjudicación de proyectos arquitectónicos. Para el cumplimiento de la orden, se decidió nombrar a cuatro celadores -probablemente tránsfugas de alguna cofradía de albañiles-,cuyo encargo era averiguar quiénes dirigían las construcciones de nueva planta y si estaban nombrados por el Consejo de la Academia, teniendo que denunciar a los maestros ante dicho organismo si incumplían la norma33. En principio, las denuncias debían servir para imponer multas e impedir la labor de los maestros que infringieran la orden, sin embargo fue notable la capacidad de los artesanos para sortear las normas de la Academia mediante diferentes ardides. Según el corregidor de Madrid en 1764, Pedro José Valiente, las tretas para evitar el cumplimiento de dicha regla conllevaban desde exponer su desconocimiento, hasta el encubrimiento de irregularidades por parte de los celadores34. A todo ello hubo que añadir cómo el Consejo de Castilla apoyó las reivindicaciones de los artesanos pertenecientes a los gremios, pues no aceptaba de buen grado la pérdida del control que este organismo ejercía sobre la arquitectura hasta la fundación de la Academia35.. Como consecuencia del fracaso que supuso este sistema para las pretensiones de los académicos, dirigieron una súplica al rey fechada el 7 de marzo de 1761, en la que rogaban a la Corona imponer a los cabildos catedralicios y a los ayuntamientos de las capitales el nombramiento de arquitectos aprobados por la Academia36. Fruto de esta súplica fue la resolución adoptada por el rey el 11 de enero de 1765, mediante la cual se precisaba que los aspirantes a los citados títulos debían de ser examinados por arquitectos aprobados por la Academia, en caso de no poder desplazarse hasta la misma. Por otro lado, se estimó que en las poblaciones menores “no se hiciera novedad”37. A pesar del éxito que suponía esta norma para los académicos, la presencia de arquitectos nombrados por la Academia en las provincias resultaba insuficiente. Aunque no tenemos constancia de cuántos de ellos se encontraban esparcidos por el territorio español, sabemos que en 1785 una estadística oficial establecida por el Consejo mencionaba la existencia de treinta y cinco arquitectos aprobados por la Academia y repartidos por las distintas provincias38. Presumiblemente el número de académicos veinte años antes de este escrutinio sería sensiblemente menor, por lo que, y a pesar de los esfuerzos de la institución real encargada de regular la creación artística, la norma aprobada en 1765 no pudo llevarse a cabo a efectos prácticos.. A pesar de las contradicciones y la escasez de resultados ofrecidos por las medidas tomadas por la Academia o la Corona a petición de ésta, el organismo regulador de las artes consiguió dar un gran paso para el control de la arquitectura por medio de dos decretos firmados el 23 y 25 de noviembre de 1777 por el Conde de Floridablanca39. Dichos decretos derivan de una súplica dirigida al rey el 23 de agosto de dicho año, redactada por la junta de consiliarios días antes y titulada como “consulta al rey sobre la arquitectura de los Templos”40. La primera de las medidas fijaba que el Consejo de Castilla debía de prevenir a todos los magistrados y ISSN: 2340-843X. pág. 104.

(7) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. ayuntamientos del Reino que, siempre que se proyectara o modificara estructuralmente una obra pública debía ser consultada, ratificada o modificada por la Academia para su ejecución. En la misma línea se dirigió la segunda de las medidas, pero en este caso a obispos y prelados, con el agravante de que se expresaba el deseo del monarca de no emplear madera en la construcción de retablos, tanto para prevenir el riesgo de incendio como para poner fin al gasto que suponía la labor de dorado de dichos retablos41.. Estos reales decretos sirvieron para formalizar el control de la arquitectura estatal por parte de la Academia. Sin embargo, el consejo de este organismo era incapaz de examinar con presteza la enorme cantidad de proyectos remitidos desde cada una de las provincias del reino42. La demora de la aprobación de dichos proyectos y la, todavía existente, camaradería entre los gremios, derivó en que un copioso número de proyectos públicos no fueran remitidos al organismo académico43. Sería Antonio Ponz, quien impulsara la creación de un organismo específico capacitado para supervisar los proyectos mandados a la Academia para su aprobación44: la Comisión de Arquitectura, instituida el 22 de marzo de 178645. Los resultados fueron casi inmediatos, de modo que la Comisión examinó novecientos setenta y tres proyectos desde el año de su fundación hasta 179046, setecientos treinta y uno entre 1790 y 179347, y trescientos noventa y tres entre 1793 y 179648. No obstante, y a pesar de la considerable magnitud ofrecida por estas cifras, los académicos siguieron combatiendo la resistencia de ciertos municipios a que sus obras fueran examinadas por la Comisión. Hasta el punto de que, hasta 1787 y a pesar del incumplimiento de los reales decretos, los ayuntamientos tenían el privilegio de otorgar el título de arquitecto —normalmente por cuestión de afinidad o interés personal49—, además de la capacidad de nombrar al maestro mayor de obras del municipio. Todas estas dificultades no permitieron a la Academia el dominio absoluto sobre la totalidad de los proyectos públicos del territorio nacional. Un control que dependió del criterio artístico de los diferentes organismos provinciales, la asimilación de la nueva concepción cultural de sus responsables y la labor de los diferentes académicos repartidos por la geografía española.. Fig. 2: Alzado del palacio de Liria de Madrid según el proyecto de Ventura Rodríguez (1740-1745). Fuente: Biblioteca Nacional de España. ISSN: 2340-843X. pág. 105.

(8) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. El académico de mérito Ignacio Tomás Camero Formando parte de esta nómina de arquitectos académicos repartidos por la geografía española, se encontraba Ignacio Tomás Camero, nacido entre 1744 y 174650 en la localidad catalana de Cervera, perteneciente a la diócesis de Solsona y encuadrada en la actual provincia de Lérida. Una población sumida en un emergente esplendor cultural, dada la instauración de una universidad en el seno de la misma a partir de 1717 como respuesta al posicionamiento del municipio a favor de Felipe V durante el transcurso de la Guerra de Sucesión española51. Tal fue la importancia de esta fundación que fue erigida como única universidad del ámbito catalán, pues se le transfirieron las funciones de las de Lérida, Gerona y Barcelona desde su inauguración52. De esto deducimos que Tomás tuvo la posibilidad de disfrutar de un ambiente propicio para cultivar sus inquietudes artísticas y culturales, a pesar de que desconocemos los datos biográficos concretos referidos a su infancia y juventud.. Aunque no dispongamos de dichas noticias, Carlos Sambricio afirma que pudo haber sido instruido por su padre antes de su incorporación en la Real Academia de San Fernando, estudiando la práctica de albañilería, cantería y montería53. También estima que pudo conocer el barroco del arquitecto, escultor y retablista Pere Costa, quien residía en Cervera y presumiblemente pudo colaborar en la construcción del edificio universitario de esta ciudad54. Aunque Rafols no nos da noticia alguna de su actividad en su recopilación de artistas catalanes55, Sambricio también estima la posibilidad de que Tomás trabajara en la catedral de Lérida, bajo la dirección de Pedro Martín Cermeño56. Un contacto que podría establecer el primer vínculo entre el joven Tomás y el nuevo ideal arquitectónico de la Academia madrileña, que pudo derivar en la necesidad de viajar a Madrid para completar su formación.. El 31 de marzo de 1767, Ignacio Tomás57 ingresaba como alumno en la Real Academia de San Fernando. Esta incorporación se produjo en un momento crucial para la Academia, tanto por el triunfo de Ventura Rodríguez en la disputa teórica y personal que mantenía con Diego de Villanueva —al ser nombrado el primero como director de la Academia (1766- 1768)58 — como por los cambios administrativos y docentes que entraron en vigor pocos años antes. Si este nuevo nombramiento impedía a Ventura Rodríguez ejercer correctamente su papel como maestro director del área de Arquitectura, la excelencia en la enseñanza de esta rama se vio dificultada aun más por la ausencia docente del teniente director Francisco Subirás desde su nombramiento en 176659. Este descontrol propiciado por la organización y el claustro de profesores de arquitectura conllevó el incremento de la ya habitual desafección de los alumnos por la enseñanza académica.. ISSN: 2340-843X. pág. 106.

(9) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 9-120. Sirviéndose de la picaresca para incumplir los trámites y obligaciones que exigían los procedimientos del organismo, los alumnos de la Academia aprovecharon esta anarquía a la hora de poder acceder a ayudas y avanzar de curso con mayor facilidad. De esto fue protagonista Ignacio Tomás, quien logró obtener tres veces la ayuda de costa de la segunda clase y otras tres veces la de la tercera, con la facilidad de, al no avanzar de clase a su debido tiempo, podía competir con alumnos menos experimentados que él60. También obtuvo el segundo premio de la tercera clase de Arquitectura de la Academia en 1769, tras la concesión del primero a Juan de Barcenilla61, optando de nuevo en 1772 como miembro de la primera clase sin distinción alguna62. Su etapa académica concluyó con su nombramiento como “Académico supernumerario por la arquitectura” el 6 de febrero de 1774, y como “Académico de mérito por la arquitectura” justo un mes después63. Dicho nombramiento fue aprobado por la Junta ordinaria de la Academia por veinte votos positivos de veintiuno posibles, tras la presentación por el presidente de la junta, el conde de Baños, del proyecto de “Panteón” realizado por Tomás para optar a dicho título64. La consecución de esta categoría marcará la trayectoria de nuestro protagonista, que hará gala de su nombramiento a la hora de llevar a cabo sus proyectos, especialmente en las provincias.. Con posterioridad a su nombramiento y a la finalización de sus estudios en el seno de la Academia, los datos recopilados nos permiten deducir la significativa relación que este académico de mérito tuvo con Ventura Rodríguez. Una relación que bien pudiera derivar del momento en el que Tomás comenzó su aprendizaje en Madrid, cuando ya era especialmente favorable a la promulgación de ideas más cercanas a Ventura Rodríguez que a Diego de Villanueva. Sea como fuere, tenemos constancia de la participación de Tomás con afamados arquitectos consagrados a un clasicismo más cercano al barroco romano que a la búsqueda de un conocimiento de la Antigüedad aplicable a la nueva arquitectura. Actuó como ayudante de Ventura Rodríguez en la realización de la escalera del palacio de Liria, fue colaborador de Antonio Pló65 en las obras de San Francisco “El Grande” de Madrid y asistente de Sabatini en la obra del nuevo hospital de la calle de Atocha66.. Probablemente por mediación de Ventura Rodríguez, Ignacio Tomás pasó a ser, junto a su hermano Domingo, arquitecto del infante don Luis67, hermano del rey Carlos III. Durante este periodo dirigió las labores de construcción del palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro, proyecto inconcluso de Ventura Rodríguez68. En 1782, y desconociendo su procedencia, Tomás proyecta junto a su hermano un gran palacio69 que seguía la tipología del Palacio Real y el Palacio de Liria, tanto en el empleo de métodos de articulación exterior como en la distribución del edificio. Una obra que nos remite directamente a los modelos clásicos del barroco que empleó y promulgó Ventura Rodríguez, con la excepción de que en esta obra Tomás incluiría uno de los elementos predilectos de su producción, destinado a destacar sus portadas: la columna de orden gigante70. Aunque este proyecto no fuera llevado a cabo, las características de esta obra nos permiten adelantar la considerable significación que para Tomás tuvo este tipo de columna, presente en la gran mayoría de las fachadas que llevó a cabo a lo largo de su carrera. ISSN: 2340-843X. pág. 107.

(10) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. Fig. 3: Fachada del palacio de las Arenas de San Pedro, realizado por Ignacio Tomás en 1779 según diseño de Ventura Rodríguez. Fuente: SAMBRICIO, Carlos, La Arquitectura española de la Ilustración, Madrid, Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, 1986, p. 152.. A pesar de contar con el patronazgo del infante don Luis y con el favor de Ventura Rodríguez, Tomás no pudo hacerse con el cargo de teniente arquitecto de la ciudad de Madrid en 178171. Este sería uno de tantos escollos en la carrera de este arquitecto, que además tuvo ciertos conflictos profesionales y personales con importantes miembros de la Academia. Este fue el caso del desafortunado encuentro con Juan de Villanueva a raíz del examen que Tomás realizó sobre los batanes de pólvora de Ruidera en 1785 por orden de Miguel Cuber72, obra que se estaba realizando bajo el proyecto y la dirección de Villanueva. Un desencuentro marcado por las supuestas descalificaciones que Tomás vertió sobre la obra del arquitecto madrileño antes de reconocerla, así como por las afirmaciones de éste, quien aseguraba de Tomás que “sea qual se quiera su mérito es evidente no ha reconocido las obras de buena feé (…) que debe ser propia de un académico”73. Estas descalificaciones mutuas manifestaban la rivalidad entre las corrientes dominantes en el seno de la arquitectura académica: la visión de Tomás, perteneciente al grupo de seguidores de Ventura Rodríguez, y la de Villanueva, marcada por la influencia de la Historia en la nueva arquitectura.. ISSN: 2340-843X. pág. 108.

(11) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. Dichas dificultades, entre otras, no impidieron que durante esta década Tomás ejerciera un papel relevante en el panorama artístico nacional, tanto por su labor como arquitecto en varias provincias, como por el ejercicio de su cargo de mérito en el seno de la Academia. Será comisionado para informar, inspeccionar, tasar, proyectar o dirigir obras de diversa índole y en diferentes puntos de la geografía española. Fue tal la cantidad de ocasiones en las que fue mandado o para las que fue comisionado que no se puede establecer un marco de actuación concreto en la obra de Tomás durante los años ochenta del siglo XVIII, lo que constata la confianza que la Academia depositó en este arquitecto a lo largo de la citada década. Esta confianza, atribuible a la buena situación que disfrutaba Tomás y a la disposición de éste para desplazarse por las distintas regiones en el ámbito del reino, pudo deberse también a su supuesta especialización como arquitecto industrial74. Este hipotético prestigio le brindó a Tomás la posibilidad de recibir una gran cantidad de encargos en un momento de resurgimiento especialmente significativo para las fábricas españolas75.. Fig. 4: Fachada de un gran palacio según Ignacio y Domingo Tomás (1782). Fuente: SAMBRICIO, Carlos, La Arquitectura española de la Ilustración, Madrid, Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, 1986, p. 425.. Por otro lado, la confianza de la Academia en Tomás fue manifiesta tanto para encargarle o recomendarle para la realización y reparación de determinadas obras, como para sustituir a profesores de la Academia y miembros de la Comisión de Arquitectura. Sabemos que durante estos años relevó a Juan de Villanueva en su labor como profesor de la Sala de Geometría de la institución real, sin que éste abandonara ISSN: 2340-843X. pág. 109.

(12) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. la titularidad del cargo76. Igualmente, Tomás reemplazó a determinados miembros de la Comisión de Arquitectura durante varias de sus juntas, como las del 10 de agosto y el 9 de noviembre de 1786, así como la del 15 de enero de 1790, entre otras77. Estas sustituciones eran habituales durante los primeros años de la Comisión, y normalmente corrían a cargo de los académicos de mérito más destacados78. Estas labores académicas certificaban la relevancia de los diferentes arquitectos repartidos por las provincias españolas, al igual que incidían en la necesidad de contar con todos los miembros formados en el organismo real. Tomás fue uno de los más destacados académicos de mérito en las diferentes facetas, distinguido con un prestigio que le acompañó en sus obras de finales de la década de los ochenta y principios de los noventa.. En el año de 1790, Ignacio Tomás se desplazó a Córdoba con carácter permanente al instituirse la Escuela de Dibujo de dicha ciudad por Antonio Caballero y Góngora, quien ese mismo año había sido nombrado obispo de la diócesis79. Una fundación que emulaba la de organismos similares en otras provincias españolas, promovidas por miembros destacados de los diferentes estamentos sociales, con el objetivo de regular las diferentes obras del territorio en cuestión e instruir a los nuevos artistas sin necesidad de que éstos se desplazaran a Madrid. En concreto, la creación de esta Escuela de Dibujo resulta especialmente relevante, pues si bien representa el ejemplo más destacado de un organismo de esta índole fundado por la Iglesia, también viene precedido de la advertencia de la Academia, que instaba a su creación de manera urgente80. El organismo académico entendía que el origen de la decadencia del “buen gusto” en la provincia de Córdoba se debía al desconocimiento de los artesanos cordobeses81, quienes realizaban obras “sin máximas ni principios fundados”82. Sin embargo, los académicos podían “esperar tiempos más felices con la venida del excelentísimo señor Don Antonio Caballero y Góngora”83, quien por medio de la citada fundación, recobró “las luces perdidas” que tanto ansiaban recuperar desde la Real Academia de San Fernando84.. Una vez fundada la Escuela, Caballero y Góngora encomendó la dirección de dicha institución a destacados académicos, tales como el pintor Francisco Agustín Grande, el escultor Joaquín Arali y el arquitecto Ignacio Tomás85. A partir de este momento y hasta el final de la última década del siglo XVIII, Tomás pasó a ser el arquitecto más destacado de la provincia de Córdoba, nombrado a su vez maestro mayor del obispado de Córdoba el citado año86. Bajo la protección del prelado Antonio Caballero y Góngora, este arquitecto resultó ser clave para la renovación de las obras públicas de la provincia87, tanto como director y docente de la Escuela de Dibujo, como por su labor práctica. Este periodo fue cuando, contando con la confianza de la Academia y el respaldo de la diócesis de Córdoba, el arzobispado de Sevilla decida comisionarlo para proyectar y examinar distintas obras en la ciudad de Écija88. Tales construcciones pueden relacionarse con los proyectos confirmados y atribuidos a Tomás en la provincia de Córdoba, tanto por proximidad cronológica como por razones formales. ISSN: 2340-843X. pág. 110.

(13) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. Ignoramos la totalidad de los encargos a los que Ignacio Tomás tuvo que hacer frente en la diócesis de Córdoba, destacando entre los conocidos el retablo de San José de la Parroquia de San Mateo de Lucena89 y la más que posible autoría de la fachada que precede a la ermita de la Virgen de la Salud en Córdoba90. A estas obras hay que añadir aquellas que llevó a cabo o pudo proyectar como maestro mayor de la catedral de Córdoba, cargo que ocupó al menos entre 1796 y 179891. De este nombramiento derivó la realización del retablo que preside la capilla de Santa Teresa en 1798 y probablemente la del retablo de la capilla del “Espíritu Santo, San Pedro Mártir de Verona, San Lorenzo y San Pedro Apóstol”.. Fig. 5: Retablo de San José de la iglesia parroquial de San Mateo de Lucena, obra de Ignacio Tomás. ISSN: 2340-843X. pág. 111.

(14) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. Fig. 6: Fachada de la ermita de la Virgen de la Salud de Córdoba, considerada como obra de Ignacio Tomás.. ISSN: 2340-843X. pág. 112.

(15) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. Fig. 7: Retablo de la capilla del Espíritu Santo, San Pedro Mártir de Verona, San Lorenzo y San Pedro Apóstol de la catedral de Córdoba, posible obra de Ignacio Tomás.. ISSN: 2340-843X. pág. 113.

(16) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. Fig. 8: Retablo de Santa Teresa de la capilla bajo la misma advocación de la catedral de Córdoba, obra de Ignacio Tomás (1798).. ISSN: 2340-843X. pág. 114.

(17) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. Si bien conocemos que el periodo de Ignacio Tomás como arquitecto principal de la diócesis de Córdoba concluyó en 1798, ignoramos la cantidad de proyectos que el académico de Cervera pudo a llevar a cabo a partir de este momento. Aunque se ha especulado con ello, no parece que la incapacidad para adaptarse a la novedosa estética de la emergente generación de arquitectos académicos sea el motivo por el cual no hay proyectos de Tomás presentados a la Comisión entre 1794 y 180492. Fundamentalmente, esta teoría queda desmontada por la constancia de que entre el 29 de marzo de 1799 y el 23 de Diciembre de 180093, así como desde el 28 de febrero de 1805 hasta el 24 de abril de 180694, Tomás figura como miembro permanente de la junta que componía la Comisión de Arquitectura. Evidentemente, si este académico fue miembro de la junta fue porque contaba con el pleno apoyo de la Academia, que como ya sabemos, reservaba los puestos de decisión para los arquitectos más influyentes. Por tanto, entendemos que la inexistencia de proyectos de Tomás evaluados por la Comisión durante el periodo citado se debe al gran número de encargos que éste recibió en la provincia de Córdoba y en Écija a partir de 1790 y su posterior labor como miembro de la Comisión de Arquitectura.. El último periodo de la vida de Ignacio Tomás Camero comenzó en 1805, cuando fue aprobado su nombramiento como director de arquitectura de la Escuela de las Tres Nobles Artes de Granada95, cargo que ocupó hasta su defunción en 181296. Desconocemos la mayoría de las labores que llevó a cabo durante este periodo, que coincide en gran parte con el cese de las ocupaciones de la Comisión de Arquitectura entre el 3 de noviembre de 1808 y el 17 de octubre de 181397. Esta etapa culmina la intensa labor de uno de los académicos de mérito más destacados de cuantos difundieron los preceptos de la “nueva arquitectura” en las provincias de la Corona española a finales del siglo XVIII. Una labor que centró la vida de Tomás, ejemplo paradigmático del relevante papel que ejercieron los arquitectos formados en el seno de la Real Academia de San Fernando de Madrid en el proceso renovador que modernizó estética y técnicamente las construcciones llevadas a cabo en el Estado español.. ________________________________ * Doctorando en Historia del Arte por la Universidad de Córdoba. 1 Sobre los primeros pasos en la introducción de la nueva concepción arquitectónica introducida por la dinastía borbónica, véase MUNIAIN EDERRA, Sara, El programa escultórico del Palacio Real de Madrid y la Ilustración española, Madrid, Fundación universitaria española, 2000, pp. 19-111. 2 A pesar de que este arquitecto italiano, figura especialmente relevante de la Arquitectura europea debido a su gran capacidad de adaptación y su marcada eficiencia, realizó trabajos en diferentes localidades, las condiciones propicias para su nivel creativo se dieron en la próspera región italiana de Piamonte. Tal y como queda recogido en NORBERG-SCHULZ, Christian, Arquitectura barroca tardía y rococó, Madrid, Aguilar, 1989. 3 Con la familia Churriguera como exponente contrario de la estética ilustrada, conviene revisar a RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, Alfonso, Los Churriguera, Madrid, Instituto Diego Velazquez, 1971. ISSN: 2340-843X. pág. 115.

(18) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO. 4 Conocimiento recogido por BONET CORREA, Antonio, Fiesta, Poder y Arquitectura. Aproximaciones al Barroco español, Madrid, Akal, 1990, p. 116. 5 Ideas tomadas por Diego de Villanueva a partir de la difusión en España de las que admitían la experiencia del pasado como parte fundamental del conocimiento para poder adaptar las fórmulas pasadas a una nueva concepción de la Arquitectura. Ideas contenidas en CASTAÑEDA, Joseph, Compendio de los diez libros de Arquitectura de Vitrubio, escrito en francés. Por Claudio Perrault de la real Academia de Ciencias de Paris. Traducido al Castellano, Madrid, 1761. Prefacio. “Artículo primero. Del mérito de Vitrubio, y de su obra”. 6 Tal y como fue calificada por SAMBRICIO, Carlos, “Sobre la formación teórica de De Ventura Rodríguez”, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núm. 53 (1981), Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, p. 131. 7 Para el análisis y como herramienta para desgranar las características de este periodo, nos remitimos a la brillante obra de Giulio Claudio Argan. Véase ARGAN, Giulio Carlo, El concepto del espacio arquitectónico desde el Barroco a nuestros días, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 1973. 8 Para comprender la razón de ser de la Arquitectura de estos artistas italianos conviene revisar a WITTKOWER, Rudolf, arte y arquitectura en Italia. 1600-1750, Madrid, Cátedra, 1995, pp. 377-383, 393-399. 9 A pesar de que niega la continuación del Barroco romano en Ventura Rodríguez durante su segundo periodo de producción, se cita su capacidad de componer sus obras por medio de variaciones estructurales y espaciales que derivaban desde “la verbosidad del Bernini hasta las voces más pastosas de Galilei”. Afirmación contenida en NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, “La formación de la Arquitectura neoclásica”, La época de la Ilustración, Madrid, Espasa-Calpé, 1987, p. 665. 10 Trabajo que queda reflejado íntegramente en VANVITELLI, Luigi, Dichiarazione dei disegni del Reale Palazzo di Caserta, Nápoles, 1756. 11 Para entender dicha influencia conviene revisar a SAMBRICIO, Carlos, “Luigi Vanvitelli y Francisco Sabatini: sobre la influencia de la arquitectura italiana en España”, Boletín del Seminario de Estudios de arte y Arqueología (BSAA), núm. 45 (1979), Universidad de Valladolid, pp. 427-438. 12 Como antes se ha mencionado en el caso de Ventura Rodríguez, la importación de elementos del barroco de Bernini y Borromini resultó decisiva a la hora de la configuración de los edificios ilustrados, tanto a nivel compositivo como decorativo. Especialmente en el caso de aquellos edificios que se disponían a partir del espacio como elemento constitutivo. Véase NORBERG-SCHULZ, Christian, Arquitectura barroca, Madrid, Aguilar, 1989, p. 182. 13 Una sencillez que contrasta con la opulencia de los interiores de estos palacios. Sin embargo no se pueden entender como clásicos en su exterior, pues el uso de los órdenes quedó relegado prácticamente al olvido. Características que se pueden entender a partir de las observaciones y el análisis ofrecido por MINGUET, Philippe, Estética del Rococó, Madrid, Cátedra, 1992, pp. 149-160. 14 Sobre la necesidad de estudiar el significado de las ruinas clásicas, y como causa de las referencias a la obra racionalista de Cordemoy y Laugier, a la composición de edificios y a los nuevos textos de Arquitectura publicados por Briseux y Blondel, se hace eco RIEGER, Christiano, Elementos de toda la architectura civil, con las mas singulares observaciones de los modernos impresos en latín por el P. Christiano Rieger de la Compañía de Jesús, al presente Cosmpographo Mayor de S. M. y de su Consejo en el Real y Supremo de Indias, Maestro de Matemáticas del Colegio Imperial. Los quales, aumentados por el mismo, da traducidos al castellano el P. Miguel Buenamente, Maestro de Matemáticas en el mismo Colegio., Madrid, 1763. 15 Véase WINCKELMANN, Johann Joachim, Historia del arte entre los antiguos. Obra traducida del alemán al francés y de este al castellano en 1784 e ilustrado con algunas notas por Diego Antonio Rejón de Silva, Madrid, 1784. 16 La Junta preparatoria celebró la primera de sus sesiones el 20 de septiembre de 1744, como se asegura en CAVEDA Y NAVA, José, Memorias para la historia de la Real academia de San Fernando y de las bellas artes en España, desde el advenimiento al trono de Felipe V. hasta nuestros dias, t. 1, Madrid, 1867, p. 20. 17 QUINTANA MARTÍNEZ, Alicia, La Arquitectura y los arquitectos en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744-1774), Madrid, Xarait, 1983, p. 37. 18 LLAGUNO Y AMIROLA, Eugenio y CEAN BERMÚDEZ, Juan Agustín, Noticias de los arquitectos y architectura de España desde su Restauracion, t. 4, Madrid, 1829, p. 238. 19 Los incumplimientos de Sachetti y el notable valor de Pavía quedan recogidos en GARCÍA MELERO, José Enrique, arte español de la Ilustración y del siglo XIX: En torno a la imagen del pasado, Madrid, Encuentro, 1998, p. 38. 20 Entre los seis pensionados figuraron José de Hermosilla y Juan de Villanueva, en 1745 y 1757 respectivamente. Aspecto, entre otros, contenido en SAZATORNIL RUIZ, Luis y JIMÉNO, Frédéric, El arte español entre Roma y París (siglos XVIII y XIX): Intercambios artísticos y circulación de modelos, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, p. 104. 21 Para comprobar quiénes ostentaban dichos cargos y desde cuándo, consultar Distribución de los premios concedidos por el rey N.S. a los discípulos de las tres nobles artes, hecha por la Real Academia de S. Fernando en la Junta general de 22 de diciembre de 1754, Madrid, 1754, pp. 96-97. 22 SAMBRICIO, Carlos, “José de Hermosilla y el ideal historicista en la arquitectura de la Ilustración”, Goya, núm. 159 (1980), Madrid, Fundación Lázaro Galliano, p. 147. 23Aunque se han señalado con anterioridad las versiones contrarias que ofrecían estos dos arquitectos, si nos referimos a las razones fundamentales del hacer de ambos y la razón formal del conflicto, nos remitimos a MONTES SERRANO, Carlos, “El problema del estilo en la Arquitectura madrileña del siglo XVIII. A propósito de una colección de dibujos de Juan de Villanueva”, Carlos III, Alcalde de Madrid (cat. exp.), Carlos Sambricio R. Echegaray (com.), Madrid, Ayuntamiento de Madrid, 1988, pp. 449-455. 24 HERNANDO, Javier, Arquitectura en España. 1770-1900, Madrid, Cátedra, 1989, p. 39.. ISSN: 2340-843X. pág. 116.

(19) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120. 25 Véase. TOSCA, Tomás Vicente, Compendio Mathematico: en que se contienen todas las materias mas principales de las Ciencias que tratan de la cantidad, Valencia, 1757. 26 Entre otros tantos volúmenes traducidos con posterioridad a las tres primeras décadas desde la creación de la Academia, como señala NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, “Introducción al arte neoclásico en España”, Neoclasicismo, Madrid, Xarait, 1982, p. 15. 27 RODRÍGUEZ RUÍZ, Delfín, “Imágenes de lo posible: los proyectos de arquitectura premiados por la real Academia de San Fernando (1753-1831)”, Hacia una nueva idea de la arquitectura: Premios generales de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1753-1831) (cat. exp.), Madrid, Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1992, p. 30. 28 Con respecto a los distintos pormenores relacionados con los premios de Arquitectura de la Academia, consultar QUINTANA MARTÍNEZ, Alicia, La Arquitectura y los arquitectos…, 1983, pp. 85-90. 29 GARCÍA MELERO, José Enrique, “Orígenes del control de los proyectos de obras públicas por la Academia de San Fernando (1768-1777)”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, núm. 11 (1998), Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), pp. 301-302. 30 Incluso la Academia no fue siempre severa a la hora de oponerse a la participación de los alarifes, escultores o pintores provenientes de los gremios, pues la influencia de éstos estaba realmente incrustada en la sociedad y en el hacer de los diferentes ámbitos artísticos. Referente a ello incide GARCÍA MELERO, José Enrique, “El debate académico sobre los exámenes para las distintas profesiones de la Arquitectura (1781-1783)”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, núm. 6 (1993), Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), p. 368. 31 Ejemplo de ello fue la intensa crítica que Gregorio de Salas ejerció sobre la Arquitectura barroca española en Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor á los discípulos de las nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la Junta pública de 14 de Julio de 1787, Madrid, 1787, pp. 133-134. 32 Estatutos de la Real Academia de San Fernando, Madrid, 1757, p. 88. 33 BÉDAT, Claude, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744-1808): contribución al estudio de las influencias estilísticas y de la mentalidad artística en la España del siglo XVIII, Madrid, Fundación universitaria, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1989, p. 373. 34 Dichas declaraciones aparecen contenidas en la junta ordinaria de la Academia celebrada el 11 de noviembre de 1764, donde además de exponer los pormenores de dichas irregularidades, estimaba que “en estos términos la Academia podrá tomar la resolución que juzgue más oportuna para remediar un daño que tiene muy hondas raíces”. Archivo de la Real Academia de San Fernando (A.R.A.S.F.), “Libros de actas de las sesiones particulares, ordinarias, generales, extraordinarias, públicas y solemnes”, legajo núm. 3/82, ff. 265v-266v. 35 Conflicto recogido por RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ DE CEBALLOS, Alfonso, Siglo XVIII. Entre tradición y academia, Madrid, Silex, 1992, p. 20 y más detalladamente por NAVASCUÉS PALACIO, Pedro, “Sobre titulación y competencias de los arquitectos de Madrid (1775-1825)”, Anales del Instituto de Estudios madrileños, núm. 11 (1975), Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, pp. 123-136. 36 BÉDAT, Claude, La Real Academia de Bellas…, 1989, p. 374. 37Actas de la junta ordinaria del 13 de Enero de 1765. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares, ordinarias, generales, extraordinarias, públicas y solemnes”, legajo 3/82, ff. 274v-275v. 38 Junta particular del 4 de diciembre de 1785. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares y de gobierno”, legajo 3/123, ff. 324r. 39Acerca del contenido y proceso de tramitación del real decreto conviene consultar ESCOLANO DE ARRIETA, Pedro, Práctica del Consejo Real en el despacho de los negocios consultivos, instructivos y contenciosos: con distinción de los que pertenecen al consejo pleno, ó á cada sala particular: y las fórmulas de las cédulas, provisiones y certificaciones respectivas (obra póstuma), t. II, Madrid, 1796, pp. 24-26. Por otro lado destaca la notable aportación al respecto de GARCÍA MELERO, José Enrique, “Orígenes del control de los proyectos…”, Espacio…, 1998, pp. 287-342. 40 Carta recogida en su totalidad en la Junta particular del 10 de agosto de 1777. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares y de gobierno”, legajo 3/123, ff. 78v-86r. 41 GARCÍA MELERO, José Enrique, “Realizaciones arquitectónicas de la segunda mitad del siglo XVIII en los interiores de las catedrales góticas españolas”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, núm. 2 (1989), Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), p. 225. 42 GARCÍA MELERO, José Enrique, “Arquitectura y burocracia: el proceso del proyecto en la Comisión de Arquitectura de la Academia (1786-1808)”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, núm. 4 (1991), Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), p. 284. 43 Como muestra de ello, la Junta particular del 7 de diciembre de 1788, una fecha avanzada, exponía lo siguiente: “Que no pasando de 24 los arquitectos que con título legítimo ejercen su profesión en Madrid, pasan de 40 los no aprobados, según la lista presentada: que en los ocho o diez años últimos se han hecho por ellos innumerables reconocimientos y tasaciones, y cerca de sesenta edificios de todas clases. Que de esta libertad procedía el desaliento de los arquitectos hábiles, que después de muchos años de estudio, veían las fábricas en manos de sujetos ineptos”. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares y de gobierno”, legajo 3/124, f. 101r. 44 Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor à los discípulos de las tres nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la Junta pública de 20 de agosto de 1793, Madrid, 1793, pp. 28-29. ISSN: 2340-843X. pág. 117.

(20) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO 45 Mediante. una Real Cédula firmada en el Palacio del Pardo en la fecha indicada, y recogida en la Junta ordinaria de la Academia el 2 de abril de 1786. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares, ordinarias, generales, extraordinarias, públicas y solemnes”, legajo 3/85, ff. 7r-11r. 46 Junta ordinaria del 3 de julio de 1791. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares, ordinarias, generales, extraordinarias, públicas y solemnes”, legajo 3/85, f. 163r. 47 Distribución de los premios… 1793, 1793, p. 12. 48 Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor á los discípulos de las tres nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la Junta pública de 13 de Julio de 1796, Madrid, 1796, p. 20. 49 Irregularidades señaladas en BÉDAT, Claude, La Real Academia de Bellas…, 1989, p. 391. 50 Gerardo García León y Jesús Rivas habían establecido el nacimiento de Ignacio Tomás en 1750, así como Alicia Quintana y Sancho Corbacho en 1744. Estos últimos argumentaban que en 1769 tenía 25 años, debido a lo descrito en Distribución de los premios concedidos por el rey N.S. a los discípulos de las nobles artes, hecha por la Real Academia de S. Fernando en la Junta General de 12 de Julio de 1769, Madrid, 1769, p. 33. Sin embargo, se ha constatado que en los documentos de ingreso de los alumnos de la Real Academia figura que el día de su ingreso en el organismo (31 de marzo de 1767) contaba con 21 años. A esto añadimos que en dicho documento aparece nombrado como “Ignacio Tomás Camero”. A.R.A.S.F., “Libros de matrícula de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando”, legajo 3/300, f. 57r. 51 ALCOBERRO, Agustí (dir.), Catalunya durant la Guerra de Successió, vol. III, Barcelona, Ara Llibres, 2006, p. 252. 52 El listado de adhesiones a la nueva universidad de Cervera aparece contenido en MARTÍNEZ LÓPEZ-CANO, María del Pilar (coord.), La universidad novohispana en el Siglo de Oro: a cuatrocientos años de El Quijote, México, UNAM, 2006, p. 20. 53 SAMBRICIO, Carlos, La Arquitectura española de la Ilustración, Madrid, Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, 1986, pp. 423-424. 54 CALASSANC LAPLANA I PUY, Josep de, L'Oratori de Sant Felip Neri de Barcelona i el seu patrimoni artístic i monumental, Barcelona, Publicacions de l´ Abadia de Montserrat, 1978, p. 129. 55 Consultar RÀFOLS, Josep Francesc, Diccionario de artistas de Cataluña, Valencia y Baleares, Barcelona, ediciones catalanes, 1980. 56 Para el estudio de la catedral nueva de Lérida, nos remitimos a VILA, Rafael, “Metodología y sistemas de composición geométricos en Iglesias proyectadas por los ingenieros militares en Cataluña durante el siglo XVIII”, La Ilustración en Cataluña: la obra de los ingenieros militares, Madrid, Ministerio de Defensa, 2010, pp. 100-105. 57 PARDO CANALIS, Enrique, Los registros de matrícula de la Academia de San Fernando, de 1752 a 1815, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 1967, p. 110. 58 GARCÍA SEPÚLVEDA, Mª Pilar y NAVARRETE MARTÍNEZ, Esperanza, Cargos y títulos académicos (1752-2014), Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2014, p. 8. 59 Este nombramiento vino dado por el fallecimiento de José de Castañeda ese mismo año. GARCÍA SEPÚLVEDA, Mª Pilar y NAVARRETE MARTÍNEZ, Esperanza, Relación de miembros pertenecientes a la Real Academia de San Fernando (1752-1983, 1984-2006), Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 2007, p. 409. 60 Véase QUINTANA MARTÍNEZ, Alicia, La Arquitectura y los arquitectos…, 1983, pp. 92, 122-123. 61 Siendo el tema a examen el de “Planta y elevación geométrica del Altar Mayor de los Padres del Salvador”, Distribución de los premios… 1769, 1769, pp. 18, 32-33. 62 Siendo el tema de examen un “Templo para el honor y la inmortalidad” que, con 3 votos, no obtuvo premio alguno. Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor a los discípulos de las nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la Junta Pública de 5 de Julio de 1772, Madrid, 1772, p. 28, 40 y 42. 63 GARCÍA SEPÚLVEDA, Mª Pilar y NAVARRETE MARTÍNEZ, Esperanza, Relación de miembros…, 2007, p. 415. 64 Según la Junta ordinaria del 6 de marzo de 1774: “El señor Conde presentó los diseños de un Panteón magníficamente adornado por invención y execución de D. Ignacio Tomás (…) los profesores hallaron en ellos un mérito mui singular recomendaron mucho la aplicación aprovechamiento y buenas calidades del suplicante, y el Señor Conde lo propuso para Académico de mérito en la Arquitectura. Se votó como manda el estatuto, y de veinte y un vocales, que había entonces, pues ya el señor Duque de Osuna se había retirado, veinte estuvieron a favor, y uno en contra; por lo que quedó promovido como académico de mérito”. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones particulares, ordinarias, generales, extraordinarias, públicas y solemnes”, legajo 3/83, ff. 257v-258r. 65 Para comprender la visión transversal de la Arquitectura según Antonio Pló conviene revisar PLÓ Y CAMÍN, Antonio, El Arquitecto práctico, civil, militar y agrimensor, Madrid, 1767. 66 SAMBRICIO, Carlos, Arquitectura española…, 1986, p. 423. 67 RODRÍGUEZ LÓPEZ-BREA, Carlos María, Don Luis de Borbón, el cardenal de los liberales (1777-1823), Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2002, p. 30. 68 RODRÍGUEZ LÓPEZ-BREA, Carlos María, Dos Borbones, cardenales primados en Toledo, Toledo, Universidad Castilla-La Mancha, 2001, p. 27. 69 SAMBRICIO, Carlos, “Datos sobre los discípulos y seguidores de D. Ventura Rodríguez”, Estudios sobre Ventura Rodriguez (1717-1785), Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1985, p. 262. 70 En relación a la predilección de Ignacio Tomás por el orden gigante hemos de citar a colación las palabras de José Ortiz y Sanz, que dicen lo siguiente: “en las fachadas de los templos es un error insufrible poner dos o más órdenes de Arquitectura unos sobre ISSN: 2340-843X. pág. 118.

(21) ARS & RENOVATIO, número cuatro, 2016, pp. 99-120 mezclar los órdenes de un edificio, no es en mi sentir, cosa digna de admiración”. ORTÍZ Y SANZ, Joseph Francisco, Los diez libros de Archîtectura de M. Vitrubio Polion, traducidos del Latín y comentados, Madrid, 1787, p. 101. 71 Concursando frente a Mateo Guill, Manuel Machuca, Juan Pedro Arnal y Ramón Durán. SAMBRICIO, Carlos, Arquitectura española…, 1986, pp. 344 y 424. 72 Conflicto detalladamente expuesto en MOLEÓN GAVILANES, Pedro, La Arquitectura de Juan de Villanueva. El proceso del proyecto, Madrid, Colegio oficial de Arquitectos de Madrid, 1988, pp. 139-141. 73 MOLEÓN GAVILANES, Pedro, La Arquitectura de Juan…, 1988, p. 140. 74 Sobre esto se hace referencia en el acta de la Junta del 22 de mayo de 1789 (núm. 51) de la Comisión de Arquitectura, donde, con respecto a la cimentación de una fábrica de “hoja de lata” en Alcaraz se expone: “lo más conveniente sería confiar este encargo al Arquitecto Académico D. Ignacio Tomás, experimentado en semejante clase de obras”. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones celebradas por la Comisión/Sección de Arquitectura”, legajo 3/139, f. 120r. 75 Para comprender la importancia de este resurgimiento industrial conviene revisar la obra de ULLOA, Bernardo de, Restablecimiento de las fábricas, y comercio español: errores que se padecen en las caufales de fu decadencia, quales son los legítimos obftáculos que le deftruyen, y los medios eficaces de que florezca, Madrid, 1740. 76 MOLEÓN GAVILANES, Pedro, La Arquitectura de Juan…, 1988, p. 139. 77 A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones celebradas por la Comisión/Sección de Arquitectura”, legajo 3/139, ff. 40r, 45r. y 134r. 78 GARCÍA MELERO, José Enrique, “El arquitecto académico a finales del siglo XVIII”, Espacio, tiempo y forma. Serie VII, Historia del arte, núm. 10 (1997), Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), pp. 36-39. 79 RIVAS CARMONA, Jesús, “Notas para el Neoclásico cordobés”, Imafronte, núm. 2 (1986), Murcia, Universidad de Murcia, p. 45. 80 BÉDAT, Claude, La Real Academia de Bellas…, 1989, p. 417. 81 Sobre el gremio de plateros cordobeses en la Edad Moderna, el más importantes de cuantos llevaban a cabo su trabajo en la ciudad, véase VALVERDE FERNÁNDEZ, Francisco, El Colegio-congregación de plateros cordobeses durante la Edad Moderna, Córdoba, Universidad de Córdoba, 2001. 82 Concretamente dicho así: “Córdoba, patria que ha sido de Profesores muy acreditados, se hallaba enteramente destituida de medios y de estímulos, que resucitasen en ella la antigua inclinación a las artes del diseño, y moviesen la aplicación de los jóvenes a cultivarlas. Muchos males se habían originado por dicha falta. El arte de plateros, floreciente en otros tiempos, había decaído del buen gusto que requieren sus artefactos y alhajas. Las obras públicas, la decoración de los Templos, y todo lo demás que pende de dicho buen gusto, se hacía sin verdaderas máximas ni principios fundados”. Distribución de los premios concedidos por el rey nuestro señor á los discípulos de las nobles artes, hecha por la Real Academia de San Fernando en la Junta pública de 4 de Agosto de 1790, Madrid, 1790, pp. 5-6. 83 PONZ, Antonio, Viage de España, t. 17, Madrid, 1791, p. 37. 84 Continuando la cita de la nota 82, ya referente a la fundación de la Escuela de Dibujo de Córdoba, se expone: “Inflamado el generoso y caritativo ánimo de su actual prelado el Excelentísimo Señor Don Antonio Caballero y Góngora, ha tomado la resolución de establecer, y ha establecido su Escuela de dibuxo, proveyéndola de quanto es necesario, para que por este medio se recobren las luces perdidas, se enmienden en lo posible las obras indecentes executadas ya; y las que en lo venidero se executen vayan todas por buen camino”. Distribución de los premios… 1790, 1790, p. 6. 85 RAMÍREZ DE ARELLANO Y GUTIERREZ, Teodomiro, Paseos por Córdoba, Córdoba, Everest, 1973, p. 589. 86 RIVAS CARMONA, Jesús, “Notas para el …”, Imafronte, 1986, p. 46. 87 Que se llevó a cabo lentamente debido a la falta de caudales que sufría el obispado. Véase BARBADO PEDRERA, María Teresa, “La visión de una arquitectura en crisis: Córdoba en la segunda mitad del siglo XVIII. La pulsión entre la economía real y las necesidades constructivas”, Actas del Tercer Congreso de Historia de la Construcción (Sevilla, 2000), Amparo Graciani, Santiago Huerta, Enrique Rabasa. Miguel Ángel Tabales (coords.), Madrid, Instituto Juan de Herrera, CEHOPU, Universidad de Sevilla, 2000, p. 87. 88 Donde llevó a cabo una importante renovación arquitectónica, fundamentalmente en el campo de las construcciones de carácter religioso. Concretamente en la realización de la iglesia de Santa Bárbara y la inconclusa iglesia de San Juan Bautista de dicha localidad. Véase lo referido en SANCHO CORBACHO, Antonio, Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CISC), 1952, pp. 261-263. 89 Que ya se advirtió como obra de un artista “apellidado Tomás” en BERNIER LUQUE, Juan; NIETO CUMPLIDO, Manuel; RIVAS CARMONA, Jesús; LÓPEZ SALAMANCA, Francisco; ORTÍZ SUAREZ, Dionisio y LARA ARREBOLA, Francisco, Catálogo artístico y monumental de la provincia de Córdoba, t. V, Córdoba, Diputación de Córdoba, 1987. pp. 105-106. 90 Atribuida por primera vez en VALVERDE MADRID, José, Ensayo socio-histórico de retablistas cordobeses del siglo XVIII, Córdoba, Caja de ahorros Monte de Piedad, 1974, p. 297. 91 Asegurándose que Ignacio Tomás era, al menos, maestro mayor de obras de la catedral de Córdoba “desde dos años antes” a 1798, sin conocer la fecha exacta de su incorporación al cargo ni la fecha exacta de su salida del mismo. Véase NIETO CUMPLIDO, Manuel, La Catedral de Córdoba, Córdoba, Cajasur, p. 372. 92 Sobre la dificultad de los académicos formados en los años sesenta y setenta del siglo XVIII para adaptarse a las nuevas concepciones artísticas, citando el caso concreto de Tomás, conviene señalar lo dicho por SAMBRICIO, Carlos, Arquitectura española…, 1986, pp. 427-428. ISSN: 2340-843X. pág. 119.

(22) JESÚS MARÍA RUIZ CARRASCO 93. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones celebradas por la Comisión/Sección de Arquitectura”, legajo 3/139, ff. 307v-322r. A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones celebradas por la Comisión/Sección de Arquitectura”, legajo 3/139, ff. 391v-408v; legajo 3/140, ff. 1r-5r. 95 GUILLÉN MARCOS, Esperanza, De la Ilustración al Historicismo: Arquitectura religiosa en el arzobispado de granada (1773-1868), Granada, Diputación provincial de Granada, 1990, p. 111. 96 SAMBRICIO, Carlos, Arquitectura española…, 1986, p. 428. 97 A.R.A.S.F., “Libros de actas de las sesiones celebradas por la Comisión/Sección de Arquitectura”, legajo 3/140, f. 40r. 94. ISSN: 2340-843X. pág. 120.

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