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Coapa bajo el dominio de los falsos Quetzalcóatl

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COAPA

BAJO

EL DOMINIO DE

LOS FALSOS QUETZALCÓATL

D e l f i n a L Ó P E Z S A R R E L A N G U E

Universidad Nacional Autónoma de México

El tornaviaje de Quetzalcóatl

E L AÑO DE 1507 los mexica encendieron su ú l t i m o fuego en L a Estrella.

U n a d é c a d a después, precedidos p o r señales prodigiosas en el cielo, en la tierra y en la Laguna que i n u n d a r o n de pavor a los indígenas, surgieron los seres de barbas y piel blanca cuya venida Quetzalcóatl h a b í a anunciado con la ma-yor solemnidad, precisamente en Coatzacoalcos, donde varios siglos atrás e l dios-culebra desapareció. E l vaticinio se conver-tía ya en u n suceso histórico.

Se presentaba u n Quetzalcóatl plural, vario en individuos, en perfiles y vestimentas, t a l como se h a b í a i d o y como era esperado. N o provocó asombro, n i extrañeza, n i estupor; sólo una i n f i n i t a congoja y u n atroz espanto p o r l a certidumbre de que el m u n d o i n d í g e n a h a b í a llegado a su f i n .

E l retorno de la serpiente preciosa a c o m p a ñ a d a de sus hermanos s e ñ a l ó la hora de renunciar al poder y a l privile-gio y de sujetar la v o l u n t a d h u m i l d e al albedrío de los vengadores. E r a inexcusable, p o r tanto, rendirles

acatamien-to y reverencia y devolverles la auacatamien-toridad y los bienes que en l i c i t u d les correspondían y que, incluso los poderosos re-yes mexica, sólo p o d í a n usufructuar a título de administra-dores y vicarios durante la ausencia del dueño. Por eso, cuan-do H e r n á n Cortés se atavió con los ornamentos y h á b i t o s sacerdotales que Quetzalcóatl h a b í a vestido y que se le en-viaron en u n a embajada de homenaje, ya n o sólo como a

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rey y dios, sino como a la m á s excelsa de sus deidades, toda la tierra supo que la gran promesa se h a b í a cumplido.

L a corporización de la profecía y las amenazas que i m -pensadamente vertieron los castellanos, encresparon de angus-tia el corazón de T e n o c h t i t l a n .

Pero no, aquellos no p o d í a n ser n i Quetzalcóatl n i sus hermanos. L a duda nace de los cholultecas, fieles deposita-rios del culto y la tradición de la serpiente, y pronto ha de proclamarse la falsa identidad. Pese a todo, son dioses, hijos del Sol, de cuyas moradas procedían.1 Imagen suya, el c a p i t á n

Pedro de Alvarado. A la m i r a d a aborigen, el capitán era u n a realidad cierta, la presencia y faz del Sol: rubicundo, de cabello dorado y vigorosa apostura. Y por ello le llamaron T o -n a t i u h . E -n cua-nto al ge-neral, sus do-nes de ma-ndo, de vale-n- valen-tía y de seducción le atrajeron el mote de E l Chalchíhuitl, la esmeralda inapreciable.'- E n él, la visión m í tico-histórica vol-vió a enlazar a Quetzalcóatl y a Chalchiuhtlicue.

E l C h a l c h í h u i t l adentróse en aquella tierra que parecía de encantamiento y a su paso escuchó amargas querellas contra el déspota mexica. C o n la benevolencia del señor n a t u r a l que reasume su autoridad, prometió i m p a r t i r justicia y, en ocasiones por fuerza y en otras de grado, obtuvo la alianza de los pueblos ofendidos.

V i n o luego la entrada a T e n o c h t i t l a n , la fastuosa r e c e p ción, la p r ó d i g a hospitalidad y, de pronto, la r u p t u r a , el desastre en la fuga y los alivios d e ' l a recuperación entre los tlaxcalteca.

A h o r a los mexica vocean la condición m o r t a l de los i n -trusos: son, evidentemente, hombres extraños y fuertes, pero

1 F r a y J u a n de T o r q u e m a d a : Monarquía Indiana. M é x i c o , editorial Salvador C h á v e z H a y h o e , 1943. 3 vols. / , pp. 378-386, 435 y 443.

2 Diego M u ñ o z C a m a r g o : Historia de Tlaxcala. M é x i c o , O f i c i n a

T i p . de l a S r í a . de F o m e n t o , 1892, p. 192. T o r q u e m a d a , op. cit., I,

p p . 380-386. B e r n a l D í a z d e l Castillo: Historia de la Conquista de la

Nueva España. 4 vols. M é x i c o , Publicaciones H e r r e r í a s , 1938, II, pp. 69

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sólo hombres, y su r u i n a total - a s í lo aseguran los hechice-r o s - está m u y p hechice-r ó x i m a . E n T e n o c h t i t l a n , el phechice-rovehechice-rbial ahechice-rhechice-ro- arro-j o se ha impuesto sobre el pánico y, sin embargo, su earro-jemplo n o engendra la menor consternación en los pueblos que Moc-tezuma h a b í a aterrorizado. Chalco, el altar consagrado a la diosa de los chalchihuites, acude a Cortés y le demanda socorro.

L a nueva sublevación acarreó a T e n o c h t i t l a n u n d a ñ o enorme al privarla del maíz, de la l e ñ a y de las verduras con que abundantemente la proveía su perenne enemigo. Pero, a pesar de que los mexica embistieron con varias ac-ciones de guerra, E l C h a l c h i h u i t l condujo a los chalca a la victoria.3

El naufragio de los ídolos

E n su fase decisiva, la lucha entablada entre los españo-les y el I m p e r i o Mexica hubo de llevarse a cabo en el co-razón del Valle de M é x i c o , en las riberas y en los islotes.

U n cerco estrangulaba con escrupulosidad y destreza a T e n o c h t i t l a n a medida que los pueblos lacustres, cuya alian-za solicitó desesperadamente C u a u h t é m o c , la abandonaron a su suerte.

T a l hicieron los xochimilca. Su p r i m i t i v o furor contra el invasor, volcado en impetuosas batallas, en una de las cua-les el p r o p i o Cortés arrostró gravísimo peligro, se melló tras la estrepitosa derrota que sufrieron. L a expedición mexica que por agua y tierra intentó recobrar los jardines flotantes, m o s t r ó a q u í su absoluta impotencia.

Las m á r g e n e s de la Laguna a r d í a n en llamas cuando los pueblos chinampaneca que h a b í a n permanecido n e u t r a l e s ' (Iztapalapa, Churubusco, Mexicaltzinco y C u l h u a c á n ) , se alia-r o n a Coalia-rtés. R e s o n ó la voz de los castellanos y miles de hombres de guerra surcaron las ondas del lago para clavar mortíferas flechas en el pecho de su señora.

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Pero el ataque de los xochimilca no fue leal. H a b l ó el viejo rencor y tiñó de perfidia su ofrecimiento de ayuda a los" mexica. Amparados en la confianza de C u a u h t é m o c , dedi-cáronse al robo, al saqueo y aun a la matanza de sus supues-tos amigos. Pronto lo supo el rey y, rebosante de indignación, o r d e n ó cautivar y sacrificar a los traidores sin perdonar a n i n g u n o . * L a felonía y la inmisericordia fueron corona fúne-bre y epílogo de la secular r i v a l i d a d mexica-xochimilca.

Los dioses mexica h a b í a n m e n t i d o y los recién llegados se e n s e ñ o r e a b a n ya del I m p e r i o .

E n aquella Laguna, cuyo l í m p i d o cristal fue crónica y espejo de la miseria y el encumbramiento del pueblo de H u i t -zilopochtli, naufragaron los ídolos y las riquezas, el orgullo y el señorío, la obstinación y la ú l t i m a esperanza.

A l sucumbir T e n o c h t i t l a n , u n espeso silencio se extendió sobre todo el Valle de M é x i c o .

Agravios y tenencias

Desde Coyoacán, el Conquistador e m p r e n d i ó la obra de reconstrucción m o r a l y material. L a C i u d a d de Tenochtitlan-M é x i c o resurgió, renovada en traza y costumbres, de aquel haz de escombros hediondos para volver a ser la cabeza de u n reino indiano, ahora marcado con el sello del mayor I m p e r i o del mundo.

H a b í a que consolidar uno de los elementos justificativos del acto de conquista efectuando la restitución de los bienes que los mexica se h a b í a n apropiado. Cortés la h a b í a pro-m e t i d o a sus legítipro-mos d u e ñ o s y en prueba de su propro-mesa

i F r a y B e r n a r d i n o de S a h a g ú n : Historia General de las cosas de la

Nueva España. 5 vols. M é x i c o , editorial Pedro R o b r e d o , 1938, IV, pp.

90, 91, 145 y 202-213. F e r n a n d o de A l v a I x t l i x ó c h i t l : Obras Históricas.

2 vols. M é x i c o , O f i c i n a T i p . de la S r í a . de F o m e n t o , 1892. / / , pp. 428¬ 430. T o r q u e m a d a , / , pp. 536-552. D í a z del Castillo, / / , p. 225; / / / , pp. 16, 37 y 48.

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C O A P A Y LOS FALSOS Q U E T Z A L C Ó A T L 5

h a b í a e m p e ñ a d o la palabra del Emperador.^ Así pues, envió a llamar a los señores y a los nobles vencidos, y con blan-d u r a les e x p l i c ó que su iblan-da a M é x i c o no h a b í a obeblan-deciblan-do a intereses militares o de d o m i n i o , sino al deseo de com-probar las quejas que sus aliados indígenas le h a b í a n ex-puesto.6

Decidles -ordenó a los lenguas Malintzin y Jerónimo de Aguilar-, decidles que quiero conocer las tierras que tenia el mexica.

Y los cuitados h u b i e r o n de confesar que a su llegada a la isla, su indigencia era tanta que se h a b í a n visto apremia-dos a atacar a los tecpaneca, a los aculhuaque, a los chalca y a los xochimilca, los grandes terratenientes del Valle:

Fue sólo a base de flecha y de escudo, y de no dirigir inútil-mente a los soldados, como conseguimos tierras de cultivo y tierras para poblar.

A h o r a e n t e n d í a n que Cortés h a b í a ya invalidado aque-llos derechos y que, en v i r t u d de su t r i u n f o , a él le corres-p o n d í a n todos los bienes que los mexica corres-poseían.7

Pero el Conquistador reiteraba la posesión de otros títulos de d o m i n i o . A sus amigos y sirvientes, a los capitanes que en la lucha h a b í a n destacado, a la ciudad hispano-indígena que e m e r g í a de las cenizas y, desde luego, a sí mismo, a d j u d i c ó los mejores sitios a nombre y representación del Emperador hispano.8

s Códice Mendocino. E d i c i ó n de J e s ú s G a l i n d o y V i l l a . M é x i c o , M u -seo N a c i o n a l de A n t r o p o l o g í a , H i s t o r i a y E t n o l o g í a , 1925, s/f.

e T o r q u e m a d a , / , pp. 543-545.

T F r a n c i s c o de San A n t ó n M u ñ ó n C h i m a l p a h i n C u a u h t l e h u a n i t z i n :

Armales. Sixième et Septième Relations. (1258-1612). P u b l i c a d o y tradu-cido por R é m i S i m é o n . P a r í s , M a i s o n n e u v e et C h . L e c l e r c é d i t e u r s , 1889, p. 238.

s Cargos que resultan contra Hernando Cortés. Temistldn, mayo 8

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descubrí-E n la r e g i ó n de las aguas dulces, Chalco y X o c h i m i l c o fueron primeramente encomiendas y, luego, áreas de corregi-miento, y C o y o a c á n (la v i l l a y sus sujetos), n o obstante ciertas trabas transitorias impuestas por la Corona, pertene-ció siempre al marquesado del Valle de Oaxaca.9 Cortés

devolvió con posterioridad a los señores de A c o l h u a c á n , de Chalco y de X o c h i m i l c o sus antiguas propiedades, advirtido que parte de ellas d e b í a n repartirse equitativamente en-tre los nobles y sus parientes. E n cuanto al resto de las tierras, dispuso

. . .que se lleve a cabo, primero que nada, la devolución de los lugares donde medra el maíz.

L a restitución se llevó a cabo en forma por d e m á s defec-tuosa a l o largo de una d é c a d a de vacilaciones, de intentos fallidos, de dudas y perplejidades ante aquel hecho insólito. Después, las reclamaciones y los pleitos afluyeron a las salas de la Real A u d i e n c i a . Sabemos que en 1530 los señores de Amaquemecan y Tenango, a f i n de recobrar sus tierras, i n i -ciaron diversos procesos judiciales y que, en estas contiendas, u n a f i g u r a de gran relevancia en la etapa de la conquista sobresale nuevamente en su carácter de intérprete, pero aho-ra como portavoz de su aho-raza: la célebre M a l i n t z i n - d o ñ a M a r i n a . E l éxito comenzó a aflorar cuatro años después, cuando el presidente de la Segunda Audiencia, Sebastián Ra-mírez de Fuenleal, e x p i d i ó diversas ejecutorias en favor de nobles i n d í g e n a s labradores, si bien la justicia i m p a r t i d a —a pesar de la r e c t i t u d del tribunal—, a ú n adoleció de muchos errores. N o siempre fue posible reintegrar los bienes

deman-miento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía, sacados de los archivos del Reino y muy espe-cialmente del de Indias. (Si c i t a r á e n adelante: CDIAI.) 42 vols.

Ma-d r i Ma-d , I m p r . Ma-de B e r n a l Ma-d o Ma-de Q u i r ó s , 1868-1884, XXVII, p. 23.

» C h a r l e s G i b s o n : Los aztecas bajo el dominio español. M é x i c o ,

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dados, pero en tales casos se reemplazaron por otros de valor a n á l o g o .1 0

A los nobles mexica y tlatelolca no se les dejó totalmente excluidos. T a m b i é n se les distribuyeron algunas porciones en Chalco, quizá debido a que los propietarios j a m á s presenta-r o n la presenta-reclamación copresenta-rpresenta-respondiente -causa poco p presenta-r o b a b l e - , o a que h a b í a n fallecido. E l hecho es que esta repartición tuvo tal firmeza que todavía en el siglo x v n muchos de los herederos de los nobles y guerreros de M é x i c o y de Tlate-lolco labraban sosegadamente sus campos en aquella rica Provincia.1 1

El área y la jurisdicción de Coapa

Después de permanecer ignorada durante u n breve lapso inmediato a la caída de T e n o c h t i t l a n , Coapa reaparece en el escenario histórico en forma u n tanto borrosa.

E n los inicios del V i r r e i n a t o , el nombre de Coapa desig-naba u n área tan amplia en sus dimensiones como deficien-te en sus delimitaciones.

E n aquel entonces, Coapa gozaba de una contrastada f i -s o n o m í a : plano-s y e-stribacione-s -serrana-s, yermo-s y pa-stiza- pastiza-les, sitios labrantíos y tierras de lava, ríos, ciénagas y caseríos diseminados. U n a nomenclatura cristiana individualizó a la m a y o r í a de los lugares que ostentaban en forma genérica aquel nombre y, paulatinamente, fue imponiéndose. Sin em-bargo, la memoria popular conservó el p r i m i t i v o gentilicio i n d í g e n a y, en tiempos relativamente modernos, se operó u n fenómeno reversible al a ñ a d i r s e Coapa a los títulos españo-les. Solamente el sitio que o c u p ó una hacienda ha conser-vado el nombre i n d í g e n a desde el siglo x v n hasta la fecha. Es notorio, por lo demás, que lugares que en tiempos antiguos

10 C h i m a l p a h i n , op. cit., pp. 239, 240, 250 y 255.

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fueran ajenos al vocablo Coapa, lo adoptaran durante los siglos X I X O X X .

E l intento de diseñar u n croquis del área coapense me resultó u n quehacer p r o l i j o y azaroso. N o solamente lo obs-truyeron las similitudes originadas por este curioso proce-so de mestizaje onomástico, sino t a m b i é n la ausencia de una cartografía relativa y la notoria vaguedad de sus límites en los primeros tiempos, así como la frecuente confusión de las noticias documentales que mencionan a los accidentes topográficos e incluso a los propietarios de fincas limítrofes. D i -ficultó a ú n m á s la labor de esclarecimiento el que a u n mismo p u n t o de referencia se le aplicaran, como sinónimos, diversos sustantivos. U n a sola corriente de agua, por ejem-plo, es llamada indistintamente arroyo, zanja y río. U n ca-nal, "acalote" y bóveda. Y hasta en la alusión a los puntos cardinales se observa idéntica imprecisión, ya que en n u -merosas ocasiones se señalaron en forma errónea.

A su vez, la antigua dependencia varió fundamentalmente. L a comarca coapense h a b í a escapado de la jurisdicción de X o c h i m i l c o para ser atrapada en la de Coyoacán y que-dar directamente sujeta a la v i l l a del mismo nombre, sede de una extensísima comarca conocida con el nombre de Estado y Marquesado del Valle de Oaxaca, y que perteneció a Her-n á Her-n Cortés y a sus desceHer-ndieHer-ntes.

Sin embargo, en v i r t u d de que los sucesivos dueños de una vasta porción de Coapa incrementaron sus propiedades, las fincas coapenses rebasaron los límites de Coyoacán hasta territorio perteneciente a X o c h i m i l c o y Mexicaltzingo.

Los nuevos propietarios de Coapa

Los dueños, naturalmente, t a m b i é n cambiaron. Salvo una excepción, la del cacique Francisco de X i l o m a n , heredero de d o n Diego de Moctezuma, no se mencionan nunca m á s a los descendientes de los nobles mexica agraciados con las tierras conquistadas en tiempo de Itzcóatl. Aparecen como

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propietarios algunos caciques emparentados con el último rey xochimilca, los descendientes del ú l t i m o rey coyohuaca, algu-nos indios, n o bien identificados, de X o c h i m i l c o y Coyoacán y, por ú l t i m o , el m a r q u é s del Valle de Oaxaca.

¿Por cuáles vías se realizó esta mudanza? Sin duda, los xochimilca rescataron, a través del reparto cortesiano ya refe-rido, algunas tierras de las perdidas en la guerra. L o que n o he logrado desentrañar es la fecha en que las demás pasaron a formar parte del cacicazgo de Coyoacán, aunque sí la forma. Es sabido que los reyes mexica donaron parte de las tierras conquistadas a sus aliados y familiares tecpaneca con quienes integraban la llamada T r i p l e Alianza; m u y po-siblemente tuvo lugar después una cesión de los reyes tecpa-neca de T a c u b a a sus descendientes de C o y o a c á n . Las pre-tensiones de los herederos de H e r n á n Cortés, apoyadas en la p r e s u n c i ó n de que Coapa estaba comprendida en el terri-torio que el Emperador a d j u d i c ó al marquesado del Valle, resultan m á s explicables si se observa que la villa de Co-yoacán, sujeta al m a r q u é s y prevalida de su amparo, sostuvo u n enconado pleito contra X o c h i m i l c o , al que, desde 1525 d e s p o j ó de la antigua T l a l p a n , ahora convertida en v i l l a de San A g u s t í n de las Cuevas, seguramente una de "las m á s importantes del Reino". X o c h i m i l c o h a b í a logrado imponer su razón en los tribunales,1 2 e incluso se procedió a

demar-car los límites con su r i v a l seis años después. Pero la vio-lenta o p o s i c i ó n de Coyoacán, fue causa de que cinco xochi-m i l c a xochi-m u r i e r a n y xochi-muchos otros quedaran xochi-malheridos. L a Audiencia encarceló a los principales agitadores1 3 y los

man-12 Carta de los caciques de Suchimilco a Su Magestad alegando sus servicios desde el principio de la Conquista de Méjico, Panuco y Xalis-co al Marqués del Valle y al Adelantado Alvarado, y pidiendo resti-tución de sus derechos y posesiones de que han sido despojados. 2 de mayo de 1563. E n CDIAI, XIII, p. 295.

13 Carta del Abdyencia de México a Su Magestad sobre varios asun-tos de gobierno. Temystitan-México, agosto 14 de 1531. E n CDIAI, XLI,

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tuvo en prisión largo t i e m p o , " sin que aquella medida arre-drara a los coyohuaca: en 1548 de nuevo se apoderaron de San A g u s t í n y no la devolvieron a pesar de las quejas y d i l i -gencias elevadas ante la misma C o r o n a . "

Poco después se perfiló u n nuevo tipo de amos de la tierra.

A l consumarse la conquista, la población e s p a ñ o l a se asen-tó en la Cuenca. L a bondad del suelo, la abundancia de agua y l a suavidad del clima en l a región de las aguas dul-ces, a m á s de las ventajas derivadas de su situación respecto de la capital de la Nueva E s p a ñ a , atrajeron a numerosos agricultores que se afanaron, mediante diversas operaciones - l e g í t i m a s o n o - , por a d q u i r i r tierras. Los caciques prime-ramente, y luego los macehuales enajenaron las propias en favor de particulares o de instituciones religiosas que fueron acumulando suertes, parajes y ranchos hasta constituir las haciendas al finalizar el siglo x v i .

Coapa vino, finalmente, a quedar en poder de criollos de buena cepa.

El crepúsculo de Chalchiuhtlicue

Las transformaciones operadas en la fisonomía del Lago dulce se reflejaron, naturalmente, en las tierras coapenses. L a circulación se incrementó en el Lago, pese a que no volvieron a surcarlo embarcaciones de guerra. Trajineras, canoas y "acallis" trazaban m i l caminos acuáticos, de los cuales, el que revestía mayor i m p o r t a n c i a era el Canal que unía a M é x i c o con X o c h i m i l c o y Chalco. Regularmente, cada jueves por la tarde, la C i u d a d fletaba canoas repletas de los

" Carta a la Emperatriz, de la Audiencia de México. México, a

9 de febrero de 1533. E n Epistolario de la Nueva España. 1505-1818.

R e c o p i l a d o por Francisco del Paso y T r o n c o s o . 16 vols. M é x i c o , A n t i -g u a L i b r e r í a R o b r e d o de J o s é P o r r ú a e hijos, 1939, pp. 27 y 28.

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variadísimos productos que concentraba en su mercado, y los viernes en la tarde, con la mayor precisión, Chalco le en-viaba u n a buena parte de los bastimentos recibidos de T i e r r a Caliente. L a travesía se efectuaba sólo de noche "para excu-sar el calor del sol", como informaba V e t a n c u r t .1 6

L a n a v e g a c i ó n fue paulatinamente obstruyéndose. E l tiempo en que se recorría el Canal en los primeros años era de once a doce horas; a fines del siglo x v m , se invertían dieciocho p o r q u e algunos tramos estaban convertidos en ver-daderos lodazales."

Los españoles insertaron numerosas especies vegetales y animales y sus m é t o d o s e instrumentos de labranza. L a inten-sificación d e l cultivo de las tierras que circundaban a la Laguna y hasta las laderas de las serranías cercanas provocó u n hecho que ya al finalizar el siglo x v i sobresaltó a los observadores. Las capas de tierra removidas por el hollar de los ganados y el cavar de los aperos formaban depósitos de lama y de cieno en las partes m á s bajas,

y como no hace ni tez ni rostro la tierra y está mullida y blanda, en lloviendo llevan las aguas la flor y nata de ella, y como no tiene otro paradero ni desagüe más que esta Laguna

y llanadas, y siendo muchas las avenidas cuando llueve, entra en este receptáculo el agua, y como la tierra busca su centro (aunque es nata y flor la que ha traído el agua incorporada en si, aunque es poca y no mucha), siéntase en el suelo so-bre la otra tierra...

Este acarreo, que d e s n u d ó hasta las entrañas a las tie-rras de labranza m á s altas, enriqueció extraordinariamente

i« F r a y A g u s t í n de V e t a n c u r t : Teatro Mexicano. Descripción breve

de los sucesos ejemplares históricos, políticos, militares y religiosos del Nuevo Mundo Occidental de las Indias. 4 vols. M é x i c o , I m p r e n t a de I .

Escalante y C í a . , 1870-1871, / , p. 97 y III, p. 247.

" J o s é A n t o n i o Alzate: Gacetas de Literatura de México. 4 vols.

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a las ribereñas. Así se r o b ó altura y extensión al vaso del Lago y se favorecieron sus desbordamientos.1 8

Los desbordamientos: la m á s r u d a amenaza que desde siempre se h a b í a cernido sobre el Valle de M é x i c o . Para prevenirlos, los nahua acuchillaron los lagos m a r c á n d o l o s con las toscas cicatrices de sus calzadas o caminos-diques. L a ma-yor de todas, el A n t i g u o A l b a r r a d ó n , o A l b a r r a d ó n de Atza-coalco, partía del norte del Valle, al pie de la sierra de Tepe-yac, y concluía en Iztapalapa.1 9

Construido con recias estacas y enormes piedras, de acuer-do con el sabio parecer del soberano de Texcoco, Netzahual-cóyotl, el A l b a r r a d ó n m e d í a m á s de tres leguas de largo (una buena parte de ellas apoyada en el fondo del Lago) y cuatro brazas de ancho. Por su m a g n i t u d , los peligros que e n t r a ñ ó y la increíble rapidez de su ejecución, esta obra fue, en ver-dad, u n "acto m u y heroico". E n ella ostentaron su pericia los tecpaneca coyohuaca y los xochimilca, y se afirmaba que los primeros peones fueron los magníficos reyes Mocte-zuma el Mozo y N e t z a h u a l c ó y o t l .2 0

De m u y antiguo databa la áspera lucha que los habitan-tes del Valle entablaron contra el Lago para disputarle unas cuantas varas de suelo en que asentar los pasos. Dos fueron los únicos recursos: levantar bordos que contuvieran y aun hicieran retroceder las aguas, y desecar los pantanos que acordonaban las riberas lacustres.

Los mexica, desde su establecimiento en T e n o c h t i t l a n , emprendieron esta tarea con tan voluntarioso í m p e t u , que desde los lugares enjutos a c u d í a n las gentes a observar, pas-madas, aquellas "lumbres y humaredas" que los n ó m a d a s alimentaban con sauces acuáticos y que despaciosamente con-solidaban el terreno.

i » H e n r i c o M a r t í n e z : Repertorio de los tiempos e Historia Natural

de Nueva España. M é x i c o , S e c r e t a r í a de E d u c a c i ó n P ú b l i c a , 1948, pp. 180 y 181. L a t r a n s c r i p c i ó n procede de T o r q u e m a d a , / , pp. 309 y 310.

i » Alzate, op. cit., I I , pp. 43-49.

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N o solamente fueron huejotes los sacrificados. Muchos mexica e x p i r a r o n en el cieno y en el fuego, antes de alcan-zar el t r i u n f o . A q u e l l a casi increíble hazaña se ensalzó en los cantos populares aun después de transcurridos tres siglos.2 1

Llegados los falsos Quetzalcóatl, el Lago sufrió redoblados embates. A m á s de la desgarradura citada que le i n f l i -gieron los labriegos y los ganados, se le opusieron nuevas calzadas y, a fines de 1555, u n nuevo A l b a r r a d ó n : el de San L á z a r o . Se continuó la desecación artificial de sus aguazales en una p r o p o r c i ó n sensiblemente mayor. Despojósele, para saciar la sed de las tierras de labranza y de los acueductos de la C i u d a d , de varios de los manantiales y arroyos que le n u t r í a n , y se arrasaron totalmente espaciosas áreas arbola-das, porque T e n o c h t i t l a n devoraba considerables raciones de madera.2 2

De tal manera se apresuraba la desecación natural, fenó-meno originado centurias antes,2 3 si bien Torquemada, que

a t r i b u y ó el m a l a los nuevos dominadores, pretendía preci-sar u n a cronología exacta: el a ñ o de 1524.

E l Lago menguaba pausada pero implacablemente. Ya en los inicios del siglo x v n se h a b í a n secado las pequeñas lagunas de Chapultepec y Azcapotzalco; la C i u d a d de M é x i c o h a b í a perdido su condición insular y se u n í a sólidamente a la tierra f i r m e y, excepto en el verano, "cuasi lo m á s de la Laguna dulce por las partes del n o r t e y poniente está seca y e n j u t a " .2 4 Menos de doscientos años después, los lagos que

c u b r i e r o n casi toda la superficie del Valle se encontraban reducidos a su décima parte.2 5

21 C h i r n a l p a h i n , p. 78.

22 T o r q u e m a d a , / , p. 309. A l e j a n d r o de H u m b o l d t : Ensayo Político sobre el Reino de la Nueva España. 5 vols. 6; e d i c i ó n . M é x i c o ,

edi-torial Pedro R o b r e d o , 1941, / , p. 364. M a r t í n e z , op. cit., pp. 180 y 181.

23 H u m b o l d t , op. cit., I I , p p . 190 y 191.

24 I, p. 308. F r a y T o r i b i o de M o t o l i n i a : Memoriales. M é x i c o , L u i s G a r c í a P i m e n t e l , ed. 1903, p. 151.

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De vez en vez, C h a l c h i u h t l i c u e sufría nostalgia por sus viejos dominios, y al llegar sus hermanos, los dioses de la lluvia, aquella Laguna de aguas tranquilas, sin vientos n i borrascas, que tímida se replegaba sobre sí misma y que per-m i t í a con gentileza los placeres de la navegación, la pesca y las regatas,2 6 avanzaba incontenible r e a p o d e r á n d o s e del

te-r te-r i t o te-r i o pete-rdido y ate-rte-rasando todos los obstáculos. Fieles a esta labor destructora, las aguas que, en corrientes divagantes, d e s c e n d í a n del Ajusco provocaban deslizamientos y erosiones y, a l engrosar el caudal de los ríos y arroyos, acarreaban cuantiosos daños en toda la r e g i ó n de las aguas dulces.

Algunas inundaciones fueron tan graves que aterroriza-r o n a los habitantes de la Cuenca. L a de 1553 obligó a cercar a la C i u d a d de M é x i c o hacia el oriente con el robusto m u r o que se l l a m ó de San L á z a r o , y la de 1604 exigió clau-surar e l paso de las aguas dulces que corrían por la Acequia de M e x i c a l t z i n g o . "

Cierto, la C i u d a d de M é x i c o q u e d ó a salvo; pero las re-giones de s e m b r a d í o y las poblaciones vecinas se arruinaron completamente. Quedaron entonces de manifiesto la inefica-cia de la A l b a r r a d a y la urgeninefica-cia de atacar el problema con medidas m á s enérgicas. L a grandiosa obra del desagüe del Valle se impuso como i n e v i t a b l e ;5 1 8 pero t a m b i é n - c o m o l o

demostraron las inundaciones posteriores, en especial la de 1 7 4 8 - resultó ser insuficiente.

C o m o la mayor parte de las calles de la ciudad de Mé-xico y las d e m á s haciendas del Valle, las haciendas coapenses se integraron, en parte, a expensas del Lago, al que estre-charon por el mencionado sistema de bordos.2 9 Por ello,

du-•20 R a f a e l L a n d í v a r : Por los campos de México. M é x i c o , I m p r e n t a U n i v e r s i t a r i a , 1942, p. 8. H u m b o l d t , / / , p. 193.

2 ? G i b s o n , op. cit., p. 230. M a n u e l Orozco y B e r r a : Memoria para

la carta hidrográfica del Valle de México. M é x i c o , I m p r e n t a de A . B o i x , 1864, p. 59. T o r q u e m a d a , / , p p . 619 y 729.

as T o r q u e m a d a , J, pp. 729, 730 y 758.

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in-COAPA Y LOS FALSOS Q U E T Z A L C Ó A T L 15

rante las inundaciones, Coapa era presa fácil de las aguas y ocasión de gravísimo peligro para la capital.

U n escrupuloso reconocimiento de la r e g i ó n en 1748 d e j ó ver a los peritos que los parajes p r ó x i m o s a la Acequia Real de X o c h i m i l c o alcanzaban una exigua elevación sobre el nivel lacustre. D e d ú j o s e que esos sitios, ya vueltos laboríos, ha-b í a n sido receptáculos de la Laguna y, por tanto, porciones de su vaso. Así pues, el decreto de 31 de enero del a ñ o ci-tado o r d e n ó a los hacendados que destruyeran los bordos y se dejase volver al Lago a los límites de la a n t i g ü e d a d . Esta providencia no llegó a aplicarse en definitiva, si b i e n d e j ó vagamente establecida la condición de "servidumbre de vaso de agua" 3 0 impuesta a la zona oriental de Coapa.

Las ciénagas se a d u e ñ a r o n de las extensas porciones hur-tadas al Lago, y aunque los esfuerzos para dominarlas eran í m p r o b o s y continuos, los resultados fueron m á s b i e n l i m i -tados, porque la vegetación flotante constituyó u n embarazo considerable para el tránsito, al grado de que fue preciso trazar u n " c a m i n o r e a l " para las canoas dentro de la laguna. Y, en ocasiones, las raíces cegaban t a m b i é n a este canal.3 1

C e ñ í a n a Coapa las aguas que brotaban p r ó d i g a m e n t e en numerosos manantiales: los de C u l h u a c á n , "de l o mejor que hay en toda la Nueva E s p a ñ a " , u n o de los cuales, el de L a Estrella, era proveedor de la ciudad de M é x i c o ;3 2 el

triste-mente célebre de Acuecuexco, que la i n u n d ó durante el rei-nado de A h u í z o t l ; los de Santa Ú r s u l a ; los de P e ñ a Pobre;

geniero D i r e c t o r de Aguas d o n Francisco de G a r a y , sobre sus obras de d e s a g ü e de esta C a p i t a l . " Suplemento de La Sociedad, M é x i c o , m i é r c o -les 14 de febrero de 1866.

so J o s é F r a n c i s c o Cuevas A g u i r r e y E s p i n o s a : Extracto de los autos, diligencias y reconocimiento de los ríos, lagunas, vertientes y desagües de la Capital México y su Valle. M é x i c o , I m p r e n t a de la vda. de Ber-nardo H o g a l , 1748, pp. 30-34.

31 V e t a n c u r t , op. cit., J, pp. 96 y 97.

32 1580. Relación de Culhuacán. E n Relaciones históricas y estadís-ticas del siglo x v i . A r c h i v o H i s t ó r i c o del Instituto N a c i o n a l de A n t r o -p o l o g í a e H i s t o r i a . C o l . G ó m e z de Orozco 9 ( 6 ) , f. 167.

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los de San A g u s t í n de las Cuevas. Su profusión p e r d u r ó casi tres siglos después de la llegada de los españoles; pero a fines del x v m se u n i e r o n al cortejo fúnebre de C h a l c h i u h t i -cue, que se encaminaba a su propia tumba. Precedió a todos el de Acuecuexco, seco ya en 1795.3 3

Granjerias de la tierra

T a m b i é n en el cultivo de la tierra se conjugaron las téc-nicas, los esfuerzos y los instrumentos agrícolas. Los españo-les aplicaron en A m é r i c a experiencias y métodos felizmente probados ya en las vegas granadinas y valencianas (deseca-mientos, desagües, desvíos, b ó r d e o s ) . L a reconocida habili-dad aborigen y su veterana pericia constructora de represas, de albarradas y aun del propio suelo cultivable participaban en el e m p e ñ o . Ese intento de mejorar las fisiografía comar-cana estableció, aunque en reducidos límites, una forma de contacto c u l t u r a l entre pueblos geográficamente lejanos.

E l d o n de la fertilidad prosiguió como característica del m e d i o d í a de la región de las aguas dulces, en la que según tradición, se desconocían las hambres que asolaron a ú n a la tierra firme. Era - d e c í a T o r q u e m a d a

la cosecha tan segura la de todos los años en toda la Laguna, que un año que hubo avieso y no se cogieron las miescs con el concierto y abundancia que antes, se admiraron sus mora-dores y confesaban no haber visto ni oído tal cosa a los pa-sados fi*

Sin embargo, la mudable meteorología del Valle contra-rrestaba con cierta periodicidad esa riqueza, y las sequías, los excesos de lluvias y las heladas - m e n o s frecuentes estas

33 C é s a r L i z a r d i R a m o s : " E l m a n a n t i a l y el acueducto de

Acue-cuexco." Historia Mexicana, n ú m . 21. M é x i c o , octubre-diciembre de 1954,

p. 233.

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COAPA Y Los FALSOS Q U E T Z A L C Ó A T L 17

ú l t i m a s - precedían a las cosechas perdidas, carestía de ali-mentos, hambres, alteraciones demográficas y otras calami-dades que llevaron a la región a afrontar serias crisis du-rante el v i r r e i n a t o .3 5

Conservó la preeminencia en los cultivos del Valle el maíz, cuyas mejores mazorcas se obtenían en los campos de Chalco. T a n pródigos eran que, en el siglo x v m , las cincuenta haciendas de la provincia satisfacían con* una sola cosecha las necesidades anuales de la Ciudad de M é x i c o .3 6

E l tiempo y la estación oportunos para el inicio de las labores preparatorias de la siembra del maíz era en los pri-meros días de enero,3 7 cuando las " c a b a ñ u e l a s " juegan y

cabriolean con el clima del Valle de M é x i c o . D e b í a sembrar-se en la l u n a creciente, pizcarsembrar-se durante la menguante y guardarse, mezclado con agujas secas de pino, antes del ocaso de u n d í a de sol.3 3

De los cereales occidentales, el único que llegó a tener alguna i m p o r t a n c i a en el sur del Valle fue el trigo, i n t r o d u -cido por fray M a r t í n de Valencia y laboriosamente aclima-tado, ante el desgano y aun oposición de los indios, por los españoles vecinos de la C i u d a d de M é x i c o ,3 9 quienes a fines

del siglo x v i ya practicaban el riego en gran escala.4 0 Varias

33 V é a n s e a este respecto el c a p í t u l o XI y el a p é n d i c e 50 de Gib¬

son y, sobre todo, los s ó l i d o s y detallados a n á l i s i s de E n r i q u e

Flores-cano: Precios del maíz y crisis agrícolas en México (1708-1810). M é x i c o ,

E l Colegio de M é x i c o , 1969.

3G Florescano, op. cit., p. 95.

37 1916. Xochimilco. Ejidos. Restituciones. Local (A). A r c h i v o d e l Departamento de Asuntos Agrarios y de C o l o n i z a c i ó n 24:897 (725.1), f. 1.

38 M a r t í n e z , p. 190.

39 F r a n ç o i s C h e v a l i e r : La formación de los grandes latifundios en

México (Tierra y Sociedad en los siglos x v i y x v n ) . E n Problemas agríco-las e industriales de México. N ú m . 1, vol. VIII, M é x i c o ,

enero-febrero-marzo de 1956, p p . 51-56. Relación, apuntamientos y avisos que por

mandato de S. M. dio don Antonio de Mendoza, virrey de Nueva

Espa-ña, a don Luis de Velasco, nombrado para sucederle en este cargo. 1550.

E n CDIA1, VI, p. 492. 40 G i b s o n , p. 316.

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décadas después, el dorado grano ofrecía gozosamente va-liosa recompensa a los pacientes empeños de los labradores.

Globalmente considerado, el trigo del Valle no represen-tó una cuantiosa cifra; tampoco fue de calidad superior.*1

N o obstante, su productividad - p o r lo menos en la zona coa-p e n s e - excedió en mucho a la obtenida en otros cultivos. E l r e n d i m i e n t o del trigo por superficie, inversión, tiempo y fuerza de trabajo aplicados a su producción, fue crecidamente mayor que, incluso, el del maíz. P e q u e ñ a s extensiones que, pese a lo reducidas, aportaban los mejores lucros monetarios. Por otra parte, el incremento conseguido en los volúmenes trigueros que se cosechaban acusó la existencia de u n mer-cado consumidor correlativamente ampliado, con demanda progresiva y precios remunerativos que acuciaron al empren-dedor propietario de una de las haciendas coapenses a ex-plotar u n m o l i n o harinero en la población de San A g u s t í n de las Cuevas a f i n de redondear sus ganancias con la venta directa al p ú b l i c o .

Como consecuencia de los ya referidos cambios ecológi-cos que se originaban en el Valle, en algunos años se da-ñ a r o n las cosechas de trigo y de maíz. E n el bienio de 1785¬ 1786 se registraron las m á s lastimosas pérdidas.*2

Las particulares circunstancias que regían la conservación de ambas g r a m í n e a s determinaron la proliferada construc-ción de trojes, almacenes casi ciegos, de notable capacidad y reciedumbre, que d e s e m p e ñ a b a n una doble función. Por una parte, preservaban a los granos de la agresión d e l gor-gojo; *3 por la otra, tendían a estorbar la depreciación en

las épocas de copiosidad.** Con estos propósitos, su edifica-ción se r e g u l ó cuidadosamente. Henrico Martínez aconsejaba levantarlas a mayor altura que el suelo, con paredes y azo-teas gruesas, sin ventanas y con una sola puertecilla, p e q u e ñ a

« r i c r e s c a n o , p. 188.

42 Ibid., p. 148.

43 M a r t í n e z , pp. 188-190.

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COAPA Y LOS FALSOS Q U E T Z A L C Ó A T L 19

y b i e n protegida."5 E n la comarca coapense, las trojes

cons-taron, invariablemente, de dos naves.

Otras especies se cultivaron en Coapa, si b i e n en menor escala, y ello a partir del siglo x v m . Fueron el f r i j o l , el maguey y la cebada.

L ó g i c a m e n t e , el encogimiento de la superficie ocupada por las aguas y la pesca inmoderada causaron u n a paulatina d i s m i n u c i ó n de las especies lacustres."6 C o n todo, durante

siglos, el lago persistió como i m p o r t a n t í s i m a fuente de abas-tecimientos y como el mayor elemento d i n á m i c o en la vida del V a l l e . *7

E n la espera de lograr de las ciénagas tierras agrícola-mente útiles, el habitante de la r e g i ó n coapense h u b o de resignarse a sufrir o a protegerse de los peligros encerrados en el tremedal y procurar, entretanto, los esquilmos de su abundancia en tules, céspedes y pastos.

A ú n era el tule la nota peculiar del paisaje. T a n b e n é , voló como el maíz, daba provechos a los i n d í g e n a s en m i l usos: medicinales, alimenticios y habitacionales. L a cinta, defensora de huertos y jardines contra las embestidas del sol y de los hielos, elemento básico para la construcción de las chinampas y hospitalario techo de los jacales ribe-reños v i n o a ser, además, u n excelente sustituto de los pas-tos. N o obstante su aparente endeblez, soportaba, casi sin cimbrarse, el peso de los ganados.4 8

P E C U N I A R I A FUE, con estricto rigor e c o n ó m i c o y semántico, u n a buena p o r c i ó n de la riqueza americana. E n los amplios valles, extensas praderas y dilatadas llanuras y sabanas, las

« Ibid., p. 188.

46 Sobre el encarecimiento de algunas de estas especies, Alzate

se-ñ a l a b a a fines del siglo x v m que poco antes se c o m p r a b a n con medio r e a l doce ajolotes y que d e s p u é s apenas era posible obtener con esta c a n t i d a d tres o cuatro. / / , p. 123.

47 H u m b o l d t , / / , p. 192. T o r q u e m a d a , / , pp. 235 y 308. Alzate, / / , p p . 123 y 301.

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especies animales domésticas mayores y m e n o r e s se m u l -t i p l i c a r o n en la primera m i -t a d d e l siglo x v i en u n a escala que n u n c a antes pudo imaginar la centenaria pobreza penin-sular. H u b o repetidos casos regionales en los que el creci-miento de la población ganadera rebasó las posibilidades humanas de hatería, y sus individuos sobrantes proliferaron, mesteños, en la m á s completa rusticidad.

Empero, a l cabo de algunas décadas, esta reproducción sufrió sensibles menoscabos, si b i e n los r e b a ñ o s menores con-t i n u a r o n incremencon-tándose explosivamencon-te en el siglo x v n . .

L a orden de Santo D o m i n g o m o s t r ó especial interés en fomentar la crianza de la raza lanar en las zonas que estu-vieron sujetas a su trabajo de evangelización en la Nueva E s p a ñ a , interés que se vinculó de t a l manera a su trabajo misional, que el apacentamiento ovino a d q u i r i ó en algunos núcleos aborígenes los caracteres de u n pathos religioso. Des-p u é s destacarían los jesuítas en las fincas Des-pertenecientes a sus misiones y colegios.4 9

Pero, aunque el Valle de M é x i c o p a r t i c i p ó en l a prospe-r i d a d pecuaprospe-ria, en Coapa n o aconteció t a l hecho. Duprospe-rante todo el tiempo en que d o m i n a r o n los falsos Quetzalcóatl, l a e x p l o t a c i ó n agrícola tuvo p r i m a c í a sobre cualquiera otra acti-vidad. Lejos de provocar asombro alguno, su censo ganadero se m a n t u v o menos que mediano, m u y variable en sus cifras y m á s b i e n complementario de los esquilmos básicamente agrícolas. L a ovicultura p r e d o m i n ó desde finales del siglo x v n , pero j a m á s se llegó a constituir u n predio merecedor de ese nombre: el que daba cabida a cincuenta m i l carne-ros u ovejas.5 0 Posteriormente se i n t r o d u j e r o n las greyes

cer-dal, vacuna y caballar. Escasos ejemplares mulares y bovinos existieron simultáneos al progreso de las faenas labrantías.

49 V é a s e sobre este p u n t o a Chevalier, op. cit., p p . 71 ss. y 228.

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COAPA Y LOS FALSOS Q U E T Z A L C Ó A T L 21

Latifundios y pueblos

De las varias formas de tenencia agraria que con franca c o m p a t i b i l i d a d coexistieron en la Nueva E s p a ñ a , la hacien-da fue la mejor dispuesta para el desarrollo, la m á s pro-ductiva y evolucionada.

L a base de la riqueza radicaba m u y preponderantemente e n la tierra, y u n a sociedad agrícola bien particularizada c o b r ó fuerza y estabilidad en la Nueva E s p a ñ a .

Fueron frecuentes las disputas por la propiedad de la tie-rra; pero en la naciente organización de la pertenencia terri-torial n o se advirtió u n acentuado afán monopolizador n i , mucho menos, actividad especulativa.

Luego v a r i ó notablemente la situación. Algunos conquis-tadores vendieron a precios irrisorios los bienes que repartió Cortés, y en forma semejante obraron los nobles indígenas. A la depreciación sucedieron u n a ligera especulación con la tierra y el alza posterior que fue firme, aunque l e n t a ,5 1 y

se sustentó en diversos elementos objetivos y subjetivos. En-tre los m á s generales, se observan u n mayor y m á s pacífico ajuste social en el V i r r e i n a t o con el consiguiente afinamien-to de sus instituciones políticas y jurídicas y funciones m á s definidas y ejecutivas; u n desenvolvimiento económico inte-gral con proyecciones mejor precisadas y la a m p l i a c i ó n y aseguramiento de los mercados consumidores de los produc-tos hacendarios. E n particular, el alza de la tierra obedeció al m e j o r a m i e n t o de los suelos y las instalaciones, y al apro-vechamiento de diversas experiencias y técnicas productivas.

Ciertamente, el "espíritu señorial" de los españoles h u b o de manifestarse en la formación de los latifundios. Los pro-pietarios, que instauraron una notable estratificación

económi-5 i " L a tierra - d e c í a S u á r e z de Peralta h a c i a 1 5 8 0 - e n ser y valor

h a dado v u e l t a . " J u a n S u á r e z de Peralta: Tratado del descubrimiento de

las Indias (Noticias Históricas de Nueva España). M é x i c o , S r í a . de E d u -c a -c i ó n P ú b l i -c a , 1949, p. 72.

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co-social, poseían, a l mismo tiempo, u n a considerable influen-cia en todos los órdenes.

Aquellos señores rurales mexicanos cuyas extensas pro-piedades eran, con seguridad, de valores económicos relati-vamente escasos, gozaron de u n poder que j a m á s soñaron alcanzar los d u e ñ o s de fincas m á s parvas, pero incompara-blemente m á s pingües, en la P e n í n s u l a .5 2

Estos mexicanos configuraron u n a especie de h i d a l g u í a criolla novohispana en l a que el valor ético de la respetabi-lidad social y política se anudaba a la propiedad territorial. Pero el prestigio que otorgaba la hacienda reclamaba, a su vez, u n a sólida posición económica que garantizara la pose-sión, aunque las tierras permaneciesen en el ocio.

E n l a formación de los latifundios, Florescano concede mayor i m p o r t a n c i a a l factor económico de la lucha por sos-tener los precios de los productos agrícolas. E l afán de ensan-char las heredades rurales se h a b r í a despertado p o r el deseo de s u p r i m i r a los labriegos competidores, así fueran de cor-tos haberes, y de sujetarlos e n su subsiguiente condición de consumidores y hasta de jornaleros.5 3

M u y celosos de l o que clamaban eran sus derechos, los terratenientes pretendieron erigirse en árbitros del abasteci-miento de los cereales. Sus maniobras de retención y acapa-ramiento en é p o c a s de crisis les atrajeron la universal ani-m a d v e r s i ó n y las censuras, entre las que destacó la r í g i d a condena del Arzobispo de M é x i c o .5*

A fines del siglo x v m , el virrey Revillagigedo a t r i b u í a a la m a l a distribución de las tierras la mayor parte de los males que aquejaban a la Nueva E s p a ñ a ,5 5 y u n a autorizada

52 C h e v a l i e r , op. cit., p. 118.

Florescano, op. cit., p. 188.

54 Ibid., p p . 174 y 175.

55 Q u e j á b a s e t a m b i é n de q u e durante su gobierno y a pesar de sus

instancias, apenas se l o g r ó q u e u n a docena de pueblos aprovecharan el privilegio de erigirse y recibir las 600 varas cuadradas del fundo

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COAPA Y LOS FALSOS QUETZALCÓATL 23

corriente de o p i n i ó n se declaró en contra de los latifundios. E n vísperas de la guerra de Independencia, los vicios de la hacienda, concertados con otras causas, recrudecieron el en-carecimiento de los víveres, el desempleo y el descontento general. Innegablemente, como institución agraria, la gran hacienda presentó escasos elementos de defensa.

Víctimas del apetito de los terratenientes, los pueblos i n -dígenas resintieron continuos d a ñ o s . Como la mayoría de los novohispanos, los pueblecillos circunvecinos de las haciendas coapenses, algunos de fundación prehispánica, y otros virrei-nal, llevaron u n a vida precaria, subordinados económicamen-te a los latifundios. U n o de ellos llevó su adhesión a los amos m á s allá de l o exigible a u n vasallo fiel. De no haber-los perjudicado con su actitud, p o d r í a suponerse u n a verda-dera complicidad con los hacendados.

E n los acomodamientos demográficos, la influencia de las haciendas fue decisiva: devoraron algunos pueblos p e q u e ñ o s en tanto q u e dieron origen a otros. E n cambio, las grandes comunidades indígenas de los aledaños tuvieron que enfren-tarse, si bien esporádicamente, a los terratenientes para dispu-tarles derechos reales o supuestos sobre la propiedad de la tierra o los productos d e l Lago.

a sus sucesores. 2 vols. M é x i c o , I m p r e n t a de Ignacio Escalante, 1873, / / , p. 154.

Referencias

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