Sílaba y Acento

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P E T E R L A D E F O G E D

S í l a b a y A c e n t o

E I s u t o r e a c a t e d r á t i c o de l a U n i v e r ­ s i d a d de E d i m b u r g o . E l p r e s e n t e t r a ­ b a j o f u e e s c r i t o c o n l a c o l a b o r a c i ó n d e Μ. H. D r s p e r y D. Wi t t e r i d g e , d e l D e p a r t s m e n t o de F i l o s o f í s de l s mi s * m s I f n Í T e r a i d a d . L a t r a d u c c i ó n al e s - p s ñ o l h a s i d o r e s l i s s d s p o r l s P r o f .

A n s T e r e s s C s s t i l l o de G u t t l e r q ui en t r a b a j a c o m o p r o f e s o r s s T i e m p o

C o m p l e t o en e l D e p s r t s m e n t o de I d i o ­ m a s M o d e r n o s de l I n s t i t u t o P e d s g ó - g i c o .

( N . d e l s R . )

Frecuentem ente en la literatura fonética, la s sílab as acentuadas son objeto de discu sión .P ero en e s ta s d iscu sion es hay muy poco empe­

ño en explicar el significado del término "acento” , ya sea en términos

a cú stico , o sea en términos de la actividad del hablante. Simplemente se supone que el acento en una palabra enunciada e s algo que se pue­ de percibir. Similarmente, la sílaba se considera, muy frecuentemente como una unidad que puede ser aprehendida, pero muy difícilmente de­ finida. En este artículo deseamos reportar los resultados de una in­ vestigación preliminar instrumental en relación a las formas del lengua­ je que son percibidas, y a la acción del mecanismo respiratorio del hablante.

Un estudio reciente del mecanismo de la respiración ha sido reali­ zado por Capbell (1958). P ero en los laboratorios fisiológicos la par­ ticipación de los músculos respiratorios en la s activid ad es del len­ guaje ha sido c a s i completamente descuidada. Desde el punto de vista

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del fonetista, algunas in vestigacion es han sido dadas a luz: la s de Gray y V ise (1 9 4 6 ); también algunos trabajos recientem ente publicados por la Universidad de Purdue (Hoshiko), 1957. Sin embargo, el p sico-lo g ista norteamericano R . H. Stetson (1 9 5 1 ) e s el único investigador bien conocido en e ste campo.

E s obvio que en la s investigacion es que van a ser d e scrita s le de­ bemos mucho a Stetson, quien tenía una intuitiva apreciación de mu­ ch o s a sp ecto s que con los medios a su disposición, no pudo llegar a comprobar. Aún más, su sag az p e rsp ica cia sugirió posibilidades en que se puede haber sobrepasado. L a s principales conclusiones de Stetson eran:

1) Cada sílab a e stá acompañada por un impulso toráxico b alístico . (B a llistic ch e s t pulse).

2 ) En sílab as ab iertas (ej. te a , spa) el colapso del pulmón e s a-mortiguado por un esfuerzo inspiratorio activo producido por los múscu­ lo s in te rco sta le s extem os.

3) En una sílaba acentuada, la acció n de los músculos in tercosta­ le s se refuerza por la de lo s m úsculos abdominales, dirigidos por el recto abdominal.

Y a que estam os en desacuerdo con algunas de e s ta s co n clu sion es, e s n ecesario hacer un esbozo de las té cn ica s experim entales de Stet­

son. Stetson obtuvo la mayoría de sus informaciones de tres fuentes: 1) Quimógrafo. H istoria de los movimientos de la s paredes del

cuerpo a través del quimógrafo. En nuestra manera de pensar ta le s mo­ vimientos difícilmente pueden ser considerados como indicaciones vá­ lid a s del uso de músculos e sp ecífico s. L o s movimientos de la s pare­ d es to ráxicas pueden ser efectuados en diversas formas; y, los múscu­ lo s más cercan os al punto en movimiento, no tienen que e sta r n e ce sa ­ riamente en una contracción activ a.

2 ) G rabaciones de la presión d el aire en la tráquea de p a cien tes traqueotomizados. Tampoco dan evidencia directa de los músculos que

son usados para regular la s variacion es de la presión del aire.

3) Informes a ce rca de la presión del aire en los pulmones señala­ da por las variaciones en la presión de un balón lleno de aire y co lo ­ cado dentro del estómago.

Descubrimiento o informaciones de este tipo se pueden usar para dem ostrar que el lenguaje no es una actividad articulatoria superim-p uesta a una corriente de aire constante y con una superim-presión con stan te, peto no pueden ser empleados como una prueba completa de que cie rta s c l a s e s de actividades m úsculares participan en la producción del len­ guaje.

E l método más satisfacto rio para obtener evidencia directa referen­ te a lo s m úsculos que intervienen en una acción es por el uso de la

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té cn ica llamada electro mió grafía. Algunos de los factores de e sta té c­ n ica serán explicados en la próxima secció n .

E s bueno anotar aquí que Stetson también hizo algunas experien­ c ia s de esta c la s e . En la s publicaciones que hemos examinado (las cu a le s incluyen c a s i todos sus artícu los y lo s de sus compañeros de trabajo, y que están anotadas en la bibliografía de su segunda edición de Motor P h on etics), hay solamente dos ilu stracion es de e ste tipo: una

mostrando la s sílab as pup, pup, pup, pronunciadas lentamente, y la

o s a mostrando la misma sílaba pup pronunciada a una velocidad más

rápida. Aún e s ta s dos informaciones son técnicamente inadecuadas, y parece muy dudoso que e lla s en realidad muestren la actividad de

los músculos indicados en los diferentes trabajos.

Como ha dicho Twadell (1 9 5 3 ), lo s e scrito s de Stetson están lle­ nos de transiciones sin señ ales y otros rie sg o s. Además, para aquellos

que no están acostumbrados al manejo de té cn ica s instrumentales hay la dificultad de decidir si Stetson e s tá haciendo una afirmación basada en una evidencia estab le, o si e stá simplemente enunciando una hipó­ te s is . Aún m ás, Stetson confunde algunas v e ce s la situación por el uso que le da a cie rto s términos. Así, a menudo asegura que el movi­ miento del tórax asociad o a la producción de una sílaba e s b alístico (1) , lo que para él significa que es el producto de una aguda con trac­ ción de los m úsculos in terco stales, los cu ales son siempre de una mis­ ma c la s e , como opuestos a los controlados (término que él usa cuando hay variaciones en la tensión muscular a través del movimiento). P a ­ rece que algunos fonetistas se han dado cuenta de que e sta dicotomía de tipos de movimientos e sp e cífico s no e s usada, en tal sentido, por fisiolo gistas (Begbie, 1958).

L a mayor parte del trabajo de Stetson debería ser considerado c o ­ mo una teoría que trata de exp licar cómo lo s músculos respiratorios están compromeddos en el mecanismo del lenguaje, y no como una d es­ cripción de la acción observada en e s o s músculos. En nuestros expe­ rimentos, hemos podido comprobar e sta teoría en sus varios asp ecto s y , a p esar de las c rític a s ya anotadas, e s un placer registrar aquí que de no ser por los trabajos de Stetson, no hubiera sido posible tratar de h acer e sta investigación.

En nuestros experimentos, la actividad de los músculos respirato-tios durante el habla fué estudiada por medio de la electrom iografía. Ya que e sta técn ica no ha sido usada ampliamente en in vestigacion es lin g ü ísticas, parece acon sejab le dar una corta explicación de algunos de los factores envueltos. Un relato más extenso lo da B achtal (1957).

L o s m úsculos que están bajo control voluntario se componen de gran número de célu las o fibras alargad as, y cada una puede contraer­

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s e . E s ta s fibras están organizadas en grupos, cada grupo e stá co n ec­ tado a una célula nerviosa e sp e cífica en la médula espinal. E s ta com­ binación de una célula nerviosa y sus fibras m usculares a so ciad as se conocen como una unidad motora. Cada uno de los músculos que nos concierne contiene muchos m iles de unidades motoras.

Cada vez que una célu la nerviosa d escarga energía nerviosa, todas la s fibras musculares de e sa particular unidad motora se contraen por algunas centésim as de segundo y se relajan nuevamente. Si hay más d e sca rg a s de la célula nerviosa an te s de que las fibras m usculares se hayan relajado, las contracciones se funden hasta un cierto punto; una completa fusión ocurre cuando la frecuencia del impulso no altera m ás la tensión muscular y ocurre solamente cuando el nervio e stá en función de conductor del influjo nervioso a una frecuencia más alta que la observada en e sto s experimentos. Normalmente, cuando un mús­ culo e stá en estado de tensión ligera cada grupo activo de fibras mus­ cu lares e stá siendo estimulado por su propia célu la nerviosa a una ve­ locidad bastante baja (5 -1 0 por segundo), de manera que se contrae so­ lamente en pequeñas partes del tiempo durante el cual la tensión con­ tinúa.

Bajo e sta s condiciones, el músculo, como un todo, contendrá en un momento dado un númeto relativamente pequeño de fibras contraídas. Cuando la tensión del músculo tiene que aumentar, hay dos p ro ceso s que lo logran:

1 ) cad a célula nerviosa activa d escarga más frecuentemente de manera que su grupo de fibras m usculares aso ciad as se encuentran más a menudo en estado de contracción, y a sí contribuir más al estado de tensión del músculo como un todo;

2 ) hay un momento en e l número total de fibras m usculares que pueden ser estim uladas. De e sta forma el grado de actividad puede ser controlado sobre un área muy grande.

Cuando la s fibras m usculares que forman una unidad motora son estim uladas, la s cé lu la s m usculares producen una d escarga e lé ctrica co n ocid a como acción potencial. E s posible registrar e sta actividad e lé c tric a en el músculo de dos maneras. Con electrodos hechos de hi­ los de plata de 5mm. de diámetro se colocan en la piel, inmediatamen­ te encima del músculo; con una aguja hueca que contiene un cable cen ­ tral indulado que se inserta dentro del músculo. En cualquier ca so , los p oten ciales e lé ctrico s que ocurren en la superficie cubierta por los electrod os, o entre e l cable aislado y la parte exterior de la aguja, pueden ser ampliados y mostrados en un tubo de rayos cató d icos y de ahí pueden ser fotografiados. F ig s . 1-4 incluyen gráficas de los informes dados de la s actividades m usculares en lo s cu ales la acción potencial ap arece como una serie de p icos agudos que indican cuando la s figuras

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m usculares se co n aaen . (En una de e s ta s figuras hay también unas on­ das largas o p icos más largos, m arcados con la letra E ; e sto s ocurren a intervalos regulares de un segundo aproximadamente, y se deben a la actividad e lé ctric a del corazón, peto que no son de importancia para e s ta s observaciones).

E l tamaño del impulso registrado en el osciloscop io no indica la tensión producida por una unidad motora. En la s condiciones con la s cu a le s tenemos interés, cada grupo de fibras musculares se contrae o no se contrae. E l tamaño de la acción potencial que e s registrada de­ pende de la distancia entre lo s electrod os y la actividad de la s fibras m usculares. Cada impulso registrado (cualquiera que sea su amplitud) simplemente indica la contracción de una unidad motora simple.

Debido a que la s fibras de un músculo son muy pequeñas, los e le c ­ trodos se colocan muy rara vez en varios sitio s de manera que los re­ g istro s muestran la actividad de una unidad motora simple; sin embar­ go, cuando la actividad de un gran número de unidades e s mostrada en e l registro, lo s impulsos individuales producidos por una particular unidad motora pueden ser a menudo reconocidos por su amplitud o por alguna ca ra cte rís tic a en su forma.

L o s cambios p recisos en tensión en los músculos pueden ser e x ­ presados cuantitativam ente, considerando la frecuencia de la s con trac­ ciones en una unidad motora particular, AI examinar el modelo N? 3 donde hay un número de impulsos del mismo tamaño los cu ales parecen ser ca ra cte rís tic o s de una unidad motora simple, e s posible calcular la velocidad a la cual e ste grupo particular de fibras musculares está siendo estimulado. E s ta información puede ser representada gráfica­ mente como se muestra en la parte inferior del diagrama, donde los pun­ tos están relacionados con los intervalos de tiempo entre impulsos con­ secu tivos.

L o s resultados generales de la observación de registros de e ste ti­ po serán dados en la próxima se cció n . Pero podemos notar aquí que este grupo particular de fibras musculares empieza a ser activ a justa­ mente an tes de la primera palabra de la frase, y tiene un número de pun­ tos culminantes durante la frase, uno justamente an tes de la palabra OLD, otro durante la primera parte de la palabra MAN, un punto culmi­ nante (pico) mucho mayor justamente antes de la palabra DODDERED, la cual lleva el acento principal de la oración, un cuarto punto durante la segunda parte de la palabra ALONG, y dos p icos para la última pa­ labra ROAD, la cu al fué pronunciada con una v ocal muy

larga-L a s anotaciones señaladas en las figuras 1, 2, y 4 muestran las a c ­ tividades de un gran número de unidades motoras. En e s ta s circu nstan ­ cia s e s difícil fijar las variaciones cuando los m úsculos están en

un estado de tensión; pero e s muy posible obtener un dibujo aproxi

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mado de e ste grado de actividad muscular.

N osotros investigam os la actividad de varios músculos por medio de la electrom iografía; y como resultado encontramos que los músculos respiratorios mas activ o s durante el habla son los internos intercosta­ le s. L a s fibras de e sto s músculos corren entre las c o s tilla s , bajando cuando se contraen de manera que aumentan la presión del aire en los pulmones. (F ig . 1).

Un ejemplo típico de la actividad de los in tercostales internos du­ rante la pronunciación de una expresión simple e s la repetición de una sílab a acentuada simple como lo demuestra la fig. 1 . Dos puntos son obvios: 1) hay un aumento general en la cantidad de actividad muscu­ lar a medida que la pronunciación de la expresión prosigue. 2 ) la a c ­ tividad muscular ocurre principalmente en erupciones que anteceden a cada sílab a. L a primera de e s ta s ca ra cte rís tic a s - el aumento general en la actividad muscular - puede ser correlacionada con la disminución del volumen del aire en los pulmones, lo cual ocurre durante la emisión del habla. Como la cavidad toráxica se hace más pequeña, hay un au­ mento correspondiente en el grado de actividad muscular, requerida para producir una determinada presión del aire en los pulmones. (Ya e s te punto fue notado con anterioridad por Roos (1 9 3 6 ) y Foshiko (1 9 5 7 ); pero e sto s investigadores no obtuvieron ningún dato cuantita­ tivo. L a s medidas que hemos hecho serán reportadas en otro sitio .

L a s erupciones de actividad de los in tercostales internos fueron notados por primera vez por Stetson. Son tan obvias que pueden ser no­

tadas en impresiones simples tales como la s mostradas en la fig.1; pero en el habla normal no son tan evidentes. Hicimos muchos reg is­ tros de la actividad muscular, la cual ocurrió cuando se leyeron dife­ rentes lista s de palabras. E s to s registros demuestran que cada seg­ mento del habla que se percibe como una sílaba no e stá necesariam en­ te acompañada por una erupción separada de actividad muscular. Stet­ son simplificó demasiado la situación por considerar la actividad mus­ cular intercostal en términos de una serie de movimientos b a lístico s, cad a uno de los cu ales pasa o no p asa. Pero en realidad, hay muchas otras posibilidades. L a tensión de los músculos in tercostales puede no solamente ser cambiada en una gran variedad de m atices, sino que también puede haber variedades en la velocidad de cambio de tensión. Algunas v e ce s un simple aumento en la tensión se extiende a un gru­ po de articu lacion es incluyendo dos v o cales separadas por la oclusión de una consonante (nuestros informes muestran que palabras ta le s co ­ mo P IT Y y AROUND pueden ser pronunciadas en esta forma); y algu­ nas v e ce s hay dos erupciones separadas de la actividad que normal­ mente se considera como sílaba. (E j. en las palabras SPORT y STAY y en otras palabras que comienzan con una fricativa seguida de una

plosiva).

E s to s resultados indican que, una consideración de la actividad muscular que ocurre cuando se leen lis ta s de palabras en un e stilo con­ versacional corriente, no e s muy probable que nos lleve a e so s seg­ mentos que usualmente llamamos sílab as. Muy a menudo no hay ni s i­ quiera una correlación entre el número de erupciones de actividades musculares y el número de segmentos percibidos como sílab as en una expresión.

L a actividad de los in tercostales internos durante la expresión ha­ blada con fluidez, se muestra en las figuras 2 y 3 . L a fig. 2 muestra

la primera parte de la oración: "H e a greed that he uias sorry for every·

tbing” (E l estuvo de acuerdo en sentir mucho todo lo ocurrido), dicha

en forma de conversación normal. E s obvio que la actividad muscular no es constante durante e sta frase. Hay aumentos muy notados en la actividad muscular, inmediatamente antes de la primera vocal y antes de la segunda sílaba en la palabra AGREED; pero la última sílaba e s ­ ta también acompañada por otra erupción de actividad en el medio de la vocal (un tipo de actividad observada frecuentemente durante las v o cales largas). L a s dos últimas palabras también están precedidas por erupciones de actividad muscular.

L a actividad de los intercostales internos durante la frase: “ The oíd man doddered along the road” (E l viejo temblaba en el cam ino” ), se muestra en la fig. 3 En e ste ca s o las variacion es en la actividad muscular pueden ser expresadas cuantitativam ente, ya que en esta o ca ­ sión se registra una actividad motora simple. L a s variaciones en la actividad muscular durante la expresión emitida están de acuerdo con las variacion es en los acen tos percibidos. Oyentes de la expresión arriba mencionada, y que fué grabada en una cinta magnetofónica, a s e ­ veran que el mayor acento se encontraba en la primera parte de la pa­ labra DODDERED; OLD MAN y ROAD también estaban acentuadas. Se­ gún se observa en el gráfico de la fig. 3, en su parte inferior, la fre­ cuencia de estim ulación del grupo particular de fibras m usculares re­ gistrados en e sta ocasión e s mayor antes de DODDERED y e s bastan­ te alto también antes de las palabras OLD, MAN, y ROAD. Mucha de nuestra información demuestra también un aumento en el grado de a cti­ vidad muscular inmediatamente antes de las sílab as oídas como si e s ­ tuvieran fuertemente acentuadas.

Generalmente se acuerda que el acen to de una expresión no puede ser correlacionado con ninguna propiedad a c ú s tic a simple. De manera

que una sílaba percibida como s i tuviera un fuerte acento no marca

necesariam ente una mayor intensidad, ni un cambio de frecuencia, ni una mayor duración ni ninguna otra cualidad e sp e c ífic a . Pero, b asán ­ donos en nuestros experimentos parece que el grado del acen to se rela­

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ciona a menudo con el aumento extra en la actividad muscular, (e j.: el incremento global con el aumento extra de la actividad e s tá asociado al decrecim iento del volumen de aire en los pulmones). De manera que la diferencia de acento, como muchas otras diferencias consonantales (Liberman, 1957), pueden ser ordenadas más simplemente en términos de conducta humana como productora de e lla s en vez de términos acom­ pañantes del fenómeno a cú stico .

Cuando un fonetista dice que una silaba e stá acentuada, puede cre ­ erse que le e stá dando los atributos a cú stico s del sonido; y, por con­ siguiente, su juicio puede e sta r basado en una interpretación auditiva de los datos a cú s tico s. Sin embargo, cualquier informe a ce rca del ace n ­ to se considera c a s i siempre mejor como una exposición a ce rca de la conducta m uscular del hablante ( o de la acción de los músculos del oyente hechos para producir sonidos sim ilares). E ste punto de vista

fué expuesto por S. Jo n es (1 9 3 2 ) quien dijo: “ E l acen to e s su i gen eris,

dependiendo del sentido k in aestético para su p ercep ció n ...” E l oyente hace una transposición entre lo que oye y lo que diría. A sí que se cam ­ bia de exteroceptor a propioceptor de sen sacio n es, sirviendo de e s tí­ mulo la memoria k in aestética. Sin embargo, si aún e ste punto de vista no fuera aceptado, no hay necesidad de considerar e sta información so ­ bre el acento como diferente de cualquier otra, como por ejemplo, el lu­ gar de articulación.

L os m úsculos intercostales no son los únicos músculos respirato­ rios activo s durante el habla. Pero an tes de d iscu tir la actividad de los otros m úsculos, debemos considerar la naturaleza general de las fuer­ z a s que afectan la presión del aire en los pulmones. No solamente hay a llí fuerzas de los m úsculos espiratorios para aumentar la presión, y fuerzas m usculares inspiratorias para d ecrecería, sino que también la presión se verá afectad a considerablemente por la tendencia de las e s ­ tructuras e lá s tic a s de los pulmones a l retroceder. L o s pulmones son como los balones de goma; pueden ser inflados como resultado de a l­ guna cla s e de esfuerzo y desinflarlos a través de otros mecanism os, pe­

ro e ste último esfuerzo puede ser suplementado por la reyección de las paredes e lá s tic a s e stira d a s. L a presión que se ejerce por e sta tenden­ c ia de los pulmones para regresar a la posición relajada e s conocida como la presión de relajació n ; depende principalmente de la cantidad de aire en los pulmones.

D espués de una inspiración máxima, cuando los pulmones están completamente expandidos, la presión de relajación e s mayor de la ne­ c e s a ria para una expresión conversacional corriente. De acuerdo a e s ­ to, y en e sta s circu n stan cias, la presión no puede ser regulada por los in terco stales internos, cuya función e s la de aumentar la presión; en vez de esto , los músculos inspiratorios se ponen en a cció n . Dentro de

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los músculos inspiratorios más importantes para e sta función se en­ cuentran los in tercostales extern os, los cu ales yacen entre las c o s ti­ lla s, pero sus fibras corren en una dirección diferente de aquellas de los intercostales internos; se puede pensar de e lla s como si fueran una sábana de músculos uniendo las c o stilla s a la primera co stilla verda­ dera y al cu ello. Su función e s levantar la cavidad to ráxica, aumentan­

do a s í su capacidad.

Cuando se habla en forma tranquila después de una inspiración pro­ funda, los in tercostales internos regulan la presión del aire en los pul­ mones amortiguando el descen so de la cavidad toráxica. Algunas de las h istorias que tenemos de distintos p acientes cuando leían lista s de palabras, muestran erupciones de actividad de los in tercostales e x ­ ternos al final de palabras pronunciadas después de una inspiración profunda. Típica de e s ta s h istorias, e s la fig. 4, la cual es un informe simultáneo de la s ondas sonoras, de la presión esofagal, la cual se discutirá próximamente, y la actividad registrada por una aguja con­ cén trica electroda en los in tercostales e x te m o s. E ste músculo e s c la ­ ramente activo durante la fase inspiratoria de la respiración cuando la presión del aire en los pulmones e s menor que la del aire fuera; y hay mayor número de erupciones de actividad h acia el final de cada dos o tres palabras después de cada inspiración. E s ta s erupciones ocurren sin relacion arse, a sí la palabra termine en una consonante o no. D es­ pués de la primera inspiración de la palabra TEA se pudo notar a cti­ vidad inspiratoria; pero después de una segunda inspiración, cuando la misma palabra ocurre un poco más tarde en la expresión, no es s e ­ guida por una erupción de la actividad Intercostal ex te m a . En el se ­ gundo grupo respiratorio, las palabras observadas fueron: TEAK y T E A L .

Otras historias muestran que después de una inspiración profunda usando los in tercostales extern os, algunos sujetos continúan soportan­ do la cavidad toráxica manteniendo los músculos de tensión variable a través de la primera parte de cada expresión; en tales ca s o s la presión del aire en los pulmones se aumenta a menudo inmediatamente an tes de cada palabra por un relajamiento ligero de los músculos que sopor­ tan la cavidad to ráxica.

Debería h acerse én fasis en que en la mayoría de las expresiones con versacionales registradas no existe acción de los intercostales e x ­ ternos. L a actividad se observa comunmente solamente cuando se ha­ bla en una forma tranquila, después de una inspiración profunda. No hay evidencia en la afirmación de Stetson de que las sílab as que con-tengan una cierta c la s e de estructura son siempre amortiguadas por las accion es de los in tercostales externos.

El diafragma e s otro músculo inspiratorio usado teóricamente en la

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misma forma que lo s in tercostales extern os. E s un músculo en forma de plato unido a las co stilla s y a la columna vertebral; forma la base de la cavidad to rá x ica ; cuando se contrae es llevado h acia abajo y se allan a de manera que la cavidad toráxica se pueda agrandar. C onse­ cuentemente e s uno de los músculos más importantes en la inspiración. Pero se debe notar que no puede expulsar aire activam ente de los pul­ mones, ya que su acción puede solamente d ecrecer la presión en la c a ­ vidad toráxica.

E l diafragma no estuvo activo durante el habla en la mayoría de nuestros su jeto s. Aún hablando suavemente, después de una inspira­ ción profunda en la cu a l hubo una gran actividad diafragm ática, en 9 de cad a 11 de nuestros hablantes, la actividad diafragm ática c e s ó com­ pletamente en los primeros dos o tres segundos.

L o s otros dos su jetos de los 11 con quienes experimentamos u sa­

ron un tipo muy complejo de las actividades de su s músculos respira­

torios. E l diafragma estuvo activo no solamente en la inspiración, sino también durante e l habla. Tuvimos la oportunidad de estudiar uno de e sto s su jetos en d etalle. Con e ste sujeto a menudo registram os a c t i ­ vidades de los m úsculos espiratorios tales como los in tercostales in­ ternos, al mismo tiempo que el diafragma estab a ejerciendo un esfuer­ zo inspiratori o. De manera que este sujeto estab a usando algunos mús­ cu los para d ecrecer el tamaño de la cavidad toráxica mientras que si­ multáneamente usaba otros músculos para extender la cavidad. Reguló la presión del aire debajo de las cuerdas v o ca le s, balanceando el e s ­ fuerzo espiratorio de un juego de m úsculos contra la acción inspirato­ ria del otro. E l otro sujeto que mantuvo la acción del diafragma a tra­ v és de toda su habla usó también un tipo complejo sim ilar de todas sus actividades m usculares.

Todos los sujetos a quienes estudiamos usaron músculos adiciona­ le s para suplementar los intercostales en cie rta s circu n stan cias. El oblicuo externo, el recto abdominal y el dorsal posterior, son parte del grupo de m úsculos que a siste n a la espiración cuando la expresión di­ cha e s muy larga. E s to s músculos son principalmente usados para a l­ terar o mantener la posición del cuerpo. Así que los oblicuos externos son usados para soportar, el tronco cuando se inclina h acia un lado u otro; el recto abdominal e s usado cuando uno se sienta en una posi­ ción supina; y el dorsal posterior es usado cuando levantamos los bra­ zo s. Pero cada uno de e sto s músculos puede ayudar a reducir el tama­ ño de la cavidad to rá x ica , de manera que ello s entran en acción a me­ nudo cuando el volumen de aire en los pulmones e s poco y los inter­ co s ta le s internos no pueden producir la n ecesaria presión.

En el ca s o de aquellos que no usan el diafragma m ientras hablan, la secu en cia de la actividad muscular durante una expresión

conversa-cional larga y después de una inspiración profunda e s la siguiente: 1) actividad decreciente de los in tercostales extern os;

2) actividad crecien te de los in tercostales internos;

3) actividad crecien te de los músculos respiratorios an exos, em­ pezando posiblemente por los oblicuos extern os, continuando con el recto abdominal, y por último, ya al final, el dorsal posterior.

En expresiones sonoras, cuando se habla en una sala de cla s e muy amplia, la secuencia e s la misma; pero debido a un aumento de la pre­ sión se n ecesita que las a ccio n e s esp iratorias de los intercostales internos empiecen cuando hay más aire en los pulmones; las accion es de los músculos suplementarios también empiezan más temprano. Cuan­ do se habla muy alto, o cuando se grita, los in tercostales externos no amortiguan el d escen so de la ca ja toráxica en absoluto, ya que d es­ pués de cad a inspiración profunda la relajación de la presión e s menor de la n ecesaria en tales expresiones.

Stetson creyó que el recto abdominal reforzaba la acción de los in­ te rco sta le s internos en sílab as acentuadas. E sto en realidad no p asa, excepto quizás en ca s o s de acen tos muy en fáticos, cuando la presión de los pulmones puede ser excepcionalm ente a lta . Nuestras observa­ ciones son aquellas usadas en una conversación en ingles corriente, y en las cu ales los músculos abdominales están en acción hacia el fi­ nal de las exp resiones muy largas. En la mayoría de la s exp resiones, la presión del aire se regula solamente por los in terco stales. P ero, no debemos olvidar que en otras lenguas (Pike, 1^56) los músculos abdo­ minales juegan un papel muy importante.

Hay razones probables por las que Stetson imaginó que los m úscu­ los abdominales funcionan en el habla ordinaria. Primeramente, e s muy fácil ser engañado por impresiones subjetivas. Durante el habla, hay movimientos de las paredes abdominales, en la región abdominal, par­ ticularmente en la región del recto abdominal. Stetson registró esto s movimientos y consideró que ellos daban evidencia a su teoría de que las sílab as acentuadas envolvían una acción de empuje de los músculos abdominales. Pero nuestra electrom iografía demuestra que e sto s m ús­ culos no están a ctiv o s durante la mayor parte del tiempo en el habla normal; consecuentem ente, cuando los in tercostales internos se con­ traen, el aumento de la presión del aire en los pulmones puede cau sar un movimiento pasivo de las paredes adyacen tes en las paredes del cuerpo. Una analogía de esta situación se da a través de un balón in­ flado, con un torniquete en el cu ello. Apretando los lados del balón se sacará más aire, hará un sonido más sonoro y de un tono más a lto ; pero también empuja el fondo del balón más hacia abajo. Hay entonces mo­ vimientos de los músculos abdominales los cu ales pueden ser coordi­ nados cuando ocurren en sílab as acen tu ad as; pero que son p asivos, sin

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relación con la actividad de e sto s músculos.

L a segunda razón por la cual encontró n ecesario observar los mús­ cu los abdominales fue desde un punto de vista bastante simple: la a c ­ ción de los in tercostales internos. Se presupone que los in tercostales podrían con traerse o no, constituyendo cad a con tracción un impulso b a lístico . Sin embargo, algunos otros mecanismos habían sido encon­ trados para con tarlos como fenómenos lin güísticos observables, uno de e sto s mecanismos es el acento. Pero como hemos v isto , los intercosta-los internos pueden contraerse en una variedad de formas. E llo s pueden regular no solamente el grado de acento, sino también la manera de re­ gularlo. Posiblem ente, su actividad puede ser también correlacionada con la longitud de la s v o cales y muchas otras prosodias de la sílaba y del grupo respiratorio. Sin embargo, hasta cierto punto, la esp ecu la­ ción en e sta materia no es fructífera, ya que la evidencia objetiva pue­ de ser obtenida por algún grupo de fisiolo gistas y fon etistas in teresa­ dos en introducir un electrodo en los m úsculos más relevan tes.

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M A R C O A N T O N I O M A R T I N E Z

U n S u e ñ o

A

la memoria de Hermano Hesse

E l Demian de Hermann H esse me ha brindado un sueño extraño, que

aun conservo en mi memoria. E s sueño solam ente. Tan cierto como el aire o el fuego. Tiene la verdad de una palabra lejan a, c a s i olvidada tal v ez. Su certeza e stá en saber que e s realidad intangible, y que aho­ ra, al verterlo a la letra, lo contemplo, en un segundo sueño que e s el mismo.

En las nebulosidades del dormir, yo era un hombre solitario, d es­ preocupado, que cam ina, una noche cualquiera, por una calle larga, en penumbra, bordeada de raquíticos árboles. Iba pensando en el aquel

enigm ático e sc rito de Demian para Sinclair: "E l pájaro rompe e l c a s ­

carón. E l huevo e s e l mundo. E l que quiere nacer tiene que romper un mundo. E l pájaro vuela hacia D io s " ■

De pronto, en un súbito vértigo, sentí una e sp ecie de descorpori-zación humana, un aniquilamiento de mi propio ser, igual que e l aire roto en vasta inmensidad. Sólo mi co n cien cia, contempladora al mismo tiempo de mi sueño, tenía e x isten cia plena, ese n cia pura del más a b s­ tracto pensamiento, flotando sobre todo, penetrándolo todo, como la luz al agua, sin desp lazarla.

Por primera v e z , y sólo en sueño, había logrado en carne propia la in su stan cialización de mi persona. Mi con cien cia incorpórea era c r is ­ tal de alma, una Nada co n creta, sombra de sombra, hecha de la madera de los sueños.

Yo era sem ejante a la llama, tal vez aquella misma de amor viva de que hablan lo s poetas, forma cam biante, lengua de algún fuego s a ­ grado, un pájaro dorado, quizás igual a l del dibujo de Sinclair, que se apagaba y se encendía de nuevo, lo mismo que un farol lejano, e sco n ­ dido por la rama de un árbol que se mueve al viento.

L a contemplación sile n cio sa de un inmenso mundo, una metamor­ fosis sideral, se ofrecía maravillosamente a mis ojos sin o jos, en unos

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