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GRADO DEL PICO

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Academic year: 2020

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Se sitúa esta localidad en el extremo nororiental de la provincia, al sur de la Sierra de Grado y a la vera del Pico del mismo nombre –de holgados 1500 m de altura–, accidentes que prestan su nombre al pueblo. La separan 18 km de Ayllón siguiendo hacia el sudeste la carretera que se adentra en las inmediatas tierras de Guadalajara, emplazándose no lejos de Villacadima y Campisábalos, ambas con interesantes iglesias románicas.

Bango Torviso apuntó la probabilidad de que nuestra localidad recibiera antiguamente la denominación de Aguisejo –hoy nombre del afluente del Riaza, también llamado río Grado– término con el que aparece en la sentencia del cardenal Guido de hacia 1136 por la que se diri-men los términos de las diócesis de Sigüenza, Osma y Tarazona. En tal concordia, confirmada en el mismo año por Alfonso VII, y por bula de Inocencio II en el mismo y en 1138, quedó en manos del obispo segontino Bernardo de Agen el antes referido Aguisejum, junto a Ayllón, Cara-cena, Berlanga, etc. Pese a tal dictamen, la diócesis de Sigüenza hubo de batallar contra la apropiación de Caracena, Almazán, Berlanga y Ayllón por parte de los prelados oxomenses, quienes aludían a la Hitación de Wamba para reclamar su derecho sobre las mismas. Entre 1159 y 1165 son numerosos los documentos pontificios en los que se conmina al obispo de Osma a la restitución de los bienes usurpados al obispado de Sigüenza, parece que con la apro-bación de las propios lugares y sus clérigos. De 1165 data la sentencia del arzobispo toledano que dictamina la restitución de las citadas villas y sus términos a la diócesis segontina, quien desde entonces volvió a cobrar las décimas de estas iglesias, como confirma la bula del papa Celestino III en 1191; pese a todo, continuaron las disputas en cuanto a límites entre ambas diócesis hasta la resolución del asunto en 1229, manteniéndose bajo tal dependencia hasta el pasado siglo.

En 1146 una bula de confirmación de Eugenio III al obispo segontino mantiene la primi-tiva denominación, aunque ya en un documento de Alfonso VII de 1149, en el que delimita los términos del concejo de Atienza y le vende ciertos castillos, viene referido como límite una “fonte de Grado”. En la pesquisa de propiedades y rentas de dicha diócesis de 1353, publicada por Minguella, la aldea de Grado del Pico aparece dentro del arciprestazgo de Ayllón, de cuya Comunidad de Villa y Tierra era aldea, rindiendo su iglesia de San Pedro dos beneficios, el curado de noventa maravedíes y el del ausente de cuarenta.

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Iglesia de San Pedro Apóstol

S

ITUADA EN EL EXTREMO SEPTENTRIONAL del caserío,

dominando el núcleo desde la falda de la loma sobre la que éste se asienta, se alza este notable templo, uno de los más destacados dentro del modesto panorama artístico de la comarca. Aunque se viene considerando que en él los vestigios de la iglesia románica se reducen al mag-nífico pórtico, en realidad conserva de este estilo la torre y, en buena medida aunque muy modificado, el trazado del cuerpo de la iglesia, salvo la cabecera, sustituida por la actual en época moderna. Sufrió en este momento un

notable recrecido la nave, así como el añadido de una capi-lla al norte, la sacristía al sur de la cabecera prolongando hacia el este el atrio y la transformación éste, cegándose a tal fin los arcos de la galería y habilitando la zona occi-dental como capilla de la Soledad.

Se levantaron la nave única y la torre occidental en sillería labrada a hacha, completándose las reformas y aña-didos posteriores en mampostería revestida de esgrafiado, siendo visible la reutilización de numerosas piezas proce-dentes de la fábrica original. La notable anchura de la nave

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y la ausencia de contrarrestos nos hacen pensar que reci-bió en origen cubierta de madera, sustituida hoy por tres tramos de bóvedas de lunetos.

La torre, de planta cuadrada, se dispone en el centro del hastial occidental de la nave, comunicándose con su cuerpo bajo –hoy habilitado como baptisterio– a través de un arco de medio punto liso sobre impostas de leve nace-la. Este piso inferior se cierra hoy con un cielo raso, aun-que suponemos aun-que se proyectó para recibir una bóveda; en sus muros meridional y occidental se abrieron sendas saeteras fuertemente abocinadas al interior. Se eleva la torre sin intermediación de impostas hasta el piso alto, en el que se abren cuatro vanos para campanas, uno por cara, todos de medio punto, ampliados posteriormente el sur y oeste, que prácticamente invaden la cornisa, de chaflán sobre canes de proa de nave. Da acceso a los pisos supe-riores otra portada de arco de medio punto, descentrada respecto a la anterior y dispuesta a la altura del coro alto que ocupa el fondo de la nave.

También se mantiene, dentro de los mismos paráme-tros de austeridad y probablemente remontada, la portada original, abierta al sur y compuesta de arco de medio punto liso sobre impostas achaflanadas, rodeado por arquivolta lisa y chambrana de nacela. Pero es sin duda la

magnífica galería porticada que recubre la fachada meri-dional del templo la que ha dado a éste justa fama dentro del románico segoviano, y ello tanto por la calidad de su escultura como por conservarse íntegramente. Se alza sobre un elevado podio de sillería de aristas aboceladas y debió ser construida al mismo tiempo que la iglesia, man-teniéndose su cierre occidental ciego, la serie de tres arcos a ambos lados de la portada –enfrentada a la de la iglesia y emplazada con notable disimetría– y el primitivo acceso oriental, éste oculto al exterior por la sacristía. Los arcos, de medio punto y lisos, se rodean con chambranas abise-ladas, apoyando en dobles columnas sobre basas áticas de amplio y aplastado toro inferior, sobre plintos. Los fustes son monolíticos, coronando sus capiteles cimacios que se continúan como imposta por todo el frente sur de la estructura, decorándose con flores hexapétalas de espino-so tratamiento que brotan de un tallo serpenteante y ro-leos con hojas acogolladas –en la zona occidental– o bien tetrafolias de doble corola –en la oriental–, motivo que orna también los cimacios. El tipo de las citadas parejas de hojas acogolladas acogiendo piñas son motivo infrecuente en lo segoviano y más vinculado con el románico de tie-rras de Soria, dándonos ya un primer indicio del origen de estos escultores.

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Vista de la iglesia desde el sudoeste

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Galería porticada

Detalle de las arquerías

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Los capiteles, parcialmente ocultos por el cierre de los arcos del pórtico, combinan los temas vegetales con los figurativos, sobre todo extraídos del bestiario, reservándo-se los historiados para los dos accesos. De oeste a este, vemos así en el primero una estilización vegetal con hojas nervadas muy pegadas a la cesta, de puntas rizadas en la parte alta; le sigue otro con tallos entrelazados entre los que se disponen racimos, figurándose el siguiente, sobre fondo de hojas de puntas acogolladas, con dos híbridos de cabezas humanas, cuerpos de ave y escamosas colas de reptil que, en la cara corta visible, se anudan y ascienden hasta introducirse en las abiertas fauces de un mascarón monstruoso. En este lado, finalmente, los de las columnas entregas reciben ruda decoración vegetal a base de gran-des helechos de remate avolutado.

La portada meridional del atrio, algo más destacada que los arcos y descentrada hacia el este, muestra igual-mente arco de medio punto liso, ornándose la chambrana con dos docenas de cabecitas monstruosas de aire maléfi-co, la mayoría de bichas tocadas con capirote, aunque hay algunas de cánidos, relacionada como señaló Ruiz

Monte-jo con otras de Pecharromán y Fuentidueña. Apea el arco en dobles columnas adosadas, rematadas por una pareja de capiteles dobles de espléndida factura; en el izquierdo del espectador se representó la Adoración de los Magos, rea-lizando el más próximo a la Sagrada Familia la ritual genu-flexión, aquí exagerada y acompañada del beso a los pies del Niño, éste sentado sobre María; tras ellos, como es también habitual, aparece la figura apartada y pensativa de un San José aquí sedente, tocado con bonete, apoyado en un bastón y asiendo el respaldo del sitial de la Virgen, cubierto como el suyo por un grueso paño. Ésta aparece con la cabeza tocada y coronada, los pies apoyados en un escabel ornado con brocados y sosteniendo en su regazo a Jesús, cuya cabeza se ha perdido, aunque tras ella, en la cesta, se grabó en bajorrelieve una cruz patada. Resta la pequeña diestra del niño en actitud bendicente, recibien-do en los pies el beso del primero de los magos, postrarecibien-do ante él, siguiendo la misma tradición iconográfica del tím-pano de Santiago de Agüero, extraída del apócrifo Liber de Infantia Salvatoris, 92 y copiada en El Frago y Biota. Sobre este primer rey completa la composición un árbol de ramas

Detalle del capitel de la Epifanía

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Alzado sur

Planta

10 m

0 1 2 3 4 5

10 m

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entrecruzadas e incurvadas de las que penden palmetas y frutos acorazonados, así como un disco con incisiones radiales que debe querer representar a la estrella que guió a los reyes. De sus dos compañeros sólo es visible uno, que se muestran de pie y como el anterior coronado, alzando con ambas manos el pomo con su ofrenda. El tercer mago está oculto por el cemento de la puerta.

El capitel frontero del de la Epifanía recibe una pare-ja de grifos afrontados de picos incurvados, que despliegan sus alas interiores –con un espléndido tratamiento del plu-maje– y vuelven hacia atrás sus cuellos, en composición que nos recuerda modelos vistos en la sala capitular de El Burgo de Osma o la portada también soriana de Villasayas, pero sobre todo el modelo de grifo de sendos capiteles de San Miguel de Fuentidueña y Cozuelos de Fuentidueña.

A la derecha de la portada continúa la serie con un capitel de acanalados helechos, otro también vegetal con dos pisos de carnosas hojas cóncavas de nervios perlados y uno figurado, de complicada interpretación, y no sólo por estar parcialmente oculto. Vemos en él, en sentido contra-rio al de las agujas del reloj, lo que parece una figura mons-truosa de cuerpo cubierto de escamas, que eleva un brazo realizando un gesto con los dedos índice y corazón exten-didos y abiertos; sigue un personaje alzando un ramo tri-folio que con la diestra se recoge la parte baja de la saya, al que acompaña uno similar en el otro ángulo posando su mano en la grupa de un cuadrúpedo que no resulta visible, mientras alza en la diestra una especie de maza. La cabeza de esta última figura aparece atravesada por un venablo, lo que parece desalentar a seguir la interpretación de Bango y Boto Varela, quienes veían aquí una posible escena cir-cense. Completa la serie una cesta de fondo reticulado sobre el que se labró un entrelazo de tallos entrecruzados ornados con banda de contario.

En el acceso de la sacristía a la estancia hoy utilizada como trastero se conserva el acceso oriental al pórtico, de arco de medio punto liso y rasurada chambrana, sobre dobles columnas y cimacios decorados con florones perla-dos similares a los del frente meridional. El capitel derecho muestra una serie de seis guerreros armados con lanzas, cuatro de ellos cubiertos por cota de malla y los otros dos con túnicas, del mismo tipo a los que flanquean la escena central del capitel frontero, lo que nos hace pensar se trate de la guardia del sepulcro de Cristo. En efecto, en este capitel y con rudo estilo se labraron, flanqueadas por sol-dados, tres figuras angélicas, la central de la cuales levanta con ambas manos la tapa de un sepulcro mostrando al yacente, mientras que los ángeles laterales portan incensa-rios y se recogen la parte baja de la túnica en un gesto similar al ya visto. La presencia de ángeles y militares

pare-ce aludir a una especie de doble guardia del sepulcro de Cristo en el momento inmediatamente posterior a su deposición y previo a la Resurrección, atípica iconografía que plantea no pocas reservas teológicas, a las que supo-nemos ajenos tanto a su escultor como al párroco de Grado de finales del siglo XII.

Bango Torviso detectó en los capiteles de Grado del Pico la expansión de temas y formas destiladas por el taller aragonés de San Juan de la Peña, recibiendo para dicho autor los ábacos un tratamiento conforme a tal círculo artístico, así como el asunto de la genuflexión ritual en la Epifanía. Según Boto Varela, a los influjos aragoneses se suman otros sorianos y formas de origen local, precisando algunas de las lecturas del primero.

Por nuestra parte, reconocemos en los relieves de Grado del Pico al menos dos facturas dentro de un mismo taller. A la mano más experimentada corresponden única-mente los capiteles del acceso meridional del atrio y el de los híbridos de colas entrelazadas y devoradas por un mas-carón. En ellos se manifiestan composiciones más comple-jas, un más completo estudio anatómico y fisonómico de las figuras, amén de un tratamiento de las texturas y los plegados de los paños más voluminoso y elaborado, todo frente a la tosquedad del segundo artífice, bien manifiesta en sus capiteles figurados, donde los pliegues se resumen a superposiciones o simples acanaladuras. En cuanto a la filiación del taller, creemos que su origen es soriano y bien probable que su presencia se relacione con la pertenencia de estas tierras a la diócesis segontina, aunque recordemos que en las fechas en que debió levantarse la galería existía una disputa aún no resuelta entre ésta y la de Osma. La más ruda de las facturas tiene paralelos evidentes con la escultura del área meridional soriana –entorno de Tiermes y Caracena–, pudiéndose vincular la mano más hábil, más que con los modelos aragoneses directamente, con las pro-ducciones del taller de la catedral de El Burgo de Osma y con otras de Soria capital y su entorno, en las que es sen-sible la impronta del llamado “taller de San Juan de la Peña”, aquí matizadas y enriquecidas con ciertos modos derivados de la segunda campaña del claustro de Santo Domingo de Silos y del taller de Fuentidueña. Vemos así notables similitudes entre la construcción de los rostros de los magos de la Epifanía, con ojos exoftálmicos y abulta-dos mofletes, y la vista en los capiteles de la portada de San Nicolás, hoy trasladada a San Juan de Rabanera en Soria, la portada occidental de Santo Domingo y los bal-daquinos de San Juan de Duero, también en la capital soriana, o la cercana de Garray. También en algunas de éstas se repiten las hojas acogolladas encerrando piñas o granas que vimos en la imposta de la galería de Grado, así

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Capitel de la Epifanía

Detalle de un capitel de la arquería

Capitel con grifos

Capitel con Cristo en el sepulcro

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como el detalle de las pequeñas incisiones que marcan la línea de contrapliegue, recurso quizás derivado del trabajo de la eboraria y que detectamos en numerosas obras caste-llanas de los años finales del siglo XIIy principios del XIIIde

ámbitos geográficos diversos: además de los ejemplos sorianos citados y los frontales de altar de San Nicolás y de San Miguel de Almazán, en el ámbito navarro-aragonés lo encontramos en San Miguel de Estella, Irache, Tudela, Santiago de Agüero, San Salvador de Ejea, el ábside de la seo de Zaragoza o en el claustro de San Juan de la Peña, las esculturas del deambulatorio de Santo Domingo de la Calzada o el tímpano del Cordero de Armentia; en la zona burgalesa en Soto de Bureba, Butrera, Gredilla de Sedano, Ahedo de Butrón, claustro de Silos, etc. En cuanto a la cro-nología, en función de las vinculaciones establecidas, podemos pensar que oscila entre los últimos años del siglo

XIIy las dos primeras décadas del XIII.

Texto y fotos: JMRM - Planos: RPB

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Acceso oriental a la galería

Referencias

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