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Documentación cidiana y literatura cidiana: el caso de la 'Carta de arras'

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DOCUMENTACIÓN CIDIANA Y LITERATURA CIDIANA:

EL CASO DE LA “CARTA DE ARRAS,"

IRENE ZADERENKO

Boston University

El estudio comparativo de la materia cídiana en su conjunto —obras compuestas en lengua latina y en dialectos romances, textos literarios e

históricos, poesía y prosa— ha obligado a la crítica a revisar los concep—

tos de clerecía y juglaría así como las supuestas diferencias entre obras compuestas por escrito para una minoría de eruditos y obras populares transmitidas oralmente, diferencias en las que se sustenta gran parte de

la teoría neotradicionalista de don Ramón Menéndez Pidal’. En los últi— mos años, los críticos han estudiado la relación entre la Historia Roderici

y el Poema de mio Cid (Colin Smith, 1985, 1994; Alberto Montaner, 1993, Z000; Irene Zaderenko, 19944995, 19983) y se ha considerado la posibilidad de que el autor (o autores) del Poema de mio Cid conociera la “Carta de arras” (Manuel Alvar, 2000; Zaderenko, 1993).

La “Carta” fue descubierta en 1596 por el genealogista Juan Ruiz de Ulibarri y Leyba —quien realizó una copia del Poema de mio Cid en esa misma época- en los fondos del archivo de la catedral de Burgos. Desde entonces, el documento se ha publicado en numerosas ocasiones y se ha traducido varias veces al castellano. Con motivo del IX cente— nario de la muerte del Cid se vuelve a publicar en una cuidada edición

facsimilar que reproduce el original conservado en el archivo de la

catedral de Burgos así como la copia del mismo realizada en el siglo

‘Carta de Arms del Cid. Siglo XI. Juan José García Gil y Pablo Molinero Hernando, eds. Transcripción, traducción y estudios de Manuel Alvar, Gonzalo Martínez Díez, Manuel

Zabalza Duque y F. Javier Peña Pérez. Burgos: Siloé, 1999, ISBN: 84—9Z38lZ—3—X. 102 pp.

+ 2 facsímiles

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XVIII. Los facsímiles reproducen el documento del siglo XI y la copia del siglo XVIII con el mismo tacto, grosor y estado de envejecimiento de los originales, y se presentan en un bello estuche acompañados de un volumen de estudios.

En el “Prólogo” a los estudios (1l—14), Nicolás López Martínez, canónigo de la catedral de Burgos, propone dos hipótesis interesantes respecto a la proveniencia y conservación de la “Carta”. El diploma fue conservado en el arcón medieval que se exhibe en una capilla de la catedral cuyo interior fue preparado para guardar documentos, lo que explicaría que después de algún tiempo fuera llamado “cofre del Cid” (ll). El hecho de que se conservara en la catedral se debería a que des— pués de la muerte de Jimena los bienes que se mencionan en el diploma se habrían vendido, puesto que su hija menor, casada con el conde de Barcelona, había muerto y la mayor vivía en Navarra. Si el comprador de algunos de estos bienes fue el cabildo de la catedral, la “Carta de atras”, que equivalía a un título de propiedad, debió guardarse en dicha catedral (12). Esta hipótesis se ve reforzada por la existencia de un di»

ploma fechado en Cardeña el Z9 de agosto de 1113 —que López Martí—

nez no menciona—, en el cual se registra que Jimena, mujer de Rodrigo Díaz, vende una heredad en Valdecañas a don Pedro y don Cristóbal’.

Menéndez Pidal supuso que Jimena era la mujer del Cid y que don Pedro

era el abad de Cardeña que rigió el cenobio entre 1103 y 1139 (1969: II, 876). Berganza, en cambio, creía que se trataba de otra Jimena y otro Rodrigo Díaz, pues en memorias antiguas de Cardeña se fechaba la muerte de Jimena “en Era M. C. XLII. [año 1104]" (I, 552). Gonzalo Martínez Díez, quien estudió el documento conservado en los archivos de la catedral de Burgos, indicó que no es original sino una copia del siglo XIII (2000: 413). Suscriben el diploma el obispo de Burgos don García, el abad de Cardeña don Pedro_y los condes Rodrigo González y Pedro González de Lara. Según Martínez Díez, “[l]a presencia de estos personajes de primera categoría en la Castilla de los principios del siglo

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XII hace prácticamente imposible que se trate de otra Jimena y de otro Rodrigo Díaz desconocidos, que no sean el Campeador y su esposa” (2000: 413). Añade que una parte de la dote de Jimena estaba ubicada en Valdecañas, lo que confirmaría la identidad de Jimena como mujer del Cid, e indica que don Pedro, uno de los compradores de la propie» dad, no sería el abad de Cardeña sino un canónigo de la catedral de Burgos. Esto explicaría que el diploma se haya conservado en la iglesia a la que pertenecía el comprador y que, quizás, con este documento se haya entregado a la catedral la “Carta de arras”, como sugiere López Martínez.

En “Las arras en el Cantar” (15-26), Manuel Alvar analiza diversos

testimonios sobre las arras desde Las leyes de los visigodos a los diccio»

narios de Charles Du Cange y Sebastián de Covarrubias. Considera, además, su posible carácter germánico, su función en el matrimonio de las hijas del Cid en el poema y diversas disposiciones que aparecen en fueros castellanos, leoneses y aragoneses. Alvar concluye indicando que “lo que acaso resulte más sorprendente” es que el autor del Cantar pudo conocer el documento que ha dado lugar a estos comentarios (23). Aunque Alvar no lo menciona, hay varios indicios de que la “Carta” pudo haber sido utilizada por el poeta. En efecto, es el único documento anterior al Poema de mio Cid en que se cita el parentesco entre Rodrigo y Alvar Fáñez y en que aparecen los nombres de otros personajes del

poema: Alvar Alvarez, Álvar Salvadórez, García Ordóñez y Diego Gon—

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Campeador en un documento del siglo XI‘. Por tanto, es probable que la

“Carta" haya sido utilizada como fuente de información por el poeta. El estudio de Alvar reproduce materiales utilizados en otro trabajo suyo (Z000: l6—20)..La única diferencia significativa es que en ese tra­ bajo el texto aparece incluido entre otros estudios dedicados a “El Cid,

personaje real".

En “Carta de Arms del Cid. Su autenticidad y contenido jurídico” (2745), Gonzalo Martínez Díez reconstruye la historia del descubri­ miento del documento en el siglo XVI y reseña brevemente las distintas ediciones y traducciones del mismo. A continuación, analiza el conte­ nido patrimonial de la “Carta de arras", constituido exclusivamente por bienes rústicos: tres villas completas, un monasterio y heredades sitas en 34 villas. Los 38 lugares mencionados se hallan en Castilla, perteneciendo todos ellos, menos tres, a la provincia de Burgos. Las tres excepciones señaladas, que se hallan en la actual provincia de Palencia, pertenecieron a la diócesis de Burgos OO)’.

“ En este diploma, fechado en 1075, Alfonso VI le concede a Rodrigo el privilegio de que todas sus heredades y behetrías sean inmunes, de manera que en ninguna de ellas pudiera entrar sayón o merino. El documento fue publicado por Menéndez Pidal (1969: ‘ll, 854-855).

Luis Martínez García piensa que el poeta pudo haber conocido este diploma, el cual le

habría sugerido la asociación de Vivar con el lugar de nacimiento del Cid, del mismo modo que la "Carta de arras" le habria proporcionado nombres históricos o el propio concepto de arras (350). Martínez Garcia subraya que desconocemos a ciencia cierta el lugar -y la fecha de nacimiento- de Rodrigo. La referencia más antigua a Vivar como su lugar de nacimiento se encuentra en el Poema, escrito más de un siglo después de la muerte del Cid. Aunque es posible que naciera en Vivar, pues allí tenía una divisa, el Cid no pudo llegar a ejercer el señorío único de Vivar por ser sólo uno de los diviseros. Por tanto, no pueden descartarse otros posibles lugares de nacimiento, como las villas donde la familia ejerció el señorío pleno. Según Martínez García, “[q]ue el poeta recurriera a Vivar como a una pequeña villa campesina de infanzones probablemente entraba en la lógica de un mensaje dirigido a en— salzar la figura del héroe” (350-351). La biografía‘ más antigua del Cid, la Historia Rotleríci, no menciona el solar de Vivar ni una sola vez, ni tampoco se lo menciona en el Carmen

Campidoctorís.

5 Tomando como referencia fundamental el contenido patrimonial de la “Carta", Luis

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DOCUMENTACIÓN CIDIANA Y LITERATURA CIDIANA 341

En una de las secciones más relevantes de su estudio, Martínez Díez examina las dudas que se han planteado acerca de la autenticidad de la “Carta”. Las objeciones más importantes son las que presentó el historiador norteamericano Bernard Reilly (1988). Los argumentos de Reílly, basados en la letra en que aparece redactado el documento, en los rasgos y abreviaturas del mismo, en la ortografía utilizada por el escriba y en la cronología de los diversos intervinientes y confirman— tes, son analizados detalladamente. Los argumentos más convincentes para cuestionar la datación del diploma en 1074 son los relacionados con ciertos anacronismos en los títulos de algunos de los confirmantes. Conforme a estos datos, lo más probable es que la “Carta” fuera escrita entre 1078 y 1081. El hiato temporal podría encontrar su explicación en la teoría de la actio y la conscríptio, según la cual “a veces una era la fecha de la realización del acto o negocio jurídico, la llamada actio, y otra posterior la de su puesta por escrito o conscriptio” (37).

Martínez Díez indica, además, que en la “Carta" podemos distinguir

"tres negocios jurídicos diversos, a saber: otorgamiento de arras, profil

liatio mutua de los cónyuges y designación recíproca del cónyuge sobre—

viviente como heredero universal y único" (38). En su opinión, estamos ante un diploma auténtico, aunque complejo, redactado entre 1078 y 1081, que incluye una carta anterior fechada el 19 de julio de 1074.

A Manuel Zabalza Duque (47—69) se debe la edición crítica, tra— ducción y estudio paleográfico y diplomático de la “Carta”. Precede a la transcripción del texto un breve resumen del contenido del diploma y una lista de los manuscritos, ediciones y traducciones, así como de catálogos que dan noticias del documento y obras que citan su texto. El catálogo de ediciones y traducciones repite, en parte, la información

proporcionada por Martínez Díez (2128), pero ambas listas se comple—

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Pidal). También se echa de menos un sumario de los criterios utilizados en la edición del texto.

La transcripción paleográfica del diploma del siglo XI resuelve las

abreviaturas (todas debidamente explicadas en pp. 61—62) y moderniza la

puntuación y el uso de mayúsculas. El único error que puede señalarse en la transcripción ocurre en la anteúltima línea de la p. 50: “fcimus" en lugar de “facimus”. En el aparato crítico se registran las variantes del manuscrito del siglo XVIII y de las principales ediciones del texto. En su gran mayoría se trata de simples divergencias en la resolución de las abreviaturas o de modernizaciones en el sistema de transcripción.

La traducción sigue de cerca el texto del diploma, pero no es literal.

Se han introducido pequeñas variantes con la intención de mejorar el estilo repetitivo del documento y, en algunos casos, se han modernizado

los topónimos.

Las conclusiones del estudio paleográfico y diplomático de Zabalza Duque coinciden, en lo fundamental, con las de Martínez Díez: “pen­ samos que la carta fue confeccionada posteriormente [a 1074] entre los

años 1078 y 1080 y dado que corresponde al momento de la cordslcriptio la situación de los personajes, podemos explicar de esta forma alguna de

las anomalías detectadas” (68). '

En “Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador: historia, leyenda y mito" (71400), F. javier Peña Pérez destaca la triple dimensión de la figura de Rodrigo Díaz: la de sujeto histórico propiamente dicho y la proyección ampliada de su figura en la leyenda y el mito (71). Peña Pérez se centra en la figura histórica, intentando deslindar los rasgos legendarios y míticos. Sitúa a Rodrigo Díaz en el contexto político— social de la segunda mitad del siglo XI, época en la que se consolida la hegemonía de los monarcas cristianos del norte liderados por los

castellano-leoneses.

Peña Pérez basa su reconstrucción de la figura histórica del Cid en dos relatos de autores cristianos —la Historia Roderici y el Carmen Campidoctoris- y dos de cronistas islámicos —la Clara exposición de la

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DOCUMENTACIÓN CIDIANA Y LlTERATURA CIDIANA 343

como en los 29 diplomas en los que Rodrigo aparece como parte inte— resada. El Poema de mio Cid, auténtica fuente histórica para Menéndez Pidal, queda reducido a la categoría de monumento literario (78-79). Pero el criterio que utiliza Peña Pérez para seleccionar sus fuentes —la supuesta proximidad de éstas a los hechos narrados— es cuestionable en el caso de la Historia Roderici, cuya fecha de composición es varias décadas posterior a la muerte del Cid (Antonio Ubieto Arteta, Milíja Pavlovic y Roger Walker; Zaderenlco, 1998b)°, y es probable que algo similar ocurra con el Carmen Campidoctoris (Smith, 1986; Montaner y

Escobar, 2001: 130-135).

En cuanto a la figura legendaria del Cid del Poema, Peña Pérez señala que Rodrigo encarna el ideal —orgullo castellano, cristianismo militante y lealtad a ultranza al rey- que los tiempos requerían hacia 1200, cuando el reino de Castilla, separado del de León desde 1157, se encontraba amenazado por una fuerza que había llegado desde el norte de Africa con proyectos claramente imperialistas (89). Su conclusión es que el poeta pudo haber escrito por encargo de Alfonso VIII, auque su mensaje no es sólo político. En efecto, el trato especial que se da a los monjes de Cardeña indica que el autor se hallaba “si no física sí espiritualmente próximo a la abadía burgalesa” (90).

En la sección final del estudio, “Apuntes críticos”, Peña Pérez com­

para las trayectorias históricas de Rodrigo y Alfonso VI: “[m]ientras el de Vivar apenas dio muestras de obedecer a proyecto bélico-político alguno, Alfonso VI sostuvo a lo largo de su reinado un plan de guerra y una línea de actuación política que pretendía sobrepasar los episódicos

reveses en el campo de batalla" (92-93). Como broche final, se reevalúan

las dos visiones antagónicas que se han mantenido sobre la figura del Cid: la del fiel vasallo y la del mercenario.

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La edición facsímil de los documentos y el volumen de estudios, que incluye en la portada una bella reproducción en colores del mural

de la .Sala Cidiana de la Diputación de Burgos, han sido merecidamente

galardonados con el premio “Fray Luis de León" 2000 a la mejor labor editorial en ediciones especiales y facsímiles. Aunque el volumen de estudios fue preparadocon gran cuidado, se han detectado las siguientes erratas (entiéndase: “donde dice/debe decir”):

. 18, lín. 17: transaciones / transacciones

. 19, lín. 33: Railly / Reilly

. 23, lín. 8 y p. 26, lín. 20: Zarderenko / Zaderenko . 25, lín. Z2: “Cantar del Mío. Cid” / “Cantar del Mío Cid". . Z6, lín. Z1: La Crónica / La Corónica

26, lín. Z1: 1936/ 1993 55, lín. 13: Elvita / Elvira 63, lín. l: sonitos / sonidos

77, lín. 7: la / las

77, lín. 19: guipuz—coanos /guipuzcoanos

. 90, lín. 23: Russel / Russell .92, lín. 11: en 1919 / en 1929

"cuprpp-prprorororuv

Hay, además, alguna confusión con los puntos cardinales: “por el oeste [de Castillaleón], incorporando territorios del reino de Pamplona [...] por el oeste, la expansión comienza tras la batalla de Atapuerca de

1054, ampliando las fronteras por Trasmiera y Castilla Vieja hacia 1065,

la Bureba y Montes de Oca, en torno_al 1068, y La Rioja en el 1076” (77). En las Mocedades de Rodrigo el joven héroe asesina al que habría

sido su futuro suegro, no su “yerno” (88). En el Poema de mio Cid al mo­

nasterio de Cardeña se le dedican aproximadamente 200 versos, pero no

es “recordado en ZOO ocasiones" (90). En Temas de "La Celestina" todos

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DOCUMENTACIÓN CIDIANA Y LITERATURA CIDIANA 345

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