Doctorado en Innovación Educativa
Examen calificador
Modelo de innovación educativa basado en estrategias de aprendizaje móvil para el desarrollo de habilidades de emprendimiento con enfoque de género
Alumno May Portuguez Castro Matrícula A01305429
CVU 864326
Asesora titular: Dra. Marcela Georgina Gómez Zermeño
Fecha: 20 de julio de 2018
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Índice
Introducción ... 3
Desarrollo ... 5
1. Innovación educativa ... 5
1.1. Marco conceptual de la innovación educativa. ... 5
1.1.1 Concepto de innovación educativa. ... 5
1.1.2 Tipos de innovación. ... 7
1.2 Modelos de innovación educativa. ... 9
1.2.1 Modelo de administración de y para el proceso de innovación. ... 10
1.2.2 Evaluación de proyectos de innovación educativa. ... 12
2. Habilidades de emprendimiento ... 14
2.1 Propuestas de educación para el emprendimiento. ... 16
2.1.1 Modelos aplicados en la educación para el emprendimiento. ... 16
2.1.2 Educación técnica y formación profesional para el emprendimiento. ... 21
2.2. Emprendimiento con enfoque de género. ... 24
2.2.1 Características de las mujeres emprendedoras. ... 25
2.2.2 Necesidades de formación para la mujer emprendedora. ... 31
3. Aprendizaje móvil ... 34
3.1 M-learning. ... 35
3.1.1 Aplicación del m-learning en entornos educativos. ... 35
3.1.2 Retos del m-learning. ... 37
3.2 Herramientas tecnológicas para el aprendizaje móvil. ... 38
3.2.1 Características de Moodle®. ... 38
3.2.2 Experiencias con Moodle® Mobile. ... 39
Conclusión ... 42
Referencias ... 45
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Introducción
En los diferentes sistemas y niveles educativos, la integración de las nuevas tecnologías de información y comunicación (TIC) es cada día más relevante. Impulsan nuevas tendencias en los procesos formativos, apoyadas por herramientas tecnológicas, que buscan favorecer el aprendizaje para la vida y el trabajo. Sin embargo, no basta con integrar estas herramientas en los modelos pedagógicos; también se requiere conocer cómo las innovaciones educativas permiten desarrollar nuevas habilidades que facilitan la interacción de las personas con el mundo que las rodea, con el fin de que puedan aplicarlas a su realidad (Gómez Zermeño y Alemán de la Garza, 2011).
Una herramienta que ha sido integrada en diversos ámbitos de formación es el dispositivo móvil. Su uso se considera con gran potencial para apoyar los procesos formativos, debido a que brinda posibilidades que favorecen la inclusión de las personas en los procesos educativos en ambientes formales y no formales, permiten que las personas se mantengan interconectadas, puedan tener acceso a Internet y a otros recursos e información y les permite participar más activamente del proceso educativo. Lo que favorece también el aprendizaje a lo largo de la vida (UNESCO, 2015).
En el campo disciplinar de la innovación educativa en el desarrollo y uso de las tecnologías en educación, se ubica al aprendizaje móvil como una tendencia que viene a reforzar los procesos de enseñanza aprendizaje y que se considera como una
metodología con potencial para seguirse desarrollando en los próximos años. Sin
embargo, surge la necesidad de que su utilización se vea fundamentada por estudios que fortalezcan su aplicación en diferentes entornos y niveles educativos.
La inclusión de estas nuevas herramientas presenta la necesidad de desarrollar un modelo de innovación educativa que se ajuste a las características del contexto en el que se desarrolla. El cual no solamente tiene por objetivo proponer una nueva forma de hacer las cosas, sino que también busca evaluar cómo los cambios planteados en una propuesta de aplicación de aprendizaje móvil favorecen el desarrollo de las habilidades de los participantes y cómo les permite involucrarse en el logro de las metas educativas.
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Es por esto que en este estudio se busca generar conocimiento que permita plantear un proyecto de investigación que proponga un modelo de innovación educativa basado en aprendizaje móvil. Su aplicación se realizará en el campo del
emprendimiento, considerando que en los últimos años este tema ha despertado gran interés debido a su contribución al desarrollo económico de los países.
En este tema se encuentra que aún se requiere de la formación de personas con capacidades emprendedoras, con el fin de alcanzar una sociedad que brinde mejores oportunidades para todos, por lo que se definirán cuáles son las habilidades de
emprendimiento que se requieren para impulsar un mayor desarrollo. Por último, esta búsqueda de igualdad hace necesario enfocarse en las necesidades de los actores involucrados, siendo las mujeres las que menos ventajas tienen para la creación de sus propias empresas.
Dentro de las teorías más relevantes que conducirán a la construcción de una pregunta de investigación se encuentran, la revisión de un marco conceptual relacionado con la innovación educativa donde se exponen los diferentes tipos de innovación, así como modelos de administración y evaluación que permitan analizar su impacto. Las habilidades de emprendimiento a través de las necesidades de las mujeres
emprendedoras como son: la autoeficacia, la proactividad y la innovación, como factores que pueden ser incorporados en el campo de la educación no formal. Y la metodología m-learning: ejemplos de su aplicación en los entornos académicos, los retos de su implementación y herramientas tecnológicas disponibles para el aprendizaje móvil.
El objetivo de este capítulo es el de realizar un recorrido por diversos estudios relacionados con los temas mencionados, que permitan plantear una propuesta de investigación orientada hacia el desarrollo de una innovación educativa. Tomando en cuenta las preguntas que aún no han sido contestadas en el marco del tema del uso de tecnologías móviles como apoyo al desarrollo de habilidades de emprendimiento, que permitan a los participantes contribuir al desarrollo económico y lograr acceder a mayores oportunidades de capacitación.
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Desarrollo
1.Innovación educativa
La economía del conocimiento requiere del surgimiento de iniciativas que apoyen los procesos de creación y desarrollo de nuevas ideas. En un mundo globalizado y cada más competitivo, la ciencia, la tecnología y la innovación se convierten en factores esenciales para el crecimiento de los países (Alemán de la Garza, Gómez Zermeño, Parada y Sainz, 2011). Esta globalización presenta retos que deben ser asumidos en todos los campos, incluido el educativo, con el fin de que los procesos innovadores alcancen a las instituciones de formación y a sus miembros para la generación de una cultura innovadora (Roffeei, Yusop y Kamarulzaman, 2018). A continuación, se desarrollan los conceptos relacionados con la innovación educativa y los modelos que existen para crear una cultura de innovación y realizar la evaluación de los proyectos educativos.
1.1. Marco conceptual de la innovación educativa.
El término innovación está relacionado con algo nuevo, con la introducción de cambios a la forma de hacer las cosas, a comportamientos, procesos, conocimientos, métodos de administración o de producción (Roffeei, Yusop y Kamarulzaman, 2018).
Además de lo nuevo, Valencia Álvarez y Valenzuela González (2017) mencionan que el concepto de innovación también implica modificar lo que ya se venía haciendo para mejorarlo y poner en práctica las nuevas ideas en un tiempo determinado. Por lo tanto, innovar no es solo tener buenas ideas, sino aplicarlas en los procesos que requieren mejora para generar un valor.
1.1.1 Concepto de innovación educativa.
En los últimos años con la incorporación de las TIC, los procesos de innovación educativa se han visto incrementados, especialmente en los métodos de instrucción y en los procesos de enseñanza aprendizaje (Ellis, 2017). Algunos ejemplos de innovaciones son los que presenta el Informe Horizon (Adams Becker et al, 2017) y dentro de los cuales se encuentran:
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• Tecnologías de aprendizaje adaptativo: son las que realizan el seguimiento al progreso del estudiante, se adaptan al avance del estudiante con el fin de llevarlo a una culminación exitosa del curso o programa de estudio.
• Aprendizaje móvil: permite a los estudiantes acceder a los contenidos en cualquier lugar, facilitando a los profesores que los alumnos interactúen con los contenidos en tiempo real.
• Internet de las cosas: son objetos conectados a la red que permiten la gestión remota y el seguimiento del aprendizaje del alumno, así como su uso en instituciones educativas para obtener información sobre la oferta de contenidos y la planificación institucional.
• La próxima generación de LMS: son plataformas más flexibles que permiten la integración de aplicaciones y desempeñan un papel más relevante en la evaluación formativa que las plataformas actuales.
• Inteligencia artificial: se está utilizando para mejorar los procesos de educación en línea y los métodos de investigación, permitiendo que las computadoras simulen el comportamiento humano.
Ellis (2017) menciona que cada uno de los cambios que representa la implementación de alguna de estas innovaciones depende de las necesidades que requieran según sus características, lo que hace que sea un proceso complejo, pues debe integrar a todos los participantes del entorno educativo. Además de involucrar a diversos actores, la innovación educativa es un proceso que se realiza en distintos contextos, lo que genera una realidad dinámica que implica diferentes variables. Por lo tanto, la innovación educativa se define como cualquier cambio dinámico que busca mejorar los procesos educativos y cuyos resultados pueden ser medidos, tanto en cuanto a la
satisfacción de los participantes como al rendimiento educativo (OCDE/CERI, 2010).
Esta medición de los resultados dependerá de cuánto permee el cambio dentro del contexto educativo en el que se desarrolla, por lo que se considera un proceso sistémico, que analiza cómo se difunden estas innovaciones para que los participantes puedan beneficiarse de esas mejoras. Como menciona Fullan (2016) la innovación es
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multidimensional y dentro de sus partes se encuentran: el uso de materiales o recursos instruccionales nuevos o revisados; el uso de nuevas estrategias pedagógicas y el cambio de creencias ya establecidas como políticas o programas. Estas tres dimensiones
deberían de cumplirse para que el cambio sea más significativo; además, el desarrollo de la innovación debe venir acompañado de las habilidades necesarias de quienes lo
implementan, un clima de confianza y una adecuada comunicación, así como la energía necesaria para la implementación de nuevas formas de hacer las cosas (Licht,
Tasiopoulou, y Wastiau, 2017).
1.1.2 Tipos de innovación.
Como se mencionó anteriormente, las TIC vienen a producir cambios en los diferentes sectores de la sociedad, siendo el campo educativo uno de los escenarios en los que las nuevas tecnologías han modificado la forma en la que se aprende y se enseña, así como la manera en la cual comunicarse (Cabero Almenara, 2008). Los cambios que se presentan pueden involucrar a pocos actores, a toda una institución o a todo un sistema educativo, por lo que es necesario conocer los tipos de innovaciones que se presentan y el impacto que éstas tienen sobre el sistema educativo en general.
En términos generales, la innovación es un proceso que busca mejorar un producto, un proceso, un método o una organización, a través de la acción. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en México (CONACYT) clasifica las innovaciones en: 1) desarrollo tecnológico: como el uso sistemático del conocimiento para producir materiales, dispositivos, sistemas o métodos que incluyen el desarrollo y mejora de prototipos, servicios o modelos organizativos; 2) innovación: como la introducción de un producto o servicio mejorado o un nuevo método organizativo; 3) innovación tecnológica: que se refiere a una mejora en las características del desempeño de un producto o servicio y 4) empresas de base tecnológica: que son las organizaciones comprometidas con el diseño y desarrollo de nuevos productos con procesos de producción innovadores (CONACYT, 2014).
También la innovación puede tener una naturaleza incremental, radical o disruptiva. La innovación incremental se refiere a cambios limitados que van seguidos
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de una mejora continua; la innovación radical es la que corresponde a cambios importantes sobre aspectos claves o componentes principales del área que está siendo modificada y la innovación disruptiva se refiere a una forma totalmente diferente de realizar las cosas a como se venían haciendo previamente. El éxito en la implementación de las diferentes formas de innovación dependerá de la forma en que los diversos actores interpretan y asimilan los cambios propuestos para ser implementados en sus respectivos lugares de acción (Cabero Almenara, 2008).
Por su parte el Manual de Oslo (OCDE, 2016) describe cuatro tipos de innovación: de producto, de proceso, de organización y de mercadotecnia. Estos conceptos están relacionados con la innovación en general, pero como menciona Ellis (2017) pueden ser aplicados a los procesos de innovación educativa. En el caso de la innovación de producto se puede referir desde el uso del pizarrón hasta la inclusión de tecnologías emergentes como la ropa conectada a Internet. Los procesos que se
incorporan a los métodos de enseñanza aprendizaje como el aula invertida, el mercadeo involucra intereses comerciales, como la adquisición de libros de texto o el hardware y software empleados por las distintas organizaciones escolares. Por último, las
organizativas se relacionan a los cambios que se dan en los currículum o condiciones de los docentes.
Para que exista innovación educativa no es solamente necesaria la introducción de una nueva herramienta tecnológica, sino también su correcta utilización y apropiación de los diferentes actores y que su implementación haya sido planificada de forma previa.
Según el nivel de impacto que estas innovaciones tienen sobre los procesos educativos, Zabalza y Zabalza (2012) clasifican los cambios en:
• Cambios en la tecnología instrumental: son cambios sencillos y se refieren a la modificación de recursos que utiliza el docente. Por ejemplo: el cambio de un libro de texto, una forma de evaluación, o un recurso nuevo.
• Cambios en infraestructuras o patrones organizativos: se refieren más a la mejora de la imagen institucional que a la de las prácticas educativas.
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• Cambios en la planificación o estrategias (procesos): son cambios relacionados a los procesos de enseñanza-aprendizaje, por lo que la transformación es a nivel de la institución y más amplia que las anteriores. Incluye la organización de los planes de estudio, la secuencia de los cursos, las vinculaciones con el entorno y la visión a mediano plazo.
• Cambios en los roles de los profesores y el alumno: entendido como una propuesta institucional y no únicamente de un profesor. Se refiere al empleo de metodologías activas que son incorporadas en el estilo de trabajo de una
institución.
• Cambios en la concepción de la enseñanza y aprendizaje: busca alcanzar el objetivo de la innovación de cambiar el pensamiento y la forma de realizar la enseñanza. Esto hace que el cambio permanezca en el tiempo, ya que, si la modificación obedece solo a un cambio menor, en cualquier momento se puede volver a la situación inicial y el cambio por lo tanto no será permanente ni profundo.
1.2 Modelos de innovación educativa.
Las diferentes tipologías relacionadas con la innovación hacen necesario recurrir a modelos que faciliten la retroalimentación y evaluación de los resultados obtenidos con los cambios implementados, para conocer los efectos que tienen sobre los diversos actores (Alemán de la Garza, Gómez Zermeño, Parada y Sainz, 2011). Sin embargo, medir los resultados de la innovación presenta un reto y es un campo que aún tiene que ser desarrollado (OCDE, 2016). Es por lo que en este estudio se propone un modelo de innovación que permita, como mencionan Anderson et al (2014), capturar la realidad que se vive para que las personas involucradas puedan conocer la diferencia entre lo que se hace y lo que se podría realizar, con el fin de crear una visión que facilite la
comprensión de la necesidad de la innovación. Además, se proponen metodologías de enseñanza de la innovación para facilitar el desarrollo de productos y servicios
innovadores a través del aprendizaje móvil.
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1.2.1 Modelo de administración de y para el proceso de innovación.
Uno de los modelos que incluye todos los elementos del proceso de innovación desde el conocimiento del entorno y las posibilidades de desarrollo de una idea, hasta la evaluación de los resultados, es el Modelo de administración de y para el proceso de innovación propuesto por Edgar y Grant y mencionado por Alemán de la Garza (2010) que se muestra en la figura 1.
Figura 1. Modelo de administración de y para el proceso de innovación.
Este modelo contempla los siguientes elementos Alemán de la Garza (2010):
• Conocimiento del mercado: es el conocimiento de los cambios tecnológicos, económicos, sociales y políticos que se presentan en el ambiente.
• Conciencia del entorno: es la percepción que se tiene de las conexiones que se dan entre los participantes y las repercusiones del cambio.
• Sensibilidad: es el grado en que los cambios se presentan.
• Discernimiento: es la percepción de los impactos del cambio en el mercado.
• Contexto: Conjunto de características geográficas, industriales y de tiempo.
• Talento creativo: Creatividad de la persona.
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• Herramientas: Conjunto de herramientas y técnicas que facilitan el proceso de innovación.
• Liderazgo en la innovación: es la combinación de los elementos que se presentan en el ciclo de innovación.
• Capacidad de innovar: habilidad de utilizar las competencias creativas en situaciones específicas.
• Conveniencia de la innovación: es la competencia de saber reconocer las herramientas y técnicas apropiadas según los resultados esperados.
• Pertenencia ciudadana: es el sentimiento de pertenencia que tienen los individuos participantes.
• Aprendizaje y desarrollo: desarrolla el talento innovador a través del aprendizaje y la reflexión.
• Transferencia del conocimiento: mecanismos que permiten desarrollar, compartir y adaptar ideas.
• Infraestructura: son los recursos físicos y las políticas adoptadas por las instituciones.
• Comercialización/emprendimiento: consiste en llevar la innovación al mercado con ánimo de lucro o para satisfacer una necesidad social.
• Grupos/redes: operación de grupos con intereses similares que favorecen la sustentabilidad de la innovación.
• Profesionalización: son los conocimientos profesionales y administrativos que apoyan la comercialización, el desarrollo y la expansión de las ideas.
• Impacto/métrica: miden el impacto y la contribución de las innovaciones.
• Impacto/estándares: Nivel a alcanzar por medio de máximos estándares de innovación.
Cada uno de los elementos de este modelo se utilizará en este estudio para definir las características que debe tener la innovación propuesta, con el fin de que sea escalable en el tiempo y que pueda ser implementado por otras instituciones en el futuro.
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1.2.2 Evaluación de proyectos de innovación educativa.
Un proyecto de innovación educativa debe contar con una evaluación que permita medir su eficacia y el cumplimiento de los objetivos planteados, para lo cual deben establecerse indicadores que ayuden a medir el impacto y los cambios que
generan en los participantes (Gómez Zermeño y Alemán de la Garza, 2011). Para López Islas (2017) el efecto de la innovación es un aspecto relevante de considerar ya que esto permitirá determinar los puntos fuertes y débiles del proyecto. Esta evaluación
provendrá de la opinión tanto de quienes están involucrados en la implementación de la innovación, como de sus beneficiarios que permitirá medir el impacto generado en los ámbitos que pretendía influir.
El desarrollar una medición del impacto de la innovación permitirá ayudar a su permanencia en el tiempo, ya que como mencionan Zabalza y Zabalza (2012) facilitará el justificar la necesidad de su implementación siempre y cuando se tomen en cuenta aspectos como: 1) el impacto sobre los participantes en la innovación, determinando cómo cambiaron sus ideas y su participación en los procesos de mejora; 2) el impacto sobre los procesos educativos por medio de cambios que se puedan constatar en el modelo educativo o en las metodologías; 3) el impacto sobre la propia institución educativa, el cual se ve reflejado en la creación de nuevos recursos didácticos, convocatorias, premios, etc. Y 4) el impacto sobre los estudiantes y sus familias.
En esta medición la investigación está vinculada a la innovación, pues como establece Schmelkes (2001) existen diferentes tipos de investigación: uno es el
relacionado con el diseño de innovaciones, en la que es importante el contexto en el que se realiza conociendo la situación en la que se encontraba para determinar la viabilidad de su implementación. Otro tipo de investigación es cuando se da una intervención educativa directa, donde se diseña la innovación y se aplica en un ambiente controlado o donde se desarrolla la investigación-acción con el fin de estudiar la transformación de la realidad. El último tipo es la evaluación que puede ser sumativa para conocer los
resultados en un periodo de tiempo determinado y la que analiza el proceso de la innovación para comprender sus resultados.
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Para este proyecto se considera analizar los componentes del modelo de evaluación educativa utilizado en el Tecnológico de Monterrey, denominado Escala i.
Este modelo tiene como objetivo proponer un marco de referencia para la evaluación de proyectos de innovación educativa, con el fin de determinar su impacto en los procesos de enseñanza aprendizaje y su orientación a los procesos de mejora continua (López Cruz y Heredia Escorza, 2017).
Escala i. Para evaluar los resultados de una innovación educativa la Escala i considera cinco criterios indispensables que son (López Cruz y Heredia Escorza, 2017):
• Resultados de aprendizaje: se considera el aspecto más relevante del proyecto de innovación e incluye tres subcriterios. El primero es si los resultados potencian las competencias transversales, disciplinares y la interacción de los alumnos, el segundo es sobre el impacto en los resultados de aprendizaje que se pretenden alcanzar, el tercero corresponde a la capacidad de generar un impacto positivo en otros entornos. Para evaluar estos resultados, la Escala i propone tanto resultados cualitativos como cuantitativos, así como diferentes instrumentos de evaluación.
• Naturaleza de la innovación. Evalúa el tipo de innovación del cual se trata, si existen estudios que respalden los hallazgos encontrados y la consideración de los posibles riesgos presentes en la aplicación de la innovación, así como un plan de mitigación de esos riesgos posibles. Se propone para evaluar este criterio, tomar en cuenta los resultados a largo plazo que podrían disminuir los riesgos asociados a su implementación.
• Alineación institucional: considera la alineación de la innovación con las metas y estándares de la institución, su aporte al prestigio local, nacional o global del Tecnológico de Monterrey y que sea coherente con sus valores culturales. Su evaluación debe considerar explícitamente los valores culturales y su adhesión a los estándares institucionales.
• Potencial de crecimiento: toma en cuenta la cantidad de beneficiarios que puedan ser impactados con la innovación y su posibilidad de ser llevada a otros
contextos. Para ello hay que evaluar la capacidad interna tanto en recursos
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técnicos como conocimientos necesarios para su implementación, su integración con los recursos ya existentes y la existencia de otras personas que la hayan implementado. El objetivo de este criterio es poder identificar el potencial de crecimiento de la innovación más allá de una prueba piloto.
• Viabilidad financiera: se refiere a los costos que implican la innovación y el retorno de la inversión. Los costos se refieren al hardware, software, tiempo y recursos humanos necesarios para su implementación; el retorno de la inversión se refiere a cómo esa innovación puede ayudar a reducir costos para la institución o inclusive generar nuevos ingresos, como es la creación de nuevas empresas.
Para cada uno de los criterios y subcriterios se asigna un color según los resultados obtenidos por la innovación, esta herramienta funciona tanto para la
evaluación formativa como sumativa que se puede utilizar para autoevaluar un proyecto y que se considera de utilidad a lo largo del proceso de implementación. Sus resultados son compartidos en una herramienta tecnológica que permite que sean visualizados para seleccionar los de mayor potencial (López Cruz y Heredia Escorza, 2017).
Dentro de un contexto educativo en el que convergen diferentes actores y cuyo dinamismo se ve impulsado por las nuevas tecnologías, surge la necesidad no solo de proponer innovaciones educativas que mejoren los procesos de enseñanza-aprendizaje, sino también de evaluarlas con el propósito de satisfacer los requerimientos de las personas a las que se pretende impactar (Gómez Zermeño y Alemán de la Garza, 2011).
En este proyecto de innovación educativa se plantea el diseño de un modelo que favorezca el desarrollo de habilidades de emprendimiento y que sea conocido por las personas involucradas para que pueda alcanzar un proceso de mejora continua que le permita permanecer en el tiempo.
2. Habilidades de emprendimiento
Una economía es sostenible cuando proporciona empleo a sus ciudadanos con el fin de que puedan contribuir al desarrollo nacional. Sin embargo, se encuentra que, a pesar de los esfuerzos de los países, aún existen altos niveles de desempleo que afectan a los grupos más vulnerables, quienes muchas veces no tienen la opción de una educación
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formal que les permita acceder a mejores condiciones laborales (UNESCO, 2010). El emprendimiento se considera como una alternativa para crear empleo y alcanzar mejores condiciones económicas para estas personas, por lo que el desarrollo de habilidades emprendedoras debe promoverse para aumentar el número de emprendimientos y dinamizar la economía (Sánchez, Ward, Hernández y Florez, 2017).
La educación cumple un papel primordial para desarrollar las habilidades de emprendimiento y se considera que esta formación debe incluirse en todas las etapas del proceso educativo, para que las personas puedan mejorar sus competencias (OCDE, 2018). Un sistema educativo que promueva que estas habilidades se desarrollen a lo largo de toda la vida, generará que los ciudadanos puedan integrarse más fácilmente a un empleo y se adapten a las situaciones cambiantes ocasionadas por los nuevos modelos de negocio presentes en la sociedad actual (Camacho Yáñez, Gómez Zermeño y Pintor Chávez, 2015).
La OCDE (2018) propone que para prepararse para el 2030, las personas deben poder pensar creativamente, desarrollar nuevos productos y servicios, así como empleos y nuevos métodos y formas de pensar. Por lo que las capacidades que se desarrollen deben orientarse a satisfacer demandas cada vez más complejas. Diversas
organizaciones consideran que el desarrollo de habilidades para el emprendimiento permitirá disminuir las barreras que sufren las personas para introducirse al mercado laboral y satisfacer las necesidades que se requieren para el futuro (UNESCO, 2017, OIT/CINTEFOR, 2017 y OCDE/CEPAL/CAF, 2016).
A nivel global las iniciativas para mejorar las habilidades de emprendimiento se han incrementado; sin embargo, el alcance sigue siendo desigual y se presenta el cuestionamiento de si en el futuro, las organizaciones educativas formales van a poder llenar las necesidades de las personas que requieren una forma de trabajo
(OIT/CINTERFOR, 2017). Esto ha ocasionado que surjan programas vocacionales y técnicos que desarrollan proyectos de educación no formal, dedicados a cómo empezar un negocio y que van dirigidos no sólo a jóvenes, sino también a quienes trabajan en empresas o se encuentran desempleados (Llisterri, Gligo, Homs y Ruíz-Devesa, 2014).
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2.1 Propuestas de educación para el emprendimiento.
En los últimos años el tema del emprendimiento ha despertado interés, pues es considerado como una herramienta que contribuye al crecimiento económico, a
dinamizar el proceso innovador y a generar nuevos empleos (Sánchez, Ward, Hernández y Florez, 2017). Además, los mercados deben adaptarse a nuevos esquemas, por lo que se requiere la formación de capacidades emprendedoras en las personas que permitan disminuir el impacto del cambio y lograr una sociedad con mejores oportunidades para todos (Scott-Kemmis, 2017). Esta formación debe contar con ciertas características que desarrollen a ciudadanos más activos, autónomos y orientados a la acción y deben estar basadas en modelos que sustenten esta formación (Hägg y Kurczewska, 2016). A continuación, se van a revisar modelos utilizados en la formación para el
emprendimiento y el impacto que tienen en el aprendizaje.
2.1.1 Modelos aplicados en la educación para el emprendimiento.
El modelo de aprendizaje basado en la producción es una estrategia utilizada en una universidad en Indonesia en los cursos de emprendimiento. Su finalidad es aumentar la motivación de los estudiantes hacia procesos creativos y fomentar un espíritu
emprendedor para reducir el desempleo de los graduados. Este modelo de aprendizaje consiste en que los educadores faciliten a los alumnos participar activamente e
interactuar entre ellos, para producir un producto o servicio relacionado con la vida de los estudiantes o con alguna necesidad de la comunidad (Yulastri, Hidayat, Ganefri, Islami y Edya, 2017).
Un estudio realizado en esta universidad buscó complementar el material del curso con un módulo de estudio para que los alumnos aprendieran de forma más independiente y creativa. Al finalizar debían desarrollar un plan de negocios para implementarlo en el futuro. Los resultados fueron medidos a través de una evaluación del aprendizaje para conocer qué nivel de éxito se había alcanzado. Los alumnos participantes consideraron que se sintieron más motivados a concluir el módulo de estudio debido a que estaban interesados en conocer cuál producto podían obtener. El
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logro de las personas al finalizar el módulo se consideró efectivo para formar una vocación emprendedora (Yulastri, Hidayat, Ganefri, Islami y Edya, 2017).
La vocación emprendedora debe ser promovida pasando de una educación liderada por el maestro a una centrada en el alumno y enfocada en sus experiencias y el aprendizaje a lo largo de la vida (Robinson, Neergaard, Tanggaard, y Krueger, 2016).
Esto se puede alcanzar integrando diversas estrategias que apoyen cómo el docente presenta los contenidos a los alumnos para que sean comprendidos y posteriormente aplicados a casos concretos por el estudiante. En un estudio realizado en Dinamarca, se aplicaron módulos de estudio en los que el docente analiza en clase casos inspiradores de emprendimiento utilizando diversas teorías, como aprendizaje social, situado y existencial. El objetivo era, no solo presentar conceptos teóricos, sino también que estos contenidos pudieran ser contextualizados en la vida del alumno.
Una vez que el alumno había revisado el caso presentado por el docente, debía realizar tareas en casa que le permitieran reflexionar sobre lo aprendido en forma individual y, en grupo realizar un proyecto de un producto que pudieran comercializar basado en el caso visto en clase. Debían llevar un diario donde colocaran sus reflexiones y al final realizar un examen sobre cómo se visualizarían en el futuro. Los resultados fueron positivos debido a que las intervenciones realizadas en clase y las tareas ayudaron a los alumnos a reflexionar y reforzar lo aprendido, especialmente gracias al uso de registros y creación de productos (Robinson, Neergaard, Tanggaard, y Krueger, 2016).
Otro aspecto que es importante desarrollar en los emprendedores son las habilidades sociales como: el trabajo en equipo, la habilidad para manejar sus propios sentimientos y de influenciar a otros.Padilla-Meléndez, Fernández-Gámez y Molina- Gómez (2014) realizaron un estudio en una universidad de España, utilizando técnicas de aprendizaje experiencial con el objetivo de conocer cómo se desarrollaban la
orientación e intención de emprender en los participantes. La intención de emprender es la convicción que tiene la persona para desarrollar un emprendimiento en el futuro y la orientación se refiere a la actitud emprendedora que implica proactividad, tomar riesgos e innovación (Padilla-Meléndez, Fernández-Gámez y Molina-Gómez, 2014).
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Fuera del aula, los estudiantes tuvieron la oportunidad de aprender haciendo, en actividades al aire libre basadas en role play, con el fin de simular situaciones reales y problemas que debían ser resueltos por los participantes. De dos grupos observados, uno control y otro experimental, el grupo que realizó las actividades fuera del aula obtuvo mayores resultados en la orientación empresarial, sin embargo, la conciencia social y la autoconciencia no fueron tan desarrollados (Padilla-Meléndez, Fernández-Gámez y Molina-Gómez, 2014).
Lograr esta autoconciencia es uno de los objetivos de las clínicas de emprendimiento. Estas iniciativas surgen en algunas universidades en Ghana, que buscan por medio de experiencias prácticas, que los participantes adquieran
conocimiento emprendedor. Este conocimiento consiste en aprender los conceptos, habilidades y tener la mentalidad necesaria para la formación y desarrollo de empresas (Nyadu-Addo y Serwah, 2017). Estos conocimientos y habilidades no sólo son
importantes para crear nuevos negocios, sino también para la vida cotidiana. Estas habilidades que se adquieren por medio de la educación deberían estar presentes en todas las personas, pues son relevantes para la vida personal, social y laboral.
Se sugiere que los cursos de emprendimiento no sean únicamente teóricos, sino que incluyan de estrategias innovadoras para que los estudiantes se sientan motivados y desarrollen habilidades emprendedoras, por lo que el desarrollo de materiales educativos que promuevan un aprendizaje activo es necesario para este tipo de cursos (Yulastri, Hidayat, Ganefri, Islami, y Edya, 2017). Esta opinión la comparten autores como
Robinson, Neergaard, Tanggaard, y Krueger (2016), quienes proponen profundizar en el desarrollo de actividades de aprendizaje activo para comprender mejor cómo despertar la creatividad, no solo en el alumno, sino también en el docente. Esta actividad creadora ayudará a generar mayores ideas y capacidades emprendedoras, lo que hace necesario seguir desarrollando pedagogías que ayuden a los estudiantes a desarrollar habilidades difíciles de conseguir en el aula (Padilla-Meléndez, Fernández-Gámez y Molina-Gómez, 2014).
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Este es uno de los principales retos para las instituciones educativas es
desarrollar los mecanismos adecuados para fomentar habilidades emprendedoras y de innovación en todos los niveles de formación. Se espera que se desarrollen métodos que mejoren capacidades como la reflexión, el pensamiento crítico y la participación en los problemas de la comunidad (Sánchez, Ward, Hernández y Florez, 2017), para lo que se necesitan programas con visión de emprendimiento que desarrollen habilidades que se anticipen a los nuevos requerimientos de la sociedad actual (OIT/CINTERFOR, 2017).
Una etapa previa a la realización de un emprendimiento es la intención
emprendedora, si la persona cuenta con este interés estará dispuesta a comenzar con un proyecto (Sánchez 2011). Esta intención puede ser desarrollada a través de la educación por lo que acciones que aumenten habilidades como: la autoeficacia, la proactividad, la innovación y el tomar riesgos mejorarán también la orientación emprendedora (Sánchez, 2011 y Koe, 2016). Estas habilidades se describen a continuación:
Autoeficacia.
La autoeficacia se define como la medida en que una persona confía en sus capacidades para determinar los desafíos que puede emprender, cuánto esfuerzo debe emplear para superarlos y cuánto debe perseverar para enfrentar los obstáculos (Bandura mencionado por Mauer, Neergaard y Linstad, 2017). Se considera que la presencia de autoeficacia puede ayudar a las personas a mejorar la intención para desarrollar emprendimientos. Esta intención se refiere a la capacidad para desarrollar un negocio, agregar valor a una organización existente o el interés de hacerlo en el futuro (Wang, Chang, Yao y Liang, 2016).
En un estudio realizado en Taiwán se pudo determinar que un alto grado de autoeficacia ejerce una influencia favorable en su convicción para emprender. Esto lo lograron gracias a que los profesores integraron en sus cursos experiencias para participar en actividades empresariales, desarrollaron rasgos de personalidad como asertividad, entusiasmo, ambición, sociabilidad, apertura, autocontrol, innovación creatividad, entre otras. Dentro de las recomendaciones se encuentran incluir actividades
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como redacción de planes de negocio y desarrollar competencias empresariales en los estudiantes (Wang, Chang, Yao y Liang, 2016).
Proactividad.
La persona proactiva, es aquella que muestra iniciativa, actúa sobre oportunidades que detecta y persevera hasta lograr un objetivo (Koe, 2016). Esta habilidad consiste en anticipar los problemas antes de que sucedan y a tomar acción sobre las cosas que puede cambiar para solucionar una situación determinada (Sánchez, 2011). Este es un rasgo importante que deben tener los emprendedores para que puedan encontrar oportunidades de negocio. Según Koe (2016) cuando una persona es capaz de utilizar e identificar una idea de negocio, tiene un gran potencial para ser emprendedor.
Sánchez (2011) realizó un estudio con estudiantes universitarios en la
Universidad de Castilla, con el fin de comprobar si una mayor proactividad generaba en los participantes mayor intención de constituir un emprendimiento. Durante ocho meses se aplicaron una serie de actividades complementarias a las clases, con un grupo
experimental, que recibieron contenidos de mercadeo, finanzas y contabilidad, también prácticas que motivaron la autoeficacia, la proactividad y la innovación. Por último, desarrollaron actividades de networking e interacción. El grupo control no participó del programa adicional.
Los resultados de esta investigación demostraron que las actividades desarrolladas promovieron que los estudiantes tomaran acción sobre las cosas que debían realizar y se sintieran más motivados a desarrollar un emprendimiento. Para Sánchez (2011) su aporte consistió en incluir elementos que no siempre están presentes en programas de educación para el emprendimiento, como son las características de la personalidad. Por medio de la proactividad, el participante adquiere la responsabilidad de su propio crecimiento y puede tomar decisiones para disminuir el riesgo. Sánchez (2011) encuentra que, aunque es necesario formar con conocimientos técnicos, también la parte inspiracional es importante y ésta debe ser liderada por los docentes que formen a los emprendedores.
21 Innovación.
La capacidad innovadora está relacionada con la generación de nuevas ideas para producir bienes y servicios (Martens et al, 2018). Para los emprendedores esta
característica es de importancia debido al ambiente competitivo en que se desenvuelven.
Koe (2016) realizó una investigación con estudiantes de último año de una universidad en Malasia, que ya habían cursado un programa de emprendimiento, con el fin de conocer la relación entre la innovación y su influencia sobre la intención emprendedora.
Los resultados indicaron que los estudiantes tenían un alto grado de intención a realizar nuevas empresas, gracias a los cursos que habían tomado como parte de su programa de estudios, que los orientaron hacia su desarrollo. Además, la oportunidad que tuvieron en los cursos de participar en competencias y exhibiciones compartiendo ideas innovadoras, hicieron que la relación entre innovación y el interés de ser
emprendedores aumentara (Koe, 2016). En este caso se recomienda tomar en cuenta en los cursos las características individuales de las personas y fomentar el compartir nuevas ideas en público, así como participar en empresas reales para mejorar estas habilidades.
2.1.2 Educación técnica y formación profesional para el emprendimiento.
La educación técnica y formación profesional (ETFP) es un concepto que se utiliza de diferentes maneras según el país y contexto en el que se desarrolla, también se le conoce como educación y capacitación vocacional y técnica o Technical and
Vocational Education and Training (TVET). Llisterri, Gligo, Homs y Ruíz-Devesa (2014) indican que la ETFP se presenta tanto en entornos de educación formal, como es el caso del nivel secundario y universitario, como en programas intermedios de
educación técnica, con una duración que va desde los dos a los cuatro años de estudio y que no limita a los estudiantes poder continuar con una carrera universitaria.
También existe el caso de la ETFP dentro de la educación no formal. Este tipo de formación la realizan instituciones educativas para complementar a la educación formal, o como una alternativa de aprendizaje a lo largo de la vida. Puede ser de corta duración y se imparte por medio de cursos, seminarios o talleres. Sus objetivos van orientados a
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lograr alguna de estas metas: 1) la alfabetización de jóvenes y adultos; 2) el desarrollo de programas para enseñar habilidades para la vida y laborales; 3) capacitación en el lugar de trabajo para certificar destrezas del trabajador y/o 4) formar a individuos para ser parte del entorno laboral (Llisterri, Gligo, Homs y Ruíz-Devesa, 2014).
En el caso de la formación para el emprendimiento, se encuentra que la ETFP cumple un papel importante en la economía del siglo XXI (Scott-Kemmis, 2017).
Debido a que su acceso es más amplio en la educación continua para personas que no pueden ingresar a la educación formal, se deben incluir iniciativas dentro de la
educación técnica para fomentar el espíritu de emprendimiento, como una competencia clave para lograr el éxito profesional de sus participantes en este nivel de formación, así como la integración de estas instituciones educativas dentro del ecosistema empresarial (Scott-Kemmis, 2017).
Educación para el emprendimiento dentro de la educación no formal.
En el tema de educación para el emprendimiento dentro de la ETFP se encontraron pocos estudios para el caso de la educación no formal. A pesar de que diversas organizaciones mundiales como la UNESCO (2017), OIT/CINTEFOR (2017) y OCDE/CEPAL/CAF (2016), consideran importante el desarrollo de la educación para el emprendimiento en el logro de las metas educativas globales para el 2030, se encuentra que existen pocas investigaciones relacionadas con el tema desde la formación continua.
La mayoría de los estudios se enfoca a la educación para el emprendimiento dentro de las universidades, que no necesariamente llegan a impactar a sectores con menos acceso a la educación superior (Llisterri, Gligo, Homs y Ruíz-Devesa, 2014).
Uno de los ejemplos encontrados se realizó en Malasia, donde se llevó a cabo un estudio en dos instituciones públicas de educación técnica. El objetivo de la
investigación era determinar la intención de emprendimiento de los estudiantes en entornos de educación no formal. Se considera que la creación de nuevas empresas va a permitir a los graduados acceder a mejores oportunidades de empleo y, aunque no desarrollen un negocio, los beneficios de la formación para el emprendimiento van a permitir que las personas sean más creativas e innovadoras, que puedan buscar
23
soluciones a los problemas y se adapten mejor a los cambios (Ibrahim, Bakar, Asimiram, Mohamed y Zakaira, 2015).
En este estudio se determinó que los estudiantes que habían recibido los cursos tenían un alto grado de interés para desarrollar una nueva empresa, también alcanzaron altos niveles de comunicación, networking y evaluación de oportunidades de negocio.
Esta necesidad de evaluar oportunidades fue una preocupación en un estudio realizado en Nigeria, debido a que a pesar de que las universidades están formando profesionales, los niveles de desempleo continúan siendo altos en el país, por lo que se considera necesario revitalizar los servicios de educación para el emprendimiento a través de la educación técnica, para generar mayor autoempleo y disminuir los niveles de pobreza (Anaele, Adelakun, Dem, y Barfa, 2014).
Los participantes en el estudio consideraron que una educación para el emprendimiento de calidad requiere del desarrollo de habilidades personales y gerenciales. Además, un apropiado ambiente de implementación de programas de educación técnica permitirá aumentar la creación de pequeñas y medianas empresas, que a su vez reducirán los problemas sociales que se presentan en los países en desarrollo, por lo que se recomienda su implementación en todos los niveles educativos y
especialmente en los de educación vocacional y técnica (Anaele, Adelakun, Dem y Barfa, 2014).
Necesidades encontradas.
Las habilidades de emprendimiento son cada vez más importantes en el desarrollo de la economía del siglo XXI. Esto hace que sea necesario incluir estas capacidades en los modelos educativos y que se conviertan en un elemento esencial en los programas de educación técnica y profesional. Según Scott-Kemmis (2017) los cursos de educación para el emprendimiento deben relacionarse con la práctica, por lo que es importante que las instituciones educativas no formales se integren al ecosistema emprendedor, que incluyan además a otros actores, como empresarios experimentados y otras organizaciones de apoyo para el desarrollo de emprendedores, que a su vez tengan conocimiento de estos recursos.
24
Si bien se reconoce la importancia de las instituciones de educación no formal en el desarrollo de programas que llegan a personas que no pueden incorporarse a los centros de estudios formales, existen pocas investigaciones sobre las experiencias obtenidas en estos entornos. Scott-Kemmis (2017) menciona el importante rol que tiene la ETFP en la formación para el emprendimiento, por lo que es necesario continuar desarrollando más estudios, que desde un punto de vista empírico analicen las mejores estrategias que se pueden realizar para desarrollar habilidades de emprendimiento en la población, especialmente para disminuir la desigualdad en el acceso al empleo.
Por último, el fortalecimiento de las instituciones de educación no formal para el desarrollo de emprendimientos se considera necesario, debido a que desmotivan la informalidad en la creación de empresas sin registrar. Las personas desarrollan más confianza en lo que están desarrollando y tienen mayor conciencia sobre las
consecuencias negativas de crear un negocio de manera informal (Sánchez, Ward, Hernández y Florez, 2017).
2.2. Emprendimiento con enfoque de género.
El emprendimiento es un fenómeno global que se incrementa día con día y, en el caso de los negocios creados por mujeres, éstos están teniendo cada vez mayor impacto en las economías de los países (Mueller y Conway, 2013). Según el Global
Entrepreneurship Monitor (GEM) en un estudio realizado en 73 países en el año 2016, 163 millones de mujeres estaban comenzando su negocio y 111 millones estaban manejando negocios ya establecidos. Este análisis indica que el incremento del
desarrollo de emprendimientos en mujeres fue de un 10% del año 2014 al año 2016, lo que indica que ha disminuido la brecha entre hombres y mujeres que realizan
emprendimientos (Kelly et al, 2017). Estas mujeres se caracterizan por ser, en su mayoría personas de 25 a 44 años, con un nivel mínimo de educación de secundaria y una mejor percepción de sus capacidades que impulsa la creación de nuevas empresas.
En Latinoamérica se presenta también un crecimiento del total de mujeres emprendedoras, así como un aumento en la relación entre mujeres y hombres que forman una empresa (80% de mujeres en comparación con hombres). Aunque en esta
25
región se ha mejorado el desarrollo de emprendimientos por parte de mujeres, es necesario impulsar algunas áreas como son, incrementar la creación de empresas por oportunidad y no por necesidad y aumentar la continuidad de los negocios y las
expectativas de crecimiento. Estas áreas de mejora deben incluir apoyo para los negocios ya creados, que incorporen coaching, acceso a capital y educación que fortalezcan los emprendimientos a lo largo del tiempo (Kelly et al, 2017).
Las actividades de formación deben tomar en cuenta las características y necesidades de la mujer emprendedora, para poder establecer actividades de capacitación que fortalezcan habilidades que aumenten las iniciativas de emprendimiento. Es por esto por lo que surge la necesidad de que se realicen
investigaciones relacionadas con las áreas de mejora, sin embargo, a pesar del impacto que tienen este tipo de emprendimientos en la economía de los países, la investigación es escasa, especialmente en contextos fuera de Estados Unidos y Europa (Venugopal, 2016).
2.2.1 Características de las mujeres emprendedoras.
Como se mencionó anteriormente, a pesar de que las diferencias entre hombres y mujeres en el tema de emprendimiento se está acortando, siguen existiendo algunos factores que pueden desarrollarse para aumentar las ventajas que tengan las
emprendedoras para acercarse a esta igualdad y disminuir las disparidades. Cuando se habla de tomar en cuenta un enfoque de género, es necesario examinar las características de la población a la cual va dirigido ese esfuerzo, por lo que a continuación se
desarrollan algunos estudios encontrados respecto a las características de las mujeres empresarias, para tomarlos en cuenta en un plan de capacitación.
Características personales.
Las características personales se relacionan principalmente con el deseo de emprender una actividad por cuenta propia y la intención que tiene la persona para realizarla. Existen estudios que han explorado la relación del emprendimiento con la orientación emprendedora de hombres y mujeres. Reyes Recio, Pinillos Costa y Soriano
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Pinar (2014) realizaron un estudio en un curso de emprendimiento en una universidad en España, este curso no formaba parte de ninguna carrera, sino que las personas lo
llevaron por su propio interés. Su fin era conocer las diferencias en la orientación emprendedora del grupo de estudio, el cual constó de 40 hombres y 49 mujeres a los cuales se les aplicó un cuestionario. Este cuestionario buscaba medir tres constructos: la energía e iniciativa personal, la propensión al riesgo y la creatividad e innovación. Los ítems fueron extraídos de la literatura y evaluados por métodos estadísticos.
Los resultados de la investigación determinaron que las mujeres se asociaron a mayores resultados en la responsabilidad en el cargo, la libertad de acción, la
persistencia y la responsabilidad para culminar con los proyectos (Reyes Recio, Pinillos Costa y Soriano Pinar, 2014). En el caso de los hombres, éstos presentaron mayor puntuación en los ítems de creatividad e innovación. En cuanto a la propensión al riesgo no se encontraron diferencias entre mujeres y hombres. Dentro de las recomendaciones del estudio se encuentran incluir en la formación actividades relacionadas con la creatividad e innovación, proactividad y propensión al riesgo con extensión más profunda según el grupo con el que se esté trabajando.
Características sociales.
El entorno en el que se realizan los emprendimientos debe ser analizado, ya que, dependiendo de las características, roles y cultura de cada región, así puede ser el clima que favorezca que las personas desarrollen o no emprendimientos. Se ha encontrado que en países donde los roles de género no son tan marcados en la sociedad, no implican una diferencia entre hombres y mujeres a la hora de emprender, mientras que en países más radicales, donde los roles están fuertemente definidos, el apoyo familiar e institucional, así como las actitudes personales son menores en el género femenino, por lo que es necesario tomar en cuenta el entorno en el que se realice el emprendimiento para favorecer o contrarrestar los efectos de estas realidades.
Un análisis realizado en Chile y Colombia buscó explicar las diferencias de género en países en desarrollo, encontrando que las condiciones para el emprendimiento no son tan favorables, ya que las mujeres se encuentran con falta de capacitación, bajos
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niveles de apoyo y un alto miedo al fracaso (Soria, Honores y Gutiérrez, 2016). El estudio fue realizado con 351 estudiantes universitarios de ambos países y se buscaba demostrar el impacto que tiene la educación para el emprendimiento en esta población.
El total de mujeres fue de un 53% y una de las variables tomadas en cuenta se refirió a si habían tenido algún modelo o relación previa con el emprendimiento.
En este estudio se recomienda que los programas de emprendimiento incluyan actividades que aumenten la autoconfianza de las mujeres hacia sus propias habilidades.
Además, se pudo establecer que el contacto previo de los participantes con otros emprendedores mejora la intención de emprender, por lo que también se aconseja incorporar actividades que permitan la interacción con emprendedores para aumentar la confianza y disminuir el temor a emprender. Esa confianza fue menor en las mujeres participantes, contrario a los hombres quienes más bien tenían exceso de confianza, sin embargo, esto no implica que las mujeres tengan menos éxito (Soria, Honores y
Gutiérrez, 2016).
Factores de éxito.
Los factores de éxito que se presentan cuando la mujer se encuentra realizando actividades de emprendimiento fueron analizados en un estudio en Dubai por Gupta y Mirchandani (2018). En ese país el 48% de las pequeñas y medianas empresas son manejadas por mujeres y la mayoría de ellas son las únicas propietarias. Se encuentra que existen factores personales y ambientales que afectan el éxito que tiene la mujer en los emprendimientos que realiza y el objetivo de la investigación era determinar cuáles de esos aspectos están más relacionados con los resultados obtenidos en los
emprendimientos. Dentro de los rasgos personales se encuentran: la personalidad, el nivel de educación, la motivación y el compromiso; y en el caso de los factores
ambientales se tomó en cuenta el apoyo del gobierno y la familia como factor de éxito.
El éxito empresarial lo definieron los autores en términos de las ganancias obtenidas, el crecimiento en ventas y la percepción de supervivencia del negocio (Gupta y Mirchandani, 2018). Se encuestó a 289 emprendedoras, de las cuales un 85% eran menores de 46 años, casadas (77.85%), con un nivel de estudios de bachillerato
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universitario en su mayoría (64.7%), dedicadas al comercio y entre seis y diez años de estar en el negocio (42.9%). Estas personas indicaron que su éxito empresarial tenía más relación con los factores personales que con el ambiente y estos factores fueron los que influenciaron su decisión de realizar un emprendimiento.
En el caso del apoyo gubernamental lo consideraron valioso porque cuentan con capital para invertir y agilidad en los trámites, sin embargo, este estudio recomienda que se promuevan más programas de capacitación destinados a mejorar las habilidades de la mujer emprendedora, dar apoyo financiero y moral, promover que las mujeres
compartan sus experiencias para aprender de las buenas prácticas y hacer asociaciones, además de revisar las oportunidades de microfinanzas. Por último, futuras
investigaciones pueden examinar el impacto que tienen las empresas dirigidas por mujeres en el tema de la innovación (Gupta y Mirchandani, 2018).
Obstáculos para la realización de la actividad emprendedora.
Las barreras para el emprendimiento pueden surgir de diferentes maneras, los estudios encontrados analizan el desarrollo de nuevos negocios a partir de diferentes obstáculos que se presentan a la hora de emprender y de hacer crecer estas actividades.
Algunas de estas barreras se ven incrementadas o disminuidas por aspectos culturales o sociales, como son las expectativas de género, el apoyo de las instituciones y de la familia, así como una mejor preparación de la sociedad para apoyar estas iniciativas. A continuación, se exploran algunos estudios que explican las principales barreras a la hora de emprender y cuáles son las soluciones propuestas.
Falta de apoyo familiar.
Shinnar, Giacomin y Janssen (2012) analizaron en un grupo de 761 estudiantes universitarios de tres países, obstáculos como: la falta de apoyo, el miedo al fracaso y la falta de habilidades de emprendimiento. Cuando no existe apoyo, se refiere a las
dificultades en obtener ayuda por parte de las instituciones, apoyo de las familias, construir buenas relaciones con los proveedores y una relación sólida con los clientes.
Este apoyo se considera importante, debido a que un mayor soporte por parte de
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organizaciones externas al emprendedor puede generar una mayor intención
emprendedora. En cuanto al miedo al fracaso, éste se refiere a la aversión a emprender un negocio nuevo, que generalmente se atribuye como más presente en las mujeres que en los hombres; por último, la falta de habilidades se refiere a estereotipos que se han creado considerando que ciertas tareas corresponden al hombre y otras a la mujer, lo que hace que las mujeres no realicen esas actividades en la misma medida (Shinnar,
Giacomin y Janssen, 2012).
Los resultados encontrados indicaron que en los países analizados: Estados Unidos, Bélgica y China, las mujeres tomaban la falta de apoyo como un elemento importante a la hora de emprender, mientras que los hombres no le daban tanta importancia. Sin embargo, destacan que la diferencia entre los tres países no es tan grande, lo que atribuyen a las políticas que se han generado en China para fortalecer los emprendimientos. En cuanto al miedo al fracaso y falta de competencias, las diferencias entre género se dan más en Estados Unidos y Bélgica, donde las mujeres presentan más estas barreras que los hombres, en el caso de China, no se presentan estas diferencias.
Estos autores lo atribuyen a que en este último país, la cultura y la política conocida como un niño por familia, hacen que no existan diferencias de expectativa de género en la familia, además de que le dan más importancia al trabajo que a las habilidades;
mientras que en los otros dos países, existen más roles de género y expectativas de acuerdo a las profesiones socialmente apropiadas para mujeres, las que definen la percepción de sus propias competencias (Shinnar,Giacomin y Janssen, 2012).
Roles, miedo al fracaso y falta de confianza.
Sobre estas diferencias de roles, Venugopal (2016) realizó un estudio en India con 172 personas en las que buscaban establecer cómo afectaban aspectos como la identidad de roles en las intenciones de emprendimiento, entendiendo que la mujer cumple diferentes roles tanto en la familia como en el trabajo. También analizaron la autoeficacia percibida por las participantes, que se define como las creencias que tienen las personas acerca de sus capacidades para controlar los eventos que les ocurren. Los resultados indicaron que, en este contexto, la percepción de la autoeficacia sí tiene efecto
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sobre la intención emprendedora y de crecimiento, por lo que considera que se debe reforzar la confianza en las habilidades de esta población para realizar emprendimientos.
En India, las características culturales hacen que los roles tengan más
importancia. Debido a que como menciona Venugopal (2016), las expectativas de que la mujer debe contraer matrimonio hacen que exista un efecto negativo a la hora de hacer crecer su emprendimiento, por lo que un soporte familiar mayor disminuye ese efecto.
Se considera que, si la persona se ve más apoyada por la familia, es posible que se puedan establecer empresas más duraderas que se adapten a los cambios en los roles que va teniendo la persona a lo largo del desarrollo de su empresa.
Falta de apoyo institucional y redes de networking.
En un estudio en países del Medio Oriente se indica que una de las principales barreras para realizar emprendimientos son las relacionadas con el ambiente regulatorio de las instituciones. Las cuales tienen más peso por razones que se atribuyen a la cultura o a diferencias de género. Esto debido a que el acceso a créditos para los
emprendimientos es muy limitado y los trámites para la creación de nuevas empresas son muy burocráticos (Nishat Faisal, Jabeen, Katsioloudes, 2017). Otro aspecto analizado en este estudio es la necesidad de que se desarrollen más espacios de networking para dar a conocer sus empresas, por lo que se debe capacitar en cómo integrarse en diferentes redes de colaboración y de cómo utilizar las TIC para poder tener un mayor alcance que con las herramientas tradicionales. Esto les facilitará también el tener acceso a capital para poder hacer crecer su emprendimiento.
En Latinoamérica, cada vez más mujeres se integran a la actividad
emprendedora, sin embargo, aún están lejos de los niveles alcanzados por los países desarrollados. En un estudio realizado en Chile, se pudo determinar que, aunque existe una percepción favorable a que las mujeres puedan emprender, aún no cuentan con los incentivos para realizar esta actividad, lo que la aleja de estas oportunidades (Amorós y Pizarro, 2008). Además, las empresas creadas por mujeres no se consideran de alto impacto, por lo que las personas participantes tienen además otra actividad adicional que les genera ingresos.
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Este estudio concluye que es necesario tomar en cuenta las particularidades de esta población para diseñar políticas públicas que favorezcan la inclusión de aquellas que no están emprendiendo. Especialmente las relacionadas con la proporción de capital de riesgo y financiamiento, con el fin de que los emprendimientos tengan mayor impacto en la sociedad, mediante la creación de nuevos empleos que dinamicen la economía y que permitan que se puedan crear otros negocios que incentiven la aparición de nuevas empresas (Amorós y Pizarro, 2008).
2.2.2 Necesidades de formación para la mujer emprendedora.
Las investigaciones encontradas dan muestra de que dentro de los aspectos más importantes a desarrollar en un programa de capacitación con enfoque de género se encuentra tomar en cuenta habilidades que puedan incrementar la intención
emprendedora en personas que no las están realizando, con el fin de que estos emprendimientos puedan perdurar en el tiempo. Además, se deben fortalecer otros aspectos, como la motivación, la autoeficacia, el entorno social, el uso de TIC para el desarrollo de networking y procesos de innovación; así como incrementar el apoyo de las familias y de la estructura institucional. Tomando esto en cuenta se revisaron investigaciones que evaluaran intervenciones realizadas para mejorar algunos de estos aspectos y sus resultados se exponen a continuación.
Mentoría y plataformas de contenidos.
Dentro de las necesidades mencionadas por Kothari (2017) se encuentran no sólo proveer de recursos para desarrollar las ideas de negocio, sino también una plataforma de mentoría disponible para todas las mujeres emprendedoras. Como se descubrió en este estudio hecho en India y, como describen otros análisis como el GEM (Kelly et al, 2017), la mayoría de las mujeres emprenden en solitario y con poca capacitación formal en emprendimiento, por lo que lo que aprenden lo hacen con la misma práctica, lo que genera una mayor posibilidad de fracaso.
Dentro de las recomendaciones de este estudio se propone el acceso a un repositorio con contenidos fácilmente accesibles, en línea o través de oficinas locales.
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Desarrollar estrategias que le permitan involucrarse en un mercado global, creando alianzas con otros actores que la fortalezcan y brindando conocimiento del mercado en que se desarrolla e integrar las motivaciones de las mujeres en los procesos de
formación, lo que les dará una ventaja competitiva (Kothari, 2017).
Características culturales y sociales.
Las metas que tienen los emprendedores sobre su idea de negocio dependen de sus valores y de las características sociales y culturales en que se desenvuelven.
Hechavarría et al (2016), analizaron una muestra de 15141 emprendedores de 48 países y determinaron que éstos valores son importantes para la creación de empresas, cuyo valor puede ser económico y social. En este aspecto, las que más desarrollan empresas sociales son las mujeres (un 33% de mujeres con respecto a 26% de hombres), aunque en países donde las necesidades económicas se encuentran cubiertas, tanto hombres como mujeres le dan menor valor económico y más bien se orientan a buscar soluciones a los problemas sociales y del ambiente. Esto debe ser tomado en cuenta por los
gobiernos para comprender los desafíos que enfrentan los emprendedores y fortalecer la creación social de negocios, buscando ayuda en fuentes extranjeras para generar
soluciones a los problemas sociales y ambientales (Hechavarría et al, 2016).
Para Bagheri y Pihie (2014) las características sociales de las personas influyen en su deseo de convertirse en emprendedores, este deseo debe ser guiado por la
educación vocacional, que debe estar atenta cuando se presenta este interés en los estudiantes, para guiarlos hacia una mayor satisfacción y logro de sus objetivos. Esa actitud hacia el emprendimiento debe ser fortalecida por medio de programas educativos atractivos con el fin de aumentar la intención hacia la creación de nuevos negocios. En un estudio realizado por estos autores con 719 estudiantes malayos, se encontró que las mujeres presentaron menor intención emprendedora que los hombres, esto debido a que ellos tienen más apoyo de sus familias cuando hablan de realizar emprendimientos, mientras que las mujeres, desde pequeñas son condicionadas a evitar el riesgo y presentan roles y estereotipos que fueron mencionados en apartados anteriores.
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El efecto de estas características sociales y culturales pueden ser disminuidos a través de la formación vocacional. Una mayor orientación y fortalecimiento de las habilidades de cada uno de los géneros permitirá que se puedan alcanzar mayores logros de autoeficacia e intención emprendedora. Como mencionan Bagheri y Pihie (2014), tanto los hombres como las mujeres deben tener acceso a una orientación que permita desarrollar sus características personales, con el fin de que puedan definir cuál va a ser su carrera según sus intereses y puntos fuertes, para lograr una mayor satisfacción en el futuro y un mejor desempeño en la actividad que quieran desarrollar. Esto logrará que aumenten la autoconfianza y disminuyan la diferencia de roles que la sociedad impone, para que las personas puedan desarrollar lo que les guste, según sus intereses e
iniciativas y en una forma más libre y equitativa.
Uso de tecnologías móviles.
Las tecnologías pueden aportar al desarrollo de emprendimientos. Ameen y Willis (2016) identificaron que, en países con muchas restricciones para el desarrollo del emprendimiento en mujeres, el uso de tecnologías móviles permitió encontrar nuevas formas para auto educarse desde su hogar y poder convertirse en empresarias exitosas.
Dentro de los beneficios que brindan los dispositivos móviles para el desarrollo de emprendimientos se encuentran: la comunicación, con la que se pueden contactar con clientes y proveedores; el e-commerce que facilita el poder desarrollar negocios a nivel global y no solo local; el uso de redes sociales y envío de mensajes a través de las aplicaciones, tanto para comunicarse con los clientes, como para recibir
retroalimentación y obtener información en tiempo real sobre su negocio y, el uso de aplicaciones de bancos, que les permite tener mayor control de sus finanzas.
En cuanto al m-learning se considera que tiene un gran potencial para dar a las mujeres la oportunidad de acceder a la educación y de elaborar materiales que sean diseñados para cubrir las necesidades del emprendimiento y del manejo y administración de las empresas (Ameen y Willis, 2016). Algunos de estos contenidos se refieren a:
manejo financiero, de recursos humanos y de cadenas de abastecimiento, además se recomienda presentar casos de estudio de empresas exitosas que operen en sus países.