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Percepción de la Calle Completa. El caso del Boulevard Manuel Ávila Camacho, Boca del Río, Ver. 2015-2019.

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Facultad de Arquitectura RegiónXalapa

Maestría en Arquitectura

Percepción de la Calle Completa. El caso del Boulevard Manuel Ávila Camacho, Boca del Río, Ver. 2015-2019.

Tesis para obtener el grado de Maestro en Arquitectura

Presenta:

Arq. Daniel Arturo Guerrero Hernández Director:

Dr. Daniel Rolando Martí Capitanachi Mayo de 2022

“Lis de Veracruz: Arte, Ciencia, Luz”

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Universidad Veracruzana

Facultad de Arquitectura Región Xalapa

Maestría en Arquitectura

Percepción de la Calle Completa. El caso del Boulevard Manuel Ávila Camacho, Boca del Río, Ver. 2015-2019.

Tesis para obtener el grado de Maestro en Arquitectura

Presenta:

Arq. Daniel Arturo Guerrero Hernández Comité Tutorial

Director:

Dr. Daniel Rolando Martí Capitanachi Asesora:

Dra. María Concepción Chong Garduño En presencia del Jurado Evaluador:

Presidente:

Dr. Arturo Velázquez Ruíz Secretario:

Dra. Eva Acosta Pérez Vocal:

Dr. Jaime Hernández García

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Universidad Veracruzana

Facultad de Arquitectura / Xalapa Maestría en Arquitectura Xalapa, Ver., a 4 de marzo de 2022

ASUNTO: AUTORIZACIÓN DE IMPRESIÓN DE TESIS

ARQ. DANIEL ARTURO GUERRERO HERNÁNDEZ P R E S E N T E

Circuito Universitario Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán S/N Lomas del Estadio Xalapa, Enríquez, Ver.

México Teléfonos 01(228)842 17 41 Correo Electrónico [email protected]

Los que suscriben miembros del jurado, del Arq. Daniel Arturo Guerrero Hernández, nos permitimos informar que, en cumplimiento de la normatividad institucional para la celebración de los exámenes de Grado de Maestría, el postulante ha concluido satisfactoriamente la elaboración de su tesis denominada “PERCEPCIÓN DE LA CALLE COMPLETA. EL CASO DEL BOULEVARD MANUEL ÁVILA CAMACHO, BOCA DEL RÍO, VER. 2015-2019”. Por tal motivo, puede imprimir su documento recepcional e iniciar los trámites administrativos para la defensa de la misma.

Sin más por el momento, reciba un cordial saludo.

A T E N T A M E N T E

“Lis de Veracruz: Arte, Ciencia, Luz”

Dr. Daniel R. Martí Capitanachi Director de la tesis

Dra. Eva Acosta Pérez Jurado

Dr. Arturo Velázquez Ruiz Jurado

Dr. Jaime Hernández García Jurado

Dr. Pedro Martínez Olivares Coordinador de la Maestría en Arquitectura

c.c. Archivo

12 de mayo

Olivarez

12 de mayo de

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Agradecimientos

Quiero expresar mi total gratitud a las siguientes personas e instituciones, que me apoyaron de distintas maneras durante este trayecto:

A mis padres y hermana, por sus palabras de aliento, ánimos y comprensión en los momentos difíciles, así como por el apoyo que me brindaron siempre.

A mi novia, por acompañarme y apoyarme de manera incondicional en este proceso. Hiciste todo más fácil para mí, y siempre te lo agradeceré.

Al Dr. José Rigoberto Gabriel, por inspirarme y alentarme a seguir preparándome profesionalmente cursando este posgrado.

Al Dr. Daniel Martí Capitanachi, por dirigir mi trabajo de tesis de una manera excepcional.

Gracias por siempre estar ahí, por los consejos y el apoyo siempre que lo requerí.

A la Dra. Concepción Chong por ser mi asesora y apoyarme cuando fue necesario.

Al Dr. Eliseo Gabriel Argüelles, por dirigir mi estancia de investigación y apoyarme en el desarrollo del análisis estadístico de los resultados de mi investigación.

A la Dra. Eva Acosta, al Dr. Arturo Velázquez y al Dr. Jaime Hernández, por formar parte de mi jurado, leer mi trabajo y hacerme observaciones oportunas para mejorarlo.

Al H. Ayuntamiento del Municipio de Boca del Río, por facilitarme la información requerida para el desarrollo de este trabajo.

Al CONACyT y a la Coordinación del Programa de Maestría en Arquitectura de la Universidad Veracruzana Campus Xalapa, por la oportunidad de cursar este posgrado.

GRACIAS

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Índice

Agradecimientos ... 3

Índice ... 1

Siglas y abreviaturas ... 3

Resumen ... 1

Abstract ... 2

Introducción ... 3

Capítulo I. Fundamentos teóricos sobre la percepción y las calles completas ... 7

1.1 Sobre la percepción ... 7

1.1.1 Subjetividad en la percepción: factores biológicos y culturales ...10

1.1.2 Percepción espacial ...12

1.1.2.1 Mapas cognitivos ...14

1.1.2.2 Elaboración de mapas cognitivos ...16

1.1.3 Percepción emotiva ...19

1.1.3.1 Lazos afectivos con el entorno ...19

1.1.3.2 Apropiación del lugar ...21

1.1.3.3 Apego al lugar ...21

1.1.3.4 Arraigo hacia el lugar ...21

1.2 Calles completas: Revalorizando la calle en el contexto urbano contemporáneo .... 22

1.2.1 Calles completas: ¿Qué son? ...23

1.2.2 Etapas de un proyecto de Calle Completa ...25

1.2.3 La importancia de las calles completas: beneficios...26

1.2.4 De la calle tradicional a la calle completa: antecedentes ...27

1.2.5 Calles completas y política pública en México ...28

Capítulo II. Calles completas en el contexto mexicano: marco normativo y algunos referentes ... 33

2.1 Marco normativo para proyectos de Calles Completas en México ... 33

2.1.1 Acuerdos internacionales ...33

2.1.2 Legislación nacional ...39

2.1.3 Manuales de diseño ...44

2.2 Calles Completas: dos referentes del contexto mexicano ... 56

2.2.1 Eje 3 oriente (CDMX) ...56

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2.2.2 Calle Ignacio Allende (Xalapa, Ver.) ...57

Capítulo III. Metodología para el análisis de la percepción de una calle completa ... 60

3.1 Caracterización de la investigación ... 60

3.1.1 Definición de variables ...60

3.1.2 Preguntas y objetivos de investigación...61

3.2 Caso de estudio: Boulevard Manuel Ávila Camacho, Boca del Río, Veracruz. 2015- 2019... 62

3.2.1 Contexto físico ...62

3.2.2 Contexto social ...65

3.2.3 Contexto temporal: Antecedentes de remodelación ...66

3.2.4 Remodelación de 2015 ...67

3.3 Instrumentos de investigación... 70

3.3.1 Cédula de observación (Clave I-1) ...70

3.3.2 Encuesta (Clave I-2) ...72

3.3.3 Cédula de imagen mental (Clave I-3) ...77

Capítulo IV. Percepción espacial y emotiva del Boulevard Manuel Ávila Camacho. Interpretación, discusión y reflexiones finales ... 79

4.1 Presentación de resultados ... 79

4.1.1 Cédula de observación (Clave I-1) ...79

4.1.2 Encuesta (Clave I-2) ...96

4.1.2 Cédula de imagen mental (Clave I-3) ...104

4.2 Interpretación y discusión de resultados ... 107

4.2.1 Percepción emotiva del Boulevard, explicada mediante el uso de cinco componentes ...107

4.2.2 Percepción espacial del Boulevard, explicada en función de las variantes perceptuales biológicas y culturales de sus usuarios. ...116

4.3 Conclusiones ... 118

Referencias ... 125

Índice de tablas ... 129

Índice de figuras ... 130

Apéndices ... 132

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Siglas y abreviaturas

BID – Banco Interamericano de Desarrollo.

CEDEUS – Centro de Desarrollo Urbano Sustentable.

CPEUM – Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

GDCI – Global Design Cities Initiative (Iniciativa Global para el Diseño de Ciudades).

GIZ – Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit. (Cooperación Alemana al Desarrollo Sustentable).

ICE – Interface for Cycling Expertise. (Interfaz para la Experiencia Ciclista).

ITDP – Instituto para Políticas de Transporte y Desarrollo.

LGAHOTDU – Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano.

LGCC – Ley General de Cambio Climático.

NACTO – National Association of City Transportation Officials. (Asociación Nacional de Oficiales de Transporte de la Ciudad).

OMS – Organización Mundial de la Salud.

PNDU – Programa Nacional de Desarrollo Urbano.

SAHOP – Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas.

SEDATU – Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.

SEMARNAT – Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales.

SCT – Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

SEDUVI – Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.

SEGOB – Secretaría de Gobernación.

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Resumen

La presente investigación tuvo como objetivo el estudio de las distintas percepciones que los individuos constituyen en torno a una vialidad intervenida, mediante la realización de un ejercicio de análisis de aspectos subjetivos.

Se trata de un estudio realizado bajo un enfoque cualitativo y de alcance exploratorio y explicativo, que presenta como caso de estudio una sección de aproximadamente un kilómetro y medio del Boulevard Manuel Ávila Camacho, vialidad primaria emplazada en el sector este de la Zona Conurbada Veracruz – Boca del Río, en el estado de Veracruz, y que emplea una metodología de investigación basada en la observación empírica, mediante la aplicación de tres instrumentos (cédula de observación, encuesta y cédula de imagen mental) diseñados a partir de la revisión de ciertos planteamientos teóricos y normativos.

Los resultados apuntan a que el desarrollo de vínculos afectivos (como la apropiación, el apego y el arraigo) hacia el lugar puede ser explicado mediante cinco componentes (accesibilidad, uso, funcionalidad, aceptación y agrado) constituidos estadísticamente a partir del conocimiento de la manera en que se da el vínculo persona-lugar. Por otro lado, respecto a lo espacial, se encontró que en este caso particular, los aspectos biológicos del individuo influyen en mayor medida que los culturales en su la capacidad para elaborar imágenes mentales precisas y eficientes.

Entre las conclusiones se afirma que las percepciones de carácter afectivo entre individuos y sus distintos espacios públicos se da (a distintas escalas) en función de los significados atribuidos de manera individual al sitio, que surgen principalmente de la percepción subjetiva de sus cualidades físicas y simbólicas, de modo que se asume que todo proceso de construcción y/o remodelación de espacios públicos debería considerar y analizar no solo el contexto físico, sino también el social.

Palabras clave: vialidad, remodelación, vinculación afectiva, percepción espacial.

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Abstract

This research aims to study the different perceptions that individuals constitute around an intervened highway, by carrying out an analysis exercise of subjective aspects.

It is a study carried out under a qualitative approach and with an exploratory and explanatory scope, which presents as a case study a section of approximately one and a half kilometers of Boulevard Manuel Ávila Camacho, a primary road located in the eastern sector of the Veracruz – Boca del Río conurbation area, in Veracruz State, and that uses a research methodology based on empirical observation, through the application of three instruments (observation card, survey and mental image card) designed from the review of any theoretical and normative approaches.

The results found suggest that the development of affective bonds (such as appropriation, attachment and rooting) towards the place can be explained through five components (accessibility, use, functionality, acceptance and liking) statistically constituted from the knowledge of the way in which the person-place bond occurs. On the other hand, regarding the spatial aspect, it was found that in this particular case, the biological aspects of the individual have a greater influence than the cultural ones on their ability to create precise and efficient mental images.

Among the conclusions, it is stated that the perceptions of an affective nature between individuals and their different public spaces occur (at different scales) depending on the meanings attributed individually to the site, which arise mainly from the subjective perception of its physical and symbolic qualities. , so that it is assumed that any process of construction and/or remodeling of public spaces should consider and analyze not only the physical context, but also the social one.

Keywords: road, remodeling, affective bonding, spatial perception.

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Introducción

La calle es uno de los componentes de la estructura urbana que más cambios ha experimentado durante la última década en ciudades de México y América Latina, puesto que los gobiernos de muchos países han intentado solventar problemáticas urbanas globales referentes a temas de movilidad, seguridad vial, sostenibilidad, salud pública y otras, mediante la implementación de intervenciones al diseño y la estructura de las vialidades, reconfigurándolas mediante la dotación de infraestructura y espacios con criterios de diseño universal, para la satisfacción y el soporte de distintos tipos de usuarios y sistemas de movilidad.

Esta reconfiguración, que representa la transición del paradigma de las calles tradicionales al de las ‘Calles Completas’, ha cambiado no solo la manera en la que se llevan a cabo los desplazamientos de bienes y personas en la ciudad, sino también la forma en la que cada individuo percibe, hace uso y se vincula afectivamente con estas ‘nuevas’

vialidades.

Pese a que tales subjetividades resultan cruciales de cara a la comprensión de la dinámica real de calles, espacios públicos, y la ciudad en general, suelen ser ignoradas en la mayoría de los estudios urbanos, que parecen enfocarse en aspectos objetivos y concretos, dejando de lado lo intangible del espacio urbano. De este modo, tanto política pública como normativa de diseño parten del abordaje de aspectos cuantitativos que, si bien aportan numerosos criterios técnicos al diseño urbano, prestan poca atención a las experiencias sensoriales y vivenciales de lo que representa el habitar la ciudad en su significado más profundo.

En este sentido, la presente investigación atiende como problema el poco o nulo conocimiento que tanto autoridades como planificadores urbanos tienen respecto de lo funcionamiento real de las vialidades intervenidas y la manera en la que los individuos (de una población cada día más heterogénea) se vinculan afectivamente con ellos.

Pese a la existencia de numerosos estudios en torno a las calles y las percepciones del espacio urbano, el presente trabajo de investigación encuentra relevancia al considerar ciertas variables que, de manera correlacional, dan luz a cuestionamientos poco explorados en el contexto mexicano y latinoamericano contemporáneo. Dichas variables, que figuran a la vez como objetos de investigación, son la percepción y la Calle Completa. Para el análisis

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epistémico de las mismas, y habiendo realizado una extensa revisión teórica, se propusieron los constructos denominados ‘percepción espacial’ y ‘percepción emotiva’, delimitando así los alcances de la investigación y puntualizando los conceptos sobre los que se propone ahondar.

El estudio se llevó a cabo en una sección de aproximadamente kilómetro y medio del Boulevard Manuel Ávila Camacho, delimitada al norte por la intersección con la Calzada Juan Pablo II y al sur la Av. Costa de Oro. Dicha Vialidad se encuentra ubicada en el sector este de la zona conurbada Veracruz-Boca del Río, en el estado de Veracruz, México, y fue seleccionada al considerando que cumple con ciertos criterios de diseño de una Calle Completa, tras la remodelación acontecida en el año de 2015.

La pregunta general de la investigación fue: ¿De qué manera impacta la transición de una calle tradicional a una Calla Completa sobre la percepción espacial y emotiva de sus usuarios?, y se complementó con otras dos preguntas de carácter secundario:¿De qué manera influye el reconocimiento de los componentes físicos de la calle, y la disposición de estos en la percepción espacial que se tiene de ella? y ¿De qué manera influyen los distintos tipos de vínculos afectivos que pueden existir entre personas y lugares, en la manera en que se percibe emotivamente la calle?.

Así mismo, al tratarse de una investigación con enfoque cualitativo, se planteó un supuesto que enuncia que la transición de una calle tradicional a una Calle Completa impacta de manera positiva sobre las percepciones de sus usuarios cuando en el proceso de diseño se ha considerado tanto el contexto físico del sitio, como del contexto sociocultural de la comunidad, puesto que de tal modo, la intervención atiende no solo a la normativa, sino también a los puntuales requerimientos de sus usuarios, potenciando así las relaciones de afectividad respecto al lugar, y generando una mayor actividad social y recreativa en el espacio público.

El documento está compuesto por cuatro capítulos. El primero de ellos, titulado

‘Fundamentos teóricos sobre la percepción y las calles completas’, está dedicado al marco teórico de la investigación y presenta una revisión a los conceptos clave de esta: percepción y Calle Completa. Para el abordaje del primero, se ofrece un repaso a distintas posturas epistemológicas desde las que varios autores se han aproximado al concepto, señalando el debate existente en torno a su naturaleza, alcances y subjetividad. Posteriormente se ahonda

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5 sobre dos tipos de percepción; la espacial y la emotiva. Respecto a la calle, se aborda un breve análisis sobre su la revalorización en el contexto urbano contemporáneo, continuando con aspectos relevantes sobre el concepto ‘Calle Completa’, tales como sus antecedentes, beneficios, etapas y criterios de diseño.

Por su parte, el segundo capítulo titulado ‘Calles completas en el contexto mexicano:

marco normativo y algunos referente’ presenta una compilación resumida de los distintos lineamientos aplicables a los proyectos de Calles Completas en el contexto mexicano contemporáneo, comenzando con un repaso a los principales acuerdos internacionales (vinculantes y no vinculantes), para identificar las disposiciones globales respecto al diseño de vialidades de este tipo. Posteriormente se abordan los fragmentos de la Carta Magna, Leyes Generales y Normas Oficiales Mexicanas vinculados a los proyectos de Calles Completas en temas referentes a movilidad, sostenibilidad urbana, accesibilidad universal, seguridad vial y otros. A continuación, se revisan algunos manuales de diseño urbano para proyectos viales, los cuales incluyen temáticas como la accesibilidad universal, seguridad vial, infraestructura verde, etc. Por último, se analiza de manera breve y sintética al Eje 3 Oriente y a la Calle Ignacio Allende (ubicadas en CDMX y Xalapa, Ver. respectivamente), como dos referentes empíricos de Calles Completas nacionales, con la finalidad de reconocer las intervenciones arquitectónicas que experimentaron al ser remodeladas y verificar el cumplimiento de la normatividad correspondiente.

‘Metodología para el análisis de la percepción de una calle completa’ es el tercer capítulo y se encuentra compuesto por tres secciones. La primera aborda cuestiones relativas a la caracterización de la investigación, tales como el enfoque desde el que se aborda, el tipo de aproximación y la definición de las dimensiones a analizar. En la segunda sección se presenta el caso de estudio, realizando un breve análisis a su contexto (físico y social) y haciendo un repaso a sus antecedentes de remodelación durante la última década, Posteriormente, en el tercer y último apartado, se describen los instrumentos aplicados en la investigación, presentando una breve justificación de su elección y un esbozo del proceso de construcción cada uno de ellos, además de una explicación de los procesos de pilotaje, validación (en el caso de la encuesta) y aplicación definitiva.

El cuarto y último capítulo ‘Percepciones del Boulevard Manuel Ávila Camacho.

Interpretación, discusión y reflexiones finales’ está compuesto por dos apartados. En el

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primero se interpretan los resultados obtenidos mediante la aplicación de los instrumentos de investigación para posteriormente discutirlos contrastándolos frente a las posturas teóricas y disposiciones normativas revisadas en los capítulos uno y dos. De este modo, se explica el desarrollo de las percepciones emotivas mediante el empleo de los cinco componentes previamente construidos y la información recabada. También se explica aquí la diferencia entre el grado de precisión de las percepciones espaciales que los distintos tipos de individuos tienen del sitio, en función de sus variantes biológicas y culturales. En el segundo apartado del capítulo se presentan conclusiones de este trabajo, así como algunas recomendaciones para la realización de futuras intervenciones urbanas en proyectos de calles completas y se dejan abiertas un par de líneas de investigación para su posible seguimiento en un futuro.

En resumen, con esta investigación se intentó analizar el impacto que genera una transformación al espacio público sobre las distintas percepciones que sus usuarios constituyen de ellos, con la finalidad de reconocer aciertos y errores que optimicen los procesos de regeneración urbana en temas de movilidad y espacio público en intervenciones futuras.

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Capítulo I. Fundamentos teóricos sobre la percepción y las calles completas

1.1 Sobre la percepción

La percepción ha sido un tema de interés para un sinnúmero de mentes a lo largo de la historia, de modo que los intentos por explicarla son tan bastos (Oviedo, 2004) como complejos. Encontrar una definición de carácter universal y definitivo para tal concepto resulta una tarea ciertamente compleja, puesto que existen muchas acepciones e, incluso, algunas parecieran contraponerse. Por otro lado, las distintas aproximaciones a su estudio han emergido de campos disciplinares muy diversos, de modo que el gran debate en torno a su naturaleza y sus alcances es muy rico y ha continuado incluso hasta nuestros días.

Tal como ha ocurrido con muchos otros conceptos, relativos a las múltiples interacciones del hombre con su entorno, la percepción ha sido ampliamente abordada bajo diversas posturas principalmente filosóficas. Mientras que algunos autores se inclinan hacia la concepción de la percepción como uno de los múltiples procesos cognitivos de la mente humana, otros han optado por suponer que es un proceso más o menos distinto (Melgarejo, 1994).

Uno de los primeros personajes en entablar una compleja discusión en torno a la naturaleza de la percepción fue el filósofo de nacionalidad alemana Immanuel Kant (1724- 1804). Quintero (2007) señala que Ferrater-Mora (2001) atribuye a dicho personaje las profundas reflexiones sobre la distinción entre percepción-sensación y percepción- pensamiento. De alguna manera, dichas reflexiones han ocasionado que, como apunta Ferrater-Mora (2001, citado por Quintero, 2007) el problema de la percepción, al menos en la filosofía occidental, gire en torno a dos posibles planteamientos; en primer lugar, la percepción en cuanto a la actividad sensorial y en segundo, la percepción en cuanto a la actividad mental.

Oviedo (2004) señala que el movimiento Gestalt (iniciado durante principios del siglo XX) aportó uno de los mayores principios explicativos en torno a la percepción. Sus fundadores, Wertheimer, Koffka y Köhler, planteaban a la percepción como un proceso fundamental, pues para ellos, era el gran desencadenante de actividades mentales tales como el pensamiento, la memoria y el aprendizaje. Esta postura, que hundió sus raíces en el pensamiento filosófico de Kant y que estaba encuadrada en un contexto histórico-temporal

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en el que los estudios fisiológicos comenzaban a figurar con mucha fuerza dentro de la explicación de los hechos psicológicos, asumía que la percepción (como proceso mental) era producto de la actividad sensorial (como proceso fisiológico sensorial) (Oviedo, 2004).

Así mismo, otros autores han optado por seguir el planteamiento de la percepción en cuanto a lo sensorial. Tal es el caso de J. J. Gibson (1904-1979) quien, según González (2014), sostiene que la percepción es un proceso de carácter simple, en tanto que la información, al estar presente en el estímulo que capta el sujeto, no requiere procesamiento mental subsecuente alguno. Al suprimir la realización de tareas mentales posteriores a la captación estímulos, esta postura se enmarca en el planteamiento del proceso perceptivo como un problema de naturaleza meramente sensorial. Melgarejo (1994) señala que, de manera opuesta, para Allport (1974) sí es necesaria la relación de tareas mentales posteriores a la captación de información ambiental, aunque que dichos procesos no pertenecen al proceso perceptivo, sino más bien a otro de carácter cognitivo.

Las posturas anteriormente señaladas, relativas a la naturaleza del proceso perceptivo, han dejado entrever que éste, dependiendo del enfoque, podría estar conformado por una o varias etapas. El planteamiento de la percepción como proceso sensorial distingue una sola etapa en el proceso perceptivo, y sería aquella que se da cuando el individuo experimenta una sensación (definida por Melgarejo (1994) como “la estimulación de los órganos sensoriales por un rango específico de cambios energéticos ambientales” pág. 52) como producto de la captación de estímulos, (definidos por la misma autora (1994) como “aquellos cambios energéticos que existen en el ambiente y que son percibidos por los órganos sensoriales” pág. 52) a través del uso de sus órganos perceptivos.

Este proceso, que evoca a la captación de la información que el entorno ofrece al individuo, nos lleva a la definición que la Real Academia de la Lengua Española ofrece para el verbo percibir: “captar por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas.” (s.f.). Las primeras referencias al empleo del término percepción apuntan a que, al menos inicialmente, dicho concepto hacía referencia únicamente al mero acto de recabar la información que el medio ofrece al individuo a través de ciertos estímulos sensoriales. De acuerdo con Ferrater Mora (2001) (citado por Quintero, 2007), los antiguos griegos emplearon ciertos vocablos para evocar a la percepción, cuya traducción era ‘recogida’,

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9 refiriéndose al acto de tomar o recoger algo. Así mismo, señala que la palabra percipio, proveniente del latín, se traduce como tomar procesión de algo.

Existe otra postura que sostiene a la percepción no solo como una actividad sensorial sino también como una actividad mental, y plantea que más allá de la pura captación de información ambiental, el proceso perceptivo involucra también la realización de tareas cognitivas subsecuentes relacionadas con la filtración, organización y contrastación de dicha información, de modo que éste estaría conformado por cuando menos, dos etapas; una sensorial, y una interpretativa. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a la percepción como aquella “sensación interior que resulta de una impresión material hecha en nuestros sentidos” (s.f.). Resulta fácil apreciar que, a diferencia de la definición que ofrece para el término percibir (la cual describe únicamente la etapa sensorial), la definición para la percepción involucra también a la etapa nocional o mental, pues supone un producto (la sensación) de la realización de actividades mentales subsecuentes a la recepción de los estímulos ambientales (la impresión material).

Diversos autores coinciden en que el proceso perceptivo consta de cuando menos dos etapas. Castilla (2006) señala que Bruner (1958) distinguió una primera etapa en la que el individuo selecciona la información recibida sensorialmente para reducir su complejidad y facilitar su almacenaje y su recuperación desde la memoria, y una subsecuente cuando, contrastando la información con la almacenada, se intenta predecir determinados sucesos futuros. Otros autores distinguen incluso tres etapas. Tal es el caso de Ulric Neisser (1928- 2012) quien, de acuerdo con González (2014), sostuvo que entre la etapa sensorial y la interpretativa existe una etapa intermedia que funge como un “esquema informativo anticipativo” (2014, pág. 1), en el que los estímulos son aceptados o rechazados antes de ser procesados y contrastados con los cúmulos de información almacenados en la conciencia.

Evidentemente, y como señala Allport (1974) (citado en Melgarejo, 1994), la percepción sensorial y el subsecuente procesamiento cognitivo de la información percibida son procesos complementarios que no podrían aparecer jamás de manera aislada. Es por eso por lo que se ha dado cierta convergencia entre diversos autores respecto a que el proceso perceptivo va más allá de lo sensorial, y de que éste está conformado por cuando menos una parte sensorial y una interpretativa, lo cual ha dado paso a un consenso generalizado en la sociedad respecto a la utilización del término percepción para referirse a una especie de

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juicio, interpretación u opinión que determinado sujeto tiene de algo, por ejemplo, la percepción de inseguridad en la ciudad. Cabe señalar aquí que, cuando un grupo de individuos comparten la misma percepción, se habla incluso de opinión pública u opinión colectiva, tratándose así un grupo de percepciones de carácter individual.

1.1.1 Subjetividad en la percepción: factores biológicos y culturales

Los procesos de filtración, selección, agrupación y contrastación de la información percibida pueden verse influidos, o incluso determinado, por un sinnúmero de aspectos que condicionan la forma en que cada individuo interpreta su entorno. Distintos autores señalan que estos aspectos, inherentes al ser humano, pueden variar en cada individuo pues engloban variables de carácter biológico (recepción de estímulos físicos y sensaciones) y culturales (selección y organización de dicha información) (Melgarejo, 1994; Tuan, 2007).

Las primeras están relacionadas con lo sensorial, puesto que hacen referencia a los sentidos que posee el ser humano y a los órganos a través de los cuales capta la información ambiental. En teoría, absolutamente todos los seres humanos, al pertenecer a la misma especie y contar con los mismos órganos y sentidos, deberíamos detectar y reconocer de la misma manera los estímulos provenientes del entorno. Cuestiones relativas a otros rasgos variables como el color de piel o el tipo de cabello deberían ser completamente irrelevantes a la hora experimentar estímulos sensoriales determinados, sin embargo, Tuan (2007) y Hall (2019) sostienen que, probablemente, aspectos como el lugar de nacimiento o residencia podrían influir sobre el grado de desarrollo de nuestros sentidos y determinar cuál utilizamos preponderantemente.

Tuan (2007) afirma que el hombre es un animal predominantemente visual, sin embargo, acepta que, en mayor o menor medida, el hombre hace uso de sus cinco sentidos durante su interacción con el medio. Por su parte, Hall (2019) sostiene que es el hombre occidental quien utiliza predominantemente su sentido visual, pero que el hombre de oriente o medio oriente podrían hacer uso de otros sentidos por encima del visual, teniéndolos así un poco más desarrollados. Como ejemplo menciona a los residentes del polo norte y del desierto del Sahara, afirmando que por las condiciones del contexto físico en el que se desenvuelven, tienen requerimientos de orientación y desplazamiento más exigentes que los han llevado a hacer uso del sistema auditivo o háptico por encima del visual.

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11 Otro aspecto que considerar son las condiciones en las que se encuentran los órganos sensoriales de cada individuo, puesto que podrían llegar a influir en su percepción. El tener algún órgano parcial o totalmente dañado o menos desarrollado podría representar una deficiencia en el proceso de captación de estímulos sensoriales. Melgarejo (1994) explica que los cambios energéticos que acontecen en el ambiente devienen en estímulos únicamente cuando un organismo puede captarlos, de modo que, si alguna condición altera los límites de los umbrales sensoriales de un individuo, probablemente no será capaz de detectar los cambios energéticos ambientales y su percepción se verá un tanto distorsionada respecto de la de las demás personas.

Por su parte, las variables culturales hacen referencia a los aspectos de carácter no biológico ni fisiológico, relacionados con la interpretación de la información recabada del entorno. El individuo está facultado para seleccionar y organizar las experiencias sensoriales producto de los estímulos ambientales y las sensaciones (Melgarejo, 1994), lo que le otorga a la percepción un carácter selectivo (González, 2014). Este proceso de tamización (Hall, 2019) se realiza de manera consciente, aunque algunos datos sensoriales llegan a la mente de forma inconsciente, saltando de alguna manera estarían los filtros que cada persona pone al enorme caudal de información que percibe del medio (Melgarejo, 1994).

El proceso de filtración de la información ambiental se rige por varios aspectos. Hall (2019) sostiene que uno de los aspectos que influyen más sobre la manera en que la información percibida sensorialmente es filtrada, categorizada e interpretada es la cultura, pues es capaz de modificar la experiencia de las personas. Cada sociedad “está construida bajo una serie de reglas […]” (Colchero, 2018, pág. 254) simbólicas cuya influencia llega incluso hasta las experiencias hondas que los miembros de una sociedad comparten (Hall, 2019). Del mismo modo, el lenguaje figura como otro de los factores culturales que inciden sobre la de la percepción. Hall señala también que “la misma percepción por el hombre del mundo que lo rodea está programada por la lengua que habla” (2019, pág. 7). Bajo esta perspectiva, tanto la cultura como lenguaje determinan cuestiones como la percepción y la cosmovisión (Tuan, 2007) de las distintas sociedades de todo el mundo (Hall, 2019).

Otros autores han señalado que la selección y filtración de la información ambiental obedece también a otros aspectos. J. J. Gibson (1904-1979), citado por González (2014), sostiene, desde una perspectiva ecologista, que el individuo selecciona y aprehende solo

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aquellos estímulos que le facilitan la supervivencia. González (2014) afirma que dicha selección se hace en función de los “actitudes, intereses, escala de valores y necesidades”

(2014, pág. 5) de cada individuo. Por su parte, Quintero (2007) señala que el proceso de selección de los elementos captados del entorno se rige por los requerimientos psicológicos, sociales y culturales de cada de individuo y que, por ende, su manera de percibir el entorno esta correlacionada con el grado en que ésta atienda dichos requerimientos.

Hasta este punto resulta necesario reconocer que la incidencia de factores tanto biológicos como culturales en el proceso de percepción le ha dotado a este un cierto carácter biocultural (Melgarejo, 1994) y ha reafirmado a la subjetividad como una de sus características más propias e inherentes (González, 2014), de tal manera que concebir una percepción objetiva parece algo más o menos complicado, siendo completamente necesario

“desprenderse de la formación cultural y concentrarse en la experiencia” (Colchero, 2018, pág. 254) sensorial.

1.1.2 Percepción espacial

En la actualidad es posible hablar de muchos tipos de percepción, puesto que la información recabada por el individuo durante su interacción con el entorno puede proporcionar datos ambientales de muchos tipos. Los datos carácter espacial, relativos a las relaciones métricas o euclidianas (Barroso, Antequera, Capelo, Varelo, & Ríos, 2019) que guardan los objetos componentes del entorno entre sí y con respecto al perceptor dan origen a las denominadas percepciones espaciales.

Las percepciones que el individuo posee de determinado objeto, sujeto o lugar, devienen en representaciones de carácter mental en su interior una vez que se ha experimentado el estímulo y se le ha dado una interpretación; “nuestra mente se vale de múltiples mapas de diferentes modalidades sensoriales y crea una representación del mundo externo” (Casanova, s.f.). Castilla (2006) menciona, haciendo referencia a Merleau-Ponty, que el espacio interior de cada sujeto se conforma a través de la abstracción de la realidad, y va constituyéndose “conforme se aleja de las formas reales” (pág. 253). Por su parte, Oviedo (2004) sostiene que la conciencia requiere cierta información para elaboración de representaciones mentales del mundo exterior, y es durante el proceso de percepción cuando el individuo obtiene dicha información.

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13 Estas representaciones interiores han sido denominadas imágenes mentales. Campos y González (2017), haciendo referencia a Marks (1983), definen a la imagen mental como

“una experiencia cuasi perceptual que ocurre cuando están ausentes todos o parte de los estímulos representados” (pág. 114). De acuerdo con dichos autores (2017), el estudio de las imágenes mentales tiene una larga historia, partiendo de los estudios de Galton (1822-1911), un reconocido psicólogo británico dedicado al estudio de los procesos cognitivos del ser humano. Posterior a dichos estudios, los cuales significaron un gran aporte al tema, las aproximaciones al estudio de las imágenes mentales se han realizado desde diversas disciplinas, bajo distintos enfoques y siguiendo metodologías muy variadas.

La percepción espacial demanda el desarrollo del sentido espacial y enseñanza de habilidades espaciales. La habilidad espacial, definida como la destreza que posee un individuo para identificar y representar los distintos objetos componentes del entorno reconociendo sus propiedades, movimientos y relaciones distanciales (Flores y Ramírez, 2015, citados por Cruz y Ramírez, 2018), es una de las destrezas estrechamente relacionadas con la elaboración de mapas cognitivos, de modo que su enseñanza, así como el desarrollo del sentido espacial, resultan de gran ayuda para la orientación y el desplazamiento en el medio físico, sea este natural o construido.

Barroso, Antequera, Capelo, Varelo y Ríos (2019) señalan que es en la edad temprana, durante el periodo de educación infantil que va de los cero a los seis años, cuando el desarrollo de los mecanismos de orientación y estructuración espacial del entorno cobran especial relevancia, aun cuando continúan desarrollándose a lo largo de toda su vida. En dicha etapa, tomando como punto de referencia el propio cuerpo, los individuos comienzan a reconocer las relaciones métricas y de proximidad entre sí mismos y los distintos objetos que componen el entorno (Barroso, Antequera, Capelo, Varelo, & Ríos, 2019), por lo que el desarrollo de programas y habilidades espaciales resulta necesario tanto dentro de las escuelas como fuera de ellas (García, 2002).

A propósito de la enseñanza de las habilidades espacial y el desarrollo del sentido espacial, Cruz y Ramírez (2018) sostienen que en la enseñanza de las matemáticas, la geometría guarda una estrecha relación con el desarrollo de las habilidades espaciales puesto que tiene como objetivo, a través de herramientas útiles que permitan la elaboración y estructuración de razonamientos, mejorar la manera en que los individuos se orientan y

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desplazan en su entorno. Bajo este enfoque, las matemáticas (especialmente de la geometría y sus ramas) se conciben como una útil herramienta de enseñanza y aprendizaje que permite al individuo modelar y describir el mundo real, al menos desde una perspectiva técnica (Cruz

& Ramírez, 2018).

1.1.2.1 Mapas cognitivos

El mapa cognitivo (término comúnmente empleado como sinónimo de imagen mental) es definido por García (2002) como una “representación o constructo que el individuo hace de su entorno” (2002, pág. 42). Son el producto de las percepciones espaciales de los individuos.

Damasio (2010) (citado por Casanova, s.f.) sostiene que los mapas cognitivos describen las relaciones espaciales y temporales de los objetos, de modo que, la percepción continua de un lugar le ayuda al individuo a reconocer el trazo, las rutas y la disposición de los elementos de sus ciudades a partir del desplazamiento continuo (Carreiras, 1986).

Aunque es complicado establecer con precisión cuál es el origen espaciotemporal exacto de los primeros estudios relativos a la existencia de mapas cognitivos, podría fácilmente intuirse que tomaron como punto de partida las investigaciones sobre imágenes mentales de Galton. Martínez (2009) y García (2002) señalan que fue el geógrafo Throwbridge, interesado en los métodos de orientación espacial, quien comenzó a tratar este tema cuando publicó un artículo titulado ‘On fundamental methods of orientation and imaginary maps’ en el año de 1913, en el que exponía sus estudios en torno a la representación cognitiva del ambiente bajo el supuesto de la existencia de mapas imaginarios que permitían a las personas orientarse e identificar direcciones entre ciudades (García, Desarrollo de la representación espacial, 2002), sentando las bases para futuras investigaciones en torno la orientación espacial y las representaciones mentales del espacio material.

Algunas escuelas de psicólogos norteamericanas retomaron estas ideas y comenzaron a realizar estudios sobre estos procesos con ratas en escenarios artificiales montados en laboratorios. Edward C. Tolman, un destacado psicólogo norteamericano, realizó algunos de los estudios más sobresalientes en el laboratorio de Berkeley. De acuerdo con Ibáñez, Isla, &

Mora (2011), su experimento más reconocido fue publicado en el año de 1948 en un artículo titulado ‘Cognitive maps in rats and men’, en el que expuso detalladamente sus observaciones

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15 respecto a la orientación espacial de las ratas y conductas de movilidad en diversos escenarios. Tolman (1948) comienza el artículo explicando que sus experimentos se enmarcan en el contexto de los estudios psicológicos en animales, y que existían ya algunos estudios precedentes en otros laboratorios, mismos que había tomado en consideración. A continuación, explica que montó un escenario artificial en el que dispuso de un lado a una rata hambrienta, y una porción de alimento del otro, separados por un laberinto de pasillos multidireccionales con el objetivo de analizar meticulosamente la manera en que las ratas se movían y conseguían encontrar el alimento. Afirma que, inicialmente, las ratas se dispusieron a explorar el todo el escenario, recorriendo uno a uno todos los pasillos hasta encontrar el correcto. Tolman (1948) menciona que este procedimiento se realizó en repetidas ocasiones cada 24 horas, cambiando el trazo de los pasillos y la disposición de éstos, hasta que los reajustes al escenario dejaron de representar una complicación para las ratas, y cuando comenzaron a cometer menos errores reduciendo el tiempo empleado para llegar al alimento eligiendo rápidamente la dirección hacia la que se encontraba el alimento, sin importar cuál y como fuera el pasillo que las llevara hasta él. Es así como Tolman y sus colaboradores comprendieron que la experiencia del desplazamiento repetido en el medio físico genera en los animales lo que él llamó mapa cognitivo (Ibáñez, Isla, & Mora, 2011), una especie de representación mental del medio físico y de la disposición de sus elementos que les permitía orientarse. Gracias a este hallazgo, Tolman es reconocido, junto a Throwbridge, como uno de los grandes precursores de la cognición espacial (Ibáñez, Isla, & Mora, 2011) y como pionero del constructo mapa cognitivo (Burbano & Páramo, 2019), concepto que sería retomado y profundizado años más tarde por autores de diversas disciplinas.

Los hallazgos descubiertos en las ratas eran de importancia para el análisis del comportamiento clínico de los hombres (Tolman, 1948), por lo que la teoría del mapa cognitivo como herramienta de orientación espacial pronto comenzó a hacer eco en el pensamiento de aquellos interesados en la percepción y orientación en seres humanos. La ciudad fue por excelencia el laboratorio perfecto para estudiar dicha condición, al menos para Kevin Lynch, urbanista estadounidense interesado en cuestiones relativas a la percepción e interpretación del conjunto urbano, quien se propuso “examinar la calidad visual de la ciudad norteamericana” (Lynch, 1960, pág. 15) explorando, bajo una posible influencia de la teoría del mapa cognitivo de Tolman, la imagen mental que los individuos tenían de sus ciudades.

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Lynch (1960), concebía a la imagen ambiental (término que empleó indistintamente como sinónimo de imagen mental y que también hacía referencia a los mapas cognitivos) que los ciudadanos tenían del conjunto urbano como una representación mental abstracta de la ciudad.

1.1.2.2 Elaboración de mapas cognitivos

De acuerdo con Burbano & Páramo (2019), el estudio de los procesos de elaboración de imágenes o mapas mentales ha sido abordado desde diversas aproximaciones, sin embargo, consideran que entre todas destacan dos: la cognitiva y la neurológica.

La primera aproximación, proveniente de aquellas ciencias dedicadas a las disciplinas encargadas de la cognición y los procedimientos del razonar humano, ha intentado explicar, al menos en alguna de sus vertientes, los procedimientos y razonamientos humanos en función del espacio puesto que, según Ibáñez, Isla, & Mora (2011), distintas investigaciones han demostrado que un sinnúmero de claves de los procedimientos cognitivos que involucra el comportamiento humano vienen de los distintos entornos con los que el hombre interactúa, sean estos sociales o materiales.

La postura de Lynch se enmarca en esta aproximación, puesto que, para él, la elaboración de imágenes mentales parte de un proceso bilateral de tipo cognitivo que involucraba tanto al ciudadano, en su carácter de observador, como a su medio ambiente, en su carácter de objeto observado. (1960). En este proceso, el ambiente emite estímulos y es el hombre quien, de acuerdo con sus capacidades sensoriales e intereses, recupera cierta información y omite otra. Esta especie de filtros personales (Martinez, 2009) está regulado por ciertos factores incidentes en la percepción del espacio (Hall, 2019; Tuan, 2007;

Martínez, 2009); y la habilidad de elaborar mapas cognitivos (García, Desarrollo de la representación espacial, 2002).

Lynch (1960) resalta que las variantes biológicas relativas a la percepción y los sentidos son vitales para la comprensión del entorno, considerando que el hombre hace uso de los cinco sentidos, aunque destaca las cualidades de las sensaciones visuales.

Por su parte, García (2002) considera que la familiaridad con el entorno, las diferencias entre medio urbanos y rurales, el sexo, las normas parentales y la vinculación emocional con el

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17 lugar son los cinco factores predominantemente incidentes en la elaboración personal de mapas cognitivos o imágenes mentales.

Las variantes biológico-perceptuales y los intereses personales se traducen en una multiplicidad de imágenes mentales de un mismo espacio ya que, como menciona Lynch (1960), no hay dos personas que perciban el espacio exactamente de la misma manera. Sin embargo, y pese a estas subjetividades individuales, existen factores socioculturales que originan “imágenes públicas” (Lynch, 1960), imágenes mentales compartidas por los miembros de un mismo grupo o sociedad, o los habitantes de una ciudad.

Por otro lado, para Lynch la elaboración de imágenes mentales evoca a la experiencia y a la memoria, toda vez que la percepción del entorno resulta discontinua y fragmentaria, y

“se experimenta siempre con el recuerdo de experiencias pasadas” (1960). Esta postura se alinea con la Tolman (1948) quien, como se mencionó en párrafos anteriores, consideraba que la experiencia generada por el desplazamiento repetido en el medio físico facilitaba la creación de mapas cognitivos.

La segunda aproximación emana del campo disciplinar de la medicina y las neurociencias, y su consideración es de suma importancia, puesto que funge como un soporte de carácter científico de la aproximación cognitiva (Burbano & Páramo, 2019).

Las neurociencias, disciplinas encargadas del estudio de la estructura y funcionamiento del sistema nervioso han buscado explicar los sistemas de orientación mediante el análisis de la actividad neuronal llevada a cabo durante estos, con la finalidad de descubrir y analizar todas aquellas partes del cerebro humano que colaboran de alguna manera con dicho proceso (Burbano & Páramo, 2019).

Lynch (1960) explica que la elaboración de la imagen mental o mapa cognitivo es resultado de la suma de tres micro procesos cognitivos: identificación, estructuración y significación. Afirma que, aunque aparecen siempre de manera conjunta, la separación de estos procesos resulta útil al menos para analizarlos.

El proceso de identificación evoca al reconocimiento de las propiedades esenciales de cada uno de los elementos que conforman la imagen. Estos elementos, como todos los del mundo real, poseen características físicas que le permiten al ser humano entrar en contacto con ellos mediante la percepción y dotarles una cierta identidad dentro de su constructo intelectual. Este proceso cognitivo “implica su distinción con respecto de otras cosas, su

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reconocimiento como entidad separable. A esto se le da el nombre de identidad, no en el sentido de igualdad con otra cosa sino con el significado de individualidad o unicidad”

(Lynch, 1960, pág. 32)

Por su parte, el proceso de estructuración está estrictamente definido como como el reconocimiento de “la relación espacial o pautal entre el objeto y el observador y con otros objetos” (Lynch, 1960, pág. 34). Dicho proceso ha sido profundamente estudiado por las ciencias matemáticas, especialmente por la geometría descriptiva, toda vez que esta se encarga de estudiar la disposición de los elementos y sus relaciones mesurables en el plano cartesiano. El proceso de estructuración del espacio permite tener una noción más clara del entorno en el que los animales móviles se desplazan (Lynch, 1960), algo que a todas luces ha permitido un buen desarrollo en el ambiente en el que habitan.

Finalmente, el proceso de significación está definido por el establecimiento de ciertas las relaciones prácticas o emotivas entre el observador y el objeto. (Lynch, 1960). Se hace hincapié en que estas relaciones son de un carácter completamente distinto al de los mesurables referentes al procedimiento de estructuración del espacio. Más bien, se trata de una relación emocional, ya que Lynch consideraba que “todo ciudadano tiene largos vínculos con una u otra parte de su ciudad, y su imagen esta embebida de recuerdos y significados”

(1960, pág. 27). Esta noción, estrechamente relacionada con el arraigo, apego y amor del ser humano hacia los lugares ha sido explorada formalmente, como se mencionará más adelante, por algunos filósofos y científicos al menos desde la década de los 50´s del siglo pasado, y en la actualidad continúa siendo un tema de relevancia abordado por autores de diversas disciplinas y bajo enfoques y metodologías variadas.

Para llevar a cabo el proceso compuesto por tres fases (identificación, estructuración y significación) es necesario tener desarrolladas algunas de las habilidades espaciales compiladas por del Grande (1987, 1990, citado por Cruz y Ramírez, 2018). Respecto a la identificación, es necesario tener la capacidad de percepción de la relación figura-contexto y de discriminación visual, puesto que es indispensable el reconocimiento de los elementos que componen el entorno, sin importar que aparezcan distorsionados, camuflados, cambien de posición o dejen de apreciarse por completo. Ahora bien, para la estructuración, son necesarias las habilidades de la percepción de la posición en el espacio y de las relaciones espaciales, así como la memoria visual, en tanto que se requiere el reconocimiento y la

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19 memorización de la disposición de los objetos en el espacio y respecto a la posición propia, además de las relaciones métricas y distanciales entre sí mismos.

1.1.3 Percepción emotiva

Desde finales del siglo XIX existía ya un fuerte interés por el estudio de las relaciones existentes entre las personas y sus entornos. Algunos estudios, realizados desde una perspectiva ciertamente sociológica, se interesaban en el análisis de las problemáticas urbanas relacionadas con la desigualdad socioeconómica en la ciudad industrial y efecto en las conductas socio urbanas. Tal es el caso de ‘Life and Labour of the People in London', obra de Charles Booth quien, de acuerdo con Vázquez, (2009), realizó una minuciosa investigación junto a sus colaboradores en el East End londinense, en busca de información de carácter cuantitativo y cualitativo que le permitiera realizar una aproximación al conocimiento de la calidad de vida en las zonas proletarias de la ciudad ya que Booth creía en la existencia de un “determinismo geográfico”.

Esta postura, que asume que los lugares influyen y conducen a ciertos patrones de comportamiento en las personas, continuaría permeando los estudios urbanos subsecuentes (García, 2012) y generando interés no solo en los campos disciplinares del urbanismo y la sociología, sino también en los de la filosofía, arquitectura, geografía, psicología y algunos otros. De este modo, la relación entre hombre y entorno ha venido abordándose de desde diferentes perspectivas y enfoques, de acuerdo con los puntuales intereses de cada disciplina.

1.1.3.1 Lazos afectivos con el entorno

Desde la perspectiva de las disciplinas filosóficas y humanistas, el habitar humano supone múltiples dimensiones cuyas profundidades resultan difíciles de percibir. Una de ellas es la interacción del hombre con sujetos u objetos externos a él, tales como otros seres vivos y los entornos en los que habita. Éstos últimos han despertado el interés de autores de diversas disciplinas, llevándolos a estudiar los espacios donde se lleva a cabo la vida humana y la naturaleza de las condiciones espaciales en las que ésta se da. Del mismo modo, las disciplinas encargadas del estudio de la cognición humana se han propuesto analizar las interacciones individuo-espacio para comprender mejor la relación que éstas guardan con el comportamiento humano.

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La naturaleza y significado del habitar humano en cuanto a tal, supone también implicaciones simbólico-espaciales (Yory, 2012) que han servido como punto de partida para comprender que el ser humano es capaz de transformar (en el sentido figurativo de la palabra) el espacio no solo mediante intervenciones urbano-arquitectónicas tangibles, sino también otorgándole cierto sentido mediante una carga emotividad. Esta simbolización del lugar habitado representa la inherente dimensión espaciante del ser humano (Yory, 2012).

Partiendo de esta premisa surgen los primeros estudios que buscan aproximarse al conocimiento y exploración de los vínculos existentes entre el ser humano y los espacios que habita. Dichos trabajos se han llevado a cabo bajo desde distintos enfoques y perspectivas (Moranta & Urrútia, 2005), mediante numerosas metodologías y términos que buscan hacen referencia a todas aquellas relaciones afectivas existentes entre las personas y sus entornos.

Uno de los primeros términos que el hombre utilizó para referirse propiamente al vínculo afectivo desarrollado hacia los espacios para el habitar humano es Topofília. Su origen es atribuido, de acuerdo con (Yory, 2012), al filósofo y epistemólogo de origen francés Gastón Bachelard, quien lo mencionara en su famoso libro titulado “La poética del espacio”, publicado en el año de 1957. En dicha obra, Bachelard ahonda sobre aspectos relacionados con la casa, el lugar y los vínculos afectivos que el ser humano desarrolla hacia estos, destacando el valor de la intimidad y de los sentimientos de privacidad y seguridad. Así pues, el autor plantea al hogar con un tono romántico que se niega a considerarlo como un objeto esencialmente material sin mayor sentido, y se propone concebirlo y abordarlo rebasando

“los problemas de la descripción […] para llegar a las virtudes primeras, a aquellas donde se revela una adhesión, en cierto modo innata, a la función primera de habitar.” (Bachelard, 1957, pág. 54).

Yory (2012) hace su propia interpretación de la obra de Bachelard, retomando un fragmento de ésta donde el autor habla acerca de los espacios del valor para el ser humano y de cómo “la imaginación aumenta los valores de la realidad” para dotar al espacio de un carácter vivencial, transformándolo en uno (Bachelard, 1957, pág. 54) diferente de aquel abstracto, mesurable e impersonal perteneciente a las ciencias exactas. Según Yory (2012) para Bachelard la topofília es una “categoría poética del espíritu” desde la cual, y mediante la carga imaginativa y la experiencia sensible, el espacio es apropiado por el ser humano gracias a lo que le significa o simboliza.

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21 Quizá el autor que logró una mayor difusión de este concepto fue el geógrafo de origen chino-americano Yi-Fu Tuan, quien publica en el año de 1974 una obra titulada

“Topofília: un estudio de las percepciones, actitudes y valores sobre el entorno”, en la que explora “la percepción y evaluación del entorno por parte de la gente, así como el impacto del entorno en la gente; y no solo el comportamiento externo […] sino también el tono emocional y la disposición perceptiva.” (Tuan, 2007, pág. 8). De esta modo el autor enuncia de manera implícita su postura respecto a que “el comportamiento humano está influenciado por el medio físico.” (Ibáñez, Isla, & Mora, 2011, pág. 11).

La definición de topofília aparece entre las que el autor presenta en la introducción de la obra: “topofília es el lazo afectivo entre las personas y el lugar o el ambiente circundante” (Tuan, 2007, pág. 9). Como puede apreciarse, el concepto de topofília propuesto por este autor va encaminado, como afirma Yory (2012), a la idea de un sentimiento de apego por parte del ser humano hacia los lugares con los que siente cierta identificación, resaltando una vez más la complejidad del habitar humano en su dimensión simbólica, mediante el acto de la apropiación.

Al igual que topofília, existen otros vocablos tales como la significación, apropiación del lugar, arraigo al lugar, apego al lugar, etc., los cuales hacen referencia también a los vínculos existentes entre las personas y sus entornos. Estos términos son usualmente empleados como sinónimos, sin embargo, diversos autores sostienen que se trata de afectos más o menos similares a distintas escalas, cuyas manifestaciones evidencian sentimientos de diferente nivel.

1.1.3.2 Apropiación del lugar 1.1.3.3 Apego al lugar

1.1.3.4 Arraigo hacia el lugar

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1.2 Calles completas: Revalorizando la calle en el contexto urbano contemporáneo

La calle es un ente urbano conformante de la estructura de la ciudad, y ha sido objeto de numerosas definiciones, entre las que encontramos la de Anderson (1981), quien dice que es un camino relativamente ancho, delimitado por dos filas de casas y compuesto generalmente por elementos como aceras y calzadas. Por su parte, Rapoport (1987) la define como un espacio lineal presente en todos los asentamientos, delimitado por las construcciones que lo rodean y usado para diversas actividades, entre las que destaca el tránsito. Ambas definiciones plantean a la calle como un elemento imposible de separar de su contexto para interpretarlo como algo a aparte, desconectado de la atmósfera urbana. Al respecto, Jacobs (1961) menciona que tanto las calles como sus aceras son en sí mismas una abstracción que toma sentido únicamente en conjunción con los servicios más próximos a ellas y con los edificios que las rodean. y Trachana (2008) corrobora dicho argumento opinando que la calle representa uno de los varios estratos que componen a la ciudad y que, por tanto, esta indudablemente relacionada con los demás y tiene su propia estructura y componentes.

Los usos que se le han dado a la calle y la percepción que se tiene respecto a ella ha ido cambiando con la evolución de los asentamientos humanos a través del paso del tiempo.

Inicialmente, la calle era concebida como un elemento divisorio del espacio físico de la ciudad, un medio de ventilación e iluminación para las edificaciones y un canal de tránsito peatonal y vehicular, carente de usos realmente importantes en el que la gente no permanecía ni habitaba, sólo transitaba y, por tanto, no era acreedor a condiciones de diseño específicas ni a los valores de un lugar para el habitar humano propiamente dicho.

Esta concepción nubló el pensamiento de los planificadores urbanos por varias décadas, desviando su atención hacia otros estratos de la ciudad, ignorando y demeritando el valor de la calle en la estructura urbana. Anderson (1981) menciona que los espacios exteriores de la ciudad se niegan a ser concebidos como un residuo de las edificaciones, al tiempo que critica duramente al diseño urbano contemporáneo, argumentando que tanto arquitectos como urbanistas planifican y construyen a una escala en la que la calle es interpretada meramente como una vía de circulación, superponiendo los factores

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23 socioeconómicos de la ciudad negando cualquier valor no monetario a las calles, ocasionando que éstas “se pierdan en sus connotaciones negativas” (1981, pág. 35). En su momento, Jacobs (1961) crítico también esta percepción de la calle, pronunciándose en contra de los paradigmas urbanos que limitaban su funcionalidad exclusivamente al tránsito de personas y coches, argumentando que la calle ofrece una variedad de usos diferentes a la circulación, pero igualmente importantes.

Afortunadamente, la aparición de conceptos como el espacio público y las teorías del derecho a la ciudad ocasionó que calle comenzara a cobrar un papel de más relevancia en la planificación urbana, llegando incluso a conceptualizarla como un escenario multifuncional y como un “elemento de espacio esencial de la ciudad para peatones” (Peters, 1979, pág.

124), con características de diseño y valores propios de un espacio arquitectónico. En la actualidad, la calle no figura más como el residuo de las edificaciones sobre el espacio, sino como el principal espacio público urbano donde se lleva a cabo la vida social (Jacobs, 1961), el pilar que sustenta el desarrollo económico de las ciudades y la base de todo sistema de movilidad urbana (SEDATU, 2018).

Sin lugar a duda, la revalorización de la calle en la estructura urbana contemporánea evidencia la evolución del pensamiento de nuestra sociedad respecto a ella, pues ahora se presta más atención a aspectos como su diseño, operación y mantenimiento mediante la emisión de estrategias y políticas de regeneración urbana, como lo son los modelos de las denominadas calles completas.

1.2.1 Calles completas: ¿Qué son?

No existe una definición definitiva para el concepto Calle Completa. Instituciones como la Coalición Nacional de Calles Completas (s.f.) y el Centro de Prevención de la Obesidad por Excelencia del estado de Nueva York (NYS OPCE por sus siglas en inglés) (s.f.), sostienen que cada calle completa satisface las puntuales demandas de movilidad y habitabilidad de su contexto. No obstante, parece haber un común acuerdo entre diversos autores al definir a este tipo de vialidades como aquellas que son capaces de soportar distintos tipos de usuarios y distintos sistemas de transporte en condiciones de funcionalidad, seguridad, accesibilidad y comodidad. Además, este tipo de calle no figura como vía de tránsito únicamente, sino que

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se concibe también como un espacio público para la interacción, convivencia y recreación.

En este sentido, una calle completa cuenta con dos características principales: es habitable (permite la realización de actividades distintas al tráfico) y es para todos (soporta varios tipos de usuarios y permite una movilidad urbana multimodal).

Para conseguir que una vialidad cumpla con estos criterios, es necesario que cuente con parámetros de diseño que las hagan funcionales, seguras, cómodas y accesibles. Autores como Litman (2015), McCann (2011), Schott (2014), la Coalición Nacional de Calles Completas (s.f.), SEDATU, ITDP (2016), CEDEUS (2019), C40 Cities Finance facility (2018) y Hécate ingenería, Paisaje Transeversal, (2017) señalan que, aunque no todas las calles completas son iguales, podrían presentar los siguientes elementos:

• Aceras amplias, con dispositivos de accesibilidad universal como rampas, guías táctiles y/o pasamanos.

• Intersecciones seguras.

• Cruces peatonales seguros, pasos a nivel e islas de resguardo de peatones.

• Sistemas de pacificación del tráfico como semáforos, bollas y topes.

• Carriles exclusivos para transporte público, con bahías de ascenso y descenso.

• Parabuses establecidos.

• Infraestructura ciclista segura.

• Vegetación y mobiliario urbano suficiente.

• Señalamientos verticales y horizontales.

• Sistemas de orientación (wayfinding).

Es importante señalar que incluso las calles existentes (que usualmente carecen de estos elementos de diseño) pueden convertirse en calles completas si experimentan una intervención oportuna que modifique su estructura e imagen, mediante un proyecto que conste de un proceso de planeación, diseño, implementación y evaluación (SEDATU; ITDP, 2016) .

Referencias

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