ABSTRACT
a los criterios del naciente movimiento artístico, reservándoles nuevamente un lugar destacable. Si Valencia y Barcelona son naturalmente los principales focos de difusión de esta cerámica, Cartagena constituye un caso especialmente destacable, tanto por la calidad como número de ejemplos, y por poseer un conjunto muy homogéneo en cuanto a cronología. En el Modernismo, la artesanía ocupa un lugar central, y a pesar de ser un producto industrial, la cerámica Nolla mantiene el carácter artesanal que confiere el prensado pieza a pieza, el diseño especial, o la colocación manual, como tantas artes aplicadas a la arquitectura. En este sentido, la cerámica Nolla constituye un nexo de unión entre industria, artesanía y Modernismo.
Palabras clave: Mosaico Nolla; diseños; cerámica; porcelánico
The trade of mosaics Nolla appears in 1860. The success was immediate, by the exceptional performance of this ceramic, as well as the graphical versatility that allows the use of drawings based on a perfectly geometric frame. And it is precisely these features that allowed the company to Nolla not only be maintained, but also to stress in the context of Modernism. They knew how to adapt their designs to the criteria of the nascent movement artistic, reserving again a prominent place. If Valencia and Barcelona are obviously the main centers of dissemination of this ceramic, Cartagena constitutes a case particularly notable, both by the quality and number of examples, and to possess a set very homogeneous in terms of chronology. In the Modernism, crafts occupies a central place, and in spite of being an industrial product, ceramics Nolla maintains the hand- crafted character that confers the pressing piece by piece, the special design, or the manual placement, as so many arts applied to architecture.
In this sense, the ceramic Nolla forms a link between industry, crafts and Modernism.
Keywords: Nolla mosaic; design; ceramic; stoneware tile
1. INTRODUCCIÓN
D
esde su aparición en el mercado en 1865, los mosaicos Nolla fueron una referencia decorativa y técnica a escala internacional. La empresa fue creada en 1860 por Miguel Nolla, quien decidió intro- ducir en España un novedoso material produ- cido en Inglaterra por la firma Minton. A pe- sar de los conocimientos sobre el proceso de fabricación, tardó cinco años en desarrollar el proceso definitivo, y poder considerarse pre- parado para la producción en masa.La fábrica se situaba en Meliana (Valencia), y llegó a emplear hasta 1.500 operarios, una cantidad importante para la época, conside- rando que la industrialización era todavía inci- piente en España.
La empresa conoció varias fases a lo largo de un siglo de existencia, desde la fundación por Miguel Nolla hasta la desaparición de la mercantil Mosaico Nolla S.A. El periodo que nos interesa aquí, centrándonos en el Moder- nismo, corresponde principalmente a las últi- mas décadas de la etapa de Hijos de Miguel Nolla. Durante estos años veremos que se observa una época de gran renovación en la empresa, tanto por motivos de seguir siendo competitivos, como para adaptarse a los gran- des cambios en los gustos de la sociedad.
En efecto, la empresa Nolla se caracteriza- ba por producir un material que era a la vez una cerámica de altas prestaciones -similares al gres porcelánico actual- y cuya naturaleza le
trabajaban de forma artesanal, poniendo en evidencia la importancia de la experiencia, la transmisión del saber, y del gesto: unos valores esenciales del Modernismo.
Por ello, nos parece adecuado calificar los mosaicos Nolla como artesanía industrial: un producto basado en la especificidad de una se- rie de oficios, cuya producción se gestiona por medios y a escala industrial.
Juntar un diseño libre (a pesar de existir ca- tálogos, por una evidente comodidad comer- cial), y una facilidad de abastecimiento gracias a la producción en masa que permite la reciente industrialización, ha sido la garantía del éxito para Miguel Nolla. De este modo, podía adap- tarse a cualquier encargo.
Pero su mayor proeza será su capacidad para entender el valor de los operarios, de su bienes- tar y de su formación. El oficio paradigmático de la cultura empresarial de Nolla es sin duda el mosaiquero, persona encargada de colocar las diminutas piezas una a una, hasta materia- lizar las complejas composiciones. Estos traba- jadores eran verdaderos artistas, capaces no solamente de colocar varios metros de mosai- cos al día -hasta unos 9 metros cuadrados para los mejores- a un ritmo casi de máquina, sino que a menudo proponían diseños propios a los clientes, como verdaderos creadores. Su senti- do artístico queda patente en las adaptaciones del dibujo inicial que siempre tenía que hacer en el momento de poner las teselas por culpa de la irregularidad de las paredes de las estancias, o en la resolución de los pequeños descuadres que al no admitir juntas podían aparecer con facilidad. Pero el caso más evidente de la asom- brosa capacidad del mosaiquero es la cúpula permitía una fácil adaptación a cualquier deseo
del cliente. Teñidas en masa, casi inalterables, las pequeñas teselas geométricas proporcio- naban un producto a la vez resistente y capaz de crear composiciones tan variadas como los mosaicos romanos o bizantinos, pero con una mayor comodidad por estar regido por un es- quema ortogonal regular y el abastecimiento de piezas estandarizadas en grandes cantida- des. Vemos aquí aparecer lo que será la gran riqueza de Mosaicos Nolla: la conjunción de arte y artesanía con los procesos productivos industriales.
2. UNA ESTRATEGIA EMPRESARIAL AMBIVA- LENTE: ARTESANIA INDUSTRIAL.
La empresa Nolla se ha visto confrontada a una situación contradictoria, en esencia. Por un lado tenemos el momento de su aparición mar- cado por la exaltación que suponía la industriali- zación, el tipo de material que se pretende pro- ducir y cuya fabricación requería la tecnología más puntera de la época, y la ingente cantidad de piezas que se necesitaba para abastecer a un mercado cuyo volumen pudiera responder a los objetivos comerciales de Miguel Nolla. Todo ello nos lleva, muy temprano -por no decir desde los inicios- a una configuración industrial, tanto en procesos como en resultados.
Pero al mismo tiempo, queda patente que toda esta cadena de producción está basada en unos procedimientos a menudo de tipo arte- sanal y, aún más importante, en los que el sa- ber-hacer del oficio, que desempeña un papel absolutamente crucial a la hora de llevar a cabo la producción en su sentido más global. Así, los dibujantes, los horneros, o los mosaiqueros,
Figura 1. Fotografías de la cúpula del Palauet Nolla, donde se aprecian la visión global del mosaico y el detalle del ajuste.
en la era digital se consideraría como una pixeli- zación, y que para mantenernos en el contexto podríamos calificar como teselización.
Así, en sus principios, observamos una cla- ra dominante de los motivos geométricos, o de diseños arabescos, con colores profundos.
El estilo es entonces claramente inspirado del orientalismo, referencia en la Inglaterra de me- diados del siglo XIX, lugar de donde proviene el producto original del que se copia Miguel No- lla. Los ejemplos más destacables de este tipo de diseños son las llamadas “alfombras per- sas”, que tendrán tal importancia para la ima- gen de la empresa que seguirán apareciendo en los catálogos, hasta la creación de Mosaico Nolla S.A., en 1920.
Pero rápidamente Miguel Nolla aporta una impronta personal, y la complejidad aumen- ta en múltiples aspectos de sus creaciones.
Será el caso para las cenefas que enmarcan las composiciones que adquieren un papel es- tético propio, aparecen elegantes elementos centrales con perfiles “espinosos” -diseño tipo Louis XV según los catálogos-, los contrastes de colores, y sobre todo una creciente elegancia en los recursos gráficos para conseguir efectos tridimensionales. Todo ello se acompaña, o es subyacente, a una amplificación del abanico de formas y tamaños de piezas producidas en la fábrica de Meliana.
A finales del siglo XIX ocurre una revolución en la producción, que va permitir una profun- da renovación en los diseños. En las últimas del propio Palauet Nolla, en la que observamos
cómo el operario ha sido capaz, “improvisando”
a pie de obra, de solventar la incompatibilidad geométrica que existe entre la malla ortogonal e indeformable de la composición Nolla, y la se- miesfera de la cúpula. El dominio del equilibrio de colores, del dibujo, y por supuesto del corte y colocación de las piezas, tiene como resultado una ilusión óptica perfecta, que nos es sin recor- dar a las figuras imposibles de Escher.
Esta capacidad es el fruto de una cultura del oficio como valor intrínseco, obtenido mediante una iniciación larga, que podía durar años, du- rante los cuales la tarea del aprendiz se limitaba a preparar el mortero de base, traer las cajas de piezas, y observar las técnicas y los secretos de replanteo, colocación y elección de las piezas por parte del maestro.
Tenemos pues un material de alta tecnolo- gía, cuyas prestaciones están todavía de actua- lidad, producido en masa, pero que al mismo tiempo requiere de un proceso creativo artístico y artesanal, todo ello enmarcado por un alto re- conocimiento del valor de los oficios. Entende- mos que la empresa Nolla no tendrá ningún pro- blema en enfatizar con la corriente modernista.
3. NOLLA Y EL MODERNISMO: EVOLUCIÓN DE DISEÑOS.
La empresa Nolla ha demostrado una gran capacidad de evolución de sus diseños para adaptarse a los cambios en los gustos de la so- ciedad, gracias a un sistema basado en lo que
Figura 2. Ejemplos de mosaicos recordando las alfombras persas, en el Palauet Nolla y en un catálogo de la empresa.
Por último, si los primeros diseños busca- ban dar profundidad a las composiciones me- diante juegos geométricos y colores que simu- laban una perspectiva a modo de trampantojo, así como recurriendo a las sombras propias y a las sombras proyectadas, la evolución de los mosaicos supondrá un abandono de la geome- tría a favor de un trabajo cada vez más fino de la sombra proyectada como medio de destacar partes clave del dibujo.
4. EL MOSAICO NOLLA EN LA ARQUITECTURA MODERNISTA.
La baldosa hidráulica es, con toda seguridad, el pavimento cerámico más frecuente en la arquitectura modernista. Hasta ahora, poco se había dicho sobre la presencia del mosaico Nolla, y eso por varias razones, de las cuales la principal es el desconocimiento de este mate- rial, que muchos confundían -y siguen confun- décadas, o en los últimos años del siglo XIX, la
gama cromática se hace mucho más amplia, pasando de unos diez colores originalmente a tener varios tonos de cada uno de ellos, así como nuevas incorporaciones, como puede ser el rosa/salmón. No queda todavía claro si esta variedad era la premisa a una voluntad de diversificación, o si por lo contrario esta nueva producción responde a unas necesidades de diseños actualizados. Es decir, si el diseño vie- ne de los colores nuevamente disponibles, o si estos colores se producen para materializar las nuevas creaciones de los talleres de dibujo de la fábrica. En cualquier caso, como lo demues- tran los dibujos a mano de los mosaiqueros, la nueva gama es tal que éstos los tienen que numerar.
Sin embargo resulta llamativo observar que esta nueva variedad no se traslada a los catálogos, que siguen proponiendo modelos relativamente clásicos, por no decir anticuados en algunos casos. Las mayores incorporaciones nuevas se hacen al final de los catálogos, en la parte correspondiente a las composiciones de mayor entidad, generalmente enfocadas a pavimentos completos de dibujo único, o al- fombras. En estas láminas observamos algunos cambios, como la aparición de figuras realistas, o de elementos vegetales inspirado en los nue- vos cánones del Modernismo. Es allí donde se incorporan también algunos colores nuevos, de forma todavía tímida. Durante este tiempo, los catálogos pasarán a llamarse “catálogos ar- tísticos”, mostrando una voluntad de resaltar la dimensión creativa a un producto que, de todos modos, ya la tenía. Habrá que esperar 1920 y la aparición de la mercantil Mosaico Nolla S.A. para ver cambios radicales en temá- ticas, modelos y colores.
Figura 3. Composiciones situadas en una vivienda de Valencia.
Figura 4. Tonos de verde pintados por Salvador Adell, dibujante de la fábrica.
Figura 5. Portada y láminas de catálogos de la empresa Hijos de Miguel Nolla, donde se aprecia la influencia modernista.
Tal fue el volumen del mercado que otras empresas aparecieron, o empezaron a produ- cir este mismo tipo de gres. Podemos citar Lle- vat, Pujol i Bausis, Escofet, etc. Una vez más, es muy significativo que dicha actividad se con- centre en Cataluña.
Pero el uso de los mosaicos Nolla en la ar- quitectura modernista no se limitó Barcelona o a Valencia, ni siquiera a España. Otros lugares, como La Habana, fueron grandes clientes, de la mano de los arquitectos catalanes que allí rea- lizaban viviendas para los expatriados españo- les, y que hoy en día siguen conformando una parte notable de la arquitectura cubana.
A pesar de las nuevas tendencias, y de la variedad de los modelos disponibles, los mo- tivos que se colocaron en los edificios moder- nistas muestran tanto una pervivencia de los diseños históricos de la firma, con geometrías a menudo complejas, como nuevos elementos vegetales. Este hecho demuestra que la imagen de marca de Nolla siguió siendo una referencia.
Aún así vemos aparecer suelos que, en lu- gar de estar completamente recubiertos de un diseño continuo a modo de alfombra, se van diendo- con suelos hidráulicos. Sin embargo,
cabe destacar que las composiciones de Nolla están presentes en numerosos edificios, entre los cuales encontramos ejemplos tan relevan- tes como la Casa Batlló (Barcelona), la Casa Amatller (Barcelona), la Casa Lis (Salamanca), o el Palacio de la Exposición (Valencia).
Cuando se iniciaron los trabajos de inven- tario sistemático, pudimos relacionar de forma directa las grandes operaciones urbanísticas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX con una presencia masiva de mosaicos Nolla.
Debemos recordar que nunca perdieron su fama, y que los diseños se supieron adaptar.
Además, con el objetivo de ampliar el alcance de sus productos, la empresa Nolla diversificó su red comercial. En complemento de sus re- presentantes propios, contaron con distribui- dores en varias ciudades, que incluían en sus catálogos de productos cerámicos -en general baldosas hidráulicas- las teselas de Nolla. Fue el caso de la empresa catalana Tarrés, Maciá y Cª, que alrededor de 1900 recoge láminas de Hijos de Miguel Nolla.
Figura 6. Pavimento del patio de la Casa Batlló (izquierda), y del Palacio de Telecomunicaciones de Valencia (derecha).
Figura 7. Detalles de pavimentos con motivos inspirados en la naturaleza, colocados en una vivienda de Cartagena.
Encontramos a menudo ejemplos de pue- blos que disponen de una muestra tanto cuan- titativa como cualitativa que a priori podría parecer muy sorprendente, pero que siempre están vinculados a situaciones de rápido desa- rrollo en esta época, en particular por razones económicas. Será el mercado de la naranja para Carcaixent, o del vino para Requena. Con- textos históricos que permitieron un auge eco- nómico beneficioso para el desarrollo cultural.
El caso de Cartagena es distinto, ya que la renovación arquitectónica viene relacionada con una previa destrucción. Pero el resulta- do es in fine un conjunto excepcional desde varios puntos de vista. Se trata en efecto de una ciudad que alberga una gran cantidad de pavimentos, que en su inmensa mayoría son de indudable calidad estética, con mosaicos generalmente bien colocados, y que muestran un estado de conservación satisfactorio. Reu- nir estos cuatro criterios es poco frecuente, y merece por lo tanto que se destaque.
Por último, debemos recordar que una parte importante de los mosaicos colocados en edificios del centro de la ciudad correspon- den a obras de un número redudcido de pro- motores o constructores, por lo que pone en evidencia el papel desempeñado por los con- tactos comerciales, y el lobbying. Este ejemplo es muy significativo de la estrategía comercial de la empresa en la zona, que buscaba fideli- zar a grandes promotores para que colocasen siempre sus mosaicos. Este planteamiento resulta interesante, ya que difiere ligeramen- te del utilizado en Valencia, o en Barcelona, donde pequeños constructores o clientes pri- vados proporcionaban la mayoría de los en- haciendo más livianos, con elementos tales
como flores o guirnaldas destacando sobre un fondo blanco o de damero claro. Es en estas composiciones donde se utilizarán por primera vez dominantes de verde, con incluso presen- cia de piezas de color salmón/rosa, además de las tradicionales azules.
5. EL CASO DEL MOSAICO NOLLA EN CARTA- GENA.
La ciudad de Cartagena posee indubitable- mente una muestra excepcional de arqui- tectura modernista. Las circunstancias de su destrucción, y posterior reconstrucción, la configuración social local, con una burguesía muy presente, y cierto vínculo tanto con in- fluencias exteriores mediante la apertura de la ciudad, son tantos factores que la llevaron a disfrutar de una situación tan particular.
Sin embargo el nivel cultural, la estruc- tura social o el poder económico son con- diciones necesarias pero no suficiente para explicar que Cartagena posee tal muestra de pavimentos Nolla. En efecto, la cantidad, variedad, y calidad de ejecución son muy destacables, y hacen de Cartagena un caso único en urbes de este tamaño. Es imperati- vo que exista un factor susceptible de trans- formar este mercado potencial en una reali- dad, en lo que hoy en día observamos. Y este elemento determinante es la presencia del hermano de Miguel Nolla Bruget, residente en la cercana ciudad de Murcia y distinguido miembro de la sociedad local, como repre- sentante oficial de la empresa valenciana en la región.
Figura 8. Mosaicos Nolla en Cartagena, con sus correspondientes dibujos de catálogo (referencias nº2692 y nº2689).
Esta sabia complementariedad, a veces antagónica, es uno de los aspectos más en- trañables, pero también más enriquecedo- res de las lecciones que nos transmite el Modernismo, yendo así mucho más allá de la incontestable calidad estética.
Para acabar nos parecía fundamental insistir sobre el valor del mosaico Nolla no solamente en su carácter material, es decir el conjunto de piezas de gres que podemos pisar, que podemos admirar, sino también sobre su carácter inmaterial. Quien tenga la suerte de tener uno de estos mosaicos posee también un patrimonio intangible:
el resultado de la destreza y sabiduría de quién dibujó esta composición, y de quién la colocó en el suelo, en la pared, o en la fachada. No nos olvidemos de ello, y no menospreciemos esta parte del legado, porque al fin y al cabo, constituye el vin- culo más profundo con esta parte de la historia, y confiere a este patrimonio un carácter global.
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6. CONCLUSIONES
Los mosaicos Nolla constituyen uno de los productos cerámicos arquitectónicos más famosos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sus prestaciones constituyen un verdadero logro tecnológico, fruto de los más avanzados procesos industriales. Las máqui- nas de vapor, los hornos capaces de cocer de forma estable a más de 1.200ºC, los molinos trituradores, la repetición de operaciones, la mecanización de piezas estándares, o senci- llamente la cantidad de trabajadores directos e indirectos, no dejan lugar a duda en cuanto al carácter industrial de este producto.
Pero al mismo tiempo, esta capacidad pro- ductiva que aportan las nuevas herramientas y procesos, siempre quedó al servicio de un sistema basado en el savoir-faire de los ope- rarios, de los artesanos, como concepto fun- damental, primordial. Debemos recordar que por ello la empresa Hijos de Miguel Nolla -y antes de ella Mosaicos Nolla- está en comple- ta énfasis con la esencia del Modernismo, que predica que la obra completa sea el resultado del trabajo de múltiples oficios, artistas en cada una de sus especialidades, desde la ce- rámica a la forja, pasando por la vidriera o la carpintería.
Figura 9. Detalle de una composición floral en el umbral de una puerta en Carcaixent (Valencia).
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