OCUPACIÓN DEL TERRITORIO Y APROVECHAMIENTO DE RECURSOS EN EL BRONCE DE LA MANCHA: LAS
MOTILLAS Y SU TERRITORIO DE EXPLOTACIÓN DIRECTA
Tesis doctoral
REBECA LENGUAZCO GONZÁLEZ
Dirección:
Dra. Dª. CATALINA GALÁN SAULNIER Dr. D. ALFREDO MEDEROS MARTÍN
Universidad Autónoma de Madrid
2015
FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS
DEPARTAMENTO DE PREHISTORIA Y ARQUEOLOGÍA
OCUPACIÓN DEL TERRITORIO Y
APROVECHAMIENTO DE RECURSOS EN EL BRONCE DE LA MANCHA: LAS MOTILLAS
Y SU TERRITORIO DE EXPLOTACIÓN DIRECTA
TESIS DOCTORAL
Autora: REBECA LENGUAZCO GONZÁLEZ
Dirección: Dra. Dª. CATALINA GALÁN SAULNIER Dr. D. ALFREDO MEDEROS MARTÍN
Madrid, 2015
A mis padres.
Í Í ND N DI I CE C E
INTRODUCCIÓN Y OBJETIVOS……….. 1
I. ESTADO DE LA CUESTIÓN: EL CONCEPTO DE MOTILLA………. 7
I. 1. Del S. XV a la Arqueología Científica………... 7
I. 1. 1. Las Relaciones Topográficas, los Libros de visitas de la Orden de Calatrava y el Diccionario de P. Madoz………... 7
I. 1. 2. 1899-1970: el interés por la Arqueología y la influencia de la bibliografía……….. 8
I. 2. Finales del S. XX: La “Cultura de las motillas”……… 10
I. 2. 1. La Mancha Occidental………... 10
I. 2. 2. La Mancha Oriental………... 15
I. 2. 3. La Mancha Nororiental……….. 16
I. 2. 4. La Mancha Noroccidental………... 17
I. 3. El problema de las motillas desde finales del S. XX a la actualidad……… 17
I. 3. 1. Finales del S. XX……….. 17
I. 3. 2. Las motillas en el S. XXI………... 18
II.. EL CONCEPTO DE MOTILLA COMO YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO…… 21
II. 1. El término motilla: toponimia popular, sinónimos y definición según la RAE………... 23
II. 2. El concepto de motilla en la bibliografía arqueológica……… 29
III. METODOLOGÍA DE TRABAJO: TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN… 47 III. 1. Búsqueda y Captura……… 49
III. 1. 1. Localización, estado de investigación y de conservación y características de los yacimientos……. 49
III. 1. 2. Características del paisaje………... 49
III. 2. Sistematización de la información……….. 50
III. 3. Almacenaje y presentación de la información……… 66
III. 3. 1. Información bibliográfica, cartográfica y fotográfica………... 66
III. 3. 2. Información sobre los yacimientos estudiados………. 66
III. 4. Gestión de la información cartográfica……….. 67
III. 5. Análisis de la información……….. 73
III. 6. Interpretación y Conclusiones………. 75
IV. EL MEDIO FÍSICO……… 77
IV. 1. Comarcalización geográfica de Castilla La Mancha………... 80
IV. 2. Geomorfología y Geología……….. 81
IV. 2. 1. Geomorfología………... 81
IV. 2. 1. 1. Topografía……… 81
IV. 2. 1. 1. 1. Rangos de altitud………... 81
IV. 2. 1. 1. 2. Pendiente……… 83
IV. 2. 2. Geología y Litología………. 85
IV. 3. Hidrología e Hidrogeología………. 88
IV. 3. 1. Hidrología……….. 88
IV. 3. 2. Hidrogeología………. 89
IV. 3. 2. 1. Afloramientos permeables………... 89
IV. 3. 2. 2. Las masas de agua subterránea y las unidades hidrogeológicas………. 92
IV. 4. Edafología………... 94
IV. 5. Climatología……… 97
IV. 5. 1. Clima actual………... 97
IV. 5. 2. Paleoclima, Inundaciones Históricas y Paleoinundaciones………... 102
IV. 6. Biodiversidad……….. 108
IV. 6. 1. El Paisaje Vegetal: Series de Vegetación Potencial………... 108
IV. 6. 2. La Fauna………. 113
V. ANÁLISIS……….. 117
V. 1. BLOQUE I: DATOS DE LOCALIZACIÓN………... 120
V. 2. BLOQUE II:DATOS SOBRE EL ESTADO DE LA INVESTIGACIÓN………. 121
V. 3. BLOQUE III: DATOS SOBRE EL ESTADO DE CONSERVACIÓN DEL YACIMIENTO... 122
V. 4. BLOQUE IV: DATOS SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL YACIMIENTO………….. 122
V. 4. 1. Ubicación………. 122
V. 5. BLOQUE V: DATOS SOBRE LAS CARACTERÍSTICAS DEL TERRITORIO DE
EXPLOTACIÓN DIRECTA (TED)………. 124
V. 5. 1. Límite y Extensión……….. 124
V. 5. 2. Proximidad a otra motilla……… 124
V. 5. 3. Geomorfología……… 126
V. 5. 4. Litología……….. 128
V. 5. 5. Geotecnia………. 130
V. 5. 6. Visibilidad………... 133
V. 5. 7. Hidrología……… 135
V. 5. 8. Vías y elementos naturales de comunicación……….. 137
V. 5. 9. Biogeografía……… 140
V. 6. BLOQUES VI (Observaciones), VII (Documentación Bibliográfica y Cartografía utilizadas) y VII (Visibilidad en Fotografía Aérea)……… 146
V. 7. BLOQUE IX: VALORACIÓN DE LA INFORMACIÓN……….. 146
V. 8. BLOQUE X: VALORACIÓN DE LA OFERTA TERRITORIAL………. 148
VI. INTERPRETACIÓN………... 155
VII. CONCLUSIONES……….. 195
VIII. BIBLIOGRAFÍA Y CARTOGRAFÍA………... 211
ÍNDICE DE FIGURAS, TABLAS Y GRÁFICOS……….. 249 ANEXO (CATÁLOGO DE YACIMIENTOS)
Los Romeros……… Ficha 1 Pedro Alonso……… Ficha 2 Casa de Mancha……… Ficha 3 Brocheros……….. Ficha 4 Pedregosas……… Ficha 5 Cº Herradero I………... Ficha 6 Cº Herradero II……….. Ficha 7 Los Palacios……….. Ficha 8 Retamar………. Ficha 9 Santa María………... Ficha 10 Barrios……… Ficha 11 Perales……… Ficha 12 La Membrilleja……….. Ficha 13 Juez……… Ficha 14 El Cuervo………... Ficha 15 Huerta de Treviño……….. Ficha 16 Carrión……… Ficha 17 Azuer……….. Ficha 18 Las Cañas………... Ficha 19 Vega Media……… Ficha 20 La Máquina……… Ficha 21 Zuacorta………. Ficha 22 Cura……… Ficha 23 Albuera……….. Ficha 24 Daimiel……….. Ficha 25 Quintillo……… Ficha 26 Antonino……… Ficha 27 Malagón………. Ficha 28 Espino……… Ficha 29 Cueva Morenilla……… Ficha 30 La Moraleja……… Ficha 31 Torralba………. Ficha 32
La Vega………. Ficha 34 El Morrión………. Ficha 35 El Pedernoso………. Ficha 36 Acequión……… Ficha 37 Ojos de San Jorge……….. Ficha 38 Hoya Vacas……… Ficha 39 Gorrineras……….. Ficha 40 Balazote………. Ficha 41 Hoya Rasa……….. Ficha 42 Prado Viejo………. Ficha 43 Chavillo……….. Ficha 44 Arquillo……….. Ficha 45
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IN I NT TR R OD O D UC U CC CI I ÓN Ó N Y Y O OB BJ JE ET TI IV V OS O S
El interés por los estudios de territorio surge en los años setenta del siglo pasado en Cambridge, concretamente en la escuela paleo-económica que tenía a Higgs, con sus enfoques ecológicos y económicos (1972), y a Vita-Finzi, de la Geoarqueología (1969), como sus figuras más relevantes en el desarrollo de la técnica de los análisis de captación del yacimiento (Site Catchment Analysis), en un intento por estudiar las sociedades del pasado a través de la impronta que dejaron en el territorio que explotaron y ocuparon. Así mismo, destacaron los trabajos de Haggett (1965), con su Geografía Locacional y, una vez asentadas las bases de esta nueva disciplina, los trabajos de Arqueología Espacial de Hodder y Orton (1976) o los de Clarke (1977).
A nivel nacional, no será hasta las Primeras Jornadas de Metodología de Investigación Prehistórica celebradas en Soria en 1981, por iniciativa del Ministerio de Cultura, cuando se planteen nuevas propuestas disciplinares ante la necesidad de un proceso de renovación de la investigación arqueológica española que se consolidarían en el primer Coloquio de Arqueología Espacial desarrollado en Teruel en 1984 (Mederos, 1997), siendo los especialistas en Calcolítico, Ibérico y Romano los más innovadores y activos (Burillo, 1975, 1978, 1980, 1984; Amores, 1982; Rodríguez López, 1982; Ruiz y Molinos, 1984; Nocete, 1984; Crespo, 1984; Crespo y López Rozas, 1984; Castro, 1984, 1986; Rodríguez Tremiño, 1984; Olaria y Gusi, 1984; Cara y Rodríguez López, 1984; Ruiz Zapatero y Fernández Martínez, 1984; Amores y Rodríguez Tremiño, 1984; Ruiz Zapatero, 1985; Gilman y Thornes, 1985).
Francisco Burillo habla de la existencia de tres generaciones de investigadores en el prólogo de la obra de L. García Sanjuán Introducción al reconocimiento y análisis arqueológico del territorio (2005): la primera, de carácter autodidacta, se consolidaría con el ya mencionado primer Coloquio de Arqueología Espacial; la segunda, formada ya dentro de un marco teórico consolidado, con el Seminario sobre Arqueología Espacial de Lisboa-Tomar celebrado en 1988, donde se aprecia una continuidad con las líneas de investigación desarrolladas en el SO de la provincia de Jaén(Choclán y Castro, 1990; Ruiz Rodríguez, 1990; Nocete, 1988, 1989, 1994) y el SE de la provincia de Teruel (Burillo, 1993) destacando fundamentalmente las aportaciones de Ruiz Rodríguez a la Edad del Bronce de Jaén y Criado (1990) al megalitismo gallego. Así mismo, destacan los trabajos arqueo-geográficos de P. Fernández Millán y J. M. Vicent García (1991) o la tesis doctoral de J. V. Picazo Millán sobre la Edad del Bronce en el sur del sistema ibérico turolense (1993); con la tercera generación la arqueología del paisaje adquiere un nuevo enfoque con la aplicación de las Nuevas Tecnologías Informáticas, especialmente los Sistemas de Información Geográfica (SIG), destacando J. Baena Preysler en la obra que codirige con C.
Blanco Bosqued y F. Quesada (1997), las tesis doctorales de Orejas Saco del Valle (1996), Ibáñez González (2002), Parcero-Oubiña (2002), Gutiérrez Soler (2002), Grau Mira (2002), la obra de síntesis sobre análisis de territorio de García San Juan (2005), o la tesis doctoral de García Moreno (2010), entre otros.
Pues bien, mi formación en la Universidad Autónoma de Madrid me acercó a la problemática de la Arqueología Espacial desde los primeros años de mi formación universitaria de la mano del Profesor Sánchez Meseguer, miembro de aquella “primera generación de autodidactas”, que primero en el campo, cuando tuve ocasión de asistir a sus primeras lecciones en lo alto del cerro de La Encantada, y luego en el aula, cuando en sus clases de Metodología tuve ocasión de aprender los fundamentos del análisis del territorio y de poner en práctica las técnicas que entonces permitían aplicar el método a yacimientos arqueológicos concretos. El Prof. Sánchez Meseguer despertó muy pronto mi interés por un tema tan importante como el relativo a las relaciones existentes entre los asentamientos humanos y el medio geográfico y con
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cuya problemática él mismo estaba ya implicado (Sánchez Meseguer, 1986), pero también sobre la importancia del análisis del territorio en función de nuestra preparación para futuros trabajos de la llamada “Arqueología de gestión”, un aspecto que también atrajo su interés (Sánchez Meseguer y Galán, 2001a), permitiéndome así conocer, a lo largo de mi formación, una serie de trabajos tan fundamentales para el estudio del territorio relacionado con los asentamientos prehistóricos como la Ficha general de yacimientos de la Carta Arqueológica de Aragón I Localización y descripción física del yacimiento y su entorno (Burillo, 1993), la Guía para la elaboración de estudios del medio físico (Aguiló et al., 1992), las Guías metodológicas para la elaboración de estudios de impacto ambiental editadas por el entonces Ministerio de Obras Públicas y Transportes, El tapiz vegetal de la Península Ibérica (Bellot, 1978), diversas guías de campo de plantas, animales y minerales, y trabajos especialmente dirigidos al manejo de la cartografía (Zurita, 1977; Fraile, 1994; Aranaz del Río, 1990), y permitiéndome también poner en práctica los conocimientos adquiridos haciendo mi primer análisis de un territorio de explotación directa con los medios entonces al alcance para el común de los alumnos de Prehistoria y Arqueología de la UAM: mapas topográficos, geológicos, etc., acetatos y rotuladores de colores diversos con los que elaborar las diferentes “capas de información”.
Esta tesis doctoral, no pretende realizar una analítica macroespacial global que contemple todos los yacimientos del complejo cultural del Bronce de la Mancha, sino que se trata de un estudio sobre el aprovechamiento de recursos y la ocupación del territorio de explotación directa de los yacimientos correspondientes a la denominada “facies motillas”.
Con un análisis de captación de recursos potenciales individualizado, que permita ver la relación existente entre la “oferta” del territorio y el aprovechamiento de los mismos – una relación que será obviamente más y mejor detectable en aquellos casos en que tengamos un mejor y más amplio conocimiento de los propios yacimientos y de sus restos culturales - , se pretende explicar, o al menos plantear hipótesis acerca de la importancia, localización, funcionalidad, etc. de esos peculiares asentamientos, a partir del análisis, valoración e interpretación de los datos que permitan identificar las causas que intervinieron en la distribución espacial de los mismos, las relaciones que existen entre ellos y teniendo siempre presente que el contraste de la validez de esas hipótesis quedará pendiente, en la mayoría de los casos, de los resultados que se puedan obtener de la excavación sistemática de aquellas motillas de las que ahora sólo se conoce su ubicación, si bien es cierto que, aun conscientes de que no hay dos yacimientos exactamente iguales, sin embargo el estado actual de la investigación permite trabajar sobre la base de que las motillas fueron asentamientos si no iguales, sí extremadamente semejantes, lo que a su vez permite proponer hipótesis interpretativas.
Este trabajo parte del análisis del estado de la investigación, habiendo sido documentadas la mayor parte de las motillas mediante prospección frente a una minoría que han sido objeto de excavaciones arqueológicas, y del análisis también de la propia evolución del concepto de
“motilla”.
Estos aspectos son abordados en el capítulo I, donde se hace un recorrido desde finales del S. XV hasta la actualidad, pasando a ser consideradas desde pequeñas elevaciones destacadas sobre el terreno de forma sensiblemente cónica sin diferenciar la naturaleza artificial o natural hasta mediados del S. XIX, o túmulos funerarios desde finales del S. XIX e incluso estructuras palafíticas a mediados del S. XX. Es a finales del S. XX cuando comienzan las primeras excavaciones arqueológicas en algunas de las motillas dando lugar a la formulación de distintas hipótesis interpretativas respecto al carácter y funcionalidad de las mismas y cuando se empieza a hablar en la Mancha occidental de “Cultura de las Motillas”, siendo interpretadas como poblados fortificados de carácter agrícola instalados en las llanuras de la región manchega,
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ocupando las vegas de los ríos y depresiones pantanosas. Paralelamente, son interpretadas como un núcleo de habitación concentrado y permanente cuya función formaría parte de un sistema regido por una política para la que fuese necesaria la existencia de motillas en puntos estratégicos siendo de vital importancia su proximidad y control de las vías de comunicación de uso ganadero y comercial. En la Mancha oriental, en una primera fase de estudio, son interpretadas como poblados fortificados situados en tierras llanas, abiertas o en medio de un valle, cerca de puntos de agua y en zonas pantanosas, aunque años más tarde, ya a finales del siglo XX, algunos miembros de aquel equipo de investigación destacaron la existencia durante la Edad del Bronce de gran cantidad de pequeños asentamientos que interpretaron como caseríos y aldeas, determinando incluso que las llamadas morras en Albacete y motillas en Ciudad Real son un mismo tipo de yacimiento y que es su ubicación la única diferencia. Tanto en la Mancha nororiental como en la noroccidental se llevaron a cabo proyectos de investigación que aportaron información sobre la localización geográfica de este tipo de yacimientos, pero no aportaron novedades respecto al concepto de motilla. A finales del S. XX se plantea la identificación de distintas “facies culturales” que caracterizarían la Edad del Bronce en La Mancha, donde las motillas son interpretadas como una facies particular del complejo cultural.
En el S. XXI surgen nuevas interpretaciones, algunas basadas en diversos proyectos fundamentalmente de prospección, donde algunos investigadores plantean funciones relacionadas con la ganadería y las vías de comunicación, otros las interpretan como aldeas de cierta extensión que coexisten con granjas aisladas o caseríos, pudiendo ambas estar fuertemente fortificadas, sin que se aprecien diferencias funcionales entre yacimientos. Otras interpretaciones basadas en el avance de las excavaciones arqueológicas, siendo consideradas como asentamientos fortificados en llanura, en las zonas deprimidas y a lo largo de cursos fluviales, con una importante función de gestión y control de recursos económicos o como auténticos pozos fortificados y ubicados donde el nivel freático se encuentra más próximo a la superficie o, incluso, se llegan a retomar viejas teorías siendo interpretadas nuevamente como posibles túmulos funerarios.
Ante la gran variedad de interpretaciones y con el objetivo de esclarecer el concepto de motilla como yacimiento arqueológico, en el capítulo II se analiza la problemática suscitada por la propia toponimia a la hora de identificar los yacimientos, así como el propio concepto de motilla en la bibliografía arqueológica.
En el capítulo III se describe la metodología utilizada. Para definir el concepto de motilla como yacimiento arqueológico y contabilizar el número de yacimientos existentes, ha sido de vital importancia además de la consulta de bibliografía específica y de la Carta Arqueológica de la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el estudio de materiales de la motilla del Retamar llevado a cabo en el marco del Proyecto de Investigación “Estudio de materiales y análisis de su relación con los contextos excavados en la motilla del Retamar (Argamasilla de Alba, Ciudad Real)” y, fundamentalmente, la prospección visual sobre el terreno llevada a cabo en el marco del Proyecto de Investigación “Ocupación del territorio y aprovechamiento de recursos en el Bronce de la Mancha: las motillas de la provincia de Ciudad Real y su territorio de explotación directa”, ambos proyectos dirigidos y desarrollados por la autora de la presente Tesis Doctoral y subvencionados por la JCCLM. Así mismo, se especifica la cartografía temática utilizada para analizar las características del paisaje al tiempo que se describe la ficha diseñada para la sistematización de la información y posterior presentación en el Catálogo de yacimientos (anexo).
La descripción del medio físico en el que se encuentran los yacimientos objeto de estudio se aborda en el capítulo IV, donde se divide el territorio por comarcas geográficas para el
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posterior análisis exhaustivo de las características geomorfológicas, geológicas, hidrológicas, hidrogeológicas, edafológicas, climatológicas actuales, inundaciones históricas, paleoclima, paleoinundaciones y biogeografía.
El análisis de la información de los recursos potenciales presentes en el TED de cada motilla queda plasmado en el capítulo V, la interpretación de la información obtenida se recoge en el capítulo VI y, por último, las conclusiones e hipótesis se exponen en el capítulo VII.
El Anexo recoge la Ficha-Catálogo siguiendo la estructuración descrita en el capítulo III.
La información obtenida tras la consulta bibliográfica y cartográfica se divide por bloques de información: datos de localización, estado de la investigación, características del yacimiento, características del territorio de explotación directa, valoración de la información y valoración de la oferta territorial en condiciones más secas y menos secas. Algunos de los bloques de datos incluidos en la ficha, como los referentes al estado de conservación, observaciones, documentación cartográfica y bibliográfica utilizada o visibilidad del yacimiento en fotografía aérea, no se analizan en dicho capítulo porque no aportan información importante para el tema de estudio, aunque se han incluido en la ficha por su posible utilidad para investigaciones futuras.
No quiero acabar esta presentación sin antes agradecer a aquellas personas e instituciones que han hecho posible la ejecución del presente trabajo.
Especial agradecimiento a mis directores de la Tesis, la Dra. Catalina Galán y el Dr.
Alfredo Mederos, por sus críticas, consejos, apoyo, colaboración, paciencia y por compartir su tiempo durante el desarrollo del presente trabajo. Gracias por enseñarme a cómo mejorar, a luchar por unos objetivos y, a pesar de las adversidades que puedan surgir durante el recorrido, a cómo alcanzar unas metas a base de trabajo y esfuerzo.
A la JCCM por las subvenciones concedidas, pero, en especial, la última que me ha permitido acceder a toda la documentación existente en Carta Arqueológica y su posterior contrastación sobre el terreno, y cuyos resultados han sido el punto de partida del estudio que aquí se expone, y por las facilidades prestadas por sus servicios técnicos.
A Iván Jaramillo, por estar siempre ahí, por acompañarme en una aventura profesional y personal y por su constante apoyo.
A todos aquellos que, de alguna manera, habéis hecho posible la ejecución de este trabajo, ya sea por haber colaborado en mi formación profesional, por haberme facilitado información y aclarado dudas, por darme fuerzas y ánimo y por entender que la recta final de un trabajo no es fácil pero que el esfuerzo merece la pena.
Por último, agradecer a mis padres y familia su apoyo incondicional.
I I . . E E S S T T A A D D O O D D E E L L A A C C U U E E S S T T I I Ó Ó N N : : E E L L
C C O O N N C C E E P P T T O O D D E E M M O O T T I I L L L L A A
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I. I . E ES ST TA A DO D O D DE E L LA A C C UE U ES ST TI I ÓN Ó N : : E EL L C CO ON NC CE EP PT TO O D DE E M MO OT TI I LL L LA A I. 1. DEL S. XV A LA ARQUEOLOGÍA CIENTÍFICA
I. 1. 1. Las Relaciones Topográficas, los libros de visitas de la Orden de Calatrava y el Diccionario de P. Madoz
El uso tradicional en La Mancha del término motilla para designar pequeñas elevaciones destacadas sobre el terreno de forma sensiblemente cónica es sin duda el origen de que durante mucho tiempo se utilizase el topónimo sin diferenciar la naturaleza natural o artificial de esas elevaciones, y a su vez es también la causa de que la similitud formal de ciertos yacimientos arqueológicos de la Edad del Bronce con formaciones naturales de esas características y localizados igualmente en las llanuras manchegas respondan al mismo topónimo. Ya en 1495 se hablaba de la Motilla de Villadiego como hito de delimitación entre los municipios de Daimiel y Manzanares (Rodríguez-Picavea, 2010: 341), y en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575) se menciona la existencia de esos peculiares promontorios - evidentemente cuando aún se desconocía su carácter de yacimientos arqueológicos - como en el caso de la dehesa de Motilla en Alcolea de Calatrava, la venta de las Motillas en Alcázar de San Juan, la Motilla de Villadiego en Daimiel, la Motilla del Ciervo en Membrilla y la Motilla de Torralba de Calatrava (Campos y Fernández, 2009).
Entre los libros de visitas que realizó la Orden de Calatrava destaca una descripción fechada en 1746 sobre la Encomienda de Torroba que adjunta un plano con la localización de la Motilla de Los Palacios (identificada como Cerrillo de la Casa, nº 3) y de su entorno natural a mediados del S. XVIII (Piña, en prensa 1) (Fig. I. 1).
Fig. I. 1. Plano de la Encomienda de Torroba en el año 1746 con la ubicación de la Motilla de los Palacios.
La pervivencia del uso del topónimo como claro identificador de un determinado paraje es patente aún a mediados del siglo XIX, cuando en el Diccionario de Madoz (1845-1850) se hace alusión a la existencia de una importante casa de campo en Alcazar de San Juan en el paraje La Motilla (Tomo I: 439) conocida como Casa de Las Motillas o Venta de Las Motillas (Tomo
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XI: 630), tratándose del lugar donde se ubican las motillas de Los Romeros y de Pedro Alonso, mencionándose también la existencia en Almagro del denominado cerro de Torroba, topónimo que sin embargo en este caso no corresponde a un verdadero cerro sino a la Motilla de Los Palacios, así como que en el Toboso existe un lugar “…que llaman la Motilla, en el que hay ruinas de una fortaleza y un pozo manantial llamado de los Moros…” (Tomo XIV: 769). Pero no será hasta finales de dicho siglo XIX cuando la verdadera naturaleza de algunos de aquellos montículos despierte especial interés en ciertos eruditos de la zona.
I. 1. 2. 1899-1970: el interés por la Arqueología y la influencia de la bibliografía
Las primeras noticias más detalladas sobre este tipo de yacimientos arqueológicos son de finales del siglo XIX. D. Inocente Ramón Hervás y Buendía, sacerdote y natural de Torralba de Calatrava, menciona la existencia de la Motilla de Torralba ubicada junto al arroyo Pellejero y considerada por los naturales como vigía o atalaya, mencionando que en algunos casos las motillas eran consideradas mojones o divisorias de términos concejiles entre los pueblos de la Edad Media. El supuesto hallazgo de tres enterramientos en esa motilla, así como la detección de varios niveles cenicientos de gran fertilidad en lo que a su contenido en materiales arqueológicos se refiere, condujo a Hervás a la conclusión de que la motilla era un túmulo funerario megalítico con dos fases: una inicial prehistórica y una segunda tal vez romana, en la cual el rito de inhumación fue sustituido por el de incineración, llegando incluso su utilización hasta la Edad Media. Así mismo, el autor reconoce haber visitado las motas o motillones de Villajos, en Campo de Criptana, las de la ribera del Alto Guadiana, entre Peñarroya y Santa María, la de Torrova, en la jurisdicción de Almagro, y la de la Dehesilla de Carrión (Hervás y Buendía, 1899, 1914: 156, 197, 551-565). Esta información sería recogida años más tarde por Bernardo Portuondo en el Catálogo Monumental de España, provincia de Ciudad Real, quién aparte de mencionar la existencia de estas motillas también hace referencia a la Motilla de Membrilla (Portuondo, 1917:128 y 129, 139, 338, 360-368) (Fig. I. 2).
Fig. I. 2. Motilla de Torralba (Portuondo, 1917: láminas 86 y 87).
En la Mancha Oriental encontramos una problemática similar para las morras albaceteñas y a comienzos del siglo pasado D. Julián Zuazo y Palacios excavó algunos yacimientos de aspecto tumular en el municipio de Montealegre del Castillo, conocidos como morras e interpretados como cámaras sepulcrales con urnas cinerarias en su interior, al tiempo que el autor defendía la práctica de pautas religiosas en base a la orientación de los túmulos (Zuazo y Palacios, 1915; 1916 a y b; 1917).
Años más tarde, el primer director del museo de Albacete, D. Joaquín Sánchez Jiménez, motivado por las investigaciones llevadas a cabo por Zuazo y Palacios, profundizó en la investigación sobre la Edad del Bronce en esa provincia (Sánchez Jiménez, 1941, 1943, 1947),
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descubriendo tres tipos de asentamiento: los poblados en altura, en la mitad oriental de la provincia, los poblados en llanura y las sepulturas tumulares (estructuras funerarias con sepulcro central en cámara o cueva, alrededor de la cual detectaron círculos de piedras concéntricos escalonados, que contrarrestarían el empuje de la construcción central, con un poblado alrededor del mismo y predominio del rito de incineración, según las descripciones del autor), que aparecen tanto en zona montañosa o accidentada (de grandes dimensiones y en ocasiones asociados a cuevas naturales) como en llano, destacando que la parte más baja de la zona de la Mancha Alta, la que circunda la capital y donde se encuentran los yacimientos de El Salobral, Balazote, Ojos de San Jorge y Acequión, era lacustre (Sánchez Jiménez, 1948a). Según la Memoria explicativa de la hoja nº 790 del Mapa Geológico escala 1:50.000 (IGME, 1931: 39) el yacimiento de Balazote, destruido al construir la carretera que une Balazote y la general Albacete-Jaén, era un túmulo parecido al de la laguna de El Acequión y al de los Ojos de San Jorge. Lo mismo ocurre con el yacimiento desaparecido de Las Gorrineras que Sánchez Jiménez también comparó con los de Ojos de San Jorge y Hoya Vacas (Sánchez Jiménez, 1948b: 102- 103).
Mientras para Sánchez Jiménez estas estructuras tumulares funerarias de la Edad del Bronce se asemejaban a las de Europa Central y Septentrional, para J. Martínez Santa Olalla son ejemplos periféricos de las culturas del Cobre y del Bronce que imperaban en el sudeste hispano.
Este investigador interpreta el yacimiento de El Acequión como un Crannog o estructura palafítica, por su peculiar ubicación a modo de pequeño islote, además de fecharlo dentro de su Bronce I Mediterráneo y compararlo con Almizaraque y Ereta del Pedregal no solo morfológicamente sino también por representar el mismo momento histórico, cultural y económico (Martínez Santa-Olalla, 1951) (Fig. I. 3). Las interpretaciones se mantuvieron en esta línea durante gran parte del siglo XX (Tarradell, 1947, 1950: 78; Maluquer, 1959).
Fig. I. 3. Motilla de Acequión (Martínez Santa-Olalla, 1951: láminas I y II).
El 25 de abril de 1963 fueron visitadas, por los doctores W. Schüle y M. Pellicer, dos de un conjunto de motillas (Motilla de Pedro Alonso y Motilla de Los Romeros), en las proximidades de “La Casa de las Motillas”, en el término municipal de Alcazar de San Juan.
Estos yacimientos aparecían como túmulos circulares de tierra y piedras con un diámetro máximo de 52 m y una altura de 5 m. Estas motillas fueron interpretadas por dichos investigadores como túmulos de enterramiento o poblados. Por su tipología y por el conjunto que forman, pensaron que originariamente habían sido construidos como monumentos funerarios, que podría tratarse de un fenómeno de tipo megalítico, paralelo a lo talayótico balear y a lo megalítico hispano del Bronce I y que posteriormente, serían empleados como emplazamiento de hábitat en el Bronce II y Final, teniendo en cuenta los restos de muros y la cerámica de superficie (Schüle y Pellicer, 1963).
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I. 2. FINALES DEL S. XX: La “Cultura de las motillas”
Entre 1969 y 1970, antes de que dieran comienzo los primeros proyectos de investigación sistemática en La Mancha, Catalina Enseñat Enseñat y Martín Almagro Gorbea, profesores del Instituto de Enseñanza Media de Alcázar de San Juan y de la Universidad Complutense de Madrid respectivamente, realizaron varios sondeos arqueológicos en la Motilla de Los Romeros (Alcázar de San Juan, Ciudad Real) tratándose de la primera excavación metódica y rigurosa que se efectuaba en un yacimiento de estas características cuyos resultados demostraron el carácter defensivo de lo que hasta entonces se consideraban construcciones funerarias tumulares. Durante los trabajos, en tres cortas campañas de excavación, se documentaron diversos paramentos destruidos de la torre central, tramos de algunas líneas de fortificación (Almagro Gorbea, 1973) y se tomaron algunas muestras cuya datación por C14 se publicó años después (Alonso et al., 1978: 169).
Prácticamente de forma paralela en el tiempo los trabajos de M. Corchado Soriano permitieron conocer la existencia de múltiples motillas (Corchado, 1971) en el área manchega, despertándose con todo ello el interés de otros investigadores, de tal forma que, como consecuencia de la casi total ausencia de estudios arqueológicos sobre la Prehistoria Reciente (porque el Paleolítico sí era conocido) en la Submeseta Sur motivó la puesta en marcha de varios proyectos de investigación que trataron de cubrir esa gran vacío de información desde distintos planteamientos, metodológicos e ideológicos, centrados en distintas áreas geográficas y desde distintos Centros de Investigación como la Universidad Autónoma de Madrid (Mancha Occidental), Universidad Complutense de Madrid (Mancha Oriental, Nororiental, Noroccidental), Universidad de Granada (Mancha Occidental), Colegio Universitario de Toledo (Mancha Noroccidental), Universidad de Murcia (Mancha Oriental), etc.
La paulatina publicación de los resultados obtenidos a medida que avanzaba el desarrollo de aquellos proyectos dio lugar, por una parte, a la revisión de los trabajos realizados en la década de los 70, y por otra a la formulación de distintas hipótesis interpretativas respecto al carácter y funcionalidad de las motillas, que en algunos casos fueron matizadas en publicaciones posteriores, planteadas por los distintos equipos de investigación que trabajaron en las diferentes áreas manchegas.
I. 2. 1. La Mancha Occidental
En 1973, Trinidad Nájera y Fernando Molina, de la Universidad de Granada, preocupados por la problemática de la Edad del Bronce en la Península y en vista del gran interés que presentaba la escasamente estudiada Meseta Sur, desarrollaron un programa de investigación sobre “Las Comunidades de la Edad del Bronce en La Mancha Occidental” (Nájera y Molina, 1977: 255) iniciando en primer lugar una amplia labor de prospección extensiva en el valle del Guadiana que se completó con una segunda investigación territorial en 1984, sobre una superficie de 150 km² en la zona septentrional de la provincia de Ciudad Real, en la que fueron documentados varios poblados en altura y diversas motillas, interpretadas, en base a los resultados obtenidos en las excavaciones arqueológicas realizadas en la del Azuer, como asentamientos integrados por una fortificación central y por un poblado organizado en torno a éste, siendo evidente su distribución sistemática junto a los cauces fluviales, lagunas y zonas de carácter lacustre (Nájera y Molina, 1977: 255; 2004a: 534). Documentaron una concentración de motillas a lo largo de la vega del Guadiana (motillas del Retamar, Santa María del Guadiana, La Membrilleja, Zuacorta, La Máquina, Molino de Puente Navarro, Las Cañas, El Quintillo y la Dehesilla) y en las de sus afluentes como el Cigüela (Motilla de la Vega) o el Azuer (motillas de la Virgen del Espino (Fig. I. 4), Azuer, Vega Media y Daimiel) y la existencia de otro grupo de
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motillas que se asientan en zonas de carácter palustre o surcadas por pequeños arroyos (motillas de Los Romeros, Casa de Pedro Alonso, Torralba, Los Palacios, La Albuera y Malagón) (Nájera y Molina, 1977; Nájera, 1984: 8; Nájera y Molina, 2004a: 532-533).
Fig. I. 4. Acuarela con detalle de la Motilla de la Virgen del Espino en Membrilla (Sánchez y Mariutti, 1933: lámina XXV).
Paralelamente, desde 1974 y en varias fases, 1974-1986 y 2000-2010, en la Motilla del Azuer (Daimiel, Ciudad Real) se han desarrollado quince campañas de excavación y tres de restauración así como diversos estudios cerámicos, arqueozoológicos, antracológicos, antropológicos y geoarqueológicos, lo que la convierte en la motilla que más información está aportando al mundo científico sobre las características de este tipo de yacimientos, si bien actualmente se ha constatado que los casos conocidos no son exactamente iguales en diferentes aspectos. La serie de dataciones de Carbono-14 permitió a los investigadores establecer la fundación del yacimiento en torno al 2200 cal. a.C., durante el Bronce Antiguo, y su abandono durante el Bronce Tardío hacia el 1350 cal. a.C., aunque hay una fase anterior, entre el 2800 y el 2200 cal. a.C., determinada por una ocupación esporádica durante la Edad del Cobre de la vega del Azuer por pequeños grupos de población (Fernández, 2010: 248 y 249).
Así mismo, el equipo de la Universidad de Granada excavó en 1974 la Motilla de Los Palacios (Almagro, Ciudad Real), abriendo varios cortes de sondeo estratigráfico que permitieron situar su fundación en la fase más antigua de la Edad del Bronce (Nájera y Molina, 1977: 274).
Evidentemente los trabajos del equipo de la Universidad de Granada provocaron un especial interés por las motillas que llevó a la revisión de trabajos anteriores, tanto monográficos como de conjunto.
A finales de los años 70, T. García Pérez evaluó la estratigrafía del yacimiento de Los Romeros, la cultura material, las estructuras arquitectónicas, aspectos económicos, secuencia cronológico-cultural, modelo de asentamiento y fauna. García Pérez identifica el yacimiento como una motilla de forma cónica inscrita en una circunferencia de 50m de diámetro, con recinto central fortificado, varios anillos de amurallamiento que lo rodean, torre central y cuya altura original sería de 7 u 8 m. La gran cantidad de cereales tostados almacenados en su interior hace que determine que la agricultura es la actividad económica que sustenta todo el desarrollo de esta cultura en su primera fase de ocupación (1700-1630 BC, Bronce Medio Antiguo paralelizable al Argar A), mientras que en la segunda (1630-1300 BC, Bronce Medio Medio, nivel 7 paralelizable al Argar B1 de B. Blanco y al Bronce Pleno Temprano de T. Nájera y nivel 6 sincrónico al Argar B2 y al Bronce Pleno Reciente) y en una tercera fase (Bronce Medio Tardío) esa actividad sería desplazada por la función defensiva. El autor expone que la economía se completaba con la ganadería que presenta su mayor auge en la segunda fase. Para valorar la funcionalidad del yacimiento hace hincapié en la geotecnia, centrando el análisis de modo
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especial en los aspectos de capacidad de carga, permeabilidad y drenaje, y acaba determinando que tanto la Motilla de Los Romeros como la de La Casa de Pedro Alonso se han asentado sobre los terrenos que mejores condiciones ofrecían por lo que la instalación no fue aleatoria. Por último, determina que las diversas importaciones constatadas, así como los probables orígenes de los sistemas amurallados en las culturas calcolíticas demuestran los contactos de la “Cultura de las Motillas” con otras áreas peninsulares como la Cultura del Argar y el Bronce Valenciano (García Pérez, 1987, 1988).
A comienzos de los 80, Corchado Soriano completó su obra de 1971 recogiendo nuevos yacimientos (Corchado, 1982) planteando la existencia de tres culturas primitivas en el Campo de Calatrava, la de los Castellones o Castellares, del occidente de la Península, la de las Pinturas Rupestres Esquemáticas, situada a lo largo de la faja montañosa Mariánica, y la de las Motillas, la más conocida del nordeste de la comarca (Corchado, 1984: 60), cuya datación y calificación científica dejó pendientes del estudio de las excavaciones en el Azuer y Los Palacios
.
En elmapa que Corchado publicó en 1982 aparecen representadas las motillas del sector más occidental según el panorama actual, documentándose, además de algunas de las ya mencionadas en el texto anterior, las de la Máquina, Malagón, Los Romeros, Pedro Alonso, Barrios, Aldea del Rey y tres localizaciones indeterminadas al suroeste, limítrofes con el área que denomina Cultura de los Castellones, por lo que podría tratarse de morras y no de motillas como ocurre con el caso de Aldea del Rey (Corchado, 1982) (Fig. I. 5).
Fig. I. 5. Culturas primitivas en el Campo de Calatrava (Corchado, 1984: 59 y 60).
No obstante, fue el equipo granadino el que, en base a las prospecciones y excavaciones en las motillas fundamentalmente de El Azuer y en menor medida de Los Palacios y Las Cañas, planteó las interpretaciones más generalmente aceptadas por la comunidad científica al exponer:
- Que las motillas fueron poblados prehistóricos fortificados (Nájera y Molina, 1977: 274;
Nájera et al., 1977: 512) cuyo tipo de hábitat presentaba un esquema urbanístico distinto
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al de los poblados de las restantes áreas peninsulares de la Edad del Bronce, con fuerte tradición eneolítica del horizonte Millares I.
- Que el desarrollo cultural de la Mancha durante la Edad del Bronce era comparable con el fenómeno que aconteció en algunas islas del Mediterráneo central y occidental que poseían un modelo urbanístico parecido (Molina et al., 1979: 512-513).
- El emplazamiento de la mayoría de las motillas en el interior de las vegas fluviales estaba relacionado con la existencia de una agricultura intensiva en torno a los núcleos de habitación siendo dicha actividad la base de su economía junto con la cría de animales.
- El tipo de sistema de fortificación, en torno al que se agrupaba el poblado, llevaba a plantear la existencia de una sociedad jerarquizada cuyos grupos dominantes residirían en el interior de los recintos defensivos.
- La variedad en el tamaño y la equidistancia entre motillas podían responder a una posible relación de dependencia entre los asentamientos de menor entidad con cada motilla de mayor tamaño (Nájera et al., 1979: 36 y 37) (Fig. I. 6).
Fig. I. 6. Motilla del Azuer (Molina et al., 1979: lámina II) y Motilla de Los Palacios (Nájera y Molina, 1977:
lámina XIII).
Años más tarde, en 1983 se iniciaron las excavaciones arqueológicas en la Motilla de Las Cañas (Daimiel, Ciudad Real) por parte del mismo equipo de investigación, con carácter de urgencia hasta 1986 ante la dificultad que suponía excavar en una zona progresivamente encharcada debido a la construcción de la Presa de Puente Navarro, y fue programada una nueva campaña de excavaciones para 1989 que fue imposible acometer debido a la inundación de la parte baja de la motilla, no volviendo a retomarse los trabajos. En función de lo resultados obtenidos, los investigadores determinaron que la motilla mantenía los patrones de asentamiento y urbanísticos generales a este grupo de yacimientos.La secuencia investigada de la Edad del Bronce se dató en las fases Temprana y Reciente del Bronce Pleno entre el 1600 y el 1400 a.C., según los paralelos que conectan con las fases II y III de la Motilla del Azuer y I y II de la Motilla de los Palacios (Molina et al., 1983: 315; Blanco de la Rubia, 1990: 102) (Fig. I. 7).
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Fig. I. 7. Motilla de Las Cañas (Molina et al., 1983: láminas IIb y IVb).
Como Corchado Soriano, T. Nájera, defendió en su Tesis Doctoral el desarrollo simultáneo de dos patrones de asentamiento bien diferenciados en la Mancha Occidental: por un lado los poblados establecidos en cerros elevados de fácil defensa y, por otro, la Cultura de las Motillas, que serían los poblados fortificados de carácter agrícola instalados en las llanuras de la región manchega, ocupando las vegas de los ríos y depresiones pantanosas, señalando no obstante que junto a estos dos grandes grupos existe un pequeño grupo de poblados sobre ligeras elevaciones que se alzan junto a las orillas del río Jabalón y otro grupo de poblados en el Campo de Criptana sobre lomas o espolones aislados en la llanura. (Nájera, 1984: 7). En cuanto al complejo de las motillas, Nájera determinó que su ubicación en las vegas de los ríos es consecuencia de la búsqueda de terrenos fértiles para la agricultura mientras que las ubicadas en depresiones pantanosas tendrían una función defensiva basada en la dificultad de acceso al núcleo habitado, menor visibilidad de los poblados desde el exterior de los mismos así como el resguardo de los vientos (Nájera, 1984: 8), señalando también que las diferencias en el tamaño de los asentamientos podrían reflejar una mayor concentración de población por cuestiones económicas y la proximidad entre motillas el desarrollo de una agricultura intensiva para abastecer las necesidades de su población (Nájera, 1984: 9), considerando pues las motillas como asentamientos básicamente de explotación agrícola siendo las fortificaciones el núcleo en torno al que se agrupaban las casas del poblado, centro que aglutinaba y centralizaba parte de las actividades económicas y desde donde se ejercía el control del territorio circundante (Nájera, 1984: 10).
Pero, aunque las interpretaciones de T. Nájera fueron aceptadas de forma prácticamente generalizada, otros equipos de investigación llegaron a conclusiones diferentes.
En el marco del Proyecto de Investigación “La Edad del Bronce en la Meseta” que se desarrolló en la Universidad Autónoma de Madrid, dirigido por el profesor Nieto Gallo y coordinado por el profesor Sánchez Meseguer, Catalina Galán y Rosario Colmenarejo, del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, iniciaron en 1984 las excavaciones arqueológicas en la Motilla de Santa María del Retamar (Argamasilla de Alba, Ciudad Real) que fueron interrumpidas en 1991. A tenor de los resultados obtenidos y de las investigaciones llevadas a cabo en dicho proyecto, el equipo de investigadores planteó hipótesis interpretativas sensiblemente diferentes a las del equipo granadino, identificando el yacimiento como un núcleo de habitación concentrado y permanente formado por un conjunto de estructuras de fortificación y otras destinadas a otros usos como habitación, almacenaje, etc., cuya función no fue la explotación agropecuaria del entorno de forma intensiva, ni lugar donde se almacenase o custodiase algo importante, ni la residencia de personajes socialmente importantes sino que formaría parte de un sistema regido por una política para la que fuese necesaria la existencia de motillas en puntos estratégicos, dadas sus condiciones estratégicas y
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defensivas, situado entre la gran vía de comunicación entre el sureste y La Mancha, siendo de vital importancia su proximidad y control de las vías de comunicación de uso ganadero y comercial (Colmenarejo et al., 1987: 88-91) (Fig. I. 8).
Fig. I. 8. Motilla del Retamar (Lenguazco, 2012: figuras 3 y 4).
I. 2. 2. La Mancha Oriental
En el sector norte de La Mancha Oriental se desarrolló un proyecto de investigación en los años 80, dirigido por el Prof. Fernández-Miranda (Universidad Complutense de Madrid) y C.
Martín, sobre el Poblamiento de la Edad del Bronce en la zona oriental de La Mancha, cuyo objetivo era establecer tanto la relación de los asentamientos con los recursos que necesitaban sus habitantes como la que esos asentamientos mantenían entre sí, a fin de detectar en ellos signos de jerarquización o funcionalidades diferenciadas que permitieran avanzar en el conocimiento de la economía política de las comunidades que los ocuparon (Fernández-Miranda et al., 1994: 247). Entre 1985 y 1989 y en el marco de dicho proyecto, Concepción Martín, Manuel Fernández-Miranda y Mª Dolores Fernández-Posse llevarían a cabo las intervenciones arqueológicas en la Motilla del Acequión (Albacete) y entre 1988 y 1995 desarrollaron varias campañas de prospección, en un área de 10.000 km² con base central en el yacimiento de El Acequión.
A raíz del desarrollo de dicho proyecto y en diferentes momentos, los investigadores distinguieron cuatro tipos de yacimientos de la Edad del Bronce cuya diversidad fue interpretada como la expresión de diferentes procesos de adaptación a un medio por parte de distintos grupos sociales que posiblemente constituyesen un área cultural común (Fernández-Miranda et al., 1988: 302):
- morras o poblados fortificados asentados sobre elevaciones naturales, en la cima, a media ladera o en el borde de un espacio amesetado;
- motillas o poblados fortificados situados en tierras llanas, abiertas o en medio de un valle, cerca de puntos de agua y en zonas pantanosas;
- poblados situados en cerros de difícil acceso e
- instalaciones, pequeños yacimientos con algo de material en superficie, pero sin estructuras visibles (Fernández-Miranda et al., 1994: 245).
Años más tarde, ya a finales del pasado siglo XX, algunos miembros de aquel equipo de investigación destacaron la existencia durante la Edad del Bronce de gran cantidad de pequeños asentamientos que interpretaron como caseríos y aldeas (Fernández-Posse et al., 1996: 121), determinando incluso que las llamadas morras en Albacete y motillas en Ciudad Real son un
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mismo tipo de yacimiento y que es su ubicación la única diferencia (Gilman et al., 1997: 34) (Fig. I. 9).
Fig. I. 9. Morra del Quintanar (Munera, Albacete) y Morra de La Encantada (Albacete) (Fernández-Posse et al., 2008: láminas IV y VIII).
I. 2. 3. La Mancha Nororiental
En la provincia de Cuenca, la insuficiencia que presentaba el registro arqueológico, con escasas excavaciones arqueológicas y algunos hallazgos aislados, hizo que Margarita Díaz- Andreu, de la Universidad Complutense de Madrid, plantease la necesidad de un proyecto de investigación sobre la Edad del Bronce en el NE de la Meseta Sur, que sería realizado entre 1987 y 1990, basado en una prospección por las comarcas de La Alcarria, La Serranía y La Mancha a fin de evaluarlas como “límite en la posibilidad de cambios y transformaciones de las diversas culturas” (Díaz-Andreu, 1994b: 145). Partiendo de la premisa de que sólo en la parte más meridional de la zona de estudio pueden existir motillas ya que a medida que La Mancha se acerca a La Sierra pierde su carácter de llanura con cursos de agua y zonas lagunares para pasar a un paisaje de lomas y montes bajos con ríos, solamente ha sido localizada una motilla en la comarca de La Mancha, la Motilla de El Pedernoso (El Pedernoso, Cuenca), ubicada en el paraje conocido como la “Motilla” y de la que no se tiene ningún dato salvo el descubrimiento de un crisol en excavaciones clandestinas (Díaz-Andreu, 1989: 22, 1990, 1994a: 190-192). Este proyecto no aportó por tanto novedades respecto al concepto de motilla, pero sí en cuanto a la localización geográfica de este tipo de yacimientos (Fig. I. 10).
Fig. I. 10. Motilla del Pedernoso (Fuentes: IBERPIX y archivo personal).
17 I. 2. 4. La Mancha Noroccidental
Así mismo, la casi total ausencia de estudios arqueológicos en el noroeste de la Submeseta Sur motivó la realización de un proyecto de investigación, dirigido por el Dr.
Fernández-Miranda, que estudiaba la distribución del poblamiento y la estructura socioeconómica durante la Edad del Bronce en distintas comarcas naturales de la provincia de Toledo: La Jara, en el Suroeste; las estribaciones orientales de los Montes de Toledo en el Centro-Sur de la provincia y La Mancha, en su límite Sureste. El trabajo desarrollado consistió en la prospección extensiva de las zonas elevadas y la prospección intensiva del llano, abarcando una superficie aproximada de 1700 km² del sureste de la provincia de Toledo (Ruiz Taboada, 1993, 1994a; Ruiz Taboada y Andonaegui, 1995; Ruiz Taboada, 1996, 1997, 1998) y el resultado fue la localización de una única motilla en la comarca de La Mancha, la Motilla de El Morrión (El Toboso, Toledo), situada en una vaguada, junto al arroyo Cuadrejón y asentada sobre un pequeño lecho de cuarcita (Ruiz Taboada, 1994b: 421; Domingo et al., 2007: 234), sin que dicho proyecto aportase novedades respecto al concepto de motilla en tanto que en las publicaciones relativas a sus resultados se detecta la consideración de este tipo de yacimientos como asentamientos dedicados a la explotación agrícola de su entorno inmediato (Fig. I. 11).
Fig. I. 11. Motilla de El Morrión (Fuentes: IBERPIX y archivo personal).
I. 3. EL PROBLEMA DE LAS MOTILLAS DESDE FINALES DEL S. XX A LA ACTUALIDAD
I. 3. 1. Finales del S. XX
En el I Congreso de Historia de Castilla La Mancha, celebrado en 1985, Nieto Gallo y Sánchez Meseguer plantearon la identificación de distintas “facies culturales” que caracterizarían la Edad del Bronce en La Mancha, con diferentes tipos de asentamientos, distintas manifestaciones de carácter espiritual, diferentes conjuntos ergológicos y sistemas económicos, estableciendo la diferenciación de las facies “cuevas”, “fondos de cabaña”, “morras”,
“castellones”, “abrigos” y “motillas” (Nieto y Sánchez Meseguer, 1988). Las “Motillas” fueron entonces identificadas por dichos autores como un tipo de asentamiento, cuya funcionalidad no se planteó ni cuestionó en aquella propuesta, con características y conjunto de ergología, suficientemente diferenciadas de las de los “Castellones”, las “Cuevas”, las “Morras”, los
“Abrigos” y los “Poblados de Llanura” como para considerarlas una facies particular del complejo cultural, cuya existencia y denominación hoy son aceptadas y compartidas por los principales investigadores de la materia: el Bronce de La Mancha.
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Para Martínez Navarrete, sin embargo, esa diversidad cultural es fruto más de la adopción del normativismo como teoría antropológica que de la valoración de los aspectos funcionales de esas construcciones, las cuales pueden formar parte de una misma área cultural, aspecto este último no cuestionado por los investigadores citados anteriormente. Según la autora, los yacimientos han de ser entendidos en clave territorial, no de forma aislada (Martínez Navarrete, 1988: 86), rechazando así mismo tanto el recurso de Martín Morales de justificar la secuencia evolutiva, como el de Nájera, Sánchez Meseguer y Blanco en cuanto a la definición cultural por el tipo de emplazamiento (Martínez Navarrete, 1988: 89). Martínez Navarrete considera que hay tantos datos arqueológicos para tener en cuenta un origen autóctono como los que se manejan en la hipótesis difusionista, al tiempo que culpabiliza de no tener en cuenta en los estudios realizados aspectos funcionales de la cultura mediante instrumentos analíticos, por lo que resultan en su opinión cuestionables y sin base arqueológica suficiente, lo que da lugar a interpretaciones deterministas (Martínez Navarrete, 1988: 90), obviando en todo momento la casualidad cultural (Martínez Navarrete, 1989: 477), pero, en cualquier caso, no aporta novedades respecto al concepto de motilla.
Algo después, C. Galán y J. L. Sanchez Meseguer defienden una pluralidad de funciones dentro del Complejo cultural del Bronce de La Mancha, como ponen de manifiesto la arquitectura de los asentamientos, sus contextos materiales, el sistema de ocupación del territorio, etc. (Galán y Sánchez Meseguer, 1994: 90), al tiempo que destacan la importancia que tendría la facies motillas por sus rasgos arquitectónicos y materiales dentro de un sistema económico que abastecía a estos pequeños núcleos de población, tanto de productos de primera necesidad como de lujo, siendo su peculiar ubicación y su localización en el territorio los factores que determinan dicha importancia, consecuencia de una planificación previa producto de unos patrones de ocupación del territorio (Galán y Sánchez Meseguer, 1994: 102). Es decir, los investigadores de la UAM no se plantea una identificación de las motillas como asentamientos propia y fundamentalmente de explotación agropecuaria del terreno circundante como propuso T. Nájera en su momento, ni una producción agrícola comercializable como propusieron J. Rovira y J. Santacana (1980), ni una explotación de minerales, sino que dado que su ubicación está ligada al control de las vías naturales de comunicación como por ejemplo el valle del Guadiana, importante vía de comunicación con el Sureste y, por tanto, con la Cultura de El Argar (Galán y Sánchez Meseguer, 1994: 103), dichos autores propusieron su directa relación con el tránsito de personas, animales y mercancías.
I. 3. 2. Las motillas en el S. XXI
Desde los últimos años del siglo pasado se ha desarrollado un proyecto de investigación que tiene por objeto el Análisis de los Patrones de Asentamiento durante el Calcolítico y la Edad del Bronce en el Alto Guadiana, mediante la prospección del territorio, en paralelo a otros estudios de prospección de motivación científica en la Altiplanicie del Alto Guadiana que pretendían esclarecer el verdadero significado de las distintas facies y fases culturales del Bronce de la Mancha (López y Fernández, 1994: 367), proyecto al que se han sumado iniciativas administrativas consistentes en la realización de las Cartas Arqueológicas de Albacete y Ciudad Real y el Inventario de los Recursos Culturales del Parque Nacional de las Lagunas de Ruidera encargado por la Consejería de Agricultura y Medioambiente (Rico et al., 1997).
El resultado ha sido la localización de algunos yacimientos en el fondo del valle que buscan ambientes palustres como es el caso de las motillas de la Moraleja II, Jacidra y Cueva Morenilla, además de las ya conocidas Motilla del Retamar y Santa María (Ocaña, 2000: 8).
Según diferentes investigadores, los datos obtenidos hacen pensar en la existencia de una ocupación jerárquica del territorio identificada en función de las diferencias observadas en el
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tamaño y función de los asentamientos y su control de las vías de comunicación en la zona de las Lagunas de Ruidera, como reflejo de la existencia de un cierto grado de complejidad social provocada por la adopción de un modelo de intensificación económica basado en la ganadería (Ocaña, 2002: 176), planteándose la posible existencia de una trashumancia hacia las Lagunas de Ruidera en busca de pastos de verano (Harrison y Moreno, 1985: 66). Cabe destacar la localización exacta de la Motilla de Dos Barrios (Sánchez Meseguer et. al., 1985: 154) y la Motilla de la Membrilleja (Nájera y Molina, 1977: 256), así como la localización inédita de las Motillas de Perales y Juez, en Argamasilla de Alba, y la localización exacta de la Motilla de Brocheros (Vaquero et al., 1984), en Alcazar de San Juan. Algunas de estas motillas parecen tener un único anillo de muralla, sin torre central y de dimensiones inferiores a otras documentadas, lo que podría corresponder a condicionantes de tipo funcional (Ocaña, 2007:
405). Evidentemente este proyecto, aunque basado únicamente en prospecciones arqueológicas, resulta de suma importancia no sólo por ampliar el número de motillas conocidas y concretar la localización de algunas antes no conocida con precisión, sino también porque, si no aporta novedades respecto al concepto de ese tipo de yacimientos como asentamientos de base agrícola, sin embargo, recoge otras propuestas relativas a otras posibles funciones relacionadas con la ganadería y las vías de comunicación.
No obstante, como hemos dicho anteriormente, la investigación de la Motilla del Azuer es la que más información está aportando al mundo científico. T. Nájera y F. Molina en un primer momento interpretaron estos yacimientos como poblados fortificados y posteriormente como asentamientos fortificados en llanura, en las zonas deprimidas y a lo largo de cursos fluviales, con una importante función de gestión y control de recursos económicos durante la Edad del Bronce, lo que explicaría el almacenamiento y procesado de cereales a gran escala, producción de cerámica y productos artesanales, estabulación ocasional de ganado, pero el descubrimiento de un pozo en el interior del recinto fortificado llevó a los investigadores de la Universidad de Granada a matizar aquellas primeras interpretaciones planteando la utilización del mismo para captar agua del nivel freático (Nájera y Molina, 2004a: 539; 2004b: 209 y 210;
Nájera et al., 2006: 150), hipótesis que ha sido aceptada mayoritariamente. Para dichos investigadores las motillas corresponderían a grupos de población reducidos que habitarían en las viviendas ubicadas alrededor del recinto fortificado (Nájera y Molina, 2004b: 193) y que formarían parte de un sistema político con un importante grado de jerarquización territorial y social, destacando la existencia de un “…sistema complementario en la implantación de los asentamientos en el territorio con una interrelación entre los poblados de altura donde residirían las élites y los asentamientos de llanura con una función dirigida principalmente a la explotación, almacenaje, gestión y control de los recursos agropecuarios…” (Nájera y Molina, 2004a: 539;
2004b: 210) y señalando que todo ello está asociado a cambios medioambientales que tuvieron lugar en estas regiones a finales del tercer milenio a.C. (Nájera et al., 2010b: 75; 2012: 152-155;
López-Sáez et al., 2014).
Por su parte A. Gilman, Mª D. Fernández-Posse y C. Martín defienden la existencia de tres tipos de yacimientos en La Mancha Oriental (las morras o fortines de planta circular, los poblados o castillejos y las instalaciones) que interpretan como aldeas de cierta extensión que coexisten con granjas aisladas o caseríos, pudiendo ambas estar fuertemente fortificadas, sin que se aprecien diferencias funcionales entre yacimientos. Para este grupo de investigadores, las diferencias en cuanto al tamaño de los yacimientos podrían reflejar, no una jerarquía social, sino el éxito y la duración diferenciada de los grupos de parentesco, es decir, todos los yacimientos comenzarían siendo pequeños pero los ocupantes de algunos conseguirían atraerse a un número mayor de partidarios lo que daría lugar al aumento del tamaño del yacimiento (Gilman et al, 2000-01: 316, 318 y 320; Fernández-Posse et al., 2001: 135; Fernández-Posse et al., 2008: 48;
Brodsky et. al., 2013: 162). Inciden además en que todos los poblados se sitúan en lugares de
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fácil acceso a tierras apropiadas para una explotación agrícola intensiva (Fernández-Posse et al., 2001: 133; Fernández-Posse y Martín, 2007: 111) al tiempo que ponen en duda la hipótesis de que se trate de puntos de control de agua ya que la presencia de tierras con posibilidades de una intensificación agrícola es amplia en toda la región y el tamaño reducido de los asentamientos hace innecesario el control del agua (Fernández-Posse y Martín, 2007: 113).
Finalmente es necesario reseñar que recientemente se ha publicado una monografía sobre las motillas de La Mancha (Benítez de Lugo, 2010) donde se menciona la existencia de 31 motillas constatadas. En dicho trabajo se señala que la práctica conjunta de la agricultura con poblados edificados para controlar las tierras cultivables -explotación agrícola intensiva- y la ganadería con uso de los pastos para el ganado, favoreció su desarrollo económico, al mismo tiempo que participó en una red de intercambios comerciales intra y extrapeninsulares (Benítez de Lugo, 2011b: 146), desatacándose la posible relación entre el cambio social y los cambios climáticos caracterizados por una extrema aridez (Benítez de Lugo, 2011a: 60) e interpretando las motillas como lugares de aprovisionamiento de agua (Benítez de Lugo et al., 2007: 14) identificados como pozos fortificados y ubicados donde el nivel freático se encuentra más próximo a la superficie, accesible con tecnología prehistórica, no estando necesariamente ligadas a cursos fluviales sino a los acuíferos (Benítez de Lugo, 2010: 71; 2011b: 149; 2011c: 66; 2013:
32; Benítez de Lugo y Mejías, 2014: 103; Mejías et al., 2014: 470; Benítez de Lugo y Mejías, 2015: 112), sugiriendo incluso que el tamaño de las motillas podría estar en relación con el diámetro de dichos pozos (Mejías et al., 2014: 467). Posteriormente y a raíz de sus intervenciones en el yacimiento Castillejo de Bonete, el mismo investigador plantea la posibilidad de que las motillas utilizasen este tipo de monumentos funerarios como instrumentos de cohesión social y para la legitimación del poder político (Benítez de Lugo, 2013: 30) y que incluso, en el caso de algunas motillas aún sin excavar, se traten realmente de túmulos funerarios (Benítez de Lugo et al., 2014b: 170; Benítez de Lugo y Mejías, 2015: 122).
I I I I . . E E L L C C O O N N C C E E P P T T O O D D E E M M O O T T I I L L L L A A C C O O M M O O Y Y A A C C I I M M I I E E N N T T O O
A A R R Q Q U U E E O O L L Ó Ó G G I I C C O O
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II I I. . EL E L C C ON O N CE C EP PT TO O DE D E MO M OT TI I LL L LA A C C OM O MO O YA Y AC C I I MI M IE EN NT TO O AR A RQ QU UE EO OL LÓ ÓG GI I CO C O
II. 1. EL TÉRMINO MOTILLA: TOPONIMIA POPULAR, SINÓNIMOS Y DEFINICIONES SEGÚN LA RAE
Son muchos los topónimos que hacen referencia a estructuras tumulares en el territorio peninsular como motilla (-o), turón, turrión, toruño (y derivados: toruñuelo/a, con sus variantes:
tiriñuelo/a, teriñuelo/a), mambla (mammula ‘pequeña mama’, en Galicia mámoa), frecuentes en Badajoz, Sevilla, Málaga y La Mancha.Otro tipo de denominaciones, como modia, medorra o medoña, se atestiguan en la onomástica de lugares en Galicia haciendo referencia a un sepulcro prehistórico escondido bajo una elevación redondeada del terreno (Gordon, 2008: 110-111). Hay un claro ejemplo en el libro Historia de Ciudad Real de D. Antonio Blázquez y Delgado donde cita: “En Santa María, al S. de Argamasilla de Alba, hay también dos túmulos, mamoas ó turruñuelos, según me manifiesta mi sabio amigo el Sr. Hervás” (Blázquez y Delgado, 1989: 44).
El historiador D. Trifón Muñoz y Soliva en su libro Historia de Cuenca dice: “… Según Varron, los nombres de antiguas poblaciones se forman o bien de los fundadores o de la topografía de los sitios en que se edificaron o de las traslaciones que tuvieron de un sitio a otro, y de estas dos últimas causas nos parece procede el nombre de MOTILLA que, en origen debió existir en algún alto y llamarse en hebreo ILA o ILI, altura, o en grecolatino ILIA, población alta. Bien porque fuese esta ILAI o ILIA destruida por los guerreros o porque no gustase a los romanos el sitio que ocupaba, debió ser trasladada al que esta y le antepusieron el MOTA que significa MUDADA o MOVIDA y resulto el MOTA-ILIA, MOTILIA y, finalmente MOTILLA” (Muñoz y Soliva, 1866: 308).
Los términos motilla o morrilla, morra y mota son topónimos de uso frecuente en Castilla La Mancha, aunque también se puede encontrar el topónimo motilla en Sevilla (Dos Hermanas, Carmona, Marchena, Cañada Rosal), Cádiz (Facinas, Parque Natural de los Alcornocales, Algodonales), Jaén (Porcuna), Mérida (Siruela) o Zaragoza, que hacen referencia a accidentes geográficos (Moreno, 2007: 1027) y a rasgos geomorfológicos y estructurales del paisaje (García y Salcedo, 2008: 168). Los topónimos motilla, comúnmente utilizado en la provincia de Ciudad Real, y morra, comúnmente utilizado en la provincia de Albacete, hacen referencia a pequeñas elevaciones naturales o artificiales ubicadas sobre la cima, a media ladera, en el borde de un espacio amesetado o en el llano, dominando un valle o un paisaje más o menos abierto. El topónimo mota, comúnmente utilizado en la provincia de Cuenca, es el único oficialmente registrado en el diccionario de la Real Academia Española y significa “eminencia de poca altura, natural o artificial, que se levanta sola en un llano” y el sufijo -illa indica un
“valor diminutivo”.
Existe una estrecha relación entre el topónimo motilla y la presencia de yacimiento arqueológico, aunque dicha relación no indique necesariamente la presencia de un yacimiento correspondiente a la facies motillas. En el área de estudio se observa como sólo el 24% de las motillas documentadas hasta la fecha presentan alguna relación con el topónimo motilla en la cartografía, bien porque se haga mención directa del accidente geográfico como sería el caso de los topónimos Las Motillas, La Motilla, Morrilla, incluso con redundancias como Cerro de La Motilla, o bien porque el propio accidente geográfico se utilice para identificar un lugar como por ejemplo Casas de las motillas, Casa de la motilla, Camino de las motillas, Carril del Motillón, Camino del cabezo del Motillón, Zanja de La Motilla o Arroyo de la Motilla (Tabla II.
1).