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La mediación Sorda como posibilidad

Correlatos de nación en el Museo Nacional de Colombia

Cristian Alejandro Suárez Caro

Directora:

Liliana Vargas – Monroy

Tesis

Maestría en Estudios Culturales Facultad de Ciencias Sociales Pontificia Universidad Javeriana

Bogotá 2021

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Tabla de contenido

Introducción ... 3

La mediación y el Museo, un problema para pensar/sentir ... 5

Los antecedentes ... 12

La estructura ... 17

1. Museo/Nación: El Museo Nacional de Colombia desde adentro. ... 19

Museo ... 23

La sala Memoria y Nación ... 27

La representación de la diversidad ... 32

Sala Hacer Sociedad ... 39

¿Qué esperar del relato de nación del Museo? ... 48

2. Un museo para “todos”. ... 54

El Museo y la “discapacidad” ... 55

La accesibilidad museística: ... 57

La representación de la discapacidad ... 63

Museos como espacios de agencia: ... 68

Las personas Sordas y Sordedad ... 72

Un equipo ... 76

3. La mediación Sorda: un correlato de nación. ... 79

Curso de LSC para mediadores oyentes ... 81

Vídeos para las nuevas salas ... 82

Relatos en movimiento ... 83

Preparar la mediación ... 84

La mediación ... 90

Un Museo que comunica en LSC ... 97

¿Qué se puede decir sobre la mediación Sorda? ... 102

Conclusiones ... 105

I. ... 105

II. ... 106

III. ... 107

IV. ... 109

Vuelva pronto ... 111

Referencias ... 113

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Introducción

Buenos días, mi nombre es Alejandro Suárez y soy mediador del Museo Nacional de Colombia. A continuación, voy a realizar una pequeña introducción para que, de manera informada, pueda realizar su visita de la mejor manera:

La sede en la cual nos encontramos, ubicada en la carrera 7 no 28 -66 Bogotá, corresponde a un diseño del arquitecto de origen danés Thomas Reed que viajó y trabajó en Colombia a mediados del siglo XIX, bajo el encargo de Tomas Cipriano de Mosquera. El edificio, comenzó a ser construido en octubre de 1874 y después de múltiples retrasos ocasionados por el clima político de la época, se terminó en 1905. El lugar se usó como la Penitenciaría Central de Cundinamarca. Su estructura tiene forma de cruz latina, cuyo punto central fue utilizado como torre de vigilancia desde donde era posible hacer guardia de los 4 puntos cardinales; este atributo caracterizó al espacio a tal punto que los ciudadanos lo apodaron “El Panóptico”. El Panóptico funcionó como cárcel hasta 1946 cuando los presos fueron trasladados a la cárcel de La Picota; durante los dos años siguientes el edificio fue remodelado y a partir del 2 mayo de 1948, se convirtió en la sede definitiva del Museo.

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El Museo Nacional de Colombia es una de las instituciones de este tipo más antiguas en el continente, se inauguró el 28 de julio de 1823, como Museo de Historia Natural y Escuela de Minas. Esto se hizo por medio del decreto 117 que fue firmado por Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, razón por la que se encuentran sus bustos aquí, en el punto de inicio del recorrido. Ese museo, el que inauguraron los próceres, era muy diferente al que se puede visitar hoy: se trataba de una institución que tenía el objetivo de hacer un inventario de los recursos naturales y minerales de la naciente república, con el fin de convertirlos en un activo que le garantizara su propio sostenimiento y el beneficio de sus nuevos ciudadanos.

En el Museo, también se encontraban objetos donados por personalidades del proceso de independencia, por lo que a partir del 4 de julio de 1824 la fecha de apertura, el Museo tuvo como responsabilidad dar cuenta del importante suceso.

Esta institución ha tenido diversas sedes: la desaparecida casa de la Expedición Botánica, el edificio de las Aulas (actual sede del Museo Colonial) y la Universidad Nacional de Colombia. Su tránsito por estos lugares transformó el tipo de objetos que se coleccionaba y la intención con la cual se hacía. Así, desde que se reinauguró en el Panóptico hasta el día de hoy, es posible identificar la catalogación de cuatro tipos de objetos: arqueológicos, etnográficos, históricos y artísticos, con los que se narra la nación.

Con el tiempo, las exposiciones han ido cambiando: durante los años 90, Beatriz González construyó una narrativa cronológica con las 4 colecciones. Esta narrativa iniciaba en el primer piso con los primeros pobladores del territoriohace unos 14.000 años y terminaba con la intrusión de los españoles; en el segundo piso empezaba en la colonia, haciendo especial acento en la independencia y la historia política hasta 1886; en el tercero, aún hoy, se narra la regeneración, pasando por el Bogotazo y permitiendo hacer una paneo de los grandes artistas modernos beneficiados por la gestión de la argentina Marta Traba:

Botero, Obregón, Negret, etc.

Ese relato, se fue transformando gracias a los aportes realizados por Cristina Lleras y más recientemente por el Proyecto integral de Renovación, que tomando como nodo la Constitución del 1991, plantean un museo que reconoce a Colombia como un país pluriétnico y multicultural. Bajo esta premisa se han reinaugurado un poco más de la mitad de las salas del museo: Memoria y Nación (2014), Tierra como recurso (2016), El tiempo sin olvido

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(2018), Ser sociedad (2019), Ser territorio (2019), Historia del Panóptico (2020) y El museo en la historia y la historia en el museo (2020).

Recuerde que, por cuestiones de conservación, se deben tomar fotografías sin flash, debe evitar consumir alimentos y tocar los objetos de las colecciones. Si tiene alguna pregunta, puede buscarme o alguien más que haga parte del equipo de educación del Museo

¡qué disfrute su visita!

La mediación y el Museo, un problema para pensar/sentir

Hace aproximadamente 10 años estoy vinculado al Museo Nacional de Colombia (MNC), específicamente con su Departamento de Comunicación Educativa1; allí he desempeñado diferentes cargos: he sido voluntario, mediador de exposiciones temporales, diseñador de espacios didácticos y he estado también al frente de proyectos y programas educativos como el Curso de Formación Anual y Voluntariado, que es el lugar en el que los nuevos mediadores adquieran herramientas para trabajar con los públicos que visitan el Museo. De manera reciente coordino el Programa de Comunidades, Accesibilidad e inclusión, en el que se producen diferentes estrategias para trabajar con colectivos que a razón de distintas barreras (económicas, físicas, educativas, etc.), no han sido considerados ni por el Museo, ni por lo que se entiende como nación.

Por lo tanto, el relato del Museo lo conozco bien, de hecho, hice parte de su construcción: aquí lo conté por medio de una guía introductoria (Departamento de Comunicación Educativa, 2019), que es la estrategia educativa que se le ofrece a quienes requieren algún tipo de orientación básica sobre la institución. Todos los mediadores debemos conocer esa información, en la que se muestra de “la mejor manera” la historia del

1 Este ha sido un nombre en disputa: hasta hace menos de un año, con la necesidad de actualizar funciones y referentes conceptuales, nos denominamos Departamento educativo y cultural; después de algunas conversaciones, el nombre cambió a Departamento de acción educativa, teniendo en cuenta que buena parte de nuestro trabajo consiste en dar respuesta inmediata a las necesidades de lo públicos y los colectivos que nos visitan. De manera reciente, y como parte de las asimetrías y las tensiones que hay dentro de la propia institución, una voz poderosa, de manera más o menos arbitraria nos rebautizó: Departamento de comunicación educativa.

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Museo, de su actual sede, de sus colecciones y donde se plantean posibles rutas para recorrer y leer el espacio. Todo esto como una versión controlada y oficial de lo que es el MNC.

Según lo que he podido constatar tanto en mi experiencia como en la de otras personas a las que he evaluado, retroalimentado y con quienes he conversado sobre el tema, eso que se denomina como “mediación”, ese puente que toma forma humana y que conecta al museo con el público, en realidad es una práctica diversa y que escapa fácilmente de cualquier control institucional. La posibilidad de construir diálogos con los públicos a partir de distintas mediaciones como las visitas comentadas, las visitas especializadas y las visitas taller2, permite transformaciones en la cotidianidad del Museo, e incluso pone en tensión las mismas exposiciones, los relatos elaborados desde lugares privilegiados de enunciación, como las curadurías.

Recuerdo cómo hace algunos años, en la sala Modernidades, que recientemente se cerró, había una escenificación de la oficina del expresidente conservador Laureano Gómez:

escritorio, banda presidencial (la que tiene imágenes religiosas en el reverso del escudo) y claro, una pintura de gran formato del Sagrado Corazón de Jesús. En este espacio la curaduría apenas hizo una reseña de quien gobernó entre 1950 y 1953, y de cómo sus ideas conservadoras “retrasaron” la entrada de las diferentes vanguardias artísticas al país por considerarlas “degeneradas”. Sin embargo, varios de los mediadores aprovecharon este mismo nicho para problematizar y evidenciar otros asuntos sustanciales del mandato de Gómez, que en la exposición no eran visibles: su posible participación en el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, sus ideales eugenesistas y de “limpieza” racial, sus congruencias y puntos de afinidad con el proyecto de la Europa fascista contemporánea a él; los mediadores dieron cuenta de cómo todo ello marcó la vida artística en Colombia desde mediados de siglo XX hasta la actual vida política, social y cultural del país.

2 Una visita comentada busca, de acuerdo a lo que se ha definido desde hace algunos años, reflexionar sobre la historia del museo, su sede, las cuatro colecciones, y de manera reciente, la manera en la que estas se articulan dentro del Proyecto de Renovación. Las visitas especializadas, se centran en el desarrollo de un tema o un periodo específico: la idea de nación en el Museo, la independencia, el Bogotazo, la historia del edificio, etc. Por su parte, las visitas taller reflexionan sobre temáticas específicas, produciendo ejercicios “prácticos”

y de “experimentación”, los cuales se construyen pensando en las habilidades y los conocimientos de los participantes de acuerdo a su edad y nivel de escolarización.

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Vistas así, estas prácticas educativas, se pueden configurar como una (contra) estrategia, que nos afecta a nosotros mismos (los mediadores), a los visitantes y en términos generales a las dinámicas de la institución, pues ellas estructuran correlatos que se construyen a partir de intereses, conocimientos, convicciones políticas y experiencias personales, que en muchos casos completan y en otros, también contradicen, critican y se oponen a la historia monumental3 que caracteriza a los escenarios patrimoniales como el MNC. Es una situación en la que la asimetría entre las voces autorizadas que siempre han narrado el Museo y nuestras voces, la potencia y el volumen de unas y otras se pone en tensión.

Es posible visibilizar y nombrar incontables ejercicios educativos con estas características: bajo la premisa de hacer de mi trabajo investigativo un asunto mensurable, tomé como caso de referencia las mediaciones que desde el año 2014 vienen diseñando y aplicando Daniela Alfonso y Magda Vargas, mediadoras Sordas4, en compañía de su intérprete, la profesora Claudia Rodríguez; ellas a partir de ese año, empezaron a hacer parte del equipo de mediación del Museo

He seleccionado estos ejercicios como centro de discusión para mi trabajo, por su potencial: un colectivo de personas Sordas y de usuarios5 de Lengua de Señas Colombianas (LSC), que han participado en espacios de formación del Museo, en los que han construido herramientas de interpretación de las narrativas musealizadas de la nacióny además las han codificado a la LSC. Esto, teniendo en cuenta que estas narrativas suelen ser casi siempre inaccesibles para ellas y que se trata de un ejercicio difícil, pues la relación de las personas Sordas con el español, así sea escrito, es compleja. Es un ejercicio que tiene importantes

3 Michel Foucault, al estudiar a Nietzsche y proponer la genealogía como una forma alternativa, política y emancipadora para analizar e interpretar la realidad, denomina como historia monumental o historia de anticuario, a aquel relato del pasado que tiene pretensiones de universalidad, es estático, esencialista, y pretende encontrar una ley que explique con claridad lo que sucedió; además presta particular atención a grandes eventos y a los personajes protagónicos. La historia monumento y normalmente se construye desde lugares de poder que son privilegiados como el museo y hacen parte vertebral de la idea de nación.

4 En los estudios de la Sordedad, los estudios culturales sordos y todos aquellos individuos que han trabajado alrededor de la representación de esta comunidad y de su historia, se entiende que cuando se habla de

“sordo”, el concepto se relaciona con la discapacidad por tanto con un dictaminen clínico. Mientras que

“Sordo” tendría que ver con un lugar de identificación que redefine los imaginarios sobre la sordedad y la vincula con la diversidad cultura.

5 La Lengua de Señas colombiana no es de uso exclusivo de las personas sordas, los usuarios de LSC también son los intérpretes, los profesores, los familiares y todos aquellos que por distintas motivaciones han aprendido la lengua.

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implicaciones de cara al colectivo de personas Sordas y que se ha visto materializado en mediaciones diseñadas para que personas Sordas tengan acceso al Museo.

Por otra parte, se han elaborado ejercicios dirigidos a los oyentes, denominados

“Relatos en movimiento”; allí se preforman el cuerpo de las mediadoras y el de los participantes, construyendo de manera conjunta escenarios de sensibilización de la LSC y produciendo situaciones de empatía con respecto a lo que se podría denominar como

“discapacidad”6; se han elaborado escenarios informales de enseñanza-aprendizaje de LSC para los mediadores oyentes y para otros trabajadores de la institución (principalmente para el equipo de vigilancia y servicios generales)7, y se ha producido material multimedia accesible para las salas del Proyecto Integral de Renovación que adelanta el Museo.

Estos ejercicios suponen que hay presencia de las mediadoras Sordas, sus colectivos y sus historias en el Museo; son relatos que no han sido considerados por la institución, ni por su relato de nación. Estas acciones han tenido efectos en la sensibilidad de las personas que han participado de los procesos, y tal vez de manera mucho mayor en quienes trabajamos en el Museo, incluso en aquellos que trabajan desde lugares más privilegiados y con voces más potentes.

Entonces, estoy interesado en entender cómo se ha desarrollado la mediación, que, siendo una actividad contemplada desde el interior del Museo, se convierte en la ruta para problematizar sus propios relatos de nación. Así, la pregunta que enrutará este trabajo es:

¿Cómo se producen, se transforman, se problematizan los relatos de nación elaborados por las curadurías del Museo Nacional de Colombia, a partir de los ejercicios educativos producidos por las mediadoras Sordas?

6 Esta es una categoría bastante compleja y se discutirá más adelante. Por ahora y para ir construyendo un contexto de interpretación de la misma, la idea de discapacidad o persona con discapacidad, propone, desde lo clínico –con clara afectación en la política pública– una diferenciación de las capacidades físicas e intelectuales de algunos individuos, de tal manera que se han elaborado ciertas clasificaciones: discapacidad física, visual, auditiva, psicosocial, intelectual, etc. Aunque colectivos, intelectuales y académicos han elaborado categorías diferentes para entender estos cuerpos y estas subjetividades, la categoría

“discapacidad”, es usada –de manera estratégica– para reivindicar los derechos con respecto al estado;

también como estrategia de visibilización en diversos escenarios más o menos institucionales. Como evidencia de esta situación está “La convención de personas con discapacidad” que tiene implicaciones políticas muy importantes.

7 Parece que las voces que construyen desde arriba el relato de nación, no tienen la necesidad de aprender LSC, es solo para quienes trabajamos y estamos con los públicos. Me pregunto ¿Por qué desde esos lugares no ha existido esta necesidad, ni la preocupación por adquirir este tipo de aprendizajes?

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Alrededor de esta pregunta, fueron tomando forma tres objetivos específicos que guiaron el desarrollo del trabajo: 1) Evidenciar la producción de los relatos de nación de algunas de las principales curadurías del Museo Nacional de Colombia 2) Visibilizar las compresiones, las acciones y las transformaciones del MNC que permitieron conformar un equipo de mediación Sorda 3) Establecer en qué medida el ejercicio de mediación de Daniela y Magda, como mediadoras Sordas, produce una tensión frente a algunos de los relatos de nación que hacen parte del Museo Nacional de Colombia y permite que se construyan otros.

Tanto la pregunta como lo objetivos se deben revisar, teniendo en cuenta que la mediación ocupa un lugar poco visible, subalterno, con respecto a otros roles, trabajos y prácticas que le dan forma al MNC8; si bien existe una oferta de servicios educativos y de mediaciones, nuestro trabajo se entiende como algo más o menos operativo y mecánico que solo está al servicio del aparataje del Museo y claro, del estado. Muchas veces he escuchado la siguiente síntesis de lo que implica una mediación: estudiar las exposiciones, diseñar la mediación, recibir al público y hacer la mediación, y así infinitamente. De ninguna manera se ha considerado que esta labor deba ser documentada, sistematizada y registrada, como sí sucede con el trabajo de otras áreas como la curaduría, la conservación o la museografía. En ese sentido, se hace un ejercicio de reivindicación de un rol subalternizado dentro de la institución por medio de la escritura, tratando de hacer menos efimera la experiencia de los mediadores, sus memorias, sus conocimientos específicos y sus versiones sobre el Museo, las colecciones, las exposiciones y claro, sobre eso que sucede cuando su labor de mediación posibilita el encuentro entre ellos, sus relatos, el Museo y el público.

Al igual que sucede con otros y otras mediadoras del Museo, mi relación con Magda, Daniela y Claudia, las personas Sordas y su intérprete, se ha ido elaborando con los años. En el año 2014, Daniela empezó a hacer parte del Curso de Formación y Voluntariado, espacio que empecé a coordinar ese mismo año. En el 2016 Magda hizo parte de la misma experiencia; en los dos escenarios, Claudia hizo parte del acompañamiento pedagógico y

8 En el apartado sobre estado de la cuestión, se evidenciará cómo en estas latitudes, la mediación, el ejercicio educativo en los museos, no tiene reconocimiento y tampoco historia; se trata de un ejercicio que parece invisible tanto para los museos como para los profesionales que trabajan en ellos. Lo anterior, a excepción de algunos momentos donde se puede instrumentalizar con el objeto de ser coherente frente a lo que define a un museo más allá de coleccionar, investigar y conservar: comunicar y aprender.

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como intérprete de LSC. Con el paso del tiempo y de manera conjunta hemos diseñado, aplicado y evaluado los ejercicios educativos para personas Sordas y oyentes; incluso, hemos participado en eventos académicos como el VII Congreso Nacional de Antropología, donde a partir de relatos autoetnográficos, describimos y reflexionamos sobre lo que ha implicado trabajar juntos9.

De esta manera, el trabajo que desarrollé, metodológicamente, propone un acercamiento etnográfico que articula de manera particular, algunas técnicas de investigación: entrevistas semiestructuradas, observación participante y análisis etnográfico de documentos. Siguiendo al profesor Eduardo Restrepo (2016), la etnografía puede tener distintos tratamientos, usos y definiciones, dependiendo del contexto en el que se decida utilizar; es una metodología que permite dar cuenta de un escenario especifico, que desnaturaliza su cotidianidad y que toma como principal insumo la voz de quienes tienen parte en él:

[…] como encuadre, estaría definida por el énfasis en la descripción y en las interpretaciones situadas. Como metodología, la etnografía buscaría ofrecer una descripción de determinados aspectos de la vida social teniendo en consideración los significados asociados por los mismos actores (Restrepo, 2016, p. 32)

Estas consideraciones metodológicas, me llevaron a organizar mi memoria, recordar situaciones, diálogos y emociones que han resultado profundamente significativos; también me impulsaron a observar, recorrer y pensar el Museo con ópticas sustancialmente distintas a las que tenía; revisé documentos de distinta naturaleza: guiones curatoriales, guías de mediación, textos que acompañan las exposiciones, etc. Todo esto implicó realizar entrevistas semiestructuradas con algunos curadores, las mediadoras y la intérprete; y aunque ya había hecho parte de la producción de los ejercicios educativos, volví a participar de ellos, esta vez con una observación más atenta que quedó registrada en diarios de campo. Estas acciones permitieron desnaturalizar y encontrar nuevos sentidos a las acciones que ya

9 La ponencia exploró y profundizó la relación entre Sordos y oyentes en el Curso de Formación y Voluntariado durante 2016. El trabajo se llamó “Cosas con valor, diálogos entre sordos y oyentes en el Museo Nacional de Colombia”. Este documento también sirvió de insumo para el desarrollo de este trabajo y de hecho, ayudó a estructurar su desarrollo.

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conocía, así, empezaron a emerger otros significados, que habían permanecido ocultos a mi mirada ya acostumbrada a este tipo de mediaciones10.

Aunque estoy jugando de local, pues me estoy preguntando por procesos en los que he tenido una importante participación, y que como ya conté, son trabajos que vengo desarrollando desde hace años, el caso que propongo investigar, me plantea una serie de cuestionamientos de carácter ético: 1) Aunque soy mediador del Museo, tengo un lugar privilegiado de enunciación: mis condiciones laborales son relativamente estables al coordinar un programa, mientras que las de ellas, las mediadoras Sordas, no. 2) Soy hombre, y aparentemente no tengo una discapacidad —soy “regular” —11; en este sentido mi voz y mi papel como etnógrafo externo a la situación, puede que apropie, acapare y construya una versión incompleta del otro Sordo; esta reflexión se ha ido construyendo, tomando como marco de referencia los cuestionamientos que hace Ochi Curiel a la herencia colonial de la antropología y la etnografía, con la que se cuenta al otro desde una narrativa que subordina, una antropología de la dominación:

En esta misma preocupación, me he propuesto aportar a la construcción de lo que he denominado la antropología de la dominación, que consiste en develar las formas, maneras, estrategias, discursos que van definiendo a ciertos grupos sociales como

“otros” y “otras” desde lugares de poder y dominación. (Curiel, 2013, p. 28)

Trabajar con personas Sordas, no solo implica que este otro no escuche, que sea considerado como alguien que carece de una capacidad física y que está enfermo. Si se complejiza la comprensión de estas formas de existir en el mundo, es necesario reconocer a

10 Como licenciado en Artes Visuales y mediador del Museo, los lentes con los que he entendido al Museo y al tipo de intervenciones que allí realizamos, siempre han sido los de la educación: diseñar, aplicar, evaluar mediaciones y dispositivos de mediación. Pensar mi labor cotidiana desde los estudios culturales, desde luego me ha abierto nuevas posibilidades de interpretación: analizar críticamente el relato de nación, desnaturalizar el origen colonial del Museo y sus profundas implicaciones de cara a la auto-colonización, etc.

11 Como me han explicado varias personas “con discapacidad”, se han construido categorías desde la medicina y desde la educación para separar a las personas de acuerdo a sus capacidades físicas e intelectuales. Desde esta perspectiva se propone que quienes no requieren de atención particular para ser absorbidos por el sistema, se denominan como “regulares” o “convencionales”, haciendo referencia a cierto canon de la normalización del cuerpo. De hecho, se entiende que el sistema de salud y la educación tradicionales, que no consideran o apenas está considerando la inclusión, son regulares. Sobre esta tensión se puede consultar la Sentencia C-149/18 en htetps://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2018/C-149-18.htm

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estos colectivos y comunidades desde la diversidad cultural, lugar que ellos mismos se han encargado de construir y defender. La Comunidad Sorda comparte una lengua (la LSC), una historia común que está vinculada a la marginación social, a los diagnósticos y a los tratamientos médicos con los que se trata su “enfermedad”.

Desde el 2014 empecé a aprender LSC, en ese momento no tenía los presupuestos, ni las necesidades de los antropólogos clásicos cuando aprendían la lengua de los otros; más bien, aprendí por un asunto práctico: adquirir un aprendizaje que me permitiera una comunicación directa y autónoma con las mediadoras. Más allá del trabajo, esa habilidad comunicativa me ha permitido conocer de primera mano algunas de las características que delinean a La cultura Sorda, también algunas luchas que han sostenido con el Estado para ser reconocidos como ciudadanos y como sujetos de derecho. Sin embargo, no soy intérprete, mi conocimiento de la LSC es limitado12, y el desarrollo de esta investigación requirió de señas específicas, de un ejercicio calificado de interpretación que permitió la precisión comunicativa en las entrevistas y las socializaciones del proyecto. Por lo anterior, resultó fundamental el rol de la profesora/intérprete Claudia Rodríguez, que en doble vía le dio el mejor trato posible al sentido de las palabras en español y al de las señas.

Mi lugar como etnógrafo que para estas consideraciones es “etic”, es decir, que se hace desde un lugar de interpretación fuera de la cultura que se estudia (E. Restrepo, 2016, p. 40), es respetuoso, no busca usar o explotar el conocimiento, la experiencia y la existencia del otro, sino más bien, construir un canal de visibilización y de comprensión de tan potentes prácticas.

Los antecedentes

Aunque existe un campo relativamente amplio que ha estudiado las ideas de museo y nación, resulta fundamental resaltar el trabajo de dos autores, por la importancia que han tenido en la discusión de tal problemática: 1) Luis Gerardo Morales (1994), que en un

12 El proceso no estuvo exento de mal interpretaciones, causadas porque aún me faltan conocimientos de LSC.

Como la implementación de las herramientas de investigación se hizo de forma paralela al desarrollo de varias actividades laborales, muchas veces no fue clara la separación de los dos espacios y eso generó incomodidad en una de las mediadoras que pensó que estaba usando su imagen y la de su comunidad sin ningún tipo de consideración ética, que igual que otros muchos, la estaba exotizando por ser Sorda.

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ejercicio pionero indaga sobre el origen del Museo Nacional de México, puntualizando momentos en los que se configura una idea de nación en esta institución a partir del encuentro entre el pasado indígena, la colonización española, la independencia y la revolución. y 2) David Fleming (2015), director del Museo Nacional de Liverpool quien lleva años cuestionando el rol de los museos nacionales con respecto a la inclusión y exclusión de narrativas ciudadanas. El trabajo de los dos autores ha permitido la transformación de museos y exposiciones en distintos lugares del mundo.

Pero el análisis de la dupla museo/nación en el contexto específico del MNC ha sido objeto de estudio para diversos investigadores. El caso más visible es la IV Cátedra Ernesto Restrepo Tirado (Museo Nacional de Colombia, 2000) en la cual participaron curadores, trabajadores de museos y académicos de reconocida trayectoria: Jesús Martín Barbero, Norbert Lechner, Beatriz González, Alan Kninght, Geroges Lomné, Marco Palacios, etc. El propósito de ese evento académico y de sus memorias, consistió en visibilizar y discutir la historia y el rol de los museos nacionales, y así proyectar la pertinencia de estas instituciones para el nuevo siglo y el nuevo milenio. Parte de este documento servirá como punto de partida para hacer el análisis sobre la narración del MNC.

En los últimos años, el MNC y su narrativa han sido objeto de estudio para diversas tesis. Una de ellas es la de Laura Vanegas (2016), quien hace un paralelo de la forma en la que se construyeron las exposiciones del MNC en dos momentos de la historia de país y de la institución: por un lado, la representación de la Constitución Política de 1886, que sucedió durante la dirección de Teresa Cuervo Borda (1946-1974) y que es aún es vigente en espacios como la sala Industria e ideologías 1910 -1948 ; por otra parte, analiza la sala Memoria y Nación y la sala Tierra como recurso que están inscritas en el Proyecto Integral de Renovación. Diana Quinayá (2015) mira de manera específica la exposición temporal 200 años de ser colombianos: historias de un grito, que se realizó en el año 2010; en su análisis resalta el papel del museo como un aparato ideológico del Estado y la manera en que, pese a diversas transformaciones, el MNC sigue incluyendo dentro de su narración ideas vinculadas a la idea del hombre, blanco, heterosexual, católico que por medio de heroicas proezas militares logró la independencia de la República y fundó la nación. Las

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inclusiones/exclusiones del relato de nación que se señalan en las dos tesis, coinciden con la perspectiva analítica de Amada Carolina Pérez:

El Museo funcionaba entonces como un dispositivo de representación de las élites, por un lado, y de las curiosidades, por otro, en el que los indígenas de los territorios nacionales aparecían como los únicos pobladores radicalmente distintos, los demás grupos sociales y culturales estaban ausentes o eran pensados como el público al cual el Museo se dirigía con el objetivo de presentarles los modelos de virtudes que debían seguir para honrar a las notabilidades del pasado y del presente y para convertirse así en los ciudadanos del futuro (Pérez Benavides, 2010, p. 105)

Sin que haya conexión directa con el MNC, Sandra Milena Camelo (2012), magister de Estudios Culturales de la Universidad Javeriana, en su tesis problematizó la idea de aparente “veracidad” que caracteriza los discursos y las representaciones construidas por los museos y que posibilitan cierta lectura del pasado, de la nación y la identidad, esto a partir de la pregunta ¿cómo se representa (y qué significa) la indianidad en el Museo del Oro?

Cuestión que la llevó a entender el carácter histórico de las representaciones en este contexto museístico particular.

La producción de tesis y trabajos de grado no se limita al análisis de la intersección Museo/Nación. Hay una gran variedad de investigaciones que caracterizan, explican y ponen sobre la mesa a la mediación en el MNC. Estas, tienen dos características: la primera es que han sido elaboradas por personas que han estado vinculadas de una u otra manera en los procesos educativos del Museo; y la segunda, es que todas surgen de la necesidad de sistematizar, caracterizar y construir una memoria de los ejercicios de mediación del Museo.

Estos trabajos se han producido desde la Universidad Pedagógica Nacional y la maestría en Museología y Gestión del Patrimonio de la Universidad Nacional de Colombia.

En un primer bloque es posible ubicar tres trabajos que caracterizaron las mediaciones en un escenario específico: dos exposiciones temporales (Mur, 2016; Soto, 2015), y la sala Memoria y Nación (Lengua, 2016). En estas investigaciones elaboran una disección de los ejercicios educativos: se trata de un trabajo que inicia con el debate de la información de la curaduría (nombre de la sala, objetivos de las exposiciones, información de los segmentos,

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disposición de los mismos en el espacio), para continuar con la lectura de los objetos a diferentes niveles (formal, simbólico y desde diversas disciplinas), construyendo así narrativas y relatos que se adaptan a los conocimientos previos y a las experiencias de los visitantes. Estos trabajos entienden que la mediación tiene interés en conectar con la cotidianidad de los participantes —por tanto, requieren de una lectura y adaptación para cada tipo de público—; también ayudan a visibilizar la forma en la que se construye el equipo de trabajo y los roles que se desempeñan en cada contexto.

Por otro lado, se pueden citar otras investigaciones, que han permitido construir la memoria de tres experiencias significativas vinculadas a la mediación en el Museo: 1) Juan Ricardo Barragán (2017) indagó sobre el origen del Departamento de Comunicación Educativa del Museo, desde la década de 1980, el cual se inauguró con mediaciones que permitían el acceso a grupos de escolares; Juan Ricardo resaltó algunas transformaciones que a partir de ese momento empezaron a suceder en el Museo, en el mismo Departamento y que dependieron de la mirada de cada coordinador que trabajó en ese espacio 2) Mauricio Martínez (2018), uno de los mediadores con mayor experiencia que ha laborado en el Museo, se dio a la tarea de elaborar la memoria de dos espacios de mediación: por un lado, la exposición “Sentir para ver”13 en la que se diseñaron y aplicaron ejercicios educativos para grupos de personas con discapacidad visual; por otro, el desarrollo de esta tesis permitió documentar la tercera vigencia del Proyecto Explorando Patrimonios, en la cual las mediaciones se construyeron a partir del cruce entre el potencial de las colecciones, las narrativas del Museo y las características de la población que participó en esta iniciativa: la infancia vulnerable. 3) Camilo Álvarez (2016) tomando como punto de partida la idea de que el mediador es “la voz” del Museo, el puente entre la institución y sus diferentes públicos, decidió caracterizar el Programa de Formación de Voluntarios (hoy en día Programa de Formación y Voluntariado) como el lugar en el que los mediadores adquieren herramientas básicas para desarrollar su trabajo y que tiene por lo menos tres características que sobresalen: se trata de un espacio transdisciplinar, se construye a partir de la experiencia de

13 Aún se puede consultar la información general de esta exposición en el link http://www.museonacional.gov.co/sitio/tactil/exposicion.html

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los participantes y es flexible, cambia de acuerdo a las necesidades del Museo, pero también de los intereses de los participantes.

Resalto la tesis que realizó Johana Galindo (2016) en el marco de la maestría en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. Esta investigación pone en el centro del cuestionamiento a la educación museística en el marco del Proyecto Integral de Renovación, situándose específicamente en la sala Memoria y Nación. En este contexto, se entiende que el trabajo de la mediación permite que, junto a los públicos y a otros actores involucrados, se pueda revisar y dialogar alrededor de lo que está siendo exhibido, visibilizando asuntos que normalmente son invisibles: ¿Cómo se hace la investigación? ¿Por qué se incluyen algunas cosas y se excluyen otras? ¿Qué es la museografía y qué trabajo realiza en el Museo? ¿Cómo aprenden los mediadores todo lo que saben? Este diálogo permite elaborar versiones más complejas del MNC. El trabajo de Johana constituye el punto de partida para pensar que la mediación construye un relato otro, un correlato con respecto a los contenidos del Museo.

En años recientes, y como parte de ciertas prácticas artísticas y museologías activistas, se ha planteado la idea de hackear el Museo: intervenir, interferir, transgredir desde adentro la forma en la que normalmente se comportan los museos. De acuerdo a esto, es posible hacer algunos cambios de adentro hacia afuera, producir curadurías y ejercicios de mediación que rompan el imaginario tradicional sobre el Museo y sus narrativas. En estos casos, las voces se horizontalizan, la curaduría y la mediación, buscan que los públicos tengan un rol activo, sean tenidos en cuenta y produzcan y exhiban sus propias narraciones. Los trabajos de Kathleen Mclean (2011) y Nina Simon (2016) van por esta línea y se han convertido en referentes para la transformación de escenarios expositivos y la construcción de museos contemporáneos y comunitarios.

Me parece importante señalar la idea de mediación, que se ha venido desarrollado en algunos escenarios españoles vinculados al arte; en ellos, esta práctica no está prevista desde la reproducción del conocimiento curatorial, ni se define como educación o como obra de arte; allí la mediación es entendida como disrupción, idea muy cercana a la manera en la que abordo esa labor en esta investigación. Más allá de la mediación/disrupción, este tipo de acercamiento ha logrado consolidar memoria, caracterización y sistematización del qué

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hacer, a través de un trabajo reflexivo. Bajo esa perspectiva es importante citar el trabajo que vienen realizando el colectivo de “Pedagogías Invisibles” que encabeza la reconocida María Acaso (2018); por la misma línea se ubican los proyectos del arte educador de Jordy Ferreiro14, en los que se entiende el ejercicio educativo como un asunto de producción artística, como obra de arte y como un proyecto curatorial independiente.

En este balance, se han encontrado documentos que abordan las ideas de memoria y nación, otras que caracterizan la mediación y otros que dan cuenta de ejercicios que disrumpen el museo y la mediación. No obstante, hay pocos o ningún trabajo que den cuenta sobre la manera en la que los ejercicios de mediación en los museos nacionales, configuran narrativas diferentes, y muchas veces contrarias, a las que se producen desde la curaduría.

Con respecto a la idea relato de nación/mediación/Sordedad tampoco hay mucho escrito, pero mostraré un panorama a este respecto en el segundo capítulo de esta tesis.

La estructura

La escritura de este documento, se estructura a partir de tres capítulos:

En el primero Museo/Nación: El Museo Nacional de Colombia desde adentro, elaboro la relación que existe entre museo y nación, la cual tiene una historia compleja, particular, inacabada y contradictoria; el Museo Nacional como un lugar que sirve de escenario para la construcción de relatos en tensión y como espacio de disputas entre profesionales, individuos y versiones de la historia y de la nación. Esta reflexión es encarnada en el Museo Nacional de Colombia que se inaugura en 1823 como Museo de Historia Natural, que se ha transformado dando respuesta al complejo contexto social, político y económico del país, hasta llegar a la realización del actual Proyecto Integral de Renovación, que toma como nodo la Constitución de 1991. Este capítulo me permite acercarme al objetivo:

evidenciar la producción de los relatos de nación de algunas de las principales curadurías del Museo Nacional de Colombia, analizo dos salas: Memoria y Nación y Hacer Sociedad.

14 El trabajo del arte educador se puede consultar en http://jordiferreiro.info/

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En el segundo capítulo Un museo para “todos”, realizo una presentación de las mediadoras y de la intérprete que son mis informantes en este trabajo. Desde aquí es posible rastrear el momento coyuntural en el que quienes trabajábamos en el MNC y en la Universidad Pedagógica Nacional nos aliamos para iniciar este proceso de formación y producción de mediaciones. Lo cual me acerca a mi segundo objetivo de tesis. Este apartado elabora la idea de Sordedad, qué más allá de las apreciaciones clínicas con las que se entiende la discapacidad auditiva, se define como un lugar de identificación de las personas Sordas como comunidad, como colectivo; personas que comparten el uso de la Lengua de Señas, y se identifican como una alteridad cultural construida desde la diferencia con los oyentes.

El tercer y último capítulo La mediación Sorda: un correlato de nación, desarrolla la idea de la de mediación como un tipo de intervención educativa, como punto intermedio entre algo que debe ser aprendido: el museo, las colecciones y sus relatos; y alguien que debe aprender: los públicos, los colectivos que asisten al Museo y los otros mediadores. Este capítulo caracteriza, describe y narra algunos de los ejercicios de mediación que hemos realizado, puntualizando aquellos lugares en los que el punto de vista de las personas Sordas y sus historias de vida particulares tienen efectos en quienes trabajamos en el Museo, abriendo nuevos espacios de diálogo y visibilidad. No menos importante, se abordan estos relatos producidos desde la mediación, que, ocupando un lugar subalterno, complementan, tensionan y van más allá esa idea hegemónica de la nación.

En las conclusiones muestro al Museo como un lugar que no está libre de tensiones y disputas. Si bien sigue siendo un espacio para conservar la versión de la nación de ciertas elites del país, el relato multicultural “critico”, ha permitido la inclusión de diversas voces subalternas que lo problematizan. En este contexto, la mediación y la conformación de un equipo de mediación Sorda, ha producido un relato que codifica y sobreinscribe la narración del Museo, de tal manera que la Lengua de Señas Colombianas, la historia de las personas Sordas y de su comunidad, emergen y empiezan a hacer parte significativa de este escenario.

Estos ejercicios con el tiempo han permitido que el MNC se convierta en una plataforma para pensar y construir un patrimonio Sordo.

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1. Museo/Nación: El Museo Nacional de Colombia desde adentro.

“Hacer parte del monstruo”

Yuderys Espinosa Es imposible olvidar que después de pasar por la puerta del panóptico más allá de la taquilla y del vestíbulo del Museo Nacional de Colombia, muy cerca al centro de su estructura arquitectónica y antes de llegar a las escaleras, hay dos bustos de dos reconocidos protohombres de la nación: a mano izquierda se encuentra Simón Bolívar, y a la derecha, Francisco de Paula Santander. Con esta particular manera de iniciar la visita, es imposible no preguntarse ¿Qué narra el Museo Nacional de Colombia? ¿Se trata de un monumento más a la patria? ¿Es una historia sobre el mito de fundación de la nación en el siglo XIX?

En este apartado intentaré responder a ese conjunto de preguntas. Para esto, primero estableceré la relación que existe entre los museos y la idea de nación. Después, analizaré el relato de nación que desarrolla el Proyecto Integral de Renovación del MNC, sin dejar de hacer referencia a ciertos aspectos importantes de la historia del Museo. Finalmente, como caso puntual de esa narración, reseñaré dos salas que se abrieron de manera relativamente

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reciente: Memoria y Nación, y Hacer sociedad, para analizar en ellas, desde el punto de vista de la 1mediación, algunos aspectos del relato de Nación que construye el Museo.

La relación entre museos, la construcción de nación, su reproducción y representación, han ocupado el tiempo y espacio de diversos investigadores, coloquios y publicaciones; es una discusión vigente. Como evidencia de esta situación, el MNC en 1999 llevó a cabo la IV Cátedra Ernesto Restrepo Tirado Museo, memoria y nación: misión de los museos nacionales para los ciudadanos del futuro. A este evento asistieron representantes de museos nacionales de diferentes latitudes, se discutieron los roles que los museos habían construido alrededor de una identidad fija, vinculada al origen de los mitos de nación de los estados modernos (en el caso de Colombia, el siglo XIX y los procesos de independencia), y cómo el futuro de estas instituciones debería estar asociado a criticar, disolver ese imaginario y responder a los contextos sociales y políticos más contemporáneos. La cátedra resultó significativa en tanto permitió imaginar el papel de estas instituciones para el siglo XXI, y así se convirtió en el punto de partida para el Proyecto Integral de Renovación que en los últimos 10 años ha transformado las salas de exposición del Museo.

La comunicación realizada por el historiador colombiano Gonzalo Sánchez Gómez, que sirvió de apertura a tal evento, planteó la articulación moderna que existe entre museo y nación (Estado-nación):

[ …] Esta narrativa nacional hay que admitirlo, se inscribe en el discurso ideológico, originalmente de las fuerzas emancipadoras que se veían compelidas a redefinir las bases de su legitimidad e identidad, y delante de quienes se pretendían herederos y guardianes de los bienes nacionales. Porque los museos, nos recuerda Benedict Anderson, son instituciones de poder, y constituyen, junto a los censos –que nos dan la ubicación y sistemas clasificatorios del conjunto de la población- y los mapas –que proveen la delimitación el territorio-, elementos centrales en los procesos de legitimación de los dominios coloniales allí donde estos persisten, además de conformar la base de la unidad imaginada de los estados poscoloniales. Se trata, por consiguiente, de un discurso inherente hegemónico, que incluye y excluye, y que edifica sobre la base de la segregación, la supresión, o la jerarquización, de las diferencias ya establecidas, ya sean regionales, étnicas, políticas o culturales. El

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museo-nación es una puesta en escena de una memoria que define quienes son los grandes hombres; cuales los grandes acontecimientos, que es lo que se valora: el talento, la fortuna, el heroísmo, que es lo que se privilegia: lo artístico, lo científico o lo político. Es la tensión entre museo-galería y museo-sociedad (Sáchez, 2000, p. 28) Nación

La propuesta del profesor Sánchez, me da la posibilidad de discutir las nociones de museo y de nación, para luego entender de qué manera se articulan en el MNC. Iniciaré discutiendo la idea de nación, y para ello, usaré el mismo referente teórico del historiador colombiano, para quien la nación se define como una comunidad política imaginada, como inherentemente limitada y soberana (Anderson, 1991, p. 23).

Según la definición de Anderson utilizada por Sánchez, es posible ubicar cuatro puntos que definirán a tal comunidad política: 1) Es imaginada, porque nadie conoce la totalidad de quienes la conforman, pero hay una conciencia simbólica de su composición; 2) Es limitada, porque tiene unas fronteras geográficas, sociales, jurídicas, históricas y lingüísticas definidas, que permiten construir la idea de nosotros y de los otros; 3) Debería ser soberana, en tanto los gobernantes no deberían depender de designios religiosos ni de otras formas de imposición; el pueblo decide al gobierno y a sus gobernantes; 4) Se puede interpretar como una comunidad, porque pese a los desacuerdos y las diferencias entre quienes la conforman, es posible mantener algunos acuerdos.

La definición de Anderson, aunque pionera, no se puede tomar como una teoría de aplicación universal; ha sido discutida y ampliada de múltiples maneras. Para el autor, la idea de quien somos, normalmente se instaura a partir de una serie de esencialismos que deben ser sacralizados (Alonso, 2006) y se establecen a partir de un lugar compartido, una historia de origen común o alguna relación de parentesco. La nación, cuando se entiende desde el Estado, está claramente ideologizada y es capaz de dar cuenta solo de algunos relatos: los que están de acuerdo con la agenda política del momento; en ese sentido, se trata de una forma de dominación, que busca homogenizar y es excluyente.

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Como lo recuerda Íngrid Bolívar (2005), la nación también puede ser entendida desde el lugar de la subalternidad; la lucha por la nacionalidad, también se ha desarrollado de abajo hacia arriba. En este sentido, es posible visibilizar, por ejemplo, cómo las tradiciones indígenas y algunos aspectos de la vida campesina se integraron a la idea de nación en México15. Esto no deja de ser problemático, porque estas situaciones, normalmente no entienden la complejidad de la etnicidad, sino que apenas toman como referencia algunos esencialismos útiles para su proyecto de homogenización; en el caso colombiano, este proceso se da con elementos como el sombrero vueltiao, la música de marimba, la ruana, la corona de plumas, etc.

La posibilidad de construir la nación desde la subalternidad y entender en términos gramscianos la idea de hegemonía16, que no es ni impenetrable ni absoluta, sino frágil y temporal, puede ser renovada, recreada, redefinida y modificada (Alonso, 2006, p. 161);

permite pensar que la nación, también es un asunto que puede ser recreado, que es un lugar de discrepancia, disputa y lucha constante.

La configuración de la nación como una comunidad imaginada, debe contemplar el uso de diferentes estrategias para su construcción. En función de esto, hay materialidades, rutinas, rituales y políticas que el Estado pone en marcha; la idea de nación sale de la abstracción, para producir prácticas específicas que en la cotidianidad articulan temporalidades y corporalidades de quienes configuran tal comunidad. Un ejemplo de esto es que se crea que, durante la visita al Museo Nacional, es posible encontrarse con “la esencia” de lo que significa ser colombianos: los retratos de los próceres, pinturas de las guerras de independencia, armas, imágenes de políticos relevantes, documentos que dan cuenta de la fundación de la comunidad imaginada, etc.

15 Se puede pensar algo similar a lo sucedido en Colombia, aquí la autora argumenta cómo la música del Caribe y del Pacifico son un claro ejemplo de la manera en que los negros han sido integrados a la nación.

16 Para Gramsci, la hegemonía consiste en la imposición y la naturalización del sentido comunión de las clases dominantes, sobre las clases dominadas, la idea de nación hace parte de ese sentido común. Sin embargo, Gramsci entiende que la hegemonía (y la dominación) es posible gracias al consenso social, es decir que las clases dominadas avalan tal sentido común; pero siempre existe la posibilidad de que haya disenso, y así la posibilidad de disputar el significado del sentido común. La hegemonía permite choques y conflictos.

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Como lo señala Carla Pinochet (2016) durante el siglo S.XIX y hasta la actualidad, la conformación y dirección de escuelas, museos y otras instituciones “modernas” de instrucción de la ciudadanía, están vinculadas a la idea de nación aquí esbozada. Esto como un claro ejercicio de gobernabilidad, en el que por medio de la construcción de narrativas más o menos estáticas, fijas, esencializadas e ideologizadas (el relato sobre “los grandes hombres” y “los grandes acontecimientos”, la valoración de elementos como el talento, la fortuna, el heroísmo; el privilegio o no de lo artístico, lo científico o lo político, etc.), permiten la configuración de un tipo de sujeto que asimila, cree y participa de ese tipo de proyectos políticos.

Museo

Con respecto a la idea de museo, sobre todo de aquel que sirve de escenario para la puesta en escena del modelo nación17 y para la producción de un tipo de subjetividad que se debería acomodar a esta, es pertinente recordar que este aparece de forma muy pertinente, casi al tiempo que los Estados-nación y los relatos a los que me he referido. Tal vez el punto de partida más importante para los museos18 nacionales y occidentales, sucede a finales del S. XVIII en Francia, y se relaciona nada más ni nada menos que con el surgimiento del Museo de Louvre, que es considerado el primer museo nacional. Este se erigió para representar las ideas de Francia, como un Estado recién emancipado de la corona, cobijado por los designios de los derechos del hombre y se ubicó en un palacio que no sirvió más a la realeza; sus colecciones que se adquirieron como parte del proyecto colonial, se liberaron de los yugos de la monarquía y quedaron abiertas para el conocimiento y disfrute de los nuevos ciudadanos (Hernández, 1992). Este ejemplo fue tomado por otros países que querían mostrar su estatus como naciones modernas y usaron a los museos como plataformas para tal fin, así se abrieron otras instituciones de este tipo, como la Gliptoteca de Múnich (1816), El Museo del Prado en España (1819) y el MNC, que abrió sus puertas en 1824.

17 A parte de los museos nacionales, hay muy variadas tipologías y temáticas a las que obedecen estas instituciones: historia, arte, antropología, música, por épocas, etc.

18 Aquí me estoy refiriendo a la idea moderna de museo. Sin embargo, la idea de museo en occidente puede rastrearse mucho más atrás, la tradición francesa entiende que su origen está relacionado con la palabra museion, espacio habitado por las musas. Aunque no tenía una identidad clara y su función se fundía con la de las bibliotecas, con el tiempo se empezó a denominar así a las colecciones privadas de objetos excepcionales.

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Esta tradición museológica19 permite la elaboración de una de las perspectivas conceptuales más usadas y también más generalizadas con las que se puede definir hoy al museo; esta tiene acento en la salvaguardia del patrimonio y en la que debería ser su función social:

El museo es una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo (ICOM, 2016).

El MNC, al igual que otros escenarios de estas características en Latinoamérica, se proyectó con aspiraciones similares a las del Louvre, y hoy en día pretende materializar la definición del Consejo Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés) que recién cité. Sin embargo, no se puede olvidar que la importación de estas nociones no es exacta y que el desarrollo de los museos en nuestras latitudes es problemático; de hecho, podría prestarse para la construcción de una categoría un tanto diferente o por lo menos con acentos propios.

Sobre los primeros años del Museo de Historia Natural y Escuela de Minas, hoy en día MNC, se puede decir que, siguiendo la idea de ser una institución moderna para la instrucción de los ciudadanos, también se relacionó con el reconocimiento de los recursos naturales y minerales. El rol que desarrolló, lo llevó a convertirse en un claro ejemplo en el que es posible constatar que, en estas latitudes, la mirada europea, principalmente la francesa, no fue más que una utopía; de forma casi milagrosa el MNC sobrevivió durante casi doscientos años a la falta de presupuesto, de voluntad política, a las constantes pérdidas de sus colecciones y a los múltiples cambios de sede: a una carencia generalizada. Sobre la historia del Museo y estos tránsitos es posible rastrear abundante bibliografía (Pérez Benavides, 2010; Piñeros, 2015; Restrepo, 1996; Rodríguez Prada, 2008, 2017; Segura, 1995).

19 La museología se refiere al campo de investigación, reflexión y práctica que se elabora en torno a la historia de los museos, su administración, funcionamiento y gestión particular; hoy en día, se mapea su potencial en torno a la transformación social.

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Pero al resistir la adversidad y el paso del tiempo, el MNC inició su configuración como un escenario en el que, a partir del 4 de julio de 1824, día de su inauguración en la Casa de la Expedición Botánica20, se empezaron a consolidar relatos del momento fundacional de la comunidad imaginada en cuestión: ser una república, moderna, libre, políticamente independiente y económicamente prospera. Así mismo, el Museo intentó configurar un tipo de subjetividad nacional, que resaltara los valores de los habitantes de la región andina, las hazañas de los protohombres (Bolívar, Santander, Nariño, por ejemplo), y participó en la elaboración de un deber ser ciudadano republicano que rompiera con la idea del vasallaje colonial. Como lo recuerda Pinochet (2016), al igual que la idea de museo, estos relatos también son fallidos, inacabados y contradictorios. Tanto el Museo, como sus relatos de nación se configuran desde lo alto, desde el Estado.

Hoy en día las narraciones que constituyen estos escenarios tienen responsables específicos: los departamentos de curaduría21.

La curaduría se ha definido como un género de investigación, y en algunos casos, como una disciplina (Roca, 2012); como una práctica más o menos amorfa que está vinculada con la elaboración de exposiciones (Bal, 2014), que se va definiendo de acuerdo a los contextos, a las colecciones disponibles, a las temáticas que se puedan articular, la profesión y los intereses personales de quien desarrolle el trabajo. Así, Roca menciona algunas características que permiten delinear esta actividad: curar-seleccionar: la curaduría se constituye en un ejercicio de inclusión/exclusión de objetos, relatos y formas narrativas;

las exposiciones son finitas, los curadores normalmente se apoyan en investigaciones “serias”

para realizar ese procedimiento. Curar-negociar: las exposiciones convencionalmente suceden en museos y otros centros de exposición como las galerías, las cuales tienen formas particulares de exhibir; se debe negociar con profesionales de estas instituciones: artistas, museógrafos, conservadores, comunicadores y también se debería hacer con los mediadores educativos. Curar-mediar: el oficio de curador se constituye como un puente inicial entre los objetos, las colecciones, las obras de arte, los patrimonios y los públicos (el autor considera

20 Estaba ubicada en el centro de Bogotá, espacio que hoy ocupa el Palacio de Nariño.

21 Esta tesis focaliza su atención en la mediación y la educación en los museos, por tanto, entiende al museo y sus narraciones como un escenario. Así, la voz de los curadores y el “problema curatorial”, es analizado y escrito a través del punto de vista de las mediadoras Sordas o del mío, siempre a partir de la mediación.

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que, aunque se debe tener más o menos claro que se trata de un ejercicio comunicativo, el curador bajo ningún pretexto puede renunciar a sus convencimientos académicos, ni políticos). Curar-relacionar: se construyen puentes entre los objetos seleccionados con otros relatos, teorías y conceptos. Curar-escenificar: las curadurías no están en libros, sino que se encuentran en espacios; si los libros necesitan de diseño editorial, las exposiciones requieren de un trabajo mancomunado entre los curadores y quienes diseñan los dispositivos de exhibición y comunicación: los museógrafos.

La curaduría22 constituye una narración, un relato, que surge del diálogo entre objetos, teorías e historias; se produce en el espacio, ya sea en una galería o un museo y aunque parezca un trabajo objetivo de “rigor científico”, siempre está atravesado por el punto de vista de quien lo realiza.

Eventos académicos como la Cátedra Ernesto Restrepo Tirado, la conformación de una museología critica latinoamericana23, la profesionalización de los trabajadores de museos y el reciente cuestionamiento de la definición afrancesada y hegemónica de museo24, han

22 En el MNC, por lo menos, desde finales de los años 70´s, existe una práctica investigativa, disciplinarizada, que permite construir una narrativa particular a partir de los objetos distribuidos en las colecciones de arqueología, etnografía, historia y arte (no solo artes como muchos creen). Según mi experiencia trabajando en este escenario, puedo hacer algunas puntualidades con respecto a este tema: 1) Inevitablemente se trata de un ejercicio de selección, pues con aproximadamente 20.000 objetos, las exposiciones permanentes se arman descartando unos 17.000; hay tensiones sobre lo que se debe mostrar y las razones del por qué. 2) Aunque el tipo de institución que es el MNC está en constante cuestionamiento sobre sus exposiciones y curadurías, pesa el hecho de ser un museo con casi 197 años de antigüedad e historia institucional específica al servicio del Estado 3) Actualmente, existen 4 departamentos que se encargan de esta labor (uno por cada colección), sin embargo hay exposiciones temporales, donde se consideran investigaciones y curadores externos, que coinciden con la proyección del Museo 5) Las curadurías son evidentes no solo por las narrativas que se construyen con los objetos dentro de las salas; también hay otros dispositivos en los que se materializa este tipo de trabajo: los guiones, las grillas, los textos de introducción y los que definen los ejes curatoriales, las fichas técnicas, etc.; allí están los relatos de nación que ha producido el Museo.

23El orígenes de museología critica latinoamericana se puede rastrear a la Mesa Redonda realizada en Santiago de chile en el año 1972 (Assunçao dos Santos & Trampe, 2012), este evento suscitó una reflexión sobre la museología occidental, y como gesto político, visibilizó la utilidad de los museos para transformar la sociedad. Los museos, desde esta perspectiva, más allá de conservar, investigar y exhibir, son pertinentes porque abren la posibilidad para entablar un diálogo crítico con los públicos y las comunidades en tono al patrimonio; incluso posibilitan espacios para que las personas piensen y construyan su propio patrimonio, para que decidan sobre su historia y sobre su memoria.

24 “Los museos son espacios democratizadores, inclusivos y polifónicos para el diálogo crítico sobre los pasados y los futuros. Reconociendo y abordando los conflictos y desafíos del presente, custodian artefactos y especímenes para la sociedad, salvaguardan memorias diversas para las generaciones futuras, y garantizan la igualdad de derechos y la igualdad de acceso al patrimonio para todos los pueblos. Los museos no tienen ánimo de lucro. Son participativos y transparentes, y trabajan en colaboración activa con y para diversas

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producido cambios que son evidentes en la configuración el MNC. Este giro en el timón se materializa en el Proyecto Integral de Renovación.

A propósito del contexto que he descrito hasta este punto, me dispongo, desde mi rol como mediador, a mostrar y analizar dos de los espacios inaugurados en el marco de ese Proyecto de Renovación: se trata de la Sala Memoria y Nación que abrió en el 2014, y la sala Hacer sociedad en el 2018. Con este ejercicio me propongo evidenciar cambios, puntos neurálgicos, aprendizajes y retos con los que se ha enfrentado la curaduría y que son el insumo básico, la idea de museo y de nación, con la que trabajamos y discutimos los mediadores.

La sala Memoria y Nación

Pensar en el origen de sala Memoria y Nación nos obliga a retomar el evento académico que sucedió en 1999: la IV Cátedra Ernesto Restrepo Tirado que se llevó a cabo 15 años antes de la inauguración de este espacio. En las palabras de cierre del evento académico Elvira Cuervo, directora del Museo Nacional de la época, reconoció que la

comunidades a fin de coleccionar, preservar, investigar, interpretar, exponer, y ampliar las comprensiones del mundo, con el propósito de contribuir a la dignidad humana y a la justicia social, a la igualdad mundial y al bienestar planetario.” Esta definición alternativa https://icom.museum/es/news/el-icom-anuncia-la- definicion-alternativa-del-museo-que-se-sometera-a-votacion/ sobre la que aún no existe consenso, da la posibilidad y explica, en un contexto muy general, porque una institución decimonónica ha permitido que sus exposiciones tengan una vocación diferente, con la que interpela la noción de ciudadanía mucho más directa.

Ilustración 1Panorámica de la sala Memoria y Nación

Referencias

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