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La política de poblamiento en Guayana, 1766-1776

María Isabel González del Campo

Biblioteca del Senado, Madrid

SITUACIÓN DE GUAYANA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII

Uno de los mayores problemas que afectaban a Guayana a mediados del siglo XVIII era la escasez de población. Se trataba de una cuestión ínti- mamente relacionada con los otros problemas de la región: su escaso des- arrollo, y la débil defensa de sus fronteras.

En Guayana, los pobladores naturales eran pocos, muy diseminados, y en su mayoría estaban en estado casi salvaje. Respecto a los españoles, eran muy escasos, y las circunstancias no aparecían favorables para llevar allí un grupo numeroso, ya que en primer lugar había dificultades de tipo climático y geográfico: fuerte calor y humedad tropicales, enormes distan- cias, espesas selvas. A esto se añadía el escaso grado de desarrollo de la provincia y las escasas compensaciones económicas, lo que hacía poco atractiva para los españoles que vivían en la península o en otras provincias americanas la idea de trasladarse a Guayana.

Por todo ello había pocas poblaciones en la zona, y la política de la Corona las dedicaba poca atención, mientras que parecía más interesada en la colonización del interior, organizada desde el virreinato de Santa Fe, sin dar importancia a la costa atlántica. Este fue un grave error, que facilitó enormemente la penetración de los países rivales, que desde la costa gua- yanesa establecían la base para futuras incursiones en el interior.

La Guayana, tal como se entendía en el siglo XVIII, era una amplia región comprendida entre el Bajo Orinoco al Norte, el río Amazonas al Sur, y el Río Negro, el caño Casiquiare y el Alto Orinoco, al Oeste. Por el Este, la posesión española limitaba con el océano Atlántico en la zona del Delta del Orinoco, mientras que más abajo, gran parte de la costa estaba ocupada por

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la Guayana holandesa, que se extendía desde el Atlántico hasta el río Esequibo, conforme a lo acordado entre España y Holanda en el tratado de Munster de 1648. Por su parte Francia también tenía en la costa su colonia de Cayena. Sin embargo estos límites eran difíciles de fijar en la práctica, ya que se trataba de una región que en su mayor parte estaba sin explorar.

Una de las puertas de entrada para el avance extranjero era la zona costera, ya que el gran Delta del Orinoco constituía un punto estratégico de primer orden para el dominio de toda la región, pues la desembocadura del Orinoco suponía un camino abierto al interior del país. Por esto fue un lugar de frecuentes conflictos entre España y otros países rivales, como Holanda, Inglaterra y Francia. Como afirmó Demetrio Ramos, “la puerta de Guayana fue siempre uno de los puntos débiles de la Monarquía espa- ñola en América”.

El otro frente de donde procedía el avance extranjero era la zona sur, donde se situaba la frontera con los dominios de Portugal, es decir, con el Brasil. Pero esta frontera estaba totalmente imprecisa debido al desconoci- miento práctico del terreno, como se reconoce en los documentos de la épo- ca, cuando al hablar de la provincia de Guayana se dice: “Por el Sur limita con los dominios del Rey fidelísimo en el Brasil, ignorándose los confines de éstos y de la provincia de Guayana, como cuanto ella contiene en el centro”.1

LA EXPEDICIÓN DE LÍMITES DE 1754,

Y EL INTERÉS DE LA CORONA POR GUAYANA

Pero si la provincia había estado tradicionalmente desatendida por la administración española, la situación cambió completamente a partir de 1750, en que se firma el Tratado de Límites entre España y Portugal esta- bleciendo las fronteras entre los dominios de ambos reinos en América.

Se trata de una fecha clave para la historia de Guayana, pues para poner en práctica este Tratado, se organizó en 1754 una Expedición, al mando de D. José de Iturriaga, jefe de escuadra de la Real Armada, para explorar y reconocer el territorio. Como resultado de esta Expedición, se comprobó el atraso y abandono de la provincia de Guayana en todos los órdenes, y la urgente necesidad de remediarlo. Además, la vecindad con los portugueses, y el empuje y voluntad expansionista demostrada por éstos en

1 Biblioteca de Palacio Real, Madrid. Catálogo Domínguez Bordona. Miscelánea de Ayala, Sig. 2.851, f. 186.

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aquellos años, unido a la vaguedad en la descripción de las fronteras entre los dominios portugueses y españoles, hacía muy peligroso dejar desaten- dida a Guayana

Todo ello provocó un cambio radical en la actitud de la Corona hacia esta provincia, ya que decidió crear dos comandancias con el fin de aten- der sus necesidades. La primera fue la Comandancia general de Guayana, creada en junio de 1762, al frente de Joaquín Moreno de Mendoza.

Pocos meses después, en septiembre de ese mismo año, se crea ade- más la Comandancia general de nuevas poblaciones y de todo el río Orinoco, para la que se nombra a José de Iturriaga. El título dado a esta nueva Comandancia “de nuevas poblaciones” es muy expresivo del fin que se pretendía conseguir: estimular, proteger y defender la creación de nue- vos pueblos. Se trataba, en definitiva, de que hubiera una población esta- ble, agrupada en pueblos organizados, para que sus habitantes se fueran incorporando al tipo de vida español.

MANUEL CENTURIÓN, GOBERNADOR Y COMANDANTE GENERAL

DE GUAYANA, DE NUEVAS POBLACIONES Y DE TODO EL RÍO ORINOCO

Estas dos comandancias se reunieron en 1768 en una sola que abarca- ba las dos, comprendiendo así la Comandancia general “de Guayana, y de nuevas poblaciones y todo el río Orinoco” El oficial puesto al frente de ellas fue Manuel Centurión Guerrero de Torres, que primero había sustitui- do a Moreno de Mendoza en 1766 en la comandancia general de Guayana, y después sustituyó también a Iturriaga en la de nuevas poblaciones, en 1767, uniendo en su persona los dos cargos, que llevaban consigo el gobier- no de la provincia. Un año más tarde, en 1768, una real cédula de Carlos III unificaba oficialmente las dos comandancias, y confirmaba en el pues- to a Centurión.2

Queda, pues, muy claro que el propósito de la Corona era impulsar la fundación de pueblos, para lograr el aumento de población en Guayana. La creación de las comandancias era un medio eficaz para lograrlo, pues el gobernador y comandante general, como máxima autoridad de la provin- cia, tenía como misión muy principal la de estimular y respaldar todas las iniciativas en este sentido.

2 Archivo General de la Nación (en adelante, AGN), Caracas, Papeles de Centurión, n.º 22.

Copia de la Real Cédula de 5 de mayo de 1768.

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Así pues, la política de poblamiento para Guayana en la década que estudiamos se identifica con la de este gobernador, que realizó una magní- fica labor de gobierno en Guayana, destacando especialmente su esfuerzo por aumentar la población de su provincia. En las páginas siguientes trata- remos de analizar su actuación en este campo, sus objetivos y los medios para alcanzarlos, así como los resultados obtenidos.

POLÍTICA DE CENTURIÓN PARA AUMENTAR LA POBLACIÓN EN LA PROVINCIA

Desde el comienzo de su gobierno, Centurión pone en marcha un plan muy activo para poblar Guayana, atendiendo fundamentalmente a los cri- terios de defensa del territorio mediante la seguridad de sus fronteras, y de desarrollo de la provincia. Esto se comprueba reiteradamente en los infor- mes y cartas que envía a la Corte, donde manifiesta una y otra vez sus deseos de “ver poblado y floreciente este país” o de “procurar la felicidad de la provincia”, etc. En su política de poblamiento combina dos objetivos fundamentales, muy unidos entre sí: población y defensa. Es decir, asegu- rar una población estable como el mejor medio para defender la integridad del territorio.

Estos criterios presiden su actuación como gobernante, y los vemos aparecer en toda su actuación, como premisa básica para lograr el objetivo final: el desarrollo de la provincia en todos los órdenes: mejora de las con- diciones de vida, impulso del comercio, y en fin, para emplear sus propias palabras, “lograr una provincia populosa, rica y utilísima al Estado”.3

Para conseguir sus objetivos, Centurión utilizó diversos medios, que podríamos resumir de la siguiente manera:

— Exploración del territorio para conocer sobre el terreno los lugares más idóneos para establecer nuevas poblaciones.

— Establecer comunicaciones. Abrir caminos para comunicar unos pue- blos con otros, y con la capital de Guayana.

— Explotar las riquezas de la tierra. Fomentar la agricultura y la cría de ganado. Es notable en estos años la creación de hatos de ganado en va- rios pueblos. También destaca especialmente el gran interés por explo- tar el gran número de árboles de cacao descubiertos en el Alto Orinoco.

3 Archivo de la Academia Nacional de la Historia (ANH), Caracas, sig. 6, der. 46. “Idea del coronel Centurión... para fomentar la población y comercio de las provincias bañadas por el Orinoco”.

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— Facilitar tierras y herramientas a los nuevos pobladores para que obtengan beneficios económicos, y así asegurar su permanencia.

— Trasladar a Guayana familias españolas de las provincias vecinas, que transmitieran a los indígenas sus conocimientos en agricultura y gana- dería, así como su estilo de vida.

— Fomentar los pueblos mixtos de indios y españoles, así como los matrimonios de españoles con indias.

— Reforzar los pueblos ya existentes, mejorando sus comunicaciones, construyendo casas, etc.

— Mejorar y desarrollar la capital de la provincia, dotándola de edificios públicos, calles, casas sólidas, templos, escuela y hospital.

— Reclamar medios económicos y dotación militar. Es notable la insis- tencia de Centurión ante la corona y ante el virrey de Santa Fe, de quien dependía, para que le envíen refuerzos económicos, pues “el Erario es el nervio de todo”.

POBLACIÓN Y MISIONES. COLABORACIÓN ENTRE LA AUTORIDAD CIVIL Y ECLESIÁSTICA

La creación y asentamiento de pueblos en Guayana está íntimamente relacionada con la actividad misionera, ya que son los misioneros los que en un primer momento reúnen a los indios dispersos y los enseñan a vivir en poblados, instruyéndoles en los principios básicos de la convivencia y de la vida civilizada, enseñándoles a cultivar la tierra, a criar ganado, al mismo tiempo que los educan en la doctrina cristiana. Todo ello se resume en la expresión utilizada con frecuencia en los documentos de la época, cuando hablan de “traer a los indios a sociedad civil y cristiana”.

El papel desempeñado por las misiones en el poblamiento y desarro- llo de Guayana es absolutamente fundamental, ya que como afirma G.

Morón “la importancia histórica de las misiones es extraordinaria por la aportación hecha a la población del territorio ... Bastaría hacer una enume- ración de los pueblos orientales y guayaneses, para darse cuenta de cómo las misiones dieron fruto en ese sentido ... Fueron los misioneros los que levantaron los grandes hatos de ganado ... penetrando hasta Guayana.

Asimismo dieron impulso a la agricultura”.4

4 Morón, Guillermo: Historia de Venezuela, Caracas, 1971, t. IV, pág. 648.

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Las órdenes religiosas que trabajaron en Guayana en esta época fue- ron fundamentalmente los franciscanos, también llamados observantes, y los capuchinos. También estuvieron los dominicos, pero con menor presen- cia en esta zona. Los jesuitas tuvieron amplia labor en Guayana, pero en 1767, el gobernador Centurión que acababa de hacerse cargo del gobierno, debió enfrentarse con la delicada tarea de su expulsión. El vacío dejado por ellos fue precisamente la causa principal de los roces entre los demás misioneros, ya que todos querían hacerse cargo de las misiones que debie- ron abandonar los jesuitas. Esto proporcionó numerosos problemas y con- flictos a Centurión, que ya analizamos en otro lugar.5

En todos los documentos aparece estrechamente unida la actividad pobladora con la misionera, con continuas referencias a los pueblos de misión, pueblos de indios, escoltas a misioneros, encargo del gobernador a los misioneros para que se ocupen de nuevas poblaciones, etc. Por ello se hace imprescindible mencionar esta colaboración entre autoridad civil y eclesiástica, respecto a la población de Guayana.

El primer paso era tradicionalmente el pueblo de misión o pueblo de indios, donde el misionero va formando a los indígenas Se trata de una labor muy lenta, pues solo después de años de paciente labor podían verse consolidados estos pueblos, y sus habitantes convertidos en cristianos y súbditos del rey de España.

Pero en el siglo XVIII se pensaba que otra posibilidad para afianzar estas poblaciones era el que en ellas vivieran también algunas familias españolas, para que con su ejemplo, los indígenas se adaptaran más rápida- mente a la vida civilizada. Se trataba de los pueblos mixtos de españoles e indios, y se crearon varios de ellos.

En la época que estudiamos, el gobernador Centurión se mostró cla- ramente partidario de estos pueblos, ya que pensaba que era el sistema

“más útil que hasta ahora se ha conocido en la América, como lo acredita la experiencia en los opulentos y amenos pueblos de la Victoria, Turmero, Aragua ... donde no hubo escrúpulo en mezclar españoles con indios”, y resalta la ventaja de que “éstos tienen continuamente el trato familiar y ejemplo de los españoles”. En esta línea, cabe resaltar que entre los medios que el gobernador Centurión puso para aumentar la población de Guayana está la de trasladar allí familias españolas, con el propósito de que sirvie- ran de núcleo a las nuevas poblaciones, o de refuerzo de las ya existentes.

5 González del Campo, María Isabel: Guayana y el gobernador Centurión, Caracas, 1984.

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Otro procedimiento empleado por él con estos fines fue el procurar que hubiera matrimonios de españoles con indias.6 Así lo participa él al Consejo de Indias en 1771, cuando dice: “He facilitado 35 casamientos de españoles con indias principales de las naciones cariba, guaica y guaraúna, con cuya alianza se nos van uniendo prodigiosamente éstas y otras nacio- nes”. Estas iniciativas de Centurión son elogiadas por la Corona, que reco- mienda la formación de pueblos mixtos, y aprueba sus esfuerzos por faci- litar estos matrimonios.

ACTIVIDAD POBLADORA DE CENTURIÓN

Cuando Centurión llega a Guayana en 1766 la provincia estaba tan poco poblada que un informe de la época la califica de “miserable desier- to”, donde únicamente había “cuatro pueblos, pequeños e indefensos, de españoles, y 29 de indios, muy distantes”. Diez años después, cuando con- cluye el mando del gobernador, la situación ha cambiado radicalmente, ya que para entonces Centurión había fundado otros 6 pueblos de españoles y 44 de indios, reduciendo a 9.000 indígenas a la “vida civil y cristiana”.

El contraste es evidente, y por ello mereció este gobernador repetidos elogios y el reconocimiento a su “infatigable celo”, así como el agrade- cimiento de Carlos III por sus esfuerzos en aumentar la población de Guayana.

En este sentido, tenemos el padrón de la provincia de Guayana man- dado hacer por Centurión en 1768,7 según el cual había en esa fecha un total de 11.079 habitantes, que se distribuían de la siguiente manera:

Españoles Indios Total Casados 674 4.621 = 5.295 Solteros 963 4.594 = 5.557 Soldados 152 75 = 227 11.079

6 Carta de Centurión al Consejo de Indias. Citada por Buenaventura de Carrocera: Misión de los Capuchinos en Guayana, Caracas, BANH, 1979, pág.133.

7 Archivo General de Indias (AGI), Caracas, 136. Padrón de la provincia de Guayana, firma- do por Centurión en 1768.

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Un año más tarde, en 1769, Centurión envía un nuevo informe con el

“Estado de la populación de la provincia de Guayana, con distinción de los pueblos de indios que tiene cada Misión: las nuevas poblaciones que ay [sic] de españoles y el número de almas que tiene cada una empezando por la capital. Ciudad de Santo Thomé, en 31 de diciembre de 1769”. El total de habitantes ha aumentado, y ahora se eleva a 13.523, es decir, un 20%

más, lo que supone un avance notable en tan corto espacio de tiempo.

La importancia de este documento es que, como subraya Morón,

“señala el progreso real de Guayana, y demuestra cómo el poblamiento toma pie a partir de esta década”.8

Unos años más tarde, en 1788, el entonces gobernador de Guayana, Miguel Marmión, informa de que la población de la provincia llegaba a 24.395 habitantes. Es decir, que en poco más de 10 años la población se había duplicado prácticamente, lo que demuestra el acierto de la política de poblamiento iniciada por Centurión y continuada por sus sucesores

FUNDACIÓN DE PUEBLOS

La relación de los pueblos fundados por Centurión está bien detallada en el informe que el Consejo de Indias remite al rey en 1776, al final del mandato de Centurión, sobre el progreso de la provincia de Guayana durante su gobierno.9

La lectura de este largo documento, los nombres y la descripción de los lugares, montes, ríos y demás accidentes geográficos, nos ayuda a situarnos en el escenario y las circunstancias de aquella remota provincia de Guayana. Entresacamos algunos párrafos de este documento, referidos a las principales fundaciones de Centurión. En él se dice:

Que ha conducido a Guayana doscientas familias españolas, “que ha reclutado en las provincias de Caracas, Cumaná, Barinas y Margarita”.

Que ha fundado los pueblos de Maruanta y Panapana, en el territorio de la misión capuchina catalana.

En el territorio de la misión franciscana ha fundado y adelantado los pueblos de Buenavista, y Orocopiche a una y dos leguas de aquella ciudad, y penetrando lo interior del país, ha fundado los pueblos de Guaipa, San Luis y San Vicente del Erevato, el de San Francisco en Iniquiani, y los de la Concepción y San Carlos de Caura

8 Morón, Historia, t. II, pág. 296.

9 AGI, Caracas, 13.

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Ha auxiliado y aumentado los de Tapaquire y Cerro del Mono, todos de indios, como igualmente las villas de españoles Borbón, Carolina, y Real Corona.

En el territorio que pertenecía a los jesuitas ha fundado, en lugar sano y ventajoso, la villa de Caycara con los indios y españoles dispersos del destruido pueblo de Cabruta, y ha sostenido igualmente los demás pueblos que dejaron los jesuitas en aquel lado del Orinoco.

En el Alto Orinoco y Río Negro ha fundado los pueblos de Sama, Santa Bárbara, Juamini, San Gabriel, San Francisco Solano y Santa Gertru- dis, todo a costa de sus arbitrios y limosnas.

Hace mención expresa de la villa de Esmeralda y de los pueblos que jalonaban “el camino recto entre aquellos nuevos establecimientos y la capital”.

Finalmente refiere que en la parte más meridional de la provincia, lin- dando con los portugueses en el Brasil, ha encargado la fundación de varios pueblos, entre los que destaca el de Guirior, con familias españolas. El nombre dado a este pueblo fue en honor de Don Manuel de Guirior, virrey de Santa Fe entre 1771 y 1775, de quien dependía Guayana.

La distribución de habitantes y características de cada pueblo aparece reflejada en un informe remitido por Centurión al Consejo de Indias en 1773, en el que se proporcionan datos comparativos entre los años prime- ros de su gobierno, es decir 1766 a 1768, y la fecha en que se produce el documento, diciembre de 1772. Sería demasiado largo reproducirlo aquí, por lo que únicamente aportamos datos de los pueblos más significativos:10

Habitantes

1767 1772

Real Corona 105 208

Upata 137 178

Cuchivero 127 191

Tapaquire 47 184

Ciudad Real 458 339

Altagracia 506 519

Atures 107 235

San Carlos 200 367

Carichana 194 223

Uruana 375 548

10 Archivo de la ANH, Caracas, der. 46. Extracto de las matrículas originales de los pueblos de la provincia de Guayana, según el estado en que se hallaban el año pasado de 1766, y en el que se hallan al presente.

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LA VILLA DE ESMERALDA Y LA RIQUEZA EN CACAO DESCUBIERTA POR DÍAZ DE LA FUENTE

Entre los pueblos fundados por Centurión destaca la villa de Esmeralda, en el Alto Orinoco. La importancia concedida a esta villa, tan- to por el gobernador como por sus colaboradores, está muy relacionada con la Expedición de Límites de 1754 a que antes nos referimos, y con la figu- ra de Apolinar Díaz de la Fuente, miembro destacado de esta expedición, que envió al Consejo de Indias un informe comunicando la gran abundan- cia de cacaos en aquellas tierras, y solicitando autorización para organizar una expedición con el fin de explorarlas. Como consecuencia, en 1762 se le encargó la organización de dicha expedición.

A comienzos del año 1768, cuando Centurión ya era gobernador de la provincia, se habían reunido datos suficientes para enviar un informe a la Corona en el que habla de la conveniencia de fundar en el Alto Orinoco una población que se llamaría Esmeralda, y de establecer allí un hato de gana- do para asegurar la subsistencia de sus habitantes.

El rey aprueba el informe, y se muestra satisfecho de los resultados de la expedición de Díaz de la Fuente, pues “no desdicen de lo prometido por D. Apolinar”. Por consiguiente comunica a Centurión que ha ordenado al gobernador y capitán general de Venezuela, José Solano, que de común acuerdo con él, traten de “promover ... y ver establecida la población de la Esmeralda”. Para ayudar a la creación del hato de ganado que se propone, el Rey ordena que se faciliten 6.000 pesos de las cajas reales de Cumaná.11

UN CAMINO DE 300 LEGUAS, Y 20 PUEBLOS ENTRE EL ALTO Y EL BAJO ORINOCO

Así pues, existía un interés comercial para fundar esta villa en el Alto Orinoco, pues la explotación y comercio del cacao prometía ser una impor- tante fuente de riqueza. Pero de poco serviría la recolección de estos frutos si no se podían transportar adecuadamente a la capital de Guayana para su envío a la metrópoli, ya que la inexistencia de caminos en aquella zona hacía que el único medio de comunicación fuera la navegación por el cau- ce del Orinoco.

11 AGN, Caracas, Papeles de Centurión, n.º 19.

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Pero esto suponía un viaje muy largo y costoso, ya que además del tiempo empleado “que no era menos de dos meses y medio”, había que supe- rar los peligros que llevaba consigo remontar la corriente del río en su curso superior, donde abundan los raudales y las rápidas corrientes entre peñascos, que obligaban con frecuencia a desembarcar y transportar las embarcaciones por tierra hasta encontrar condiciones más favorables para la navegación

Esta dificultad en las comunicaciones era un grave inconveniente para cualquier aspecto de la vida y desarrollo de la provincia. Por eso el gober- nador y todas las autoridades, deseaban abrir un camino por tierra que comunicara el Alto con el Bajo Orinoco, donde estaba la capital, y así “evi- tar la gran vuelta del río y asegurar la tierra”. Es una clara referencia a la amplia curva que describe el Orinoco desde su nacimiento hasta la desem- bocadura, en su majestuoso Delta.

Para empezar a abrir este camino, era necesaria la fundación de un pueblo que asegurara su continuidad, y la atención a los viajeros que tran- sitaran por él. Su fundación tenía, pues, un significado especial, ya que suponía la fijación de un extremo del camino, a partir del cual podrían irse jalonando otros pueblos con dirección al Bajo Orinoco.

Centurión emprende con empeño esa tarea, y concentra allí sus esfuerzos inicialmente, enviando familias españolas, tropa, pertrechos, etc.

De todo ello da testimonio Fr. José Antonio de Jerez de los Caballeros, pre- fecto de las misiones capuchinas del Alto Orinoco, en una certificación del

15 de diciembre de 1772 En ella subraya el mérito de que, además, Centurión proveyera y llevara hasta allí el ganado vacuno que necesitaba la nueva población, superando los obstáculos para transportarlo por el río.

Continúa diciendo este misionero que a la villa de Esmeralda se le agrega- ron las misiones de Santa Bárbara, San Antonio y Santa Clara.12

La dificultad que entrañaba establecer la villa de Esmeralda, así como el interés en hacerlo, se pone de manifiesto en las ventajas que se ofrecían a los pobladores que allí fueran, y que “en atención a lo muy distante, des- ierto, exhausto, y trabajoso de aquel sitio, se les ha dado a cada familia para su establecimiento tres mil árboles de cacao silvestre de aquellos bosques, en terreno capaz de multiplicarlos, y para sembrar otros frutos; sitio para hato, y solar para casa por bienes perpetuos... y por una vez dos azadas, dos hachas, dos machetes, y también una puerca y una vaca a cada familia”.13

12 Ibídem, n.º 81.

13 AGI, Caracas, 13.

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Una vez fundada Esmeralda, y para establecer el camino que la enla- zara con la capital de Guayana, Centurión fue fundando otros pueblos.

Envió para ello al capitán Antonio Barreto, que fundó 20, entre Esmeralda, al borde del río Casiquiare, y el río Erevato. La tarea era muy difícil, pues se encontraban en plena selva, donde habitaban diversas tribus de indios, muchos de ellos salvajes y fieros. Sin embargo el objetivo se cumplió, y el capuchino en su citado informe, alaba al gobernador diciendo que “es el primero y tal vez el único de nuestros españoles, que haya fundado y abierto semejante laborioso camino ... que consta de más de 300 leguas...

contándose ya el número de más de 700 indios poblados en los referidos 20 pueblos”.

Por su parte, el contador oficial real de Guayana, afirma que todo esto lo hizo Centurión “con sólo los 6.000 pesos que le otorgó el Rey de las Cajas de Cumaná, y con 5.483 pesos, 5 reales y 2 y ¾ maravedíes de las Cajas de Guayana”.

Todo esto indica que se concentraron muchos esfuerzos e ilusiones en la villa de Esmeralda, como inicio del camino que se pretendía establecer para mejorar la comunicación entre el Alto y el Bajo Orinoco. El resultado fue bastante alentador en los primeros años después de su fundación, ya que el padrón que se realizó en 1773 ofrece los siguientes datos:

Familias . . . 49

Casas . . . 29

Labranzas . . . 51

Ganados . . . 143

Habitantes . . . 192

POBLACIÓN Y URBANISMO EN LA CAPITAL DE GUAYANA

En la década que estudiamos, la capital de Guayana presentaba gran- des deficiencias, ya que hacía muy pocos años que había sido trasladada a su nuevo emplazamiento en la Angostura, el lugar donde el Orinoco pre- senta un notable estrechamiento que facilitaba el control de la navegación, y permitía construir fortalezas a ambos lados del río para defender el paso.

Por estas razones, en 1763 se decidió trasladar allí la capital, que se llamó Santo Tomé de Guayana, o simplemente Guayana. Como consecuencia de este traslado, había la necesidad de dotarla de edificios públicos, abrir 1204

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calles, etc., lo que llevaría consigo un aumento de población en la capital y un engrandecimiento de la misma.

El gobernador Centurión demostró gran actividad en favor de la capi- tal de Guayana. Una de las primeras medidas que tomó fue fundar cuatro aldeas cerca de ella, a la distancia de 1, 2 y 3 leguas, y encomendarlas a los misioneros. Estas aldeas, proporcionaban a la capital los recursos para su subsistencia, y mano de obra para los trabajos de construcción que se emprendieron inmediatamente. Para poblarlas, el gobernador “sacó de las selvas a más de mil indios guaraúnos, que redujo pacíficamente a condi- ción civil y cristiana”. Los vecinos y autoridades de Guayana certifican que la fundación de estas poblaciones fue un gran acierto, pues “gracias a esto pudo subsistir la ciudad, ya que de ellas obtenía peones y basti- mentos”, mientras que antes “no se podía encontrar un peón en más de 25 leguas”.14

La dificultad mayor para llevar a cabo los planes de urbanización de la capital era la carencia de dinero, lo que por otra parte era un mal cróni- co de esta provincia. Como atestigua el administrador de propios de Guayana, la capital “se hallaba sin propios ni arbitrios para obras públicas;

sin iglesia, casas reales o de justicia, etc.”. Además de reclamar a sus supe- riores el envío de recursos, Centurión tomó otras disposiciones de carácter personal, ya que cedió a la ciudad los derechos o “gajes” que le correspon- dían como gobernador, que ascendían a unos 1.000 pesos al año. Además, dispuso el estanco del juego de gallos y de la popular bebida del guarapo, y ordenó que la cantidad obtenida “se dedicará con prioridad a la construc- ción de un hospital general, y luego a la de carnicerías y otros edificios públicos”.15

La labor urbanizadora de Centurión en la capital se puede condensar brevemente así:

— Composición y ordenación de plazas, cuadras y calles empedradas.

— Construcción de un murallón frente al río.

— Demolición de grandes peñascos que embarazaban el orden de las calles.

— Disposición de 6 solares de casas propiedad del Ayuntamiento.

— Disposición de solares para más de 200 casas particulares “de piedra, tapia y teja”.

14 AGN, Caracas, Papeles de Centurión, n.º 58.

15 Ibídem, n.º 25.

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Respecto a la construcción de edificios, destacamos los siguientes:

— Una casa real “con muros de cal y canto”

— 11 casas propias del Ayuntamiento, una de ellas destinada a almace- nes reales.

— La Iglesia parroquial de tres naves, “magnífica obra construida de cal, canto y ladrillo”.

— Hospital para pobres enfermos.

— Casa de educación y estudios para la juventud.

— Un almacén de pólvora.

Todos estos datos constan en la certificación del Ayuntamiento de Guayana de 2 de enero de 1776, en el que se da testimonio de la labor de Centurión en favor de la capital, afirmando que la dio “consistencia, her- mosura y valor”.

Respecto al sistema de construcción, resulta muy curiosa la observa- ción elogiosa de que las casas construidas son “de piedra, tapia y teja”, o

“con muros de cal y canto”. Podemos ver en esto la concepción española de lo que era una casa bien construida, y el afán de los españoles residen- tes en América por trasplantar allí sus costumbres y modos de vida.

Toda esta labor urbanizadora está íntimamente relacionada con el aumento de población en la capital, que fue realmente espectacular, como se deduce de los informes enviados por el gobernador en diferen- tes años.

Así, en 1768 rondaba los 900 vecinos, pero en 1769, y en palabras del propio gobernador “la población de la ciudad de Santo Tomé es de 1.213 almas ... que se componen de 217 matrimonios, 326 hijos de familia, 36 vecinos solteros y 172 viudas, 100 esclavos y 106 soldados”. A continua- ción explica el gobernador los detalles del movimiento demográfico, cuan- do dice que la población ha aumentado en ese año en 263 personas, “han venido de fuera 10 familias. Se han celebrado 30 matrimonios, han nacido 69 niños, y han muerto 35 personas”.

La capital sigue creciendo, y en 1772 tiene 1.624 habitantes, que se distribuyen en 179 casas, con 78 labranzas y 5.043 cabezas de ganado mayor.

En años sucesivos continúa este aumento, y cuando en 1777 se redac- ta la “Relación de méritos y servicios” de Manuel Centurión, se dice que

“ha aumentado la ciudad de Santo Tomé, capital de dicha provincia, con 1206

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cuadruplicado número de habitantes más de los que tenía ... que ha hecho buenos y sólidos edificios públicos, y calles empedradas”.16

Como resumen podríamos decir que si es notable el esfuerzo realiza- do en estos años por aumentar la población de Guayana y elevar las condi- ciones de vida de sus habitantes, no lo es menos el demostrado por el gobernador en mejorar la capital, consolidando su reciente traslado, atra- yendo vecinos para poblarla, y dotándola de los elementos propios de una capital.

16 Ibídem, n.º 85.

Referencias

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