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MAl1111WJOI1NSONes profesor

doAnureotogta en la Universidad de Ilurham.Haejercido en las Universidades de She ffie ld y SI. David en Lampet er.

Aclualrnente se dedica a laarqu eología nuxlieval. fund amental mente cast illos do la baj a Edad Media en Inglaterra.

Otrostítulos delacolección:

José Fern ándezArenas

Introducción

a la

conse rvación del patrimonio y técnica s ar tís ticas

Josep Ball art

El patrimonio histórico

y

arqueológico:

valory uso

Em ili o Cabrera

Historin de Bizancio

lgn acln Barandiarán, Bern at Marlí , Mm íaÍI.del Rincón , José Luis Maya Prehi storia de

la

Península Ibéri ca

Manu el Ant o nio Castiñeiras González Introducción

al

método iconográfico

11mryLord yGail Dexter Lord Milllllill rloJ;vstión de mus e os

""f~" Jllill' IllOil. Josl,Alherlo lIilchillor, 1,1111 ',100 Cil'. I. o y JOilll lllll 1.0 1llhil

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Teoría arqueológica

Arie!

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ArielHistoria Matthew Johnson

Teoría arqueológica

Una introducción

EditorialAriel, 8.A

Barcelona

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Diseño cubierta: NachoSoriano

Titulo original:

Arcnacotogica!Thearv.Anlntroduction lD2000:MatthcwJohnson

Traducciónde JOSEl'B.\ l L\RT

lo'edición: junio2000

Derechos exclusivosde edicióncuespañol reservadosparatodo el rnumlo

ypropiedadJ.;:latraducción:

ID2000:EditorialAricl. S.A.

Provencn.260-0800SBarcelona ISBN: 84-.144-6623- 6

Depósitolegal:B.226Ji -2000 Impresoen España

Nmgunaparte de esta publicación.incluidoeldiseño dela cubierta.puedeserreproducida.almacenadaO unnsnutida

<.:11manera algunaniporningúnmedio,yaseaeíécwico.

químico,mecánico,optlco. tic gr:l.bción o de fotocopia.

sin permiso previodeleditor.

Para Jo que aprendió aapreciarlateoría

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PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA

Quisiera agradecer a Editorial Ariel por su traducción al espa- 1101 de Teoria Arqueológica, y por ofreccrnlc la oportunidad de diri girrnc a una audiencia mucho 111ás extensa.

Cuando recibí la noticia de que Editorial Aríel estaba íntere- sada en traducir mi libro, lo volví a leer pensando en el público es- pañol y Iatinoamer-icnno l'vIc sorprendió cornprobnr que mientras que las inquierudcs que reflejaba respondían a las preocupaciones de! conjunto del pensamiento arqueológico, e! lenguaje utilizado y los ejemplos dados se circunscribían al espacio angloamericano Ello es debido en parte a la forma como se concibió el libro. Cuan- do empecé el trabajo, I11i intención era realizar una introducción a la teoría arqueológica desde las islas, destinada al lector británico.

NIi editor acertadamente lTIC persuadió ele que abandonara una perspectiva tan limitada y procurara ampliar e! alcance del libro con el fin de cubrir también las aportaciones y puntos de vista de la arqueología norteamericana.

La bibliografía que se incluye al final da cuenta de la existencia de los 11115n105fundall1entos teoréticos entre la arqueología españo- la, la latinoanlericana y las demás tradiciones. En los últimos a110S se ha insistido en la necesidad de alentar perspectivas «europeas»

y «mundiales» C0111UneS en el pensamiento arqueológico. Por 111i parte apruebo este punto de vistay espero que vaya a más. Sinern bargo, existe una cierta tensión entre el deseo de ser «globai» y la necesidad dc ser sensible a las realidades locales y sus tradiciones.

Muchos de nosotros enfatizamos la necesidad de comprender de- terminados contextos culturales específicos en el pasado antes de procurar establecer generalizaciones; cosa que es tan cierta con respecto al análisis de la arqueología en el presente, como con res-

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6 TEORÍA ARQUEOLÓGJCA. UNA INTROIHJCUÚN J'I{O!,O{;() A l.A FIHU()N 1':SI'A:'\OLA 7 pecto al análisis dc las sociedades del pasado. Las tradiciones re-

gionales y nacionales de la investigación arqueológica se nutren de tradiciones intelectuales distintas y se enmarcan en contextos di- ferentes por lo que requieren ser discutidas por propio derecho. No creo, por ejemplo, que tradiciones del pensamiento arqueológico en la Europa continental o cn América Latina puedan o deban ser fácilmente asimiladas a categorías del pensamiento arqucológico angloaITIcricano tales corno la arqueología «procesuah y «postpro- cesual».

En el prefacio de estc libro sugiero quc cualquierguía para la teoría es como un «libro ele ruta» en elque el terreno descrito es el mismo, pero sobre el que se pueden tornar rutas alternativas que varían de acuerdo con las preferencias del autor. Si tuviera que es- cribir una introducción a la teoría destinada a las audiencias espa- ñola y Iatinoarnericana.elámbito teorético que cubriría no variaría snstancialmente; sin embargo, modificaríael trayecto en tres áreas.

En primer lugar en el apartado en quc examino la arqueología en su contexto social y político, abordaría de forma más extensa las relacioncs entre arqueología y nacionalismo. Pienso que el de- sarrollo de la arqueología está entrelazado en todos los países con las inquietudes nacionalistas. Creo que uno de los desarrollos más interesantes del pensamiento arqueológico dc los últimos tiempos ha sido la predisposición de los arqueólogos a examinar de una Iorma honesta, humana y autocrítica estos lazos.

En segundo lugartrataría con más extensión las diferentes tra- diciones del marxismo. Ni que decir tiene que el corpus teorético que conocemos por «arqueología sociallatinoamericaml» requeri- ría por lo menos un capítulo entero. También dedicaría más aten- ción a las relaciones entre las distintas tradiciones del marxismo.

Los debates entre las diferentes escuelas marxistas a menudo se hacen en paralelo a debates que ocurren fuera del mm-xismo. por ejemplo, el debate que enfrenta al entorno medioambietltal con la lucha dc clases como motores del cambio cultural .Y social.

En tercer lugar serían examinadas COIl 111tldH) III;\S ddalle y cri- ticadas más extensamcute tanto la «¡¡H1IIl'O!o}l,i;1 lr;ldiciol1al» C01110

la «historia cultural». La historia cnluu.rl ~i",lll'Cll'11P;llldo un lugar de privilegio en gran parte de \;\ ;n-qtll'CdOj',I;' l'sp;lllola y latino- americana de modo parecido;, 14) (11W 1)('11111' ("()Il 1;1 arqueología británica medieval. La prilwip;ll ddlllllLllllit' ('scrihir sobre histo- ria cultural corno cnr()qlll' (1"II(,till) It",i(1t- ... '11 d hecho de que la historia cultural ¡lO ;WqJl.l ',(1 1111,\)[.1 ll;lllll";dl'/.<.l tcorctica. El his-

tariador cultural dice: «No soy un teórico; sólo describo, clasifico y organizo la información que obtengo de acuerdo con el método tradicional». De ahí que gran parte de lo que se clice en el capítulo 1 acerca de estc tipo de afirmaciones es particularmente pertinente.

He aprovechado la oportunidad de añadir una corta introduc- ción bibliográfica a este prólogo, proporcionando bibliografía co- mentada que cubre este y otros temas en la literatura española y latinoamericana. Agradezco a mi colega en Durharn, Margarita Díaz-Andreu, su ayuda al aconsejarme sobre la misma, aunque hay que decir que si hubiera errores son de mi sola responsabi- lidad. En la bibliografía comentada y en la bibliografía genera]

pueden encontrarse los trabajos editados en inglés sobre todos es- tos temas.

MATTHEW JOHNSON

Durham, England, abril 2000

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PREFACIO

LAS CONTRADICCIO NES DE LA TE ORÍA

Este libro es un ensayo introductorio so bre teoría arq ueológi- ._

ca. Intenta explica ralgunas cosas so bre quées «teoría », sobre su s relaciones co n la práctica arque ológica , sobre cómo se ha desar ro - llado la teoría arqueológica du ran te las últimas décadas, .Y sobr e cómo elpensamiento arqueológico se relaciona con la teoría en el conj un to de las ciencias humanas .Y el pensamiento en general.

Dentro y fuera de la arqueología hay mucha gente a la que la pal a bra «teoría» les suena muy mal. El príncipe Carlos de Inglate- rra se ganó un aplauso casi generalcuan do condenó a los «teóri- cos de moda»del mundo de la ed ucación; sin emba rgo, nadie , in- clu ido el mismo prí ncipe, pare ció entenderclaramente a quién se refería . Hace pocos años, estando de visita en un yacimiento ar- queológic o, a una sugerencia de mi pa r te se me respo nd ió con ri- sas y con esta s palabras: «ésta es la típica indicación de un teóri- co» . No recu erdo a nad ieque me explicara por qué mi sugerencia resultaba tan absurda, pero cuando visité de nuevo el yacim iento al año siguien te result ó que la estrategia había sido adop tada. En el mu ndo ang losajón en par ticular parece que la teoríaes algo que levanta profundas sospechas. En Inglat erra , la cultura popular sostiene que ser llamado in telectual es convertirse cn sospechoso de querer robar la mujer de alguien (así de sexista). La teoría, lo

"políticamente correcto» y ser extranjero, son tres cosas candida- tas a ser contempladas, al menos en el mundo de habla inglesa , con gran hostilidad. En el ca pítulo 1dedicaré unas páginas a al- gunas de las razones que suste ntan tales comportam ien tos.

Almismo tiempo, sin embargo, la teoría goza de creciente po- pularidad .Y es vista co mo algo cada vez más importante, tanto dentro como fuera de la arqueología . Valen tino Cunningham re-

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10 TEORíA AK UUEO!.<)(;ICI\. UNA IN T IHJl HJCUÓ N I'I~l'1,.\ ( Il ) 1I ciente mcn te co men taba en el suplemen to de ed uca ció n del dia rio

Times que los te óricos aca démicos constituían «u n gr u po en as- cens o,engreídos, confia dos en sus cr eden ciales aca d émicas , conel puesto de tra bajo asegu rado y con un alto prestigio in telectual».

Hay varios indicadores del «éxito» de la arq ueología teórica ; pu- diéndose citar la frecue ncia de sim posiu m s sob re cuestio nes teóri- cas como parle del programa de los pr in ci pales congresos so bre arqueología, como los que organi za la Socieda d Amer icana de Ar- queólogos; o el éxito deMichael Schiffer con sus pu blicaciones re- cog idas en Ad va nces in Arcliacological Me/Izad and Theory, Un in- dicador especialmen te signi ficativo es el impacto crec iente de las convocatorias del Grupo Británico de Ar queología Teór ica (TAG).

Este grupo se formó hacia finales de los años setenta co mo un pe- queñotallerde discusión de los arqueólogos teóricos de Gra n Bre- ta ña;desde entonces sus congresos an uales se han convertid o en los más concurridos de las Islas,den tro del ámbitode la arqueolo- gía , con pa r licipación de gen te procedente de Eu ropa y América del Norte. Los congr esos de Durham y Bradford,en I993 Y1994, respectiva me nte, Ilcgaron a reunir cada uno a más de 650 partici- pantes.

Es verdad quemuc h as de las ponencias presentad as en esos en- cuentros no merecen elcalificativo de «teóricas» yque muchos de ios que allíacu de n lo hacen movidos sólo por la aureola de «infa- mes» que los del TAG se han ga nad o. Hay que con cede r también queel nivel de impacto del TAG Y la intluencia que la «teor ía»ejer- ce sobre el mundo real de la prá ctica arq ueológica es, sin em ba r- go, discutible.Alfinal de estelibro explica ré mejormipun to de vis- ta personalacerca de si elava nce de la teo ría de los últimos tiem- pos ha creado una división ca da vez más ar tificial de la actividad arqueológica en tr e una «ar queología de orien ta ción científica» y

«lodo lo de más». Este punto de vista ya fue alimenta do por Lewis Binford hace quince años en su ob ra In Pursu it o( the Past (1983a:

15-16),con sus comentar ios sobre la ar queología británica.A pesar de talcrítica, los laborator ios de dataciones y med io ambiente si- guen sien do financiados por elNERC (Consejo de Investigación del Medio Natural), mien tras que la arqueología «h u m an ística» o «cul- tural»lo es por la Acade m ia Británica y el Patrona to de Investiga- ción en Artes y Humanidades. Los teór icos, a menu do se sien ten comoCasan dra,constante men te ofrecien do lo queentienden com o profu ndas reflexiones y predicciones y al mism o tiem po ignorados en todo mo men to por los responsablesde tomar decisiones.

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Este lih ru ~c IIa ~:Sl'ljlo para pro po rcio n ar alestud ian te una in- troducción ,ob re algunas de las principales corrien tes del pensa- mien to actuaI sobre teoría de la arqueología. Es deliberadamente una ohra in troduct o ria , eserila busca ndo la máxim a clarida d ex- positiva y evita ndo en lo posible la jerga cien lírica (aun que como veremos,juzgar sobre lo que es claro y lo que constituyejerga no está exento de problemas).Se ha con cebido como un «libro de ru- ta» pa ra el estud iante;esto es, inten ta señ alar los hitos ll1ÚS sig n i- ficativos en el ter ren o de la teoría, come ntar la s relacion cs entrc los difere n tes corp us teóricos y clarificar los fimda mcnlos in telec- tu ales de determinados puntos de vis la . Por lo ta n to, no es en ab- soluto una en cicloped ia ;apen as es una décima parte de una guía comp rensiva sobre el tema, si tal gu ía pu d iera escr ibirs e. Por ejemplo ,en el capí tulo 4,la teoría de Binfordsobre el alcan ce me- dio es en fa tizad a a exp en sa s de la arqueología del eom portamicn- to de Schiffer; y cn el ca p ítulo 7 los modelos lin gü ísticos sobr e el significado tienen más presencia que la moda actual por la fen o- menología, El texto debería leerse prestando atención paralela a las seccio nes dcd ieadas a la bibliografía co men tada y alglosario.

Sigu iend o con la analogía del libro de ru la, la ru ta escogid a aqu í es un a de las muchas posibles que podríamos toma r una vez aden trados cn el terr itor io de la teo ría arq ueológica, Podría haber dedicado un capítulo a cada una de las posibles áreas temáticas,a saber: espacio , producción e intercambio, cultur as, forma ción de en tidades estatales, etc , En cada caso se podrían ofrecer aproxi- mac ioncs distintas al tema para mostrar cómo diferentes teorias se contradicen o se com plem en tan para producir distintas inter- pr etaciones del regis tro arqueológico , De forma alternativa se po- dría abordar la cuesti ón sirvién donos de los diferen tes «ism os»: positivism o, funciona lisrno, marx ismo, cstru ctu r alism n, postes- tr uct uralismo , fem in ismo.Se trataría de senderos muy razona bles de segu ir, que otros autores, por otra parte,ya ha n tomad o,

Este libro, sin embargo, opta por abo rda r las rela ciones exis- len tes en tre el pensam icnto arq ueológico y la teo ría general que sustenta la vid a intelectua l. Per sigue mostrar cómo las opciones teoréticas específicas que los arqueólogos toma n individualmente, adq u ieren sentido dentro de un contexto más generalde carác ter cult ural, socialy po lítico,asícomo acadé m ico.Este libro prete nde tam bién mostrar de forma más cla ra que en an terior es ten tativas las relaciones entre teoría y práctica arqueológicas,Atal fin se ha adoptado una estruc tura a prop ósito,Con una aproxim a ción histó-

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12 TEORI,\ .'\ROlJEOIÚ (;(CA. UNA INTIH HHi('U ÚN I'R Eh\ {'I( ) 13

rica que atien de de entra da a la Nueva Arqueología y a las reac- cione s que suscitó, pa r a prosegu ir con lo s deb at es del mom e n to presente,

Hay muchas áreas de interés que han quedado fuera del libro de ruta. Por ejemplo ,sólose abarca la arq ueolog ía anglo-america- na; im portantes tr adi ci on es del pen samie nto arqu eológico en América Latin a , Asi a, África y Europa con ti ne ntal no ba n sido abo rd adas. Una vez más, he de deci r que sob re estos lem asse han realizado algunas sugerenciasde lectura en elaparta d o dedicad o a la bibliografía comentada.

Se ha dich o más arriba que este libro pret e nd e ser una guía para "el estudia nte»;me refiero a estudia nte enun sentid oamplio.

Distintos arqueólogos que hacen arqueología práctica y tr a bajan fuerade la un iversidad me haninformado de su interés po r los de- ba tes teoréti cos y de la importancia de los mismos para su traba- jo.No cabe duda deque hay un número importante de ellos que se sien ten alienados por lo que par a ellos es un exceso de pretencio- sidad y un inneces ario oscu rantismo, que , sin em bargo , parecen consus tanciales con el escenario teórico. Aunque personalmente no subscriba este punto de vista,deb o reconocer que es muy habi- tual. Esté en lo cierto o no, confío que lo que van a en cont r ar aquí les sea de ayuda.

Alintentar exam inar las distintas perspectivas teoréticas hedu- dado en tre op tar por un análisis neu tro , objetivo de las difer en tes corri entes de pen sami ento o desarrollarmis pr opi ospuntosde vis- ta necesariamente polémi cos. El pr oducto fina l creo qu e se sit úa, au n a mi pesa r, en un pu n to inter med io en t re am bos extremos . Electiva me n te,la elabo ra ció n de un análisis totalmente objetivo es in telectual men te una entelequia ;los puntos de vista más parciales y sesgados sobre cualquier tema académico acost u m bran a prove- nir de aquell os que ab ierta mente proclam an que su posición es neutral, distan te y desinteresada . Además, sería insincer o afirmar que el lib ro ha sid o escr ito desde una neut ralidad desinteresad a . Es obvio que el in terés por la teor ía va de la mano de un apasio - nado convencimi ent o de su importancia y de la proxim idad a de- termin adas opiniones, más o menos polémi ca s, dentro del ámbito . Por otro lado , sique remos enten de r el lugar que ocupa boy la teoría, cualquier repaso a la extensa variedad de posiciones inte- lectu ales debe procurar se r razonablemente com pre nsivo con to- das las partes,Tal como R. G. Collingwo od señalóco n relación a la historia de la filosofía, la mayor ía de las posiciones tcoréticas

emanan de la im porta n cia concedida a determina d os con tex tos o pr ob lem áti cas; es decir,las creen cias filosóficas son, en pa rt e, res- puestas a gr u pos de problemas,debiendo ser com pren d id as como tales, en vez de tratar de concederles una apa riencia intelectual.

Los oponentes intelectuales de cada uno de noso tros no son tod os un osinepto s charlatan es, ni todo s los co mpañeros de nuestra mis- ma cuerda, una maravilla de sa b ios. Con tod o, hay que recorda r que ello no sign ifica que ciertas posiciones nodebansalir in m u nes a la crítica. Por ejem plo,las metas y puntos de partida de la Nue- va Arqueología aparecen más claros cuan do se conte m p la n en tér- minos del co ntext ointelectualy práctico de su mom ento,en par ti- cu lar con relación al tipo de arqueología que se hacía hast a en to n- ces.Su énfasis en Inidea «ciencia»es, así, inteligible en aquel con- texto (véase ca pítulo 2). Este tipo de observacio nes ayuda alestu- diante a en tender los orígenes y el ímpetu que adquirió la Nueva Arqueología.Ello no sign ifica que elprogramade la Nueva Arqueo- logía no co nlleva ra problemas intelec tu al es y prácticos.

La adopció n de un tono informal y la om isión de referencias deta lladas a pie de pá gina es deliberada , La intención ha sido ha- cer más cla ro s los arg u m en tos y facilita r la lectu ra . Muchos au to- res «académi cos»hemos sido advertidos de la necesidad de aba n- donar el uso de la primera persona en nuest ros textos pa ra apare- cer más neutral es y distantes , así corno evitar un tono informal o polémico. Todo ello puede ser muy válido en ocasio nes.Aquí, sin em bargo , la intención es instructiva ynoeru d ita en unsent ido res- tr ingido.

Una de mis cuestion esclave, particularmenteen el capüul o pri- mero,ha sido dara en tend er que lod o s los arqueólogos utilizan la teo ría , quieran o no. Para deja r la idea clara y proporciona r eje m- plos, a menudo he aport ado citas de autores «a t eóricos» decla ra - dos ylas he com en tad o paraseñal a rlas teor íasy pr es uncione sim- plícitas en tales text os. En much os casos las citaciones provenían del primer libro que tenía a mano. Deb o puntualizarque las cr ít i- cas vertida s a propósito de talesejem plos no son ata ques persona- les a sus au tores.A veces, la necesidad de usar ejem plos prácticos pa r a cla rificar una cuestión teórica choca con el deseo de evitar la percepción de una crítica personaly desh o nest a .

Este texto se basa en parte en notas tomadas al hilo de las cla- ses impar tid as a diversos curso s en las universid ades de Shcff ield, Larnpet ery Durham. Los estudiantes de las tres universidades me- recen mi agra decimien to por sus resp ues tas constructivas y enri-

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14 TEORÍi' ARQUEOLÓG.lCA. L:N/\ I\: TRODUCUÓN

quecedoras. Algu nos estu d ian tes de Durha rn quizás se recono zcan en los diál ogos rep roducidos en algunos de los capítulos, por lo que les pid o disculpas.

El libro fue en parteconcebid o mientras realiza ba una estancia en la Un iversidad de Californ ia en Berkcley como investigador in- vitado dur an te la primavera de 1995. Quisiera agradecer a Meg Conkey,Cris tine Hastorf,Ma rcia-Ami Dob re,Margot Winer yot ros muchos más, de m asiado numerosos pa ra menciona rlos a todos aqu í, su hosp italidad dura n te el tiempo que pasé en California y por hacer mi estancia allí tan provechosa y agra dab le. También qu isie ra agradecer a la Universidad de Durha m haberme conced i- do tal licencia de estud ios y de fo r ma más general por apoyar me en mi ca m bia n te visió n sobre la arqueología a Jo la rgo de estos úl- timossie te años .

Debo citar ta mbién a la gen te que ha revisado el texto,algunos anónim os, y han opina do sob r e el mismo, puesto que sin sus co- mentarios la ob ra sería más dogmáti ca, tendvía miras mucho más estrechas y sería mucho menos comprens ible.En este capítulo in- cluyo especia lm ente a Ra n dyMcGuire,Jim Hil!,ChrisTilleyy Eli- sabeth Brumfiel. Robert Prcucely lan Hod der revisa ron el últim o borrado r de for ma profun d a. Dominic McNamara me proporcion ó la cita ció n de Foucault del capítu lo 6.

Dentro del Depart amento de Arqueología de la Un iversidad de Durham, Helena Harnerow, Colin Haselgrove, Anthony Hard ing, Simon Ja mes,Sam Lucy y Martin Millett leyeron el primer borr a- dor y reali zaron comen tarios IT1UY oportun os. Algunas con versa- ciones con mipad re,C. Da vid Johnson, sobre filoso fía de la cien- cia sirvieron para clarificar diversos puntos. Más conversaciones con Ch r is Ta yJor, Pau l Everson y David Stocker sirvieron para in- for mar la discusi ón sobre Bodiarn del capít ulo 10; sin em barg o, los posibles er rore s que puedan detect arse son tod os de mi res- ponsabilidad.John Davc yy Tessa Harvev,de la empresaed itora,se com po r taro n conmigo pacientemente, an imándome en todo mo- mento y apareciendo siem pre a pu nto pa ra proporcionarme cual- quicr tipo de ayuda. Mi mujer Becky hizo comenta rios a los suce- sivos borradores, corrigió el man uscrito final, y, más important e aún , me apoyó emocio nal e intelectualme n te en tod o momento; sin tales apoyos, este libro nunca hubiera visto la luz. En retorno . espero que este libr o leacla repor quélos ar queólogos constituyen un ramillet e tan peculia r de seres humanos,aunque sé que ella ya tien ealrespecto sus prop ias teorías.Gracias a todos .

CAPiTULO l

EL SENTIDO COMÚN NO BASTA

La arqueo logía puede ser muy abu rrida, penosa y pesada físi- camente.Cada año excava mos miles deyacim ie n tos , algu noscon paciencia doloro sa hasta emborra- la merit e, otro s con gran e in- dign a pr isa. Cada año pasamos un frío que nos llega a los tuétanos o somos comidos a pico taz os por los insectos mientras visitamos un montícu lo poco atractivo situado en med io de la nada .A varios kilóme tro s del resta ur an te o elalbergue más próxim o intentamos Inostrarnos interesados mientras la lluvia cae a cántaros y algún afamado profeso r, cuyo mejor trabajo ya tiene más de veinte años, diserta sob re lo que fue encontrad o en la cala 4B. Ca da año pro- ducimos miles de interminables e insulsas memor ias de excava- ción .Y nos preocupamos por la precisión de innú meros pla nos y diagramas,asícornopor cotejar largas listas deobjetos para llen ar con ellas una microfich a que muy pocos llegarán nunca a co ns ul- tar o usar. ¿Por qué?

Pod ríamos usar el dinero in vertido en hospitales, o quizás des- viar parte del dinero pa ra escribir un a versión más entreten ida .Y ficticia sob re el pasado, sentados en una ter r a za mien tra s toma- mos elsol. Si tuviéramos inqu ietudes ide ológica s muy ser ias qui- zás crearíamo suna brigada internacionalpara luchara favor dela liber tad en alguna pa r te. Cada una de esas alternativas tiene su atractivo pero nosotros 110 hacernos esas cosas. Seguirnos con lo nu estro como siemp re hemos hech o.

Un a de las razones por las que no hacemos esas cosa s es po r- quela arqueologta es algo muy importante ,El pasadoha muer to,ya no exis te, pero es algo muypoderoso. Es tan poderoso que una na- ción ente ra (Zimbabwe) puede tomar el nombre de un yacimiento arqueológico. Es tan pod eroso que los yacim iento s arqueológico s

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Definiciones de «t eo ría»

han de ser vigilados por la policía para exp u lsa r de ellos a los iLJ-

trusas. Es tan poderoso que incluso gru pos de objet osparticulares com o los fragmentos del fri so del Parte n ón constit uye n el argu-

mento de importa ntes disputas intern acion alcs ,

La prcgunta «¿po r qué hacemos arqueología?» se relacion a nc- cesaliam ente con la pregunta «¿por qué la arqueología - el es tu- dio del pasado a través de sus restos ma wli ales- es tan im por- tan te para nosotros?».y ello nOScond uc e otra vez ala cuestión del

«n osotros». de nuest ra iden tid a d ¿qu iél1CS SO lJ10S? Yesta s cuestio- nes son tod as teóricas.

"Teo r ía» es una palabra difícil de definir. Forzosa m ente deberé volver a tratar est e tema en el cap ítulo fin a l, puesto que distintos pu ntos de vist a ico réü cos definen «te orí a »de maner a distinta.Las difer en tes defin iciones no pue den ser explor ad as a fon do sin pre- viam e nte explicar tales puntos de vista.

PorJo tanto,en vezde avanzar aquíuna definició nco m ple ta de teoría la pospond"é hast a elúltim o capítu lo.Mientras tanto, seña- laremo s que muchos arq ueólogo s incluirían dcntro del alcance del concepto de teoría las'llutivaciolles dela prácticadela arqu eologfa

, así como el context o social y cultural de la arqueología. Segura- mente tam bién se referirían a la problem ática de la intel1Jrewó ón . La mayoría de los arque ólog o s estar ían de acu er do en que la for- ma de interpreta r elpasado implica aspectos teoréticos en un sen- tido amplio. Por ejemplo , se podrían citar teorías gene r ales rela- cionadas co n la evolución social y biológica,o problemas asocia- dos a la forma de con trastar las hipótesisformuladaso inclusode- ba tir sobre cómo ha y que interpretar los ca mh ios estilístico s o decorativos observados en lo s objeto s.

Existe un desacu erdo acer ca de si deter minados co nce p to shay que consider a rlos «teo rélicos» o si, en cam bio, se tra ta de mer a s adap tacio nes técnicas o formas de tr abajar, comprens ibles fuera dela\ca nce de la teoría. Unos, por ejem plo, cons idcran la estr ati- grafía , las técn icas de e:<cava ción Yregistro, y el uso de métod os estadístico s como pro ble mas «teoréticos», mien tras que otros los consideran simplclnentc cuestiones "p r á ctica s») o «técn ic a s», La teoría y elmétodo a menudo se confun den . Podr ía mos pensar en un sentido estricto que, si la teoría cub r e el«porqué», el méto do o

El. SENTIDO lOJ\1lJN NO B/\ST,\

Sient o entrometerme, pero toda esa discusión sobrela teoriayelmétodo demuestra claramente. la est érilv aburrida que es la teoria. Usted se ha per- dido en defini cion esysemántica sin haber mencionado Wl solo hech ocml- cretoacercadelpasado. Empiezo(/pensar que ojalá 110hubieraem pezado a leer este libro, puesto que. hubieraaprovech ado mejor el tiempo CO/1 olras

lecturas.La teoriaesirrelevanteCO Il relación ala práctica dela arqueología;

sólo hay que utilizar elsentido común.

17

la metodología cu b re n el «cómo».Así, la teoría cubrirí a los moti- vos que nos impulsan a sele ccion ar un determin a do lugar pa ra ex- cavar y el mét odo la manera en que 10 hacemos . Sín em barg o, como teoría y método están ín ti mam en te relacionad os,muchos ar- queólogos pensarnos que esta divisíón tan element ales demasi ad o pobre.

Pa ra darun ejemplo de lasrelacio nes ent re teo ría y método po- dríamos exam inar difer entes métod os de investigaciónde la estra- tifica ción soci ala partir del registro arqueológico. Pod rí amos uti- lizar el método de com parar tu m bas «r ica men te- provistas de ofren das,co n tumbas sencillas sin apenas decora ción .Es evidente en este eje rcicio que se presuponen ciertas ideas o teorías acerca de la natu raleza de la cs tra tíficacíó n social (que la escala socialse reflejará eneltrata m ien toque elcue rpo del difu nto recibe,que los bienes materi ales se distribuyen de forma desigu al dentro del co- lectivo socialyque ello está relacionado direct a mente con la desi- gualdad social, ctc .). Estas ideas son en sí mism as de nat u r aleza teórica .

Quizás la teoría y el mét odo son la misma cosa y no pued en se- pararse; qu izás han de sep ararse si la arqueo logía quiere ser una discipl in a rigurosa ca paz de contrastar sus teo rías con la inform a- ción obte n ida de la excavación. Éste es un deba te sobre el que se- rá necesa rio ret ornar en el capítu lo 4.

Ah,se tr atadeRoger,el eterno em pír ico.(Roger esun alumnode la Un iversidad del Nort e, en Inglaterra, au n que personas como Ro- ger se puedenencontrar en cualquier parte. Roger se apasionó por la ar queología cuando era niño recorriendo los luga res con ruinas de castillos de su comarca y vis itand o muchos otros yacimientos arqueológicos.Antesdeentra ren la universid ad ya realizóalgu nos trabajos de au xiliar de exca vación y cola boró con un museo.A Ro- gel' le gusta ver y tocarclmaterial que sale de una exca vació n y le en canta discutir acaloradam ente co n sus colegas sob re cuestio nes

TEORíA ARQCEOLÓGLCA.CNA II\TR OD UCCl Ót-:

16

"

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La arqueología sustenta en parte su credibilidad intelectual en su capacidad de distinguir entre «buenas» y «malas» interpreta- ciones del pasado. ¿La gente que vivió en este lugar eran cazado- res-recolectores o eran alienígenas procedentes del planeta Zog?

¿Cuál es la interpretación más sólida?

Es imposible decidir cuál es la interpretación más sólida sólo a partir de la base del «sentido COllTÚn)). El sentido C0111Ún puede su- gerir, por ejemplo, que aceptarnos la explicación que abarca al ma- yor número de hechos, Puede haber miles de pedazos de cerámica que daten del primer milenio antes de nuestra era en un yaci- miento, pero otro hecho -una datación del año 750 de nuestra era a partir del estudio de los anillos de crecimiento de los árboles- puede sugerir que aquellos test.imoriios son «residuales» o que fue- ron abandonados durante un período anterior. En la práctica, cada día de trabajo como arqueólogos nos toca decidir en qué orden colocamos los hechos que tenernos, qué grado de importancia adju- dicarnos a las diferentes pruebas de las que disponemos. Cuando así obramos usamos, queramos ü no, criterios teoréticos para de- cidir qué hechos son importantes y qué otros no lo son tanto.

Un buen ejemplo de la insuficiencia del sentido común a la hora de decidir entre una explicación floja y una explicación sólida en arqueología provienede las debatidas «líneas de conexión». Es- tos trazados fueron descubiertos por Alfrecl Watkins en los años veinte cuando observó que muchos vacimientos arqueológicos an- tiguos en Gran Bretaña podían enlazarse mediante líneas rectas.

La hipótesis de que los lugares arqueológicos antiguos se asenta- ban a lo largo de líneas rectas pudo ser fácilmente probada a base de trasladar a un mapa estos antiguos monumentos y trazar unas rectas entre ellos. Watkins sugirió que estas líneas representaban vías de comunicación prehistóricas. La comunidad profesional de arqueólogos respondió al unísono que se trataba de un disparate.

El sentido común indicaba que los pueblos prehistóricos, que vi- vieron miles de años antes de inventarse la escritura y establecer- se las bases de la geometría, eran demasiado primitivos como para trazar sobre el paisaje tales sofisticadas guías. Watkins estaba convencido de que con su libro hacia una auténtica contribución al progreso de la arqueología) pero sus investigaciones, serias .Y sinceras, fueron desautorizadas y su trabajo considerado el propio

IL

18 TEORíA AROlJEOLÓGICA. U;:...¡A INTRODUCCIÓN

como las técnicas de seriación. Ahora que está en segundo año le ha tocado hacer una asignatura de teoría. Con la cabeza llena de fraseología accrca de la teoría dc alcance medio, dc hermenéutica y de postestructuralismo, parece que aquello que tanto le apasiona ahora se le cae de las manos.)

Si alguien quiere saber por qué la teoría es perLinente con rela- ción a la práctica arqueológica, quizás mejor que me siga mientras examino cuatro posibles razones.

1. N~CES1TAMOS JLSTJHCAR LO QUt' HACt'MOS

Nuestra audiencia (los demás arqueólogos, la gente que trabaja en otras disciplinas, el «público en generaL» precisa tener una idea clara de nuestra parte de por qué nuestra investigación es im- portante, de por qué valc la pena financiar1a, del valor que tiene escucharnos. Hay mil posibles respuestas a ese reto de la justifica- ción, por ejemplo:

• El pasado es intrlnSeCanlente importante, por lo que necesi tamos saber del mismo por sí mismo.

• Necesitamos conocer de dónde venimos para saber adónde nos dirigimos. El conocimiento del pasado favorece un mejor en- tendimiento del futuro.

o Sólo la arqueología aborda la profundidad temporal necesa- ria para generar generalizaciones interculturales acerca de los pro- cesos culturales de largo a\cance.

o La arqueología es un instrumento de la rcvolución cultural que ayuda a en1ancipar a la gente de las ideologías represivas.

Existe la probabilidad de que se discrepe por lo menos en uno de jos argumentos precedentes y se esté completamente de acuer- do con, al menos, otro. Esto no cambia el hecbo de que cada aY- gunlento es una proposición teorética que necesita de justificación, que requiere ser debatida antes de darla por aceptada o rechazada.

Ninguno de los argumentos reseñados es evidente por sí mismo, ni tiene que ver con elsentido común. Verdadcranlente, pocas cosas en elmundo son obvias si se exan1inan de cerca, aunque a 111uchos políticos les gustaría que lo viéramos de otra forma.

EL SE\J']'IDO CO.I'\llLN' 0 IJAS']'l\

2. NECESITAMOS COTEJAR UNA INTERPRETACiÓN DH PASADO COi' OTRA, PARA DECIDIR CUÁL ES LA .'-'1ÁS SÓLIDA

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20 TEORÍA AROUEOLÓGJCA. UNA1:<T ROD l"eC1Ó," 1;1..'-'I:,'\Jr1I)f) (.,lMl'N r\() H,\ ST!\

21 de un lunático que se sitúa en los mismos lím ites de lo que es la

verdadera arq ueo logfa. Algu nos aut ores poste riores retomaron sus tesis y las amplia ron sugirien do que las líneas esc ondía n un signi- tlcado religioso y un poder místico.

Hoy está claro que los pueblos prehistóricos podían haber sido perfecta men te capaces dc realizar trazados de este tipo.Elcriterio original basado en el sen tido común que utilizaro n los arqueólo- gos para des autorizar las tesis de Wa tkins no cabe duda de que no eraválido.

Las líneas de conex ión no existen . Fue demostrado por Tom Williamso n y Liz Bcllamy en el estud io Ley Unes ¡,1 Ouestion que ana lizó est adísticamente tales posibles líneas y mostró quela den- sid ad de Juga res arqueológicos sobre el paisaje británico es ta n alta quecualquier posible línea trazada en cua lquierparte,necesa- riamen te tropicza co n un cier to nú mero de yacimientos. A Wi- lIiam son y Bella my, probar el er ror les costó un enor me trabajo.

debiendo hacer uso de sofisticados métodos estadísticos.

La moraleja del debatesobrelas líneas de conexión enseña que lo que distingue una explicación floja de una de sólida no es una simple cuestión de «senti do co m ún». Quisiera argüir que si quere- mos realmente comprende rqué es lo que alimenta el debate de las líneas de conexión deberíamos fijarnos en la tradicional división de la arq ueología br itánica entre clases de arqueólogos . En su tiempo, Watkins fue tildado de vu lgar ama teur; hoy día, la tradi- ción de los buscadores de líneas de conex ión continúa viva en tre los círculos (alternativos » que nnran con recelo a los arqueólogos profesionales.

3. DEBEMOSSER MUY Cl.AROSEN NUESTRO TRAB AJO

DE ARQUEÓL OGOS

Es decir, debem os ser muy abiertos sobre nuestras razones, nuestros pu ntos de vista y nuest ro s prejuicios y no pre tend erdisi - mularlos o afir mar que no existen .Se trata de una regla básica de tod o discursos académ ico, au nque no siem pre es seguida. Lewis Binford,una personalidad sobre la que volveremos a hablar en el ca pítu lo que sigue,decía que todoslos científicos de cualquierdis- ciplin anecesita n ser muy conscien tes delas presu nci ones que rea- liza n si quieren de verda d ser productivos. Au nque no hace falta añadir que nu nca podremos ser com pletamen te explíci tos acerca

dc nucsr n », preju icios y nuestros aprio rism os, no pOI'ello no de- hemos inten tarlo.

4. No TENEM OS «~ECEsmAD» DE LA TEORÍA,YAQUE EN REALI DAD

LA USAM OS SlEM PRE, NOSGUST/.' o NO

Dicho ele otra manera, todos sama s unos teóric os. Éste es el pun to cla ve. El rnás lento auxiliar de excavación, el más ab urrido limpiad o r de cerámicas ,el más despistado ayudante técnico de la- horatori o, todos son unos teóric os en el sen tidode que todos urili- I.an en su trabajo, teorías, conceptos. ideas y presunciones. (La teoría puede ha berles sido impuesta por eldirector delproyect o o porla en tidad patroci nadora del proyecto,pero no por ellodeja de ser tcoría.) De form a sim ilar, el texto más descriptivo o la memo- ria mássecata rnbién son teoréti cos.Cualq uier personaque mane- je una pala en un ya cim iento se fía para real izar Sil trabajo de las teorías que ha bla n delos cambios de color Jitextura del suelo yde la estratigrafía;los criterios de publicación que dete r m ina nel peso relat ivo y el orden adjudicados a los informes sobr e cerámica y sob re otro tipo de testimonios en una monografía de yacim iento dependen de un juicio so bre lo que es más significativo del yací- miento, juici o que a su vez descansa sobre criterios provenientes de lateoría.

Por lo tanto,cualq uier arqueólogo que nos habl e de que su tra- bajo es ajeno a la teoría, de que élno está particularmente in tere- sad o en la teo ría. o de que él hace arqueologfa «a uténtica» por opo sición a la arqueología de los «teóricos de moda». realmente no dice toda la verd ad. Existen tantos teóricos C0l110 arqueólogos, aunque muchos de estos últimos en mascaren sus apriorismos teo- réticos con la etiqueta del pragmatismo o del sentido común.

Com por tá ndose de esta forma, sostengo que estos arqueólogos evi- tan la respons a bilidad que les afecta dedeja r claros los fun damen- tos intelectual es de su tra bajo, pret endiendo así esconder del exa- men cr ít ico las presunciones teoréticas que utilizan .

Más aún, la pret ensión de ser ateóri co es un inten to de impo- ner una especie de machismo en la práct ica arqueológica. Como veremos en el capítulo 8,la práctica arqueológica está asociada a nociones de género sobre lo que tiene valor o no lo tiene. Porque, al menos en el mundo anglo-americano,siempre hayalguna cos a de vagamente femenino (y por lo tanto implícitamente con sidera-

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22 TEO¡ÚA ARQUE(jl.()(i1l'1\. LNA INTI{() OIICCl ÚN 1·:1 .:-.LNT IIHI ('(II\HI\: NO BASTA 2."l do desegu ndo rango)en elhablar de,en e! discutir acercade,o en

el trata r de razo n a r clara mente y explícitam ente so bre.

tíJ.he oído lo sllf/eicl1tesobre todo eso;usted en/pieza a abusar. Estaria dispuesto a conceder que tod os aco Stlll71hra m D.'>· a utilizar la teoría en un cierto sentido,pero al[inaldela[ornatla loque cuenta son los hech os, los datos extraídos.

Novayadiscu tir ahora acerca desila información,tal cualapa- rece, existe indepe ndi entemente de la teorí a, pues tiem po tend ré para ello. Supongamos por e! mom ento que los datos existen real- mente. ¿A qué nos conducen? Hay una infinidad de hech os que la arqueología pone de relieve. Están amonton a dos a millon es en mu- scos y en arma rios de laboratorio, y aparecen en largos list ados de datos.Una muestra:veamos algu nos de estos hech os incontestables:

o El vaso que sostengo tiene 600 años.

• En Virgin ia se encontró cerá m ica colon ia l.

o En elcastillodcMaidcn,en Dorset, Inglaterra , se exhu mó un esqueleto con un proyectilalojado en la espina dorsal.

o La Edad del Bronce precede a la Eda d del Hierro.

o Tikalfue un importan te cen t ro ceremonialpa ra los an tiguos maya.

o Es muy habit ual enco ntrar un gran nú mero de fragmen tos de pipas decerámi ca en los ya cimientos posterio res a 1500.

o En la región de Dordoña,en Francia, hay muchas cuevascon arte rupestre .

o En e! cañón de El Chaco las aldeas se constru ían antigua- mente usando la piedra como material.

Las frases que acabamos de leer,¿aña den algo a un conoci m ien- to autént ico de! pasad o ,a una explicación coherente de carácterar- qucológico?No. Amontonar hechos simplem ente y esperar a que de estos hechos salga un relato ordenado sobr e el pasado es como po- ner a un grupo de monos frente a unas máquin as de escribir y es- pera r a que aparezcanlas obras com pletas de Sh akespearc,

Lo que nos hace arqueólogos, en las antí podas de sim ples reco - lectores de trastos viejos,es elconjun to de regla s que usamos para transforma r los hechos en relatos coherentes sobre el pa sado; rel a to s que, pa ra nosotros los ar queólogos , «tienen sen tido»y que (espe ra mos) ta m b ién lo tengan para la gente en general. Y tales

reglas , sean implícitas o explíc itas, son de natu rale za teórica. Los hech os son importan tes: sin embargo, sin teo ría, los hechos pcr- manccen co m pletamcnte mudos.

Tomcmos el ejemplo del distingu ido pro fesor de Arqueología que asegura escribe basándose en los hechos únic a mentey usa ndo el sen tidocomún, cla ro está . Veamos qué hace realmente:Atal [i n

he escogido elsiguiente tcxto :

Es importante subrayar que la cu ltu ra romano-británíca se basó en una eco nomía monetaria.En elsud este de Inglaterra la moneda ya era conoci da antes de la conqu ista, sin embargo los romanos fue- ron responsables de difu nd ir su circulación por toda la isla, hacién- do se pr es ente hasta en las más sencillas transacciones . Po demos imaginar hasta qué pun to el uso de la moneda penetró la vida co- mercial de todo el territor io porel hecho de queSt' man ifiesta has ta en los luga res más humildesy en las más remo tas pa rlesde la pro- vincia.(Alcock. 1976:174).

Una primera presu nci ón ieorética que observa mos en este tex- to es que ideas corno «transacci ón » o «vida comercial», que sólo ob tienen su sen tido moderno hacia fin a les del siglo XVJlI, puedan aplicarse a Gra n Bretaña romana sin más exp licaciones. De ello se siguc que el autor del texto espe ra del lector que utilice su expe- ricncia moderna sobre transaccio nes y vida comercial - regidas por la eco nomía de mercado, deslig adas dclas relaciones sociales, in ter mediadas por una unidad COm ún de ca m bio- para entende r el sentido de la frase. Ésta y otras presu nciones podrán o no ser ver d a deras, pero en cualq uier caso son de natur aleza teorética . La segunda en una pres unción del tipo «alcance medio»:esto es,que asocia directamen te hechos pa rticularesa teoríasgenerales (véase ca pítu lo 4).Alcock pre supone que la presencia dc un deter- minado número de mo nedas en diferentes tipos de yacimien tos (n ótese el uso de una jerarquía im plícita de yacimien tos arqueoló- gicos que equivale a una jerarq u ía social, asumid a más que de- mostrada : «los lugares más hu mildes») refleja de forma precisa el rango de lo que Alcock denomina «actividad o vida comer cial".

Por supuesto que reconocemos que «actividad comercial»es un a figu ra teo réticamente mucho más complcja. El rela to de Alcock puede ser tot almente cier to o no tan ciert o, o quizás se tra te sólo de un retrato acep table o mínima mente válid o; ello deberá ser ob- jeto de deb a te entre los espccialistas del perí odo. En cualq u ier caso , se trata de un relato clara men te te órico.

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24 I'J·:O]{!A AI{UIII·:( )lJH ;l l:¡\. l)~1\ INTR()IIl;<,'('l(, N 1-.1.SI:,NT Jll() C'OMI.'.'\' /'\0 BASTA

25

Pod rí a segu ir analizando el texto, pero lo dicho es su ficien te para mostrar cómo incluso la prosa aparen temen te más clara y transparente esconde tra mpas de la teoría.

Todoesto es plausibleyCOHv itlcc lZ le;sinembargo,lateoríamesigue pa- reciendo poco atractiva. Los teóricos parece que C0 I1S1{lIIfel11el1te usal1 uno jerga incomprens ible,escriben eH IUl estilo impenetrabley 1l1ll7Cll obtienen nadatangible. Pu edellegar apersuadirmede que IUI.valgún punto a [avorde la teoría, pero /10conseguirá que loqlf(~ los teó ricosescrib en lileparezca in- teresanteJ'no meirrite.

No, no pued o . Yo ta mbi é n me irri to ante mucho s textos teóri- cos, de la mis ma form a que me irrito ante todo tipo de textos so- bre arqueología. Pero déjarnc decir que has sacado algu nas cues- tiones que vale la pena retornar.

Prim ero, ¿por qué jerga? Las palabras de sign ifica do específico no están con finad as a la teor ía de la arqueología. Cada área den- tro de la arqueología tiene SllS térm inos de referen cia específicos:

en este sen tido, la jerga es elojo delobservad or.Los térm inos es- pecíficos que uso co mo teórico o como especialis ta en arquitectura tradicio nal pueden pareceruna jerga para cl especialista en med io ambiente, y los del especialista en medio am bien te pueden pare- cer m e a mí una jerga. Hay, sin embargo , un problema más pro- fund o detrás de una acusación de uso abusivo delluenguaje técni- co . Parece que detr ás de tal acusación hay la presunción de que siem p re se puede expresar lo que se preten de cn un lenguaj e «cla- ro, simple y fácil».La ar queología tien e que ver con nuevas ideas acer ca del pasad o. Como expresa mos ideas med ian te palabras,re- sult a muy apropiado usar nuevas palabras pa ra invitar al lector a pensar de formadistin ta.

Las sociedades humanas han sido y continúan siendo algo muy com ple jo. Como parte del mundo natural, com par ten aspectos de esta com plejidad y además poseen en sí mismas una com plejidad socia l y cu ltural propia. No acostumbramos a quejamos cua ndo un qu ím ico o un biólogo usan IIn lenguaje técnico;en cam b io,sí lo hacemos cu ando lo hace un ar queólogo que pretende explicar- se. Lo que quiero deci r es que no parece que nos extra ñe que re- sulten difíciles de comprender y de domina r las técnicas más de- puradas de la práctica arq ueológica; talesla naturale za de nuest r a disc iplina . Estamos prepara dos para esfo rz a rnos en dom in a r el lenguaje y el manejo de la estra tigrafía, de las matr ices de Harris,

de la seriación, de las técn icas científicas de dataci ón, incluso de la habilid ad práctica,a su vez en par te intuitiva,de diferenciar ni- veles por elaspecto delsuelo que aparece bajo la pala. Es razona- ble pensar,pues, que la vertiente teórica de nuestro trabajo - usar los peq ueños fragmentos de Información obten idos para generar un disc urso acerca del pasado en toda su riqueza y com plej idad- deba ser a la fuerza tan diftcíl como aquellas otras ra reas de ca- rácter prácti co . De hech o, ha de ser una de la s tareas intelectua- les 111ás exigentes que como géner o hu mano nos haya mos nunca plantead o.

Creo que usted ha caídoen su propia tram pa. Siguehabiendo lasospe- cha de que la jerga se usepara mlxtiiicar,para crearWl lenguaje de exclu- sión por el queellegoen lamateriase sientaencogido.

Hav una cierta ver d ad en esta acusación.Cier tas formasde re- tóri ca'académ iea se usan, intenci onadamente o no, pa ra estable- cer una fronteraen tre elgru po delos inicia dosylosdem ás . Node- fiendo esta práctica que todos los intereses sector iales dentro y fue ra de la arq ueología utilizan.

Finalmen te,pregonar que hay que «escribir claro»es como dar por sen tado que se escribe aceren dealgo concreto , En otras pala- bras, que hay en algú n luga r un mundo externo, real, con un as ciertas características esenciales yconcretasque el lenguajepued e describir de una for m a más o men os clara y neutra. En cualquier caso, se esté descr ib ien do la im p ortancia de unos vasos o sugi- riendo cómo deb e de haber sido la vida en la Eda d del Bronce, se está trata ndo de asuntos alta me nte discu tibles. Elpas ado no exis- tefuera de nuestras mentes.Nunca lo he tocado,nime hedadode bruces con él.

La teoría es difícil. Si uno acepta que todos somos unos teóri- cos , en to nces lógicamente la teoría arqueológica no ha de resultar ni más ni menos difícilque cualqu ier otra rama de la arqueología.

Porque la arqueología en sí misma ya es difícil. Nos hemos pro- puesto una tarea enormemen te intirn idatori a. Queremos llegar a enten der a las sociedades humanas que hace miles de años desa- parecieron, cuyas cost u mb res, valores y actit udes fueron , muy probablemente, muy distintas de las nuestras.Ylo hemosde hacer sin pod er habl ar con aquella gente. Y aún más difícil, quere m os saber el porquéde sus avances y retrocesos , queremos enten de r cómo se ma n ifestó en ellos el cambio. Y los únicos materiales de

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