• No se han encontrado resultados

Trabajo de final de máster

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2022

Share "Trabajo de final de máster"

Copied!
109
0
0

Texto completo

(1)

Trabajo de final de máster

Título:

Propuesta metodológica para la evaluación de la Huella de carbono de una titulación universitaria.

Apellidos: del Valle Nombre: Sara

Titulación: Máster en Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad

Director/a: Santiago Gassó y Gemma Fargas

Fecha de lectura: mayo 2021

(2)

2

Resumen

El cambio climático sigue siendo el gran desafío al que la humanidad va a seguir enfrentándose en las próximas décadas. Las evidencias científicas siguen demostrando que estamos ante un contexto de emergencia climática en el que, si no se cambia la trayectoria actual, los impactos serán cada vez más impredecibles y graves. En el ámbito académico, las universidades están cada vez más alineadas con el futuro sostenible de bajas emisiones de carbono. Es por eso que, la aportación de este trabajo pretende proponer una metodología de medición específica que permita calcular la Huella de carbono de una titulación académica, con el fin de conocer el origen y la magnitud de las emisiones de GEI que produce, detectar las barreras y éxitos sobre ella y dar pie a plantear posibles estrategias futuras de reducción para paliar aquellos factores con más impacto. Para lograr esto, se aplicó la metodología sobre el Master de Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad de la Universidad Politécnica de Catalunya, y se desarrollaron de forma paralela una calculadora de emisiones y distintas encuestas para la recolección de los datos. Las principales conclusiones de este trabajo muestran una alta efectividad de la metodología desarrollada, ya que se lograron identificar los puntos calientes de carbono sobre el máster. Se pudo concluir que, las emisiones categorizadas dentro de la Categoría C comprendían alrededor del 97% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero de la titulación, lo que corrobora los impactos por movilidad son los más elevados. Sin embargo, las emisiones de las Categorías A y B procedentes del consumo de gas, presentaron tan solo una representatividad del 3%. Hasta la fecha, este trabajo presenta el análisis más completo sobre las emisiones generadas por una titulación académica. Por lo tanto, la metodología desarrollada puede servir como base futura para medir la Huella de carbono de otras titulaciones académica y derivar en medidas que sirvan para reducir y compensar estas emisiones.

Palabras clave: cambio climático, huella de carbono, instituciones de educación superior, titulación académica.

(3)

3

Resum

El canvi climàtic és el gran desafiament al qual la humanitat continuarà enfrontant-se en les pròximes dècades. Les evidències científiques segueixen demostrant que estem davant un context d'emergència climàtica en el qual, si no es canvia la trajectòria actual, els impactes seran cada vegada més impredictibles i greus. Dins de l'àmbit acadèmic, les universitats estan cada vegada més alineades amb el futur sostenible de baixes emissions de carbó. És per això que, l'aportació d'aquest treball pretén proposar una metodologia de mesurament específic que permeti calcular la Petjada de carboni d'una titulació acadèmica, amb la finalitat de conèixer l'origen i la magnitud de les emissions de GEI que es produeixen, detectar les barreres i èxits sobre ella i donar peu a plantejar possibles estratègies futures de reducció per pal·liar aquells factors amb més impacte. Per a aconseguir això, s’aplica la metodologia proposada sobre el Màster de Ciència i Tecnologia de la Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya, i es desenvolupa de manera paral·lela una calculadora d'emissions i diferents enquestes per a la recol·lecció de les dades. Les principals conclusions d'aquest treball mostren una alta efectivitat de la metodologia desenvolupada, ja que es van aconseguir identificar els punts calents de carboni sobre el màster. Es va poder concloure que, les emissions categoritzades dins de la Categoria C comprenien al voltant del 97% del total de les emissions de gasos d'efecte d'hivernacle de la titulació, el que corrobora els impactes per mobilitat són els més elevats. No obstant això, les emissions de les Categories A i B procedents del consum de gas, van presentar tan sols una representativitat del 3%. Fins avui, aquest treball presenta l'anàlisi més complert sobre les emissions generades per una titulació acadèmica. Per tant, la metodologia desenvolupada pot servir com a base futura per a mesurar la Petjada de carboni d'altres titulacions acadèmiques i derivar en mesures que serveixin per a reduir i compensar aquestes emissions.

Paraules clau: canvi climàtic, petjada de carboni, institucions d'educació superior, titulació acadèmica.

(4)

4

Abstract

Climate change remains the great challenge that humanity will continue to face in the coming decades. Scientific evidence continues to show that we are facing a climate emergency in which, if the current trajectory is not changed, the impacts will be increasingly unpredictable and severe. In academia, universities are increasingly aligned with a sustainable low-carbon future.

For this reason, the contribution of this paper aims to propose a specific measurement methodology to calculate the carbon footprint of an academic degree, in order to understand the origin and magnitude of the GHG emissions it produces, to detect barriers and successes and to propose possible future reduction strategies to mitigate those factors with the greatest impact. To achieve this, the methodology was applied to the Master of Science and Technology of Sustainability of the Polytechnic University of Catalonia, and an emissions calculator and various surveys were developed in parallel to collect the data. The main conclusions of this work show a high effectiveness of the methodology developed, since it was possible to identify the carbon hotspots on the master's degree. It could be concluded that the emissions categorised in Category C comprised around 97% of the total greenhouse gas emissions of the degree programme, which corroborates that the impacts due to mobility are the highest. However, Category A and B emissions from gas consumption only accounted for 3%. To date, this work presents the most comprehensive analysis of the emissions generated by an academic degree.

Therefore, the methodology developed can serve as a future basis for measuring the carbon footprint of other academic degrees and lead to measures to reduce and offset these emissions.

Keywords: climate change, carbon footprint, higher education institutions, academic qualifications.

(5)

5

Índice de figuras

Figura 3.1 Temporalización general del cálculo de la Huella de carbono. Fuente: de Toro et. al., 2016;

Hermosilla, 2014. _____________________________________________________________________ 32 Figura 3.2 Visión general de los alcances del Protocolo de GEI y las emisiones en toda la cadena de valor.

Fuente: Bhatia, Cummis, Brown, Rich, Draucker & Lahd. (2012). Corporate Value Chain (Scope 3) Accounting and Reporting Standard. _____________________________________________________ 32 Figura 4.1 Pasos generales a seguir para el cálculo de la Huella de carbono de una titulación universitaria.

Fuente: Elaboración propia._____________________________________________________________ 42 Figura 5.1 Ubicación del Campus Nord UPC. Fuente: Canal Universidad Politécnica de Cataluña – UPC, 2019. _______________________________________________________________________________ 53 Figura 5.2 Esquema de los 3 ámbitos en los que se enfoca en Máster de Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad. Fuente: Canal Universidad Politécnica de Cataluña – UPC, 2019 ___________________ 54 Figura 6.1 Representatividad de respuestas obtenida por cada colectivo encuestado. Curso académico 2018/2019. __________________________________________________________________________ 68 Figura 6.2 Contribución de emisiones por cada categoría de impacto (A, B y C). ___________________ 77 Figura 6.3 Emisiones directas procedentes de la climatización de las aulas y despachos utilizados durante todo el curso académico 2018-2019. _____________________________________________________ 79 Figura 6.4 Emisiones indirectas procedentes de la climatización de las instalaciones al servicio de toda la comunidad universitaria. Curso académico 2018-2019. ______________________________________ 80 Figura 6.5 Emisiones indirectas procedentes de la climatización de las instalaciones al servicio de toda la comunidad universitaria. Curso académico 2018-2019. ______________________________________ 81 Figura 6.6 Emisiones totales generadas por toda la movilidad del máster. _______________________ 83

(6)

6

Índice de tablas

Tabla 3.1 Metodologías de cálculo de Huella de carbono más utilizadas en Europa y en el mundo. Fuente:

de la Cruz, Carballo & Domenech, s.f. a partir de ERM (2010) y Ernst & Young et al. (2010). _________ 28 Tabla 4.1 Aspectos generales a considerar en la fase de caracterización de la titulación ____________ 43 Tabla 4.2 Espacios docentes que se consideran dentro del límite organizativo ____________________ 44 Tabla 4.3 Instalaciones comunes al servicio de la comunidad que se consideran dentro del el límite organizativo _________________________________________________________________________ 45 Tabla 4.4 Espacios comunes en el campus a disposición del colectivo universitario a considerar en el límite organizativo de la titulación. ____________________________________________________________ 45 Tabla 5.1 Porcentaje del estudiantado matriculado en el máster según su titulación de acceso (curso 2019- 2020). Fuente: Datos estadísticos y de gestión UPC (junio 2020) _______________________________ 55 Tabla 5.2 Calendario académico del MCTS. Fechas claves curso académico 2018-2019 _____________ 55 Tabla 5.3 Espacios docentes que se consideran dentro del límite organizativo del máster ___________ 56 Tabla 5.4 Instalaciones comunes al servicio de la comunidad que se consideran dentro del el límite organizativo _________________________________________________________________________ 57 Tabla 5.5 Estudiantes, Profesorado y personal administrativo y de servicios vinculados al Máster universitario en Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad _____________________________________ 58 Tabla 5.6 Registro de consumos de gas natural por edificio y mes (Categoría A). Medición para el curso académico 2018-2019. ________________________________________________________________ 59 Tabla 5.7 Registro del consumo de energía eléctrica por edificio (Categoría A). Medición año 2019. __ 60 Tabla 5.8 Registro de consumos de gas natural por edificio y mes (Categoría B). Medición para el curso académico 2018-2019. ________________________________________________________________ 61 Tabla 5.9 Registro del consumo de energía eléctrica por edificio (Categoría B). Medición año 2019. __ 62 Tabla 5.10 Nº de personas que utilizan cada tipo de transporte de forma habitual para desplazarse a la universidad. Curso académico 2018-2019. _________________________________________________ 63 Tabla 5.11 Nº de salidas académicas por tipo de transporte. Curso académico 2018-2019. __________ 64 Tabla 5.12 Nº de alumnos que realizaron visitas a su ciudad natal o un Programa de Movilidad (Erasmus +) por transporte. Curso académico 2018-2019. ____________________________________________ 64 Tabla 5.13 Selección de los factores de emisión según las fuentes de emisión consideradas. _________ 65 Tabla 6.1 Emisiones de CO2 eq. procedentes del consumo de gas natural para aclimatar los espacios destinados a uso académico durante todo el curso 2018/2019. ________________________________ 69 Tabla 6.2 Emisiones de CO2 eq. generadas por hora en cada espacio. 1Q y 3Q curso académico 2018-2019.

___________________________________________________________________________________ 71 Tabla 6.3 Emisiones de CO2 eq. generadas por hora en cada espacio. 4Q curso académico 2018-2019. 72 Tabla 6.4 Huella de carbono total procedente del consumo de gas natural. ______________________ 72

(7)

7 Tabla 6.5 Emisiones de CO2 procedentes del consumo de gas natural en las instalaciones comunes al servicio de toda la comunidad. Curso académico 2018-2019 __________________________________ 74 Tabla 6.6 Emisiones de CO2 procedentes instalaciones comunes al servicio de toda la comunidad según frecuencia de uso y número total de alumnos. Huella global. __________________________________ 74 Tabla 6.7 Emisiones de CO2 procedentes del desplazamiento cuotidianos para ir y volver de la universidad por parte del colectivo universitario del máster. ____________________________________________ 74 Tabla 6.8 Emisiones de CO2 procedentes del desplazamiento para llevar a cabo actividades académicas.

___________________________________________________________________________________ 75 Tabla 6.9 Emisiones de CO2 procedentes de la movilidad por actividad propia. Visitas a su ciudad natal.

___________________________________________________________________________________ 76 Tabla 6.10 Emisiones de CO2 procedentes del desplazamiento para llevar a cabo un Programa de Movilidad (Erasmus +) _________________________________________________________________ 76 Tabla 6.11 Tabla resumen de la Huella de carbono del MCTS para el curso académico 2018-2019, así como para todo el máster en global. __________________________________________________________ 76

(8)

8

Índice

1. Introducción ... 10

2. Motivación y Objetivos ... 14

3. Marco Conceptual ... 15

3.1. Cambio Climático ... 15

3.1.1. Marco legislativo internacional (ONU) ... 16

3.1.2. Marco legislativo europeo y estatal ... 21

3.1.3. El papel de los gobiernos locales y el caso concreto de Cataluña ... 24

3.2. Huella de carbono ... 26

3.2.1. Metodologías de medición según el enfoque ... 27

4. Metodología ... 42

4.1. Procedimiento metodológico ... 42

4.1.1. Caracterización de la titulación ... 42

4.1.2. Definición de los límites de estudio ... 43

4.1.3. Determinación del proceso de cálculo y factores de emisión ... 48

4.1.4. Selección de los instrumentos de recogida de datos ... 51

5. Caso de estudio práctico ... 53

5.1. Máster de Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad de la UPC ... 53

5.2. Definición de los límites del máster ... 55

5.2.1. Límite Temporal ... 55

5.2.2. Límite Organizativo ... 56

5.2.3. Límite Operacional ... 58

5.3. Determinación del proceso de cálculo y factores de emisión ... 64

5.4. Selección de los instrumentos de recogida de datos ... 66

6. Resultados y Discusión ... 68

6.1. Cálculo de emisiones por tipo de categoría ... 68

6.2.1. Categoría A. Emisiones directas de GEI ... 69

6.2.2. Categoría B. Emisiones indirectas de GEI ... 73

6.2.3. Categoría C. Otras emisiones indirectas de GEI ... 74

(9)

9

6.2. Cálculo de la Huella de Carbono del MCTS ... 76

7. Conclusiones... 84

8. Anexos ... 87

9. Bibliografía ... 99

(10)

10

1. Introducción

En las últimas décadas, el efecto invernadero natural se ha visto agravado por la excesiva presencia de GEI en la atmósfera, un hecho que ha provocado la sobre absorción de calor y, por consiguiente, la detección de incrementos de temperatura anómalos y ajenos al efecto invernadero natural. Esta connotación más perniciosa es lo que se conoce como el fenómeno del cambio climático.

La necesidad de estudiar y describir los cambios de temperatura atípicos, hizo que en 1988 se formase el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), un comité científico encargado de analizar y elaborar informes periódicos con el fin de informar sobre la relevancia de la alteración climática que se estaba produciendo. En su Informe de Síntesis del Quinto Informe de Evaluación del IPCC, publicado en noviembre de 2014, el comité científico confirmaba la evidencia de los cambios en el clima y su correlación directa con la actividad del hombre (MITECO, s.f.; IPCC, 2013; ONU, s.f.). A pesar de no existir una predicción exacta que relate cómo serán los cambios en el clima del futuro, la información validada hasta ahora ha sido suficiente como para empezar a trazar una respuesta mundial con el fin de frenar el ritmo y la escala de acumulación de los GEI en la atmósfera (MITECO, s.f; Naciones Unidas, s.f.; IPCC, 2013.).

Por ello, desde 1997, las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) han ido estableciendo distintos acuerdos internacionales, siendo los más rigurosos y significativos el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. Ambos parten de la base de acelerar e intensificar medidas de contención, mitigación y reducción de los GEI para asegurar el futuro sostenible de las bajas emisiones de carbono (UNFCCC, s.f.). Por ello, fijan una serie de objetivos para mantener el aumento de la temperatura promedio mundial por debajo de los 2oC, respecto a los niveles preindustriales, y seguir con los esfuerzos para limitar calentamiento global a 1,5oC (MITECO, s.f.; Naciones Unidas, s.f.; UNFCCC, s.f.).

La preocupación por el sucesivo calentamiento de la superficie terrestre ha hecho que otros organismos e instituciones públicos y privados también se sumen de forma voluntaria a establecer compromisos que ayuden a frenar los efectos adversos del cambio climático. Las instituciones de educación superior, conscientes de su papel como agentes del cambio para alentar a las generaciones futuras a hacer un uso más responsable de los recursos, parten de la

(11)

11 responsabilidad moral de calcular sus propios impactos ambientales y transformarse hacia el futuro de las bajas emisiones y la neutralidad de carbono (Udas, Wölk y Wilmking, 2018).

Es por ello que, muchas instituciones de educación superior ya llevan a cabo de forma voluntaria la cuantificación y evaluación de sus emisiones a partir del cálculo de la Huella de carbono. Para medirla, la mayoría se ajustan a directrices recogidas en la norma internacional ISO/TS 1467:2013 (Gestión Ambiental. Gases de efecto invernadero. Huella de carbono de productos.

Requisitos y directrices para la cuantificación y comunicación), basadas en las normas de ACV:

ISO 14040: 2006 (Gestión Ambiental. Análisis del Ciclo de Vida. Principios y marco de referencia) e ISO 14044: 2008 (Gestión Ambiental. Análisis del Ciclo de Vida. Requisitos y directrices). A veces este hecho implica que no resulte una tarea fácil puesto que ellas todavía no tienen un camino definido propio a seguir.

El presente trabajo parte del compromiso que la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) tiene en convertirse neutra en carbono para 2050 y decide llevar a cabo una propuesta metodológica que permita obtener las emisiones resultantes de realizar una titulación académica. A falta de pautas preestablecidas que guíen de cómo hacerlo, este proyecto pretende diseñar primero una metodología de evaluación general, nueva y adaptada a dicho contexto, demarcando el límite de su sistema en la evaluación de las áreas y colectivos a los que engloba y, posteriormente llevarla a cabo a un caso práctico concreto. Los distintos estudios evaluados, han permitido extraer las ideas clave del trabajo y construir la base metodológica de cálculo de la HC. Para comprobar la efectividad de la propuesta y garantizar unos resultados óptimos, la metodología fue implementada en el Máster universitario de Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad que ofrece la misma universidad, para medir sus emisiones de carbono relativas al año 2019.

El Máster en Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad (MCTS) es un programa académico comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La intencionalidad de este trabajo es contribuir también al “desarrollo sostenible” y, por ello, se centra en trabajar algunos de sus objetivos. En concreto, trabaja el ODS 7: Energía Asequible y no Contaminante, el ODS9:

Industria, Innovación e Infraestructura, el ODS 11: Ciudades y Comunidades Sostenibles, el ODS 12: Producción y consumo Responsables y el ODS 13: Acción por el Clima. De todos ellos, se establecerá una fuerte conexión con el ODS 12 y la reducción de los GEI (ODS 13).

(12)

12

Estructura y alcance del Trabajo

El marco de investigación de este trabajo se basa principalmente en el enfoque cuantitativo. La definición del enfoque es el primer paso para definir los pasos que se van seguir. Por ello, el siguiente trabajo parte de la siguiente estructura:

i. Capítulo 2. Motivación y objetivos. Se determina el área temática a abordar, el motivo de elección y los objetos o fines que se pretenden conseguir dentro de ella.

ii. Capítulo 3. Fase conceptual de la investigación. Una vez se sitúa el campo de trabajo, en este capítulo se realiza una revisión bibliográfica específica, con el fin de indagar más sobre la Huella de carbono, sobre aquello que ya se ha hecho, los métodos existentes y los espacios o brechas que todavía quedan por afrontar. Hay que tener en cuenta que cualquier tipo de investigación siempre precede de una extensión de conocimientos y teorías previos.

Familiarizarse con todo lo que se sabe hasta sobre un tema, es una forma crucial para obtener nuevos conocimientos, adaptarse más al estudio y ayudar a la buena interpretación de los resultados. Los conceptos y elementos teóricos extraídos de la revisión de la literatura, permitirán ser la base para la construcción de la metodología.

iii. Capítulo 4. Metodología. Este punto es clave en el trabajo, ya que se propone el método que va a ayudar a alcanzar las metas y el nivel de profundidad que el estudio requiere. Con el fin de que el trabajo disponga de una información sólida final, se deberán de determinar y definir bien los parámetros con los que se va a trabajar y establecer el plan e instrumentos que van a permitir la recogida y el cálculo de los datos.

iv. Capítulo 5. Caso de estudio práctico. Una vez fijada la metodología, se pone en marcha la ejecución del trabajo, incluyendo la presentación del estudio práctico concreto y la recopilación real de los datos y su preparación previa a la realización del análisis. En el trabajo, esta parte corresponde a la recolección de datos por medio de los instrumentos definidos y dirigidos a los distintos sujetos de estudio. Posteriormente a la recolección de los datos, se llevan a cabo la comprobación de toda la masa de información recogida. De ese modo, se evalúa la calidad y el grado de confianza de los datos, seleccionando aquellos aspectos que pueden incluirse dentro del informe de investigación, los que necesitan corrección o modificación y los que presentan grandes incongruencias, omisiones o errores que no pueden incluirse en el análisis.

(13)

13 v. Capítulo 6. Resultados y discusión. Antes de pasar a la fase analítica, los datos han de ser traducidos a la codificación numérica correspondiente. Para conseguir que los datos dispongan del valor que se requiere, cada unidad de información es tratada de forma independiente, con su unidad de medida y factor de emisión conveniente, de modo que pueda ser convertida a emisiones de CO2 eq. Finalmente, los datos son procesados con el fin de obtener conclusiones significativas que permitan dar respuesta a la intención inicial de la investigación. La interpretación de las observaciones encontradas, se basa principalmente en la distribución de las variables, así como la correlación existente entre ellas. De igual forma, los resultados son explicados mediante el marco teórico establecido, la comparación o relación con otros estudios similares y las experiencias o conocimientos obtenidos a lo largo de la investigación. A partir de ello, se puede establecer un Plan de Acción posterior, basado en estrategias de reducción y compensación que mejoren aquellos aspectos que más contribuyen al impacto generado por dicha titulación.

vi. Capítulo 7. Conclusiones del trabajo. Resolución final de la investigación llevada a cabo, fijando los puntos clave principales a destacar.

(14)

14

2. Motivación y Objetivos

Motivación

La motivación que impulsa a la realización de este proyecto surge a raíz de la declaración del Estado de Emergencia Climática que la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC) aprueba en mayo de 2019. A consecuencia de esta declaración, la universidad decide cuantificar sus emisiones de CO2 y desarrollar herramientas y recursos prácticos que le permitan llegar a la neutralidad de carbono antes de 2050.

Siguiendo con esta línea, a día de hoy existen estudios que reflejan cómo medir la Huella de carbono de una institución de educación superior. Sin embargo, hay espacios en la literatura que todavía no se han planteado, como el estudio de la Huella de carbono en una titulación universitaria. Por ello, en este trabajo surge la necesidad de dar un paso más y dar luz sobre aquellos ámbitos que todavía no se han abordado, proporcionando una metodología propia para que las instituciones de educación superior puedan medir sus emisiones en ámbitos más concretos y dispongan de un mayor conocimiento de su impacto. La importancia de mejorar la información disponible en relación a las principales fuentes de emisión, permite que se puedan aplicar medidas más concretas y que se consigan mitigar sus impactos.

Como caso práctico, este proyecto se centra en trabajar las emisiones que genera el Máter de Ciencia y Tecnología de la Sostenibilidad de la UPC. Con el registro de sus emisiones, se podrá estudiar la efectividad de la metodología planteada y detectar las posibles imitaciones.

Objetivos

El presente trabajo tiene como objetivo general desarrollar una metodología estándar que permita calcular la Huella de carbono de una titulación universitaria y detectar cuál es su efectividad. Para cumplir con el objetivo, se determinaron los siguientes objetivos específicos:

 Analizar la literatura existente para entender el contexto actual del cambio climático.

 Conocer el origen y definición del concepto “Huella de carbono” y discernir las distintas metodologías existentes para su cálculo.

 Identificar el punto en que se encuentran las instituciones de educación superior (a nivel internacional y nacional) en cuanto a la medición de la Huella de carbono e identificar cuáles son las principales metodologías que siguen.

(15)

15

3. Marco Conceptual

3.1. Cambio Climático

El efecto invernadero es el fenómeno atmosférico natural que permite a la Tierra poder albergar vida. En este proceso, la radiación infrarroja de la superficie terrestre (calor) queda retenida en la atmósfera a causa de la presencia de los gases que la componen, evitando así que se disipe en el espacio exterior. Estos gases, conocidos como Gases de Efecto Invernadero (GEI), son los responsables de mantener la temperatura media alrededor de los 15oC y, de no ser por ellos, la temperatura terrestre oscilaría a los -18ºC (Fernández, 2017; Acciona, s.f.). Entre los principales GEI destacan, el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el ozono (O3) y metano (CH4).

A partir de la Revolución Industrial, la combustión de carbón, petróleo y gas hicieron que las condiciones naturales de la Tierra empezaran a cambiar. La liberación de grandes cantidades de CO2, así como el incremento y la aparición de nuevos GEI hicieron que, a mediados del siglo XX, pruebas convincentes en todo el mundo revelasen que se estaba produciendo un nuevo cambio climático. Ajeno al efecto invernadero natural, este nuevo cambio es el causante del aumento anómalo de la temperatura media global planetaria.

La preocupación por este hecho, hizo que en 1988 la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) creasen el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, como se conoce en sus siglas en inglés), con el objetivo de proporcionar una fuente objetiva de información científica que permita llegar a conclusiones y establecer normativas (Naciones Unidas s.f.).

En el Quinto Informe de Evaluación del IPCC, publicado en noviembre de 2014, la comunidad científica demostró con solidez que el periodo comprendido entre 1983 y 2012 fue el más cálido de los últimos 1400 años (IPCC, 2013) y, además, que el papel de la actividad humana en la alteración del balance energético de la Tierra ha sido su principal causa.

Tras más de un siglo y medio de industrialización, deforestación y agricultura a gran escala, las concentraciones atmosféricas de GEI se han visto agravadas vertiginosamente en los últimos tiempos a niveles nunca antes vistos. El impacto global de la huella humana es evidente y así lo reflejan muchas de las imágenes que desde décadas llevan captando los satélites de observación terrestres (desecación de humedales, construcción de embalses, la deforestación y expansión agrícola, el crecimiento urbano, la minería etc.).

(16)

16 Las emisiones de los GEI acumuladas y, en concreto las emisiones de CO2, serán las que determinen en gran medida el calentamiento medio global a finales del siglo XXI y el futuro del planeta (IPCC, 2013). No obstante, los científicos advierten que, si no se actúa de forma urgente es probable que se llegue a un calentamiento global de 1,5oC respecto a los niveles preindustriales entre 2030 y 2052. Del mismo modo, prevén que se superen los 2oC en 2060 y llegar a los 5oC a finales de siglo (Consejo Europeo, 2020, 16 de junio). Unos escenarios completamente catastróficos y con repercusiones drásticas sobre las personas, las economías y los ecosistemas.

Para evitar esto, el IPCC resalta reducir las emisiones un 45% en 2030 y un 100% en 2050. Hay que tener en cuenta que, a pesar de tomar medidas que estabilicen las emisiones de GEI, el cambio climático será irreversible a una escala temporal de varios siglos y milenios y seguirá causando nuevos cambios a largo plazo en el sistema climático (IPCC, 2013).

3.1.1. Marco legislativo internacional (ONU)

A pesar de ser un desafío a largo plazo, el calentamiento global es un asunto de índole mundial que requiere la colaboración de todos los países del mundo para llevar a cabo una actuación inmediata de acciones audaces y colectivas que ayuden a frenar el ritmo y la escala de la acumulación de los GEI en la atmósfera (Naciones Unidas, s.f.; IPCC, 2013).

La respuesta mundial para combatir el cambio climático debe abarcar las necesidades e intereses de todos los países y, por ello, las Naciones Unidas y sus Estados Miembros, conscientes de la gravedad de este problema, a finales de la década de los ochenta crean el Sistema de Protección Internacional de Cambio Climático.

Convención Marco de la Naciones Unidas

En 1992, la Primera Cumbre para la Tierra en Río de Janeiro dio lugar a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), uno de los tres convenios que se abrieron a firmar al reconocerse la necesidad de actuar de forma común para proteger el medio ambiente y las personas y, limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Se trata del principal acuerdo internacional en materia de acción climática que actualmente cuenta con ratificación de 195 países (conocidos como Partes de la Convención) (Consejo Europeo, 2020).

Para que la aplicación de la Convención sea efectiva, las decisiones tomadas en las Conferencias de las Partes (COP) deberán de ser aprobadas por todas las Partes.

(17)

17 La CMNUCC entró en vigor el 21 de marzo de 1994 y su objetivo principal era ser la plataforma mediante la cual los países pudieran lograr, por un lado, la estabilización de sus concentraciones de GEI y, por otro, preparar a sus comunidades a hacer frente a los efectos inevitables del cambio climático (Naciones Unidas, s.f.) Estos esfuerzos se basaron en normas explícitas e implícitas que convirtieron en puntos esenciales para el régimen internacional sobre el clima (UN-Habitat, 2011).

Entre los principios más importantes destacan el Artículo 3, el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus respectivas capacidades”, que establece que las Partes deben proteger el sistema climático en beneficio de las generaciones presentes y futuras, sobre la base de la equidad y de conformidad y con sus responsabilidades comunes pero diferenciadas y, el Artículo 4, el “principio de precaución”, fundamento por el cual, los países deben anticiparse, prevenir o minimizar las causas del cambio climático y mitigar sus efectos adversos (UN-Habitat, 2011). Los países en desarrollo podrán cumplir de forma efectiva sus compromisos, dependiendo de la ayuda que los países desarrollados les den en cuanto a recursos financieros y transferencia de tecnología.

Además de intentar reducir las emisiones, la CMNUCC también pretende apoyar a los países en desarrollo a través de mecanismos especializados de financiación para su adaptación como, el Fondo Especial para el Cambio Climático, el Fondo para los Países Menos Desarrollados y el Fondo para la Adaptación (UN-Habitat, 2011).

Protocolo de Kioto

El Protocolo de Kioto entró en vigor en febrero de 2005 y fue considerado el primer esfuerzo importante que se hizo para combatir el cambio climático a nivel mundial. El acuerdo se basa en el establecimiento de una serie compromisos jurídicamente vinculantes de reducción de emisiones netas de GEI para los países industrializados (Partes del Anexo I) con el fin de detener o reducir la tendencia ascendente de sus emisiones. (Fernández, 2017; Consejo Europeo, 2020).

De ese modo, el Protocolo dictamina una serie de metas de reducción y limitación de emisiones de GEI, respecto a las registradas en 1990, a cumplir en períodos de tiempo específicos.

(UNFCCC, 2008; Naciones Unidas, s.f.).

Pese a que el IPCC estableció la existencia de un total de 18 GEI con diferentes potenciales de calentamiento atmosférico, el Protocolo de Kioto sólo consideraba el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los hidrofluorocarbonos (HFC), los perfluorocarbonos

(18)

18 (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6) a los efectos de la contabilidad de las emisiones de carbono (Letete, Mungwe, Guma & Marquard, 2011.).

Las metas establecidas por el propio Protocolo eran de obligado complimiento para los países desarrollados y por ello, estos debían aportar la información pertinente que corroborase que estaban cumpliendo con dichos compromisos. Por el contrario, los países en desarrollo no tenían obligaciones legales de reducir sus emisiones y podían implementar programas nacionales de mitigación, siempre y cuando, estos respetasen su contexto de desarrollo económico y social.

En un primer momento, los países desarrollados debían alcanzar las metas de reducción mediante la aplicación de programas tomados a nivel nacional. Sin embargo, el Protocolo ofrecían medios adicionales para ayudar a reducir las emisiones a partir de 3 mecanismos de flexibilidad basados en el mercado: el “Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL)”, “Mecanismo de Aplicación Conjunta” y “Comercio de Derechos de Emisión”.

A pesar de que el sistema de cumplimiento establecido por el Protocolo es uno de los más completos y rigurosos que se pueden encontrar en los tratados internacionales (UNFCCC, 2008), el fracaso de este acuerdo supuso la fragmentación del marco global para la lucha contra el cambio climático (UN-Habitat, 2011).

El Acuerdo de París

Tras cuatro años de negociaciones, el 12 de diciembre de 2015 en la 21a Conferencia sobre el Clima de París (COP21), las Partes de la CMNUCC alcanzaron un nuevo un acuerdo histórico para combatir el cambio climático (UNFCCC, s.f.).

El Acuerdo de París, como así se conoció, tuvo lugar en el contexto del Grupo de Trabajo Especial sobre la Plataforma de Durban para una acción reforzada (ADP, por sus siglas en inglés), siendo un nuevo plan de actuación de carácter jurídicamente vinculante que trazó un nuevo rumbo en el esfuerzo climático mundial (MITECO, s.f.; UNFCCC, s.f.).

El objetivo central del Acuerdo de París es establecer un marco global mucho más ambicioso y, con más actores que en el Protocolo de Kioto, que reforzara la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, manteniendo el aumento temperatura mundial promedio muy por debajo de los 2oC con respecto a los niveles preindustriales, y continuar con los esfuerzos para limitar ese aumento a 1,5oC (MITECO, s.f.; Naciones Unidas, s.f.; UNFCCC, s.f.). Además, pretende fortalecer la capacidad de los países para hacer frente a los efectos del cambio climático y lograr que las corrientes de financiación sean coherentes con un nivel bajo de emisiones de GEI (UNFCCC, s.f.).

(19)

19 De cara a la COP21, las Partes debían fijar y diseñar unas actuaciones climáticas previas a nivel institucional, conocidas como NDC, para multiplicar sus esfuerzos en los próximos años. A partir de 2023, Los países deben presentar estos planes generales nacionales de actuación contra el cambio climático y comunicarlos cada cinco años, fijando objetivos cada vez más ambiciosos. De ese modo, la COP podrá realizar un inventario mundial que evalúe el avance colectivo de todos los países en cuanto al logro del Acuerdo de París, incluyendo su progreso respecto a los 20C (MITECO, s.f.; UNFCCC, s.f.). Es imprescindible que los países se informen mutuamente y también a la población sobre el grado de cumplimiento de sus objetivos para así garantizar la transparencia y la supervisión.

Finalmente, para alcanzar sus ambiciosos objetivos, el Acuerdo pide también a la UE y a otros países desarrollados que sigan financiando la lucha contra el cambio climático con un nuevo marco tecnológico y con la mejora del fomento de la capacidad, para ayudar a los países en desarrollo a reducir sus emisiones y aumentar su resiliencia ante los efectos del cambio climático (Consejo Europeo, 2020).

El Acuerdo de París entra en vigor el 4 de octubre de 2016, después de cumplirse el llamado

“doble criterio” (la ratificación de al menos 55 países, cuyas emisiones estimadas representen globalmente al menos el 55% del total de las emisiones mundiales). Tras su entrada en vigor, otros países se fueron adhiriendo hasta llegar actualmente a contar con la ratificación de 189 países.

La Agenda 2030 y los Objetivos de desarrollo sostenible (ODS)

En septiembre de 2015, los Estados Miembros de las Naciones Unidas se comprometieron además a cumplir 17 Objetivos como parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (Naciones Unidas, s.f.-b). La Agenda 2030 entró en vigor en 2016 y forma parte de uno de los acuerdos globales más ambiciosos e importantes que se ha hecho hasta la fecha, ya que implica el compromiso común y universal de la comunidad internacional para hacer frente a los retos sociales, económicos y medioambientales de la globalización (Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, s.f.-a).

Los 17 objetivos, conocidos como Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con sus 169 metas forman el núcleo principal de la Agenda 2030. Los ODS surgen como resultado del proceso de negociación que se llevó a cabo después de la Cimera de Rio+20 en 2012. Tienen un carácter integrador e indivisible (Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, s.f.-b) y se conocen como el conjunto de prioridades y propósitos que tratan de dar solución a los retos

(20)

20 y desafíos más urgentes como, la erradicación de la pobreza, combatir la desigualdad, el cambio climático, la degradación ambiental, la educación, la prosperidad, la paz y la justicia o el diseño de nuestras ciudades. (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo [AECID], s.f.). Su propósito es no dejar a nadie atrás y que todos los países y los grupos más vulnerables puedan emprender un nuevo camino hacia el que mejorar sus vidas. A pesar de no ser legalmente vinculantes, tienen un gran impacto en las estrategias y acciones de los gobiernos, las empresas y las organizaciones, así como en los flujos de los fondos y subvenciones destinados al desarrollo de los próximos años. (Kestin et.al, 2017).

Cuatro años después de la firma de la Agenda 2030, todavía existen enormes desafíos. Las evidencias y los datos destacan que todavía no se avanza a la velocidad ni en la escala necesarias.

El 2021 debería marcar el inicio de una década de ambición a fin de alcanzar los Objetivos para 2030 (Naciones Unidas, 2019; Naciones Unidas, s.f.-b). Sin embargo, todo dependerá de las líneas que marquen los países.

La COP25

La última Conferencia de las Partes de la CMNUCC, la COP25, tuvo lugar entre el 3 y el 15 de diciembre de 2019 y fue organizada por España, bajo la Presidencia de Chile. Se consideró la conferencia del clima más larga de la historia a causa de que se tuvo que prologar dos días más por una falta de acuerdo (Coppini, s.f.).

Tras maratónicas negociaciones, los resultados de la COP25 no fueron los esperados ya que la desconexión entre los gobiernos y la comunidad científica respecto a la urgencia de actuar ante la crisis climática, no permitió lograr acuerdos rigurosos (Coppini, s.f.). Los principales desacuerdos fueron en relación a las cuotas nacionales de reducción de emisiones, el financiamiento para la adaptación al cambio climático y la asistencia a los países en desarrollo que sufren más por el cambio climático (Naciones Unidas, 2019). Así mismo, tampoco se cerró el Artículo 6 del Acuerdo de París, sobre la regulación de los futuros mercados de emisiones, debido a que los países no lograron sellar un compromiso común al respeto ((BBC News Mundo, 2019).

La COP25 solo logró que 84 países, entre ellos Reino Unido, Francia, Alemania y España, se comprometieran a cumplir programas estrictos para reducir las emisiones en 2020. Sin embargo, grandes contribuidores como China, India, Rusia y EEUU no dieron señales de su compromiso ante este objetivo (Coppini, s.f.).

(21)

21 Es evidente que el contexto internacional no está atravesando su mejor momento, sin embargo, las evidencias de un calentamiento global progresivo se siguen sumando en el contexto de crisis climática, siendo cada vez más difícil alcanzar una ventana de salida. La ONU advierte que, a partir de 2020, los esfuerzos globales se deberán de multiplicar por cinco si se quiere lograr el aumento de temperatura por debajo de los 1,50C (Coppini, s.f.).

3.1.2. Marco legislativo europeo y estatal

Dentro del marco internacional, la UE es uno de los actores clave en las negociaciones sobre el clima de la ONU. Encabeza la acción mundial contra el cambio climático y su implicación es fundamental para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, ya que se trata del tercer emisor de GEI más grande del mundo, después de China y EEUU (Parlamento Europeo, 2020).

En consonancia con el objetivo del Acuerdo de París, la UE pretende cumplir con sus compromisos internacionales a través de una legislación interna ambiciosa aplicada a diferentes ámbitos de actuación y con una estrecha cooperación con sus socios internacionales (Consejo Europeo, 2020; Parlamento Europeo, 2020; Comisión Europea, s.f.).). Es por eso que, desde hace tiempo, la UE ha aprobado numerosas Directivas, Decisiones y Reglamentos que le han hecho liderar las políticas de mitigación y adaptación al cambio climático, dentro del Paquete Europeo de de Energía y Cambio Climático 2013-2020, asumiendo el compromiso de transformar Europa en una economía con alta eficiencia energética y bajas emisiones en 2020 (Gobierno de Castilla- La Mancha, s.f.).

En el Consejo Europeo celebrado en octubre de 2014, la UE aprobó el Marco de Políticas de Energía y Cambio Climático 2021-2030 (Marco 2030), con el fin de dotar la continuidad del Paquete Europeo de Energía y Cambio Climático 2013-2020 (Ministerio para la transición ecológica y el reto demoFigura [Miteco], s.f.-a). Bajo los nuevos objetivos establecidos para 2030 y, en consonancia a las recomendaciones del IPCC, la UE se compromete a reducir sus emisiones de GEI en al menos un 40% por debajo de los niveles de 1990, utilizar un 32% de energías renovables en el consumo de energía, incrementar la eficiencia energética en más de un 32,5%

y aumentar su proporción de energía renovable consumida en un 32% (Comisión Europea, s.f.;

Institut d’Estudis Catalans, 2016).

Con el Pacto Verde Europeo, la Comisión expone también su visión de convertirse en una sociedad climáticamente neutra, equitativa y próspera, con una economía moderna y eficiente en el uso de los recursos (Consejo Europea, 2020). Por ello, en 2013 presenta una Hoja de Ruta hacia una economía baja en carbono competitiva para 2050 (Hoja de Ruta 2050), donde fija el

(22)

22 objetivo ambicioso a largo plazo de reducir sus emisiones un 80% para 2050, por debajo de los niveles de 1990, convirtiéndose en el primer continente en llegar a la neutralidad de carbono (Parlamento Europeo, 2020; Generalitat de Catalunya, 2020; Comisión Europea, s.f.; Miteco, s.f.- b). En ese mismo año, la Comisión Europea crea también “La Estrategia Europea de Adaptación”, una estrategia formada por tres objetivos principales y 8 acciones, que pretenden promover establecimiento de estrategias de adaptación, la mejora de toma de decisiones en relación a dicha materia y el fomento de la adaptación de los sectores más vulnerables (Miteco, s.f.-b).

La lucha contra el cambio climático y la transición hacia una sociedad climáticamente neutra es tanto un desafío urgente como una oportunidad para construir un futuro mejor para todos. La intención de la UE es liderar el camino invirtiendo en soluciones tecnológicas realistas, empoderando a los ciudadanos y alineando la acción en áreas clave como la política industrial, las finanzas y la investigación, al tiempo que garantiza la equidad social para una transición justa (Comisión Europea, s.f). A día de hoy, los esfuerzos de la UE ya son visibles y, en 2018 la EU ha conseguido superar sus objetivos climáticos reduciendo sus emisiones un 23 %.

Por otro lado, en el ámbito nacional, España se encuentra en pleno proceso de cambio climático.

Por su situación geográfica y sus características socioeconómicas, España es uno de los países más vulnerable en sufrir los impactos del cambio climático. Según las más recientes evaluaciones e investigaciones, el escenario futuro que se prevé en España es bastante catastrófico de cara a la segunda mitad de siglo (Pilar, 2019; Redacción National Geographic, 2017; Ministerio de Medio ambiente, 2007).

España, como parte de la UE, y como país firmante de la CMUNN, tiene la obligación de aplicar diferentes normas en conformidad con la normativa internacional y europeo en materia de cambio climático (Miteco, s.f.-b). Por ello, en 2007, el Gobierno de España aprueba la “Estrategia Española de Cambio Climático y Energía Limpia Horizonte 2007-2012-2020” con el fin de abordar distintas medidas para contribuir al desarrollo sostenible en el ámbito del cambio climático y la energía limpia (Ministerio de Medio ambiente, 2007). De igual forma, en 2020 presenta el actualizado “Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030” (PNIEC) a la Comisión Europea, con el fin de dar cumplimiento al Reglamento (UE) 2018/1999 del Parlamento Europeo y del Consejo de 11 de diciembre de 2018 sobre la gobernanza de la Unión de la Energía y de la Acción por el Clima (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía [IDAE], s.f.). Las medidas contempladas dicho Plan permiten alcanzar los siguientes objetivos para el escenario 2030: la reducción en un 23% de las emisiones de GEI respecto a las de 1990, el uso de un 42%

de energías renovables en el uso final de la energía (cifra que duplica el 20% del año 2020) y la

(23)

23 mejora en un 39,5% la eficiencia energética en la próxima década. De igual forma, para el horizonte 2050, el plan marca el aumento del uso de energías renovables en el sector eléctrico en un 74%, con el fin de llegar a un sector eléctrico 100% renovable en ese período (Miteco, s.f.- h).

Como último instrumento a destacar, se encuentra el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030 (PNACC) con el fin de promover la acción coordinada frente a los efectos del cambio climático. Su principal objetivo es intentar evitar o reducir los daños presentes y futuros del cambio climático y construir una economía y una sociedad adaptada y más resilientes al cambio climático (Miteco, s.f.-i).

Entre los organismos e instituciones más relevantes implicados en la lucha contra el cambio climático en el ámbito nacional, se encuentran (Miteco, s.f.-c)

 La Oficina Española de Cambio Climático (OECC). Órgano directivo del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, que dependen de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. Entre sus funciones destacan la formulación de la política nacional en relación al cambio climático y el desarrollo de instrumentos de planificación y administrativos que permitan cumplir con los objetivos establecidos por dicha política, el asesoramiento a los distintos órganos de la Administración General del Estado en los asuntos relacionados con el cambio climático, la promoción y realización de actividades de información y divulgación en materia de cambio climático, entre otras (Miteco, s.f.-d).

 El Consejo Nacional del Clima (CNC). Órgano colegiado interministerial, adscrito al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente a través de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. Se encarga de informar y facilitar la participación de todos los agentes implicados en la elaboración y seguimiento de las políticas y medidas sobre cambio climático, conocer y formular recomendaciones en relación con planes, programas y líneas de actuación, promover el desarrollo de acciones de recopilación, análisis, elaboración y difusión de información, conocer las políticas de la Unión Europea, y el estado de las negociaciones internacionales en materia de cambio climático y ejercer cualquier otra función que se le atribuya por alguna disposición legal o reglamentaria (Miteco, s.f.-e)

 Comisión de Coordinación de Políticas de Cambio Climático (CCPCC). Órgano de coordinación y colaboración entre la Administración General del Estado y las Comunidades Autónomas para la aplicación del régimen de comercio de derechos de emisión y el

(24)

24 cumplimiento de las obligaciones internacionales y comunitarias de información inherentes a éste (Miteco, s.f.-f)

 Comisión Interministerial para el Cambio Climático y la Transición Energética. Creada con el fin de lograr el mejor tratamiento de las políticas públicas en materia de transición hacia un modelo productivo y social más ecológico. Dispone de una amplia variedad de funciones, que se corresponden con el seguimiento y formulación de propuestas que sirvan de base a la toma de decisiones relacionadas con las políticas de cambio climático y energía (Miteco, s.f.-g)

3.1.3. El papel de los gobiernos locales y el caso concreto de Cataluña

Los gobiernos regionales y locales desempeñan un papel clave en la implementación y logro de los compromisos dentro del marco internacional del cambio climático (de Castro & Woertz, 2018). Su cercanía a las necesidades, problemas e iniciativas de la sociedad hacen que tengan una gran capacidad de liderazgo y avance, superior en muchos aspectos a la de los gobiernos estatales. A pesar de ello, su reconocimiento ha sido bastante escaso y los compromisos de mitigación y adaptación siempre han sido establecidos a nivel de Estado (top-down) (Institut d’Estudis Catalans, 2016; Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015).

Tras un período de reivindicación activa, las Naciones Unidas finalmente reconocen a los gobiernos locales y regionales como instituciones gubernamentales y construyen un nuevo modelo competencial de abajo a arriba (botton-up) (COP16 de Cancún en 2010). Este punto de inflexión hace que los entes locales (reconocidos también como subnaciones) pasen de ser simples ejecutores de la legislación y de las políticas nacionales a impulsores y líderes en materia del clima (Institut d’Estudis Catalans, 2016; Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015).

Todo esto, bajo el marco de una multigovernanza nacional e internacional, donde el gobierno local sigue actuando dependiendo de las decisiones generales que estos toman.

En este contexto, Cataluña se convierte en una de las entidades subestatales más activas en la lucha contra el cambio climático (OCCC, 2017). A nivel internacional, es considerada como la nación líder por su participación continua en las cumbres mundiales del clima de la CMUCC desde 2003 y por su buena labor frente al movimiento climático (Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015). Además, como acérrima defensora de la actuación de los gobiernos locales y regionales en la acción climática, se ha comprometido también a reforzar la colaboración subnacional a partir de su copresidencia en la Red de Gobiernos Regionales para el Desarrollo

(25)

25 Sostenible (nrg4SD) y su integración en la organización The Climate Group, donde ayuda a los gobiernos e Instituciones a alcanzar una economía mundial baja en emisiones.

En el año 2005, Cataluña inicia su camino hacia la reducción de emisiones y publica junto al Institut d’Estudis Catalans el Primer Informe sobre el cambio climático (Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015). A finales de 2006, el gobierno catalán crea la Oficina Catalana de Cambio Climático (OCCC), por medio del Decreto 573/2006, de 19 de diciembre, de reestructuración parcial del Departamento de Medio Ambiente y Vivienda, que se encarga de construir los planes, estrategias y programas que harán de ejes estratégicos para la política catalana frente al cambio climático (Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015).

El compromiso local de Cataluña por conseguir los objetivos de la Unión Europea, se ve palpable también con su participación en inicias como el “Pacto de Alcaldes y Alcaldesas” y “Alcaldes y Alcaldesas por la adaptación”, los Acuerdos Voluntarios y la Estrategia Catalana de adaptación al Cambio climático, entre otros (Institut d’Estudis Catalans, 2016; Direcció General de Polítiques Ambientals, 2015). Partiendo de la legislación comunitaria europea, en el año 2017 el Parlamento de Cataluña aprueba la Ley 16/2017, del 1 de agosto, del cambio climático, con el fin de llegar a una reducción de las emisiones de GEI, hacer frente a la vulnerabilidad derivada de los impactos del cambio climático y favorecer la transición hacia una economía neutra en emisiones de CO2, competitiva, innovadora y eficiente en el uso de recursos renovables (Departament de la Presidència, 2019). Bajo la custodia de esta ley, se crea la Comisión Interdepartamental de Cambio Climático, un órgano dentro del gobierno catalán que se encargará de coordinar y supervisar todas las políticas climáticas y de garantizar su adecuado cumplimiento.

Entre sus metas específicas, la ley declara alcanzar el objetivo de reducción de las emisiones de GEI en un 40 % para el 2030, en un 65 % para el 2040 y en un 100 % para el 2050 con respecto a los valores de 1990. Además, el artículo 2.2 establece la transición hacia una sociedad donde el consumo de combustibles fósiles sea nulo, con un sistema energético descentralizado y con uso de energías 100% renovables para el año 2050 (Departament de la Presidència, 2019). Estos objetivos de reducción de emisiones fueron establecidos a partir del objetivo general acordado por la Unión Europea para 2030. Para determinar la reducción correspondiente a cada Estado miembro, se dividió el esfuerzo según el PIB per cápita de cada estado.

A raíz del informe publicado por el IPCC en octubre de 2018 y del último informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES2019), la Generalitat toma plena conciencia de la nueva alerta declarada por la comunidad científica y ve

(26)

26 preocupación los graves riesgos que el calentamiento global acarreará en Cataluña y el resto del mundo. Ante la necesidad de introducir significativas modificaciones en el modelo socioeconómico y la urgencia por tomar medidas eficaces y, en consonancia con la UE y otras sociedades del mundo, el gobierno catalán el 14 de mayo de 2019 declara el Estado de Emergencia Climática (Departament de la Presidència, 2019).

Con la voluntad de acelerar el desarrollo de los instrumentos de la Ley 16/2017, la Generalitat elabora el Decreto Ley 16/2019, del 26 de noviembre, sobre medidas urgentes para hacer frente a la emergencia climática e impulsar las energías renovables (Departament de la Presidència, 2019). La intención de este decreto ley es eliminar las barreras administrativas para la implantación de energías renovables y solucionar diversos aspectos de la Ley 16/2017.

Por otro lado, en relación al cumplimiento de la Agenda 2030, el 14 de febrero de 2017 el Gobierno de Cataluña también elabora el Plan para la implementación de la Agenda 2030 (ACM, s.f-b).

3.2. Huella de carbono

A medida que la preocupación por frenar el cambio climático ha ido adquiriendo un lugar cada vez más significativo en las agendas políticas y empresariales (Wiedmann and Minx, 2008;

Pandey, Agrawal y Pandey, J.S., 2011), los gobiernos e instituciones internacionales han empezado aunar esfuerzos y formular herramientas para conocer y cuantificar sus niveles de emisión generados y aproximarse así al cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París (Espíndola and Valderrama, 2012; de la Cruz, Carballo & Domenech, s.f.). A través de los inventarios de emisiones, expresados en términos de “Huella de carbono”, los gobiernos e instituciones pueden medir el impacto que causan las actividades humanas sobre el clima, conocer la dinámica en que se mueven y construir un balance de carbono institucional que determine el escenario ideal de emisiones en un espacio y tiempo determinado (Schneider and Samaniego, 2010 Guerra (2007).

El concepto de la Huella de carbono tiene su origen en la definición y análisis de la huella ecológica, un término que fue desarrollado por William Rees y Mathis Wackernagel en la década de 1990 y, que se diseñó como indicador ambiental para estimar la capacidad de la Tierra en regenerar los recursos (Schneider and Samaniego, 2010; Pandey et al., 2011). La huella ecológica está compuesta por distintas subhuellas, siendo la Huella de carbono la más significativa en cuanto al impacto directo al cambio climático (Schneider et al., 2010).

(27)

27 Sin embargo, a pesar de la aparente simplicidad y uso generalizado de la Huella de carbono, a día de hoy existe una falta de uniformidad en las definiciones que aparecen en la literatura científica, lo que supone una cierta confusión en torno a su significado real (Wiedmann et al., 2008; Pandey et al., 2011). El estudio llevado a cabo por Wiedmann y Minx (2008), definió previamente la Huella de carbono como “La cantidad total exclusiva de emisiones de dióxido de carbono que es causada directa e indirectamente por una actividad o que es acumulada a lo largo de las etapas de vida de un producto". Es importante señalar que, en dicha definición, solo se contemplaban las emisiones directas e indirectas de CO2, excluyendo al resto de GEI (Wiedmann et al. 2008; Pandey et. al., 2011; Udas et al. 2018; Recker et al. 2011, Chakraborty y Roy, 2013). Estudios más recientes, sin embargo, optan por incluir otros gases de efecto invernadero, además del CO2, en la Huella de carbono definiéndola como “la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) expresados en términos de CO2 equivalente, emitidos por efecto directo e indirecto a la atmósfera por un individuo, organización, evento o producto dentro de un límite especificado” (de Toro, Gomera, Aguilar, Guijarro, Antúnez y Vaquero, 2016;

Wiedmann et, al., Pandey et. al., 2011; Ministerio para la transición ecológica, 2015).

A día de hoy, la Huella de carbono es ya un lema fuerte dentro del debate sobre el cambio climático (Espíndola et al., 2012). Se trata de un mecanismo ideal para que las organizaciones, ciudadanos y particulares cuenten con un indicador fiable y de ámbito internacional sobre el impacto ambiental de sus actividades en relación a las emisiones. Además, es de fácil compresión ya que mide las emisiones de CO2 en toneladas o kilogramos de CO2 equivalente (basadas en el potencial de calentamiento global de 100 años) (Pandey et. al. 2011, UNE- ISO 14064-1:2018; Schneider et al, 2010), lo que hace sencillo asociar que, a menor Huella de carbono, menor será el potencial de calentamiento global. Del mismo modo, su medición permite también a los organismos evaluar cuál es su situación respecto a otros y disponer de una línea base con la que poder establecer políticas de reducción de GEI más efectivas y que apuesten por el ahorro de costes. La principal debilidad del cálculo de la huella de carbono es que no tiene en cuenta otros posibles problemas ambientales, como la acidificación de los suelos, el agotamiento de los recursos abióticos, la eutrofización, la emisión de otras sustancias contaminantes, la ecotoxicidad etc. (Hernandez & Cano, 2014).

3.2.1. Metodologías de medición según el enfoque

Según el ámbito que se pretende medir, se distinguen dos estándares básicos en cuanto a Huella de carbono: La Huella de carbono de una organización, basada en la cuantificación de la

(28)

28 totalidad de emisiones de GEI directas e indirectas, derivadas del desarrollo de las actividades llevadas a cabo por dicha organización y, la Huella de carbono de productos y servicios, que cosiste en realizar el análisis de las emisiones que se producen durante todo el ciclo de vida de los mismos, incluyendo las etapas des de la extracción de las materias primas hasta la etapa de uso y final de vida útil del producto. Existe además un tercer estándar, la Huella de carbono de la organización y producto, el cual se basa en la unificación de ambos métodos y permite calcular la Huella de carbono de cada eslabón de la cadena de valor, acumulándose así hasta llegar a la etapa del consumidor final (de la Cruz et al., s.f.).

Los diversos enfoques para medir la Huella de carbono, han hecho que a día de hoy no exista una norma internacional única para calcularla. Actualmente son numerosas las herramientas y guías disponibles que permiten normalizar la situación y facilitar la tarea de diagnosticar y evaluar el impacto de una organización o un producto. Dentro de la literatura existente, la Tabla 3.1. presenta las metodologías internacionales más representativas en cuanto a la medición de la Huella de carbono de organizaciones y productos (de la Cruz et al., s.f.).

Cada uno de estas metodologías, son elegidas de forma voluntaria por las organizaciones y empresas y presentan un acercamiento muy similar a la hora de obtener los datos. No obstante,

Tabla 3.1 Metodologías de cálculo de Huella de carbono más utilizadas en Europa y en el mundo.

Fuente: de la Cruz, Carballo & Domenech, s.f. a partir de ERM (2010) y Ernst & Young et al.

(2010).

(29)

29 la principal diferencia entre ellas es la limitación de su enfoque, el alcance y la orientación o escala a la que se aplica (Espíndola et al., 2012).

En el siguiente punto se detalla de forma breve algunas de estas metodologías con el fin de clarificar cuáles son las semejanzas y diferencias que hay entre ellas.

3.2.1.1. Huella de carbono para organizaciones

Existe una gran variedad de normas y metodologías que definen, cuantifican y comunican las emisiones de GEI de una organización (Tabla 3.1.). Algunas de las más reconocidas a nivel internacional son las normas UNE-ISO 14064 (Partes 1 y 3), la ISO 14069, el Greenhouse Gas Protocol Corporate Standard (GHG Protocol), desarrollado por World Resources Institute (WRI) y World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), y el Balance de Carbono, conocido también como French Bilan Carbone. Todas ellas, se basan en los principios de relevancia, integridad, consistencia, exactitud y transparencia (Toro et. al., 2016; Robinson, Tewkesbury, Kemp and Williams, 2018; Chomkhamsri and Pelletier, 2011.; Marsh-Patrick, 2010;

de la Cruz et al., s.f.).

GHG Protocol

El GHG Protocol se creó a partir de la colaboración multilateral entre empresas, organizaciones no-gubernamentales y gobiernos de todo el mundo (WRI, 2004), con el fin de ofrecer un marco global estandarizado para capacitar a las empresas y gobiernos a medir y gestionar sus emisiones de GEI (Espíndola et al., 2012; de la Cruz et al., s.f.; Greenhouse Gas Protocol, s.f.). A partir del desarrollo de estándares de contabilidad y presentación de informes, orientación sectorial, herramientas de cálculo y capacitación la línea, el GHG Protocol ayuda también a los países y ciudades a rastrear su progreso hacia los objetivos del Acuerdo de París (Greenhouse Gas Protocol, s.f.).

A pesar de tener una metodología extensa y complicada, es la herramienta internacional más utilizada y eficaz para el cálculo y la comunicación de emisiones directas e indirectas. Permite contabilizar las emisiones de cualquier sector e incluso el tratamiento de todas las emisiones indirectas que salgan fuera de la propiedad de la empresa (actividades de extracción y producción de materias primas…) (AEC, s.f.-a). Así mismo, su alto nivel de reconocimiento a escala mundial y el carácter de gratuidad de las aplicaciones, han concretado su éxito y alta demanda, convirtiéndolo así en una de las principales referencias (Pandey et al., 2010; Espíndola et al., 2012).

Referencias

Documento similar