^istribución
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■ Dieta mediterránea . La historia nos da la razón
■ Geografía comercial de España.
Distribución regional de la oferta y la demanda de servicios comerciales
■ ^I comercio en la literatura . Vender y escribir '
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Villanueva,4.28001 Madrid.
istribución
_^ onsumoe^
Homenaje a la dieta mediterránea
JESÚS POSADA. MINISTRO DE AGRICULTURA, PESCA Y ALIMENTACIÓN 5
Dieta mediterránea
Realidad histórica y evolución actual hacia un modelo de alimentación racional
ROGELIO FERNÁNDEZ ANDRADE 9
Dieta mediterránea. Información por productos
Cereales 2s
Legumbres 35
Aceite de oliva 38
Vino 45
Frutas ^
Hortalizas 65
FfUtoS S@COS 71
Protluctos de la pesca y la acuicultura
75Caza y ganadería. Carnes y productos cárnicos 81
Derivados lácteos. ^uesos y yogures so
Condimentos y especias s3
Miel y azúcar 94
Dieta mediterránea. Aspectos nutricionales
ROSAURA FARRÉ ROVIRA ISABEL FRASOUET PONS
97
FOTOI^RTADA
PLAZA MAYOR DE TRUJILLO (CÁCERES)
La toto recoge los mosaicos que daban enfrada a las diferentes secciones del antiguo Mercado de Trujlllo, ubicado la Plaza Mayor de la ciudad, en la que se siguen celebrando anualmente 24 ferias y mercados ganaderos, entre las que destaca la Feria Nacional del ^ueso. EI actual Mercado de Trujillo está en la calle Fernán Ruiz y tiene unos 50 puestos, repartidos en dos plantas y un patio central.
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La cultura de los cultivos
ALICIA LANGREO NAVARRO
Distribución comercial en España. Situación actual y expectativas de futuro
ELENA PISONERO 119
Geografía comercial de España
Distribución regional de la oferta y la demanda de servicios comerciales
ALFONSO REBOLLO ARÉVALO
Comercio y Administración pública. Veinticinco años de cambio
JOSÉ LUIS MARRERO CABRERA
Unidad de mercado y regulación autonómica en el comercio minorista
IGNACIO CRUZ ROCHE 171
EI comercio en la literatura. Vender y escribir
JAVIER CASARES RIPOL
116
123
163
185
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D.L.M-41.328 - 1991 // ISSN 1132-0176
^istribución y Consumo ^ FEBRERO - MARZO 2000
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Homenaje a la dieta mediterránea
■JESÚS POSADA
Ministro de Agricultura. Pesca y Alimentación
n los albores del nuevo siglo, creo que es no solo un deber sino tam- bién una satisfacción, poder refle- xionar y profundizar en las caracterís- ticas y bondades de la dieta mediterrá- nea, nuestra dieta mediterránea.
La forma de alimentarse de los pue- blos es sin lugar a dudas un reflejo de su cultura, de todas las tradiciones que se han ido acumulando a través del tiempo.
En su formación se produce un proceso evolutivo en el que, por un lado, se con- servan las costumbres anteriores, adqui- ridas poco a poco y que quedan como herencia, mientras que por otro se van incorporando las nuevas tendencias traí- das por todos los intercambios con otros pueblos.
Dichos intercambios se producen a veces por las invasiones sufridas a través de los tiempos, en nuestro caso, por ejemplo, la romana y la árabe, otras por el libre comercio de mercancías, como
era el caso de los fenicios y, por ultimo, después de la conquista del nuevo mundo, por la adaptación a nuestro clima de muchos de los productos traí- dos de tierras americanas por los con- qu istadores.
Los pilares de la dieta mediterránea se basan en un trípode fundamental, cereal, olivo y vid, de los que se derivan pan, aceite y vino, a ellos se han ido añadiendo productos, poco a poco.
Como elemento proteico en principio fue la caza, que luego derivó en los ani- males domésticos y para algunos pue- blos fue también la pesca. Aunque esta última no fue tan universal, ya que algu- nos, como los griegos, la consideraban alimento de poco prestigio.
EI cereal se empieza a cultivar hace unos 10.000 años, cuando el hombre comienza a transformarse en recolector de los cereales que le eran más propi- cios a sus gustos, como los precursores
del trigo y la cebada tenemos los géne- ros aegilops y hordeum.
EI olivo, que crecía silvestre sin ape- nas cuidados, parece que ya se cultivaba 5.000 años a. C. en el Mediterráneo oriental. Ha sido muy apreciado por todas las culturas mediterráneas, porque se utilizaba no sólo como alimento, sino también como combustible para la ilu- minación, para el cuidado de la piel y para hacer abluciones del tipo religioso.
Gracias al comercio fenicio, cretense y egipcio se extiende el consumo de acei- te por todo el Mediterráneo.
Desde hace unos 8.000 años el hom- bre majaba varios tipos de frutos como por ejemplo las cerezas y de entre ellos las uvas, dando lugar al vino. Testimonio escrito de su comercialización se encuentra en Egipto 3.000 años a. C., en el que se alude su venida desde Asia Menor. A España lo trajeron probable- mente los fenicios.
^istribución y^onsumo 5 FEBRERO-MARZO 2000
Dieta Mediterránea
La ganadería es con mucho anterior a la agricultura, pues hace unos 35.000 años el hombre de Cromagnon ya había iniciado la cría de gamos, gacelas, antí- lopes y 20.000 a. C. los norteafricanos tienen rebaños de ovejas. En España, hacia el 5.000 a. C. ya hay cabras, vacas y ovejas.
INTERCAMBIOS CULTURALES
Después de establecidos los pilares donde se fundamenta nuestro tipo de ali- mentación hay que hacer la observación de que las diferentes culturas con las que tuvimos intercambios, tanto comerciales como las provocadas por las diferentes invasiones, van introduciendo en nuestro país sus cultivos y los productos elabora- dos que configuraban nuestra alimenta- ción del siglo XVI, ya con una gran variedad de frutas y hortalizas, gracias a que nuestro clima benigno hacía prospe- rar todos aquellos cultivos de primor, aunque fueran foráneos. En este siglo, se produce el descubrimiento del nuevo mundo y se importa la patata, el tomate, el maíz, el mijo, las alubias, etc., pro- ductos que todos ellos en mayor o menor medida se incorporaron a nuestra alimentación, sobre todo las patatas, las alubias y el tomate.
EI hombre ha comido siempre mas o menos por placer, aunque ya muchos
autores como Herodoto, Sócrates, Gale- no, etc. relacionan la salud con el tipo de alimentación. Ahora bien, el desarro- Ilo científico de la nutrición no empieza hasta finales del siglo XVIII, en el que los investigadores empiezan a relacionar el gasto energético en el desarrollo de la actividad física e intelectual del hombre con el aporte calórico suministrado por el tipo de alimentación que tiene. Se empieza a desarrollar el conocimiento del metabolismo que siguen en nuestro organismo los distintos productos que ingerimos, las sustancias perjudiciales que derivan de cada uno de ellos. Se estudia la conveniencia de incrementar algunos y de restringir aquellos que se consideran más perjudiciales.
De esta forma se va perfilando la forma de alimentarnos en la actualidad que se caracteriza por ingerir gran can- tidad de:
• Pan
• Frutas y Verduras
• Legumbres
• Pescado
• Utilizar el aceite de oliva en lugar de grasas animales
• Moderada cantidad de carne.
• Moderado consumo de vino.
Aunque los pueblos ribereños del mediterráneo practicábamos este tipo de dieta por tradición desde hace siglos, como hemos comentado, nosotros no éramos conscientes de ello hasta que en los años 50 y después de un viaje reali- zado por España por el matrimonio Keys, se dan cuenta que nuestra cultura gastro- nómica es bastante distinta a la practica- da por el pueblo americano y por el del norte y centro de Europa.
AI volver a EE UU, comienzan un estudio que se plasma en la publicación
"Coronary heart disease in seven coun- tries", en el que se estudia la menor mor- talidad por infarto de miocardio y la menor proporción de enfermedades car- diovasculares de los ciudadanos de las naciones que están situadas en la cuenca del mediterráneo y en parte lo atribuyen al tipo de alimentación.
^istribucidn y Consumo Ó FEBRERO-MARZO 2000
ELCONCEPTO
DE DIETA MEDITERRÁNEA
EI concepto de dieta mediterránea, apa- rece a partir de ese momento, corrían ya los años 70 y es cuando se comienzan en serio distintos trabajos de investiga- ción que día a día van corroborando la bondad de la dieta mediterránea, no sólo para prevenir las enfermedades cardio- vasculares sino también para algunos tipos de cánceres.
Es en este momento, cuando empe- zamos a ser conscientes de que el centro y el norte de Europa -consideraban más desarrollados y más cultivados-, se ali- mentan peor que los menos industriali- zados y menos desarrollados países cir- cundantes del Mediterráneo. Tuvieron que venir de fuera para avisarnos que lo que había en casa era mejor que lo forá- neo, sentimiento muy arraigado en nues- tra idiosincrasia hispana.
Las bondades de la dieta mediterrá- nea se derivan de su alto contenido en vitaminas A, C, E, son antioxidantes, que evitan el proceso degenerativo celular por el proceso de oxidación. Tiene un alto contenido en fibra, por el consumo de cereales, legumbres, frutas y hortali- zas, que ayudan a la digestión de los ali- mentos, aligerando el paso por el tracto intestinal y previniendo el cáncer de colon, ya que están menos tiempo los 4
Dieta Mediterránea
productos de desecho en contacto con el intestino. Las grasas monoinsaturadas, procedentes del ácido oleico del aceite de oliva y las sustancias antioxidantes en general, tienen el efecto de disminuir el
"colesterol malo" (LDL). AI mismo tiem- po estos ácidos grasos monoinsaturados favorecen el aumento del "colesterol bueno" (HDL). Otro aspecto beneficioso de nuestra dieta está en el consumo moderado de vino, que contiene flavo- noides con efectos antioxidantes, sumán- dose a la acción de los anteriores.
Es de resaltar que en la última déca- da se multiplican las investigaciones a cerca de los efectos beneficiosos sobre la salud de este tipo de dieta basada en una gran variabilidad de productos vegetales, consumo de pescado y legumbres, moderado de carnes, cocinados con aceite de oliva y regados con modera- ción con vino y cada día se puede leer en las noticias científicas que se ha des- cubierto una nueva vía bioquímica que ratifica la bondad de nuestra dieta medi- terránea.
Dado que la alimentación sigue un proceso evolutivo, influido por las cos- tumbres foráneas importadas de otros países, nos entra ahora la preocupación de si en los albores del próximo milenio seremos capaces de mantener nuestra forma de alimentarnos o si por el contra-
rio hemos iniciado ya un alejamiento del teórico patrón ideal que recomiendan los nutrólogos actuales.
Este patrón tiene graves riesgos de no soportar los peligros que le acechan, tales como, la globalización de los mer- cados, el intercambio de productos gra- cias a la facilidad del transporte de mer- cancías, la gran industrialización del sector de la alimentación, la gran influencia de las multinacionales de la alimentación, etc.
tSerán capaces de variar nuestra tra- dicional dieta mediterránea? Es evidente que todo ello tiene un cierto peso en la variación de nuestras costumbres, cada vez se consumen más productos elabo- rados o semielaborados, tales como deri- vados lácteos, platos preparados o semi preparados, verduras congeladas, frutas preparadas, pero esto no desvirtúa nues- tra dieta, mientras mantengamos alto el consumo de frutas y hortalizas, aunque tengan un cierto grado de elaboración.
Lo que sí se detecta en los últimos años es un decrecimiento del consumo de pan e hidratos de carbono en general, por la moda de siluetas demasiado sofis- ticadas, que desequilibra la proporción aceptada como ideal entre proteínas, hidratos de carbono y grasas, a favor de estas últimas y en detrimento de los car- bohidratos.
EVOLUCIÓN DE LOS HdBITOS DE CONSUMO ALIMENTARIO
En el estudio de consumo alimentario que se está haciendo actualmente en el Ministerio de Agricultura, Pesca y Ali- mentación se detecta que, en compara- ción con los años 60, se ha perdido pro- porción de la cantidad de hidratos de carbono, aumentando las grasas y tam- bién aumentando la fracción proteica, desequilibrando así las recomendaciones dietéticas que aconsejan que las calorías provenientes de proteínas, hidratos de carbono y grasas, guarden la proporción 15-55-30. Los datos de 1998 dan 14-41- 45, en los que se aprecia una gran pro- porción de grasa.
^istribución y Consumo 7 FEBRERO-MARZO 2000
No obstante, hay que destacar que del mismo estudio se deduce que hace 12 años, esta relación estaba aún más desequilibrada hacia las grasas, con 14- 39-47. Esto nos indica que el ciudadano ha mejorado el equilibrio de los tres principios inmediatos, parece que se está concienciando de la importancia de seguir una dieta equilibrada y que aspec- tos que antes le pasaban desapercibidos, ahora empiezan a despertar interés y probablemente tratará poco a poco de conservar todo aquello que es beneficio- so para la salud.
Somos conscientes de la importan- cia que tiene el que desde las institucio- nes públicas fomentemos la dieta medi- terránea, se intensifiquen las campañas de difusión de los últimos adelantos científicos sobre las aportaciones de los distintos alimentos a nuestra salud y que se den a conocer las características de calidad de nuestras denominaciones de origen.
Es de esperar que todos los trabajos y reflexiones que se van a hacer en este año 2000 sobre la dieta mediterránea, sirvan para concienciar al ciudadano de lo bueno de las costumbres de la ali- mentación de las abuelas y que sólo incorpore aquellos nuevos productos que verdaderamente van a enriquecer y mejorar su salud. ]
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D ieta mediterránea
Realidad histórica y evolución actual
hacia un modelo de alimentación racional
■ROGELIO FERNÁNDEZ ANDRADE
n buen día nos enteramos de que lo estamos haciendo bien en un tema importante -como es el comer- en el que numerosos pueblos y grupos sociales lo están haciendo mal.
La verdad es que muchos de noso- tros lo estamos haciendo bien de pura casualidad, ya que nos alime^tamos siguiendo una mezcla de intuición, de tradición familiar y de mimetismos. Así, en numerosos hogares españoles, la pae- Ila dominical es un plato habitual, con independencia de que la renta familiar determine que el arroz sea largo parboi- led o redondo y que los "tropezones"
sean de mariscos o de garbanzos.
EI hombre termina comiendo todo lo que -con esta finalidad- le resulta dispo- nible en su entorno, bien porque lo haya producido él mismo, bien porque lo ponga a su alcance la Naturaleza o el comercio. EI viejo refrán: "ave que
vuela, a la cazuela" ha tenido casi siem- pre plena aplicación alimentaria.
EI que lo que comamos resulte a largo plazo perjudicial o beneficioso para nuestra salud, no es muchas veces una variable que podamos totalmente controlar, salvo que estemos dispuestos a realizar grandes sacrificios o a gastar un porcentaje elevado de nuestras rentas en alimentarnos.
Por eso, lo bonito es que alguien, como Ancel Keys, realice un estudio estadístico sobre la dieta en siete países y descubra que los porcentajes más bajos de colesterol en el suero sanguí- neo del hombre están directamente correlacionados con el consumo fre- cuente de ácidos grasos monoinsatura- dos, que son los que, precisamente, se encuentran en los aceites producidos en las zonas olivareras del Mediterráneo; es decir, en nuestra zona.
^iztribución y Consumo 9 FEBRERO-MARZO 2000
Nos hallamos, pues, ante un hallaz- go inesperado: comemos y, encima, cui- damos bien de nuestra salud. Miel sobre hojuelas. EI que a estas pautas se le Ila- men dieta mediterránea, dieta equilibra- da, dieta racional... resulta indiferente. EI hecho cierto es que esta dieta funciona y que nos hace sentirnos mejor, más sanos y más saludables.
Pero a esta dieta, que en algunos países practicamos desde que nacemos hasta que morimos, se ha Ilegado mediante una evolución histórica que no podemos olvidar. Una evolución históri- ca que nos ha hecho más sociables, más solidarios y, en definitiva, más humanos.
Faustino Cordón expresó ésta evolu- ción histórica con una frase muy corta pero muy elocuente: "cocinar hizo al hombre". La preparación de alimentos, actividad que los animales no practican o si lo hacen es en forma muy somera, b
Dieta Metliterránea
resulta ser lo que nos ha hecho previso- res, nos ha obligado a comunicarnos, nos ha hecho hombres...
HAMBRUNAS Y DESPILFARROS Durante las glaciaciones, huyendo del frío y del hambre, pueblos enteros se refugiaban en las orillas del Mediterrá- neo y de ríos como el Ródano, el Danu- bio o el Nilo.
EI mar tiene la propiedad de actuar como regulador térmico y las crecidas anuales del Nilo marcan las épocas de siembra. A veces, en el Mundo Antiguo, se pasaba mucha hambre, pero -en general- la población mediterránea comía con cierta regularidad. Hubo hambrunas históricas en Egipto y en las tierras alejadas de la costa o de los ríos, pero junto al agua dulce o salada existí- an ciertas garantías de abastecimiento.
Aunque algunos se lamentasen a Jahvé por la falta de cebollas, como le ocurrió al pueblo judío, tras su huida desde Egipto, dirigido por Moisés y Aarón.
Las hambrunas se han ido repitiendo en toda Europa y el Norte de Africa, sobre todo cada vez que había que apro- visionar a un ejército en "marcha hacia la gloria". Bien fuese éste el ejército asi- rio, el egipcio, la expedición asiática de Alejandro, las legiones romanas, los invasores árabes, los cruzados o los sarracenos...
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Iliylitrrréu^,t
Junto a las hambrunas del pueblo coexistía -casi siempre- (a abundancia de los poderosos. Podía no haber pan para mujeres y niños, pero en la mesa de los altos dignatarios egipcios, de la clase sacerdotal o de los cortesanos del faraón no faltaba nunca la cerveza, fer- mentada a partir del malteado del trigo 0 de la cebada.
EI despilfarro de alimentos en los fes- tines de Grecia y Roma, los banquetes de Trimalción y Heliogábalo, las borra- cheras dionisíacas, estaban a la orden del día. Incluso se recurría al vómito, en medio de las comidas, para poder seguir satisfaciendo la gula.
Sin embargo, este pecado Ilevaba implícita su propia penitencia. Vivían más los que pasaban hambre que los que se entregaban desenfrenados a los placeres de la mesa.
iHabía una dieta mediterránea en el Mundo Antiguo o cada cual comía lo que podía?. EI régimen cardiosaludable, el cuerpo enteco y la parquedad en la ingesta de alimentos teran intencionados o eran involuntarios?.
Constituía una experiencia común en la Roma Imperial el que los patricios que marchaban a la guerra, al frente de las legiones, volvían más sanos, menos achacosos, que cuando se fueron de la Ciudad. La obligada frugalidad de la tropa, generalmente compartida -de forma voluntaria- por los generales romanos, junto con el ejercicio físico actuaban como excelentes depurativos para aquellos patricios que vivían entre- gados a la molicie en la capital del Imperio.
^istribucibn y Consumo 1 ^ FEBRERO-MARZO 2000
Numerosas hambrunas azotaron Europa, durante el Medievo. Fue famosa la de 1135 en la que los hombres le dis- putaban la comida a las bestias para ter- minar comiéndose todo lo que se movie- se. Cervantes nos habla de las dificulta- des insalvables que tenían los viajeros para encontrar comida en sus desplaza- mientos. Goya ha dejado un testimonio imperecedero de la hambruna que afec- tó a Madrid durante 1812, en plena lucha contra Napoleón Bonaparte, pin- tando unos aguafuertes titulados "EI año del hambre". Finalmente hubo hambru- nas en pleno Siglo XX, sobre todo duran- te la Guerra Civil Española, durante las dos Guerras Mundiales que tuvieron por escenario toda Europa, y en la URSS tras el aislamiento a la que fue sometido el pueblo soviético, a raíz de la revolución bolchevique.
CIUDADANOS, LIBERTOS Y ESCLAVOS Los ciudadanos griegos y romanos prac- ticaban en la vida ordinaria, en la vida cotidiana, una dieta muy parecida a la actual dieta Mediterránea. Se buscaba la variedad en la alimentación, que es una de las claves de la buena salud.
EI pueblo Ilano, constituido por sol- dados artesanos, comerciantes y libertos, tenían -en cambio- una alimentación mucho menos variada y más frugal que los nobles y ciudadanos. A veces exclu-
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Dieta Mediterránea
sivamente basada en el trigo; producto que, para bienquistarse al populacho, hacían distribuir gratuitamente empera- dores, cónsules, próceres y políticos ambiciosos. Los esclavos tenían una ali- mentación muy deficiente, salvo que entrasen a formar parte de escuadras de gladiadores o tuvieran que desarrollar una buena fuerza muscular en el campo, o como porteadores de literas y en los barcos de remos.
Todo ello, referido a(a comida ordi- naria, porque en las fiestas profanas y religiosas cambiaba el panorama: se sacrificaban animales, se amasaban tor- tas, corrían el vino, la hidromiel y la cer- veza... Unas costumbres de festejarlo todo a base de comida y de bebida, de pasar de la escasez al hartazgo, que per- duraron a lo largo de la Edad Media, se recrudecieron en el Renacimiento, Ilega- ron a adulterar la revolución francesa y siguen estando de plena vigencia en nuestros días.
INTERCAMBIOS COMERCIALES EN EL MUNDO ANTIGUO
Si dejamos aparte Egipto, que debido a la feraz vega del Nilo era una especie de granero del Mediterráneo, la realidad es que la producción propia de cereales terminó descuidándose en Grecia, pri- mero, y en Roma después. En Grecia, porque el comercio de alimentos con la
zona oriental del Mediterráneo era muy intenso debido a los barcos de los feni- cios y de los propios griegos. Atenas Ilegó a definirse a sí misma como una
"talasocracia", en donde el suministro de granos dependía, más que de la activi- dad de sus campesinos, de la fluidez de los intercambios comerciales y éstos, a su vez, de que los barcos pudiesen nave- gar sin problemas, de que las vías marí- timas estuviesen expeditas.
Grecia se suministraba en gran medi- da de los países de su zona, fuesen éstos amigos o enemigos.
Roma, en cambio, superado el pro- blema de la rivalidad con Cartago, se nutría de lo que le enviaban sus provin- cias europeas y norteafricanas.
Los intercambios comerciales en el Mare Nostrum fueron muy frecuentes y Roma impuso sus costumbres comercia- les en todo el Mediterráneo.
MIGRACIONES Y GUERRAS
Las migraciones pacíficas Igeneralmente motivadas por las malas cosechas) y las invasiones de los pueblos asiáticos y del Norte de Europa, trajeron en jaque a griegos y romanos.
Fue un proceso lento en ambos casos, sobre todo en el de Roma, asedia- da continuamente por los bárbaros, quienes tardaron más de 400 años en provocar la caída del Imperio.
La permeabilidad de las fronteras romanas era total, en lo que alimentos se refiere. Los bárbaros aportaban su dieta, rica en grasas y carnes de animales, y los romanos su experiencia en la elabora- ción de panes, en la utilización del vino
^istribución y Consumo ^^ FEBRERO-MARZO 2000
y del aceite, así como en la producción de frutas. Las guerras servían a Roma para renovar su fuerza de trabajo, repre- sentada básicamente por los esclavos.
Estos eran los que terminaban cultivando las explotaciones hortofrutícolas y cerea- listas, que abastecían las ciudades roma- nas. Se registró un doble flujo: de ali- mentos nórdicos hacia el Mediterráneo y de productos como aceite y vino hacia los bárbaros que se iban aproximando a la Roma del Siglo IV, donde se abusaba de la comida y la bebida, donde los ciu- dadanos se iban apartando cada vez más de la dieta mediterránea.
LAS LEGIONES ROMANAS
Las legiones romanas conquistaron buena parte del Mundo Antiguo e impu- sieron -dentro de lo posible- su modelo alimenticio en los países sojuzgados, basado en la frugalidad para ellos mis- mos y en la requisa de cosechas y gana- do para enviar a Roma todos los produc- tos comestibles que encontraban en su camino.
Muchos alimentos comunes en el Norte de Africa, en Asia Menor, en Gre- cia, en la Galia, en Hispania, tueron difundidos urbi et orbi por las legiones romanas.
Los mayores propagandistas de la dieta mediterránea eran las legiones
Dieta Mediterránea
romanas; así trataron de adaptar el melón en la Galia; las cetarias y piscifac- torías en las costa de la Ibérica; algunos frutos secos en las islas y costas del Mediterráneo; la higuera y el dátil, en todos los rincones libres de heladas...
Recíprocamente las legiones no des- deñaban enviar a Roma jamones de Pam- plona y de Renania, los pasteles asiáticos y griegos, los trigos semoleros y las ceba- das cerveceras, los vinos galos e hispáni- cos, las ostras tarraconenses, el garum griego, las especias orientales, los cerdos de la Galia, el queso inglés cheshire...
Las legiones romanas -muchas bocas siempre hambrientas- actuaron, pues, de vectores de la dieta mediterránea, en aquellas regiones donde establecían sus campamentos y fortificaciones; recípro- camente Ilevaron al Mediterráneo un gran número de alimentos que han con- tribuido a moldear y diversificar la actual dieta mediterránea.
LAS EDADES OSCURAS
Los historiadores no están de acuerdo sobre el momento exacto en que empezó el Medievo. Para algunos comienza con la caída del Imperio Romano, para otros cuando los musulmanes ocuparon todo el Norte de Africa y el Mare Nostrum pasó a ser frontera entre dos civilizacio- nes distintas, con dietas alimenticias rela- tivamente distintas. En el Sur de Europa dominan Carlomagno y sus descendien-
tes; en el Norte de Africa los seguidores de Mahoma. En los restos del Imperio Romano se impone la cultura germánica y con ella su modelo de alimentación, basado en la carne procedente de la caza o de las piaras de cerdos.
Pero, lógicamente, no hay carne para todos. Los nobles y el clero sí que pue- den conseguirla, pero los campesinos y artesanos sólo la comían de cuando en cuando y tenían que recurrir al pan, al vino (cuando están en zona de viñedo) y a las frutas y hortalizas (cuando el clima es benigno).
Los habitantes ricos, los comercian- tes, de la costa siguen comiendo pesca- do, pero en menor medida que antes, pues el modelo carolingio de que la carne fortalece al hombre se ha impues- to en todo el Sacro Imperio.
Muchas prácticas agrícolas, difundi- das por las legiones romanas, cayeron en desuso. Muchos alimentos vegetales, también; salvo cuando había que volver a ellos en épocas de hambruna.
Los monasterios conservaban muchas de estas tradiciones, pero no pudieron impedir -ni siquiera entre sus propios miembros- la afición a la carne de cerdo y al tocino.
La esperanza de vida media bajó, sobre todo entre los nobles y sus mesna- das, probablemente debido al abuso de proteínas y grasas. EI Ilegar a los 50 años sin ataques de gota o sin infartos de mio-
^istribución y Consumo 14 FEBRERO-MARZO 2000
cardio era todo un acontecimiento.
Había nobles que próximos a dicha edad se quejaban de haber perdido a todos los amigos de su infancia.
EI sistema de aprovisionamiento de los ejércitos feudales, basado en las requisas y en la rapiña, les hacía dese- char los alimentos de gran volumen y apropiarse de los más concentrados, con lo cual la dieta medieval practicada por los nobles y el clero era bastante irracio- nal y desequilibrada, respecto a la medi- terránea.
No lo era tanto la dieta del pueblo Ilano, pero tampoco su vida media era muy elevada, pues los periodos de des- nutrición -a veces prolongados- dejaban a los organismos inermes frente a todo tipo de enfermedades.
En definitiva, la Edad Media supuso un retroceso para la dieta mediterránea, que no sería superado hasta el Renaci- miento. EI periodo medieval, que algu- nos Ilaman de las Edades Oscuras, duró icerca de un milenio!. Lo que pasa es que en los monasterios y en las ciudades costeras se preservaban muchas de las virtudes de la dieta mediterránea.
INFLUENCIAS RELIGIOSAS
La historia de la alimentación mediterrá- nea, a partir de la conversión del Impe- rio Romano al cristianismo, es la historia de sus cuatro religiones principales.
Por un lado estaba la antigua religión politeista, el denominado paganismo, que subsistía en Roma pese a la conver- sión "oficial" del Imperio. Seguían cele- brándose libaciones y comidas en honor a los dioses y continuaban practicándose cultos como el de Mitra, Apolo o Dioni- sios. Por otro lado, estaban las religiones monoteistas, con sus tabúes y sus pre- ferencias.
En la religión cristiana se había sacralizado el consumo de dos produc- tos fermentados, el pan y el vino. Por su parte, la religión musulmana había declarado prohibidos el cerdo (como animal impuro) y el vino (por ser un euforizante que hacía perder a los hom- Q
Dieta Mediterránea
bres su autocontrol). Y la religión judía tenía prohibiciones más generalizadas, incluyendo entre ellas el cerdo.
Los alimentos, según la tradición judaica, se dividen en kosher (autoriza- dos y puros) y no kosher (desautoriza- dos, impuros). La clasificación como kosher puede depender de la forma en que se ha sacrificado un animal o en que se ha cultivado un vegetal. En las épocas tenebrosas de la Inquisición la prueba de fuego para ver si la conversión de un judío al cristianismo era fingida o real, consistía en darle de comer, para apli- carle o no el tormento, carne o tocino de marrano.
La religión cristiana retomó el tema del abuso de la ingesta de carne (por parte de los que podían permitírselo) y prohibió su consumo durante determina- dos días del año (abstinencia) en los que se podía sustituir por el pescado, los hue- vos y los derivados de la leche. EI pesca- do, porque había sido el símbolo de los cristianos perseguidos por los emperado- res romanos; los huevos y los lactoderi- vados por su menor consistencia.
En la Edad Media y en la Moderna la Iglesia vigilaba estrechamente ayunos y abstinencias, aunque algunos nobles y clérigos los soslayaban planificando comidas a deshora y dando entrada a las aves de corral que no se consideraban auténtica carne.
EL LEGADO ARABE
La frontera entre el Norte y el Sur del Mediterráneo era también bastante per- meable. La distancia de la península ita- liana a los países norteafricanos era rela- tivamente pequeña y el comercio, pese a la piratería, siempre siguió existiendo.
Pero en España hubo una serie de invasiones de pueblos árabes y norteafri- canos, todos ellos de religión mulsuma- na, que nos trajeron muchos productos alimenticios y adoptaron muchos de los que siglos antes nos había traído la pax romana. Numerosas palabras comunes, existentes en castellano, relativas a pro- ductos alimenticios, derivan de nombres
árabes. Así tenemos: aceite, alajú, ajon- jolí, arrope, alfajor, alcuzcuz, alcachofa o alcaucil, avellanas, albahaca, fideo...
Los árabes eran expertos en la prepa- ración de pastas de sémola, en el uso de frutos secos, en el cultivo de todo tipo de hortalizas, en el sabio manejo de las especias, en la elaboración de aceites, en la dulcería, en la preparación de cal- deradas de cordero con hortalizas, en el uso de la miel, los dátiles y los higos para preparar pastelillos... Hasta Ilegaron a ser expertos en la crianza de algunos vinos generosos que luego bebían con mesura y recato, dada la tajante prohibi- ción que el Corán había formulado sobre el uso del zumo fermentado de la vid.
EI legado árabe, en cierta medida, ayudó a reestablecer el equilibrio de la dieta mediterránea que había sido roto por el feudalismo y los pueblos del Norte de Europa.
LA GEOGRAFÍA Y EL CLIMA AYUDAN Esa especie de mar interior que es el Mediterráneo, el desarrollo del tráfico de cabotaje que inician fenicios y griegos, la eclosión cultural de Atenas, el empuje conquistador de Roma, el clima relativa- mente templado del Mare Nostrum, ayu- daron sin duda a crear una dieta medite- rránea que ha ido evolucionando -moderadamente- a lo largo de los tres últimos milenios.
EI clima mediterráneo, no demasiado
extremo en invierno y caluroso en vera- no, invita a realizar comidas ligeras. Con solamente "?.000 calorías diarias los habitantes de la Cuenca Mediterránea pueden mantener una actividad modera- da. No ocurre lo mismo en los países del Norte de Europa donde se necesitan como mínimo 3.000 ó 4.000 calorías diarias para mantener la temperatura corporal y para generar un panículo adi- poso que sirva de aislante térmico.
En épocas de verano, los ribereños del Mediterráneo pueden comer abun- dantes frutas y hortalizas, que es lo que más apetece. Las calorías y la fibra vie- nen del pan; el pescado resulta más lige- ro que la carne y la plancha o la sartén con aceite hirviendo potencian el sabor de dicho pescado y complementan las calorías necesarias.
Para las épocas invernales, los dul- ces, los turrones, la caza o las aves bien cebadas, constituyen un refuerzo ali- menticio adecuado.
ADAPTACIbN DE ESPECIES ANIMALES Y VEGETALES
Basta ver los rebaños de búfalos ameri- canos en algunas fincas italianas, las avestruces en Castilla y León, los esturio- nes en el Guadalquivir, para darse cuen- ta que la región mediterránea ha sabiclo adaptar cuantas especies ganaderas o piscícolas le han Ilegado de todos los Continentes.
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^istribución y^onsumo 15 FEBRERO-MARZO 2000
Dieta Metliterránea
Lo mismo ha ocurrido con numero- sas especies vegetales que nos han Ilega- do de Asia (arroz, caña de azúcar), de Africa (sandía y dátiles), del Subconti- nente indio (pepino, berenjena, cítricos), del Próximo Oriente (vid, albaricoques, pistachos, ciruelas....) de América (maíz, tomate, patata, pimiento...)
Los persas, los egipcios, los fenicios, los griegos, los árabes, los conquistadores portugueses y españoles, han actuado de vectores de esos productos, pero lo más asombroso es ver cómo estas especies vegetales y animales se han adaptado al Mediterráneo y cómo se han integrado plenamente en la dieta mediterránea. De manera tal que si hace unos años, la mozarella de leche de búfalo era una exquisitez, ahora forma parte de los ingredientes habituales de muchas piz- zas; que el pollo y el pavo, antaño comi- das de fiesta, forman parte de las comi- das ordinarias y cotidianas; que el arroz asiático es el plato típico valenciano...
CARACTERÍSTICAS
DE LA DIETA MEDITERRÁNEA
Con los vaivenes que han sufrido -a lo largo de los siglos- las costumbres ali- menticias en la Cuenca del Mediterráneo no resulta extraño que se plantee la duda de si existe una dieta mediterránea o si, por el contrario, han existido y coexisten todavía varias dietas en la zona. Se puede realizar una abstracción que sirva para definir una serie de características esenciales, mediante las cuales pueda decirse que una dieta es mediterránea y que reúne todas las condiciones cardio- saludables que postulaban Ancel Keys y sus colaboradores para dicha dieta.
Keys en su Seven Countries Study (Estudio de siete países) y en sus publica- ciones posteriores sobre este tema ("Coma bien y manténgase bien",
"Cómo comer bien y mantenerse bien, al estilo mediterráneo"), muestra la rela- ción existente entre las pautas alimenti- cias y la cardiopatía isquémica en siete países (Estados Unidos, Finlandia, Gre- cia, Holanda, Japón, Italia y Yugoslavia).
La menor incidencia de la enfermedad correspondía a cuatro países (los tres mediterráneos y lapón); los dos países nórdicos y Estados Unidos presentaban, en cambio, una incidencia de la enfer- medad cuatro veces mayor que en los países del Sur. En el caso de Japón la sin- gularidad se explicaba por el abundante consumo de pescado que este país siem- pre ha realizado; en los casos de Grecia, Yugoslavia e Italia -en una primera apro- ximación- obedecía al consumo de pes- cado y al de aceite de oliva.
A medida que se han ido estudiando los alimentos que usualmente se consu- men en el área mediterránea, se han ido descubriendo nuevas virtudes de los mis- mos: el aceite de oliva influye positiva- mente sobre una lipoproteína, la HDL, asociada al colesterol que lo transforma en colesterol bueno; la fibra celulósica del pan y de las pastas sirve pasa evitar la aparición del cáncer de colón... y así
^istribución y^onsumo 1 Ó FEBRERO-MARZO 2000
sucesivamente. Lo que, en definitiva, caracteriza a la dieta mediterránea puede sintetizarse así:
1`-') Elevado consumo de frutas y hor- talizas; estas últimas en forma de ensala- das o como verduras cocidas.
2`-') Prevalencia del pescado frente a la carne. Uso moderado de proteínas animales, tanto procedentes de la caza como de las especies ganaderas.
3") Consumo de pan y de pastas ricos en fibras celulósicas.
4`-') Utilización de aceite de oliva, tanto con el pan, como en frituras de pescados y de masas elaboradas con sémolas y harinas, o en ensaladas; prác- ticamente la única fuente de grasas aña- didas es el aceite de oliva.
5") Utilización directa de proteínas vegetales (en vez de ingerirlas indirecta- mente, transformándolas en proteínas animales).
6") Moderación en el consumo de productos lácteos; y éstos generalmente, en forma de queso.
7`-') Uso, no abuso, del vino y tam- bién, de la cerveza durante las comidas.
8") Adición de especias y condimen- tos en platos fríos y calientes (tanto en la cocina como en la repostería), para hacer más atractivos los alimentos.
EQUILIBRIO Y RACIONALIDAD DE LA DIETA MEDITERRÁNEA
La mayor ventaja de la dieta mediterrá- nea probablemente resida en su raciona- lidad. Se consumen alimentos en la medida en que se necesitan y no de forma compulsiva.
Actualmente se ha registrado en el mundo occidental un curioso fenómeno estadístico: en muchos países los hipera- limentados (con problemas de sobrepe- so) son más numerosos que los hipoali- mentados (incluyendo, entre ellos, a las modelos anoréxicas).
La dieta mediterránea es de una gran sobriedad pero al mismo tiempo resulta muy variada, lo que permite un aporte -la mayor parte de las veces regular- de los hidratos de carbono, lípidos y proteí- b
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Dieta Metliterránea
nas que necesita el cuerpo humano, así como de las sales minerales y vitaminas.
La abundancia de frutas y hortalizas garantiza estos aportes vitamínicos y de sales minerales. Entre el sol, por una parte, y la dieta mediterránea, por otra, raro es quien tiene que utilizar prepara- dos vitamínicos o manifiesta carencias minerales. La utilización del pan y de las pastas como fuentes de hidratos de car- bono, del aceite de oliva como fuente de lípidos y la moderación en la ingesta de proteínas animales, resulta ser también la clave de un buen equilibrio nutricional.
La dieta mediterránea se aproxima mucho a la que los nutricionistas consi- deran que puede ser una dieta humana equilibrada, con 55% de hidratos de car- bono, 30% de lípidos y 15% de proteí- nas (51 %, 32% y 17%, respectivamente, en lo que pudiéramos denominar una dieta mediterránea típica).
EI aporte calórico excesivo, proce- dente de hidratos de carbono, grasas o proteínas, conduce al sobrepeso y a la obesidad. Las rutas metabólicas hacen que, con excepción de las proteínas (que tienen que entrar obligadamente en la alimentación como proteínas o como aminoácidos), los hidratos de carbono y las grasas sean intercambiables. Un régi- men demasiado rico en hidratos de car- bono puede determinar la aparición de acumulaciones de grasas en animales y personas. Recíprocamente, cuando las calorías de los alimentos ingeridos son escasas, el organismo utiliza para que- mar primero las reservas de hidratos de carbono, de glicógeno, existentes en músculos e hígado, y luego, cuando éstas reservas se acaban, moviliza en segundo lugar las grasas acumuladas.
Normalmente, si la dieta es suficien- te, y no excesiva, el peso corporal y la masa muscular se mantienen inalterados durante largos periodos de tiempo. Este suele ser el caso de los habitantes de la Cuenca del Mediterráneo, sobre todo cuando las personas que practican dicha dieta suficiente tienen una actividad físi- ca moderada.
En definitiva, podemos afirmar que la dieta mediterránea es:
1°) Saludable, por su variedad.
2°) Equilibrada, tanto por la propor- ción de los principios inmediatos (hidra- tos de carbono, lípidos y proteínas), vita- minas y sales minerales que aporta, como por la naturaleza de algunos de estos principios inmediatos (fibra, ácido oleico, proteínas vegetales).
3°) Suficiente; porque cuando se ingiere en las cantidades adecuadas sirve para obtener sensación de saciedad y cubrir las necesidades calóricas.
4°) Apetecible, gracias a la palatabili- dad que la proporcionan aceite, especias y condimentos.
VENTAJASINESPERADAS
Tras los trabajos de Keys y colaborado- res, los estudios posteriores que se reali- zaron sobre algunos componentes de la dieta mediterránea revelaron diversas
^istribución y Consumo 19 EEBRERO-MARZO ZIXJO
propiedades adicionales, que también ejercen efectos beneficiosos sobre la salud humana.
EI etanol del vino ejerce un efecto protector respecto a las enfermedades cardiovasculares, impidiendo la forma- ción de placas o ateromas (probable- mente actuando sobre las lipoproteínas de elevada densidad, asociadas al coles- terol: HDL-colesterol) y también inhi- biendo la coagulación sanguínea. Este descubriendo explica, por ejemplo, que los franceses, consumidores impeniten- tes de carne y grasa de cerdo, con eleva- dos contenidos en colesterol, se salven de muchos ataques coronarios, ya que el alcohol les protege en cierta medida.
Además, no sólo el alcohol vínico, tomado en cantidades moderadas, sino que los fenoles (principalmente repre- sentados por los flavonoides) contenidos en mostos y vinos (sobre todo tintos) actúan como antioxidantes muy activos.
Otra cualidad digna de mención del vino, producto que algunos consideran pecaminoso.
Por su parte, la fibra de cereales y leguminosas, regulariza los movimientos peristálticos de los intestinos, impide la putrefacción total de los alimentos (que se produciría si éstos se mantuviesen retenidos durante un tiempo excesivo en el tracto intestinal). La fibra se ha mostra- do como un buen anticancerígeno, sobre todo para prevenir el cáncer de cólon.
EI pescado, especialmente el azul, contiene ácidos grasos diinsaturados y poliinsaturados, e igual ocurre con los frutos secos, ricos en ácidos grasos insa- turados, que contribuyen a bajar el conte- nido de la LDL-colesterol en la sangre.
La relativamente poca utilización de grasa de cerdo (o cuando se utiliza en la dieta mediterránea, con buena calidad alimenticia debido a su elevado conteni- do en ácido oleico, gracias a la alimenta- ción con bellotas) también se ha mostra- do cómo un buen instrumento de defensa para la salud. Los pobladores primitivos del Sur del Mediterráneo quizás comían pescado en vez de cerdos y jabalíes por b
Dieta Mediterránea
motivos religiosos, o sencillamente por- que el pescado estaba más a mano, pero esta abstinencia les servía para mantener bajas sus tasas de colesterol.
ALIMENTACIÓN
Y RELACIONES SOCIALES
Con excepción de algunas solemnidades y banquetes, la gente del mediterráneo suele comer poco y con cierta parsimo- nia, hablando con los amigos, practican- do intensamente las relaciones sociales, intercalando frecuentes sorbos de bebida entre bocado y bocado. Quizás el para- digma de este modus vivendi sea el clá- sico "tapeo" practicado en España.
Resulta difícil imaginar a alguien consumiendo compulsivamente una ensalada aliñada con esmero o degus- tando frenéticamente pasas, higos o dáti- les. Otra cosa distinta eran los banquetes celebrados en los castillos feudales en donde la carne se consumía a"mano desnuda". En el Renacimiento la apari- ción de ingeniosos instrumentos y cubiertos dio aún mayor elegancia y par- simonia al acto social de la comida.
Además, hay que tener en cuenta que los alimentos de la dieta mediterrá- nea no son la dieta mediterránea propia- mente dicha. Es decir, por un lado están
las materias primas y por otro su elabo- ración, generalmente mediante el uso del fuego y de toda una panoplia de asa- dores, planchas, ollas, pucheros y sarte- nes. Muchos alimentos han de ser coci- nados o fritos para que podamos asimi- larlos y en este proceso que, además, permite un aprovechamiento más inte- gral de la comida (basta recordar buñue- los de sesos, tortillas con riñones y vísce- ras, callos, gallinejas, gelatinas, el famo- so garum romano). Subyace toda una cultura; igual que existe una cultura de los bueyes asados, de las hamburguesas o de las fast food. Solo que una cocina puede prolongar la vida (y lo que es más importante la calidad de vida) y otras cocinas pueden acortarla.
ELFUTURO
DE LA DIETA MEDITERRÁNEA
Dadas las bondades de la dieta medite- rránea, que hemos pormenorizado, resulta lógico suponer que se trata de un modelo dietético que conviene seguir.
La dieta mediterránea es buena, saluda- ble y no excesivamente cara.
Nos hace sentirnos más ágiles y bienhumorados, con más deseos de vivir, con más ganas de reír y de conver- sar. Compárese por ejemplo, la soledad
^istribución y Consumo ^^ FEBRERO-MARZO 2000
de un ejecutivo norteamericano, comiendo, en solitario, una hamburgue- sa, patatas fritas con margarina; y bebiendo un refresco químico, de ácido cítrico; con la comida parca de un obre- ro manual mediterráneo, aunque sea tomando vino peleón con pan y aceitu- nas o con morralla de pescado. Habría que pensar mucho sobre cuál de los dos es más feliz y sobre quién tiene mejores expectativas de vida media.
Si la dieta mediterránea es saludable, es buena y ayuda a vivir, hay que difun- dirla urbi et orbi, como en su día hicie- ron las legiones romanas. Y, sobre todo, hay que explicársela a nuestros jóvenes y a los jóvenes de esos países muy desa- rrollados en que las vitaminas excretadas cada día por la orina valen más que lo que gastan cotidianamente en su alimen- tación muchos habitantes del Sahel.
Si la dieta mediterránea es buena, hay que intentar lo que ahora, modesta- mente, pretende este número 50 de DIS- TRIBUCION Y CONSUMO: explicarla, analizarla, darla a conocer y poner de relieve sus ventajas reconocidas y otras posibles ventajas que, sin duda, se irán reconociendo en el futuro. ❑
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Dieta Mediterránea
^ APORTE DE NUTRIENTES
La dieta mediterránea garantiza un equilibrio muy notable para cubrir las necesidades de crecimiento en la infancia y el mantenimiento de los adultos
te malas sino que deben adecuarse a las necesidades de cada cual, lo que depen- de de la actividad y del metabolismo, del individuo, del clima y de otras múltiples cir- cunstancias.
FIBRA
I hombre, sea prehistórico, grecorro-
E
mano, o moderno, tiene la necesidad de incorporar periódicamente a su sistema sanguíneo una serie de principios inmediatos (glúcidos, lípidos y prótidos) así como agua, sales minerales y algunos productos que su organismo no es capaz de sintetizar.En la medida en que la ingesta diaria cubre esas necesidades del hombre (cuando está creciendo porque necesita formar masa corporal; cuando ya ha creci- do, para mantenerla) se está realizando un aporte correcto de nutrientes. Cuando este aporte es inferior a lo que el hombre nece- sita pierde peso y, en ocasiones, la salud;
cuando es superior, gana peso, pero tam- bién puede perder la salud.
Existe una tendencia instintiva a comer precisamente los alimentos que nos permi- ten Ilegar a ese equilibrio estático (del hombre adulto) o dinámico (del niño que crece), en las cantidades y proporciones necesarias... pero no siempre se pueden o se quieren tomar esos alimentos.
Por eso el hombre, para sobrevivir, ha tenido que irse contentando con lo que te-
nía a mano. Afortunadamente la cuenca del Mediterráneo ha sido pródiga en múlti- ples alimentos y de alguna forma ha ido
"capeando" las hambrunas, que han afec- tado más intensamente a los habitantes de otros países, más propensos a las incle- mencias climáticas.
CALORÍAS
Quizás una de las preocupaciones prima- rias del hombre sea el aporte de calorías para abastecer de energía esos millones de pequeñas calderas que son nuestras células.
Estas calorías las aportan tanto los glúci- dos o hidratos de carbono (4,1 kilocalorías por gramo), como las proteínas (5,6); pero los alimentos energéticos por excelencia son las grasas (9,4). Resultan, pues, ricos en calorías los cereales, las grasas anima- les y vegetales, las carnes, los pescados y la leche. Contienen pocas calorías, en cambio, las frutas y hortalizas.
Las calorías en sí no son intrínsecamen-
Parte de los hidratos de carbono que inge- rimos vienen como fibras (celulosas, pecti- nas), que al no ser completamente hidroli- zadas en el tracto digestivo favorecen la motilidad intestinal; de esta forma se evitan obstrucciones, estreñimientos, que favore- cen la aparición de cáncer de cólon.
Las frutas y hortalizas suelen contener abundantes fibras, lo que contribuye a pre- servar la salud de los que las consumen regularmente.
LÍPIDOS Y ÁCIDOS GRASOSINSATURADOS
Los lípidos más abundantes en la naturale- za son los triglicéridos. Se componen de una molécula de un trialcohol (glicerina) esterificada (neutralizada) por tres molécu- las de ácidos grasos. Cuando estos ácidos grasos son de cadena carbonada sencilla (enlaces sencillos) se Ilaman saturados;
cuando Ilevan uno, dos o más dobles enla- ces se Ilaman insaturados (mono, di, po- liinsaturados).
Con ser importante la función energética de los lípidos y ser totalmente necesarios para la formación o las membranas celula- res, existe un papel que sólo pueden de- sempeñar los ácidos grasos insaturados en relación con el colesterol.
Mientras que los ácidos grasos satura- dos aumentan la cantidad de colesterol global, los insaturados actúan selectiva-
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^istribución y Consumo ^• FEBRERO-MARZO 2000
Dieta Mediterránea
APORTE DE NUTRIENTES
mente sobre los dos tipos existentes de li- poproteínas asociadas al colesterol (lal de baja densidad LDL-colesterol o colesterol malo y la de alta densidad, HDL-colesterol o colesterol bueno). EI ácido oleico (mo- noinsaturado, doble enlace en el carbono 9) hace bajar el LDL colesterol y sube el HDL colesterol; el ácido linoléico (dos do- bles enlaces, uno de ellos en el carbono 6 y otro en el 9) y el linolénico dos dobles en- laces en 3 y 9) contribuyen a bajar ambos tipos de lipoproteínas asociadas al coles- terol, LDL y HDL.
PROTEÍNAS
Y AMINOACIDOS ESENCIALES
Las proteínas vegetales y animales acaban en el estómago humano transformándose en aminoácidos que son los que después son utilizados por el organismo para re- construir sus propias proteínas. Existen aminoácidos que pueden transformarse los unos en los otros; otros tienen que ser aportados necesariamente en la comida.
Son estos los aminoácidos esenciales de los cuales todos existen en carnes y pes- cados; en los vegetales pueden faltar va- rios de ellos, de ahí la tranquilidad que pa- ra algunas personas supone la ingesta de alimentos de origen animal.
VITAMINAS
Las vitaminas son sustancias esenciales para la vida que no son sintetizadas por el organismo humano y que cuando faltan en la alimentación provocan las denominadas enfermedades carenciales.
"Grosso modo" las numerosas vitaminas existentes pueden clasificarse en dos blo- ques: solubles en grasas (liposolubles) y solubles en agua (hidrosolubles):
•Liposolubles
-Vitamina A (en hígado de bacalao, mantequilla, leche completa, huevos, acei- tes vegetales)
-Vitamina D(en hígado de bacalao, pes- cados azules, huevo, leche completa
-Vitamina E (en gérmenes de cereales, hortalizas, huevos, aceites vegetales)
-Vitamina K(en las verduras frescas y carnes)
•Hidrosolubles
-Vitamina C(en cítricos, en otras frutas, en hortalizas y patatas, en vísceras de ani- males)
-Vitamina B^ (tiamina) (en extractos de levaduras, en harinas y panes integrales, en arroz no pulido, en carnes, en huevos, y leche, en algunos vegetales).
-Vitamina B2 (riboflavina) (en la leche y sus derivados, gérmenes de cereales, hí- gado, pescados)
-Vitamina PP (niacina o ácido nicotínico) (en levaduras, frutas, frutos secos, cerea- les, legumbres, hortalizas, carnes y leche)
-Vitamina BS (ácido pantoténico) (en le- vadura de cerveza, cereales, patatas, hor- talizas, carnes, huevos y leche)
-Vitaminas B6 (piridoxina) (en levadura de cerveza, cereales, frutas y hortalizas, leche, huevo y carnes)
-Vitamina B12 (cobalamina) (en carnes, leche y pescados)
SALES MINERALES
La ingesta de sales minerales, presentes tanto en el agua como en los alimentos, re-
^istribucidn y Consumo ^• FEBRERO-MARZO 2000
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sulta por una parte necesaria pero puede ser contraproducente.
EI exceso de sales, por ejemplo, puede afectar a la tensión arterial. Sin embargo existen una serie de elementos químicos que pueden absorberse a partir de los ali- mentos como iones (aniones, negativos;
cationes, positivos) los cuales son im- prescindibles para el equilibrio hidríco-sa- lino de las células, tejidos y órganos hu- manos.
Algunas veces se precisan proporcio- nes muy pequeñas; como ocurre, por ejemplo, con los aniones fosfatos, sulfatos y nitratos junto con los cationes sodio y potasio, calcio y magnesio, hierro, cobal- to y manganeso.
UNOS EOUILIBRIOS MUY DELICADOS
En el ser humano se están dando, día a día, hora a hora, minuto a minuto, equili- brios muy delicados en los que influyen no sólo el aporte global de alimentos sino la composición y la variedad de los mismos.
Por todo ello, quizás el gran mérito de la dieta mediterránea sea el que contribuye a facilitar estos equilibrios, lo que redunda en beneficio de la salud de los que la practican y hasta sobre su longevidad. •
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Es nuestra apuesta por la máxima calidad de nuestros productos lo que nos hace ser el número uno en ventas y la pasta más consumida en este país.
Y ser la pasta más consumida
significa, entre otras cosas, más rotación en el lineal, lo que
se traduce en unos márgenes de beneficios mucho más amplios.
También en eso somos el ntímero uno.
Dieta Mediterránea
^ CEREALES
En España, la producción total de cereales -unos 22 millones de toneladas anuales-, viene a suponer algo más del 9% de la Producción Final Agraria, tan sólo superada por las de hortalizas, frutas y carne de porcino.
a trilogía básica a partir de la cual se ha construido todo el edificio de la Ilamada dieta mediterránea es la compuesta por los cereales, el olivo y el vi- no. Ese auténtico núcleo duro de la cocina mediterránea fue recibiendo desde tiem- pos remotos nuevas adicciones que confi- guraron un panorama muy rico y variado, fruto de un espacio geográfico y de una historia que se ha caracterizado por la continua entrada y salida de pueblos, cul- turas y tradiciones.
De todas formas, nada ni nadie ha podi- do hasta ahora quebrar esa herencia esen- cial, que es compartida por todos los pue- blos que rodean a este pequeño mar inte- rior. En ese sentido, puede decirse, sin co- meter un exceso retórico, que en los oríge- nes, los hombres del Mediterráneo se en- contraron con los cereales y que, desde ese momento, las cosas comenzaron a ser de otra manera.
EI trigo, ya sea blando o duro, es, casi por definición, el cereal mediterráneo, aun- que la cebada y, posteriormente, el arroz, han cumplido y cumplen papeles significa- tivos en esta función gastronómica. EI trigo es originario del Próximo Oriente, donde se encuentran variedades silvestres, y consti- tuye uno de los cultivos más antiguos de la humanidad. Egipto fue un gran productor de trigo y es allí donde se documenta la primera y rudimentaria fabricación de pan con levadura.
También es allí donde algo parecido a la cerveza comenzó a ser elaborado e ingeri- do en grandes cantidades. Los judíos se marcharon de Egipto Ilevando consigo ma- sa de pan y en su camino por el desierto debieron cocerla sin fermentar. En recuer- do de ese hecho, la Ley Mosaica mantuvo ese precepto. Los griegos consideraban a una de las figuras principales de su Parte- nón, la maternal Deméter, como la diosa de los cereales, en especial del trigo, y se- cundariamente de la cebada y de otros
productos de la siembra y la cosecha. Un héroe civilizador, Triptolemo, fue quien re- cibió de la diosa una espiga de trigo y en- señó a los hombres los secretos de su cul- tivo. Sea como sea, la industria del pan se desarrolló extraordinariamente en Grecia, donde se fabricaban hasta 72 tipos distin- tos de este producto.
Los romanos continuaron, e incluso am- pliaron, ese gusto por el pan. EI poeta satí- rico Juvenal afirmó que Roma se goberna- ba a base de pan y circo, pues ese pro- ducto constituía la base de la paz social del Imperio.
Una curiosa peculiaridad romana era la costumbre de preparar unas finas tortas de pan que se utilizaban para apoyar las carnes que comían los patricios. Esas tor- tas, impregnadas de los jugos de la carne y acompañadas con cebolla y otras verdu- ras constituían un alimento habitual de los esclavos y suponen el origen directo de las hoy famosas pizzas.
Las pastas, elaboradas esencialmente con trigo duro, parecen ser de origen chi- no y debieron ser introducidas en el ámbi- to mediterráneo por los árabes, quienes las trajeron de Persia. Fueron también los
árabes los que extendieron el cultivo del arroz en la cuenca mediterránea, aunque parece ser que ya había sido traído a este área por los soldados de Alejandro Magno.
EI caso es que este cereal, sumamente ap- to para ser cultivado en las tierras bajas anegadas, se convirtió en un elemento cla- ve de varias cocinas de la zona. Muy pron- to se asentó en el Levante español y en Andalucía y en el siglo XV se fecha su in- troducción en Italia.
UTILIZACIÓN DE LOS CEREALES
Tradicionalmente los cereales se han empleado en la cultura mediterránea con tres finalidades principales:
- Alimentación humana.
- Elaboración de bebidas alcohólicas.
- Pienso del ganado.
Habida cuenta de las hambrunas que se sucedieron en tiempos prehistóricos, en la Edad Antigua y en la Edad Media (ham- brunas que han Ilegado hasta nuestros dí- as), se comprende que la primera de las b
^istribución y Consumo ^5 FEBRERO-MARZO 2000