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27 SEMANARIO PIN TO RESCO ESPAÑOL. 209

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SEMANARIO PIN TO R ESC O ESPAÑOL. 209

C A R LO S LU IS M A R IA D E BORBON.

os números lince que presentamos á nuestros lectores el retrato de Don Cárlos, acompañado de algunas no ticias biográficas, y desde luego con- cebimosla idea de presentarles lam- bien el de su hijo, conocido última mente por el Conde de Montemolin. Habiéndonos hecho de un retrato exactísimo y de algunas cor tas noticias, lo presentamos hoy, creyendo que agradará á nuestros numerosos suscritorcs, sin que esto, que solamenle lo hacemos como simples his­

toriadores, dé márjen á infundadas ideas, lejos de las cuales, principalm ente, estamos y estaremos siempre.

Oírlos Luis María de Borbon nació en Madrid el 31 de Enero de 1818, 6 los diez y seis meses del casamiento de su padre con la hija del rey de Portugal, Doña Maria Francisca de Brogonza. Las continuas revueltas de España, hicieron que los pri meros años del infante se consagrasen solo á aque­

llos estudios que aun en tiempo de paz.se conceden cuando mas á los hijos de los indolentes pótenla dos: en las matemáticas fue donde mas se dislin uió, descubriéndose desde luego en él un talento espejado y nada común.

El 16 de Marzo de 1833, como ya hemosdi-

A » 0 X .— 6 DE J l 'L 1 0 DE 1845.

eho, salió toda la familia de D. Cárlos para acom­

pañaren su destierro á la Princesa de Beira v demas comitiva, siguiéndole en consecuencia Cárfos Luis.

Partieron, pues, é Portugal, donde permanecieron hasta que de resultas de haber tomado el lio de nuestra reina la iniciativa en los asuntos políticos, desunes de haberles cojido un depósito que tenían en Vilariño de 150,000 cartuchos, 40 barriles de pólvora, 2 de piedras de chispo, 1 cajón de balas de cañón, 2. id. de fusil, 80 pantalones pardos y 19 piezas de paño, tuvieron que retirarse á Lón- dres. Antes, y lo que obligó a la familia de D. Cér- los á esta retirada, fueron los continuos descala­

bros que su impremeditación le acarreó.— El 15 de Abril de 1834, el entonces brigadier Sanjuaneua entró en la Guarda persiguiendo al Pretendiente, el cual había salido el mismo dia paro Caslello- Branco. De resultas de esto, se le cojieron 3 coches, 3 carros matos, 2 imprentas, gran porción de cor­

respondencia, y todo su equipaje y el del Obispo de León. El dia 26 de Mayo capitularon en el monte de Evora D. Miguel y D. Cárlos, embarcán­

dose el primero el 2 de junio eu la fragata inglesa de guerra Slag, para Italia, y el segundo el mismo dia eu el navio Dnnegal para Inglaterra con la prin­

cesa de Beira v su familia: salió el Donegal a las doce y media del dia 3, llegando á Pliuioulh el 13.

— E l" 4 de Setiembre del mismo año quedó sia 27

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210 SEMANARIO PIN TO RESCO ESPAÑO L.

madre Cirios Luis, la cual murió en Alversloke.

D. Cirios decidido á seguir su causa, pasó á lo­

mar el mando de sus ejércitos, permaneciendo su hijo Cirios con la familia y el infante D. Sebastian en Soburgo, hasta que en 1836 pasaron los dos i unirse al Pretendiente.

Querer buscar desde esta época en el apellida­

do Principe de Asturias grandes hechos de armas, es in ú til, pues hemos oido decir repelidas veces i sus mismos defensores, que aun cuando tiene dotes Eara m ilitar, no es esta la principal carrera á que

a sido llamado i este mundo.

Cuando, de resultas del convenio de Vergara, tuvo que pasar i Francia su familia, Cirios Luis siguió su suerte como uno de los mas iuleresados por la causa que tanta sangre habia hecho derra­

mar. Desde entonces se dedicó al cultivo de las ciencias, y á fuer de imparciales no podemos re cusar la opinión unánime de lodos los que lo han visto, y que convienen en que es uno de los Bor­

lones de talento mas despejado. Su estatura di

cen es de unos cinco pies y cuatro pulgadas, y su cuerpo mas delgado que grueso. A caballo se afir­

ma que es gallardo y arrogante. Ha aprendido con esmero su lengua nativa, el lalin, el francés, el inglés, el italiano, y algo del aleman, añadiéndo­

se á esto algunas nociones de historia, geografía, retórica é historia natural, la cual ha estudiado con Mr. Denarp. Ultim am ente, parece que toca el piano con baslnnle maestría y destreza.

Ni queremos, ni podemos, ni debemos decir mas acerca de este personaje ó quien se nos afir­

ma han visto muchos rogar en la catedral de Bour- ges por la tranquilidad de nuestro desgraciado suelo.

Ultimamente, podemos afirmar ó nuestros lec­

tores, que el retrato que encabeza estas lineas, es lo mas exacto que puede hacerse, según el pare­

cer de personas que lo han visto, y que han te n i­

do ocasión de ver últimamente á Curios Luis M a­

rín, de üorbon.

Ramón de Valladares y Saayedra.

(Citedril de Bourgc».)

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SEMANARIO PINTORESCO ESPAÑOL.

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¡frente, y que proporciona muchas veces espectácu­

lo s nada agradables. El teatro es inmundo, y casi siempre está cerrado. La altaaristocrácia se compo­

ne de alguno; mayorazgos, que ostentan hasta el mas alto grado los timbres de su nobleza, adquiri­

da de Pelayo. Los comerciantes y alguno que otro empleado, componen la clase media.

Tal es el cuadro del pueblo que, gracias al señor doctor, me había sido destinado por la mala salud de mi madre, que. no pndiendo resistir las terribles encontraba perfectamente , aunque " consecuencias del calor de la córte, iba en busca de mi libertad como hijo de familia, no caminaba todas ; un clima que fuese mas conforme con la enfermedad rdo con mis ideas. El año 1841 que, hacia dos años, no la dejaba un rato d e so ­

siego.

| El primer mes se pasó con una monotonía que hubiera sido insufrible, á no estar preparado de antem ano, y merced á la invariable determinación

C O STU M B R E S A STURIA N AS.

CNA ROMERIA.

ejando á un lado exhordiosy pesade­

c e s , inútiles del lodo y únicas para I fastidiar al lec to r, voy sin rodeos á

mi objeto principal.

Residía en la córte, donde me

las veces de acuerdo con mis ideas. El año 1811 empezaba ya Kcainur á querer hacer de las suyas,

y yo lo mismo que todo aquel que uo esté en coin- 5lela armonía con ese señor, cuando sube á los

3s. 0, empezaba á prepararme para tratar de ha­

cerle alguna resistencia, y uo rendirme á discreción que bahía lomado, de estar á todo lo que viniese, y bajo su poderoso influjo. Estaba ocupado en esto,! sacar partido de todo lo que pasase. El segundo no

¡quiso dejar mal al primero. Gijon estaba tranquilo cuando un dia sentado á la mesa con mis padres

oí no sin admiración, que en virtud de una médica órden, de allí á 8 dias saldríamos para Asturias, á ver si mejoraba la salud de mi madre. Para probar

é invariable. Así «ten paciencia y do

verás lo bueno.»

! El mismo Job se hubiera admirado ol ver la resig­

nación con que esperaba ulguna novedad, cualquiera cuanto me sorprendió semejante disposición, bosta- une fuese, viniese á interrum pir la magnífica y euvi- rá que presente el resultado de la comparación que diable calma con que pasan la vida los gijonesc«.que presente el resultado de la comparación que hice al momento. ¿Salir de Madrid? Imposible... y

¿ dónde me llevan?., á Asturias... Para un cortesa- Hito que frecuenta el Circo , el Prado y los toros, Asturias es un país casi selvático. Consolarme era imposible; pero no habin remedio. Con bastante dolor vi que pasaron los ocho dias filiales, y que en cerrado quieras que no quieras en una de las gene­

rales, al cabo de cinco dias y medio, subiendo y bajando cuestas, atravesando puertos y mas puer­

tos, me encontré... fatalidad, repito, para un m adri­

leño, en la villa de Gijon, condenado 6 pasar en ella los tres meses de verano.

De esta parte de España solo tenia noticia por el mapa y algunas espiraciones del atlas; sabia, sí, que era pnis montañoso, y que á pesar de su cele­

bridad histórica, sus costumbres no estaban muy adelantadas. Tampoco me era desconocido el ca rà d e r sòbrio, al mismo tiempo que intrépido, de que mas de una vez han dado muestras los astu ­ rianos.

Con estos precedentes, y dispuesto á sacar el partido posible en mi desgracia , me presenté en Gijon.

Es este un pueblo que constituye casi lo mejor

gijoneses.

Llegó iior íln julio. Sus disposiciones corteses bécia los forasteros ine agradaron en eslrem o, por que, como buen uindrileño, me gusta la geute Una

¡y obsequiosa. Era la víspera de nuestra señora del

| Cárm en, dia 15. Dieron las doce, sin necesidad de

¡ preguntar en que reló, porque no hay mas que uno

¡ colocado en una torre, digna de veneración por ha­

ber sido castillo de Miinuza. Una infinidad de cohe­

tes disparados en todas direcciones; la armonía de una gaila, acompañada de su correspondiente tam ­ bor, y precedida de su indispensable turba de chi­

quillos, todo vino á anunciar que al dia siguiente tendríamos Un a Ro m e r í a.

Acababa de salir el so l, y ya me encontraba camiuando hácin Somió. La mañana era hermosa;

la brisa del mar apacible y el cielo despejado. Allá en el horizonte, un buque caminaba á toda vela , la distancia era grande y apenas se percibía: un poco mas lejos, un vapor, con mucha velocidad cruzaba hacia el oeste, dejando tras de sí una gruesa colum­

na de bunio que á poco tiempo se confundía con las nubes. Inmediatas al cabo de san Lorenzo se veían una porción de lanchas de pescadores, que meciéndo­

se dulcemente sobre lasólas,les permitían ocuparse de la provincia. El caserío, aunque pequeño, es de: sin peligro en su azaroso oficio.

mucho gusto, especialmente en la parle que llaman

Bnjo-rilia: las calles son anchas y bastante aseadas; ¡¡cuadro de una perspeliva casi igual los paseos principales están reducidos á dos. El

Volví la vista, y tuve ocasión de contemplar otro á la anterior.

Debajo de una cadena de montañas bastante pro- muelle, estrecho y atrozmente incómodo, por el:^nogada, había esparcidas aquí y aili, sin órden de poco órden que se observa á consecuencia de su'¡ninguna clase, las casas de los labradores, campos estrechez, y la intercalación de la clase baja del sumamente frondosos y magnificas arboledas, l'or pueblo (en particular cigarreras) con lo mas distin­

guido de la sociedad gijonesa. El o tro , conocido con el nombre de Campo Valdés, sería bastante pa­

sadero si uo fuese la iglesia parroquial que .está eu-

olro lado, grupos de personas que se dirijian, unas á donde era la fnneion, y otras ni pueblo. Todo presentaba un conjunto digno de observarse, y yo uiisuiu aseguro que «i Riese mas amigo de admirar

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SEM ANARIO PIN TO R ESC O ESPAÑO L.

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la naturaleza, esta hubiese sido una de las oca­

siones mas propicias.

Al cabo de media hora llegué por fin al lu ­ gar destinado. Mi primera ocupación fue buscar una casa donde hospedarme aquel din. Llamé á un chiquillo, le indiqué mis deseos, y me condujo á una en donde aseguró me tratarían bien. La fa chada prometía poco, pero el interior menos. Solo había dos piezas: la primera servia de cocina, sala y gabinete; las paredes no tenían color fijo; pero el que sobresalía mas era un negro sumamente mu gricnlo, una masera, una ferrada, una caldera y un banco, componían todo su ajuar. La segunda, de cuatro pies de ancho, separada de la anterior por unos cuantos tablones, servia de dormitorio á los que vivían aquella, que mejor que casa se podía llamar choza, aun haciéndole favor.

La mañana se pasó sin la mayor novedad; me can sé de correr, y por último volví á ver si lomaba al gun refrigerio para poder espera'r á que llegase la lar de y constituirme en mi papel de espectador, ob­

servando con cuidado lo que sucediese de mas n o ­ table cuando la romería estuviese cu su apogeo , y con el firme propósito de trasmitirlo íntegro a mis lectores

Una plazoleta rodeada de árboles: enfrente una casa bastante grande, con balcones llenos de gente;

á los lados casitas pequeñas de aldeanos; una de ellas está sumamente concurrida: encima de la puer

ta, un ramo de laurel anuncia á los que lo saben que en aquel sitio se vende tidra. Se ven allí los jóvenes mas decentes de Gijon, que alternan con el mas mísero artesano, sin escrúpulo de ninguna cía se: tal vez desempeñaban una comisión demasiado

agradable, que les hacia olvidar el feo de su papel, y que al din siguiente ellos mismos repugnan: pero la ley de una bella es muy sagrada ley.

Me separé un poco de este sitio, y me hallé en un campo bastante espacioso. Se velan en él una porción de grupos entretenidos en diversiones mas ó menos alegres: unoseomian, otros bailaban, otros en fin, se egercitaban en juegos propios del si lio en que se encontraban. Me acerqué á los pri meros, y vi que ó las tajadas de jamón y vasos de sidra acompañaban frases sumamente acaloradas, pronunciadas algunas con el mas vivo entusiasmo.

Kstube quieto un momento; los examiné con cuida do y... tuve lástima de ellos. Hablaban de política.

Enemigo acérrimo de esta señora, particularmente en estos tiempos en que se vé la pobre manoseada hasta por el mas ínfimo periodista, eché á correr a toda prisa hacia los que componían el segundo grupo.

Unas doce personas, entre hombres y mngeres cogidas de las manos, formando todas un circulo, -bailaban la giraldilla. Es esta una danza alegre y bastante adecuada al carácter gijonés. En ella, la ucasiou brinda 6 los amantes mas tímidos á hacer sus declaraciones á las bellas por quien suspiran, sin le- uiordc que las mamás,pormuy alerta quccslén, pue­

dan sospechar la cosa masmínima. Estaba ya cerca del tercero cuando.. joli casual sorpresa!., descubro, no á mucha distancia, él apoyado en un palo, y ella dan­

do remate 6 un vaso de sidra. El es un asturiano de veinte años, y ella una ídem de diez y nueve. Ves­

tía él un chaleco de bayeta encarnada con botones de plata: calzoncillos de paño pardo con la misma clase de bqloucs, su montera con el pico doblado, y su chaqueta terciada sobre el hombre izquierdo.

Ella tenia pañuelo blanco á la cabeza, el cuello rodeado de corales, corpino encarnado , dengue de bayeta negra, vestido corlo de estameña y zapato ajustado. Los dos estaban quietos; de cuando en cuando cambiaban alguna mirada y bajaban la c a ­ beza. No hubiera sabido qué era lo que liacian , si al cabo de un buen ruto no hubiese oido el dialo- güilo siguiente.

—J u a n , non fagas eso; ye comprometerle y non sacar naa en provecliu; non quier mió padre y aunque el señor cura y lo dijese, non lo lograrías.

—Eso ye, María; ¿paresle á tí que soy yo tan Imrrii que me deje soplantar por ulru, y vea casar­

le á ti sin dui antes una liona paliza? Aunque to padre se pusiese dclantre. Non; hoy á haber palos;

ansí como ansí, si uou los hobicru non valdría naa la romería.

—Juan, nonio fagas; deija rodar el mundo: ¿có­

mo lia de ser?

— Naa, Mario, ya lo verás; déijnuic facer.

Aquí concluyó la conversación; se puede juzgar desde luego lo divertida que era.

Se acercaba la noche, y la plazoleta que lie des­

crito antes, estaba llena de gente. El bullicio y la ani- mucioirreinabou por todas parles: las mesas de dul­

ces y los puestos de frutas estaban circundados de muchachos que iban ú proveerse de lo necesario pa­

ra llevar los perdones á sus familias, para que dis­

frutasen al ¿lia siguiente, de los restos de la ro ­ mería.

El tambor y la gaita estaban en todo su furor, y con sus souidos armoniosos entusiasmaban basta mas no poder á los bailarines. Lo que mas se nota­

ba era un corro inmenso de aldeanos y aldeanas que , imperturbables siempre , se movían apenas ol monótono y pesado compás de las canciones de la danzo prima. Imposible parece, a no verlo uno mis­

mo , que baya persouas que se entreguen á es­

ta clase de diversión, que bajo lodos conceptos es atroz é insufrible. Solo la calma de los asturianos puede resistir el estarse las horas euleras dando vueltas y mas vueltas.

| De repente y sin saber el por qué-, desaparece la calma y tranquilidad que había habido basta en­

tonces: lodo es confusión y gritería... No podía acertar la causa de semejante alboroto: arrastrado por la gente, me vf á poco ralo a gran dislaneia del sitio que, hacia poco, ocupaba, l'ero he aquí que en este momento llega á m iso idos una sola palabra que bastó para hacerme adivinar el origen del bullicio, Juan, el asturiauo de veinte años, había cumplid»

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SEMANARIO PIN TO R ESC O ESPAÑOL. 2 l3 su palabra. Se presentó en la danza . desafió A su i í-

val, los amigos lomaron parte y empezó la quime­

ra.— Una hora después, la romería se había con­

cluido, y Somió estaba desierto.

Magnífica estuvo la función; pero, lo confieso

^aceptó por consejo del padre Mata. El siguiente año le recibió Sevilla por su maestro mayor, y des­

pués por su jurado. Cuan acertada baya sido esta

¡elección, dirán las obras que apreciaremos. Antes de esto, por trazas suyas se hicieron muchas obras con sinceridad, quedé completamente satisfecho, y grandes, el retablo de Llereua, de Azuaga, de vi con mucha alegría acercarse el din de volverme, Constantino. de Cazalla . y el de M oron; el de los A Madrid. Asi que enlró en la córte fui á ver núes

tro módico, y le rogué con mucho encarecimiento que de ningún modo nos enviase A Asturias, si te

niamos que volver á salir este año.

José Ca n g a Ar g ce l i.e s x Vj l l a l b a.

E L ALBUM DE FRA NCISCO PA C H EC O (I)

tv.

E l J u r a d o J u a n d e O v ie d o .

n nuestros anteriores artículos, dimos

Vizcaínos en san Francisco, y otros muchos. El in ­ signe templo de la Merced, y el de las monjas de la Asumpeíon de esta orden . el de san Benito , y san Leandro, y muchas casas suyas y agenas, y se.

lisiadamente dos famosos túm ulos, el de Filipo segundo y reina M argarita, por oposición: siendo el del rey obra la mas grandiosa de España (1). Eu entrando á servir á la ciudad, reparó los husillos con que se desagua, sin que entre la del rio , y ce saron las invenciones antiguas. Hizo de nuevo e|

¡peladero del ganado de cerda: y en los corredores- sobre el apeadero del cabildo, y un reparo conside­

rable al suelo del corredor que amenazaba ruina:

y estándose midiendo el ras/ro por falla de cimien­

tos, sin derribarlo lo reparó. Y caida una nave de las carnicerías, y los arcos sueltos, los reparó y c u ­ brió: hizo dos portadas de piedra. Hallando undido el cañón principal en el nacimiento de I' agua de la ya noticia á nuestros lectores de los ¡fuente del Arzobispo, padeciendo la ciudad mucha elogios de León, Mal-un y Mexia. falto «lc ella, dió Irnzn como «e remediusc , bajando veamos ahora lo que nos refiere Pa |„ cafipria CI1 hombros de sus esclavos, y con me- checo aceren de la vida del Jurado nos c¡ün ducados ahorró á la ciudad mas de seis Juan de Oviedo. I m¡| y en, jug cnft0s do Carmona en tiempo de

«Solo juzgo (diccSalustio) que vive y goza de su avenida, cayéndose mas- de cien varas de atageo.

alma aquel que pretende ganar fama con cualquiera en dos noches y un dia metió I' agua en la ciudad buena arle ó hecho señalado. Lo cual se verifica A su costa, y esto le sucedió tres veces. Y el año- singularmente, en uno de los mas provechosos 1616, viendo en Alcalá los hurtos quebncinn-á 1'agua hombres á su república, de cuantos habernos cono de Sevilla, cou mucho riesgo de su persona entró mas cido en nuestra edad, que fue el Jurado Juan de de cuatro picas debajo de tierra, é hizo los reparos Oviedo, el cual por sus honrados pensamientos, se

levantó á ser el primero de su linage. Fue hijo de Juan de Oviedo, que del lugar de Jijón, en el prirr- cipado de Asturias, vino á la ciudad de Avila, y de allí A esta en compañía de Baplista Vázquez, donde nació el sugeto presente en 21 de mayo de 1565.

Comenzó en su juventud A ser discípulo en la escul tura y arquitectura de su lio Miguel Adam, si bien adelante estudió la política y m ilitar, y las mate­

máticas con grandes maestros, aprovechándose m u­

cho de la manera de trazar de Gerónimo Fernandez

convenientes, gastando doce dias sin venir A su ca­

sa. Guareció nsimismo esta ciudad por tres veces,- en la» grandes avenidas, para que lio se anegase,, con notable riesgo de su persona y esclavos.

Por su órden se hizo el Matadero dcsla ciudad que es de 300 pies de largo, de bóveda de uu ca­

ñón, y le metió agua de pie. En su tiempo se h¡ - cieron dos coliseos, uno de m adera, y el que aho­

ra sirve, de mármoles y albañileria , cosa grandio­

sa (2). Socorrió con su persona y criados muchos- incendios , en especial el de la Contratación y de La primera ocasión de servir A su Magestad fue sau Barnardo, donde entraba el fuego al almacén cuando Draque vino A Cádiz, año 1586, llevando en

SU compañía 22 maucebos é su costa, de los mas Todos nuestros lectores tienen sin duda noticia de este valientes de Sevilla donde psIiivo 18 diis v volvió Prec,.os? monumento, del que dice un antiguo historiador, que vállenles UC a o v i l l a , uonue esltno I B mas V io n io e r a d t l a t m a t p i r e g n n a t m a q u i n a l de túmulo q u e h u m a n o »

Con licencia del duque de Medina. Fue maestro o jo s h a n a lc a n z a d o a v e r . H a llá b a s e a d o rn a d o d e m ag n ific as e s -

mayor de la provincia de León, con t í t u l o d e l liceu-l t a 'u a s d c l c e le b ra d o e s c u lto r J u a n M a rtín e z M o n ta ñ é s y d e G as-

ciado Pedro do V illar», del habito de Saetías« ,

V i s i t a d o r d ti l o s h o s p i t a l e s d e Sevilla, y d e SUS p o s e -1 <l<j lo s n ía s b r illa n te s . A e s te tú m u lo c o m p u s o la m in e n u u c sln x S Í o n e s y su p r o v e e d o r . En e s t e t i e m p o ( d e s p u é s «lc C e rv a n te s a q u e l c c le b ra d ísim o so n e to q u e e m p ie z a ;

haber s a l i d o con » familia lo ro , « d o 1600) lc Idao.l

merced el consejo supremo de la inquisictou d e i e l cusí f u e ta n d e su a g r a d o , q u e lc lla m ó en su Yiitjrá ti' hacerle secretario de la ciudad de Lima, lo cual no ;#,<,r" aí?> *°*ro principa/ de «»> estritoi

(L) Véanse los números del lomo anterior, y el 5 de este. | | (2) No d i s t e n ’ b o j n in g u n o d e e s to s d o s te a tr o s , d e los

< q u e ta m p o c o q u e d a m a s n o tic ia q u e la q u e a q u í d i P ach eco ,

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214 SEMANARIO PIN T O R E SC O ESPAÑOL.

de la pólvora, y rompiendo con una kacba las puertas, salió abrazado con un barril de pólvora, y evitó que se volase aquel barrio, y la iglesia que estaba junto. Socorrió el fuego grande de san Tel- nio, y la casa de Carpió, escribano público, en que se quebró un pió, y otros fuegos menores. Ahorró á Sevilla lodos los veedores que ponia en sus obras.

P or suórden se hizo el reparo del Almenilla, ase­

gurando á esta ciudad, encaminando la agua al hospital de la sangre , y haciéndole madre nueva,

■cosa de grande utilidad. Sirvió en el desempeño, en tiempo de Juan de Gamboa, y en lodo lo que se ha

■dicho, 17 años de maestro mayor ó Sevilla, con mucho amor y lealtad, como á su querida patria (que le pagó con no quitarte el salario) dejando por ella todos sus acrecentamientos, y ahorrándole mas de 38,000 ducados, y á S. M. mas de otros 40.000, runiendo en defensa la costa de Andalucía, y aca ando cuarenta torres que había 30 años que esta han comenzadas (1), con mucho riesgo de ser can tivo tres veces, y el dia de san Lorenzo del año 1613 temerariamente rindió trece moros que salieron ó tierra en Cádiz, junto á la torre de Hércules, con solos tres peones desarmados, saliendo a caballo con lanza, pistola, y cuera de ante, espada y doga,

Í los maniató á vista del general don Luis Pajar o, y don Manuel de Venavides, castellano de Santa Catalina que le habían enviado á reconocer.

Fue al socorro de la Mnmnrn año 1614, llama do por tres carias del rey Filipo IV , y llevando ocho soldados sirvió en la guerra y fortificación de los dos fuertes, cnsi seis meses é su costa. Hiciéron se por su traza otras dos fuerzas del Puntal y Ma- tagorda en la isla de Cádiz y Puerto R eal. para guarda de las armadas. En este año de 1617, le hi zo merced S. M. del hábito de Montesa (habiendo visitado el año antes las torres y muelle de Málaga con 600 ducados de renta en cada año) con que dig ñámenle honró su persona, sus nobles artes, y ale gró sus amigos, de quienes fue muy querido y esti mado mientras vivió, y sienten hoy su falla.

Ultimamente para glorioso remate de su valor y virtud, y para lograr el fruto de lo bien que habia corrido, en servicio de su patria y de su r e y , y en el temor de Dios y guarda de su santa ley, le llevó el señor á la conquista del Brasil, donde estando ordenando con qué ofender ó los enemigos (como ingeniero mayor) y alentando á los demas soldados, le halló una bala de una pieza que le llevó la pier­

na derecha entera, desde el nacimiento del muslo, de que murió dentro de dos horas, con muestras de gran cristiano, en las manos del padre Gaspar de E scobar, de la Compañía de Jesús, cumplidos 60 años en el de 1623. con general sentimiento de todos, especialmente de dou Fadrique de Toledo, gran general español que se halló presente.»

Asi termina Pacheco el elogio de JuandeO vie 1

(1) ;Eb toóos lieiniios la mism* inruri»!

d o , del que no existen mas noticias hoy, que las que él nos ha suministrado.

Pocos mas retazos de este precioso manuscrito podremos ya ofrecer á el público, no obstante que Pacheco confiesa en su arle de la pintura 1. I ll, c. 8, que habia hecho de lápiz negro y rojo mas de cien retratos de hombres e m i n e n l n e n l o d a t f a c u l t a d el, y de los cuales hizo también su correspondieule elo­

gio ó biografía. Este album fue regalado por sil a u ­ tor á el conde-duque de Olivares, y de los borra­

dores se conserva con mucho cuidado en la Aca­

demia de la Historia, un cuaderno que regaló & dicha corporación el conde del Aguila, en cuyo archivo se halló.

Mucho ganaría nuestra historia biográfica con la adquisición del original de esta o b ra , pero ya que esto no sea, contentémonos al menos con po­

seer estos pocos retazos.

L. Vll.l-ASUEVA.

C RO N ICA D E M AD RID .

R a e o n e t p a r a q u e j a » . — E l T r a d o . — A p a r i e n c i a » . — K i c u r - e i o n e e . — E s c e n a » a m o r o i a i . — T e a t r o » . — B r u j a » y Duen­

d e i . — Má t i c a . — M o d a » .

olvieron los calurosos dias del verano con su encantadora alegría á reco r­

damos el deber que habíamos co n ­ traído con nuestras bellas lectoras de referirles cuaulo ocurriese en la reina de las Castillas, digno de llamar su atención. Repulidísimas y amables que­

jas hemos recibido diariamente por nuestro silen­

cio, verdaderamente criminal, y fallaríamos á nues­

tro deber si no protestásemos con nuestras razones de la inculpación que pesa sohre nosotros. Aun cuando los mejores instantes que pasamos son los que consagra nuestra pluma á la C r ó n ic a , h u r o n e a n ­ d o antes, por decirlo así, todas las historias de so ­ ciedad, todos los misterios de los teatros, toda la chismografía que forma la parle mas brillante y entretenida y animada del m u n d o c i v i l i z a d o , no siempre las columnas de un periódico, que escribe para tantos y tan variados objetos, puede consagrar­

se al esclusivisiuo de un partido, á pesar de ser es­

te el inmenso y poderoso y siempre adorable de las hermosas. Esta es una razón, otra es... ¿queréis saberla?., pues dirijíos, lectoras, ó la calle ancha de San Bernardo, y encontrareis en su fin un edificio que fue convento de novicios, y que hoy está colisa • grado i n p a r l i b u s al cultivo de las letras, y princi­

palmente á la carrera de la lejislacion: ese ediQcio nos llamaba diariamente ¿ su seno, y en estos últi-

(7)

SEM ANARIO PIN TO R ESC O ESPA Ñ O L. 215 mos días, precisamente los de nuestro e c lip se , hemos

tenido con una asiduidad y constancia verdadera­

mente h e r ó ic a en nosotros, que concurrir á él para dar á prueba nuestros conocimientos en la ciencia de C a v a lla r io . Esta es, pues, la contestación que da mos al manifiesto verbal que ha querido arrojar la tea del disgusto en nuestra alma, y creemos que será suficiente á acallar lodos los temores, todas las exijencias, mucho mas asegurando que en el porve nir no romperemos nuevamente la ley fundamental de nuestro periodismo forzoso-voluntario.

¡Cuán bello está el Prado en estos dias! ¡Cuánta profusión de lujo nos admira y nos encanta en las tardes de los dias no feriados! Eso sf, porque los dias festivos está insufrible, detestable tanto como las sociedades dramáticas cuando hay mucha con­

currencia.— La otra larde estallamos sentados en una silla de esas que rompen los trajes y martirizan el individuo, por la módica suma de ocho maravedí se s, cuando lomaron asiento junto 6 nosotros, dos lindas j a m o n a t , vestidas suntuosamente: desempol vamos las gafas y redoblamos nuestros esfuerzos para llamar la atención de nuestras bellas vecinas, pe ro advertimos que fijando la vista en un grupo de hombres que saludaban muy afectuosamente 6 las lin ­ das condesil as de O .. empezaron á publicar con has lanle pasión la biografía de uno de ellos: paramos entonces nuestra consideración, y reconocimos al que era objeto de tan minucioso exAmen. Oímos cosas estupendas, maravillosas, de esas que las mujeres sa hen solamente, y que solamente ellas saben referir:

al dia siguiente fuimos á ver al satirizado. Jiró la conversación sobre varios punios, hasta que vino ft recaer en la escena del Prado. Admirado quedó nuestro amigo al ver que tan á fondo sabíamos sus recónditos secretos, y ni decirle nosotros todo el su ceso, nos preguntó.

— Esa que asi hablaba no es a lta , gruesa, mo­

rena ?...

—Si.

— En el ojo derecho no tiene una nube pequeña, casi imperceptible?...

—Sí, sí; exactamente.

Una estrepitosa carcajada lanzó mi amigo, aña­

diendo últimamente.

— Pues no ha de saber mi historia! Ella es pre cisamente la heroína de todos esos dramas Irájicos, sangrientos. Hará dos años que vino á M adrid, es decir, la condujeron, y ha estado todo este tiempo en la... G a le r a para purgar tantos y tantos purga­

torios como ella ha hecho padecer. En vez de reir­

nos nosotros, reflexionamos que s i e m p r e e n g a ñ a n la s a p a r i e n c i a s , y que en el Prado nada puede de ¡ cirsc sin temor de quesea oido ó vaya á noticia del que no quisiéramos.

Las escursiones de verano de din en dia se van aumentando, y ya podemos decir que está huérfana la corle de esos altas y honorables jóvenes, que en sus aristocráticos salones hacen pasarlas horas de.

la. noche entre encantadores deleites. La condesa

de M. y la marquesa de P. disponen su viaje ó va­

rios pueblos, viniendo á recaer como de asiento en el Escorial, A donde se encontrarán con los se­

ñoras de G ., la amable viuda de V. y varias otras que no recordamos en este momento. Otras perso­

nas hay que se dirijen ó los baños, y no pocas á eludir los abrasadores rayos del sol entre las fres­

cas brisas y perfumado ambiente de las Andalucías;

Hablase mucho estos dias de los amores de cierta T e r p s ic o r e con una notabilidad esclusiva de nuestro suelo. En la historia que corre de boca en boca con sus correspondientes alteraciones, no fal­

ta otro a m an te, cuyo papel se ha repartido á un aventajado escritor, digno ñor todos conceptos del aprecio de los hombres y de... las mujeres. No->

solros ni lo creemos ni lo dejamos de creer, pero sí nos ha hecho mucha gracia la escena que se refiere, en la cual se despejó la incógnita, y que es á pro­

pósito y de un mérito indisputable para el final de un cuarto acto: otra escena se uos ha referido que vamos á consignar.

Hallábase la n o ta b i li d a d d ie s tr o oyendo á la n o ­ ta b ilid a d b a r í to n o (ttonconi) y en uno de los arreba­

tos músicos de este célebre cantante, prorumpió el primero en un furioso aplauso que duró mas de lo que dehia esperarse de tan opuesto profesor. Estaba á su lado un elegante, y admirado de tan e s t r a ñ a c o n ­

d u c t a , 1c interrogó humildemente.

—¿Por qué aplaude V. con tanto calor?

—Porqué? le contestó la notabilidad, porque es preciso que lo s a r t i s t a s nos protejamos unos A otros.

Contestación original y digna de un paisano nuestro.

De los teatros nada podemos decir, porque ninguna obra nueva nos han dado. En el Principe, estaba ensayándose un juguete andaluz, y se ha d e ­ jado para la próxima temporada. Los cómicos de Variedades han emigrado para buscar por esos pueblos el p a n n u e s t r o d e c a d a d i a , y en la C r u z ,

la brillante sociedad, la del Instituto, está dan­

do sus funciones semanales. El C ir c o siempre lo mismo, y no puede ser otra cosa estando ó su frente ei suntuoso y desprendido capitalista señor Salamanca. E ste, parece que ha dispensado su protección al teatro de la calle de la Luna, en el que volvemos á ver funciones Nos complace mucho esta determinación . porque Madrid esUu ba reclamando hace tiempo un teatro de segundo órden, compuesto de una empresa ilustrada y rica, y de unos actores siquiera medianos. Esta misma idea tenia concebida para el año cómico veuidero el señor Delgado, editor de la Galería Dramática, según n oshá dicho varias veces.

De publicaciones nuevas poco ó nada so dice, ó no ser la idea que ba concebido un apreciable edi­

tor, y que vá á realizar inmediatamente, de publi­

car una colección de tomos satíricos bajo el titulo de B r u j a s y D u e n d e s ,redactados por conocidos es­

critores.— En el ramo de música es digno de llamar la atención el almacén del señor Mascardo, don.-

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SEM ANARIO PIN T O R E SC O ESPA ÑO L.

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d e «e g ra b a a q u e lla p e r f e c ta m e n te , sie n d o n naj p ru e b a do e l l o , la F a n t a s i a d e n u e s tro am igo e l p ro fe s o r O u d r i d , y la c o le c c ió n d e c a n c io n e s que!

en el m ism o e sta b le c im ie n to se e s tá g ra b a n d o , y de q u e y a h a b la re m o s á n u e s tr a s le c to ra s.

I.a s m o d a s a u n no se lia n lijado, p o r la in c o n s ­ ta n c ia d e l tie m p o : c o n to d o , d a re m o s á n u e s tra s a m a b le s s u s c r ilo r a s u n a id ea d e lo q u e m as en lio I g a e s tá s o b r e e s te a s u n to .— L os g o rro s d e paja de a r r o z lian e m p ezad o á u s a rs e m u c h o , p o ste rg a n [ d o ó lo s d e p a ja d e I t a l i a : ta n to u n o s c o m o o tro s, van a d o rn a d o s d e flo res ó d e h o ja s d e a r c e . P a r a lia c e r o s te n ta r el d ib u jo en lo s c a la d o s, se fo rra n de ra s o lila ó a z u l, a d o rn á n d o lo s c n ló n c e s u n a m edia c o ro n a d e ro s a s y d e c le m á tila s.

L o s tr ä g e s tie n e n u n a h e c h u r a m u y sem illa:

lo s c u e rp o s so n lisos y la s m a n g a s , p o r lo q u e so deja c o n o c e r , se d e s te r r a r á n c o m p le ta m e n te este v e ra n o . E n la s m u s e lin a s de s e d a , lo s o rg a n d is y d e m a s te la s a é re a s se g u a rn e c e n d e b lo n d a s ó c in ta s f e s to n e á n d o s e , e n los d e m á s , las e s tr e m id a d e s .—

Los fra n ja s y lo s lleco s lian v u elto á la e sc e n a , po n ié n d o se en las faldas, m a n te le ta s y s o m b r e r o s : se u sa n m u c h o la s fa n tá s tic a s e c h a r p e s d e gasa ó de c re s p ó n p o r la ta r d e , y las m a n te le ta s p o r la ma ñ a ñ a : la s p r im e r a s son ta m b ié n d e e a c h c m ir riv a | liz a n d o c o n las n a p o lita n a s y las tu rc a s.

La m u se lin a d e la lu d ia e s la te la m as p r e f e ­ rid a en el e stío , y lo s fo n d o s c la ro s c o n ra m e a d o o sc u ro se g e n e ra liz a n m u c h o . P a ra tra g o s d e cam p o y d e c s c u r s io n c s .s e p re fie re el pelo d e c a b r a , 1 a m e n iz á n d o s e el e fe c to con a n c h o s y v a ria d o s a g re in a n e s. L os c o lo re s m as d e m oda son e l ro sa , h la n -i co y azu l c e le s te .

L as m o d a s d e h o m b re s c o n tin ú a n c a p ric h o s a s c u a l n u n c a . C n a n to m a s rid íc u lo sa lg a u n e le g a n te , m a s a c r e e d o r se lin ce á e s te e n v id ia b le e p íte to . Las tr a b illa s e s tá n y a a b o lid a s a u n p a ra la ta r d e y la n o c h e : lo m a s q u e se p e r m ite e s u n a c o r r e ila d e u n d e d o d e a n c h o q u e a ju s le j u n to al ta c ó n p e r o q u e deja c a m p e a r el p a n ta ló n d e c a m p a -, n a : el z a p a to b ajo d e c h a r o l e s m u y a d m itid o y e n ­ to n c e s la c o r r e ila se s u p r im e .— L os fra c s c o n tin ú a n a n c h o s d e fald ó n y m u y c o r t o s : los a zu les llevan b o to n d o ra d o liso. L as le v ita s la r g a s d e ta lle y b re v es d e fa ld o n e s, c o n c u e llo s y s o la p a s e s tre c h a s . Si g u e n en b o g a lo s c h a le c o s de s c h a ll y la s t u v i n n s , y p n lc lo ts d e v e ra n o o s c u ro s d e h e c h u r a d e le v ita y fe sto n e a d o s d e s e d a . Los ju u c n s so n y a d e pésim o g u s to , com o ig u a lm e n te lo s s o m b re ro s d e c a s to r li-¡

so s ó d e p e lo : los d e m c riu o c la ro vuelven a p re v a -j le c c r. P o r ú ltim o , la c a b e z a lia do e s ta r su m a m e n te r a p a d a .

Bamon de Va e l a d a r e s y Sa a v ed ra.

— E x is te n en S a h a ra p u e b lo s en q u e re in a n a u n c o s tu m b r e s p a tr ia r c a le s . C ita n se s ie te p o b la ­ c io n e s in m e d ia ta s las u s a s á las o tr a s , y h e r m o ­

se a d a s c o n o a isis en q u e se c ria n g ra n n ú m e ro d e p a lm e ra s y o tr o s á rb o le s : llá m a n se G h a rd a ic a , M e lik k a , B onn H o s r h a - B c r n i H isg h iie m . L lathoof.

B r e b ie in , L le g ra ra . E n e s ta e sp e c ie d e p a ra íso co lo cad o en el d e s ie rto s e e sc u c h a s ie m p re con r e s p e to á lo s a n c ia n o s: s u s p a la b ra s so n sa g ra d a s.

H ay en e llo s dos tr ib u n a le s e s ta b le c id o s : u n o d e sim p le p o lic ía , y el o tr o s u p e r io r . L os g o lp es y en p a r tic u la r la s b o f e ta d a s , son ju z g a d o s p o r tr e s l l u k e n s , q u e se g ú n la g ra v e d a d d e lo s h e ­ c h o s c o n d e n a n 6 u n a m u lta c u y o m íiiim iin e s u n boud jo u ( i re a le s;) r a r a vez sé a b ro g a n lo s H a - k e n s el d e re c h o d e d a r p alo s. E sto s n o d e b e n e s c e d e r ta m p o c o d e l n ú m e ro d e 8 0 , a u n q u e sean m a n d a d o s p o r el tr ib u n a l s u p r e m o , p o rq u e los h a b ita n te s d e e sa s c iu d a d e s d icen q u e e l K o ra n p ro h íb e m a y o r n ú m e ro .

Los n e g o c io s p u r a m e n te c iv ile s , la s p u ñ a la ­ d a s , c a so s d e m u e r te o c a sio n a d o s con m a lic ia , son ju z g a d o s p o r d o r e n o ta b le s q u e tie n e n su t r i ­ b u n a l c e r c a d e la m e z q u ita .

E sto s in d íg e n a s so n m u y h o s p ita la rio s . H ace a ñ o s q u e u n e u r o p e o , a r m e r o d e p ro fe s ió n , e n ­ tr ó en e s te p ais. l 'u c a m is to s a m e n te aco g id o en to d a s las a ld e a s q u e se lo d is p u ta b a n : a b ra z ó el m a b n m e la n is m o y tie n e m u g e r ó h ijo s y p ro p ie d a d es en B eni l l i s g b u e m , d o n d e le v e n e ra n en el día c o m o m é d ic o .

C éleb re c o rre s p o n d e n c ia e n tr e el D ean d e C u e n c a , y el C u rn d a la V illa d e P a re ja ; c o rre sp o n d e n c ia q u e o casio n ó u n p le ito , q u e lleg ó 6 la N u n c ia tu ra , y d e v e n g ó m as d e d os m il d u c a d o s e n las c o stas.

C a r l a d e l D e a n . Ifá n m c d ic h o , q u e e s tá n e n su p o d e r c in - o fa n e g a s de tr ig o , q u e son p a ra m i: e n ­ v íe m e la s lu e g o , q u e de no h a c e rlo a si, lo h a b r é á m a l.— D ios le g u a r d e — E l D ean d e C u e n c a .

C o n te s ta c ió n d e l C u r a . H á n le d ic h o b ie n e n h a ­ b e r le d i c h o , q u e e s tá n en m i p o d e r c in c o fa n e g a s d e tr ig o , q u e son p a r a él. E n v ié p o r e lla s c u a n d o q u is ie re , q u e s e rá b u en o , p o rq u e e l g o rg o jo no se vá n lo p e o r. A d v ie rta q u e no se m e da n a d a de é l. ni Iodos s u s e le s. y q u e o tr o s m e jo r e s q u e él m e h a ­ b la n d e V m d. D ios le g u a r d e — El C u ra d e P a re ja .

S e g u n d a c a r i a d e l P e a n . M u c h o b e h a b id o m e ­ n e s te r d e D ios, y d e p a c ie n c ia , p a ra s u f r ir su d e s ­ v e rg ü e n z a : llá m e la D ios d a d o p o r fa v o r g ra n d e : p e ro

¡no se fie de e lla , q u e e s c e r r il, y le d a r á u n p a r d e c o c e s.— D ios le g u a rd e . — E l D ean d e C u enca.

R e s p u e s t a d e l C u r a . N a d a b e h a b id o m e n e s te r d e D ios, ni d e p a c ie n c ia , c o n o c ie n d o s u ig n o ra n c ia , p a ra s u f r i r s u s d e sv e rg ü e n z a s . Y a sé, q u e un a sn o n o p u e d e d a r sin o u n a coz; p e ro g u á rd e s e d e m i b a stó n d e a c e b o , q u e á m a c h o le rd o a r r ie r o lo c o , D ios le g u a r d e __ E l C u ra d e P a re ja .

MADRID, 1819: IMPRENTA DE VICENTE DE LALAMA,

C u ü t d i l D u q u e d i A l b a , n . 1 3.

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