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Función reflexiva parental en padres y madres con vivencias de trauma infantil : representaciones sobre su hijo(a) y la experiencia de la parentalidad

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Academic year: 2020

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(1)Pontificia Universidad Católica de Chile Facultad de Ciencias Sociales Escuela de Psicología. Función Reflexiva Parental en padres y madres con vivencias de trauma infantil: representaciones sobre su hijo(a) y la experiencia de la parentalidad. GABRIELA PAZ IGLESIAS LETELIER Tesis presentada a la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, como requisito para optar al grado académico de Magíster en Psicología Clínica. Profesora Guía Marcia Olhaberry Profesoras Comité Claudia Cerfogli Mariela Carmona. Santiago, 15 de octubre de 2019. 1.

(2) Índice. Resumen……………………………………………………………………………….3 Introducción…………………………………………………………………………...5 Antecedentes………………………………………………………………………......7 Objetivos……………………………………………………………………………....14 Preguntas directrices…………………………………………………………………15 Metodología…………………………………………………………...........................16 Resultados……………………………………………………………………………..21 Discusión y Conclusiones……………………………………………………………..36 Referencias……………………………………………………………………………46 Anexos…………………………………………………………………………………54. 2.

(3) I.. RESUMEN En las últimas dos décadas, la investigación en torno a las prácticas parentales como variable involucrada en el desarrollo psicosocial de los hijos se ha centrado en conocer aquellos factores que facilitan el trato a los niños como agentes capaces de atribuir estados mentales para comprenderse y comprender a los demás (Ibáñez, 2013). En este contexto surge el concepto de Función Reflexiva Parental (FRP), que se refiere a la capacidad de los padres de reflexionar sobre la experiencia interna de su hijo, sobre sí mismo como padre y sobre la relación con el niño (Slade, 2005). La evidencia empírica es consistente en señalar la importancia de esta capacidad en los padres para el logro de un vínculo y desarrollo socioemocional positivo en las hijas/os (Fonagy et al., 1998; Fonagy & Target, 2005). Dentro de los factores que limitan un adecuado desarrollo de la FRP, se encuentra la vivencia en los padres de experiencias adversas y eventualmente traumáticas en su infancia (Ensink et al., 2014), debido a que, para afrontar tales vivencias, en la mayoría de los casos, se inhibe defensivamente la capacidad de mentalización, en lo que se ha descrito como una “retirada del mundo mental” (Fonagy & Target, 1996), en la que el individuo pierde contacto con su mente y la de los demás (Fonagy & Target, 2011), rechazando captar los pensamientos de sus figuras de apego de hacerles daño (Fonagy, 2000). El presente estudio tuvo como objetivo analizar las representaciones sobre la experiencia de la parentalidad desde la perspectiva de padres y madres con alta y baja FRP con experiencias adversas en su infancia. Se buscó, obtener información sobre aquellos sujetos que, habiendo vivido situaciones adversas traumáticas en su infancia, actualmente presentan una alta capacidad de FRP. Para cumplir con el objetivo propuesto, se utilizó una metodología cualitativa con un diseño descriptivo y analítico relacional. Como arranque muestral, se analizaron entrevistas de 2 padres y 2 madres con presencia de trauma en su infancia y alta FRP, y 2 padres y 2 madres con presencia de trauma en su infancia y baja FRP, todas/os con al menos un hijo/a entre 1 y 3 años de edad. La presencia de trauma en la infancia se evaluó mediante el Childhood Trauma Questionnaire (CTQ) y la FRP a través de una entrevista individual basada en la Parent Development Interview (PDI). Al mismo tiempo, se caracterizó a la muestra a partir de una ficha de antecedentes sociodemográficos.. 3.

(4) Los resultados obtenidos a partir del análisis de los relatos de padres y madres muestran en aquellos con alta FRP, una diferenciación de su familia de origen a nivel identitario, incluyendo un corte y distanciamiento, así como mejoras en el ejercicio de la parentalidad en relación a lo que vivido como hijos/as en sus familias de origen. .Describen a su hijo(a) en términos positivos y comentan tener una relación cercana, basada en la preocupación, el amor y la amistad, no utilizan la violencia como estrategia de regulación conductual y sienten culpa y remordimiento acerca en los escasos episodios en que la utilizaron. Experimentan la parentalidad como una posibilidad de superación de temas de su propia historia familiar; dan valor a la pareja y logran adaptarse a las necesidades de su hijo(a), manteniendo involucramiento afectivo al referirse a sus propias experiencias familiares infantiles y preocupación por que estas no se repitan en sus hijos/as. Los relatos de padres y madres con baja FRP, muestran que la construcción de identidad se encuentra fuertemente ligada a la idea de estar condicionadas/os por las experiencias con su familia de origen, mostrando dificultades para tomar distancia de los patrones familiares de abuso y negligencia, a pesar de su discurso actual de no querer repetir la historia . Muestran una baja diferenciación de sus familias de origen, sin embargo, buscan tomar distancia de la figura de su propio padre, en un intento de convertirse en una figura paterna “mejorada” para su hijo(a). Mantienen cercanía con la familia de origen, teniendo una apreciación ambivalente respecto de los abusos y maltrato sufridos en su infancia, llegando a justificarlos por sus características personales. Describen a sus hijos(as) y la relación establecida con él/ella en términos positivos y consideran que los golpes no son una herramienta educativa válida, sin embargo, refieren dificultades para no gritar o golpear a sus hijos/as como primera reacción frente a situaciones de desregulación emocional o conductual, no logrando algunos de ellos experimentar culpa. Los hallazgos de este estudio aportan información relevante sobre las características psicológicas de un grupo escasamente descrito en la literatura relacionada al concepto de FRP. Constituyen además un aporte a la comprensión de la relación entre adversidad temprana, función reflexiva y parentalidad, entregando elementos a considerar en la atención clínica de familias con niños/as pequeños y padres y madres con vivencias de trauma en su infancia.. 4.

(5) II.. INTRODUCCIÓN La relevancia de llevar a cabo investigaciones en la primera infancia se debe a que es considerada un periodo crítico del ciclo vital, en el que el ambiente y las experiencias interpersonales iniciales influirán en la evolución estructural y funcional del cerebro, en el desarrollo general y en la salud mental actual y futura del niño (Toth et. al, 2009; Schore, 2000; Sroufe, 1996). Dentro de los factores más relevantes que determinan el desarrollo en esta etapa se encuentra la calidad de los vínculos tempranos establecidos con las figuras de apego primario (Bowlby, 1969; Ainsworth y Bowlby, 1991; Cicchetti y Curtis, 2006; Tenorio de Aguilar, Santelices & Pérez, 2009). Un concepto que ha tomado fuerza en los últimos veinte años, y que está ligado a la calidad de las relaciones entre padres e hijos es el de Mentalización o Función Reflexiva (FR), que se refiere a la capacidad de tener conciencia sobre los estados mentales de sí mismo y de los otros, de considerar la influencia mutua entre los estados mentales y la conducta, y de considerar la perspectiva del desarrollo para entender los cambios en los estados mentales (Fonagy et al, 1998; Steele & Steele, 2008). La Función Reflexiva Parental (FRP) es la habilidad de mentalizar, relativa a la relación entre padres e hijos y es definida como la capacidad de los padres de reflexionar sobre la experiencia interna de su hijo, considerando que sus conductas tienen como base estados mentales, es decir, pensamientos, emociones, deseos, creencias e intenciones (Fonagy et al., 1998; Fonagy & Target, 2005). Implica utilizar esa información para anticipar y responder de manera sensible a las necesidades de su hijo. Así, se vincula con la transmisión intergeneracional y la calidad del apego parental e infantil, así como con el desarrollo de competencias sociales y regulación emocional de los hijos (Slade, 2005; Target & Fonagy, 1996). La capacidad del cuidador de contener la experiencia interna del niño no sólo es crucial para facilitar su proceso de desarrollo, al mismo tiempo, su ausencia es determinante para el surgimiento de varias formas de psicopatología, que van desde un inadecuado desarrollo socioemocional y desorganización en el apego en la infancia, hasta el desarrollo de trastornos de personalidad en la adultez (Slade, 2005). Dentro de los factores que limitan un adecuado desarrollo de la FRP, se encuentra la vivencia de trauma en la infancia (Ensink et al., 2014). En general, la capacidad de mentalización se ve debilitada en la mayoría de las personas que han experimentado algún trauma durante su niñez, teniendo dificultad en el reconocimiento sobre el modo en que funciona su propia mente y la de los demás (Fonagy & Target, 2011). Esto se explicaría por el terror que sentirían de pensar sobre el abuso y sobre las mentes de sus cuidadores, quienes, a veces, poseen intenciones dañinas o representaciones distorsionadas sobre ellos (Fonagy & Target, 2006; Allen, 2013). A su vez, los niños que viven relaciones de apego con padres 5.

(6) abusivos, utilizarían la disociación como mecanismo de defensa. Esto les facilita la restitución de la regulación y el funcionamiento adaptativo, compartimentando las memorias relacionadas al trauma, pero con el costo de inhibir el desarrollo de la capacidad de mentalización (Briere, 2002; Berthelot et al., 2012). Debido a que la parentalidad implica una reorganización de la identidad, en la que los progenitores se conectan con sus propias figuras parentales (Slade et al., 2009), aquellos niños que vivieron experiencias traumáticas reactivarían memorias de abuso y negligencia al convertirse ellos mismos en padres (Fraiberg et al., 1975), lo que los volvería vulnerables de repetir el ciclo del abuso con sus hijos. Fonagy (1993) plantea que es la ausencia de mentalización sobre las experiencias emocionalmente dolorosas de miedo e impotencia, lo que haría a los padres identificarse con el agresor en vez de responder a las necesidades de su hijo. A pesar de su relevancia y, en contraste con el creciente número de investigaciones sobre el impacto del abuso y la negligencia en el apego infantil, existe muy poca evidencia empírica sobre las implicancias a largo plazo de las vivencias traumáticas durante la infancia en el apego adulto y la FRP (Ensink et al., 2014). A su vez, dentro de ese reducido campo de investigación, existe escasa literatura que incluya representaciones de padres y madres que, habiendo vivido experiencias de trauma en su infancia, presenten altos niveles de FRP. Considerando los antecedentes descritos, se construyeron las siguientes preguntas de investigación: ¿Cómo son las representaciones que realizan sobre su hijo(a) y la experiencia de la parentalidad, aquellos padres y madres que, habiendo vivido experiencias potencialmente traumáticas durante su infancia, desarrollan una alta FRP? Y ¿Existen diferencias entre padres y madres? El objetivo general es analizar las representaciones sobre la experiencia de la parentalidad desde la perspectiva de padres y madres con alta y baja FRP que hayan vivido experiencias de trauma en su infancia. Para abordarlo, se propone una metodología cualitativa con un diseño descriptivo y analítico relacional. Como arranque muestral, se analizarán entrevistas de 2 padres y 2 madres con presencia de trauma en su infancia y alta FRP, y 2 padres y 2 madres con presencia de trauma en su infancia y baja FRP, que tengan al menos un hijo entre 1 y 3 años de edad. La presencia de trauma en la infancia se evaluará mediante un cuestionario de autorreporte y la FRP a través de una entrevista individual. Al mismo tiempo, se caracterizará a la muestra a partir de una ficha de antecedentes sociodemográficos. Los hallazgos de este estudio entregarán información sobre las características de un grupo hasta el momento escasamente descrito en la literatura relacionada al concepto de FRP. Esto permitirá aportar en la comprensión de este fenómeno, con posibles implicancias en la teoría y en la práctica clínica con población de padres y madres con vivencias de trauma en su infancia. 6.

(7) III.. ANTECEDENTES TEÓRICOS Y RELEVANCIA Función Reflexiva Parental En las últimas dos décadas, la investigación en torno a las prácticas parentales como variable involucrada en el ajuste psicosocial de los niños ha sufrido un cambio de foco, en el que se ha pasado de atender los aspectos normativos y disciplinarios de dichas prácticas a conocer aquellas que facilitan el trato a los niños como agentes capaces de atribuir estados mentales para comprenderse y comprender a los demás (Ibáñez, 2013). Sharp & Fonagy (2008), sostienen que este cambio está asociado con la necesidad de conocer en profundidad los mecanismos responsables de la transmisión intergeneracional del estilo seguro de apego, y se preguntándose por la participación de otros aspectos de la relación madre-niño, además de la sensibilidad materna, que expliquen este fenómeno. En este contexto surge el concepto de Función Reflexiva (FR) desarrollado por Fonagy y sus colegas, tomando elementos de la Teoría de la Mente de Baron-Cohen, y de la clínica psicoanalítica en trastornos psicosomáticos (Fonagy, Steele, Steele, Higgit & Moran, 1991; Ibáñez, 2013; Söderström & Skarderud, 2009). Se inserta, de esta forma, entre las teorías psicoanalíticas y de apego, así como en el pensamiento de las neurociencias cognitivas (Slade, 2007). La FR se refiere a la capacidad de interpretar el significado de las conductas de otros, considerando estados mentales e intenciones, así como la capacidad de entender el impacto de los propios afectos y conductas en otros (Fonagy et al, 1998; Steele & Steele, 2008). Significó un aporte en la comprensión de los mecanismos intrapsíquicos de la respuesta sensible, complementando el estudio del fenómeno hasta ese entonces centrado en su manifestación conductual (Marrone, 2001; Borelli et al., 2016). El concepto de Función Reflexiva Parental (FRP), es introducido formalmente por Arietta Slade (2005), y se refiere a la capacidad de los padres de reflexionar sobre la experiencia interna de su hijo, sobre sí mismo como padre y sobre la relación con el niño (Fonagy et al., 1998; Fonagy & Target, 2005; Slade, 2005). Es la capacidad para comprender y representar los estados mentales del hijo, de mantenerlo en mente y vincular la experiencia interna del niño con su conducta de forma adecuada (Slade, 2005). A pesar de que todos los seres humanos nacen con la habilidad de desarrollar la capacidad de mentalizar, las relaciones tempranas le otorgan la oportunidad al niño para aprender sobre los estados mentales, determinando la calidad y profundidad con la que el entorno social será procesado (Fonagy et al., 2002). La capacidad de la madre de sostener una representación de su hijo como teniendo emociones, deseos e intenciones, le permitirá al niño descubrir su propia experiencia interna mediante la representación que la. 7.

(8) madre hace de ésta. Esta re-presentación, toma lugar en las diferentes interacciones madre-hijo y en diferentes etapas del desarrollo del niño. Son las observaciones de la madre de los cambios en los estados mentales de su hijo y su representación de estos, primero en el gesto y la acción, y luego en palabras y en el juego, lo que le permitirá al niño desarrollar la capacidad de mentalizar por sí mismo (Slade, 2005). Dentro de los elementos centrales que conforman este concepto, se encuentra, en primer lugar, que la madre o el padre debe reconocer que los estados mentales son opacos, es decir, que no se pueden llegar a conocer por completo ni se pueden inferir con exactitud (Fonagy et al., 1998; Slade, 2007); en segundo lugar, la FRP debe estar contextualizada en la etapa del desarrollo del hijo, tomando en cuenta la perspectiva del ciclo vital para comprender los cambios en sus estados mentales (Slade, 2005); y por último, el padre o la madre debe reconocer que los estados mentales propios y del hijo se influyen mutuamente (Fonagy et al., 1998; Rosenblum, McDonough, Sameroff & Muzik, 2008). La FRP les permite a los niños desarrollar funciones inter e intrapersonales, como la construcción de representaciones de otros y de sí mismo, descubrir su experiencia mental interna y diferenciarla de la externa, el desarrollo de una base segura y la regulación del afecto (Benbassat & Priel, 2012; Slade, 2007). Además de proporcionar la base para el desarrollo socioemocional de los hijos, una alta capacidad de FRP se asocia a una adecuada sensibilidad en padres y al desarrollo de apego seguro en el niño (Wong, 2012). Sobre esto último, la evidencia da cuenta de que la FR materna sería un mediador entre el estilo del apego en el adulto y el estilo de apego del niño (Grienenberger et al., 2005). Específicamente, la capacidad de la madre de conocer e interesarse por la mente de su hijo, es el medio por el cual su propio estilo de apego influye en el desarrollo del sí mismo y el sentido de pertenencia y seguridad de su hijo (Ordway, Sadler, Dixon & Slade, 2014). Esto hace que la FRP tenga un rol central en la continuidad o interrupción de la transmisión intergeneracional del apego (Fonagy, Steele, Higgitt & Target, 1994). A pesar de la evidencia acerca del significativo rol del padre en el desarrollo infantil (Lamb & Lewis, 2004; Allen & Daly, 2007; Sarkadi, Kristiansson, Oberklaid, & Bremberg, 2008; Olhaberry & Santelices, 2013), las investigaciones sobre FRP se han centrado en la perspectiva diádica, específicamente en la relación madre-hijo, y en las características maternas que influyen en el desarrollo infantil, existiendo limitada literatura que aborde esta influencia desde la perspectiva paterna (Sharp, Fonagy & Goodyer, 2006). La escasa evidencia da cuenta que la FR del padre se relaciona con menores problemas de comportamiento, mayores niveles de competencia social y una expresión más coherente de sí mismo, de la familia y amigos, en la adolescencia (Aage, Lind & Munk, 2007; Steele & Steele, 2008; Benbassat & 8.

(9) Priel, 2012); así como con la calidad de la relación marital y la presencia de altos niveles de ansiedad en niños ante una baja FR paterna (Esbjorn, Pedersen, Daniel, Hald, Holm & Steele, 2013; Target & Fonagy, 1996).. Vivencias de trauma en la infancia y salud mental en adultos La palabra trauma tiene su origen en el griego antiguo y significa “herida física” (Brette, 2004). En el campo de la salud mental, no obstante, la palabra trauma hace alusión a un daño psicológico más que físico, y se refiere tanto al hecho traumático en sí mismo, como a las consecuencias negativas asociadas a éste (Løken & Reigstad, 2012). Para que una experiencia sea considerada traumática, debe ser lo suficientemente intensa como para hacer colapsar los mecanismos de defensa y quebrantar supuestos básicos que el individuo tiene de sí mismo y del mundo (Brette, 2004; Janoff-Bulman, 1992). A partir de las investigaciones de Freud y Breuer, a fines del siglo XIX, se produjo un punto de inflexión en la comprensión del rol del trauma en el desarrollo de patologías médicas y psiquiátricas (Breuer & Freud, 1895/1976; Felitti & Anda, 2010). Su trabajo marcó un hito en la comprensión de las enfermedades mentales como el resultado de historias de abuso vividos en la infancia (Anda & Walker, 2006). En la actualidad, investigaciones en las áreas de medicina, psicología y neurociencias, dan cuenta de que los eventos vividos durante los primeros años de vida, especialmente aquellas experiencias traumáticas de abuso o negligencia, tienen un profundo impacto en el sistema neurológico que regula el surgimiento de enfermedades médicas y psiquiátricas como cuadros depresivos, ansiosos y psicosomáticos, intentos de suicidio, abuso de sustancias, conductas sexuales de riesgo, y trastornos de personalidad (Florenzano et al., 2002; Vitriol et al., 2004). A su vez, aquellos individuos usualmente desarrollan problemas en sus relaciones interpersonales y de regulación emocional (Cloitre, Cohen, & Koenen, 2006). En términos psicológicos, es importante señalar que los hechos no son traumáticos en sí mismos, más bien algunos autores prefieren el concepto de “eventos potencialmente traumáticos” (Løken & Reigstad, 2012). De hecho, la mayoría de las personas que experimentan situaciones traumáticas no desarrollarían problemas de salud mental (Frueh et al, 2010). Si se generan o no problemas, dependerá tanto de algunas características del sujeto como del contexto en el que ocurra (van der Hart, Nijenhuis, & Steele, 2006). Entre las características que se asocian a un mayor potencial de trauma, se encuentra el grado de intención del victimario percibido por la víctima, y el nivel de costo emocional y psicológico relacionado al evento (Norris et al., 2002; Thomas, 2006; Erickson & Egeland, 2011); así como a factores como la gravedad y alta frecuencia de las experiencias (Stovall-McClough, 2008). 9.

(10) A su vez, los hechos traumáticos tendrían un efecto mayor cuando ocurren en la infancia, con efectos graves relacionados con la regulación emocional y las relaciones interpersonales (Cloitre et al., 2006). En particular, el mayor riesgo surge de aquellas experiencias de abuso, maltrato o negligencia que ocurren dentro de la familia y que tienen, en un 80% de los casos, a los propios cuidadores como perpetradores (van der Kolk, 2005). Esto último se explicaría por el factor de la calidad de la relación entre el perpetrador y la víctima (Løken & Reigstad, 2012), en la que, por tratarse de figuras parentales, las experiencias generarían una desorganización en el apego, afectando el desarrollo psicosocial del niño (Putnam, 2006). En cuanto al efecto que este tipo de vivencias tiene sobre la parentalidad, la literatura especializada da cuenta de que se trataría de un importante periodo vital que implicaría una transformación psíquica en el que volverían a aparecer temas no resueltos de la propia infancia, como, por ejemplo, experiencias de abuso o negligencia, que tendrían un efecto al momento de ser padres (Ensink et al., 2014). Específicamente en las madres, el embarazo implica una transformación psicológica, en la que tiene que reorganizar su identidad incluyendo su rol de cuidadora (Slade, 2009; Raphael-Leff, 2010; Ammaniti et al., 2013). Este proceso conectaría a las mujeres con su propia infancia, y reactivaría la representación de su propia madre (Slade et al., 2009). Todos estos elementos formarían parte de la construcción de la “constelación materna” (Stern, 1995), que, en casos de trauma, reactivaría aquellas memorias, interfiriendo con la capacidad de la madre de sintonizar con las necesidades su hijo (Ensink et al., 2014). Fraiberg et al. (1975) introdujeron la metáfora de “fantasmas en la habitación de los hijos” (Ghosts in the nursery), para referirse a estas experiencias no resueltas que irrumpen al momento de convertirse en padres. A su vez, estos investigadores intentaron describir la forma en que los padres transmiten transgeneracionalmente el maltrato infantil, repitiendo con sus hijos situaciones de sus propias experiencias de miedo y falta de ayuda en sus relaciones tempranas. Según Fraiberg (1980), la aparición de los fantasmas de los padres se debe a la represión de los afectos asociados a sus aterradoras memorias tempranas. La represión de estos afectos activaría patrones de crianza punitivos que representarían la identificación con el agresor, buscando protegerse de ataques externos. El abusado se transformaría en abusador, ya que el causar dolor a otros es usado como una protección para no sentirlo. Por otro lado, Lieberman et al. (2005) plantean que, si bien la ira de los padres frente a las necesidades de su hijo puede ser entendida desde el modelo planteado por Fraiberg, existirían padres que, habiendo vivido esa clase de experiencias durante su infancia, no repetirían el patrón maltratador con sus propios hijos. Para comprender este fenómeno, introducen la metáfora de “ángeles en la habitación de los hijos”. 10.

(11) (Angels in the nursery) planteando que las experiencias benevolentes vividas con alguna figura cuidadora en la infancia, actuarían como un factor protector contra la transmisión transgeneracional del trauma. Otros autores también han descrito a individuos que han sido capaces de romper con la denominado “ciclo del abuso intergeneracional” (Zalewski et al., 2013; Kaufman & Zigler 1987; Crittenden, 1992; Egeland et al., 1988; Barudy, 1998; Masten & Coatsworth, 1995) y, por consiguiente, son considerados como resilientes al maltrato físico y psicológico en la infancia, es decir, que lograron una buena adaptación en las tareas del desarrollo a pesar de su historia. Estudios con población chilena (Aracena et al., 2000) dan cuenta de ciertas variables que diferenciarían a los padres que maltratan y no maltratan físicamente a sus hijos y que tienen una historia de maltrato en la infancia, entre los que se encuentran tener mejores recursos internos, tales como un mayor nivel de autoestima y estabilidad emocional, el desarrollo de apego seguro en la infancia, mayor capacidad de elaborar el trauma generado por el maltrato y la capacidad para asignarle sentido a las experiencias de sufrimiento; un mejor control de impulsos de agresión y una mayor capacidad de empatía; y a nivel social, tendrían menos estresores ambientales, mayor apoyo emocional y una red de apoyo más numerosa y de mejor calidad. Estos factores coincidirían con la literatura internacional al respecto (Barudy, 1998; Herrenkohl. et. al.,. 1994;. Egeland. et. al.,. 1988).. Relación de las vivencias de trauma en la infancia y el desarrollo de la Función Reflexiva Parental. En cuanto al impacto de las vivencias de trauma en la infancia en el desarrollo de la capacidad de mentalización de los padres, Fonagy (1993) plantea que, más que la aparición de fantasmas propuesto por Fraiberg (1975), es la ausencia de mentalización sobre las experiencias emocionalmente dolorosas de miedo e impotencia, lo que volvería vulnerables a los padres de identificarse con el agresor en vez de responder a las necesidades de su hijo. Esto se debe a que la capacidad de mentalización se ve debilitada en la mayoría de las personas que han experimentado situaciones traumáticas en la infancia, en lo que se ha descrito como una “retirada del mundo mental” (Fonagy & Target, 1996), en la que el individuo pierde contacto con su mente y la de los demás (Fonagy & Target, 2011). En general, se plantea que la inhibición de la mentalización es una adaptación intrapsíquica al apego violento traumático, en que el niño se aterroriza frente al estado mental dañino del abusador, dejando de ser seguro para éste, por ejemplo, pensar sobre el desear, si esto implica reconocer el deseo de sus padres de hacerle daño (Fonagy & Bateman, 2008; Fonagy et al., 2003; Fonagy, 2000). 11.

(12) De esta forma, el ambiente familiar de maltrato socava la capacidad de mentalizar del niño, ya que el reconocimiento del estado mental del otro puede ser peligroso para el self en desarrollo. El infante que reconoce el odio o la violencia que implica el maltrato por parte de sus padres, se ve forzado a verse a sí mismo como carente de valor o como no digno de ser querido (Fonagy et al., 2003). De esta forma, el significado de los estados intencionales es negado o distorsionado. Al mismo tiempo, los padres abusadores usualmente exigen creencias o sentimientos opuestos a su conducta, y el niño no puede poner a prueba o modificar las representaciones de los estados mentales, por lo que se vuelven rígidas e inapropiadas (Fonagy, 2000). A su vez, ante la hiperactivación automática que se produce frente al inundamiento caótico y aterrador de afectos producto de la vivencia traumática, que amenaza con sobrepasar la sanidad y poner en peligro la sobrevivencia psicológica; los niños con frecuencia utilizan la disociación como mecanismo de defensa (Kohut, 1977; Bromberg, 2006; Schore, 2010). Esto permitiría compartimentar las memorias relativas al hecho traumático, facilitando el restablecimiento de la regulación emocional y el funcionamiento adaptativo (Steele & Van der Hart, 2009), pero con el costo de inhibir la capacidad de mentalización (Allen, 2013). Por último, en familias con dinámicas de maltrato, el mundo público, que podría generar un modo alternativo de experimentarse a sí mismo, es mantenido rígidamente al margen del contexto de apego (Fonagy, 2000). De no contar con un adulto en el que puedan confiar y que los ayude a elaborar lo ocurrido, permitiendo que se generen narrativas de tales acontecimientos, volviéndolos recuerdos explícitos; estas memorias se transformarán en recuerdos implícitos, cercanos a la experiencia vivida (Ensink et al., 2014). Esto explicaría por qué, con la llegada de la parentalidad y la construcción del mundo representacional que esto implica, estos recuerdos no elaborados serían revividos como si estuvieran ocurriendo en tiempo presente, incluyendo la vivencia de emociones abrumadoras relacionadas al trauma (Allen, 2013). La evidencia sugiere que aquellas madres con vivencias de trauma en la infancia y que tienen problemas para reflexionar sobre éstas, les resulta más difícil efectuar el proceso de reestructuración identitaria asumiendo el rol de cuidadoras, siendo muy desafiante para ellas sentirse psicológicamente preparadas para proteger a su hijo cuando sus propias necesidades no fueron cubiertas (Allen, 2013). Por otra parte, aquellas madres que sí son capaces de reflexionar sobre sus experiencias traumáticas en términos de estados mentales, tendrán menos dificultades para experimentar afectos positivos sobre su. 12.

(13) hijo y la maternidad, permitiendo satisfacer de manera más adecuada las necesidades de éste (Ensink et al., 2014). Finalmente, la evidencia sugiere que la mentalización es un potencial mediador de la transmisión intergeneracional de vivencias traumáticas. En una investigación realizada por Fonagy et al. (1994), se encontró que las madres que habían vivido deprivación y otras situaciones de riesgo, pero que tenían una alta capacidad de FR, tenían mayores posibilidades de tener hijos con apego seguro. Esto podría explicarse en parte, debido a que el mentalizar proporcionaría un amortiguador entre sentimiento y acción, lo que es necesario si se deben contener impulsos que pueden volverse irrefrenables, y si las motivaciones propias y de los demás deben ser monitoreadas y comprendidas (Fonagy & Target, 2011). Considerando los antecedentes revisados, es posible observar que el estudio de la FRP se ha centrado principalmente en madres y en una perspectiva diádica, así como en el estudio del impacto de vivencias traumáticas en relación con el desarrollo de una baja capacidad de mentalización. Esto se debe a que en términos generales y en contraste con el creciente número de investigaciones sobre el impacto del abuso y la negligencia en el apego infantil, existe muy poca evidencia empírica sobre las implicancias a largo plazo de las vivencias traumáticas durante la infancia en el apego adulto y la FRP (Ensink et al., 2014). Este estudio busca aportar en la generación de conocimientos sobre un ámbito poco explorado hasta el momento, centrándose en la descripción y el análisis de las representaciones que realizan sobre la parentalidad aquellos padres y madres con vivencias de trauma en la infancia y que presentan altos niveles de FRP. Esto permitirá conocer las características de un grupo poco descrito en la literatura de la FRP, aportando en términos teóricos y clínicos a un constructo de gran influencia en el desarrollo y en la salud mental infantil y adulta.. 13.

(14) IV.. OBJETIVOS. Objetivo general Analizar las representaciones sobre su hijo/a y la experiencia de la parentalidad en padres y madres con alta y baja Función Reflexiva Parental con vivencias traumáticas durante su infancia.. Objetivos específicos 1. Describir y analizar las representaciones de padres y madres con vivencias traumáticas durante su infancia, sobre su hijo(a), sus experiencias internas respecto a ser padres/madres y respecto a la relación con el niño(a). 2. Describir y analizar las representaciones de padres y madres con vivencias traumáticas durante su infancia, sobre su propia historia familiar y las experiencias adversas infantiles vividas. 3. Describir y comparar las diferencias y semejanzas en las representaciones sobre su hijo/a, sobre la experiencia de ser padres/madres y la relación entre ellos en la muestra estudiada. 4. Describir y comparar las diferencias y semejanzas en las representaciones mencionadas considerando la presencia de alta y baja Función Reflexiva en padres y madres.. 14.

(15) V.. PREGUNTAS DIRECTRICES Dado el carácter cualitativo de esta investigación, en lugar de hipótesis se expondrán las preguntas directrices que guiarán el estudio1. El número de preguntas podrá incrementar durante el curso del análisis de datos. 1.1 ¿Cómo describen padres y madres con vivencias de trauma en su infancia, a su hijo(a)? 1.2 ¿Cómo describen padres y madres con vivencias de trauma en su infancia, la relación con su hijo(a)? 1.3 ¿Cómo se describen a sí mismos como padres y madres? 1.4 ¿Cuáles son sus principales alegrías, dificultades y preocupaciones en torno a la experiencia de la parentalidad? 2.1. ¿Emerge el recuerdo de experiencias traumáticas al describir la relación con sus propios padres en su infancia? 2.2. ¿Cómo creen que la relación marcada por experiencias traumáticas con sus propios padres en su infancia influye en sus experiencias de parentalidad actual? 3.1. ¿Cuáles son las principales diferencias entre las representaciones que realizan padres y madres con vivencias de trauma en su infancia, desde una perspectiva de género, sobre su hijo(a), sus experiencias internas respecto a ser padres y sus experiencias en la relación con el niño(a)? 3.2. ¿Cuáles son las principales diferencias y semejanzas entre las representaciones que realizan padres y madres con vivencias de trauma en su infancia, desde una perspectiva de género, sobre su propia historia familiar y cómo esta influye en su forma de ser padre/madre? 4.1. ¿Cuáles son las principales diferencias y semejanzas entre las narrativas que realizan padres con alta y con baja FRP sobre su hijo(a), sus experiencias internas respecto a ser padres, sus experiencias en la relación con el niño(a) y su propia historia familiar? 4.2. ¿Cuáles son las principales diferencias y semejanzas entre las narrativas que realizan madres con alta y con baja FRP sobre su hijo(a), sus experiencias internas respecto a ser padres, sus experiencias en la relación con el niño(a) y su propia historia familiar?. 1. La numeración de las preguntas directrices corresponde al objetivo específico al que está asociada.. 15.

(16) VI. METODOLOGÍA A. Diseño El diseño de la investigación es descriptivo y analítico relacional de carácter cualitativo. Fundamentalmente, se busca generar conocimiento sobre las principales características de las representaciones en torno a su hijo(a) y la experiencia de la parentalidad, de padres y madres que, habiendo vivido experiencias traumáticas en su infancia, desarrollan altos niveles de FRP. Si bien se busca generar conocimiento en torno a individuos con altos niveles de FRP y presencia de trauma en la infancia, se realizó el análisis, conjuntamente, de datos obtenidos de padres y madres con vivencia de trauma en la infancia y bajos niveles de FRP. Comparar ambos grupos permitió obtener una mayor consistencia interna, aportando información más sólida sobre el grupo con alta FRP y al mismo tiempo, con el grupo de padres al compararlos con el de madres. Este es un ámbito hasta ahora muy poco estudiado, por lo que la metodología se orienta al descubrimiento, permitiendo que emerja información relevante y no contemplada con anterioridad, basada en la Teoría con Fundamento Empírico (Grounded Theory) (Glasser & Strauss, 1967; Strauss & Corbin, 1990). Esta metodología es la más adecuada en la medida que interesa profundizar en la perspectiva subjetiva de los padres y madres con alta y baja FRP y con vivencias traumáticas en su infancia, con el fin de identificar y comparar entre ambos grupos, las representaciones que realizan sobre su hijo(a) y la experiencia de la parentalidad en general.. B. Participantes Participaron en el presente estudio 8 tríadas compuestas por padre-madre-hijo/a, seleccionadas a partir de los resultados obtenidos en la evaluación de trauma asociado a experiencias adversas infantiles y su nivel de Función reflexiva parental. Se utilizaron datos secundarios del Proyecto Fondecyt N°11140230, titulado “Implementación y Evaluación de una Intervención con Videofeedback focalizada en la Calidad Vincular y la Función Reflexiva Parental, dirigida a tríadas Madre-Padre-Hijo/a con dificultades en el desarrollo Socioemocional Infantil” a cargo de Marcia Olhaberry. El proyecto mencionado incluyó 80 triadas y los criterios de inclusión definidos fueron: integrar una familia con padre y madre en una relación de pareja heterosexual actual, tener al menos un(a) hijo(a) entre 1 y 3 años de edad con dificultades en el desarrollo socioemocional (evaluado con el Age and Stage. 16.

(17) Questionnaire-SE); residir en la Región Metropolitana de Santiago de Chile y pertenecer a distintos niveles socioeconómicos. Como criterios de exclusión, se establecieron: la presencia de alguna patología física grave y/o psicosis o adicciones diagnosticadas en alguno de los padres y/o en el hijo. Las dificultades socio-emocionales en los niños/as fueron evaluadas con el ASQ-SE (Squires, Bricker y Twombly, 2002). El estudio contó con certificación de los comités de ética institucionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT. En cuanto a las consideraciones éticas del estudio, la totalidad de las familias participantes firmaron una carta de consentimiento informado (ver en Anexo Nº4) y recibieron una intervención con video-feedback focalizada en la calidad de las interacciones, el vínculo y el desarrollo infantil, luego de la evaluación inicial. Los datos utilizados para este estudio corresponden a la segunda medición. Los criterios de inclusión considerados para seleccionar a los 8 participantes del presente estudio, fueron obtener un puntaje sobre el punto de corte en al menos una de las 5 subescalas del Childhood Trauma Questionnaire (CTQ), indicando esto la presencia de trauma en la infancia; y el obtener, mediante la aplicación de la Parent Development Interview (PDI), puntajes indicativos de niveles bajos o altos en su función reflexiva parental. La entrevista PDI fue aplicada a 50 parejas de padres y madres de la muestra total del Fondecyt mencionado, en el contexto de la Tesis para obtener el grado de Doctor en Psicoterapia en la Universidad de Chile en co-tutela con la Pontificia Universidad Católica de Chile. de María José León. Fueron intencionalmente seleccionados dos madres y dos padres con presencia de trauma en la infancia y con indicadores de baja Función Reflexiva Parental, y dos madres y dos padres con presencia de trauma en la infancia y con indicadores de alta Función Reflexiva Parental. A continuación, se presenta un gráfico de la selección de participantes para esta investigación.. Proyecto Fondecyt N° 11140230 80 tríadas madre-padre-hijo CTQ- Ficha de Ant. Soc.. 50 tríadas madrepadre-hijo PDI. Tesis 8 Padres y madres con trauma y alta/baja. FRP. 17.

(18) Las características sociodemográficas y los puntajes en FRP y Trauma de los padres (P) y madres (M) participantes se presentan a continuación en una tabla resumen identificados de acuerdo al número de entrevista (E) y Folio (F): Edad. P E1. 49. Edad. Nº. Jornada. Años. Ptje PDI. Ptje. Nº. hijo/a. hijos/as. laboral. educación. Categoría. CTQ. traumas. 17m. 2. completa. 12. 3. 66. 3. 47. 2. 44. 1. 63. 5. 99. 5. 79. 5. 53. 2. 36. 3. F19 P E2. Baja FRP 31. 32m. 2. Completa. 17. F13 P E3. Alta FRP 37. 17m. 2. Completa. 17. F29 P E4. 35. 12m. 2. Completa. 12. 33. 19m. 3. Media. 12. 41. 32m. 4. Completa. 12. 2 Baja FRP. 33. 17m. 2. Completa. 12. F49 M E4. 6 Alta FRP. F34 M E3. 3 Baja FRP. F2 M E2. 5 Alta FRP. F21 M E1. 6. 3 Baja FRD. 24. 12m. 1. F42. Completa. 17. 5 Alta FRP. Nota: Nº Traumas corresponde a la suma de subescalas en que el puntaje se ubica sobre el punto de corte indicativo de trauma de acuerdo al instrumento Childhood Trauma Questionnaire, CTQ. Estrategia de muestreo Se realizó un muestreo intencionado de variedad máxima para seleccionar a los participantes. Este tipo de muestreo documenta diversas variaciones e identifica patrones comunes importantes, lo que permitió elegir aquellos casos que fueran lo más diferentes posibles entre sí, para revelar la amplitud de variación y la diferenciación del fenómeno que se estudió (Teddlie & Yu, 2007). C. Técnica de recolección de datos. 18.

(19) Los datos fueron previamente recolectados en el marco del proyecto Fondecyt en el que se inserta esta investigación, a través de la entrevista semiestructurada para medir Función Reflexiva Parental, Parent Development Interview (PDI) (Aber, Slade, Berger, Bresgi, & Kaplan, 1985/2003), que permitió abordar distintos aspectos y dimensiones, y al mismo tiempo, profundizar en la experiencia subjetiva de las personas entrevistadas. Este instrumento consiste en 45 ítems que dan cuenta de las narrativas de los padres sobre su hijo(a), preguntándoles acerca de las principales características de éste(a), sus experiencias internas respecto a ser padres y sus experiencias en la relación con su hijo(a) (ver detalle en Anexo Nº 1). Sólo se analizaron las entrevistas de aquellos padres y madres que presentaron evidencias de haber vivido experiencias de carácter traumático durante su infancia. Para determinar esto último, se aplicó el cuestionario The Childhood Trauma Questionnaire (CTQ) (Bernstein & Fink, 1997). Este instrumento de auto-reporte consiste en 28 ítems, con una escala Likert de 5 puntos, que miden la exposición a cinco tipos de maltrato en la infancia, descritos de la siguiente forma por los autores: a) Abuso emocional: se refiere a agresiones verbales, o a cualquier tipo de conducta humillante realizada por un adulto hacia un niño, que atente con el sentido de valía o bienestar de éste. b) Abuso físico: se refiere a agresiones físicas realizadas por parte de un adulto hacia un menor, que posean un riesgo o que tengan como resultado una lesión. c) Abuso sexual: se refiere al contacto sexual entre un niño y un adulto. d) Negligencia física: se refiere al fracaso de los cuidadores en proveer al niño de las necesidades físicas básicas como vivienda, comida, seguridad y acceso a la salud. e) Negligencia emocional: se refiere al fracaso de los cuidadores en proveer al niño de las necesidades psicológicas y emocionales básicas para su sano desarrollo.. La consistencia interna del CTQ para todas sus escalas es considerada excelente, teniendo un alpha de cronbach de .94 (Løken & Reigstad, 2012). (Ver CTQ en Anexo Nº 2) Finalmente, se tomaron los datos sociodemográficos a partir de la aplicación de una ficha de antecedentes que evalúa edad, nivel educacional, número de hijos, tipo de trabajo remunerado, entre otros, para caracterizar a la muestra del estudio (ver Anexo Nº 3). Es importante señalar que, estos instrumentos fueron utilizados solamente para seleccionar y caracterizar a la muestra de participantes del estudio. Ninguno de estos instrumentos fue aplicado por la tesista, siendo “ciega” al análisis de las entrevistas PDI a través de la rúbrica que determinó si correspondían a una población con alta o baja FRP. El instrumento mediante el que fueron analizadas las narrativas presentes 19.

(20) en las entrevistas PDI, desde una perspectiva cualitativa, fueron las preguntas directrices, especialmente diseñadas para esta investigación.. D. Prodecimiento de análisis de datos Los datos fueron analizados siguiendo los preceptos de la Teoría con Fundamento Empírico (Grounded Theory) (Glasser & Strauss, 1967). Corresponde a un proceso circular en que se entabla un diálogo permanente entre el observador y lo observado; entre la inducción (datos) y la deducción (hipótesis) que se acompaña de una reflexión analítica, entre lo que se capta del exterior y lo que se vuelve a buscar nuevamente al campo de trabajo (Strauss & Corbin, 2002). El análisis de datos que se realizó, fue descriptivo y relacional, para lo que se llevaron a cabo procesos de codificación abierta y axial de las ocho entrevistas. En ese nivel se realizaró triangulación de datos con la colaboración de psicólogas que formaron parte del proyecto FONDECYT en el que se inserta este trabajo de investigación, y que, por lo tanto, poseían conocimientos acerca del marco teórico y clínico en que se basa este trabajo.. 20.

(21) VII. RESULTADOS A. RESULTADOS DESCRIPTIVOS El presente análisis de resultados está compuesto por dos grandes capítulos: el primero, da a conocer aspectos relativos al análisis de las entrevistas realizadas a madres con alta y baja Función Reflexiva Parental y vivencias de trauma en su infancia, el segundo se centra en el análisis de las entrevistas realizadas a padres con alta y baja Función Reflexiva Parental y vivencias de trauma en su infancia. Capítulo I: Madres con Alta y Baja Función Reflexiva Parental y con vivencias de trauma en su infancia En este primer capítulo se describe a las madres desde el punto de vista de su identidad, la relación con su hijo/a y la presencia del trauma infantil en sus relatos. 1. Identidad como madre La configuración identitaria de las madres considera tres elementos. En primer lugar, emerge la diferenciación de la familia de origen; en segundo lugar, la evaluación de su rol como madre; y, por último, el rol que cumplen dentro de la crianza de sus hijos, respecto, fundamentalmente, a su pareja. En cuanto a la diferenciación de la familia de origen, las madres con mayores niveles de FRP establecen una mayor distancia con su familia en comparación con las madres con niveles más bajos de FRP, en las que predominan límites más difusos y una consideración crítica ambivalente sobre la negligencia de sus padres. Las madres con alta FRP, realizan un corte con su familia de origen, a pesar del dolor de la pérdida: “Yo no me siento sola ni nada, pero hay cuestiones que es injusto de ellos como padres, ¿Me entiendes? Entonces yo le digo ya, sabes que no importa al final, estamos bien así nosotros. Pero en un momento me hicieron mucha falta, y me sentí muy sola, y me dio mucha pena, pero yo he pasado tanto… y el Pablo me ha ayudado tanto a hacer ver y entender las cosas, que hemos podido superar ese tema los dos” (E.I, p. 93)2. Alta FRP. En lo sucesivo se utilizará “E” para indicar la entrevista a la que corresponde y “P” el párrafo en el cual se encuentra la cita. 2. 21.

(22) Esta alta diferenciación se ve acompañada de un sentimiento de orgullo por querer cambiar la historia con sus hijos, configurándose su identidad a partir de la diferencia con sus padres: “Yo lo converso con muchas personas a las que les pasó lo mismo, que me decían “bueno, es que uno sigue los patrones que le dan los papás”, entonces yo les digo “no poh, es que, si tú lo pasaste mal, tu no vas a esperar que tus hijos pasen lo mismo, porque tú sabes lo que sentiste, no quieres dejarles lo mismo a tus hijos, ¿o no?” Entonces uno puede decidir lo que uno quiere hacer en su vida, entonces yo, a pesar de que entre comillas me crie prácticamente sola, en mi forma mental y todo eso… yo aprendí a ver lo que quería” (E.I, p. 187) Alta FRP. En cambio, las madres con baja FRP, cuestionan en menor grado el rol de sus padres en su propia crianza, tomando distancia de forma ambivalente del modelo familiar en el que crecieron: “Porque, así como fueron golpeadores, también fueron cariñosos. Yo creo que era como la forma de educar de ellos, quizás como los educaron a ellos, porque también fueron bien cariñosos, en hartas cosas” (E.III, p.50) Baja FRP. En aquellas madres, emerge el discurso sobre la dificultad de tomar distancia de la forma en que fueron criadas: “A mí me pegaban por todo, yo trato de no hacer lo mismo, pero a veces se me escapa de las manos” (E.III, p.40) Baja FRP. De esta forma, se configura una identidad ligada a la difícil búsqueda de alternativas al modelo de crianza que vivieron en su infancia, relacionada con terceros profesionales que contribuyen con el cuestionamiento externo de su comportamiento como madres y como fuentes de estrategias. Sin embrago, prima la sensación de estar condicionadas por sus experiencias pasadas: “Lo conversé con la directora del jardín y ella me dijo que estaba mal que yo le pegara a mi hijo, que no lo podía hacer, y lo entendí y dejé de hacerlo, o sea, lo he tratado de controlar, porque a mí no me gustaba cuando me pegaban. Y a mí me pegaban mucho, mucho, mucho, no era poco, era mi mamá, mi papá, mis hermanos, soy la menor de diez, imagínate. Entonces, para mí es más difícil controlar eso, porque yo fui criada así, con golpes” (E.III, p. 42) Baja FRP. 22.

(23) En relación con lo anterior, respecto a la evaluación de su rol como madres, en ambos grupos, se realiza una valoración positiva, considerándose buenas madres, preocupadas y cariñosas con sus hijos. El sentimiento de culpa asociado a la crianza es sentido sólo en las madres con alta FRP, en momentos en que han considerado que han sido sobrepasadas por sus problemas personales o cansancio, y que han golpeado levemente a sus hijos. Al mismo tiempo, emerge en las madres con alta FRP, una evaluación positiva de su rol al compararse con su experiencia como hija: “Yo me considero una buena mamá porque trato de entregar todo lo que a mí no me entregaron y no sólo lo material, si no el cariño, trato de respetarla en todo momento, traté de trabajar lo más atrasado posible para estar más tiempo con ella… entonces, eso refleja como soy como mamá” (E. IV, p. 26) Alta FRP. En cuanto al rol que cumplen dentro de la crianza de sus hijos, ambos grupos de madres coinciden en describir las tareas asumidas en este ámbito, tales como alimentación, cuidados de higiene, disciplina y contención emocional. Cabe señalar, que, salvo una madre, el resto de la muestra realiza una doble jornada laboral, una en sus trabajos remunerados, y otro como dueñas de casa, encargándose de limpiar, ordenar y cocinar. Todas las madres comentaron sentirse cansadas físicamente y poco apoyadas por sus parejas en la realización de las tareas del hogar y la crianza de los hijos. Ante la pregunta sobre la necesidad de que otros también cuiden de ellas, las madres con baja FRP no consideran la necesidad de cuidados, pero sí de ayuda con los quehaceres de la casa, sintiendo la necesidad de un apoyo concreto y material. Por su lado, las madres con alta FRP, comentan sentir la necesidad de que su pareja cuide de ellas en términos afectivos sumado al apoyo en tareas concretas. Sin embargo, todas las madres comentan que no piden ayuda, omitiendo el sentimiento de necesidad de cuidado frente a sus respectivas parejas: “No, yo lo obvio, lo olvido, lo omito... me restrinjo por el sentido de que, si se lo digo al Pablo, él se lo va a tomar en serio, como otra responsabilidad más… entonces digo yo, ya tenemos tantas cosas, que prefiero omitirlo u olvidarlo y seguir dándole no más, dándole, dándole. Total, después en algún momento, ya en la noche, me acostaré más temprano con ellos y dormiré y descansaré un poco más” (E.I, p.135) Alta FRP. 23.

(24) Esta omisión de su necesidad de cuidado se ve acompañada en las madres con alta FRP, de una valoración positiva de anteponer las necesidades de sus hijos y de su pareja y del sacrificio personal respecto a la crianza. 2. Relación con su hijo/a El segundo apartado de este primer capítulo se refiere a la relación que las madres establecen con su hijo o hija, centrándose en primer lugar, en el análisis de la visión y descripción que éstas realizan sobre su hijo/a, en segundo lugar, en las estrategias de disciplina que utilizan en la relación con su hijo/a, y, por último, qué cambios internos han experimentado con la llegada de la maternidad. Respecto a la visión y descripción que realizan sobre su hijo/a, en la madre con menor puntaje de FRP de la muestra, prima la descripción en término negativos, utilizando adjetivos como “llorón” (E.II, p.22), “mamón” (E.II, p.24), “durazno” (E.II, p. 64) y chancho (E.II, p.82). En el resto de las entrevistas de las madres, la tendencia es la descripción en términos positivos de su hijo o hija, utilizando adjetivos como inteligente (E.III, p.8), amorosa (E.IV, p.2) y sociable (E.I, p.4), entre otros. En cuanto a las estrategias de disciplina empleadas por las madres para la regulación del comportamiento de sus hijos, aquellas con baja FRP, utilizan los golpes como estrategia. Sin embargo, aquella madre con más bajo nivel de FRP, no presenta ningún cuestionamiento acerca de la calidad de esta herramienta, considerándola un medio de educación: “Le pego pueh, le enseño que no, que eso no se hace, pero él cree que es broma, y se caga de la risa y lo vuelve a tirar…” (E.II, p.84) Baja FRP “Le mando su palmetazo a ver si se da cuenta de que la está embarrando, pero no… no está ni ahí, cree que es broma” (E.II, p.86) Baja FRP. Al mismo tiempo, lo ignora como estrategia de disciplina: “O que de repente ya me chorea tanto que lo omito, le digo “ya, te voy a ignorar”, y lo dejo. Entonces como que no cacha poh, si hay veces que lo dejo porque hay otras que lo reto…” (E.II, p.52) Baja FRP. 24.

(25) En cambio, aquella madre con un nivel un poco mayor de FRP, pero aun siendo bajo, utiliza esta estrategia con culpa y frustración, intentando conocer alternativas a los golpes: “A mí me pegaban por todo. Yo trato de con él no hacer lo mismo, pero a veces se me escapa de las manos, yo incluso… eh… muchas veces llamaba a José “sabíh qué José, le pegué a José Tomás” y me sentía mal porque lloraba y que cómo yo había podido hacerle eso que es tan chiquitito. Entonces él decía “ya bueno…” y llegaba y trataba de verlo él, cuando… los meses que lo hacía muy seguido…” (E.III, p.40) Baja FRP. En el caso de las madres que presentan un alto nivel de FRP, éstas buscan estrategias diferentes al castigo físico, teniendo una visión negativa sobre el maltrato. Al mismo tiempo, buscarían estrategias para la regulación conductual y afectiva de sus hijos consultando a profesionales de la salud (psicólogos) y de la educación (directora de colegio, educadoras). La madre con más alta FRP de la muestra, siente mucha culpa ante el golpe que alguna vez propició a su hija, aunque hayan sido muy leve y sólo en una oportunidad en la que ella relata que estaba muy cansada y sobrepasada por problemas personales: “Los iba a acostar, y yo le di un palmazo aquí en la cabeza a la Emilia, pero fue como inconsciente, fue como que algo pasó, yo me enojé y ¡paf! Le hice así y veo que la Emilia hace así… y ahí yo me sentí mal, ahí de verdad me sentí súper culpable, porque yo dije “Pucha, estoy pasando mis problemas a ellos que no tienen por qué” y ahí me sentí mal” (E.I, p.119) Alta FRP. Por último, respecto a los cambios internos que las madres comentan haber tenido con la llegada de la maternidad, aquellas madres con alta FRP reconocen un gran cambio en términos internos con la llegada de su hijo(a), especialmente en términos del establecimiento de prioridades que antes no tenían, anteponiendo el bienestar de su hijo(a) al suyo: “Me ha cambiado al cien por ciento, porque yo tenía millones de otros planes, quizás trabajar un tiempo, después irme de viaje, comprarme un departamento… pero la Juli cambió todo esto, pero siento que sin ella no tendría mucho sentido mi vida ahora, no imagino mi vida sin la Julieta” (E.IV, p.34) Alta FRP. Por su parte, las madres con baja FRP se centran en los aspectos concretos que cambiaron en su contexto con la llegada de su hijo(a), evaluando el antes y el después en términos materiales, principalmente: 25.

(26) “Es que yo tengo hijos más grandes, ya… ahora tengo cosas que antes no tenía, como la casa… con mi otra hija fue más difícil, con él ha sido sencillo, con José Tomás, entonces hay hartos cambios” (E.III, p.60) Baja FRP. 3. La presencia del trauma infantil en sus relatos En este último apartado, se analizarán los principales hallazgos respecto al lugar que ocupa en los relatos de las madres el trauma vivido durante su infancia. La presencia del trauma infantil se evidencia en seis áreas: emerge en el discurso respecto de la relación con la familia de origen, en la visión que las madres tienen de su propia crianza y la necesidad de no repetir la historia, en la percepción de la necesidad de ser cuidadas por otros y de contar con redes de apoyo, en la relación que establecen con sus parejas y en el rol que les dan a éstas, y, por último, en el discurso que se elabora respecto de la presencia de “fantasmas” en la crianza de sus hijos. A modo general, llama la atención que en este apartado las respuestas se vuelven homogéneas, dando cuenta de fenómenos similares entre las madres con alta y baja FRP. En primer lugar, respecto a la relación con la familia de origen en madres con alta FRP, aparece un alto involucramiento afectivo y poca distancia emocional en relación con las situaciones de negligencia y maltrato que vivieron al interior de sus familias, primando una visión negativa de sus padres. “No quiero ser en nada como mi mamá… siento que no fue buena mamá, nunca fue cariñosa, se preocupaba de cosas como que estuviera bien en el colegio, pero nunca de ayudarme a hacer tareas… y ahora cuando grande me ha defraudado mucho, le he encontrado muchas mentiras, muy egoísta… entonces, no quiero ser como ella en nada, no quiero ser ni como mamá ni como pareja ni como mujer, en nada como ella” (E.IV, p.58) Alta FRP “Mi dificultad como madre es el hecho de estar sola, pero no de mi familia directa, mi marido y mis hijos. De repente por estar sola por la falta de mi otra familia, de alrededor, no sintiéndome apoyada, no sintiéndome respaldada, me hace sentir súper mal” (E.I, p.89) Alta FRP “Ni mi papá ni mi mamá supieron ser padres” (E.I, p.159) Alta FRP. 26.

(27) En segundo lugar, en la visión de la propia crianza de las madres, se observa la presencia de un relato en que su historia negativa sirve como algo positivo en sus vidas al poder aprender de la adversidad lo que no quieren para sus propias familias. Al mismo tiempo, esto se relaciona con el intento por no repetir la historia que ellas vivieron con sus padres. “Yo creo que eso influyó positivamente en mí, para darme cuenta, porque igual a mí me faltó eso… yo soy una persona súper fría, pero con la Juli soy todo lo contrario, o sea hasta con mi pareja soy fría de repente, pero con ella no… a ella la abrazo, le doy besos, le digo a cada rato que la amo, y eso espero que no cambie, porque al final yo vi como eso afectó en mí y no quiero que a mi hija le pase lo mismo…entonces, yo creo que influyó mucho que mis papás fueran fríos conmigo para yo no querer ser lo mismo con mi hija” (E.IV, p.54) Alta FRP “Influyó para bien… porque de esa mala experiencia que yo viví, de verdad que fue muy fuerte, yo dije: “yo no quiero que mis hijos vivan lo mismo”, yo no quiero que ellos pasen por lo mismo” (E.I, p.169) Alta FRP. En tercer lugar, en relación con las vivencias de trauma, emerge la necesidad de ser cuidadas y de contar con redes de apoyo. En general, las madres no registran la necesidad de ser cuidadas, pero sí de contar con ayuda para la realización de tareas concretas. “No siento la necesidad de cuidado, pero sí de ayuda (…) con los quehaceres de la casa, el cuidado de los niños, porque yo les hago todo, todo, todo…” (E. III, p.94) Baja FRP “Siento constantemente la necesidad de que me vengan a ayudar así un poco, de repente estoy cansada, entonces necesito que me vean una hora a la Juli y yo dormir, o que me ayuden a hacer el aseo y yo dormir, cosas así como tan básicas, pero es algo que siento constantemente en verdad” (E.IV, p.44) Alta FRP. En cambio, la mamá con más alta FRP comenta sentir la necesidad de cuidados, registrando necesidades afectivas. “A mí no me interesa que me pasen diez lucas, cincuenta lucas, a mí me importa si me dicen “hija, si necesitas cualquier cosa avísame, no te sientas sola, si necesitas algo háblame”, ¿me entendí?” (E.I, p.91) Alta FRP. 27.

(28) En cuarto lugar, emerge en el marco de los relatos de vida el rol de la pareja actual como un “salvador”, un nuevo comienzo, una oportunidad para hacer algo distinto: “Fueron quince horribles años [con mi anterior pareja], y desde que me separé de él… dos años pasaron y conocí al José, y fue una persona totalmente distinta, increíble cómo puede haber personas que te cambien tanto… unas que te hunden y otras que te ayudan a salir. Y… en eso nació José Tomás y fue todo mejor… entonces más lo veo y digo “chuta, ellos llegaron a mi vida y cambiaron todo” (E.III, p.66) Baja FRP. Emerge, además, la cercanía con la familia de la pareja como soporte afectivo para sus hijos como único vínculo, a partir de la distancia con sus familias de origen: “Y tampoco me interesa que tengan mucho contacto [con mi familia de origen], por lo mismo. Siento que la familia de Pablo le da mucho cariño, en ese sentido. Mi suegra hace un rol súper importante con mi hija, mi cuñada súper importante también, para mis tres hijos” (E.I, p.201) Alta FRP. Al mismo tiempo, existe un sentimiento de culpa en madres con alta FRP, asociado a pedirle ayuda y mayor apoyo a sus parejas en la crianza, postergando sus necesidades frente al bienestar de la pareja. “Igual yo hablo con mi pareja y el igual me ayuda… una siempre espera más, pero igual una lo entiende… él también siempre está cansado, pero en donde él quizás no se despierta en la noche, él no tiene tanta paciencia” (E.IV, P.46) Alta FRP “A mí me gustaría pedirle que agarre a los niños y que salga con ellos, tampoco le quiero decir, tampoco que lo haga, porque tiene tanta pega, está tan cansado, y le toca de repente los fines de semana, que queda vuelto loco. Entonces, generalmente me da lata decirle que se quede, que se lleve a los niños un día, o media tarde pa´estar sola” (E.I, p.131) Alta FRP. Por último, se aprecia explícitamente en la madre con más alta FRP, la aparición de fantasmas en la crianza, manifestado en el miedo de que sus hijos vivan situaciones traumáticas con terceras personas. Incluso miedo de que su pareja pueda dañar a sus hijos: “Entonces me da cosa de que ella lo pueda ver como algo normal [masturbación del hermano mayor], que es algo de lo que estamos como muy pendientes. Porque no me gustaría que le pasara algo, a ninguno de los tres. Entonces, eso es como mi preocupación. 28.

(29) que tengo con respecto a la Emilia, el cuidado personal en ese sentido, de lo que ella ve” (E.I, p.103) Alta FRP “Y [mi hija] tiene un carácter horrible, yo digo que prefiero fomentar ese carácter, que sea así a que sea tan pasiva, por los mismos chicos, como están hoy en día los niños, o no sé, de repente, yo prefiero que tenga un carácter súper fuerte y lo más frontal posible, es necesario para que no… no le pasen gato por liebre… tampoco quiero que sufra, si uno no quiere que los hijos sufran” (E.I, p.105) Alta FRP “Yo siempre le puse las cosas muy claras al Pablo [pareja]. Él conoce mi vida al derecho y al revés, entonces, yo le digo “yo no quiero que al Benjamín le pase lo mismo”, y yo muchas veces, cuando estaba más pequeñito, le preguntaba si el papá le hacía algo, si le mostraba alguna cosa y qué se yo, tengo esas trancas, pero las trancas son para defender a mis hijos” (E.I, p.169) Alta FRP A continuación, se presentarán los resultados del análisis de datos de las entrevistas realizadas a padres con Alta y Baja Función Reflexiva Parental.. Capítulo II: Padres con Alta y Baja Función Reflexiva Parental y con vivencias de trauma en su infancia En este segundo capítulo se describe el análisis de los datos de las entrevistas efectuadas a padres desde el punto de vista de su identidad, la relación con su hijo/a y la presencia del trauma infantil en sus relatos. Se establecieron las mismas categorías para llevar a cabo una comparación posterior entre los datos que aparecieron entre padres y madres. 1. Identidad como padre Al igual que en el caso de las madres antes revisado, la configuración identitaria de los padres considera tres elementos. En primer lugar, emerge la diferenciación de la familia de origen; en segundo lugar, la evaluación de su rol como padre; y, por último, el rol que cumplen dentro de la crianza de sus hijos, respecto, fundamentalmente, a su pareja. En cuanto a la diferenciación de la familia de origen, tanto aquellos padres con baja como con alta FRP, establecen principalmente una diferenciación con respecto a la figura de su propio padre, estableciendo una identidad a partir de cómo vivieron ellos su experiencia de hijos y qué elementos buscan mejorar en su rol parental: 29.

(30) “No me gustaría ser como mi papá, porque mi viejo era súper poco expresivo con los hijos, así como cero expresión de cariño, era como bien distante, entonces como que no me gustaría ser así… no recuerdo que mi papá me dijera te quiero, o te amo, o que… tuviera gestos…que a lo mejor era fácil tener… pero trato de no cuestionarlo, porque yo en el fondo, la forma que yo trato de remediarlo es no siendo como él, de alguna manera tratar de ser lo más expresivo para no caer en eso, y eso como que lo tengo absolutamente claro de parte mía” (E.I, p.157) Baja FRP. Padres con alta FRP integran aspectos positivos de sus madres y son más comprensivos con los maltratos que recibieron por parte de ellas, sin embargo, son críticos y severos respecto a sus padres: “Mi mamá era súper preocupada y súper al callo con todas las comidas, la ropa, los remedios, todo eso, pero infalible… pero era maltratadora, ofensiva, no se daba cuenta, porque mi mamá era una persona con muy poca educación… con segundo básico, entonces ella hacía cosas de repente tan hirientes, y no se daba cuenta” (E. III, p.126) Alta FRP. Al mismo tiempo, los padres con alta FRP, identifican y nombran claramente las situaciones de maltrato vividas en la infancia y realizan un corte con sus familias de origen: “Antes habría sido importante para mí que el Diego conociera a mi papá… pero ya no… y mi mamá, tampoco” (E.III, p.155) Alta FRP. Por su parte, padres con baja FRP, justifican los maltratos por haberlos “merecido”, intentando ponerse en el lugar de sus padres: “Es que yo igual era un cabro chico bien desordenado, entonces yo pienso que me tenían que tener harta paciencia…” (E.I, p.139) Baja FRP. A su vez, en este grupo de padres no se aprecia un corte con la familia de origen, aunque exista el discurso de querer “hacer las cosas diferente”. Respecto a la evaluación de su rol como padres, todos realizan una apreciación positiva de su desempeño, destacando ser “presentes y participativos” en la crianza de su hijo(a): “Comparando con otros padres, inclusive con mi padre, yo diría que estoy sobre el promedio en cuanto a entrega… yo siento que me entrego más que el promedio como. 30.

Referencias

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