Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo ficticio del conquistador en el Memorial de Gonzalo Solís de Merás (1565) = Pedro Menéndez de Avilés and the tradition of the fictitious model of the conquistador in Gonzalo Solís de Merá's Memorial (1965

16 

(1)CTharles B. M Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo… aller de Loore etras N° 45: 103-118, 2009 issn 0716-0798. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo ficticio del conquistador en el Memorial de Gonzalo Solís de Merás (1565) Pedro Menéndez de Avilés and the Tradition of the Fictitious Model of the Conquistador in Gonzalo Solís de Merás’s Memorial (1565) Charles B. Moore Gardner-Webb University, Boiling Springs, Carolina del Norte cmoore@gardner-webb.edu Este artículo estudia las estrategias retóricas y temáticas que emplea Pedro Solís de Merás en su poca conocida crónica titulada, Memorial sobre las hazañas legendarias de Pedro Menéndez de Avilés, el famoso fundador de San Agustín, el primer asentamiento europeo permanente en América del Norte y el conquistador de la Florida, un área que hoy en día incluye una gran parte del sureste de los Estados Unidos. Uso el clásico estudio de Beatriz Pastor, Discursos narrativos de la Conquista, para iluminar cómo Solís de Merás demuestra la perspicacia, el liderazgo, la valentía y el sobresaliente talento militar, político, táctico y estratégico de Avilés para mitificarlo como el perfecto modelo del descubridor/conquistador según la tradición ya establecida por Colón y Cortés. Avilés, por ende, luce siempre listo y preparado, nunca molesto ni frustrado, durante los muchos años controversiales y violentos de su expedición, la última de seis que fracasaron en esta remota región olvidada del imperio español. Palabras clave: Avilés, Menéndez, siglo XVI, la Florida, crónica, colonial, conquistador, Solís de Merás, Beatriz Pastor. This article studies the thematic and rhetorical strategies which Pedro Solís de Merás employs in his little known chronicle, entitled Memorial, about the legendary exploits of Pedro Menéndez de Avilés, the famous founder of the first permanent European settlement in North America and the conqueror of Florida, an area that today includes a great part of the southeastern United States. I use Beatriz Pastor’s classic study, Discursos narrativos de la Conquista, to illuminate how Solís de Merás demonstrates Avilés’s foresight, leadership, bravery, and outstanding military, political, tactical, and strategic talent to mythify him as the perfect model of the discoverer/conqueror in the Columbus and Cortés tradition. Avilés, therefore, is presented as always prepared and never flustered or frustrated during the many controversial, violent years of his expedition, the last of six which failed in this remote forgotten region of the Spanish Empire. Keywords: Avilés, Menéndez, 16th century, Florida, Chronicle, Colonial, Conqueror, Solís de Merás, Beatriz Pastor.. Recepción: 09 de julio de 2008 Aceptación: 14 de septiembre de 2009. 103 ■.

(2) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. Introducción En su libro, Discursos narrativos de la conquista: mitificación y emergencia, Beatriz Pastor bosqueja cómo Hernán Cortés usó sus Cartas de relación para mitificarse a sí mismo como el modelo de conquistador perfecto. Así, durante su conquista de México, Cortés se retrata como el héroe al estilo del Cid, el Príncipe de Machiavelo, y más caracterizados en la épica medieval española y en los libros de caballería (Pastor 124). El autorretrato de Cortés es primero y principalmente el de un guerrero y militar cuyo prototipo “[…] aparece caracterizado como hombre previsor que mide bien sus fuerzas y evalúa la situación antes de llevar a cabo una acción cuyas consecuencias positivas ha previsto” (Pastor 128). Como guerrero se presenta con un valor excepcional tanto como un táctico y estratega quien usa el terror y la violencia como armas heroicas (131). Para Pastor, “[…] la subordinación de la presentación del terror a la caracterización de Cortés como táctico ejemplar transforma su violencia cuestionable en acción ejemplar y necesaria, y justifica ficticiamente algunos de los episodios más conflictivos de la conquista” (133). El segundo rasgo que caracteriza a Cortés como el héroe renacentista por excelencia es el de político. Es un gobernante, diplomático, administrador de tierras, reconstructor y organizador urbano que, según Pastor, “[…] conquista, negocia, organiza y manda mejor que nadie” (142). Para ayudarse a convertir su rebeldía en heroísmo al servicio del rey, Cortés utiliza un esquema providencialista para proyectar su conquista militar como una misión santa (Pastor 144). En las Cartas, Cortés nunca intenta ser fiel a la verdad sino crear su propia versión de ella para adquirir fama y poder (Pastor 146). En dicho discurso de la mitificación, los papeles del guerrero, militar, político, táctico, buen gobernante y más se combinan para inventar a los nuevos “príncipes” de América. Rige el poder de la pluma, no el de la verdad para que ganen los que mejor manipulan los sucesos a través del buen manejo de la retórica y el lenguaje. La verdad es lo que uno “interpreta” o logra crear según sus propias necesidades.. La controversia en torno a la imagen de Avilés Tan controversial como Cortés a través de los siglos ha sido el personaje de Pedro Menéndez de Avilés, el sexto conquistador español de Florida y fundador de San Agustín en 1565, el primer asentamiento permanente en lo que ahora son los Estados Unidos1. Aunque las crónicas asociadas con sus expediciones por algún motivo no han recibido la misma atención crítica que las del canon (e.g. Colón, Cortés, Cabeza de Vaca, Ercilla, Bernal, etc.), son, sin embargo, un eslabón esencial en la construcción de la poca conocida historia pre-inglesa del sureste de Norteamérica. Por otro lado,. 1 Los. otros son Juan Ponce de León (1513, 1521), Lucas Vázquez de Ayllón (1520, 1524, 1526), Pánfilo de Narváez y Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1528-36), Hernando de Soto (1539-43) y Tristán de Luna (1559-61).. ■ 104.

(3) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. lo poco que sí se conoce de Avilés en la cultura popular y académica ha sido la figura de un galán heroico por su defensa del catolicismo o la de un villano sanguinario por su famoso degüello de cientos de hugonotes franceses (García-Castañón, El Comercio). A la luz de esta oposición, García-Castañón busca un consenso menos polarizante en cuanto a Avilés en su reciente biografía ficticia, Vida y fabulosas aventuras de Pedro Menéndez de Avilés. Allá, el crítico español considera al conquistador, en cambio, como un hombre renacentista del siglo XVI con todo el bagaje bueno y malo que conlleva tal designación. García-Castañón no cree que sea justo juzgar a Avilés desde lejos con la óptica del siglo XXI, porque “[s]us acciones son consideradas avatares lógicos en las guerras de entonces” (El Comercio). En mi propio estudio, “La tradición literaria de las relaciones asociadas con el viaje de Pedro Menéndez de Avilés al sureste de Norteamérica en 1565”, concuerdo con Lyon (ver obras citadas) en que Avilés se ha visto demasiado superficialmente como un mero subordinado de Felipe II para repeler la intrusión francesa en Florida. Trato de demostrar que Avilés y sus colonos de hecho trajeron a Florida la cultura literaria europea evidente en las crónicas escritas por su capellán, capitán, soldado y médico. Así, podemos ver la expedición como mucho más que una simple continuación del espíritu mesiánico militar de la Reconquista española. Por su parte, Juan Carlos Mercado ha retrazado los motivos religiosos y políticos tanto como los efectos positivos y negativos de la misión de Avilés bajo las órdenes de Felipe II (ver “Espacios”). Además, su nueva edición del Memorial de Merás y la Vida y hechos de Pedro Menéndez de Avilés de Barrientos sirve para anunciar más el renombre de este conquistador que, según el mismo Mercado, “[…] es prácticamente desconocido en el mundo hispánico, a pesar de la enorme importancia que tuvo en el siglo XVI el control de Florida y sus costas como área estratégica marítima” (“Espacios” 440). Como hemos visto Pastor es mucho menos indulgente y mucho más crítica que, por ejemplo, García-Castañón con respecto a los motivos y hazañas de los conquistadores como Avilés. Para Pastor, Avilés cabría fácilmente dentro del mismo molde épico del conquistador que ella presenta sobre Cortés y su conquista de México en 1520. En su “Prólogo” para la nueva edición del Memorial por Mercado, Lerner concuerda al decir, “[Avilés] aparece en las dos crónicas [el Memorial y la Vida y hechos] como modelo del defensor de los derechos de la corona española, y como natural paradigma del valor militar y virtudes civiles” (v). Teniendo en cuenta, pues, estas controversias, extrapolo la teoría sobre el conquistador épico en general de Pastor y la aplico particularmente a Pedro Menéndez de Avilés y su conquista y exploración del sureste de Norteamérica (1565-74). Pretendo mostrar que, a través de la ficcionalización épica, el poco conocido Memorial del Dr. Gonzalo Solís de Merás busca la misma fama y gloria para Avilés que vemos en otras crónicas de la conquista.. 105 ■.

(4) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. Introducción al Memorial de Solís de Merás Aunque Barcia lo elogia en su Ensayo cronológico de 17232, no sabemos mucho de Solís de Merás, autor del Memorial3. Lo que sí se sabe es que su hermana, Ana María de Solís, se casó de niña con Avilés. Con este matrimonio los padres de Avilés esperaban detener el anhelo aventurero de su hijo por lanzarse a la conquista de América. Se decepcionaron poco después, sin embargo, cuando Avilés fue nombrado adelantado y gobernador de la Florida. Merás acompañó a su cuñado en la conquista de la Florida en 1565 donde le sirvió de cronista (Ruidíaz y Caravia 105-06, 108; a partir de aquí uso “RC” por “Ruidíaz y Caravia”). Pocos historiadores y biógrafos han hablado de la carrera literaria de Merás. El autor anónimo de la Biblioteca asturiana de Campomanes comenta el estilo, lenguaje y compostura sinceros del Memorial tanto como el talento de su autor (RC 108). Ruidíaz y Caravia describe a Merás como un “hombre de letras, de mucho estudio y de sólidos conocimientos” y su Memorial como “una verdadera obra”, “sobria”, “sencilla”, “sincera”, pero a la vez un trabajo “interesantísimo” y “curioso” (105-06, 108). La siguiente cita profundiza esta recepción del Memorial por Ruidíaz y Caravia: No es Solís Merás el artista que se encanta contemplando las bellezas de un paisaje, y parece recrearse deteniéndose en los incidentes que más le agradan; es el fotógrafo que reproduce lo que el paisaje da, más lindo o más feo, menos sublime o más hermoso. Esa es la misión del cronista. Con serenidad de ánimo nunca alterada, sin pasión, sin cariño y sin odios que se manifiestan al exterior, refiere Solís, leal y francamente, los sucesos; no los juzga, no los sublima, ni los deprime; los expone, y allá el lector que forme juicios y dicte los fallos que su conciencia y su entendimiento le inspiren. El estilo es natural, el lenguaje es sencillo y sin galas; se ve que su Diario está escrito sobre el terrero y a raíz de los sucesos; hay en él vida y color y movimiento. Faltan a veces corrección de lenguaje y filigranas de estilo. Como Ercilla escribía, según dicen, las más inspiradas octavas de su Araucana, para descansar de las fatigas del combate, así el Dr. Solís “Tomando, ora la pluma, ora la espada”, ha debido de relatar casi todos los sucesos en la noche misma del día en que ocurrieron, y después nos ha ofrecido su trabajo. Por eso se advierten en él algunas repeticiones, que habría suprimido seguramente en la corrección; pero. 2 Por. ejemplo, Barcia escribe, “Estas son las mismas [p]alabras de el Doctor, Solís de Merás, en el Memorial que hiço de todas las [j]ornadas de la Florida, escritas en el mismo tiempo, sin abreviar su contexto, ni mudar su estilo; cuia [a]utoridad sola, basta para convencer la calumniosa, y malevola opinión de los [e]mulos del Adelantado, y de la [n]acion [e]spañola; quando no sobràra la [a]probación del Rey, y del Papa (90). Ruidíaz y Caravias suple varias veces lo que le falta en su edición del Memorial con selecciones del Ensayo de Barcia (i.e. 114-15, 127, 134-38). 3 Nombre completo es Memorial que hizo el Doctor Gonzalo Solís de Merás, de todas las jornadas y sucesos del Adelantado Pedro Menéndez de Avilés, su cuñado, y de la Conquista de la Florida y justicia que hizo en Juan Ribao y otros franceses.. ■ 106.

(5) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. esas repeticiones mismas, esa incorrección no afectada, sino natural y lógica, dan a su obra tonos de sinceridad, que es la condición más recomendable en cronistas e historiadores. (108-09) Aunque el crítico español enfatiza la sinceridad, la honestidad, y la sencillez del Memorial, propongo que la obra se ve mucho más afectada con tópicos retóricos de la Biblia, la Antigüedad clásica y la Edad Media de lo que pareciera a primera vista. Para mostrar el tipo de obras, entre otras, que posiblemente podrían haber influido la cultura literaria del Doctor, uso primariamente como ejemplos la Biblia, el Poema de Mío Cid, las Cartas de relación de Cortés y las novelas sentimentales que gozaron de amplia difusión en esa época, como la enormemente popular Cárcel de Amor.. La fama de Avilés en España En los primeros diez capítulos de su crónica, Merás recuenta la grandeza de Avilés en las guerras y peripecias militares españolas en Europa, para sentar las bases para su cuñado en América. Después de que Avilés pasó dos años en este servicio, el cronista usa el antiguo tópico del fastidium (Curtius 130) para agregar que Avilés luego “[…] vino á su tierra, vendió parte de su hacienda, hizo un patax, y con sus amigos se metió en coso venturero, donde tuvo é hizo cosas muy venturosas é notables, que serían muy largas de contar” (110). El segmento, “donde tuvo é hizo cosas muy venturosos é notables”, pica al lector con occupatio (Lanham 68) ya que Merás así las introduce al decir que no lo hará. El fin afectado, “[…] que serían muy largas de contar”, se incluye para fingir que, al pensarlo, el escritor no quiere aburrir a sus lectores con los detalles. Poco después, Merás vuelve a asegurar a sus lectores que no alargará su introducción demasiado cuando agrega con brevitas (Cicerón 162), “[l]as cosas que después acá la han subcedido, se escribirán con toda la mayor brevedad que hubiere lugar” (113). Primero, Merás destaca la habilidad de Avilés para siempre estar en el lugar correcto en el momento preciso. Por ejemplo, cuando fue nombrado general de la flota española contra los corsarios franceses, Avilés ejecutó este oficio con “tanta presteza y fortuna, que dejó libres las costas de las infamias que cometían” (115). Luego, cuando el Rey necesitaba armada, gente y dinero, Avilés respondió “con gran brevedad […]” (118). Como “experto militar” (118), Avilés sobresalió y “dióse tan buena maña con su armada, que dentro de media hora iba con ella á la vela la vuelta de la mar […]” (118). Salvó a los otros con el don divino porque “[f]ue cosa milagrosa salvar Nuestro Señor aquella armada de cuatro peligros, dentro de 10 ó 12 horas, que por cualquier ellos, á no se remediar con las diligencias que Dios alumbró á Pero Menéndez que hiciese, todas se perdieran […]” (120). Cuando todos se vieron fuera de este peligro, Merás concluye, “[…] no se puede encarecer la gloria que á Pero Menéndez daban todas las personas de la armada, grandes é pequeños […]” (120). No hay duda de que Avilés debe ser respetado como capitán. Es veloz, puntual, responsable y eficiente. Más que cualquier otra cualidad, Merás enfatiza la velocidad de su héroe quien actúa con “prestesa”, “gran brevedad”, “dentro de media hora”, y “dentro de 10 ó 12 horas”. Aunque se ve que Merás usa. 107 ■.

(6) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. palabras como “gloria” y “cosa milagrosa” para asociar a Avilés con lo divino, admite que ni él pudo evitar los problemas que conlleva la fama: Otras hazañas y casos singulares, que parecen increíbles, acreditaron á Pedro Menéndez de ser el mayor hombre de su tiempo; pero no bastó el aplauso, tan común como verdadero, á librarle de la saña de la envidia; pues habiéndole mandado volver á las Indias con la flota el año 1561, llegó á España cargado de riquezas y émulos, que dieron causa á la prisión […]. (127) Aunque fue falsamente acusado de maldades y condenado a la cárcel por los ministros del Rey, Avilés fue absuelto del crimen al final. En la épica medieval este tipo de mala fortuna se experimentó primero por el Cid quien dice al salir al destierro, “[e]sto me an buelto mios enemigos malos” (76). En el siglo XVI, Cortés se quejó de sus “muchos, diversos poderosos contrarios” que le acusaban de crimine lesae majestatis con sus “depravadas y diabólicas razones, juzgadas por falsas y no verdaderas conjeturas” (277). Los tres, el Cid, Cortés y Avilés siguen el clásico modelo del héroe caído que desea redimirse con acción heroica para recobrar su posición anterior (Whinnom, ed. Mío Cid 76n8-9). El medio para lograr ese fin en el Cid es la Reconquista de España, para Cortés es la conquista de México y para Avilés es el establecimiento de un imperio desde la Florida a Terra Nova.. La llegada a la Florida: Avilés y la arenga Keith Whinnom sugiere que la arenga de Leriano en la Cárcel de Amor de Diego San Pedro (pub. 1492) podría ser una digresión para interrumpir y separar la narración más larga del texto (57). Las que Merás inserta en el Memorial de Avilés podrían cumplir la misma función o ser ejemplos del mismo degressio que simplemente anima el discurso y entretiene a los lectores con delectatio (Cicerón 162). Sea lo que fuera su función en Merás, el tópico de la arenga del capitán heroico ante sus tropas en general se remonta hasta la Antigüedad en la tradición occidental. En la Edad Media hasta había los artes arengandi que bosquejaban las partes requeridas de dicho discurso. El ponente, por ejemplo, debía mencionar el valor de los soldados, la fama que obtendrían como la de sus antepasados, la justicia de su causa y lo bueno de morir por ella (Whinnom 56). Veremos algunos de estos temas en las arengas que Merás escribe de Avilés a continuación. En el Capítulo X, Merás empieza la historia de Avilés en la Florida. Lo primero que el Adelantado logra allí es conducir a sus tropas con destreza “navegando de día y surgiendo de noche” (139). Cuando hubo dificultades para encontrar el sitio de los luteranos franceses, Merás explica que el Adelantado sabía la solución. Desde el barco, primero envió a su maestre de campo y a otros soldados a tierra para explorar. Allá, “[…] los indios le[s] aguardaron y recibieron bien […]” (139). Luego el mismo Avilés decide ir a tierra a conocer a los indios que ayudaron a su expedición. Como era de esperar, aprendemos que los indios lo recibieron como rey: [. . .] luego que los indios le vieron en tierra, dexando sus arcos y flechas, se vinieron al dicho Adelantado, empezaron á cantar y á hacer. ■ 108.

(7) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. ademanes con las manos al cielo, á manera de adoración, que fue cosa harto de ver. El Adelantado les dio muchas cosas de rescates y les hizo dar de comer cosas dulces que llevaba en el batel […] (139) La presencia casi súper-humana de Avilés causa que los indios dejen caer sus armas al verlo. Sin embargo, al escribir que Avilés no se demora ante esta adoración, Merás implícitamente demuestra que su héroe no busca el reconocimiento egoísta para sí mismo. En cambio, los deja “muy contentos” (139) al viajar un poco más al norte donde luego fundó la ciudad de San Agustín. En la próxima viñeta, Merás incorpora el diálogo para animar su discurso y humanizar al personaje de Avilés. Al ver a los españoles por primera vez en las playas de la Florida, los franceses preguntaron quién era su general. Avilés respondió: “El que os lo pregunta se llama Pero Menéndez, y esta armada es del Rey de España, y so soy General della y vengo para ahorcar y degollar todos los luteranos que hallare en esta mar y tierra, y así lo traigo por instrucción de mi Rey […]” (142). Es el mismo tipo de presentación del auténtico héroe épico como el Cid, quien exclama, “¡[y]o só Ruy Díaz de Bivar, el Çid Campeador!” o “feridlos, cavalleros, d’amor e de grado e de grand voluntad,/ ca yo só Ruy Díaz, Mio Çid el de Bivar!/ Tanta cuerda de tienda í veriedes quebrar,/ arrancarse las estacas e acortarse a todas partes los tendales” (158). Tales discursos se usaban como gritos de combate, para animar a las tropas, o para señalar un punto de reunión durante la lucha (Mío Cid 129n721, 158n1139). Aquí, tanto el Cid como Avilés los usan para presentarse formalmente ante sus enemigos. Luego, después de celebrar la primera misa para sus tropas en la Florida, Avilés se junta con sus oficiales para darles la siguiente elocuente diatriba sobre dos valores premiados por la caballería medieval –la determinación y la valentía: –Señores y hermanos míos: nos, traemos una carga muy grande á cuestas, y muy trabajosa y peligrosa, y si fuese solamente por el Rey nuestro Señor, no me espantaría que alguno de nosotros nos cansásemos é hiciésemos algunas flaquezas de cobardes, en no poder pasar tantos trabaxos como se nos presentan; mas por ser empresa esta carga que traemos de Dios Nuestro Señor y de nuestro Rey, por malaventurado se puede tener el ministro de nosotros que mostrase flaqueza y que no animare á los oficiales y soldados de su cargo, que esto nos importa mucho, y así, Señores, os lo pido por merced, cuan encarecidamente del cielo no nos ha de faltar, y no nos desmaye el poco bastimento que tenemos, ni el quedar aislados en esta tierra; pídoos por merced que nos animemos y esforcemos todos á pasallos con paciencia. (145) Capta su benevolencia al decir con conciliatio (Cicerón 164) que, claro, entendería la pereza y agobio de las tropas bajo otras circunstancias. Pero dado que no solamente sirven al Rey sino a Dios, apela al sentido de lealtad espiritual para, a lo mejor, compensar su falta de energía terrenal. La cláusula sobre la flaqueza (“por malaventurado se puede tener el ministro. 109 ■.

(8) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. de nosotros que mostrase flaqueza y que no animare á los oficiales y soldados de su cargo”) de Avilés coincide con la de Leriano en la Cárcel de Amor (“[…] malaventurados seríamos si por flaqueza en nosotros se acabasse la heredad”). Si la vergüenza sobre la flaqueza no es suficiente para motivarlos, Leriano entonces les manda, “[…] pelead que libréis de vergüenza vuestra sangre y mi nombre” (146). Es decir, si nada más, que luchen por la misma herencia de ellos y la fama de él. Por su parte, Cortés sobrevive los murmullos en su contra con la siguiente exhortación: [Y] […] oí decir en una choza de ciertos compañeros, estando donde ellos no me veían, que si yo era loco y me metía donde nunca podría salir, que no lo fuesen ellos, sino que se volviesen a la mar, y que si yo quisiese volver con ellos, bien, y si no, que me dejasen. Muchas veces fui de esto por muchas veces requerido, y yo los animaba diciéndoles que mirasen que eran vasallos de vuestra alteza y que jamás en los españoles en ninguna parte hubo falta, y que estábamos en disposición de ganar para vuestra majestad los mayores reinos y señoríos que había en el mundo […] (39-40) Según las artes de la arenga, les recuerda para quien “trabajan” (el Rey de España) y qué están a punto de ganar (reinos y señoríos). Asimismo, en la Cárcel de Amor, el deseo de rescatar a la mujer que ama pone a Leriano también al servicio de una fuerza (el amor cortés) más grande que el del rey. Así con el mismo optatio ciceroniano (164-65), tanto Avilés como Cortés y Leriano acuden a un poder más alto para conseguir un resultado deseado. En los tres ejemplos hasta aquí presentados ve una gradación hacia arriba (o abajo dependiendo del orden) de dichos poderes (Dios-Avilés, Rey-Cortés, mujer-Leriano). En los casos de Avilés y Cortés, la exhortación a la lealtad superior funciona para silenciar a sus críticos. En todos los casos, los soldados de los héroes proceden adelante con “buena ventura” (Merás 146), “ánimo” (Cortés 40) y “tanta constancia de ánimo” (San Pedro 147). Esta arenga preliminar también demuestra que el Adelantado presentía la disensión que estaba a punto de empezar entre sus tropas sobre su liderazgo. Para combatir esto les sugiere que “[…] no se puede hacer la guerra que con éstos [hugonotes] tenemos, y ellos con nos, sino á sangre y fuego […] parésceme que debemos de tomar 500 soldados […] vamos a reconocer el camino, tierra y fuerte donde los luteranos están […]” (145). Merás podría estar siguiendo el mismo tipo de arenga hecha por Leriano a sus caballeros antes de atacar el castillo real en la Cárcel de Amor (146-47) o la del Cid antes de una batalla contra los moros: Ya cavalleros, apart fazed la ganancia,/ apriessa vos guarnid e metedos en las armas;/ el conde don Remont dar nos ha grant batalla,/ […]/ Pues adelant irán tras nós, aquí sea la batalla;/ apretad los cavallos e bistades las armas/ […]/ nós cavalgaremos siellas gallegas e huesas sobre calças, çiento cavalleros devemos vençer aquellas mesnadas,/ Antes que ellos lleguen a[l] llano, presentémosles las lanças […]. (148). ■ 110.

(9) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. Mientras todos advierten que las batallas serán feroces para sus fuerzas, Leriano señala que aunque sus hombres son “pocos en número” ganarán con su virtud sobre la “muchedumbre” del Rey (146). A su vez, tanto Avilés como el Cid cuentan a los soldados (500, 100) que se necesitarán para la batalla. Sin embargo, le cuesta más a Avilés que al Cid convencer a sus soldados ya que este gana al conde de Barcelona y aquel necesita realizar otra diatriba contra el creciente desacuerdo entre sus tropas: [E]ntiendo ahora que todos los soldados y mujeres que aquí están […] tienen disputas y porfías entre sí, sobre quién habló mejor ó peor, de tal manera que se murmura de nuestra provisión y que es temeridad hacer lo acordado [de atacar el fuerte francés]: parésceme muy mal caso, digno de gran reprehensión y castigo, y aunque sé quiénes son los más culpados desto y están aquí, no quiero condenar á ninguno, ni más de pediros, señores, por merced, que para adelante cada uno lo remedio con tener gran secreto en las cosas que en nuestros consejos se trataren, pues en las guerras donde no hubiere esto y diligencia, pocas veces se pueden tener buenos sucesos […]. (147) Avilés así se presenta, no solamente como excelente capitán militar, sino que como experto en manejar disputas y negociaciones entre sus propias tropas. Cuando declara que sabe quiénes son los chismosos, pero que opta por no castigarlos, hace un alarde de la mesura del caballero perfecto tan premiada en la épica medieval. El tópico se ve en el Cid quien habló “bien y tan mesurado” (76) y en la novela sentimental cuando Leriano declara que las mujeres “de la tenplança nos hacen dinos […] somos templados en la mesura” (Cárcel 161). Avilés realza esta mesura aún más aquí cuando recomienda el uso del “secreto” y la “diligencia” ante sus soldados.. El páramo y el sufrimiento El tono triunfal de Solís de Merás cambia drásticamente poco después cuando utilizando el tópico del pathos (Lanham 74) describe el sufrimiento de la expedición a medida que busca a los franceses en las áreas silvestres de la Florida: […] en lugar harto malo y cenagosa […] se pasaron muchas ciénagas, y traían á cuestas las armas y las mochilas con la comida, la gente llegó muy cansada y quebrantada, y como el agua de aquella noche fue tanta, no hubo remedio salvar pólvora ni mecha que no mojase todo y el poco de bizcocho que tenían en las mochilas, y no tenía ninguno cosa en su cuerpo que no estuviese bañada en agua […]. (148) En este lugar malo y cenagoso las tropas deambulan cansadas y quebrantadas. Es el mismo tópico del sufrimiento humano que ocurre en todo paisaje áspero o inhóspito. En la Divina Comedia, por ejemplo, Dante escribe del desierto donde el alma se encuentra perdida y confundida (Giamatti 45). Mazzotta describe el desierto de la Eneida como “the symbolic space of the fall where all directions and contours are uncertain and blurred” (151-52). De la misma manera las tropas cristianas del Cid “[p]assan las montañas que son fieras e grandes” para salvar Valencia (182) mientras el mismo Cid llegó a tiempo. 111 ■.

(10) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. para salvar a sus hijas que atravesaban la peña fuerte de Atienza, la sierra de Miedes, y los Montes Claros antes de sufrir la afrenta de los infantes en los altos montes del robledo de Corpes (253-55, 259). En la conquista de Chile, Ercilla escribe del mismo paisaje en La Araucana: Pasamos adelante descubriendo/ Siempre más arcabucos y breñales/ Lacerrada espesura y paso abriendo/ Con hachas, con machetes y destrales;/ Otros con pico y azadón rompiendo/ Las peñas y arraigados matorrales,/ Do el caballo hostigado y receloso/ Afirmase seguro el pie medroso. (486) Hasta Cortés experimentó el problema en México cuando escribe, “dimos luego en una gran ciénaga, que dura bien dos tiros de ballesta, la cosa más espantosa que jamás las gentes vieron” (234). Este tema de la naturaleza en contra de la empresa española luego se incluirá en el discurso del fracaso que Pastor observa en las crónicas después de las tempranas glorias épicas del siglo XVI en América. Además del paisaje en su contra, Avilés sufre más disensión de sus tropas en este momento cuando Merás escribe: [A]quí temió mucho el Adelantado tomar consejo con los capitanes, ni para volver atrás, ni para llegar al fuerte de los franceses, porque se empezaban algunos á desvergonzar, y sus oficiales, diciendo contra él palabras injuriosas, y tan altas, que é oía muchas dellas, en especial un alférez del capitán San Vicente, que se puso cerca del Adelantado, y dixo alto, porque él lo oyese: –Como nos trae vendidos este asturiano corito que no sabe de guerra de tierra más que un asno, y si fuera de mi consejo, el primer día que salió de San Agustín para hacer este camino, se le había de dar el pago que agora ha de llevar. (148) Avilés –el héroe de mar al principio de la obra– es, ahora, condenado por sus propios hombres por no saber lograr la guerra en tierra. Sin embargo, Avilés, como siempre, sabe exactamente qué decir para tranquilizar a los que estén en su contra. Aquí les explica que llevó toda la noche rezando a la Virgen para que les mostrara el camino al éxito. Sus hombres, por eso, deberán esperar la respuesta divina de ella a su favor también. Como era de esperar, Merás escribe que el discurso de Avilés funcionó porque luego “les parecía de buena razón, é que se debía llevar hasta el cabo el desinio y determinación acordada en este caso” (149). El Adelantado entonces los invita a rezar con él a la Virgen y suplicar su asistencia para vencer a los franceses. Otra vez, Avilés, con su hábil uso de la palabra, ejemplar fe católica, y sobresaliente liderazgo militar, silencia cualquier crítica e indicio de rebelión. Con un prisionero francés como guía, Avilés luego conduce la expedición adelante a pesar de “la oscuridad y tempestad de viento y agua” que borraba el camino (150). Bajo la valentía de Avilés los españoles ganaron el fuerte de los franceses con alegría y mataron de noche a todos los franceses sorprendidos. Igual que el Cid que derrota a Yúcef y captura un rico botín (196), el Adelantado Avilés proporciona a sus hombres comida (tocino, pan, vino,. ■ 112.

(11) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. manteca), ropa (camisas y vestidos), y alojamiento que encontró en el fuerte francés (154). Después de descansar, Avilés entra en consejo con sus capitanes y dice “arrasándosele los ojos de agua”, “—[s]eñores y hermanos míos, estas cosas Dios milagrosamente las hace, é vuelve por su causa: sepamos alabarle y servirle por tan gran merced como nos ha hecho” (154). El tópico del héroe épico que llora se remonta hasta la Biblia donde Jesús lloró a la muerte de Lázaro (San Juan 11:33-35) y el Cid, quien sale de Vivar para ir al destierro con “[…] los sos oios tan fuertemente llorando” (75) o “llor[a] de los oios” cuando el Rey Alfonso le pronuncia el perdón (213). Estas lágrimas sirven para humanizar a los personajes épicos o religiosos, para hacerles más creíbles y capaces de captar la benevolencia del público. Además de las lágrimas de agradecimiento de Avilés, Solís de Merás ahora usa nuevamente el tópico del pathos para precisar, no solamente las dificultades que los españoles experimentaron en el viaje a San Agustín después de capturar el fuerte, sino para profundizar el heroísmo de Avilés: Los trabaxos é peligros que el Adelantado pasó, y los que con él se volvieron este día que partió […] fueron tantos, que no se pueden creer, sino quien los vió […] entró en un monte por donde había ido, y habiendo andado por él media legua, halló mucho agua, é pensando salir pronto dello, caminó más de otra media legua, y hallaba cada vez más agua, de manera que no pudo pasar adelante, é volviendo atrás, iban creciendo los arroyos é el agua del monte: erró el camino de tal manera, que ni sabía si iba para tras, si para delante. (156-57) A pesar de esta situación imposible, Dios aclaró el cielo a tiempo para que Avilés ordenara que un soldado subiera un árbol para señalarle en qué dirección se movía el sol. Al saber ahora dónde quedaba el oeste, Avilés “reconosció” un río que habían pasado en la ida donde crecían unos árboles “raros y limpios por debaxo” (157). Hasta el mismo Merás admite que milagrosamente escaparon del laberinto sin morir (157). Otra vez, Avilés, aquí con su memoria no con sus palabras, encuentra la solución. Como resultado, ni la naturaleza ni los franceses lo pueden vencer.. Avilés y las referencias bíblicas La batalla por la Florida duró mucho tiempo con adelantos y retrocesos tanto para los españoles como para los franceses. Pero a pesar de cualquier situación Merás no deja de realzar el heroísmo de Avilés con referencias bíblicas. Al borde de la desesperación por salvar San Agustín, Avilés se preparaba para navegar a Cuba para conseguir abastecimientos: El Adelantado llevó en los 3 bajeles bastimento para 40 días los 300 hombres, é la ración de un día duraba dos, y les prometió procuraría hacer en todo el bien general de todos, aunque corriese peligros é trabaxos, que esperaba en la bondad é misericordia de dios le había de ayudar en todo para salir con tan santa é buena empresa, é ansí se despidió dellos [los colonos de San Agustín], quedando los más dellos llorando, porque era de todos muy amado, temido, querido, y respetado. (167). 113 ■.

(12) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. El tema de los cuarenta días (para los abastecimientos) se remonta hasta la misma cantidad de tiempo que Cristo pasó en el desierto bajo la tentación del Diablo (Mar. 1:12-13) o la duración del diluvio por el cual se preparaba el Arca de Noé (Gén. 7:12). Asimismo, la comida de un día que duró dos puede ser una ligera referencia a los cinco panes y dos peces que Jesús partió para alimentar a 5.000 (Mat. 14: 18-21). Al esperar en la “bondad” y la “misericordia” de Dios, el Adelantado demuestra su perfecta fe en la empresa mesiánica de España en América. Con el tópico del contrarium (Cicerón 165) Merás alterna las cualidades opuestas y similares de Avilés para mostrar mejor el carácter tanto único como complejo del conquistador (“amado”, “temido”, “querido”, y “respetado” (167, las cursivas y el subrayado son míos e indican parejas similares). Merás se aprovecha de otra marcha que Avilés condujo con sus soldados antes de dirigirse a Cuba para desarrollar la leyenda de su súper-héroe: Lo que en este camino el Adelantado andaba á pié, era cosa que admiraba á todos, porque no llevaba ningún caballo, é al tercero día no acabaron de llegar 50 soldados que dexaba en la retaguarda, con muchos cansados, que no podían caminar: dos soldados de los más reios que allí venían, de edad de 25 ó 30 años cada uno […]. (RC 168) Aunque les llevaba varios años de edad, Avilés dejó a dos jóvenes atrás sentados y exhaustos. Sea lo que fuera la verdad, el veritatis supralatio recomendado por Cicerón (162) le ayuda a Merás a exagerar la velocidad y fuerza del Adelantado. Entonces, Merás usa una breve cita de uno de ellos para dramatizar mejor la escena: –Compañero, me quiero sentar un poco, que voy muy cansado; é sin entenderlo el Adelantado, quedaron sentados estos dos, é dentro de un cuarto de hora, sin levantarse de allí, dio este su alma a Dios: el otro se esforzó á caminar tras el Adelantado, é desapareció una noche, que nunca más le vieron […]. (168-69) Tal viñeta de contrastes o contentio (Cicerón 162) podría ser una referencia indirecta a los discípulos quienes yacían dormidos mientras Jesús rezaba por su vida en Getsemaní (Mat. 26:40-45). Así el Adelantado luce como el conquistador invencible comparado con los débiles que no pueden alcanzar su nivel casi divino.. Avilés, el maestro de la multi-tarea La caminata no es el fin del mito que Merás construye, ya que Avilés también es maestro de la navegación. Primero el autor explica que ninguna nave se había atrevido a viajar a Cuba a través del Canal de las Bahamas debido al peligro de sus corrientes. Sin embargo, esta amenaza no detiene a Avilés: [E]l Adelantado había de navegar á la isla de Cuba la vuelta del sur, é tomaba la corriente por contraria […] porque él se ponía por ellos [los colonos en San Agustín] en un peligro de los grandes que nunca hombre se había puesto […] y el Adelantado se embarcó, y tuvo tan. ■ 114.

(13) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. próspero viento, que habiendo dende allí á la Habana cient leguas, y de corrientes contrarias, las anduvo en 2 días naturales, cosa de admiración […]. (169) Las oraciones que pidió a los colonos aseguraron la continuidad de la asistencia divina para su misión mesiánica en América. Hasta las corrientes nunca probadas no lo vencieron en el mar. Pero como Merás explica, no solamente la valentía sino la paciencia de Avilés destacó durante su viaje a Cuba para conseguir bienes para su colonia en la Florida: Y otro día por la mañana, el Adelantado se fue á misa, y al salir, entró el Gobernador [de Cuba], y se hablaron, y todo advirtieron la mucha sequedad con que el Gobernador habló al Adelantado, que fue como si nunca le hubiera conocido, é ansí se despidieron. […] fue á ver al Gobernador, é le dixo la gran necesidad en que quedaba la gente de la Florida […]. El Gobernador le respondió que no los quería dar. […] Dixo que aunque fuese su soldado, él [el Gobernador] lo había de castigar, como Gobernador de la tierra, y á los más soldados del Adelantado que en su distrito hiciesen cosas indebidas. […] Hubo en estos 15 días algunas cosas peligrosas de dares y tomares entre el Adelantado y el Gobernador: notaron muchos la paciencia del Adelantado. […] Todos aprobaron la determinación del Adelantado. (172-75) Sobresalen los comentarios del autor sobre la reacción del público que cuidadosamente observaba la interacción de los dos hombres y esperaba el resultado de sus negociaciones durante las dos semanas. A pesar de la frialdad del Gobernador, Merás pinta al Adelantado como un hombre que nadie (ni nada) puede parar. Es determinado, tenaz, valiente y fuerte pero, como vemos aquí, a la vez paciente y cortés. En la vuelta a la Florida, Avilés oyó noticias de que había unos hombres y mujeres cautivos durante veinte años en poder de un cacique indio, Carlos. Decide investigar el caso y, en el mismo viaje, hacer un desvío al norte para revisar la situación de su otra colonia, Santa Elena (hoy en Carolina del Sur). Santa Elena especialmente le preocupaba porque allá los indios le decían que “había franceses nuevamente venidos” (176). Según Merás, Avilés usaba “gran secretad é deligencia” (178) para planificar su llegada al pueblo de Carlos con el fin de rescatar a los españoles. Al llegar ordenó que Carlos le entregara a los prisioneros: El cacique, con miedo, ansí lo hizo [entregarlos], y dentro de una hora truxeron 5 mujeres é 3 cristianos, á los cuales mandó el Adelantado dar luego unas camisas, é de cariseas é Londrés, que traía, mandó á 4 ó 5 sastres que allí venían, les hiciesen de vestir, y o mesmo los cristianos: lloraban de contento, que era cosa de ver. El Adelantado las consolaba é regalaba mucho, é decían que tenían mucha pena por los hijos que dexaban allí. (178). 115 ■.

(14) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. Aquí, Avilés no solamente se ve generoso (“regalaba mucho”) sino que se revela su lado sensible (“consolaba”, “tenía mucha pena”). Ya no es tanto el marchante militar sino un hombre que conoce la moda y el estilo (dio camisas, cariseas y Londrés) para vestir a la gente. Además siempre tiene al personal correcto (aquí, hasta varios sastres) para cada situación o necesidad inesperada que pudiera surgir. En el mismo pueblo de Carlos, el autor nos explica que Avilés no es solamente generoso sino incluso dispuesto a sacrificar todos sus bienes personales por el éxito de la misión evangélica de España en América. Aunque tuvo al cacique prisionero se negó a aceptar un rescate caro por soltarlo: Todos los capitanes, soldados é marineros que allí estábamos, quedamos admirados de la respuesta que el Adelantado diera, porque sabíamos lo mucho que había gastado en esta empresa, é la poca ayuda que S. M. le había dado, é que quedaba en España endeudado, é lo mismo dexaba á sus deudos é amigos, é lo estaba en la Habana, é había enviado á tomar dineros prestados á la Nueva España, y lo tuvimos por hombre mal aconsejado […]. (179) Al escribir de las deudas de Avilés y sus amigos en América y en España, Merás casi los pinta como personajes patéticos. Esta opinión se nota especialmente cuando leemos que todos le creían a Avilés “mal aconsejado”. Entonces, otra escena en el pueblo del cacique Carlos se incluye para demostrar la destreza lingüística del Adelantado: El Adelantado […] llevaba escritos muchos vocablos en lenguaje de indios […] le dixo [a Carlos] las palabras que pensaba decirle, en su propia lengua; quedaron admirados el cacique é los indios; pensaron que hablaba el papel é lo que en él estaba escrito […]. [Y] por lo que llevaba escrito le dixo en su lengua, leyendo por el papel, muchas cosas, de que ellos é todos los indios é indias que allí estaban, se alegraron. (RC 181) Los indígenas se maravillaron tanto del bilingüismo de Avilés que pensaban que por magia hablaba el papel. Cuando Carlos desea regalar al Adelantado una “mujer”, Merás escribe que de hecho era la hermana del cacique, de 35 años, y “nada hermosa” (181). Al verla tan fea, Avilés decide hacerle un “cambio total”: “Luego las cristianas que allí estaban, la hicieron lavar, tocar é vestir, que pareció harto mexor que primero, cuando estaba desnuda; é los capitanes, con industria, la alababan de muy hermosa é mesurada: pusiéronle nombre Doña Antonia” (183). Avilés y sus hombres también hasta revisten a la esposa de Carlos con “ropas verdes, con que la mujer del cacique estaba harto hermosa” (182). Después de completar la vestimenta a la española de las indias, Avilés ostenta su talento y gusto culinarios cuando organiza un banquete para todos: [El Adelantado] mandó traer la comida, la cual fue muchos géneros de pescado muy bueno, asado é cocido, é ostriones crudos, cocidos. ■ 116.

(15) Charles B. Moore. Pedro Menéndez de Avilés y la tradición del modelo…. é asados, sin otra cosa. […] había hecho desembarcar un quintal de bizcochos muy buenos é una botixa de vino é otra de miel de azúcar, é repartió por todos aquellos principales, é con la lengua les mandó truxesen escudillas para echarles de aquel miel: dióles algunas confituras é carne de membrillo, y en un plato de por sí comió el Adelantado, y la hermana del cacique en otro, y el cacique é su mujer en otro, pero en mesa, manteles y pañizuelos que el Adelantado había hecho llevar: bien entendieron ser nuestra comida muy mejor que la suya. (182) Con los sastres y ropa que ya tenía, Avilés anticipó la necesidad de tener suficiente comida para una cena ya lista con manteles y servilletas. Pero sus preparativos para el banquete no terminaron con la comida y formalidad de las mesas. También planificaba tener entretenimiento para los invitados por medio de cantantes y música: Cuando la comida se traía […] tocaron las trompetas que estaban de la parte de fuera, y en cuanto comió el Adelantado, tocaron los instrumentos muy bien é bailaba el enano: empezaron á cantar 4 ó 6 gentiles hombres que allí estaban, que tenían muy buenas voces, con muy buena orden, que por ser el Adelantado muy amigo de música, siempre procura de traer consigo lo mejor que puede; alegrándose los indios extrañamente de oir aquello. (182) Después de la cena, el cacique pidió que Avilés fuera a “reposar” con su hermana porque “pues se la había dado por mujer, é si no lo hacía, que sus indios se escandalizarían, diciendo que se reía dellos é della é la tenía en poco; é había en el pueblo más de 4.000 indios é indias” (182). Sin embargo, Avilés se negó a ser presionado y respondió, “[…] los cristianos no podían dormir con mujeres que no fuesen cristianas” (182). De esta manera, Avilés se presenta como un hombre moral de fe con respeto para con las mujeres.. Conclusión El presente estudio ha intentado mostrar que el Memorial por el Doctor Gonzalo Solís de Merás sobre Pedro Menéndez de Avilés, discutiblemente el conquistador más carismático, si no importante, de la historia pre-inglesa del sureste de los Estados Unidos, es merecedor de atención crítica no solo por sus aportes históricos. Aunque la poca atención que ha recibido a través de los siglos ha destacado su sinceridad y simplicidad, propongo con el presente estudio que la obra es mucho más rica y compleja de lo que se ha pensado. Sea por sus tópicos bíblicos y literarios de la Antigüedad o su retórica y tropos ciceronianos, el Memorial de Solís de Méras debe ser incluido no solamente dentro del canon de la literatura latinoamericana colonial, sino de la estadounidense también. De esa manera, la famosa pugna entre la historia y la ficción perdura hasta el fin de la época de las grandes conquistas españolas en el Nuevo Mundo.. 117 ■.

(16) Taller de Letras N° 45: 103-118, 2009. Bibliografía Anónimo. Poema de Mío Cid. 5ta ed. Ed. Ian Michael. Madrid: Castalia, 1987. Barcia Carballino y Zúñiga, Andrés González de. Ensayo cronológico de la historia general de la Florida. Madrid: Oficina Real, 1723. Cervantes, Miguel de. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Ed. Juis Andrés Murillo. Vol. 1. Madrid: Castalia, 1987. Cicerón. De Oratore. Vol. II. Trad. H. Rackman. Cambridge, MA: Harvard UP, 1942. Cortés, Hernán. Cartas de relación. Ed. Manual Alcalá. 15ª ed. México, D.F.: Porrúa, 1988. Curtius, Ernest R. Literatura europea y edad media latina. Trad. Margit Frenk Alatorre Antonio Alatorre. Vol. 1. México: Fondo de Cultura Económica, 1955. Ercilla y Zúñiga, Alonso de. La Araucana. 6ta ed. México, D.F.: Porrúa, 1986. García y Castañón, Santiago. “García Castañón opta por un Pedro Menéndez ‘ni héroe ni villano.’” El Comercio Digital. 20 junio 2007. 5 mayo 2008 <http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20070620/aviles/garciacastanon-opta pedro_20…> . Vida y fabulosas aventuras de Pedro Menéndez de Avilés. Avilés, España: Sociedad Económica de Amigos del País, 2006. Giamatti, A. Bartlett. The Earthly Paradise and the Renaissance Epic. Princeton, NJ: Princeton UP, 1966. Lanham, Richard. A Handlist of Rhetorical Terms. Berkeley: U. of California P, 1969. Lerner, Isaías. “Prólogo”. Mercado, ed. iv-vi. Lyon, Eugene. The Enterprise of Florida: Pedro Menendez de Aviles and the Spanish Conquest of 1565-1568. Gainesville, FL: U. of Florida P, 1983. Mazzotta, Giuseppe. Dante, poet of the desert. Princeton, NJ: Princeton UP, 1979. Mercado, Juan Carlos, ed. Menéndez de Avilés y la Florida: Crónicas de sus expediciones. Lewiston, NY: Edwin Mellin, 2006. . “Espacios y encuentros fronterizos en la América Colonial: el caso de la Florida de Pedro Menéndez de Avilés (1565)”. Actas del XIV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, IV: Literatura hispanoamericana. Eds. Isaías Lerner, et al. Newark, DE: Cuesta, 2004. 431-40. Moore, Charles B. “La tradición literaria de las relaciones asociadas con el viaje de Pedro Menéndez de Avilés al sureste de Norteamérica en 1565”. Revista de Historia de América 133 (2003): 103-23. Pastor, Beatriz. Discursos narrativos de la conquista: mitificación y emergencia. Ruidíaz y Caravia, Eugenio, ed. La Florida: su conquista y colonización por Pedro Menéndez de Avilés. Vol. 2. Madrid: Hijos de J.A. García, 1893. San Pedro, Diego de. La cárcel de amor. Obras completas II. Ed. Keith Whinnom. Madrid: Castalia, 1971.. ■ 118.

(17)

Nuevo documento

Se ha comprobado que en algunas zonas rurales donde se han implementado tecnologías bien sean convencionales o no convencionales de tratamiento de agua, las cuales generalmente han sido

Como resultado del proceso de apropiación social de los filtros cerámicos con plata coloidal CWF por parte de las familias indígenas Emberá Chamí se puede afirmar que de acuerdo con el

4.2 RESULTADOS Una vez implementado todo el sistema que se ha diseñado y habiéndose realizado las pruebas necesarias con todos los equipos involucrados en el proyecto se puede apreciar

RESUMEN El tema escogido tiene relevancia en función que en la Fiscalía de la provincia de Morona Santiago han influido los riesgos psicosociales; la problemática fue determinar cómo

Capítulo 5 METODOLOGÍA La secretaria de educación de Pereira nos facilitó amablemente los listados actualizados de los centros educativos del municipio con su respectivo número y

RESUMEN En la Unidad Educativa “Capitán Edmundo Chiriboga”, la problemática fue conocer la influencia de las familias disfuncionales en el proceso de lecto escritura de los estudiantes,

Por esta razón y tomando como punto de partida la experiencia previa de implementar recursos tecnológicos para la enseñanza del inglés con estudiantes del colegio público Gabriel

El Ministerio de Educación Nacional MEN argumenta que basándose en lo expuesto por la UNESCO, ha desarrollado la “Ruta de desarrollo profesional docente para el uso de nuevas

En el capítulo IV se realizó el análisis e interpretación de los resultados obtenidos mediante la utilización de la encuesta como técnica y el cuestionario como instrumento, el cual

De esta manera, se tiene en cuenta la apropiación de la metodología de la indagación en el diseño e implementación de una unidad didáctica, como una estrategia para la enseñanza de la