CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA ETNOGRAFÍA BOLIVIANA
D I S T R I B U C I O N G E O G R A F I C A
DE LOS I N D Í G E N A S A C T U A L E S D E L D E P A R T A M E N T O D E S A N T A CRUZ
Señores:
Invitado, aunque inmerecidamente, á concurrir á este impor- tantísimo Congreso, é invitada también la Sociedad de estudios geográficos é históricos de Santa Cruz de la Sierra, á la que tengo el honor de pertenecer, y de la cual soy delegado, me permito presentar á la consideración de los ilustrados congre- sistas que me escuchan, la deficiente reseña que sigue.
Debo advertir de antemano, que en mi país no se hacen es- tudios americanistas de ningún género, que muchos de los da- tos que consigno, los he tomado de viajeros, y por esta razón, pido tengan la benevolencia de disculparme las deficiencias que pudieran notar.
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D E S C R I P C I Ó N S O M E R A D E L A L O C A L I D A D
El territorio del departamento de Santa Cruz, es sumamente variado. Algunos creerían que está todo cubierto de selvas tro-
picales, y formado de llanuras exclusivamente; pero no es así;
tiene regiones montañosas ó de serranías, bosques, matorrales y pampas, tanto en la llanura como en las sierras. La provincia de Vallegrande, está totalmente comprendida entre las últimas ramificaciones orientales de la cordillera andina; las provincias del Sara, Cercado y Cordillera, tienen parte en la misma serra- nía, hacia el oeste, y parte en la llanura del este; las provincias de Velasco y Chiquitos, tienen parte en serranías, que son ra- mificaciones de las de Matto Grosso, del Brasil, y parte en las llanuras, hacia el oeste. Estas llanuras están constituidas por los bañados ó aluviones de los ríos Piraí, Grande (Guapay) y San Miguel. La antigua provincia de Chiquitos, ha sido dividi- da en dos secciones, conservando el nombre primitivo la sec- ción del sur, y llevando el nombre de Velasco, la del norte. Al sur de la sierra de San José, que con algunos cambios de nom- bre, va hasta el río Paraguay, se extiende la parte norte del Chaco boreal ó boliviano.
La región llana, está comprendida entre las últimas estriba- ciones de los Andes orientales y las serranías de Velasco y Chiquitos, de oeste á este; se confunde con los llanos de Mojos por el norte, y con los llanos del Chaco, abarcando parte de éste, por el sur.
II
L O S I N D Í G E N A S C O N S I D E R A D O S E N C O N J U N T O
Dentro del departamento, se encuentran dos grandes tribus, reducidas en su mayor parte: la cliiquitana y la chiriguana. De la tribu de los Chiquitos, ó chiquitanos, hay tres ramas en es- tado salvaje: los Otuquis, Zamucos y Guateses; de la tribu re- ducida de los Chiriguanos, hay una rama también reducida, la
• de los Guarayos, que constituyen los cinco pueblos de las mi-
•rtiones que llevan el misino nombre, y tres ramas en estado sal- vaje, los Sirionós, Yanaiguas y Bororós.
Además existen otras tribus poco numerosas, que no es posi- ble incluirlas en las anteriores, por no tener semejanza con las
•de ellas, las lenguas que hablan. Estas tribus son las de los Pausernas, Yuracarés ó Majeños y Chamacocos, semisalvajes;
y , los Sansimonianos (?), salvajes.
Todos los indígenas reducidos, han perdido casi por completo sus costumbres primitivas, bajo la influencia de los blancos du- rante un período de más de 300 años de dominación y mestiza- je, quedándoles únicamente la creencia en los brujos ó adivinos
y el amor decidido á la pezca.
Los indígenas semisalvajes, conservan sus costumbres, pero mantienen relaciones de amistad con los blancos, y algunos, prestan servicios á jornal.
III
L O S C H I Q U 1 T A N O S Y S U S R A M A S E N E S T A D O S A L V A J E
1. Ghiquitanos
Según los datos más conocidos, fueron los chiquitanos los primeros habitantes que encontró Suflo de Chávez, al internar- se en el territorio que constituyó más tarde su gobernación. El
«eííor Eené Moreno, dice que el conquistador los encontró vi- viendo en el hueco de un toborochi (yuchán), razón por la que Chávez hizo figurar en su escudo, dicho árbol, escudo que co- rresponde. también á la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Estos indígenas, habitan hoy en el territorio, que probable- mente habitaban en la época de la conquista. Este vasto terri- torio está comprendido entre las serranías del sur de la pro- vincia de Chiquitos y el río Iténez ó Guaporé, de sur á norte;
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y, entre los ríos San Miguel y Paraguay de oeste á este, con ligeras variantes. Son, pues, serranos, porque todo el territorio está más ó menos cubierto de serranías bajas, primitivas, esto es, de rocas graníticas en su mayor parte.
Los cliiquitanos, son de fisonomía simpática y rostro seme- jante al de los blancos, por sus contornos, de organización ro- busta y cuerpo bien conformado, valientes y constantes en el trabajo, lo cual los diferencia de los chiriguanos. Estos indíge- nas están desapareciendo rápidamente á consecuencia de los abusos que cometen con ellos los patrones y enganchadores de gente, para la explotación de la goma elástica, y francamente, merecen la protección del gobierno, por sus buenas aptitudes para el trabajo y habilidad para las artes.
En Buenavista y San Carlos, cantones de la provincia del Sara, y los más occidentales de ella, existen también indios chiquitanos, conducidos allí por los misioneros jesuítas, para fundar con ellos, reducciones, en terrenos muy parecidos á los de su localidad primitiva.
2. Ramas chiquitanos en estado salvaje
De estas ramas, cuyos nombres han sido indicados anterior- mente, habitan las dos primeras, Otuquis y Zamucos, al sur de las serranías de Chiquitos, ó sea la parte norte del Chaco boreal, y entre las Salinas de Santiago, y el lugar que ocupó la extinguida misión de San Ignacio de Zamucos, de oeste á este.
Estos salvajes, suelen asaltar á los viajeros, con el propósito de robar, llevándose todos los objetos de acero ó hierro y des- trozando lo demás.
Los Guatoses, según datos, habitan las cercanías del lago Craiba, y no se tiene noticia de que hayan asaltado á los explo- radores, en ninguna de las ocasiones que se han encontrado.
IV
L O S C H I R I G U A N O S Y S U S R A M A S E N E S T A D O S A L V A J E
1. Chiriguanos
Esta gran tribu, mucho más numerosa y aguerrida que la anterior, ocupa casi toda la extensión del departamento de San- ta Cruz, y es la que más dió que hacer á los conquistadores es- pañoles, pues fueron los Chiriguanos, los que obligaron á aban- donar el lugar donde fué primitivamente ubicada la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, y aun dos veces más, según parece, por datos que los historiadores tendrán que esclarecer luego.
Todavía en el año 1892, hicieron un levantamiento general, en la provincia de Cordillera, que costó la vida á muchos blancos, y á miles de indios, por el arrojo con que pretendieron oponerse á las armas modernas, engañados con la idea de una pronta re- surrección.
Parece que los Chiriguanos tienen poco apego á las serranías elevadas, razón por la que ocupan siempre la llanura, sea cu- bierta de bosque ó no, y las serranías poco elevadas de la pro- vincia de Cordillera. Todos los indígenas reducidos, que viven en la citada provincia, son Chiriguanos; en la provincia de Va- llegrande, hay dos ó tres caseríos de ellos, y muchos indios que sirven como peones en las haciendas; en las provincias del Cer- cado y Sara, existen las reducciones de Porongo (Ayacucho), Santa Rosa y Bivosi, siendo casi todos los peones de estas dos últimas provincias, de origen chiriguano, exceptuando los ya citados de Buenavista y San Carlos.
La mayor parte del Chaco boliviano, parte del departamento del Beni y de las provincias de Yelasco y Chiquitos, tienen al- gunas ramas de la gran tribu chiriguana, como se verá más adelante.
Los chiriguanos, son de fisonomía poco agradable, perezosos, de mala índole casi siempre, muy apáticos, sin amor al hogar ni al terreno y dados á los vicios. El cruce con los blancos, pro- duce tipos de fisonomía muy simpática y hermosa; pero rara vez mejora los demás defectos.
Enclavada en el noroeste de la provincia de Velasco, hay una rama de Chiriguanos, reducidos en las misiones de Guarayos, siendo éste el nombre de la rama, y forman cinco pueblos que son: Yaguarú, Urubichá, Yotaú, San Pablo y Ascensión, que es la capital. La reducción de estos indios, fué comenzada por sacerdotes crúcenos, y después se encomendó á los frailes fran- ciscanos. Hoy constituyen pueblos florecientes é industriosos, bajo el dominio absoluto de los citados frailes.
2. Ramas chiriguanos en estado salvaje
a) Sirionós. — Sin la menor duda, los Sirionós forman la tribu más numerosa de salvajes, distribuida, probablemente, en nu- merosas familias, pues, aparecen por diversas partes del depar- tamento, y aun en Mojos, que pertenece al del Beni. Habitan en los bosques, acercándose á los ríos, lagunas y esteros, donde además del agua tienen la pezca. Se les encuentra entre los ríos Grande y San Miguel, desde una línea imaginaria de oeste á este, tirada del punto llamado el Palmarito hasta el río San Mi- guel, y de allí, se extienden hacia el norte hasta Mojos; se ex- tienden también hacia el oeste, entre los ríos Grande, Piraí, Palacios y Yapacaní, hasta pocas leguas al norte del pueblo de San Carlos (Sara) y, pululan por parte de la provincia de Velas- co, sobre todo, entre las misiones de Guarayos. Son temibles porque acechan traidoramente á los viajeros, para robarles los objetos de hierro y acero, ó por venganza. Suelen asaltar á los establecimientos agrícolas ó ganaderos y casas aisladas, con el mismo objeto de robar; pero son sumamente cobardes. No cul-
tivan nada, y sus tolderías son provisionales, porque son nóma- des; viven de la caza y la pezca; como alimento vegetal, usan el palmito, cogollo de la palmera llamada motacu (Attalea prin- ceps (í)). Andan completamente desnudos, y no es posible cono- cer ó estudiar sus costumbres, dada la odiosidad que tienen á todos los hombres civilizados, pues también detestan ó atacan á los indígenas reducidos.
Los sirionós se distinguen de los demás salvajes, por la exce- siva longitud de sus arcos y flechas, que suelen alcanzar á dos metros cincuenta centímetros de largo, poco más ó menos.
Usan tres clases de flechas: unas terminan en botón, para cazar aves pequeñas; otras terminan en forma de hierro de lan- za alargado, cortantes, son hechas de bambú; las más temibles, terminan en largas puntas, de 40 centímetros más ó menos, con púas hacia atrás, de suerte que al arrancarlas destrozan bárba- ramente las carnes; son hecha de la madera sumamente dura é incorruptible, de una palmera llamada chonta. Estas últimas flechas son las que usan contra el hombre, y probablemente con- tra el tigre (jaguar) y el tapir.
b) Yanaiguas ó Y anas. — Estos indígenas, habitan entre [zozo, las Salinas de Chiquitos, el río Grande y limitan por el norte con los sirionós. Son también temibles, porque asaltan á los viajeros con el objeto de robar. Usan flechas cortas, de 80 centímetros más ó menos y usan macanas ó espátulas de made- ra muy dura. Andan desnudos, y llevan sandalias de madera, de forma trapecial. Sus costumbres son poco conocidas, y hace pocos años, relativamente, que asaltan á los viajeros á Chiqui- tos. El territorio que habitan, es menos cubierto de bosques, esto es tiene pampas, pero sembradas de palmeras totaí y ca- randa.
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O T R A S T R I B U S I N D Í G E N A S
1. Scmisalvajes
a) Chamacocos. — Esta tribu, es más conocida acá, en Bue- nos Aires, que en Boli'via, por esta razón, no necesito ocuparme de ella. Habitan las cercanías de Bahía Negra y catorce de Ma- yo, como es sabido.
b) Pamema». — Estos indígenas, habitaban la margen dere- cha del río Paraguá, afluente del Iténez, donde fueron encon- trados por los primeros exploradores y explotadores de goma elástica; pero los blancos resultaron más salvajes que los pau- sernas, cometieron abusos con ellos y los obligaron á replegarse hacia el río Yerde. Cultivan plátanos (bananos), yucas (mandio- cas), camotes (batatas), etc.; proporcionaban sus productos á los explotadores, casi gratuitamente, y nunca ofendieron, ni en re- presalias, á los blancos, á pesar de los abusos que con ellos co- metieron, prefiriendo más bien retirarse. Hablan portugués, sin duda por el contacto frecuente con los brasileros, que habitan la margen derecha del río Iténez.
c) Yuracarés ó majeilos. — La tribu de los yuracarés, habita las márgenes de los ríos Ichilo, Cliimoré y afluentes, hacia el noroeste de la provincia del Sara. Son excelentes nadadores y muy buenos tripulantes de canoas, prestando sus servicios en esta forma, á los que navegan por los ríos Chaparé, Cliimoré, Marnoré, etc. Visten una especie de camisa sin mangas, llamada camijeta, hecha del líber machacado de dos ficáceas, llamadas higuerón, la una, y bivosi, la otra. Algunos suelen pintar las camijetas de negro, rojo, amarillo, azul ó avellano. Son muy buenos tiradores de flecha, pero se nota en ellos alguna tenden- cia al cretinismo.
Con indígenas de esta tribu, se formó una reducción, llamada de majeños, sobre el río Icliilo, pero por enfermedad del con- versor, y más que todo, por descuido de las autoridades, los in- dígenas quedaron abandonados á su propia suerte, y volvieron á sus antiguas costumbres. Hoy, no se sabe dónde estuvo ubi- cada la reducción, y sólo lie podido ver una plantación de ca- caoteros, en la confluencia de los ríos Moile é Ichilo. Hace po- cos años, se formó otra reducción de Yuracarés, sobre el río Cbimoré, en el departamento de Cocliabamba; pero hay toda vía numerosas familias que detestan el tutelaje de los frailes, y permanecen á orillas del río Ichilo, en el departamento de San- ta Cruz.
2. Salvajes
a) Sansimonianos (f). — Hace algunos meses, un explotador de goma elástica, encontró hacia el oeste del río Paraguá, una tribu de salvajes, que habían atacado á sus trabajadores. Los persiguió con gente bien armada; mataron muchos salvajes dis- persándolos por completo, y encontraron en sus ranchos, ídolos de madera, con forma humana, de dos metros de altura, poco más ó menos, y vestidos con túnicas de hilo de algodón, fabri- cadas al estilo de las hamacas paraguayas. No se sabe á que tri- bu pertenecen, pero se supone que sean Sansimonianos, porque la serranía de San Simón, dista poco de esos lugares.
VI
O B S E R V A C I O N E S
Queda mucho que estudiar, en cuanto á etnografía y etnolo- gía del departamento de Santa Cruz, según veo, por los datos que me lian comunicado, y que indico á continuación: Entre Puerto Suárez y Bahía Negra, hay un lugar llamado La Cruz;
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allí, según dicen, bay grabados en bajo relieve, sobre una pie- dra, al nivel del suelo, huellas de pies de diferentes animales, y de dos culebras, que se cruzan en forma de cruz, que es lo que da nombre al lugar.
El señor Luis Lavadenz, según me refirió, ha encontrado en la parte superior del río San Miguel, grabados semejantes á los.
de La Cruz, pero con la particularidad de que las huellas, son únicamente del pie izquierdo, habiendo allí huellas de hombres, mujeres y niños, bien caracterizadas, así como de muchas otras especies de animales. Este río, es casi desconocido de todos,,
pues no figura en ningún mapa; corre de oeste á este, una extensión de 14 leguas, insumiéndose en la arena, sin llegar al río Paraguay, hacia el cual se dirige. Según la tradición del in- dio que sirvió de guía al señor Lavadenz, el lugar donde esta- ban las huellas, era santo y el santo había ordenado, que allí todos caminasen sobre el pie izquierdo. Como se ve, esta tradi- ción no corresponde á la que debieran tener los descendientes de los grabadores.
Se dice que en la parte superior de la Quebrada Ancha, que cruza por el pueblo de Santa Rosa de la Mina, hay grabadas en las piedras de la barranca, líneas en forma de círculos, arcos y ángulos. *
Además, he visto en la Quebrada de San Lorenzo, afluente del río Quísere, una especie de monograma complicado, de for- ma elíptica, de 50 centímetros de diámetro mayor, más ó me- nos. El grabado está hecho sobre roca granítica, y siendo las líneas poco salientes y negra la roca, resulta el grabado indes- cifrable, mientras no se pinten de blanco las líneas.
En Pedro Lorenzo, en la confluencia de la Quebrada de Es- pejos con el río Piraí, lo mismo que en las cercanías del río Pa- lacios, se han encontrado cacharros con trípode, que no corres- ponden á la alfarería de las tribus indígenas hoy existentes en el país.
¡ Á qué tribu pertenecen esos grabados y esos cacharros f Este es un secreto que la ciencia debe revelar, pues los indíge- nas actuales, y los que encontraron los espafioles en la época
<le la conquista, no están, ni estaban tan adelantados para pro- ducir tales trabajos.
Agregaré otro dato más: á siete ú ocho kilómetros, al sudes te (le Samaipata, provincia de Vallegrande, existen unas ruinas conocidas con el nombre de El Fuerte. Según me ha comunica do el barón de Nordenskiold, que visitó las ruinas, son de origer preincaico, y coetáneas de Tiahuanaco.
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C O N C L U S I Ó N
En la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, no se hallan docu mentos ni obras que consultar, para hacer estudios comparati vos de etnología, etnografía y arqueología, ni existe ningúi trabajo al respecto, de donde resulta que los estudiosos, n<
pueden contribuir con sus esfuerzos á la prosecución de dicho estudios.
Queda, pues, á los extranjeros, la tarea (le luchar con toda las dificultades, para descorrer el velo del pasado, en cuanto los estudios americanistas, en esta parte; pero sin auxiliares el la localidad, y para salvar este inconveniente, me atrevo proponer á los muy ilustrados miembros de este congreso, un idea que pudiera tal vez ser aceptable, y es la creación de un revista ilustrada, en la que se transcriba todo lo que se ha pi blicado ya sobre arqueología, etnología y etnografía, y se pi blique todo lo que se descubra; que la revista se redacte e varios idiomas, y se remita gratuitamente á las bibliotecas pí blicas, á las universidades, á los colegios, y por último á todr
los establecimientos de instrucción, á fin de que los aficionados puedan encontrar medios de hacer la confrontación, para el es- tudio comparado de los objetos que puedan encontrar ó des- cubrir.
Al terminar, vuelvo á pediros disculpa de las deficiencias que haya cometido.
Discusión : El señor Samuel A. Lafone Quevedo hizo algu- nas preguntas al conferenciante señor Burela quien á su vez (lió todos los datos que se le pidieron.
El señor Alonso Criado á su vez hizo una ligera defensa de los indígenas que trabajan en la explotación del caucho, pol- las injusticias á que se ven conducidos por los traficantes de dicho artículo.