La familia que reza unida, permanece unida

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La devoción del rosario ha existido en la Iglesia desde hace muchos siglos. Se originaron, inicialmente, en los monasterios donde se rezaba un salterio de 150 salmos. Como no todos los monjes podían leer los salmos, lo reemplazaban por 150 padrenuestros.

Con el paso del tiempo se reemplazaron por avemarías, y se empezó a contemplar misterios de la vida de Jesús, alrededor del año 1365 y se le dio la forma del rosario que conocemos en la actualidad.

En 1214, la Virgen María se apareció al fundador de la Orden de Predicadores, Santo Domingo de Guzmán, y le dijo que con el rosario serían convertidos los herejes a quienes predicaba. También le pidió que propagara esta devoción y le dijo: "Un día, mediante el Rosario y el Escapulario, se salvará el mundo". Muerto santo Domingo, la devoción del rosario se fue apagando en la orden. En 1349, con la epidemia de la “peste negra”, la Santísima Virgen María se apareció al beato Alan de Roche, junto a Jesús y santo Domingo para pedirle restaurar la devoción del rosario con toda la orden dominica y desde allí se popularizó mundialmente. En esa oportunidad también la Virgen confió las “catorce promesas del Rosario” que tradicionalmente se le adjudican al beato Alan de Roche.

La popularidad del rosario fue muy grande en el año 1571, con la batalla de Lepanto. El papa

Pío V pidió a todos los cristianos que rezar el rosario para ganar esta batalla, en la que cristianos se enfrentaban a los musulmanes en la zona del Mediterráneo. Si los cristianos perdían la batalla, toda la zona peligraría su cultura y su fe. Gracias a Dios, los cristianos ganaron la batalla el 7 de octubre y el Papa instituyó la fiesta litúrgica de

“Nuestra Señora de las Victorias”. Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por “Nuestra Señora del Rosario”.

En los misterios se contempla la vida de Jesús desde la Encarnación en el vientre de María hasta su Resurrección y la Asunción y Coronación de la Virgen. En el año 2002, en la carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” san Juan Pablo II agregó cinco misterios de la vida pública de Jesús para contemplar de forma completa la vida de Jesús, con los ojos de la Virgen. Se cree que fue inspirado por san Jorge Preca, un carmelita que él mismo había beatificado en 2001, que había tenido la misma intuición de agregar estos misterios.

Una gran cantidad de Pontífices, especialmente Pío V, León XIII, san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, en nuestros tiempos, han sido grandes difusores del rezo del Santo Rosario y han recomendado vivamente rezarlo en comunidad, especialmente en familia. Francisco ha dicho: “Queridos jóvenes, cultiven la devoción a la Madre de Dios con el rezo cotidiano del Rosario; queridos enfermos, sientan la cercanía de María de Nazaret, en especial en la hora de cruz; y ustedes, queridos recién casados, récenle para que nunca falte en su hogar el amor y el respeto recíproco” (Audiencia General del 4 de mayo de 2016)

“La familia que reza unida, permanece unida”

(Siervo de Dios P. Patrick Peyton)

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A través de la historia, Dios interviene para cambiar el rumbo de nuestras decisiones, de nuestros errores, porque al ser un Padre misericordioso, ve a sus hijos sufriendo a causa del pecado e interviene en nuestro favor. Una de estas manifestaciones de su misericordia “que se extiende de generación en generación”

(Lc. 1, 50), son las apariciones de la Santísima Virgen María.

La primera aparición en que la Virgen pidió el rezo del Rosario fue a santo Domingo de Guzmán, como lo vimos anteriormente. También le reveló el gran poder que tiene el rosario para la conversión de los pecadores, para crecer en la virtud, fortalecer la fe y aumentar la caridad.

Rue du Bac (1830) Cuando nuestra Madre se apareció en la Rue du Bac, en París, Francia a santa Catalina Labouré en 1830 para revelarle la medalla milagrosa, en una de las apariciones se le presenta con quince anillos en sus dedos (este detalle se ha anulado en la mayoría o toda la iconografía de la Virgen Milagrosa). Estos quince anillos representan, justamente, los quince misterios del Rosario. Además, las gracias que ella dice que pidamos, la mejor manera de pedirlas, es a través del rosario, según reveló santa Catalina y en su lecho de muerte dijo:

“Recomienden que se rece bien el Rosario”.

Lourdes (1858) En Lourdes, a santa Bernardita en 1858 la Santísima Virgen reza el rosario con ella en la primera aparición. La Virgen traía consigo un bellísimo rosario de cuentas blancas y un crucifijo dorado.

Al verlo, Bernardita busca su rosario y lo empieza a rezar. Nuestra Madre empieza a pasar junto a ella las cuentas de su propio rosario. “Aquí, la Virgen invitó a Bernardita

a rezar el Rosario, desgranando ella misma un Rosario. De este modo, esta Gruta se ha convertido en la sede de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo” (San Juan Pablo II,

14/08/2004 en Lourdes).

Fátima (1917). La Madre de Dios revela a los pastorcitos: “"Recen el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. También reveló una nueva jaculatoria para agregar al rosario: “Cuando recen el rosario, digan después de cada misterio:

“Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu infinita Misericordia”. También, la Hna.

Lucía de Fátima reveló más adelante que: “La Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en que estamos viviendo, ha dado una nueva eficacia: el rezo del Santo Rosario, de tal manera que ahora no hay problema por más difícil que sea: sea temporal y, sobre todo, espiritual; sea que se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros o a la vida de nuestras familias del mundo o comunidades

religiosas, o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no

podamos resolver ahora con el rezo del Santo Rosario”

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Beauraing (1932) y Banneux (1933), en estos dos sitios de apariciones la Santísima Virgen no les pide rezar el rosario, sino que como en Lourdes, ella lo reza con ellos en silencio, enseñándoles a meditarlo y rezarlo pausadamente.

Ámsterdam (1950). En una aparición la Virgen dijo: “Deben comenzar a recuperar la unidad, cada uno en su propia casa. Los hijos tienen que estar de nuevo unidos al padre y a la madre. Que se arrodillen y recen juntos el rosario”

Garabandal (1961). El 2 de julio, día de la primera aparición, Conchita González cuenta: “Rezamos el Rosario viéndola a Ella y Ella rezaba con nosotras para enseñarnos a rezarlo bien”

Movimiento Sacerdotal Mariano (1972). La Virgen reveló al Padre Esteban Gobbi, el 7/10/1982 “El Rosario es mi oración; es la oración que he venido a pediros desde el cielo, porque es el arma que debéis usar en estos tiempos de la gran batalla y el signo de mi segura victoria”, entre otros mensajes donde pide rezar

diariamente el rosario y los Cenáculos de Oración.

Akita (1973). El 13 de octubre, la Virgen dice: “Las únicas armas que les quedarán serán el rosario y la señal dejada por mi Hijo. Cada día recita las oraciones del rosario. Con el rosario, reza por el Papa, los obispos y los sacerdotes”

Cuapa (1980). El 8 de mayo, la Virgen le dijo a Bernardo Martínez: “Quiero que recen el Rosario todos los días. No quiero que lo recen solamente en el mes de mayo. Quiero que lo recen permanentemente, en familia, desde los niños que tengan uso de razón...que lo recen en una hora fija cuando ya no haya problemas con los quehaceres del hogar”

Medjugorje (1981). En los mensajes constantemente la Virgen llama al rezo del santo Rosario,

especialmente en familia. Dijo el 2 de diciembre de 2017: “A mí, hijos míos, regaladme el Rosario, esas rosas que tanto amo. Mis rosas son vuestras oraciones dichas con el corazón y no solo recitadas con los labios”

San Nicolás (1983). La Virgen dice el 3/2/1985: “El Rosario os lo estoy ofreciendo como consuelo, para que, rezando el Santo Rosario,

volquéis todos vuestros dolores, vuestras necesidades y súplicas. Como Madre, os escucho queridos hijos, grande es mi amor por vosotros”

Betania (1984). Dijo la Virgen: “Rezad el Rosario. Hijitos, me habéis sentido y visto palpando la realidad de que convivo entre vosotros.

Seguid fieles al Llamado que hoy les hago y recorramos juntos el camino. Os conduzco. ¡María Reconciliadora de los Pueblos!”

El Cajas (1989). En un mensaje la Virgen dijo: “Quiero ayuno a pan y

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agua una vez por semana y el rezo del rosario cada día. Con la oración y el ayuno podréis detener las guerras y las catástrofes naturales”

Viendo que Nuestra Señora nos viene pidiendo el rezo del rosario desde hace más de un siglo, respondamos a su llamado y recemos esta hermosa y tan sencilla devoción. Es una oración tan sencilla, tan hermosa y tan poderosa. No nos toma más de media hora al día y nos garantiza que Dios escuchará nuestra oración. Todos nuestros dolores, sufrimientos, alegría, nuestro estrés y todo lo negativo lo

volcamos en el Inmaculado Corazón de María para que lo presente a Jesús y lo transforme en bendición, paz, sanación del corazón y de vínculos… Ella es nuestra Madre e intercede por nosotros ante el Corazón de Jesús. No tengamos miedo, acerquémonos a María a través del rezo del Santo Rosario y todo será posible.

 Venerable Mons. Fulton Sheen: “Mientras vamos por la calle, recemos con el rosario escondido en la mano o en el bolsillo; conduciendo el automóvil, podemos ayudarnos con las divisiones del volante para contar las decenas. Mientras esperamos que nos den la comida o la llegada de un tren; cuando estemos quietos detrás de un mostrador o cuando nos toca estar sin jugar en el bridge, podemos también pasar las cuentas conforme vayamos rezando el rosario.”

 Padre Pío de Pietrelcina: “Si la Virgen Santa lo ha siempre

calurosamente recomendado donde quiera que ha aparecido, ¿no nos parece que deba ser por un motivo especial?” Hay que recordar que el Padre Pío rezaba el rosario diariamente de forma constante.

No se sabe la cantidad de rosarios que rezaba pero lo hacía muchas veces al día. ¡Qué gran ejemplo de oración!

 San Luis María Grignon de Montfort: “No encuentro otro medio más poderoso para atraer sobre nosotros el Reino de Dios, la Sabiduría eterna, que unir a la oración vocal la oración mental, rezando el Santo Rosario y meditando sus misterios”

 Santa Teresa de Jesús: "En el Rosario he hallado los atractivos más dulces, más suaves, más eficaces y más poderosos para unirme con Dios".

 Santa Madre Teresa de Calcuta “Aférrate al Rosario como las hojas de la hiedra se aferran al árbol;

porque sin nuestra Señora no podemos permanecer”.

 San Juan Pablo II: “Con el trasfondo de las Avemarías del Rosario, pasan ante los ojos del alma los

episodios principales de la vida de Jesucristo. Los misterios del Rosario nos ponen en comunión vital con

Jesús a través del Corazón de su Madre”

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Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)

“¡Acérquense a Dios para que puedan sentir mi gozo en Él!”

(Medjugorje, 25/7/2015)

1. La Anunciación del Ángel a María “El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo (...). Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra.”

2. La Visitación de María a Isabel (Lucas 1, 39-43) “En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y

exclamando con gran voz, dijo: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme?"

3. El Nacimiento de Jesús en Belén de Judea (Lucas 2, 6-11) “Y sucedió que, mientras ellos estaban allí se

cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca algunos pastores se les presentó el Ángel del Señor, y les dijo: no temáis, pues os anuncio una gran alegría, les ha nacido un Salvador”

4. La Presentación de Jesús al Templo (Lc 2, 22-25, 34-35) “Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. (...) Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón que esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. (...)Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción- ¡y a ti misma una espada te traspasará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de

muchos corazones.”

5. El Niño Jesús es perdido y hallado en el Templo (Lc 2, 41-47) “Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. (...) Subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Se volvieron a Jerusalén en su busca. Al cabo de tres días, le encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.”

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Misterios Luminosos (Jueves)

“Queridos hijos, mi Hijo ha sido fuente de Amor y de Luz, cuando en la Tierra habló a al pueblo de todos los pueblos”

(Medjugorje, 2/2/2017)

1. El Bautismo de Jesús. (Mt 3, 13, 16-17) “Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él (...). Salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien yo me complazco."

2. Las Bodas de Caná (Jn. 2,1-5) “Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino. Jesús le responde: ¿Qué tenemos que ver nosotros, mujer?

Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga.”

3. El Anuncio del Reino y la Invitación a la conversión. (Jn. 8, 2-12)

“Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles. Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?». (…) Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra». E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e

incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?». Ella le respondió: «Nadie, Señor». «Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante»”

4. La Transfiguración en el Tabor (Mt 17, 1-3, 5) “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. (...) [Y] una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía:

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle."

5. La Institución de la Eucaristía. (Jn, 13, 1; Mt 26, 26-29) “Sabiendo Jesús, que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y

“mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados”

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Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)

Arrodíllense ante la Cruz y miren a mi Hijo. Él ha derrotado el pecado y murió para que ustedes, hijos míos, puedan vivir”

(Medjugorje, 2/10/2009)

1. La Oración de Jesús en Getsemaní. (Lc 22, 39-46) “Va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra,” y dijo: “Padre si quieres aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya. “Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra” (Mt 26, 36-37; Lc 22, 41-44).

2. La Flagelación de Jesús. (Jn 18, 33, 19;1) (Pilato) “volvió a salir donde los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en él (...). ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos? Ellos volvieron a gritar diciendo: ¡A ése, no; a Barrabás! (...) Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle”.

3. La Coronación de Espinas (Mt 27, 29-30) Los soldados “trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.”

4. El Camino de Jesús al Calvario (Mt, 27, 31; Jn 19, 17; Mc 15, 21) “Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle”. “Y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario”. “Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, (...) a que llevara su cruz.”

5. La Muerte de Jesús en la Cruz. (Lc 23, 33-34, 44-46; Jn 19, 33-35) “Llegados al lugar llamado Calvario, le

crucificaron. (...) Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (...). Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona (...). Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu y, dicho esto, expiró.” “Como le vieron muerto,

no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.”

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Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingo)

“Todo alrededor de ustedes es pasajero y todo se desmorona, solo la Gloria de Dios permanece”

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Medjugorje, 2/9/11

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1. La Resurrección de Jesús. (Mt 28, 5-6) “El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba. Y ahora id en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos”

2. La Ascensión de Jesús (Lc 24, 50-51; Mc 16, 20) Jesús “los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo.” Después “salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.”

3. La Venida del Espíritu Santo (Hch 1, 14; 2, 1-4)

“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. (...) Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido (...) que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”

4. La Asunción de María a los Cielos. (Ct 2, 10-11, 14) “¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente! Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. (...) Muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y bello tu semblante.”

5. La Coronación de María como Reina del Cielo (Sal. 45, 14-15; Ap 11, 19;12, 1)

“Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados; con sus brocados es llevada ante el rey.” Y “una gran señal apareció en el cielo; una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.”

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1. Nos ponemos en presencia de Dios, haciendo la señal de la Cruz:

“Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor y Dios nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” Amén.

2. Invocamos al Espíritu Santo, repitiendo tres veces:

“Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu Amadísima Esposa, ven”

3. Hacemos un acto de contrición:

Me pesa, Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Me pesa el infierno que merecí y el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan

grande como vos. Antes querría haber muerto que haberte ofendido y propongo firmemente no pecar más y evitar las ocasiones próximas de

pecado. Amén.

4. Por cada misterio del Rosario, rezamos:

† Enunciar el misterio y leer la cita bíblica.

† Rezar un Padrenuestro:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la

tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros

perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén

† Rezamos 10 Avemarías:

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros

pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

† Rezamos 1 Gloria y 1 Jaculatoria de Fátima:

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas y socorre especialmente a las almas más necesitadas de tu infinita misericordia.

5. Al finalizar los cinco misterios, se puede rezar alguna o varias de las siguientes opciones:

† Salve Reina:

Salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas, ¡Ea! Pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh Piadosa! ¡Oh Dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Salvador, Jesucristo. Amén

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† Consagración al Inmaculado Corazón de María

María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos consagramos a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos también, a realizar en nosotros aquella interior conversión

tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú,

siempre dispuestos a cumplir sólo la Voluntad del Padre.

Y mientras queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos

comprometemos a vivirla según Tus deseos particularmente en cuanto se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación

fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida, conforme al Evangelio, que

sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la

Iglesia.

Bajo tu protección queremos ser también los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa, para quien Te suplicamos una especial protección.

Finalmente Te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto, en cuanto nos sea posible a una renovada devoción hacia Ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más el mundo, nos atrevemos a levantar confiados los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa

y poderosa, e invocar también hoy y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, ch clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

† Rezo del Ángelus

 El Ángel del Señor anunció a María

 Y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo

 Dios te salve, María…

 He aquí la Esclava del Señor

 Hágase en mí según tu Palabra

 Dios te salve, María…

 El Verbo de Dios se hizo carne

 Y habitó entre nosotros.

 Dios te salve, María…

 Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios

 Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Salvador Jesucristo.

 Oremos. Derrama, Señor, tu gracia en nuestras almas para que, aquellos que hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, lleguemos por los méritos de su Pasión y de su Cruz, a la Gloria de la Resurrección. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén

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† Letanías Marianas

Señor, ten piedad Cristo, ten piedad Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo, Dios, Espíritu Santo,

Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios, Santa Virgen de las Vírgenes, Madre de Cristo,

Madre de la Iglesia, Madre de la divina gracia, Madre purísima,

Madre castísima, Madre siempre virgen, Madre inmaculada, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Madre del Creador, Madre del Salvador, Madre de misericordia, Virgen prudentísima, Virgen digna de veneración,

Virgen digna de alabanza, Virgen poderosa,

Virgen clemente, Virgen fiel, Espejo de justicia, Trono de la sabiduría, Causa de nuestra alegría, Vaso espiritual,

Vaso digno de honor, Vaso de insigne devoción, Rosa mística,

Torre de David, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del cielo, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos,

Refugio de los pecadores, Consoladora de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de los Ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos, Reina concebida sin pecado original,

Reina asunta a los Cielos, Reina del Santísimo Rosario, Reina de la familia,

Reina de la paz, Guardiana de la Fe,

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oremos,

Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo, y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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Promesas de Nuestra Madre a quienes recen el Santo Rosario

Origen de las 15 promesas

Fueron reveladas al beato Alan de Roche (1428-1475), quien fue superior de la Orden de Predicadores (Dominicos). Le fueron concedidas en una aparición de la Virgen María, en la cual le pidió reavivar en esta Orden la difusión y el rezo del santo Rosario, que anteriormente fue revelado al fundador Santo Domingo de Guzmán y olvidado tras su muerte.

1. Quien me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que pida.

2. Prometo mi especialísima protección y grandes bendiciones a los que devotamente recen mi Rosario

3. El Rosario será un fuertísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá vicios, librará de pecados y exterminará las herejías.

4. El Rosario hará germinar las virtudes y hará que sus devotos obtengan la Divina Misericordia, sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al Amor a Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas se santificarán a través del Rosario!

5. El alma de quien se encomiende por el Rosario no perecerá.

6. Quien, con devoción rece mi Rosario, considerando los misterios, no se verá oprimido por la desgracia ni morirá en pecado mortal, se convertirá si es pecador, perseverará en la gracia si es justo y en todo caso será admitido en la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los sacramentos de la Iglesia.

8. Quiero que todos los devotos de mi Rosario tenga en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9. Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10. Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11. Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12. Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14. Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

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Indulgencias de la Iglesia a quienes recen el Santo Rosario

“Nos pensamos no haber hecho nunca bastante para promover entre el pueblo fiel esta piadosa práctica, que desearíamos ver siempre más ampliamente difundida y hacerse la devoción verdaderamente popular de todos los

lugares y de todos los días”

(San León XIII)

Múltiples Pontífices han recomendado y promovido el rezo del Santo Rosario, enriqueciendo esta devoción con múltiples indulgencias.

En primer lugar, veamos qué es una indulgencia. La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y

cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.

La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente."

Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias (Catecismo de la Iglesia Católica)

Indulgencias a quienes recen el Rosario

"Se confiere una indulgencia plenaria si el rosario se reza en una iglesia o un oratorio público o en familia, en una comunidad religiosa o asociación pía; se otorga una indulgencia parcial en

otras circunstancias"

(Enchiridion de Indulgencias, p. 67) Condiciones:

† Que se recen las cinco decenas del Rosario sin interrupción.

† Las oraciones sean recitadas y los misterios meditados.

† Se el Rosario es público, los Misterios deben ser anunciados.

Además debe cumplirse:

† Confesión Sacramental.

† Comunión Eucarística

† Rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones del Santo Padre.

Si no se cumplen las condiciones, puede aún ganarse indulgencia parcial.

La indulgencia puede ser aplicada a los difuntos o a uno mismo. La indulgencia plenaria solo puede ganarse una vez al día.

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San Juan Pablo II dedicó un documento entero a hablar sobre el rezo del Santo Rosario, llamado “Rosarium Virginis Mariae” (El Rosario de la Virgen María). Aquí les dejamos

algunos fragmentos de este excelente documento para amar más profundamente a nuestra Madre y venerarla, pedirle y alabarla a través del rosario.

El Rosario como camino de oración y contemplación… “El Rosario propone la meditación de los misterios de Cristo con un método característico, adecuado para favorecer su asimilación. Se trata del método basado en la repetición. Esto vale ante todo para el Ave Maria, que se repite diez veces en cada misterio. Si

consideramos superficialmente esta repetición, se podría pensar que el Rosario es una práctica árida y aburrida. En cambio, se puede hacer otra consideración sobre el Rosario, si se toma como expresión del amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada con manifestaciones que, incluso parecidas en su expresión, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira”. (RVM #26)

Sobre los Misterios del Rosario…

Misterios Gozosos (RVM #20)

El primer ciclo, el de los «misterios gozosos», se caracteriza efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Esto es evidente desde la anunciación, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitación a la alegría mesiánica: «Alégrate, María». A este anuncio apunta toda la historia de la salvación, es más, en cierto modo, la historia misma del mundo. En efecto, si el designio del Padre es de recapitular en Cristo todas las cosas (cf. Ef 1, 10), el don divino con el que el Padre se acerca a María para hacerla Madre de su Hijo alcanza a todo el universo. A su vez, toda la humanidad está como implicada en el fiat con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios.

El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, dónde la voz misma de María y la presencia de Cristo en su seno hacen «saltar de alegría» a Juan (cf.

Lc 1, 44). Repleta de gozo es la escena de Belén, donde el nacimiento del divino Niño, el Salvador del mundo, es cantado por los ángeles y anunciado a los pastores como «una gran alegría» (Lc 2, 10).

Pero ya los dos últimos misterios, aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama. En efecto, la presentación en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía al viejo Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será «señal de contradicción» para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre (cf. Lc 2, 34-35). Gozoso y dramático al mismo tiempo es también el episodio de Jesús de 12 años en el templo. Aparece con su sabiduría divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien 'enseña'. La revelación de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evangélica

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que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los más profundos lazos de afecto humano. José y María mismos, sobresaltados y angustiados, «no comprendieron» sus palabras (Lc 2, 50).

De este modo, meditar los misterios «gozosos» significa adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el sombrío preanuncio del misterio del dolor salvífico. María nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos que el cristianismo es ante todo evangelion, 'buena noticia', que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo.

Misterios Luminosos (RVM #21)

Pasando de la infancia y de la vida de Nazaret a la vida pública de Jesús, la contemplación nos lleva a los misterios que se pueden llamar de manera especial

«misterios de luz». En realidad, todo el misterio de Cristo es luz. Él es «la luz del mundo» (Jn 8, 12). Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios «luminosos»– de esta fase de la

vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3.

su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

Cada uno de estos misterios revela el Reino ya presente en la persona misma de Jesús. Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En él, mientras Cristo, como inocente que se hace 'pecado' por nosotros (cf. 2 Co 5, 21), entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cf. Mt 3, 17 par.), y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera. Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María,

la primera creyente. Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión (cf. Mc 1, 15), perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe (cf. Mc 2, 3-13; Lc 7,47-48), iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia. Misterio de luz por excelencia es la Transfiguración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los

apóstoles extasiados para que lo « escuchen » (cf. Lc 9, 35 par.) y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo. Misterio de luz es, por fin, la institución de la Eucaristía, en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad « hasta el extremo » (Jn13, 1) y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio.

Excepto en el de Caná, en estos misterios la presencia de María queda en el trasfondo. Los Evangelios apenas insinúan su eventual presencia en algún que otro momento de la predicación de Jesús (cf. Mc 3, 31-35; Jn 2, 12) y nada dicen sobre su presencia en el Cenáculo en el momento de la institución de la Eucaristía. Pero, de algún modo, el cometido que desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los «misterios de luz».

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Misterios Dolorosos (RVM #22)

Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación.

El Rosario escoge algunos momentos de la Pasión, invitando al orante a fijar en ellos la mirada de su corazón y a revivirlos. El itinerario meditativo se abre con Getsemaní, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentiría inclinada a rebelarse. Allí, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42 par.). Este «sí» suyo cambia el «no» de los progenitores en el Edén.

Y cuánto le costaría esta adhesión a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes, en los que, con la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo!

En este oprobio no sólo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor «hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2, 8). Los misterios de dolor llevan el creyente a revivir la muerte de Jesús

poniéndose al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza regeneradora.

Misterios Gloriosos (RVM #23)

«La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!».[29] El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse

en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (cf. 1 Co 15, 14), y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. A esta gloria, que con la Ascensión pone a Cristo a la derecha del Padre, sería elevada Ella misma con la Asunción, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. Al fin, coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica del Iglesia.

En el centro de este itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora. La contemplación de éste, como de los otros misterios gloriosos, ha de llevar a los creyentes a tomar conciencia cada vez más viva de su nueva vida en Cristo, en el seno de la Iglesia; una vida cuyo gran 'icono' es la escena de Pentecostés. De este modo, los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel «gozoso anuncio» que da sentido a toda su vida.

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