Indice
Introducción
...
9
I. Deja a un lado la ansiedad: despreocúpate ...
13
II. Rompe las cadenas del aburrimiento ...
25
III. La tiranía de las facturas y la libertad
de la sencillez...
35
IV. Desprecia la trayectoria profesional y todas sus promesas
vacías ...
45
V Sal de la ciudad ...
57
VI. Termina con la guerra de clases ...
7
VIL Deshazte del reloj ...
8
VTII. Deja de competir...
89
IX. Huye de las deudas ... 105
X. Muerte a las compras, o cómo huir de la prisión
del deseo consumista ... ... 117
XI. Haz pedazos las cadenas del miedo ... 129
XII. Olvídate de los gobiernos ... 139
XIII. Di no a la culpa y libera tu espíritu ... 153
XTV. Basta de tareas domésticas, o el poder de la vela...
161
XV. Deja a un lado la soledad ... 175
XVI. No sigas sometiéndote a las máquinas, utiliza
las manos ... ... 181
XVII. Elogio de la melancolía ... 193
XVIII. Deja de quejarte: alégrate ... 205
XIX. Vive sin hipotecas: conviértete en un nómada
feliz ...
... 211
XX. La familia antinuclear ... 223
CÓMO SER LIBRE
XXI. Desarma al dolor ... 231
XXII. Deja de preocuparte por la pensión y créate
una vida ... 239
XXIII. Aléjate de la grosería y dirige tus pasos hacia
una nueva era de educación, civismo y cortesía ... 247
XXfV. Los puritanos engreídos deben morir ... 259
XXV. Vive sin supermercados ... 265
XXVI. El reino de la fealdad ha muerto: ¡Larga vida
a la belleza, la calidad y la fraternidad! ... 275
XXVII. Derroca la tiranía de la riqueza ... 283
XXVIII. Rechaza los despilfarras: ahorra ... 291
XXIX. Deja de trabajar, comienza a vivir ... 297
Lecturas adicionales
Fuentes de información adicionales
... 309
Introducción
«En cada grito de cada hombre, en los
clamores de miedo de los niños, en cada
voz, en cada proclama, oigo las cadenas
forjadas por la mente».
WLLLIAM BLAKE,
Cantares de
experiencia,
Éste es un libro sobre la buena vida que esconde en el fondo una
verdad sencilla: cuando abrazas a la señora Libertad la vida se
vuelve más fácil, más barata y mucho más divertida. Mi
intención es mostrarte cómo deshacerte de las cadenas forjadas
por la mente y volverte libre para construir tu propia vida.
Después de terminar mi último libro,
1794
Elogio de la pereza,
He tratado de unir tres corrientes de pensamiento en una
sola filosofía para la vida diaria: libertad, diversión y
responsabilidad o bien anarquía, medievalismo y existen-
cialismo. Es una visión de la vida que también se conoce como
pasarlo bien y hacer lo que quieras. El mundo occidental ha
permitido que la libertad, la diversión y la responsabilidad
desaparecieran de él, de nosotros, para susti-
me di
cuenta de que para mí la holgazanería es prácticamente sinónimo
de libertad. Ser un holgazán es vivir conforme a tus propias
normas. Ser un holgazán es unificar lo que se ha separado.
tuirlos por la codicia, la competencia, la lucha solitaria, el color
gris, las deudas, McDonald's y GlaxoSmithKline
CÓMO SR LIBRE
1
En la búsqueda de la libertad yo me definiría como un
anarquista. En la anarquía los contratos se hacen entre
in-dividuos, no entre ciudad y Estado. Esto se fundamenta en la
opinión de que las personas son básicamente buenas y que se les
debería dejar en paz, más que en la opinión puritana de que
todos somos malos y debemos ser controlados por la autoridad.
En la Edad Media, a pesar de que existían jerarquías, solíamos
organizar las cosas nosotros mismos. La amplia mayoría de las
cadenas de las que trata este libro no habían sido inventadas. La
vida la determinaba uno mismo y era muy variada.
. La era del
consumismo ofrece muchas comodidades pero pocas libertades.
Los gobiernos por naturaleza perpetran infinitos ataques contra
nuestras libertades civiles. La salud y la seguridad se utilizan
como excusa para ampliar el poder de los gobiernos.
Lo que necesitamos ahora es una redefinición radical de las
relaciones humanas que se base en las necesidades locales más
que en la codicia del capitalismo global. Nuestras vidas se han
dividido en un millón de fragmentos y nuestro objetivo ahora es
volver a juntarlos todos en unidad y armonía. Para conseguir
este objetivo no sólo nos ayudamos del ejemplo del sistema
medieval y de los anarquistas y exis- tencialistas, sino también de
toda una serie de personajes que han existido a lo largo de la
historia. Nos serviremos de los testimonios de Aristóteles, san
Francisco de Asís, santo Tomás de Aquino, los románticos,
William Cobbett, John Stuart Mili, John Ruskin, William Morris,
Oscar Wilde, los seguidores del movimiento
Back to the Land
xoSmithKline (GSK) es una empresa británica de productos farmacéuticos, de o dental
(en español, regreso a la tierra), G. K. Chesterton, Eric Gilí y los
distri- butistas, Bertrand Russell, George Orwell, los situacionis-
y cuidado de la salud. Se trata de la segunda compañía farmacéutica más e del mundo.
(N. delT.)
INTRODUCCIÓN
tas, los yippies
2, los
punks
En este libro examino las barreras de la libertad y cómo
podemos librarnos de las preocupaciones, del miedo, de las
hipotecas, del dinero, de la culpa, de las deudas, de los
go-biernos, del aburrimiento, de los supermercados, de las facturas,
de la melancolía, del dolor, de la depresión y del despilfarro. Les
damos a estos enemigos un poder sobre nosotros y solamente
podemos quitárselo nosotros mismos. Es inútil quedarse sentado
quejándose y esperar a que sea otro quien haga el trabajo en
nuestro lugar. Cuando nos demos cuenta de que estos
impedimentos constituyen uno sólo y que han sido forjados por
nuestra mente, entonces, ¡eureka! veremos cómo se abre la
puerta que da al jardín de la libertad.
y radicales de la década de 1970 tales
como John Seymour, Ivan Illych y E. F. Schumacher. Todos
ellos forman parte de la larga historia de la promoción de la idea
de la colaboración, a través de la cual sea posible una verdadera
libertad en lugar de competencia. Como veremos existe ahí fuera
una consolidada tradición que rechaza el dinero, la propiedad y
el mundo de los negocios como elementos esenciales de la vida.
El objetivo es dejar de esperar que los demás nos resuelvan la
vida y, en lugar de ello, confiar en que nosotros mismos
podemos hacerlo. Somos espíritus libres. Nos resistimos a la
intromisión y a interferir en los demás.
La vida consiste en volver a recuperar las libertades
per-didas. En el colegio y el trabajo nos animamos unos a otros a
creer que no somos libres ni responsables. Creamos un mundo
de obligaciones, deberes y cosas que hacer y nos olvidamos de
que la existencia debe vivirse con espontaneidad, alegría y amor.
Aquí observo y busco en el pasado ideas para el futuro. Los
griegos volvían la mirada a la edad de oro de la mitología, los
romanos a los griegos, Virgilio y Ovidio a un
2 Los yippies eran los seguidores del Partido Internacional de la Juventud (You
International Party, YIP), partido político altamente teatral establecido en Estad Unidos en 1967. Formaban parte de los movimientos de libertad de expresión y an guerra y constituían una alternativa contracultural a la moralmente estricta seriedad menudo asociada a los representantes de esos movimientos.
(N. deIT.)
amor bucólico, los medievales también a Grecia y a una vida más
sencilla. Es más, uno de los elementos característicos de cada
época es la reconstrucción de «aquellos tiempos» en que la gente
vivía feliz y las cosas eran más fáciles. El hecho de remontarse a
un pasado imaginario ideal no es una simple nostalgia escapista;
por el contrario, se trata de un método de avance, de decidir
cuáles son nuestras prioridades en la vida. Y el pasado es el
mejor lugar para buscar ideas sobre cómo vivir, porque el futuro
es pura fantasía y el pasado ocurrió de verdad. El sueño de una
utopía tecnológica del futuro en el que las máquinas hacen todo
el trabajo es un sinsentido.
CÓMO SER LIBRE
¿Cómo ser libre? Bueno, te guste o no, eres libre. La
cues-tión es si decides ejercer esa libertad: existe en el corazón del
hombre un vacío esencial. Hemos creado nuestro propio
universo. La vida es absurda. Dios es amor. Somos libres.
Deja a un lado la ansiedad:
despreocúpate
«Vivid alegremente, amigos míos, libres de preocupaciones, perplejidad, angustia y sufrimiento mental, vivid alegremente».
M
ARSILIOF
ICINO,
«¡Dadme mi arco ardiente! ¡Dadme mis flechas de deseo!».
Anatomía de la
melancolía, 1621
WILLIAM BLAKE,
Milton,
«No nos importa». 1804
ESLOGAN PUNK,
Con respecto a la ansiedad te digo: «No es culpa tuya». Deshazte de esa carga, esa sensación espantosa, lacerante que te remueve el estómago, que las cosas conllevan una continua sensación de impotencia no es más que el resultado de vivir
en una era de desazón, oprimidos por los puritanos, apresados por el trabajo, humillados por los jefes, atacados por los bancos, seducidos por la fama, aburridos por la televisión; siempre esperando, temiendo o arrepintiéndonos. Eso —esa cosa, el hombre, el sistema, el grupo, el conjunto o como quiera que llamemos a las estructuras de poder— quiere que estés nervioso. La ansiedad se amolda muy bien al statu quo. Las personas ansiosas se convierten en buenos consumidores y buenos trabajadores. Los gobiernos y las grandes empresas desean, por tanto, el terrorismo, lo adoran, es bueno para los negocios. La ansiedad nos conducirá al reconfortante refugio de las compras con tarjeta de crédito y de la comida basura, de modo que el sistema provoca ansiedad de forma deliberada mientras promete hacerla desaparecer.
El verdadero flujo de historias de miedo que aparecen en los medios sobre el aumento de delitos hace que nos sintamos ansiosos. Los periodistas quieren proporcionarnos entretenimiento y cotilleos, historias que alimenten nuestra necesidad de escándalo y terror. Lo hacen bien. Echa un vistazo un día cualquiera al
Daily Mail
y verás que nueve de cada diez historias son negativas e inquietantes. Cada boletín de radio o cada telediario, cada periódico y muchas de nuestras conversaciones frecuentes conllevan el mismo mensaje: ansiedad, ansiedad y ansiedad. Hay un mundo peligroso en nuestro entorno, lleno de terroristas, asesinos locos, suicidas y lanzadores de bombas, ladrones, canallas y desastres naturales. ¡Quédate en casa! ¡Mira la televisión! ¡Compra cosas por Internet! ¡Enróscate en el sofá a ver un DVD! Según decía la canción de Black Flag1TV Party:
«Las noticiasde la televisión saben lo que ocurre ahí fuera, ¡da miedo!». Al igual que en la novela 1984,
Black Flag era una banda norteamericana de
de George Orwell se nos dice que vivimos en un estado de guerra perpetuo —sólo que a veces el enemigo cambia—. Ya no estamos en guerra con el IRA; ahora es con-
puní: rock fundada en 1(>76 en el sur de
alifornia por Greg Ginn. F.l nombre de la banda, Bandera negra, es uno (lelos mbolos anarquistas. (N. del T.)
tra Al Qaeda. El enemigo es diferente, pero la ansiedad es la misma e igual el resultado final: impotencia masiva.
DEJA A UN LADO LA ANSIEDAD DESPREOCÚPATE
Pero si nos molestamos en analizar estos mitos durante unos segundos, enseguida se muestran como simples invenciones de conveniencia. Según el brillante psicoanalista, especializado en ansiedad, Brian Dean, lo cierto es que los índices de criminalidad han permanecido bastante constantes durante los últimos 150 años. Además mantiene que nuestro miedo a la criminalidad es enormemente desproporcionado con respecto a la realidad. Lo cierto es que nos enfrentamos a un peligro mucho mayor de accidentes de automóvil y de enfermedades del corazón que de criminalidad. En el Reino Unido mueren diez personas al día por accidentes de tráfico y cientos por enfermedades del corazón, pero nadie dice que se prohiban los coches ni que se criminalice el estrés, que es la raíz del problema: «Nuestras creencias programan nuestra realidad. Si creemos que el universo es fundamentalmente inseguro, vamos a sentir esa ansiedad perpetua —lo cual no es un buen modo de hacer funcionar nuestra mente—».
Nuestro trabajo organizado dentro del maldito sistema de empleos no ayuda y nos condena, como hace con muchos de nosotros, a un trabajo duro, sin sentido. E. F. Schumacher fue un gran pensador que se escondía tras el libro
Lo pequeño es hermoso.
Anarquista y holgazán de corazón sostenía que la enorme, gigante, imposible y vertiginosa magnitud del capitalismo de hoy día mina el espíritu. También creía que tal enormidad había convertido al trabajo en algo carente de sentido, aburrido, destructivo, algo que hay que aguantar, un mal necesario más que un placer. En su libroEl buen trabajo
ar-gumenta que la sociedad industrial provoca ansiedad porque al centrarse principalmente en la codicia —o lo que los medievales llamaban el pecado de laavaritia
— no nos deja tiempo para la expresión de nuestras facultades más nobles: en todos sitios aparece esta nefasta característica de estimular de forma incesante la codicia y la avaricia... mecánica, artificial, separada de la naturaleza, que sólo utiliza la parte más pequeña de las habilidades potenciales del hombre y sentencia a la granmayoría de los trabajadores a pasar su vida laboral de una forma carente de retos que merezcan la pena, de estímulos para buscar la propia perfección, de oportunidades de avanzar, de elementos de belleza, verdad y bondad.
Digo, por tanto, que es un gran mal —quizá el más grande— de la sociedad industrial moderna que por su naturaleza inmensamente compleja impone un estrés nervioso excesivo y absorbe una enorme cantidad de la atención del hombre.
En el actual estado de cosas cuando no estamos trabajando estamos consumiendo. Salimos por la puerta de la fábrica y volvemos a verter nuestro salario en el sistema cuando vamos a Tesco's2.
Sufrimos una extraña escisión en el papel que tenemos en la sociedad entre el de trabajador y el de consumidor, el oprimido y el cortejado. Al menos en el siglo xix la gente sabía que no eran más que un par de manos que hacían funcionar una máquina y que estaban siendo explotadas para el beneficio de otro. Por tanto quizá era más fácil re-belarse. El contrato era sencillo. Es cierto que todos sabemos que surgió una fuerte cultura de resistencia entre los trabajadores del siglo
XIX, la era del trabajo y la esclavitud. Sin embargo, cuando hoy salimos
por la puerta de la fábrica y emprendemos nuestro camino de vuelta a casa lo hacemos acompañados de anuncios por todos lados. La cultura de servicios nos convierte en pequeños príncipes rodeados de cortesanos de sonrisa afectada, ansiosos por ganarse nuestro favor para que les terminemos dando nuestro dinero o dejemos que des-plieguen sobre nosotros sus malvadas intenciones. Hacen que nos sintamos importantes. El mundo de la publicidad practica sus oscuras artes de seducción. En
La sociedad del espectáculo
esco's es una conocida cadena de supermercados de (irán Bretaña,
(1967) el extraordinariamente despreocupado situacio- nista Guy Debord lo dice del siguiente modo: «El trabajador que de repente es redimido del desprecio absoluto que le proporcionan de forma clara todas las modalidades de la organización y supervisión o de la producción se encuentra ahora cada día fuera de ella, bajo el disfraz de consumidor; aparen-
temente se lo trata de adulto con solícita cortesía. Entonces el humanismo de la mercancía se hace cargo del "ocio y la humanidad" del trabajador».
DEJA A UN LADO LA ANSIEDAD DESPREOCÚPATE
El mundo de la publicidad se refiere a nosotros como a los famosos: «Porque tú lo vales», dice. Nos halaga y saluda con reverencia y lo sigue haciendo hasta el momento en que entregamos nuestra tarjeta de crédito. En ese momento nos deja a un lado y nos condena al purgatorio de la cola del servicio de atención al cliente durante toda la eternidad. Qué estúpidos somos.
Seguro que todo el boato del control del Estado moderno está también diseñado para ponernos nerviosos. Las mismas instituciones y aparatos que se nos venden como comodidades y medidas de seguridad crean inseguridad al recordarnos constantemente los peligros. La Policía, los radares que controlan la velocidad, las cámaras de circuitos cerrados de televisión y alarmas antirrobo. Esos dos oscuros carceleros que son la Salud y la Seguridad son utilizados por los entrometidos para endilgar ataques cada vez más severos contra nuestras libertades. Merece la pena recordar, por ejemplo, que cuando el ministro del Interior inglés, Robert Peel, propuso la aparición de una fuerza policial en 1828, hubo una enorme protesta por parte del pueblo, que se quejaba del ataque que tal idea representaba a sus libertades. Antes de la fuerza policial dirigida por el Gobierno la aplicación de la ley estaba a cargo de guardias elegidos a nivel local. Ahora existe una colosal maquinaria del Estado que se encarga de unos cincuenta mil delincuentes en este país, mientras que los sesenta millones de ciudadanos honrados tienen que sufrir. Estos aparatos son un ataque al gozo espontáneo de la vida, al placer.
Estoy en contra de la delincuencia, pero no porque desapruebe moralmente el incumplimiento de la ley —de hecho, me siento atraído por los delincuentes y los chicos contemplados en la Ley de Comportamiento Antisocial3, pues su
1 Esta ley, llamada ASBO (Anti-Social Behaviour Order), fue introducida en Gran
Bretaña por Tony Blair en 1999 y permite castigar con penas de hasta cinco años de cárcel a quienes mantienen una actitud incívica. (N. del T.)
criminalidad transmite su resistencia a someterse a la autoridad. La delincuencia es un indicio de vida—, sino porque alimenta el sistema gubernamental: por cada delito cometido hay un ataque diez veces superior a las libertades personales. Una bomba conduce a mil leyes nuevas. A los gobiernos les encanta la delincuencia puesto que les proporciona una razón para existir —la protección de la ciudadanía— y una excusa para controlarnos. Por tanto el verdadero anarquista debe evitar los actos delictivos a toda costa.
El libro 1984
La ansiedad y el hecho de que todos estemos rodeados de agentes que la potencien están en la misma esencia del proyecto capitalista. Esa es la razón por la que digo: «No es culpa tuya». El mismo mito se perpetúa por todos lados: no eres más que un objeto alejado de la felicidad. Podría ser el último disco de U2, una donación a la beneficencia, una póliza de seguros a todo riesgo, una tarjeta de crédito distinta, unas
de George Orwell también se está haciendo realidad en otros sentidos. En el momento en que escribo esto, el gobierno estadounidense intenta lograr que se le muestren los registros de Google, el motor de búsqueda que puede registrar todo lo que hemos consultado en Internet, para conseguir así conocer el funcionamiento más profundo de nuestras mentes. Internet amenaza con pasar de ser una herramienta de liberación a otra de vigilancia, un espía en el interior de cada hogar. Supongo que podría ocurrir lo mismo con nuestros correos electrónicos. Nuestras conversaciones más íntimas quedan registradas, guardadas y permanecerán por siempre en un disco duro gigante por si las autoridades necesitan echarles un vistazo en el futuro. El Gran Hermano no sólo nos vigila, sino que nos escucha a hurtadillas e incluso mira en el interior de nuestros cerebros y examina el contenido de cada una de nuestras almas, y es más, somos nosotros quienes nos hemos entregado de forma totalmente voluntaria a este sistema. Esto no ocurría con el correo postal. Y ahora existe una nueva amenaza a nuestras libertades en el Reino Unido en forma de documentos de identidad, en los que quedarán registrados nuestros delitos menores.
vacaciones fabulosas, un trabajo mejor, un coche más rápido... Sin embargo, muchas veces nos sentimos decepcionados porque este mito no ha conseguido satisfacernos e intentamos volver a por más. Según dijo el fundador de CRASS
DEJA A UN LADO LA ANSIEDAD DESPREOCÚPATE
4
La ansiedad es el sacrificio de la creatividad puesta al servicio de la seguridad, el abandono de las libertades personales a cambio de la promesa nunca cumplida del confort, el algodón, los centros comerciales con aire acondicionado. La seguridad es un mito; sencillamente no existe. Sin embargo, esto no nos detiene en nuestra constante búsqueda de la misma.
, Penny Rimbaud, «damos de comer a la mano que nos muerde». Seguimos insatisfechos. El capitalismo decepciona de forma constante y perpetua. Aquello que promete darte la libertad se convierte en lo que te oprime.
Algunos de nosotros encontramos una especie de placer en la ansiedad y en sus opuestos, igual que hay gente que disfruta al pasar del blanco al marrón, del
crack
a la heroína, de los subidones a los bajones. Hace poco me senté junto a un hombre genial de unos 60 años en el vagón-comedor de un tren. Me preguntó si quería echar un vistazo alEvening Standard.
Nuestro sistema médico, traficante de drogas, continúa animándonos escandalosamente a creer que las dolencias del corazón se pueden evitar mediante métodos mecánicos, como por ejemplo dejar de fumar o de tomar pastillas tóxicas, cuando es obvio que, aunque estos factores puedan contribuir, la verdadera causa de las enfermedades cardiovasculares se encuentra en tener un corazón intranquilo.
Le dije que no, que los periódicos me producían ansiedad con tantos problemas por los que no puedo hacer absolutamente nada. Me contestó: «Bueno, a mí me gusta sentir ansiedad. ¡Y después me tomo una copa!».
4 CRASS fue un grupo de música punk y una organización anarquista de o
británico formado en 1977. Estaba compuesto por diez personas que vivía comunidad y que establecían entre ellos relaciones no jerárquicas y de cooperación del T.)
La holgazanería, el no hacer nada —literalmente no hacer nada— puede ayudar a combatir la ansiedad. Una estrategia consiste sencillamente en olvidar, abandonarte y dejar que las cosas fluyan a través de ti. Nietzsche recomienda lo siguiente: «Cerrar las puertas y ventanas de la conciencia durante un rato; no ser molestados por el ruido y la lucha con que nuestro submundo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio, un poco de
tabula rasa
de la consciencia, a fin de que haya sitio para lo nuevo y, sobre todo, para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernar, el prever, el predeterminar (pues nuestro organismo está estructurado de manera oligárquica) —éste es el beneficio de la activa capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible enseguida que sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente—»5Por «capacidad de olvido» Nietzsche entiende la capacidad de aprender a vivir. El recuerdo puede ser un enemigo. ¿Cuántas veces permanecemos despiertos por la noche y sufrimos mientras le damos vueltas a todas las cosas que tenemos que hacer en el futuro y todas las que hemos hecho mal en el pasado? Por eso pienso que la idea de empinar un poco el codo de forma moderada es estupenda, siempre que la bebida sea de buena calidad. La buena cerveza es abono para el alma. Y también por eso es importante leer cosas buenas. Introducir en tu mente información e ingredientes de calidad. Una dieta de buena lectura sin periódicos ni revistas cutres hará que la ansiedad disminuya, que surjan pensamientos de primera y que nazca una persona autosuficiente y de recursos.
.
En la horticultura el fácil método de preparar el suelo con materia orgánica fértil en lugar de cavarlo trabajosamen-
te texto pertenece al segundo tratado de Genealogía de la moral I'// e.u rito /tole de Friedrich Nietzsche. (TV. del T.)
te todos los años está en boga. Ésta es la forma natural y de poco esfuerzo. Permite que la naturaleza sea quien se encargue de ello con una mínima intervención del hombre. Lo mismo ocurre con nuestra mente: prepárala con ingredientes, libros, comida y belleza de buena calidad, se volverá fértil y producirá cosas útiles y hermosas. Preparar la mente también implica mucho menos trabajo que el hecho de cavarla. La verdad es que esta acción puede resultar dolorosa ya que podría hacer aflorar las malas hierbas que de otro modo hubieran permanecido latentes. Si así fuera éstas germinarían y producirían una gran cantidad de trabajo nuevo, innecesario.
DEJA A UN LADO LA ANSIEDAD DESPREOCÚPATE
También necesitamos una dieta de compañía estimulante, buen humor, alegría, fiesta y diversión. El «buen humor» o, por utilizar un término moderno, el «echar unas risas con los colegas» es uno de los mayores placeres que la vida ofrece y puede borrar esa sensación de ansiedad en gran parte, al demostrar que es compartida. El hacer que desaparezcan los periódicos y la televisión de tu vida será de gran ayuda. Yo me las he arreglado para leer un periódico a la semana, lo cual me deja mucho más tiempo para concentrarme en las cosas importantes de la vida, como beber y escuchar música. Sustituye a la televisión por amigos y a los periódicos por libros.
Para aquellos de nosotros que estamos «encerrados en ciudades populosas», como dijo S. T. Coleridge, recomendaría especialmente evitar el metro y en su lugar ir en bicicleta. Pasé dos años en Londres yendo así al trabajo, pedaleaba veinticinco kilómetros cada día, casi dos horas, y vaya si lo disfruté. El ir en bicicleta proporciona un sentido de la libertad y del autodominio muy estimulante, así como la gozosa sen-sación de no estar gastando dinero. Atraviesas la ciudad, estás dentro de ella pero no le perteneces, la ves sin que te controle. En los autobuses y trenes no eres más que un objetivo de las vallas publicitarias, en cambio en la bici simplemente puedes pasar por ellas. La gente alude al «peligro» como una razón para evitar el ir en bicicleta, pero ésta es una patética excusa y un ejemplo del miserable espíritu contra el que va dirigido este libro. ¿Y qué pasa si hay un poco de riesgo en la
vida? Es bueno. ¡Despierta! Si no puedes enfrentarte a la idea de una bicicleta, entonces reserva mucho de tu tiempo para viajar en la planta superior del autobús. También esto puede convertirse en un enorme placer por la misma razón: atraviesas la ciudad como si flotases, como un observador imparcial. Yo he experimentado momentos de verdadera alegría al ir en autobús, momentos en los que casi podría repudiar todo aquello sobre lo que he escrito y creer de verdad que este mundo es maravilloso. O ¡camina! ¡camina por los parques y admira los nobles jardines! Pero sea cual sea tu elección evita el metro. Como dice mi amigo Mark Manning, también conocido como Zodiac Mindwarp6
Otra estrategia para luchar contra la ansiedad es asegurarte de que tu día es variado. Una de las alegrías de vivir en este país es que hay mucho trabajo físico que hacer. Tres o cuatro tardes por semana me voy a mi huerto y planto, cavo, escardo, abono o simplemente me dedico a mirar. Una dieta de trabajo únicamente mental es agobiante. «Está claro que para un campesino es más fácil tener la mente en sintonía con lo divino que para un oficinista tenso», dice E. F. Schuma- cher. Y prueba de ello es mi vecino John, el agricultor. Dice que una de las mejores cosas de trabajar en el campo es la cantidad de tiempo que tienes para dedicar al pensamiento de calidad. Apunta otra idea: «No vayas al gimnasio». Todos los gimnasios son una combinación de vanidad y dinero con la absurda búsqueda de la perfección. Se convierten en la ética consumista trasladada al cuerpo. Son lo contrario al pensar y sus pantallas gigantes hacen desaparecer nuestras mentes y desvían nuestra atención. Nos pasamos el día mirando pantallas en el trabajo, en el gimnasio, ahora incluso los autobuses y los trenes las llevan incorporadas. Después llegamos a casa y encendemos el monitor de nuestro ordenador y la televisión. Para entretenernos vamos al cine. El trabajo, el des-
, «No puedo sentarme a mirar en silencio a gente que no conozco».
diac Mindwarp (Mark Minning) es el creador de la conocida lumia de rock nica Zodiac Mindwarp and the Love Reaction. (TV. de! i)
canso y el juego: todos ellos implican mirar pantallas y éstas nos convierten en receptores pasivos. Hazlas pedazos y susti- túyelas por un lápiz y un papel. ¡Despídete de la televisión; saluda a la tiza!
DEJA A UN LADO LA ANSIEDAD.- DESPREOCÚPATE
El neoludita7
Otra solución sencilla para acabar con la ansiedad es unirse a una teología fatalista. Los católicos, por ejemplo, son probablemente menos ansiosos que los protestantes. Los budistas de forma clara lo son menos que los judíos. Si crees que no hay mucho más que puedas hacer que tenga sentido aparte de disfrutar de ti mismo, tu ansiedad desaparecerá. Si tienes esa forma puritana de pensar y opinas que eres tremendamente imprescindible para el mundo y que de verdad importa lo que tú hagas, tu ansiedad aumentará; el engreimiento la alimenta (véase el capítulo XXTV). Debemos aprender a «no preocuparnos» — no en el sentido de ser egoístas, sino en el de ser despreocupados—. Hoy nos anunciamos como personas «solidarias» y lanzamos flores sobre las tumbas de desconocidos con el fin de demostrar nuestra naturaleza solidaria ante cualquiera que pueda estar mirando. «Yo soy una persona solidaria de verdad», decimos, una expresión que precisamente no significa nada, aparte de que cargamos
Kirkpatrick Sale obró bien cuando, sobre un escenario, hizo pedazos la pantalla de un ordenador. Del mismo modo que si hacemos desfilar las vidas de otras personas por delante de la nuestra, las pantallas destruirán la responsabilidad de construir nuestra propia existencia. Observamos lo que hacen otras personas en lugar de hacerlo nosotros mismos. Esto nos convierte radicalmente en inhá-biles y la impotencia conduce a la ansiedad. Y ésta a las compras, las compras a las deudas y las deudas de nuevo a la angustia.
1 El ludismo (en inglés, luddism) fue un movimiento obrero que tuvo cierto auge en
Inglaterra a principios del siglo XIX. Sus seguidores se llamaban ludistas o Inditas (en inglés, luddites), nombre que tomaron del líder del movimiento, Ned Ludd. Este movimiento se oponía a toda clase de tecnología pues, según ellos, provoca que el hombre pierda su capacidad laboral y creativa para ponerse al servicio de é$ta. (TV. del T.)
con los problemas de los demás, sin ninguna consecuencia beneficiosa y práctica. El decir que eres solidario denota hipocresía.
Por tanto, liberarte de las preocupaciones y convertirte en alguien alegre y despreocupado serán tus revolucionarios deberes como buscador de la libertad. Deja de trabajar, de comprar y comienza a vivir. Date un festín, bebe sangría y cerveza, come capones y buen jamón. Haz que tu mesa gruña por tener tanta comida. Haz mermelada y conservas. Toca el organillo. Cómprate un piano. Yo acabo de convertir la bodega de mi casa en una sala de música. Conseguimos un antiguo piano honky-tonk prácticamente gratis. Así que ahora pode-mos hacer conciertos a su alrededor. Al igual que tu ansiedad es un producto de tu mente, aunque influida por el mundo de la publicidad, asimismo tu imaginación tiene la capacidad de sustituirla por el buen humor.
Rompe las cadenas del aburrimiento
«Deja que los demás se lamenten de la maldad de su época. Lo que me irrita es su mezquindad, porque la nuestra es una época carente de pasión... Toda mi vida se resuelve en un solo color».
SOREN KlERKEGAARD
Si la ciencia contemporánea fuera más sofisticada y sutil, estoy absolutamente seguro de que calificaría el aburrimiento como uno de los principales asesinos del mundo moderno. El escritor francés Raoul Vaneigem, uno de esos anarquistas que huían del trabajo llamados situacionistas y amigo de Guy Debord, escribió en
The Revolution
ofEveryday Life
El aburrimiento se inventó en 1760. Aquél fue el año, según el académico Lars Svendsen en su excelente estudio
(1967) «la gente se muere de aburrimiento» y yo creo que esto es verdad casi literalmente. La vida gris y el hastío no son sólo enemigos de la vida feliz, son asesinos. No me sorprendería ni un ápice que un día se demostrara que el tedio es cancerígeno.
Filosofía del tedio
(2005), en que se utilizó por primera vez esa palabra en inglés. El otro gran invento de aquella época fue la hiladora Spinning Jenny, que anunció el comienzo de la Revolución industrial. En otras palabras, el concepto de abu-rrimiento llega con la división del trabajo y la transformación de la placentera y autónoma jornada laboral en tediosa esclavitud.
Y estamos muy aburridos. Si visitas un chat o un foro de Internet entre las tres y las cinco de la tarde, encontrarás cientos de mensajes de oficinistas en los que se lee «¡aburrido, aburrido, aburrido!». Estas peticiones de ayuda, estas desesperadas súplicas de almas atrapadas son como mensajes en una botella lanzados al éter, a los océanos del ciberespacio, con la esperanza de que haya alguien ahí fuera que los escuche y pueda hacer algo por ayudar. Por supuesto las probabili-dades son pocas.
Hace poco ayudé a compilar un libro llamado
Crap Jobs
1.
Habíamos pedido a los lectores de la revista
Idler
Nuestra otra publicación reciente se llamó
que nos enviaran sus historias de infierno laboral y me chocó ver cuánta gente aludía al aburrimiento como uno de los peores aspectos de su trabajo. Para ellos el aburrimiento era casi literalmente insoportable y recurrían a todo tipo de tácticas para superarlo: sabotear la oficina, gastar bromas pesadas a sus compañeros o actuar de forma irresponsable. Uno de los problemas es que muchos trabajos modernos requieren simplemente la suficiente concentración como para evitar que no caigas dormido, pero no tanta como para de verdad mantener ocupada la mente. Los trabajos totalmente mecánicos pueden ser preferibles a, por ejemplo, los de atención telefónica. Los centros de atención telefónica aburren a los clientes hasta la saciedad y a sus empleados hasta la muerte. El salario bajo se une a la tortura psíquica de no saber qué nuevo infierno te espera en la siguiente llamada.
Crap Toivns
2 y, unavez más, lo chocante era que la «uniformidad» de la ciudad actual se citaba a menudo como una de las razones por
1 Crap Jobs (en español, «trabajos de mierda») fue editado por Dan Kieran en 2006. (N.
del T.)
2 Crap Towns(en español, «ciudades de mierda») fue editado por Saín Jordison y Dan
las que continúa siendo una mierda. Ha ocurrido algo horrible y es que las grandes cadenas de tiendas han convertido nuestras ciudades —que antes eran vibrantes, variadas y estaban llenas de gente— en retratos robots de centros comerciales poblados de zombis que están continuamente de compras. Nuestros corazones se hunden cuando vamos por las calles comerciales y nos vemos asaltados por las marcas, entidades descoloridas que han sustituido todo lo que había de divertido y diferente en los antiguos almacenes, ultramarinos, mercerías, panaderías, floristerías, zapaterías y farmacias. El camino hacia el crecimiento y las economías de escala han hecho desaparecer el espíritu independiente.
ROMPE LAS CADENAS DEL ABURRIMIENTO
A veces sobrevive la fachada de alguna tienda
victoriana y su belleza, elegancia y sentido del humor brillan como un arco iris. Hay otros rayos de esperanza. Ayer vi un letrero en un pueblo cercano al mío que me animó. Estaba en el escaparate de una tienda de reparación de televisores, otro tipo de servicios en vías de extinción. En él se leía:
Al concepto de E. F. Schumacher de que «lo pequeño es hermoso» podríamos muy bien añadir que «lo grande es aburrido», pues la enormidad de las modernas entidades hace que se vuelvan impersonales, alienantes y extenuantes para el espíritu. El McDonald's es aburrido y el restaurante indio de mi pueblo no. Raoul Vaneigem escribió también en
«ATENCIÓN AL CLIENTE A LA ANTIGUA USANZA POR PARTE DEL PROPIETARIO».
The Revolu- tion of Everyday Life
En mi opinión una de las causas principales es la desaparición de la creatividad diaria de la gente. Este era el verdadero problema tal cual lo vio William Morris en
que la cantidad ha conquistado a la calidad. Nos hemos vuelto tan obsesivos con los números y los resultados finales que la belleza y la verdad se han quedado aparcadas. El aburrimiento se opone diametralmente a la be-lleza y la verdad. La vida se ha sacrificado en pos del beneficio y su resultado es el tedio a gran escala.
Noticias de ninguna parte
, donde dibujó una sociedad posrevolucionaria en 2005 en la que todos estaban involucrados en alguna especie de actividad creativa elegida con libertad. En ella noexistía el dinero y Picadilly Circus estaba cubierto de campos. Así es como él veía el siglo xiv y el hecho de que idealizara o no la Edad Media no es la cuestión: existe un ideal digno. La Revolución conservadora comenzó a introducir el aburrimiento en las masas. Incluso la religión y el camino de la salvación se volvieron tediosos. En la Edad Media la religión había estado llena de sangre, carnaza y muerte. Las iglesias eran centros de actividades económicas y festejos así como de adoración. La Iglesia actuaba como mecenas de las artes y encargaba a los artesanos locales la ornamentación de sus edificios. Los sermones se escuchaban principalmente por lo entretenidos que eran; ofrecían un verdadero espectáculo. En la Florencia medieval la gente hacía cola durante toda la noche para ver al gran predicador y tras el oficio salían de la iglesia y lloraban a mares. Todo este dramatismo y espectáculo fue eliminado por los puritanos, que calificaron las formas de la antigua liturgia como «superstición» e «idolatría». Dicho de otro modo, toda la diversión pagana que la Iglesia católica había mantenido sabiamente fue eliminada.
Los políticos también pueden tener buena parte de culpa por la monotonía que nuestras vidas han cobrado. Nunca oyes a los gobiernos declaraciones como «duro con el aburrimiento. Duro con las causas del aburrimiento». El más pasmosamente aburrido de todos los gobiernos —y todos lo son por naturaleza— fue el nazi. Filas, hileras y columnas, ausencia de individualidad, imposición de un orden burocrático sobre las cosas y eliminación sistemática de todo lo que fuera interesante —especialmente judíos, pero también gitanos, va-gabundos, holgazanes y disidentes políticos—. A los nazis les encantaba enviar memorandos, rellenar formularios, clasificar, catalogar y mantenerlo todo limpio y ordenado. Lo que los nazis trataban de hacer era una gran limpieza, igual que los puritanos antes que ellos y, por eso, no se debe ceder a la excesiva pulcritud.
La principal razón por la que tanta gente está tan de-sesperadamente aburrida es que quienes están al mando son personas aburridas. Los que se lucran, los capitalistas que se
mueven por el dinero, los sumos sacerdotes de la total estupidez se encargan de la parte empresarial de las cosas. Y los burócratas, los que rellenan formularios y los entusiastas de la seguridad y la higiene son los que dirigen el gobierno. Lo cierto es que les gusta el tedio, el hecho de estar vivos los aterraría. Aunque no siempre ha sido así y no tiene por qué seguir siéndolo. Hubo una vez, no hace mucho tiempo, en que las personas aburridas se trataban de impías. En la época medieval, especialmente en su primer periodo, los que mostraban valores burgueses y lucrativos eran despreciados por los guerreros, los clérigos y los campesinos. «Hay algo deshonroso en el comercio, algo sórdido y vergonzoso», escribió el generador de opinión santo Tomás de Aquino. La felicidad, dijo, debía encontrarse en la reflexión no en la distracción: «Por consiguiente, si la última felicidad del hombre no consiste en los bienes exteriores que suelen atribuirse a la suerte ni en los del cuerpo ni en los del alma, en cuanto a la parte sensitiva; ni en los que se refieren al intelecto, según los actos de las virtudes morales ni de acuerdo a la parte intelectual práctica del hombre, como el arte y la prudencia, sólo nos queda la conclusión de que la última felicidad del hombre consiste en la contemplación de la verdad».
ROMPE LAS CADENAS DEL ABURRIMIENTO
El aburrimiento es una forma de control social. En paralelo a su aparición en el siglo XIX encontramos un ataque al concepto de la plebe que organizaba su propia diversión. Como todos sabemos, el arte y la diversión en épocas anteriores eran un asunto de las clases inferiores. Todos los que hacían teatro eran aficionados, las obras de misterio las representaban los gremios de artesanos; los artistas medievales también eran artesanos. Pero el radical historiador E. P. Thompson nos demuestra lo recelosas que se volvieron las autoridades ante tal producción artística a medida que surgía la era industrial y el control tanto del trabajo como del ocio se apartó de las manos del pueblo. El cita en
The Romantics
la bienintencionada respuesta de una liberal local de la clase alta a la solicitud hecha por el trabajador de una fábrica, para que se representara una obra en 1798: «La obra —dice preocu-pada— puede tender a hacer daño y a prepararte para posteriores situaciones de disturbios y desórdenes en el almacén de cerveza». Para E. P. Thompson esta anécdota demuestra el creciente «miedo a una auténtica cultura popular que vaya más allá del ingenio y control de sus superiores». E. P. Thompson también culpa al sistema educativo centralizado y alude a una carta escrita en 1911 sorprendentemente por un antiguo inspector escolar, que critica el sistema educativo por ser aburrido: «El objetivo de su profesor es no dejar nada a la naturaleza [del alumno], nada a su vida espontánea, nada a su libre albedrío; reprimir todos sus impulsos naturales, perforar todas sus energías hasta convertirlas en inactividad total; mantener todo su ser en un estado de tensión sostenida y dolorosa».
El aburrimiento es doloroso. Para Raoul Vaneigem la presión de convertirte en alguien igual a los demás agota nuestro espíritu: «Si la organización jerárquica se hace con el control de la naturaleza, mientras sufre una transformación a lo largo de esta lucha, la parte de libertad y creatividad que recae sobre el individuo desaparece por la necesidad de adaptación a las distintas normas sociales».
Para no deprimirnos demasiado recordemos que el espíritu creativo sigue vivo. En la isla escocesa de Eigg, cercana a Skye, todos sus habitantes se reúnen para beber y escuchar música los sábados por la noche. No se paga ni se contrata a nadie, la música se toca porque sí, no por sacar provecho. Para luchar contra el aburrimiento necesitamos tener el control tanto de nuestro trabajo como de nuestro ocio. El artista Je- remy Deller ha pasado muchos años de viaje por las islas británicas para fotografiar ejemplos de lo que él llama «arte po-pular». Con esto Deller se refiere a los actos de creatividad que se han llevado a cabo más o menos de forma espontánea, por gente corriente que nunca se considerarían artistas. Es arte que está fuera del mundo artístico, fuera de las galerías de Cork Street, de los museos, de los marchantes y del Consejo de Bellas Artes; dicho de otro modo, fuera del mundo del dinero y de la burocracia. Entre esos ejemplos se incluyen un
búho gigante construido por un grupo de agricultores, coches personalizados, garabatos dibujados en el polvo que hay en la parte de atrás de las furgonetas, un dibujo de Keith Richards en la parte de atrás de un camión, un enorme elefante motorizado y concursos de muecas. Se trata de un proyecto maravilloso porque demuestra que el espíritu libre está muy vivo. Lo que en realidad quiere decir es que, contra todo pronóstico, el aburrimiento no nos ha destruido del todo.
ROMPE LAS CADENAS DEL ABURRIMIENTO
¿Qué podemos hacer para combatirlo? Bueno, el mismo sistema que lo ha creado parece que nos puede liberar de él. Estamos aburridos por el trabajo y entonces la publicidad nos promete acabar con el tedio una vez que hayamos dado nuestro dinero. A esto se lo llama
leisure
(en español, ocio) que procede de la palabra latinalicere
Todo este universo de aburrimiento es en efecto lo que criticaban.los Sex Pistols. Yo estoy totalmente de acuerdo
y que quiere decir «ser permitido». El ocio es por tanto lo que se nos permite hacer en nuestro «tiempo libre». Y cuesta. En el Reino Unido unos grandes almacenes llamados Virgin Megastores venden montones de discos y películas pregrabados. En sus anuncios afirman estar organizando un ataque contra el aburrimiento. Pero no deberíamos permitirles que sean ellos los que nos alejen de él en lugar de hacerlo nosotros. Hemos delegado la liberación del aburrimiento y eludido nuestra responsabilidad de luchar contra él. En otras palabras, entregamos nuestra creatividad al músico profesional o al director de cine y pagamos a otra persona para que mitigue nuestro aburrimiento. Nos aburrimos con el fin de ganar el dinero que después gastaremos en tratar de desaburrirnos. Se me acaba de ocurrir esa moda absurda de ahora llamada «deporte extremo» que practicamos para sentirnos vivos, porque la mayor parte del año nos sentimos muertos, nos arrojamos desde un puente cada pocos meses. Se supone que hacer puenting y obtener unos pocos segundos de emoción compensa todo un año de aburrimiento. Y la libertad de arrojarnos desde un puente atados a una cuerda elástica se considera como uno de los grandes triunfos del capitalismo moderno.
con Johnny Rotten —no quiero unas
Vacaciones en el sol—.
Rechazo tu ridicula oferta de dos semanas en la playa (ocio aburrido) para descansar de las cincuenta semanas en la oficina (trabajo aburrido). EnRastros de carmín
el crítico de rock and roll, Greil Marcus, relata de manera brillante la relación del movimiento dadaísta y el situacionista, y la que ambos tienen con elpunk.
Lo que comparten es su rabia contra el aburrimiento, el deseo de simplemente vivir. Lo que estos tres movimientos tienen en común es la apasionada creencia de que cualquiera puede hacerlo. Todos podemos ser crea-tivos y libres. El primer número deInternationale Situatio- nist
3anunció en junio de 1958 que el mundo estaba a punto de cambiar «porque no queremos aburrirnos... jóvenes rabiosos y desinformados, rebeldes adolescentes acomodados que no tienen un punto de vista pero que no carecen de causa —el aburrimiento es lo que todos ellos tienen en común—. Los situacionistas cumplen la sentencia de que el ocio actual se está rebelando contra sí mismo». El
punk
Bueno, puedo hacerlo aún mejor. En lugar de la guitarra te animo a que cojas el ukelele. Este maravilloso instrumento de cuatro cuerdas es muy barato, manejable, muy fácil de tocar e incluso más
estuvo a punto de volver a poner la creatividad en las manos de la gente; «cualquiera puede hacerlo», decían y puedes probarlo ahora mismo. Coge una guitarra e intenta componer una canción.
punk
Hazte con un ukelele y nunca más volverás a estar aburrido, incluso puedes conseguir un dinero extra si tocas en la calle. Este instrumento es la libertad; de hecho el primer disco de la orquesta de ukeleles de Gran Bretaña se llamaque la guitarra.
Anarchy in the Ukelele
4ombre de la revista fundada por Guy Debord en 1958 que llevaba el mismo mbre del movimiento al que representaba, una organización revolucionaria que tenía mo fin acabar con la sociedad de clases como sistema opresivo y combatir la
ología capitalista de la sociedad occidental.
, un título acertado.
n español, Anarquía del ukelele.
(N. del I ) (N. del T.)
Detrás de la crítica al aburrimiento hay un deseo radical de quitar a las grandes organizaciones el control de nuestras vidas, de despojar a aquellos a los que, de una forma más o menos voluntaria, hemos confiado nuestra existencia. Se trata éste de un acto de enorme irresponsabilidad por nuestra parte, pero no es demasiado tarde. Simplemente tenemos que descubrir nuestra propia creatividad. La forma más fácil de evitar el aburrimiento es hacer cosas: se vislumbra ya un nuevo movimiento a este respecto que atestigua el éxito de la re-vista americana
ROMPE LAS CADENAS DEL ABURRIMIENTO
Ready Made
(www.readymademag.com). Mi corazón también se dispara cuando veo a chicos en monopatín. Después de haber estado trabajando durante un año en una tienda de monopatines, sé lo radicalmente creativo y positivo que es practicarlo. Es un movimiento autónomo, una federación con sus propias revistas, publicaciones, concursos y negocios que muestran un alto nivel de ingenuidad, independencia y creatividad. Una de las últimas empresas que han salido a la palestra tiene el espléndido nombre de Death Skateboards5 y posee un eslogan igualmente efectivo: «MUERTE ALABURRIMIENTO».
TOCA EL UKELELE
La tiranía de las facturas y la libertad
de la sencillez
«A pesar de los anteriores avisos, nuestros registros
muestran que aún no hemos recibido el pago de su
factura de electricidad. Los detalles de su cuenta pasarán
ahora a nuestros agentes de cobro de deudas que
visitarán sus instalaciones para desconectar su suministro
de electricidad o instalar un contador
de pago por adelantado».
S
TEVEH
AYFIELD,
«Hemos descubierto a ciento setenta y dos personas
culpables de evasión de impuestos en su barrio sólo en
los últimos tres meses. A pesar de haberle enviado varios
avisos, hemos sabido que su vivienda sigue aún sin
licencia... si está utilizando la televisión de modo ilegal
existe ahora una probabilidad muy alta de que sea llevado
a los tribunales y que se le imponga una multa
director de Gestión de Ingresos,
SWEB, 2005
de hasta mil libras».
Ross
M
CT
AGGART,
Televisión, 2005
director del Departamento de
Cobro de Impuestos de
«Cultiva la sencillez, Coleridge».
CÓMO SER LIBRE
C
HARLESL
AMB,
1796
lodos los días una avalancha de opresión aterriza sobre nuestro
felpudo. Numerosos sobres marrones con letras amenzantes y
ventanitas de plástico se expanden por doquier. Cartas de color
rojo, púrpura y negro, peticiones de dinero generalmente
impresas con cifras grandes y en negrita para los tontos. Las
«tiranas piezas», como las llamó William Blake, de la maquinaria
burocrática siguen dando vueltas. Si pudiéramos huir de todas
estas facturas, pensamos, nos quitaríamos un peso de encima y
volaríamos adonde quisiéramos.
El ya enorme gasto de la vida diaria aumenta cuando eres
tan perezoso como yo. Hay un impuesto por ser desorganizado.
Aquellos de nosotros que deseamos vivir libremente sin hacer
nada, simplemente vivir, tenemos tendencia —calificada de
«irresponsable» por la gente sensible— a ignorar todas las
facturas, las multas de aparcamiento, las reclamaciones de
impuestos, los extractos de las cuentas bancarias, las facturas del
teléfono móvil y demás precios indeciblemente espantosos de la
vida moderna. Los amontonamos en un cajón y retrasamos su
pago, lo posponemos y demoramos. Tenemos mejores cosas que
hacer, como formar anillos de humo mientras miramos el techo.
Pero si te retrasas en el pago, las facturas comienzan a
adoptar colores mucho más atemorizantes y progresivamente su
tono se vuelve más amenazador con cada nuevo aviso. En
palabras de Ian Vince las cartas están redactadas de un «modo
condescendiente pero vagamente autoritario». El lenguaje se
devalúa, es feo, frío, impersonal, persuasivo y lo que realmente
quiere decir es: «Prepárate, estúpido inútil. Estás quedando mal.
Todos los demás han pagado. La gente como tú es la que hace
daño a todo el sistema. Esfuérzate».
La declaración anual de la renta muestra un tono similar,
una confusa mezcla de ayuda y amenaza. A(|iií va una ti-
ta textual. Primero utiliza una nota amable y paternal: «Si necesita
ayuda, nos tiene a su disposición a través de Internet, por
teléfono o en persona». Pero a esto le sigue inmediatamente la
amenaza impresa en negrita: «Si hace una declaración falsa, se
arriesga a que se le cobren multas e intereses».
Y por mi descuido en los asuntos económicos me clavan
espantosas comisiones en el banco. En el último par de meses,
por ejemplo, he visto cómo deducían trescientas libras de mi
cuenta por haber traspasado mi límite de descubierto, en algunos
casos durante uno o dos días. Y éste es el mayor de sus ya
excesivos cargos por intereses. Yo solía intentar que se
eliminaran esos cargos y, en ocasiones, lo conseguí. Pero ahora
ni me preocupo. Escribir o llamar por teléfono y tener alguna
posibilidad de contactar con alguien que no sea un contestador
automático y después conseguir que te devuelvan el dinero es
prácticamente imposible. Así que ni siquiera lo intento.
Simplemente tomo la decisión poco entusiasta de or- ganizarme
mejor. Alguna parte en el fondo de mi ser se siente culpable al
ver esos cargos como un castigo merecido a mi laxitud. Pero
después leo en el periódico que mi banco, el HSBC, ha hecho un
beneficio anual de casi diez mil millones de libras. Así que parece
que les va de maravilla gracias a mi inutilidad con respecto al
dinero.
El otro día sonó el timbre. Era Emma Brown —su
ver-dadero nombre no es éste— de la delegación de Hacienda de
Extable. Me senté con ella en la mesa de la cocina. Me explicó
que debía mil setecientas libras y que si no podía pagarlas tendría
que darse una vuelta por la casa, los coches y aparatos de
televisión para ver si se los podrían llevar. La palabra «embargo»
fue mencionada. Pero no tengo ni idea de lo que significa esa
palabra, aunque sí sé que conlleva una clara insinuación de
amenaza. Afortunadamente me acordé de que mi contable me
había dicho hacía poco que debía quinientas libras a Hacienda.
Comprobé mi cuenta corriente y vi que tenía unas quinientas
libras antes de traspasar mi límite de descubierto. Así que ella
terminó por aceptar un cheque por esa cantidad y se fue.
Pero yo no había actuado deliberadamente de un modo
delictivo. Simplemente fui perezoso, quizá un pelín
despreo-cupado, distraído; pero me trataron como a un delincuente, y al
final todos somos un poco desorganizados. Así que a todos los
que no somos robots en esta sociedad se nos ataca y sanciona.
En ningún caso es más evidente este proceso de odio a uno
mismo que el de las multas de aparcamiento. Ay del conductor
que vuelve a su coche noventa segundos tarde. Le pondrán una
multa de treinta libras. Si no se paga esta multa de inmediato se
doblará o triplicará. Una vez acumulé casi mil libras en multas
porque llegué tarde para volver a solicitar permiso de residente y
sólo tras acudir a una especie de tribunal, al que conseguí llegar
pese a la enorme resaca que tenía, logré que me redujeran la
multa a quinientas libras.
CÓMO SER LIBRE
Sí que imponen las multas. Todo el concepto de éstas
con-lleva un recuerdo de los castigos por alguna travesura. Más que
tratarse de una simple transacción comercial o de una forma de
robo legal como realmente son, las multas tienen un
componente moral. Se trata de algo que las autoridades te
im-ponen cuando has hecho algo mal. Dios te ha castigado. Por
ejemplo, si no haces a tiempo la declaración de la renta, te ponen
una multa de cien libras —pero ¿qué autoridad?—. Si no
compras un billete antes de montarte en un tren, algunas
com-pañías te harán pagar la astronómica tarifa total, sin descuentos.
Y por supuesto, siempre son causas ajenas. El sistema cuenta
con un inteligente sistema de eludir responsabilidades por sus
propias barbaridades. Probablemente la inmensa mayoría de las
compañías funciona a su favor a este respecto. «Yo no hago las
normas», dicen nuestros opresores, «sólo cumplo órdenes». Esta
cadena de mando existe para que nos sintamos culpables si nos
enfadamos con un simple dependiente o con un operador de un
centro de atención de llamadas y de este modo nos vuelva
impotentes.
En la Edad Media las multas las imponía el pueblo, la
agrupación local por transgredir las normas. Los registros
me-dievales feudales muestran que la comunidad local imponía
constantemente multas por delitos menores. «John Autrey
causó molestias al dejar su montón de estiércol en el Camino
Real. Ha sido multado. Pero se le ha perdonado por ser pobre».
Así pues la multa la imponían tus vecinos y el dinero iba
directamente al bote comunal, que se dedicaba a trabajos de la
comunidad. Algo parecido ocurría en el caso de las cofradías: las
infracciones se multaban, se reunía el dinero y más tarde se
utilizaba para los grandes festejos o para ser dado como limosna.
Ahora el principio es el mismo —las multas van al
Ayuntamiento o la corporación local—, pero la inmensa mayoría
de las instituciones implicadas han eliminado cualquier sentido
de colectividad o de conexión de la transacción: simplemente
nos sentimos apenados y maltratados. El otro día estaba en el
juzgado y mientras esperaba a escuchar mi sanción por conducir
sin seguro, entró una joven pareja. El hombre abrió la puerta de
una de las salas, la cerró y le gritó a su novia: «Otra vez esa vieja
escoria». No hay sensación de participación en el proceso
judicial: para la mayoría no es más que un caso de los
metomentodo que tienen la autoridad —las viejas escorias— que
señalan con el dedo a los imprudentes jóvenes.
No hace falta decir que no funciona del revés. Somos
completamente incapaces de imponer multas a las empresas que
nos prestan servicios si de algún modo la pifian, lo cual suelen
hacer a menudo. Es un contrato unidireccional, diseñado para
beneficiar al gran hombre y robar al pequeño. Es fácil robar a los
pobres e impotentes. Como escribe John Ruskin en
A este último:
¡Ay, el orden! Lo he intentado y no consigo poner en orden
toda mi vida. No soy capaz de facturar el dinero que me deben
ni los pagos atrasados; como resultado yo pierdo y las grandes
compañías ganan. Es cierto que los pronósticos
«La forma de robar... del bandolero corriente —al rico porque lo
es— no aparece tan a menudo en la mente del antiguo
comerciante; probablemente porque al ser menos rentable y más
peligroso que el robo al pobre, rara vez lo practican personas
discretas». Verdaderamente es más fácil robar al pobre: no hay
más que ver lo que hace leseo's.
nos son adversos:
CÓMO SER LIBRE
tú estás solo en casa, pobre poeta, con tu
or-denador portátil y tu teléfono, mientras tratas de hacerlo todo por
ti mismo.
Ellos
No tenemos la forma de pensar de los trabajadores
au-tónomos que es tan importante para el que busca la libertad,
aquella que te dice que cuides de ti mismo. Cuando decides vivir
sin un trabajo de nueve a cinco debes ser más organizado en lo
que respecta al dinero.
tienen departamentos enteros llenos de esclavos
altamente cualificados que se dedican a engañarte, evitarte y
asustarte para que les des tu dinero. Creo que el problema está en
que nos han educado para creer en la idea del trabajo, de un
puesto con un sueldo en el que los demás se ocupen de tus
problemas de dinero por ti. Dependemos de los empresarios.
G. K. Chesterton escribió un ensayo sobre la relación entre
la organización y la eficacia: «A menudo se nos ha dicho que la
organización quiere decir eficacia —escribe—. Sería mucho más
acertado decir que ésta quiere decir ineficacia». Sostiene que las
grandes organizaciones son necesariamente y por naturaleza
ineficaces por las infinitas cadenas humanas involucradas en ellas.
Cuanto más grande sea la organización, más cosas irán mal. «El
establecimiento pequeño es más eficaz», dice. La forma más eficaz
de cultivar, por ejemplo, un repollo es hacerlo tú mismo. Es más
eficaz cuidar un árbol que te dé madera en la puerta de tu propia
casa que depender del petróleo que se extrae en Arabia Saudí,
previamente convertido en gasolina en cualquier refinería y
después transportado por oleoductos que atraviesan países
políticamente inestables hasta que finalmente llega a tu casa.
La contabilidad debería formar parte de la educación de todo
buscador de libertad autosuficiente. El estudio de Jenny Uglow
sobre los pioneros de la Ilustración,
El hombre lunar (2002), revela
que a los hijos e hijas de grandes hombres como Erasmus Darwin
y Joseph Priestly les enseñaban contabilidad de forma habitual.
Esto les permitía estar pendien tes de sus propios asuntos y evitar
depender de aquellos
quese aprovechan del caos. Así lo hizo
Gandhi. Sé que suena
extremadamente tedioso, pero en sus batallas contra las
autori-dades y en su lucha por la libertad, le resultó útil mantener en
orden sus cuentas. Tal vez puedes hacer cosas sencillas como
tomar nota al final del día de todo lo que has gastado. Es
asombroso lo mucho que ayuda llevar las cuentas en regla.
Mi amigo Dan Keiran ha acabado con las domiciliacio- nes:
las considera su enemigo. Una vez más este sistema se beneficia
de los que son perezosos y desorganizados. El periódico
The Sun
El hecho de pagar facturas no es en realidad tan doloroso
cuando por fin te pones a ello. Yo dejo que todas las facturas y
cosas que tengo que hacer, todas las cuestiones prácti- < ;is me
agobien y me opriman con su peso. Pero sé que cuando ile
verdad me siento a ordenar esa enorme cantidad de asun- ios
pendientes, sólo tardo en el proceso unos cinco minutos.
publicó recientemente que cada año se sacan quinientos
millones de libras por las domiciliaciones que se lian olvidado
cancelar; en otras palabras ya no tenemos ese servicio pero lo
seguimos pagando. Así que Dan va a pagar sus facturas
mediante cheque o dinero en efectivo. Esto es algo
sorprendentemente difícil de lograr, nada menos que porque las
compañías dedican buena parte de su mercadeo directo a
convencerte de las ventajas de las domiciliaciones y, a primera
vista, podría parecer estúpido pensar lo contrario: seguro que te
hacen la vida más fácil y te ahorras el fastidio de recibir facturas
y emitir cheques. Pero en realidad, el simple hecho de
responsabilizarte de tus facturas y volver al antiguo método de
escribir un cheque y echarlo al correo produce una gratificante
sensación de tenerlo todo bajo control. I lace que la transacción
sea más real. Las domiciliaciones ;ipelan a la trágica realidad de
que preferimos la comodidad a la responsabilidad.
A qué venía tanta preocupación? me pregunto. No era para
tanto.
()t ro consejo viene del maquinador y holgazán Chris Yates.
Una o dos veces al mes tiene un «día administrativo» en ( I que
suspende el resto de actividades y se sienta con sus facturas y
recebos para ponerlos al día.
Pero si eres incapaz de organizarte siempre puedes ser
radicalmente desordenado. Podrías eliminar de forma radical
todo tipo de organizaciones de tu vida, sacarlas de raíz y
des-hacerte de ellas. Podrías empezar por evitar implicarte. La forma
más obvia de librarte de las facturas es cancelar los servicios por
los que te envían facturas para que pagues. Nada de televisión
por cable, teléfono móvil, Internet ni coche. Una vez más
Gandhi recomendaba llevar una vida sencilla a aquellos que se
hallan en el camino de la libertad. Por ejemplo se dio cuenta de
que gastaba mucho dinero en facturas de lavandería. Si
necesitaba menos dinero, razonó, podría dedicar más tiempo a
su trabajo como voluntario; así que hacía su propia colada. Se
puede comparar con el transporte público. En lugar de pagar por
los abonos de metro, ¿por qué no comprar una bicicleta e ir en
ella al trabajo?
CÓMO SER LIBRE