quiero
caminos
para
la
superación
personal
quiero
ser
Jorge Yarce
YO QUIERO SER
Caminos para la superación personal © 2008 Jorge Yarce
ISBN: 978-958-44-3047-2
Instituto Latinoamericano de Liderazgo, ILL Página web: www.liderazgo.org.co
E-mail: [email protected] Primera edición: 2008
Diseño y diagramación:
Jesús Alberto Galindo Prada [email protected] Ángela Mejía
Impresión:
Quebecor World Bogotá - Colombia
Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del autor.
Introducción 13
Capítulo 1: Aprender a ser 17
El molde es único 22
Quitarse la máscara 23
Tres modos de vernos 25
Capítulo 2: Aprender a pensar 31
Inteligencia emocional 345
Pensamiento sistémico 36
Capítulo 3: Aprender a querer 39
Paso a paso se llega 41
“Dime lo que quieres y te diré quién eres” 42
Capítulo 4: Aprender a amar 45
Proceso del amor 46
Amor y afectividad 47
Amor que afirma al otro 49
Amar sin medida 50
Capítulo 5: Aprender a hacer 53
“No soy lo que hago” 56
Capítulo 6: Aprender a obrar 59
Interiorizar lo que se hace 60
Síntomas del caos 61
Una enfermedad 62
Coser con una aguja sin hilo 64
Dinamismo necesario 65
Capítulo 7: Aprender a trabajar 69
Para que las cosas cambien 72
Indicadores básicos 73
Trabajo en equipo 74
Tener para ser 76
Capítulo 8: Aprender a lograr 79
Madurez 81
Calidad de vida 83
Del equilibrio a la armonía 84
Capítulo 9: Aprender a aprender 87
Una actitud permanente 89
Método LEHER 90
Capítulo 10: Aprender a conocer 93
Para no quedarse rezagado 94
Conocimiento y competencias 95
Capítulo 11: Aprender a crear 99
Soltar “la loca de la casa” 101
No hay centro, sino periferia 102
Lo único importante 103
Subir alto para divisar 105
Un contagio sano 106
Una aventura 107
Capítulo 12: Aprender a comunicar 109
No tanto el cómo, sino el qué 111
Asertividad 112
Desmasificada y asincrónica 113
Capítulo 13: Aprender a emprender 117
Se necesita en dosis grandes 119
Capítulo 14: Aprender a administrar 123
Construir el liderazgo 140
Lo que no puede faltar 141
Capítulo 17: Aprender a trascender 145
Algunos ejemplos 146
La otra cara de la intimidad 148
Capítulo 18: Aprender a convivir 151
Lo más cercano y lo más lejano 153
Aprender a ser amigo 154
Si se da más, se es más 155
Aprender a ser familia 157
Capítulo 19: Aprender a participar 161
Ser buen ciudadano 163
Capítulo 20: Aprender a servir 167
Servir, la prioridad 168
Aprender solidaridad 170
Ser socialmente responsable 171
Capítulo 21: Yo quiero ser feliz 177
Proyecto de vida 181
Felicidad, éxito y plenitud 184
Lo que nos quita la fuerza 187
¿ Y Dios? 189
El amor hace trascender 190
Una dimensión diferente 192
Un motivo para esperar 194
er es un verbo que puede significar muy poco o mucho, dependiendo del sentido que le demos. “Yo quiero ser” no se usa en el sentido de “yo quiero tener tal profe-sión”, o para afirmar que ya somos o existimos. En este libro,“Yo quiero ser” significa: yo quiero ser una perso-na plelibro,“Yo quiero ser” significa: yo quiero ser una perso-na, feliz, auténtica.
No basta con existir. Hay que realizarse hasta llegar a SER, hasta tener nuestra propia personalidad y vivir a gusto con ella. Eso significa, para mí, “SER”. Lo relaciono con lo que soñamos de nosotros mismos, con ese yo profundo que queremos descubrir, esculpir diría yo, como quien ta-lla un mármol precioso para obtener una obra de arte irre-petible, fruto de un esfuerzo constante por mejorar.
Esa obra de arte que es cada uno de nosotros mientras vive, no está terminada. Siempre estamos trabajando en ella, y siempre hay algo que añadir, pulir o cambiar. Somos seres perfectibles, con un gran potencial interior que podemos sacar a la luz para alcanzar la excelencia como personas. Para desarrollar el potencial que hay en nosotros, la pri-mera condición es “querer”, encender el motor de la voluntad para ir con decisión tras nuestro sueño. Y no descansar hasta comprobar que sea realidad en nuestra vida ese afán de plenitud, aunque el logro esté mezcla-do con la insatisfacción y la inconformidad.
Este libro desea ser una ayuda para “hacer camino al andar”. Por eso tiene como subtítulo el lema “caminos
S
Introducción
“Me invitaron a que fuera; fui y no me dejaron ser” (Grafito)
Introducción 14
para la superación personal”. Superación, según el diccionario, sig-nifica elevarse, subir, sobresalir, buscar lo más perfecto.
No quiere decir que estos caminos sean los únicos. Son muchos, am-plios y muy variados. Siempre hay maneras distintas de concebirlos y de recorrerlos, porque cada persona hace su propio camino. Se tra-ta solamente de sugerir posibles recorridos, formas de aplicar el pen-samiento a la vida, no en abstracto, sino la de cada uno, la que nos lleva a trabajar, a relacionarnos con los demás y a sufrir o a gozar. A veces no tenemos tiempo para pensar en estas cosas porque nos absorbe la actividad incesante o la preocupación por el éxito eco-nómico. Pero no siempre eso es lo que quisiéramos, porque tal vez vivimos sometidos a una especie de molde social que nos impone un estilo de vida que no escogimos. No tenemos tiempo para lo más importante, que somos nosotros y el sentirnos personalmente reali-zados. Es posible que caigamos en cuenta de que lo material ocupa demasiado espacio y lo espiritual muy poco.
Este libro intenta que cada lector abra espacios para preguntarse: “quién soy” y “quién quiero ser”. Si contribuye a dar respuestas que faciliten la búsqueda personal de la felicidad, habrá cumplido el ob-jetivo que se propuso el autor.
A modo de resumen, los “caminos para la superación personal” aquí descritos son:
− APRENDER A SER, que lleva a: 1) aprender a pensar, en forma innovadora, por nosotros mismos, fuera de lo establecido, salién-donos de la rutina del pensamiento lineal, pensando emocional y sistémicamente; 2) aprender a querer, que es tener la voluntad como motor de la vida; 3) aprender a amar, lo que da un sentido definitivo a la existencia.
(Aunque en el lenguaje corriente querer y amar se usan como sinóni-mos, aquí se distinguen: el querer es la voluntad que nos lleva a ac-tuar. Amar es querer a alguien con quien establecemos una relación profunda, y con quien nos unimos en la amistad o en el amor, para compartir y para darse.
− APRENDER A HACER, que lleva a: 1) aprender a obrar, que se da cuando el hacer se interioriza y la acción no se queda en lo que produce; se convierte en algo personal, consciente, propiamente de
es un despliegue de energías humanas para producir con miras al perfeccionamiento personal y social; 3) aprender a lograr, porque el logro es indispensable para que la persona vea cumplidas las metas que la mueven a crecer interiormente
− APRENDER A APRENDER, que lleva a: 1) aprender a conocer, de modo que al asimilar la información se obtenga el conocimiento incor-porado conscientemente; 2) aprender a crear, que supone buscar nue-vos caminos con el pensamiento y la imaginación, “descentralizar” el pensamiento frente a las formas habituales de hacer las cosas, sin espe-rar a que todo nos sea dado desde un “centro de poder” donde se decide todo; 3) Aprender a comunicar: no somos solos, ni vivimos solos, ni nos hacemos solos; vivimos en una constante relación interpersonal que supone comunicarse de muchas maneras.
− APRENDER A EMPRENDER, que lleva a: 1) aprender a
admi-nistrar: manejar el tiempo, las decisiones, los recursos; 2) aprender a dirigir, para orientar a las personas a su fin y que sean parte de un
organismo vivo que las considera como lo principal; 3) aprender a
liderar, que es tener la visión, la creatividad y los valores necesarios
para influir en los demás motivándolos a la acción para que sean efectivos en el logro de sus metas
− APRENDER A TRASCENDER, que lleva a: 1) aprender a
con-vivir: descubrir el valor del encuentro con las demás personas sobre
todo a través de la amistad y de la familia; 2) aprender a participar en la sociedad, construyendo comunidad y siendo buenos ciudada-nos; 3) aprender a servir a los demás, a darles lo mejor de nosotros mismos, siendo personas solidarias y socialmente responsables. (Los modos de trascender nos ayudan a encontrar el SER como ple-nitud, la felicidad. En ella juega un papel importante otra dimensión de la trascendencia: Dios y la relación personal con Él).
El lector no encontrará en esta obra fórmulas de ningún tipo. Son sólo esbozos de caminos que a cada uno toca luego abrir personalmente. Ojalá estas reflexiones le sirvan para “aprender a vivir”, para forjar un carácter basado en virtudes personales, que no sean fruto de una repe-tición mecánica de los valores, sino de una constante voluntad de hacer el bien para sí mismo y para los demás. Objetivo nada fácil de lograr. Además de empeño, hace una buena dosis de ilusión y de esperanza.
arcela Saralegui tiene 39 años. Es de esas mujeres a las que la vida le ha dado todo, lo que normalmente se entiende por “todo”: inteligencia, belleza, posición profesional y dinero, por su talento y experiencia de quince años en una empresa de finanzas en la que tra-baja desde que terminó la carrera. Un buen contacto de su padre le abrió el camino, pero ella no ha esca-timado ningún esfuerzo para subir alto en su carrera. Obsesivamente se había forjado ese proyecto a los 24 años. El suyo fue un éxito fulgurante basado en una dedicación absoluta al trabajo, hasta el punto de pen-sar que no había otra cosa más importante en el mun-do. Unos días de descanso, después de una de esas agotadoras reuniones a las que asistía con frecuencia, le llevaron a caminar sola por una playa desierta, y en esas circunstancias le tocó enfrentarse consigo misma. Las cosas se fueron dando, le vinieron a la cabeza y se encontró pensando en su vida. Primero esa sensación de no saber estar sin hacer nada. Quería caminar y pensar, pero no podía. Algo la hacía creer que estaba en el lugar equivocado. Algo que no era su cuerpo le estaba pidiendo hacerlo. Decidió decirse la verdad a sí misma.
“Tengo que poder hacerlo”, dijo para sus aden-tros. Tomaba fuerzas mirando el horizonte mientras palpaba su cuerpo cansado. No lo había descuidado ni un minuto, pero el reclamo venía de más adentro. “¿Qué me pasa?”, se decía. Así estuvo un par de horas, en ese tira y afloja de ella consigo misma.
M
Aprender a ser
Historia de Marcela
“Haber sido no cuenta, ser es lo que importa” (Shakespeare)
Aprender a ser 18 Capítulo 1
Al día siguiente estaba igual, no había pasado del mismo pun-to. Entonces decidió prolongar su descanso dos días más, con el propósito de resolver ese problema. ¿Por qué ella? ¿Por qué así de repente? Marcela sabía bien que eso venía de atrás. Nunca le había dado importancia a esos pensamientos que pasajeramente le hacían algún tipo de señal. Algo le decía ahora que no podía aplazar más el tema. Muy pronto iba a cumplir los cuarenta y quería cruzar ese ecuador dándose cuenta para dónde iba. Y le metió el diente al problema sin temor a las heridas que podía causarse.
Empezó por adquirir conciencia de que estaba añadiéndole años a su vida, al tiempo que sentía un profundo vacío, sin saber de qué y por qué. Era una especie de agujero negro en su alma, que hizo presencia súbita. Algo le insinuaba que no le estaba aña-diendo vida a sus años, se estaba estancando, tenía un tapón en lo interior de su espíritu, algo que ponía en duda la felicidad que parecía reinar en su vida. No era una tragedia la que la impul-saba a esta crisis, ni sentimental, ni profesional, ni económica. Tenía todos los elementos para darse cuenta de que el reclamo no le llegaba de fuera. Por cierto, había estado media docena de veces en ese mismo sitio, con ocasión de parecidas actividades, y jamás se le había pasado por la cabeza ninguna preocupación parecida a la de ahora.
Y empezó a tirar de la punta de un hilo de esa madeja, escribien-do en una servilleta de papel:
“La vida social me cansa”. “Se me agotó el combustible”. “No pienso mucho en los demás”. “Mis hijos son una rutina afectiva”.
“A la hora de la verdad, nadie me hace falta”. “Lo único que me importa es sentirme bien”. “Con mi esposo he llegado a un punto muerto”. “Me gustaría volver el reloj a ceros y empezar”. “Liberarme de todo y de todos sería la solución”.
“Tanto tiempo pendiente de mí y ahora mismo no sé lo que quiero”. “Soy la dueña exclusiva de mi propia soledad”.
“No soy capaz de estar en silencio y hablar conmigo misma”. “Si me preguntaran si me siento feliz tendría que decir que no”.
agrietada, continuó con los disparos a quemarropa que brotaban de su interior, y en una segunda servilleta escribió:
“Me he vuelto dura conmigo y con los otros”.
“Tengo todo lo que quise tener, pero no me atrae tener más de lo mismo”. “Mis amigas me dejaron porque nunca les gasté tiempo”.
“Se me está arrugando el corazón”.
“A la mitad del camino me pregunto qué hubiera querido ser, y vacilo”. “He visto varias veces la película de mi vida y me resulta tediosa”. “Los hombres me desean, las mujeres me envidian y yo no me soporto”. “Si continúo así, ¿adónde voy a parar?”.
“Siempre estoy de viaje, el hogar no me retiene”. “Mis hijos se parecen cada vez más a mí”.
“Ellos están amaestrados para vivir la vida que llevan” “He terminado por pensar que la paz interior no existe”
“Todo lo mío se resuelve en un estado de ánimo y en las cosas que lo sostienen” “Quisiera cambiar, pero ¿cómo?”
“A estas horas, ¿si podré volver a empezar?” “Y todo esto, ¿no equivale a declararme fracasada?” “Realmente la única responsable de lo que me pasa soy yo” “La vida me dio unas cartas para jugarlas y aquí está el resultado”
“No voy a echarle ahora la culpa a Dios, a quien hace años no tengo en cuenta” “Ha terminado por gustarme la vida que llevo, pero no es la que quiero” “Los demás piensan que lo tengo todo y yo pienso que no tengo nada” “Por todas partes me invade el tener y eso pesa demasiado”
“Quisiera ser verdaderamente yo misma, aunque no tuviera lo que tengo ahora” “Habrá gente con mucho menos que lo que yo he conseguido y serán felices” “Me hiere el deseo de recobrar mi verdadero ser”.
“Si mis amigos se asomaran dentro de mí, se horrorizarían”
Después de observar la gaviota que aparecía dibujada al lado del logo del hotel, siguió escribiendo en la tercera servilleta en blanco:
“Si me faltaran las cosas que me rodean, las echaría de menos” “Si yo muero, a casi nadie le haría falta”
“Si somos la huella que dejamos en los demás, yo ¿qué he estado haciendo?” “Soy experta en olvidarme de las cosas que he hecho mal”.
“Siempre quiero ser el centro de la atención”
“Cuando murió mi padre, a quien quería con locura, casi me muero” “Viéndolo bien, mi madre no tuvo casi vida propia: sólo vivía para sus hijos” “Todo esto me suena a estrés, pero yo creo que aquí hay algo más que eso”
Aprender a ser 20 Capítulo 1
“Guardar las apariencias, guardar las formas, dejar pasar, todo es lo mismo” “Lo que aguanté quince años sin darme cuenta, no lo soporto un segundo más” “Lo mío tal vez sea como para un psiquiatra, pero lo quiero afrontar yo misma” “A la verdad sobre mi misma no le puedo oponer nada, pero ¿cuál será?” “Lo importante es que tengo motivos para vivir y para luchar”
Fue subiendo las escalinatas que van de la playa al hotel. Esta-ba convencida de que estos días habían sido una puesta a prueEsta-ba, un frenazo brusco, absolutamente necesario. Como si una máquina perfectamente engrasada, con todos sus mecanismos ajustados me-cánica y electrónicamente, se hubiera parado en seco. Todavía no se acababa de explicar la forma repentina de la crisis y su contexto fí-sico, pero pensaba: otros se mueren sin darse cuenta qué les pasa.
“No te contentes con ser lo que eres, si quieres llegar a lo que todavía no eres. Porque allí donde te consideraste satisfecho, allí te paraste. Si dijeres “basta”, pereciste. Crece siempre, progresa siem-pre, avanza siempre” (San Agustín).
De eso se trata en este libro: no contentarse con ser lo que ya somos o con lo que hemos logrado; no ser conformistas, aspirar a SER más.
En todo Juan −dice Mark Twain− hay en realidad tres Juanes: el que los demás creen que es, el que él cree ser, y el que realmente es. Podríamos completar la idea diciendo que hay dos Juanes más en cada Juan: lo que quiere ser y lo que puede ser. Tanto sus posibilida-des como sus aspiraciones lo definen, forman parte de su ser actual y de lo que todavía no es.
Mientras se vive, la felicidad que buscamos es siempre plenitud en camino. No se trata de desdoblarnos en cinco personalidades dis-tintas, sino de comprobar que lo que cada uno cree ser no es toda la fotografía de su ser. De ella también forman parte lo que los demás creen que uno es, lo que realmente uno es, y lo que cada uno puede ser y quiere ser.
“Lo más apasionante de la vida humana −decía Chesterton− es lo que todavía no hemos vivido”, pero forma parte de nosotros como anhelo, incertidumbre o espera. San Agustín expresa esa misma idea de otra manera: “el hombre es el ser que es más que hombre”: su ser no se reduce a su naturaleza. Ser persona es mucho más que un “ani-mal racional”. Es una individualidad única e irrepetible.
una personalidad propia. Ser persona no es algo acabado, termina-do, o un don que se recibe y permanece estático. Es un ser abierto, siempre en posibilidad de perfeccionarse. Si la persona sólo imita lo que hacen los demás, trata de ser igual a ellos, se malogra porque no asume la responsabilidad de su propia vida.
Hay personas a las que la vida les va imponiendo un modo de vi-vir que se vuelve un modo de ser. Lo que hacen se adhiere tan perfec-tamente a su conducta, que casi se olvidan de su propia personalidad y se refugian en lo impersonal: así se vive, se piensa y se hace. Pero así se deja de ser lo que uno realmente es y lo que quisiera ser. Es mucho más fácil esconderse detrás de un colectivo sin nombre que buscar tener una personalidad auténtica.
Entre las características que nos sirven para describir a la persona (Grissez) podríamos destacar:
El autodominio: hacerme cargo de mí mismo, ser dueño de mis
actos. Ser capaz de autocontrolarme, ser autónomo. La autonomía se conquista en la medida en que se es autosuficiente para conseguir los bienes que integran la felicidad.
La libertad: capacidad de autodeterminarme desde la voluntad,
de decidirme a ser lo que quiero ser, porque puedo lograrlo si em-peño todas mis fuerzas. Sin libertad no podríamos apenas movernos físicamente; nuestro ser interior se paraliza. En la libertad está en juego el destino de la persona.
La autorrealización: mi intimidad que se va forjando a sí misma a
través de todos los actos. Nadie puede hacerlo por nosotros. Nos toca enfrentarnos con nosotros mismos en forma valiente y sincera: para co-nocernos y para examinar lo que va mal; para orientarnos decididamen-te a la consecución de la felicidad.
El darse, la entrega o donación de sí mismo: en virtud de mi
apertura a los demás, me realizo dando lo mejor de mi mismo y re-cibiendo lo mejor de los otros. Esa entrega es como el precio de la libertad auténtica. No es una simple libertad para responder de qué
somos libres, diría Nieztche, sino para qué somos libres.
Lo que yo quiero ser y puedo ser, lo aprendo a ser. No he nacido ya con todo hecho, con un bagaje único. En el fondo, depende de mí mismo
Aprender a ser 22 Capítulo 1
el lograr ser persona. Yo seré lo que quiero ser si me lo propongo, si pongo en marcha mis posibilidades, las desarrollo y las integro en una unidad vital.
Esto va contra el fatalismo de quienes creen que la vida que lle-van depende de la suerte, de un destino desconocido o de un dios que arbitrariamente distribuye a unos bienes y a otros males. Como si fuera una lotería y no un reto, un desafío en el que se tiene éxito o se fracasa.
El molde es único
Soy el único artesano de mi fracaso o de mi triunfo. No porque pasemos sobre los demás, sino porque contando con las circunstan-cias o a pesar de ellas, soy capaz de construir mi futuro con mis pro-pias manos. No hay suerte o magia que valgan. Por eso la voluntad es tan decisiva o más que la razón. El pensamiento está abierto al conocimiento de los seres y la voluntad a la acción.
La voluntad traduce a la acción el pensamiento. El querer le imprime el sello personal a la conducta. Ahí está presente el mundo afectivo (sen-timientos, pasiones, emociones, motivaciones), lo que hoy se denomina la inteligencia emocional. Esta es más importante de lo que pensamos. Antes el pensamiento racional era lo definitivo, porque no conocíamos bien la relación entre cerebro y emoción.
Pascal hablaba de la lógica del corazón, que sigue reglas muy distin-tas de la lógica de la razón. La acción voluntaria es la base del obrar del hombre en razón de su condición de ser libre. Empieza por ser antes un acto de la razón, objeto de juicio y deliberación, y después, de elección, decisión y ejecución.
Yo tengo que aprender a ser persona única, irrepetible en el mun-do, con una historia propia y singular, imposible de someterse a clonación o duplicado idéntico. Esa es mi aventura, mi reto y mi esperanza. La voy alcanzando poco a poco, entre aciertos, fracasos e ilusiones: lo que importa es caminar, vivir auténticamente, siendo nosotros mismos.
“Aprender a ser” es lograr una personalidad definida y coherente, es decir, convertirse en una persona que sabe lo que quiere en la vida. En otras palabras, ser una persona de carácter, que sabe para dónde
dos. Además, conoce sus fortalezas y limitaciones.
La persona es unidad vital que integra el conocimiento, los valo-res y la experiencia en las diferentes dimensiones del obrar humano. Esto se expresa de muy diversas maneras: vida feliz, vida lograda, vida auténtica, personalidad realizada, armónica y equilibrada, pro-pia de una persona madura.
Quitarse la máscara
Pero, ¿cómo entender un poco mejor este tema de la persona-lidad? Soy persona, pero la personalidad la tengo que desarrollar, lograr con el paso de los años. De lo contrario, todos tendríamos la misma personalidad, y podemos constatar que no es así. Es necesario volver la mirada sobre nosotros mismos y avanzar en la comprensión de lo que la personalidad implica respecto de cada individuo.
La palabra persona significa en griego antiguo la máscara que se colocaban los actores, que resonaba al hablar (prósopon). De ahí pasó a la lengua latina como sinónimo de los papeles que desempe-ñaban los artistas en un drama (dramatis personae). Persona, en la civilización cristiana, designa el modo de ser propio del individuo humano, lo que lo define como totalidad racional, espiritual y libre, en su dimensión existencial peculiar.
Es necesario quitarse la máscara de la impersonalidad, no dejarse arrastrar por lo que otros piensan, dicen o hacen. Y asumir el enfren-tamiento con la propia personalidad, entendida ésta como un centro de actividad que me configura a mí como ser único, distinto de los demás, y que me caracteriza mucho más concretamente que decir que soy un ser racional o pensante.
Ser persona es condición que se tiene desde antes de nacer. Pero la personalidad es algo que se logra con el desarrollo existencial pro-pio de cada uno, a lo largo de la vida, y siempre se está en camino de perfeccionamiento. Nunca se puede decir que ya se llegó o que se tiene mucha personalidad. Siempre estamos en mora respecto a nosotros mismos y respecto a los demás, cuyas expectativas sobre nosotros cuentan tan decisivamente como las que cada uno tiene res-pecto a sí mismo.
Aprender a ser 24 Capítulo 1
Ser persona quiere decir, de un lado, unidad y coherencia física, intelectual y espiritual y, de otro, responder por sí mismo y ejercer la voluntad libre para llegar a ser feliz en la entrega o servicio a los demás, que perfecciona y confiere trascendencia a lo que hago, y me proyecta fuera de mí mismo.
Ser persona y poseer una personalidad es hablar de un sujeto úni-co que piensa, quiere, actúa, y a lo largo de su vivir demuestra una identidad precisa, una continuidad y permanencia en el ser y en el modo de ser frente a los cambios que se presentan.
La persona no es suficientemente identificable en la actuación instintiva o inconsciente, una acción en cierto modo automática. La persona se distingue de los demás seres en la medida en que su con-gruencia, su racionalidad y su responsabilidad dan cuenta de sí mis-ma y confieren sentido a sus acciones.
La personalidad aparece primero como intimidad, un principio interior de orden espiritual que posee capacidad de una reflexión madura que hace a la persona ponderada, objetiva y crítica, y le da apertura a la convivencia, a la que aporta su riqueza interior.
La personalidad es un continuo dinamismo de desarrollo y cre- cimiento. Como un motor sin fin. Es lo que podemos llamar la rea-lización humana en busca de la felicidad, meta presente en todo lo que hace.
La personalidad no depende tanto del temperamento como del conocimiento y la reflexión, del criterio para juzgar las cosas, de la unidad de las acciones articulada por la voluntad, y de un proceso continuo de formación que impide que la persona se estanque.
La personalidad se expresa en conducta unitaria, en acciones efi-caces, en asumir libremente la responsabilidad de sí mismo.
Cada acto de voluntad de la persona manifiesta el dominio que ejerce sobre las circunstancias y sobre el mundo material, porque sobre ella no puede ejercerse dominio, sino relación interpersonal de convivencia. En la medida en hay más fuerza de voluntad en una persona, hay mayor unidad y más perfecta coherencia.
Ser persona y tener personalidad es ejercer la capacidad de sentir necesidades morales, y adoptar comportamientos éticos tanto en
re- circundante (Millán Puelles). Yo construyo mi personalidad cons-truyendo lo social. El hombre ha sido creado para el tú y para el nosotros, más que para el yo egoísta o individualista.
La personalidad confiere autonomía y conciencia de sí, en cuanto se fundamenta en el ser, no en el hacer y en el tener. A la conciencia de sí sigue la voluntad de querer y de procurar la perfección de los otros.
La persona no está encerrada en sí misma, tiene que trascender y proyectarse. Su ser es ser en tensión, en posibilidad de conquista dia-ria. Esta dimensión es indispensable para poder proceder a construir la convivencia social.
Tres modos de vernos
Existen lo que podrían llamarse “estratos de la personalidad” (Lersch): son diferentes tipos de fenómenos que es necesario dis-tinguir para poder entender su mutua relación: biológicos, vitales, espirituales y referentes al yo personal. Se pasa progresivamente de lo anatómico y fisiológico a lo vital psicológico, y a la conducta superior del ser humano, inteligente y voluntaria y a la integración espiritual de sus actos en la unidad que denominamos persona.
El temperamento corresponde a una primera clase de fenóme-nos que tienen que ver con la tipología física y fisiológica del individuo. Hay diferentes clasificaciones, que suelen mezclar-se o confundirmezclar-se con las del carácter, mezclar-según los diversos auto-res (primario, secundario, extrovertido, intovertido, ciclotímico, endotímico, etc.) . Si nos conocemos bien, podemos manejarlo sin problemas, sabiendo a qué tendemos y cómo tendemos. Hay condicionamientos que ese temperamento impone sobre nuestro carácter y nuestra personalidad, pero lo importante es saber qué tipo de temperamento tenemos, aceptar que no vamos a cambiar de temperamente y y saber moderarlo. A veces creemos que no po-demos superar ciertos modos de reaccionar por falta de carácter, y en realidad es el temperamento que nos está impulsando a actuar así.
Es muy difícil cambiar lo que viene condicionado por la anato-mía y la fisiología, o por la herencia genética. Por eso reaccionamos instintivamente ante ciertos estímulos. Lo importante en esos casos es tratar de que eso no determine todo lo que es una acción personal
Aprender a ser 26 Capítulo 1
que está más en nuestras manos controlar, no dejando que altere la racionalidad o la voluntariedad de la misma.
El carácter es una tipología o modo de vernos basado más en lo psi- cológico que en lo fisiológico o anatómico, como ocurre con el tempera-mento. Y posee una flexibilidad mayor que el temperamento. No hablo del carácter en su sentido moral (“tener carácter”), sino en su sentido psicológico: “esa persona es un carácter...” En el carácter la reacción está mediatizada, es más consciente. Las clasificaciones de los diferen-tes caracteres, que a veces se intercambian con las de los temperamen-tos, son muy variadas: carácter activo, pasivo, nervioso, sentimental, flemático, colérico, apático, sanguíneo, etc. Pero, tanto el temperamento como el carácter se ven afectados, en diferente grado e intensidad, por lo emocional, que se presenta como algo irracional. Mientras más se sube en la escala de los fenómenos o estratos de la persona, más posibilidad hay de ejercer un control desde los que representan funciones más ele-vadas y personales.
Cuando se habla de la esfera de los fenómenos del yo personal, la tercera forma de vernos, se quiere indicar lo propiamente espiri-tual, donde están presentes las potencias activas, la inteligencia y la voluntad, desde cuyo dinamismo se entiende la libertad como con-dición esencial de la persona. El yo personal nos coloca en el plano de la personalidad como centro unificador de todas las operaciones. Aquí hay mucha más independencia de lo fisiológico y lo psicoló-gico, pero dentro de una interacción de todos los fenómenos, que se influyen constantemente. Las clasificaciones no están condicio-nadas, como en el temperamento y el carácter, por lo fisiológico o lo psicológico: son tipologías más amplias, como la de Spranger: hombre teórico, económico, estético, político, religioso.
En cierto modo, puedo hacer cosas que van contra mi tempera-mento o contra mi carácter, pensándolo desde la esfera del yo per-sonal o de la perper-sonalidad, o sea, de la libertad, no dejándome con-dicionar enteramente por ellos. En ese sentido, puedo afirmar que yo soy lo que quiero ser, en la medida en que despliego mis fuerzas, espiritual y libremente, tras los objetivos adecuados. Y nunca se pue-de decir ya basta, ya es suficiente, porque siempre puedo ser más, porque tengo por delante el futuro.
“Construir la personalidad significa que la mayor parte de lo que hago, de lo que soy y de lo que seré, depende de mí, no de un código
influencia genética que me impone ciertos comportamientos. Eso quiere decir, sobre todo en la juventud y en la edad adulta, que es mucho más lo que yo decido a partir de mi comportamiento libre que lo que recibo por herencia.
En el comienzo de la vida, la persona es dependiente en un alto porcentaje de otro ser (la madre), y lo que tiene de independencia proviene más de un adestramiento que de una tarea asimilada inteli-gentemente. Después, con el ejercicio racional de la inteligencia, sur-gen el conocimiento y la conciencia de sí. Se recibe una instrucción que va más allá del adiestramiento, que permite conductas más libres que antes y, por tanto, una mayor independencia y autonomía.
Posteriormente, la educación permite moverse en esferas de li-bre querer, y la independencia se convierte en autodeterminación y autorrealización, con un menor grado de dependencia de los factores genéticos.
La construcción de la personalidad es desarrollo humano inte-gral, tarea de mejoramiento continuo, labor de esfuerzo para vencer las limitaciones y, sobre todo, empeño por forjar hábitos estables de vida que me permitan alcanzar un grado de madurez por el cual me convierto en dueño de mi destino.
“Me invitaron a que fuera; fui y no dejaron ser”, decía un grafito en la calle de una gran ciudad. Quién sabe qué historia esconderían esas palabras, pero dejan qué pensar: debemos invitar a los demás a que, ante todo, sean lo que son y lo que quieren y pueden ser.
A las demás personas, hay que dejarlas ser, que hagan su vida, que tengan un proyecto de sí mismas, un sueño para realizar, para luchar incansablemente por él. Así serán personas de verdad, que no se limitan a copiar conductas ajenas, que se preguntan quiénes son, para dónde van en la vida y cuál es la meta o sueño al que dedican sus mejores esfuerzos.
Marcela, en el fondo, ha sentido un reclamo desde lo hondo de su personalidad, de su ser más íntimo, que le dice que las cosas no van bien, aunque parezca lo contrario. Algo dentro de ella estalló de un momento a otro y se ha planteado una crisis. Esta palabra en griego viene del verbo “crinein”, pasar las cosas por un cedazo, por un colador, discernirlas, para que quede lo más limpio, lo más puro. El
Aprender a ser 28 Capítulo 1
trabajo que Marcela tiene que hacer es consigo misma. Examinar su éxito profesional, y como mujer, a la luz de lo que ha querido ser, de lo que ha podido ser y de lo que realmente es.
Es posible que le toque recomenzar en algunos aspectos que pue-den ser especialmente difíciles. Tal vez tenga que dedicar más tiem-po a sus hijos para conocerles auténticamente y ayudarles más.
Quizás la relación con su esposo necesite una renovación profun-da, para empezar una nueva época de su matrimonio antes de que se le acabe de morir en sus manos. Marcela está confundiendo su orgullo con una verdadera autoestima.
Lo que hay en ella es falta de humildad para conocerse tal como es y para centrar su personalidad en aspectos más fundamentales que el éxito profesional, económico o sexual. La vida, decíamos al principio, le ha dado todo. O mejor, casi todo. Porque la crisis se debe, en buena medida, a la inconsistencia de su conducta, a la falta de coherencia entre los valores que dice tener y la vida que lleva. Tiene ahora la oportunidad única de ser honesta consigo misma.
Marcela tomó entre sus manos las servilletas en las que había escrito una serie de frases en la playa y escogió aquellas que repre-sentaran algo positivo,. Releyó la primera servilleta y simplemente la firmó en señal de asentimiento, pero se dio cuenta de que con aquellas frases no podía construir nada. Estas eran sólo un diagnós-tico descarnado de aquello a lo que la vida le había conducido.
De la segunda servilleta sólo se libraron cuatro frases, que le pa-recían que iban a servirle para rehacerse. La primera fue la que más rumió en su soledad: “Realmente la única responsable de lo que me pasa soy yo”. Era una buena conclusión y un buen punto de partida. Por eso decidió asumir las consecuencias que esa responsabilidad implicaba.
Las otras tres eran suficientemente claras para marcar el acento de su nueva vida y que deberían guiar su conducta más radicalmente:
“Quisiera ser aunque no tuviera nada de lo que tengo ahora” “Habrá gente con mucho menos que yo y serán felices” “Me hiere el deseo de recobrar mi verdadero ser”.
todo lo que tenía, para poder tener lo único verdaderamente impor-tante: su ser, su personalidad auténtica, su carácter bien definido, con unos valores que la hicieran feliz de verdad. No importa si lo que hasta hoy había conseguido era mucho o poco en términos ma-teriales y de satisfacción psicológica. La tercera servilleta le dejó un sabor amargo pero decidió no infringirse más heridas y suponer que las frases eran parte de su desahogo consigo misma, fruto de esa autoexamen largo que la había llevado a quedarse dos días más caminando por la playa, absorta en su propia vida. Pero en esa ser-villeta estaba la palanca para salir adelante: “Lo importante es que tengo motivos para vivir y para luchar”.
Ahí encontró la clave para hacerse planes con su futuro. Esos motivos, en su caso, eran también de carne y hueso: sus hijos y su marido. Además, claro está, de saber que lo más importante era no convertir el trabajo en la razón de ser de su vida. En cierto modo ha-bía dejado de vivir por dedicarse sólo a trabajar. Ahora necesitaría trabajar para vivir, de modo que el trabajo le permitiera espacios para las personas que ocupaban un sitio primordial en su vida.
arlos es considerado un “cerebro” por sus compañe-ros y colaboradores. Siempre lo ha sido. Era el mejor en matemáticas y física en la escuela y en la univer-sidad. En su carrera de ingeniería civil participó en varios concursos de matemáticas, obteniendo siempre destacados lugares. En uno de ellos se coronó como campeón interamericano. El apodo que le tenían en el colegio lo dice todo: “cabezón”. Así se quedó.
Han pasado veinte años desde entonces y ahora Car-los es gerente de planta de una multinacional de hidro-carburos. “Piénsalo bien” es su caballo de batalla con la gente: “has pensado otra manera de ver las cosas, has intentado analizarlo fríamente en otro momento, échale cabeza antes de hacer cualquier cosa…” Así va estimulando a los demás para que nadie se limi-te a ver los procesos de todos los días de la misma ma-nera. Cree mucho en la capacidad de la gente. Lo dice en broma: “Fulanito es muy inteligente, lo que pasa es que no tiene en qué pensar”. Carlos se preocupa de que la gente sea lógica en sus razonamientos y en sus exposiciones. Si no se cumple esa condición, detiene al que habla y le pide que se explique mejor: “tu segura-mente conoces mejor que nosotros este tema, pero yo no estoy entendiendo bien lo que nos dices”.
Y lo que logra es normalmente mayor precisión en el que expone. Por otra parte, cuando se trata de bus-car soluciones, se enbus-carga de repasar muy bien sus planteamientos. Da gusto oír al “cabezón”: lleva años
C
Aprender a pensar
Historia de Carlos
“Hay quienes, en lugar de vivir de acuerdo a como piensan, piensan de acuerdo a como viven”
32 Capítulo 2Aprender a pensar
ejercitándose en la lógica del pensamiento, hasta tal punto que pre-fiere retrasar las reuniones, si se da cuenta de que los otros no han tenido tiempo para estudiar bien las cosas.
Además, ha tenido a la mano un campo de experimentación de sus ideas y de su forma de pensar: sus clases en la universidad. Son el terreno donde debate sus dudas y apuntala las soluciones, y así mantiene su pensamiento fresco y actualizado. Es tremendamente exigente con los alumnos. Como buen profesor, sólo les enseña una parte, la más importante, de lo que sabe y, sobre todo, les enseña a pensar por sus propios medios sin aferrarse a las soluciones dadas en los libros.
“Open your mind” es otra de sus frases de combate: “abran su mente”. Pongan atención detenidamente a los argumentos. Entien-dan bien los hechos, capten dónde está el problema y entonces bus-quen las soluciones. Traten de ver si, además de la que se expone, hay otras que podrían ser mejores. Miren puntos de vista, escuchen bien, no sólo oigan las opiniones de los demás, establezcan relacio-nes, y verán que se les enciende la luz cuando menos piensan”.
Sus colaboradores se sienten estimulados. Valora muy bien sus habilidades, su talento para afrontar ciertos problemas y el grado de conocimiento que poseen al analizarlo. Nunca se le escapa una palabra sobre la falta de capacidad de alguien. Simplemente dice: “le faltan datos”. Y logra superar situaciones difíciles, en que la gente está enfrentándose cada vez y parecería que la reunión fuera a acabar en punta. “¿No seremos lo suficientemente inteligentes para buscar un punto común que nos permita seguir adelante?”, comen-ta. Por ahí abre un camino para dejar las cosas sobre una base más segura de entendimiento.
Evita que los asuntos se muevan en un terreno emocional, porque en ese terreno se siente menos fuerte y se confunde fácilmente: “El que grita no tiene razón” es su punta de lanza en este aspecto. Si él mismo se está saliendo de madre, simplemente anota: “necesito enfriar la cabeza en este punto, hable uno de ustedes por favor que yo intervendré más adelante”.
Cuando le toca ayudar a alguien nuevo para que aprenda rápido, le comenta en privado lo que el jocosamente llama “Las 10 reglas para poner en marcha la cabeza”.
analizar, comparar, contrastar, definir, describir, argumentar, justificar, evaluar, sintetizar, esquematizar, juzgar, y desentrañar los hechos o las ideas claves, con visión de totalidad.
2. Para entender bien algo: separar los hechos de las opiniones, buscar siempre el hilo de verdad que anda por ahí suelto en me-dio de todo lo que se dice. Buscar los antecedentes que ayudan a entenderlo. Examinar los factores emocionales.
3. Aplicar el colador o discernidor: criterio para ir a la cuestión de fondo y no enredarse en las ramas, con las minucias convertidas en árboles que no dejan ver el bosque. Ver la interdependencia. 4. Lectura personal, analítica, crítica, creativa, que capta los
con-ceptos básicos. No puede ser precipitada o por encima. Siempre es bueno dar una segunda lectura porque se advierten matices. Y subrayar o anotar.
5. Escuchar atentamente: oír con atención, reteniendo los concep-tos u opiniones de los demás. No anticiparse a hablar antes de que la otra persona haya terminado.
6. Explicar correctamente. Las cosas no hay que decirlas como vienen a la cabeza o como salen de la boca en un primer intento. Algunas están como entredichas, pero no han sido explicadas, lo cual hace falta para facilitar su comprensión.
7. Hablar, exponiendo en forma clara, concisa y completa las ideas leídas o propias para propiciar o continuar el diálogo con los demás. Siempre con serenidad y aceptando al otro como es. 8. Escribir: Confirmar que entendimos algo leído o escuchado o
algo que vamos a exponer o a resumir. No se distorsiona el pro-pio modo de pensar. Se gana mucho en exactitud, en claridad, en concisión y en brevedad. Si está bien pensado, pero mal expre-sado, se pierde la fuerza de los argumentos.
9. Repasar las ideas fundamentales para captar el grado de com-prensión de las mismas y como una medida pedagógica que per-mite saber si se han entendido, escuchado o explicado bien los asuntos. Y hacer ver cuándo faltan las debidas conexiones.
34 Capítulo 2Aprender a pensar
10. Preguntar, siempre preguntar: por qué, para qué, cómo. La inte-ligencia se pone a prueba preguntando. Hacer preguntas inteli-gentes es la forma más original de pensar.
Los clásicos hablaban de tres formas de pensar: especulación o teoría (theoría en griego significa “contemplación”), en cuanto el pensamiento se dirige a captar las cosas como son y a expresarlas en conceptos; práctica (praxis) o pensamiento dirigido a la acción, con-vertido en obrar humano: saber hacer, diríamos hoy; y producción (poiésis) que lleva a transformar la naturaleza y a obtener cosas que llamamos artificiales.
Pensar (racionalmente) es “ejercitar el entendimiento para alcan-zar o comprender una cosa”, dice el Diccionario de la Academia de la Lengua. Es reflexionar, analizar, entender, comprender, discernir, criticar, informarse, comparar, contrastar, idear, interpretar, crear, atreverse, plantearse interrogantes y resolverlos, sintetizar, esquema-tizar, jugar, argumentar, etc. Todo esto implica un ejercicio constante de la inteligencia, el instrumento por excelencia con que cuenta la persona para conocer, para saber, para crear nuevas realidades. Pero el pensamiento no es sólo conceptual sino divergente, emocional, complejo y sistémico. Sólo así se piensa de manera completa.
Hoy en día se habla de formas de pensamiento diferentes al pen-samiento racional basado en un proceso lógico de abstracción que lleva de lo individual a lo general, hasta el concepto. Por ejemplo, el llamado pensamiento lateral o divergente, que expresa todo lo que escapa a lo racional. Como dice Edward de Bono, no se trata del pensamiento rutinario que inevitablemente ejercemos todos en al-guna medida, así como caminamos o respiramos, dependiendo de la dotación recibida por cada uno. Hay que mejorar ese pensamiento, como hacemos cuando utilizamos la técnica para aprender mejor un deporte y jugarlo más eficazmente.
Inteligencia emocional
De Bono afirma que todo pensamiento es emocional porque la decisión, la elección y la acción están determinadas por emociones, sentimientos y valores. De esta manera, pensar no es sólo racionali-zar o intelectualiracionali-zar. En cierta medida, el pensamiento emocional va por delante del racional o se le adelanta, porque los sentimientos se desencadenan mucho más rápido que los racionamientos. Se
presen-sino que éstas se producen. Digamos que se perciben las cosas de otra manera y se conectan de modo distinto entre sí.
La inteligencia emocional, término popularizado por David Gole-man, “es la capacidad para reconocer sentimientos en sí mismo y en otros, siendo hábil para manejarlos al trabajar con otros”. El éxito de una persona no depende en su totalidad del coeficiente intelectual o de los estudios académicos. Lo que más importa es el nivel de inte-ligencia emocional. Goleman habla de una lógica emocional que es asociativa, que también simboliza la realidad, que permite percibir las cosas, y que da lugar a convicciones “emocionales”. Todo ello en una interacción permanente entre mente racional y emocional, en la cual la voluntad juega también un papel moderador, pues mantiene la emoción bajo el control de la razón. La mente emocional es capaz de poner en marcha la mente racional.
La inteligencia nos hace tener conciencia de las emociones, com-prender los sentimientos de los demás, tolerar las presiones y frus-traciones que soportamos en el trabajo, acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social, que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal. “Nuestra mente no está organizada como un ordenador que pueda brindarnos una pulcra copia impresa de los argumentos racionales a favor y en contra de una determinada decisión, basado en todas las ocasiones anteriores en que hayamos tenido que afrontar una situación similar. En lugar de ello, la mente hace algo mucho más elegante, calibrar el poso emocional que han dejado las experiencias previas y darnos una respuesta en forma de presentimiento o sensación visceral”
Principios de la inteligencia emocional:
• Percepción: todo lo que incorporamos por los sentidos.
• Retención: memoria, capacidad de almacenar información y de acceder a esa información
• Análisis: procesar la información y reconocer pautas. • Emisión: expresión o acto comunicativo del pensamiento. • Control: referido a todas las funciones humanas.
36 Capítulo 2Aprender a pensar
Hay interdependencia entre todas ellas. Es más fácil recibir da-tos si uno está interesado y motivado, y si el proceso de recepción es compatible con las funciones cerebrales. Tras haber recibido la información de manera eficiente, es más fácil retenerla y analizarla. A la inversa, una retención y un análisis eficientes incrementarán nuestra capacidad de recibir información. Y la calidad de análisis es afectada por la capacidad para recibir y retener la información. Estas funciones convergen en la emisión o expresión, ya sea mediante el mapa mental, el discurso, el gesto u otros recursos, de lo que se ha recibido, retenido y analizado. El control se refiere a todas las fun-ciones mentales y físicas, incluyendo la salud general, la actitud y las condiciones ambientales.
Para Goleman “hay 3 aplicaciones claves de la inteligencia emo-cional: ser capaz de ventilar las quejas como críticas útiles, crear una atmósfera donde la diversidad resulta valiosa en lugar de ser motivo de fricción y trabajar eficazmente en equipo... En la actualidad no sólo se nos juzga por lo más o menos inteligentes que podamos ser ni por nuestra formación o experiencia, sino también por el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos o con los demás”.
Pensamiento sistémico
Aprender a pensar es afrontar la complejidad de la realidad y des-menuzarla. Aclarar estructuras, como propone Peter Senge, en una perspectiva de integrar razón e intuición. Es visión intensificadora de la conexión con el mundo real y del compromiso con la totalidad. Hay cosas que no se explican según la lógica lineal, sino por una especie de sinergia, de complementariedad entre razón e intuición.
Aprender a entender que todo está conectado con todo y nada tiene sentido sino en función de los demás, es aprender a pensar sistémicamente. Cada cosa que existe está conectada con todas las demás. Creer que el mundo es en un conjunto de piezas indepen-dientes es lo más distante del pensamiento sistémico, como lo es tratar de entender la vida haciendo separaciones entre aspectos. La visión sistémica u holística del mundo y de la vida nos permite en-tender que todos somos interdependientes y que todos necesitamos de todos para vivir y para lograr la sostenibilidad hacia el futuro.
La naturaleza nos enseña a pensar y actuar sistémicamente cuan-do observamos las interacciones entre los distintos reinos o tipos de
Cuando aprendemos a pensar sistémicamente aprendemos la exis-tencia de las redes y las conexiones entre todos los fenómenos pro-pios de la naturaleza y de la vida humana.
El aprender a ser necesita del aprender a pensar sistémicamente porque el ser implica totalidad, estar completo en sí mismo. Y en la persona eso es inseparable de los demás, pues la sociabilidad es algo constitutivo del ser. Cada cosa que ocurre en el mundo es el resul-tado no de una, sino de muchas causas que se integran de manera compleja y que sólo se pueden entender cuando se aprende a pensar con una visión integradora, totalizante, sistémica. El pensamiento sistémico le ha permitido a la física, la química, la biología, la psi-cología y la filosofía entender muchos fenómenos que desde una visión lineal era imposible comprender. La visión lineal nos pone en dificultades cuando tratamos de resolver los problemas dando tratamientos independientes a los fenómenos.
En la relaciones con las personas, el pensamiento sistémico nos ayuda en la tarea de comprender los comportamientos de los demás teniendo en cuenta las circunstancias que rodean cada comporta-miento. Tratar de aislar a las personas de su entorno, o de las cir-cunstancias en las cuales actúan, es un gran error que dificulta las relaciones interpersonales y genera conflictos difíciles de manejar. Una aplicación práctica de las ideas del pensamiento sistémico en la vida de las personas, es entender que yo soy lo que soy solamente en función de todos los demás, aquellos con quienes interactuó en mi vida social personal y profesional. Cuando comprendo el sentido del pensamiento sistémico en función de mi desarrollo como perso-na es cuando aprendo a considerar la importancia del servir y de la solidaridad como conductas que le dan sentido a la vida y, por lo tanto, al ser.
El pensar tiene que ser coherente con el ser, llevar a que la per-sona sea y crezca en su propio ser. Si no hay armonía entre lo que se piensa y lo que se es, hay un desajuste vital, se está abriendo el camino al fracaso. A veces ocurre que sólo la vía del corazón aclara los caminos que hay que seguir, porque la razón con su lógica más estricta e inflexible, la del pensamiento racional habitual y lineal, no ofrecido sino una sola salida. En esos casos no es extraño que la duda y la vacilación haya que resolverlas a través del corazón, como lo recuerda Tamaro: “Cuando frente a ti se abran muchos caminos y
no sepas cuál tomar, no elijas uno al azar, siéntate y espera. Respira con la profundidad confiada con que respiraste el día que viniste al mundo; sin dejarte distraer por nada, espera y vuelve a esperar. Quédate quieta, en silencio, y escucha tu corazón. Cuando te hable, levántate y marcha hacia dónde él te lleve” (S. Tamaro).
Existe el riesgo de una tiranía del uno o de la otra. La frialdad de la razón es necesaria en ciertos momentos, pero lo que nunca parece conveniente es la dureza del corazón. Éste tiene “razones” que la inteligencia desconoce y hay que encontrarlas. Hay que lograr el equilibrio entre la inteligencia racional y la emocional a la hora de la acción.
Carlos ha logrado que sus empleados y compañeros de trabajo se acos-tumbren a pensar todo antes de empezar a actuar. Nunca les reprocha las soluciones erradas fruto de la precipitación. Se sirve de esas ocasio-nes para invitar al interesado a revisar los hechos, datos, problemas y soluciones que aplicó a determinada situación, para examinar los resul-tados obtenidos y ver por qué las cosas no salieron como se esperaba. Analizar la causa del error y cómo deben plantearse las cosas para evi-tar que se repita la equivocación. Ha empezado a insistirles en la nece-sidad de pensar con inteligencia emocional y, a la vez, no dejarse llevar por sólo lo emocional al tomar sus decisiones. Igualmente, poco a poco, les enseña a pensar sistémicamente, con ejemplos prácticos sacados de la experiencia de lo que cada uno hace, de manera que piensen en el todo y no sólo en una parte de lo que hacen y de lo que hace la empresa. Lo más importante es que los empleados logran avances en su modo de trabajar y en su capacidad de análisis y de visión de la totalidad. Todos los que pasan por la división de Carlos en la empresa se sienten motiva-dos a trabajar en esa línea, porque saben que van a aprender a base de cuestionamientos que el jefe les hace a cada momento. Algo parecido ocurre con los alumnos de la Universidad. A principios de curso, las inscripciones en la clase de Carlos (“Prospectiva y estrategia aplica-das”) llegan al máximo de estudiantes permitidos. Los ejemplos y casos que les pone el profesor. La forma como da sus clases, de modo activo y participativo, procurando que los alumnos piensen por sí mismos y desarrollen su capacidad de racionalización, lleva a que ellos digan que esas clases son un auténtico goce.
ernando tiene 25 años y va a empezar su vida profe-sional como administrador de empresas. No ha teni-do que preocuparse de nada, porque hasta ahora su papá se ha hecho cargo de él. Fernando pensaba que su problema era que le habían dado todo sin ningún esfuerzo de su parte. Luis, su amigo de colegio y de universidad, le decía que él era “un hijo de papi”. Fernando asentía diciendo que él no tenía la cul-pa. Su vida se la habían programado sus padres, que dejaban muy poco campo a su iniciativa. Incluso le habían arreglado el noviazgo con la hija de sus me-jores amigos, esa inseparable pareja que acompa-ñaba a sus papás a todas partes. Después de varias escenas de reclamos paternos, Fernando decidió cortar con ella rompiendo la programación prevista por sus padres.
Se buscó una beca para irse al extranjero y escaparse de esa sombra superprotectora. La consiguió y les dio por hecho el viaje. Fue a parar a un kibutz o comuna en Israel, donde le hicieron trabajar duro durante un año. Pidió quedarse otro más y lo dejaron por su buen desempeño. La profesora que coordinaba su trabajo, a quien confió su historia familiar, le dijo que allí se “haría un hombre”. Y efectivamente empezaba a sen-tirse “otro”, al que tal vez no podía controlar bien. Su trabajo era físicamente agotador. Dormía lo justo para recobrar las fuerzas. Decidió probar una nueva vida, sin familia que lo marcase cada hora. Acostumbrado a una disciplina de comidas y sueño, desajustó ambos.
F
Aprender a querer
Historia de Fernando
El verdadero problema del hombre no es no tener, es no querer (Tibhon)
Aprender a querer 40 Capítulo 3
A los seis meses estaba irreconocible: de barba y aspecto des-cuidado, se había aficionado al alcohol. Probó la droga y se en-tregó a una serie de relaciones sexuales con compañeras de otros países que participaban del plan. Eso también lo veía como una forma de escape para liberarse del pasado.
Cuando regresó al país, sus padres se encontraron con que el Fernando que había llegado era bien distinto del que se había ido hacía dos años. A los pocos días les dijo a sus padres que quería irse a vivir independientemente. No tenían porqué preocuparse, él se pagaría todo con el trabajo conseguido al regreso. Que no le impusieran más planes porque ya le habían impuesto tantos que finalmente no sabía lo que quería. El reclamo causó profusas lágrimas maternas y violentas reacciones paternas. El siguió en su idea de descubrir por sí mismo la vida que quería llevar. Sus padres aterrados por el cambio, pusieron el grito en el cielo y acudieron a todos sus amigos para frenarlo, pero Fernando se salió con la suya.
A veces, confundimos querer y amar, porque en el lenguaje co-mún se usan como sinónimos. Pero, hablando más estrictamente, son distintos aunque muy entrelazados: el querer es la voluntad en acción, lo que nos permite llevar algo a la práctica. Amar en cambio es querer a alguien con quien establecemos una relación profunda, y con quien nos unimos en la amistad o en el amor, para compartir algo común a los dos. Sin ese amor la vida se des-orienta. Y sin una voluntad capaz de querer, no es posible amar a nadie.
El querer es el motor de la voluntad y de la libertad. Si sabemos querer podremos llegar a amar, y el amor debe ser la palabra que predomine en nuestra existencia. El problema más delicado para la persona no es no tener, es no querer. Y, como consecuencia, no dejar-se querer. Esto es preocupante. Si nos falta algo material, por mucho que nos parezca indispensable, no lo es. Pero si nos falta algo espiri-tual −el querer−, eso si es verdaderamente preocupante.
El problema al que hay que temerle de verdad es a una voluntad enferma, a encontrarnos con que no queremos nada, con que no te-nemos voluntad y, por lo tanto, la libertad está amenazada en la raíz. Si eso pasa, no es extraño que la vida de las demás personas empiece a importarnos poco.
puede querer sin el conocimiento previo que le facilita la inteligencia. Según desde donde se mire, se puede establecer la prioridad de una u otra: la inteligencia le propone a la voluntad lo que va a ser objeto de su querer y, de otro lado, la voluntad mueve a la inteligencia a conocer.
Lo que nos interesa ver es cómo en la práctica la persona fija su voluntad de modo estable en el bien que necesita conseguir, porque no puede permanecer en actitud de indecisión o inseguridad en su conducta ni quedarse sólo en buenas intenciones.
Hay que actuar, hay que tomar decisiones, hay que expresar pro-pósitos (decisiones anticipadas sobre el futuro) y ver si se cumplen. Hay que tener rectitud en las intenciones y en las acciones, que quie-re decir capacidad de la voluntad para rectificar constantemente el rumbo de la propia conducta. Podríamos decir que, a estos efectos, es más frágil la voluntad que el entendimiento. Por eso ocurre que aunque tenga muy claro lo que debo hacer en mi vida, no me resulte tan fácil saber cómo voy a lograrlo.
Muchas veces hay más preocupación, en el ámbito de la educa-ción, por formar la inteligencia que la voluntad. Porque los resulta-dos de la voluntad son menos medibles, aparentemente, que los de la inteligencia. Pero son igual de importantes o más, porque compro-meten el obrar entero. Quien dice la voluntad dice el entorno cercano y decisivo para ella: los sentimientos, todo lo que escapa a la esfera de la razón, esa otra forma de “razonar” que tiene el cerebro humano, la inteligencia emocional.
Paso a paso se llega
Tratemos de entender un poco el proceso de la voluntad:
• La concepción o representación, que consiste en captar la realidad de los objetos: sensibles o inteligibles. Sin esa representación, la voluntad no se mueve. Ya tengo una idea de lo que quiero, y al empezar el proceso, hay una cierta complacencia espontánea con esa idea.
• La deliberación es lo que sigue: un examen atento de lo que tenemos en mente y de los medios que nos pueden llevar al objetivo que busca-mos. Hago una especie de balance de pros y contras de esa idea.
Aprender a querer 42 Capítulo 3
• La decisión, o elección que conlleva una decisión, es el acto cen-tral en el que se va a poner en juego la actuación de la voluntad y el ejercicio de la libertad. Es una elección deliberada, selecciona-da y voluntariamente queriselecciona-da.
• La ejecución es la ordenación y puesta en marcha de las acciones necesarias para hacer efectiva una determinada decisión.
Este proceso es complejo y está sujeto a las alteraciones que la misma voluntad puede introducir, saltándose u omitiendo pasos. Pero resulta útil para no confundir una complacencia no deliberada con una intención, o ésta con una decisión. La voluntad puede pro-vocar la representación, estimular la deliberación o inhibirla, ejerci-tar su dominio en la elección, y aplicarse a lograr el objetivo en la ejecución. Por eso puede ocurrir que se hayan dado los tres primeros pasos y en el cuarto la voluntad se vuelva hacia atrás.
Pueden surgir algunos problemas al dar cada uno de los pasos: en la representación se dan la apatía −el no interesarse por nada, la falta de centros de interés o de motivación−, la sugestión o la hiperemotividad. En la deliberación pueden presentarse la pereza mental, la impulsivi-dad, el capricho o la superficialidad. En la decisión o elección se dan la indecisión y la veleidad. En la ejecución la debilidad de voluntad en cuanto da lugar a inactividad, pérdida de tiempo, desorden, incons-tancia, falta de atención, exceso de imaginación, etc.
“Dime lo que quieres y te diré quién eres”
Este refrán resume el poder de la voluntad en la configuración de la personalidad. Dicho con otras palabras: cada uno puede llegar a ser lo que quiere ser. Es cuestión de proponérselo y de obrar en con-secuencia. Se puede, pues, aprender a querer, que es una manera de expresar que la voluntad está siempre en proceso de formación.
Una consideración proactiva (anticipativamente responsable) de la voluntad nos lleva a examinar dos de sus modalidades prácticas que tienen gran importancia en la conducta: la decisión y el propó-sito. En la decisión, la voluntad expresa un querer presente, aquí y ahora. Decidir es aprender a querer en presente. O sea, decir y hacer. No es sólo decidir o elegir: es comprometerse con lo que se decide para hacerlo efectivo. Por eso, en la decisión se actualiza la libertad, no sólo en relación con los fines que se proponen a la conducta, sino con los medios para lograr el objetivo que nos hemos propuesto.
te por adelantado acciones futuras. La voluntad proactiva es volun-tad que propone con anterioridad, que se anticipa activamente a los acontecimientos, que no se limita a dejar que pasen (pasividad) o a reaccionar ante ellos (reactividad, por ejemplo: a una persona que grita, contestarle con gritos). Y es voluntad propositiva porque no se enreda en lo negativo y busca la afirmación constructiva.
El propósito es posible porque la persona puede comprometer li-bremente su futuro. El esfuerzo por dar vida a los propósitos y por mantenerse en ellos, tiene que ver con la fidelidad. Ella está vincula-da no sólo a la lealtad a las personas, sino al amar las realimantenerse en ellos, tiene que ver con la fidelidad. Ella está vincula-dades que nos rodean, la acción misma, el trabajo y la complejidad de acciones que están comprometidas en él.
Fernando fue maleducado por sus padres. Con una idea muy equivocada, le dieron todo lo que ellos no pudieron tener, pues llevaron una vida sacrificada para sacarlo adelante. No tuvieron en cuenta las campanas de alerta del colegio, diciéndoles que el niño era caprichoso. Pensaban que el colegio no entendía que Fernando pertenecía a una clase social en la que esas cosas eran normales. Acabaron viviendo su vida por él, sin dejarle espacios de libertad y sin ayudarle a forjar su voluntad.
La ruptura de Fernando con sus padres fue brusca, pero en cierto modo prevista. Cuando a uno no le dan la libertad a tiem-po o no lo educan para manejar su restiem-ponsabilidad, termina co-brándola por sí mismo. Eso fue lo que hizo Fernando: aprovechó el viaje al exterior para hacer lo que le dio la gana, sin importar-le lo que fueran a pensar sus padres, pero sin importarimportar-le tampoco si lo que hacía estaba bien o no.
“Fernandito”, el hijo bueno de papá y mamá, se convirtió en el rebelde Fernando, alejado de sus padres y entregado a una vida desordenada. En ella no hay diálogo con nadie sobre sus asuntos más importantes e íntimos: ¿qué quiere?, ¿qué busca en la vida?, ¿para dónde va?, ¿cuáles son sus motivaciones?, etc.
Fernando tiene debilitada su voluntad y su capacidad de que-rer. La ejerce para poder elegir lo que le gusta, no como una voluntad madura que piensa en lo que le conviene, independien-temente de si le gusta o no. Es decir, una voluntad para regular su
Aprender a querer 44 Capítulo 3
conducta, para desarrollar determinados valores, para controlar ese desmedido afán de hacer lo que quiere demostrando a sus padres que puede actuar sin ellos o contra ellos.
Tarde o temprano Fernando tendrá que hacerse aquellas pre-guntas y responder con sinceridad, ver si está logrando lo que quería y cuál es la calidad de sus relaciones con la demás gen-te, incluidos sus padres. No puede retrasar por más tiempo esa definición. Nadie puede hacerlo ahora por él, como lo hicieron en un momento en forma equivocada sus padres, y sólo él puede construir su futuro desde su propia voluntad. Pueden las cosas salir bien, sin olvidar la lección pasada.