Psicosis actuales
■Hacia un programa de investigación
acerca de las psicosis ordinarias
E m ilio V asch e tto
(c o m p i l a d o r)
Jean Claude M aleval
José María Álvarez
José Rodríguez Eiras
Sérgio Laia
G uillerm o Belaga
Juan de La Peña
Elena Levy Yeyati
Jorge Faraoni
Delfina Lima Q uintana
Ramiro Góm ez Q uarello
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© GRAMA ediciones, 2008.
Fondo de la Legua 2476, Edif. 3, Depto. 40 (1640) Martínez, Pcia. de Buenos Aires, Argentina Tel.: 4743-8766 • [email protected] http: / / www.gramaediciones.com.ar
Vaschetto, Emilio
Psicosis actuales : hacia un programa de investigación acerca de las psicosis ordinarias - la ed. - Buenos Aires : Grama Ediciones, 2008.
148 p . ; 21x14 cm. ISBN 978-987-1199-73-0 1. Psicoanálisis. I. Título CDD 150.195
Traducciones del francés: Carolina Alcuaz Traducciones del portugués: Pablo Sauce
Im p r e s o e n Ar g e n t i n a
Di s t r i b u y e e n Es p a ñ a:
C a n o a lin iT O K IA l. « T e le fo n o / f;ix: '> ' t .M .! I‘> I c íi11<<m <Iui<i mlur vhIimm rn
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Indice
Agradecimientos / 7 Advertencia / 9I. Argumento
Psicosis actuales / 13 Emilio Vaschetto "Incurables" / 31Delfina Lima Quintana, Ramiro Gómez Quarello, Jorge Faraoni, Emilio Vaschetto
Itinerario / 45
II. Normalidades
Las otras psicosis / 51José M aría Alvarez, Juan de La Peña, José Rodríguez Eiras Una dificultad para el viraje en la psicosis / 65
Elena Levy Yeyati
"Palabras im puestas". Contribuciones de Joyce y del Sr. Primeau a la clínica de las psicosis / 73
Sérgio Laia
III. Suplencias
Estudio sobre las soluciones narcisistas en las psicosis / 89 Guillermo Belaga
La elaboración de una suplencia por un proceso de escritura. Raymond Roussel / 113
Agradecimientos
Quiero agradecer en primer lugar a mi amiga, Alejandra Glaze, quien me confió la elaboración de esta compilación.
A los autores, por haber ofrecido trabajos originales gestados en un intercambio formal e informal con este iniciador.
A Jean Claude Maleval, por su respuesta entusiasta y desinteresa da; quienes seguimos sus desarrollos conocemos el nivel de sus con- ceptualizaciones.
A Sérgio Laia, quien am ablemente nos ofreció un excelente traba jo, el néctar de su tesis sobre Jam es Joyce.
A Guillermo Belaga, de quien esperaba en lo personal un escrito que pudiera resumir su fecunda labor de transmisión en la clínica de las psicosis. Sin lugar a dudas mi requerimiento ha sido am pliamen te saldado.
A José María Alvarez, Juan de La Peña y José Eiras, a los que les agradezco no solo su original escrito, sino también el feedback amis toso previo a la redacción del libro.
A Elena Levy Yeyati, por haber tomado el desafío de plasmar en un escrito para este libro las preguntas que convocan a nuestra clíni ca. Los que la conocemos personalmente, sabemos de su idoneidad y su agudeza teórica.
A mis compañeros del Hospital Central de San Isidro, Delfina Lima Quintana, Ramiro Gómez Quarello y Jorge Faraoni, quienes tomaron con ardorosa inquietud el reto de constituir un grupo de investigación que no deja de sorprendernos e impulsar nuestro deseo de saber.
A Pablo Sauce, colega argentino de la EBP Bahía, por su labor estricta en la traducción del portugués.
A Carolina Alcuaz, no solo por el cuidado en la letra exquisita del señor Maleval, sino también por su crítica implacable (pero impres cindible) hacia mis elaboraciones.
P s ic o s is a c t u a l e s
Advertencia
Este libro contiene diferentes estudios clínicos y teóricos produc to de un intercambio formal e informal con sus autores, quienes han intentado abordar -cad a cual con su estilo- la temática de las llama das psicosis ordinarias con el mayor grado de rigurosidad y seriedad que tal definición lo permite.
No pretende ser un compendio de saber acabado ni mucho menos enciclopédico, sino más bien, un acercamiento lo más exhaustivo posible, hacia los hechos clínicos que interrogan al psicoanálisis hoy.
El subtítulo que glosa "program a", hace alusión a lo que del psi coanálisis comporta en su ética y esto implica un bien-decir. Por eso, el lector interesado que se aproxime a la lectura de estas investiga ciones se encontrará no solo con la letra de Joyce sino también con la de Roussel o la de Macedonio Fernández. Renovar estas lecturas, a la luz de una orientación pragmática, es la fuerza del psicoanálisis de orientación lacaniana hoy en su lucha contra cualquier terapéutica que implique la coacción, el enmudecimiento o la cobardía.
Siempre son nuestros pacientes, aquellos sujetos que acuden a nuestra ayuda, quienes llevan la delantera respecto de las definicio nes más genuinas de una praxis: las que, edificadas con el dolor del alma, expresan los arreglos o remiendos que se tejen a su alrededor.
Si quisiéramos soñar con un tiempo mítico en la historia de los síntomas (mentales), nos encontraríamos con un savoir faire de la dis ciplina fusionado maravillosamente con la lengua del loco, con sus invenciones.
Bleuler cuenta en su monografía sobre las esquizofrenias que un paciente de Jung, en el momento del barrage del pensamiento, le dijo a éste que le habían "robado el pensam iento". Robo del pensam ien to. ¿No es sorprendente que ese signo, esa invención psicótica -tom a- da a la letra- subsista en los manuales clasificatorios actuales como lo son el DSM o la CIE? P s ic o s is a c t u a le s
Psicosis actuales
Hacia un program a de investigación
acerca de las psicosis ordinarias
E
m il ioV
a s c h e t t o*
Y la m o raleja d e esto es: 'C u id a el sen tid o, que los so n id o s se cu id arán so lo s'. A venturas d e A licia en el país
de las m aravillas, Lewis C a r r o l l
Argum ento
Psicosis actuales** es el nombre que se me ocurrió para ilustrar, o tal vez, encontrar un sintagma desde donde problematizar ciertas presentaciones en la llamada época del Otro que no existe. Nuestro colega Eric Laurent planteó hace un tiempo la necesidad de incorpo rar la idea de psicosis ordinaria como un programa de investigación, lo que nos ayuda a desnaturalizar las nosografías clásicamente conoci das.
Decíamos, la época del Otro que no existe, ¿pero la psicosis no es un ejemplo cabal de que no hay Otro del Otro? Más específicamente, la esquizofrenia, ¿no es un testimonio patente y doloroso de la tacha dura del Otro?
Pues bien, no podemos negar que la vertiente irónica -q u e algu nas veces cumple paradójicamente un rol en la estabilización del su jeto- diluye toda ilusión posible de código compartido, de
comu-* Em il io Va s c h e t t oes m iembro de la Escuela de Orientación Lacaniana y de la
A so ciación M undial de P sico an álisis; m iem bro del Centro D escartes; Presidente del Capítulo de Epistem ología e Historia de la Psiquiatría de la A sociación de P siquiatras A rgentinos; Jefe de trabajos prácticos del D epartam ento de Salud M ental de la Universidad de Buenos Aires e investi gador asociado al D epartam ento de H istoria de la M edicina de la UBA; M édico psiqu iatra del H ospital C en tral de San Isidro, B uenos Aires, Argentina. Email: satturno@ yahoo.com .
** Un resum en de este trabajo ha sido ya publicado en la revista electrónica
Virtualia bajo el título "Psicosis contem poráneas". 13
P s ic o s is a c t u a le s
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nidad de sentido. Incluso lo "paranoide" en la esquizofrenia, que alude al polim orfismo clínico de ésta (y no como a veces se piensa, a lo persecutorio), es el escepticismo más evidente del funcionamiento del Otro como código.
¿Qué pasa entonces con la paranoia o la melancolía? Es un hecho evidente que hoy el intento de construcción de un Otro, que en estas psicosis se genera por la vía del delirio, se encuentra debilitada. De allí que suele expresarse la nostalgia de algunos profesionales psi al modo de: "m elancolías y paranoias eran las de antes". Si bien esos estados típicos causaban el asombro del psiquiatra, tal como lo reco nocía Freud, no comportaban necesariam ente el principio de su entendimiento1. A saber, cuál era la lógica subyacente, o qué gramá tica soportaba la respuesta delirante; qué enigma inicial rubricaba la certeza interpósita que guiaría los encuentros extáticos y decadentes con el Otro gozador.
Las psicosis actuales, plantean una clínica post-psicopatológica. Veamos en los casos donde, por ejemplo: el significante depresión puede anudar una xenopatía del cuerpo o del pensamiento2; donde los síntomas obsesivoides (rituales de verificación, locura de la duda y del tacto, pensamientos parásitos, etc.), los cuales el sujeto no per cibe con certeza ni ajenidad, son una respuesta, una cobertura imagi naria que mitiga el fenómeno de "cadena rota"3; donde una forma ción de carácter puede ser una defensa, un punto de llegada, casi un dasein, como solución posible4; las posiciones irónicas y los usos
tran-1 F r e u d , S., "So b re un caso de paranoia descrito au to biográficam en te" (Schreber), en: Obras completas, t. XII, Amorrortu, Bs. As., 1989.
2 " ... llam a la atención la relación de extrañam iento con su cuerpo, lo ajeno a él. Se da cuenta de la gravedad de su depresión por la altura del pasto, adelgaza dem asiado por darse cuenta de que tenía que com er apenas cuando oslaba por desm ayarse.", CollierD o RÉCO B a r r o s , I., "L a ruta a seguir", Irabajo presen tado en las Jornadas anuales de P a u s a , diciem bre do 2 0 0 7 . Inédito. Vor lam-_ bién el caso C en: "In cu ra b le s...", en este m ism o volumen.
H ay una serie de trabajos psiquiátricos que destacan el oléelo "proloolor” que poseen los síntom as del trastorno obsesivo-com pulsivo cuando .ip.iieren en una psicosis (esquizofrénica), com o así también la posibilidad do ovilai una "desintegración de la personalidad" en el proceso psioolioo Voi los liabajos de: STEN GEL, E., A study on so me cliuiail aspet o/ Ihr n-liiiilinii-Jiip luiti'ccii
obsessional neurosis and ¡isychosis types, | Moni Si i, I ‘* I1 *. *»l I*»«• IH7 y
Poyurovsky, M., Fue lis, Wiii/MAN, A., ( >/>N<v./í'r < I >i-.onln m
Patients With First-Episoile Schizoplnviiia, Am | I *■.v'< ln.ili v. 11 •*> I*>‘*M ,’IHIO, I1»1)1).
(Citados en el notable trabajo do invesl igac ion do 11 n i > M \i; i n n I , I ni imr•
psicóticas del trastorno oIm h úv inm/wWw l ’u-.niUu nm </<• i.r.o. , Iitnw ,, Kov.
ALCMHON, Año XII, vol 10, N sc|>licinl>io do .Midi 14 -l Ver: "//;< arables... ", en oslo mismo volumen
sestructurales de la ironía5; en aquellos que padecen de la iniciativa del Otro sin ser clínicamente lo que se dice una paranoia6.
Considero que el nombrar los hechos clínicos dados en un sujeto, como psicóticos, no resuelve nada más (ni nada menos), que cierta modalidad de relaciones fenómeno-estructura que orientan la escu cha y una mayor precisión en cuanto al lugar de intervención desde la transferencia. Esto último fue una preocupación central en J. Lacan para el tratamiento de las psicosis, ya que no desconoció en su lectu ra del caso Schreber el lugar del almicida (Seelenmord), el doctor Fleschig, como tampoco habrá dejado pasar por alto el libro escrito por este prestigioso neurólogo Cerebro y alma (Gehirn und Seele), donde se pueden rastrear los antecedentes de los enunciados o de la "inducción significante" en el delirio del presidente del tribunal supremo7.
Discursos que porten semejante consistencia o atribución de lugar, solo podrían tener la vitalidad de otro tiempo, en donde la impresión de un Otro del saber a quien nadie pide cuentas -p u es se autoriza primero en lo que dice y luego en su experiencia-, ya no es patrimonio de los hombres de hoy. Giorgio Agamben comenta en Infancia e historia que al hombre moderno se le ha expropiado su experiencia, posee una pobreza de experiencia. Hay un fárrago de acontecimientos que rebasan al hombre actual pero ninguno de ellos es convertido en experiencia, y esto es lo que vuelve insoportable la existencia cotidiana.
Lo interesante que subraya el autor es que la experiencia "no tiene su correlato necesario en el conocimiento, sino en la autoridad, es
5 Acerca de la posición irónica en una psicosis ordinaria ver: Bo t t o, S.,
Va sc h e t t o, E., " Loefím ero de hacer con lalengua un cuerpo. A portes para un program a de investigación acerca de las psicosis ordinarias", trabajo presen tado en las Jom ad as anuales de la EOL, diciem bre de 2007. Inédito. Sobre una observación transestructural de la ironía (según mi lectura) ver: Sil v e s t r i, N., "Efecto terapéutico: un punto de sorpresa", Jornadas anuales de la EOL, diciem bre de 2007. Inédito.
6 "[E l sujeto] no presenta un franco desencadenam iento. Solo vive experiencias que lo confrontan con el goce del Otro, que experim enta en la form a de enig ma y que siente com o un serio peligro para su existencia." Cf. Ló p e z, G., "A com odando las piezas", trabajo presentado en las Jornadas anuales de PAUSA, diciem bre de 2007. Inédito.
7 Un trabajo al que m e he abocado en algunas clases o sem inarios es a hacer una lectura com parada de los dos textos (el de Schreber y el de Fleschig). En ellos se encuentra una coincidencia extraordinaria. En nuestro m edio el libro de Paul Fleschig Cerebro y alm a tuvo una escasa circulación pese a la excelente tra ducción de los doctores Outes y González y los invalorables aportes del doc
tor Goldar en el prólogo. 15
P S IC O S IS AC TU A LE S
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decir en la palabra y el relato. Actualmente ya nadie parece disponer de autoridad suficiente para garantizar una experiencia"8.
Nuestra época posee el interesante desafío de poder modular tanto lo viejo como lo nuevo. No es el m omento de cubrir con tierra seca el fecundo tesaurus de los maestros clínicos, como tampoco es la ocasión de estratificarse en suelos arcaicos sin aspirar el aire fresco de la superficie. Tanto algunos aportes de la clínica clásica, como el esfuerzo de investigadores de nuestro tiempo, pueden confluir -a l m enos es lo que intento dem ostrar- en un punto central: el interés en los trastornos del lenguaje.
Decir "trastornos del lenguaje" nos puede ayudar también a pen sar que hay un trastorno propio del lenguaje, o un trastorno por el uso del lenguaje. "H ablar es un trastorno del lenguaje", decía J.-A. M iller en Las psicosis ordinarias. Puede entenderse, entre otras cosas, que hablar es un modo de horadar M engua de tal manera que la rela ción con el lenguaje no nos sea tan "n orm al"9. Y normal quiere decir que la intención significante viene dada, es impuesta, extranjera, xenopática; puede estar localizada en el Otro (paranoia), estar deslo calizada (fragmentación del cuerpo, disgregación y emancipación del pensamiento), o bien, develar con pureza el vector intencional de la realidad al modo de un "delirio de significaciones" 10 (acepción por cierto inapropiada ya que justamente se trata de sujetos que no ponen en funcionamiento el artificio del delirio en respuesta al enig ma inicial).
Veamos entonces qué nos dice "lo sensitivo".
La era sensitiva
La hipertrofia del trastorno de ansiedad social a partir del DSM IV gracias a la confluencia de los lobbys farmacéuticos y agrupaciones de distintos tipos (entre ellas, de pacientes y familiares de enfermos) produjo una medicalización de los estilos de vida, el "Ufe style drugs" (como lo llama el prestigioso psicofarmacólogo D. Healy). Esto moti vó que muchos sujetos tímidos y vergonzosos entraran en los casille ros de una supuesta enfermedad, atrayendo a su vez a algunas per sonas que en la consulta relataban, dentro del catálogo de las mani festaciones de este trastorno, fenómenos que implicaban otro orden8 Agamben, G., Infancia e historia, A H editora, Bs. As., 2001, pág. 9.
9 "Se trata para e] hom bre justam ente de arreglársela con esa modulación con tinua, com o para que no le ocupe dem asiado.", L a c a n , )., El seminario, Libro 3,
Las psicosis, Paidós, Bs. As., 1992, pág. 163.
que el del contagio masivo. La vergüenza, indicador fantasmático por excelencia, se expresaba en estos sujetos como la emergencia des carnada del objeto mirada o la mueca del mundo. Hemos constatado clínicamente la presencia de estos fenómenos en sujetos psicóticos que en otro tiem po habrían sido llamados "sensitivos". Vale decir, sujetos que clínicamente no se ajustaban a lo que típicamente se cla sifica como paranoia, esquizofrenia, parafrenia o melancolía. Desde luego, no es nuestro interés reintegrarlos anacrónicamente a la ya conocida categoría del delirio sensitivo, aunque sí nos importa inter pretar esto.
Durante un tiempo se pensó en la clínica psiquiátrica que aquellos sujetos que presentaban el fenómeno de significación personal mór bida (Eigenbeziehung) posteriormente desarrollarían un delirio siste mático, y se actuaba a tal fin. O bien, alojando a los mismos en salas de clinoterapia a la espera del advenimiento del delirio, o bien apa ciguándolos en un sueño profundo11 (ver foto).
11 S a u v a g n a t , E , "Fenóm enos elem entales psicóticos y m ecanism o institucio nal", Rev. Etiem, 1996.
12 Extractada del libro de St a g n a r o, J. C.; Go n z á l e z Ch á v e s, J. M.., Hospicio de
las M ercedes, 130 años, Polemos, Bs. As., 1993. Corresponde a una de las veinti- 17
P s ic o s is a c t u a l e s
E m il io V a s c h e t t o
En la actualidad, el em puje al delirio está -p o r la liquidez de los discursos- sofrenado, detenido. El lugar del analista como secretario del alienado, como receptor de un testimonio que alienta al sujeto a la estabilización del significante y el significado (vía la metáfora deli rante), ha quedado cualitativamente desplazado al lugar de un des tinatario del significante aislado en lo real; o al igual que el contra punto orquestal, al otro lugar desde donde hacer resonar en forma atenuada los efectos de la no extracción de goce o del desanuda miento del sentido, de la frase o del cuerpo.
Para lo cual no debemos retroceder ante la pesquisa del aconteci miento, no como búsqueda cronológica sino como encrucijada de destino, como trazo...
"Siempre hay una ruptura con lo que Kraepelin llama (...) la evolución continua del delirio dependiente de causas internas -refiere el doctor Lacan. Es absolutamente manifiesto que no se puede limitar la evolución de una paranoia a las causas internas". Más adelante agrega: "Cuando se buscan las causas desencade nantes de una paranoia [diremos psicosis] siempre se pone de manifiesto, con el punto de interrogación necesario, un elemento emocional en la vida del sujeto, una crisis vital que tiene que ver efectivamente con sus relaciones externas, y sería muy sorpren dente que no fuera así tratándose de un delirio que se caracteriza esencialmente como delirio de relaciones, término que es de Wernicke y no de Kretschmer" . 13
La referencia corresponde al "prim er Lacan" pero se ajusta con precisión a los fenómenos predelirantes de nuestro época.
Siempre me llamó la atención esta mención a Wernicke, un em i nente neurólogo y como tal, de espíritu localizacionista. Pero lo que interesa a Lacan y lo que a nosotros nos debe interesar, es la orienta ción hacia los hechos significantes de la locura. No es un detalle menor que Freud tuvo también que acudir a Wernicke a la hora de hacer uso del concepto de pensamiento hipervalente o hiperintenso. Freud utiliza el concepto de Wernicke de überwertig en el "Pro yecto. . ." 14, en las conceptualizaciones de la histeria con Breuer15 y en el caso Dora; aunque siempre para referirse a la histeria:
cinco lám inas que se encuentran en el M useo de Neuropsiquialrm del I los- pital José T. Borda, realizadas por orden del Dr. Domingo t'abivd (C iira 1905- 1910).
13 L a c a n , ]., El sem inario, Libro 3, Las psicosis, op. cit., págs. 31.
14 F r e u d , S., "Proyecto de psicología para neurólogos", op. t il., I. I, p .íg s. 394. 18 15 F r e u d , S., "Estudios sobre la histeria (1893-1895)", op. cit., I. II, |vigs. 257.
"Un itinerario de pensamientos así puede llamarse hiperin- tenso o, mejor, reforzado, hipervalente, en el sentido de Wernicke. A pesar de su carácter en apariencia correcto, resulta patológico por esta peculiaridad: no puede ser destruido ni eliminado por más esfuerzos conceptuales concientes y deliberados que haga la persona" 16
Este uso detallado del significante nos ayuda precisamente a aproximarnos a los fenómenos más sutiles de nuestro tiempo y a sos tener una clínica correlativa entre neurosis y psicosis.
Volviendo al delirio sensitivo de relaciones, el detalle de la m en ción a Wernicke, inadvertido por los clínicos, tiene en su núcleo la esencia de la psicosis. Lo sensitivo es la respuesta del sujeto a las rela ciones que se le plantean en la realidad. En rigor de verdad, la reali dad toda se tiñe de una significación enigmática. Wernicke subraya que se debe a un severo grado de los fonemas donde:
"...hay una acentuación sensitiva dada por la misma enferme dad como elemento adicional de en sí percepción sensorial nor mal". [Por lo tanto esto] "lleva a una alteración en la identificación secundaria en el sentido de que entre todas las interpretaciones posibles es preferida la que se refiere a la propia persona, -y añade- es la significación personal mórbida de Neisser, y de esta manera se favorece el surgimiento del Delirio de relaciones". [El cual es] "como el delirio de persecución, solamente un nombre colectivo para una gran selección de imágenes delirantes, las que están ligadas al acto de percepción y que se presentan simultáne amente con éste; consiste en una alteración de las propias percep ciones (...) el enfermo hace la observación de que la gente se detie ne, en ocasiones, debido a él, se apartan y hacen o efectúan cual quier clase de gestos. Cuando silba lo hacen delante de él, cuando hablan, hablan de él, lo siguen, las miradas y los gestos de perso nas extrañas se refieren a él" . 17
Ya posteriormente Ernst Krestchmer, a quien la historia le atribu yó este delirio de relaciones, plantea un aporte interesante que Lacan no deja pasar por alto en su tesis. El carácter reaccional del delirio, a punto de partida de un acontecimiento, señala al sujeto en el plano éfzco18. Es curioso y contradictorio a la vez, ya que el paranoico es
16 F r e u d , S., "Fragm entos de análisis de un caso de histeria (D ora)", op. cit., t. VII, págs. 48.
17 W e r n ic k e , C, Tratado de psiquiatría, Polem os, Bs. As., 1992, pág. 131.
18 L a c a n , ]., De la pychose paranoíaque dans ses rapports avec la personnalité, Seuil, París, 1975, pág. 91
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quien indiscutiblemente señala al Otro como responsable del mal, siendo su inocencia proporcional a esta imputación certera. En el caso del delirio sensitivo, el sujeto se asigna la responsabilidad de lo que le retorna como goce del Otro, ya que él reconoce estar lesiona do en su ética19, y el delirio representa manifiestamente el calco exterior del desprecio interior de s í mismo. No voy a centrarme en lo ya conoci do del autor acerca de la personalidad, lo situacional y la vivencia que coronan el diagnóstico. Lo que sí es destacable, es la particular coa- lescencia que se produce entre ética y psicosis, que es tam bién expli- citada por Lacan en su seminario sobre las psicosis a propósito de Schreber:
"... en el caso del presidente Schrebrer una significación que concierne al sujeto, pero que es rechazada, y que solo asoma de la manera más desdibujada en su horizonte y en su ética, y cuyo sur gimiento determina la invasión psicótica" . 20
Hay una nueva clínica que convive con la vieja clínica, la de las bellas formas21. No es que hayan desaparecido brutalmente las viejas paranoias, ni las sorprendentes parafrenias, pero sí habitan en cons telaciones clínicas mucho más borrosas22.
Sin embargo las "nuevas presentaciones" nos impulsan a no sos layar el hecho consustancial a la psicosis una y otra vez enunciado por Jacques Lacan: "la relación del hombre con el significante", o bien,
"La relación entre el significante y el sujeto ...se encuentra ...desde el aspecto de los fenómenos, si regresando de la expe riencia de Freud, se sabe el punto adonde conduce. . . " . 23
39 K r e t s c h m e r , E., Paranoia et sensibilité, Presses U niversitaires de France, París, 1963.
20 La c a n, ]., El seminario, Libro 3, Las psicosis, op. cit., pág. 124.
21 Sobre la psiquiatría com o discurso estético pongo a disposición del lector dos de m is trabajos presentados en sendos congresos: "Ecos argentinos de ia Otra psiquiatría" (Congreso Europeo de Historia de la Psiquiatría, Madrid, agosto de 2006); "H acia una historia de los síntom as..." (Encuentro Argentino de H istoria de la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis, La Piala, noviembre de 2006). Inéditos.
22 "La clínica nos enseña que los casos más frecuentes son precisamente los m ix tos o híbridos entre la paranoia y la esquizofrenia, la paranoia y la melancolía, la esquizofrenia y la m elancolía", en: Estudios sobre las psicosis, Ai.vakiíz, J. M., Grama ediciones, Bs. As., 2008, pág. 175.
23 L a c a n ]., "D e una cuestión prelim inar a todo tratam iento posible de la psico-20 sis", en: Escritos 2, Siglo Veintiuno ediciones, Bs. As., 1980, p.ig, 518.
No se trata de un significante que engendra sentido o que puede llevarnos a una herm enéutica infinita (como suele criticársele aun hoy al psicoanálisis), sino más bien de una clínica del significante ais lado y su posible apareamiento de goce o la fuga del sentido.
Si continuamos, sin temer a una lectura anacrónica24, se trata del significante en su dimensión de letra, la cual sabemos que
"es mucho menos etimológica (precisamente diacrónica) que homofónica (precisamente sincrónica)"25.
Hace ya varios años que veo a un sujeto que, según él, encontró una salida al "caos" por la vía de la escritura26. Pero una escritura que resultó ser estrictamente artesanal 27. No es en sí el acto de escri bir lo que le evitó desengancharse del Otro -p u es éste ya era su ejer cicio habitual-, sino una modalidad de escritura, producto de su aná lisis, que osciló inicialmente entre la "poesía libre" y el "soneto", para luego inventarse un estilo propio: "el emocionismo". Este estilo tiene la particularidad de ser un soneto que no respeta la estructura rígida del mismo pero que le ayuda a "encontrar el sentido". El emocionis mo es el nombre a "u n sentido" que es la evitación misma de su des lizamiento al infinito, como le sucede cuando retorna al ejercicio de la poesía libre, o para poder eludir la extrema compacidad del sone to, que en él se expresa como taedium vitae e inercia.
24 Podríam os preguntarnos si es factible una lectura eucrónica de la obra de Lacan. Las enseñanzas de J.-A. M iller y E. Laurent nos han transm itido, a mi m odo de entender, un ordenam iento no canónico ni heurístico, sino lógico. (Acerca de la lectura anacrónica en general, sugiero el libro de Droi-
Hu b e r m a n, G v Ante el tiempo, Adriana H idalgo, Bs. As., 2005).
25 A riesgo de cansar al lector, podríam os continuar deslizándonos en la misma página del texto donde añade: "Q ueda el hecho de que el inconsciente se pre ocupa más del significante que del significado...", Ibíd., pág. 551.
26 El m aterial com pleto correspondiente a este caso fue presentado en las jorna das del D epartam ento de Enlaces (EOL), noviem bre de 2006, Va sc h e t t o, E., "C aso A. Del 'arresto' al estilo propio". Inédito.
27 "¿Q ué es el saber hacer? Es el arte, el artificio, lo que da al arte del que se es capaz un valor notable, porque no hay O tro del Otro que lleve a cabo el Juicio Final (...) Esto significa que hay algo de lo que no podem os gozar. Llam émoslo el goce de Dios, incluyendo allí el sentido de goce sexual." La c a n, }., El s e m i-___
nario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Bs. As., 2006, pág. 59. 21
P s ic o s is A C TUA LES
E m il io V a s c h e t t o
Un pasaje por la clínica pobre
Hay algunos psicopatólogos que en su aguda mirada no se han dejado hipnotizar por la fenomenología más productiva de la psico sis. Tal es el caso de Wolfang Blackenburg, quien se adentró en lo que él llamó la "clínica pobre" de la esquizofrenia para tratar de descu brir cuál es el trastorno fundam ental28. Bien sabemos que lo que Bleuler llamaba esquizofrenia, en sus manifestaciones clínicas más conspicuas, era la presencia de los síntomas accesorios de la enfer medad (delirios y alucinaciones). El trastorno psicopatológico funda m ental para el psiquiatra del Burghózlhi, estaba centrado en la diso ciación, la Spaltung, lo que producía a su vez la falta de cohesión a las representaciones -efecto generado por la pérdida de la representación meta.
Lo interesante de Blakenburg es que va a interrogar, desde la fenomenología, lo que Conrad llama la "apofanía"29, en el punto donde se produce la vivencia de significación anormal; pero poniendo el acento no solo en la Erlebnis sino también en la estructura de esta sig nificación anormal.
Las síntomas observables son en sí, una reorganización, una res puesta del sujeto (el delirio como tentativa de curación en Freud); mientras que la incubación de tales estados, el campo preparatorio con la perplejidad y el enigma, introducen los interrogantes precisos y de rigor para el despliegue posterior. Desde luego que el modelo clínico de las psicosis en la psiquiatría está construido sobre la base de las expresiones más floridas y cautivantes. En este sentido, el molde utilizado para la esquizofrenia desde Bleuler a nuestros días, utiliza como soporte semiológico para todos los subgrupos el tipo paranoide.
Es pertinente interrogarse junto a Blakenburg en las formas pauci- sintomáticas si "en la ausencia de toda conciencia anormal de significa ción30, una esquizofrenia podría aun ser diagnosticada". lis decir, si más allá de los síntomas de estado, puede pesquisarse la intimidad
28 B l a k e n b u r g , W ., La perte de ¡'evidencie naturelle. Una contnbution a ln
psi/clioi>a-lologie des schizophrénies pauci-sym ptom atiques, Pressos Uni versilaires de Franco,
París, 1991.
29 C o n r a d , K ., La esquizofrenia incipiente. Intento de un anatisis de la ¡orina del deli rio, Editorial Alhambra, M adrid, 1961.
30 Corresponde a la traducción literal del texto de Bl.ikenbui)’,, .muque se lee fácilm ente que el fenóm eno corresponde a una conciencia de siguí/u a¡ ion anor
mal ya que lo aberrante no es la conciencia sino l.i sij'.nil k .h ion que percibe el sufriente. Es solidario de esto la vivencia de significación en l.ispers (ver: 'Iralailo
morbosa. De hecho, es al punto en que se vuelve en cada agudización o poussée de la enfermedad, un retorno al punto de interrogación ini cial, una vuelta por ese universo ptolomeico donde el sujeto padece la experiencia más extrema de centralidad, clave de toda certeza.
La psicosis y los trastornos del lenguaje
"... para que estemos en la psicosis tiene que haber trastornos del lenguaje, en todo caso les propongo que adopten provisional mente esta convención" . 31
En un artículo del 2003 del American Journal o f Psichiatry, el inves tigador Shitij Kapur se interroga acerca de los procesos mentales en la psicosis proponiendo que la m isma es "un estado de significación [salience] aberrante"32. Al margen del desarrollo biológico sobre el que asienta este precioso trabajo, el mismo posee la virtud de señalar el punto álgido de la fenomenología de la psicosis, lo que él llama "experiencias de significación aberrantes". Acontecimientos que no son privativos de las psicosis, como él lo aclara, sino que también se suceden en personas normales: lo mórbido reside en la atribución (la interpretación) que se le da. Es sugestivo leer a continuación de qué manera el autor se pregunta sin ningún prejuicio, acerca de por qué cuando a un paciente se le suspende la medicación neuroléptica, los síntomas vuelven al mismo lugar del desencadenamiento de la enfer medad, vale decir al punto inicial de la experiencia de significación aberrante. Algo m uy cercano a lo que Lacan define c o m o lo real. Kapur ubica, sin mencionarlo explícitamente, el trastorno esencial de la psicosis a nivel del lenguaje33. Vale decir, las experiencias de certe za en las cuales el sujeto se encuentra concernido por una
significa-31 La c a n, J., El seminario, Libro 3, Las psicosis, op. cit., pág. 133.
32 K a p u r , S ., "Psychosis as a state of aberrante salience: a fram ew orking biology, phenomenology, and pharm acoíogy in schizophrenia", American Journal o f
Psichiatry, january 2003. Com o se verá el térm ino "salience" lo he traducido
com o significación por sugerencia del Dr. Anibal Golchluck, quien fue el que me acercó este trabajo. Verdaderamente, el fenóm eno se aproxima a lo que Clem ens Neisser, a fines del siglo xix había definido com o "significación per sonal m órbida" y que viene a ser el "em brión lógico" del fenóm eno elemental. 33 Al respecto conviene no confundir a este autor con otros investigadores neu-robiólogos com o E. Kandel, quien intenta el recorrido inverso al querer "v ali dar" las ideas del psicoanálisis m ediante la exploración directa del cerebro hum ano. M ás aún, reconoce en este tópico su "fascin ación" actual. (Reco m iendo leer en su libro, Kandel, E., Psychiatry, psychoanalisis and the new b io lo g y ___
o fm in d , A PP ed., 2005, en su introducción, pág. xvii) 23
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E m il io V a s c h e t t o
ción que le resulta enigmática. El significante aislado en lo real que señala en una pura intencionalidad al sujeto, perceptum desvelado que revela los qualia del mundo tal como son (mirada sin ojos).
Ese aspecto, es necesario recalcarlo, es ineliminable y a su vez consustancial a las psicosis. Es el develamiento de la pura intencio nalidad del significante, es esa exagerada sensibilidad a las saliences descripta por Kapur, o bien ese giro singular del espíritu que hace "reglam entar las coincidencias" o "codificar lo im previsto", como lo m encionan Serieux y Capras en sus Folies raissonantes.
Caso Antonio: una novedosa
form a de estabilización
Concurrió a mi consulta un joven que padecía de "ataques de pánico". Fue tratado como tal mediante un tratamiento psicotera- péutico, pero los síntomas fueron tomando tal magnitud, que gra dualmente usurparon la zona faríngea, el tórax, el epigastrio y hasta los músculos respiratorios. Los médicos que lo asistían en la urgen cia le decían que era "psicosom ático". Pero lo cierto es que su estado obedecía, según sus dichos, a un "cordón atravesado en la laringe". Este cordón iba ciñéndose cada vez más hasta poner en riesgo su vida.
Vino a la cita ayudado por familiares y amigos, ya que "no podía dar un paso m ás". Manifiesta que llevaba un año en el tratamiento psicológico, al cual acudía espontáneamente, pero a pesar de su esfuerzo denodado y el del profesional, no había obtenido alivio alguno.
Decidí tomar el "cordón" por el caso. Cada vez que en sus dichos se derramaba la libido para diferentes partes del cuerpo (cabeza, pul mones, piernas, etc.) intervenía sobre la localización del "cordón": -¡P ero si eso está allí!
La práctica inicial de yoga y luego artes marciales le permitió ubi car "un problema energético en esa zona", para así condensar el goce en una especie de anillo que bordea su garganta.
34 Es im portante recordar el concepto de causa en Lacan para enlender que entre ella y su efecto tiene que existir necesariam ente una hiancia: "lista huincia es tan necesaria que para poder seguir pensando causa allí donde correría el ries go de ser colm ada, necesitam os hacer que subsista un velo sobre el determi- nismo estrecho, las conexiones, a través de las cuales actúa la causa''. Lac an,
Hubo que transitar un largo camino para que el sujeto pudiera decir acerca del punto de desamarre vital34. En el tiempo en que su padre se queda sin trabajo y su familia debe transitar una crisis eco nómica, Antonio había comenzado sus estudios universitarios y es donde comienza a preocuparse de una manera excesiva por la caída de su cabello. Pasaba horas m irándose frente al espejo; cuando salía a la calle percibía que las miradas se dirigían a su verdaderamente despoblada cabeza. Concurría a la facultad y los compañeros lo m ira ban de una manera que le resultaba intolerable. Una mirada que pri mariamente estaba localizada en las mujeres.
Sin embargo, el vínculo con los muchachos estaba conservado. De una manera un tanto singular, relata que cuando había una compa ñera que le gustaba, "hacía todo lo posible para enganchar a otro amigo, como que buscaba perjudicarme yo". El recurso a la realiza ción efectiva de la condición que conocemos en Freud como del "ter cero perjudicado" -ubicándose él en posición tercera-, venía a ser una solución provisoria a su malestar.
Un buen día, almorzando con su familia, el padre se atoró con un pedazo de comida y se produjo la caída. Se vino redondo al piso y estuvo desvanecido por cuestión de segundos: "N o sé qué me pasó allí, pero creo que caí yo también, eso me hizo muy m al". Pudo situarse, en este instante, el desenganche que originó lo que el sujeto llama "ataque de pánico", y junto al sitiado de estas coordenadas, Antonio pudo empezar a encontrar bajo el significante "caída" otros desabrochamientos: la caída del abuelo materno desde lo alto de una tribuna de fútbol, la caída de su tío del techo de la casa, la caída del cabello, el miedo a la re-caída.
Finalmente se produjo lo que el sujeto llama un "posicionam ien- to": un buen día se levantó de dormir la siesta, fue a la casa de una amiga que hacía un tiempo no veía y le entregó una flor espetándole "te am o". Tamaño acto bizarro no tuvo otra contestación que la nega tiva, acompañada del predicado poco feliz: "Vos no me podés decir eso porque yo no te veo como un hombre sino como un am igo".
A decir verdad, el analista previo lo peor al escuchar el relato ale lado del sujeto -q u e hasta entonces venía en vías de estabilización- y echó a mano, en su intervención, algo que quizás estuvo en con gruencia con la solución posterior que el sujeto encontró: "U sted en esa frase se afirma como hombre, la contestación de ella, luego de su declaración, no puede ser tomada literalmente en esos térm inos". Tiempo después volverá a preguntarse qué es lo que hizo que él se le "cayera" a una mujer, sorprendido de haber modificado, a partir del acontecimiento, su "m odo de ser" -ta l como lo refiere. Siente que ahora no da más vueltas, ya que claramente su retórica adquirió un 25
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matiz performativo, lo cual le permitió soportar el encuentro con el otro sexo: "Voy sin vueltas, m e le caigo de prepo35, me paro y digo...". Junto al enunciado performativo -ta l como lo conocemos con John L. Austin36- , todo su ser adquirió la fuerza de la palabra, de tal manera que junto a la honestidad brutal con la que se presentaba, asumió también una posición erguida al m omento de hablar.
A propósito del m omento del desenganche expresará: "N o sé qué pasó pero algo cambió en mí, era un autómata, un muerto en vida, apenas podía caminar. Si en aquel mom ento hablé, no sé lo que dije, contestaba pero yo no estaba allí (...) no querría decir esto, pero era un muerto en vida".
Antonio pasó del puro parasitism o del lenguaje y de la desafecta ción absoluta del cuerpo a encontrar una función que se instala en el acto de habla; una función de fonación37 que alcanza el valor de pseu- do falo, permitiéndole un modo de acceso amoroso sin otro referente que la frase misma38 .
Orientaciones
Podríamos pensar que las psicosis actuales, al igual que otros cua dros sintomáticos típicos, se desvían de la psicopatología en tanto que la "pobreza" sintomática no es más que una desobediencia a la narrativa médica del sufrimiento.
35 M odism o utilizado frecuentem ente para denotar im posición, precipitación o actitud abrupta. No posee para el sujeto carácter de neologism o.
36 Se denom inan perform ativos aquellos enunciados que cum plen dos requisi tos: 1- describen una determ inada acción de su locutor y 2- su enunciación equivale al cum plim iento de esa acción. Vale decir, que es una sem ántica que necesariam ente incluye una pragm ática. Ver: Du c r o t, O.; To d o r o v, T.,
D iccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, Siglo Veintiuno editores, Bs.
As., 2003.
Son situaciones donde “decir algo es hacer algo; o en los que porque decimos algo o al decir algo hacem os algo (...) [Las expresiones lingüísticas preform a- tivas] m uestran en su rostro la apariencia - o por lo menos el m aquillaje gra m atical- de 'enunciados'; sin embargo, cuando se las mira de cerca, no son obviam ente expresiones lingüísticas que podrían calificarse de 'verdaderas' o 'falsas' [que son características de los enunciados]". Cf. Au st in, ]. L., Cómo
hacer cosas con palabras, Paidós, Bs. As., 2006, pág. 53.
37 L a c a n , }., El seminario, Libro 23, El sinthome, op. cit., pág. 125.
38 "Te-amo carece de m atices. Suprim e las explicaciones, los acondicionam ientos, las gradaciones, los escrúpulos. En cierta manera -parad oja exorbitante del lengu aje-. D ecir te-amo es hacer com o si no hubiese ningún teatro de la pala bra, y esa expresión es siem pre verdadera (no hay otro referente que su profe-26 rición: es un preform ativo)." Ba r t h e s, R., Fragm entos de un discurso amoroso,
Llegado este punto, exige este estudio una rectificación respecto de un trabajo anterior39 donde propuse el uso de las "clases interac tivas" de Hacking40, pero restringiéndolo casi exclusivamente al plano imaginario, sin haberme extendido sobre el nervio del asunto: qué es lo que en el fondo produce la mutación de las clases.
En un primer término el individuo clasificado al ser autoconcien- te de la clasificación modifica sus conductas y esto es acompañado por la modificación del contexto que está dispuesto a alojarlo41:
Siglo Veintiuno editores, Bs. As., 1998. Para una justificación clínica del uso perform ativo del discurso amoroso ver: Wa l k e r, V.; So l a r i, R.; Pe n e c in o, I.;
Va s c h e t t o, E., "Investigaciones en el dispositivo de presentación de enfer m os", http:/ / saludm entalsanisidro.blogspot.com . También en: Va sc h e t t o, E., "Fragm entos del discurso amoroso en la presentación de enferm os", trabajo presentado en las Jom ad as anuales de la Escuela de O rientación Lacaniana (EOL), diciem bre de 2007. Inéditos.
39 V a s c h e t t o , E., "Form as actuales del síntom a en la psicosis", en: El psicoanáli
sis en lo contemporáneo,G l a z e , A. (comp.). Gram a ediciones, Bs. As., 2005.
40 La clase interactiva "es un concepto unitario que no se aplica a la gente sino a las clasificaciones, a clases, a las clases que pueden influir en lo que se clasifi ca. Y debido a que las clases pueden interactuar con lo que se clasifica, la m ism a clasificación puede ser m odificada o reem plazada". Esta interacción ocurre en una m atriz amplia de instituciones y prácticas que rodean a la clasi ficación, de tal m anera que cuando ellas son conocidas por las personas o quienes están a su alrededor y usadas en instituciones, cam bian las form as en que los individuos tienen experiencia de sí m ismos. Por otra parte, hay clases
indiferentes, los fam osos quarks por ejem plo, los cuales no tienen conocim ien
to de sí, no son autoconcientes; ellos pueden ser afectados por lo que los cien tíficos les hacen en los aceleradores, pero llam ar quark a un quark no da lugar a ninguna diferencia en éste.
A lgo diferente pasa con la psicopatología, que para H acking contiene una clase
interactiva y una clase indiferente (la cual no necesariam ente es natural, esto
englobaría todo el problem a de la causalidad, lo cual supera los lím ites de este sum ario escrito). A quel que adopta un modelo psicológico considera de algún m odo a la enferm edad m ental com o interactiva, m ientras que el que adopta un modelo biológico la considera com o indiferente (con las propiedades que ejem plificam os con el quark).
"N o es necesario, refiere el autor, abrazar la antipsiquiatría para constatar que la clasificación com o esquizofrénico, así com o las habituales actitudes hacia los esquizofrénicos y tam bién los tratam ientos a que se les somete, son asuntos que los pacientes conocen intensamente, pese a todas sus pérdidas de lógica y sen tido de la realidad". "L a clasificación com o esquizofrénico -con tin ú a más ade lan te- afecta de muchas maneras a las sensibilidades de los clasificados."
Ha c k in g, I., ¿La construcción social de qué?, Paidós, Bs. As., 2001, pág. 173-204. 41 Los gráficos que acom pañan el escrito están hechos a los fines de ilustrar el
desarrollo argum entativo. 27 C L A SIF IC A C IO N IN D IV ID U O C L A SIF IC A D O P s ic o s is a c t u a l e s
E m il io V a s c h e t t o
Pero el individuo al ser autoconciente, genera a su vez, una lectu ra desviada de la clase en base a su propia singularidad. Se le ofertan (o se le imponen) los significantes amo de la época, pero aunque éstos sean receptados pasivamente por el individuo, el sujeto siem pre fracasa en su lectura. El selecciona los significantes del enjambre para representarse o dejarse representar, pero no puede evitar su necesaria inadecuación. De ahí que se expresa en una nueva m uta ción de las clases:
C L A SIF IC A C IO N --- ► IN D IV ID U O AaU T O C C C L A S IF IC A D O
J
^ M o d ificació n d e la clase
Esto demuestra que no se trata solamente del registro imaginario de las clases y el bucle interactivo que se ocasiona en el individuo, sino de entender la lógica mutativa a partir de que no hay un nom bre que finalmente pueda asir la causa:
(a)
(Hay un enjambre de significantes amo que se proponen o se imponen al sujeto como clases, como trastornos, y un bucle interacti vo que se produce en el sujeto dejando caer como causa o como caso lo que no ingresa en la clase, y esto retorna como imposible de sopor tar para la pasión nominalista del manual).
Posición
Una determinada relación del sujeto con el lenguaje, en su lógica,
en su peso literal, en su intencionalidad
real, y porqué no, en su
forma, se ha convenido en llamar psicosis -y el peso que posee este vocablo crea la ilusión de un acuerdo con la psiquiatría.
Quizás se pueda traducir el epígrafe que encabeza este estudio al modo de: "Cuidemos el sentido pues lalengua se cuida sola", o mejor, "acompañemos a la construcción de un sentido posible pues 28 hay que saber hacer con eso que se impone".
Finalmente, la orientación, tal como Lacan lo plantea hacia el final de su enseñanza, la orientación a lo real, forcluye el sentido42. Y si hay un sentido posible, lo hallamos en "la copulación del len gu aje... con nuestro cuerpo" 43
La enseñanza de las psicosis, de ayer y de hoy, es transmitida hacia las neurosis casi por su revés: "Cuidem os el significante (homofonía y letra) y suspendamos el sentido (solo queda el llamado "poder discrecional del oyente"); al fin y al cabo el síntoma, para que sea analizable, debe llevar en su seno un rastro de significación per sonal44.
42 L a c a n , J., El seminario, Libro 23, El sinthome, op. cit., pág. 119. 43 Ibíd., pág. 120.
44 L a c a n , J., Problem as cruciales del psicoanálisis. Sem inario 1965-66 (inédito). 29
P s ic o s is a c t u a le s
"Incurables"
A tres años de una experiencia inédita
con un grupo de pacientes llam ados "refractarios"
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C o n m i barca yo m e iré... a n au frag ar a n au frag ar a n au frag ar L a Balsa(canción d el gru p o d e rock Los g atos) "S i p o r u n a su erte e xtrañ a atrav esam o s la v id a en co n trán d o n o s so lam en te co n gen te d esd ich ad a, no es accid en tal, no es p orqu e p u d iese ser d e otro m od o. U n o p ie n sa que la gen te feliz d eb e e star en alg ú n lado. P u es b ien , si n o se q u itan eso de la cabeza, es que n o h a n e n ten d id o n ad a d el p sico a n á lisis".
Ja c q u e s La c a n
Investigaciones clínicas en medio del naufragio
La práctica lacaniana según dice Miller, no posee más principio - -s i se distingue de las o tras- que el de eso fa lla 1.
¿Cómo hacer una práctica que esté en el corazón mismo de lo que
* Lim a Qu in t a n a, D .: concurrente psicóloga del Servicio de Salud M ental del H ospital Central de San Isidro. A dm isora e integrante del dispositivo de urgencias subjetivas de dicho servicio. Coordinadora del Grupo de pacientes refractarios. / Gó m e z Qu a r e l l o, R .: concurrente psicólogo del Servicio de Salud M ental del H ospital Central de San Isidro. Integrante del dispositivo de urgencias subjetivas de dicho servicio. Coordinador del Grupo de pacientes refractarios. / Fa r a o n i, J .: m iem bro de la Escuela de la O rientación Lacaniana, miem bro de la A sociación M undial de Psicoanálisis, integrante del Servicio de Salud M ental del H ospital Central de San Isidro. Coordinador del Grupo m onosintom ático de A taque de pánico y asesor del Grupo de pacientes refrac tarios. / Va s c h e t t o, E .: m iem bro de la Escuela de la O rientación Lacaniana, miem bro de la A sociación M undial de Psicoanálisis, psiquiatra del Servicio de Salud M ental del H ospital Central de San Isidro. Coordinador del equipo d e ___ urgencias subjetivas y más U no del cartel: Grupo de pacientes refractarios. 31
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. L im a Q u i n t a n a , R . G ó m e z Q u a r e l l o , J. F a r a o n i , E . V a s c h e t t o
no anda? ¿De qué manera realizar una praxis en una institución con pacientes cuyo rasgo es hacer fracasar el leitmotiv de esa institución: el ideal de salud mental para todos?
El psicoanalista que trabaja en instituciones públicas debe operar necesariamente en una tensión entre dicho ideal de salud (la paz social) y el no hay satisfacción libidinal general2.
Como en toda terapéutica, o más aun, en toda práctica humana, siempre aparece el aspecto de falla o de fracaso repetido; los trata mientos institucionales no son la excepción. Es así que decidimos abocarnos a un grupo de pacientes, que en nuestro servicio de salud mental3, presentaban como rasgo principal la ausencia casi absoluta de respuesta a los tratamientos instaurados.
La primera pregunta que hicimos fue dirigida a los diferentes pro fesionales tratantes que habían comandado la asistencia de estos enfermos. En sus afirmaciones nos encontramos con la evidencia de marcadas dificultades en la transferencia (o más bien la ausencia de ésta), en el lazo social, la preem inencia de rasgos acentuados de carácter, e identificaciones cristalizadas -p o r nombrar algunos aspec tos. La tendencia de estos pacientes es hacia la cronicidad (entendida ésta como la elongación temporal de diferentes tratamientos), por lo general con abundante consumo de psicofármacos y la respuesta no se aproxima al ideal esperado.
La segunda pregunta fue por qué un sujeto (supuesto) debería adaptarse al ideal de curación que prom ueve una institución. Observamos que son concurrentes repetitivos a la misma y que el rasgo de queja y reivindicación es frecuentemente hallado en su dis curso, pero a su vez no existe ningún precepto médico que obligue a curar a alguien, ya que solamente conocemos el famoso adagio "pri- mon non nocere".
Ahora bien, si estos pacientes son desde el punto de vista institu cional lo que se llama comúnmente "refractarios" (en términos técni cos) o "incurables" (en un sentido contratransferencial), y no estamos obligados a curarlos, se nos impuso la tercera pregunta: ¿por qué siguen viniendo?
El psicoanálisis aplicado, con su portavoz, el profesional de la salud
1 M i l l e r , J-A., "U na fantasía", en: Lacaniana N°3, EOL, 2005.
2 C o r o n e l , M arta, C rasn ich , Nancy, H erm ann, N ilda, I r r a z á b a l , Evangelina,
L e s e r r e , Lucas, S o to , Adriana, La admisión de la asistencia, un proceso. Trabajo de integrantes del Servicio de Salud M ental del HCSI, presentado en el XIV Encuentro A m ericano del Cam po Freudiano, Buenos Aires, 2005. Inédito. 3 N os referim os al Servicio de Salud M ental del H ospital Central de San Isidro, Q cuyo jefe, el doctor Guillerm o Belaga, nos allanó el cam ino para la puesta en 32 m archa de la experiencia.
mental4, interviene en el espacio público, sabiendo que el intercambio de saberes no es sin el malentendido. El empuje a la satisfacción y la exigencia de felicidad son estigmas de una época cuyo destino cínico no hemos logrado calibrar en su totalidad.
Si este grupo de consultantes asistían repetitivamente y exigían un tratamiento, debíamos presuponer que ellos mismos estaban, en algún aspecto (como veremos más adelante), advertidos de su incu rabilidad por más que ningún profesional se lo hubiera manifestado así. Estábamos, por lo tanto, dispensados de curarlos, pero como ana listas dentro de la institución, no podíam os dejar de dar una res puesta: no una terapéutica como adaptación arbitraria al ideal de salud mental, sino un tratamiento de lo imposible de curar.
De tal manera que estos pacientes que habían atravesado -entre otros abordajes terapéuticos- el psicoanálisis, y ya habían sido cata logados como "inanalizables", nos impresionaban paradójicamente como los sujetos más lacanianos: aquellos que portaban a flor de piel un imposible. Pero había que saber sobre eso5.
4 " ...e l sujeto en su dem anda com o consistencia real, la psiquiatría com o con sistencia im aginaria y el psicoanálisis com o consistencia sim bólica se anudan borrom eicam ente (...) y en esa estructura el profesional [de la salud mental] que se confronta a la dem anda, ocupa el lugar del objeto a; causa de deseo, de punto de calce del nudo em ergente por el m alestar que inducen en el sujeto los efectos del lenguaje". Cf. Riv a s, E ., Psiquiatría/psicoanálisis. La clínica de la
sospecha, M iguel Góm ez ediciones, M adrid, 2000, pág. 22.
5 Dentro del cam po de la salud mental, pocas son las referencias que podem os hallar a la hora de aproxim am os a la cuestión de la incurabilidad. En el caso del libro de M ichael St o n e (Personality-disordered patients. Treatable and
Untreatable, A m erican Psychiatry Publishing, Londres, 2006), el autor se ocupa
principalm ente de definir el espectro de personalidades, de rasgos o de trastornos que entrarían dentro de lo que él considera com o "tratables". D efine a su vez la "tratabilidad " com o "una com binación de cualidades -la capacidad de som eterse a las reglas y al tiem po que dem anda la psicoterapia, así com o una adecuada m otivación, reflexividad y habilidad para desarrollar una alianza de trabajo con el terapeuta -q u e interviene para conducir, luego de algunos m eses o años, a una significativa im pronta en la personalidad" (pág. 213). M ientras que lo "in tratable" es definido en base a los intentos falli dos de distintas psicoterapias convencionales, que a su vez se prolongan en el tiem po (pág. 214). (M ás adelante verem os las distinciones que dicho autor realiza dentro del grupo de los intratables). N osotros preferim os el término "in cu rable" por parecem os más afín al psicoanálisis, y en este sentido, pen sam os que lo incurable no im plica necesariam ente lo intratable. 33
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D . L im a Q u i n t a n a , R . G ó m e z Q u a r e l l o , J. F a r a o n i , E. V a s c h e t t o
Un lugar para el no-lugar
En líneas generales, hay un escollo respecto de la clasificación que no es solo de los clínicos sino también de los pacientes. El sujeto hiper- moderno es aquel que demanda saber en qué casillero será ubicado: ¿qué soy? (depresivo, panicoso, fóbico, bipolar). Es una pregunta de actualidad que no tiene en su horizonte la falta en ser del "qué soy ahí en cuanto al estupor de existir o al enigma del sexo", que son las pre guntas fundamentales del sujeto al Otro. Más bien, es un quién soy a partir del trastorno (disorder). Algo, por cierto, muy lacaniano: la pre gunta por quién soy en el desorden, o quién soy en este desorden de significantes amos que se imponen desde la cultura.
Por otra parte, es un desorden que recorre dos extremos de una herradura. Hablamos recién de un extremo de la herradura, la de la búsqueda fija de un significante que suture la grieta abierta del estu por sexual, pero en el otro extremo se ubica la errancia, que es: no hay significante amo que ancle mi fracaso de existir, y no he podido inventarme un nombre en singular que pueda escribir algo de mi destino.
S (Ji) (desorden)
Al tratar de hallar un fundamento clínico para la conformación del grupo, nos encontramos con un movimiento en el Reino Unido llamado la "postpsiquiatría" y que fue llevado adelante por un grupo de personas que no obtenían resultado alguno con la terapéutica médica, y que a su vez, descreían de las explicaciones que les brin daban los psiquiatras.
Uno de sus primeros grupos surgió en Holanda, con una mujer que padecía de voces y que no respondía a los neurolépticos, quien pidió a una periodista salir en televisión para comentar su experien cia. Ella decía no creer en los argumentos esgrimidos por los profe- sionales acerca de su cerebro y los neurotransmisores. Luego de su
exposición en el medio, más de cincuenta escuchadores de voces lla maron por teléfono (!). La mayoría no habían tenido contacto con ser vicios psiquiátricos. Esto llevó a la formación de un grupo autoges- tionado llam ado "resonancia", conjunto de personas que están en desacuerdo con los diagnósticos y tratamientos médicos. Hoy en día hay más de cuarenta grupos en Inglaterra, Gales y Escocia, confor mados en una red6 que -seg ú n Braken y Thom as- les dan la oportu nidad a los escuchadores de voces de compartir sus experiencias usando un encuadre no médico. Así los grupos realizan sus propias explicaciones a partir del intercambio de singularidades y esto es lo que les permite (aclaran los autores) obtener un sentido.
Estos dispositivos ponen en consideración la posibilidad de invención de los sujetos en contraposición de la tendencia a medica- lizar y a tecnificar los estilos de vida. Un verdadero tiro de gracia a la agenda psiquiátrica y a la tan mentada guía clínica en pos de una "efectividad" ajustada a los presupuestos estándar de la "evidence- based-medicine"7.
Volviendo a nuestra experiencia en el ámbito de la institución, el agrupamiento de aquellos pacientes que ningún profesional quería asistir, se logró en base a un modo de nombrar algo que no tiene nombre y que viene a desobedecer las categorías de la psiquiatría -y a que no existe una nosografía de lo imposible de curar. Pudo surgir entonces, la invención de un nombre que operó produciendo un efec to de comunidad. Una efectividad que hasta hoy capitaliza lo que deja por fuera del lazo social a estos sujetos.
A tres años de la experiencia
Decidimos así conformar tres grupos al modo de grupos de refle xión8, a lo largo de tres años, teniendo como orientación principal el
6 H earing voices network (Red de escuchadores de voces): Los objetivos de la red son: aum entar la conciencia de la voz audible, de las visiones, las sensaciones táctiles y otras experiencias sensoriales; dar a los hom bres, m ujeres y niños que tienen estas experiencias, la oportunidad de hablar librem ente sobre esto en grupo; para apoyar a nadie con estas experiencias hay que entender, apren der y crecer con ellos a su m anera. Ver: ww w .hearing-voices.org.
7 Cf. Br a c k e n, P., Th o m a s, R, "Postpsychiatry", Oxford M edical Publications, 2005 y el artículo de los m ism os autores, "Postpsychiatry: a new direction for m ental h e a lth ", B ritish M edical Journ al, 2001; 322:724-727. C itad o por
Ma t u se v ic h, D., en su trabajo: Postpsiquiatría, presentado en el XXI Congreso A rgentino de Psiquiatría de la APSA, A bril 2005.
8 De lo estrictam ente llam ado grupo de reflexión, que lleva su anclaje histórico en los reconocidos "grupos operativos" ideados por el reconocido psiquiatra 35
P s ic o s is a c t u a le s
. L im a Q u i n t a n a , R . G ó m e z Q u a r e l l o , J. F a r a o n i , E. V a s c h e t t o
ser una investigación clínica que no parte del tipo clínico, sino del borramiento de las formas clásicas del sufrimiento (ya que son suje tos que no son claramente clasificables). Es el obstáculo el que, a cien cia cierta, subvierte la tendencia universalista que posee toda clínica. De tal manera que se sostiene así la política del caso único como esco llo singular.
Los criterios de inclusión al grupo (desde luego, arbitrarios y con vencionales) fueron:
- el haber atravesado al menos dos tratamientos dentro de nues tro servicio de salud mental (psicoterapias individuales y grupales, terapia psicofarmacológica, talleres clínicos) durante un lapso míni mo de un año9
- el juicio clínico10 del terapeuta. M ediante esta argumentación se piensa la incorporación al grupo, pues no es un dispositivo de admi sión;
- el rasgo de incurabilidad o de refractariedad enunciado tanto por el paciente como por el responsable tratante;
- pensar la inclusión del paciente como discontinua, aperiódica y no estándar. Por lo cual dicho integrante podría eventualmente dejar de asistir al grupo para continuar solamente con el tratamiento que
Enrique Pichon-Riviére, solo conservam os algunos detalles de su dinámica. Tales son la articulación con las representaciones sociales y variables institucionales, la pertenencia a un grupo y la explicitación de las situaciones conflictivas. Desde luego, no pensam os en que haya respuesta subjetiva grupal, com o tam poco síntom a com partido. M ás bien, el efecto sujeto que puede llegar a producirse (com o lo hem os verificado), m ediante la presencia de form aciones del incons ciente o de la em ergencia del sujeto supuesto saber, es una contingencia que deberá ser capitalizada en el dispositivo analítico. Para una síntesis de esta modalidad grupal sugiero el resumen: Sobre los grupos de reflexión en institucio
nes de Jaim e Castrellón Díaz, M éxico D.F (ww w .gruporeflexion.com .m x/gru- posdereflexion / gruposdereflexion.htm )
9 El argum ento convencional respecto del tiem po radica en que, para m ensurar los efectos de un tratam iento psicofarm acológico a largo plazo, se suele utili zar por lo general el lím ite de los seis meses; en cuanto a las investigaciones en psicoterapia, la experiencia que poseem os en nuestro servicio - y que se sustenta en otras investigacion es- el lím ite de los cuatro m eses o de dieciséis sesiones es un tiem po suficiente para observar los cam bios terapéuticos ini ciales (el 60% de las consultas finalizan antes de los 4 m eses). Para un trata m iento exhaustivo del tema sugerim os consultar: Le se r r e, L., "M ed ición de efectos terapéuticos rápidos: investigación sobre 100 tratam ientos de 16 entre vistas", trabajo presentado en el 3er Encuentro A m ericano, XV Encuentro Internacional del Cam po Freudiano, Brasil, agosto 2007. Sugiero asim ismo, consultar otras experiencias sim ilares dentro del Cam po Freudiano, com o son los CPCT (Centros Psicoanalíticos de Consulta y Tratam iento) o en nuestro país, PAUSA (Psicoanálisis A plicado a las Urgencias Subjetivas de la Actua-36 lidad).