RESUMEN
La rentabilidad de un huerto está determinada por factores de producción y calidad. En condiciones óptimas, la producción está determinada por la cuaja, sin embargo una mayor cuaja puede traer consigo una disminución en el calibre de los frutos disminuyendo la calidad y por ende la rentabilidad.
Actualmente se usan en citricultura productos que mejoran la cuaja como son las giberelinas y productos que mejoran el calibre, como son las auxinas de síntesis.
El objetivo del trabajo fue determinar el efecto de GA3, el 3,5,6-TPA y la combinación de ambos, sobre la productividad y calidad externa de los frutos de mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules. Para lo cual se dispuso de cuatro tratamientos T0: testigo; T1: 5ppm de GA3 aplicado en 80% de caída de pétalos; T2: 15 ppm de 3,5,6-TPA aplicado entre 15-18 mm de diámetro ecuatorial del fruto y T3: 5 ppm GA3 mas 15 ppm de 3,5,6-TPA aplicados en sus respectivas épocas.
Con un 5% de significancia se determinó que ninguno de los tratamientos tuvo efecto en el rendimiento promedio, sin embargo los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA presentaron un aumento en el peso promedio de los frutos, además de una mayor relación diámetro polar/diámetro ecuatorial, por lo que mostraron una forma menos achatada, mientras que el tratamiento aplicado con GA3 (T1) mostró una disminución en el peso promedio de los frutos y no diferencias en la relación diámetro polar/diámetro ecuatorial en comparación al testigo. Por otra parte el tratamiento aplicado con 3,5,6 TPA (T2) reveló una menor cantidad de frutos por árbol, mientras que los tratamientos aplicados con GA3 no se diferenciaron del testigo.
Para el caso de la distribución de calibres ningún tratamiento presentó una diferencia con el testigo en el número de frutos bajo los 55 mm de diámetro, mientras que en relación a los frutos sobre los 55 mm, sin embargo, si existió una diferencia entre los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA (T2 y T3) y el tratamiento aplicado con GA3 (T1) presentando los primeros, una mayor cantidad de frutos en estos calibres.
Ninguno de los tratamientos tuvo incidencia en el porcentaje de rugosidad, pistilos adheridos y creassing, mientras que la aplicación de 3,5,6-TPA fue capaz de aumentar la presencia de frutos con ombligos rajados.
ABSTRACT
An orchards profit is determined by production and quality factors. In ultimate conditions fruit production is determined for the fruit set, however a major fruit set brings a decrease in fruit size, lessening quality and profits.
Currently there are products that improve fruit set such as gibberellins and increase fruit size as well such as auxins.
The purpose of this research was to determine the GA3, 3,5,6-TPA and both effects, on productivity and external quality of mandarino clementino fruits (Citrus clementine Blanco) cv. Clemenules.
Four treatments were conducted. T0: as control; T1: 5 ppm of GA3, applied at 80 % of petal fall; T2: 15 ppm of 3,5,6-TPA applied between 15-18 mm of fruits equatorial diameter, and T3: 5 ppm of GA3 plus 15 ppm of 3,5,6-TPA applied in their respective times.
None of the treatments had significant difference (α = 0.05), was determined in the average yield, however T2 and T3 showed an increase in the fruit average weight, furthermore a major DP/PD relationship, so they resulted less flattened whereas T1 showed a fruit weight average decrease and did not show differences in the DP/PD relationship, compared to the control. On the other hand T2 showed a minor quantity of fruits per tree, whereas T1 and T3 did not differ from the control.
No treatment showed differences compared to the control in size distribution in the fruit number under 55 mm of diameter, whereas in relation to the fruits over 55 mm, even though no difference was significantly described among treatments, a slight difference between T1, T2 and T3 was presented. In which T3 showed a major quantity of fruits over 55 mm. None of the treatments showed effect in ruggedness percentage, adhered pistils and creasing. 3,5,6-TPA application increased the presence of fruits with crushed navels.
Índice de materias
Resumen
Abstract
Introducción 1
2. Revisión bibliográfica 4
2.1. Antecedentes generales de la especie 4
2.2. Brotación 4
2.3. Floración 5
2.4. Cuajado 6
2.4.1. Regulación hormonal del cuajado 7
2.5. Crecimiento y maduración 9 2.5.1. Factores endógenos 10 2.5.2. Factores exógenos 10 2.5.3. Auxinas de síntesis 11 2.5.3.1. Efecto raleador 12 2.5.3.2. Efecto sumidero 12
2.5.4. Efecto del ácido 3,5,6-tricloro-2-piridiloxiacético 13 2.6. El fruto 15
3. Materiales y métodos 16
3.1. Ubicación del ensayo y características edafoclimáticas 16
3.2. Material vegetal a utilizar 16
3.3. Material agroquímico 16
3.4. Tratamientos 17
3.5 Diseño experimental 18
3.6. Mediciones 18
4. Resultados y discusión 21
4.1 Efecto de los tratamientos sobre la producción 21 4.1.1 Efectos sobre el número de frutos. 21 4.1.2 Efecto sobre los kilogramos de fruta cosechados 23 4.2 Efecto de los tratamientos sobre las características de peso, diámetro
polar y ecuatorial de los frutos 24
4.2.1. Efecto sobre el peso promedio 24 4.2.2. Efecto el diámetro polar y ecuatorial 26
4.2.3. Efecto sobre la relación diámetro polar/diámetro ecuatorial 27 4.3. Efecto de los tratamientos sobre la distribución de calibre 27 4.4. Efecto de los tratamientos sobre la calidad externa de los frutos 29
4.4.1. Rugosidad 29 4.4.2.
Pistilo adherido 30
4.4.3. Estado de ombligo 30
4.3.4. Creassing 30
6. Literatura citada
Introducción
La rentabilidad de un huerto está dada por dos factores fundamentales, ellos son la productividad, que dice relación con la cantidad de fruta cosechada por hectárea y la calidad, de la cual depende el destino y el precio que el consumidor pagará por ella. Es claro que los mejores precios se alcanzan en los mercados externos, por lo que los esfuerzos deben estar dirigidos a cumplir con las exigencias de estos mercados y así lograr una mayor rentabilidad.
Dentro de los índices de calidad del fruto, cada día toma mayor relevancia el calibre. Ya no basta con tener un fruto de buen color, sabor y sanidad, sino que el mercado también pide un fruto de buen tamaño, al cual premia con un mayor precio.
Es por esto la importancia de conocer y aplicar técnicas que mejoren la producción del huerto y el calibre del fruto.
La producción de los cítricos, dejando fuera factores agronómicos y climáticos y desde un punto de vista fisiológico, está supeditada por tres parámetros, como son: la floración, el cuajado y el crecimiento de los frutos (Delhom y Primo-Millo, 1993), cada uno de éstos está sometido a una compleja regulación en la que intervienen factores genéticos, ambientales, fisiológicos y de cultivo (Primo-Millo, 1994).
Según Talón (1997) los cítricos florecen profusamente después del receso invernal, lo que supondría que este no es un factor limitante de la producción, por lo que se podría pensar entonces, que es el cuajado el factor que limita la cosecha (Agustí, 2000).
Ensayos realizados con giberelinas demuestran un aumento del porcentaje de frutos cuajados en relación con el total de flores de la temporada, ya que al ser aplicadas al ovario durante la antesis, promueven su desarrollo a través de la estimulación del transporte de elementos minerales y fotoasimilados hacia éste (Agustí, 2000). Sin embargo, este tipo de aplicaciones puede reducir el calibre, afectando en forma negativa la calidad de cosecha. Así mismo no es de mucha utilidad aumentar el número de frutos por hectárea, si éstos no cumplen con los requisitos mínimos de calidad y calibre exigidos por el consumidor. En relación al aumento del calibre, se han utilizado con buenos resultados auxinas de síntesis como, el ácido 2,4, Diclorofenoxipropiónico (2,4-DP), el ácido naftalenacético y el ácido 3,5,6-tricloro-2-piridiloxiacético (3,5,6-TPA) (Agustí et al.,1995). Estos han
mostrado una alta efectividad en aumentar la capacidad de sumidero de los frutos a través del estímulo del crecimiento celular y, por tanto, de la acumulación de materia seca, sin alterar las características intrínsecas del fruto en el momento de la maduración (Agustí, 2000).
Agustí et al. (1995) en un estudio realizado con 3,5,6-TPA en mandarinos, concluyó que éste no alteraba las características comerciales de los frutos, aumentando positivamente su capacidad de sumidero, esto expresado a través de un estímulo del desarrollo del
endocarpo, lo que trae como consecuencia un incremento en el contenido de zumo y pulpa. Aún cuando existen publicaciones de ensayos realizados con GA3 y 3,5,6 TPA, no se conocen estudios en la zona de Quillota sobre el uso combinado de estas dos hormonas, lo que hace interesante experimentar y determinar los efectos que producirá en los árboles la aplicación combinada de ácido giberélico y 3,5,6-TPA.
Este taller tiene como objetivos:
Determinar el efecto de la aplicación de GA3 ; 3,5,6 TPA y la combinación de ambas hormonas sobre el cuajado en el mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules.
Determinar el efecto de la aplicación de GA3 y 3,5,6 TPA y la combinación de ambas hormonas sobre el calibre en el mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules.
Determinar el efecto de la aplicación de GA3 y 3,5,6 TPA y la combinación de ambas hormonas sobre el calibre, mayores y menores a 55 mm de diámetro ecuatorial, en el mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules.
Determinar el efecto que tienen estos tratamientos en la calidad externa de los frutos de mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules, en relación a la rugosidad, pistilo adherido, ombligo abierto y “creassing”.
2. Revisión Bibliográfica
2.1. Antecedentes generales de la especie.
Las Clementinas se diferencian de las mandarinas en el tamaño de sus frutos, ya que están en un rango más pequeño que estas últimas, las cuales se originaron de una mutación espontánea provenientes del mandarino común (Citrus reticulata Blanco) (Agustí, 2000).
En particular las Clementinas cv. Clemenules provienen de una mutación espontánea de Clementina ‘Fina’ originada en Nules (1953). Es un árbol grande y vigoroso. Su fruto es de mayor tamaño que el de otras clementinas y su maduración es ligeramente posterior a su progenitora; además el fruto es de corteza algo rugosa, fácil de pelar, con elevado contenido de zumo y sin semilla. Su calidad interna es menor a la Clementina ‘Fina’ (Agustí, 2000).
2.2 Brotación.
Los factores que regulan la brotación de los cítricos no son del todo conocidos. No parecen existir requerimientos de frío que la regulen ya que las yemas con temperaturas
del suelo sobre 12º C pueden brotar con independencia de la temperatura del aire y de la época del año. Por otro lado tanto la frecuencia como la intensidad de brotación están reguladas endógenamente (Agustí, 2000). Aldunate (1996) encontró que aplicaciones otoñales (26 mayo) de ácido giberélico afectaron el porcentaje de brotación en naranjos cv. Navelate, disminuyendo significativamente con dosis de 30 ppm.
Bajo condiciones de clima subtropical los cítricos presentan tres brotaciones en el año, siendo la de primavera la más relevante (Talón, 1997). Los limoneros son la excepción a la regla, ya que pueden brotar de forma intensa también en otoño. La importancia de la brotación de primavera radica en que serán en estos brotes donde se desarrollen las flores viables para la producción. Estos crecen sobre ramas del año anterior y ocasionalmente habrá desarrollo en yemas adventicias de mayor edad (Agustí, 2000).
Los brotes de primavera se clasifican según el número de flores y hojas que presenten. Los brotes multiflorales sin hojas se denominan ramos de flor (RF), los brotes con hojas y flores, brotes mixtos (BM), los que tienen solo una flor y no presentan hojas se denominan flores solitarias (FS) y los brotes con hojas que tengan solo una flor se denominan brotes campaneros (BC), finalmente los brotes que sólo presenten hojas se denominan brotes vegetativos (BV) (Agustí, 2000).
2.3. Floración.
Los cítricos son considerados plantas autoinductivas, ya que no se conoce un estímulo específico que induzca a la yema a formar una flor (Monselise, 1973). La floración de los agrios en condiciones normales es muy abundante, muy superior a la cantidad real que éstos pueden cuajar y sostener hasta la cosecha (Talón, 1997). En la mayoría de las variedades de cítricos esta abundante floración ocurre después del reposo invernal (Guardiola, 1992) y no suele ser un factor limitante de la producción (Delhom y Primo, 1993). Esta es estimulada por bajas temperaturas, falta de agua o fotoperíodos cortos, por el contrario inviernos con altas temperaturas y elevadas producciones en la temporada anterior, afectan negativamente su expresión (Primo-Millo, 1994).
Es así como las condiciones ambientales determinan no solo la época, si no también en gran medida la intensidad y distribución de la floración (Agustí, 2000).
Así también se han probado una serie de manejos y fitohormonas, que pueden afectar tanto positiva como negativamente el número de flores presentes en la temporada. La aplicación de ácido giberélico inhibe la floración aplicada en el proceso de inducción floral, aumentando la proporción de brotes vegetativos. Por otro lado, el Paclobutrazol que es un inhibidor de la síntesis de giberelinas, estimula una mayor proporción de brotes generativos en desmedro de los mixtos y los vegetativos. El rallado de ramas o troncos al final del verano o en otoño, produce un aumento en el número de flores, al igual que la cosecha temprana de los frutos (Primo-Millo, 1994).
Por otra parte, el árbol regula el exceso de flores o estructuras reproductivas producidas, eliminándolas en tres períodos. La primera caída incluye desde botones florales, flores durante la antesis, hasta ovarios después de la caída de pétalos. Esta caída se produce en la base del pedúnculo floral. La segunda caída se produce unas semanas después y se conoce como caída de junio (en el hemisferio Norte), pudiéndose alargar según las variedades y años. Esta caída se produce por la zona del cáliz de la flor. La tercera es una caída de frutos que ya han alcanzado la madurez, los cuales también se desprenden por la zona del cáliz, la importancia de esta última abscisión está muy relacionada con la variedad (Delhom y Primo, 1993).
Bornscheuer (1997), concluyó que aplicaciones de ácido giberélico en floración, disminuyen la caída total del número de órganos reproductivos. Por otra parte, Cifuentes (1997), concluyó que estas aplicaciones retrasan la caída de los frutitos, cayendo entonces frutos de mayor tamaño.
Se piensa que las reservas del árbol y la propia síntesis de azúcares no pueden sostener el crecimiento de un número tan elevado de frutos, es por esto que el árbol se desprende de todos aquellos frutos que no puede sostener (Talón et al., 1999).
El cuajado es el proceso de desarrollo que determina la conversión de una flor (ovario) en un fruto que crecerá hasta la madurez. El porcentaje de flores que cuajan y forman un fruto maduro normalmente es del orden del 0,1% al 3%, sin embargo en árboles con bajo nivel de floración se encuentran valores más altos, como es el caso del mandarino Satsuma (Guardiola, 1992).
Este porcentaje de flores cuajadas está inversamente relacionado con el nivel de floración, disminuyendo rápidamente cuando éste es elevado (Guardiola, 1992). Es así como en floraciones moderadamente bajas o intermedias se obtienen mejores cuajados (Talón et al., 1999).
Guardiola (1998), explica que existen dos tipos de cuajados: uno inicial, que se refiere al número de frutos que reinician el crecimiento después de la antesis y uno final, que dice referencia a los frutos que llegaran a la cosecha, salvo plagas o accidentes.
Dentro de los factores que determinan el cuajado de los frutos se mencionan: la intensidad de floración, el tipo de inflorescencia, la época de antesis, la posición de la flor, la presencia de semillas, la autoincompatibilidad, el grado de partenocarpia, la disponibilidad de carbono, las temperaturas máximas y el déficit hídrico, junto con factores ambientales y hormonales (Talón et al., 1999).
En el caso de las variedades con semillas para que exista cuaja se necesita que se produzca polinización y que la fecundación haya sido exitosa de tal forma que comience la formación de éstas (Delhom y Millo, 1993).
Por el contrario en las variedades que no producen semillas (aspermas) no se necesita de la polinización, ni de la fecundación para que el fruto cuaje. Las variedades que se comportan de esta manera se denominan partenocárpicas. Esta partenocarpia se produce de forma natural y puede tener un origen tanto ambiental como genético. El estímulo que induce el cuajado de los frutos es de naturaleza hormonal, confirmado por el hecho de que aplicaciones de determinadas fitohormonas al ovario inducen al desarrollo partenocárpico de los frutos (Primo-Millo, 1994).
En el caso del mandarino Clementino, el cual es una variedad partenocárpica, la ausencia de semilla está determinada por la autoincompatibilidad entre su polen y el estilo. No obstante al tener sus sacos embrionarios viables, éste puede ser fecundado por otras variedades y formar semillas.
2.4.1. Regulación hormonal del cuajado.
Dentro de las fitohormonas conocidas que han mostrado efecto en el proceso del cuajado se encuentran giberelinas y citoquininas, mientras que las auxinas están mas relacionadas en el proceso de crecimiento del fruto que en el de cuajado de éstos, aun cuando incrementan su concentración en los ovarios en este período, aplicaciones exógenas no han aumentado el cuajado de los frutos (Talón, 1997).
En el caso de las citoquininas estas ejercen una amplia gama de efectos sobre la planta, principalmente en la división celular (Gil, 2000). En el proceso de cuajado éstas incrementan el transporte de nutrientes hacia el fruto, estimulando su crecimiento y mejorando el cuajado. La única variedad que se ha detectado deficiente en citoquininas al momento de la cuaja, es la variedad Navelate (Talón, 1997).
Por otro lado las giberelinas estimulan la división y elongación celular (Talón, 1997), participando al principio del desarrollo del fruto, en la movilización de nutrientes, tanto minerales como fotoasimilados, produciendo un efecto sumidero (Delhom y Millo, 1993).
Según Guardiola (1992) y Primo-Millo (1994), la aplicación del GA3 en floración o inmediatamente después, ha aumentado el nivel de cuajado y de cosecha, aún cuando se ha visto una reducción en el calibre medio de los frutos.
Sin embargo, en la mayoría de los casos se observa el cuajado adicional de frutos de menor tamaño y no una disminución en el calibre en los frutos de primera clase. Por otro lado, cuando la cantidad de ácido giberélico es demasiado elevada, hay una reducción real en el tamaño del fruto, con la consecuente pérdida económica (Guardiola, 1992).
Para el caso de las variedades sin semilla al no haber polinización, el aumento en la concentración de giberelinas en el ovario se produce naturalmente, lo que reactiva el crecimiento del fruto y atrae nutrientes (Agustí et al., 2000a).
En particular, para el caso del Clementino, al presentar bajos niveles de giberelinas en el ovario no posee un buen potencial de cuajado, por lo que tratamientos con GA3 han mejorado considerablemente este proceso y han reducido la abscisión de los frutos, así también incrementan el tamaño de los frutos cuando son aplicadas de forma focalizada a frutos individuales al comienzo de la etapa de división celular (Talón, 1997).
El GA3 es una giberelina obtenida industrialmente en procesos de fermentación, que mimetiza a las giberelinas propias de la planta. Existe información que reconoce la participación del GA3 en: la regulación de la alternancia, la inhibición de la diferenciación de yemas florales, el incremento en el cuajado, la reducción en la caída inicial de los ovarios o frutitos, el retraso en el cambio de color de los frutos, el aumento en la firmeza de la piel y la disminución de las diversas alteraciones de la corteza de los frutos en maduración como el rajado, la clareta, y el bufado (Agustí et al., 2000b). El rajado es un agrietamiento de la corteza, generado generalmente en la zona estilar pudiendo alcanzar la altura del fruto. La clareta se caracteriza por la presencia de pequeñas grietas en el albedo que se corresponden con depresiones en el flavedo, mientras que las zonas no agrietadas crecen normalmente sobresaliendo de la corteza. Y el bufado se caracteriza por la separación de la corteza y la pulpa, teniendo este una mayor sensible al manipuleo, lo que acarrea problemas de pudrición (Agustí, 2000).
Según Primo-Millo, (1994) la época óptima de aplicación del ácido giberélico para aumentar el cuajado, es durante la caída de pétalos, aproximadamente cuando se ha caído el 80% de éstos. Las dosis recomendadas van de 5 ppm a 10 ppm, no obstante en variedades que presentan problemas de productividad o de mayor tamaño se pueden usar dosis más altas.
Müller (1995), aplicó 5, 10 y 15 ppm de GA3 en dos épocas diferentes a naranjos Navelate, no encontrando diferencias estadísticas en el porcentaje de cuajado final.
2.5. Crecimiento y maduración.
El crecimiento de los frutos es un proceso que va desde la floración hasta la maduración, la velocidad en cada etapa es variable y dice relación con el aumento en tamaño del ovario-fruto. Este aumento en el tamaño es dependiente de la acumulación de materia seca y agua (Guardiola, 1992).
Los frutos cítricos tienen un crecimiento que sigue el modelo de una curva sigmoidal, caracterizada por tres períodos (ANEXO 1). i) un período de crecimiento exponencial, o fase I, que se caracteriza por un rápido crecimiento provocado por división celular, que va desde la antesis hasta el final de la caída fisiológica de los frutos; ii) un período de crecimiento lineal, o fase II, que se caracteriza por una expansión de los tejidos, un agrandamiento celular y la formación de un mesocarpo esponjoso, con la ausencia de división celular, exceptuando las células del tejido del exocarpo, éste se prolonga desde fines de la caída fisiológica de los frutos, hasta antes de su cambio de color; y iii) un período de maduración, o fase III, en el que se producen todos los cambios asociados a la maduración, con una baja tasa de crecimiento (Agustí, et al., 1999).
Dentro de los factores que determinan el tamaño final del fruto se encuentran los de tipo endógenos y exógenos (ANEXO 2), los cuales no son los únicos que interactúan. Este es un proceso largo y complejo que se hace muy difícil de estudiar en su totalidad (Agustí, 2000).
2.5.1. Factores endógenos.
Entre los factores endógenos se mencionan los genéticos, los cuales están definidos para cada variedad; la posición del fruto en el árbol, dependiente del tipo de inflorescencia, ya que en los brotes con hojas los ovarios presentan un mayor contenido tanto de giberelinas como de citoquininas aumentando su capacidad para atraer nutrientes, y la competencia entre órganos en desarrollo, ya que cuanto mayor sea el número de órganos que compitan con el fruto por los nutrientes, más limitada será la posibilidad de crecer y de llegar con un buen tamaño a la cosecha (Guardiola, 1992).
2.5.2. Factores exógenos.
Entre los factores exógenos toman gran importancia los ambientales. Se ha visto que cambios temporales en la velocidad de crecimiento de los frutos, están relacionados con las temperaturas, llegando a ser altamente susceptible a las altas temperaturas en algunas fases de su desarrollo inicial. Las lluvias otoñales, para el caso de las zonas de clima templado, mejoran el tamaño final de los frutos. Así también el suelo juega un papel importante, por ejemplo en suelos arcillosos el tamaño del fruto es inferior a un cultivo que se encuentran sobre suelo franco, mientras que en los suelos arenosos los frutos son de mayor tamaño que en cultivos situados sobre suelos francos; además de las prácticas culturales como el riego, la fertilización y el tipo de patrón a usar (Agustí et al., 1999).
Además de los factores antes mencionados, existen técnicas que permiten estimular el desarrollo del fruto, como son el rayado de ramas y las aplicaciones de auxinas de síntesis (Agustí et al., 1999), el primero caso apuntando básicamente a lograr un aumento en la disponibilidad de nutrientes para los frutos, y en el segundo aumentando la capacidad de sumidero de los frutos, en algunos casos las auxinas también actúan, reduciendo el número de frutos en el árbol, dejando así una mayor cantidad de nutrientes disponibles para los frutos que siguen presentes en el árbol (Agustí et al., 2000b).
El rayado de ramas, aumenta la disponibilidad de los nutrientes para los frutos en crecimiento (Weiland y Gómez, 1995), este consiste en un corte al rededor del tronco o de las ramas principales del árbol, desde la floración hasta poco antes del final de la caída de frutitos, el corte debe ser lo suficientemente profundo para afectar las capas internas de la corteza, pero sin llegar a afectar el leño en ningún caso (Guardiola, 1992).
El aclareo de frutos, tanto manual (poco usado debido a su alto costo) como químico, aumentan la disponibilidad de nutrientes para los frutos (Weiland y Gómez, 1995). El aclareo manual en plena floración no produce ningún efecto, se ha visto que lo mas adecuado es realizarlo al final de la caída de diciembre y para que tenga efecto se deben eliminar no menos del 50-60% de los frutos de un árbol, lo mismo ocurre con el aclareo químico. Por otra parte la aplicación de auxinas de síntesis actúan produciendo un efecto
raleador variable, según la época de aplicación, la naturaleza de estas y la concentración utilizada, además de un efecto directo en el crecimiento del fruto (Agustí et al., 2000b).
2.5.3. Auxinas de síntesis.
El término auxina según el griego se define como aumentar, estas producen elongación celular, cuyo primer paso es el aflojamiento de la pared celular seguido de la absorción de agua para mantener la turgencia (Gil, 2000).
En el caso de las auxinas de síntesis, éstas presentan un efecto raledor, variable según el tipo de auxina y la época de aplicación, lo que se ve reflejado en un efecto directo sobre el crecimiento del fruto, y un efecto sobre la capacidad de sumidero del fruto, las que dan como resultado un mayor crecimiento de éste (Agustí et al., 2000a).
Por otro lado las auxinas provocan otros efectos que hay que tener en cuenta al momento de su elección, como son, la reducción transitoria del crecimiento inicial de los frutos, lo que podría inducir una reducción en el crecimiento del fruto, y la inhibición de la abscisión, lo que provoca un retraso de la abscisión natural. Además hay que tener en cuenta el momento de aplicación, su naturaleza, la concentración a utilizar, el estado de desarrollo del fruto y el estado general del árbol (Guardiola, 1998).
2.5.3.1. Efecto raleador.
Según Agustí et al. (1993), éste efecto tiene relación con la capacidad de la auxina para sintetizar etileno, el cual retarda la diferenciación de los haces vasculares, lo que da como resultado un retardo en la conexión de los frutos a la planta a través del pedúnculo, por lo que todos los frutos que no han completado su conexión crecen mas lentamente y abscisionan.
El aclareo producido por la auxina no es un efecto al azar, si no por el contrario, afecta selectivamente a los frutos más pequeños, lo que dará a la cosecha frutos de mayor tamaño. El efecto raledor, que dice relación con la estimulación en el crecimiento de los frutos, tiene validez solo cuando se elimina más del 50% de los frutos presentes en el
árbol, pero para el caso de aclareos leves o moderados, el aumento en el peso promedio tiene relación con que se han eliminado los frutos más pequeños y no con la producción de un estimulo en el desarrollo de los frutos que persisten en el árbol (Agustí et al., 2000a).
2.5.3.2. Efecto sumidero.
Según Agustí (2000), el estímulo sobre el crecimiento se explica por el efecto que hace la auxina sobre la pulpa, la cual crece y tiene máximo efecto cuando se aplica al final de la caída fisiológica. Estas aumentan el tamaño de los lóculos y el de las vesículas de zumo y sus células, por lo que existe una mayor acumulación de materia seca, finalmente el fruto acrecienta su capacidad para almacenar zumo aumentando su crecimiento a mayor velocidad.
2.5.4. Efecto del ácido 3,5,6-tricloro-2-piridiloxiacético.
De las auxinas de síntesis más usadas en España se encuentran: el ácido 3,5,6-tricloro-2-piridiloxiacético (3,5,6-TPA), y el ácido 2,4 diclorofenoxipropiónico (2,4 DP), que se aplican a 10, 20 y 50 mg/l respectivamente. Estas hormonas puede aumentar el diámetro medio de los frutos entre 3 y 6 mm, según la especie y variedad (Agustí, 2000; Agustí et al., 2004).
Para el caso del 3,5,6-TPA en concentraciones de 10 y 15 mg/l al finalizar la caída fisiológica ha aumentado el tamaño medio final del fruto entre 5% y 10% dependiendo de la variedad y la especie (Agustí, 2000).
Agustí et al. (1995) en un estudió realizado con 3,5,6 TPA en mandarinos, concluyó que éste no alteraba las características comerciales de los frutos, aumentando positivamente su capacidad de sumidero, esto expresado a través de un estímulo del desarrollo del endocarpo, lo que trae como consecuencia un incremento en el contenido de zumo y pulpa.
Cánepa (1997) y Chacón (2001) concluyeron que aplicaciones de 3,5,6 TPA a frutos de mandarinas clementina aumentan el tamaño final de éstos, no alterando la producción cuantitativamente, ya que todos los árboles presentaron igualdad estadística en la cantidad de kilogramos de fruta cosechada.
Sin embargo Dominguez (1996), no encontró efecto de las aplicaciones exógenas de 3,5,6 TPA sobre el tamaño final en los frutos de mandarinas clementinas y en naranjas cv. Navelate.
En el caso de el cv. Fortuna el 3,5,6-TPA causa un efecto raleador y un aumento en el espesor de la corteza y del fruto (Weiland y Gómez, 1995).
Según Agustí et al., (1995) éste también actúa incrementando el tamaño del fruto en Mandarinos Nova y Clementinas y Naranjas Navelate, y Valencia Late.
En el caso del limonero Fino 49, este aumenta el peso de los frutos, sin afectar su diámetro ecuatorial pero sí alargándolos (García et al., 1994).
Para obtener un buen resultado con estas auxinas es clave tener en cuenta que deben ser aplicadas en un período bien determinado. Como norma general la aplicación debe ser realizada durante los últimos días de la caída fisiológica, con un diámetro del fruto entre 15 a 20 mm para mandarinas Clementinas. Este estado coincide con el cese de la división celular, cuando las vesículas llenan por completo los lóculos y sus células inician la acumulación de zumo y el crecimiento (Agustí et al., 1999).
Rosés (2005), concluyó que diferencias de tan sólo siete días en la aplicación, provocan distintos efectos tanto en la producción como en la calidad.
El 3,5,6-TPA ha mostrado ser eficaz en el incremento del tamaño final del fruto en mandarinos (García et al., 1994). Según Agustí et al. (1993), un retraso en la aplicación sólo puede ser compensado por un aumento en la concentración.
Según Müller (1995), el 3,5,6 TPA aumenta y uniforma los calibres comerciales de los frutos. Éste con aplicaciones de 10 ppm en naranjo Navelate, aumentó significativamente el peso promedio de los frutos, sin afectar la producción ni el número de frutos. Además el mismo autor en mandarino clementino cv. ‘Clemenules’ observó un significativo aumento del raleo para las dosis de 10, 20 y 30 ppm aplicadas en un diámetro ecuatorial del fruto de 13 mm promedio, siendo el primer tratamiento el único que produjo un aumento significativamente diferente al testigo, en relación al peso del fruto. En cuanto a la calidad interna el contenido de jugo (ml) fue mayor al testigo, el pH aumentó y la acidez titulable fue menor, en las tres dosis aplicadas.
Algo importante que se debe mencionar, es el hecho de que al momento de aplicar la hormona se debe estar muy atento a las condiciones climáticas, el estado de los árboles y a la cantidad de líquido aplicado por árbol, ya que pueden afectar la respuesta del árbol a la aplicación (Agustí et al., 1999).
2.6. El fruto.
El fruto de los cítricos es una baya denominada hesperidio, está formada por aproximadamente diez unidades carpelares unidas alrededor de eje floral, formando lóculos en cuyo interior están los sacos de jugo y crecen las semillas (Agustí, 2000).
Él está constituido por una estructura que lo protege del medio denominada pericarpio, la cual se divide en tres partes, el exocarpo o flavedo es la parte más externa. El endocarpo que es la parte más interna del pericarpio y constituye parte de la membrana locular. Y el mesocarpo o albedo el cual se encuentra entre los dos anteriores, formado por un tejido parenquimático de varias filas de células, con grandes espacios intercelulares, y de aspecto esponjoso. La corteza está formada por el exocarpo y el mesocarpo (Agustí, 2000).
3. Materiales y Métodos
3.1 Ubicación del ensayo y características edafoclimáticas.
El ensayo se realizó en el huerto comercial de mandarinos, perteneciente a la Agrícola Huerto California, situado en la parcela Entre Ríos en San Isidro, Provincia de Quillota, Quinta Región, Chile, a 32º 50‘ Latitud Sur y 71º 13‘ Longitud Oeste. Las características climáticas del sector son de tipo templado cálidas con temperaturas promedio mensuales mayor a 10ºC por más de cuatro meses y con una estación seca prolongada de 7 a 8 meses que, según la clasificación climática de Koepen, correspondería a la notación Csbl (Martínez, 1981). El estudio se llevó a cabo entre los meses de octubre de 2004 y julio de 2005.
El material vegetal correspondió a un huerto comercial de mandarinos clementinos (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules, injertados sobre portainjerto Carrizo. Los árboles fueron plantados el año 1991 con un marco de plantación de 6 x 3 m (555 árboles/ha). El suelo es de tipo arcilloso. Los árboles son regados con dos líneas de goteros, espaciados a 1 metro sobre la línea, con seis emisores de 4 l/h por planta.
Los árboles utilizados fueron seleccionados antes de la aplicación de los tratamientos en base a la uniformidad en su aspecto, sanidad, vigor y nivel de floración. Cabe señalar que todo el sector del ensayo se encuentra bajo el mismo régimen de riego, fertilización y manejos.
3.3. Material agroquímico:
Se utilizó ácido giberélico (GA3 de Bayer) y 3,5,6-TPA (Maxim®). A todos los tratamientos incluyendo el testigo se les añadió un coadyuvante siliconado (Break), además de ácido fosfórico bajando el pH de la solución a 5.8, de tal forma de llegar al punto isoeléctrico del GA3 (ANEXO 3).
Las aplicaciones se hicieron en las épocas y dosis indicadas en literatura anteriormente descrita para cada producto comercial. Se utilizó una bomba de espalda de capacidad 15 l, con una boquilla de cono lleno Tee-Jet 0,6 y con un mojamiento promedio de 3,6 l por árbol, equivalentes a 2000 l/ha. Todas las aplicaciones se realizaron entre las 8:00 h y las 11:30 h, intervalo en que no se presentó viento, evitando así la deriva del producto y donde las menores temperaturas redujeran la evaporación de la solución (ANEXO 4).
3.4. Tratamientos:
Los tratamientos aplicados se describen en el Cuadro 1.
CUADRO 1. Descripción de tratamientos.
Tratamiento Ingredientes activos Momento aplicación
T0 Agua. 80% caída de pétalos
T2 3,5,6-Tricloro-2-Piridinil-oxiacético
(3,5,6-TPA). 15 ppm 18.3 mm diámetro ecuatorial promedio
T3 GA3 5 ppm + 3,5,6-TPA 15 ppm 80% caída de pétalos y 18.3 mm
diámetro ecuatorial promedio respectivamente
T0: Testigo. Agua más coadyuvante siliconado más ácido fosfórico, aplicado el día 9 de noviembre 2004, entre las 8:00 y las 11:00 h.
T1: 5 ppm de ácido giberélico más coadyuvante siliconado más ácido fosfórico, fue aplicado el día 10 de noviembre de 2004. Esta aplicación fue realizada entre las 8:00 h y 11:30 h.
T2: 15 ppm de ácido 3,5,6-tricloro-2-piridinil-oxiacético más coadyuvante siliconado más ácido fosfórico, aplicado cuando los frutos tuvieron un diámetro ecuatorial promedio de 18.3 mm, esto fue el día 10 de enero de 2005.
T3: 5 ppm de ácido giberélico, en combinación con 15 ppm de ácido 3,5,6-tricloro-2-piridinil-oxiacético más coadyuvante siliconado más ácido fosfórico, aplicados el primero a caída de pétalos y el segundo cuando los frutos tuvieron 18.3 mm diámetro
ecuatorial promedio, en las fechas descritas en el T1 y T2.
A todos los tratamientos se les aplicó ácido fosfórico, incluyendo el tratamiento testigo, para bajar el pH a 5,8 y así obtener una mejor absorción del producto, llegando al punto isoeléctrico del GA3, además se utilizó surfactante (Break®) en concentración de 20cc/100 l, con el objeto de lograr una mayor cobertura del producto.
3.5. Diseño experimental:
El ensayo fue conducido según un diseño de bloques completamente al azar, para eliminar la influencia de la pendiente del terreno. Se implementaron dos bloques de cuatro tratamientos cada uno. En cada bloque se evaluaron seis árboles por tratamiento, totalizando 12 árboles en medición por tratamiento (ANEXO 5).
El análisis estadístico de todas las variables se realizó mediante el análisis de varianza (ANDEVA) con un nivel de significancia del 5%. Las comparaciones entre medias de tratamientos se efectuaron mediante la prueba de Intervalos Múltiples de Duncan.
3.6. Mediciones:
La determinación aproximada del 80 % de caída de pétalos fue a través de la observación visual directa.
Por otro lado, con el objetivo de determinar el momento de aplicación de la auxina 3,5,6-TPA, se realizó el monitoreo del diámetro ecuatorial de una población de 100 frutos por árbol, 50 frutos en la cara este y 50 frutos en la cara oeste, en cuatro árboles por bloque escogidos al azar, dos árboles del tratamiento 2 y dos árboles del tratamiento 3, ya que son estos los tratamientos que serán aplicados con la auxina (ANEXO 6). Esta medición se realizó una vez por semana, comenzando el 17 de diciembre de 2004, y terminando el 6 de enero de 2005 la semana anterior a la aplicación. Para esta medición se utilizó un pie de metro de 0.01 cm de precisión.
La cosecha de todos los tratamientos se realizó en tres épocas, de acuerdo a los criterios comerciales (30 % de color) (ANEXO 7). La primera cosecha se realizó el 25 de mayo de 2005, la segunda se realizó el 13 y 16 de junio de 2005, en dos días debido a una lluvia que impidió realizar la cosecha de una sola vez, y la tercera cosecha se realizó el 6 de julio. En cada cosecha se contabilizó el número de frutos totales cosechado por árbol y el peso total de la cosecha. El pesaje se realizó utilizando una balanza de 60 kilogramos de capacidad y 10 g de precisión.
Para determinar el efecto de los tratamientos sobre el calibre de los frutos, cuando el número de frutos colectados fue lo suficientemente abundante se tomó una muestra de 100 frutos de cada árbol marcado, sin embargo, cuando la cosecha no llegó a 100 frutos por árbol se tomaron todos los frutos de esa cosecha. El análisis estadístico se efectuó utilizando el promedio de los frutos por árbol, dado que la replica es el árbol.
Los frutos fueron pesados utilizando una balanza de 3 kilogramos de capacidad y 0.5 g de precisión. La medición de los diámetros se realizó con un pie de metro de 0.01 cm de precisión.
La muestra anterior se utilizó para evaluar las características externas de los frutos tratados. Sobre esta muestra se realizaron las siguientes evaluaciones:
• Rugosidad. Escala subjetiva que separa la muestra de frutos en tres grupos, dependiendo del nivel de rugosidad, normal, media o severa, tomando el promedio de frutos presentes por tratamiento en cada nivel para su análisis (ANEXO 8).
• Existencia de pistilo adherido. Cantidad de frutos que presentan el problema. Presencia - ausencia (ANEXO 9).
• Condición del ombligo. Cantidad de frutos que presentan el problema. Normal o dañado.
Por otra parte se tomaron 50 frutos de la cosecha más importante (cosecha de junio), para determinar.
• Incidencia de Creassing. Cantidad de frutos que presentan el problema. Presencia – ausencia (ANEXO 9).
Todos los resultados para la calidad externa se expresaron como, % de fruta que presentaba el problema. Las comparaciones entre medias de los tratamientos se efectuaron mediante la prueba de Intervalos Múltiples de Duncan.
4. Presentación y Discusión de Resultados.
4.1. Efecto de los tratamientos sobre la producción.
4.1.1. Efecto sobre el número de frutos.
El T1, aplicado con 5 ppm de GA3, no mostró diferencias estadísticas con el testigo en relación al número de frutos totales (CUADRO 2).
Esta respuesta concuerda con lo expresado por Bornscheuer (1997), Cifuentes (1997) y Godoy (1999), quienes ensayaron en igual zona sobre Clemenules la aplicación de GA3, el primero no encontró diferencias con el testigo en el número final de frutos, y los dos últimos en el porcentaje de cuaja final.
CUADRO 2. Kilogramos y número de frutos promedio cosechados por árbol de mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules. Temporada 2005.Quillota.
Letras distintas en cada columna indican diferencias significativas, por fecha (P≤0,005, Test de Duncan).
Este nulo efecto del GA3 podría ser causa de la gran floración que presentaban los árboles al momento de la aplicación y como lo explica Agustí (2000), el GA3 tiene un efecto decreciente al ser usado en árboles con floraciones intensas, además Talón et al. (1999), exponen que en huertos donde la producción natural se acerca a valores elevados, la efectividad del GA3 se reduce considerablemente, por causa de la falta de nutrientes que permitan satisfacer las demandas de todos los frutos. Para este año el huerto produjo 47 ton/ha, siendo la mayor cosecha de los últimos cuatro años, existiendo entonces una gran competencia por parte de los frutos por nutrientes, disminuyendo así la efectividad de la aplicación.
Por otra parte se ha visto que bajo condiciones costeras, la cual es la condición imperante en la zona de Quillota donde se realizo el ensayo, los cultivos no muestran problemas en la cuaja, debido a que bajo estas condiciones de temperaturas moderas y alta humedad relativa el cuajado de los frutos no es limitado, lo cual es ratificado por Agustí (2003) quien señala que se ha establecido una correlación negativa entre la temperatura máxima diaria y la cosecha para el período entre mediados de mayo y fines de junio (en Chile mediados de noviembre y fines de diciembre), meses en los que se concentra el cuajado de los frutos. Así también, Agustí et al., (1999) señalan que en la etapa inicial del desarrollo del fruto (período de división celular), éstos llegan a ser altamente susceptible a levadas temperaturas resultando en una abscisión masiva de frutitos, he incluso teniendo un efecto permanente que causa una reducción de su tasa de crecimiento a lo largo del ciclo de desarrollo. Estas altas temperaturas no se presentan en zonas con influencia costera, por lo que el proceso de cuajado no sufriría de este tipo de estrés y al no existir restricciones climáticas en la cuaja no existirían diferencias entre el tratamiento testigo y el tratamiento aplicado con GA3.
Producto Tratamiento Número de frutos
promedio por árbol
Kilogramos de frutos promedio por árbol
Agua T0 1641 ab 113,0 a
GA3 T1 1715 a 113,5 a
3,5,6 TPA T2 1402 c 103,0 a
Por otra parte los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA presentaron el menor número promedio de frutos totales, lo cual no es concordante con lo expresado por Domínguez (1996) y Cánepa (1997), quienes también hicieron sus ensayos en la zona de Quillota. Esta diferencia en la respuesta podría deberse a que el primero realizó la aplicación con frutitos de 22 mm de diámetro y el segundo con 23 y 27 mm de diámetro, mientras que en el presente estudio, la aplicación se realizó con diámetros promedios entre los 15 y 18 mm. Según Garcia et al. (1994) y Agustí et al. (2000a) las auxinas de síntesis presentan un efecto raleador variable según la época de aplicación, Agustí et al. (1999), afirman que retrasos en la aplicación reducen marcadamente la respuesta. La mejor época para la aplicación de 3,5,6 TPA es según Agustí (2000), con diámetros de frutitos entre los 15 a 20 mm en mandarinas Clemetinas, rango en el cual se encuentra la aplicación realizada en este ensayo, mientras que los otros autores antes mencionados, están retrasados en relación a lo recomendado, por lo que se podría suponer que fue este el factor que influyó en los resultados, no encontrándose efecto en los trabajos de Domínguez (1996) y Cánepa (1997) mientras que sí para el presente estudio.
Por otro lado Chacón (2001), en ensayo realizado en la misma zona de Quillota, aplicó el 3,5,6 TPA cuando los frutos presentaron un diámetro promedio de 20 mm, coincidiendo con lo expresado por Agustí (2000), disminuyendo el número de frutos totales por árbol, concordando con lo encontrado en el presente estudio.
Este efecto raleador estaría relacionado con la inducción de la síntesis de etileno por parte de la auxina, retardando la diferenciación de los haces vasculares y por tanto la conexión entre el fruto y la planta, cayendo todos los frutos que no han completado su conexión, por lo que un retraso en la aplicación permitiría que un mayor número de frutos completen esta conexión y no abscisione (Agustí et al., 1993).
Para el caso del T3, el cual fue aplicado en una primera instancia con GA3 y luego con 3,5,6 TPA, no tuvo diferencias con el T2 ni el T0, seguramente debido a la combinación de los factores anteriormente expuestos, la decreciente acción del GA3 por un lado que no permitió diferenciarse del testigo y luego la acción de raleo producido por el 3,5,6 TPA, que fue lo suficientemente marcada para igualar al T2.
4.1.2 Efecto sobre los kilogramos de fruta cosechados.
En relación a la cantidad total de kilogramos promedio cosechados por árbol, no existe diferencia entre los tratamientos (CUADRO 2).
Según Guardiola (1992, 1998) y Primo-Millo (1994), las aplicaciones de GA3 mejoran el cuajado, aumentando la producción, cuestión que no concuerda con este estudio, sin embargo, Talón (1997) señala que este incremento se vería reflejado en huertos de baja producción, mientras que en huertos de alta producción el incremento sería mucho menor. En este caso como ya se mencionó, el huerto tuvo la producción más alta de los últimos cuatro años, por lo que el efecto del aumento en la cuaja y con ello una mayor producción por parte de la GA3 se vería notablemente disminuida, esto debido a la falta de nutrientes que permitan sostener la mayor cuaja supuesta que produciría la aplicación de GA3.
Para el caso de los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA existe concordancia con lo expresado por Dominguez (1996), Cánepa (1997) y Chacón (2001), quienes no encontraron efecto del 3,5,6 TPA sobre la producción en mandarinos cv. Clemenules. Guardiola (1995), concluye que las auxinas en condiciones óptimas no aumentan la cosecha total, aún cuando exista una aumentó en el peso medio del los frutos, esto debido a una reducción en el número de frutos, lo cual concuerda con el presente estudio, en primer lugar se disminuyó el número promedio de frutos por árbol y aumentó el peso promedio de los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA.
4.2 Efecto de los tratamientos sobre las características de peso, diámetro polar y ecuatorial de los frutos.
4.2.1 Efecto sobre el peso promedio.
CUADRO 3. Valores promedio de peso, diámetro polar, diámetro ecuatorial y relación entre diámetros de la fruta de cada tratamiento en mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules. Temporada 2005.Quillota.
Trat. Producto Peso del fruto
(g) Diámetro polar. DP (mm) Diámetro ecuatorial DE Relación DP/DE
Letras distintas en cada columna indican diferencias significativas (P≤0,005, Test de Duncan). *: Desviación Estándar.
Al observar los pesos promedio de los frutos (CUADRO 3), se observa que el tratamiento aplicado con GA3 fue el que presentó el menor peso promedio por fruto, lo que concuerda con lo expresado por Guardiola (1992 y 1998), quien hace referencia a que la aplicación de ácido giberélico invariablemente reduce el peso medio del fruto, lo cual puede explicarse por un aumento en el cuajado de frutos de menor capacidad de crecimiento y, por tanto, menor tamaño final, además de una mayor cuaja inicial que dejaría a los frutos que persisten en el árbol con menor capacidad de crecimiento. Este aumento en el cuajado, estaría dado por la capacidad que tienen las giberelinas de aumentar el transporte de elementos minerales y fotoasimilados hacia el fruto, pero si la planta no es capaz de satisfacer la demanda, este no puede seguir su desarrollo y cae (Agustí, 2000).
Al incluir la desviación estándar al valor promedio de un tratamiento, éste se asemeja a un tratamiento diferente, lo que indica que existió una alta variación en los valores tomados dentro de los distintos tratamientos, pero esta es sólo una forma descriptiva de análisis, que muestra la variación en el tratamiento y no entre ellos, ya que es el análisis de varianza el que indica como se distribuyen los datos dentro y entre los tratamientos, sin embargo, se puede observar que tanto para los valores de peso promedio del fruto como diámetro ecuatorial y polar, es el tratamiento testigo el que presenta la mayor desviación estándar, indicando que las aplicaciones hormonales concentran la distribución de estos dos parámetros en un rango mas acotado.
Para este caso aún cuando no existen diferencias con el testigo en relación al número de frutos promedio, Guardiola (1998) explica que en cítricos existe un cuajado inicial y uno final, el primero descrito por el número de ovarios que reinicia el crecimiento después de
(mm) T0 Agua 70,6 b ± 5,45* 45,5 b ± 1,46* 54,0 b ± 1,52* 0,845 b T1 GA3 66,9 c ± 2,92* 44,7 c ± 0,87* 53,0 c ± 0,87* 0,845 b T2 3,5,6 TPA 73,5 a ± 2,46* 46,3 a ± 0,73* 54,5 a ± 0,94* 0,853 a T3 GA3+3,5,6 TPA 73,3 a ± 3,10* 46,3 a ± 0,81* 54,5 a ± 0,76* 0,852 a
antesis y el segundo referido a los frutos que no se desprenden del árbol y se desarrollan hasta la maduración.
Tomando como base lo anteriormente expuesto, la reducción en el peso promedio supondría un efecto inicial del GA3 aumentando el número de frutos cuajados en una primera instancia, existiendo entonces, una mayor competencia al inicio del crecimiento del fruto, que luego de la regulación natural de carga por parte del árbol fue eliminada igualándose al testigo, dejando a los frutos presentes con una menor capacidad de crecimiento disminuyendo entonces su peso promedio, lo cual no se puede afirmar debido a que la cuaja inicial no fue medida.
Por otra parte, Godoy (1999) en ensayo realizado en igual zona, no encontró diferencia entre los pesos promedio de los frutos con aplicaciones de 5 y 10 ppm de GA3, realizadas el 28 de octubre con 50% de floración, justificando sus resultados diciendo que la GA3 no produce efecto sobre este parámetro, lo que no es concordante con este trabajo. A diferencia del mencionado autor, en este ensayo la aplicación se realizó en 80% de caída de pétalos como lo recomienda Primo (1994), ya que según él, es en este período donde se logran los mejores resultados en relación al aumento en la cuaja.
Para tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA, estos aumentaron su peso promedio en relación al testigo, lo que concuerda con lo expresado por Weiland y Gómez (1995) en aplicaciones realizadas en mandarino cv. Fortune, y con Müller (1999) y Chacón (2001) en ensayos realizados en la zona de Quillota sobre mandarino clementino, encontrando que el peso de los frutos aumenta con aplicaciones de 3,5,6 TPA en mandarinos cv. Clemenules.
El aumento en el peso promedio puede explicarse debido al efecto directo que producen las auxinas en el crecimiento del fruto, el cual se manifiesta a través de un crecimiento generalizado de todos los tejidos del fruto. Sin embargo solo la pulpa se ve directamente afectada por la acción de la auxina, mientras que el contenido de jugo y el peso de la corteza dependen del tamaño del fruto y no del tratamiento. La auxina acrecienta el tamaño de los lóculos y de las vesículas de zumo donde se produce una mayor acumulación de materia seca. Como consecuencia de lo anterior el fruto aumenta su
capacidad para acumular zumo, por lo que aumenta su crecimiento a mayor velocidad (Agustí et al.,1999 y Agustí 2000).
4.2.2 Efecto sobre el diámetro polar y ecuatorial.
El tratamiento aplicado con GA3 fue el que presentó menor diámetro tanto ecuatorial como polar (CUADRO 3).
Lo anterior concuerda con lo expresado por Talón (1997), quien señala que la aplicación de GA3 en un año de alta producción reduce el tamaño del fruto como consecuencia del aumento en la cuaja, por lo que el diámetro medio se reduce y aún cuando no fue medido es probable que esta disminución en el tamaño del frutos este relacionada con un aumento en la cuaja inicial, lo que no podemos asegurar ya que en este estudio no se hizo la diferencia entre cuajado inicial y final, además Guardiola (1992) explica que este aumento en la competencia inicial provocado por el retraso en la abscisión de los frutitos producido por la aplicación de GA3, puede traer como consecuencia una reducción en el tamaño final del fruto, además el huerto donde se realizó el ensayo tuvo la mayor producción de los últimos cuatro años (ANEXO 10) por lo que el aumento en la competencia tuvo efecto en la obtención de frutos de menor tamaño.
Para el caso de los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA, aumentaron su tamaño en relación a los demás tratamientos, lo que coincide con lo expresado por Guardiola (1995), quien plantea que las auxinas actúan aumentando el tamaño del fruto estimulando el crecimiento (efecto sumidero). Lo anterior concuerda con lo experimentado por Garcia et al., (1994), Cánepa (1997) y Chacón (2001), los cuales exponen un aumento en el diámetro ecuatorial con respecto al testigo con aplicaciones de 3,5,6 TPA. Este aumento en el diámetro se explica según Agustí (2000), debido a que la aplicación de auxinas de síntesis aumenta el tamaño de los lóculos y de las vesículas de jugo y sus células. Pero sólo el peso de las vesículas es afectado por el tratamiento, como resultado el fruto aumenta de tamaño.
Por otro lado Rosés (2005), observó que la aplicación de 3,5,6 TPA (aún cuando no fue medido) aumentó el diámetro polar de los frutos tratados, al igual que García et al.,
(1994), quienes trabajando en el cv. Fino 49 reportaron que la aplicación de 3,5,6 TPA produjo en los frutos tener un mayor diámetro polar.
4.2.3 Efecto sobre la relación diámetro polar/ diámetro ecuatorial (DP/DE).
Sólo los tratamiento aplicados con 3,5,6 TPA pudieron diferenciarse del testigo, teniendo una mayor relación DP/DE, mientras que el tratamiento aplicado con GA3, no mostró diferencia (CUADRO 3).
Lo anterior no concuerda con lo expresado por Müller (1995), quien no encontró cambios en la forma de los frutos con aplicaciones de 3,5,6 TPA sobre mandarino clementino, aún cuando tanto el diámetro polar como el ecuatorial aumentaron su tamaño con respecto al testigo, esto según él, debido a que el aumento de estas dos variables fue proporcional. Para este caso aún cuando ambas variables aumentaron, el incremento no fue proporcional ya que en su relación el valor se acercó más a uno, lo que hace que los frutos tiendan a ser menos achatados.
4.3. Efecto de los tratamientos sobre la distribución de calibres.
En relación a la distribución de calibres, el CUADRO 4 muestra que ninguno de los tratamientos presentó diferencias estadísticas en relación al testigo para los calibres sobre y bajo los 55 mm de diámetro ecuatorial. Sin embargo, en la distribución de los calibres mayores (≥ 55mm), si se compara el tratamiento aplicado con GA3 con los dos tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA se puede observar que existe una diferencia entre ellos, presentando el primero menor número de frutos que los demás, lo que se podría deber a que la aplicación de GA3 en comparación a los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA distribuye sus calibres en diámetros más pequeños, confirmando que la mayor cuaja inicial producida por esta hormona repercute en la distribución de los calibres, sin embargo este efecto puede ser revertido con la aplicación de 3,5,6 TPA, lo que queda demostrado por el T3, el cual fue aplicado en una primera instancia con GA3 y luego con 3,5,6 TPA presentando igualdad estadística con tratamiento que fue aplicado solamente con 3,5,6 TPA. Por otra parte Agustí y Almela (1984) citados por Rosés (2005), señalan que las curvas de distribución de calibre en los árboles tratados con auxinas de síntesis
son bimodales, debido a la respuesta diferencial que presentan los diferentes tipos de inflorescencias presentes en la planta al tratamiento con auxinas, es así como los frutos situados en brotes con hojas responden más intensamente al tratamiento auxínico que los frutos situados en brotes sin hojas, además la disminución en la competencia entre frutos debido al efecto releador producido por la auxina puede haber permitido que algunos frutos grandes crecieran más debido a la mayor disponibilidad de metabolitos, todo lo anterior podría explicar por que los frutos aplicados con 3,5,6 TPA aumentaron el número de frutos presentes en los calibres más grandes a diferencia del tratamiento aplicado con GA3.
Godoy (1999), tampoco encontró efecto de la aplicación de GA3, en la distribución de calibres sobre los 54 mm, afirmando que la aplicación de GA3 no tiene efecto sobre la distribución de calibres.
Rosés (2005) concluyó que la aplicación de 3,5,6 TPA no aumenta el número de frutos sobre los 55 mm en relación al testigo, explicando que es probable que la distribución aún así esté desplazada hacia los calibres mayores, ya que estos frutos pesaron más, lo cual no se puede asegurar en este estudio ya que este parámetro en donde se comparan el peso de los frutos por calibre no fue medido.
CUADRO 4. Número de frutos promedio bajo y sobre los 55 mm de diámetro y rendimiento promedio de los frutos con diámetro igual o superior a los 55 mm por árbol, en mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules. Temporada 2005. Quillota.
Tratamientos Productos Nº de frutos promedio
< 55 mm por árbol Nº de frutos promedio ≥ 55 mm por árbol T0 Agua 138,1 a 122,3 ab T1 GA3 158,7 a 104,7 a T2 3,5,6 TPA 132,9 a 133,6 b T3 GA3+3,5,6 TPA 137,3 a 141,7 b
Letras distintas en cada columna indican diferencias significativas (P≤0,05 Test de Duncan)
CUADRO 5. Porcentajes promedio de rugosidad de piel, presencia de pistilos adheridos, ombligo abierto y creassing, de cada tratamiento en mandarino clementino (Citrus clementina Blanco) cv. Clemenules. Temporada 2005. Quillota.
% de frutos con distintos grados de rugosidad
Trata-miento
Baja Media Severa
% frutos con pistilo adherido % frutos con ombligo abierto % frutos con “creassing”. T0 69,9 a 28,9 a 1,2a 0,2 a 0,1 b 0,4 a T1 69,0 a 29,4 a 1,6 a 0,2 a 0,1 b 0,3 a T2 71,4 a 27,3 a 1,3 a 0,3 a 0,5 a 0,2 a T3 70,5 a 28,7 a 0,8 a 0,7 a 0,2 ab 0,2 a
Letras distintas en cada columna indican diferencias significativas (P≤0,05 Test de Duncan)
4.4.1 Rugosidad.
Ninguno de los tratamientos presentó diferencias estadísticas en relación a los tres niveles de rugosidad. Lo anterior concuerda con lo expresado por Rosés (2005), para los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA, quien no encontró diferencias estadísticas en los niveles de rugosidad.
4.4.2 Pistilo adherido.
Así también para el caso del porcentaje de frutos con pistilo adherido, ninguno de los tratamientos se diferenció con el testigo, Rosés (2005) solo encontró diferencias con la aplicación de 2,4 D.
4.4.3 Estado de ombligo.
El tratamiento aplicado solamente con 3,5,6 TPA presentó una diferencia estadística con el testigo, lo cual no es concordante con lo señalado por Rosés (2005), quien reportó una disminución en el porcentaje de este defecto en todos los tratamientos aplicados con auxinas. Según Agustí (2000) no se conoce con exactitud la causa que lo origina, pero parece ser un crecimiento diferencial entre pulpa y corteza. Además existen frutos con menor albedo por menor división y luego por una mayor presión de crecimiento puede causar que algunos ombligos se abran, en base a lo anterior, se puede presumir que en
este caso el tratamiento aplicado solamente con 3,5,6 TPA, sufrió algunos de estos eventos mostrando una mayor proporción de frutos con este defecto.
4.4.4. “Creassing”.
Para el caso del porcentaje de “creassing” ninguno de los tratamientos presentó diferencias con el testigo. Lo que concuerda con Rosés (2005), quien no encontró diferencias entre los tratamientos con la aplicación de 3,5,6 TPA.
Según Agustí y Almela (1991), esta alteración se produce en las primeras fases de desarrollo del fruto y no se manifiesta externamente hasta la maduración, para este ensayo la aplicación de GA3, de 3,5,6 TPA, y la combinación de ambos no estimularon su aparición.
5. CONCLUSIONES
• La aplicación de 3,5,6 TPA, disminuyó el número de frutos promedio cosechados por árbol, mientras que la aplicación de GA3 y la combinación de GA3 con el 3,5,6 TPA no se tuvo diferencias con el testigo.
• Ningún tratamiento se diferenció del testigo en relación al promedio de kilogramos cosechados por árbol.
• Los dos tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA aumentaron el peso promedio de los frutos, mientras que la aplicación de AG3 lo disminuyó.
• Los dos tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA aumentaron el diámetro polar y ecuatorial de los frutos, mientras que la aplicación con GA3 los disminuyó. Así
también los tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA aumentaron la relación DP/DE haciendo a los frutos menos achatados.
• Todos los tratamientos produjeron igual número promedio de frutos bajo los 55 mm de diámetro ecuatorial, mientras que sobre a los 55 mm el tratamiento aplicado con GA3, produjo un menor número de frutos promedio en relación a los dos tratamientos aplicados con 3,5,6 TPA
• Las aplicaciones de GA3 y 3,5,6 TPA y la combinación de ambos, no afectaron la rugosidad, presencia de pistilos adheridos y “creassing”, mientras que el tratamiento aplicado solo con 3,5,6 TPA presentó una mayor proporción de frutos con ombligo abierto .
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ANEXO 1. Evolución esquemática del desarrollo de un fruto cítrico.