Rogieri, P. Modos de significar

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Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA

LINGÜÍSTICA y DISCURSIVIDAD SOCIAL

Serie: Estudios del Lenguaje

Cuaderno: Modos de significar - 2011

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Modos de significar*

Patricia Rogieri

Nadie es el primer hablante que rompe el silencio del universo. Mijail Bajtín

Se miente más de la cuenta por falta de fantasía.

También la verdad se inventa. Antonio Machado .

0. ¿Quién habla cuando alguien habla?

“Contame toda la película”; “te digo todo lo que pasó”. Decir que no hay un lenguaje que permita “decirlo todo” es un lugar común en las introducciones a los estudios del

lenguaje.

La “vida” se inscribe en el tiempo y, aunque parezca una obviedad, ocurre en un universo tridimensional. ¿Cómo reducir –cómo traducir– un suceso acontecido en tres dimensiones e inscripto en el tiempo a las dimensiones ofrecidas por un lenguaje? En el caso del lenguaje verbal, ¿cómo traducir ese hecho “de la realidad” a una sola

dimensión? Los sonidos vocálicos se suceden uno detrás de otro en la línea temporal, entonces, ¿cómo decirlo “todo”?, ¿en qué orden?, ¿con qué palabras? ¿Por dónde

comenzar?

“¿Viste lo que pasó en Tanganica?” es una pregunta posible cuando no se sabe

exactamente qué pasó ni si un lugar tal existe. Al decirla, se sobreentiende que sí, que Tanganica existe, y que algo pasó, ya que el otro lo pregunta. Se puede responder “no sé”, pero algo debe de haber pasado ¿no? La serie podría ser ampliada indefinidamente con casos como “el descubrimiento de América/la llegada a América/el encuentro de dos culturas”, o como éste: “con un impactante Christian Dior bordado, consideró un

error la entrevista que Diana concedió a la BBC”.1 Se nombra la marca de alta costura de una prenda para el caso de una entrevistada. ¿Es habitual lo mismo en caso de entrevistados?

*

Este cuaderno tiene carácter introductorio a los temas que serán tratados en los encuentros presenciales. Su único objetivo es presentar lineamientos generales orientadores del trabajo que se propone en la cátedra.

1

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En términos informales, el problema central a explicitar es cómo ciertos materiales (ciertas materialidades) se asocian (soportan/van asociadas) a ciertos significados. Cómo explicitar que en nuestra cultura cierto material en la vestimenta de las personas se asocia a grupos de opinión (tomemos por caso “la mochilita del vago de

Humanidades” frente al “traje gris acero del contador”), o que ciertos colores signifiquen euforia o disforia (y que dependa del momento histórico y el grupo

cultural), o que ciertas palabras sean consideradas legítimas en ciertos contextos (“minita” en una charla entre amigos en un bar) y en otros, no (“minita” dicho por

un/una cliente como modo de llamar a la cajera de un banco en la ventanilla), o que ciertos modos de mirar sean censurables en ciertas relaciones jerárquicas, o que haya silencios exigidos en ciertas situaciones y no admitidos en otras o por otros participantes.

¿Cómo explicitar el significado de un cartel en un comercio de venta de ropa para mujeres que diga “Hay talles grandes” y no “Hay pantalones a lunares” en un

determinado momento histórico? ¿Qué significa que en un bar, el mozo sirva el café al hombre y el cortado a la mujer? ¿Tiene algún significado que estudiemos en la educación sistemática (primaria y secundaria), en las asignaturas referidas a la historia argentina, el momento en que se aprobó el voto “universal y obligatorio” y que luego estudiemos el voto “femenino”? ¿Cómo es la presencia de la “señorita buena presencia”

requerida en los avisos de solicitud de personal?

¿Qué significa “menopausia” en la propaganda radiofónica de una clínica que atiende “osteoporosis, reuma, menopausia, artrosis”? ¿Cuál es el sentido de la coordinación “o” en la presentación de un ciclo de cine de acción en televisión que anuncia: “No importa

que sean narcotraficantes o vietnamitas, lo que importa es una buena patada"?

La lista de preguntas podría extenderse en una variada serie, pero se puede resumir en una paráfrasis a un enunciado de Legendre (1979) que hace referencia a aquello que las sociedades hacen con los rebeldes (los locos, los enfermos, etc.). En nuestras sociedades, en las instituciones, ¿adónde van los rebeldes? Los rebeldes van a parar a las categorías. Si se traduce esta pregunta en términos de nuestro interés, el significar es el rebelde, y su destino las categorías.

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I. Acerca del “hombre”, el “mundo” y el “lenguaje”

El objeto de este Cuaderno es la presentación general de los supuestos que se asumen si se analiza la relación Lenguaje-Sociedad desde el punto de vista de los estudios lingüísticos y de la discursividad, tomando como punto de partida en los denominados estudios sobre la representación en el lenguaje. Nos referimos con esta denominación a un conjunto de supuestos a partir de los cuales analizaremos, en términos introductorios,

la relación entre el sujeto, el lenguaje y el mundo.

I.1. La primera cuestión: qué se entiende por lenguaje en estos estudios –o lo que es lo mismo– cuando alguien habla, escribe, publica, traduce, interpreta, qué es lo que se asume “que hace” si se adoptan estos estudios. Tradicionalmente, siempre que se indaga

el lenguaje se consideran por lo menos tres elementos intervinientes:

y x: “el que habla”

y: “lo que se utiliza para hablar”

z: “la cosa”

x --- z

Y varias son las posibilidades de interpretación de estos vértices:

I.1.1. Una posibilidad. Se asume que (x), el hombre, un individuo del mundo que habla –un individuo del orden empírico– puede acceder de modo “directo” a él (z), en tanto se asume que es (y) el medio que lo hace posible. En este sentido, el lenguaje (y) manifiesta una naturaleza “transparente”, de modo tal que cualquiera sea el lenguaje utilizado, éste ofrece una unidad o combinatoria de unidades que refieren directamente a “como el mundo es”, en términos empíricos,

extralingüísticos. Esto es, los elementos de un lenguaje nombran el mundo “como es”. Así, se asume, por ejemplo, que las fotografías, las palabras, las

videograbaciones captan el mundo “de la manera en que el mundo es”.

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conquistó América” / “Colón descubrió América”, ¿cuál es la actividad que Colón realizó? ¿Son sinónimas?, esto es, ¿significan “lo mismo”? Y si se observa la serie informal “Se les da la bienvenida” / “Bienvenidos” / “Les damos la bienvenida”,

el sujeto que enuncia las frases, ¿es “el mismo x”?

En esta interpretación, se asume que el hombre “está dado”, el mundo “está dado” y que en el lenguaje estos se representan (no por copia). Así, el sujeto y el mundo

emergen representados (y cada vez únicos) en el lenguaje, de modo que puede analizarse el orden empírico (el mundo) a través de sus representaciones (x’-z’, x’’-z’’, xn

- zn):

y

x / x’ --- z’ / z x’’ z’’

xn zn

I.1.3. Una tercera posibilidad. Se asume que, más allá de que el mundo esté dado o no, los hablantes pueden acceder a él sólo a través del lenguaje, de modo que siempre se accedería a una representación (de entre las múltiples posibles) y sería imposible de acceder a él “tal cual es”.

y

[x] / x’ --- z’ / [z]

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I.2. Planteada entonces la primera cuestión acerca de la naturaleza del lenguaje y presentadas estas tres posibilidades de interpretación de los participantes en el acto de lenguaje, se arriba al segundo supuesto. Si en el lenguaje “lo que el mundo es” es una representación, el hablante no accede al mundo de modo directo sino a través de sus representaciones. La cuestión entonces es dar cuenta de esas representaciones –que son históricas, esto es, están producidas en un momento y un lugar específicos (no son

transhistóricas, ni eternas, ni universales)–. Así, en la cultura, conjuntos de representaciones coexisten, se superponen, se enfrentan, dialogan, y por lo tanto la indagación buscará establecer los modos en que tales representaciones toman existencia y los factores, procedimientos y operaciones por las que tales representaciones se legitiman.

I.3. En un marco tal, estas representaciones pertenecen al orden del lenguaje, constituyen modos verbales en los que se configura el mundo (no como “el mundo es” sino cómo “se lo nombra”). Y es aquí donde se considera que cada espacio cultural fija

sus representaciones en el lenguaje, a partir de los modos de nombrar, los modos de decir, los modos de narrar. Y estos modos de nombrar provocan que las representaciones nunca sean “el todo”.

Un lenguaje sólo posibilitaría representar una parte (una sinécdoque), y ficcionalizar “que representa todo” (“te digo todo lo que pasó”, “te cuento toda la película”, “el documental muestra la situación vivida”). Este “todo” construido en un lenguaje sería

una de entre el infinito matemático de representaciones posibles.

Por lo tanto, cuando alguien habla, escribe, publica, interpreta, en cualquiera sea la esfera en que lo hace (pública, privada, profesional, académica, científica, artística), se sostiene que lo que ese sujeto hace puede analizarse a partir de dos órdenes de mediación: a) una primera mediación, la de la lengua, en que los términos utilizados “significan lo que significan”, fijados por la lengua de la comunidad, en términos

idénticos; y

b) otra mediación, por la que los términos significan en diferencia, porque la diferencia es la que los hace puntuales, históricos.

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significaciones que en el lenguaje circulan en ese momento en que ese sujeto produce su palabra. "Nadie es el primer hablante que rompe el silencio del universo".2

Aquí, esas redes de significaciones son las que instituyen las representaciones del mundo, entonces se entiende que esas significaciones son instituciones, son creaciones, no están dadas, están construidas en el lenguaje de todos los sujetos que acuerdan con ellas; por eso, uno de los efectos relevantes de las representaciones instituidas es el

efecto de naturalización (al que el análisis opone el de extrañamiento). Veamos algunos casos.

I.3.1."Moda étnica”, “modelo étnica".

¿Qué aspecto tiene una modelo “étnica”? ¿Por qué parece “natural” esta categoría y no, por ejemplo, “modelo con puntos negros”? Y si se plantea que existen “modelos étnicas” es porque ¿habrá otras que no lo son?

En tal sentido, recuérdese una publicidad televisiva en la que una modelo desfila un vestido vaporoso en una pasarela de exhibición de moda, a la vez que la voz en off describe que esa imagen pertenece a un número reducido de mujeres portadoras de

“90-60-90” y al 80 % de las que tienen hongos vaginales. (Y ya que estamos aquí, ¿por qué no interpretamos la serie 90-60-90 como un número telefónico y sí como medidas de determinadas zonas corporales? ¿Por qué son números asociados a “belleza física”? Esa

asociación ¿es transhistórica?).

I.3.2. "Me agarró el alemán".

Que parezca cotidiana esta frase frente a los olvidos, haciendo referencia al mal de

Alzheimer, permite escuchar que hay avances en un discurso del saber (el médico), que los medios de comunicación intervienen en la docencia y divulgación y que en esta sociedad el Alzheimer –que se dio en el orden empírico desde antes de ser nombrado por el discurso médico– ahora es una representación hablada a la que se le ha dado existencia; y se ha naturalizado de tal modo que es habitual no entender “alemán” en

tales situaciones en términos de nacionalidades.

I.3.3.1. Escena 1:

En una clase de primer nivel de inglés como lengua extranjera el profesor corrige al estudiante:

2

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El estudiante: - She’s Greek and she works in London. El profesor: - No. “She’s Greek but she works in London”.

I.3.3.2. Escena 2:

Un estudiante español con su tutor argentino, hablando de la situación económica del país de este último:

El estudiante: - ¡Cómo se queja la gente aquí...! El tutor: - Es que hay una malaria... El estudiante: - ¡¿Hay malaria...?!

¿Por qué es aceptable de parte del profesor “Ella es griega pero trabaja en Londres” y no “Ella es griega y trabaja en Londres”? Y en 3.3.2., la alerta del alumno ¿es por causas

estrictamente individuales?

I.3.4. Y si atendemos a los medios de comunicación, es habitual en diarios y emisoras radiofónicas escuchar que “la escuela contiene” y el maestro “contiene a sus alumnos” (en tanto –hasta hace ¿cuánto tiempo?– la escuela “formaba ciudadanos” y el maestro era “el encargado de acercar la cultura al alumno”). Y si atendemos a los últimos años,

parece que se ha tratado de dar entrada y hacer uso de los “medios de expresión artística” como un vehículo de “contención” en la escuela. En realidad, un tipo de uso

doble: modernizador e instrumental. Modernizador en el sentido de que se consideró –al igual que con “la computación”– que su inserción en la escuela implicaba por sí, por este

mero hecho, una actualización en la metodología de la enseñanza. Instrumental, en el sentido de que los lenguajes artísticos podían ser considerados una herramienta de aprendizaje de contenidos curriculares pertenecientes a otras áreas. Ahora bien, de hecho, este uso ha sido desigual de acuerdo con el contexto social-económico-cultural de las escuelas. En aquellas de población social deprimida se ha privilegiado un uso instrumental en la medida en que se ha considerado el espacio del arte como el lugar propicio para que los alumnos pudieran “exteriorizar” lo que en realidad constituía un

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correlación que se entabla entre el taller de murga y el barrio en que se organiza? ¿Qué significa que los medios de comunicación resalten la enseñanza de violín y la formación de una orquesta en el conurbano bonaerense?

I.3.5. “La perra de mi suegra”.

Es probable que en este punto del texto el lector haya sonreído. Si es así, veamos las

posibilidades de significar que tiene esta frase, las posibilidades de significar que tiene esa sonrisa:

a) Interpretación posesiva: “Mi suegra tiene una perra”. b) Interpretación atributiva: “Mi suegra es una perra”.

El punto aquí es que la sonrisa es un efecto de las dos interpretaciones simultáneas. Mas ¿es suficiente con esta descripción? Y ¿por qué el efecto cómico no es el mismo en “el perro de mi suegro”? En una cultura que venere a las suegras, ¿todos los sujetos

sonreirán?

I.3.6. En algunas publicaciones destinadas al alumno del nivel medio, puede leerse que “adolescente” deriva etimológicamente del verbo latino “doleo-dolescere: experimentar dolor físico, sufrir, afligirse”, de allí que se asocie el significado de “adolescente” a período de “crisis y sufrimiento”. Ahora bien, parece que adolescente deriva de “adulescens/adolescens: participio presente del verbo ‘adolesco’. Joven, adolescente, muchacho”. Y que adoleo significa “crecer, desarrollarse (también en las plantas), adquirir fuerza, robustecerse”. Y que está constituido por adoleo (ad: preposición,

-oleo: oler mucho, trascender un olor, olor penetrante, consumirse por medio del fuego).3 Si se sigue entonces la etimología de la palabra –en contra de las etimologías forzadas de los manuales– “adolescente” no puede ser asociado a sufrimiento, sino a transformación y energía.

Otro caso de interpretación etimológica errónea que circula como verdadera, se evidencia en la derivación atribuida a “alumno”: del latín alumni. Interpretado como derivado de a-lumni: a- preposición separativa, lumni derivada de luz; de allí “alumno: sin luz”. El detalle es que en esta interpretación se mezclan las etimologías griega y

latina, ya que “a-“ significa “sin” en griego, no en latín, y que “alumno” deriva del

3

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término latino alo-alere: nutrir, alimentar. De allí que el alumno es “el nutrido, el que se

alimenta”.

Como estos casos evidencian, la “palabra propia” se inscribe en la red de palabras, de

significaciones, de modos instituidos de representación en el lenguaje en constante diálogo y discusión. Y, como toda representación instituida, siempre implica una

selección y una puesta en escena de aquello seleccionado y así representado a partir del todo. Por lo tanto se dice que "el mundo es mi representación", mas no me es propia en sentido estricto sino que lo es en tanto ingresa en el espacio cultural; es nuevo y a la vez es ya dicho.

II. Acerca de significar

¿Cuántas interpretaciones pueden atribuírseles a estos casos? ¿Qué posibilidades tiene alguna palabra de significar? Estas son preguntas aparentemente sinónimas. Y para explicitar el término “aparentemente”, desplegaremos en lo que sigue varias líneas de

lectura.

II.1. Significar/significado/sentido

Vamos por partes. Hasta aquí hemos utilizado en términos intuitivos y de sentido común vocablos tales como lenguaje, significado, interpretación. En este apartado nos ocuparemos de su conceptualización como paso previo a la explicitación de significar, más específicamente, de modos de significar.

II.1.1. Lenguaje

¿Qué se entiende por lenguaje? En términos intuitivos, para que un lenguaje tenga existencia se necesitan dos órdenes: un contenido y una expresión, o sea, un contenido significado y una materialidad asociada a él. Desde este punto de vista, nada significado existiría sin un soporte material.

Así, si se entiende “prohibido” en una señal de tránsito, se percibe un soporte material – el diseño de la barra transversal, de color rojo, en el interior de un círculo rojo– sin el cual resultaría imposible tal comprensión de “prohibido”. Si se entiende “enfermedad”

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al que se asocia “estudiante de artes”. Sin una materialidad no habría posibilidad de significar.

Ahora bien, si es condición de existencia de un lenguaje la coexistencia de contenido y expresión, ¿qué tipo de relación? Contenido y expresión se mantienen unidos ¿por alguna causa lógica o natural?, ¿por una razón convencional?

Resulta evidente por los casos presentados que no es una relación causal sino una relación convencional. ¿Cuál es la causa lógica o natural por la cual “tal corte de cabello” es asociado a “rebelión contra lo establecido”? Ninguna. Si la hubiera, por qué nos causa gracia, nos parece insólito o ingenuo, que en la década del ’60 los padres se

horrorizaran del largo de los cabellos de sus hijos (un largo que evaluado con los parámetros actuales es “corto”. No olvidemos que en la década del ’60, en Inglaterra o

EEUU se presentó en un titular de diario una foto de los Rollings Stones con una frase que decía “¿Dejarías a tu hija casarse con ellos?”; y que en oportunidad del cumpleaños

número sesenta de su voz principal, cuarenta años después, se editó una fotografía actualizada de los roqueros con la frase “¿Dejarías a tu abuela casarse con ellos?”). ¿Cuál es la causa lógica o natural por la cual a los sonidos “s-a-l-u-d” se les asocia el significado “salud”? Ninguna.

Entonces, un lenguaje está constituido por una expresión y un contenido asociados convencionalmente,4 inmotivadamente, arbitrariamente. Y si un lenguaje toma existencia, es porque significa. Y cuando el sujeto comprende un lenguaje –comprende en un lenguaje, interpreta un lenguaje, interpreta en un lenguaje– es pues que ha

reconocido su propiedad constitutiva, la propiedad de significar. Y es entonces que se produce un acontecimiento: acontece que “algo1” significa “algo2” para “alguien”.

En tal sentido, la propuesta de trabajo en este Cuaderno se organiza en torno de las preguntas acerca de significar, sus concepciones, su naturaleza y los modos correlativos en que el significar puede ser estudiado. Para ello, en este curso, focalizaremos el análisis del significar en el lenguaje verbal entendido como uno de los lenguajes posibles.5

4

“El lenguaje se compone de un contenido y una expresión. (…) No existe correspondencia paralela entre contenido y expresión”. Louis Hjelmslev, "Análisis estructural del lenguaje" (1948: 46).

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II.1.2. Simbolizar y significar

En la historia de las ideas lingüísticas emerge como una evidencia un giro conceptual: lo que se creyó propiedad constitutiva del lenguaje, su referencia a lo real, fue desplazándose hacia una concepción del lenguaje como un orden autónomo, con sus propias leyes. ¿Cuál es el nombre, cuál frase es la frase que remite directamente a cada momento, a cada instancia en la propia vida? (“me abandonó/nos dejamos/se fue”; “me retiro/me voy/huyo/me rajo”. “Colón descubrió/llegó a América”; “ataque de pánico/pico de stress/crisis de angustia”).

El lenguaje ofrece tal posibilidad: representar lo real, simbolizar lo real.

La facultad humana de simbolizar es “la facultad de representar lo real con un ‘signo’ y

de comprender el ‘signo’6 como representante de lo real; así, de establecer una relación

de ‘significación’ entre una cosa y algo otro”.7 Y es en tal sentido que “la lengua

re-produce la realidad. Esto hay que entenderlo de la manera más literal: la realidad es producida de nuevo por mediación del lenguaje”.8 Así, la cultura es definida como “un

conjunto muy complejo de representaciones, organizadas por un código de relaciones y valores: tradiciones, religión, leyes, política, ética, artes, todo aquello que, nazca donde nazca, impregnará al hombre en su conciencia más honda, y que dirigirá su comportamiento en todas las formas de su actividad“.9

II.1.3. Significado y Sentido

Podríamos partir –en términos intuitivos y a modo de ordenador– de la distinción entre “la palabra” considerada independientemente de su circulación, y “la palabra” en

circulación en el espacio social. Esta distinción permite organizar dos campos de análisis, y discriminar dos construcciones teóricas, dos constructos: la oración y el

enunciado (“los rebeldes van a parar a las categorías”).

La oración es un constructo teórico sin atribución de propiedad y sin anclaje en la contextura espacio-temporal. Es una combinatoria de términos “no dicha por nadie”,

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Ahora bien, para que “algo” sea signo deben darse ciertas condiciones de existencia: - el signo siempre significa (si no, es una “cosa”),

- el signo significa para una comunidad (por lo menos de dos integrantes, no es individual), -el signo significa en relación con otros signos (no significa aisladamente),

-el signo tiene un soporte significante (se requiere algún tipo de materialidad para asociar una idea, un significado, y así significar).

7

Benveniste (1989): 27.

8

Benveniste (1989): 26.

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“en ningún tiempo y ningún lugar”. El enunciado es un constructo teórico con atribución de propiedad y anclaje en la contextura espacio-temporal. Es una combinatoria de términos producida por “un sujeto en un tiempo y un espacio específicos”.

II.1.3.1. Dominios de análisis: Oración/enunciado. Este ordenador permite organizar dos campos:

a) “la palabra” considerada independientemente de su circulación (sin consideración de “quién habla”, “cuándo”, “dónde”, “cómo”), es decir, en tanto oración

como unidad gramatical.

b) “la palabra” en circulación en el espacio social (entre sujetos, en contextos

específicos), es decir, en tanto enunciado como unidad de la comunicación discursiva. Esta distinción de dominios de análisis no supone una gradación en complejidad (“el

estudio del enunciado no supera el estudio de la oración”) sino que supone dos abordajes diferenciados, ambos pertinentes para objetivos distintos, de los modos de significar.

II.1.3.2. Modos de significar: Se sostiene que la lengua tiene entonces dos modos de significar: el significado y el sentido. a) En el dominio oracional, “la palabra” es portadora de un único significado; b) en el dominio del enunciado, “la palabra” está

investida de sentidos dependientes del contexto espacio-temporal, las circunstancias enunciativas, la esfera de comunicación, la orientación hacia el interlocutor, y por tanto,

los sentidos son únicos cada vez, no repetibles en las sucesivas ocurrencias.

II.1.3.3. Operaciones de análisis: Establecidos los dos modos de significar (significado/sentido) y sus dominios (oración/enunciado), las operaciones de análisis a las que ellos se someten son de índole diversa: a) el reconocimiento de “lo mismo” opera en el dominio de la oración, y b) la comprensión de los sentidos cada vez únicos, en el dominio del enunciado.

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Así, el término “perra” tiene un significado en la oración “la perra de mi suegra”; “el mismo” que tiene en la oración “la perra tiene cuatro patas”. En tanto “perra” tiene un sentido único que se comprende en el enunciado “la perra de mi suegra” (un sentido

producido según quién habla, cuándo, dónde, a quién).

Entonces, cuando se abordan los modos de significar se asumen dos lógicas: la lógica de la identidad (que implica la repetición) y la lógica de la no-identidad (que no la implica). En tanto idéntico a sí mismo (“lo mismo”) el significado es repetible; en tanto

no-idéntico (“perra” nunca significa “perra”) el sentido no puede repetirse puesto que, en cuanto la palabra se dice otra vez, el sentido se produce cada vez como nuevo. Nunca es “lo mismo”; es repetición y diferencia.

III. Relación significado-significante y relación signo-cosa

Entonces, si se siguen los lineamientos hasta aquí presentados, las palabras ¿nombran las cosas del mundo?

Una respuesta posible a esta pregunta fue presentada a comienzos del SXX por Ferdinand de Saussure, quien planteó que no, que las palabras no designan entidades del mundo, y que, si así fuera, la relación entre las palabras y las cosas del mundo sería entendida como una nomenclatura, esto es, “una lista de términos que corresponden con otras tantas cosas. Por ejemplo:

: : árbol

Esta concepción de lengua como nomenclatura supone “ideas completamente hechas preexistentes a las palabras…; no nos dice si el nombre es de naturaleza vocal o

psíquica, pues árbol puede considerarse en uno u otro aspecto; por último supone que el vínculo que une un nombre a una cosa es una operación muy simple, lo cual está muy lejos de ser verdad”.10

10

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Si las palabras fueran los nombres de las cosas, las palabras serían semejantes a los códigos de un nomenclador. Pensemos, por caso, en el nomenclador de las obras sociales: cada número de la lista del nomenclador (el número de código) remite a una práctica clínica específica. Esto es, cada unidad de la lista del nomenclador entabla una relación biunívoca11 con una y sólo una práctica de la lista de prácticas ofrecidas por la obra social en cuestión. Lo mismo sucede en la ficha de un fichero de biblioteca (cada

ficha refiere a un libro en el estante), o en el número de legajo en la oficina de alumnado en una institución universitaria. Cada número de legajo remite a un individuo, un estudiante. Cada número de documento, remite a un individuo, un ciudadano. Estas son nomenclaturas. En el caso de la palabra, más específicamente, del signo lingüístico parece que no es así. ¿Cuál es el nombre (el único) en relación biunívoca con la cosa x

del mundo? Ante la evidencia de un “organismo biológico”, “un individuo de la especie humana”, “de sexo femenino que se ha reproducido”, ¿cuál es el nombre que la designa? ¿“Mamá”, “madre”, “progenitora”, “vieja”, “la [complétese aquí con alguna evaluación] de mi vieja”, “esa mujer”? ¿Es la misma x la designada en estos casos? Parece que la lista no tiene fin.

Y, a la vez, si las palabras designan “cosas del mundo”, ¿cómo es posible que se nombre en tiempo presente un individuo que ha muerto (“Aristóteles dice…”)? O, al

revés, ¿cómo es posible que se nombren, que el sujeto nombre, en pasado hechos presentes?

Los signos lingüísticos no entablan relaciones con las cosas del mundo, los signos lingüísticos significan desde el momento en que resultan de la asociación entre un

significado y un significante. “Lo que el signo lingüístico une no es una cosa y un

nombre sino un concepto y una imagen acústica. La imagen acústica no es el sonido material, cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da testimonio de nuestros sentidos; esa imagen es sensorial…”.12

El significado es el concepto o la idea que se tiene de la cosa, el significante es la representación psíquica de los sonidos. “El signo lingüístico es, pues, una entidad psíquica de dos caras”13

que

11

Esto es, una relación “uno a uno”, un número en el nomenclador refiere a una única práctica y, a la vez, cada práctica es designada por un único número del nomenclador.

12

“El carácter psíquico de nuestras imágenes acústicas aparece claramente cuando observamos nuestra lengua materna. Sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros mismos o recitarnos mentalmente un poema”. CLG: 92.

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puede representarse gráficamen del siguiente modo: sgdo. – sgte. El signo es una entidad psíquica constituida por el significado y el significante.

Ahora bien, ¿por qué se mantienen unidos?; ¿qué tipo de relación entablan significado y significante? Esta relación no tiene causa lógica ni natural, no tiene motivo. Es una relación inmotivada, esto es, arbitraria: ¿por qué el significado “perro” lleva asociado

el significante “perro”? Y a la vez ¿por qué el significante “perro” lleva asociado el significado “perro”? Por ningún motivo causal o natural. La institución de nuestra

lengua así lo establece. El signo es arbitrario.

Y es tan arbitraria la relación entre el significado y el significante como la relación entre el signo y la cosa por él designada (sea una cosa “del mundo” o “creada por el lenguaje”, cf. Apartado I, más arriba). Así, en el signo “perro” el significado “perro” está asociado arbitrariamente al significante “perro”; y el signo (la asociación sgdo.-sgte. como una totalidad) entabla también una relación arbitraria con la cosa que designa. Sigamos el mismo argumento: ¿qué hay en el perro como cosa del mundo para que se lo nombre con el signo “perro”? ¿Qué hay en el signo “perro” para que designe a tal objeto del mundo? Ninguna causa lógica ni natural. Es una cuestión institucional, arbitraria.

IV. ¿Quién habla cuando alguien habla? Un cierre provisorio

Después de haber recorrido los Apartados I-III, y desplegado los enunciados básicos:

- la simbolización es la representación de lo real por un signo y a la vez es la comprensión del signo como representante de lo real.

- la facultad humana de simbolizar es la que posibilita el significar.

- significar siempre implica dos órdenes, una materialidad y una idea asociadas. - para analizar el significar, una unidad propuesta es el signo.

- para el caso del signo lingüístico, a) está constituido por un significado asociado arbitrariamente a un significante; b) tiene dos modos de significar: el significado y el sentido.

- el significado sostiene la lógica de la identidad y la repetición. El sentido, no,

volvamos a la pregunta inicial ¿quién habla cuando alguien habla?

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La cátedra Lingüística y discursividad social sostiene un conjunto de supuestos a partir de los cuales se analiza la relación entre el lenguaje y el mundo a partir de los modos en que el mundo aparece por él mediado. Así, la relación entre el sujeto que habla y el mundo al que referencia se entiende como un orden de mediación, un orden en el que el mundo se vuelve a presentar.

La cuestión central en términos del objeto de este Cuaderno es introducir al estudio de

esas representaciones producidas en un momento y un lugar específicos y que, en la cultura, coexisten, se superponen, se enfrentan, dialogan. Tales representaciones, modos verbales en los que aparece el mundo, son instituidas en el orden del lenguaje y, por lo tanto, cuando alguien habla, escribe, publica, traduce, analiza, interpreta, cualquiera sea la esfera en que lo hace (pública, privada, profesional, académica, científica, artística), se sostiene que lo que ese sujeto hace puede ser analizado a partir de dos órdenes de mediación: una primera mediación, en que los términos utilizados tienen un significado fijado por la lengua de la comunidad, esto es, en términos idénticos. Y otra mediación, por la que los términos significan en su diferencia, la que los hace puntuales, históricos.

Así, lo que se interpreta es, por una parte, el habla de un sujeto individual (la palabra propia), y a la vez las significaciones de esa palabra en una red cultural de significaciones que en el lenguaje circulan en el momento en que ese sujeto produce su palabra. Esas redes de significaciones genéricas son las que instituyen las representaciones del mundo, de modo que tales significaciones son instituciones. Y como representación instituida, siempre implica una selección y una puesta en escena de aquello seleccionado y así representado a partir del todo (“todo” no se puede nombrar, “todo” no se puede representar en el lenguaje). La propuesta se basa entonces

en comenzar a escuchar en cada voz la voz original y el conjunto de voces, de resonancias culturales, de representaciones en el lenguaje, para abordar una/la interpretación.

Lecturas complementarias

Barthes, R. Juguetes en Mitologías, México: S XXI, 1991.

Borges, J. L. El idioma analítico de John Wilkins en Otras inquisiciones (1952) [ediciones varias]

Borges, J. L. Tema del traidor y del héroe en Artificios (1944) [ediciones varias] Borges, J. L. Emma Zunz en El Aleph (1949) [ediciones varias]

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Referencias bibliográficas

Bajtin, M. El problema de los géneros discursivos en Estética de la creación verbal. México: SXXI. 1982.

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Diccionarios y textos de consulta

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