• No se han encontrado resultados

Nuevo orden geopolítico sudamericano

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Nuevo orden geopolítico sudamericano"

Copied!
15
0
0

Texto completo

(1)

El nuevo orden geopolítico sudamericano

y la posición internacional del Perú

(2)
(3)

en sudAméricA hA colApsAdo elviejo orden geopolítico, donde

Argentina se disputaba la hegemonía del continente con Brasil,

donde Chile era aliado del Ecuador y se autodefinía además como

«aliado» del Brasil (sin serlo) solo para preocupar a Argentina, donde el Perú y el Ecuador eran «enemigos», y nuestro país creía –candorosamente– que Argentina era su «aliada» frente a Chile. Este viejo orden geopolítico está siendo reemplazado por uno nuevo, donde Brasil surge como la potencia hegemónica sin rival en Sudamérica, donde el Ecuador ya no considera que sus intereses nacionales son contradictorios con los del Perú y por lo que es cada vez menos aliado de Chile, que se encuentra, después de perder en La Haya, enfrentando otra demanda de Bolivia en ese mismo tribunal.

Nunca, como ahora, se está presentado un panorama geopo-lítico tan favorable para el Perú, puesto que nuestra frontera más extensa es con el Brasil, la potencia hegemónica de Sudamérica y la que tal vez sea, algún día, una nueva potencia mundial. Si

el Perú repotencia el acuerdo de alianza estratégica firmado con

(4)

con Chile que cambie la actual relación asimétrica económica y militar que hoy mantiene.

No obstante, este panorama geopolítico favorable, el gobierno de Ollanta Humala no tiene un plan estratégico donde se describa con precisión nuestros intereses nacionales, con las acciones de política exterior que hay que implementar para promoverlos, al igual que las medidas alternativas, en caso de que algunas de estas acciones no funcionen.

Sin estrategia ante al nuevo orden sudamericano emergente, se puede decir que el Perú practica hoy en la región una diplomacia sin política exterior, en donde cada embajada peruana cumple con la rutina diaria diplomática que surge de sus contactos con el gobierno ante el cual está acreditada, sin guiarse por una estrategia sudamericana.

Esta ausencia de un plan estratégico sobre el nuevo poder sudamericano emergente se nota no solamente por la falta de iniciativas diplomáticas del Perú, sino también en los discursos y declaraciones de Humala sobre Sudamérica, los que están llenos de

frases emotivas y hasta cantinflescas, huecas de visión estratégica,

que no dicen nada, como por ejemplo:

«Somos un gobierno integracionista y estamos convencidos de que América Latina, y en particular América del Sur, tienen hoy una responsabilidad histórica que no podemos desaprovechar. Solos podemos avanzar más rápido, pero juntos podemos avanzar mejor y más lejos»1.

En estos tres años de gobierno de Humala la «política

exterior» casi no existe. Lo que existe es firmar Tratados de Libre

Comercio (TLC) con todo el mundo. Por estas razones los analistas internacionales (en particular The Economist) lo ven como un converso al neoliberalismo, que establece TLC a diestra y siniestra.

1 Mensaje a la nación del señor presidente Ollanta Humala con motivo del 191°

(5)

83

La verdad es que esta moda de los TLC viene desde el segundo gobierno de Alan García y Humala la ha continuado debido a una percepción puramente ideológica que se ha incrustado en el pensamiento tecnócrata peruano, que cree que estos instrumentos van a mantener la economía del Perú creciendo cuando no hay ninguna prueba de que el libre comercio per se origine prosperidad. Solo hay que ver como está México después de muchos años de

haber firmado el Tratado de Libre Comercio de América del Norte

(NAFTA). De igual modo, también hay que echarle un ojo a la torre de Babel, llena de austeridad y desempleo, que es hoy la Unión Europea, después de la grandiosa liberación del comercio entre sus miembros, y que decir de los Estados Unidos, gran promotor del libre comercio, hoy atorado de mercancía China, con un enorme

déficit comercial y lleno de desempleo.

El libre comercio no crea automáticamente prosperidad, eso depende de los productos involucrados y de los precios de los mismos. Si el intercambio que se realiza dentro de un TLC es exportar materias primas con precios que bajan e importar una creciente gran variedad de manufacturas con alto contenido tecnológico, como es el caso del intercambio del Perú en sus TLC con países industrializados, el resultado, al cabo de un tiempo, será el desequilibrio comercial. Y es por esto que desde hace tres

años ya tenemos un déficit de la balanza comercial que, según los

expertos, seguirá aumentando en el futuro.

En América Latina se han glorificado siempre los nuevos

sistemas de integración que, luego de un tiempo, por producir resultados por debajo de las expectativas, se paralizan. Hasta ahora la integración no ha funcionado bien en la región. ¿Por qué se cree entonces que el sistema de libre comercio de la Alianza

del Pacífico va a ser inmune a esta realidad? Creerlo, frente a

la experiencia histórica, es pura ideología. Solo el tiempo dirá si

la Alianza del Pacífico podrá sobrevivir el capitalismo del siglo

(6)

prosperidad. El capitalismo actual crea más bien abismo social y recalentamiento global.

Recientemente el nuevo gobierno de Chile ha criticado la

«politización» de la Alianza del Pacífico, es decir, el uso de ella

para criticar los otros sistemas de integración sudamericanos. Con motivo de una reunión de los empresarios del Foro de Cooperación

Económica Asia - Pacífico (APEC) en Santiago, donde participaron

por primera vez los cancilleres de Brasil y de Argentina, invitados por Chile, el nuevo canciller chileno, Heraldo Muñoz, dijo que Sudamérica no se puede dividir y que Chile desarrollará en Sudamérica una política de «puente» entre los sistema de

integración sudamericanos del Pacífico y el Atlántico.

La razón de esta nueva política chilena en Sudamérica se debe a que el nuevo gobierno de Michelle Bachelet es muy consciente de

que Chile, ensimismado en su eficiencia económica, en la solidez

de sus instituciones y en su pertenencia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se creía a un pasito del desarrollo, sintiéndose así diferente a toda la América Latina. En base a ello, no le preocupaban mucho sus relaciones con su entorno sudamericano, convirtiéndose así en un Estado solitario, armado hasta los dientes, que se sentía rodeado de

vecinos corruptos e ineficientes. Chile se convirtió de esta manera

en un país lejano de Latinoamérica, en una suerte de Israel, pero sin enemigos reales. Sin embargo, la protesta de los estudiantes, manifestación de la gran desigualdad social de Chile (una de las más grandes del mundo), unida a la demanda del Perú (donde «perdió» una parte de soberanía marítima) y ahora la demanda de Bolivia, han hecho que Chile regrese a Sudamérica. Bachelet quiere salir de esta situación convirtiendo a Chile en un país preocupado por la unidad sudamericana, en un «país puente» entre Brasil y Argentina y entre los sistemas de integración sudamericanos: La

(7)

85

Al parecer la cancillería peruana y Humala no se han dado cuenta y creen, como muchos peruanos y también muchos chilenos, que después de La Haya todos los intereses peruanos y chilenos son coincidentes, cuando esto no es así, pues, tal como

se ha mencionado, para Chile la Alianza del Pacífico lógicamente

vale si le sirve para consolidar su actual hegemonía económica

en el Pacífico sudamericano y también para mejorar su relación

estratégica con el Brasil. En otras palabras, Chile quiere lo mismo que quiere el Perú.

Sin duda, después de los positivos resultados de La Haya, debemos construir una nueva relación con Chile, pero basada en «ventajas mutuas» y no solo de provecho para uno. Para hacerlo debemos estar conscientes de dos cosas. Primero, que la reciente pretensión chilena de querer ser un «país puente» con el Brasil puede diluir la relevancia de nuestra alianza estratégica con este.

Segundo, que una nueva relación con Chile significa cambiar la

asimetría actual de las relaciones chilenas - peruanas, que son casi similares a una relación Norte - Sur, algo así como la que tiene Estados Unidos con México, donde Chile pone el capital y el Perú pone los trabajadores, y donde además persiste un desequilibrio militar. Sobre este último punto, cabe mencionar que no le debemos «echar la culpa» a Chile sobre su superioridad porque la verdad es que como Estado - Nación nuestro vecino del sur ha sido mucho

más eficiente que el Perú para crear prosperidad y seguridad

nacional. Nos toca ahora a nosotros cambiar esta asimetría, sin

complejos ni rencores, sino con eficiencia y realismo.

Asimetrías entre el Pac

í

fico y el Atlántico (Brasil)

Lo más preocupante del minimalismo de la política exterior de Humala frente al nuevo orden geopolítico sudamericano es la

innecesaria preferencia de la Alianza del Pacífico sobre la alianza

(8)

pues ambas alianzas son igual de importantes para nuestros intereses, por lo que deben desarrollarse simultáneamente, para así lograr que el Perú gane poder en el continente siendo un pívot

estratégico entre el Pacífico y Brasil.

Este gobierno no entiende que la Alianza del Pacífico es solo

un tratado multilateral de comercio que no tiene la proyección geopolítica de una alianza estratégica bilateral exclusiva entre el Perú y Brasil. No comprende tampoco que la Alianza del Pacífico hay que manejarla con cuidado porque al final sus países integrantes, entre ellos el Perú, van a ser parte de un gran tratado económico y comercial llamado Acuerdo de Asociación

Transpacífico (negociado en secreto) y que, como dice Joseph

Stiglitz, tiene el propósito darle ventajas comerciales y de propiedad intelectual a las corporaciones norteamericanas. Se debe tomar

en cuenta, además, que el Acuerdo de Asociación Transpacífico

tiene una clara carga geopolítica porque excluye a China, siendo obvio que este es uno de los instrumentos de los Estados Unidos y sus aliados (Japón, Australia, Nueva Zelandia y Vietnam) para contener cualquier pretensión hegemónica de China en la región

Asia - Pacífico.

La Alianza del Pacífico y la alianza estratégica con el Brasil

no son incompatibles para los intereses nacionales del Perú, por lo que no deben tratarse por separado, sino de manera coordinada y simultánea, dentro de un plan estratégico sudamericano, frente al nuevo orden geopolítico emergente en la región.

La estrategia del Perú debe consistir en participar con interés

en la Alianza del Pacífico, primero, porque el Perú no puede

estar ausente de ningún proyecto económico o geopolítico en el

Pacífico y, segundo, porque Chile quiere lógicamente reforzar su

(9)

87

alianza estratégica con Brasil es repotenciándolo lo más rápido posible, introduciéndole componentes estratégicos importantes (como sería hacer efectivo el acuerdo para controlar y vigilar la Amazonia) y, además, introduciendo un nuevo tema, indispensable en toda alianza estratégica, como es la cooperación militar entre el Perú y Brasil.

Sin embargo, al hacer esta repotenciación hay que estar consciente que convencer al Brasil de comerciar a través del

Perú, o a través de empresas mixtas por el Pacífico peruano, no

será fácil pues las clases dirigentes del Brasil, cualquiera que sea su tendencia, no tienen una visión estratégica de la proyección bioceánica de su país desde su hinterland amazónico hacia el

Pacífico. Como dice el internacionalista peruano, Enrique Amayo Zevallos, para las élites brasileras el Pacífico no está después del

Amazonas, sino en «California, en el Japón, en la China, en los tigres asiáticos», a pesar de que a comienzos del siglo XX uno de los más lúcidos pensadores brasileños, Euclides da Cunha, había

escrito un importante ensayo sobre la importancia del Pacífico para el Brasil llamado «Primacía del Pacífico».

La verdad es que el Brasil no tiene todavía, como potencia emergente, una visión bioceánica, lo que lo diferencia claramente de los Estados Unidos cuando era una potencia emergente allá por el siglo XIX. La elite política estadounidense, al contrario de la brasileña, sentía que tenía un «destino manifiesto», quería ser una gran potencia mundial y sabía que para ello había que ser un país bioceánico, dominar los océanos, to rule the waves, como su rival y madre patria, el Imperio británico. Y por ello se lanzó sobre México y lo despojó de California. Estados Unidos fue desde su comienzo un Estado republicano

Tiranosaurio Rex, mientras que Brasil fue desde su comienzo un imperio conservador sin muchas ambiciones, una suerte de gran

(10)

su Amazonia, sin «destino manifiesto» bioceánico. Si lo hubiera

tenido yo estaría tal vez escribiendo ahora en portugués.

Por todo esto, convencer al Brasil de que sus intereses estratégicos deberían apuntar a ser un país con proyección

bioceánica, conectándose comercialmente con el Pacífico a través

del Perú, por ser su frontera amazónica más cercana a este océano, va a tomar tiempo y paciencia. No por ello el Perú debe abandonar la alianza estratégica que tiene con el Brasil, porque ser aliado de la potencia hegemónica de Sudamérica y ser así un pívot estratégico

entre el Pacífico y el Atlántico, nos llevaría a fortalecer e impulsar

nuestros intereses en la región y el mundo.

Para repotenciar muestra alianza estratégica con el Brasil debemos ir más allá de la integración física, fronteriza, el comercio y la administración hídrica, introduciendo en nuestro acuerdo un importante componente de seguridad y de cooperación militar.

En el campo de la seguridad, se firmó hace años el acuerdo

SIVAM - SIPAN de vigilancia y control de la Amazonia. Este acuerdo es hoy tal vez el único ingrediente estratégico que tiene nuestra alianza con el Brasil. Lo menos que pueden hacer los dos países que tienen los mayores territorios amazónicos es poder vigilarlos electrónicamente y tener así el control sobre ellos para proteger su

ecología y luchar contra el narcotráfico, y eventualmente impedir

que grupos narcosubversivos se desparramen por la Amazonia. Sin embargo, este acuerdo SIVAM - SIPAN no funciona, al parecer, por falta de tecnología de parte del Perú.

Otro elemento indispensable para una verdadera alianza estratégica, y que debe ser introducida en nuestra alianza con el Brasil, es el componente militar. Todas las alianzas de este tipo en el mundo cuentan con este tipo de interacción.

Dicho componente podría comenzar haciendo que las Marinas del Perú y del Brasil efectúen maniobras conjuntas anuales en el

Pacífico. También se podría hacer lo mismo entre las Fuerzas Áreas

(11)

89

la posibilidad de constituir joint ventures para la fabricación de armamento en el país. Si bien el gobierno de Humala ha preferido hacer esto con Corea del Sur, habría que dejar espacio para tener una cooperación similar con la Marina del Brasil, en los Servicios Industriales de la Marina (SIMA), y crear joint ventures entre los dos ejércitos.

Para fortalecer la alianza con el Brasil hay que llevar a cabo también la propuesta de los fosfatos del norte peruano y culminar la ejecución de la carretera bioceánica terminando el tramo amazónico y el interoceánico.

Si en los dos años que faltan para que finalice el gobierno de

Humala este se atreve a fortalecer la alianza estratégica con el Brasil con los componentes de seguridad y cooperación militar, lograría que el Perú se convierta en verdadero aliado del «hegemón sudamericano», logrando así que el país gane una importante «renta estratégica» que acrecentará nuestro poder en el nuevo orden sudamericano.

Por otro lado, este gobierno también ha sido criticado por su gradual desinterés por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Si bien esto es verdad, también es cierto que la UNASUR es hoy una organización que actúa por debajo de las expectativas que tuvieron sus fundadores. La verdad es que UNASUR está en crisis. El único de sus consejos institucionales que funciona es su Consejo de Defensa, aunque lo hace en temas muy generales a través de debates grandilocuentes. Un ejemplo claro de esta situación es el tema de la limitación del gasto militar, que es actualmente letra muerta, pues hoy en día existe una carrera armamentista en Sudamérica destinada a proveerse de armas de última generación en la que están metidos, incluso, los más importantes países de la UNASUR.

(12)

puede quedarse inerme en medio de una carrera armamentista, sobre todo en un mundo en donde reina una gran anarquía «apolar», donde no hay sheriff, donde ninguna gran potencia puede poner orden y donde el uso de la fuerza está en aumento.

En todo caso, si se cree que vale la pena fortalecer eficazmente

la UNASUR, la iniciativa debe venir del Brasil, el creador de la criatura, porque sin él no se podrá hacer nada en el ámbito de la defensa y la limitación de armamento en Sudamérica.

La Convención del Mar: s

í

, pero no

Otro hecho internacional que ha ocupado bastante la atención del gobierno ha sido el proceso de La Haya. El gobierno de Humala heredó, como resultado de una estrategia construida de pies a cabeza por el canciller Manuel Rodríguez durante el gobierno de Toledo, un juicio con Chile en La Haya. La demanda para hacer el proceso efectivo se hizo durante el gobierno de García solo debido a la presión de la opinión pública nacional, ya que el presidente aprista no estaba convencido de que deberíamos enjuiciar a Chile (su famosa frase: «y si Chile se molesta», ha quedado como una anécdota histórica que no se olvidará fácilmente).

(13)

91

Sin embargo, y sin quererlo, el juicio en La Haya obligó a Humala a cambiar la posición del Perú frente a la Convención del Mar para lograr así un fallo que, como dijo el presidente de la corte de La Haya, «que no amputa excesivamente las pretensiones de Chile ni a las del Perú». Esto quiere decir que se les daba a

ambos países beneficios tangibles: a Chile el dominio que ya ejercía

«tácitamente» en el paralelo, hasta 80 millas (un área biológica rica), y al Perú, gracias a lo establecido en la Convención del Mar, una línea equidistante que le otorga una extensa zona marítima a

explotar, para su exclusivo beneficio, de 50 mil km2.

Así, a pesar de que el fallo de la corte de La Haya no le dio la razón al principal argumento del Perú, de que no existía frontera marítima con Chile, el derecho internacional de la Convención del Mar, invocado en el fallo, nos salvó de una derrota jurídica total, aplicando una línea equidistante después de la milla 80 del paralelo. La ironía de esta sentencia es que la inmensa área concedida al Perú, que se une a las 200 millas peruanas del Mar de Grau, se ha

logrado porque el Perú hizo una declaración ante la corte afirmando

que el término «dominio marítimo», usado en su Constitución, «es aplicado de manera consistente con las zonas marítimas establecidas en la Convención del Mar de 1982». Es decir, el Perú aceptó ante la corte una zona de mar territorial de solo 12 millas y una zona exclusiva económica de 188 millas donde se respeta la libre navegación. En vista de esta declaración la corte de La Haya procedió en su sentencia, también de acuerdo al artículo 74, párrafo 1, y 83 de la Convención del Mar, a trazar una línea equidistante a partir de la milla 80 del paralelo, dándole al Perú una extensa área de mar que estaba bajo el dominio marítimo de Chile.

(14)

frente al derecho internacional marítimo moderno establecido en la Convención del Mar.

Es más, en la reunión de Santiago 2+2, el Perú ratificó lo

declarado en La Haya y acordó con Chile que «ejercería sus derechos y sus obligaciones en toda la zona marítima ganada en forma consistente con el derecho internacional tal como se

encuentra en la Convención de 1982» (se refiere a la Convención del Mar). En otras palabras, esto significa que con respecto a Chile

y terceros países, el Perú respetará la libertad de navegación y de sobrevuelo sobre su zona económica exclusiva.

Esta es la lección que nos ha dado el fallo de La Haya sobre el valor que tiene el moderno derecho internacional marítimo contenido en la Convención del Mar.

Si bien el gobierno de Humala precisó que «no van a adherir a la Convención (del Mar)», ha declarado solemnemente, ante la Corte de Justicia de La Haya y en la Declaración de Santiago 2+2, que sus deberes y obligaciones marítimas en el Mar de Grau son consistentes con el derecho internacional vigente establecido en la Convención del Mar de 1982.

Después de estos repetidos compromisos de aplicar el derecho internacional moderno en el Mar de Grau y de aceptar un fallo donde los jueces le dieron al Perú un extenso espacio marítimo,

en base a la práctica jurídica de la Convención del Mar, firmar

la convención de 1982 en el futuro será para el Perú solo una formalidad. Y está bien que así lo sea porque ya es tiempo de que el Perú se una a los 166 países (incluyendo todos nuestros vecinos, Colombia, Ecuador y Chile) que se rigen por el derecho marítimo moderno de la Convención del Mar, dejando de ser el único país latinoamericano que, junto con Venezuela, forman un solitario binomio rebelde incomprensible frente a una convención con valor jurídico universal.

(15)

93

integración americana y sudamericana sin ningún plan estratégico para aprovechar el actual reacomodo geopolítico sudamericano que nos favorece. De igual modo, el gobierno se caracteriza por cometer un gran error geopolítico al involucrase y dedicarse más

a la Alianza del Pacífico sin, al mismo tiempo, repotenciar nuestra

alianza estratégica bilateral con el Brasil. Finalmente, nuestra actual

política exterior sobresale también por contradecirse al no firmar

Referencias

Documento similar

La intervención militar rusa en Siria ha sido clave para cambiar el signo de la guerra, poniendo al Daesh a las fuerzas opositoras al régimen en la senda de la derrota militar y,

ni6cación sanitaria y en la creación de instituciones sanitarias. 69) Los países en desarrollo adoptaran políticas coherentes con sus programas agrícolas y

De este modo se constituye un espacio ontológico y epistemológico a la vez, en el que cada elemento (cada principio) ocupa un lugar determinado en la totalidad, y desde ahí está

Museo Regional Arqueológico de Huichapan y Sala Histórica Museo de la Cultura Hñähñu Museo de Sitio Mina de Acosta Convento de San Nicolás Tolentino Santuario de Mapethé. Convento

Cambiar la mentalidad de las personas marcadas por hábitos arraigados en el fondo de su personalidad, no es fácil.El nuevo orden tecnológico ha producido un nuevo rumbo en el

Aunque para muchos profesores y profesoras la causa de esos cambios es la propia Reforma educativa, su verdadero origen debemos buscarlo en los cambios sociales y culturales vividos

El hecho de que, después de decenios de examen en la Comisión de Derecho In- ternacional, se trate de poner en vía muerta el proyecto de artículos sobre res- ponsabilidad del Estado

Parte de en una visión de futuro multipolar pretendiendo vencer al liberalismo para lo que hay que volver a los principios eternos de la tradición, pero no la tradición entendida