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En abril de 2015, los latinos en los Estados

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¿Qué significan

los latinos

en los Estados Unidos?

Carlos Heredia Zubieta

Profesor Asociado. Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), México.

Estamos pasando de grandes números (de población) a tener un poquito de poder. Esto es nuevo.

Jorge Ramos, periodista y escritor.

E

n abril de 2015, los latinos en los Estados Unidos son 57 millones de los 321 millones de habitantes, o sea, 18% de la población total del país. Su peso demográfico casi se ha cuadruplicado desde 1970, cuando representaban 4,5%; en 2060 serán 29% —119 millones de 417 millones— y pocos años después sobrepasarán un tercio del total de habitantes en esa nación (U.S. Census Bureau, 2014).

En menos de un siglo, los hispanos habrán pasado de ser uno de cada veinticinco habitantes de los Estados Unidos, a uno de cada tres. El país habrá transitado de ser mayoritaria y abrumadoramente blanco, a una nación en la cual la suma de la población latina, afroamericana y asiática, excederá a su población blanca. Esta transformación étnico-demográfico-electoral no tiene precedentes. En 1980, 80% de la población estadounidense era blanca; hoy, ese porcentaje ha caído a 63%, y en 2060 será inferior a 44% (Teixeira et al., 2015).

La transición demográfica de los asiáticos será también muy significativa: luego de haber sido 2% de la población en 1980, serán 15% en 2060. El porcentaje de afroamericanos, en cambio, permanecerá estable (13%) a lo largo del período referido.

Una versión abreviada de este artículo será publicada por el CIDE y el Center for American Progress (CAP).

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Este cambio de raíz se reflejará también en la composición demográfica de los estados de la Unión. Hoy hay dos estados donde el número de habitantes hispanos o latinos es superior a la población blanca: California y Nuevo México. Actualmente, en Arizona, Colorado, Florida, Illinois, Nevada, Nueva Jersey, Nueva York y Texas, el porcentaje de población latina es superior al promedio nacional de 18% del total.

Los latinos son el grupo étnico y demográfico más joven de la población estadounidense: su edad promedio es de 27 años, comparada con 42 para los blancos no hispanos y 32 para los no hispanos en general. Su incremento se debe fundamentalmente a su crecimiento natural, y ya no tanto a la inmigración.

Para efectos de este análisis, la definición de hispanos o latinos incluye a las personas de origen cubano, mexicano, puertorriqueño, centroamericano, sudamericano o español, independientemente de su raza o situación migratoria, que viven en los Estados Unidos. Hispano o latino son categorías censales que no corresponden a una raza; así, hay latinos de todas

las razas, como puede apreciarse en la Tabla 1. Puerto Rico), y en otros siete estados: Connecticut, Hawaii, Massachusetts, Nueva Hampshire, Nueva Jersey, Nueva York y Pennsylvania. Finalmente, los salvadoreños son los más numerosos en el Distrito de Columbia.

En 2012 la población de origen mexicano alcanzaba 33,7 millones, equivalente a 11% ciento de la población total de los Estados Unidos. De ellos, 11,4 millones eran nacidos en México (casi 10% de la población total del país azteca). Los inmigrantes mexicanos representaban entonces 29% de la población inmigrante estadounidense, que ascendía a 40 millones. Entre 1980 y 2000, la inmigración era la principal causa del crecimiento de esa población en los Estados Unidos; pero a partir del siglo xxi, los nacimientos han sido el factor principal (U.S. Census Bureau, 2012).

Con respecto al estatus migratorio de los mexicanos en los Estados Unidos, 51% de los 11,4 millones son indocumentados, 33% son residentes permanentes y 16% se han naturalizado como ciudadanos (González-Barrera y López, 2013).

Distribución geográfica y preferencias

electorales

California, Texas y Florida concentran 55% del total de la población latina. El mapa demográfico concuerda con el electoral, dado que estos estados son los tres de mayor peso en el colegio, con 55, 38 y 29 votos respectivamente, es decir, casi la cuarta parte de los 538 votos que deciden la elección presidencial.

En la elección presidencial de 2012 se registró una participación de 12,2 millones de votantes latinos; Tabla 1

Tabla 2

En lo que respecta a su país de origen, los principales grupos de población latina se muestran en la Tabla 2.

Históricamente, los mexicanos han representado cerca de dos tercios de la población latina del país. En 40 de los 50 estados de la Unión son el grupo latino mayoritario; en Florida, los cubanos; y en Rhode Island, los dominicanos. Los puertorriqueños son, obviamente, mayoría en su tierra (el Estado Libre Asociado de

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sin embargo, existe todavía una brecha muy significativa entre su peso demográfico (18% de la población total), y su peso electoral efectivo (10%). Ese porcentaje resulta extremadamente bajo, considerando que 2,5 millones de electores latinos estaban registrados para votar, pero se abstuvieron de hacerlo en 2012. Otros 8,6 millones son elegibles y podrían ir a las urnas (tienen 18 años de edad o más, y son ciudadanos), pero no están registrados para tal efecto. La suma de estas dos cifras arroja 11,1 millones de potenciales electores que por omisión o abstención no se ven reflejados en el peso electoral de los latinos.

Solo 43% de los latinos es elegible para votar, en contraste con 76% de blancos, 67% de afroamericanos, y 53% de asiáticos. Ello se explica parcialmente por el hecho de que los menores de 18 años representan un porcentaje mayor que en otras poblaciones. Sin embargo, también hay mucho trabajo por hacer para educar a la población respecto a que su capacidad de ser tomada en cuenta por los gobernantes y de incidir crecerá en función de su mayor tasa de registro y de participación electoral (López, 2011).

La participación electoral latina no es homogénea entre todos los grupos allí representados; mientras la concurrencia a las urnas de los ciudadanos de origen cubano alcanza 49% del total, la de los puertorriqueños llega apenas a 30% y la de los mexicanos solo a 29%.

Más de la mitad de los electores latinos viven en cuatro estados cuya preferencia partidista está cuasi-decidida antes de que la elección tenga lugar: California, Nueva York e Illinois son estados «azules» que votan sistemáticamente por los candidatos presidenciales demócratas; mientras que Texas, un estado «rojo», suele optar por los republicanos —la última vez que votó por un demócrata fue por un sureño, el georgiano Jimmy Carter, en 1976. En 2014, la población latina de ese estado era 38,2% del total, por debajo del 44,4% de la blanca; y es previsible que en 2019, la sobrepase (López, 2014).

Sin embargo, a contrapelo de las predicciones que sostienen que Texas se volverá muy pronto un «estado púrpura» —es decir, con alternancia entre republicanos y demócratas—, los resultados de la elección para gobernador del 4 de noviembre de 2014 arrojaron una contundente victoria para el republicano Greg Abbot, quien venció a su oponente demócrata, Wendy Davis, por 21 puntos, y recibió 44% del voto latino, y 50% de entre los hombres. En una entrevista publicada en el diario The Dallas Morning News se sostiene que los electores latinos registraron una alta abstención porque sus temas prioritarios no fueron abordados en la campaña de la candidata demócrata, y también porque el número récord de deportaciones por parte del presidente Barack Obama los descorazonó (Parker, 2014).

Esta subrepresentación en las urnas resta fuerza a los argumentos de quienes sostienen que los latinos ya están en condiciones de decidir el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses en el futuro. Los números no alcanzan para sustentar dicha afirmación. El voto hispano, por sí mismo, no puede determinar la elección presidencial. En todo caso, lo que se desprende de las estadísticas demográficas y electorales es que ningún candidato presidencial, demócrata o republicano, puede ganar sin al menos 33% del apoyo latino. El presidente Obama obtuvo 72% en 2012, mientras que su opositor republicano, Mitt Romney, solo alcanzó 27%. El presidente republicano con mayor apoyo latino en elecciones recientes fue George W. Bush, quien se acercó a 40% cuando ganó en 2004.

La población mexicana o de ese origen se encuentra en los 50 estados de la Unión, y en cada uno de ellos existe una cifra de al menos diez mil. La gran mayoría pertenece a ligas deportivas, asociaciones culturales o religiosas. El Programa de Atención a las Comunidades Mexicanas en el Exterior nació en 1990 y con el tiempo desembocó en lo que hoy es el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME); este, a su vez, creó un Consejo Consultivo, integrado por una red nacional de alrededor de 130 dirigentes mexicanos en los Estados Unidos y Canadá, quienes con frecuencia son ciudadanos binacionales que buscan tener impacto en la política de los dos países.

De acuerdo con cifras del IME, los mexicanos en los Estados Unidos han organizado alrededor de 1560 clubes de oriundos y organizaciones comunitarias en ese país; es un movimiento que tiene gran variedad organizativa, liderazgos múltiples y vínculos diversos con migrantes y comunidades de otros países latinoamericanos. Los clubes de oriundos promueven obras materiales apoyadas por los niveles de gobierno federal, estatal y municipal, a través del programa de cofinanciamiento 3 por 1 —construcción de caminos y puentes, pozos de agua, restauración de iglesias, introducción de agua potable—, así como actividades culturales y el espíritu de solidaridad en sus comunidades de origen, que les permiten a los migrantes sostener vínculos con familiares y amigos. La membresía en los clubes de oriundos representa para los migrantes una identidad transnacional arraigada tanto en el país de origen como en el adoptivo.

Sin embargo, entre las diásporas latinoamericanas, solo 9%, aproximadamente, de quienes envían remesas a sus comunidades de origen pertenecen a algún club de oriundos, y en México son únicamente 4%.

El origen nacional o la etnicidad común no son garantía de una homogeneidad en las preferencias políticas, como se verá en la siguiente sección. Las comunidades mexicanas y méxicoamericanas en los

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Estados Unidos no son uniformes; están atravesadas por la diversidad étnica y la pluralidad política.

La agenda política

Los latinos suelen otorgar prioridad a los mismos temas que el resto del electorado: oportunidades en la economía, el empleo, la educación y la salud. El tema que los distingue de otros segmentos del electorado es la política migratoria.

El 27 de junio de 2013, el Senado con mayoría demócrata aprobó la Iniciativa para la Seguridad Fronteriza, las Oportunidades Económicas y la Modernización de la Inmigración, presentada por el senador de Nueva York, Charles Schummer, en el marco de lo que se conoce como una reforma migratoria integral. Sin embargo, esta iniciativa fue obstaculizada en la Cámara de Representantes, que entonces (como hoy en el 114º Congreso) estaba dominada por el Partido Republicano.

En los congresos 113 y 114, los republicanos han obstaculizado cualquier cosa que apunte a una reforma migratoria integral. Aun cuando su candidato Mitt Romney pagó un alto precio por sugerir que los inmigrantes indocumentados siguieran el camino de la «autodeportación», los republicanos no han corregido el rumbo y siguen poniendo barreras a cualquier legislación que busque la regularización de los indocumentados. El 20 de noviembre de 2014, el presidente Barack Obama, tras la contundente derrota demócrata en las elecciones de dos semanas antes, anunció un conjunto de órdenes ejecutivas y medidas administrativas para dar alivio a los inmigrantes indocumentados, que en su mayoría son de origen latinoamericano. Desde entonces, esas medidas han estado bajo fuego republicano; en abril de 2015, es aún incierta la suerte que correrán los indocumentados que han optado por acogerse a ellas.

Un grupo clave que se ha organizado de manera muy dinámica son los llamados dreamers, nacidos fuera de los Estados Unidos, cuyos padres los introdujeron a territorio estadounidense como bebés o muy pequeños, y que crecieron y realizaron estudios superiores en ese país. Cerca de dos millones de ellos están buscando beneficiarse de las medidas administrativas del presidente Obama, aunque uno de cada diez ha sido deportado a México.

Si bien la migración es competencia del ámbito federal, las asambleas y legislaturas estaduales legislan y ejercen sus facultades para regular y expedir normas de aplicación en materia de acceso a la educación, salud, vivienda, y otros ámbitos cruciales para la vida cotidiana de los migrantes mexicanos. Por ello, junto con la presencia e incidencia en Washington, DC, una

operación de defensa de los derechos de los trabajadores de origen latino debe hacerse oír de manera inteligente en Sacramento (California), Austin (Texas), Springfield (Illinois), Albany (Nueva York), y en otras capitales de estados estratégicos para los inmigrantes y trabajadores migrantes.

¿Quiénes son los aliados de los latinos en los Estados Unidos? En principio, otros migrantes y las comunidades mexicanoamericanas; los alcaldes, los gobernadores, y algunos organismos de la sociedad civil; algunos legisladores estaduales y federales, y también sus empleadores.

Los migrantes tendrán la capacidad de influir en la agenda estadounidense en tanto ellos mismos hagan valer su peso demográfico y electoral a nivel territorial, y establezcan alianzas exitosas con otros votantes.

Entre las organizaciones más reconocidas que realizan una labor sistemática en favor de los intereses de los estadounidenses de origen mexicano y/o latino se encuentran:

Labor Council for Latin American Advancement •

(LCLAA; Consejo Laboral para el Progreso Latino): Agrupa a 1,7 millones de trabajadores de origen latino en los Estados Unidos y Puerto Rico. Pertenece a la central sindical AFL-CIO. Fundado en 1972, se propone empoderar a las comunidades latinas, apoyar los esfuerzos por alcanzar la justicia económica y social para todos los trabajadores, y promover una mayor diversidad cultural en los sitios de trabajo, más allá de razas o grupos étnicos. Su oficina nacional está en Washington, DC, con oficinas en El Paso y San Antonio (Texas). (www.lclaa.org)

League of United Latin American Citizens (LULAC; •

Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos): Cumplió 80 años el 17 de febrero de 2009. Es la más antigua y mayor organización de membresía hispana en los Estados Unidos. Su propósito es impulsar las condiciones económicas, los logros educativos, la influencia política, la salud y los derechos civiles de los estadounidenses de origen hispano. Los consulados de México se apoyan en el trabajo de los 700 Consejos locales. Héctor Flores, exdirector de LULAC, fue miembro del Consejo Consultivo del IME; su actual presidenta, Rosa Rosales, ha asistido como observadora a las reuniones del CCIME. Su sede nacional está en Washington, D.C., con oficinas en El Paso y San Antonio. (www.lulac.org)

Mexican-American Legal Defense and Education •

Fund (MALDEF; Fondo México-Americano para la Defensa Legal y la Educación): Fue fundado en 1968 en San Antonio, Texas. Desempeña un papel de liderazgo en el litigio por la defensa de los intereses de la comunidad latina y en la promoción de la educación. Su misión es promover políticas

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públicas sanas, leyes y programas que salvaguarden los derechos civiles de 45 millones de latinos que viven en los Estados Unidos, así como empoderar a la comunidad latina. Su trabajo se concentra en empleo, educación, inmigración, acceso político, idioma y temas de equidad en torno a recursos públicos. Su sede nacional está en Los Ángeles, con oficinas en Chicago, San Antonio, Washington, D.C., Atlanta, y Houston. (www.maldef.org)

National Alliance of Latin American and •

Caribbean Communities (NALACC; Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas): Busca mejorar la calidad de vida de las comunidades latinas, tanto en los Estados Unidos como en los países de origen, así como el fortalecimiento de las organizaciones de migrantes, y su participación cívica y democrática, de manera que puedan abogar de forma conjunta y eficaz por las políticas económicas y migratorias para alcanzar condiciones de vida digna y sustentable. Se inauguró en noviembre de 2004, como representación de comunidades de inmigrantes de México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Colombia y República Dominicana. Las organizaciones miembros de NALACC tuvieron un papel muy activo en las multitudinarias marchas de la primavera de 2006. En mayo de 2007, NALACC convocó la Primera Cumbre de Comunidades Migrantes Latinoamericanas, un evento que logró reunir más de mil líderes migrantes en Morelia (Michoacán, México). Su sede está en Chicago, Illinois. (www. nalacc.org)

National Association of Latino Elected Officials •

(NALEO; Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Electos y Designados): Promueve la participación política de la comunidad latina en los Estados Unidos. Más de seis mil funcionarios latinos, afiliados a todos los partidos políticos y en todos los niveles de gobierno están dando pruebas de liderazgo. Se dedica a la difusión de información, la formación de cuadros y la formulación de políticas públicas en temas de interés político para la comunidad latina. Su sede está en Los Ángeles, con oficinas en Houston, Nueva York y Washington, D.C. (www.naleo.org). National Council of La Raza (NCLR; Consejo •

Nacional de la Raza): La mayor organización de derechos civiles y de defensa de la comunidad

hispana en los Estados Unidos. Trabaja para mejorar las oportunidades de los estadounidenses de origen hispano. A través de su red de cerca de 300 organizaciones comunitarias de base, llega a millones de hispanos en 41 estados, Puerto Rico y el Distrito de Columbia. Lleva a cabo investigaciones aplicadas y análisis de políticas públicas en cinco áreas: inversiones y activos, derechos civiles/migración, educación, empleo y estatus económico, y salud. Fundado en 1968, el Consejo es una organización privada, no lucrativa, no partidista, exenta de impuestos, con oficinas centrales en Washington, D.C., y operaciones en Atlanta, Chicago, Los Ángeles, Nueva York, Phoenix, Sacramento, San Antonio y San Juan (Puerto Rico). (www.nclr.org)

Southwest Voter Registration and Education Project •

(SVREP; Proyecto de Registro y Educación de Votantes del Suroeste): Tiene como misión empoderar a los latinos y otras minorías a partir del aumento de su participación en el proceso democrático estadounidense. Apuesta por el fortalecimiento de la capacidad, la experiencia y las habilidades de los líderes latinos, las redes y las organizaciones, por la vía de programas que capacitan, organizan, financian, desarrollan, expanden y movilizan a los líderes latinos y a los votantes en torno a una agenda que refleje sus valores. El lema de SVREP es «Su voto es su voz». Su sede está en San Antonio, con oficinas en Los Ángeles y Miami. (www.svrep.org)

La diáspora cubana está representada por una muy amplia gama de organizaciones. Concentrada en Florida y Nueva Jersey, registra niveles de educación, ingreso monetario, dominio del inglés y asimilación social mucho mayores que el promedio de las otras diásporas, incluida la puertorriqueña. Mediante la Ley de Ajuste Cubano aprobada en 1966, los cubanos que llegan a los Estados Unidos son elegibles para solicitar y alcanzar la residencia por un procedimiento expedito. Más de la mitad de las personas de este origen que viven en los Estados Unidos llegaron después de 1991, y 55% del total son ciudadanos estadounidenses (Brown y Patten, 2013).

La participación latina a favor de Barack Obama, como aspirante a la Casa Blanca en 2008 y como presidente que buscaba la reelección en 2012, fue muy importante. El discurso de los demócratas está alineado con una postura relativamente más favorable

El crecimiento de la población y del liderazgo latinos

es un indicador de

su progreso político y de su madurez; pero resulta evidente que necesitan

traducir su peso demográfico en mayor participación política para estar en

condiciones de ejercer una influencia significativa en el ámbito electoral y de

la política pública.

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a los inmigrantes que el del Partido Republicano, aun si durante la presidencia de Obama el número de migrantes latinoamericanos deportados superó por mucho el registrado bajo el mandato del presidente republicano George W. Bush. En contraste, cada vez más, el discurso republicano se ciñe a los intereses de los WASP: estadounidenses de raza blanca y de origen anglosajón.

Las elecciones de 2008 fueron un laboratorio electoral para los especializados en la política pública: aproximadamente 10% de la población electoral eran hispanos y, dentro de ese porcentaje, 67% inclinaron su voto a favor de Obama (Kotkin, 2012).La apuesta de Obama era permitir al migrante o al «recién llegado» integrarse al sueño americano sin temor a la deportación siempre y cuando cumpliera con ciertos criterios; era el ejercicio de una política y actitud de tolerancia a los migrantes. Sin embargo, en los cuatro años de su primera administración no propuso una reforma migratoria integral; el Senado, de mayoría demócrata, lo hizo, pero no fue ratificada por parte de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana.

En 2012 la elección presidencial presentaba circunstancias muy diferentes a 2008; en este caso, la estrategia era ganar distritos electorales claves en estados «campos de batalla» como Colorado, Florida y Nevada, de elevada población latina, y otros de reciente inmigración, como Virginia y Carolina del Norte. Con 72% del voto latino, el presidente Obama ganó todos excepto Carolina del Norte (Pace, 2012).

Gráfico 1

Aun cuando en los últimos quince años se produjo un incremento de 53% en el número total de funcionarios latinos a nivel nacional (de 3 743 en 1996 a 5 850 en 2011), con 18% de la población total y 12% de los electores, los latinos solo ocupan 3,3% de los altos cargos de elección popular a nivel nacional, según datos de la Asociación Nacional de Funcionarios

Latinos Electos y Designados (NALEO, 2011). 96% de dichos funcionarios se desempeñan en los estados que tradicionalmente han sido centros neurálgicos de la población latina: California, Arizona, Nuevo México, Texas, Florida, Nueva Jersey e Illinois.

Así, el crecimiento de la población y del liderazgo latinos es un indicador de su progreso político y de su madurez; pero resulta evidente que necesitan traducir su peso demográfico en mayor participación política para estar en condiciones de ejercer una influencia significativa en el ámbito electoral y de la política pública.

En el 114º Congreso de los Estados Unidos de América, la representación latina asciende a 33 miembros de la Cámara de Representantes: 21 de origen mexicano, 5 puertorriqueños, 5 cubanos, un guatemalteco, un español. Hay tres senadores de origen latino; todos son de origen cubano.

Las comunidades latinas y el futuro

de los Estados Unidos

¿Qué han logrado los latinos en la cuestión política en los Estados Unidos? En primera instancia, una redefinición incipiente del poder político —claramente, los inmigrantes de origen latinoamericano han determinado que si ellos no son incluidos en la agenda pública, los partidos no serán correspondidos en las votaciones— y, en segundo lugar, un creciente papel para moldear el futuro económico, político, social y cultural del país.

Cualquier político estadounidense, tanto en las ciudades, los condados, los estados y a nivel federal, debe cuidar que su discurso no margine al electorado latino. Cada año electoral encontramos un mayor número de líderes latinos que aspiran a algún cargo electo; estamos hablando de una población de 25,2 millones de personas con oportunidad de votar dentro de un padrón electoral total de 230 millones en 2014.

Como ocurre con el resto de la población, tendrán mayor éxito político y electoral entre los latinos las políticas públicas que sean eficaces a la hora de resolver problemas económicos y sociales, que remedien las deficiencias educacionales y del mercado de trabajo, y que provean a la población de oportunidades para la movilidad social ascendente.

Sin embargo, la política migratoria es decisiva a la hora de las elecciones presidenciales. Si los latinos siguen escuchando que el Partido Republicano no quiere que estén en los Estados Unidos, entonces cerrarán sus oídos a lo que diga el Grand Old Party (GOP) sobre educación, empleos o economía. La posición de los republicanos sobre inmigración se ha convertido en la

68 100 180 160 140 120 100 80 60 40 20 0

Representantes estatales

y nacionales electos, 2011

U.S. Senate U.S. House of

Representatives U.S. Senators RepresentativesState 183

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«prueba del ácido» para la comunidad latina que, en el camino hacia 2016, va a juzgar si los republicanos los aceptan y reciben como parte integrante de la sociedad estadounidense, o si les cierran la puerta.

Las diásporas de origen latinoamericano en los Estados Unidos tienen sus principales objetivos políticos en ese país, pero en ocasiones también actúan en sus países de origen. Son actores transnacionales que influyen mediante la diplomacia pública y ciudadana. Definida como «la dispersión o el esparcimiento de un grupo étnico en un territorio diferente al de su lugar de origen», la diáspora tiene un peso significativo en tanto se convierta en interlocutora de los problemas y temas públicos.

La visión tradicional de los gobiernos de América Latina hacía de sus diásporas meras correas de trasmisión, cuyo deber era tratar de comunicar en los Estados Unidos el mensaje de su país de origen. Este enfoque fracasó. Una perspectiva innovadora, que en el caso de México se inicia en el año 2000, ve a su diáspora como actor político por derecho propio y se propone como objetivo estratégico su fortalecimiento organizativo y su capacidad de incidencia en los Estados Unidos, con base en una agenda estadounidense.

Las comunidades latinoamericanas han propiciado una mayor y mejor integración de sus nacionales en los Estados Unidos mediante las oportunidades laborales, el acceso al sistema de salud pública, el derecho a escuelas públicas para sus hijos, entre otros beneficios. Steve Vertovec (2005) expresa que estas diásporas intervienen en la toma de decisiones en términos globales muy considerables, en un estilo muy similar al transnacionalismo y también a la diplomacia ciudadana. Estas comunidades tratan de influir en la toma de decisiones de las altas cúpulas o élites gubernamentales mediante la postura pública que expresan.

Las poblaciones de origen mexicano, cubano, salvadoreño, dominicano, guatemalteco, u otro, actúan en función de sus propios intereses, y solo ocasionalmente en función de los del país emisor. Los cubanos son quizás la excepción, en tanto un segmento mayoritario del exilio, a partir de 1959, ha tratado de incidir en la Casa Blanca y en el Capitolio para apoyar acciones en contra del gobierno establecido en La Habana. Ello se tradujo en una lealtad electoral al Partido Republicano, hasta fecha reciente, en que se dio la transición generacional entre quienes nacieron en la Isla y los nacidos en suelo estadounidense.

A contrapelo del voto mayoritario por los republicanos por parte del exilio cubano, el Presidente Barack Obama fue favorecido con el voto del estado de Florida tanto en 2008 como en 2012. Este viraje se vio culminado con el sorpresivo anuncio efectuado por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro

el 17 de diciembre de 2014, por el cual se iniciaron conversaciones para restablecer y normalizar sus relaciones diplomáticas, y elevar sus representaciones de secciones de intereses a embajadas plenipotenciarias.

¿Qué se espera para la elección federal del 8 de noviembre de 2016? Es temprano para hacer pronósticos; pero, evidentemente, ambos partidos deberán considerar a candidatos latinos, incluso para la elección presidencial. El exgobernador de Florida, Jeb Bush, que habla español fluido y está casado con la mexicana Columba Garnica, es uno de los tempranos favoritos para conseguir la nominación republicana; mientras que dos de los tres senadores de origen latino, Ted Cruz (Texas) y Marco Rubio (Florida), han indicado también su interés de convertirse en abanderados del GOP. A su vez, la casi segura candidata presidencial del Partido Demócrata en 2016, Hillary Clinton, cuenta con numerosos colaboradores latinos en su equipo.

La agenda política estadounidense está cada vez más influida por los latinos en la economía, la educación, la seguridad, la cultura y la salud. En un artículo titulado «Latinos in the United States. How to Fire up America», la revista The Economist estima que el futuro del sistema político estadounidense estará cada vez más marcado por el peso de las comunidades latinas. Ello incluye también el fortalecimiento de la competitividad de la economía estadounidense frente a los bloques económicos y comerciales de Europa y del este de Asia: mientras la mayoría de la población mundial está envejeciendo, los latinos están rejuveneciendo la fuerza de trabajo de la economía estadounidense y facilitando el financiamiento de sus pensiones y jubilaciones a largo plazo (The Economist, 2015).

Los latinos tienen más poder que nunca, pero todavía su capacidad de incidencia está por debajo de su peso demográfico. Su capital social es la capacidad que tienen para acceder a recursos adicionales a aquellos de los que disponen de manera directa en virtud de su inserción en redes sociales más amplias. El mundo de relaciones humanas, profesionales y empresariales de los migrantes constituye a veces el capital decisivo con el cual logran asentarse exitosamente o prosperar más tarde en los países de acogida.

Ambos partidos están formando ya cuadros latinos jóvenes que podrían contender en futuras elecciones presidenciales a partir de 2020. Los demócratas tienen a Julián Castro (1974), exalcalde de San Antonio, hoy Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD) en el gabinete de Obama; los republicanos, a George Prescott Garnica Bush (1976), hijo de Jeb Bush, sobrino del presidente número 43 y nieto del presidente número 41, ambos de la dinastía Bush.

En las próximas décadas se irá cerrando poco a poco la brecha entre el peso demográfico y la incidencia

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electoral de los latinos, y al decir de Jorge Ramos, «se confirmará la magia de la democracia estadounidense, que consiste en creer que los de hasta abajo podrán, algún día, llegar hasta arriba. Only in America» (Ramos, 2015).

Referencias

Brown, A. y E. Patten, (2013) Hispanics of Cuban Origin in the

United States, 2011. Washington D. C., Pew Research Center

Hispanic Trends, 19 de junio, disponible en http://pewrsr. ch/1LVvMrC [consultado el 24 de julio de 2015].

González-Barrera, A. y M. H. López, (2013) «A Demographic Portrait of Mexican-Origin Hispanics in the United States», Washington D. C., Pew Research Center Hispanic Trends, 1 de mayo, disponible en http://pewrsr.ch/1cJfp16 [consultado el 24 de julio de 2015].

Kotkin, J. (2012) «Why Obama Won: Hispanics, Millenials Were the Difference» en Forbes, disponible en http://bit.ly/1GZXOub [consultado el 24 de julio de 2015].

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NALEO, (2011) Directory of Latino Elected Officials.

Pace, J., (2012) «Obama 2012: President Wins the Way his Campaign Predicted» en The Huffington Post [En línea], disponible en http:// huff.to/1I8oH0N [consultado el 24 de julio de 2015].

Parker, R., (2014)«Texas’ Delay in Becoming a Purple State» en

The Dallas Morning News [En línea], disponible en http://bit.

ly/1fF2UG9 [consultado el 24 de julio de 2015].

Ramos, J., (2015) «El primer presidente latino» en Reforma, México, D. F., 28 de marzo, disponible en http://bit.ly/1a3tVBc [consultado el 24 de julio de 2015].

The Economist , (2015) «Latinos in the United States. How to Fire

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Referencias

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