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LA ANGUSTIA EN LA CLÍNICA

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L

A ANGUSTIA EN LA CLÍNICA

CON ADOLESCENTES

J

OSÉ

B

ARRIONUEVO

(

COMPILADOR

)

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Eudeba

Universidad de Buenos Aires 1ª edición: marzo de 2012

© 2012

Editorial Universitaria de Buenos Aires Sociedad de Economía Mixta

Av. Rivadavia 1571/73 (1033) Ciudad de Buenos Aires Tel: 383-8025 / Fax: 383-2202

Diseño de tapa: Troopers

Corrección y composición general: Eudeba Impreso en Argentina.

Hecho el depósito que establece la ley 11.723

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su almacenamiento en un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, electrónico, mecánico, fotocopia u otros métodos, sin el permiso previo del editor. Barrionuevo, José

La angustia en la clínica con adolescentes. - 1a ed. - Buenos Aires : Eudeba, 2012.

136 p. ; 21x13 cm. - (Psicología)

ISBN 978-950-23-1941-4

1. Psicología. CDD 150

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Í

NDICE

PRÓLOGO ...7

José Barrionuevo CAPÍTULO 1.

ADOLESCENTES QUE SE AUTOLESIONAN.

¿TRAMITACIÓN DE LA ANGUSTIA? ...11

Mabel N. Belçaguy CAPÍTULO 2

LOS JÓVENES ANTE LA INCERTIDUMBRE

DE LA ELECCIÓN VOCACIONAL...23

Alicia S. Cibeira CAPÍTULO 3

FUNDAMENTO METAPSICOLÓGICO FREUDIANO DEL LLAMADO

ATAQUE DE PÁNICO...37

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CAPÍTULO 4

CUANDO EL OBSTÁCULO ES LA AUSENCIA DE ANGUSTIA...45

Cristina Esteban CAPÍTULO 5

VICISITUDES EN LA CLÍNICA CON ADOLESCENTES

(O ACERCA DE ANGUSTIAS Y DE ACTUACIONES)...55

Ana Clara Giménez, Juliana Gómez, Denise Roitman, Magalí Sánchez y José Barrionuevo (coord.)

CAPÍTULO 6

LA ANGUSTIA EN EL TRABAJO CLÍNICO

CON PACIENTES ADOLESCENTES...81

Marta Piccini Vega CAPÍTULO 7

ANGUSTIA O DESESPERACIÓN EN EL PROCESO

DE SEPARACIÓN ADOLESCENTE...93

Verónica Vega CAPÍTULO 8

CONSIDERACIONES SOBRE LA ANGUSTIA EN FREUD

Y EN LACAN...103

José Barrionuevo CAPÍTULO 9

TRANSGRESIÓN ADOLESCENTE Y VIOLENCIA SOCIAL...121

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P

RÓLOGO

Desde tiempos remotos, el hombre se preguntó sobre el sentido de la vida, acerca de la existencia y respecto de la muerte. Ante la falta de respuestas certeras es la religión la que ofrece su palabra y a través de la fe otorga paz o sere-nidad al creyente o bien es el desasosiego lo que surge ante lo inquietante de lo incierto, llegándose a extremos de la angustia como afecto que se manifiesta ante dichos interro-gantes existenciales.

La expresión latina angustiae se empleaba para referirse a espacios angostos o estrechos, mientras que desde la medicina el término se refiere a la opresión y a la dificultad respiratoria, angostamiento, que provoca falta de aire y que se enlaza con otras sensaciones corporales en el desarrollo de angustia.

Podríamos decir que la angustia es un estado emocional penoso y de sufrimiento psíquico como respuesta del hombre ante lo desconocido o indeterminado. Además del dolor psí-quico, se presentan cambios en el organismo como sudoración,

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José Barrionuevo

taquicardia, temblores y falta de aire, componentes somáticos que la psiquiatría describe con precisión.

Desde la filosofía, Kierkegaard y Heidegger, y desde la literatura, Rilke y Sartre, intentan hallar respuestas a la pre-gunta acerca de qué es la angustia, considerándola en términos generales como la inquietud metafísica nacida de la reflexión sobre la nada y el vacío.

Sören Kierkegaard ubica como causas de la angustia humana la reacción ante la realidad infinita y la indecisión ante el obrar, pero también reconoce una angustia positiva al descubrirse como ser limitado, ante la posibilidad de su propia muerte.

Por su parte, Martin Heidegger considera que el hombre es el único que puede plantearse el tema del ser y su sentido, y la angustia nace de la constante amenaza de la muerte que pende sobre el ser-ahí, es decir, sobre el hombre.

Jean Paul Sartre sostiene que la angustia es el sentimiento humano más importante, hasta el punto de llegar a considerar que el hombre es angustia. Distingue la angustia del miedo: el miedo aparece ante un peligro concreto y se relaciona con el daño o supuesto daño que la realidad nos puede infligir, mientras que la angustia no es por ningún motivo concreto, ni ante ningún objeto externo. Sartre definió la libertad como una estructura permanente del ser humano y sostuvo que la angustia la pone de manifiesto, el ser humano es libre y está situado ante los valores que desea elegir.

El psicoanálisis tiene mucho que decir sobre la angustia, tanto Freud como Lacan se han detenido en consideraciones sobre ésta y, específicamente, abordaremos la temática en cuanto al interés que nos convoca relativo a su presencia en la clínica con adolescentes, en los propios adolescentes, en los padres que los llevan a la consulta, en los profesionales que tra-bajan con adolescentes... Es decir, no sólo en los adolescentes.

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Prólogo

En este libro se presentan producciones varias sobre la temática convocante:

š beiYWf‡jkbeiZ[CWX[b8[b‚W]ko"EilWbZe:[b]WZe"9h_i-tina Esteban y Marta Piccini Vega, son transcripciones a palabra escrita de sus exposiciones en la 4ª Jornada de la materia Adolescencia, que llevara el mismo título de este libro, organizada por Secretaría de Extensión y la Cátedra 1 de Psicología “Adolescencia” de la Facultad de Psicología de la UBA en octubre de 2009,

š jWcX_ƒd i[ fh[i[djW [d [ij[ b_Xhe [b Wfehj[ Z[ 7b_Y_W 9_X[_hW":_h[YjehWZ[b:[fje$Z[Eh_[djWY_ŒdLeYWY_edWb CBC-UBA, quien tiene a su cargo el Taller sobre dicha temática durante la cursada de la materia.

š o bei h[ijWdj[i [iYh_jei ied Wfehj[i Z[ ZeY[dj[i Z[ bW cátedra: uno de ellos es el de Verónica Vega con conside-raciones sobre un material clínico, otro es un capítulo en el que se resume el producto de reuniones de un grupo de docentes de la materia Psicología Evolutiva “Adolescen-cia” (Cat. 1): Ana Clara Giménez, Juliana Gómez, Denise Roitman y Magalí Sánchez, originariamente constituído, como otros grupos, para leer y comentar distintos puntos de borradores del libro “Adolescencia y juventud”, de esta editorial (Barrionuevo, J. 2011), en ese momento en preparación y luego presentado como Material de Cátedra, derivando las consideraciones respecto de la angustia en la adolescencia a cuestiones sobre clínica psicoanalítica en un espacio de reflexión y análisis del quehacer profe-sional que se prolongara más allá de la propuesta inicial. Y se integran también, como últimos capítulos, temáticas como la angustia desde la perspectiva psicoanalítica, desde Freud y Lacan, y sobre transgresión en adolescentes en su relación con la violencia social, de mi autoría.

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La angustia en la clínica con adolescentes

El producto final evidentemente es heterogéneo y en el libro no se elude ahondar en la teoría sobre la angustia y pre-sentar experiencias de la clínica y reflexionar sobre las mismas, permitiendo que teoría y clínica se expongan con generosidad a la lectura de quienes se encuentren interesados en una temática tan rica como compleja.

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C

APÍTULO

1

A

DOLESCENTES QUE SE AUTOLESIONAN

.

¿T

RAMITACIÓN DE LA ANGUSTIA

?

Mabel N. Belçaguy

Si revisamos la literatura psicoanalítica sobre adolescencia, desde los primeros escritos hasta la actualidad, observamos ciertas constantes que han permanecido a lo largo del tiempo; pero también encontramos marcas de época que le otorgan a los modos de ser adolescente ciertas particularidades. En los últimos años, por ejemplo, empezaron a presentarse con frecuencia en la clínica una serie de conductas autolesivas voluntarias, como los cortes, las mordeduras y las quemaduras, entre otras. Esto me llevó a estudiar el problema a partir de diversas fuentes: de las publicaciones existentes sobre el tema y del material clínico de pacientes y supervisiones.

Veamos algunas viñetas clínicas:

1. L., paciente adicta, de 17 años, refiere que se encierra en el baño y dice: Pienso en cortarme y me da placer.

En esta adolescente, se observa la presencia de distintas acciones tendientes a procurarse placer en forma inmediata a

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Mabel N. Belçaguy

través de modificaciones en el cuerpo: ya sea por medio de la incorporación de sustancias a su organismo o provocándose un dolor que deviene placentero, una práctica que también puede llegar a ser adictiva. Estas conductas se articulan con un tipo de masoquismo, el masoquismo erógeno (Freud, 1924). Placer y dolor se ligan, tomando en este caso como soporte a la piel, una zona erógena privilegiada dada su gran sensibilidad. No obstante, este sufrimiento gozoso no parece ser lo central en todos los casos.

2. T., varón de 17 años, se lastima las manos y los pies al cortarse los pellejitos de los dedos con un cúter o se arranca la piel. Dice que lo hace desde chico cuando está muy enojado: “me lastimo, me aprieto”.

M., una joven de 20 años, mantiene una fuerte discusión con su padre y luego, llena de rabia, en soledad, toma un cuchillo y se practica varios tajos superficiales en una pierna. Eligió el lugar para que las heridas no quedaran a la vista y en el momento no sintió dolor.

En estos casos, encontramos un déficit en la disponibili-dad de recursos psíquicos de mayor nivel de complejidisponibili-dad para hacer frente al conflicto y a la angustia. En consecuencia, la agresión hacia el objeto se dirige hacia el sujeto, al modo en que Freud (1915) lo describe al hablar de la vuelta hacia la persona propia; aquí el masoquismo es un sadismo vuelto hacia el yo, donde lo esencial es el cambio de vía del objeto, manteniéndose inalterada la meta. En el marco de vínculos muy ambivalentes, el objeto externo es preservado, no así el propio cuerpo que es martirizado.

Se trata de un modo de funcionamiento muy primario, en que el psiquismo no parece disponer de defensas más complejas y eficaces, en forma permanente o transitoria; dentro de una lógica en la que predomina lo cuantitativo, las acciones son descargas de una tensión que no puede ser cualificada. Muchos

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Capítulo 1. Adolescentes que se autolesionan ¿Tramitación de la angustia?

de estos jóvenes refieren fantasías de suicidio, expresión más extrema del mismo mecanismo. Este tipo de manifestaciones se presenta muy frecuentemente en pacientes con patología límite de la personalidad.

3. D., un varón de 17 años, se corta con un cúter en dife-rentes partes de su cuerpo, especialmente, en la parte interna de las piernas y en las muñecas. Dice:

“Es una costumbre, si no puedo hacer eso, no sé dónde meterme. Si no me corto, lloro. Prefiero sangrar antes que llorar”. (Iglesias, et al., 2008).

A., una adolescente de 15 años, manifiesta:

“Esto para mí no es vida, así no quiero vivir”. Se practica cortes superficiales en el brazo con un cúter. Le dice a su madre: “Es mi manera de aliviar el dolor cuando estoy mal con vos”.

Ante la imposibilidad de tolerar los propios afectos, en especial la tristeza, el dolor físico es utilizado, en estos casos, para aliviar o anestesiar el sufrimiento psíquico.

Las neurociencias han encontrado que el cerebro segrega sustancias bioquímicas analgésicas similares a los opioides, las endorfinas, que cumplen un papel esencial en el equilibrio [djh[[bjedel_jWbobWZ[fh[i_ŒdEi_eIWdZelWb"C$(&&-1 estimulan los centros del placer y crean estados satisfactorios que contribuyen a eliminar el malestar y disminuir las sensa-ciones dolorosas. Cuando el cuerpo es lastimado “[...] libera naturalmente sustancias como las endorfinas, que producen alivio. Los adictos al dolor posiblemente busquen reiterar esa sensación placentera que sobreviene a nivel neuroquímico luego de autoinjuriarse” (Pérez Rivera, R. 2008).

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Mabel N. Belçaguy

Lo que estas teorías dejan sin explicar es por qué algunos sujetos buscan el efecto analgésico de esta manera, siendo que el mismo efecto puede generarse a partir de muchas otras actividades placenteras que no implican un ataque al cuerpo, como la práctica de deportes, la actividad sexual, el comer, [djh[ckY^WiejhWi8[b‚W]ko"(&&/$

4. F., un adolescente de 16 años se presenta a la consulta con el cabello teñido y las uñas pintadas. Su habitación está cubierta de escrituras en las paredes y también hace pintadas en la terraza de su edificio. Posteriormente, se practica cortes en el pecho y en los brazos con un vidrio (Batlle, 2008).

Estas diversas prácticas (dibujar las paredes, pintarse y cortarse) parecen destinadas a delimitar un espacio: tanto el lugar en el que vive como la residencia en su propio cuerpo. En adolescentes gravemente perturbados, los cortes en la piel serían modos de hacer borde donde no lo hay o donde es precario, intentos de sentirse a sí mismos cuando la identidad subjetiva o aún los parámetros de la realidad externa compar-tida se desvanecen.

Es en este mismo sentido que Stolorow (1975) plantea que la conducta masoquista puede ser un intento de apuntalar a un self tambaleante; estos pacientes, dice Bleichmar (1997): “[...] tratan de llenar con sus conductas masoquistas un sentimiento de vacío, de déficit en la autoestima, de pánico [...]”.

Apoyándose en desarrollos freudianos, Bleichmar rastrea los orígenes del principio de realidad a partir de las diversas sensaciones que provienen del contacto del bebé con el mundo y con su cuerpo. Entre sus sensaciones, “[...] se imponen aque-llos estímulos que poseen la cualidad de ser placenteros o, por el contrario, dolorosos. El placer y el dolor actúan recortando ciertos estímulos con respecto al resto, contribuyendo a definir como real lo que tenga esas cualidades”. De modo que, desde el

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Capítulo 1. Adolescentes que se autolesionan ¿Tramitación de la angustia?

comienzo de la vida, el juicio de existencia está soldado a las sensaciones de placer y de dolor, una relación que se mantiene aún cuando el psiquismo se haga complejo y ambos, placer y dolor, procedan no sólo de receptores somáticos sino también de la significación.

“Si algo duele o si produce placer, entonces existe; y cuanto más intensos sean aquéllos [los estímulos pla-centeros o dolorosos] tanto mayor será la convicción sobre la realidad de lo que está dotado de esas cuali-dades. El surgimiento de la capacidad del psiquismo de reconocer que algo existe independientemente de que plazca o duela... será un logro enorme, lo que está vinculado a aquello que se denomina sentido de realidad. Pero junto a ese sentido de realidad persis-tirá siempre la tendencia, variable de acuerdo a los distintos sujetos, de hacer depender la creencia de que algo es real a partir de la cualidad de placer o displacer que su representación genere”. (Bleichmar, 1997). En el último grupo de jóvenes a los que hacía referencia, la búsqueda de estímulos dolorosos hiperintensos como signos de realidad, en detrimento de otros, se correspondería con esta modalidad primaria de captación de la realidad, ya sea por déficit, porque no se accedió a una complejización mayor del psiquismo, o por desorganización posterior.

Las viñetas presentadas, representativas de diferentes con-figuraciones clínicas, no agotan todo el espectro de patologías en las que es posible encontrar autolesiones. Una investigación de tipo epidemiológico podría confirmar si, como parece, son las más frecuentes. El elemento en común que encontramos en todas ellas es que lo que debió ser sentido y pensado, es decir, sostenido en el ámbito de la mente, escapa a la simbolización y

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Mabel N. Belçaguy

se convierte en una acción ejecutada sobre la piel. Es decir que, más allá de las distinciones que es preciso hacer con respecto a cada estructura psicopatológica y a cada caso en particular, podemos pensar estas acciones como resultado de una falla o kd\hWYWie[dbWc[djWb_pWY_Œd8[b‚W]ko"(&&.$

La mentalización se ha definido como el proceso por medio del cual las excitaciones somáticas, motrices o interpersonales su-fren una modificación cualitativa que las transforma en contenidos mentales dentro de una matriz humana intersubjetiva (Lecours y Bouchard, 1997; Lecours y Bouchard, en Killingmo, 2005).

Bjorn Killingmo (2005) plantea que cuando la capacidad de mentalización es insuficiente, el individuo no puede repre-sentar en forma de símbolos y palabras sus estados emocionales ni experimentar sus afectos como propios ni se relaciona bien consigo mismo.

Freud no habló de mentalización, pero el punto de par-tida de este concepto se encuentra en la caracterización de las neurosis actuales, en las que los síntomas no constituyen la expresión simbólica de un conflicto cuyo contenido pueda ser descifrado, como en las psiconeurosis. Tampoco podríamos pensar el concepto de mentalización sin la primera tópica y en particular, el preconciente (1900).

Pierre Marty (1963, 1992) es uno de los autores que ha teorizado sobre aquellas situaciones en que la carga ligada a los afectos o emociones es mal vehiculizada debido a la insuficiente elaboración mental. Las atribuye a un defecto de funcionamiento del preconciente, que es la instancia que tiene la función de representación y que ejecuta la función de ligadura entre la representación de cosa, propia del inconscien-te, y la representación de palabra, característica del sistema preconciente-conciente.

Parafraseando a Marty plantea Kreisler (1985) que el preconciente asegura la función de filtro y metabolización

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Capítulo 1. Adolescentes que se autolesionan ¿Tramitación de la angustia?

de los procesos inconscientes, transformando sus modos de representación para hacerlos accesibles al pensamiento y al lenguaje. Cuando esto no ocurre, se produce la descarga pul-sional directa a través del cuerpo, como en las enfermedades psicosomáticas, o a través de la acción motriz, como en los casos presentados.

Muchos autores ubican la raíz de estos fracasos en el vín-culo temprano madre-hijo, así como coinciden en la necesidad de variar los modos de intervención en las patologías de déficit o de lo no constituido, en las que el trabajo terapéutico es más del orden de la construcción que del develamiento.

En los orígenes de estas patologías se encuentra una insuficiente empatía de la madre o su sustituto, que no le permite decodificar las sensaciones y desarrollos de afecto del bebé, con lo cual éste va a permanecer en un estado donde dichas sensaciones y afectos no podrán ser cualificados; se le va a dificultar pensarse y sentirse a sí mismo y sólo le quedará abierta, en forma privilegiada, la vía de la descarga a través de la motricidad.

EjhWZ[bWiYWhWYj[h‡ij_YWiZ[bl‡dYkbej[cfhWdeZ[[ijei sujetos, relacionada con la anterior, es el aporte insuficiente del asistente externo en la instauración de una de las funciones del yo que es la capacidad de autoapaciguar o autocalmar la angustia (Bleichmar, 1997). En consecuencia, ante el ingreso al aparato psíquico de un estímulo displacentero de cualquier tipo, procedente del exterior o del interior, no pueden calmarse a sí mismos y tienen dificultad para abrir un compás de espera en el que sea posible la tramitación psíquica del estímulo; por el contrario, sólo tienen disponible la vía de la supresión inmediata de ese estímulo a través de una acción motriz, sin importar el medio ni las consecuencias.

Resta aún por explicar por qué estas acciones toman como soporte a la piel.

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Mabel N. Belçaguy

En la historia de estos sujetos encontramos que los objetos primarios no han podido ayudarlos, desde el inicio de su vida, a resolver sus estados de tensión por medio de la contención física y de la investidura de su cuerpo. A medida que un niño crece, si todo va bien, cuando se golpea o se lastima, sigue siendo auxiliado por las caricias maternas, acompañadas de palabras de consuelo (el sana, sana, no duele más, ya va a pasar), que inscriben la huella mnémica del dolor en simultaneidad con la huella del alivio producido por la palabra y el contacto erógeno, dando lugar, a través de reiteradas experiencias, a asociaciones por analogía y por causalidad entre ambas hue-llas. Es de este modo como queda facilitada una vía saludable de resolución de tensiones a través de la simbolización y el encuentro intersubjetivo.

Por identificación con la madre, el sujeto adquiere la ca-pacidad de ejercer sobre sí el cuidado amoroso de la superficie de su cuerpo. Por el contrario, los jóvenes que se lastiman, no buscan el alivio en el contacto reparador con el semejante ni consigo mismos, sino que evitan el sufrimiento emocional a través del dolor físico, un recurso que a la larga, inevitable-mente, fracasa.

EjhWfh[]kdjWWh[ifedZ[h[i0µfehgkƒbWiWkjeb[i_ed[i aparecen con tanta frecuencia en la adolescencia?

Uno de los elementos en juego es probablemente el factor de época mencionado al inicio, dado por la vasta difusión de las prácticas de modificación voluntaria del cuerpo a través de Internet y de los medios de comunicación. Podríamos pensar, en este sentido, que los adolescentes se apropian de dichas prácticas como de tantos otros objetos de consumo.

Así como los restos diurnos tienen una participación en el trabajo del sueño (Freud, 1900), los síntomas se construyen también con materiales procedentes de las coordenadas

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histó-Capítulo 1. Adolescentes que se autolesionan ¿Tramitación de la angustia?

ricas y sociales que atraviesan el proceso adolescente; esto hace que, aunque los problemas sean singulares, las manifestaciones puedan tener elementos en común.

Pero además, la oferta que proviene de la cultura de pertenencia se combina con dos características propias de la adolescencia:

- En primer lugar, la necesidad del adolescente de adquirir o de afianzar su identidad se apoya en buena medida en la identificación a un rasgo, que da lugar a contagios de todo tipo, muchos de ellos gravísimos, como las epide-mias de suicidios o de consumo de ciertas drogas. En referencia al tema que nos ocupa, las autoinjurias pueden configurarse como señas de identidad, generadas a través de esta modalidad de identificación a un rasgo con un determinado grupo de pares con los que comparten estas marcas.

- En segundo lugar, siempre hay en la adolescencia un exceso de difícil tramitación: lo pulsional, la angustia, la tristeza, rebasan la capacidad de elaboración del psiquismo y, en consecuencia, siempre habrá un plus que queda sin representación y va a buscar la vía de la acción, ofreciéndose más a la mirada que a la escucha del analista.

Bibliografía

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Mabel N. Belçaguy

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hacia una técnica de intervenciones específicas, Barcelona, Paidós, cap. 3.

Freud, S. (1900): “La interpretación de los sueños”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores (AE), 1978-85, vol. 4 y 5.

— (1915): “Pulsiones y destinos de pulsión”, en Obras comple-tas, Buenos Aires, AE, vol. 14.

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Killingmo, B.(2005): “Una defensa de la afirmación en relación con los estados de afectos no mentalizados”, en Malades-ao"BŒf[poBŒf[pEpeh[iYecf$"Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el siglo XXI, Buenos Aires, Lugar Editorial. Kreisler, L. (1985): La desorganización psicosomática en el niño,

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Lecours y Bouchard (1997): “Dimensions of mentalisation: Ekjb_d_d] b[l[bi e\ fioY^_Y jhWdi\ehcWj_edÈ [d Interna-tional Journal of Psychoanalisis, 78, pp. 855-875.

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Pérez Rivera, R. (2008): en Navarra, G.: “El riesgo de ser adicto al dolor, Salud y Sociedad”, Revista electrónica de divulga-ción. www.saludbioetica.org/compulsion.htm.

Stolorow, R. (1975): “The narcissistic function of masochism (and sadism)”, en International Journal of Psychoanalysis, 56, pp. 441-448.

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APÍTULO

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L

OS JÓVENES ANTE LA INCERTIDUMBRE

DE LA ELECCIÓN VOCACIONAL

Alicia S. Cibeira

La orientación vocacional ocupacional es un campo privi-legiado que da al sujeto en general, y al joven en particular, la posibilidad de interrogarse sobre sí mismo, acerca de la realidad, sobre sus propias potencialidades y de qué manera ponerse en juego en lo social.

En la clínica de la orientación vocacional es posible dis-criminar dos niveles o áreas a considerar:

- lo subjetivo: deseos y expectativas e intereses de quien consulta

- la información: conocimiento de oferta y demanda del sistema educativo y del contexto profesional y ocupacional

Para poder ahondar en ambos niveles, en cuanto a aspec-tos personales o subjetivos y en lo referido a cuestiones socio-político-económicas, es necesario recurrir a las perspectivas

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24

Alicia S. Cibeira

que proponen disciplinas diversas o diferentes esferas de conocimiento: lo social, lo psicológico, lo educacional, lo económico, etc.

La orientación vocacional se ubica en el entrecruzamiento de tres campos:

- el del sujeto de la orientación - el del sistema educativo - el del mundo del trabajo

y la labor del orientador se ubicaría en la intersección de los mismos enmarcados por el contexto socioeconómico y cultu-ral. La elección vocacional ocupacional es entonces el punto crucial de inserción en lo social.

El sujeto de la orientación

La elección adecuada de una carrera en un contexto de incertidumbre y en un mundo laboral en constante cambio constituye una decisión fundamental para todos los jóvenes, de ninguna manera fácil.

Decidir es un proceso, una tarea que cada sujeto debe realizar. Implica poder pensar, interrogarse y hacer una apuesta por determinado proyecto de vida, particular, único, en cierto contexto familiar y social. Este momento está marcado siempre por alguna pérdida y por la soledad ante la decisión de poner en juego el deseo, en una instancia que supone un cambio radical en la relación del sujeto con el otro.

El sujeto se enfrenta a esta toma de decisiones todavía enmarcado en el reordenamiento narcisista que implica la adolescencia, lo que ya define el tinte del acercamiento al momento de elegir en el que predomina el pensamiento om-nipotente como resultado del esfuerzo desmentidor ante la

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

castración. Nos encontramos así con adolescentes que en tér-minos generales se encuentran con dificultades para apropiarse de una realidad que muestra y señala el esfuerzo que conlleva la prosecución de un proyecto.

Sostenidos en un fluctuar impotencia-omnipotencia, algunos jóvenes se encuentran cautivados por una escena en la que se proyectan sin el reconocimiento del límite que la realidad impone. Nos encontramos con un adolescente que se enfrenta con lo real de la indeterminación del futuro, pudiendo imaginarizarlo pero no pensarlo midiendo riesgos y dificultades.

El espacio de la orientación debe ser facilitador de un tiempo de interrogación, de enfrentamiento con esa oferta imaginaria de completud que el sujeto adquiere y la sociedad ofrece. Los cambios constantes en elección de carreras, o el no tomar en eterno decisión alguna, están determinados por un tiempo de demora en la tarea de apropiación de la realidad.

Pero en tanto el sujeto se halla atravesando por lo histórico-socio-cultural-económico que lo constituye a partir de procesos identificatorios que se inician en el vínculo con un otro significativo en el núcleo de la estructura familiar, la compleja tarea que supone asumir un proyecto propio parece una ironía en la cual el adolescente se debate apremiado por padres y educadores en un se debe elegir, libremente, mientras que desde el aparato productivo las posibilidades se muestran escasas, mezquinas o devaluadas para los principiantes.

Este proceso de transición está en la actualidad atravesado por un escenario de grandes y acelerados cambios que crean un clima de incertidumbre, de desesperanza y escepticismo en tanto implican exclusión social.

En la adolescencia, el trabajo de duelo por la autoridad de los padres de la infancia, puede complejizarse si ellos muestran debilidad o deterioro en la posibilidad de asumir las funciones que les corresponden. La necesaria confrontación o rivalidad,

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26

Alicia S. Cibeira

que supone un doble juego de intentar destituir la autoridad y simultáneamente demandar la protección y la fortaleza de los propios padres, no puede producirse si el otro vacila o se diluye respecto a su lugar, desautorizándose.

El desempleo o la subocupación pueden provocar conmo-ción que lleva a la desvalorizaconmo-ción y al duelo o a la depresión en quien se supone sostén de la economía familiar. Así pues, los procesos identificatorios y de des-identificación que carac-terizan a la adolescencia están marcados por la desilusión o el desprecio que pueden activarse en el joven ante la debilitada imagen paterna ensombrecida por el desempleo o la pobreza. Ésta es la realidad con la que muchos jóvenes se enfrentan en sus hogares: padres sin trabajo que han perdido el sentido de pertenencia, marcados por la frustración. F. Dolto señala cómo muchos de estos jóvenes en lugar de admirar o enfrentarse a los padres tienden a compadecerlos; observan de una manera muy pasiva el aislamiento de sus mayores. No pueden identificarse con sus padres ya que éstos no funcionan como ideales. Ellos querrían otra vida, se les ha forzado a que sus ideales y exigen-cias sean muy altos, y a la vez se les enfrenta con el fracaso y con el fantasma del desempleo. Los jóvenes nos muestran a los adultos una disyuntiva: si se les estimula en una competencia excesiva, un nivel de exigencias tan alto es destructivo y crea reacciones patológicas severas, y si no se ofrece un ejemplo estimulante se llega a la decadencia y a la apatía, a la ausencia de tensión y de oposición.

Según F. Dolto en el adolescente habría dos posiciones con relación a esta complejidad: quienes se identifican con el lugar asignado haciéndose cargo de que no hay futuro posible en lo personal y en lo ocupacional, asumiendo que la única salida posible sería la repetición de este sistema que no ofre-ce alternativas, y, por otro lado, aquellos que encarnan una posición cuestionadora, creando y jerarquizando respuestas

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

novedosas no reconocidas desde los ámbitos universitarios o de formación terciaria y desde el adulto en general. Sostiene la citada psicoanalista: “Lo que caracteriza al adolescente es que dirige su mirada a un proyecto lejano, que él imaginariza en un tiempo y en un espacio diferentes de aquellos en que ha vivido hasta entonces”.

Apoyar los proyectos de los jóvenes, sostener imaginaria-mente los mismos, aunque se sepan difíciles de realizar es de suma importancia. Los adolescentes imaginan sus proyectos como lejanos y ello los hace inscribirse en un tiempo y en un espacio, en definitiva los inscribe en la temporalidad, con su correlato de finitud y de aceptación de la muerte y reconocien-do la falta o los límites en los cuales se expresa.

La elección debe constituir un acto en el que el sujeto pueda jugar un deseo propio.

El sistema educativo

Los adolescentes que inician sus estudios universitarios muestran las fallas del nivel medio del sistema educativo. Por un lado, la falla estructural de no generar las competencias básicas en los alumnos para enfrentar las nuevas exigencias académicas y por otro lado, el no haber desplegado en el tiempo de inclusión en el nivel, alternativas sostenedoras de “la ley simbólica cuya función es anudar el deseo del sujeto a la ley social” (Kaës, R. y otros, 1996). Aún aquellos que ven la dificultad implementan estrategias que no implican una apro-piación transformadora de la realidad. R. Kaës habla de la crisis de transmisión. Las mutaciones en los sistemas de transmisión psíquicos, sociales y culturales ocasionan fracturas, siendo en ese punto, como lo señalara F. Ulloa, donde se expresan perturbaciones graves en la transmisión del vínculo a través

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de un síntoma (constantes cambios de carrera, inhibición, apatía, etc.). Se instala la incertidumbre sobre los vínculos, los valores, los saberes por transmitir en dicha situación de crisis. El déficit en la transmisión generacional se evidencia en la adolescencia cuando se produce la revisión o replanteo del contrato narcisista con la redacción de una cláusula conclusiva al decir de P. Aulagnier. Si ello se produce, en el mejor de los casos, podrá haber una nueva posición respecto del lugar del joven adulto en la estructura familiar y social.

Nos encontramos entonces con sujetos que demandan orientación y nos muestran carencias importantes para en-frentar un espacio social que establece sus propias reglas de juego, tratando de encauzar el deseo de los sujetos según la demanda de los centros de producción y acorde a las leyes del mercado. Teniendo en cuenta la complejidad anteriormente enunciada, la propuesta es pensar la práctica de la orientación vocacional como una tarea imprescindible de esclarecimiento e información que le permita a un sujeto establecer recorridos que lo capaciten para abordar dudas e interrogantes desde una posición pensante, crítica y creativa que permita un movimien-to de búsqueda y definición.

Esta complejidad se pone en juego en el marco de un contexto socio-económico y cultural donde el sujeto de la orientación, el orientador y las instituciones están enmarcados.

Mundo del trabajo

En todo proceso vocacional es imprescindible considerar los cambios que se han producido y se producen en el mercado laboral y en las demandas sociales de empleo.

En un pasado reciente, los itinerarios de vida en el área de educación y trabajo mantuvieron cierta regularidad, previsibilidad

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

y por lo tanto, estabilidad. Durante las últimas décadas del siglo XX y a comienzos XXI se produce un nuevo fenómeno a nivel de la economía: la globalización que produce la consolidación de un neocapitalismo salvaje que ha profundizado la brecha entre ricos y pobres, ha debilitado los Estados nacionales, y desdibujado las identidades sociales con la caída de los grandes relatos que funcionan como organizadores simbólicos del orden social, en aras de la economía de mercado.

La globalización de los mercados acentuó, entonces, la desigualdad social: a partir de la década de los noventa el des-empleo de masas –desdes-empleo estructural– se instala y afecta también a los jóvenes. Poder ayudar a esclarecer las múltiples variables del mercado laboral es una tarea prioritaria en el trabajo con los jóvenes.

Volviendo a la temática de la orientación vocacional ocu-pacional, se ha pasado de un funcionamiento casi determinista a otro enmarcado en la indeterminación e incertidumbre y, por lo tanto, nuestra función como orientadores vocacionales se ubica en el paradigma de la complejidad.

La certeza que implicaba en otro momento elegir deter-minada carrera u ocupación, porque garantizaba una inserción en el mundo laboral y social, se ha convertido, a raíz de los cambios en la economía mundial, en incertidumbre ante los cambios en el mercado laboral.

Estamos inmersos, decíamos, en los inicios de un nuevo paradigma, el paradigma de la complejidad. Una posición ética del orientador en este momento, desde nuestra perspectiva, iría por sesgo de propiciar y establecer el diálogo con la incerti-dumbre, con lo incierto, con lo inesperado, con lo no pensado. Las instituciones educativas forman parte, como objeto, de la complejidad de la mirada y de la tarea del orientador, de tensión y de oposición, que está enmarcado por las determinaciones del pasado, inconscientes y conscientes, a partir de las cuales

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se construyen fantasías y se imaginariza el futuro facilitando u obstaculizando la elección.

La búsqueda se pone en juego en el marco de identifi-caciones y movimientos de des-identificación que permiten la apropiación de un lugar singular en el que el azar de un encuentro con alguien, con una actividad, una experiencia o un trabajo, ancla al sujeto y facilita la elección que no se presenta como resto de una operación sino como centro de la misma.

Freud decía en El malestar en la cultura que la educación se comporta con los jóvenes como si dotara a los miembros de una expedición al polo de ropas de verano y mapas de los lagos de Italia, “Yerra, además por no prepararlo para la agresión cuyo objeto está destinado a ser” lanzando a los jóvenes “en medio de la vida con una orientación psicológica tan incorrecta”.

En términos generales: se ha preparado a los adolescentes para un mundo que no existe, ya que han cambiado reglas de regulación de los lazos sociales, las leyes de mercado y el sistema educativo.

La multiplicidad de formas de encuentro con lo vocacional se evidencia en el trabajo con cada adolescente. En los procesos de orientación se recorren y constituyen caminos sinuosos de encuentro.

Sergio Rascovan señala que la búsqueda de objetos voca-cionales, fundamentalmente trabajo y/o estudio, es incesante y, a su vez, contingente. No hay un objeto necesario para un sujeto. El proceso de búsqueda de objetos que satisfagan el deseo es, por lo tanto, interminable y desde luego, concomitante de la propia constitución subjetiva singular. Ésta es la dimensión subjetiva de la elección. La posibilidad de encuentro con lo vocacional no se circunscribe al proceso de diferenciación de los mandatos paternos. Cada vez más lo social y el sujeto como ser social se pone en juego en el mundo actual.

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

La certeza que implicaba en otro momento elegir deter-minada carrera u ocupación porque garantizaba una inserción en el mundo laboral y social se ha convertido, a raíz de los cambios en la economía mundial, en incertidumbre ante la permanente transformación del mercado laboral.

Estamos inmersos en los inicios de un nuevo paradigma. Todo nuevo paradigma irrumpe como pensamiento emergente, en contra de viejas estructuras, es una cosmovisión particular. En este sentido, cuestiona a la sociedad, a los estereotipos sobre los cuales se sustenta y promueve una nueva forma de ver la realidad en los campos científico, social y económico.

Un nuevo paradigma, entonces, recontextualiza los avan-ces o retroavan-cesos de una sociedad y por lo tanto, esta nueva dimensión del pensamiento permite la construcción de nuevas prácticas apoyadas en el nuevo conocimiento.

Vamos a detenernos en la conceptualización del paradigma de la complejidad. Para ello, abordaremos los desarrollos de Ilya Prigogine y Edgar Morin.

Conceptos como desorden y caos, excluidos de la ciencia clásica por considerarlos vacíos de significación, llevaron a Pri-gogine al estudio de los sistemas complejos desde la Física y a establecer las bases del nuevo paradigma. El redimensionamiento de estos conceptos ubica a los sistemas complejos como la supe-ración de las categorías de orden entendido como determinismo y previsibilidad y de caos como azar, como desorden total donde nada puede ser previsto. Prigogine define el principio de incerti-dumbre al señalar que más allá de cierto umbral de complejidad, los sistemas siguen rumbos imprevisibles, pierden sus condiciones iniciales y no se pueden invertir ni recobrar poniendo en primer plano las posibilidades creativas de la naturaleza.

Por otro lado Morin, desde las ciencias sociales, define dos tipos de paradigmas: el paradigma de la fragmentación y el paradigma de la complejidad.

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El paradigma de la fragmentación se caracteriza por dividir al todo en sus partes y priorizar las partes al todo. La disyunción del conocimiento entendida como parcelación sin referencia al contexto y por lo tanto, a una reducción del conocimiento y como consecuencia del mismo a la superespecialización y a una falsa racionalidad en torno al desarrollo y al progreso considerando que la era tecnocrática nos llevará a la felicidad, mientras vemos cómo los avances tecnológicos generan situa-ciones de exclusión del sujeto.

El paradigma de la complejidad, en cambio, nos permite ver los hechos reales dentro de un contexto, de una globa-lidad, de una multidimensionalidad que evidencia la propia complejidad. Complexus significa lo que está tejido junto. Hay complejidad cuando son inseparables los diferentes elementos que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el afectivo) y cuando la trama de este tejido muestra la interdependencia, la interactivi-dad y la interrelación entre el objeto de conocimiento y su contexto. Por esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. De tal manera que la novedad, la elección, la actividad espontánea, expresan posibilidades, no certidumbres.

La hipersimplificación que vela la complejidad de lo real, el idealismo que oculta a través de las ideas la realidad que pretende traducir, el dogmatismo que encierra a la teoría en sí misma, la racionalización que coloca a lo real en un sistema supuestamente coherente, constituyen el anzuelo que atrapa a muchos jóvenes en la actualidad.

El encuentro con la realidad de los jóvenes se ha trasfor-mado en azaroso. Cada circunstancia de vida pone en juego posibilidades distintas. El joven que emigra, el que desea con-tinuar sus estudios y no puede hacerlo inmediatamente porque la situación familiar hace que tenga que buscar trabajo y no

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

una carrera, se constituyen en experiencias en las que el azar puede llegar a facilitar la formulación de una elección.

No es posible ya la estandarización de respuestas que se convierten en repetición mortífera que proponen ciertas prác-ticas vocacionales que impiden el acercamiento de los sujetos a una decisión que cada vez más implica creación, a medida de cada uno, de los tramos profesionales.

El encuentro en el que está presente el azar agrega un aspecto enriquecedor: el reconocimiento de las propias posi-bilidades, sacando al adolescente de una contienda imaginaria con las figuras parentales y enfrentando al sujeto a la tarea de asumir la responsabilidad que implica el proceso de elección, constituyéndose en el punto crucial de su inserción en lo social.

Nos encontramos entonces con sujetos que demandan orientación y nos muestran poseer carencias importantes para insertarse en un espacio social que establece sus propias reglas de juego tratando de encauzar el deseo de los sujetos según la demanda de los centros de producción y de las consecuentes leyes del mercado.

Teniendo en cuenta la complejidad anteriormente enun-ciada, la propuesta es pensar la práctica de la orientación vocacional como una tarea imprescindible de esclarecimiento e información que le permita a un sujeto establecer recorridos que lo capaciten para abordar dudas e interrogantes desde una posición pensante, crítica y creativa que permita un movimien-to de búsqueda y definición.

Este es también un desafío que los adultos y los orientado-res debemos tomar para permitir que cada sujeto se encuentre con la incertidumbre sin que se amedrente en la bifurcación de caminos que el sujeto puede tomar ante los encuentros aza-rosos que la realidad propone. No hay uno solo sino múltiples caminos, que conducen a lo diverso, a lo complejo, a lo nuevo y a la organización singular. Freud señala que cada acción que

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el sujeto realiza en el presente está sobredeterminada por el pasado. Desde esta afirmación podemos pensar que en el ima-ginarizar un futuro se muestra la fantasmática de cada sujeto y la pregnancia de los discursos de la época, estando el futuro a su vez marcado por las decisiones del presente.

La orientación vocacional no puede abstenerse o ser neu-tral frente a las condiciones de elección de los sujetos. Nuestro rol debe entonces ser revisado y establecer una demarcación que implique una posición ética diferente a la demandada úl-timamente (la de ser reproductores de un sistema que conlleva la exclusión) y hacer en cambio una apuesta por el sujeto.

No se trata de abstracciones teóricas. El esfuerzo de los profesionales muestra un camino ético a seguir, transformando la clínica en una escucha diferente que permita intervenciones más específicas que faciliten mejores condiciones para las elec-ciones que los jóvenes deben realizar. Se podría plantear como objeción a esta propuesta que el azar siempre estuvo presente y es un planteo inobjetable. Consideramos desde la perspectiva de este trabajo la necesidad de otorgar estatuto y fuerza a lo azaroso, a la incertidumbre, a lo no lineal, a lo inesperado. El objetivo que rige nuestra tarea es facilitar el encuentro de los jóvenes con la incertidumbre que le permita desenmascarar y cuestionar la trama socio-económica y cultural que muestra ideales y verdades únicas para dar cuenta de elecciones lo menos discordantes posibles con sus creencias y deseos. Se trata, en última instancia, de acompañar a un sujeto que puede cambiar la sobredeterminación del lugar asignado, que puede dejar caer unas identificaciones para asumir otras, porque pone en duda e interroga ideales vigentes, aunque los respeta o sabe de su existencia.

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Capítulo 2. Los jóvenes ante la incertidumbre de la elección vocacional

Bibliografía

Barrionuevo, J. y Cibeira, A.: Adolescencia-Adolescentes, Buenos Aires, Tekné, 2001.

Canessa, G. y Cibeira, A.: La función articuladora de la orien-tación vocacional en el tránsito escuela media-universidad. Congreso Nacional de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Buenos Aires, UBA, 2004.

Castelnuovo, A.: “La adolescencia como fenómeno cultural” en Revista de Psicoanálisis, Nº 4, Tomo XLVII, 1990. Cibeira, A. y Déboli, M. (2007): “La orientación vocacional

y el paradigma de la complejidad” en El malestar en lo co-tidiano. Diferentes miradas en salud mental, Buenos Aires, Asociación Argentina de Profesionales de Salud Mental, Buenos Aires, Serie Conexiones.

Dolto, F.: La causa de los adolescentes, Barcelona, Seix Barral, 1990.

Kaës, R.; Faimberg, H.; Enriquez, M. y Baranes, J-J.: Transmi-sión de la vida psíquica entre generaciones, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1996.

Margulis, M. (compilador): La juventud es mas que una palabra, Biblos, 1996.

Morin, E.: Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa, 1997.

Prigogine, I.: El fin de las certidumbres, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1996.

—: El tiempo y el devenir, Barcelona, Gedisa, 1996.

Rascovan, S.: Orientación vocacional, una perspectiva crítica, Buenos Aires, Paidós, 2005.

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APÍTULO

3

F

UNDAMENTO METAPSICOLÓGICO FREUDIANO

DEL LLAMADO

A

TAQUE DE PÁNICO

Osvaldo L. Delgado

BW fh_c[hW fh[]kdjW gk[ dei \ehckbWcei [i µYk|b [i bW relación de la angustia y el más allá del principio de placer en la obra de Freud?

La segunda pregunta es respecto de la diferencia entre la angustia traumática y la angustia señal.

Veamos qué encontramos en la obra de Freud al respecto: En Más allá del principio de placer, la angustia surge como reacción ante un peligro, determinado por la ruptura de la barrera protectora. El peligro, en el nivel de la angustia traumática, es la perturbación económica, producida por un incremento de las magnitudes de estímulo (núcleo genuino del peligro). El estado de desamparo no implica, como an-gustia real, una fantasía de amenaza, sino claramente una amenaza real.

El concepto de desamparo del Proyecto de psicopatología para neurólogos, es retomado a esta altura, en su articulación con la falta de significación. La barrera de protección antiestímulo revela

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su punto de falla, indicando lo pulsional no ligado que queda por fuera de la cadena.

Precisamente desde el Proyecto, el resto que deja la ex-periencia de satisfacción (el deseo), realiza el tratamiento per-manente de lo que dejó la experiencia de dolor, que es anterior lógicamente (el afecto). Este es el antecedente de la diferencia: deseo-pulsión.

El ejemplo paradigmático es el trabajo del sueño, donde el deseo inconsciente busca ligar al resto diurno en su cara pertur-badora (pulsional). A diferencia de su cara preconciente, que está al servicio del desplazamiento en el contenido manifiesto.

En Más allá del principio de placer la inundación económica de magnitudes se articula con el automatismo económico. La angustia se generó como reacción, ante un estado de peligro.

Pero...

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Freud lo dice claramente en el capítulo VIII de Inhibición, síntoma y angustia: el aumento de tensión de la necesidad, frente al cual es impotente.

El incremento de las magnitudes de estímulo en espera de tramitación implica el peligro del desvalimiento psíquico, en relación con el período de inmadurez del yo. En la situación traumática, frente a la cual se está desvalido, coinciden el pe-ligro externo y el interno, lo que Freud llama pepe-ligro realista y exigencia pulsional (externo-interno) La situación económica es en ambos casos la misma y el desvalimiento motor encuentra su expresión en el desvalimiento psíquico.

Freud afirma en la Conferencia 32: Angustia y vida pulsional que lo esencial, respecto de esa gran excitación que es sentida como displacer, y que no puede dominar con su descarga, estado en que fracasan los esfuerzos del principio de placer, es el instante traumático. El instante traumático paraliza la función del principio de placer, y da a la situación de peligro

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Capítulo 4. Fundamento metapsicológico freudiano de llamado Ataque...

su significación. La represión primaria nace directamente de instantes traumáticos.

Entonces, hay una línea que ubica: A.Desvalimiento

B. Inundación de magnitudes de estímulo – ruptura de la barrera protectora

C. Respuesta ante un peligro.

D. Instante traumático, como fracaso del principio de placer y base de la represión primaria

E. El principio de placer nos asegura contra un daño deter-minado de nuestra economía psíquica

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La angustia traumática es respuesta a la ruptura del principio de placer, a partir de una exigencia pulsional. Y desde la misma conferencia, hacemos la segunda articulación, a partir de que Freud afirma que hay un doble origen de la angustia:

A.Del instante traumático

B. Como señal de que amenaza la repetición de tal instante Por lo tanto:

La fuente económica de la angustia debe ser netamente diferenciada de la pérdida de objeto, más aún, es la perturba-ción económica la que da su lugar a la importancia de la madre como objeto y a su pérdida.

La angustia frente a la separación, se funda en un des-plazamiento de la perturbación económica, al otro que logra impedirla, es decir a su condición. Condición, es tanto que si el objeto está ausente, se produciría el desencadenamiento del automatismo económico.

Citemos a Freud en el capítulo VIII de Inhibición, síntoma y angustia:

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“Con la experiencia de que un objeto exterior, apre-hensible por vía de la percepción, puede poner térmi-no a la situación peligrosa que recuerda al nacimiento, el contenido del peligro se desplaza de la situación económica a su condición, la pérdida del objeto. La ausencia de la madre deviene ahora el peligro. El lactante, da la señal de angustia, tan pronto como se produce, aún antes que sobrevenga la situación económica temida”.

;d[ijWb‡d[W"bWWd]kij_WlWb[YecekdW\kdY_Œd$µ9k|b5 Ser una señal para la evitación de la situación de peligro. Señal que implica dos cuestiones:

A.Expectativa del trauma (anticipación) B. Repetición amenguada de él

Respecto de la primera decimos: la situación de peligro es la situación de desvalimiento discernida, recordada, esperada. En cuanto a la segunda: el yo que ha vivenciado pasivamente el trauma, repite (wiederholen) ahora de manera activa una re-producción (reproduktion) morigerada de éste, con la esperanza de poder guiar de manera autónoma su decurso. Por lo tanto, la angustia en tanto su función como señal, implica, tanto la expectativa, como la reproducción morigerada. Se articula con la repetición y el recuerdo.

Entonces, esta reacción es una forma de recuerdo y se sitúa en el marco de la historia del sujeto. El peligro del des-valimiento psíquico se adecua al período de la inmadurez del yo, así como el peligro de la pérdida de objeto, a la falta de autonomía de los primeros años de la niñez.

Precisamente, en relación con la angustia señal se destaca el lugar central del yo. El yo es la sede misma de la angustia, y la precocidad del yo no es madurativa sino por lo contrario,

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Capítulo 4. Fundamento metapsicológico freudiano de llamado Ataque...

estructural, en la medida en que la existencia de la señal en el niño responde a la anticipación que se esboza en la tríada: desamparo, otro auxiliador, y llamado, aquello que permite que la estructura del lenguaje se posesione del organismo, y produzca sus restos y sus efectos.

La angustia, en tanto estado afectivo sólo puede ser registrada por el yo. El instante traumático, tiene el valor de fijación pulsional (restos visuales y auditivos del encuentro con la escena primaria) en la estructura psíquica misma, no asimilable por el principio de placer. Lugar propio del más allá. A partir de aquí, en tanto señal, lo temido, el objeto de la angustia, es cada vez la aparición de un instante traumá-tico, que no puede ser tratado según las normas del principio de placer.

A esta irrupción pulsional, del denominado instante traumático, la angustia señal le da un marco con la repetición-reproducción que, como dice Freud, morigera lo vivenciado pasivamente. Por este motivo, en la angustia señal, articulada al recordar-reproductor (repetición y recuerdo) se sostiene la escena psíquica.

La angustia señal se articula con la represión secundaria y con la formación de síntomas. Pero los instantes traumáticos surgen de la vida anímica, sin relación con las situaciones trau-máticas supuestas, en las cuales la angustia no es despertada, por tanto, como señal, sino que nace basada en un fundamento inmediato (irrupción).

Si la represión primaria, se sostiene en instantes traumáticos para que puedan retornar esos instantes, es necesario que haya una vacilación en la estructura misma de aquello que articula la represión primaria y el masoquismo primario. Esta articulación implica la fusión pulsional.

La angustia traumática, por lo tanto, se articula con la irrupción de la pulsión no ligada al deseo. Paralización, de la

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función del principio de placer en su capacidad de ligar las magnitudes de estímulo; daño en la economía psíquica, fracaso de las formaciones del inconsciente. Esta angustia, nombra la caída de la otra escena, de la realidad psíquica, ya que no operan el desplazamiento y la condensación. La realidad psíquica anuda los representantes psíquicos, la figurabilidad significadora (la puesta en imágenes del sueño, por ejemplo) y la pulsión.

La realidad psíquica freudiana, es nombrada por Lacan como el cuarto que anuda real, simbólico e imaginario, te-niendo por lo tanto el estatuto de un nombre del padre. Por lo tanto, el fracaso de la ligadura pulsión-deseo, suspende la posibilidad de la significación. Se trata de un padecimiento no causado por un representante psíquico reprimido (como en el síntoma), sino por la ausencia misma de ese mecanismo psíquico.

La ausencia de significación es efecto de la perturbación económica, por fuera de la cadena asociativa: “carece aun de todo contenido psíquico”, sostiene Freud.

Éste es el fundamento metapsicológico de lo que hoy se denomina como novedad: ataque de pánico.

Bibliografía

Freud, S. (1895): “Proyecto de Psicología para Neurólogos”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1982, Tomo I.

— (1896): “Manuscrito K., Las Neurosis de Defensa”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1982, Tomo I.

— (1920): “Más allá del Principio de Placer”, en Obras comple-tas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1979, Tomo XVIII.

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Capítulo 4. Fundamento metapsicológico freudiano de llamado Ataque...

— (1932-1933): “Conferencia 32: Angustia y vida pulsional”, en Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1979, Tomo XXII.

— (1926): “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras comple-tas, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1979, Tomo XX.

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APÍTULO

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UANDO EL OBSTÁCULO ES LA

AUSENCIA DE ANGUSTIA

Cristina Esteban

En el equipo Infanto Juvenil del Hospital Interzonal de Agudos Evita de Lanús, se realizan tratamientos individuales y entrevistas a padres en consultorios externos de niños y adoles-centes hasta los 21 años, atención de adolesadoles-centes embarazadas hasta los 18 años en consultorios de maternidad, atención de pacientes niños y adolescentes portadores de HIV e intercon-sultas con pediatría, neonatología, infectología y maternidad. Presentaremos un pedido de interconsulta del Servicio de Pediatría e intentaremos desarrollar las dificultades del trabajo terapéutico como paradigma de este tipo de pacientes.

Caso clínico

Paola es una joven de 14 años de edad que tiene 2 hijos nacidos por cesárea. Matías de 13 meses y Caterine 15 días. El pedido de interconsulta es solicitado porque la observaban

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llorando y angustiada. Acompañaba a Matías internado por cuarta vez debido a un cuadro respiratorio agudo. En ninguno de los dos embarazos se controló en centros de salud y sólo en los cuadros respiratorios graves de Matías acudió para que sea asistido.

El padre de ambos niños y pareja de Paola es Carlos. Vi-ven en una casilla de Villa Fiorito con los padres de Carlos y 7 hermanitos.

Paola es la hija mayor de 5 hermanos. Vivió con su madre hasta que se embarazó a los 12 años. Su padre fallece cuando ella tenía 6 años. Comenta:

“Mi papá tomaba ginebra, era borracho y lo operaron como 11 veces, le explotó el páncreas. Mi mamá se la pasaba en el hospital, y yo me quedaba con mis hermanos”.

La mamá de Paola, María, tiene 32 años, está en pareja y vive con sus otros hijos. Sólo uno de sus 5 hijos tiene el apellido paterno de otra pareja.

En el momento de la internación de Matías en Pediatría, Caterine, la beba recién nacida, estaba internada en Neona-tología (porque nació prematura). A los pocos días es dada de alta quedando a cargo de los abuelos paternos, al mismo tiempo que Matías continuaba internado al cuidado de Paola.

De la abuela paterna, Paola comenta:

“No me hablo, no me gusta cómo es, se va al bingo y deja a los hijos cagados y meados”.

El equipo de interconsulta realiza varias entrevistas con Paola. En la primera, no se la observa angustiada, se presenta reticente, enojada y fastidiada ante nuestra presencia, deman-dando rápida y eficaz atención médica para Matías; expresando

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Capítulo 5. Cuando el obstáculo es la ausencia de angustia

disconformidad por el abordaje clínico-terapéutico, al mismo tiempo que no quería permanecer en el hospital.

En las posteriores entrevistas las respuestas variaban de acuerdo al interlocutor, (pediatras, trabajadora social, psicólo-gos, etc.), siendo ya no el relato reticente, sino contradictorio y poco creíble.

Se realizó una entrevista con los abuelos paternos, a raíz de que se presentan en Servicio Social, con Caterine, en brazos y llorando, manifestando no saber cómo resolver la alimentación de la misma. La beba no ingería leche desde la mañana temprano por lo que el equipo de salud le consigue leche y mamadera.

Comentan desconocer dónde estaba Paola, ya que no se encontraba ni en el hospital ni en su domicilio.

Describen a Paola como descuidada, con falta de aseo personal y relatan que el dinero que su hijo, Carlos le dejaba, Paola lo utilizaba para ayudar a su madre.

En la última entrevista con Paola y Carlos de 22 años, que trabaja de cartonero, y a quien se lo observa débil, tímido, con ca-rencias verbales y dependiente; se trabajaba la posibilidad del alta médica de Matías, ya que había evolucionado clínicamente bien.

En la misma, dado que, de acuerdo a los elementos reco-gidos, no había en el entorno familiar un lugar que reuniera condiciones de higiene y cuidados apropiados para la patología de Matías (calefacción, ausencia de humedad, pisos de mate-rial) y tomando en cuenta, la desvinculación de Paola con su beba recién nacida, se ofreció la alternativa de una habitación en pediatría para Paola y sus dos hijos de manera provisoria, ya que ambas familias vivían en espacios reducidos, hacinados y compartidos con gallinas, caballo y deshechos.

Por otro lado, el caso de esta familia estaba siendo traba-jado por el Servicio local de Lomas de Zamora para brindarle elementos materiales para la refacción del lugar.

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A partir de ese ofrecimiento, Paola se levanta y estalla con gritos y manotazos, diciendo:

“Me voy a la mierda, ustedes no me van a hacer contagiar a mi hijo con otro chico y que se muera”. Carlos intenta contenerla físicamente, pero ella se retira del lugar, busca a Matías, le saca la bigotera del oxígeno, vuel-ve y manifiesta que se va, con o sin alta. Carlos permanece sentado, pasivo y dice:

“Es muy caprichosa, siempre hace lo que quiere”.

Dejo pasar unos minutos me acerco, y ya más tranquila, pedía una mamadera para Matías; me pregunta por el turno de ginecología que se le había otorgado para el día siguiente. Nos retiramos del piso de pediatría y nos comunican posteriormente que ese día se decidió el alta de Matías.

La semana siguiente me encuentra en los pasillos del hos-pital, y dice que no pudo llevar a control a Matías, tampoco fue al turno de ginecología, pero que en ese momento quería ver un doctor porque se le había saltado un punto de la cesárea y pedía que se la oriente dónde dirigirse. Cargaba en sus brazos a Matías de 8/10 Kg.

En días posteriores tomo conocimiento por otros profesiona-les que Paola concurre habitualmente al hospital acompañando a una amiga adicta que cuida a una adolescente internada.

Desarrollo

El hospital nos convoca cotidianamente al difícil aborda-je clínico de pacientes cuyas condiciones socioculturales no aseguran, más bien dificultan, su vida subjetiva.

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Capítulo 5. Cuando el obstáculo es la ausencia de angustia

En nuestra práctica clínica cada vez con mayor frecuencia nos enfrentamos con manifestaciones que nos hacen sentir im-potentes para asumir roles de cuidado, amparo o sostén de otros. Como psicoanalistas, uno de los principales interrogantes que nos surgen, en estos casos, es a qué categoría de nuestro marco teórico apelar para elaborar y sostener nuestro pensa-miento y accionar.

Intentaremos describir hasta qué punto y de qué modo esta situación nos involucra, generando la necesidad de reflexionar.

Se trata de una joven obstinada, que quiere imponer sus criterios de manera caprichosa, sin signos de alarma, ni para sí ni para sus hijos, que desacredita y desafía el saber de los profesionales; no pudiendo interpretar las pautas de cuidado, amparo y protección.

La mentira, su discurso engañoso, inconsistente, con-vincente por momentos, su desenfreno por querer irse, son los recursos de sobrevivencia de los que dispone en su medio cultural y social.

µFeZh‡Wcei_d\[h_h"gk[Wb]e\k[hWZ[b^eif_jWbbWYedleYW con urgencia?

µI[h|Wb]‘dYedikce5

µ;b[dY_[hhe[d[b^eif_jWbbWfh_lWZ[kdWcWhYWfhef_WZ[ una cadena de experiencias adictivas, y para ella vitales, que la remiten a sus modelos identificatorios y culturales? (Padre alco-hólico violento, suegra jugadora, amiga adicta a quien acompaña al hospital diariamente, dejando a sus hijos con otros).

Estaríamos hablando de otra marca en Paola, las funciones maternas fallidas, su madre dejándola al cuidado de sus herma-nos a los 6 años, su suegra a cargo de Caterine de 15 días que pasa horas sin recibir alimentos.

Es significativo y descriptivo de este contexto social y cultural que en los adultos no haya transmisión de un orden, de ley, de freno, no hay posibilidades de tramitación pulsional.

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Es de destacar que los hijos de ambas familias llevan el apellido materno, de un lejano progenitor no ubicable en la actual configuración familiar.

Dicen Silvia Duschatzky y Cristina Corea en Chicos en Banda: “La ley no es la ley del padre, la que socializa en una matriz cultural civilizatoria, la que en consecuencia habilita la entrada al mundo y a la interacción con los otros. Se trata en cambio de reglas pertinentes para habitar la situación en los códigos legitimados dentro de una ‘subcultura’”.

Parecería, entonces que Paola responde al código solidario de acompañar a su amiga al hospital a cuidar otra adolescente enferma, en tanto no concurrió a su propia atención médica ni a la de Matías.

µ;n_ij_h|ejhWfei_X_b_ZWZZ[kdYk[hfeokdbk]Whgk[de sea como el de su padre, varias veces herido (11 operaciones) que termina explotando, cuando a los 14 años, Paola lleva dos cesáreas en un año y un punto que se ha soltado por falta de registro?

µ>WXh|ejhebk]Whfei_Xb[fWhWiki^_`ei"Z[bWc_icW[ZWZ que los niños paridos por su madre y suegra?

Advertimos en este funcionamiento familiar un modo particular de indiferenciación de los lugares tradicionales de padre, madre, e hijos, con la consiguiente disolución de pro-tección y autoridad de los padres hacia los hijos.

Podríamos agregar que esta alteración de los lugares simbó-licos de autoridad delatan algo más que la indiferenciación o la simetría, nos alertan de la ausencia de referentes y de anclajes para la constitución subjetiva.

André Green dice que el aporte materno no es tan sólo un suministro conveniente; es más bien, la sustancia básica desde

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Capítulo 5. Cuando el obstáculo es la ausencia de angustia

la cual se construye la esencia del sujeto psíquico, es decir su dimensión deseante. La tarea constructora de la pulsión de vida se apoya en el cuidado materno y se realiza, en primer lugar, en el armazón del sistema representacional. La acción contraria, la de la pulsión de muerte, tiende a la desinvestidura.

En Paola ha fracasado la posibilidad de tramitación indi-vidual e interindiindi-vidual de las exigencias pulsionales y de la realidad por falta de sostén y de protección materna durante el proceso de constitución de los lugares psíquicos (como auxiliar, modelo, objeto y rival).

El embarazo es de por sí un estado de vulnerabilidad psíquica y biológica, de indiferenciación entre el niño y la madre o dicho de otra manera un estado de fusión. Sabemos de los innumerables avatares psíquicos, culturales y sociales que atraviesan la pubertad. Entre ellos, quizá el más importante es la irrupción de la genitalidad que tiene en un comienzo un efecto desorganizante (traumático) de la estructura psíquica precedente. En esta joven lo más evidente es que se ha super-puesto la genitalidad con la maternidad.

Paola ya es parte de una transmisión intergeneracional de introducción prematura a la sexualidad y a la maternidad, así como sus hijos a la vida (nacimientos prematuros).

En este estado de indefensión frente a una realidad pulsio-nal y social queda arrasada la coraza protectora, produciendo un estado de claudicación de la conciencia y sus contenidos (los registros perceptivos y afectivos).

Paola tiene un empobrecimiento de los procesos de inves-tidura de sí y de sus hijos.

La inundación de la conciencia por estímulos desbordantes (cuidado de sus hermanos a los 6 años, padre alcohólico y vio-lento, salida de su hogar a los 12 años, maternidad prematura, etc.) han impedido que se produzcan inscripciones de matices afectivos, como registro primero y privilegiado de la subjetividad.

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