TEMA 17: LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL IMPACTO DE LOS NUEVOS MATERIALES EN LA ARQUITECTURA.

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TEMA 17:

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL Y EL IMPACTO DE LOS NUEVOS MATERIALES EN LA ARQUITECTURA.

El nacimiento del urbanismo moderno. Las grandes transformaciones urbanas. La reforma de París y el ensanche de Barcelona.

Desde el segundo tercio del siglo XIX y hasta la actualidad, la arquitectura ha vivido en constante transformación. El proceso de industrialización creó nuevas necesidades, pero aportó también soluciones novedosas, como por ejemplo la introducción de materiales desconocidos hasta la fecha. Una serie de cambios progresivos marcaron la arquitectura de este período. Dos son las exigencias que debía satisfacer la arquitectura contemporánea:

• Necesidad de construir lugares de residencia, dotados de los servicios adecuados, para la creciente población urbana. El crecimiento de las ciudades avivó la preocupación por la organización racional de los espacios.

El urbanismo se convirtió en una cuestión prioritaria, en especial los aspectos relacionados con espacios de ocio e infraestructuras higiénico- sanitarias de las ciudades.

• Necesidad de facilitar la comunicación dentro de los recintos urbanos y de posibilitar la conexión de unos núcleos con otros. El fácil acceso a las principales vías de comunicación se convirtió en una prioridad del plan de ensanche y ampliación de las nuevas ciudades.

Estas dos exigencias estuvieron presentes en las remodelaciones urbanísticas de mediados del siglo XIX de las grandes ciudades europeas: Viena, Berna, Edimburgo, Barcelona o París.

Los ensayos urbanísticos que se desarrollan en el siglo XIX, para reformar las viejas ciudades donde se apiña el proletariado urbano en infectos suburbios, siguen distintos modelos.

La reacción ante el maquinismo y la concentración urbana llevó al hombre a volver a mirar a la naturaleza como terapia ante la locura de las asfixiantes ciudades.

Influenciado por Robert Owen, Ebenezer Howard proyecta la denominada ciudad- jardín en Letchworth, acta de nacimiento del urbanismo moderno. El principio básico de la ciudad jardín consiste en salvar la ciudad de la congestión, y el campo del abandono. Se plantean cuidadosamente las ciudades de modo que no excedan de un número de habitantes. Las ocupaciones de éstos serán repartidas equilibradamente entre el campo y la industria, instalándose ciertas industrias en el

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resulta así autosuficiente. Ninguna calle de excesivo tránsito cruza la ciudad, las vías de gran densidad de tráfico y el ferrocarril están fuera y comunican las diversas ciudad jardín, y éstas con la central, que puede ser la vieja ciudad a la que se pretende salvar con estas soluciones.

Sus ideas fueron pronto olvidadas por los movimientos racionalistas del siglo XX, mucho más dogmáticos y de soluciones grandiosas. Hoy días las pocas ciudades jardín que se construyeron han sido ampliadas asumiendo los espacios verdes para nuevas edificaciones, traicionando su esencia y su utilidad.

Una aportación interesante al urbanismo del siglo XIX es el proyecto de ciudad lineal de Madrid por Arturo Soria en 1882, que aún hoy subsiste en parte.

Consiste en un eje de más de 5 km. Detrás de ellas, sólo hay campo. El eje central es la vía de comunicaciones, en una época en que el coche era sólo experimental.

La mayor ventaja era el aprovechamiento de las vías naturales de comunicación, caminos, costas, ríos y, sobre todo, que el carácter lineal impedía la expansión transversal, con lo que nunca se perdía el contacto con el campo. Esta solución sólo era válida para un número limitado de habitantes, pues conseguía evitar la aglomeración y no perder el contacto con la naturaleza.

El barón Haussmann, para la remodelación de París, elabora un plan urbanístico basado en la retícula, asemejándose a un tejido nervioso en el que los núcleos de interés vienen determinados por plazas, monumentos o centros de servicios. Las uniones de estos lugares se trazan con lógica y dan gran fluidez al tráfico. La malla resultante tiene un carácter realmente biológico y puede llegar a ser muy eficaz si no se desbordan las previsiones para las que fue concebida. La remodelación de París empieza en 1852 y dura 25 años, debido al empeño de Napoleón III de hacer una gran ciudad moderna. Haussmann realiza una verdadera operación de cirugía, desapareciendo gran cantidad de callejuelas y rincones urbanos medievales, superponiendo al trazado antiguo uno más amplio y más funcional. Para ello derribó manzanas enteras de casas y abrió amplias avenidas, pero sin demoler los edificios notables. Haussmann había heredado del Barroco el gusto por las perspectivas teatrales y procuró que sus principales avenidas estuvieran cerradas por un monumento.

El trazado en cuadrícula, siguiendo el modelo de Hippodamos de Mileto, más conocido del siglo XIX es el urbanismo de Ildefonso Cerdá en 1859 para Barcelona. Esta ciudad, con su doble actividad portuaria y textil, experimentó un crecimiento demográfico enorme, y de la vieja ciudad medieval pasó, en 50 años, a ocupar un área cinco veces mayor. Cerdá realiza una trama ortogonal, como las viejas ciudades romanas, con dos ejes horizontales de mayor anchura y dos grandes

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vías diagonales. Para ampliar la visibilidad y el espacio en los cruces, realiza cortes en chaflán en la esquina de las manzanas.

La arquitectura de los nuevos materiales. Los ingenieros arquitectos.

La población en el siglo XIX había crecido considerablemente y requería que la arquitectura, mediante el empleo de nuevos materiales, solventara las necesidades que había acarreado la revolución industrial y el enorme desarrollo de las ciudades. Se crearon estaciones de ferrocarril, mercados, nuevas viviendas, puentes… Este tipo de construcciones arquitectónicas pueden ser consideradas racionalistas o funcionalistas, dado que la forma se ha de identificar con la función.

Las principales aportaciones materiales del siglo XIX son el hierro fundido y colado (sustituyendo a la forja, permite crear largas vigas), el vidrio y el cemento armado (cal y arcilla reforzado con varillas de hierro). Sus ventajas son:

• Se producían en grandes cantidades y a bajo costo.

• Fácilmente transportables en módulos prefabricados. De la fábrica iban directamente al lugar de la obra donde tan sólo había que montarlos.

• Son recuperables, los elementos se pueden reutilizar.

• Se podían cubrir amplios espacios con menos puntos apoyo. Esto da lugar a formas más atrevidas y arcos considerablemente más amplios.

De esta manera, se construyeron un gran número de puentes caracterizados por la simplicidad y la eficacia. Ej. El de Coalbrookdale (Shronpshire) de Farnolls Pritchard es el primer puente de hierro del mundo, o los de Thomas Telford como el London Bridge.

Por la simplicidad de sus formas y por no utilizar elementos decorativos, destacan los invernaderos de Charles Rohault, de Fleury (Jardin Des plantes de París), el Palm Stove de Decimus Burton o los de sir Jospeh Paxton. Son grandes esqueletos de metal que se separan del exterior a través de grandes placas de vidrio.

Las estaciones de ferrocarril son otro ejemplo recurrente de la arquitectura del momento, como podemos apreciar en la Temple Mids de Bristol de Brunel, la estación del Norte de París o la Station de Derby de Robert Stephenson.

El paradigma de la utilización de los nuevos materiales con grandes dosis de creatividad es Henri Labrouste (1801-1875), sobre todo en la Biblioteca de Santa Genoveva de París, y la sala de lectura en la Biblioteca Nacional, donde livianas cúpulas de cristal se alzan sobre arcos y columnas metálicas muy finas que proyectan una sombra mínima. Desde la sala de lectura se pueden ver los depósitos

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con capacidad para 900.000 volúmenes, a través de una pared de cristal. El resultado es un espacio dilatado y con gran abundancia de luz.

Las Exposiciones Universales tenían la finalidad de mostrar periódicamente al mundo los adelantos tecnológicos, industriales e incluso artísticos que se habían producido, y eran el exponente orgulloso del país que las organizaba. A partir de 1850 se hacen internacionales comparándose productos propios con los llegados de otros lugares del mundo. Para la realización de estas exposiciones se realizan arquitecturas efímeras, es decir, que duran el tiempo que dura la exposición y una vez finalizada ésta se desmontan. Esta fugacidad imposibilita la conservación de alguna obra que pudiera ilustrar la concepción arquitectónica del momento. Los arquitectos-ingenieros se preocupan al máximo de la funcionalidad, realizándolos con los medios técnicos más avanzados y haciendo gala de la mejor sabiduría constructiva posible.

La poca duración de las exposiciones y la necesidad de su demolición será una constante en todas ellas. John Paxton, para la Exposición Universal de 1851 de Londres, realizó un palacio de hierro y de cristal, de 600 m. de largo realizado íntegramente con cristal y hierro, dotado de una gran amplitud y luminosidad gracias a la incorporación de galerías a diversas alturas. Paxton realiza un edificio montable y desmontable, como un mecano, ya que se le exigía que los materiales pudieran ser empleados de nuevo.

Para la exposición de París de 1889 Dutert y Contamin realizan la Galería de las Máquinas, de enormes dimensiones: 420 metros de largo por 115 de anchura.

Esta gran anchura se consigue con un solo arco constituido por dos medias parábolas articuladas en su unión. Es la mayor luz conseguida hasta entonces en arco o bóveda alguna. Gustave Eiffel levantó la famosa Torre Eiffel en el centro de la ciudad de París para la exposición de 1889, criticada por Zola, Meissonier y Garnier. Es una estructura de 330 metros de altura de hierro forjado y colado y no se revistió con ningún otro material. Se sustenta sobre grandes arcos parabólicos y carece de funcionalidad alguna (hoy tiene en la parte superior una antena de comunicaciones), por lo que debemos interpretar esta obra como una exaltación de la nueva arquitectura, del progreso y un intento por extraer todas las cualidades estéticas de un material como el hierro. Estamos ante la expresión de una mentalidad claramente progresista.

La escuela de Chicago.

América ofrece un panorama distinto, insólito y prometedor. Hija cultural de Europa, pronto descubre los horizontes de la riqueza industrial, el comercio, las bases de la potencia mundial.

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Al contrario de Europa, no estaba encorsetada por ninguna tradición, por ello sus edificios pueden diseñarse según las conveniencias del presente, sin referencias al pasado. En Chicago se forma en el último tercio del siglo la escuela americana más importante de arquitectura. La vieja ciudad había sido destruida por un incendio en 1871, y poco a poco el afán constructivo hace crecer de nuevo a la ciudad. Los métodos de la arquitectura tradicional se cuestionan y se proponen incorporar los nuevos materiales de construcción. Por tanto, sus características básicas son:

• Crecimiento en altura.

• Ausencia de la tradición arquitectónica, que permitió desligarse totalmente del pasado y evitó el recurso a evocaciones o revivals constructivos.

• La utilización conjunta de materiales tradicionales y nuevos.

• Los arquitectos de la escuela de Chicago eliminan los elementos decorativos y ornamentales para centrarse en la funcionalidad. Dejan los adornos para las cornisas y las portadas de los edificios.

• Inician la construcción de los rascacielos.

El creador de la escuela es William Le Baron Jenney. De su estudio de arquitectura salieron los más importantes proyectistas del momento. Sus innovaciones técnicas son las incorporaciones de los nuevos métodos de cimentación, la utilización del cemento armado, los edificios están construidos por esqueletos de acero que permiten aumentar notablemente la altura y abrir grandes ventanales que preludian la utilización del muro-cortina posterior. Otro elemento decisivo es la aparición desde 1864 del ascensor. Su edificio más importante es el Home Insurance Building, donde se reflejan sus aportaciones teóricas. El muro está recorrido por una serie de vanos dispuestos de forma reticular. Este es uno de los aspectos que más va a preocupar a los arquitectos que realicen rascacielos: tratar de romper la monotonía que supone la disposición de los vanos. Para ello varían los ritmos y la dimensión de los mismos incluyendo voladizos.

Henry Hobson Richardson, conocedor en profundidad del románico, estudió la funcionalidad de la arquitectura, que el edificio siempre se adaptase a la función.

Su obra más importante son los Almacenes Marshall, de ocho pisos, agrupados en zonas diferentes mediante arcos de medio punto y para los que emplea almohadillado rústico.

La figura más importante de la escuela de Chicago es Louis Sullivan, que estudió en América y París. En Chicago realiza el Auditorio, con capacidad para más de 4000 personas y donde juega con las posibilidades expresivas de los materiales e

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introduce elementos decorativos que le acercan al art noveau. En 1891 termina el Wainwrigt Building, de perfectas proporciones que nacen de la estructura, y no al revés, como ocurría en la arquitectura renacentista europea. Anticipa la funcionalidad a la estética, premonición de la arquitectura racionalista. Otra de sus grandes obras son los Almacenes Carson (1899), donde usó la ventana apaisada, así como el remarcamiento de las bandas horizontales, le hacen resultar alargado. La fórmula contraria, la vertical, la adoptó en el Guaranty Building de Búfalo, que anuncia el empuje ascensional de los grandes rascacielos del próximo siglo.

La importancia, por tanto, de la escuela de Chicago, es la creación del rascacielos, como alternativa funcional, y la segunda, que por primera vez fueron los arquitectos quienes emprendieron la renovación, y no los ingenieros u otros intrusos.

El modernismo. Gaudí.

En la última década del siglo, se dan las condiciones necesarias para que la arquitectura europea encuentre una salida a la crisis en la que se hallaba el historicismo gestado y desgarrado. La insatisfacción ante el eclecticismo, la alternativa ofrecida por el Arts and Crafts de William Morris (vuelta a la artesanía y al trabajo artesano frente a la máquina y la revolución industrial), y el número creciente de arquitectos que utilizan los nuevos materiales con absoluta libertad expresiva y creadora, son las circunstancias que concurren en las complejas manifestaciones plásticas de final de siglo. Se interesan por la naturaleza y sus formas, de las que acentúan el carácter metamórfico y las posibilidades decorativas que ofrecen.

Con el término Modernismo designamos un movimiento surgido entre finales del XIX y principios del XX en Europa y EEUU, que afectó principalmente a la arquitectura y las artes decorativas (objetos que forman parte de la vida cotidiana como el papel pintado de las casas, las vajillas, el mobiliario, jarrones, joyas….). Los artistas elaborarán sus propios lenguajes expresivos con una individualidad feroz, que difícilmente encontramos un ideario común. Su vínculo de unión es el deseo de crear nuevas formas libres del peso de la historia. Esta producción artesanal de los objetos y las obras de arte producen un encarecimiento de los precios, siendo el modernismo el arte de la burguesía urbana, lejos del alcance de las clases populares.

Las causas, fechas y nombres son diferentes en cada país europeo: Art Noveau en Bélgica, Jugendstil en Alemania, Secesión Vienesa en Austria, Liberty en Italia, Modernismo en España. Dentro de esta división también caben dos tendencias:

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• Arquitectura más expresiva en la que se prefiere la línea curva y formas ondulantes (Bélgica y Francia).

• Arquitectura más geométrica donde se opta por la línea recta y la simplificación, que la aproximan a la arquitectura racionalista (Gran Bretaña y Austria).

Modernismo ondulante: Francia y Bélgica.

Victor Horta (1861-1947) es el pionero en Bélgica. Con su casa para el ingeniero Tassel en Bruselas fija los fundamentos de un nuevo vocabulario arquitectónico. Dentro podemos admirar la bella escalera de hierro visto que decoró con elementos vegetales del mismo material que, con un rimo ondulante, recorren las superficies. En la casa que para él mismo construye en Bruselas se encarga de todos los elementos, desde los puramente espaciales y cromáticos, hasta los muebles, suelos, escaleras… alcanzando una dimensión perfectamente integrada del espacio habitable. Horta consiguió transmitir al exterior la forma y los volúmenes del interior del edificio, poniendo de manifiesto la estructura del mismo.

Para Henry Van de Velde (1863-1957) el arte podía regular los modos de producción y de distribución de los objetos de uso, asumiendo así una misión planificadora, siguiendo las teorías de John Ruskin y William Morris. Su tarea investigadora le llevará a planificar desde edificios hasta muebles y objetos de adorno, como podemos apreciar en la casa Ucle o la casa Bloemenwerf, cerca de Bruselas, en 1894. En 1907 pasó a dirigir la Werkbund, la primera gran escuela de diseño moderno.

Hector Guimard es el arquitecto más interesante del art noveau francés, destacando sus entradas del metro de París.

Modernismo racionalista: Gran Bretaña y Austria.

En estos dos países el modernismo se decanta por la línea recta que anuncia la arquitectura racionalista de los años 20 y 30

El escocés Charles Mackintosh conjuga armoniosamente amplios planos de tenues colores con formas lineales de singular belleza que se cierran creando nuevas formas subordinadas. En la escuela de arte de Glasgow ejecutó una obra de líneas puras y limpias predominando la geometría, con materiales austeros y simples y volúmenes netos.

En Viena, la Secesión está encabeza por Otto Wagner, llevando la arquitectura hacia una libertad absoluta en la búsqueda de espacios y distribución de interiores. Para él la arquitectura debía ser racional, adecuarse a la función para

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la que es concebida y, al mismo tiempo, separarse de toda la tradición anterior. En 1889 construyó la casa de las Mayólicas.

Joseph Maria Olbrich fue colaborador de Wagner y compartían las mismas ideas. En 1897 realizó el edificio de la Sezession en Viena, de planta cuadrada cubierta por una cúpula calada y dorada hecha de láminas metálicas, un espacio de formas limpias que le granjeó gran fama. También realizó el monumento funerario de la familia Von Klarwill.

Joseph Hoffman fue también discípulo de Wagner, demostrando interés por las formas geométricas y el contraste entre el blanco y el negro. Su obra más conocida es el Palacio Stocklet de Bruselas, donde emplea mármoles blancos, ventanas sin molduras, es decir, elementos modernos. El interior está decorado con mosaicos de Klimt.

Libertad creadora en arquitectura y el inmenso papel de la decoración es el resumen de la arquitectura modernista europea.

Antoni Gaudí.

Gaudí (1852-1926) es el más original y, también, el más importante de los arquitectos modernistas de España por su creatividad. Su fuerte personalidad obligan a un estudio independiente de su obra, ya que muchas de sus propuestas se encuentran fuera del contexto general constructor del momento.

Nace en Reus y estudió en la escuela de Arquitectura de Barcelona, interesándose por las ideas de John Ruskin y William Morris. Sus primeras obras se desarrollan bajo la influencia del historicismo y de la arquitectura de Viollet Le Duc, manifestando una visión personal del mudéjar y del gótico. Entre sus primeras creaciones destacan la Casa Vicens (1883-1888), donde funde las influencias mudéjares y orientales, y comienza a preocuparse por dar a cada material el tratamiento oportuno, y el Capricho de Comillas (1883, Cantabria), que recuerda a un minarete musulmán. En 1886 comienza a construir el Palacio Güell, en 1889 el Palacio Episcopal de Astorga (de clara inspiración neogótica) y el colegio de las Teresianas en Barcelona, realizado en piedra y ladrillo. En esta obra, las dificultades y la escasez económica se compensan con la creatividad y la originalidad de los arcos parabólicos, y la modernización del lenguaje mudéjar. También es neogótica la Casa Botines en León, donde se puede admirar en el exterior una escultura de San Jorge con el dragón, un tema muy medieval y catalán.

Tras estar muy influenciado por el neomedievalismo, decide abandonarlo y comienza a interesarse por las formas orgánicas, sacadas de la naturaleza. Así, en las formas vivas, vegetales o animales, encontrará las más íntimas fuentes de inspiración. Esto sucedería entre 1900-1917, el período más creativo de toda su

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carrera. Ahora inicia el Parque Güell (1900-14), una gran ciudad-jardín, donde en la entrada utilizó colosales columnas pétreas inclinadas que se disponen unas muy próximas a las otras, como si de una moderna sala hipóstila se tratase. Emplea también cúpulas bulbosas y originales chimeneas, persiguiendo la fusión arquitectura-naturaleza.

Entre 1904-06 construye la casa Batlló en Barcelona, reformando una casa ya existente. Hizo algunas modificaciones en el interior y recubrió la fachada con trencadis, técnica que consiste en emplear fragmentos rotos de cerámica para disponerlos libremente y conseguir efectos decorativos, labor claramente artesanal.

Las paredes se ondulan y el tejado parece el dorso de un poderoso dragón, los balcones exhiben enormes antifaces. El arquitecto también diseñó el interior, gracias a lo cual se puede comprobar mejor su pensamiento y su época.

En 1906 realiza la casa Milá, conocida como la Pedrera, donde ensaya soluciones constructivas de gran originalidad: se cambiaron los muros de carga por columnas de piedra y ladrillo por el entramado metálico, elementos ambos que permiten crear una planta libre de formas ondulantes. El edificio resulta de una organicidad vegetal inaudita: Gaudí elimina siglos de historia rompiendo la racional ortogonalidad de las habitaciones y confiriendo a éstas una sintaxis biológica de pasillos curvos y superficies trapezoidales encajadas como un auténtico tejido celular. En la parte superior se situaron chimeneas de formas bulbosas. Igualmente ingeniosa es la iglesia de la colonia Güell, obra que podría ser considerada expresionista o incluso cerca del Brutalismo, por la exaltación que Gaudí hace en ella del material. Las vastas columnas monolíticas, que recuerdan al arte prehistórico, confieren al conjunto un aspecto global de rusticidad.

La sagrada Familia fue un encargo de la asociación de devotos de San José.

Hoy está inacabada, puesto que Gaudí sólo llegó a construir una parte de la misma, pese a que consagró parte de su vida a la obra (desde 1883 hasta 1926). La influencia del Gótico es tamizada por el personal estilo de Gaudí. Las torres de perfil parabólico horadadas para resistir mejor los vientos, son a la vez instrumentos sonoros y símbolos religiosos. A todo el conjunto, el cemento, la piedra, el hierro y los mosaicos cerámicos, le dan una riqueza plástica inaudita.

Más sorprendente es el interior, del que se conocen proyectos y una gran maqueta de yeso. Las columnas se inclinan, funcionalmente, para recoger los empujes oblicuos de las bóvedas, pero a pesar de ello, y como el peso de éstas resultaría excesivo, las columnas se ramifican en la parte superior para distribuir mejor el soporte de los empujes. El aspecto es de una lógica orgánica y naturalista impecable, anticipándose a los diseños arquitectónicos e industriales basados en la moderna biónica.

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Otros autores modernistas catalanes, que convivieron siempre a la sombra del genio de Gaudí, fueron:

Lluís Domenech y Montaner (1850-1923) realizó obras tan importantes como el café-restaurante El Castells des Tres Dragons, hoy museo de zoología, para la exposición universal de Barcelona de 1888, dentro de un estilo claramente neogótico, pero bastante racionalista y severo, donde predominan las líneas rectas.

En 1905 construye la Casa Lleó-Morera y el Palacio de la Música, su obra maestra, donde pretendió reflejar la esencia cultural de Cataluña. En él juega con la curva y la contracurva, con las posibilidades expresivas de los nuevos materiales como el hierro y el vidrio, que no se molesta en ocultar. Exalta la riqueza de las tradiciones y de los objetos realizados artesanalmente.

Josep María Puig i Cafaldach fue un gran conocedor de la tradición arquitectónica española, combinando en una misma arquitectura el Románico, Mudéjar, Barroco, Plateresco y gótico. Destaca en su obra la Casa Amatller, con una fachada extremadamente plana y alejada de la arquitectura de Gaudí, más voluminosa y dinámica.

En Madrid tenemos como edificio modernista el Palacio Longoria (sede de la SGAE), obra de José Grases Riera.

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