Diversos temas relacionados con la Vida

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Diversos temas relacionados con la Vida

La vida como don de Dios, el sufrimiento y la muerte, la cultura de la muerte y el aborto.

Autor: | Editorial:

La vida es un don que Dios nos ha dado sin haber hecho nada para merecerla, es algo que debemos cuidar.

Aquí aprenderemos a apreciarla, a aceptar el sufrimiento y la muerte. El sufrimiento es parte de de la vida del hombre y la muerte algo inevitable.

Reflexionaremos en la cultura de la muerte que está tan de moda y en el aborto.

1 La vida que Dios me da 2 El sufrimiento y la muerte 3 La cultura de la muerte 4 El aborto

La vida que Dios me da

¿De qué hablaremos hoy?

Hoy hablaremos sobre la vida que Dios nos regaló. Conoceremos que Dios nos creó por amor;

comprenderemos que la vida es una y se vive una vez y que debemos aprovecharla.

¿Qué le pasa al mundo?

¡Cosa curiosa ésta de vivir!

Sin tu consentimiento, hete aquí instalado, desde hace ya catorce o quince años, sobre una máquina redonda, la Tierra, a la que te adhieres como una mosca a una esfera.

En el otro lado de la Tierra viven otros seres humanos, con la cabeza hacia abajo, ¡sin sentir el menor malestar!

Y cada día sobre este globo, vives: mueves brazos y piernas, comes, cambias de lugar unos objetos,

rompes otros, después te acuestas y pierdes el conocimiento durante algunas horas, mientras que en el otro hemisferio de la tierra, la mitad de la humanidad, se despereza se levanta, come o trabaja para acostarse a

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su vez cuando tú te levantes.

Y vives, porque en tu pecho late tu corazón, un músculo que se halla en actividad noche y día, al cual tú no le has dado impulso y cuyo movimiento no puedes detener aunque quieras. ¿Quién lo ha puesto en

movimiento?

¿Por qué estás viviendo? Si te despertaras en el compartimento de un tren en el que se te hubiera puesto sin tu consentimiento, preguntarías inmediatamente por qué se te había puesto ahí y cuál es el término de tu viaje.

Tratándose de tu presencia en el universo y tu estancia en la Tierra, no te queda más remedio que preguntarte: ¿Quién me puso aquí? ¿Qué quiere ese Alguien de mí?

La Iglesia nos enseña...

Vamos a imaginarnos que nos montamos en un rayo de luz para salir de la tierra, explorar el universo y desde ahí tratar de resolver el misterio de nuestra vida.

Sentados en la nebulosa de Andrómeda, la más cercana a nosotros, trataremos de visualizar desde ahí la Vía Láctea, el Sistema Solar, la Tierra, nuestro país, nuestra escuela y, ahí, a nosotros mismos...¿Qué eres en medio del universo?, ¡poca cosa! Y sin embargo, el Creador del Universo, Dios, te conoce perfectamente y te puso en ese lugar para cumplir con una misión especial.

Voltea a verte: siente tu corazón que late sin cesar, día y noche, 70 veces por minuto, para enviar la sangre a todo tu cuerpo. Tus pulmones, que reciben la sangre para purificarla. Tu sangre que recorre todo tu cuerpo, alimentando cada célula sin que tengas que hacer nada. Tu estómago, que modifica los alimentos más diversos (pan, leche, zanahorias), para transformarlos en carne, huesos, uñas y cabellos y sin

embargo,¡no se digiere a sí mismo! Tus ojos, ventanas maravillosas que transforman los rayos de luz en imágenes, colores y formas. Tu cerebro, la más maravillosa computadora, capaz de mandar ondas eléctricas a cada parte de tu cuerpo para que todo funcione correctamente. Verdaderamente, Dios estaba inspirado el día que te creó.

¡Eres una maravilla de la creación!

Sin embargo, la grandeza del hombre no radica en que el cuerpo humano sea una maravilla llena de misterios, sino en que Dios lo hizo especial y diferente de todos los seres de la creación.

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Dios te tiene un amor tan grande que quiso que existieras, te quiso dar la vida. Él es el único dador de vida.

Para que una vida humana nazca se necesita forzosamente de ese “soplo divino” que la ciencia no ha podido explicar, se necesita del “querer” de Dios. Tus padres han sido un instrumento del amor de Dios, han sido los portadores de este gran regalo que Dios te da: la vida.

Al apreciar nuestra vida y la creación de Dios nos damos cuenta de la grandeza de Dios y de nuestra pequeñez. ¡Es maravilloso estar vivo!

La vida es un tema apasionante, observamos los grandes esfuerzos que los científicos han hecho para encontrar el principio de la vida. Pero ésta sigue siendo un misterio para la inteligencia del hombre, pues todos estos estudios siempre terminan en un callejón sin salida, cuya única explicación es Dios.

Dios nos creó por amor, nos ama muchísimo. Al final de nuestra vida podremos encontrarnos con Él si hemos vivido de acuerdo a lo que nos enseñó.

La vida es el don más preciado que tenemos. Sin la vida no somos nada; sin la vida se acaba la esperanza;

sin la vida se acaba la posibilidad de ganar el Cielo, la posibilidad de vivir eternamente. Con la vida tenemos la oportunidad de superarnos cada día, de ser mejores personas. Para ser mejores debemos cuidar y atender a nuestro cuerpo y alma. Utilizar correctamente cada una de las facultades que Dios nos dio: la inteligencia, la libertad y la voluntad. No sólo tener, sino vivir de acuerdo a una escala de valores, formar nuestra conciencia.

Somos personas, tenemos un alma, una vida; y esta vida se da mientras el alma está en el cuerpo. Lo que hagamos con nuestro cuerpo influye sobre nuestra alma y es por medio del cuerpo como vivimos las virtudes o caemos en los vicios. El pecado es el resultado de utilizar el cuerpo inadecuadamente, no según la ley de Dios.

Al terminar la vida, termina la oportunidad de hacer algo para poder llegar al Cielo.

Hay que vivir la vida tratando de alcanzar la vida eterna y no perder de vista esta meta.

Podemos ir a un cementerio y observar todas las tumbas de las personas que ya han muerto. Algunos pudieron haber vivido en la opulencia, otros arrastrados por las preocupaciones de la vida, otros en la miseria, etc. Podemos pensar qué sentido habrán tenido sus vidas. Todos vamos a morir y lo importante es el sentido que le demos a nuestras vidas. No sabemos cuánto tiempo vamos a vivir.

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Esto nos hace reflexionar sobre el valor del tiempo en esta vida . No vamos a tener otra oportunidad. Esta vida ahora, esta vida terrena que vivimos es LA OPORTUNIDAD que Dios nos ha dado para poder

salvarnos. Esta vida tuya es para salvarte ( cfr. CEC 362).

El uso que demos al tiempo en nuestra vida tiene mucho valor. Se dice que "tiempo es dinero". Pero el tiempo es más que el dinero, es nuestra vida, nuestra única vida. El tiempo vale mucho porque es el único que vamos a tener y por lo tanto, nuestra estancia en este mundo de tiempo y espacio es la única vez que vamos a participar de ver la creación, experimentar el tiempo, experimentar el cambio de las estaciones, el clima. La única vez que vamos a poder participar de las realidades a nuestro alrededor como son las plantas, los animales. Por lo tanto debemos valorar este tiempo que tenemos, esta única oportunidad, para merecer nuestra salvación. Para esto estamos aquí, para salvarnos. El cuerpo es instrumento para que nos salvemos, obrando el bien para lograr nuestra salvación y viviendo de acuerdo a lo que Dios pide de

nosotros en cada momento.

Debemos tener muy claro que esta vida es pasajera y que la verdadera vida es la vida eterna, pero sólo la ganaremos si aprovechamos bien cada minuto de la vida presente. Esta vida es la única que tenemos, por lo que tenemos que aprovechar el tiempo y el cuerpo que Dios nos dio para alcanzar el Cielo.

Todos nos damos cuenta que nuestra vida tendrá un final. Va a terminar algún día. Vamos a morir.

La felicidad o la infelicidad de nuestra vida futura depende de cómo administremos la vida presente.

Necesitamos aprovechar el tiempo que tenemos para que nuestro desarrollo físico, intelectual y espiritual se dé de acuerdo a lo que Dios quiere de nosotros. Aprender a manejar nuestros sentimientos, nuestras

pasiones, nuestro egoísmo para el bien propio y de los demás. Aprovechar todo lo que Dios nos dio viviendo una escala de valores en la que nuestra meta sea alcanzar la vida eterna, llegar a Dios. Si vivimos así, vamos a ir alcanzando la felicidad en esta vida y luego la felicidad completa al llegar al Cielo. Hay que vivir intensamente esta vida pero sin perder de vista el cielo. Saber admirar las bellezas de la vida, detenernos a contemplar el mundo en que vivimos. Saber transmitir este valor tan grande de la vida a los que nos rodean, esta gran alegría de estar vivos.

“Los años son unos y no más, y al final de nuestra vida sólo nos llevaremos lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.”

Existen personas en el mundo que han comprendido muy bien el valor de la vida y oran y luchan por esta causa. Existen movimientos a favor de la vida, las hermanas seguidoras de la Madre Teresa de Calcuta que trabajan con los pobres de los pobres, sacerdotes que trabajan con los adolescentes que se encuentran en problemas de drogas, alcohol, etc.

La vida humana tiene un gran valor por venir de Dios y tender hacia Él. Dios está presente en nuestras vidas y nos acompaña en las buenas y en las malas.

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Dios nos mandó a su Hijo Jesucristo a la tierra a salvarnos y enseñarnos el camino para llegar al cielo. Nos regaló esta vida y nos ofrece la posibilidad de la vida eterna, de la vida llena de felicidad cerca de Él. Vale la pena esforzarnos para alcanzar este gran regalo que Dios nos ofrece. Tenemos unos medios que nos dejó Jesucristo y que nos ayudan mucho a ser mejores como personas y a vivir cerca de Él: los sacramentos, la oración, y la guía segura del Papa y la Iglesia.

En el Evangelio de San Juan (Jn.1, 35-49) dice Jesús “Yo soy el pan de vida; el que viene a mi, ya no tendrá más hambre, y el que cree en mí, jamás tendrá sed.”

Debemos hacer nuestras estas palabras del Evangelio para vivir la vida plenamente, ser felices aquí y poder llegar al cielo.

Cuida tu fe

Hay algunas personas que te dirán, que aprovechar la vida es hacer lo que quieras con tu cuerpo, por que es tu cuerpo, y así justifican hasta el aborto, o otras muchas cosas como el uso de la droga. Sin embargo, leemos en la Biblia que nosotros somos templos del Espíritu Santo, santuario de Dios. Además este cuerpo que Dios nos ha dado es un don de Dios para nosotros para utilizarlo según Dios quiere, realizando su obra en nuestra vida.

También te podrán decir que las obras que hagas no cuentan, porque es sólo la fe que nos salva. Esto tampoco es totalmente verdad por que leemos en la carta de Santiago (2, 14-18) "¿de qué sirve que alguien diga tengo fe si no tiene obras?, ¿acaso podrá salvarle la fe?... Al contrario, alguno podrá decir tú tienes fe, pues yo tengo obras pruébame tu fe sin obras, y yo te probaré por las obras mi fe." Es por medio de nuestras obras, de nuestro cuerpo, de nuestro actuar, donde nosotros logramos nuestra salvación, gracias a este don de Dios.

Algo que no debes olvidar

• La vida es un regalo de Dios.

• Con el don de la vida descubrimos la grandeza de Dios, el amor tan grande que nos tiene.

• La vida en la tierra es pasajera, es la única oportunidad para alcanzar la vida en el cielo, en presencia de Dios.

• Hay que aprovechar la vida para poder llegar al cielo: nuestras herramientas son el cuerpo y el tiempo.

• Dios nos brinda su ayuda a través de los sacramentos, la oración, el Papa y la Iglesia.

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• Saber transmitir esta gran alegría por el don de la vida a los demás.

A ponerle ritmo:

Llevar a cabo la siguiente dinámica cuyo objetivo es que los jóvenes puedan diferenciar que, aunque Dios creó todo lo que nos rodea, sólo el hombre puede comprender que vida tiene un sentido y que es un regalo de Dios. Y que es durante la vida, cuando uno se puede preparar para el encuentro con el Creador.

La persona encargada del grupo puede llevar una piedra, una flor o rama de árbol, una semilla, la foto de un animal , la de un bebé y la de un anciano. Mostrar cada objeto a los asistentes y pedirles que describan cómo se imaginan la vida de cada uno. (Es una dinámica llamada FOTOPALABRA).

Por ejemplo, se pueden sugerir las siguientes relaciones e ideas:

-PIEDRA: No sabe cuántos años tiene, ni de dónde vino. No sabe para qué sirve. No sabe cuánto tiempo más va a estar del mismo tamaño...

-FLOR: Necesita estar unida a la tierra para sobrevivir. Vive sólo unos días y no lo sabe. No sabe que es bella y que su polen sirve para hacer miel.

-SEMILLA: Su vida está sin dar fruto hasta que no cae en la tierra. Para germinar, debe pudrirse en el zurco.

Ella no elige mantenerse como una simple semilla o transformarse en una planta.

-ANIMAL: Tiene instintos y come cuando lo necesita. Si está domesticado, puede ser fiel a su dueño, pero sólo por conveniencia, no por agradecimiento. Tiene un tiempo determinado para vivir.

-BEBÉ: Es una persona humana, tiene alma y cuerpo. Tiene dignidad, pero no lo sabe. Necesita de los demás para sobrevivir, pero cuando va madurando, puede ir entendiendo que su vida es un gran proyecto si va de la mano de Dios.

-ANCIANO: Su vida pudo haber estado llena de problemas y tiene la certeza de que se acerca a la muerte.

Puede conocer a su familia, amigos y amar. Es una persona que supo agradecer el don de la vida a Dios con su trabajo por los demás.

Ponle sabor a tu vida:

Haz un horario de todas tus actividades para analizar cómo estás aprovechando tu tiempo en la vida.

Oración

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Señor, danos la fuerza necesaria para valorar nuestra vida como si fuera una semilla que necesita crecer y dar frutos. Ayúdanos a comprender que la vida que tú nos has regalado a cada uno, es un tiempo

determinado para prepararnos para compartir contigo la vida eterna.

El sufrimiento y la muerte

¿De qué hablaremos hoy?

Hoy hablaremos acerca del sufrimiento y de la muerte. Comprenderemos cómo le podemos dar sentido a nuestro dolor y sufrimiento. Valoraremos nuestra fe católica como la única que puede explicarlos

plenamente.

¿Qué le pasa al mundo?

A muchas personas les asusta hablar del sufrimiento y la muerte, porque piensan que si hablan del asunto les puede suceder a ellos aquello que están platicando. Cuando se comienza a hablar del tema suelen decir

“toquen madera” o “ya no hablemos de cosas tristes”.

Esta tendencia de la gente a evitar oír hablar sobre el sufrimiento o la muerte, es la que provoca una falta de conciencia y preparación para aceptar estas realidades cuando se experimentan en la propia vida.

La Iglesia nos enseña...

A todos nos gustaría que en esta vida no tuviéramos que sufrir ni morir, pero no nos debemos engañar. El dolor, el sufrimiento, el fracaso, la desgracia y la muerte son situaciones propias de la vida humana. Son parte de nuestra vida. Es inútil, por tanto, tratar de evitarlas o eliminarlas.

Debemos reconocer que en cada uno de nosotros está latente la posibilidad de sufrir o morir. No se trata, desde luego, de ver todo con una actitud pesimista o masoquista. Lo importante es que captemos, de manera simple y sencilla, que estas realidades se encuentran en nosotros y que, tarde o temprano, las experimentaremos en nuestras vidas.

Cuando tomamos conciencia de que el sufrimiento y la muerte son realidades de la vida, adquirimos una fuerza y seguridad especiales que nos hacen enfrentarnos a ellas con mucha serenidad y tranquilidad, sabiendo que podemos superarlas y llegar a aceptarlas.

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Esto no significa que se va a eliminar el dolor que nos provocan, más bien que podremos dominar y controlar mejor la aflicción que nos invade cuando sufrimos o vemos sufrir a quienes amamos.

Hay quienes sufren físicamente y hay quienes sufren moralmente. Si observamos a las personas que nos rodean, veremos que hay gentes que no tienen qué comer, otras que son tratadas injustamente, otras que padecen una enfermedad incurable, a otras se les ha muerto un ser querido y así podríamos seguir nuestra lista. Son muchos los sufrimientos que pasan los seres humanos todos los días.

La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves en la vida humana.

En la enfermedad el hombre experimenta su impotencia, su límites, y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte (CEC 1500). La enfermedad puede conducirnos a la angustia al repliegue sobre nosotros mismos, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Pero también puede hacer a la persona más madura ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse para lo que sí lo es (CEC 1501).

El sufrimiento y el dolor pueden ayudarnos a crecer como personas, a superarnos y madurar. Si

preguntamos a las personas de nuestro alrededor cuáles han sido las experiencias que les han hecho ver la vida con más realismo y serenidad, veremos que han sido situaciones de problemas o dificultad en su mayoría.

Las personas que han sufrido más suelen ser personas maduras, realistas y centradas. El sufrimiento provoca una madurez en las personas y en su forma de ver la vida.

Para alcanzar la madurez humana tenemos que aprender a aceptarnos a nosotros mismos con todo lo que somos y lo que nos rodea: lo bueno y lo malo, lo agradable y lo doloroso, lo cómodo y lo molesto, etc. Con una actitud optimista y positiva ante la vida, el sufrimiento puede convertirse en el motor de nuestra

superación y madurez personal. Si tomamos una actitud de desesperación y pesimismo, el sufrimiento puede llegar a hundirnos.

En el Nuevo Testamento, el Evangelio de Marcos dice "La mujer que padecía flujo de sangre, ya desde hacia 12 años, que había sufrido mucho con muchos médicos, y que había gastado todos sus bienes sin provecho alguno antes bien yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto pues decía: ´si logro tocar aunque sea sólo sus vestidos me salvaré´.

Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal" (Mc 5,25).

Ésta es la realidad también que debemos vivir los cristianos. La enfermedad nos debe hacer buscar y volver a Cristo. Buscar encontrar a Cristo y tocarle, a experimentar la vida, que es Él mismo. Para que la

enfermedad sea realmente instrumento de bien para nuestra salvación, para que nos salvemos, necesitamos esta dimensión sobrenatural.

Con mucha frecuencia la enfermedad nos empuja a la búsqueda de Dios, a un retorno a Él y esto sucede precisamente por experimentar en nosotros nuestra debilidad, nuestra pequeñez, nuestra pobreza como

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seres humanos; que nos lleva a darnos cuenta de nuestra necesidad de Dios, de nuestra impotencia, de los límites de nuestro ser. Por lo tanto, necesitando a Dios volvemos hacia Él. La enfermedad debe ayudarnos a acercarnos a Dios. Así que, cuando nosotros encontramos a una persona que está enferma debemos ayudarle a reconocer en su vida lo que Dios ha hecho, y lo que Dios puede ir realizando en ellos. Incluso,

¿por qué no? la esperada recuperación de la salud, pues los milagros sí existen. Vivir su enfermedad de un modo elegante ofreciendo sus incertidumbres, sus dificultades y sus dolores aún cuando peligre su vida.

Cuida Tu Fe

Muchas personas te dirán que lo peor que te puede pasar en esta vida es enfermarte o morirte, pero nosotros podemos darnos cuenta que no es así. Lo peor que nos puede pasar es que pequemos.

Pues perder la posibilidad de ir al cielo, sería tragedia eterna. Como hemos visto: esta vida es la oportunidad para llegar al cielo y el pecado precisamente nos aleja de Dios y del cielo.

La enfermedad obviamente nos cuesta mucho, sí, pero no tanto como perder nuestro destino eterno. Cristo, cuando hizo las curaciones hizo referencia al perdón del pecado, por ejemplo con el paralítico, "Cristo le dijo:

´tus pecados están perdonados´" y luego le curo de su enfermedad, haciendo ver que lo peor del mal en el mundo es el pecado. La enfermedad es algo difícil, sí, pero que se acaba, ya sea con la salud o con la muerte. El pecado es algo terrible que debemos desarraigar de nuestra vida.

Muchos de nosotros también pensamos que al que es bueno no debería pasarle nada malo. Jesucristo, la inocencia misma, el más justo y santo que haya vivido en esta tierra, sufrió por nosotros. Su sufrimiento fue salvación nuestra. Las enfermedades nos pueden llevar a la salvación.

Ese es el secreto que tiene nuestra religión: Cristo con su sufrimiento inocente, nos enseñó que el dolor, ofrecido por la salvación de las almas tiene un sentido y un valor maravilloso. De ahí viene la palabra

“sacrificio”, del verbo sacrum-facere, que significa “hacer sagrado”. El sufrimiento sin ofrecerlo es solamente dolor, en cambio, ofreciéndolo tiene un valor de salvación. Convertir el sufrimiento en sacrificio para alcanzar nuestra salvación y la de los demás. Unir nuestro sufrimiento al de Cristo para que tenga un valor infinito.

Hacernos partícipes de los sufrimientos de Cristo para la salvación del mundo.

La muerte

Cualquier sufrimiento, por muy agudo y grave que sea, tiene esperanza de tener solución o de poder desaparecer tarde o temprano. Ante la muerte, no hay ninguna solución posible. Puede llegar en cualquier momento a nuestras vidas o a la de nuestros seres queridos.

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Las personas al experimentar la muerte de algún ser querido o al pensar en la propia muerte, no permanecen indiferentes. Existen varias formas de enfrentarla:

-La podemos enfrentar con desesperación y angustia. Esta es una primera reacción, pero no es conveniente ni saludable que nos encerremos en esta actitud negativa. Debemos hacer un esfuerzo por superar esa reacción.

La vida no se detiene y necesitamos cumplir con nuestras responsabilidades porque hay personas que nos necesitan. Los muertos pueden ya haber alcanzado la vida eterna, los vivos necesitamos ganarnos esa vida eterna, donde veremos a Dios.

Otra forma de enfrentar la muerte es con una actitud de inconsciencia. Tomamos esta actitud cuando no queremos hablar del asunto ni pensar en él. Nos volvemos irresponsables porque “no le tenemos miedo a la muerte” porque nunca hemos pensado en ella y entonces podemos caer en muchos vicios (alcohol, drogas, mal uso del sexo, etc.) Esta actitud nos lleva a desperdiciar el tiempo de nuestra vida y a cometer

imprudencias. Se nos olvida que hemos sido creados por Dios y que a Él debemos llegar el día de nuestra muerte.

-La muerte debe dar un sentido a nuestras vidas porque nos hace tomar conciencia que tenemos una sola vida aquí en la tierra y que hay que aprovecharla para poder alcanzar la vida eterna. Debemos vivir cada día como si fuera el último de nuestra vida para vivirla más positivamente y realizarla con más plenitud.

En la Biblia debes leer...

Cristo nos dice “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 15). Por medio de la muerte nosotros llegamos a la vida. No podemos estar en el cielo si no dejamos la vida terrena. Por lo tanto, es un paso necesario para llegar al cielo. En el capítulo 11 de San Juan tenemos el momento. Cuando Cristo resucita a Lázaro, dice

“Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (Jn 11, 25). Luego cuando llegaron a la tumba, Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: “mirad como lo quería” (Jn 11, 35).

La muerte a todos nos puede causar tristeza. Pero no nos dede abatir. ¡Cristo es la respuesta a la vida y a la muerte! La aceptación de la voluntad de Dios es lo que nos falta, como Cristo en el jardín de Getsemaní (Lc 22, 39 ss).

Cuida tu fe

Algunas personas te dirán que el sufrimiento es un castigo de Dios por nuestros pecados. Los discípulos de Jesús, al curar al ciego de nacimiento, le preguntaron quién había pecado, si el ciego de nacimiento o sus

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padres, Jesús les respondió: “Ni él pecó ni pecaron sus padres, es para que se manifiesten en Él las obras de Dios´"(Jn 9,2). Aquí tenemos una realidad de la vida humana incluso desde los tiempos antes de Jesús:

el concepto de la enfermedad como un castigo de Dios. Por eso los apóstoles pensaron que este señor, aunque nació ciego, de alguna forma habría pecado. ¿Cómo es posible que un bebé, que un niño, todavía no nacido, pueda pecar? Y si no puede pecar, ¿cómo es que tuvo la ceguera (como castigo de Dios)? Jesús deja claro que no es por haber pecado que hay enfermedades, sino para que se manifiesten las obras de Dios en las personas. La enfermedad y la muerte son unas grandes oportunidades para unirnos a la misión salvadora de Cristo quien asumió el sufrimiento, volviéndolo instrumento de amor, de redención, de

testimonio del amor del Padre.

Algo que no debes olvidar

El sufrimiento y la muerte son realidades inevitables en la vida de todo hombre.

• Al no aceptar el sufrimiento y la muerte caemos en la desesperación y angustia que sólo agravan nuestro dolor.

• Tener una actitud positiva ante el sufrimiento y la muerte nos ayuda a superarnos y a alcanzar nuestra madurez como personas.

• La muerte da sentido a nuestras vidas porque nos recuerda que sólo tenemos una vida en la tierra la que debemos aprovechar para alcanzar la vida eterna, con Dios.

• Convirtamos el sufrimiento en sacrificio para alcanzar nuestra salvación y la de los demás. Unamos nuestro dolor al de Cristo.

A ponerle ritmo

Llevar a cabo una representación en la que se divida al grupo en dos equipos. Los dos equipos

representarán a una familia a la que se les acaba de morir su mamá. El primer equipo adoptará una actitud negativa ante este hecho; el segundo equipo adoptará una actitud positiva ante este hecho.

Hagan juntos una lista de palabras, o frases de aliento; cosas que le pueden hacer más leve estos momentos de dificultad para un enfermo. Palabras de aliento y de esperanza.

Comentar las ideas que se dicen mucho hoy en día: “la vida solo es una y la debes aprovechar al máximo sin tener límites”; “haz todo lo que quieras hacer porque mañana quizá ya no despiertes”.

Poner el ejemplo de las personas inválidas que han sabido dar sentido a su sufrimiento físico.

Hacer una reflexión personal acerca del sufrimiento y la muerte en mi vida. Si alguien quiere lo puede

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comentar en el grupo.

Si hoy fuese el último día de tu vida, ¿qué harías por la humanidad?. Apuntar todas las ideas que surjan en el grupo para luego todos juntos ver cómo realizar estas ideas.

Ponle sabor a tu vida

Esta semana me dedicaré a encontrar todo lo positivo de mi vida, de mí mismo y de las personas que me rodean.

Ir a un hospital esta semana para hablar con los enfermos, darles esperanzas y decirles parabas que les puedan alentar y que tengan con-fianza en Dios. Incluso rezar con cada enfermo.

Buscar a alguien que recientemente haya perdido a un ser querido y darle palabras de aliento.

Oración

Jesucristo, dueño de la vida y de la enfermedad, mira benigno a nosotros y a todos los que sufren. Renueva en nosotros la fe. Que sepamos con tu gracia y tu fuerza, ofrecer con elegancia y dignidad estas dolencias, y agradarte a ti y a tu Padre que viven y reinan con el Espíritu de vida y amor, por los siglos. Amén.

La cultura de la muerte

¡Defiende la vida!

¿Sabes que haremos hoy?

Valorarás la defensa a la vida como algo necesario.

Descubrirás que en la sociedad hay atentados públicos contra la vida y que son pocos los que luchan contra ello.

¿Qué le pasa al mundo?

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Escuchemos este testimonio de un hombre que podría ser cualquiera de ustedes y dice así: “Hace poco fui testigo de un asesinato… Mataron enfrente de mí a un hombre cuando iba caminando por la calle, con un balazo en la cabeza. ¿Saben qué fue lo que más me impresionó? ¡Que no sentí nada, absolutamente nada!

Me quedé impávido viendo cómo el hombre se derrumbaba y seguí mi camino hacia la oficina como si nada hubiera sucedido, como si lo que acababa de ver fuera lo que veo todos los días.

Más tarde, al ver las noticias, empecé a reflexionar en el porqué de mi reacción. La respuesta la descubrí de inmediato: reaccioné como si lo que vi lo viera todos los días porque… efectivamente ¡lo veía todos los días!

¿Cuántos asesinatos he presenciado diariamente en la televisión o en el cine?

Esa misma noche ví una película. En escasos 95 minutos que duró, fui testigo de ¡264 homicidios!

¿Cuántos más he visto en mi vida? No lo sé, pues me encantan las películas de “acción”, pero deben de ser muchos miles…

Me entristecí de haberme vuelto insensible a la muerte de un ser humano y a la vez me asusté de mí mismo.

Si era capaz de no sentir nada al ver morir a un hombre, ¿sería capaz también de quitarle la vida a alguien si tuviera un arma en la mano en un momento de furia? Después de todo… ¡esa escena también la he visto millones de veces!”

¿Realmente somos asesinos en potencia?

Tal vez parezca un poco exagerado el pensamiento de este hombre acerca de la posibilidad de convertirte en asesino en potencia por ver miles de asesinatos en la pantalla. Puede ser que así sea. Puede ser que, para convertirte en asesino se necesite más que un daño psicológico importante.

Sin embargo, hay un hecho que no podemos negar: el ambiente que te rodea influye en tí. Lo que ves y oyes en las calles, en las fiestas, entre tus amigos, en la televisión, el radio o el cine, influye en tu manera de pensar y actuar.

Esto es normal, ya que el hombre aprende a través de sus sentidos: tus ojos son como cámaras fotográficas;

tus oídos, como una grabadora. Todas esas imágenes y sonidos se quedan archivadas en tu cerebro.

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Cuando tienes que actuar ante una situación nueva, tu cerebro recupera la información archivada y te dice cómo actúa la gente en una situación similar, de acuerdo con lo que has visto u oído. Una vez recuperada la información, el cerebro dicta órdenes a todo tu cuerpo para que tengas la reacción “adecuada” al estímulo que recibiste.

Si tu conciencia está bien formada, tu cerebro archivará la información en forma selectiva, separando las imágenes buenas de las malas. Pero si no está bien formada, o se ha ido deformando por la influencia del ambiente, entonces no podrá distinguir lo bueno de lo malo y tu cerebro dará órdenes de acuerdo a “lo más común” a lo que más veces has visto, creyendo que es lo correcto.

En la Biblia debes leer…

Habéis oído que se dijo:“No matarás y aquel que mate será reo ante el tribunal.” Pero yo les digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal.(Mt 5, 21-24)

Acerca del quinto mandamiento, ¿qué información nos da el ambiente en el que vivimos?

Todo hombre aprecia su propia vida como el don más preciado. Sin la vida el hombre no es nada; sin la vida se acaba la esperanza; sin la vida se acaba la posibilidad de ganar el Cielo, la posibilidad de vivir

eternamente. Sin la vida, simplemente no se existe.

A nadie que esté en su sano juicio le gustaría ser asesinado o ver morir a sus padres y a sus hermanos.

Vemos que el hombre lucha todos los días por conservar la vida, por conseguir el alimento y el vestido necesarios para sobrevivir. La ciencia invierte millones de dólares en investigaciones para luchar contra la muerte, para encontrar la “fuente de la eterna juventud” con la cual se pueda aumentar el número de años de vida de las personas.

La muerte es, sin duda, la realidad ante la cual más se rebela nuestra naturaleza, que desea vivir eternamente.

La vida es un tema apasionante, y por eso contamos con los grandes esfuerzos que los científicos han hecho para encontrar el principio de la vida. Pero ésta sigue siendo un misterio para la inteligencia del hombre, pues todos estos estudios siempre terminan en un callejón sin salida, cuya única explicación es Dios.

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El hombre ha descubierto que la simple unión de un hombre y una mujer, de un óvulo y un espermatozoide, no genera por sí misma la vida. Por eso encontramos miles de matrimonios, a lo largo y ancho del mundo, que no pueden tener hijos, a pesar de todos los adelantos científicos en materia de esterilidad.

Para que una vida humana nazca se necesita forzosamente de ese “soplo divino” que la ciencia no ha podido explicar, se necesita del “querer” de Dios.

Tú y todos los hombres que vivimos en el mundo, estamos aquí porque Dios así lo quiso, ya que Él es el único dador de vida.

Síntomas de una cultura de la muerte

Ya que todo hombre aprecia la vida y se sabe incapaz de darla, lo lógico sería que luchara por conservarla y defenderla a toda costa como algo sagrado. Ahí reside lo natural del quinto mandamiento: “No matarás.”

Sin embargo, no siempre sucede así. Desgraciadamente, en el ambiente en el que vivimos, se respira un ambiente “anti-vida” o, como lo llama el Santo Padre, una “cultura de la muerte”, que ha influenciado a muchísimos hombres y que nos ha llevado a convivir con realidades aberrantes, totalmente contrarias a la defensa de la vida.

• Cada vez más cerca de nosotros escuchamos noticias de terrorismo organizado, secuestros, homicidios, torturas, realizados por hombres convencidos de que es “honorable” quitar la vida o hacer serios daños físicos por venganza, por dinero o por poder.

• En la cultura de la muerte se cree que es “justo” que mueran miles de hombres mujeres y niños inocentes en guerras que muchas veces no tiene razón de ser.

• Se considera “razonable” deshacerse de los ancianos, enfermos y minusválidos quitándoles la vida por medio de la eutanasia, por no considerarlos útiles a la sociedad o por considerar su vida como una vida que no vale la pena vivirse o por que supone que el dolor es más poderoso que la voluntad de quien lo sufre.

• Se ha llegado a considerar “lícito” el aborto: matar a un bebé que no es deseado por sus padres o que tiene alguna malformación física, o que simplemente “ya no cabe” en el país donde se le ocurrió nacer.

• La mentalidad anti-vida la palpamos en las campañas publicitarias millonarias a favor de los

anticonceptivos, los abortivos y preservativos. Todas estas campañas ven la posibilidad de una nueva vida como si fuera el peor mal que le puede suceder al hombre. Han llegado a influenciar de tal manera, que es común que las parejas próximas a casarse se preparen minuciosamente en la manera como controlarán su fertilidad, siendo que sería mucho más importante, para la felicidad del matrimonio, prepararse en cómo controlar su mal genio, su ira, su pereza, etcétera.

• Esta mentalidad anti-vida ha llegado al extremo de que en los hospitales se practiquen con frecuencia mutilaciones de órganos sanos, simplemente para evitar la posibilidad de una nueva vida. Éste es el caso de

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la esterilización, practicada en hombres y mujeres.

• El consumo de drogas cada día aumenta, a pesar de que está comprobado que destruyen la vida, que causan daños irreparables en el cerebro. La cultura de la muerte las acepta buscando fuertes sensaciones de placer en la cocaína, relajación en la morfina, la sensación de fuerza y energía que producen la heroína y el “crack” y la sensación de liberación mental que proporciona el LSD.

La droga es un atentado contra la vida, pues el que se droga pierde el control sobre sus acciones. Además de atentar contra la propia vida, no es raro que el drogadicto caiga en la criminalidad, atentando contra la vida de los demás.

• Los accidentes de tránsito en las ciudades y en las carreteras son la principal causa de muerte entre los jóvenes, pues, en la cultura de la muerte se cree que es “valiente” el que maneja a gran velocidad y

“atrevido” el que infringe las normas de tránsito, aunque arriesgue con ello su vida y la de los demás.

• A todos nos causa repulsa ver a un hombre borracho, tirado en el suelo, vomitando y diciendo

incoherencias. Sin embargo, en esta cultura se considera “divertido” emborracharse e inducir a otros a que lo hagan perdiendo el control de la propia voluntad. El alcoholismo atenta contra la vida, reduce al hombre en su dignidad, le lleva a lo más bajo de sí mismo, le priva del conocimiento del bien y del mal y lo pone en una situación en la que lo más fácil es cometer pecados graves. A pesar de esto, vemos que lo “normal” en muchas discotheques es que tengas que comprar una botella para poder sentarte en una mesa con tu pareja. Una botella consumida entre dos jóvenes normales casi siempre acaba con el mismo resultado: dos borrachos diciendo y haciendo tonterías.

• Además de todos estos atentados contra la vida del cuerpo, que vemos a diario en el ambiente y que nuestro cerebro registra sin perder detalle, también percibimos atentados contra la vida del alma:

simplemente la crítica, la difamación, que son tema de conversación en muchos lugares, pueden acabar verdaderamente con la vida de una persona. La persona que critica muchas veces no se percata del gran daño que hace al hablar mal de una persona, o al hacer públicos sus errores y defectos. La crítica puede acabar con la buena fama de una persona y “matarla” ante los demás. Es un atentado contra la vida, al igual que muchos otros problemas que ya han sido tratados en temas anteriores.

Todos estos problemas son faltas graves contra la vida, faltas graves contra el quinto mandamiento y, por desgracia a fuerza de verlos y oírlos por todos lados, muchos de ellos han quedado archivados en nuestro cerebro como algo “normal”.

La Iglesia nos enseña…

Los deberes del cristiano ante el quinto mandamiento

Ante un ambiente tan hostil, ante la cultura de la muerte, Dios te pide en el quinto mandamiento que luches por defender tu vida y la de los demás. ¿Cómo?

• Apreciando tu cuerpo como un don recibido de Dios: conservándolo, apreciándolo, agradeciéndolo y haciéndolo rendir al máximo. Esto lo lograrás cuidando tu salud con una buena alimentación, con el deporte,

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la higiene y el descanso.

• Dándole a tu cuerpo las “reparaciones” que le hagan falta cuando algo no esté funcionando bien. Esto lo lograrás con las vacunas, con las visitas periódicas al dentista y sometiéndote a los tratamientos médicos ordinarios para recuperar la salud en determinado momento.

• Evitando todos los daños a la salud. Cuidándote para no caer en el consumo excesivo de alcohol, en el consumo de drogas y en arriesgar tu vida innecesariamente con actos imprudentes.

• En relación con la vida del alma, desarrollando y formando todas tus capacidades: la inteligencia, la voluntad, la conciencia, la vida espiritual, la vida de gracia, las virtudes morales, y evitando el contacto con ambientes que puedan dar información errónea a tu inteligencia.

• Cuidando la vida de los demás, evitando participar en críticas, riñas y peleas y promoviendo la verdad con respecto a todos los atentados contra la vida que se viven como “normales” en el ambiente que nos rodea:

guerras, terrorismo, anticoncepcionismo, aborto, alcoholismo, drogadicción, esterilización.

El Papa nos dice…

“ A todos los miembros de la Iglesia, pueblo de la vida y para la vida, dirijo mi más apremiante invitación para que, juntos, podamos ofrecer a este mundo nuevos signos de espe-ranza, trabajando para que aumenten la justicia y la solidaridad y se afiance una nueva cultura de la vida humana, para la edificación de una

auténtica civilización de la verdad y del amor.” Juan Pablo II, Evangelium Vitae no.6

A ponerle ritmo…

•Comentar en el grupo acerca de las realidades que atentan contra la vida en nuestra sociedad.

• Redactar un plan para defendernos de estos ataques de una manera cristiana.

Algo que no debes olvidar…

•La vida humana es un don de Dios.El hombre no puede dar la vida, por lo tanto tampoco tiene derecho a quitarla.

• El quinto mandamiento nos ordena respetar y defender la vida propia y de los demás.

• En la sociedad se vive una cultura anti-vida que considera normales muchos actos en contra de la vida.

• Los cristianos estamos llamados a luchar por la defensa de la vida.

• Debemos empezar por defender nuestra propia vida cuidándola y dando a nuestro cuerpo los tratamientos médicos necesarios durante la enfermedad.

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Ponle sabor a tu vida

Defenderé mi vida alejándome de ambientes en donde puedan dañarla con riñas o peleas, la imprudencia en el manejo, el alcoholismo y la drogadicción.

Seleccionaré las películas que veo para conservar mi sensibilidad ante el valor de la vida.

No participaré en las conversaciones cuando se refieran a críticas de otras personas.

El aborto

¿Saben qué haremos hoy?

Hablaremos del derecho que todo bebé tiene a nacer.

Veremos que la Legalización del Aborto atenta contra la Ley de Dios.

Valoraremos el deber cristiano de defen-der la vida.

¿Qué le pasa al mundo?

Escuchemos el testimonio que nos da la doctora Yin Wong, acerca de lo que le pasó la madrugada del 24 de diciembre de 1989 en el hospital donde trabajaba, en el sur de China:

“Tenía entonces 24 años y ese día había practicado dos cesáreas y atendido un parto difícil. Estaba rendida y no había probado bocado en ocho horas. Me retiré a mi dormitorio y me quedé dormida pensando en la Navidad y en las tres criaturas a las que había ayudado a venir al mundo.

De pronto me despertaron unos golpes en la puerta. Era la partera que atendía los partos normales.

– ¡Venga pronto, necesito que se ocupe de algo! –

Según me explicó, la delegación local de la Oficina de Planificación Familiar había detenido a una mujer que llevaba ocho meses de embarazo de su segundo hijo. Tener dos hijos está estrictamente prohibido en China

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por la ley de control demográfico. Por esta razón la llevaron al hospital para provocarle un aborto.

– Le inyectaron un abortivo llamado Rivanol. ¡Pero el niño nació vivo! – añadió la partera.

Escuché el llanto de un recién nacido.

— Le pedí al ayudante que lo enterrara, pero no quiso porque está lloviendo. A usted, como obstetra de turno le corresponde deshacerse de él. Deberá inyectarle en la mollera tintura de yodo para matarlo.–

La partera me ofreció la jeringa y me quedé helada.

Junto a un cubo de basura en cuya tapa estaba escrito “Niños muertos”, había una bolsa de plástico negro.

Estaba moviéndose y el llanto provenía de ahí. Me puse de rodillas y pedí a la partera que abriera la bolsa.

Vi al bebé, era un varón de dos kilos en perfecto estado de salud, pataleando y agitando los diminutos puños.

Le sostuve cuidadosamente la cabeza con una mano y con la otra le toqué la mollera. La piel estaba deliciosamente tibia y palpitaba con cada sollozo. Se me encogió el corazón.

La partera me puso la jeringa con yodo en la mano. La sentí extrañamente pesada.

De pronto la criatura pataleó y, al golpear la jeringa con el pie, se la acercó peligrosamente al vientre. La retiré al instante. Toqué al niño en los labios y él volvió la cabeza y comenzó a chuparme el dedo. Tenía hambre, quería vivir. Me puse de pie y sentí que la cabeza me daba vueltas. La jeringa se me escapó de las manos, se hizo añicos y me salpicó los zapatos de líquido color café.

Tomé al pequeño en brazos y lo acosté en una cuna. Al calor de una lámpara de luz ultravioleta, no tardó en ponerse sonrosado. Sin embargo, cuando terminó mi turno, el funcionario de la oficina de planificación le aplicó la inyección de yodo. De nada sirvieron mis esfuerzos. Finalmente habían asesinado al pequeño.

Por haber desobedecido las leyes, la doctora Yin Wong fue desterrada a una región montañosa. Más tarde se escapó a Estados Unidos, donde ha solicitado asilo político.

La Iglesia nos enseña…

Tu vida empezó en el momento en el que se unieron las células de tus padres. Desde el momento de la concepción, ya eras una persona completa. Tu código genético señalaba desde entonces que ya eras un ser

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humano, aún cuando tu tamaño fuera microscópico.

La vida es el máximo regalo que Dios nos da. Por eso, hay que ¡cuidarla y defenderla! Sobre todo, cuando se trata de la vida del que todavía no ha nacido, pues la vida comienza desde el momento de la concepción.

El ser humano, con alma y cuerpo, se crea en el momento mismo en que el óvulo de la mujer es fecundado por un espermatozoide del hombre. A partir de entonces, aunque no se vea ni se sienta, estamos hablando de un ser con derecho a vivir y con derecho a ser protegido. Por eso, es totalmente inaceptable el aborto en cualquier etapa del embarazo. En cualquier caso y en cualquier momento, practicar un aborto

voluntariamente significa quitar la vida, matar a un bebé inocente.

Provocar un aborto para que el niño muera antes de nacer, es lo mismo que matar a un bebé recién nacido, o que matar a un niño de doce años. Lo mismo que matar a otra persona. Por eso, legalizar el aborto (aprobar una ley de los hombres para no castigar a quienes aborten a un bebé en determinados casos), es algo inaceptable.

Métodos que se usan para practicar un aborto:

1. Píldoras abortivas. Se usan en las primeras semanas del embarazo, destruyen la placenta y eso ocasiona que el bebé en formación muera por falta de nutrientes y sea expulsado por el organismo.

2. Aspiración o succión. Se dilata el cuello del útero y se introduce un tubo conectado a una potente aspiradora. La succión despedaza el cuerpecito del bebé y lo arrastra hacia afuera.

3. Legrado. Se introduce dentro del útero una especie de cucharilla de bordes cortantes, que se pasea de abajo hacia arriba para cortar en pedazos al bebé y a la placenta. Con la misma cucharilla se extraen los pedazos.

4. Minicesárea. Se hace una pequeña incisión en el vientre y útero de la madre y se saca vivo al bebé, al que se deja morir en el exterior.

5. Inyección de solución salina. Se inyecta en el líquido amniótico a través del vientre de la madre. El bebé sufre quemaduras en todo el cuerpo y muere envenenado por la solución. Dos o tres días después es expulsado por el organismo al exterior.

Sin más palabras, el aborto provocado es un pecado verdaderamente grave porque:

• es un acto malo en sí mismo (aplicar una inyección venenosa, despedazar el cuerpo con instrumentos punzocortantes, introducir una aspiradora para destruir el cuerpo del niño, etc.);

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• es un acto que busca un fin malo directamente (la muerte del pequeño);

• el efecto malo del aborto se presenta antes que el efecto supuestamente“bueno” (salvar la honra de la madre) y no es proporcional, pues el bebé es totalmente inocente.

¿Qué sucede si se sabe que el niño viene con graves malformaciones? ¿Debe permitírsele vivir?

La vida es un don de Dios y, todo hombre y toda mujer, con malformaciones o sin ellas, tiene una misión que cumplir en ella. Como ya vimos en lecciones anteriores, los enfermos y minusválidos son personas muy importantes en la vida de la Iglesia. Su sufrimiento y el que pueden ocasionar en la vida de otros, es muy valioso para la salvación de los hombres, si se convierte en sacrificio, es decir si se ofrece a Dios.

La vida de los niños con malformaciones físicas o mentales no debe considerarse de segunda. Es una vida igual de valiosa que la tuya, con una misión muy especial y trascendente y es siempre una bendición que llena de grandes alegrías y gracias a las familias en las cuales estos niños son recibidos con amor. Por esta razón, estas vidas deben ser respetadas al igual que la de cualquier niño sano.

Hasta ahora, ninguna asociación de padres de niños con discapacidades mentales o físicas, han pedido que se apruebe legalmente el aborto. Todos dan gracias a Dios por haberles enviado un angelito a quien cuidar.

(Vale la pena ver los testimonios del Teletón).

¿Qué sucede si está en peligro la vida de la madre? ¿Aún así debe respetarse el embarazo?

Con los adelantos de la medicina, cada día son más raros los casos en los que se tiene que elegir entre la vida de la madre y la del niño. En la antigüedad estos casos se presentaban porque las cesáreas (cortar el vientre de la madre para permitir el nacimiento del niño), eran casi siempre mortales para la madre, debido a la falta de higiene y de instrumentos adecuados. En la actualidad estos casos ya no se presentan pues las cesáreas se practican todos los días con éxito y muchas veces hasta innecesariamente, sólo por buscar mayor comodidad para la madre, que no quiere sufrir los dolores del parto, y del doctor, que prefiere programar una cesárea a las diez de la mañana, que atender un parto en la madrugada.

Puede haber casos, sin embargo, en los que la madre enferme de cáncer, una infección grave, peritonitis, cuyo tratamiento puede poner en peligro la vida del niño. En estos casos el médico debe tratar de salvar la vida de los dos pacientes que hay en la camilla del hospital: madre e hijo, aplicando el tratamiento médico necesario a la madre.

Aplicar un tratamiento médico no es un acto malo. Lo que busca es curar a la madre en primer lugar. El daño que pueda sufrir el bebé no se busca directamente y no se desea. La causa, salvar la vida de la madre, es proporcional al posible daño que se permite.

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Causas no proporcionales y no válidas serían permitir la muerte del niño por salvar la honra de la madre o querer conservar una bella silueta o la simple comodidad o el puesto de trabajo. La vida del bebé vale mucho más que cualquiera de estas razones.

¿No se puede abortar, aunque el bebé sea el resultado de una violación?

Un bebé engendrado por una violación tiene el mismo derecho a vivir que cualquier otro.

El que un bebé sea el resultado de un crimen, como es la violación sexual, no significa de ninguna manera que él sea un culpable que merece la pena de muerte como castigo. El es también una víctima. La vida del no nacido no deseado vale lo mismo que la de un bebé buscado y esperado por sus padres.

La Virgen María nos guía.

María, que también es nuestra Madre del Cielo, nos da un ejemplo fantástico de la gracia tan grande que es traer a un hijo al mundo. El suyo, ni más ni menos, era el Hijo de Dios, que vino a salvarnos a todos de nuestros pecados. Ella nos enseña que cada persona engendrada tiene una misión que cumplir y que nadie tiene derecho a impedir que la obra de Dios no se realice.

El Papa Juan Pablo II nos dice:

“La vida humana es sagrada desde el primer momento de su concepción y hasta el último instante de su supervivencia natural en el tiempo".

Cuida tu fe!!!

Algunas personas que se dicen “católicas”, pero no lo son, te dirán que el aborto no debe castigarse.

Quieren cambiar las leyes, quieren defender el derecho a que cualquier mujer pueda decidir libremente sobre si quiere o no tener al hijo que lleva dentro.

Para ellos, el bebé es solo un "producto" o un "conjunto de células" que no tiene vida humana. Estas personas caen en una contradicción con sus mismas palabras, pues dicen que la mujer es dueña de su cuerpo y puede hacer lo que quiera con él. ¿Ah, sí?, pues entonces el bebé también es dueño de su propio cuerpo y su madre no tiene derecho a matarlo sin su consentimiento!!!

Estas mismas personas utilizan la mentira de la “sobrepoblación” para sus fines. No existe tal

sobrepoblación. En el mundo hay suficiente de todo para todos. El único problema que existe es que los bienes no están bien distribuidos entre los diferentes países y ese problema no se arregla con el aborto, sino con la generosidad y el amor.

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No te dejes engañar por ellos: son personas que dicen muchas mentiras inventando cifras y datos que no son reales para engañar a la gente y lograr sus objetivos. Son personas enviadas por organizaciones extranjeras, cuyo único objetivo es debilitar la moral y la familia cristianas para manipular el mundo a su antojo. No permitas que te engañen con sus ideas!

A ponerle ritmo

Comentar el caso de la doctora Yin Wong y su actitud ante la vida del niño. Exponer en común las conclusiones.

Se recomienda ver el video “El grito silencioso” del Dr. Bernard Nathanson.

Algo que no debes olvidar

•La vida humana es un regalo de Dios.

•La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción.

•Ninguna ley hecha por los hombres borra, cambia o supera la Ley de Dios.

•El aborto provocado es siempre un homicidio, un crimen contra un inocente que es incapaz de defenderse.

•No hay ninguna razón que justifique la práctica del aborto. Si bien, desde siempre el egoísmo de las personas llevó a abortar, nunca hasta ahora había sido legal y justificado este atentado contra el 5to.

Mandamiento de Dios.

•Quien se practique un aborto o ayude a practicarlo está fuera de la Iglesia. (es un pecado grave que se castiga con la excomunión).

Ponle sabor a tu vida:

•Agradeceré a Dios el don de la vida.

•Pediré a Dios por la conversión de los que atacan la vida humana.

•Averigua si en tu comunidad existe un orfanatorio o Casa Hogar de Niños para visitarles y darles un poco de cariño y muestras de que tiene sentido vivir. Si no hay, comprometerse como grupo, a visitar a las madres que tengan bebés recién nacidos y proporcionarles ayuda si lo necesitan.

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Oración:

Señor, te pedimos por los niños que no nacieron. Por las madres que no supieron pedir tu ayuda y que decidieron terminar con la vida de su hijo, antes de que ellos pudieran ver la luz. Tu Luz. Danos el don de reconocer que nuestra vida es un regalo tuyo y que debemos cuidarla para poder cumplir la misión que Tú esperas de cada uno de nosotros.

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