TRABAJO DE GRADO
Efecto del estigma sobre los consumidores de marihuana frente al consumo responsable
Presentado por:
Carlos Augusto Amaya González
Santiago Román Niño
Tutora
María Margarita Echeverri Buriticá
FACULTAD DE PSICOLOGÍA
BOGOTA D.C
Mayo, 2018
Resumen
El consumo de marihuana en Colombia se ha incrementado en los últimos años, especialmente en los jóvenes universitarios, develando una gran ausencia de procesos de consumo responsable. Basados en que el estigma que tradicionalmente se ha configurado en torno al consumo de marihuana y otras SPA rompe las redes sociales de apoyo y la asunción de un consumo responsable e informado, el objetivo de esta investigación cualitativa fue analizar cuál es el efecto de la estigmatización sobre los consumidores de marihuana para la asunción de este consumo. A través de entrevistas y grupos de discusión, se indagó con expertos y diferentes consumidores sobre la construcción de estos estigmas y su efecto en lo que para los propios sujetos es un consumo responsable. Los resultados evidenciaron que la estigmatización
obstaculiza la posibilidad de que los consumidores tengan un consumo responsable de marihuana, al conducirlos hacia la desinformación, el anonimato y el ocultamiento, además de forzarlos a comprar en redes de tráfico ilegal.
Palabras clave: marihuana, estigma, consumo responsable, imaginarios
Abstract
Marihuana consumption in Colombia has increased in the past couple of years, especially among university students, thus, the objective of this qualitative research is to analyze the effect of stigmatization in marihuana consumers in the assumption of a responsible consumption. Through interviews and a discussion group, we spoke with experts and different consumers about their imaginaries of a what a responsible consumption is and how stigma prevents it. Results showed that stigmatization blocks the possibility for consumers to reach a responsible consumption of marihuana, leading them to
disinformation, anonymity and hiding, plus forcing them to buy in illegal traffic networks.
Keywords: marihuana, stigma, responsible consumption, imaginaries
Tabla de Contenido
Introducción ... 5
Objetivos ... 11
Objetivo General ... 11
Objetivos Específicos ... 11
1.1. Metodología de Investigación Cualitativa... 12
1.2. Herramientas de investigación ... 13
1.2.1. Entrevistas no estructuradas o abiertas ... 13
1.2.2. Entrevistas Semiestructuradas ... 14
1.2.3. Grupos de Discusión ... 15
1.3. Selección de la muestra ... 16
1.4. Sobre el análisis de datos: La Teoría Fundamentada ... 18
1.5. Consideraciones éticas ... 19
2. CAPÍTULO II: MARCO CONTEXTUAL ... 20
2.1. Breve historia del consumo de marihuana en la humanidad ... 20
2.2. Breve historia del consumo de marihuana en Colombia ... 22
2.3. Primeras políticas estigmatizadoras y restrictivas y el rol de EE. UU. ... 25
2.4. Colombia y la realidad actual de la marihuana en el país: Políticas y dobles juegos ... 27
2.5. Consumo en la actualidad y miras hacia una posible legalización ... 29
3. CAPÍTULO III: MARCO TEÓRICO... 31
3.1 Estigma ... 31
3.1.1. Definición de Estigma ... 31
3.1.2. Estigma al consumidor ... 34
3.2. Consumo Responsable ... 38
3.2.1. Definición del concepto ... 38
3.2.2. Consumo responsable de marihuana ... 40
3.2.3. Alternativas e iniciativas para fortalecer el consumo responsable ... 45
3.3. Imaginarios/Representaciones Sociales ... 48
4. CAPÍTULO IV: ANALISIS Y CARACTERIZACIÓN DE LOS EFECTOS DEL ESTIGMA SOBRE EL CONSUMO RESPONSABLE DE MARIHUANA ... 50
4.1. Estigmas recurrentes en la vida de los consumidores... 50
4.2. “Marihuanero”: Imaginarios sobre el término ... 56
4.3. Política estigmatizadora como discurso que configura y reafirma los estigmas ... 58
4.4. Caracterización del consumo responsable a partir de las narrativas de los consumidores de marihuana ... 61
4.5. Efecto de la estigmatización en los consumidores para tener un consumo responsable ... 67
4.6. Alternativas actuales para fomentar un consumo responsable ... 71
5. CAPÍTULO V: CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ... 73
Referencias ... 80
Anexo 1. Formato entrevista semi estructurada ... 88
Anexo 2. Formato grupo de discusión ... 89
Anexo 3. Matriz de análisis de resultados ... 91
Anexo 4. Consentimiento Informado ... 173
Anexo 5. Póster con consejos para el consumo responsable de marihuana ... 174
Introducción
Desde el antiguo Imperio Chino a la India, del Imperio Romano pasando por el antiguo Egipto al Medio Oriente, de África a Suramérica y Norteamérica, la planta de cannabis o cáñamo, mejor conocida como marihuana, ha sido utilizada con fines espirituales, medicinales, culturales y recreativos (Escohotado 1997; Escohotado 1998; Meloucham 2000; Warf 2014). En la actualidad la marihuana es la sustancia ilegal de mayor consumo y prevalencia en Colombia y el mundo (Global Drug Survey 2017; Observatorio de Drogas Colombia 2016; UNODC 2017). En varios países se está empezando a despenalizar y legalizar el cannabis, en la mayoría de los casos con fines medicinales, pero en algunas regiones también con fines recreativos (Calderón Vallejo, Pareja Hincapié, Caicedo Cano, & Chica Ríos 2017; UNODC 2017). No obstante, el uso de la marihuana y el consumidor de ésta aún siguen siendo estigmatizados globalmente, independientemente de que haya un consumo ocasional o abusivo de ella, ya sea con fines medicinales o recreativos, impactando negativamente en los consumidores (Palamar, Kiang, & Halkitis 2012; Satterlund, Lee & Moore 2015).
En relación con el uso de la marihuana, Escohotado (1997) menciona que los primeros usos de la planta de cáñamo se registran en China hace unos 8000 años, donde era utilizada para los tejidos textiles.
Dentro de la tradición brahmánica, algunos siglos antes de Cristo, se creía que su uso daba larga vida y agilizaba la mente. A Suramérica la marihuana llega por medio de los colonizadores portugueses a Brasil en 1549 y a Colombia específicamente en 1607 por los españoles, donde la planta era cultivada con fines comerciales para exportar a las grandes ciudades y al exterior (Warf, 2014). En el antiguo Egipto se usaba como medicina para “madres e hijos” (Meloucham, 2000), pero con la llegada de Napoleón en 1800 se decreta un artículo único el cual dice: “Queda prohibido en todo Egipto hacer uso del brebaje fabricado por ciertos musulmanes con el cáñamo (haschisch), así como fumar las semillas de cáñamo. Los
bebedores y fumadores habituales de esta planta pierden la razón y son presa de delirios violentos que les
llevan a excesos de toda especie” (Escohotado, 1998, p. 350).
En lo que concierne al aspecto legal, Estados Unidos -EE. UU.- juega quizás el rol más
importante, puesto que es allí donde se establecen las primeras leyes punitivas y estigmatizadoras frente al uso de la marihuana. Inicialmente, la planta del cannabis tenía un importante rol industrial, teniendo en cuenta que la producción del cáñamo estaba normalizada en algunos estados, como el estado de Virginia, en el cual se crea la primera ley relacionada con el cáñamo promulgada en 1619, que incentiva y
promueve a los agricultores a cultivar cáñamo para impulsar la producción de papel; incluso Benjamin Franklin tenía su propio cultivo de cáñamo, que utilizó para desarrollar las primeras fábricas de papel.
Curiosamente las dos primeras copias de la declaración de Independencia de Estados Unidos fueron hechas en papel de cáñamo. Además, la producción de medicinas a base de cáñamo era casi de un 50% del total de los medicamentos comercializados (Flannigan, Green, Scorgie y Harvey, 2007).
A pesar de la importancia económica del cáñamo en EE. UU., durante las primeras décadas del siglo XX se empieza a generar un estigma frente a la marihuana, en gran parte gracias a la oleada de inmigrantes mexicanos que llegaron al país, que en conjunto con la población afrodescendiente, trabajaban en las grandes plantaciones industriales de cáñamo. Al finalizar las extensas jornadas laborales los
trabajadores consumían la planta de forma recreativa, lo cual generó gran malestar en los dueños de las plantaciones al ver las conductas que ellos consideraban “inaceptables”, como verlos directamente a los ojos, sonreírle a las mujeres o pararse en su sombra (Flannigan et al., 2007).
Con la crisis económica de 1929, y teniendo en cuenta que el cannabis había sido incluido en la lista de sustancias merecedoras de control internacional por el Convenio de Ginebra de 1925, la
estigmatización llega a su auge en la década de los 30: Primero en el año 1936 con la distribución de un folleto de una organización antiinmigración llamada Coalición América, en el cual mencionaban que la marihuana generaba conductas violentas, depravadas y criminales que llevaban a un deterioro físico y mental (Escohotado, 1998), principalmente asociado con las poblaciones negras y a la migración
procedente de Latinoamérica; lo cual, en un segundo momento en 1937, desencadenaría la expedición de
la primera norma nacional para regular la producción y uso del cannabis mediante la Ley “Marihuana Tax
Act”, que en principio sólo afectaba a pequeñas minorías de negros y latinoamericanos (Escohotado, 1997).
La progresiva estigmatización generada en EE. UU frente a la marihuana, muy asociada a
prejuicios raciales y exclusión de la otredad, fue liderada principalmente por H.J. Anslinger quien estaba a cargo de la Oficina Federal de Estupefacientes (FBN) y fue el jefe supremo de la política americana antinarcóticos desde 1928 a 1962. Las posturas de Anslinger iban en contravía con el uso de la planta a nivel industrial para el país, y con varios informes en los cuales se mencionaba que el uso del cannabis de forma social no representaba ningún riesgo para la población, como el Informe de la Guardia o el informe realizado por el Ejército Estadounidense en Panamá (Escohotado, 1998). Sin embargo, las medidas prohibitivas y punitivas se volvieron más estrictas con el tiempo y tuvieron gran influencia sobre los principales países productores de estupefacientes, entre ellos Colombia (Guanumen 2012; Sáenz, 2007).
En Colombia la ubicación geográfica contribuye a la producción y comercialización de la droga con mayor facilidad, debido a que cuenta con dos océanos y condiciones climáticas idóneas para el cultivo, potenciando la delincuencia organizada (Madrid, 2015). Además, Colombia fue durante muchos años el principal exportador tanto de cocaína como de marihuana a los EE. UU. (Guanumen 2012; Madrid 2015; Sáenz, 2007), por lo cual el país fue y es un punto clave en la agenda de los norteamericanos en su redada global contra las drogas y el narcotráfico. Desde la Operación Cóndor y la creación de la DEA durante la época de Nixon, pasando al Plan Colombia durante la administración de Pastrana y Uribe, Colombia y EE. UU. han sido aliados por más de 30 años en la lucha contra las drogas (Guanumen, 2012).
Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos conjuntos de ambos países por combatir el narcotráfico mediante la reducción de los cultivos ilícitos y del consumo, las políticas prohibitivas y estigmatizadoras han fracasado en cumplir sus objetivos (Carrión 2011; Guanumen 2012; Quintero & Posada 2013).
Colombia sigue siendo el principal productor de cocaína del mundo y el consumo de sustancias
psicoactivas -SPA- ha crecido en los últimos años (Global Drug Survey 2017; Observatorio de Drogas
Colombia 2016; UNODC 2017), especialmente el de marihuana que tiene una de las prevalencias más altas en la región (Calderón-Romero & Cáliz-Romero, 2015).
Se podría afirmar entonces que los procesos de estigmatización que se han construido histórica y universalmente frente a los usuarios de SPA, sin importar que la persona sea un usuario ocasional o dependiente a la sustancia (Palamar et al, 2012), generan un mayor riesgo debido a la perpetuación del consumo y a un gran aislamiento social de los consumidores de la red de apoyo (Gómez, 2015), lo que iría en contravía de la idea de control que ejercen dichos estigmas sobre el consumo. Tal y como lo afirma el autor en su conferencia sobre “Inclusión, Estigma y Exclusión”, el estigma sobre los consumidores de SPA genera una baja autoestima en las personas, lo cual hace que el uso de las sustancias se mantenga, llevando al usuario a un estado de negación, depresión, desesperanza e incluso el suicidio, creando miedo frente al tratamiento (Gómez, 2015).
Satterlund et al. (2015) en un estudio realizado con pacientes de marihuana medicinal en California, descubrieron que éstos también se sienten estigmatizados por el uso de la droga, a pesar de tener el estatus de “pacientes”, puesto que hay muchos conceptos negativos y una alta desinformación frente a los beneficios de la marihuana como medicina, por lo cual muchos retrasaron el inicio de su tratamiento con cannabis por miedo a ser juzgados. Adicionalmente, mencionan que los usuarios de la marihuana medicinal no suelen comentar su consumo con nadie más allá de sus parejas o personas muy cercanas y que normalmente compran su marihuana medicinal lejos de su lugar de residencia por miedo a encontrarse con alguien conocido.
Según Tirado Otálvaro, en Colombia: “Las drogas representan todo lo que es considerado como
“malo” y “perjudicial” por la sociedad, y dado el imaginario construido alrededor de las mismas, las personas que las usan son interpretadas como ciudadanos de segunda mano, como parias, que merecen el desprecio y el rechazo colectivo, debido a que se asocia el consumo con situaciones de violencia,
enfermedad, degradación y pérdida del vínculo social” (Tirado Otálvaro, 2018, p.11). El autor menciona
que lo más preocupante es que desde el gobierno las medidas que se toman frente al tema de uso de drogas
están dirigidas a la represión y criminalización, en tanto este imaginario estigmatizante que se ha construido sobre ellos
1.
En esta línea, el estigma definido por Goffman (2006) como la posesión de un atributo no deseado que no se ajusta a las categorías sociales de lo que es normal, convierte a las personas poseedoras de este atributo en personas rechazadas e indeseables para su entorno, que comunica una identidad social que está devaluada en un contexto social particular (Crocker et al., 1998 en Link & Phelan, 2001). De esta manera el estigma separa a aquellos que poseen la marca indeseable de aquellos que no la tienen, pero, sobre todo, discrimina, excluye, y rechaza (Link & Phelan, 2001), rompiendo entonces la comunicación y los
procesos de información para la toma de decisión frente a un consumo responsable por parte de los consumidores.
Sumado a lo anterior, históricamente en el mundo se han establecido dos posturas frente al
consumo de marihuana, donde por un lado se encuentran aquellos que ven a la marihuana como una planta inofensiva que hace parte de la cultura de la humanidad, que tiene usos tanto medicinales, espirituales como culturales y por otro lado, están aquellos que conciben a la marihuana como una sustancia que genera adicción y que tiene diversos impactos negativos sobre la salud, como daños pulmonares, pérdida de la memoria de corto plazo e inclusive el desarrollo de psicosis relacionado con el abuso de la planta (Scoppetta, Pérez & Muñoz, 2012).
Esta construcción del imaginario social frente a la marihuana como inofensiva en tanto planta ancestral y medicinal, sumado al estigma que rompe la comunicación y la información adquirida por parte de los consumidores frente al tipo o cepa de marihuana que se está consumiendo, y a su consumo
1A pesar de que la estigmatización ha permanecido como una constante en contra de los consumidores de marihuana y otras SPA, países como Canadá, Austria, España, Finlandia, Bélgica, Israel, Alemania, Costa Rica, Argentina, Portugal, Chile y Reino Unido, entre otros, han iniciado procesos regulatorios frente al uso terapéutico y medicinal del cannabis (Calderón Val lejo et al 2017). Por su parte, EE. UU. que ha sido el país insignia en la lucha contra las drogas, es ahora uno de los países que está dando un giro frente a la legalización de la marihuana, ya que en más de treinta Estados está aprobado el uso del cannabis medicinal y en ocho el recreativo (UNODC, 2017). Colombia también está dando pasos hacia la legalización con la aprobación de la ley 1787 del 2016, en la cual se regula el uso medicinal y científico del cannabis, donde se permite a los consumidores tener hasta 20 plantas para su propio consumo (Congreso de la República, 2016).